Goma de mascar - [Priv Shin / Pasado]
#1
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Capitulo 1: Goma de mascar
Lugar: Baterilla, cerca del mar
Fecha: 74 de primavera, año 17
Hora: 05:50 PM



Era una tarde serena en la que el viento susurraba entre las palmas, meciéndolas con una delicadeza casi hipnótica. La primavera, en su curso inevitable, parecía prometer eternidad, aunque en el fondo intuía que pronto llegaría a su fin.  El cielo se vestía de un espectáculo sublime, tiñéndose de tonos rojizos que se fundían lentamente con matices morados, como si el día se resistiera a partir. Sin querer ese pensamiento oprimía ligeramente mi corazón. Mis orbes azules miraban fijamente hacia el horizonte, ese pequeño punto de luz que pronto se desvanecería…anunciando con silenciosa solemnidad que el manto estelar estaba a punto de reclamar su lugar.
 
Cerca de la orilla del mar, sin rumbo fijo y sin la necesidad de buscar a nadie más. Me encontraba abrazando mi soledad, como en cada tarde. Este día no era distinto al de ayer ni al que vendría mañana; todos parecían fundirse en una misma rutina silenciosa. Como de costumbre, me acercaba a la orilla en un gesto casi ritual, una despedida intima donde elevaba mi plegaria diaria hacia el horizonte. Allí, entre el murmullo de las olas y el susurro del viento, deseaba que mi padre descansara en paz. Era mi manera de decirle buenas noches…tal como él lo solía hacerlo conmigo antes de que el mundo cambiara para siempre.
 
Pero ahora mi vida era distinta. A pesar de las pruebas, los conflictos y las dificultades que había atravesado, finalmente podía decir que estaba bien. Cada día me esforzaba por ser una mejor persona. Avanzando paso a paso, con determinación silenciosa. Aquella tarde llevaba puesto un vestido azul, adornado con delicados detalles en tonos rojos y azules que danzaban con el movimiento del viento. Mis botas negras se alzaban firmes, acompañadas de medias que ascendían hasta mis muslos, guantes negros que hacían juego con las botas. Mi cabello caía suelto, libre, mecido suavemente por la brisa marina, como si también el formara parte de aquel instante de calma.
 
Supongo que es hora de regresar a casa…-- Susurre para mi misma, esbozando una leve sonrisa. En se instante, pensé en mi pequeño apartamento, ese lugar silencioso donde nadie me espera al final del día. A pesar de tener una casa propia, mas amplia y acogedora, siempre encontraba consuelo en aquel espacio sencillo, casi desprovisto de comodidades. Los recuerdos me envuelven con un peso inesperado, abrumando mi corazón al evocar la familia que una vez tuve…y que ahora se había perdido entre las sombras del tiempo.
 
Gire mi cuerpo con un movimiento repentino para sacudir esas sensaciones, Fue una reacción tan natural como el vaivén del mar. Sin percatarme de mis propios movimientos…ahora mi bonito vestido había terminado suspendido sobre mi hombro derecho como si se tratara de un simple trapo. Continue mi camino sin detenerme, distraída en mis pensamientos, ajena a las pequeñas consecuencias de mi descuido pues generalmente era un gesto al cual ya estaba acostumbrada. Avanzaba sin notar del todo mi propia apariencia pues al sentirme en un ambiente cómodo suelo ignorar los escrúpulos, motivo por el cual me encontraba caminando únicamente en calzado y ropa interior (En tonos negros).
 
Pan…mostaza – enumerando los ingredientes que me hacia falta para la cena de hoy (La cual no era muy ostentosa que se diga), Poco a poco me acercaba a mi siguiente destino, omitiendo a las personas que quizás me encontraría en el camino. Por ahora mi único problema era plantear la idea de hacer algo diferente para esta noche, quizás leer un libro, ordenar mi ¿Ropa?, a decir verdad…he perdido tantas prendas en tan poco días, si…mis pensamientos se desviaron tanto que ahora no miraba hacia el frente…si no, hacia el cielo.

Vestimenta
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[Imagen: firmakagura.gif]
#2
Los miembros de su División habían partido a realizar encargos y misiones variadas con el recién adquirido Tempestad, un navío con el cual cruzarían los distintos mares para llevar la justicia que creían correcta, al menos así lo veía Hasegawa, y el motivo que lo llevó a quedarse en tierra, más concretamente en Baterilla, enumeraba una serie de hechos de diversa relevancia que al final abarcaban un único concepto; Trabajo.

