Un encuentro increíble. [T3-Auto]
#1
Es Día 58 de Otoño
15:00
Isla de Jaya
Manglares tropicales

La fractura del muchacho, que aún no había sanado del todo, seguía generando cierta incomodidad e inmovilidad producto de la inmensa escayola que le cubría todo el brazo. Owen, realmente, debería estar feliz; Cualquier otra persona debería haberse despedido por completo de su brazo izquierdo al instante que uno de los sujetos más fuertes conocidos por él le hubiese atacado con una potencia colosal, aunque mesurada. Hacía poco tiempo, gracias al "ver sin ver", el pelirrojo había podido detectar una fuerza tan inmensa que hizo estremecer todo su cuerpo. Cómo es posible que existiese alguien de semejante calibre? Bueno, el basto mundo le dejaba claro, por activa y por pasiva, que él era una incipiente pulga sobre un lobo alfa, si queremos una comparación de dimensiones y de escalas de poder.

Aún así, luego de haber bajado del barco, el pelirrojo decidió explorar un poco al día siguiente. A él le encantaba otear las zonas, identificar patrones conductuales en los mercados y sus dueños o, bueno, saber dónde se estaba metiendo específicamente. Jaya se identificaba como una isla tropical, con cierto parentescos a Little Garden, con ausencia de ese estado primigenio de las cosas y árboles o plantas que tenían tamaños desmesurados, como si se hubiesen congelado en el tiempo al igual que las bestias presentes allí. Por mucha buena compañía que se hagan juntos, normalmente, Gwen y Owen solían separarse en varias ocasiones para ella poder entrenar sus habilidades de canto y él, un poco más curioso, observar sus alrededores, ya que sus entrenamientos solían ser mucho más sádicos, violentos y arriesgados (Como un carbón que debe presionarse lo suficiente para volverse un diamante).

-Coño, Jaya me recuerda a Little Garden.- algo que solía hacer Owen era hablar en voz alta. Le permitía liberar sus pensamientos, así eso lo alertase y lo volviese un blanco fácil de cualquiera que lo buscase. De todas maneras, gracias al "ver sin ver", ya se había vuelto prácticamente imposible sorprenderle y pilarle por sorpresa; Había logrado, casi pasivamente, mantenerlo activo la gran mayoría del tiempo y volverlo una extensión de sí mismo, como si fuese el séptimo sentido. Ya sus alrededores no se oscurecían, las siluetas se marcaban como puntos críticos de colores a, como mínimo, 27 metros de distancia, lo cual el pelirrojo no tenía calculado con exactitud, pero si era una distancia prudencial y considerable de detección. Mientras caminaba por aquellos densos manglares, pudiendo escucharse el tronido del césped cuando se deslizaba, sin buscar ocultarse de ninguna manera (Y siendo bastante difícil siendo pelirrojo teñido y con su chaqueta rojiza tan característica) una silueta de color verde oscuro apareció -¡!- es decir, alguien o algo completamente capaz de poder ejercer poder o tener influencia. Eso era lo que el muchacho de ojos celeste brillante había entendido; Los animales carecen de presencia (Al menos los que se ha encontrado) y lo mismo ocurría con los objetos, más no pasaba lo mismo con las personas. además, dependiendo de qué tan fuerte sea, el aura, aparte de tener sus particularidades, también podía identificarse como peligrosa casi de manera automática, sin ningún medio o nodo que pueda justificarlo más allá de la sensación que produce.

En el momento que comenzó a estar a un rango de acción considerable, tanto el aspecto de Owen como su postura relajada se tensó casi de manera automática. Su expresión se mostraba entre incómoda y alerta, debido a que la sensación a que la silueta azul oscuro que comenzaba a aproximarse a una velocidad relativamente considerable venía por su lado izquierdo -Es fuerte. Mucho.- porque podía apreciarse aquello y, además, era altamente probable que se hubiese dado cuenta que se alertó de su presencia en el caso de que ya haya entrado en su rango de visión -Voy a dejarle en claro de que ya lo vi.- y, sin siquiera pestañear o decir una sola palabra, giró su cuerpo en la dirección del brillo humeante azulado que venía intempestivamente, ahora, haciendo bastante escándalo al mover las plantas y los matorrales.

