[Pasado] No te necesito
#1
Hace 4 años...


Daryl acababa de volver de una misión otorgada por el gobierno. Por suerte, había sido sencilla y terminó antes de lo esperado, por lo que ese tiempo extra podía invertirlo en simplemente descansar y entrenar. No existía una base del gobierno como tal en aquel mar, por lo que cada vez que terminaba una misión y que recibía otra, acudía a aquella isla. Realmente se trataba de una base de marines, pero al fin y al cabo, todos trabajaban por fines parecidos... aunque con métodos bastante distintos.

El caso es que llegó a la base marine antes de lo previsto, con la esperanza de poder ahora dedicarse a no hacer absolutamente nada. Sin embargo, le habían convocado a una reunión por algún motivo. Llamó a la puerta con los nudillos y una voz desde dentro le dio permiso para entrar. Era una sala pequeña, había varias idénticas en toda la base para este tipo de reuniones más cotidianas y sin importancia. La mesa central era rectangular, con siete sillas vacías y una ocupada por Tegan. Era agente del Cipher Pol también, de un par de rangos por encima suya. Aquello ya llamó su atención, normalmente no se reunía con nadie tan importante. Era un hombre mayor, entre sus cabellos morenos podía apreciarse la aparición de mechones canosos y su rostro lo marcaban unas facciones duras y cuadradas. Parecía ser el típico hombre al que llamaban para echarle la bronca a los demás. — Siéntese. — Ordenó con frialdad, a Daryl no hacía falta ni que lo hubiera dicho, ya iba en camino de hacerlo igualmente. Se apropió de una de las sillas a mano derecha, bastante alejada del sujeto. — ¿Cómo fue la misión? — Tegan ni si quiera le miraba, solo ojeaba unos papeles encima de la mesa. — Bien. — Respondió Daryl, igual de seco que él. — Así que bien, ¿eh? — Se aguantó las ganas de suspirar. Se venía charla. — ¿Me explicas esto, entonces? — Le tendió una de las hojas que estaba mirando hace un momento. Pertenecía al periódico y en uno de los pequeños anexos de abajo se le daba voz a la noticia de un local que acabó en llamas después de una pelea, además de la muerte de un pirata y algunos civiles heridos. Sí, consiguió acabar con la persona que le mandaron, pero llamó demasiado la atención, y el Cipher Pol no podía permitirse eso. — El... asunto se complicó un poco. — Sujetó su codo izquierdo con la mano derecha. Era lo más parecido a cruzarse de brazos, estaba visualmente a la defensiva. No le gustaba excusarse, ni pedir perdón, ni aceptar sus errores. — Es la tercera vez en dos meses que los "asuntos se complican un poco". — Daryl empezó a mover la pierna en un acto de nerviosismo o de impaciencia, no le gustaban estas cosas. Sobre todo porque lo encontraba hipócrita. A él lo reclutaron sabiendo exactamente cómo era, que ahora se hicieran los soprendidos y disgustados le quemaba por dentro. Se provocó un silencio tenso. — No volverá a pasar. ¿Puedo retirarme? — Preguntó Daryl, deseando salir de aquel cuartucho. — No, vas a esperar aquí, porque está a punto de llegar alguien. — Aquello despertó un poco su curiosidad, aunque no dijo nada ni hizo ningún gesto que pudiese expresarlo al exterior. Solo quedaba esperar, y deseaba que no fuese mucho tiempo, porque la situación ya era lo suficientemente incómoda.
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#2
— Lo que pasará ahora, Irina, es que tendrás un compañero.
— Vale. —  Confirmó una jovencisima pelirroja que caminaba a paso limpio, recto y preciso justo al costado de un hombretón.
— Daryl Kilgore es su nombre. Tiene fama de descerebrado, pero tú viajarás con él un tiempo para encauzarlo. — El hombre medía casi dos metros, pelo rubio, unos cuarenta años. —  Fue la última petición de tu padre. Aunque no lo creas, puedes aprender mucho de Kilgore, es un joven con mucho futuro, pero necesita ... orden.
— Orden ... —  Susurró la joven. Vestía completamente de blanco, salvo una corbata negra. Tenía las manos recogidas a la espalda, la espalda completamente recta. — Le daré orden. — Completó su frase. El superior afirmó con la cabeza, confiado de que Irina no mentía jamás, la conocía, los informes hablaban por si solos, esa muchacha era la máquina perfecta del gobierno. Nacida, criada y enseñada para ser agente.

