[Aventura T4][Presente Absoluto](+18) Hermanos de otra madre
#1
Mediodía 
Día 39 de Otoño, Año 17 

-¿Has conseguido reparar ese maldito cacharro de una puñetera vez?- grita un hombre impacientando. Su voz es aguda, aunque lo intenta disimular forzando un poco la garganta. Está en lo alto de la rama de un árbol viejo, oteando el horizonte con unos binoculares bastante rudimentarios y gastados. Sus ropas son demasiado elegantes para la actividad que está ejerciendo. Lleva puesto un pantalón negro de vestir con clase, rasgado y manchado por la propia fuerza de la naturaleza. Una camisa blanca remangada, sudada por la zona del cuello y las axilas, desabotonada por el punto más alto para filtrar un poco más el aire y no ir tan apretado. Los mocasines han dejado de ser negros para combinarse con la tierra y el polvo del lugar. Su piel es pálida, marcada por diversos cortes y moratones que se ven a simple vista. Lleva una barba recortada y la cabeza rapada, aunque sin llegar al cero, dándole un aspecto norteño o del este. -Estoy hasta la polla de esperar en este lugar de mierda.-
-No me seas intenso, coño. Voy tan rápido como puedo- le replica el compañero, algo agobiado. La respuesta es directa, aunque se le nota más amable y menos áspero que al anterior a la hora de hablar. Es un hombre más corpulento pero se le ve más cuidado y menos agresivo tan solocon verlo trabajar. La apariencia está cuidada en la medida de lo posible, conservando la integridad de los pantalones y conservando la americana sobre la camisa blanca, que está completamente abotonada. Quizás por eso resaltan menos las manchas de aceite y sangre que pueden ver los ojos más expertos y detallistas. Sin embargo, su rostro es más afilado, con una barba densa y un peinado que lo identifican como el veterano de la pareja. -Tú sigue vigilando y deja que me encargue de esto, hermano. Confía en mí.-

Y es que esta dupla tan peculiar está en mitad de una misión de alto secreto. Ambos agentes del Gobierno Mundial son del Grupo de Operaciones Especiales de Infiltración de La Marina. Soldados especializados en la intervención rápida sobre el terreno enemigo, ataques relámpago desapercibidos y eliminación de personas de alto valor. Son de los pocos agentes que han podido plantar un campamento oculto en mitad de una isla tan convulsa como Jaya, liderada por la banda criminal "Daten Shi" y operar desde dentro como agentes dobles. Si es que no los únicos. ¿Problema? El Agente A. , torpe como él solo, ha dejado caer el transmisor de comunicaciones por error contra una roca del camino, y ahora ha quedado totalmente inutilizado y sin señal aparente, convirtiendo el éxito de la hazaña en fracaso estrepitoso de un momento a otro. El Agente V. , más cuidadoso y espabilado con la tecnología, trata de reparar a velocidad récord el aparato, mientras el impaciente A. guarda vigilancia desde una posición elevada, sobre las ramas de un árbol viejo a escasos metros del refugio.
Base de Operaciones

-Sisi... Sí yo confío...- masculla el Agente A. , mientras se gira sobre la propia rama para continuar con sus funciones. -La putada es que la he liado parda...- maldice para si mismo, asumiendo la responsabilidad en silencio, deseando que su hermano arregle el desastre (como de costumbre). Con ambas manos, coge los binoculares y se pone a buscar peligros o anomalías cercanas. No tarda mucho en darse cuenta de que quizás no debería de haber alzado la voz tanto. -Mierda...-

Es relativamente temprano todavía, no pasarán de las 3 o 4 de la tarde. El Sol no pega demasiado duro, pero tampoco se ve una sola nube en el cielo. El clima es perfecto para darse un paseo por el monte y cruzar los bosques, arropado bajo la sombra de los grandes árboles. Hace varios días que vas a la tuya, alejado del Veldformir y sin noticias de Sigurd. Lo normal cada vez que llegáis a una nueva isla. Lo que sí le prometiste fue en ayudarlo en recolectar acero para nuevas armas y artilugios. Recuerdas lo ansioso que estaba tu hermano haciendo cuentas de cuánto material necesitaba y como te reias de él a carcajada limpia, pero aún así te ofreciste para echarle un cable. Eso os caracteriza sobre cualquier otra banda pirata: Lealtad y fraternidad llevadas al máximo nivel.
Paseas por Colubo, cumpliendo tu palabra. Estás atento a cualquier grieta o gruta mineral que se te presente para meter mano y a puño limpio, como ha de ser, quebrar la roca y obtener lo deseado. En una de estas, siguiendo caminos cada vez más escarpados y sinuosos, te topas con un árbol singular. Uno con la corteza más oscura y un nido de hormigas en las raíces. ¿Y que hace de ese árbol algo especial? Que lo recuerdas. Ya lo has visto antes. Mierda... Estás perdido.