El día anterior tuvo que cumplir su palabra con Ruri, la pequeña que rescató en Samba de una vida repleta de abusos jugándose el pellejo. Finalmente habían dado con su captor y resolver ese asunto se alzaba como hecho de prioridad máxima, sin embargo, poco antes de realizar esa misión, tuvo otra solicitud por parte de la base marine de Baquella, volcado a proteger uno de los puertos en donde cierto cargamento importante debía atracar y llegar a salvo. Ese día se enfrentó al wotan Kazan, quien le opuso resistencia, desatando un combate que ganó tras exigirle al gigante una presión absoluta, y aún más atrás en el tiempo, junto a otro compañero de profesión llamado Dashrath, tuvieron que apresar a unos piratas que fueron vencidos en su flota mayor por la marina, encargándose de los rezagados que intentaban escapar.

Por ello se explicaban los vendajes debajo de su ropa, que aún siendo ajustada ocultaba bastante bien esas telas blancas adicionales cubriendo su pecho. A pesar de que su poder lo vuelve intangible, venía con ligerísimas quemaduras bien tratadas a causa del incendio que enfrentó en la finca donde estaba el captor de Ruri, y a pesar de ser increíblemente rápido incluso él puede caer víctima del a veces inevitable daño de las batallas.

Pero a pesar de todo decidió salir a pasear, dar sus típicas caminatas solitarias considerando que toda su División realizaba diversos papeleríos entre islas, con la promesa de regresar para el día de la inauguración del parque tan afamado y promocionado en los Cabos Gemelos, dándole un lapso lo suficientemente amplio como para descansar el cuerpo y acudir a misiones de menor relevancia. Aunque en el fondo intuía que quizás sería enviado allí, y que Baterilla sería un caos durante los días próximos, al menos esos pensamientos lo mantenían ocupado de ideas más densas y depresivas, algo que lo hizo estar demasiado encerrado en su propia cabeza, mirando hacia abajo.

Hasta que de pronto sintió un impacto que no vio venir, y por ende, lo desestabilizó lo suficiente como para caer hacia atrás tras no esperárselo. —¿Ah? —mientras caía no entendía lo sucedido, hasta que su cuerpo tocó el suelo, cayendo sentado y con ambas manos apoyadas en el suelo. No identificó del todo bien si la mujer responsable cayó junto con él, pero el detalle más evidente saltó a la vista con facilidad... su ropa interior negra estaba expuesta frente a todos, y esos muslos acompañados de la medias pertinentes como perfecto adorno de su piel llamaron enormemente su atención.

—Señorita, ¿necesita que la ayude? —recomponiéndose, aunque aún sin dar muestras de que va a levantarse, la observa con atención, tintes de deseo. —Como lo veo, tiene dos problemas, uno más divertido que el otro... —y para enfatizarlo, repleto de descaro observó directamente la ropa interior ajena, antes de hacer un nuevo contacto visual.
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#3
Podría decir que la idea de comprar ropa nueva había rondado mi cabeza incontables veces, como una canción repetitiva que nunca llega a su final. Era una opción que siempre la analizaba y la justificaba, pero al final…terminaba haciendo lo mismo de siempre: nada. Mi rutina diaria solo hizo que mi mal habito se fortaleciera con el paso de los años. Mi armario que antes estaba abastecido con varias prendas ahora solo era un mal chiste a simple vista, Ya no era una cuestión de gusto o capricho; era necesidad. Urgente, inevitable, Tenia que hacer compras pronto…aunque la idea me resultaba agotadora, pues siempre tenia problemas con la sociedad.

Sumergida en ese torbellino de pensamientos y angustia, Fue entonces cuando ocurrió, el impacto llego sin aviso, fue seco y repentino que hasta un pequeño quejido salió de mis labios. Choque contra algo…o mas bien, contra alguien. El movimiento fue tan brusco que mi equilibrio desvaneció en un instante. Sentí como mi cuerpo se inclinaba hacia atrás, un movimiento sorpresivo que me llevo a extender la mano derecha hacia el frente, me aferré a lo primero que encontré frente a mí, buscando desesperadamente un punto de apoyo.

Pero la gravedad gano la carrera, en lugar de recuperar el equilibrio, la fuerza contraria tiró de mi con una intensidad inesperada, casi violenta. Fue como si, por un segundo el mundo entero se hubiera inclinado en mi contra. Todo ocurrió demasiado rápido, no podía asimilar la persona que tenía delante de mí solo sé que era alta. Mi rostro choco contra algo duro, sentí que fui ¿atrapada? no lo se con exactitud, pero mi mano derecha tocaba una parte blanda, pero a la vez algo dura, la otra se había perdido entre un tramo de tela que estaba algo ¿Caliente?

