29-04-2026, 04:08 PM
Ahora el callejón se encontraba en silencio, que únicamente se llegaba a sentir interrumpido por los quejidos ahogados de los hombres que se arrastraban lejos de las dos mujeres. La mirada de Yuqi -si es que ese era su nombre real- se podía sentir por parte de la pelirrosa con una intensidad que le revolvía el estómago. Puede que con sus palabras dijera que era su amiga, pero sus ojos contaban una historia muy distinta. Yuuki no podía evitar sentirse incómoda con la presencia de aquella mujer de cabellos verdes.
—¿Culpable? —Preguntó la birkaniana mientras sus ojos buscaban encontrar los contrarios mientras lidiaba aún con el dolor—. Me he defendido lo mejor que pude. Más bien decepcionada.
Sentía dolor no más por respirar, ¿O era cansancio? No estaba acostumbrada a salir apaleada de ninguna pelea y sencillamente no planeaba acostumbrarse tampoco. Sin embargo, Yuqi se acercaba, acortando la distancia y sonriendo con confianza, y aunque su dedo seguía en el gatillo, sabía que en su estado actual, un enfrentamiento directo con ella sería el fin. El combate anterior había dejado claro, y de manera indiscutible, quién era mejor entre ellas dos. Incluso estando Yuuki con todas sus fuerzas.
La pistolera quiso responder a lo que ella decía mientras terminaba de arcarse. Yuqi era cruel. Se burlaba de sus ideales, los llamaba "estirados". Y bueno, quizás lo eran. Se había atrevido a lanzarle un discurso antes. Y no uno que fuera solo palabrería. Aún en la situación en la que estaba, no se arrepentiría de sus palabras; ella era libre. Y los demás también. Arrebatar la oportunidad de ser libre a otro era inaceptable. Incluso para una estafadora como ella.
—Ciertamente, no puedo dispararte, Yuqi. Pero hasta ahí puedes acercarte. —dijo bajando el arma apenas unos milímetros—. Me has ayudado, y cumpliré mi palabra. Y aunque dijiste que no quieres ningún pago, ¿Qué quieres hacer ahora? No me gusta la forma en que me miras, así que déjate de juegos conmigo, si es mucho pedir.
Yuuki miraría de forma seria a la mujer, y tomaría aire profundamente, buscando llenarse de algo de energía y no lucir tan patética como realmente estaba. Igual era en vano, sabía bien que solo estaba aparentando y no engañaba a nadie con eso. Pero ella no iba a negociar con nadie estando en el piso. A la birkaniana la habían educado para ser siempre alguien altiva y orgullosa. Quizás lo único bueno de su crianza. Y no iba a dejar de serlo aunque estuviera apaleada y sangrante. Esa no era la actitud con la que iría a conquistar la libertad.
Buscó mantenerse con sus dos pies y mantuvo el arma ligeramente levantada. No era una postura agresiva; y para cualquiera conociera de algo de tiro con armas de fuego, también era fácil decir que no era siquiera una postura de preparación. Pero con todo, era lo mejor que Yuuki tenía para estar frente a esa mujer cruel que, bien que mal, le había ayudado antes... ¿Pero qué era lo que buscaba?
—¿Culpable? —Preguntó la birkaniana mientras sus ojos buscaban encontrar los contrarios mientras lidiaba aún con el dolor—. Me he defendido lo mejor que pude. Más bien decepcionada.
Sentía dolor no más por respirar, ¿O era cansancio? No estaba acostumbrada a salir apaleada de ninguna pelea y sencillamente no planeaba acostumbrarse tampoco. Sin embargo, Yuqi se acercaba, acortando la distancia y sonriendo con confianza, y aunque su dedo seguía en el gatillo, sabía que en su estado actual, un enfrentamiento directo con ella sería el fin. El combate anterior había dejado claro, y de manera indiscutible, quién era mejor entre ellas dos. Incluso estando Yuuki con todas sus fuerzas.
La pistolera quiso responder a lo que ella decía mientras terminaba de arcarse. Yuqi era cruel. Se burlaba de sus ideales, los llamaba "estirados". Y bueno, quizás lo eran. Se había atrevido a lanzarle un discurso antes. Y no uno que fuera solo palabrería. Aún en la situación en la que estaba, no se arrepentiría de sus palabras; ella era libre. Y los demás también. Arrebatar la oportunidad de ser libre a otro era inaceptable. Incluso para una estafadora como ella.
—Ciertamente, no puedo dispararte, Yuqi. Pero hasta ahí puedes acercarte. —dijo bajando el arma apenas unos milímetros—. Me has ayudado, y cumpliré mi palabra. Y aunque dijiste que no quieres ningún pago, ¿Qué quieres hacer ahora? No me gusta la forma en que me miras, así que déjate de juegos conmigo, si es mucho pedir.
Yuuki miraría de forma seria a la mujer, y tomaría aire profundamente, buscando llenarse de algo de energía y no lucir tan patética como realmente estaba. Igual era en vano, sabía bien que solo estaba aparentando y no engañaba a nadie con eso. Pero ella no iba a negociar con nadie estando en el piso. A la birkaniana la habían educado para ser siempre alguien altiva y orgullosa. Quizás lo único bueno de su crianza. Y no iba a dejar de serlo aunque estuviera apaleada y sangrante. Esa no era la actitud con la que iría a conquistar la libertad.
Buscó mantenerse con sus dos pies y mantuvo el arma ligeramente levantada. No era una postura agresiva; y para cualquiera conociera de algo de tiro con armas de fuego, también era fácil decir que no era siquiera una postura de preparación. Pero con todo, era lo mejor que Yuuki tenía para estar frente a esa mujer cruel que, bien que mal, le había ayudado antes... ¿Pero qué era lo que buscaba?

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