[FIC Reparación PR] El cangrejo, el oso y los guantes
#1
—Hablo—
—Pienso—
Día 43 de Otoño , Isla Kodaina

Parte 1: Planificación


Ya asentados en la nueva isla, un dilema se abría ante mí. Enji me mostró sus guantes rotos, Tenían un enorme corte en diagonal que los hacía inutilizables, además las partes metálicas estaban sueltas, eliminando su funcionalidad . Era mi deber como manitas del grupo asegurarme de que el equipamiento de la división se mantuviese en óptimas condiciones, y esta vez tenía una larga lista de cosas por hacer.

Traté de recordar todo lo que tenía pendiente  —Reparar esto… Ponerle una cosa a aquello… Para Masami un poco de no sé qué… Jeje, todo en orden— Nunca había tenido tanto trabajo como hasta ahora, lo que, si bien era un poco estresante, me llenaba de orgullo al ver como mis queridos compañeros ponían sus esperanzas en mí.

Pero no podía hacerlo todo a la vez, lo primero era lo primero, los guantes de Enji, el ahora flamante capitán de la División. —A ver que tenemos aquí…—  Dije mientras me rascaba en el bolsillo trasero del pantalón El par de guantes estaban compuestos principalmente de goma y caucho, lo que podría llegar a ser un problema. La isla en la que acabábamos de atracar parecía estar deshabitada, al menos no habitada por personas, todo lo que podía oírse desde las profundidades del bosque eran rugidos y sonidos que hacían que mi coraza se erizase, fuera lo que fuese, no tenía nada que ver con la Fauna de la selva de Baterilla o Samba…

El metal si que prometía ser más sencillo, en la costa se podían apreciar restos de naufragios de diversos barcos, sin dudas el Grand Line no tenía piedad con aquellos que no estaban suficientemente preparados.
Contenido Oculto

Parte 2: Mucha goma


Decidí empezar por la goma, para dejar así lo más sencillo para el final. Reuní valor, y tras una larga bocanada de aire, me adentré en la inexplorada selva. El cambio de humedad se hizo notar apenas entré entre la densa vegetación, lo que aumentaba la sensación de calor del largo verano. Pero el clima era algo que desapareció velozmente de mi cabeza en cuanto un insecto del tamaño de un perro grande, pasó volando sobre mi cabeza. Me agaché lo más velozmente que pude y puse mi mano y mi pinza sobre mi cabeza —¡¿Qué mierda era eso?!— Me pregunté a mi mismo antes de volver a levantarme, quitándome la tierra del pantalón —Sabía que tendría que haberle pedido a algún compañero que me acompañara…—

Llegado a ese punto, lamentarme no tendría sentido, decidí que haría esto solo y así sería, un buen Marine debe cumplir con su palabra después de todo. El plan para el caucho era sencillo, sabía que podía extraer goma de la savia de los árboles, pero ni conocía la flora de la zona, ni era un herbólogo capaz de identificar las plantas a simple vista, por lo que solo me quedaba rascar de árbol en árbol rezando porque alguno de ellos empezara a supurar el material que buscaba.

La técnica de corte era sencilla, una vez transformado en mi forma híbrida de tortuga, podía usar mis gruesas garras para cortar las resistentes cortezas de los árboles —Ñaca ñaca… Rasca rasca… ¡Muy bien! Esto también me servirá para encontrar el camino de vuelta— Estar en forma híbrida no sólo era útil para rascar los árboles, también me aportaba la seguridad que todo hombre cangrejo necesita para estar seguro ante el peligro.

Pasarón algunas horas y la suerte no parecía estar de mi lado, cientos eran los árboles que había cortado en busca de esa preciada goma y aún así, nada de nada. Pero fue entonces cuando vi algo que me heló la sangre, un oso gigantesco, debía medir no menos de diez metros, afilando sus garras sobre un aún más impresionante árbol, que supuraba una sustancia blanquecina. Sin dudas el plan más sensato sería esperar a que se fuese, pero mi primera reacción al ver semejante mole de carne no fue propicia —¡Vaya bicho!— Vociferé, haciendo gala de mi mal hábito de hablar cuando no era el momento.

El oso dejó sus quehaceres para mirame en cuanto oyó mi aterciopelada voz —Mierda…— Pensé, viendo que claramente estaba en problemas. El oso empezó a correr a cuatro patas hacia mi posición, sus intenciones eran claras, parece que me había metido en el lugar equivocado —¡Muy bien! ¡será por las malas!— Le advertí justo antes de lanzarme a por él rodando con mi caparazón. El oso apartó mi ataque de un simple zarpazo, provocando que me estampara contra un árbol —Bue…Bueno… Tampoco hay que… Que tomárselo así…— Dije en un infructuoso intento de controlar el mareo.

Antes de que me diese tiempo a recobrar la compostura, el violento animal me propinó otro zarpazo, esta vez en la cabeza, provocando que perdiese mi forma semi-animal y me diese de bruces contra el suelo. Con el oso a dos patas sobre mí, todo parecía indicar que sería mi final, pero entonces otro oso del mismo tamaño lo placó, comenzando una encarnizada batalla entre ambas bestias. Ante una situación tan ventajosa, no dudé en transformarme en mi forma completa de tortuga, escondiéndome en mi caparazón para esperar a que el peligro pasara.

Una vez todo pasó, pude recolectar la goma que se había acumulado por los continuos rasgones del oso en la corteza del árbol. Usé mi pinza con precisión quirúrgica para extraer el material en piezas del mayor tamaño posible.

Parte 3: Un poco de metal por aquí, un poquito por allá...


Una vez conseguí una buena cantidad de caucho, salí de la selva, soltando un suspiro de alivio —Aaahhh… Si es que los cangrejos pertenecemos a la playa…— Y, sin pararme ni un segundo, me dirigí a la parte de la playa donde vi que había restos de naufragio. El panorama fue el esperado, maderas por un lado y por otro, en un estado bastante deplorable, era difícil saber cuánto tiempo llevaban ahí.  Encontrar el metal fue simple, después de todo los guantes de Enji solo usaban unos fragmentos para protegerse mejor y dar golpes más duros, y vaya que mi compañero pegaba duro… Pervertido pero matón.

Parte 4: Forja improvisada


Esta parte fue bastante rudimentaria, antes de partir fabriqué un pequeño horno casero, con rocas apiladas y algo de tierra arcillosa. ¿Era perfecta? No, pero mis padres me enseñaron a no ser quisquilloso. Moldeé con dedicación la forma del caucho para que se adaptara a la forma de los guantes, consiguiendo que las roturas quedasen disimuladas después de coserlas a los mismos, no era sencillo coser teniendo una pinza como mano… Tras ello le quité las partes metálicas que estaban agrietadas, y las sustituí por las piezas que previamente había fundido en el horno de piedra. —Bueno… Un pedido menos— Dije satisfecho con el resultado obtenido. Habría sido un trabajo simple de no ser por la intromisión de cierto mamífero. Ahora tenía que volver a devolverle los guantes a mi compañero, me inflaba el pecho solo de pensar en su cara de satisfacción.

Cajita de tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
#2
✓
Reparación Completada
Objetos:
-Járngreipr

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