Miras de un lado a otro, buscando algo que puedas indetificar para guiarte en mitad de este desierto verde. Tomas una ruta, luego otra, incluso retrocedes tus pasos tanto como tu memoria te lo permite. Pero acabas en el mismo lugar o en otro que te recuerda al anterior que te recuerda a otro que ya viste... Nada. Por un segundo se te pasa por la cabeza llamar a Sigurd,  pero la idea es efímera, porque sabes que ese cabeza hueca se va a perder tanto o más que tú. Antes talaría el bosque en línea recta que encontrar la manera correcta de salir. Aunque, tal vez, podrías copiar su estrategia.
Le das vueltas por la cabeza un segundo. Barajas todo tipo de posibilidades, varias fundas y algunas plausibles. Te dispones a ello, escogiendo la idea que más lógica tiene para tí, que no dejas de ser un monstruo de 4 metros de alto capaz de derribar edificios con un par de golpes bien dados. Y en una de estas, al voltear el rostro... Le oyes.
Una voz humana. Una que llega desde un rincón oculto entre la maleza y que se queja de algo que no llegas a descifrar. Por unos instantes revisas el suelo, pues no quieres que te pase lo mismo que en Little Garden y estés rodeado por Tonttatas otra vez. Pero no. La voz replica y viene de arriba, es un grito humano. Rebuscas con avidez y cautela en la lejanía y ahí lo ves. Descubres a un hombre vestido de blanco, observándote desde la rama de un árbol. Estará a unos 50 metros, y parece demasiado formal como para ser un pirata vulgar, aunque va demasiado magullado para ser un noble del montón. Es un hayazgo curioso, sin duda, aunque inesperado.

-¿Qué pasa ahora, tío?- se pregunta el Agente V. , al escuchar como A. se lamenta. Aún ni con esas, despegaa vista del artefacto,  conectando cables y buscando la solución al problema. Lo que no se espera es la respuesta, que cae como un jarrón de agua fría.
-Un bicho enorme a unos 50 metros más o menos...- titubea con voz temblorosa en respuesta. Si las cosas ya iban mal, ahora van peor. Se baja los binoculares y observa a la criatura en el tú por tú. -Y él también nos ha visto...-

Cajita feliz
#2
Ubbe llevaba ya un buen rato deambulando sin rumbo por el bosque. Lo que había empezado como una simple búsqueda de acero se había torcido hacía tiempo, convirtiéndose en una caminata absurda entre árboles que parecían repetirse una y otra vez. Troncos oscuros, raíces retorcidas, caminos que se bifurcaban sin sentido… y él, avanzando como si en algún momento todo fuese a encajar por arte de magia.
No estaba frustrado.
Tampoco especialmente perdido, al menos en su cabeza.
Simplemente… seguía andando, sin más. 
Su enorme figura avanzaba sin ningún tipo de sigilo, apartando ramas con los brazos, pisando hojas secas que crujían bajo su peso y dejando claro que aquel bosque no estaba preparado para alguien como él. De vez en cuando se detenía, miraba alrededor con calma, y retomaba la marcha como si nada. No había prisa. No había tensión.
Hasta que algo cambió.
Un detalle distinto entre tanto verde.
Ubbe entrecerró ligeramente los ojos tras sus gafas al detectar una silueta elevada. Tardó un par de segundos en procesarlo, inclinando un poco la cabeza como si intentase encajar la escena en su cabeza.
Un hombre subido a un árbol.
Se quedó quieto, observándolo con curiosidad. No parecía una amenaza inmediata. Tampoco un animal raro de esos que a veces se cruzaba. Era… simplemente alguien ahí arriba.
-What the fuck, man? - murmuró para sí.
Chasqueó los dedos.
No analizó demasiado más. No le dio importancia a la ropa, ni a lo fuera de lugar que podía resultar. Para Ubbe, aquello solo significaba una cosa: había gente en el bosque. Y si había gente… había posibilidades.
Cambió el rumbo sin pensarlo y empezó a acercarse directamente hacia ellos.
Cada paso suyo rompía la tranquilidad del entorno. Las hojas crujían, las ramas cedían, y su presencia se hacía evidente mucho antes de que llegase. No intentaba ocultarse. No sabía hacerlo, y tampoco le interesaba. Si estaban ahí, ya lo verían, o de hecho seguramente ya le habrían visto.
A medida que se aproximaba, su atención se centró un poco más en la escena. El del árbol vigilaba. Abajo… sí, había otro. Algo más escondido, ocupado con algo que no terminaba de distinguir desde su posición.
Ubbe frunció ligeramente el ceño.
No por desconfianza, si no por curiosidad.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se detuvo sin invadir demasiado el espacio, plantando su enorme figura entre los árboles como si fuera parte del paisaje… aunque claramente no lo era.
Alzó una mano con naturalidad.
-Hey you! -  saludó, sin más.
Su tono era relajado, casi despreocupado. Como si se hubiese cruzado con ellos en mitad de un camino cualquiera.
Su mirada pasó del hombre en el árbol al entorno, buscando al otro sin demasiado esfuerzo.
- ¿Todo good por aquí?- añadió, rascándose la barbilla con calma.
No había tensión en su postura. Ni amenaza. Solo alguien que había encontrado a otros en medio del bosque… y había decidido acercarse.
Dio un par de pasos más, lo justo para ver mejor la base del árbol y confirmar la presencia del segundo hombre.
Asintió levemente para sí.
Entonces fue al grano.
- Baby's -dijo, volviendo a mirarlos -no sabréis dónde hay acero por la zona, ¿no?
Se encogió ligeramente de hombros.
- Llevo ya un rato dando vueltas y no he encontrado nada nice…y este bosque empieza a parecer todo el rato the same.
Su tono no era de queja. Más bien de alguien que asumía la situación sin darle demasiadas vueltas.
- Así que…-hizo un gesto vago con la mano- ya que estáis por aquí, y estas con un cachivache pues pregunto GAHAHAHA
Una media sonrisa se dibujó en su cara mientras reía.
Su mirada volvió a recorrerlos brevemente, sin juicio ni sospecha. Solo esperando su respuesta.
Ubbe no parecía tener prisa, ni tampoco intención de irse.

INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
#3
-¡Una polla!- reniega el Agente V. mientras se levanta de la silla con un fuerte sobresalto, dejándola caer al suelo. No golpea la mesa de milagro, aunque poco le falta para tirarlo todo por el suelo, tornillos y piezas diminutas del artilugio incluido. No puede creerse la mala suerte que están teniendo, pero sabe de buena mano que esto no es una broma del Agente A. Él no bromea con estas cosas. Ladea el cuerpo y gira ligeramente en la dirección por donde vigila su compañero. Y ahí lo ve. Una criatura gigantesca, de más de cuatro metros de alto y con una envergadura descomunal. Pero su estilo era demasiado singular como para pasar desapercibido. Una torre de músculos, con rompas punk y un flow violento. Precisamente no era un random cualquiera y así lo había hecho saber al mundo, con varias apariciones en los periódicos y una recompensa en aumento isla tras isla. Los últimos reportes hablan de que mató a la mano derecha de Akatora junto a otro pirata, dándole el golpe de gracia. Ubbe, la Bestia. Intentando recomponer la compostura, el Agente V. se echa la mano derecha en el bolsillo con velocidad. Pero no encuentra nada. Sin perder de vista al buccaner, comprueba el resto de bolsillos pero sigue sin dar con lo que necesita. -"Joder..."- piensa para si mismo, maldiciendo. Intenta disimular su descontento, pero se le filtra una ligera mueca entre dientes. Mira entonces al Agente A. Este se mantiene firme sobre la rama del árbol, tenso, sin perder de vista al pirata. Aunque sus hombros están relajados, sus puños están completamente cerrados. Solo con verle, y tras años trabajando juntos, sabe que él también lo ha reconocido y conoce el peligro que representa. 

En efecto, el Agente A. lo ha reconocido. Ha tardado un poco más, pero al ver sus pintas, lo ha tenido claro de primeras. Ya cuando ha visto lo masivo del tipo, ha entendido que debía estar alerta. Ha enfrentado bichos más grandes, tanto solo como acompañado de su hermano de otra madre. Y un mal golpe te arruina la vida para siempre. Este se levanta sobre la rama a la que tiene oportunidad, dejando caer el binocular al suelo desde lo alto del árbol. Tiene apariencia calmada, pero no es más que fachada. Con el tiempo se ha vuelto un experto en ocultar emociones y sabe que no puede mostrar ningún ápice de miedo o nervios. Y menos lo que siente realmente, pues en lo más profundo de su ser se muere de ganas de lanzarse de primeras a comprobar la fuerza del titán. Pero eso sería condenar la misión definitivamente y poner en riesgo a su compañero por un mero capricho. Se limita a ver cada movimiento con cautela, con un semblante serio, pensativo, analítico...

Ubbe, por el contrario, es ajeno a todo esta tensión, como si viviera una realidad paralela. La tranquilidad de saber que es indoblegable pase lo que pase, la paz, el privilegio de ser el más fuerte. Avanza poco a poco, sin llegar a invadir el espacio personal de ninguno de los dos agentes. Parece desconocer por completo para quien trabajan estos dos tipos y tampoco se pregunta qué hacen ahí. Él va a la suya, y con eso le basta y le sobra. Tiene una misión, y encima para ayudar a su compañero de aventuras. Es lo único que le importa ahora, recolectar acero y material para Sigurd. Siempre dispuesto a echar una mano. 
Con su gracia natural y su forma tan particular de hablar, les pide información sobre alguna mina o lugar donde hacerse con un buen botín de metales. Admite que está algo perdido y le está costando encontrar el recurso. Su voz es amable y su sonrisa lo reafirma. No hay ninguna intención hostil, aunque tampoco parece que vaya apurado. Necesita la información y considera que "los hombres del bosque" se la van a dar.

Ambos agentes se quedan estupefactos ante semejante revelación y comportamiento. Ninguno se espera que la mano derecha del Carnicero, aquel que según las fuentes se lanzó a morir en un 100 vs 1 en Drum y mató a un capitán de la Marina a puñetazos sea tan amable y correcto con dos evidentes agentes del Gobierno Mundial. Capaz y era tan descuidado que no se había dado cuenta. O tan solo estaba tan lejos de la escala de poder, que valora a ambos soldados como hormigas insignificantes. Pero ninguno de los agentes desaprovecha la oportunidad.
El agente V. toma la iniciativa con una actitud risueña. Simula percatarse de algo de forma excesivamente teatral, tan solo le hace falta que aparezca una bombilla encendida encima de su cabeza. -¡Oh, así que es eso!- comenta. -Para eso tengo una solución, dame un segundo.- su voz es tan amable y alegre que parece abrazarte. Es una sensación genuina de ayuda, de saber cómo resolver el problema. El gesto casi cómico, levantando el dedo índice de la mano derecha hacia el cielo mientras da un pequeño respingo. Rápido y audaz, se dirige hacia el interior de la tienda de campaña. Justo antes de entrar, suelta. -Desde Aldea Yute que no hago uso de este mapa...- y termina de meterse dentro.

