Kiyoshi Chronicles: The Medicine [T4] [P.R]
#1
Jaya es una isla donde la ley se rige por un solo principio: El poder.

Si eres fuerte, todo lo que está al alcance de tu mano es para tí mientras que los pobres desafortunados… Debían acatar. Y es esa misma normativa la que se aplicaba a todo pues, cuando los piratas autogestionan el gobierno de la isla, no hay justicia a quien llorarle.

Para el médico de los piratas de la Sepultura la historia es la misma; hace más de veinte días que tiene un paciente en estado de coma víctima de una extraña enfermedad, y más allá de todos sus intentos para utilizar medicina tradicional sus investigaciones indicaban que quizás sería con el extracto de una hierba en particular que podría curarse ese letargo. La raíz molida de la planta conocida como “Lágrimas de vírgen” poseía un compuesto químico que en conjunto con los péptidos del cuerpo del paciente, era factible que funcionase cómo una suerte de inyección de adrenalina capaz de acompasar sus latidos.

¿Pero dónde podría conseguirla? En Rakusei se la podía hallar en Little Garden, pero les quedaba más bien lejos. Los apotecarios de Jaya eran escasos y todos tenían la misma respuesta: “Puedes probar suerte con Figaro Jack” ¿Quién era Figaro Jack?

Se trataba de uno de los mejores doctores de la isla, y era también un pirata que colabora cercanamente con los Daten Shi, la banda que gobernaba sobre Jaya. Con la reputación de acaparar los insumos médicos y tratamiento para poder sacarle una buena tajada, vendiendolos en sobreprecio o entregandolos a cambio de favores que a menudo costaban de costes absurdos que terminaban siendo más graves que las enfermedades que trataba.

¿Dónde podría estar el doctor malditos? Todos señalaban al mismo bar: Las tres piernas. El segundo piso.

35 de Otoño del Año 17 | 8 P.M | Mock Town | Bar “Las Tres Piernas”

Dentro del bar la música y la algarabía reinaba, había un grupo de bailarines en el escenario con una rutina que se burlaba de la marina mientras todos reían. Piratas de distintas tripulaciones convivían en paz, algunos jugaban a las cartas, otros bebían disfrutando del espectáculo y otros tantos hacían negocios en su primer piso.

La noche parece avanzar con serenidad, los borrachos que ya no pueden sostenerse son lanzados a la calle por la puerta principal por el mink orangután que funge como portero del lugar. Con sus dos metros le abre la puerta a todo quien desea ingresar revisandolos de pies a cabeza con la mirada para evitarse cualquier tipo de sorpresa.

Mientras tanto, en el segundo piso…

› ¿200.000? ¿Ésta es tu última oferta? Pues ésta es la mía

Un disparo, sórdo. El ruido de un cuerpo cayendo contra la madera del suelo del segundo piso no fui oído por nadie, pues la música encubría el crímen. Con una risa burlona un médico maldito seguía embriagandose mientras el siguiente boticario se acercaba a pedirle insumos como pasaba todas las noches

Info
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#2
— ¿Qué diablos te pasó, tonto?

Realmente han sido días duros en la tripulación de los Sepultura. Todo comenzó con aquel repentino desmayo del capitán en Arabasta. Si bien luego pudo despertar e incluso comandar el avance hasta Jaya, aquellas descompensaciones se hicieron cada vez más repentinas hasta llegar al punto en que no despertó más. Por más que Kiyoshi ha pensado, buscando en la biblioteca mental que posee en su mente gracias a su perfecta memoria, tal como leer diferentes libros que ha adquirido en su paso por Drum y Arabasta, nada le entregó una respuesta concreta. En esta isla, el estudio no ha cesado. El poco dinero que le quedaba lo gastó en más material de estudio, el cual finalmente le dio una pista.

— ”Lágrimas de virgen”… Es la primera vez que escucho sobre ella. Este tonto libro me costó bastante caro, así que no debe ser información falsa. — Esperanzado, se dispuso a buscar en distintas boticarias y tiendas varias de la isla, pero dar con el tan esperado producto milagroso le resultó imposible. Aparentemente, ese tipo de flora medicinal tan específica está concentrada en un solo hombre, uno del cual todos se refieren con temar al comentarlo. Bajan la voz como si las paredes tuviesen oídos que pudieran acusarlos y mandarlos al infierno.

