Hoy se desarrollará una aventura algo inusual. Kiyoshi y Varo Ganchin no se especializan en este tipo de actividad, pero cuando se deben resolver problemas, cualquier integrante de la tripulación debe estar dispuesto a meter los pies al barro para solucionarlo. Considerando la repentina enfermedad de Eros, la cual Kiyoshi se ha encargado de ir tratando, y que la persona por la cual trabajarán es Uker, quedan los dos tiradores como los encargados de sacar este grupo adelante. Sin embargo, se preguntarán cuál es el problema que apremia hoy a esta tripulación, pues Kiyoshi está a punto de explicarlo.
— Uker no es el mismo que conocí tiempo atrás. Es confiable, pero está… más apagado. A veces ni cocina, lo cual es un problema para todos. — Estos diálogos son dichos a su compañero mink, mientras ambos caminan por las calles de Mock Town. De más está decir que el médico se encuentra armado, sobre todo enseñando el rifle que lleva colgado en la espalda, debido a que se encuentran en una isla gobernada por piratas. Encontrar problemas está a la orden del día. — Si me preguntas, hay una clara diferencia entre ambas etapas de Uker. — Guarda silencio unos segundos, como si quisiese sumarle misterio a la conversación. — La presencia de una novia.
Sí, esa es la única diferencia palpable en cuanto a Uker. En aquel entonces, en la tripulación de los Olvidados había una mujer que mantenía una relación sentimental con el navegante. Por lo que Kiyoshi se ha encargado de averiguar en distintas charlas que ha tenido con él, todo pareció terminar en Little Garden, isla en la que decidió abordar el navío de los Sepultura. Desde el comienzo, Kiyoshi lo notó distinto, aunque igual de confiable. Por esto último es que no le dio mucha importancia, pero con el paso de las islas, esta sensación no ha disminuido, sino que todo lo contrario. Por lo mismo, y por su labor como médico del grupo, ha decidido resolverlo. La presencia de Varo es porque siempre se necesita la compañía de alguien fuerte cuando te metes dentro de la boca del lobo. Además, seamos sinceros, Kiyoshi no es el mayor experto en cuanto a mujeres se trata. Espera que el hurón sí sepa más al respecto.
— Debe haber alguna mujer en esta isla que cumpla con los estándares que coloque Uker. Conocí a la chica con la que estuvo antes, así que si veo a alguna parecida, deberíamos estar cerca de completar nuestro objetivo. — No es de extrañar la existencia de mujeres piratas, y en cada calle que visitan pueden verlas, cada una más intimidante que la otra. Algunas se ven más cercanas a algunos hombres, otras se muestran más solitarias. Como es normal, la diversidad abunda incluso en una isla donde se comparte la característica fundamental de dedicarte al rubro de la piratería.
Mientras avanzan, Kiyoshi aprovecha para conocer un poco más a Varo, sobre todo en este tema que seguramente nunca han tratado el uno con el otro. — ¿Qué tipo de mujeres te gustan, Varo? Eres igual de famoso que Uker, así que quizás compartan gustos en cuanto a personalidad. — ¿Cómo ha llegado a esta conclusión? Nunca lo sabremos. Podemos decir que es para el beneficio de la trama. — Solo puedo hacerme una idea de sus gustos físicos, pero la personalidad es muy importante. — Eso cualquiera lo sabe.
Para terminar con este comienzo de la historia, los pasos de Kiyoshi se detienen fuera de una cantina. Llama su atención el repentino ruido que proviene desde el interior, escuchándose madera romperse, choques e impactos de cuerpos con la infraestructura, gritos de hombres pidiendo clemencia, y una voz femenina que parece estar disfrutando del caos que reina ahí dentro. ¿Qué diablos está pasando? —¿Quieres una copa? ¿O prefieres buscar en un sitio más callado? Aunque… esta isla en particular no se caracteriza por ser tranquila. Dista mucho de Drum, por ejemplo.
Aún me estaba recobrando del susto que me había dado aquel estruendo de cristales rompiéndose, que precedió al vuelo de un taburete de taberna cruzando la calle. Aquella ciudad podría ser el sitio más ruidoso en el que había estado nunca, incluso mucho más que aquel antro de Samba en el que coincidí con DaSilva. Peleas de bar, peleas callejeras y peleas de ajustes de cuentas. Otras veces tan solo eran piratas demasiado ruidosos como para poder mantener una conversación en un tono de voz normal. En fin. Ruido, ruido y más ruido.
Caminé junto a Kiyoshi, atendiendo a sus preocupaciones acerca de nuestro cocinero. Para mí, Uker era alguien menos cercano que el resto. No por falta de confianza —navegar por estos mares y enfrentar poderosos enemigos unía bastante— sino más bien por ser el último de los que se habían unido a la tripulación. No era así para el doctor, pues Kiyoshi ya había navegado junto a él en el pasado. Bien es cierto que Uker parecía cocinar poco para ser cocinero, pero siempre tenía algún trozo de fruta fresca preparado para nosotros. Algo que era de agradecer, ya que en el mar no es fácil mantener una buena alimentación.
—¿A qué crees que se debe ese cambio? —pregunté sin mirar al doctor. Mis ojos saltaban de un rincón a otro en busca del siguiente objeto doméstico aprendiendo a volar.
Quedé sorprendido por la respuesta de mi compañero. Nunca hubiera imaginado que no tener pareja sentimental fuese el motivo de un cambio de actitud tan notable como el que destacaba Kiyoshi. ¿Acaso yo también cambiaría así si algún día tuviese novia? Esperaba que no fuese así. Sí que había algunos detalles de mi que me gustaría cambiar: podría ser menos cobarde, tal vez mejorar mis dotes comunicativas, incluso convertirme en alguien menos reservado... Había estado trabajando en ello durante meses y... ¿podría resolverse teniendo novia? Deseaba que pudiese haber un camino más fácil, pues en veintisiete años, nunca había encontrado pareja.
Sorteé un pirata borracho que yacía en el suelo y entonces comprendí por qué me había pedido Kiyoshi que lo acompañara aquella mañana. Estábamos en busca de una pareja para nuestro cocinero. Un sudor frío recorrió mi mente al pensar en mi poca experiencia con mujeres. Solo deseaba que Kiyoshi fuese más capaz que yo en ese área. Pensé lo complicado que sería para nosotros encontrar alguna fémina. Desde que los piratas del Cabaret se hundieron, no me había topado con muchas. Bien es cierto que en aquella ciudad, habíamos visto bastantes mujeres piratas. Mujeres rudas y corpulentas, otras finas pero letales. Sin duda encontraríamos alguien del gusto de Uker.
