Yuuki
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La caída de la persona a su lado la hizo girarse de inmediato, apuntando con las dos pistolas y encontrando al sujeto con la flecha en la cabeza. ¿Esa había sido Seraphine? ¿La misma Seraphine de antes? Yuuki se giró nuevamente mientras se agachaba y plegaba bien las alas, pero no miró al frente, sino atrás, a la chica Skypiean. Agitó su brazo en lo alto, haciendo una señal para que ella avanzara a su posición y así pudiera tener un punto de apoyo más cercano. Sin embargo, le impresionaba que la chica tuviera tal sangre fría. Yuuki por su cuenta no era capaz de arrebatar la vida a nadie, aunque lo merecieran. Como fuera, era momento de continuar.
Revisó rápidamente el cuerpo del caído y sacó de él una llave y unos cuantos berries. Se quedaría con ambas cosas. Luego avanzaría aún más, justo para escuchar lo que decían los que estaban atados.
—¡Ni creas que vas a salirte con la tuya, Roland —Dijo uno de los atados. Bueno. Una. Su voz era femenina—. Seguramente ya nuestra ausencia se habrá notado y ¡habrá gente buscándonos! Suéltanos de una vez y te prometo que olvidaremos esta traición...
Y de inmediato habló el otro, que era un hombre. —Así es, Roland. Aunque hayas caído tan bajo como para esto, lo olvidaremos su nos dejas ir de una vez.
Pero ante aquello, el que parecía ser Roland, que era el que llevaba la lámpara, se soltó a reír y luego se aproximó a los dos que estaban atados. Por la luz, Yuuki logró identificar a los rehenes. Eran nada menos que los novios. Parecían estar bien, o bueno, casi del todo. El novio tenía un golpe visible en la cara y la novia tenía un hilo de sangre que le recorría la cara desde la frente hasta la mejilla; aunque se notaba que la herida acababa de cerrar. Como fuera, Yuuki estaba furiosa. ¿Cómo se atrevían a arruinar un momento tan hermoso como lo era una boda? Aunque su interés por el chisme la hizo seguir escuchando.
—¿Se atreven a darme opciones? ¿Ustedes dos? No me hagan reír. Están bajo MI control y lo que pase de aquí en adelante lo decido YO. Así que háganse un favor y cállense. No tardará en llegar el mayordomo de la familia de la señorita Julia. Y yo reclamaré mi recompensa. En cuanto a ti, Roman, espero que te ejecuten. ¿Creíste que tu historia iba a tener un final feliz? Ya te lo había advertido cuando quisiste poner tus ojos en ella...
La birkaniana suspiró con fastidio y avanzó un poco más. Sus dedos sus dedos tamborileando sobre el mango del arma. Justo al punto en el que lo único que la mantenía oculta era la hierba alta y los arbustos que había allí en el claro de la arboleda. Esperaba que Seraphine estuviera en su posición y entonces emergió ella apuntando con las pistolas, apretando los gatillos y disparando a los dos criminales. A diferencia de Seraphine, Yuuki no buscaba puntos vitales, pues no era capaz de hacerlo por su propio código. Sin embargo esto no hacía que sus disparos fueran menos efectivos. Al que llevaba la espada le dio justo en el abdomen, donde la herida podía ponerse muy mala si no se trataba; casi una sentencia de muerte. Y al de la lámpara le impactó en el hombro, justo en la unión del brazo, dejándolo con un gran dolor y con el brazo inutilizado.
Por supuesto, ambos captores cayeron al suelo aunque solo el de la lámpara, que ahora la había dejado caer, se pondría de pie de vuelta, levantando una pistola con su otro brazo y apuntando a Yuuki. Pero la mano le temblaba. La de la pelirrosa no.
—Ni lo intentes, animal. Ciertamente vas a fallar el disparo y luego yo tendré que inutilizarte el otro brazo.
Yuuki sonrió de medio lado y guardó la pistola de la mano izquierda, manteniendo a Quicksilver en la derecha y apuntando aún. Aunque no se movería de su lugar. Lo que sí haría sería hablar a Seraphine en voz alta.