Se abrió la puerta del despacho. Ambos entraron, quedando los dos un poco por detrás de Daryl. Irina enseguida le clavó la mirada en el cuello. Era grande. Al ver el rostro del espadachín, contempló dureza, aislamiento, desdén. -El perfecto prototipo de hombre- Pensó. Tegan alargó una mano y Moushe habló.
— Señor Tegan, le presento a Irina Volkov, la agente de la que le hablé. —  Irina daría un paso al frente, bajando su cabeza en señal de saludo y respeto.

Quién diría que hoy comenzaba todo.
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#3
Solo transcurrieron unos pocos minutos hasta que la puerta se abrió desde fuera. Entonces dos personas muy diferentes cruzaron el umbal, una era un hombre de mediana edad, fuerte y experimentado, y la otra una chica que parecía que acababa de salir de la academia. Daryl enseguida clavó su mirada en ella, como si la examinara. Un largo y llamativo pelo rojizo, ropa completamente blanca e impoluta y sobre todo, unos enormes ojos amarillos que resultaron ser sin duda lo más extraño de la joven. Eran demasiado intensos, daba la impresión de que brillaban y tenían unas elipses que no había visto nunca. Era ridículamente guapa. — Perfecto, bienvenida al Cipher Pol, agente Irina Volkov. Me han hablado muy bien de usted, espero grandes cosas. — Daryl le miró con una ceja alzada, ¿ahora iba de amable? — Agente Daryl Kilgore, le presento a su nueva compañera. A partir de ahora las misiones las llevaréis a cabo en conjunto. — El gesto de su rostro empezó a cambiar, volviéndose en una mueca de desagrado y asco. No, no le hacía nada de gracia tener que compartir su tiempo con una completa desconocida.

Daryl se puso en pie. Tenía tantas cosas que decirle a Tegan en ese momento, pero no encontraba las palabras adecuadas para no parecer un niño enrrabietado y quedar en evidencia delante de dos superiores. — Ya lo veremos. — Tegan le devolvió la mirada, ambos se miraban con resentimiento. — Es una orden, y la vas a cumplir. — Las ganas de huir de aquella habitación no dejaban de incrementarse a cada segundo que pasaba. — ¿Me puedo ir ya? — Insistió de nuevo. — Sí, podéis retiraros los dos. Os aconsejo que empecéis a conoceros mejor, pues vais a pasar muuucho tiempo juntos. — Se notaba en su voz ese tono de vencedor, de haberse salido con la suya, de regocijo ante la molestia y el enfado de su subordinado. Le estaba dando una reprimenda, y la estaba disfrutando.

Inmediatamente después de escuchar el "sí", Daryl empezó a caminar con grandes zancadas, dirigiéndose hasta la puerta. Cruzó justo por el lado de Irina, no la miró, aunque sintió su presencia. Lo que más le molestaba de todo es que ella era una recién llegada al Cipher Pol, y él llevaba ya unos años trabajando como agente, era obviamente mucho más experimentado que ella. Y sin embargo, les habian asignado juntos con un tono que daba a entender como si ella fuera la experta. "Por favor, si es una puta cría...", pensaba Daryl para sus adentros, con una frustración encima que estaba deseando de ahogar en alcohol. Se quedó de pie en el pasillo, justo delante de un gran ventanal, esperando a que Irina saliera de la sala. Sí, se iban a conocer, y Daryl le dejaría claro que no estaba dispuesto a seguir sus órdenes.
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#4
Le cayó una reprimenda considerable teniendo en cuenta que le exponía delante de ella. Tegan casi parecía disfrutar metiéndole presión al tipo con sus órdenes. Irina estuvo a punto de abrir la boca, pero ya tendría el momento. Dejó que todo siguiera su curso, ella solo se dedicó a aceptar de buen grado las indicaciones agachando la cabeza y el torso en una reverencia modesta, pero educada. De nuevo se enzarzaron en una semi discusión, Daryl le plantó cara, pero poco podía hacer, ya que Tegan era su superior. Salió hacia el pasillo. Irina miró al agente que le llevó a la presentación y este le daría su consentimiento para abandonar el despacho. — Me retiro, con su permiso. —  Abandonó la sala.