Cuando finalmente lo tuvo delante y la distancia era de cinco metros, de un fuerte ¡FLUSH! de los matorrales apareció una figura relativamente musculada aunque arrugada que, con el uso del codo, se abalanzó directamente hacia el pelirrojo -¡¡!!- que, sin siquiera rechistar -¡CABRONAZO!- ni dudó en lanzar un puñetazo derecho hacia adelante para generar un choque de contacto entre sus nudillos y el hueso articular del no identificado hasta ahora, a su vez que su pierna de no apoyo (La izquierda) buscaba patearle a la altura de la cintura.

¡BOOOM!

La explosión fue bastante potente, generando una onda expansiva que terminó por generar una distancia prudencial entre ambos dos y, con el estruendo y el fuego provocado, quemar toda la zona circular justo alrededor de donde impactó el puño del pelirrojo. Podía escucharse el resquemar y chasquear de las chispas ígneas que provocaban que el manchurrón gris y negro, irregular y caótico como el muchacho, se apersonase. Incluso con su gran escayola, Owen ya era capaz de dominar el peso extra que yacía en el completo de su brazo izquierdo y, con el pequeño salto hacia atrás, se escuchó el rasgar del césped con sus zapatillas -¿¡Quién cojones eres!?- el alarido del muchacho sonaba alterado y enrabiado, estaba harto de los ataques sorpresa de gente que, evidentemente y aunque él quiera negarlo, lo buscaba por su comportamiento errático, radical y conflictivo -Veo que ya eres capaz de verme sin hacerlo con tus ojos.- la voz era conocida -¡! Eres...- demasiado, por lo que, en cuanto la nube de humo provocaba por la ignición empezó a esfumarse, podía verse lo que estaba del otro lado -Qué tal, muchacho.- era, otra vez, aquel anciano de gran bata y aspecto señil que le había enseñado sus primeras maniobras de combate, todas pura y enteramente hechas de forma física y que le habían valido, por ejemplo, a sobrevivir en aquella isla en la que habían caído varados y teniendo que pelear contra un engendro gigantesco con aspecto de gorila -Esa nueva capacidad que tienes te salvará de más de un aprieto. Es algo poderoso, muy. ¿Lo has aprendido solo?- su pregunta sonaba curiosa, ya que parecía más buscar el quién y no el cómo, casi dando por hecho, en su cabeza, que era imposible que fuese algo autodidacta -Me la ha enseñado...Sohem Burnedead.- no tenía porqué mentirle, sin más dilación, el camino de "El Rojo", probablemente, no existiría si no fuese por la ayuda inicial del anciano que tenía justo delante de sus narices.

-¿El jefe de la moneda?- ¡SHIK! ¡SHIK! -¿Oh?- otra vez, cuando el anciano no lo notó, Owen había pateado sobre la bolsa que cargaba justo en su cinturón, aquel que tenía a propósito para poder provocar a cualquier iluso que se atreva a tocarlo. Su aspecto era bastante intimidante esta vez, ya que mostraba lo que traía justo detrás de su larga túnica: Una camiseta y pantalón muy pegados al cuerpo y, pese a que su piel claramente había perdido colágeno y tenía las típicas manchas de sol provocadas por la exposición prolongada al mismo durante años, estaba tremendamente fornido, mucho. En la mano derecha del muchacho yacía la bolsita de monedas que repiqueteaban con intensidad, subiendo y bajando -Apuesto todo lo que tienes aquí que ni te diste cuenta cuándo pasó.- sonriendo con desafío, el anciano respondió con una expresión de alivio, cerrando los ojos y realizando una poderosa inhalación y exhalación -Has mejorado chaval, mucho más de lo que me había imaginado.- las palabras de orgullo del sujeto, ahora, se devolvían en una expresión entusiasmada del muchacho pelirrojo -Tengo un par de trucos más.- y, al guardar la bolsa dentro de su chaqueta de cuello largo, tensó los músculos de su mano y los colocó justo delante de su nariz, mostrándole el ¡PAK! ¡PAK-PAK-PAK! De explosiones pequeñitas y controladas justo sobre su palma -La pureza del cuerpo no debería invadirse con elementos tan burdos y chabacanos como las frutas del diablo. Es una manera tramposa y enajenada de obtener poder rápido y fácil.- aclaró, con una expresión notable de neutralidad aunque molestia en su hablar, casi reprendiéndole -Estás maldito de por vida a cargar con un poder que nunca podrás controlar del todo. Sin más dilación, controlas las explosiones. Ser usuario de fruta del diablo es ser una bomba de tiempo, y tú, además, eres una con patas.- y literalmente tenía razón, era objetivamente razonable.