Poco a poco me fui separando, estaba técnicamente sobre el cuerpo de lo que parecía ser un ¿Hombre?, escuché una voz algo ronca pero mi atención se desvió hacia mi palma derecha la cual estaba sobre el torso masculino, precisamente sobre su pectoral izquierdo y ante la sensación…mi mano apretó levemente --¿Ah?...—Fue entonces cuando la pregunta dio a lugar, y levantando mi rostro finalmente hice contacto visual con el joven pero este estaba viendo hacia otra parte, técnicamente hacia mi anatomía y creo saber hacia dónde.

Oye…ten cuidado donde miras…-- advertí ligeramente en un tono serio, hasta que sus orbes finalmente conectaron con los míos, el color de sus ojos era de un azul intenso, profundo, casi hipnótico. Pero a diferencia de los míos, los suyos no parecían apagados ni comunes…los suyos reflejaban el cielo, como si guardaran en su interior una claridad imposible de ignorar. Me quede observándolo mas de la cuenta, detallando sin querer cada pequeño rasgo, sus facciones eran hermosas, finas, perfectamente marcadas, con una armonía que resultaba difícil de olvidar. No era una belleza cualquiera, había algo en él que lo hacia destacar sin esfuerzo, Y eso era la tonalidad de su cabello, tan blanco como la nieve, como la luna, sin duda irradiaba como la luz misma.

Cautivada por dicho hombre, de pronto sentí una ligera burla en sus palabras que desperto mis sentidos, ¿Acaso se estaba burlando de mi?, no comprendia muy bien pero al moverme hacia el frente en forma de replica, mi mano izquierda se movió sin querer, desplazandose hacia delante justamente a la parte mas baja del muslo masculino, Mis dedos lograron tocar lago mas blando y de forma cilíndrica, por inercia también lo apreté --¿Pero qué?...—Al bajar la mirada noté claramente donde estaba finalmente mi mano izquierda y por unos segundos me congele por la situación, rápidamente retire mis manos de la anatomía de aquel sujeto –Perdón…no era mi intención-- Musite con un tono algo nervioso, mientras desviaba la vista hacia otra parte, ahora buscaba mi vestido para salir de ese problema, mientras tanto, frotaba mi mano izquierda contra la media de mi muslo izquierdo, como si tratara de limpiar mi mano de algo.
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#4
No podía culparla de descuidada porque sería caer en el mismo tipo de burla que aplicaría a ella, sin embargo, sí percibía una serie de distracciones e instintos curiosos en su persona que no se ven todos los días. Alguien normal intentaría levantarse de inmediato, vigilar el posicionamiento exacto de algo tan sensible al contacto como las manos y pedir disculpas, continuando su camino, pero la pelirroja no siguió ningún tipo de curso habitual en las, algunas veces, estrictas normas sociales impuestas por quienes se consideran "decentes".

Contrario a lo que podría esperarse, a Shin eso le divirtió, y era curioso considerando la crianza que tuvo, nacido en cuna de oro.

—¿Acaso tengo la culpa? —contestó a la súbita advertencia de la mujer, aún mientras observaba sus muslos. Pronto, sintió la presión en uno de los pectorales, siendo la antesala de lo que más terminaría sorprendiéndolo.

El contacto visual por parte de ella fue intenso, Hasegawa mantuvo una mirada más relajada pero sin rebajar la atención de los ojos ajenos, y fue de esa manera que se distrajo, reaccionando súbitamente con un gesto de sorpresa en el rostro, párpados bien abiertos y boca en forma de una "o" pequeña. Pero no le duró demasiado, al poco rato se dibujó una sonrisa bastante traviesa en sus labios, cambiando por completo el foco de lo que pensaba decirle en primer lugar.

Tenía tan poca ropa cubriendo su cuerpo que tuvo que "limpiarse" la mano en su media larga, y eso causó una sonora risa en el marine, quien se echó hacia atrás, prácticamente recostado en el suelo y con ambas manos en su estómago. —Por lo general, primero me aseguro de tener al menos una cita antes de que toquen esa zona. —reposó los antebrazos en la superficie que tenía debajo, enalteciendo su soberbia. —Pero supongo que puedo hacer una excepción. Entiendo que eres exhibicionista, de ahí a hacerlo frente a tanta gente... —bromeó, negando con la cabeza, y finalmente decidió que haría algo por los dos, insinuando por gestos físicos que se levantaría.

La ayudó en el proceso, evitando tocarla en zonas indebidas o sensibles —Tienes suerte de que soy un caballero, imagina si alguien intentara aprovecharse de la situación, ¡que tragedia! —exclamó, teatralizando la escena, y sin mucho más que captase su atención se dispondría a marcharse. Quizás, seguir con sus planes iniciales o ver si podía generar horas extras en su servicio.