—Sera, parece que encontramos a los novios. Están en problemas. ¿Puedes revisarlos, por favor?
Seraphine Soyer
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Parpadeó al ver el movimiento de su brazo y no tardó demasiado en ir a su lado, con el corazón temblando, había disparado de verdad, pero, hace mucho tiempo que Seraphine aprendió que si hacía preguntas, en especial siendo una esclava, no habría tenido segundas oportunidades, era dar una muestra de debilidad y la matarían, entrecerró sus ojos, mirando su mano donde faltaba el meñique, los recuerdos, aglomerandose en su mente y de pronto, solo vió negro por cerrar sus ojos, no era la primera vez que arrebató una vida, sin embargo, poco recordaba, era algo difuso y aquella vez, tuvo mucho miedo.
Casi se da de bruces contra Yuuki, al estar caminando algo agachada, disociando, sin darse cuenta de lo que tenía delante de ella y le sonrió a modo de disculpa, acercándose al cuerpo del hombre para recoger su flecha, no teniendo intención de dejarlas por ahí, al ser evidencia de su crimen, siendo ese momento, que escuchó la voz de la mujer, de manera instintiva, su cuerpo se aplastó contra el suelo, buscando agarrar a Yuuki para arrastrarla a su lado, hasta ahora, nunca participó en ninguna misión de sigilo y parecía estar dándosele pésimo, para asegurarse de que no viesen el resto de su cuerpo largo, acercó sus rodillas a su cuerpo.
Y mientras más escuchaba, se podía ver cómo hacía una mueca, sin estar segura del todo de lo que escuchaba; aquello sin duda parecía ser todo una ópera, mirando a su compañera con una expresión que parecía decir: ¿Estás escuchando lo mismo que yo? De pronto, deseo que estuviesen desnudos, al ser una imagen más… amigable que aquello, no obstante, se sentía el equivalente de una vieja chismosa, escuchando con atención, ¿Recompensa? ¿Ejecuten? ¿Qué estaba sucediendo ahí? Sintió varios signos de interrogación danzando sobre su cabeza, ¿Será un criminal? Ah, donde habría una pared para unir hilos rojos de una manera desquiciada.
Se mantendría algo alejada de la pelea, dejando aquel papel de guerrera a la híbrida, dejando escapar un ligero insonoro silbido, asintiendo con la intención de ir a ver a los novios; no obstante…
Otra flecha salió disparada en dirección al hombro que sujetaba aquella pistola; otra, en dirección a la muñeca, manteniéndose un par de pasos detrás de Yuuki, no tenía ni la más mínima intención de dejarle una ventana a Roland para disparar; les servía más inutilizado y vivo, aunque su estómago se removió, nervioso, no siendo consciente del todo de sus actos, conocía ese estado, era similar a la luz de un túnel, utilizó una de sus flechas para cortar las ataduras.
—¿Están bien?
Les enseñó lo escrito, manteniendo sus armas lejos de ellos.
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Se sorprendió por la flecha que dio en la mano del sujeto aquél, quien soltaría la pistola inmediatamente y luego caería al suelo para agarrar su mano y sacar el virote, sollozando en dolor al estar completamente derrotado y sin más fuerzas para resistirse. Seraphine había sido realmente fría en aquél disparo, y aunque Yuuki tenía sus reservas sobre disparar a alguien vencido, no diría absolutamente nada. Al final, la arquera había quitado de la ecuación la variable que podía ser la rabia de ese tal Roland. Y con la caída de ese sujeto, estaban completamente seguros ahora y podían concentrarse por completo en los dos novios, quienes estaban aún atados y confundidos por lo que estaba ocurriendo.
Seraphine se comunicaba con sus notas y cuando los dos pudieron leer el mensaje a la luz de la lámpara, asintieron. Se notaba una luz de esperanza en la reflexión de sus ojos en aquél lugar. Yuuki miraría a Seraphine y sonreiría, sintiendo que habían hecho una buena obra aquella noche para variar. Era increíble que no hubiera tenido que estafar a nadie; quizás el trabajo de justiciera no parecía tan malo. Si tan solo tuviera paciencia para ir repartiendo justicia a todos... ¿Y a ella? ¿Alguien le daría justicia? Para nada. En lo que correspondía a su familia, era ella la criminal.