Tanto Ubbe como el agente A. se quedan fuera de la campaña, uno frente al otro con un par de metros de altura sobre la rama. El silencio es incómodo, acompañado del sonido estridente de un montón de cosas que se remueven dentro de la tienda de campaña. La mirada del agente es sería, aunque intenta forzar una sonrisa que solo suma a la inestabilidad del momento. Cualquiera diría que se ha quedado encerrado en un ascensor con el buccaner y ambos tuvieran que subir 200 pisos. A rompe el hielo señalando a su espalda con el pulgar por encima del hombro, sin perder de vista al gigantón. -Ahora sale... Que lo tenemos todo un poco desordenado, jeje...- dice para aliviar casi que su propia tensión, haciendo tiempo mientras su compañero rebusca.

Desde dentro suena un estruendo de cosas moviéndose de un lado a otro, con celeridad. Ubbe, que ha pasado gran parte de su vida entre mecanismos y cachivaches, es capaz de reconocer varias cosas que chocan entre si o que caen directamente al suelo: varios tornillos impactando con tuercas, herramientas de toda clase, alguna cosa de vidrio, telas de ropa vieja, un par de conchas del mar, pergaminos e informes revoloteando... -¡¡Aquí lo tengo!!- anuncia satisfecho el muchacho. Sale entonces sosteniendo con una mano una especie de plancha de madera con un papel sostenido con una pinza en lo alto. Lo que es un portafolio de toda la vida. Lo coge como si de una bandeja de servir se tratara, como un camarero. Y sobre ella, un papel que ocupa la totalidad de la lámina. Se acerca despreocupado, no sin antes echar un ojo a su nervioso compañero y giñarle un ojo, mandándole una señal de que todo está en orden. Cuando alcanza a titán, alza la mano de la bandeja de madera para facilitar la visión del contenido del papel. Un mapa cartográfico de la zona, con la cima del monte señalada, el pueblo y a mano todos los rincones con minas y bosques. Justo lo que Ubbe necesita, servido en bandeja para cumplir con su misión. -Esto es para tí, toma.- le invita a cogerlo. -Con esto no te perderás, Ubbe, ¡te lo aseguro!- 
Agente V le entrega mapa a Ubbe


Cajita feliz
#4
Ubbe observó el mapa en silencio durante unos segundos. Sus gafas reflejaban el papel mientras su enorme mano terminaba aceptando la tabla de madera sin demasiada delicadeza, aunque intentando no romperla accidentalmente. Sus dedos recorrían el dibujo lentamente, siguiendo líneas y marcas como si realmente entendiera perfectamente todo aquello.
La realidad era otra.
No tenía ni puta idea de mapas.
Pero tampoco iba a decirlo, quedaria fatal. 
-Ohhh… nice…-murmuró con aparente interés, asintiendo un par de veces como si aquello aclarase muchísimo la situación.
Chasqueó los dedos.
Su mirada pasó brevemente del mapa al interior de la tienda, escuchando aún el eco de herramientas y piezas removidas de un lado para otro. Aquello sí le llamó algo más la atención. Reconocía sonidos. Tornillos, metal, mecanismos… cachivaches. Su cabeza se inclinó ligeramente hacia un lado.
-Tenéis un montón de shits ahí dentro, huh…-comentó con total naturalidad.
No sonaba ofensivo. Más bien curioso.
Volvió entonces la vista al papel mientras intentaba orientarlo correctamente entre sus enormes manos. Giró la cabeza hacia un lado. Luego hacia el otro. Finalmente señaló una de las marcas del mapa con el dedo índice.
-Entonces… ¿yo estoy aquí o aquí?- preguntó con calma, señalando dos puntos completamente distintos.
Pausa.
- Es que no tengo ni puta idea - GAHAHAHA.
La carcajada salió sincera y grave, resonando entre los árboles mientras se rascaba la nuca con tranquilidad, completamente ajeno a la tensión que seguía flotando alrededor suyo.
La verdad era que ni siquiera estaba prestando atención a sus gestos raros.
Para Ubbe, solo eran dos tipos extraños en mitad del bosque con una tienda llena de herramientas y un mapa útil. Y honestamente, eso ya los colocaba bastante arriba en su lista de gente agradable.
Sus ojos volvieron a recorrer un instante el campamento. La mesa, las piezas desmontadas, los aparatos… cuanto más miraba, más claro tenía que aquellos dos no parecían precisamente mineros.
-¿Sois mecánicos o algo así?- preguntó finalmente, levantando la vista hacia ellos -porque lleváis aquí montada una movida curiosa, Baby's, de hecho ahi dentro teneis metales no? ¿No os sobrará acero?
Sin esperar demasiado la respuesta, volvió a mirar el mapa otra vez.
-Sigurd se va a poner contento si vuelvo con bastante acero- comentó más para sí mismo que para ellos -lleva días hablando de armas, piezas y no sé qué crazy things…
Se encogió ligeramente de hombros.
-La verdad es que no entendí la mitad de lo que dijo.
Otra pequeña risa escapó de su garganta.
Entonces levantó nuevamente la vista hacia ambos hombres.
-Pero thanks- dijo con total tranquilidad, alzando ligeramente el mapa -esto ayuda bastante.
Dio un paso hacia un lado, observando el camino que marcaba el papel y luego el bosque frente a él, como intentando decidir hacia dónde demonios tenía que ir ahora.
Aunque antes de moverse, volvió a mirarles una vez más.
-Aunque ahora tengo curiosidad…-comentó relajadamente -¿qué hacéis vosotros dos aquí de chill? Porque esto está lejísimos de todo.
Su tono seguía siendo amistoso. Curioso.
Como alguien que simplemente estaba charlando para matar el rato. Sin tener ni la mas remota idea de quien podrian ser esos tipos. 