Aunque no podía negar que la figura contraria llamaba su atención. Que encrucijada.
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#5
Esperando una reacción un poco más razonable de parte del desconocido, quizas un grito, una queja o algun reclamo, pero en cambio fue algo totalmente distinto. Ante mi gesto brusco por no decir inmoral, lo vi inclinarse hacia atrás mientras estallaba en carcajadas, sujetándose el estómago como si aquello hubiese sido el mejor chiste del mundo. Me quede inmóvil y confundida, parpadee varias veces para convencerme de que no lo estaba imaginando --¿Pero de qué…-- apenas alcancé a murmurar cuando mis palabras quedaron suspendidas en el aire, aquella persona finalmente tomo la soga de aquel juego de poder, Con total calma levanto la mirada hacia mí solo para encontrarme con su extraña despreocupación.

Argumentando que no era el tipo de persona que se dejaba tocar a la primera, senti como si una piedra me hubiera caído directo sobre la cabeza. Estuve a punto de replicar de inmediato para defender mi orgullo, pero las palabras murieron antes de que pudieran salir. El albino dio por hecho que yo era una exhibicionista, alguien a quien le daba igual lo que dijeran o pensaran los demás que estuvieran cerca. Esa cruda verdad me cayó encima como un ancla imposible de esquivar --Ah... mierda... tiene razón-- admití a regañadientes, apenas en un susurro mientras desviaba la mirada hacia cualquier otro lado.

Al regresar la mirada en dirección de aquel sujeto, su sonrisa cargada de soberbia fue como un golpe directo al pecho --*Este tipo...*--pensé por un instante. Era como si me hubiera dejado sin armas o algo asi, no obstante sus gestos me advirtieron que se levantaria en ese instante. Apartandome un poco para no chocar de nuevo, al levantarnos de la arena volvio abrir la boca, haciendose de galan y exclamando un posible evento en donde mi dignidad de mujer pudo ser perjudicada, se podia decir que ahora la situación escalo mas, ya no podia soportar tantas palabras, asi que decidi remontar la jugada. 

En lugar de apartarme y dejar las cosas como estaban, volví a acercarme sin importar hacia donde podria desviarse su mirada, chasquee los dedos para que me viera directo al rostro, realmente odiaba que fuera tan alto pero no me dejaria intimidad.Levante mi diestra hasta estar al nivel del rostro contrario no dude en apuntarlo con mi dedo indice directo a sus labios, Observándolo con absoluto desdén entonces decedi defender mi orgullo --Cariño, no confundas un accidente con una insinuación... estás a años luz de que quisiera intentar algo contigo --Hice una breve pausa antes de posar el índice sobre sus labios, imponiendo silencio por un instante --Que sea exhibicionista no significa que esté tan desesperada por atención y menos por un fafarrón--La burla quedó suspendida entre ambos. Me aparté casi de inmediato para darle su espacio, en respuesta saqué la lengua con descaro, desviando la mirada hacia otro lado para no encararlo y luego encogí mis hombros. Pero ante ese movimiento, de pronto senti que la parte susperior de mi ropa interior comenzo afloar, antes de que la copas cayeran por completo, lleve ambas manos para sostener aquella prenda evitando exponer mis senos. Totalmente sorprendida por el momento y sin etender lo que habia pasado, mi rostro comenzo a sonrojarse por la verguenza y las palabras descaradas volvieron a resonar en mi cabeza. 
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#6
Al menos lo reconocía, llegó a toparse con un millar de personas que no asumían sus carencias e incluso algunas virtudes, pero el caso de esta joven chica no se comparaba con esas nimiedades. Lo suyo podía entrar fácilmente en el catálogo de fetichismo, o quizás alguna filosofía extraña sobre liberar el alma y con ello el cuerpo de telas que resguardasen la dignidad. Hasegawa también se vincula al libertinaje, pero... la ropa poseía un encanto particular y absoluto.

Le quedaba jodidamente genial. Era débil a lucir bien.

Aunque no tanto como a los muslos de la pelirroja, enmarcados por las medias altas. De verdad podría arriesgarse a morir por intentar tocarlos, pero el porte de caballero se iría por el drenaje demasiado rápido y no se lo podía permitir, menos cuando había abierto la puerta a reconocer su exhibicionismo con tanta normalidad, sin ningún tipo de esfuerzo en negarlo. Y todo con esa pequeña cara de angelito, bastante más jovial que el de una mujer en su adultez plena, si debía adivinarle la edad se arriesgaría a decir algún número cercano a ser menor, pero en esa línea fina, aunque en aquel mundo nunca se sabía. Algunas personas tenían muchísimos años y se mantenían en forma de manera exagerada, no descartaba que sea uno de esos casos.