Tomó un cuchillo que estaba sobre una caja pequeña de madera y se aproximó a los novios. El brillo de la hoja se podía ver peligrosamente mientras ella caminaba en total silencio hacia los dos, que se asustaron al comienzo, pero en cuanto pudieron darse cuenta que en realidad el filo era para liberarlos de las cuerdas, se relajaron. Yuuki sintió algo de escalofríos no más al tocar las cuerdas. Le traían muy malos recuerdos. Pero el cuchillo le ayudaría a cortar, literalmente, aquellas ataduras y liberar a los jóvenes y a ella misma del miedo que por poco la controlaba.
Una vez libres los dos novios, la chica se fue a abrazar a Seraphine de inmediato, mientras que el otro hacía una reverencia respetuosa a Yuuki. Se les veía ahora alegres.
—¡Nos han salvado! ¡Muchas gracias! —Dijo la chica mientras hundía su cara en el vestido de Seraphine. El abrazo era fuerte para alguien de su tamaño, pero asimismo era sincero y lleno de agradecimiento y felicidad—. Tenía miedo de lo que podía pasarnos. Han llegado justo a tiempo. Pero... ¿Cómo llegaron aquí?
La chica se soltó del abrazo que le había dado a Seraphine y dio unos pasos hacia su pareja, abrazándole ahora el brazo mientras que éste parecía tomar una posición defensiva. Era algo extraño que se comportaran de esa forma defensiva luego de haber visto que las dos mujeres con alas de allí habían entrado con el objetivo de sacarlos de las ataduras y de lo que fuera que aquellos maleantes pensaban hacerle. A lo mejor había algo más que solo un par de novios en su noche de nupcias. Sin embargo, Yuuki no sería tan lista como para en eso por el momento.
—Estábamos disfrutando en la fiesta de su casamiento. Y a mi amiga aquí le hizo falta un remiendo luego de que nos chocamos. Mientras le limpiaban sus bonitas manos, el hombre anciano que nos ayudó nos pidió ayuda para encontrarlos. Y bueno. Pudimos ver que tuvimos suerte al venir al sitio con la mejor vista del lugar.
Se rascó detrás de la oreja con la mano derecha mientras hablaba, haciendo un contraste bastante extraño entre el tono amable y educado que manejaba y los modales burdos de un pirata con su expresión corporal. Cuando terminó de explicarse, echó una mirada a Seraphine nuevamente.
—¿Qué deberíamos hacer con est-
Fue interrumpida inmediatamente por el novio.
—Deben matarlos. Son peligrosos. Maleantes contratados por la familia de mi amada. Verán. Ella viene de arriba... —Y señaló en la dirección hacia donde estaba la zona privilegiada de Samba.
—Ah no. No señor. Yo no mato por matar. Vamos a noquearlos y volveremos todos. Prefiero que ustedes sepan de quiénes cuidarse a futuro. Porque no crean que esto será lo último que verán si piensan estar juntos, ¿Verdad, Sera? Oh, por cierto, ¿Dónde están mis modales? Mi nombre es Yuuki. Pirata. Ciertamente...
Hizo una ligera reverencia, casi en burla.
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Parpadeó al ver a Yuuki acercarse de aquella manera, debiendo controlarse para no tomar su arco y flecha para disparar también, el que se acercara en medio de la oscuridad, así, le trajo malos recuerdos a la mujer, que, inclinándose un poco hacia un lado, miró al hombre que le disparó, no gustándole demasiado el hecho de haber utilizado la violencia, pero tampoco tenía la intención de dejarle alguna ventana abierta para poder ser disparada, ya habiendo tenido demasiadas malas experiencias con los demás esclavos que esperaban los mejores momentos para ellos y pisotear el resto, con la intención de ganarse el favor de sus amos, Seraphine ya lo experimentó más de una vez.