—Que cómo me gustan a mi? —respondí a la pregunta de Kiyoshi, más por ganar tiempo que por sorpresa. Pensé en las características que me serían atrayentes en una mujer. Me imaginé unas zarpas suaves, una mirada sincera, una figura voluptuosa... Antes de darme cuenta, mi mente volaba con la imagen de una mink gata recostada en mi regazo, ronroneando. —Ehm... Yo... —aflojé el cuello de mi camisa con un dedo, el sudor corriendo por mi frente—. Supongo que estaría bien una con buenas... maneras.
Me detuve junto a mi compañero. Un ruido reconocible salía de la puerta junto a nosotros. Sin duda, una trifulca había comenzado en aquella cantina. Así la correa de mi rifle con firmeza. Para asegurarme de que seguía allí, para asegurarme de que podría encañonar a enemigos sin mucha dificultad. Observé la fachada y supe que aquel era un lugar tan bueno como otro en aquella ciudad para encontrar alguien para Uker.
—¿Acaso es posible encontrar algo relajado en esta isla? Llevo días sin poder concentrarme en ninguna de mis lecturas —me encogí de hombros mirando a Kiyoshi. Agarré el ala de mi sombrero y asentí. —Después de ti, doctor. Tal vez tengamos suerte y podamos encontrar alguien para Uker. Aunque dudo mucho que podamos encontrar alguien inteligente en un lugar así.
Inteligente. Esa debía de haber sido mi respuesta. Eso era lo que de verdad me gustaba de alguien.
“Con unas buenas maneras”. Imposible que a Kiyoshi no le salte la duda con esa frase, pero la llegada a un lugar problemático impide que esa conversación se extienda al menos por ahora. Tras asentir con la cabeza a la instrucción de entrar primero, se acomoda bien los guantes blancos en las manos para tocar la puerta batiente y empujar, ingresando así al local. Lo primero que se ve es a una chica de cabello verde, amarrado en una coleta, y también gafas. Su vestimenta se conforma de una chaqueta morada pegada al cuerpo y una falda negra que llega a tres cuartos del muslo. Su mano diestra sostiene del cuello de la camisa a un pobre bribón, cuyas rodillas están el suelo. La fémina, en su mano zurda, porta lo que viene a ser un bastón de color oscuro, siendo este aparentemente su arma. Alrededor suyo se ven mesas y sillas rotas, también cuerpos de borrachos que ya fueron derrotados y que poco a poco buscan reincorporarse. Quedan algunos que no han sufrido golpiza, pero se mantienen unos metros alejados, hacia los costados de la cantina. Al fondo, detrás de la barra, se ubica el dueño del lugar. Parece tener unos 40 años, alto, no muy fornido. La expresión en su rostro es aun más seria que la de Kiyoshi, y solo se mantiene secando copas y vasos ya lavados. No parece impresionarle el pleito ni los destrozos que seguramente la afectarán económicamente.
— Vaya, esto es peor de lo que creí. — Palabras de Kiyoshi dichas en voz baja apenas entra y analiza la situación, pudiendo ser oídas únicamente por su compañero. Aunque podrían entrar en combate, lo mejor es evitarlo, y el médico sabe perfectamente qué hacer. Ya ha usado esta táctica con Uker antes, y Varo está a punto de ser utilizado de la misma manera. —Será mejor que se relajen, tontos. Cálmense.— ¿Pero por qué deberían obedecerle, si solo es un tipo desconocido que acaba de llegar? — El reconocido pirata “La Epidemia” está aquí conmigo. Si alguno quiere realmente enfrentar cara a cara la muerte, que dé un paso al frente. Por el contrario, apártense y retírense de este lugar.
Jaya es una isla donde abundan los piratas, y un tipo con la recompensa de Varo por supuesto que es reconocido, sobre todo si es anunciado con bombos y platillos. El rostro de todos se vuelve temeroso, escuchándose murmullos entre los que destacan:
“No… es un pirata de más de 200 millones. ¿Ya ha llegado hasta Jaya?”
“Diablos… esto es demasiado para mí…”
“Encima está esa muchacha que da mucho miedo…”
Este último no pasa inadvertido a los oídos de Kiyoshi, sobre todo porque eso es precisamente lo que están buscando, una mujer. Sin embargo, no debe ser él quien comience la charla, pues la mujer suelta al tipo que golpeaba hasta hace unos segundos y muy confianzuda camina en dirección a los dos tiradores. — ¿Así que ese de atrás es un pirata temido? — Rodea la figura de Kiyoshi para encontrarse con la de Varo, a solo un metro de distancia en diagonal derecha suya. Se mantiene con el torso inclinado hacia delante, como si mirase con mucha curiosidad al mink. — Solo parece un animal al cual sacarle la piel para confeccionar un abrigo. ¿No serán solo mentiras?
Por supuesto, a Kiyoshi ni le gusta para nada que miren en menos a los suyos, menos que sea dicho en voz alta. Como segundo al mando, permitir que insulten a su tripulación es algo que no puede dejar pasar. Por lo mismo, no tarda en desviar el rostro hacia ella y ponerla en su lugar. — ¿Quién diablos te crees que eres para hablarle así a Varo Ganchin? Y deja de mirarlo así, o de lo contrario te volaré la cabeza. ¿Lo entiendes, tonta? — Ella parece ignorarlo, ni siquiera volteando el cuello para mirarlo, menos muestra intención de dedicarle palabras. Solo se enfoca en el mink. — ¿De verdad eres tan fuerte o solo matas dando abrazos, peludito? — Enseña una sonrisa fanfarrona que acaba con la paciencia de Kiyoshi, quien rompe la distancia y estable contacto corporal posicionando la mano derecha en el hombro izquierdo ajeno, buscando empujarla y apartarla, pero, para su sorpresa, no la mueve ni un poco.
— ¿Acaso me obligará a dispararle? — Ojalá que no.
No me sorprendió ver a Kiyoshi ponerse unos guantes para empujar aquella puerta batiente antes de entrar a la cantina. Yo mismo, por irónico que parezca, pensé en el sin fin de enfermedades que podría contraer por tocar aquella madera mugrienta con las manos descubiertas. La fachada del local hacía justicia a la imagen que nos encontramos al entrar. La poca luz que se filtraba por los ahora traslúcidos cristales de las ventanas iluminaba las sillas que había volcadas por todas partes. Algunos restos de madera partidos acompañaban a más piratas tirados por los suelos. Sin embargo, la causa de la falta de verticalidad de estos no era el alcohol, al menos no en su totalidad. Una joven había causado todo aquel alboroto. Sostenía aún al último de sus contrincantes por el cuello mientras lo amenazaba con su bastón. El resto de ocupantes de la cantina se limitaba a ser meros espectadores en la distancia, algo que encajaba a la perfección con mis deseos. En mi mente, solo se posaba la idea de deslizarme hasta la barra en silencio y sin llamar la atención, para poder pedir alguna bebida a aquel tabernero larguirucho que observaba la escena con gesto serio mientras pasaba un paño por vasos y copas una y otra vez.