Es importante aclarar que, desde que se lanzó al mar como pirata, Kiyoshi nunca ha ido solo y de frente ante un verdadero reto. Desde el principio puso por delante su seguridad y el trabajo en equipo. Hoy podría ser igual, pero la historia ha decidido que será diferente. La verdad es que, durante semanas, el médico pirata les ha mentido a sus compañeros Uker y Varo Ganchin. Cuando estos le preguntan sobre si ha avanzado la recuperación del capitán, él simplemente ignora y se marcha. No puede decirles que está bien, que avanza en su estado, porque Kiyoshi no miente. No decir nada es lo mejor, o más bien, la única respuesta a la que él ha llegado. Preocuparlos o sembrar más caos del que hay es algo que no asimila. Por lo mismo, y al ser su labor la de mantener estable la salud de sus compañeros, hoy no solicita ayuda. Se ha armado como es debido y se dispone a buscar al tal Fígaro Jack.

Porque hoy, Kiyoshi conseguirá esa planta por las buenas o por las malas. Regresar con las manos vacías no está entre sus opciones.

Así, vistiendo formal y de color predominantemente oscuro, se dirige a la cantina. El rifle en su espalda es visto por cualquiera, pero el resto de su equipo se encuentra oculto entre sus ropajes. Concordemos en que viste camisa con bolsillos y una chaqueta que cubre incluso el cinturón que rodea el pantalón.

La entrada lo recibe aquel mink de dos metros, la misma estatura que Kiyoshi. Pudo ver de antemano que revisa a los tipos que visitan la cantina, pero el médico no dejará que le quiten todo lo que trae. Ya fue dicho, se irá de aquí vencedor por las buenas o por las malas. Detiene los pasos a dos metros de distancia del guardia, y tras bajar la mascarilla negra que porta en el rostro, usando la mano zurda, dirige sus primeras palabras. — Mira, tonto, he venido hasta aquí para hacer negocios con Fígaro Jack. — Mientras menciona estas palabras, el brazo derecho se alza sobre su hombro para que la mano sujete su rifle, amenazando con llevarlo al frente y usarlo si es necesario. — No permitiré que me pongas tus sucias manos encima, así que me llevarás con él o harás que venga a darme la cara.

No es raro que Kiyoshi se comporte agresivo debido a su personalidad de gruñón, pero de ahí a ser amenazante de buenas a primeras es algo nuevo para él. Este tipo de detalles tan importantes son los que nos permiten entender la crisis que está pasando. Son varias las noches en las que no ha logrado dormir, en las que simplemente se coloca en una silla al lado de la cama del enfermo y lo observa durante horas, esperando así dar con una iluminación que le permita traerlo de vuelta al mundo de los vivos. Si algo odia, o más bien trauma a Kiyoshi es no poder curar a sus pacientes. Así que sí, siempre que está cerca de Eros, durante esta etapa de enfermedad, el miedo ha invadido no solo la mente del médico, sino que también su alma.

— ¿Y bien? ¿Me dejarás pasar o tendré que hacerte a un lado? Vengo a hacer negocios, no a que me toque un sucio como tú. — Guau, sí que anda intenso. ¿Peleará recién en la entrada o un detalle en particular le permitirá ingresar? — El único mink al que respeto es Varo Ganchin. — ¿Será que nombrar a aquel mink pirata tan famoso despierte algo dentro del otro? A menudo, Kiyoshi usa la fama de sus compañeros para sacar alguna ventaja, o a veces simplemente para presumirlos.

Lávense las manos
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Hablo | Pienso
#3
Hay momentos en la vida de toda persona en que un segundo parece sintetizar todos los recuentos de vida a través de una serie de pensamientos. El mundo parecía congelarse cuando se enfrentaban los paradigmas que sostenían el concepto de la realidad. Cuando el médico intentó amedrentar al orantugan, para el Mink fue uno de esos momentos.

› ¿Cómo dijistes brother?

Preguntó el orangután. Su espalda se irguió aumentando su porte al corregir su postura, rascó su barbilla observando al médico de pies a cabeza. Llevó entonces una mirada hacia un costado de la entrada de la taberna, negando con la cabeza.

› Muchos vienen a hacer negocios brother, para eso estamos... ¿Varo Ganchin dijiste? Me suena... La epidemia sí... Tu debes ser de los Sepultura. Escuché algun que otro rumor... mira no pareces estar ocultando nada así que pasa, acá solo tiene problemas el que busca problemas. Segundo piso

Se hizo a un lado, y ese momento de tensión pareció quedar en la historia cuando el mink se hizo a un costado permitiéndole al médico de los Sepultura ingresar al establecimiento, no sin antes de hacer un gesto para compañeros apostados en zonas especificas.