Y se tensó al recibir el abrazo, algo que no esperó, cayendo sentada sobre su trasero, con algo de palidez; hizo una ligera mueca, estirando sus brazos, y le correspondió al abrazo, dándole pequeñas palmaditas, con una sonrisa en su rostro tras calmarse, sabiendo muy bien cómo se sentía al ser libre, tranquila, la apartó un poco y pasó sus manos por el cuerpo de la mujer, buscando asegurarse de no tener ninguna herida, ya conociendo la sensación de adrenalina, la cual tendía a esconder el dolor, y miró las siguientes reacciones con una ceja alzada, las palabras de Roland todavía rondaban en su cabeza, habiendo hecho sonar al novio, no una persona demasiado… inocente.
Con tranquilidad, rodeó el matrimonio, colocando una mano sobre el hombro de Yuuki, haciendo un poco de fuerza, mientras escuchaba la historia que les contaba, acerca de cómo se conocieron. —Dijo algo de que el hombre tiene una recompensa— Escribió en su libreta, asegurándose de que solo Yuuki lo leyera. —Con cuidado, no creo que sean inocentes tampoco— Soltó un pequeño suspiro y sonrió, manteniendo aquella sonrisa en su rostro, con intención de parecer amable; cuando escuchó la palabra pirata, tragó saliva, sin saber si reírse un poco por su suerte. —Revolucionaria.
Escribió, mostrándole a la pareja su libreta.
—¿No piensan irse de la isla?— Estuvo a punto de señalar el puerto, pero después se dio cuenta de que no sabía dónde estaba, así que no lo hizo. —Pinta tiene que no van a poder vivir aquí tranquilos si vuestros padres no están de acuerdo con el matrimonio— ¿Era su imaginación, o le recordaba a la trama de algún libro?
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Los dos novios leerían los mensajes que Seraphine les escribía y Yuuki simplemente se dedicaba a mirar lo que había entre los caídos para quedárselo... no es como que lo fueran a necesitar ahora y ella consideraba que tenía derecho a quedarse con lo que los otros dejaban luego de derrotarlos. Al final, sería una pésima pirata si no lo hacía. El botín siempre debía reclamarse. Era la forma en que ella se mantenía y pagaba por su hospedaje y comida; igualmente estaba en su derecho ahora más que nunca, pues eran otros maleantes a los que habían abatido junto con Seraphine. Y hablando de Seraphine, Yuuki se guardó las opiniones sobre el Ejército Revolucionario. Compartía con ellos el no estar alineada con el Gobierno Mundial, pero no los consideraba una forma de libertad.
Después de que la birkaniana terminara de recoger lo que pudiera de entre los vencidos, se sentó y puso el botín en la mitad. Tenía una sonrisa grande en la cara.
—Es hora de repartir. ¡JRAH JRAH JRAH JRAH! —Se rió con soltura y empezó a separar los despojos.
Habían berries, joyería pirata y algunos accesorios que podían tener valor tales como bolsas de munición vacías o broches de hierro y bronce. También había documentos como mapas y cartas naúticas. Ahora que lo veía completo, era un botín bastante variado para unos bandidos tan "modestos" como los que habían interrumpido esa noche. Capaz que sí era mejor tener cuidado. Aunque no por los novios como tal, sino por la gente que había solicitado a los bandidos aquellos a que hicieran el trabajo de rapto.
Yuuki iniciaría a repartir el botín, conservando aún la sonrisa en su cara, aunque se le veía que estaba bastante despierta; ¿Sería posible que hubiera más gente por allí? No realmente, pero podían llegar los que habían contratado a los bandidos. Y conforme iba separando las piezas, habló.
—No parece que vayan a tener un futuro feliz si se quedan aquí. Mi compañera aquí tiene razón, ciertamente.
Lanzó unos cuantos billetes a la pareja justo después de decir eso y luego ocntinuó separando, asegurándose de que a cada uno le tocara una parte correspondiente y equitativa. Era propio de los piratas repartir todo en partes iguales para evitar que se crearan diferencias que llegaran a dañar la confianza.