Levanté uno de mis pies para poner rumbo a la barra del bar, cuando mi cuerpo se contrajo. Fue al oír las palabras del doctor. No aquellas que solo me llegaron a mi y que resaltaron el desastre que nos habíamos encontrado, sino esas que resonaron como una amenaza a los presentes. Nuestra llegada a la isla me había quitado de encima el peso de esos malditos carteles de se busca, pues no había ni rastro de marines. No tener que ocultarme para transitar por aquellas calles me daba paz. Sin embargo, las palabras de Kiyoshi me convertían en un enemigo temible, alguien a quién cualquier persona sensata querría evitar. Pero en aquella isla, parecía escasear la sensatez.
—Dichoshi... —dije en voz baja.
Las reacciones de los presentes no se hicieron esperar. Unas reacciones que me hinchaban de orgullo, pues parecía que aquellos hombres si que me temían. ¿Sería que me había convertido en un poderoso guerrero sin haberme dado ni cuenta? Ya podía imaginarme libros escritos sobre mis hazañas: «el escape de la lagartija», «la lucha contra el gigante» y por qué no, «la conquista de Jaya». Sin embargo, mis ilusiones se desvanecieron con la velocidad del tren que surca los mares. Aquella temible joven se había acercado hasta nosotros. Muy cerca. Demasiado cerca.
Sus primeras palabras hicieron que me encogiese un par de centímetros. Yo solo quería dar una vuelta por la ciudad con mi amigo y tomar algún trago tranquilamente, pero la tranquilidad en esta isla no existía. Ahora me había convertido en el centro de atención para una mujer, sin duda agresiva. Kiyoshi, preguntaste que cómo me gustan las mujeres, ¿no? Justo lo opuesto a esta. Sin embargo, el temor se diluyó con sus siguientes palabras.
—¿A quién llamas animal, bruta? —dije entre dientes, apenas perceptible.
No quería llamar la atención. Mucho menos buscarnos problemas, más aún cuando nuestro capitán estaba fuera de combate. Sin embargo, aquello era algo superior a mis fuerzas. Habían sido demasiados años siendo tratado como poco menos que una bestia por la familia Reena y me había prometido no dejar que volviera a pasar. Apreté mi puño y miré a la mujer, justo antes de que Kiyoshi saliera en mi defensa. Sus palabras me hicieron ver que no estaba solo, y el hecho de que llegase a tocar a aquella mujer para frenar su acercamiento me demostró hasta dónde estaba dispuesto a llegar por mi.
—Nu.. nunca te daría un abrazo —dije trastabillado, inclinando mi cuerpo hacia atrás para alejarme de ella—. Mi amigo también es fuerte. Todos los piratas de la Sepultura lo somos. No vinimos buscando problemas, tan solo queremos un trago.
Entonces recordé lo que habíamos venido a hacer. No la bebida, aquello solo había sido una excusa para tratar algo más importante. La idea de Kiyoshi era encontrar una novia para Uker. Di un par de pasos hacia atrás para observar mejor a la joven. ¿Acaso podría ser alguien así?
—Oye, Kiyoshi. ¿Crees que alguien como ella pudiera ser...? Ya sabes —dije con el dorso de mi mano tapando el lateral de mi hocico, como si pretendiese que el sonido no llegase nada más que a mi compañero—. No conozco los gustos de Uker, pero si se parecen en algo a los míos...
Acabé mi frase con un marcado gesto de duda. Pensé acerca que cómo se vería Uker teniendo pareja. Quizá cocinaría más a menudo, cantando feliz. Tal vez, pasearían de la mano por la cubierta del Black Widow observando el atardecer... ¡Un momento! ¿Acaso si esa mujer y Uker eran pareja comenzaría a navegar con nosotros? No sabía mucho acerca de relaciones. Tan solo conocía la de la señorita Gwen y su marido, el señor GwenOwengonUkerOwen. Ellos se habían prometido mientras navegaban en barcos distintos, pero más tarde habían acabado en el mismo barco.
—Ah no, Kiyoshi, ella no. No quiero que acabe navegando con nosotros. No, no y no.
Aquella imagen me atemorizaba, pero, ¿qué no lo hacía?
A Varo no le gustó que le dijeran animal, por lo que Kiyoshi se nota más molesto. Ahora no es solo una mano que busca empujarla y apartarla, sino que directamente se traslada hasta su espalda, buscando tomar el rifle que ahí carga. Sin embargo, la chica demuestra ser veloz y diestra con su bastón, moviéndolo hasta que la punta roce el mentón de Kiyoshi amenazando con golpearlo. — Ni siquiera lo intentes, grandote. Mueve un poco más ese brazo y te daré una paliza. Estoy tranquilamente hablando con mi amigo el peludito. — Es demasiado confianzuda, le molesta. Sin embargo, Kiyoshi no teme al golpe, y está a punto de tomar su rifle de todas formas. Es el comentario de Varo lo que le saca de esa onda agresiva y le permite recordar por qué están aquí.
— Eres un genio, Varo. Lo estaba olvidando. — Como si nada pasara, la mano se aleja del arma y vuelve a los costados. La chica no entiende del todo, pero también aparta su arma, entendiendo que ya no habrá intercambio de golpes. — ¿Qué tanto te susurra el abrazable peludito? No me gustan los secretos. — Y antes de que el médico pudiese explicar lo que sucede, las últimas palabras del mink dejan con cara extrañada a la muchacha. ¿Cómo que navegar con ellos? Incluso Kiyoshi tarda unos cuantos segundos en entender el comentario. De hecho, jamás pensó en esa posibilidad cuando sugirió buscarle una novia a Uker, pero tiene todo el sentido del mundo. Hacer esto para que sea el cocinero quien decida dejar el barco y quedarse acá no tiene sentido. Lo que desean es que su compañero se sienta más cómodo para que así también mejore su eficiencia en el trabajo.