INFO
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#5
Una gota de sudor fría resbala por la frente del Agente A. Por muy fascinante que sea, ya conoce de buena mano la agilidad mental y la astucia de su compañero. Lo que no se espera es el error catastrófico que comete el Agente V después de la sublime interpretación. Mencionar el nombre de tu enemigo ni siquiera cuando este se ha presentado todavía. Se había delatado sin querer, a escasos segundos de poner en marcha la ofensiva y completamente expuesto a la violencia del titán. Se le corta la respiración por un segundo de la impresión del momento. Se le tensan los músculos de todo el cuerpo y, cargando el puño izquierdo hacia atrás, se dispone a saltar desde las alturas en un picado, atacando al punto muerto del Buccaneer, que está atento a las palabras del otro soldado. Pero no lo hace, pues no da crédito a lo que ve.

El buccaner, lejos de machacarlo ahí mismo de un solo guantazo, parece genuinamente agradecido. No es consciente de lo que acaba de suceder y normaliza la idea de que un total desconocido, vestido de traje de oficina en mitad del bosque, sepa su propio nombre. Tal vez la estupidez más profunda o una seguridad en si mismo envidiable sea lo que mueven las acciones de Ubbe. La única verdad es que ambos agentes acaban de tener un golpe de suerte que ni ellos mismo se creen. 
Así pues, el pirata recoge la bandeja de madera con el mapa encima, mirándolo atento y con un detalle excepcional. Su vista está plenamente enfocada en los trazados y rutas dibujadas, los dedos recorren cada senda a seguir, su postura denotan un conocimiento cartográfico excepcional... Pero nada más lejos de la realidad. El hombre no tiene ni puñetera idea de lo que tiene delante, prefiriendo fingir un conocimiento que no posee a quedar como un idiota, ignorante de que ya había metido la pata. Y las consecuencias de sus actos no tardan en materializarse.
El Agente V lo tiene claro, no ha llegado tan lejos para ahora echarse atrás. No ha tenido mucha suerte hasta ahora, entre la cagada de su compañero de cargarse el Den Den Mushi y la sorpresiva aparición de uno de los criminales más buscados de la Gran Line en mitad de la nada. Pero lo que hace exitosas a las personas es saber aprovechar las oportunidades y jugar con las cartas que te tocan con determinación. La vida le ha dado una oportunidad pese a su error, y piensa sacarle partido al máximo, porque si el Agente V es algo, es un hombre de éxito.
Con el gigante distraído con el mapa, su plan ha salido a la perfección. La postura de entrega no fue casualidad. Tenía el portafolio cogido como una bandeja para ocultar su mano y lo que esta sostenía. Una caracola. Pero no una caracola cualquiera. Una con agujeros por todo el frontal, de colores muy vivos. Un dial de rechazo, cortesía del Gobierno Mundial y pagado con los impuestos de todos.

Ubbe no es consciente de lo que está apunto de suceder. Está plenamente abstraído en descifrar el mapa o en fingir que sabe lo que hace con él. Hasta que escucha un 'CLICK' que lo devuelve a la realidad, pero ya es demasiado tarde. El Agentes V tiene el brazo derecho extendido hacia su abdomen, sosteniendo y activando el arma a quemarropa. 
Una ráfaga de viento brutal se dispara de repente. Esta actúa como un golpe sólido y todo el impacto, que debería de arrasar por completo un área de cinco metros, la absorbe el cuerpo semi-desnudo del buccaner. La bestia sale catapultada como una bala de cañón a 50 metros de distancia, arrollando como una bola de demolición todo lo que encuentra a su paso. Árboles y vegetación ceden ante la destrucción del artefacto, dibujando un pasillo artificial creado por lo salvaje de la ráfaga de viento y lo que esta ha arrastrado consigo. 
Tremenda proeza no sale gratis. El brazo del Agente V ha quedado completamente devastado, con la manga del traje calcinado, huesos rotos y los músculos completamente desgarrados y morados. Con suerte ese brazo puede sostener algo liviano, pero está completamente incapacitado para golpear con el de nuevo. 