Al tomar los billetes, los dos se miraron entre sí y luego volvieron la vista a sus dos salvadoras, hablando casi al unísono y con las mismas palabras. Incluso se habían tomado de la mano para hacerlo.
—Nos iremos de esta isla. Sí. Gracias por salvarnos.
—Nos iremos de esta isla. Sí. Gracias por salvarnos.
Y ante aquellas palabras, Yuuki sonrió y se reclinó hacia atrás un poco en donde estaba sentada, relajándose de manera clara y luego sobándose la mejilla mientras se ruborizaba un poco. Era notorio que buscaba parecer humilde pero que lograba todo lo contrario, y se dejaba bastante claro que le gustaba que la alabaran por cualquier cosa que hubiese hecho, aún cuando no fuera demasiado. Si tenía atención, le bastaba. Seraphine podría notarlo también sin problema alguno. Y la pareja de novios, al verlo de igual manera, simplemente se quedaron con una expresión neutra durante unos segundos para luego echar a reír. Seguramente les había parecido graciosa la actitud de la pirata con la que compartían en ese momento.
Había algo de luz aún por las lámparas, pero la novia se puso de pie entonces.
—Si ya hemos terminado aquí, ¿Les parece si nos vamos? No quisiera quedarme aquí y esperar a que mi familia o algún otro grupo de matones que hayan contratado vengan a vernos. —Se le notaba apresurada.
—Uhm, sí, puede que tengas razón. Sin embargo, ¿Porqué no consienten tu matrimonio con tu amado? No creo que solo tenga que ver con que no sea de tu "clase social", ¿O sí? —Preguntó Yuuki sin afán alguno y dispuesta a relajarse un poco más.
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Arrugó su nariz, no muy a gusto con lo que veía, sintiendo su naturaleza desconfiada entrar en cada fibra de su ser, debiendo controlar sus deseos de meterles una flecha a los novios en la frente, al ser testigos de sus acciones y si uno era de una clase más alta, muy de seguro, que no tendría reparos en dar a conocer su paradero a los nobles de Sorbet… si es que se lo pedían muy amablemente, pero prefirió controlarse; ella era diferente, habrá matado a alguien aquella noche, no obstante, veía aquello como una acción de proteger a alguien.
Y observó de reojo las acciones de Yuuki, dejándole hacer, y sintió curiosidad; sin embargo, no le interesaba demasiado hacer, al no gustarle mucho la idea de andar rebuscando cosas en cuerpos, creyendo que era más importante el mantener vigilada a la pareja, que no tuvo muchos reparos en pedir la muerte de alguien, significando aquello para la pelirrosa de cabello multicolor que no tendrían muchos reparos en atacarlas por la espalda. Tan concentrada estaba en eso, que Seraphine dio un pequeño salto cuando la escuchó reírse de aquella forma, mirándola con un enorme signo de curiosidad.
¿Repartir?
Sintió cierto interés al ver las cartas náuticas, aunque no entendía demasiado lo que ponían, acercándose con pasos tímidos para ver un poco mejor, como si temiera que Yuuki fuese a golpearle a un estilo rabioso por acercarse a su botín, viendo los billetes que le lanzaron a la pareja, alzó su mano, buscando llamar la atención del dúo. —Si tenéis algo que decir más respecto a vuestra situación, creo que sería perfecto momento para hacerlo ahora— Escribió, mirándolo directo a los ojos. —Que el hombre lo acusó de cosas— Miró al esposo y buscó relajarse. —Es solo para asegurarme de que no haya malas sorpresas después. Felicidades por vuestro matrimonio.
Sonrió, sus ojos brillando; aquello no era algo que quisiera para sí misma, pero reconocía que era importante para los demás y parecía que no era la única que pensaba que existía gato encerrado, ya que Yuuki también hizo sus preguntas, intentando mirar a su alrededor para asegurarse de dónde estaba el puerto.
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Los dos se miraron luego de leer lo que la chica más alta había comunicado a través de su escritura. No entendían a qué se refería ella con las cosas de las que les habían acusado. Y después de escuchar a Yuuki, simplemente suspiraron los dos, como con cansancio; esto hizo que la birkaniana girara su cabeza hacia un lado y se quedara callada, escuchando lo que fuera que tuvieran para decir. El novio fue el primero que hablaría, no sin antes abrazar a su amada como si fuera un tesoro por el que valiera la pena morir. Esto también llamaría la atención de Yuuki, por supuesto.