—¿De qué están hablando? Si bien no cuento con una tripulación, jamás me iría con los primeros que me invitasen. Aunque… — Y nuevamente se acerca de más al mink, esta vez evadiendo del todo a Kiyoshi e inclinando su torso hacia adelante para así, estirar únicamente el cuello hacia adelante, permitiendo que su rostro quede a escasos centímetros del de Varo. Sonríe, como si algo dentro de su cabeza le hiciese estar feliz. — Si me dejas hacerme un calentito abrigo con tu piel, me lo pensaría seriamente. — Kiyoshi suspira y se lleva la diestra a la cabeza, acariciándose un momento. De verdad le estresan estas cosas. Le gustan las personas no tan expresivas, pues terminan incomodando tarde o temprano aquellas que no saben cerrar la boca ni mantener las distancias. — Que dejes a Varo Ganchin en paz. Si se enoja en serio y te da tu merecido, no intercederé para que perdone tu vida.
Ya queriendo tener una conversación normal, avanza más dentro del local. Como ya dijimos antes, muchas mesas y sillas están rotas, mientras que otras están tiradas siendo usadas como escudos por tipos que no quieren seguir siendo apalizados por la señorita. Afortunadamente, una mesa y dos sillas siguen en pie. A esa se dirige Kiyoshi, sacando de entre su ropa, primero que nada, un espray desinfectante y un paño limpio, usando estos artículos para limpiar ambos objetos que usará. Luego, se sienta tranquilamente y aparta el rifle de su espalda, dejándolo de pie en el piso y afirmado en la madera.
— Físicamente es muy parecida a la anterior, Varo. Podría servir. — Ella sigue sin entender, pero ya se aparta del mink, dándole unos metros de distancia para que se relaje, centrando su atención ahora en el tipo sentado. — Ya hablen. Les daré una paliza solo por creerse el Rey Misterio. — Kiyoshi apoya los codos en la mesa y entrelaza los dedos de ambas manos. — Queremos que seas novia de nuestro compañero Uker Rackham. ¿Qué te parece?
¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?
Esa fue la reacción de todo el mundo dentro de la cantina, la chica incluida. Nadie esperó que Kiyoshi saliese con eso. Además, aquel nombre también le es conocido a los piratas. El pelinegro no tiene a donnadies como compañeros. Eso es positivo. —¿Tú… estás loco? ¿Y por qué no novia del peludito?
La situación se había vuelto tensa. Kiyoshi llevaba su mano al rifle y la joven de pelo verde amenazaba al doctor. Ninguno de los presentes se atrevía a realizar ningún gesto. Tanto es así, que pareciese que no eran capaces ni de respirar, no fuese a ser que aquello hiciese estallar el enfrentamiento ante ellos. Los movimientos de la chica eran veloces y se mostraba confiada. ¿Acaso sería capaz de derrotar a Kiyoshi o tan solo era una insensata? El doctor era un pistolero muy capaz, el mejor que había visto, y aún así esa mujer se encaraba con él como si no fuese rival para ella.
Genio. Las palabras de Kiyoshi resonaron en mi mente como música festiva. No solo era uno de los pocos halagos que me había hecho mi amigo, sino que era el que más podía valorar viniendo de él. Y no solo tuvieron efecto sobre mi, pues sin que supiese bien cómo, la tensión del ambiente se diluyó. Al menos, para el resto. Yo no tuve tanta suerte, pues la joven se acercó a mi, inclinó su cuerpo en mi dirección y aproximó su rostro al mío. Mucho. Demasiado. Una distancia tan corta que incomodaría a cualquiera. Al menos a cualquiera celoso de su espacio vital. ¿Qué decía aquella bruta? ¿Navegar con nosotros a cambio de un abrigo de piel? No supe bien si se trataba de algún tipo de amenaza a proposición, solo sentí que un pequeño escalofrío recorrió mi espalda al poder notar la respiración de la mujer.
—Disculpe, se... ¿señorita? —dije mientras me separaba de ella con mis nudillos empujando en su hombro—.Si estamos tan cerca, alguien se podría enfermar.
Al fin la situación pareció relajarse por completo cuando Kiyoshi se dirigió hacia la única mesa que había evitado la anterior contienda. Desinfectó el espacio, cosa que agradecí en silencio, y se sentó. La mujer al fin se apartó de mi, lo cual me permitió hacer un gesto hacia el cantinero para que nos trajese algo de beber. Un simple cruce de miradas y un asentimiento bastaron para hacer el pedido. Ya había perdido la esperanza de encontrar algún cóctel afrutado o tan siquiera un vino que no estuviera picado. Por aquel entonces, me conformaba con que nos sirviesen algo que no nos hiciera perder la vista o que al menos no hubiese sido destilado en una bañera en la trastienda.
Me dirigí hacia la mesa. Me quedé de pie junto a la mesa, pues solo había dos sillas y uno nunca puede olvidar los buenos modales. Eso y que no acababa de fiarme de aquella mujer. Mejor mantenerme en pie por si había que echar a correr. Recorrí la imagen de la joven de arriba a abajo mientras el doctor aseguraba que se parecía a la anterior novia de Uker. ¿De verdad aquella era el tipo de mujer que le gustaba al cocinero? Una nueva amenaza por parte de la mujer no se hizo esperar, aunque esta vez pude entrever que no se trataba de una hostilidad real, sino parte de su personalidad. Justo el tipo de persona que quería a bordo de nuestro barco...
La reacción de los presentes ante la propuesta de Kiyoshi fue unánime. Yo entendía bien esa sorpresa, pues hace unos meses nunca hubiera imaginado que algún temible pirata de los que encabezan las listas de los más buscados tuviera tiempo para historias de amor. La joven respondió de la misma manera, pero su pregunta me perturbó aún más.
— Eeemm... Yo... Novia?? No, no, no —mis palmas hacia delante—. Además. Yo? —me señalé encogiendo los hombros—. Con alguien con tanto...? —giré mi mano derecha repetidas veces— y con tan poco...? —giré la otra mano.
El tabernero llegó portando una botella y tres pequeños vasos llenos todos con un líquido ambarino de aspecto algo turbio, algo que en otra ocasión me hubiese echado para atrás, pero en aquel momento, y con la fama del alcohol para diluir los nervios, no me importó lo más mínimo. Cogí uno de los vasos y apuré el liquido de un solo trago. No era suficiente. Agarré el segundo vaso y lancé aquel supuesto ron añejo a mi garganta. Fue una mala idea, pues en ese momento comencé a sentir el ardor del primer trago bajando por mi interior. Una sacudida se apoderó de mi.
—Lo que quiero decir —carraspeé— es que nuestro Uker es mucho mejor partido que yo. Es más atractivo, un hombre temible como... tú —no me atreví a concluir la frase—, y más alto. A las mujeres os gustan los hombres altos, ¿no es así? —El sudor bajaba por mi frente como si de un río bravo se tratase—. Además, yo...