No retrocedió cuando la chica decidió enfrentarlo, haciendo un contacto visual bastante pronunciado, y mantuvo el silencio porque creía que desmontar sus argumentos o volver a presionarla sería extremadamente sencillo. Sin embargo, por obra divina o del destino, al encogerse de hombros parte de las finas telas que cubrían de manera pobre su piel decidió ceder, y dejarla a prácticamente nada de exponerse aún más a su mirada y la del resto.

—Vaya, comienzo a creer que lo haces a propósito. Eso, o tienes una suerte descaradamente traviesa. —de manera irónica, Shin se encoge de hombros, manteniendo una fina sonrisa seductora. —¿Necesitas ayuda? Puedes empezar por decirme tu nombre, y a lo mejor podemos seguir esta conversación en un sitio más tranquilo. —un leve susurro, audible sólo para ella. —Me tocaste indebidamente, creo que estás en deuda conmigo. —remarcó, tentado en exceso por la figura que tenía delante.

—O sencillamente puedo irme y hacer esto más divertido para ti. Robarme lo que te queda de ropa. —con su fruta lo conseguiría, ¿sería excederse demasiado? No lo sabía, aunque el pensamiento de que para ella podía ser algo normal lo hizo continuar con su punto —Digo, eres una exhibicionista después de todo, ¿no? ¿Entonces por qué no hacerlo bien? —su soberbia inundaba la escena, hablando con el porte de quien sabe que tiene razón, y de quien sabe que puede conseguir todo lo que se proponga.
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#7

Podía escuchar con claridad los latidos de mi corazón, desbocados por la adrenalina del momento y por la verguenza. Mis mejillas comenzaron a teñirse lentamente de un rojo cada vez más intenso dejando en evidencia mi vulnerabilidad, Un leve temblor recorría mi cuerpo destruyendo todo a su paso como si un fantasma me hubiera besado la nuca; ahora sí, me sentía más expuesta de lo habitual. Pero todo eso no importaba lo que realmente me importaba y me lastimaba mi orgullo, Era encarar a aquel albino, quien con una expresión podía proclamarse triunfante. Como un galán demasiado seguro de sí mismo. Aquello no hizo más que estremecerme, pero no precisamente por nervios, sino por el coraje que comenzaba a hervir en mi interior. ¿Insinuar que lo hacía a propósito? Por un instante, realmente quise arrojarle aquella prenda directo a la boca para que dejara de decir tonterías. Sin embargo, sabía que reaccionar de esa manera solo empeoraría la situación, solo alimentaria su ego.

Mientras se encogía de hombros, adoptó ese porte seductor que parecía salirle con naturalidad y su sonrisa se ensanchaba cada vez más como un niño que ganaba algun juego de azar. Cuando me crucé con esta persona, jamás habría imaginado toparme con alguien de su calaña o mejor dicho con su personalidad. Aun así, al ofrecerme su ayuda, escuché sus palabras con claridad incluso aquel susurro que por algún motivo parecía venir cargado de un doble sentido dirigido a mí. Instintivamente quise replicar de inmediato, pero las palabras se me quedaron atrapadas en la garganta cuando volvió a mencionar el incidente de mis manos, planteándolo como si se tratara de una deuda que debía saldar ahora.Me quedé completamente muda, Fue una buena jugada como si un rayo hubiera caído directamente sobre mi cabeza, apagando cualquier impulso de negarme o discutir. Tragué saliva mientras trataba de encontrar una excusa, cualquier salida que me permitiera escapar de aquella situación… pero no había nada— *Mierda… me pasa por idiota*—pensé mientras buscaba alguna salida.

Pero la conversación seguía su curso, como si alguien marcara el ritmo de un baile del que no podía escapar. El albino no cesaba con aquella lengua afilada, cada palabra suya era un corte directo contra mi orgullo. Y esta vez su ingenio logró erizarme la piel ¿Era una amenaza? ¿O estaba declarando una especie de guerra silenciosa en la que yo podía salir perjudicada? Aun así, mi espíritu se negó a retroceder. Algo dentro de mí me empujaba a seguirle el juego,incluso si eso significaba exponerme más de lo debido. Sin pensarlo demasiado, me acerqué a él hasta quedar a escasos centímetros. No medí la distancia realmente, simplemente actué por inercia. Lo sujeté con fuerza por la camisa, mientras con la otra mano sostenía la prenda que amenazaba con caer al suelo —Pero qué hombre tan descarado… —solté, con la voz firme aunque cargada de tensión— Cualquiera pensaría que eres un santo con esa cara de ángel que tienes… pero incluso mi mal habito es demasiado puro en comparación — Volví a sostenerle la mirada como si el cielo quisiera pelear contra el oceano. La diferencia de altura podría haber intimidado a cualquiera, pero no a mí. Mi espíritu de lucha seguía intacto. Pero en ese mismo instante recordé mi propio comportamiento de momentos antes, el coraje me invadió de golpe pues parte era mi culpa, soltandolo de inmediato y, sin decir nada más, pasé a su costado para dirigirme hacia el vestido que yacía sobre la arena.