—No hemos hecho nada malo. Nos persiguen por enamorarnos. No tienen que saberlo, pero a Helena la quieren para casarla con algún niño rico de Sorbet. Un muchachito detestable que ni ha terminado de crecer. Y quieren hacerlo pronto solo para que yo no pueda estar con ella. Yo solo me adelanté y hui con ella.
Yuuki apoyó el peso de su cuerpo hacia un lado, sacando la cadera hacia la derecha, manteniendo la pierna derecha como apoyo. Se notaba muy bien su figura femenina; parecía estar asumiendo una posición un tanto más coqueta, aunque decir esto sería incorrecto. La verdad era que le gustaban las historias como esas cuando podía meter las manos, así que más que coqueta, se había emocionado e interesado en lo que pasaba. Era chisme de la mejor calidad. De eso sin duda.
Se cruzó de brazos, manteniendo el brazo izquierdo bajo el derecho, mientras que el derecho estaba doblando, llevando el dorso de la mano a la boca. Parecía estar pensando en algo. Pero también se veía que no estaba en una posición seria para nada, Seraphine notaría que los ojos de Yuuki brillaban con ganas de entretenimiento y que fuera lo que fuera que estuviera pensando, seguramente iba a ser algo salido de alguna novela de esas baratas o algo por el estilo. Era demasiado evidente, y hasta la pareja lo notó.
—V-Vean... —Dijo la novia adelantándose a los pensamientos de Yuuki—. No queremos ningún problema. Solo queremos ser felices. No hemos hecho daño a nadie y no queremos dañar a ninguna otra persona.
El novio le acariciaría la cabeza a su amada y retomaría la palabra.
—Es tal como lo dice Helena. Pero cualquiera que quiera meterse entre los dos, no va a tener un trato amable. Ya sabemos que ustedes dos no vinieron a hacernos daño. Pero no parece que nos quieran ayudar tampoco, ¿Porqué?
Y ante la pregunta, Yuuki se reiría soltando una carcajada suya, sonando como un chancho.
—¡JRAH JRAH JRAH! —Y mientras se reía, negaba con la mano derecha, manteniendo aún la posición de antes.
—No es que no los quiera ayudar. Es que no me han pagado suficiente como para hacer algo más que llevarlos a la fiesta. Ese fue el trato que hice con el viejo. Y Yuuki siempre cumple sus tratos. —Luego miró a Seraphine—. Además aún no comemos suficiente, ¿Verdad, amiga?
Los novios se miraron con cierto terror entre ambos. ¿En verdad la pirata no los iba a ayudar? ¿O solo estaba exigiendo una recompensa mayor, como lo había dicho hacía nada? A decir verdad, era lo segundo. Yuuki era una pirata. Y si bien cumplía siempre sus tratos, también iba a buscar siempre obtener la mayor ventaja de los mismos cuando viera la posibilidad. AAsí es como se gastaba la vida. Pero también quería saber qué pensaba y qué podía proponer su aliada en ese instante.
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Al escuchar lo de Sorbet, ejerció fuerza en su mandíbula, presionando los labios entre sí, hasta acabar adquiriendo un enorme color blanco, no era precisamente su isla más preferida, considerando las cosas que la pelirrosa había vivido ahí, siendo libre recién hace poco; solo escuchar el nombre provocaba emociones contradictorias en la skypean, hundió sus dedos en la tela de la cual estaba hecha su ropa, buscando calmarse; por otro lado, no pudo evitar hacer una mueca mientras escuchaba la historia.
Eso de casarse con alguien que apenas parecía alcanzar la mayoría de edad le hizo preguntarse si ella se casaría con alguien así solo para elevar el estatus social de su familia, y le produjo algo de dolor al darse cuenta de que lo consideraría, pero solo para hacer feliz a aquella familia imaginaria, a la cual acudió por un largo tiempo durante sus años en aquella celda en búsqueda de calor y cariño, aunque fuese falso, y era muy consciente de eso.