¿Alguna vez me había imaginado teniendo pareja? Mi vida se había dado de una manera en la que pensar más allá de la inmediatez no era más que fantasear. Nunca había desperdiciado mi tiempo pensando en compartir mi vida con alguien, en tener proyectos de futuro, ni siquiera en imaginar historias de amor como las que en ocasiones, aparecían en mis lecturas. Nada de tiempo para imaginar pequeños cachorros mink correteando a mi alrededor. ¡Eso era!
—...yo no podría. ¿Qué pensarían en la tribu mink si apareciese por allí con una camada de cachorros sin pelaje? —comencé a abanicarme utilizando mi sombrero—. Seguro que más de uno pensaría que son comida. Disculpe, bru... señorita. No puede ser.
Rellené de nuevo los tres vasos, como si pensase que Kiyoshi fuese a estar dispuesto a beber de un vaso que no hubiera desinfectado antes.
—Bueno, entonces... ¿qué es lo siguiente, Kiyoshi? ¿Deberíamos organizarles una cena? Yo no tengo mucha... —me detuve, me acerqué a Kiyoshi y volví a aproximar el reverso de mi mano a mi hocico para susurrar— Yo no tengo mucha experiencia con mujeres.
No apreciaba a aquella mujer, pero si a Uker. Si ella podía resolver sus problemas, fueran cuales fueran, yo debía ayudarle.
Varo luce nervioso, Kiyoshi finge no darse cuenta. El mink no lo sabe, pero su presencia es lo que causa que todos los metiches presentes a los costados de la sala no se arriesguen a acercarse e incomodar el momento. Además, el tema de conversación es interesante, por no decir curioso, si analizamos que se encuentran en una taberna de una isla llena de piratas. ¿Amor? ¿Parejas? ¿Citas? Dicen que incluso entre aquellos sin sentimientos, el poder expresar algo más odio viene bien para descontracturar. Lo que sí, la muchacha no se siente a gusto por el desprecio que le hace Varo, así que aprovechando que este se ha ubicado cerca de la mesa, estira su bastón cuya punta se queda a escasos centímetros del mentón ajeno, amenazando con golpearlo. — Será mejor que lo que intentas decir no sea lo que pienso, peludito. Que sepas que jamás permitiría que un hombre me critique. — Como ya se vio antes, a Kiyoshi no le gusta que amenacen a su compañero, menos de esa forma tan violenta, pero, por ahora, lo dejará pasar. Lo importante es seguir con la charla.
— No seas tonta, jamás serías digna de estar con Varo Ganchin. Hemos venido a buscar a una mujer capaz de devolverle la motivación a nuestro cocinero. Ya he revelado el nombre, y aquí todos están al tanto del mundo de la piratería, así que tú tampoco deberías ignorar su identidad. — Tal como piensa el mink, Kiyoshi ni siquiera ha volteado la mirada para ver el licor que se le ha servido. Jamás bebería en un lugar sin clase como este, al menos no sin haberse cerciorado de que todas las botellas están perfectamente cuidadas, cumpliendo todas las normas sanitarias que se nos puedan ocurrir. Lo que sí hace es estirar la mano y apuntar a uno de los vasitos que no ha sido ocupado, por lo que sigue lleno, ofreciéndoselo a la chica. — ¿Podrías decirnos tu tonto nombre? — Ella inmediatamente pone mala cara. — ¿Es que acaso tienes una enfermedad con esa palabra? Y soy Zaki. — Como siempre ocurre cuando alguien cuestiona al respecto, Kiyoshi simplemente ignora. No porque quiera, sino porque él jamás se percata de que repite como loro el famoso “tonto”. Le sale natural. Le toca acostumbrarse a todos.
Aun así, la chica toma el vaso y lo bebe de un trago, tal cual lo estaba haciendo Varo. ¿Será que sin decirlo han comenzado a competir?
— No sería una mala oportunidad poder conocerlo. Aunque… — Kiyoshi parece que lee la mente, pues se adelanta y responde antes de que ella termine su diálogo. — Descuida, lo que dice Varo es solo una idea. No habrá una cena romántica ni nada así. De hecho, si ese fuera tu estilo, te descartaría inmediatamente. — Si algo recuerda bien de la anterior pareja de Uker era esa agresividad y fiereza que la caracterizaba. Si en el ámbito más privado e íntimo su personalidad cambiaba, ahí Kiyoshi no tiene ni la menor idea. Sabe lo que vio. Ni más ni menos.
— Si tienes una sugerencia, todo puede ser conversable. Yo mismo me encargaré de costear lo que sea necesario. — Ella lo piensa un momento. Por supuesto que no tiene intenciones de empezar un noviazgo con un desconocido por muy conocido que fuera en el mundo pirata de la Gran Línea, pero poder acercarse a un barco que ha ido ganando renombre rápidamente puede ser una oportunidad predilecta para robar un buen botín. Después de todo, así es como ella se gana la vida, con su fuerza y viveza. Vive como pirata, pero no tiene tripulación, solo su fuerza y cabeza.
Sin embargo, no se dejará vencer rápidamente por el elocuente Kiyoshi. No ignora el hecho de que Varo beba sin remordimientos, y creyendo que el alcohol puede hacerlo estar menos despierto o espabilado, aprovecha su propia velocidad para acercarse a él y tomarlo del cuello. No busca ahorcarlo, sino simplemente abrazarlo y frotar mejilla con mejilla, disfrutando del suave pelaje que posee el mink. Parece que lo ve como una víctima más sencilla para enamorar y acercarse a un barco donde pude haber dinero para su bolsa. — Lo siento, pero ese tipo no está aquí para conquistarme, pero este peludito sí. ¿Verdad, peludito? De seguro nosotros dos nos podríamos llevar muy bien si nos diéramos la oportunidad. — Kiyoshi suelta un profundo suspiro y se lleva la mano diestra a la cabeza. Le molesta este tipo de persona, quizás no fue buena idea venir a buscarle una nueva novia a Uker. ¿Acaso ya piensa en rendirse?
Si nos centramos en la divertida Zaki, esta se acerca al oído de Varo para susurrarle algo que nadie más alcanza a escuchar. — Pues yo no tendría problema con darles esos cachorritos sin pelaje a tu familia. Total, lo importante es que nosotros dos estemos juntos. — ¿Cómo reaccionará Varo Ganchin ante una propuesta tan intensa? Parece estarle costando mantener la charla con la chica, y esta solo se preocupa de que cada vez sus palabras sean más cercanas.
En cuanto al resto de espectadores, todos siguen atentos a la escena, aunque muchos buscan sobarse las zonas del cuerpo en donde fueron golpeados. Los más cercanos a la puerta de salida se arrastran con tal de aprovechar la oportunidad de huir. ¿Irán a por ayuda? ¿No? Lo veremos más adelante.