Cuando Kiyoshi entró en el bar por la puerta principal el vestíbulo lo haría conectar con el ala oeste del primer piso donde lo recibiría una luz de mandarina por los tintes de los cristales de las lamparas de aceite, un salón de madera gastada que no parecía tener sótano por la naturaleza casi tropical de la isla. Mesas abarrotadas una tras otra, todas ocupadas por distintos grupos que cantaban y bailaban moviendo las mesas para hacerse espacio, un escenario con músicos en el sector este del vestíbulo, ya demasiado pasados de copas que simplemente hacían ruido intentando tocar música.

Cerca de la barra, a unos veinte metros al noreste de la posición donde Kiyoshi ingresa al bar la escalera negro con dos miembros de seguridad parados en sus primeros escalones observando todo parecen conectar con un entrepiso que se alza como un falso techo a unos cinco metros de altura dándole una sensación de mayor hacinamiento aun mayor en la abarrotada taberna.

Camarero iban y venía, con el ojo entrenado de Kiyoshi podría notar que todo el personal estaba armado así como los comensales, inclusive los músicos portaban armas pues todos eran piratas, mercantes armados o corsarios de algún tipo para variar en Jaya.

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Ataúd
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#4
¿Brother? ¿Y a este random qué le pasa? Menos mal escucha el nombre de Varo Ganchin y le permite entrar. Cuando se hace a un lado, Kiyoshi simplemente avanza e ingresa a la cantina. Para su sorpresa, el lugar es mucho más grande de lo que creyó. ¿Será famoso por el trago y la música o solo por el famoso doctor con el cual viene a hacer negocios? Quizás sea buena idea descubrirlo antes de ir directamente a por su cita.

Eso sí, apenas da el primer paso dentro, se toma unos tres segundos en lanzar una vista panorámica, aprovechándose de su prodigiosa memoria. Una vez la imagen del bar está en su mente, jamás se irá, por lo que podrá recordar cada detalle, sobre todo aquella peculiar escalera del noreste que debe llevar a la segunda planta, aquella que será su objetivo final. Sin embargo, ir de buenas a primeras no es lo más inteligente. Sí, Kiyoshi está un poco desesperado, queriendo sanar ya la enfermedad de su amigo, pero esto no quiere decir que se lanzará a lo loco. ¿O sí?

Debido a la ausencia de mesas en el centro del balón, opta por ir directamente a la barra. Eso sí, se mueve hacia adelante apegado a los muebles apegados al sector oeste del salón. Esto porque en el centro se encuentra la gente bailando y cantando. Curioso que para ser un sitio en el que se hacen negocios tan turbios, la felicidad irradie de esta forma. Menos mal el encargado de esta misión que no tiene en su diccionario la palabra sonreír.

Llegando a la barra, luego de caminar con paso tranquilo para no levantar sospechas por el rifle en su espalda, aunque a la vista salta el dato de que todo el mundo aquí dentro está armado, introduce la mano diestra dentro de su gabardina. Desde ahí extrae dos objetos ya comunes en él, y que cualquiera que lo conozca lo verá con naturalidad. Sin embargo, aquí se encuentra solo con desconocidos. Lo que toma es un paño limpio y un frasquito con espray desinfectante. Tras rociarlo en la tela, limpia cuidadosamente el asiento que usará y también la madera de la barra en donde apoyará los brazos.

Una vez todo perfectamente higienizado, guarda los productos donde mismo que los sacó. Procede a sentarse y, justo a su lado, se encuentra una mujer. Afortunadamente sola. No porque Kiyoshi tenga intenciones personales con ella, sino porque podrá entablar una charla más casual y de persona a persona, con solo el bartender delante de ellos. Saca unos cuantos berries y los deposita sobre la barra, realizando un gesto a quien atiende para que se acerque. Acto seguido, con mano derecha desciende la mascarilla blanca que oculta parte de su rostro para que así sus labios queden a la vista y el sonido que desprenda de estos se escuche mejor. — El trago que mejor tengas, tonto, y uno también para la tonta y bella señorita aquí a mi lado. — Con esto, busca llamar la atención de ambos. Aprovechando que la fiesta interrumpe al resto, puede hablar con más privacidad, si es que esa palabra puede usarse en un sitio como este.

Podría inventar una historia para intentar estafarlos, pero Kiyoshi no tiene ese estilo. Él es directo y sencillo. — Me han dicho que aquí puedo encontrar a un vendedor de medicamentos. Hay un producto imposible de encontrar y estoy dispuesto a desembolsar lo que sea necesario para conseguirlo. — Hasta el momento, no ha dicho ninguna mentira. Espera seguir así. No ha especificado si desembolsará berries, no olvidarnos de este detalle que podría ser más relevante más adelante.