Me incliné para recogerlo mientras, en el proceso, intentaba acomodar mi sostén con cierta torpeza. Tras unos segundos de esfuerzo, finalmente logré vestirme como era debido. No me importaba realmente si el albino miraba o no; aun así, cuando me giré para encontrarlo nuevamente, sacudí ligeramente el cabello antes de alzar la vista y sostenerle la mirada —Kagura —me presenté al fin, con firmeza. Luego lo observé de arriba abajo, como evaluándolo por completo—¿Y tú? Déjame adivinar… por ese porte de niño rico, galán y seductor, tu nombre debe ser… Marty.

Era un nombre al azar, dicho más por impulso que por lógica. En el fondo, solo quería encasillarlo un poco, del mismo modo en que él parecía haberlo hecho conmigo.—¿Bien? —continué, cruzándome de brazos—¿A dónde quieres ir? Después de todo, debo pagar una deuda…--Las últimas palabras salieron casi a regañadientes. Solté un leve suspiro; no era precisamente mi idea pasar la noche con alguien así, pero tampoco parecía tener muchas opciones.

De pronto, un gruñido traicionero rompió el momento.Parpadeé, algo sorprendida, y llevé una mano a mi estómago en un gesto instintivo. Era evidente: tenía hambre.Volví a mirarlo, esta vez con menos tensión y un poco más de apacible—¿Qué tal una cerveza? —propuse al final—Con eso estaremos a mano --Aunque, si era honesta conmigo misma, lo que realmente quería era algo mucho más satisfactorio que eso, ademas de querer golpearle el rostro.
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#8
Con el tiempo y en sus años de experiencia aprendiendo a ser insufrible, ganó la valiosa información de que la mejor manera de presionar a personas como la chica nudista enfrente suyo era bloquear cada intento por imponerse o acudir a un pseudo orgullo que buscase ejecutar, eso lastimaba más cualquier atisbo de ego que ganar duelos argumentales o vaciarla de palabras con alguna ocurrencia que se le pudiese cruzar por la cabeza, y ese motivo puntual le hizo reaccionar acorde a lo que haría en situaciones normales, donde buscaba evitar el contacto.

Detectó casi de inmediato mediante el lenguaje físico el hartazgo de la chica, y de esa forma asumió que cuando decidiera acercarse intentaría sujetarlo de algún lado, aspecto que no podía permitir por dos razones. Primero, picarla y hundir más su imagen frente a él. Segundo, la ropa se arrugaba, y no podía sacrificar su estilo ni para hacer sus características gracias.

Inmediatamente activó su fruta del diablo, aunque sin emitir destellos de luz ni nada por el estilo. Sólo se volvió intangible, por ende, la mano de la mujer sencillamente lo atravesó, sin tocar absolutamente nada, el cuerpo de Hasegawa se moldeó ante el movimiento de la extremidad contraria, ahora sí, exhibiendo la característica elemental que lo conformaba, enalteciendo su sonrisa repleta de sadismo.

—Quizás debí empezar por ahí cuando nos chocamos. —asumió, manteniendo el contacto visual e ignorando si se sorprendía o no. Sólo se centró en las palabras que le dedicó —Y por favor, ¿qué te hace creer que no soy un santo? Sólo reacciono en equivalencia a lo que tú me mostraste, pequeña. —hizo el gesto con la mano, enfatizando que era bastante bajita, detalle que le recordó en realidad lo joven que se veía.

Eso no lo alejó del deseo por observar su figura de espaldas cuando se inclinó para agarrar su vestido, ni mucho menos mirarla mientras se lo colocaba, volviendo a ser una persona decente, o aparentándolo. Lo que sí le sorprendió es que se presentara en ese momento, y jugara a adivinar su nombre —¿Eh? ¿Marty? ¿Qué clase de persona pobre, sin estética y desgraciada se llamaría así? ¡Que nombre tan feo! ¿De verdad crees que un rostro como el mío pegaría con eso? —niega con la cabeza y ambas manos al mismo tiempo, exhibiendo el enorme rechazo que le había causado, y entonces decide presentarse.