Mis nervios pasaban desapercibidos. Al menos, así lo veía yo. Siempre había sido una persona honesta, pero haber pasado tanto tiempo en las sombras de seguro me había ayudado a aprender a ocultarme. Tal vez, eso pasaba también con mis emociones sin haberme dado ni cuenta. No ocurría así con las de aquella mujer de pelo verde. Su agresividad era algo que no se podía pasar por alto. Menos aún cuando su bastón no paraba de amenazarnos, volando de un lado a otro a gran velocidad para posarse apenas rozando mi mentón. Sin duda, aquellos serían los tragos más difíciles de mi vida. Aunque, a decir verdad, las veces que había bebido se podían contar con los dedos de una mano. En concreto, la de un trabajador de un aserradero con poca concentración.
Kiyoshi parecía no querer rebajar el tono en su discurso, como si por relajarse nos fuese a hacer parecer débiles. Yo podía sentir nuestra fuerza, más aún después de beberme aquellos dos vasos de lo que fuera que contenía la botella. Sin embargo, él no dejaba de parecer irritante ante la mujer con su costumbre de llamar tonto a todo. Aunque creo que eso era parte de su encanto. Sobre todo cuando no lo dirigía hacía mi.
La conversación se fue tranquilizando. Aquella chica, Zaki, cogió otro de los vasos y lo bebió de un trago. Así como si pretendiera demostrar algo. ¿Acaso pensaba que podría ganar a los sepultura en algo? No si yo estaba por allí. Tomé otro vaso lleno y apuré su contenido de un trago, sin respirar, pues no quería que ese horrendo sabor impregnase mi lengua. Este mundo de piratas parece no dar descanso a nadie. Nunca. Ni siquiera cuando bebes. Siempre tienes que demostrar ser más fuerte que los demás. Siempre estar atento. No perder de vista a tus enemigos.
Cuando me quise dar cuenta, Zaki estaba colgada de mi cuello. No se qué extraña técnica utilizó conmigo. Quizá era poseedora de alguna akuma no mi de la cuál no había leído. Lo único que se a ciencia cierta es que, tan pronto comenzó a frotar su mejilla con la mía, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Introduje mis manos por dentro de su presa, empujando con fuerza para intentar apartarla de mi, pero su ataque era demasiado poderoso. No solo era el contacto de cara contra la mía, sino también las palabras que decía. Todo ello me hacía sentir enfermo, asqueado, como si la imagen que intentaba proyectar en mi mente me hiciera sentir nauseabundo. El sentir de su aliento en mi oído hizo estremecerse todos los músculos de mi espalda. ¿Cómo iba a desear tener descendencia con aquella bruta?
—¡Noooo! —grité como pude.
En ocasiones, el alcohol da un punto de lucidez, un pensamiento fugaz pero brillante. O al menos, la embriaguez te hace pensar que así lo sea. Dejé de intentar separar sus brazos ceñidos sobre mi como las paredes de una cueva a punto de derrumbarse. Y entonces lo entendí. Yo era una alimaña hecha para escabullirse por estrechos pasadizos, por pequeñas cavidades en la pared. En definitiva, hecho para escapar. Empujé con mis manos sus brazos, de tal forma que mi cuerpo se lanzase hacia el suelo. Mi cabeza pasó, no sin dificultades, entre sus musculosos brazos y, tan pronto como mis pies tocaron el suelo rodé hacia atrás. Fue aquí cuando me percaté de que mi mente tal vez se había visto nublada por el alcohol y que aquella idea no había sido tan brillante. Mi cuerpo pasó por encima de los trozos a medio romper de algunas sillas, lo cual me dejó magullada la espalda. Pero eso no fue lo peor, no. Mi giro acabó con mi cabeza golpeando el tablero de una mesa a la que le faltaban un par de patas. La falta de amortiguación del golpe me hizo darme cuenta de lo peor; en mi movimiento había perdido el sombrero. Era lo único que conservaba de mi aquella bruta.
—No, no y no. Nada de estar juntos —dije palpando mi cabeza como si la sintiera desnuda—. Y ni hablar de familia. No, nada de eso —me levanté despacio, una mano frotando mis riñones—. Y menos aún nada de cachorritos. No podría. Ni siquiera se como... Quiero decir, sí lo se. Es solo que...
Me detuve, avergonzado. Sentía el rubor crecer en mis mejillas y solo deseé que mi pelaje fuera lo bastante espeso como para que los demás no pudieran percatarse. Hice el gesto como si quisiera coger el sombrero de mi cabeza y comenzar a abanicarme, sin éxito, pues aún no había recuperado mi preciado complemento.
—Disculpa, Zaki. ¿Podrías devolverme mi sombrero? —dije de la manera más gentil que pude hacia aquella mujer, mientras giraba mi rostro hacia mi compañero—. Kiyoshi, ¿no crees que si es la novia de Uker y se comporta así conmigo, sería un poco incómodo?
Terminé de enderezarme con un tambaleo. El golpe en la cabeza me hacía sentir aturdido. ¿O tal vez sería el alcohol? Como sea, solo podía preguntarme quién querría tener alguien así de pareja.
04-05-2026, 02:17 AM (Última modificación: 08-05-2026, 09:50 PM por Kiyoshi Maeda.
Razón: Olvidé restar la energía.
)
Un ligero suspiro es lo que escapa de su boca. ¿Tan complejo sería encontrarle una pareja a Uker? Quizás está apuntando demasiado alto, o demasiado abajo, sin dar con la respuesta a esta interrogante. ¿Estarán haciendo más de lo que deberían? No, para Kiyoshi, cuando se trata de sus compañeros, nunca es suficiente, menos ahora que cuentan con la ausencia de su capitán por enfermedad. Estando él a cargo, darles las mejores condiciones posibles a sus compañeros es parte de una responsabilidad de la que no puede huir. Sin embargo, ¿es esta chica la indicada? Si la analiza físicamente, mirándola de pies a cabeza, parece serlo. Pero un hombre adulto como él sabe que eso no es lo único importante al momento de tomar una decisión de esta índole. — Ya es suficiente. — Pide tranquilamente que suelte a Varo, mas ella no obedece. Aun así, el Mink se las arregla para hacerse con su libertad, aunque se lleva uno que otro golpe entre medio. El sombrero que cae, reside justamente sobre la mesa, a un costado de los vasos que han usado para beber, excepto Kiyoshi, quien no ha probado una sola gota. Sin que se lo pidan, y antes de que lo haga la muchacha, lo toma y lo sacude un poco, ayudándose con la otra mano. Cabe aclarar que ambas están enguantadas.