El Agente V cae al suelo de rodillas mientras se sostiene el brazo malherido. Suelta un grito de dolor agónico que intenta silenciar rechinando sus dientes. -¡¡Aghhh... JODER!!- maldice soportando el dolor, tratando de recuperarse. El Agente A no tarda más de un segundo en bajarse del árbol y socorrer a su compañero. -Vamos V, hay que seguir antes de que ese monstruo se recupere.- le intenta alentar, mientras lo reincorpora cruzando el brazo bueno del primero sobre su cuello. Luego, el Agentes A mete la mano en el bolsillo de su compañero, que es incapaz de actuar todavía, para sacar otro artilugio. Esta vez, un Dial verde. Este lo pulsa si de su interior aparece una densa nube gas blanquecino. Es vapor de agua mezclado con otros componentes, que imposibilitan la visión de aquellos que se mantienen dentro. La niebla se expande por un radio de 20 metros, manteniendo a ambos agentes en una cúpula invisible.

Cajita feliz
#6
El impacto llegó antes incluso de que Ubbe entendiera qué acababa de pasar.
Un estruendo seco reventó el aire frente a él y, al instante siguiente, su gigantesco cuerpo salió despedido hacia atrás como si hubiese recibido la embestida de un rey marino. Sus pies abandonaron el suelo de golpe mientras el mapa desaparecía entre la ráfaga de viento, hojas arrancadas y tierra levantada. Todo ocurrió demasiado rápido. Árboles enteros explotaban al contacto con su cuerpo, las ramas se partían como si fueran cristal y la vegetación cedía violentamente a su paso mientras atravesaba el bosque a una velocidad absurda.
Ubbe apenas llegó a reaccionar. Solo sintió la presión brutal aplastándole el pecho, el aire desapareciendo de sus pulmones y el cuerpo girando salvajemente entre troncos, raíces y piedras. El mundo entero se convirtió en una mezcla de ruido, polvo y madera destrozada hasta que, finalmente, llegó el final del recorrido.
El choque contra la roca resonó por todo el bosque.
La formación pétrea se agrietó de inmediato bajo el impacto, abriéndose en profundas fisuras mientras el cuerpo del buccaneer quedaba parcialmente incrustado contra ella. Fragmentos de piedra salieron despedidos a varios metros de distancia y una nueva nube de polvo terminó elevándose alrededor suyo. Durante unos segundos no ocurrió nada.
La tierra descendía lentamente entre el silencio. Algunas piedras rodaban colina abajo y varios árboles seguían crujiendo después de haber sido destrozados. Ubbe permaneció inmóvil contra la roca mientras un hilo de sangre descendía lentamente desde la comisura de sus labios.
Respiró hondo.
Confundido.
No por el ataque en sí. No por el dolor. Sino por la sensación.
Aquello había dolido de verdad.
Y hacía mucho tiempo que alguien conseguía algo así.
Sus ojos permanecieron clavados al frente mientras el polvo continuaba cayendo lentamente alrededor de su cuerpo. Su respiración era pesada, profunda, constante. Y sin quererlo, otro rostro terminó apareciendo en su cabeza.
Una sonrisa monstruosa.
Alcohol derramándose sobre la arena de Alabasta mientras el mundo entero parecía venirse abajo alrededor de aquel hombre.
Burrich.
Ubbe todavía recordaba perfectamente aquella pelea. El peso insoportable de cada golpe. La forma en que aquel monstruo parecía capaz de arrancarles la vida con cada intercambio. Recordaba el dolor acumulándose por todo su cuerpo mientras él y el pelirrojo intentaban mantenerse en pie frente a alguien que simplemente parecía hecho de otra cosa.
Y aun así…
Burrich seguía riéndose.
Seguía bebiendo. Seguía avanzando. Como si aquella batalla ni siquiera fuese suficiente para hacerlo detenerse.
La mano de Ubbe se tensó lentamente contra la roca destruida.
Porque en el fondo lo sabía, lo había sabido desde el final de aquella pelea, habían conseguido vencerlo… pero solo porque Burrich estaba ebrio.
La idea le atravesó la cabeza otra vez mientras apretaba lentamente los dientes.
No importaba cuánto quisiera adornarlo. No importaba cuánto quisiera convencerse de lo contrario.La realidad seguía siendo la misma. No era lo bastante fuerte. Todavía no.
“Tengo que hacerme más fuerte.”Un crujido seco resonó desde su espalda, la roca detrás suyo volvió a agrietarse.
“Mucho más fuerte.”
Los músculos de Ubbe comenzaron a tensarse de forma antinatural mientras su cuerpo aumentaba lentamente de tamaño. Las venas se marcaron por brazos, cuello y pecho mientras algo parecía moverse bajo su piel. La piedra terminó cediendo completamente a su espalda bajo la presión que empezaba a generar su propio cuerpo.
Fragmentos enteros se desprendieron hacia los lados.
Su respiración se volvió más grave.
Más pesada.
“Seré el más fuerte.”
Las primeras placas óseas empezaron a brotar lentamente desde hombros y espalda. No aparecieron de golpe. Fueron creciendo poco a poco, empujando la carne desde dentro mientras capas endurecidas de hueso reptiliano terminaban cubriendo partes enteras de su cuerpo como una armadura natural.
No dolía, y Ubbe no apartó la mirada del frente ni un solo instante.
Los huesos de su columna crujieron violentamente mientras algo enorme comenzaba a desarrollarse desde la base de su espalda. Una masa muscular gigantesca se extendió lentamente hacia atrás, arrastrando tierra y piedras a su paso mientras terminaba formando una cola monstruosa de varios metros de largo.
Pesada, densa, destructiva.
La maza ósea terminó formándose la última, endureciéndose lentamente mientras el suelo vibraba bajo su peso.
“Tengo que conseguirlo”
El recuerdo de Kal apareció fugazmente en su cabeza. La promesa de que sería el más fuerte seguía ahí, pendiente. Además, en el Ragnarok, solo están los mas fuertes. 
“Se lo prometí a Kal... Además, se lo debo a Sigurd. No podré acompañarle al fin del mundo si no soy el mas fuerte”
Otro crujido resonó entonces desde su cabeza. La parte superior de su rostro empezó a deformarse lentamente mientras hueso y carne se recolocaban a la fuerza. El cráneo se ensanchó, la mandíbula se tensó y una gruesa coraza ósea comenzó a cubrir su cabeza mientras la forma salvaje de un anquilosaurio emergía poco a poco sobre sus facciones humanas.
El vapor escapó lentamente de sus fosas nasales.
La tierra seguía cayendo alrededor suyo.
Y cuando Ubbe levantó finalmente la cabeza entre la nube de polvo…
Ya no parecía un hombre.

