La noche había caído en las calles del Reino de Samba, el día estaba finalizando para unos y comenzando para otros, aquellos que trabajaban en las sombras. María camino sin rumbo por las calles, sin olvidar como se veía la casucha o como se llamaba el matasanos, el cual se presento como Giovani Dos Santos. Con su nombre y su apariencia, la fémina confiaba en encontrar su “consultorio” nuevamente, después de todo ella no sabía orientarse con facilidad.
No tardo mucho tiempo en que dos gyojines la interceptaran. Tipos de confianza de Corina, quien a esa altura seguro estaba pensando lo peor: que escapo y tendría que decirle a Pedro que era su culpa. Sin mostrar resistencia, porque no serviría de nada, se dejo llevar, ignorando las miradas curiosas hacia el vestido manchado de sangre, sino era de ella, no importaba la verdad.
El sonido de la bofetada silencio la habitación, fue como la recibió Corina. La cabeza de la celeste se volteo hacia la izquierda y del labio roto que empezaba a sanar broto sangre: caliente y roja. María solo le sonrió, su mejor arma junto a un par de comentarios aleatorios que hicieron rabiar a la mujer, que pensaba que la mestiza era muy tonta. Como castigo, por desaparecer de su vista, la hizo trabajar esa noche. Se suponía que nadie debía tocarla hasta que regresara el capitán pero La Madame quería doblegarla y hacerla pagar por el susto que le dio. En los Piratas del Abismo todos sabían que perder a Kassandra era pagado con la vida.
Verano (15).
Año 15.
Cuando el sol salió la celeste ya estaba de regreso a su habitación, la compartía con otra chica, una que también era un juguete mas en esa tripulación pirata. Se hubiera lanzado al mar para limpiarse pero no quería ver a nadie, no quería ser vista… luego de las “sesiones”, necesitaba estar sola para que su mente volviera a “funcionar”. Se lavo en la tina con mucho jabón y agua, tanto froto que la piel se enrojeció. Al salir se acostó un rato mirando el techo sin pensar en nada, debería dormir hasta… que Corina viniera de nuevo por ella, seguro la seguiría ofreciendo al mejor postor.
Un suave suspiro dejo sus labios, uno que evoco lo cansado y resignado de su propio corazón, lo vacío de su existencia… ¿Cuándo acabaría todo? ¿Cuándo podría no despertar jamás? ¡No! Se recrimino abriendo los ojos. No podía morir, no aun… alguien la necesitaba. Había prometido regresar, e iría a ver al Tomate. Si él había estado luchando para vivir, ella no podía rendirse, por lo menos no aún. De un saltó olvido la noche, y viviendo el ahora, se vistió bajo la mirada curiosa de Rachel: un vestido casual, sus zapatos converse, el cabello atado alto con un lazo. El vestido revelaba sus hombros, en su cuello se podía observar una mancha morada que antes no estaba ahí, un círculo no tan pequeño. Y no olvidemos el labio con la herida reabierta.
Cuando finalizo volteo a ver a Rachel con su sonrisa mas encantadora, la mujer supo que estaba a punto de escuchar una locura. María le comento sobre que quería salir, que la cubriera mientras estaba ausente. Contra todo pronóstico y después de muchos sobornos a su compañera prostituta, logro convencerla para que la cubriera. Igual, nadie la buscaría hasta alrededor de las 10:00 p.m.
Así sin más, la joven salto por la ventana, o más bien se escurrió por la escotilla para caer al mar. El agua la abrazo, la hizo sentir bien, siempre borraba la suciedad de su cuerpo. Cuando llego a la orilla intento secarse como pudo y emprendió su camino al pueblo o hacia alguien que pudiera llevarla a dónde el Matasanos. Luego de muchas vueltas, una agradable joven la llevo con un señor que a su vez conocía a otra persona que la dejo frente a la casucha de ayer, no sin antes, regatear por diez tomates en un puesto que vio en el trayecto. ¿Cuál fue el pago? Un beso en la mejilla al vendedor, quien termino rojo y sangrando por la nariz.
María sonrió frente a la puerta, lo había logrado. Entro sin tocar encontrándose con el medico revisando a un paciente que parecía que se peleó con muchos vidrios.
— Pensé que lo habías abandonado — comento al verla, haciendo que sus ojos la recorrieran para detenerse en la bolsa con tomates que abrazaba como si fuera un bebe.
— Hola, Matasanos. Jamás lo haría… ¿Cómo sigue? — saludo con su encantadora sonrisa que hizo que el hombre carraspeara, y el de la camilla suspirara. María tenía miedo de aquella respuesta pero su optimismo era mayor.
— Vive, aunque aún no despierta — al escuchar el diagnostico soltó el aire que no sabía que estaba aguantando. El Tomate paso la noche, significaba que todo estaría bien.
Con una gran sonrisa fue al cuarto de atrás, donde reposaba el hombre inconsciente. Al entrar la habitación estaba oscura, con una leve luz filtrándose por la destartalada ventana cerrada. Dejando la bolsa en el piso (no había muebles) fue a la cama y puso su oído sobre el pecho desnudo del masculino. Ahí estaba, el latido de su corazón. ¡Viviría sin duda! Pero no en ese ambiente tan desagradable, necesitaba luz para poder florecer.
María abrió la ventana, lo que hizo que la habitación se iluminara. Tomo una palangana y un pedazo roto de tela y le limpio la frente, luego las partes alrededor del vendaje en el hombro. Cuando lo juzgo como aseado se sentó en el borde de la cama, apoyando su mentón en la diestra mientras lo veía respirar. ¿Debería irse y volver otro día? ¿O más bien debería levantar el parche y descubrir si había o no otro ojo? Eso la hizo sonreír más —… ¿Cuánto más vas a dormir, Tomate? ¡Estoy aburrida! Necesito saber como un tomate termina con una herida de bala… sino despiertas voy a revisar debajo de tu parche y si hay un hueco meteré el dedo… — dijo como broma girándose para empujarlo un poco hacia el lado de opuesta a ella y abrirse espacio en la cama, donde se acostó de lado viendo el perfil dormido del pelirrojo — … solo un poco más.. solo puedes dormir un poco más... traje tomates para que cometas tomatelismo... — susurro cerrando sus ojos, descansar no estaba mal… por lo menos este hombre no… se parecía en nada a los de anoche. En la oscuridad de su mente, los grillos se silenciaron pensando una cosa divertida: ¿Cuantos tomates puede comer un Tomate?