—Mi nombre es Hasegawa Shin, y pretendo ser el mejor marine de la historia. —soltó, señalándose con el dedo pulgar, exhibiendo una sonrisa de oreja a oreja, casi tan radiante como el brillo de sus poderes. Pero con las presentaciones la cosa no quedaría ahí, y la ahora reconocible como Kagura se ofrecería a pagar la deuda, lastimosamente desde ángulos incorrectos.

En ese momento se acerca, teniendo ella el conocimiento de que puede volverse intangible, y la encara del mismo modo que la propia pelirroja intentó. —No, no, no. Nada de eso. Es un toque, por otro toque, ¿crees que voy a salirme del tópico? —declaró, cruzándose de brazos, y justo en ese preciso instante un rugido que simbolizaba hambre resonó desde el estómago de la chica, prácticamente cortándole el rollo al albino, quien se alejó y su expresión se volvió un poema, rozando lo caricaturesco si de decepción se trataba.

—Supongo que puede ser una comida, de todas formas... —suspiró, con desgana, pues esa situación activaba su instinto más protector, incapaz de permitir que alguien pase hambre en su presencia muy a pesar del gusto que tiene por picar a la gente y lo mucho que evade "lucir bien" haciendo buenas acciones. Intentaría quitarle todo el hierro posible al asunto. —Si hay algún lugar cercano que te guste, me guías. No mereces a un caballero. —puntualizó, cruzado de brazos y casi que dándole la espalda, "ofendido". Todo ese caos de situación desencadenó algo inesperado, y que a estas alturas, no sabía donde terminaría.

Let there be light
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#9
¿Quién era este sujeto? Me quedé algo sorprendida en el momento que comenzó a irradiar luz, por un instante sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo y ante mis palabras, el joven replicó de una forma casi mordaz logrando que mi confusión se convirtiera en nerviosismo. Aunque por la habilidad podría deducir que podría ser el efecto a una fruta –*Otra víctima*– pensé en ese momento, sosteniendo su mirada. Continué con mis acciones, replicando, brindando información personal y tratando de adivinar su nombre. El duelo de ver quien tenía de los dos tenia la ultima palabra, parecía una especie de juego de niños –*¿Qué le pasa a este sujeto?*-- Era evidente que estaba jugando con mi paciencia.

Ante mi suposición y mis comentarios afilados el joven comenzó a burlarse de aquel nombre a lo que yo rodee los ojos, quizás ya no estaba soportando tanta payasada, pero mi mirada regreso al escuchar que sería el mejor marine, me parecía que era una completa mentira de su parte, era imposible que un sujeto con tales cualidades sea parte de la marina, negué con la cabeza varias veces, no podía aceptarlo sin duda. Tratando de omitir ese hecho, entonces pase a lo que realmente quería, invitarle alguna parte para acabar con este infortunio.

Pero al momento que se acercó, no dude en enarcar una ceja mientras levantaba la cabeza para contrarrestar a su mirada, atenta a sus palabras me quede helada cuando declaró que el pago debía ser el mismo gesto. Como decía mi abuela: Diente por diente, ojo por ojo. Ante la idea de ser tocada por un desconocido me hizo sonrojar escandalosamente, ahora no sabía si era por rabia o por vergüenza, pero podia sentir mi corazon latir fuertemente, sin embargo todo el momento se arruinó cuando mi estómago comenzó a rugir, rompiendo ese momento casi intenso, fue como si la campana me hubiera salvado asi que rei por bajo, propuse la idea de ir a comer a tal lado.

Pero parece que no le agrado del todo, adoptando un gesto casi infantil, lo quedé observando para ahora sonreír de manera mas burlona. Acercándome un poco mas casi rodeandole un poco, incline el cuerpo hacia el frente mientras mis manos se entrelazaron detrás de mi espalda casi al nivel de mis glúteos, aprovechando el ángulo para captar su atención y así poder ver su rostro desde abajo de una forma casi juguetona, notaria sus facciones de fastidio quizás, en ese momento sonreí de lado como si hubiera ganado –¿Realmente eres un caballero?...no pensé que lo fueras de todas formas-- dije en burla mientras me volvía a enderezar, no buscaría tocarle de nuevo pero ahora debía ser yo la que tomará el mando ya que era yo la que estaba en deuda.

Bien…entonces sígueme niño bonito – Esperando que me prestara atención, comencé mi andar sin mirarle en el trayecto aun no me acostumbraba del todo a su presencia, sentía que la brisa del mar sacudía mi vestido ligeramente por lo que tenía que mover los brazos para evitar que se levantara del todo mi vestido –Shin Hasegawa, que nombre más extravagante– confesé para finalmente verle mientras nos alejamos mas y mas de la playa –¿Cual es tu edad? ¿5 años? – volví a burlarme ciertamente era fácil hacerlo, quizás aun estaba molesta por sus propuestas o quizás confundida por su manera de actuar.