— ¿Saben algo al respecto? El tipo de la entrada me ha dicho que este es el sitio perfecto para hacer negocios. O para encontrar problemas. — Hasta aquí termina el intento de socialización y busca de información por parte de Kiyoshi.

Otro motivo por el que vino a hablar a esta parte, lejos de la multitud, es porque detesta las aglomeraciones de gente. Así que ni piensen que se acercará al grupito más alegre. Prefiere algo más tranquilo. Vaya sitios a los que se viene a meter por el tonto de su capitán. Si logra hacer que despierte, sin duda le deberá un favor bien grande.

Lávense las manos
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Hablo | Pienso
#5
La llegada del pirata a la barra pasa aparentemente desapercibida cuando el gyojin que atiende la barra mueve su mirada desde el escenario hasta el pirata. Los bigotes del pez bagre ligeramente más bajo que el médico pero definitivamente más corpulento se mueven en silencio mientras el rascaba su mentón meditabundo, la mujer a un lado se ve con la mirada perdida, sus pupilas están dilatadas y su atención posiblemente perdida detrás de los últimos tres o cuatro tragos.

› Grog de medianoche, marchando

Exclamó sin más tomando dos jarras de madera curtida para rellenarla con una bebida de interesante espesor definitivamente con más cuerpo de la cerveza. Era completamente cristalina como si se tratase de gel pero, al asentarse, se podía notar cómo una película ligeramente más espesa de coloración azulada se asentaba en la base. Su aroma era similar al del caramelo, lo cual engañaba a quien no entendiese de licores la mujer prácticamente abrazó la jarra en silencio.

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› Es raro ver cara nuevas por Mock Town, pero asumo que sabes a lo que vienes... Todo lo que sea sobre sustancias de cualquier tipo se maneja en el segundo piso.

Había casi una resistencia tácita en sus palabras, carraspeaba ligeramente a medida que sus ojos de soslayo se movían hacia la escalera que conectaba los dos sectores del establecimiento. No dijo mucho más, simplemente tomando los berries por la transacción para seguir puliendo copas y vasos. La barra estaba relativamente desierta, pocos venían solos a las Tres Piernas. Poco estaban de paso. Hubo unos segundos de silencio en los cuales el que regentaba el lugar parecía volver a sus actividades, pero cuando se agachó a acomodar unos cajones de madera con botellas vacías bajo la barra su voz ascendió.

› Si estás buscando alocarte aprovechando que es una isla sin ley, te recomiendo que lo evites forastero... No hay fiesta que justifique meterte en la boca del lobo

Hablaba lo suficientemente fuerte para que el médico lo escuchase, pero oídos indiscretos tendrían que reparar en la conversación o estar lo suficientemente cerca para ello. Para su fortuna, la única testigo parecía perdida en si misma.

› Todo lo que pasa subiendo las escaleras es... Impredecible. Y mucho libertinaje está respaldado por los Daten Shi

Era una advertencia honesta. La gente trataba de acompañar la música que poco a poco se iba acompasando, así como avanzaba la noche también la ebriedad de los interpretes armados, las primeras mesas gritaban, jugaban a las cartas, volaban golpes y botellas pero los trabajadores del bar parecían más que habituados al ritmo caótico de la noche de Mock Town.

Datos
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#6
Recibe el licor, mas Kiyoshi no se atreve a probarlo, no aún. No ignora la fijación que tiene la chica con la jarra, pero no da ninguna palabra a cambio. Asume que debe estar afectada de tanto beber. — ¿Te va bien con el negocio? — Intenta alcanzar a preguntar antes de empezar a recibir la información que más le interesa. Esta interrogante fugaz es usada con el propósito de inferir qué tanto bebe la gente en esta cantina. Como ve a la mayoría concentrados en el canto y el baile, quizás se trate de un entorno más recreativo y no de solo echarse contenidos a la boca. Aun así, debido al olor y con percatarse de ciertas facciones en el rostro ajeno, concluye, no del todo seguro, que está demasiado borracha como para que le sea de utilidad. Afortunadamente, el cantinero, siendo este el primer gyojin que se encuentra, sí habla bastante, dándole datos que serán relevantes para el avance de la trama.

— Ya veo, el segundo piso. — Podía intuirlo debido a los guardias que cuidan la escalera. Sin embargo, necesita saber más. — ¿Te parezco el tipo de tonto que simplemente busca alocarse? Debo hacer negocios. Hay algo que quiero, y debe estar en ese lugar. — Es consiente que hablar de más es arriesgarse. ¿Quién dice que este tipo no está aliado al famoso doctor que viene a visitar? Quizás todo lo que le comunique, luego sea acusado. Pero ¿qué más da? Kiyoshi no mentirá. Y, de un modo u otro, irá a negociar con aquel tipo. Lo que no ha dicho aún es el método que usará para negociar. Las sorpresas siempre quedan mejor para el final.