Al cerrar la puerta se encontró al hombre de tamaño importante oteando el paisaje a través del ventanal. — Eres un hombre valiente. Imprudente. Atrevido. — Le intentó buscar los ojos, para atraparlo en su mirada. — Como ha dicho el superior Tegan, soy Irina Volkov, es mi primer día como agente del Chiper pol, aunque este está lejos de ser mi primer día como tal. — Se acercó un poco más. Conocía los límites de "El salvaje Daryl Kilgore" las historias se contaban a pares. No gustaba de contacto. —  El informe dice que temes el contacto, que lo repudias, eso es ... Interesante. —  Rozó con el dedo angular la vestimenta del varón. —  No es bueno que se conozcan tan abiertamente tus debilidades, aunque ahora me viene bien. Está bien que yo lo sepa, toda la información que tengas sobre ti, sensible o no, me la explicaras. — No gesticulaba, era impasible. — De ese modo podré proteger tus secretos y las misiones que tengamos de ahora en adelante, serán un éxito.

Sonrió. Tétricamente.
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#5
Respiró con profundidad al llegar al ventanal del pasillo. Las vistas no es que fueran especialmente llamativas ni bonitas, se podía ver el patio donde un grupo de marines entrenaba en el albero, peleando entre ellos con espadas de madera. Debilidad. Uno nunca podría aprender a manejar bien una espada si no era de verdad, si no aprendías a manejar el peso del arma y a controlar su propia inercia. Él siempre había entrenado con espadas recién afiladas, aunque fuera pequeño y no hubiera armas para su tamaño, eso nunca le había supuesto un inconveniente. No, los marines no le guardaban especial cariño.

Una voz femenina interrumpió sus pensamientos introspectivos. Lo primero que hizo fue dedicarle un aserie de... ¿halagos? Al menos él tomaba esos adjetivos como positivos.  Todo mientras buscaba su mirada con curioso interés. Daryl no se fiaba de ella, parecía un truco, esos ojos tan intensos y grandes eran ciertamente tétricos, expresaban lo contrario a la confianza o a la amabilidad. Eran violentos por sí solos, pero lo más inquietante era el contraste que hacía con su cara de ángel. Continuó con su presentación, a la vez que se acercaba más a él. Las primeras impresiones eran importantes, Daryl no podía permitirse retroceder, por muy incómodo que empezara a sentirse. Le molestaba, le irritaba más bien el hecho de que ya conociera ese aspecto de su personalidad, antes incluso de haber sido presentados.

Así que cuando rozó su ropa, aguantó unos segundos el leve contacto, tirando de su propia voluntad, a la vez que procuraba aguantar su mirada. Aquel primer encuentro se había convertido en un duelo por ver quién se colocaba encima de quién. — No es que lo tema, es que me produce asco. — Se justificó, antes de apartarse levemente para escapar de su mano. Era una forma de definirlo. — ¿Así que quieres conocer mis secretos? Tendrás que contarme también los tuyos, entonces. — El duelo continuaba.
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#6
Irina giró hacia un costado para ver por la ventana mientras escuchaba lo que decía Daryl. Era típico de hombres querer saber ellos antes que los demás. — No me interesan tus secretos a título personal. De todos modos me los quieras contar o no, si yo quiero, los sabré. —  Volvió a mirarle directamente a los ojos. —  Agente Daryl, creo que no me conoce y estaría bien que estudiara un poco quién soy, si es que es capaz de encontrar algo sobre mi. —  Dejó caer que encontrarse información de Irina era mucho más difícil de lo habitual, por que su caso a fin de cuentas, no era el habitual. Su minuciosidad no dejaba revelar cualquier detalle en cualquier informe, algo que solía pasar la mayoría de integrantes del gobierno que jamás pensarían que uno de sus colegas estaría interesado en una ... "Debilidad".