— No hemos venido por una novia para Varo Ganchin. Él siempre hace bien su trabajo, así que no debo preocuparme en demasía por él. Es Uker quien está en el tonto ojo del huracán. — Zaki no parece querer darle relevancia a sus palabras, pues sigue enfrascada en mirar a Varo y acercársele con intenciones aparentemente reproductivas, pues a Kiyoshi no se le ocurre que puede ser un plan maestro por parte de la mujer para así infiltrarse en su barco y robarles los supuestos tesoros que deberían poseer, pero que, lamentablemente, no tienen. Así que todo lo que hace la chica es al pedo, básicamente. Aun así, no se le permitirá que consiga éxito.
En lo que ella avanza lentamente con esa sonrisa fanfarrona en el rostro, queriendo acosar a Varo, Kiyoshi se pone de pie y, en un movimiento atípico, se coloca el sombrero de su compañero en la cabeza. ¿Será que este aditamento sea el secreto de sus tenebrosos poderes? No siente diferencia alguna, pero juzgando las expresiones de los presentes, intuye que le ha sumado bastantes puntos de aura.
Aprovechando que ella se encuentra dándole la espalda, sin prestarle atención, Kiyoshi primero levanta su rifle y, acto seguido, le coloca una munición básica. No quiere lucirse ni provocar un desastre en esta humilde cantina. —Detente de una tonta vez. En un principio me causó un poco de gracia, pero acosar a mi compañero es algo que no pienso tolerar.— No vaya a ser que “La Epidemia” se enfade y haga algo en su contra por ponerlo en esta situación, así que lo más rentable es ponerse manos a la obra y resolver este problemilla que ha surgido. Sin ningún tipo de consideración, apunta hacia el centro de la espalda de Zaki y jala el gatillo. Una bala rodeada con una de sus burbujas sale a gran velocidad, impactante en su piel, provocando no solo una marca en su piel, sino también un sangrado. Sin embargo, esto no es lo único. La potencia de su ofensiva es tal, que la misma impulsa el cuerpo ajeno de manera violenta, pasando por el costado de Varo, atravesando la barra y chocando con el cuerpo del bartender, deteniéndose ambos con un choque en la pared, el cual rompe vasos, copas y botellas que estallan, cayendo todo. Para no haber querido provocar un caos, parece que el tiro le ha salido por la culata. Kiyoshi sigue sin calcular la fuerza en sus disparos.
Al unísono, todos gritan, incluso aquellos que se encontraban al exterior del lugar y, debido al ruido, se han acercado para ver. Algunos se quejan por todo el licor tirado y desperdiciado, mientras que otros se muestran entusiasmados ante la muestra de poder que acaba de hacer Kiyoshi. Este, tras mantener el rifle sujeto solo con la diestra, se rasca la frente con los dedos de la zurda. — Vaya, parece que he sido un tonto. — Este ataque no basta para dejar fuera de combate a la peliverde, pues lentamente intenta apartarse del cantinero que amortiguó su impacto y busca levantarse. — M-maldito… Te voy a dar una paliza que… no olvidarás… jamás… ¡Chicos, vengan!— Parece que pide refuerzos hacia las afueras. ¿Así que sí tiene compinches? Esta es toda una sorpresa. Kiyoshi se quita el sombrero y lo arroja a Varo, seguido de unas palabras. — Será mejor que corramos, Tontoro.— Tose dos veces, no compartiendo gérmenes debido a la mascarilla que porta.
Tomando solo su rifle, se dispone a salir de la cantina y correr, esperando que Varo, normalmente mucho más rápido que él, lo alcance en cuestión de segundos. Quienes también lo alcanzan son los refuerzos llamados que ya comienzan a corretearlo por las calles de Jaya. Más atrás, Zaki también se ve armada con su Bo, siguiéndolos para darles una paliza. —¿Crees que me excedí, Varo? Solo fue un tiro. Aunque parece que no nos dejarán irnos así como así.
OFF ROL
Daño: 55 + 0.9PRE + 10 + 3.3PRE = 1199
Akuma no mi
Awa Awa No Mi
Paramecia
2
Otorga a su usuario la capacidad de generar burbujas de jabón desde su cuerpo, convirtiéndolo así en un hombre jabón.
Especificaciones
La Awa Awa no mi otorga al usuario la capacidad de generar burbujas de jabón a través de tu cuerpo. Conforme tu control sobre la fruta del diablo se incrementa, estas burbujas se vuelven más densas, actuando de manera más potente sobre los rivales. Esta fruta se comienza a dominar al alcanzar 40 Puntos de Control de Akuma,, al llegar a este punto, el usuario podrá crear burbujas a través de ambas manos, después de estar durante un turno completo frotándolas entre sí. En este punto, emitirlas tendrá un gasto de 10 de energía por turno mantenidas y, de entrar en contacto con alguien ajeno al usuario, drenarán 15 de energía por turno.
Al llegar a tener 160 Puntos de Control de Akuma, el usuario pasará a poder generar las burbujas a través de cualquiera de sus dos manos, sin necesidad de estar un turno entero frotándolas. En este punto, crear las burbujas tendrá un gasto de 20 de energía por turno mantenidas y, de entrar en contacto con alguien ajeno al usuario, drenarán 30 de energía por turno.
Al alcanzar los 220 Puntos de Control de Akuma, el usuario pasará a poder generar las burbujas a través de cualquiera parte de su cuerpo de manera inmediata. En este punto, crear las burbujas tendrá un gasto de 30 de energía por turno mantenidas y, de entrar en contacto con alguien ajeno al usuario, drenarán 45 de energía por turno.
Las burbujas podrán emitirse y alejarse del usuario hasta un 1 metro de distancia por cada 10 puntos de Control de Akuma. Las burbujas se desplazarán a una velocidad igual al 55% del Control de Akuma del usuario.
Control de Akuma:
• 40 CA: Uso básico. El usuario podrá generar burbujas desde las manos tras pasar un turno entero frotándolas.
• 160 CA: Duplica la cantidad base de energía drenada y gastada. El usuario podrá generar burbujas desde las manos.
• 220 CA: Triplica la cantidad base de energía drenada y gastada. El usuario podrá generar burbujas desde cualquier parte de su cuerpo.
Ventajas:
• Las burbujas pueden afectar a varios objetivos a la vez, asumiendo, de esta manera, el gasto de energía que cuesta mantener las burbujas por cada afectado.
• Las burbujas explotarán si se les infringe una cantidad de daño del triple de lo que costó su creación en energía.
Debilidades:
• Las habituales en las Akuma no mi.
• El contacto con el agua y cualquier sustancia líquida hace desaparecer las burbujas.
• Fuertes corrientes de viento generadas por un dial, estilo elemental o fruta hacen desprender con facilidad las burbujas adheridas al objetivo.