UBBESAURIO



INFO
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6601 - 1758 = 4843
Energia: 4921 - 7 = 4914
Espiritu: 1045 + 0 = 1045
#7
Lo han conseguido. Al menos, por el momento. Han engañado a la bestia y la han hecho volar a varios metros de distancia. La han doblegado. Pero ambos agentes saben que está ventaja es momentánea y que el verdadero combate comienza ahora. Y ya no juegan con el factor sorpresa, ahora las ostias lloverán de verdad. Pero aún tienen cartas por jugar y no piensan desaprovechar esta ventana de oportunidad.

El Agente A ha activado el Dial de olor para esparcir la neblina de vapor de agua y conseguir unos segundos de invisibilidad a costa de no ver qué sucede tras la cortina de humo. Pero ahora eso da igual. Han de jugar sus cartas lo más rápido posible y moverse antes de que el Buccaneer se recupere. Si entran en el juego del choque directo y el combate honorable, están perdidos. -Vamos hermano.- le insta a recomponerse. -Hay que seguir con la "Operación Jericó" y activar a "Mike". O lo hacemos ya o estamos donete.- se apresura el Agente A, que saca de su arsenal un par de Den Den Mushi. -Yo me encargo de la comunicación y me escondo. Tú pones en marcha el cacharro y haz lo propio.- ordena, ya dando la espalda a su compañero y haciendo lo que le corresponde. Su tono es imperativo y nervioso, pero no lo hace con mala intención. Sabe que los segundos valen oro y que no enfrentan a un don nadie. Tiene miedo. No de morir, sino de perder lo que más aprecia en esta vida, su bro.

El Agente V está demolido. Ha logrado lo impensable, pero a un coste demasiado alto. Su brazo responde con reticencia y le duele horrores. Por segundos, valora de buena gana amputarse la extremidad. Aún así, sabe que tiene que continuar, la batalla no ha hecho más que comenzar. Su hermano ha activado la cortina de humo, con lo que los recursos escasean. Aún tienen artefactos con los que sorprender a su enemigo, pero no será tan simple como pagar dos azules y contrarrestar al mamón del pirata. Va a ser más duro que eso. -Vale, "Operación Jericó"...- tartamudea cansado, mientras se levanta ayudado por su compañero.
Mientras el Agente A se reposiciona y cumple con su parte, él se acerca a su inventario de campaña y saca a "Mike". No tarda más de un par de segundos en activarlo y ponerlo en su sitio. Luego, rápido, se esconde en otro lugar distinto al de su compañero, buscando cobertura y control del campo de batalla.
La nube de humo se disipa al mismo tiempo que el buccaner, que ya era enorme y monstruoso, ahora se ha convertido en un ser de pesadilla. Mitad gigante, mitad dinosaurio, pero 100% letal. Un ser creado para la desolación, tan grande como una casa, cubierto de espinas y con una sed de violencia insaciable. Un auténtico tanque de guerra viviente. Pero lo que se encuentra es tan curioso e inesperado como su propia existencia.

A lo lejos, nada, ni rastro de los agentes traicioneros. A 50 metros, tan lejos como lo mandaron volando, ahora solo queda un pequeño claro de 5 metros de radio, causado por el impacto inicial arrasador del Dial de rechazo. Alrededor, el campamento improvisado y 5 árboles sospechosamente altos y fuertes han sobrevivido a la intensidad de la batalla. De unos 20 metros de altura y con la envergadura suficiente para ocultar a una persona humana detrás. Y, en mitad de ellos, en el centro del claro como absoluto protagonista... Un muñeco de paja.
El bueno de Mike