— Sin embargo sería mucho más orgánico para nuestro equipo, que fueras tú quien me contara las cosas y no yo quién tuviera que obtener la información de ... Otras formas. —  Intentó sonreír, cuál muñeca de porcelana sin expresiones. — Tú eres conocido por dejarte llevar por la ira y fallar en tus misiones. —  Miró su rostro con detalles, para no perder información alguna. — A mí se me conoce por no fallar. —  Volvió a darse la vuelta, dejando a Daryl mirando a su espalda. —  Aprovéchate de mis capacidades. —  Todo lo que decía sonaba tan egocéntrico, pero lo decía con aquel tono impasible y entraba más fácil.

— Tenemos que retirarnos, hay que ultimar los detalles de la siguiente misión. El aula C está en el edificio de enfrente. Vamos. —  Empezó a bajar escaleras.
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#7
¿Cómo podía una persona tenerse en tan alta estima? Esa mujer hablaba de sí misma y de sus capacidades como si hubiera formado ella solita aquella organización gubernamental, cuando apenas acababa de cumplir la mayoría de edad. Tal berborrea dejaba a Daryl completamente desconectado, ni si quiera parecía ser una persona real, era más bien como un robot o una muñeca, algo inanimado y sin alma. Lo que dejó bastante claro es que se trataba de un ser controlador y curioso, pero cerrado con llave. No contaría nada de su vida o de su pasado, y sin ofrecer nada a cambio, quería conocerlo todo sobre él. Bueno, pues las cosas no funcionaban así.

La mujer se giró y empezó a caminar, dirigiéndose escaleras abajo. Mencionó que quería ir a un aula en el edificio de enfrente para repasar no se qué detalles de no se cual misión. Daryl comenzó a bajar con ella, aunque con otra idea en la cabeza. — Hablaremos de lo que quieras, pero en el bar de al lado. — El lugar se encontraba a mano derecha después de bajar dichas escaleras. — Acabo de volver de una misión y necesito una cerveza. — Al fin y al cabo, el bar actuaba muchas veces como lugar de reunión también, pues allí solo había marines o agentes como ellos, y a los más despreocupados les gustaba hablar del trabajo mientras bebían o comían algo. Se podría decir que era un sitio seguro para hablar de misiones, pues no solían frecuentar los cotillas. — Y no te confíes demasiado, agente Irina, es más fácil de lo que crees encontrar información sobre las personas. Y yo tampoco escondo nada, así que puedes buscar lo que quieras. — Nada más las escaleras se terminaron, comenzó a caminar en dirección al bar. En mano de la pelirroja estaba si decidía seguirle o no.
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#8
Un bar era el lugar más burdo que se le ocurría a Irina al que acudir. Perder el tiempo de aquella manera, encima gastando un dinero que bien les podría servir para algo más importante. Sin embargo se acababan de conocer y si su razonamiento sobre las personas estaba en lo cierto muchas veces tenías que dar el brazo a torcer para que a una no la vieran como un ogro.

La futura Irina alucinaría con estas ligerezas de su yo pasado, pues en la actualidad no pensaría en "quedar bien" ante nadie y menos frente a Daryl. — Claro. — Comentó sin mirarle, mientras bajaban las escaleras. Daryl avanzó hacia un costado, el bar estaba en dirección opuesta al aula que les esperaba para tomar información de la siguiente misión. La isla estaba repleta de marines y entre ellos algún que otro agente gubernamental como ellos, no era tan fácil que se dejaran ver, pero tenían que hacer trabajo de campo.

-Por la diosa Malgrad- El tugurio, porque no tenía otro nombre era ridículamente mal oliente para ser solo para marines. Irina se sentó en la barra, con las piernas cruzadas. Un apuesto muchacho era el que servía.
— ¿Hace una copita? —  Invitó a ambos integrantes.
—  Un baso de leche. —  Alzó las cejas el tipo porque la mujer ni le miró, es más, ni se movió. De no haber estado mirándola a la cara no habría ni visto que movió los labios. — Aquí pasas tu tiempo de ocio entre misiones. Comprendo. —  Siguió inspeccionando a Daryl. — Bueno, no comprendo por qué un agente perdería aquí el tiempo, pero sí entiendo que es un ocio mundano que te acerca a ... Ellos. —  Se refería a los marines y con ello a la gente normal. No era mala idea impregnarse del mal olor del populacho. —  Tomaré apuntes sobre tus acciones. Puede que aprenda algo de ti, aunque solo sea perder el tiempo, de todo hay que sacar una enseñanza.—  Sacó una pequeñisima agenda donde empezó a apuntar con un boligrafó que sacó del interior de su manga.
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#9
Parecía que la pelirroja daba su brazo a torcer... al menos un poco, al menos de momento. Quizás no era tan estirada como le había parecido en primera instancia, quién sabe, el alcohol cambia mucho a la gente, la deshinibe, quizás podría pasar lo mismo con ella. Ambos avanzaron hacia el bar del costado, Daryl sentía entre pesadez y alivio, pues beber un poco era lo que más le apetecía en ese momento. De hecho, una jarra de cerveza sería lo más parecido al paraíso para él. No obstante, tenía que compartir ese momento con una mujer que acababa de conocer y que parecía ser completamente opuesto a él.