— ¿Dices que involucrarte con ese tipo puede traerte problemas aquellos que gobiernan la isla? Eso suena peligroso. — Y en cualquier otro contexto, quizás se rendiría y desistiría de seguir hacia delante. Pero esta es una situación crítica, es su capitán el que está en juego, y simplemente abandonarlo en esa cama desmayado hasta que llegue la muerte es alguien que con sus valores no se puede permitir. Además, es el médico de él y de todos los Sepultureros. Abandonar a uno por temer enfrentar la adversidad es algo que no se perdonaría jamás. Por lo tanto, tras meditarlo durante unos segundos, decide ponerse de pie. — Has sido de mucha utilidad. Ya pagué por esta jarra, así que puedes bebértela. Y ten cuidado con la mujer, tiene pinta de que, en cualquier momento, vomitará sobre tu barra. — Puede tomar este dato o previsión futurista como agradecimiento. Ya dependerá de él si tomarlo en consideración o no.

En cuanto a la música, que no se toca con la misma calidad que en un principio, no le presta demasiada atención, por lo que si algo esconde ese cambio, Kiyoshi será tomado por sorpresa. No es un gran auditor, y la música que escucha, debido al entorno en que fue criado, es muy distinto a este. En el barco tampoco es que tengan un músico que le haya permitido ir variando en su gusto.

Eso sí, si alguno de los presentes dentro del bar ha cambiado su posición de manera muy notorio, de eso sí se percatará, pudiendo reaccionar a ello. Tengamos en cuenta que ha memorizado la cantina. Tampoco es que es si aparece una hormiga lo sabrá, pero sin yendo a términos exagerados, estará atento.

Su camino es recto y sereno hacia los guardias, deteniendo sus pasos a un metro y medio de distancia, frente a ambos. — Tontos, he venido a hacer negocios con Fígaro Jack. Parece tener un medicamento que busco, y estoy bastante interesado en hacerme con él. — Nuevamente, se esfuerza en no mentir, lográndolo. — ¿Debo pedir una cita, me acompañará uno de ustedes, o debo pasar por mis propios métodos? — Ya lo dijimos antes, pero se reitera. Hoy Kiyoshi no viene en son de paz.

— Si le interesa conocer mi identidad para pensar si quiere verme o no, soy Kiyoshi Maeda. Pirata con 80 millones de recompensa. — Es poco comparado con sus compañeros, pero si lo ponemos en la balanza junto al resto de clientes que podrían venir a visitarlo, ¿qué tan atractivo puede ser una reunión cara a cara entre médicos?

Lávense las manos
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Hablo | Pienso
#7
El cantinero suspiró, asintiendo con la cabeza. Parece que el pirata no está ahi para una charla cordial, ni para perder el tiempo. No viene a festejar, ni a sumarse al libertinaje de los piratas. Cómo tal el corpulento bagre juguetea con uno de sus bigotes observando el bar, antes de devolver la mirada hacia el médico.

› Solo te diré que es de gatillo fácil, mi negocio va. La idea es que siga así

Y cómo tal no era mucho más lo que podía decir, se notaba el nerviosismo a la hora de dirigirse a quienes prácticamente habían tomado control de la taberna todas las noches. Eran clientes, aunque molestos y ruidosos ¿Pero que iba a hacer? ¿Denunciarlos con la marina? Rascó su nuca antes de girarse para seguir acomodando botellas en la parte interna de la barra, entonces fue que el médico se levantó.

En ese momento, la mirada de la beoda lo siguió con atención hasta que finalmente éste se acercó a los guardias que custodiaban las escaleras.

Las palabras del médico eran lo suficientemente directas y claras para entender que no era alguien ahí para perder el tiempo, y pese a todo los dos hombres no parecieron preocuparse mucho siquiera por catearlo.

› ¿Negocios con Dr. Fígaro? Tú y todos… Esperate que está con un cliente

Aclaró uno de los dos masculinos. De cerca Kiyoshi podía notar que se veían similares, sus facciones eran parecidas, el color de su cabello, sus peinados y su ropa. Podían parecer gemelos, humanos de pelo y ojos negros con corte de taza vestidos completamente de negro. Más no lo eran, solo eran parecidos.