README
Resumen: María es castigada por Corina por "perderse" y regresar tarde al barco. Le rompe otra vez el labio y la hace "trabajar esa noche". Al día siguiente se escapa, compra unos tomates, y va a ver al Tomate herido. Lo limpia, abre la ventana, y al finalizar se acuesta a su lado a esperar a que despierte mientras ella "descansa" los ojos cerrándolos.
Karmas usados en este post. Positivos: Belleza, Toque Divino, Alegre, Extrovertido. Negativos: Sin Orientación, Charlatán, Ignorante, Cotilla.
ROPITA DE MM
¡Sorpresa! A diferencia de lo que ves en el avatar, María Merlot es de Cabellera Azul Celeste, muy larga.
Se mantenía inconsciente debido a la gran cantidad de sangre (Ketchup para cierta persona) que había perdido. Pero era verdad que había empezado a tener sueños, no del todo claros, pero sueños en sí. Generalmente no tenían sentido, excepto uno que tuvo con su madre en la que le decía que estaba muy orgulloso de él por haberse unido a la marina, aunque realmente él no había conseguido nada en ella, no era más que un soldado raso, es decir, un mono mierda que ni pinchaba ni cortaba.
Pero en general todo los sueños eran difusos, no tenían mucho sentido, en un momento dado noto algo sobre su pecho y posteriormente como si le movieran… Entonces… Abrió los ojos. Al mirar al techo podía ver que ese lugar habia pasado por momentos mejores, pero de eso había pasado mucho tiempo, fue entonces cuando noto una presencia a su lado, se giro parar mirar de que se trataba.
¿¡Una chica!? ¿Qué hacía ahí esa chica? ¿Quién era? ¿Por qué estaba durmiendo a su lado y por que él no tenía camiseta? ¿Acaso habían hecho cosas íntimas? Pero no podía ser, él llevaba pantalones, y ella estaba completamente vestida, y se acordaría de algo así. Le costaba mucho emborracharse y jamás se olvidaría de algo como eso.
Sus ojos se fijaron en los hombros de ella, eran bonitos a pesar de ese detalle especial de las escamas, realmente no le quitaban belleza, los hacían más llamativos aún, desde donde estaba, algo la mano con cuidado y toco el hombro de la joven, era algo que le volvía loco de las mujeres… Siempre se había sentido atraído por ellos, y no entendía el motivo.
Fue entonces cuando notó un importante dolor en el hombro, el cual le hacía tener un vendaje aparatoso… Vale… ¡Le habían disparado! De eso más o menos se acordaba, sin embargo no terminaba de recordar a esa joven… Y por supuesto, lo que no terminaba de entender era que hacía tumbada sobre él.
– ¿Chica? ¿Estás bien? – Aprovecho para poner una mano sobre su hombro (algo que deseaba desde que se los había visto) y la agitó ligeramente con intención de despertarla, era cierto que necesitaba que ella le explicara la situación.
Las cosas que le pasaban a Jesse eran realmente raras.
Liame
Resumen: Jesse ha despertado hace poco de las inconsciencia tras varios sueños raros, pero al ver a la chica a su lado se queda estupefacto y embobado por sus hombros, lo cual no puede evitar. Después coloca una mano en su hombro (algo que deseaba hacer) con intención de despertarla y que le explique hace ella alli, con él.
¿Estaba dormida?
¡No!
Estaba en estado… hipnagógico.
María cerro los ojos solo por un momento, los parpados cayeron por voluntad propia mientras ella se acurrucaba contra si misma en ese pequeño lado de la cama. ¿Algo curioso? La cama era incomoda, fea, posiblemente más cartón que plumas pero… estaba limpia de las perversidades del mundo, una cama para dormir y nada más. Tal vez fue eso la que la hizo dormitar, o quizás que anoche no la hubieran dejado en paz, el punto es que se dejo llevar por la relajación de su cuerpo, y los grillos en su cabeza dijeron “a dormir”.
En el limbo de la somnolencia su mente caótica dibujo un paisaje costero a plena luz del día. Cielo azul, olas suaves. Estaba sentada en la arena, viendo el horizonte y pensando en nada cuando una voz la llamo pero lo que decía era inentendible, al voltear la cabeza lo vio, un pequeño cangrejo rojo que la señalaba con una de sus pinzas. María le sonrió y lo tomo entre sus manos, el cangrejo seguía hablando pero ella no entendía lo que decía, le parecía muy gracioso el diminuto animal. Su corazón se encogió cuando el cangrejo suspiro, y el idílico paisaje se transformó en oscuridad... una donde el humo del tabaco, las risas falsas y el olor a licor tomaron el control, el cangrejo dejo de ser una criatura adorable y se convirtió en un pez morado horripilante que creció y creció… hasta que en un arrebato sus aletas tocaron uno de sus hombros y luego sin nada mas… se la zampo.
¿Chica? ¿Estes bien?
El contacto acompañado de la pesadilla la hizo abrir los ojos sin anestesia, encontrándose cegada por la luz de la habitación y como reacción solo se echó hacia atrás para apartarse del “toque” desconocido, pero al hacerlo encontró el borde de la cama y termino en el suelo con un sonoro “AAAAAH”y luego un “Aaaaaay”. Entre tela y cabello se recupero del letargo, viendo el techo destartalado y el alrededor en peor estado que este. ¡Ya se acordaba donde estaba! Entonces se levantó con rapidez para ver al hombre despierto.