Código: awa
Técnica utilizada
Dream Bubble
Propio
6
Información
Requisitos: Armas de Fuego 3 | 170 Precisión | 150 Control de Akuma
Daño: Arma + 3,3xPrecisión
Coste: 414 de Energía
Efecto:
Aumenta la precisión 20 puntos durante el ataque. El impacto suma 19 metros al empuje
Enfriamiento:
Tres Turnos.
Kiyoshi utiliza una de sus armas para disparar una bala rodeada, condensada y potenciada con una de sus burbujas, la cual explota al momento de impactar y se expande y empuja al objetivo.
Código: dreambubble001
- Regenero 20 de energía por ser nivel 20, por lo que el gasto este turno es 394 únicamente.
Inventario utilizado
Canon 3DI
Creaciones propias
4
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 7 DES / 15 PRE
Resistencia: 2000
Daño: 55
Escalado: 0,9 PRE
Alcance: 40
Unidades de peso: 2
Berries: 9999999
Descripción: Se trata de un fusil de francotirador de recarga manual. Posee un color negro, se trata de un arma de 6 kilos de peso, una longitud de 1.180 mm y su cañón de 660 mm. La culata, el cerrojo, el retén del cargador y el guardamonte son lo suficientemente grandes como para que incluso con guantes gruesos, pueda utilizarse.
canon3di001
Munición
Munición
1
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: 10
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 3000
Descripción: Pack de 30 balas. Este tipo de munición estándar es comúnmente utilizada en diversas armas a distancia. Aunque no posee características especiales, es confiable y ampliamente disponible. Cada una provoca 10 de daño.
Guiñé uno de mis ojos. No con una intención pícara ni mucho menos. Más bien en un gesto apretado. Parecía ser la única manera de enfocar bien la estancia tras mi última jugada maestra. La nuca me palpitaba aún por el golpe y los vapores del alcohol trepaban por mi garganta con la intención de huir de mi estómago. La idea de haberme visto envuelto en una trifulca de taberna había acelerado mi pulso. Aunque esta vez, no era solo por temor.
En mi vida, nunca había sido el protagonista de estas escenas. Yo siempre había sido el tipo que permanecía en la esquina, oculto tras una cortina de sombras que me permitía pasar desapercibido. Solo era un espectador. Ahora, sin embargo, me había subido al escenario. No por iniciativa propia, sino por la invitación que suponía que mi cara estuviera en todos esos carteles de Wanted, e incrementado por la enorme cantidad de berries que lo acompañaba. Sea como fuere, la situación en aquella mañana no me desagradaba del todo. ¿Quién no estaría emocionado por verse envuelto en su primera pelea de bar? Al menos cualquier pirata que se preciase debía de estarlo.
Kiyoshi intentó redirigir la atención de la mujer hacia lo que había sido nuestra misión. Sin embargo, Zaki no parecía interesada para nada en nuestro cocinero, por mucho que fuese el más buscado de nuestra tripulación. ¿Acaso no es eso algo que resulte atractivo? Solo esperaba que no fuera así, pues el siguiente en cuestión de recompensa era yo, y no quería atraer a ese tipo de personas hacia mi. La mujer continuó caminando con la mirada fija en mi. Aún con mi falta de experiencia, podía ver la lascivia en su gesto. Mis piernas dieron un par de sacudidas, como si se estuvieran preparando para salir corriendo. Pese a ello mi cuerpo no reaccionaba. Algo en el fondo de mi sabía que no podía mostrar debilidad. Eso pondría una diana en la espalda de nuestra tripulación, y ahora que el capitán estaba enfermo...
Antes de poder si quiera plantearme hablar, lo hizo Kiyoshi, y como si de un magnífico punto final se tratase, un estallido puso el cierre a sus palabras. La enorme sombra que se cernía sobre mi desde el cuerpo de Zaki —y posiblemente incrementada por mis temores— se redujo en un instante. El mismo tiempo que tardó la chica en salir volando en dirección al cantinero. Un nuevo estallido, esta vez no tan metálico, sino de madera y vidrio. Un coro de gritos acompañaba a la escena. Incluso los que no se habían atrevido a entrar al bar, reaccionaron desde la distancia. Giré mi cabeza, mi mirada de nuevo al frente, para descubrir la figura de Kiyoshi. Llevaba ahora mi sombrero y sujetaba su rifle hacia en frente con una sola mano. Si alguna de mis novelas de vaqueros hubiese tenido ilustraciones, sin duda deberían haber cogido aquella imagen como modelo. El doctor se veía como un pistolero lleno de carisma, aunque pensándolo bien, eso es lo que era.
La bruta no tardó en levantarse y eso que el ataque de mi compañero parecía doloroso. Rápido llamó a sus secuaces. Miré a ambos lados en busca de los nuevos enemigos y luego a Kiyoshi para ver su reacción. Mi sombrero volvía hacia mi lanzado y el doctor ya esta poniendo pies en polvorosa. Sacudí el complemento, más por inercia que porque estuviera manchado. Lo calé en mi cabeza, asegurándome de que quedase lo suficientemente fijado. Pasé dos dedos por el ala y sonreí. Un buen explorador no deja atrás nunca su sombrero.
—Gracias, amigo —agradecí con sinceridad.
Corrí hasta Kiyoshi. No tardé en alcanzarlo. Siempre pensé que si él no llevase esa mascarilla podría oxigenar mejor y eso le permitiría ser más rápido. Nunca había podido comprobarlo, pues él siempre cubría su rostro con ella. Pronto comenzaron a aparecer los esbirros. Nosotros callejeábamos intentando darles esquinazo, pero no parecía que fuese a ser fácil.
—Para nada. Esa bruta se lo merecía. Tan solo con recordar el roce de su cara contra la mía... —un escalofrío recorrió mi cuerpo—. Tú me entiendes, ¿verdad?
Continué mi carrera junto al doctor. Dejé que fuese él el que abriera camino, no por miedo a lo que podríamos encontrarnos más adelante, sino para poder ir volcando las cajas de grano y fruta que encontrábamos a nuestro paso. Seguro que, de haber estado con nosotros, Uker hubiera recogido un par de piezas para asegurarse de que comíamos algo saludable. Ojalá estuviera aquí con nosotros. Y el capitán. No serían un problema para nuestra tripulación al completo.
—Corre, doctor. Si esa bruta nos alcanza... No quiero ni pensar en la clase de cosas que sería capaz de hacerme —un nuevo escalofrío—. ¡¿Dónde está mi gata mink?! —continué corriendo avergonzado.
Avancé por el callejón y vi una caja situada bajo una ventana a medio abrir. Trepé por ella y abrí del todo la hoja de la ventana.