Desde el segundo piso, otros dos hombres de apariencias similares comenzaron a descender. Cargaban consigo unas cortinas de tela envueltas. Parecían estar llevando un pesado rollo de tela… Que chorreaba sangre. Los guardias les dieron paso, y ellos bajaron con el cadáver envuelto pasando por el lado de Kiyoshi para dirigirse hacia la puerta del costado de la barra. La misma parecía comunicar con el exterior tras un pasillo, llevando a la parte trasera de la taberna, pues una vez habían pasado se pudo sentir el viento de la noche por unos segundos hasta que cerraron la puerta tras de sí.

› Pues parece que ya se liberó… Sube, y no intentes nada chistoso. Dr. Fïgaro sabe que llegaste desde que pasaste por la puerta

Le aclaró uno de los secuaces del doctor, ambos abriendole paso al médico de los Sepultura.



En el segundo piso, Kiyoshi encontraría a un hombre sentado en un largo sillón de 5 metros de lado a lado, precisamente en el centro. El entrepiso que corresponde al segundo piso mide unos veinte metros cuadrados, frente al sillón de Figaro a unos diez metros hay otra sillon modestamente más pequeño pero aun así de dos cuerpos.

Fígaro es un humano de 60 años aproximadamente, canoso y desgarbado con una barba desprolija. Viste un guardapolvos de trabajo blanco por encima de un traje ya gastado, sus brazos se encuentran a los lados tras el respaldo del sillón. A su alrededor hay un grupo de mujeres que parecen, a simple vista, bajo los efectos de estupefacientes, pérdidas en tiempo y espacio. Frente a él una mesa con diversas sustancias. En la sala hay de pie varios de los secuaces del doctor, todos vestidos igual y con el mismo corte de pelo en forma de hongo. El aroma del licor, la pólvora, el tabaco y sustancias antisépticas se mezclan en éste segundo piso.

› Doctor Maeda, asumo. Que bueno es tener un colega de visita en mi pedacito de cielo, siéntese no sea tímido. Escuché que viene a negociar

Detrás del hombre a unos cinco metros en la pared oeste de la habitación hay un reloj de pared. Tic. Tic. Tic. Tic. Se puede escuchar. El reloj, no obstante, está fuera de hora.

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Datos
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#8
Esperar, menos mal Kiyoshi es paciente. No retrocede ningún paso, sino que se mantiene estoico en su posición. No demuestra miedo, tampoco duda. No está aquí por él, sino por ellos, por sus compañeros, por su capitán. Prefiere fallar y caer aquí, que simplemente no intentarlo. Aquí es donde ya podemos revelar el mayor dato de la negociación que piensa plantear. Nuestro querido médico no tiene casi dinero, pues es un activo que le ha escaseado siempre desde que se dedica a la vida de pirata. Por tanto, ofrecer un pago al famoso Fígaro Jack es algo que no está entre sus planes. Es imposible, por lo que debe recurrir a tácticas más agresivas, menos diplomáticas. — Mira todo lo que tengo que hacer por un tonto como tú, topo… — Pero por mucho que se queje, no hay pizca de duda en su mente.

La aparición de aquellos que vienen del piso superior marca un antes y un después en esta jornada. Ahora sí se hace a un lado para permitirles el paso. El rastro de sangre y el olor de la misma no pasan inadvertidos para Kiyoshi, quien a pesar de no contar con un olfato superior al de la media humana, sigue siendo un médico, y poder concluir que ahí se lleva un cadáver no debe ser complicado para él. Si a eso le sumamos la última información dada por el cantinero, la primera hipótesis creada por el médico es que deberá plantear una charla con un tipo bastante agresivo.

— Eso está bien. Significa que no deberé perder el tiempo con presentaciones. — Con el paso ya entregado para que suba, se dispone a avanzar. Lentamente asciende cada escalón, volteando ligeramente el cuello para ver hacia abajo, percatándose de que los guardias no lo miran, sino que le dan la espalda a la escalera para seguir resguardándola de todo aquel que se quiera acercar. Este es el momento que Kiyoshi aprovecha para tomar el rifle que carga en su espalda y realizar un cambio de munición. Ha venido aquí a, posiblemente, iniciar una guerra. Está preparado para ello.
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Los pasos en cada escalón se escuchan lentos, tortuosos. Desconoce si el mandamás del edificio lo escucha o el ruido de la música se lo impide, pero finalmente llega el momento en que se presenta ante todos aquellos ubicados en la amplia segunda planta. El rifle lo tiene sujeto como corresponde. La mano derecha se ubica en la empuñadura, con el índice respectivo puesto en el gatillo amenazando con disparar. La mano zurda sostiene la parte delantera del rifle para darle soporte y estabilidad. Mientras que la culata se apoya en el hombro derecho. Sus ojos se mantienen fijos en la escena que se posa frente a él, como si tanto ellos como su memoria esperasen el momento en que algo cambiase para mostrar fiereza. Por mera apariencia y descarte, aires de superioridad, el apuntado desde el comienzo va hacia Fígaro Jack. Sentado en el centro de todo, con hombres y mujeres en mal estado a su alrededor, ¿acaso hay espacio para el error? Puede sorprender a Fígaro que lleguen apuntándole, o tal vez no. Él lleva más tiempo en Jaya, debe ser más que Kiyoshi sobre cómo se relacionan los piratas.
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— Jamás me sentaría en un sitio cuya higiene es tan precaria, tonto. — Da pasos laterales para así estar siempre de frente a Fígaro y no dejar de apuntarle. — Pero sí, he venido a negociar contigo. Pensé que tendríamos intimidad, pero veo que tienes una fiesta montada acá arriba. Lástima que ya echaste a alguien. — Le hace ver que no ignora la presencia de secuaces en este lugar, y que está enterado del tipo que se acaban de llevar. ¿Justifica así el llegar apuntándole con su prominente rifle? Tal vez.