— ¡Despertaste al fin Tomate! — comento con evidente alegría llevando ambas manos a su propio pecho, una sobre otra, mientras le sonreía con su natural encanto. ¡Estaba feliz porque estaba vivo! María se sentía responsable por el pelirrojo luego de encontrárselo en la calle al borde del desangramiento — … el matasano dijo que si pasabas la noche todo estaría bien ¿Y adivina? Ya es de día, no hay noche, lo lograste, significa que solo tendrás una marca de recuerdo… o si sana bien... nada… — su suave voz se dejó escuchar al tiempo que ponía una rodilla sobre la cama y luego la otra para quedar sentada en esta en dirección al herido — ¿Te duele? ¿Te pica? ¿Necesitas algo? ¿Soñaste con tu atacante? ¿Con que suena un Tomate? ¿Cuántos dedos ves aquí? — lo lleno de preguntas mientras sus orbes ámbar se posicionaban sobre su único ojo verde. En la última pregunta levanto siete dedos — … dime lo que necesites lo haré o traeré para ti. ¿Qué necesita un tomate para tomarecuperarse? ¿Chocolate? ¡Pastel de chocolate pulverizado! ¿Sabes por qué? Porque parece el sustrato donde nacería un tomate. ¡Porque no se me ocurrió antes! Lo traeré mañana, lo prometo Tomate — le pregunto con evidente devoción, ella estaba decidida a ser su enfermera hasta que sanara completamente, aunque eso significara arriesgarse a que Corina la descubriera. Claro tambien desvario un poco, algo común en ella — … se está poniendo rojo... — musito bajando la mirada al parche de gazas blancas que empezaba a tintarse de color carmesí, quizás porque él se había movido.
README
Resumen: María dormito, cuando despierta se cae al suelo, luego llena de preguntas al Tomate. Santa Paciencia Jess
Karmas usados en este post. Positivos: Belleza, Toque Divino, Alegre, Extrovertido. Negativos: Sin Orientación, Charlatán, Ignorante, Cotilla.
Para su sorpresa aquella chica al despertarse parecía más preocupada por el que por otra cosa, lo cierto es que la chica actuaba de una forma bastante peculiar, pero lo cierto es que se quedó embobado unos segundos cuando ella le dedicó esa sonrisa encantadora… ¡Que mona era la jodia! Pero tenía más preguntas que otra cosa… La primera era… ¿Por qué le llamaba tómate? Era algo que no terminaba de explicarse.
Una retahíla de preguntas completamente seguidas las cuales era obvio que no iba a recordar todas las que le había hecho, y mucho menos responderlas en orden, por lo que suspiro, se incorporó un poco sobre la cama sin darse cuenta de que probablemente la herida se le había abierto por el esfuerzo, pero por el momento no sentía nada.
– Esto… ¿Cómo te llamas y por qué me llamas Tómate? – Preguntó extrañado. – Me llamo Jesse, encantado. Y gracias, supongo que tu me ayudaste. – Sin quererlo le dedicó una sonrisa seductora, le salía casi sin querer.
Lo cierto es que mirando alrededor aquella si parecía un clínica de un matasanos, no es que hubiera visitado muchos, pero si le hablaban de uno se podía imaginar algo así, lejos de algo que diera confianza, pero bueno, al menos seguía con vida que no era poco, aunque claro, por lo general nadie se muere de un tiro en el hombro, a no ser que haga la estupidez de no buscar de inmediato un médico… ¡Tal y como hizo él! Suerte que esa chica tuvo bastante más cabeza que él, cosa que observando su comportamiento le sorprendía.
Escuchaba y analizaba sus palabras acerca del sustrato o cosas así, de las cuales él no entendía, pues no era científico, cuando la chica señaló que el vendaje se estaba poniendo rojo… Y cuando lo miro, evidentemente, así era.
– Mierda, seguramente se han abierto los puntos. – Murmuró. – ¿Podrías avisar al matasanos, cielo? – Le volvió a sonreír a la muchacha, usando ese término cariñoso para poder convencerla. Realmente no estaba muy preocupado por eso, pero era importante que lo viera quien le había curado.
Suspiró y se frotó el puente de la nariz, solo él iniciaba una mañana de copa y acababa con un tiro y en la clínica de un matasanos, probablemente medio muerto.
Liame
Resumen: Jesse se ha visto un poco desbordado por la energía y la ingente cantidad de preguntas de Maria, por lo que ha intentado controlar la situación haciendo un para de preguntas mas comunes, después de todo, en su estado no recordaba nada.
Karmas usados: Olvidadizo, Seductor y Pico de oro (Al llamar cielo a Maria).
La mirada ámbar de la hermosa y risueña joven se enfoco en el vendaje que poco a poco se iba cubriendo de carmesí. Eso, aunque colorido y llamativo, no parecía muy… adecuado para una herida que se suponía suturada y en proceso de curarse. Su ceño se frunció levemente mostrando la preocupación y meditación sobre el asunto. María continuaba sentada de rodillas en la cama, con su largo cabello atado en una cola alta, un poco desajustado por la caída de antes pero que le daba un plus de naturalidad a su encanto innato.
De todas las preguntas y comentarios que realizo, el hombre no contestó ninguna. Parecía aun aturdido por el despertar luego del desmayo. Por un momento María pensó que estaba asustado por estar en un lugar desconocido ¡Hasta ella lo estaría! Aunque le pasaba con más frecuencia de lo que pudiese imaginar cualquiera, no exactamente por su propia culpa sino a causa de su “entorno”, si fuera por ella no saldría de su celda, prisión o habitación de turno.
Esto… ¿Cómo te llamas y por qué me llamas Tómate?