Moviéndonos a un paso cauteloso, pronto entrariamos a la zona comercial en donde los olores se podian percibir casi de inmediato al igual que los sonidos, había varios puestos de comida, algunos negocios sencillos y tambien humildes, me cruce de brazos por unos instantes –¿Eres quisquilloso con la comida? o ¿Puedes comer cualquier cosa?-- cuestione sin darme cuenta que mis manos comenzaba a bajar el cierre de mi vestido casi por inercia, me estaba incomodando llevar muchas prendas encima. Al llegar a la vuelta de una esquina, casi a su costado se encontraba un pequeño local con una terraza al aire, el nombre del lugar era La ancla, estaba casi lleno pero aún había varias mesas disponibles especialmente en el segundo piso. El lugar era conocido por servir todo tipo de platillos, apuntando hacia la terraza me gire para verle –¿Quieres comer al aire libre?– cuestione sintiendo la ausencia de mi vestido de nuevo, el cual reposaba nuevamente sobre mi hombro.
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#10
Ante los movimientos de la pelo-fósforo Hasegawa termina entrecerrando sus ojos, con los párpados delatando las sospechas que cargaba contra cada contracción de los músculos ajenos por más mínima que fuese, siguiéndola con la mirada. No fue difícil hacer contacto visual, escuchando a la perfección el modo en que pone en duda su caballerosidad, y por haber anulado esos recursos contrarios, enemigos, es capaz de seguirle el hilo de conversación.

—Soy ese. —replica, desestimando la posibilidad de caer en la etiqueta de un vulgar pervertido dados los hechos que los reunieron en primer lugar —Pero como te dije, no mereces a uno. —finiquitó, manteniendo ese rasgo de hacerse el ofendido.

Al pedido de seguirla, simplemente asiente, decidiendo hacerlo únicamente por el hambre que la contraria parecía estar atravesando, desviando la mirada hacia algún otro punto en pos de mantener el personaje indignado que se propuso interpretar, fiel reflejo de ello eran sus brazos aún cruzados. Menciona que su nombre es extravagante, y luego le cuestiona la edad, aunque Hasegawa vio en ello otra oportunidad de oro para demostrarle que seguía sin tomársela en serio.

—¡Tengo noventa y un años recién cumplidos y perfectamente mantenidos! ¡Mira mis dientes! —se señala la boca, sonriente, y elevando levemente el dedo índice hacia su cabello —¿No lo adivinaste? —broma vinculada al tono albino de sus hebras, algo normalmente vinculado a la tercera edad. —¡Estoy en la flor de la juventud! —añadió, colocando ambos brazos en jarra con una amplia curva en sus labios, parecía emitir brillo propio sin necesidad de emplear su fruta del diablo.

La playa gradualmente era abandonada, Shin no prestó demasiada atención al entorno, aún cauteloso por la extraña suerte que parecía acompañar de manera constante a Kagura, buscando su mirada de perfil cuando la escucha hablar otra vez. —No realmente. —contestó, imbuido en una desgana latente por esos tópicos mundanos, aunque no tardó en notar que literalmente se estaba desnudando de nuevo, como si fuese un acto reflejo natural de su cuerpo.

¿Esta chica estaba bien...?

—¿Sabes? No te puedo tomar en serio si te pones en ropa interior todo el tiempo. —se mantiene de brazos cruzados frente a ella, con un gesto neutral —Decídete, Guuuury. —con ese apodo adjudicado, la señala, entrecerrando los ojos esta vez de manera acusativa. —Si esto es una prueba de autocontrol impuesta por algún Dios, decido entregarme al placer carnal. —coloca las manos en forma de oración sintoísta, y vuelve a hacer contacto visual.

—Eso, o eres demasiado egocéntrica y andas buscando que todo el mundo te vea. En ese caso, no me interesas. —irónico, eso seguro. Echando esa difusa atracción por la borda, pasó por al lado de la chica simulando ignorarla y comenzó su pequeño show para pedir una mesa al aire libre, dirigiéndose a la terraza que había señalado. Lo siguiese o no, tomaría su lugar, y sólo seguiría hablando si la exhibicionista de turno se atrevía a mostrarse frente a él.

—¿Por qué no te quitas la ropa interior, ya que estás? —cuestionó, ladeando la cabeza —Nada, nada, te dejo hacer los pedidos, incluso por mí. A ver que haces con esa creatividad tuya... —se encogió de hombros, cerrando los ojos y resoplando. A su manera resultaba descolocante, pero no podía decir que se aburría cerca de ella.
[Imagen: vEBNZb3.png]


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