Sus pasos, que han sido siempre caminando, cesan cuando llega a la mitad del cuarto, apegado a la pared del frente de Fígaro. Este se encuentra en el centro de su sofá, ubicado 5 metros delante de la pared norte según la ubicación de Kiyoshi. Frente al médico que disfruta de compañía femenina se encuentra otro sillón, a 10 metros. Kiyoshi se encuentra detrás de este a 5 metros también, completando así los 20 metros. Entre Kiyoshi y Fígaro hay una distancia de 15 metros. Cada uno tiene a sus costados 10 metros de distancia con las paredes laterales. Las mujeres están en el sofá, mientras que sus hombres a los lados de este mismo. De este modo, Kiyoshi se encuentra en frente de todos.

— Busco la raíz de las “Lágrimas de la Virgen”. He recorrido toda Jaya, y todos llegan a la misma conclusión: solo tú la posees. — Y si llega a ser información falsa, todo esto habrá sido en vano. Pero por Eros, por su capitán, seguirá cualquiera pista aun cuando sea el infierno el destino al que le lleve. — Eros Focalor. Varo Ganchin. Uker Rackham. Tres piratas que superan la recompensa de 200 millones y han llegado hasta aquí desde el lejano South Blue. A cambio de esa planta, los tres estarán a tu servicio durante un mes. Conozco tus conexiones con los Daten Shi, pero no deberías ignorar el poder que te brindarán estos tres, sobre todo con tanto pirata peligroso que sigue avanzando hasta esta isla. — No se le viene a la mente ninguno en concreto, pero siempre tiene en mente la preocupación dicha por Uker en su partida de Drum. ¿Dónde se encontrará el famoso Carnicero de Whisky Peaks? ¿Estará aquí? ¿Ya habrá avanzado? ¿Estará más atrás en la Gran Línea? Lo desconoce, pero sirve para meter miedo y sembrar duda en el hombre que tiene delante y al que debe convencer.

— ¿Negociamos?

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#9
A medida que dialogaban la tensión en la sala aumentaba de manera casi exponencial, no por que Kiyoshi estuviese metiendo las patas en sus formas que si bien no eran precisamente cordiales eran al menos suyas, honestas, propias. Era la misma naturaleza del afiliado a los Datenshi que ponía quizás en contrapunto la teórica cordialidad que podrían manejar. Si bien el médico le estaba apuntando, el rival parecía simplemente deleitado sonriendo de lado a lado mientras chasqueaba la lengua

› ¿Así que me alquilarías mano de obra? ¡Trajajajaja! Chico yo tengo numeros, tengo fuerza, tengo plata, tengo insumos... Solo hablo el idioma de los berries

No se levantó de su asiento, sin impacto señalando con el mentón un cofre en la izquierda de la habitación a unos cinco metros de Kiyoshi. El mismo era pequeño, parecía mas bien un alhajero en comparación a los cofres de madera que, por ejemplo, había construido el carpintero de los Sepultura para llevar víveres y otro tipo de objetos. El pequeño cobre estaba rodeado de otros maletines y diversos objetos.

› El pequeño que está sobre la mesa tiene unas ramas envueltas de lágrimas de virgen reseca, y otras plantas medicinales que he ido juntando como un impuesto... Por la permanencia en éste distinguido club

Bromeó, pues tampoco quería darle muchas explicaciones al médico. No es que se lo mereciera.