La reprimenda del anciano provocó una expresión de seriedad en él, una que le obligó a contestarle, mientras la selva tropical seguía con sus tronidos típicos y característicos -Necesito algo que me haga especial. No hablo de lo verbal, de la personalidad, nada de esas cosas que no son tangibles, que marcan la diferencia ante cosas personales o políticas.- mirándole, quería explicar su punto -Podré entrenar toda mi vida, pero el mundo no solamente es muy hostil, sino, que está repleto de personas terriblemente excepcionales.- en sus recuerdos aparecieron tanto su maestro como aquel sujeto que solo pudo sentir el bestial estremecimiento que provocaba en Arabasta -Necesito marcar la diferencia ya, y no esperar a volverme un anciano como tú para lograrlo.- empezó a haber desafío en sus palabras, no hostiles, sino, marcadas con una sonrisa ladina que hablaba sobre la búsqueda de una vida más acelerada, más inmediata, y menos dilatada en el tiempo; Si esperaba a volverse fuerte como el viejo teniendo su edad, obviamente, el mundo estaría envuelto en un colapso aún peor. En su cabeza, así funcionaba -El tiempo es todo el tiempo, muchacho.- contestó, con un tono sabio en el que llevó ambas manos hacia atrás de la cintura y, con la espalda completamente arqueada, mostraba que era un poco más alto que el pelirojo -¿Eh?- la respuesta lo dejó un poco confundido -Pretender vivir una vida rápida y gloriosa puede llevarte al desastre en un abrir y cerrar de ojos. Construir cimientos sólidos durante décadas te puede volver un hueso verdaderamente duro de roer. Entiendo la necesidad de impacto inmediato en el mundo,- se giró hacia un lado, alzando la vista hacia un suelo tenuemente nublado, en un aspecto que evocaba nostalgia y neutralidad -pero eso puede volverte lo que juraste destruir. Las personas cambian, chaval.- hablaba con seguridad, casi como si tuviese clarísimo que su punto, ciertamente, era efectivo y realista -He cometido errores, muchos. Demasiados.- miró hacia abajo, con indecisión, hasta poder volver alzar esos ojos que tanto brillan y están tan llenos de fulgor como las explosiones que emite de su cuerpo -Pero necesito cambiar el mundo de mierda que me tocó vivir. Nada más importa que los próximos que vengan.- y el anciano, sin mirarlo, repitió -No hay nada más importante que los próximos que vengan. Puede ser.- y, ahora, volteándose, miró al muchacho mientras arqueaba la espalda, alzaba su mano derecha mientras tensaba los músculos y separaba las piernas. 

Evidentemente, estaba realizando una pose de combate -Demuéstrame tu punto con todo lo que has aprendido, venga.- había una sonrisa de complicidad, incluso, viendo cómo el muchacho imitaba el gesto aún con la escayola en el brazo -No pienso echarlo atrás, ni a mi, ni lo que quiero lograr.- había fiereza, intensidad, y pasión en sus palabras. Claramente, el combate entre aquellos dos iba a generar más que un fuerte estruendo y provocaría que una pequeña parte del manglar, ciertamente, quedase entre árboles quebrados y marcados manchones negros de ceniza que eran mitigados casi automáticamente por la humedad impresionante de la jungla. Los animales, alineados en el caos provocado por el enfrentamiento de los dos, podía verse el choque de ambas realidades: La juventud explosiva, instantánea y alborotada y la sabiduría y paciencia de la vejez, la cual forjó una vida y un proyecto de persona completamente enfilado en la perfección mediante la paciencia y la práctica por vaya-a-saber cuanto tiempo. Sin importar quien ganase (ya que a ambos no les interesaba) se vería quien era quien más prevalecía porque la realidad, en el mundo, al menos a ojos del pelirrojo, es una: "Podré no resolverlo hoy, o mañana, pero no puedo ni debo demorarme más que pasado-mañana".

Cualquiera que vaya a esos manglares, mañana, se encontraría con un destrozo sin igual provocado por dos fuerzas que, como hombres  básicos que son, quieren mostrar su punto. ¿Cómo? A puño limpio y sin clemencia por la opinión del otro.

Defuse the Bomb:
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
#2
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Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 7

— Reputación: 20

— Berries: 15K - 10% = 12,750Berrys

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