Su voz, sonaba un poco rasposa aunque con el mismo matiz agradable del primer encuentro. La mirada ámbar de la chica subió a su único ojo, uno verde musgo muy bonito. ¿No era obvio por qué le decía así? ¿Solo ella veía al tomate en su cabello? Por un segundo desvió la vista a la bolsa en el suelo más allá de la cama: los tomates que trajo eran igualitos a él… rojos y con tallos verdes. Cuando volvió a prestarle atención, le dedico una media sonrisa, y no lo interrumpió porque se notaba que tenía algo más que decir.
Me llamo Jesse, encantado. Y gracias, supongo que tu me ayudaste
Se presento, se llamaba “Jesse”. María inclino la cabeza unos grados hacia la izquierda procesando la información de su nombre, le gustaba más Tomate. Cuando le agradeció ella le sonrió con más amplitud, le gusto ese agradecimiento… la hizo sentir ¿bien? ¿útil? ¿normal? ¿limpia? Ayudo a un ciudadano random, hizo una buena acción. Su padre estaría orgulloso, desde el cielo de los cangrejos. Cuando vio que él le dedicaba una sonrisa, una seductora porque sabía reconocerla, dudo sobre si el sujeto estaba coqueteándole, por un breve segundo quiso apartarse de su cercanía… pero desterró la idea, él no estaba haciendo eso… simplemente parecía ser algo natural… como la propia belleza de la semi sirena.
Mierda, seguramente se han abierto los puntos. ¿Podrías avisar al matasanos, cielo?
Hablo otra vez, aprovechando el intervalo de duda de la mestiza. Al parecer ya se había dado cuenta del color rojo en las vendas blancas, claro, ella se lo había hecho notar. El término “cariñoso” que salió de sus labios como una caricia aterciopelada la hizo congelarse por un segundo. No le molesto, solo fue inesperado… ¿Le decía así por el color de su cabello? Eso sería un agradable detalle ¿O le decía así a todos las mujeres? Lo que sería un término corriente y vulgar.
— ¿Avisar al matasanos? Claro que sí, ya vengo, no te muevas… estará todo bien, solo es un poco más de Ketchup, no es nada comparado con lo de ayer. Ayer era una cascada, sangre y más sangre... — comento levantándose de la cama y caminando de espaldas hacia la puerta mientras gesticulaba con las manos chispas. Por alguna razón su petición sonó a algo muy imperativo, ella sentía la necesidad de cumplir con esta. Le dedico una leve sonrisa, se dio media vuelta y salió de la habitación.
Afuera el matasanos seguía atendiendo al mismo paciente que cuando ella llego... parecía una emergencia. La mujer le explico la situación, él suspiro y le dijo que tenia que hacer: tomar unas vendas nueva, un poco de agua que olía a mar y una pomada especial de su autoria. ¡María no tenía ni idea que hacer! Y solía entender todo al revés… sin embargo, no tenía tiempo y debía ayudar al Tomate a no seguir perdiendo salsa de su cuerpo.
Llevando todo en la mano, abrió la puerta de la destartalada habitación y luego la cerró tras de si — ¡Regrese! — anuncio su llegada con una sonrisa brillante tan característica de ella, tan deslumbrante como el sol — … el matasanos está ocupado pero me dio un curso teórico de un minuto y medio sobre enfermería básica para tratar heridas de balas en Tomates… — comento llena de optimismo sobre el procedimiento que estaba a punto de ejecutar, se tenía fé… ¿Qué mal podría salir? Dejo todo en el lado de la cama dónde se durmió al principio, luego evaluó al enfermo mirándolo de arriba abajo con las manos en la cintura, que buen cuerpo tenia, musculoso… aunque ese no era el punto — ¡Seré tu enfermera! Puedes llamarme Enfermera Mar… — declaró con alegría como si estuvieran a punto de… jugar un juego, antes de decir su nombre se calló, y la sonrisa se borró. La celeste desvió la mirada a la izquierda mientras mordía su labio roto, el dolor propio la hizo recordar que estaba prohibido llamarse a sí misma “María Merlot”, si alguien la escuchaba… y llegaba a Pedro, la castigaría… detestaba que dijera su nombre antiguo. Ese momento de duda duro un segundo, o menos, entonces subió la mirada al ojo verde y la sonrisa volvió a deslumbrar su alrededor — Enfermera Kassandra… — se presento oficialmente ante el Tomate, odiaba ese nombre pero tenía que aprender a vivir con eso — … y solo hay una manera de hacer esto, puede doler pero sé fuerte como una roca… ¿sabías que algunas rocas pueden flotar en el mar? Un tipo una vez me lo contó, dijo que era un explorador y lo había visto en uno de sus viajes… ¿has visto una roca flotar, Tomate? — la voz suave salía de sus labios, el contenido de las frases aleatorio como su misma personalidad. ¿Cuál era el mejor lugar para hacer la limpieza? Fácil, subirse encima de él.
Una rodilla, luego la otra, estaba de rodillas sobre la cama, se subió el vestido hasta los muslos mostrando la perfecta piel de porcelana de sus piernas, alzo una y la paso por encima de su abdomen, hasta quedar a horcajadas sobre Jesse. Soltó la falda del vestido — Quitar, poner, limpiar… — dijo viendo y analizando los implementos que había dejado de un lado — o era… limpiar, poner, quitar — empezó a decir en susurros, aunque eran muy audibles para él, después de todo estaba encima del enfermo — Da igual, primero quitemos las vendas y luego veamos — termino decidiendo inclinándose hacia delante para con cuidado quitar las vendas, aunque como pasaban por su espalda era complicado — Creo… que vamos a tener que sentarnos… — llego a la conclusión volviendo a una posición erguida pero sin dejar de estar a horcajadas sobre el masculino, entonces, en vez de quedar sentada sobre su abdomen, retrocedió para quedar sentada sobre los muslos del hombre — La Enfermera Kassandra necesita que te levantes… ¿Puedes, Tomate? ¿Necesitas ayuda? — le pregunto extendiendo sus manos para que se la sujetara si lo necesitaba. Se quedo ahí, esperando su respuesta.