› Le podría cobrar unos 5.000.000 por el cofre, pero por la planta... Siendo tú alguien que claramente no es un simple matado como muchos que pisan ésta isla, y en ésta isla mueren... 500.000

Puso el precio cruzando las piernas, después de todo, quería hacer negocios ¿Verdad? Entonces bostezó profundamente extendiendo sus brazos y a medida que los bajaba, caso en un parpadeo y sin mediar palabra dos disparos se efectuaron prácticamente en simultáneo desde las pistolas, cargadas y listas para disparar que portaba consigo el doctor enemigo. Los disparo se dirigieron al rifle del médico, y al rostro del mismo estallando la bala lumínica cuando se hubo movido 11 metros de la posición inicial de disparo a 4 metros de Kiyoshi

› Pero a mi no me andes apuntando mierda

Las mujeres no parecían sorprendidas, estaban muy pérdidas. Los secuaces no prepararon las armas, sabían que de interponerse serían los siguientes tan solo cubriendo sus partes íntimas con ambas manos por las dudas un fuego cruzado los hiciese perder la compostura.

Datos
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#10
El idioma de los berries… Parece que el negocio se acaba apenas empieza. Kiyoshi no posee capital económico, solo humano. Por consiguiente, y como ya hemos reiterado a lo largo de esta aventura, en ningún momento el médico de los Sepultura vino aquí con la intención de abrir la billetera y conseguir a cambio la planta que busca. Por supuesto, también está claro que no se irá de aquí sin lo que vino a buscar. La vida de su capitán está por encima de cualquier medida de seguridad que pueda tener Kiyoshi para él mismo, por lo que no duda en ningún momento a la hora de entrar a la acción.

El momento clave es cuando apunta con el mentón al cofre que está en el sector izquierdo de la sala, dando a entender que ahí se encuentra lo que Kiyoshi busca. Para cuando menciona el primer precio, el de los 5 millones, nuestro gruñón protagonista ya ha tomado la decisión de jalar el gatillo, pues el dedo siempre ha estado ahí. En medio de sus palabras, antes de que él se atreva a mostrar las dos pistolas que esconde detrás del sofá, la bala de Kiyoshi ya ha salido de la boquilla del rifle. La misma se ve rodeada de un color peculiar, pues está envuelta en una de sus higiénicas burbujas. Además, le sumamos las lentillas que han surgido frente a sus ojos, volviéndolo todavía más peligroso.

La bala llega a impactar sin duda en la frente de Fígaro Jack, pero no nos confundamos, este no es un disparo común. Para empezar, la potencia que le da el fruto del diablo a la bala permite que el cuerpo del médico corrupto sea expulsado con violencia hacia atrás, sin improtar que haya estado en el sofá. Lo más probable es que este mueble se vea tirado hacia atrás, llevándose consigo a las señoritas a tierra. Lo importante aquí es Fígaro, quien se impacta en el muro que tenía en la retaguardia, ubicado 5 metros más allá. El pobre tipo no solo es empujado, sino que termina cayendo sobre la madera que hay bajo suyo.

Los detalles no terminan aquí, pues al momento de impactar el disparo, y durante el transcurso del empuje, la bala explota. Sí, explota. Aquí se revela la munición explosiva que colocó en el cargador mientras subía anteriormente la escalera. El fuego que se crea provoca una quemadura en el afectado, y también podría llegar a agarrar a las mujeres debido al área de cinco metros, pero no a los hombres de Fígaro, pues se encuentran a los costados del sofá, que justamente tiene esa medida.

Sea que los soldados se preocupen por su jefe o no, Kiyoshi no pierde tiempo. Sabiendo de la capacidad de empuje que tiene su técnica, apenas apretó el gatillo, se movió en diagonal hacia la izquierda del piso. Una carrera cruzada de 14 metros, mientras sitúa el rifle nuevamente en su espalda, lo lleva con el cofre que levanta con ambas manos, para luego voltearse y ver detrás suyo la escalera que tomó con anterioridad. Primero da un metro corriendo y termina por dar un gran salto que le permita lanzarse por los escalones hacia abajo. El antiguo Kiyoshi habría visto imposible hacer algo así hace meses, pero viajar islas del Grand Line no es tarea fácil, e incluso un debilucho como Kiyoshi ve avances en su forma física.

Respecto al silencio que se hizo abajo, debido a la explosión por su disparo, el choque de Fígaro con la pared, y el estrés que siente nuestro protagonista por la situación tan desesperante que atraviesa, Kiyoshi no se ha percatado de nada de lo que ocurre en la planta inferior. En su mente, solo tiene escapar.

¿Con qué se encontrará?

Lávense las manos
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2668 + 0 = 2668
Energia: 3372 - 924 = 2448
Espiritu: 796 + 0 = 796


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