Entraron al bar. Rápidamente la joven fue a dirigirse a la barra, sentándose en uno de los taburetes. Daryl la acompañó, sentándose justo a su derecha. Apoyó el brazo en la barra, la espada colgaba de su espalda por detrás del asiento, con la capa cubriéndola por encima, solo se veía el mango sobresalir al lado de su cuello. Nada más su nueva compañera se adueñó del siento, un joven camarero la atendió, invitándole a una copa. Sorprendentemente, ella solo se pidió un vaso de leche. — Para mi una jarra grande de cerveza. — Ordenó, sin siquiera mirarle, solo la observaba a ella.

En su mente Daryl repasaba a las mujeres que había conocido en su vida. No hacía falta pensar demasiado para llegar a la conclusión de que Irina no se parecía a ninguna de ellas. Comenzó a hablar de aquella forma que ella tenía, demasiado sincera, tanto que podía resultar borde o hiriente. Aunque no para él, que le daba demasiado igual todo. En ese sentido parecían combinarse bien. — Algo que podrías aprender es a pedirte una copa de verdad, por ejemplo. — Llegaron ambos pedidos a la barra, tanto la leche como la cerveza. Daryl no tardó en darle un largo trago a su jarra, terminándose la mitad de una zancada. — ¿Quieres probar? — Le acercó su copa un poco, arrastrándola sobre la barra hacia su lado. Sabía que seguramente la rechazaría, tenía pinta de ser esa clase de persona, pero no perdía nada por intentarlo. Entonces se fijó en la libreta que sujetaba, en su bolígrafo, el cual había empuñado para empezar a escribir cosas que no lograba a ver. De momento no lo mencionó, tampoco era tan cotilla.
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#10
Irina escuchó atenta lo que decía Daryl. Justo entre sus palabras es cuando llegó el vaso de leche. Se lo llevó a la boca despacio e igual de despacio daría un sorbido como si fuera la cría de bambi. El agente del gobierno tragó su licor y después se lo ofreció. —  Yo no bebo nada que pueda alterar mis sentidos de forma negativa. —  Otro traguito de leche. — Además, estoy de servicio y tú también. La diferencia entre nosotros es grande en este aspecto. —  Irina seguía cruzada de piernas, increíblemente delicada.

Su ropaje blanquecino llamaba la atención, pero generalmente era de hombres, para lanzarle algún piropo que ella o ignoraba o recordaría más adelante. Nunca olvidaba nada, si podía evitar olvidarlo. — Lo que me lleva a tu ficha. —  Pasó varias páginas de su libreta. —  Cito textualmente: Incorregible. Agente que no tolera el mando o que en su defecto, lo ignora muchas veces en pos de ofrecer un carácter feroz ante la orden que se da. Fácilmente se distrae con ligereza, poca capacidad de enfoque. Potencial desaprovechado. —  Dejó de leer, levantando la vista para mirarle a los ojos.

— ¿No te cansa perder el tiempo? —  Miró alrededor. —  Aquí lo estamos perdiendo, agente Daryl. Podríamos estar trabajando. — Tomó el vaso de leche y se lo terminó. — Adoro trabajar. Haré que te suceda lo mismo. Puede que tú creas que no, pero conforme pases tiempo conmigo, te cambiaré. Para mejor. Serás un mejor humano. —  Sonrió. — Yo te haré mejor agente y a cambio, tú ... —  La mirada de Irina se intensificó, como si intentara mirar más profundamente, dentro de su ser. —  Serás mío. —  Sentenció.
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