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Resumen: María cumple la petición de Jesse, porque siente que (por sus palabras) necesita de verdad al matasanos. El matasanos no puede atenderlo, sigue con el enfermo del inicio. Le da instrucciones a ella e implementos para "volver a curar la herida". María regresa a la habitación, habla mucho y termina sentada sobre el abdomen de Jesse, y luego sobre sus piernas, con las manos estiras hacia él por si necesita ayuda para sentarse.
Karmas usados en este post. Positivos: Belleza, Toque Divino, Alegre, Extrovertido, Sintonia Natural. Negativos: Sin Orientación, Charlatán, Ignorante, Cotilla.
¿Cómo había llegado a moverse para que se le abrieran los puntos? Era un animal de granja, no había otra explicación, sin embargo parecía que la chica iba a ayudarle a solucionar el tema llamando al matasanos, solo esperaba que no tuvieran que coserle de nuevo, coser en vivo era bastante doloroso, especialmente si la herida estaba abierta y sangrante, aunque comprendía que a veces era necesario, pero no es que le doliera aquello como si la herida se hubiera abierto de nuevo, de hecho, aún notaba la presión de los puntos en su hombro.
Por suerte aquella preciosa chica le había hecho caso, cuando parecía que era un poco “especial” en su forma de ser. Y de ser en otra ocasión le habría parecido graciosa, quizás hasta tierna, pero la situación de su hombro requería algo de seriedad, no quería que se le cayera el brazo mientras caminaba por la calle (aunque eso era un pensamiento exagerado, y él mismo lo sabía), o que se infectara la herida y muriera, algo que sí podría llegar a darse.
Espero con los ojos cerrados en la cama a que apareciera el matasanos, pero en lugar de eso, cuando se abrió la puerta lo que se encontró fue a la chica cargada con vendas y un par de cosas mas que no sabía lo que era.
La chica estuvo a punto de presentarse de una forma en particular, pero después se detuvo en seco en mitad de la presentación, lo cual le hizo levantar una ceja por un instante, para después escuchar como se presentaba como “Enfermera Kassandra”, después de eso le dijo que tenía que ser fuerte como una roca, para divagar al momento hablando de rocas que flotaban en el mar, a lo que a Jesse no le quedó más remedio que responder.
– No me extrañaría, hay cosas mucho más raras, seguro que debe tener una explicación. – Le razonó, aunque él hasta el momento no había visto ese fenómeno. – Pero por desgracia no he sido testigo de ello. – Le dedicó una sonrisa que trataba de ser amable.
En realidad tenía algo de miedo, por que parecía que iba a ser ella quien tratara su herida, y si, la chica era muy guapa, preciosa en realidad, pero al parecer tenía los mismos conocimiento de medicina que un jabalí, y eso no era algo que le pudiera calmar demasiado. Si la cosa no salía biensu brazo podía terminar oliendo a las ingles sebosas de un lechón… Y eso significaba que se pudriría su brazo.
En apenas unos segundos la situación mejoró bastante, en especial cuando ella se colocó a horcajadas sobre él, especialmente cuando el vestido de ella se subió un poco y pudo verle los muslos, o el inicio de estos. Tragó saliva y en esta ocasión sí que se puso rojo como un tomate y “duro como una roca”, pero prefería no hacer comentarios al respecto, especialmente si ella no notaba nada, y se esforzaba por evitarlo. Al menos en esta ocasión coincidía con lo que ella le había relacionado, tomate y roca. Aunque quizás no de la forma que ella esperaba. Igualmente se contendría, no era ningún guarro… A no ser que le dieran permiso...
La cosa se complicó cuando ella pasó de estar sentada sobre su abdomen paso a sus muslos, una zona que estaba más cerca de la zona que había reaccionado a sus actos, pero no dijo nada, como ella necesitaba que se incorpórase, lo hizó, para que ella pudiera deshacerse de la parte de la venda que pasaba por su espalda.
– ¿A-Así mejor? – Lo cierto era que la situación había cambiado demasiado para él, y encima de forma involuntaria por parte de la chica. O esa impresión daba.
Colocó sus manos en la cintura de la chica para evitar que se cayera, y se dio cuenta de lo que podría parecer en caso de que aquel matasanos entrara por la puerta, pero por suerte… Bueno, mejor dicho, por desgracia no era lo que parecía.
– ¿Crees que podrás hacerlo? Imagino que el matasanos te habrá dicho “Quitar, limpiar y poner…” ¿No? – Era lo que más sentido tenía.
La miró nuevamente a los ojos y es que sus ojos y sus labios estaban tan cerca que era inevitable no pensar en cosas, que quizás, en otra situación, podría ser diferente y mucho mejor, pero… Le costaba mucho imaginar a esa chica en situaciones íntimas con alguien, especialmente por la inocencia que parecía poseer.
– Ah, si… – Se rascó la nuca, sin perder el rubor de su rostro, manteniendo la mano izquierda sobre su cintura. – Gracias por tomarte tantas molestias por mi, eres un ángel, Kass. – Se tomó la libertad de decir su nombre como diminutivo. imaginaba que no le molestaría.
Era la primera vez que se encontraba en una “enfermería” con una “enfermera” en una situación como esa, y aunque no le desagradaba, si que era cierto, que tenía que tener en cuenta que ella realmente se estaba preocupando genuinamente por él y deseaba ayudarle, y por eso mismo tenía que respetarla al máximo.
Liame
Al notarla a horcajadas sobre él, su cuerpo ha reaccionado de la forma esperable, a pesar de que él no dice ni hace nada al respecto, trata de mostrarse respetuoso, mientras deja que ella intente ayudarle, y el intenta ayudarla con lo que le ha podido decir el matasanos. A pesar de todo estaba bastante nervioso con la situación.
No podía ser tan difícil…
Solo eran tres pasos…
¿Cuáles es que eran los tres pasos?