Por otro lado, giró su cabeza para ver la reacción de Yuuki y… no pudo evitar alzar una ceja al ver la expresión de la mujer, sí, sin duda era la que más se entretenía de los cuatro, a lo que no pudo evitar sonreír, reírse un poco sin producir sonido alguno, aquello ánimo un poco sus ánimos, recordando que debía de enfocarse en las cosas positivas, como el haber ayudado a aquel dúo a poder casarse por amor, soltó un suspiro, llevando una mano a su frente, apartando algunos mechones para ampliar su campo de visión, pensando unos minutos si debería de cortarse el pelo o no, después de todo, teniendo un arco, era algo muy importante el no tener nada estorbando su puntería, aunque le gustaba bastante la longitud de su cabello.
—Eh…
Pegó su cabeza entre los hombros, no gustándole que de pronto todos la miraran. —Antes que nada, no os olvidéis de que debemos pensar también en nuestra seguridad— Soltó un suspiro. —… ¿Cuánto dinero traen encima?— Miró a Yuuki de reojo y después a la pareja, buscando algunas monedas que llevara encima. —¿Y si los tres te pagamos para llevarlos al puerto y que se vayan?
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Yuuki leería lo que Seraphine le escribía en la libreta y pensaría un poco, poniendo su dedo índice sobre los labios. La posibilidad de obtener más dinero se le antojaba jugosa. Pero aún siendo ella una pirata, no le caía nada en gracia eso de cambiar los tratos que había hecho con alguien. La birkaniana gustaba de decir que era confiable para aquellos que le pagaran por algo. Era una forma de ser leal a sí misma cuando la brújula moral le fallaba y si empezaba a traicionarse con un trato, por quequeño que fuera, sabría que no iba a lograr cumplir su sueño nunca. Pensó que se tomaría un poco más en pensarlo, pero la verdad fue que había llegado a la decisión más rápido de lo que esperaba.
Así pues, bajó la mirada y sonrió de manera tranquila a los tres allí con ella. Puso ambas manos sobre los brazos de Seraphine y miró hacia arriba. Era tan alta que parecía una torre en comparación con Yuuki, y eso que Yuuki ya era alta de por si. La sonrisa que se dibujó en el rostro de la pelirrosa era amable y así también la expresión en su rostro.
—No hace falta que me pagues más, Sera. Se que quieres hacer lo que consideras correcto... —Echó una mirada a los dos novios y continuó hablando mientras se dirigía a Seraphine—. Pero no somos hacedoras del bien. Ni justicieras. Tampoco alcahuetes, ¿Sabes? No se tu. Pero yo soy una pirata. Robo, asalto, le quito a otros lo que tienen... y si alguien me paga por mis servicios de protección o escolta, pues cumplo con el trato. Ciertamente.
Sonó lo más amable que pudo, aunque las palabras que salían de su boca eran tan frías como el hielo. Luego se puso de pie frente a los dos novios y tomándolos a cada uno de un brazo, los miró fijamente.
—Vendrán con Sera y conmigo a la fiesta que les han hecho. Van a comer y van a compartir con la gente que ha gastado un montón de tiempo y recursos en ustedes. Y luego ya podrán decidir si se van o si se quedan. Me pueden pagar luego si quieren que los saque. ¿Quedamos claros?
Los dos asintieron con cierto pesar, aunque también intimidados. Pese a que Yuuki no era pesada con la forma en la que hablaba, sí que podía ser directa y bastante dominante con la manera en la que se expresaba corporalmente. Y luego de aceptar la situación, se pusieron en marcha hacia el pueblo nuevamente. Se abrazaron y parecían ir murmurando entre ellos, aunque no era posible escucharlos y tampoco es como que quisieran ser oídos por las dos mujeres aladas que habían llegado a su rescate.
Por su parte, Yuuki tomaría la mano de Seraphine nuevamente y le haría un gesto moviendo la cabeza para que caminara junto con ella.
—Estarán bien, te lo aseguro.
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