María había extendido las manos hacia el enfermo con la intención de que se apoyara en ella si no tenía las fuerzas para levantarse por sí mismo. La situación se mantenía igual, ella sentada a horcajadas sobre sus muslos, ajena a cualquier reacción involuntaria de su paciente tomatoso. Antes él le respondió sobre la historia de las rocas flotantes; que el oyente siguiera el hilo de sus ideas erráticas le resultaba encantador a la mestiza; por lo general, la mayoría si somos honestos, se hartaban del vórtice de palabras que a priori no parecían tener sentido pero que ocultaban su maravillosa manera de ver el mundo.
¿A-Así mejor?
El masculino se levantó, quedando sentado sobre su propio trasero a lo que ella le dedico una amplia sonrisa por ser tan colaborativo en pro de su recuperación — ¡Buen chico, Tomate! — lo felicito llena de alegría levantando su diestra y dándole unas palmaditas en la cabeza que se convirtieron en caricias juguetonas a su cabello, uno muy suave para ser de un hombre. De pronto la joven sintió las manos de Jesse en su cintura, un toque… inesperado pero no abusivo, o por lo menos así lo percibió y ella sabía bien cuando la tocaban por y para… “esas cosas” — ¡Ten cuidado! Si me haces cosquillas podría empezar a reírme, moverme y perder el control entonces el Paciente Tomate podría salir con mucha más kétchup brotando de su hombro — comento entre risas, no por cosquillas, sino por lo divertido de la escena en su cabeza, al tiempo que intentaba señalarlo con una no lograda seriedad.
¿Crees que podrás hacerlo? Imagino que el matasanos te habrá dicho “Quitar, limpiar y poner…” ¿No?
Cuando él comenzó a hablar más, ella acerco su rostro al suyo para escucharlo mejor… y considerando que estaban muy cerca, el espacio se redujo aun más. El único ojo verde estaba sobre ella, mientras los ámbar le prestaban toda la atención brillando con la travesura de alguien que esta disfrutando el curioso momento — ¡Claro que puedo, Tomate! — le dijo pero esta vez en un susurro, sentía que en esa burbuja hablar bajito era lo más adecuado… después de todo estaban muy próximos — Si, justo así lo dijo “quitar, limpiar y poner”... ¿Cómo lo supiste? ¿Escuchaste hasta aquí? ¡No sabía que los tomates tenían tan buen oído! — al decir eso, aun en baja voz, levanto ambos manos a los lados de su cabeza y con los dedos jugueteo con cada oreja del varón — … hay que cuidar los oídos de nuestro Tomate herido — bromeo con dulzura deslizando las yemas de los dedos en una suave caricia hasta llegar a cada lóbulo, en uno de ellos sintió un arete — … confía, todo estará bien… — le susurró pegando su frente a la suya, en un gesto lleno de calidez que buscaba trasmitirle optimismo y confianza. Luego soltó los lóbulos y regreso a su posición inicial, no tan cerca del hombre.
Ah, si… Gracias por tomarte tantas molestias por mi, eres un ángel, Kass.
Lo vio rascar su nuca, en un movimiento que lo hizo ver juvenil. María inclino la cabeza unos pocos grados pensando en que… parecía tener las mejillas rosadas contrastando con su rostro pálido… ¡Qué interesante la biología de un tomate! — No es ninguna molestia, y seguro un tomate como tu hubiera hecho lo mismo por mi — razono con un leve toque de timidez, algo impropio de ella... no se sentía especial por ayudarlo pero no pudo evitar mostrar una media sonrisa cuando le dijo “ángel” y luego hizo del horrible nombre de Pedro un diminutivo que le quitaba toda la esencia asquerosa que tanto odiaba —… perdiste la oportunidad de decirme ¿de que nube te caíste? Debemos trabajar en tu labia, Tomate — no pudo evitar seguir divirtiéndose con ese intercambio tan “refrescante”, algo que no solía experimentar en su día a día. Haberse escapado y estar en esa clínica de quinta estaba valiendo cada posible castigo que vendría de la mano de Corina si la descubría... y siempre lo hacía... — Kass… me gusta como ha sonado de tus labios… — dijo cerrando los ojos un momento, sin dejar de tener aquella media sonrisa enigmática — Kass… Kass… Kass— repitió saboreando la etiqueta renovada del yugo que cargaba — ¿Puedes decirlo de nuevo? Por favor — le pidió abriendo un poco los ojos, dos rejillas esperando la mágica medicina de una perspectiva… inocente.
¿Pero que estaba haciendo?
¡Él necesitaba atención!
Y ella se estaba perdiendo en la “normalidad” de una interacción que no tenia nada que ver son su… vida. María abrió los ojos, saliendo del trance en el que aquella voz y apodo la enjaulo — ¡Hay que tratar la herida! Si, la herida, no distraigas a la Enfermera Kass, Tomate… — lo amonesto como si él tuviera la culpa de sus propios deseos de ser alguien normal, con vida normal, en una ciudad normal, con una familia normal, con… todo lo que pudiera ser normal, común y corriente.
María tomo el agua que olía mar, la miro por un momento, luego la herida, después las vendas, otra vez la herida… ¡Si, lo tenía claro! — … quitar las vendas llenas de sangre… no te muevas, puedes sujetarte de mi cintura pero sin hacerme cosquillas… — musito para si misma después se dirigió a él. Con cuidado, usando solo los dedos índices y pulgares, fue quitando la tela rojiza, en uno que otro momento tuvo que volver a acercarse al pecho desnudo y cara del hombre, en especial para jalar de la venda trasera. Cuando destapo el tesoro escarlata hizo una mueca de dolor, estaba al rojo vivo, un punto se había soltado y otro iba rumbo al mismo destino — … cuanta kétchup — comento a nadie en particular lanzando las vendas lejos sucias al suelo —… ahora ¿pongo y luego limpio? ¿no? ¿sí? — murmuro buscando la mirada del ojo verde, en busca de aprobación — … seguro te duele muchísimo… — se lamento y eso le dio más razones para terminar rápido aquella intervención médica… sin embargo no todo sale como se esperaba...
La celeste se estiro para tomar el agua que olía a sal, con cuidado la dejo caer desde arriba de la herida para que fluyera por esta y se llevara cualquier rastro de algo contaminado. El agua, ahora colorada, se deslizo por el cuerpo, o más bien el lado del abdomen del hombre. Al ver que lo estaba empapando la mestiza detuvo el lavado — ¡Que tonta! Hay que poner algo… — se amonesto levantándose abruptamente sobre sus rodillas para tomar una de las vendas, que estaba un poco lejos, fue entonces cuando buscando apoyo para no perder el equilibrio… una de sus rodillas se posiciono sobre algo duro su pene, que paso por alto, y presiono con fuerza como un punto de soporte descargando todo su peso en este sin darse cuenta de lo que se trataba… ¿como reaccionaria el tomate tomataplastado?
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Resumen: No hay.
Karmas usados en este post. Positivos: Belleza, Toque Divino, Alegre, Extrovertido, Sintonía Natural. Negativos: Sin Orientación, Charlatán, Ignorante.
Había algo en esa chica que era sumamente enternecedor, no sabía si era la inconsciencia de sus actos o que realmente todo en ella parecía inocente, cierto era que con su edad seguramente estaba más que capacitada para tener relaciones íntimas, pero por la forma en la que se comportaba y las situaciones que se estaban dado a conocer, o no tenia ni idea del tema… O consideraba que Jesse no era un hombre como tal… ¿Acaso le estaba viendo como un tomate de verdad? No, no lo creía, pero era algo extraño…
Hubo un gesto en ella que le pareció cuanto menos curioso y tierno, cuando la llamo Kass, parecía gustarle que la llamara así y de hecho le llegó a pedir que lo repitiera, no tenía problema en hacerlo, al menos un capricho podría darle a la joven después de tomarse tantas molestias para curarle Pero de pronto la chica cambió el registro y le pidió que “no interrumpiera a la enfermera Kass”, lo cual dejaba claro que le había gustado el mote medio cariñoso que le había puesto a la muchacha.
La chica finalmente tenia la determinación de quitarle las vendas, y le dio permiso para sujetarla de la cintura, pero sin hacerle cosquillas, obviamente no iba a ser tan tonto como para hacerle cosquillas en una situación como aquella, bueno, habría situaciones en la que lo haría, pero implicaba una habitación diferente, menos ropa por parte de ambos y no estar herido de un disparo. Detalles.
La muchacha seguía un tanto confusa en cuanto al orden de las cosas que tenía que hacer, por eso miraba al pelirrojo cuando pensaba en lo que tenía que hacer. Antes de que pudiera responder siquiera la muchacha agarró un frasco y dejó caer un buen chorro directamente sobre la herida… En ese momento Jesse estuvo a punto de maldecir de forma muy obscena a la familia de la “Enfemera Kass”, pero no lo hizo porque algo le decía que no tenía mala intención, pero igual así escocía muchísimo…
Y eso no era lo peor… Lo peor estaba por llegar…
Cuando la chica se incorporo y se estiró para coger unas vendas, o algo, Jesse no estaba seguro, noto como la rodilla de la joven se hincaba de forma muy poco delicada en la parte de su cuerpo que menos veía el sol, pero que era bastante utilizable, tenía varios usos bastante específicos y necesarios.
Jesse cerró los ojos con fuerza y empezó a tomar aire de forma rápida, casi ventilando, pero para no apartar a la chica de él de forma brusca. Por lo que empezó a hablar, tratando de sonar calmado…
– Kass, bonita… – Empezó diciendo con un hilo de voz – Me estás clavando la rodilla en… En mi lámpara mágica, manga pastelera, manguera de la felicidad… Ya sabes… Tiene nombres mil, el miembro viril. – Joder, si es que no podía dejar de bromear ni en una situación asi… Probablemente se merecía que le pasaran esas cosas.
El caso es que su rostro reflejaba un dolor intenso… Un dolor quizás mas intenso que cuando le dispararon, y es que había ciertas zonas del cuerpo humano con las que había que tener un especial cuidado.
Liame
Ella finalmente tras un movimiento cuanto menos inesperado acaba aplastando una parte delicada del cuerpo de Jesse, no hace falta que diga cual y el por no ponerse algo violento, pues intenta avisar a la chica de la mojar forma que sabe, haciendo bromas.
07-06-2026, 03:23 PM (Última modificación: 07-06-2026, 03:26 PM por Maria Merlot.)
Narrador / María Merlot
Tonta.
Si, muy tonta.
Empapó al Tomate.
Debió limpiar con más cuidado.
En la imperiosa necesidad de arreglar el desastre, de limpiar el agua que recorría aquel firme cuerpo bien formado por la naturaleza, o quien sabe, entrenamientos disciplinados. Claro, la mestiza no se detenía en eso, la belleza, siendo tan hermosa como era ella misma, le resultaba irrelevante, y los cuerpos cincelados por los dioses también, porque ella había heredado lo mejor del mundo terrestre y acuático. Todos se lo decían, no había criatura más hermosa sobre la faz de la tierra, o en las profundidades del océano, que le llegará a los talones; entonces, obviamente no se dejaría deslumbrar por un buen cuerpo o una cara linda, aunque podría reconocer ambos, y él tenía unas formas muy… varoniles.
En el afán por solucionar el pequeño problema termino aplastando algo muy “duro”, en su mente imagino que era su muslo… aunque no pensó mucho en ello, cuando alcanzo las vendas se apoyo aun mas fuerte para volver a la posición inicial — ¡Las tengo! — pronuncio sonriendo con su encantadora manera de ser mientras le mostraba el botín a su Tomate, quien parecía estar pasándolo muy mal — ¿Te duele muchísimo, verdad? — le pregunto preocupada, aunque ella ya sabia la respuesta. Una herida de bala debía doler horrores, es entonces cuando volvió a alzarse, presionando contra “el bulto de la pierna” y tomando entre sus manos, como lo permitía la venda que sujetaba, cada mejilla del pelirrojo — … estarás bien Tomate, sé que debe doler como si te rebanaran para hacer alguna preparación que lleve rojos tomates, como salsa de pasta o una ensalada. Ahora que lo pienso debes ser algo así como tomatelismo… ¡Y yo que te traje tomates para comer! Doblemente tonta de mi — su voz salió hipnótica y preocupada mientras pegaba la frente al masculino con evidente empatía, sin saber que el dolor que lo mantenía incomodo era generado por su rodilla sobre el sable de carne.
Kass, bonita…
La voz de su paciente, su paciente Tomate, la hizo prestarle toda la atención — Dime, Tomate Rojito — le respondió sin separar la frente de él, muy juntos, muy cerca. El tono del hombre era apenas un hilo audible, como si estuviera soportando mil torturas en el infierno.
Me estás clavando la rodilla en… En mi lámpara mágica, manga pastelera, manguera de la felicidad… Ya sabes… Tiene nombres mil, el miembro viril.
La joven se separó, parpadeo varias veces, luego bajo la mirada al espacio entre ambos. ¡Su rodilla estaba en toda la pelvis! ¡Lo duro no era su pierna! Si ella fuera de las que se sonrojara, estaría tan roja como el cabello del hombre — Oh — musito entendiendo ahora la palidez del hombre, la voz apagada, el sudor frito… pero no se quitó, no aun, seguía procesando — ¿Por qué estas duro si estas enfermo, Tomate? — fue la primera pregunta que surco su mente… ¿Acaso era una especie de masoquista que lo excitaba el dolor? Ella había conocido a varios… — … lo siento, nunca fue mi intención — susurro con algo de pudor pero sin reaccionar y quitarse, porque seguía procesando — … debería levantarme… — las ideas empezaban a hilarse hacia la petición del masculino — ¡Debo levantarme, por supuesto! Te estoy haciendo puré de tomatito — reacciono al fin quitando la rodilla y colocándola a un lado, en su mente la acción lógica era quitarse de encima por completo, pero su pierna se enredo en el vestido y por puro reflejo lo agarro por los hombros, soltando las vendas, haciendo que se fuera de lado con ella… quedando esta vez, él encima de ella, ambos muy cerca del borde de la cama — … lo siento, lo siento… ¡Triplemente tonta soy! — se disculpo colocando sus manos en el pecho desnudo del oyente. No era lo que se imaginó cuando pensó en ayudarlo pero su alegría y optimismo no podían hacerla caer en negatividad, así que su personalidad desinhibida floto — … te debe dolor todo mucho más. ¿Si te doy un beso te sentirás mejor? ¿Sabes no? ¿Sana sana colita de rana y Muak? — bromeo entre risas encantadoras mirando el único ojo del tomate, tan verde y brillante que parecía un prado en plena primavera, o un bosque lluvioso.
— ¿Cambiaron las vendas? No era tan dif… — la puerta de la habitación se abrió, el matasano miro la escena, alzo una ceja, y esbozo una sonrisa picarona — … Joven, si pueden hacer cochinadas entonces significa que estas muy bien. ¿Les doy otra hora? — propuso socarronamente.
— ¿Ah? — la cabeza de la chica giro para ver al médico, exponiendo la curvatura de su cuello y la pureza de sus hombros llenos de preciosas escamas al pelirrojo — No, no, no… regrese, Tomate necesita que lo atienda, está sangrando mucho, esta pálido, frio … ¿Dile como te sientes, Tomate? — primero dirigió sus palabras al matasado, luego la mirada ámbar y cristalina se posó sobre el hombre encima de ella, esperando su respuesta… su reacción.
En algún momento de su vida pasaba debía haber hecho alguna cosa muy extraña, por que la situación que estaba viviendo en aquella situación era lo más extraña y surrealista que había vivido en mucho tiempo. Había pasado de que le aplastaran la polla (perdón por la expresión) a prácticamente parecer que estaba teniendo relaciones con la joven que solo se esforzaba por curarle. Aunque la pobre no era consciente de que sus actos, aunque bien intencionados, en ocasiones acababa con erótico resultado, y la pobre muchacha, probablemente no sabía que Jesse no era de piedra.
Cuando el matasanos entró y les vio en esa situación pensó que estaban haciendo lo que realmente parecía, pero ni mucho menos mas lejos de la realidad. Jesse suspiró cuando el matasanos se fue y les dejó solos, insistiendo la joven a él que le dijera cómo se sentía.
– Si le digo al matasanos como me siento ahora pensara peor de lo que ha pensado… – Suspiro y miro a la joven a los ojos – Kass, eres una chica muy bonita e inevitablemente provocas cosas en los demás. Y no es que yo quisiera incomodarte, pero es cierto que no soy de piedra y no soy capaz de controlar las reacciones de mi cuerpo en según qué situaciones. – Estaba sonrojado – Lo que quiero decir es… ¡Lo siento! No quería que pasara esto. – Murmuró cabizbajo.
Pegó su frente a la de ella, y luego subió sus labios para dejar un beso en su frente, sabía que la chica no tenía esas intenciones con él, y la única forma de liberarse de los pensamientos impuros hacia ella, era considerarla un ángel caído del cielo cargado de inocencia y tratarla como se merecía. Es decir, de una forma muy lejana al erotismo o el sexo.
Se apartó de ella un poco y se sentó en la camilla, tomando el mismo las vendas y empezando a besarse el hombro como ella ya había hecho una vez anteriormente, se sentía un poco mal por haberla deseado, por haber deseado que todo aquello hubiese llegado a más, pero es que estaba mal desear a una chica como aquella que todo lo que hacia era sin mala intención, estaba lejos de ser una buena persona sintiéndose así.
¿Por qué de repente se sentía tan mal?
Quizás era por ver a un ángel por un momento como un trozo de carne.