Es una figura humanoide, sin piernas, similar a un espantapájaros. Está clavado en el suelo con una estaca ancha y recubierto de una especie de algodón que se filtra por las costuras. Va vestido de soldado raso de la Marina, con uniforme oficial. Y sobre su cuello, un cordel que le llega hasta el pecho, donde cuelga un letrero de madera que dice:
HOLA, SOY MIKE. NO ME PEGUES, SOY UNA TRAMPA.
Por si la situación no fuera lo suficientemente surrealista, tras el segundo árbol contando desde la izquierda, desde un punto muerto por donde no puedes ver, escuchas claramente el sonido de una rama quebrando una maldición detrás. -Coño, joder...- se oye bajito, todo lo disimulado posible, pero es imposible de ocultar en su totalidad, alguien ha resbalado o tropezado. Tal vez está demasiado lejos, pero si consiguieras alcanzarlo, podrías aprovechar el momento.
Contenido Oculto

La situación se ha vuelto caótica de un momento a otro, con demasiados estímulos y opciones. Pero así funciona el Gobierno Mundial y la guerra de guerrillas, con estrategia, trampas y ataques a traición. No hay otra forma en la que los humanos puedan defenderse en un mundo lleno de monstruos colosales. Así pelea la humanidad contra los titanes.

Cajita feliz
#8
La nube de polvo continuaba cayendo lentamente alrededor de Ubbe mientras el gigantesco híbrido terminaba de incorporarse entre los restos de roca destruidos. El vapor escapaba con pesadez de sus fosas nasales y la enorme maza ósea de su cola arrastraba tierra y piedras detrás de él cada vez que se movía. Sus gafas oscuras seguían intactas sobre el rostro deformado por la transformación, ocultando parcialmente la mirada del monstruo que acababa de emerger de entre la destrucción.
Desde aquella posición elevada entre árboles caídos y tierra removida, el claro se veía distinto; demasiado limpio, demasiado preparado. Los cinco árboles seguían en pie alrededor del campamento como si fueran unos pilares gigantescos rodeando el escenario. El humo comenzaba a disiparse lentamente y, justo en mitad de todo aquello, esperaba una figura absurda clavada en el suelo. Un muñeco, lo que parecía marine de paja.
Y entonces, gracias a que el viento soplaba hacia él, a Ubbe le pareció oír algo. Aquellos dos seguían escondidos por ahí, jugando con trampas, humo y cacharros raros mientras intentaban mantener distancia.

Pero eso ya daba igual. La sensación del golpe seguía clavada en su pecho; el recuerdo de Burrich todavía ardía dentro de su cabeza. La idea de no ser lo bastante fuerte. La idea de no poder seguir avanzando junto a Sigurd hasta el final del mundo.
Sus enormes piernas se flexionaron lentamente.
El suelo comenzó a resquebrajarse bajo su peso.
Y al instante siguiente, desapareció.
BOOOOOOM.
La explosión de fuerza levantó una enorme nube de tierra mientras el gigantesco cuerpo prehistórico salía disparado por los aires en dirección al claro. Más de siete metros de músculo, hueso y epicidad cruzaron el bosque como un meteorito viviente, proyectando una sombra monstruosa sobre árboles y rocas durante todo el trayecto.
El aterrizaje fue brutal.
La tierra explotó bajo sus pies cuando cayó a mitad del recorrido, hundiendo parcialmente el terreno mientras raíces y piedras saltaban por todas partes. Desde allí, mucho más cerca ya del claro, pudo ver mejor aquella ridícula escena montada frente a él. Mike.

El gigantesco híbrido inclinó ligeramente la cabeza mientras observaba el muñeco durante apenas un segundo. 
- GAHAHAHA, what a fuck?? ¿Os creéis que esto es un juego, baby's?
Y entonces empezó a correr. La tierra tembló bajo la primera zancada; cada paso hacía vibrar el claro entero mientras Ubbe avanzaba directamente hacia el centro del campamento como una auténtica bestia desatada. Árboles pequeños y vegetación eran aplastados bajo su avance mientras el vapor seguía escapando pesadamente de su hocico reptiliano.
Y entonces su cuerpo volvió a cambiar.
Las placas óseas rechinaron violentamente unas contra otras mientras Ubbe bajaba todavía más el centro de gravedad, adoptando una especie de posición fetal. Su enorme cola empezó a recogerse parcialmente sobre sí misma y toda aquella masa gigantesca comenzó a compactarse en pleno movimiento. Músculos, hueso y coraza reptiliana terminaron formando una auténtica mole acorazada que siguió avanzando cada vez más rápido, y entonces empezó a rodar.
La velocidad aumentó de golpe.
La gigantesca bola monstruosa atravesó el claro como una avalancha viviente. Mike desapareció bajo el impacto en el mismo instante en que la masa acorazada lo alcanzó, saltando hecho pedazos junto a tierra, algodón y fragmentos de madera. Apenas un segundo después, la tienda de campaña quedó completamente aplastada bajo toneladas de fuerza bruta.

Todo salió despedido por los aires mientras Ubbe continuaba arrasando el centro del claro convertido en una auténtica catástrofe viviente. La maza ósea de su cola giraba junto al resto del cuerpo, arrancando raíces y abriendo surcos enormes sobre el terreno mientras la destrucción se extendía alrededor suyo.
El claro entero tembló.
Y finalmente, la monstruosa bola comenzó a perder velocidad entre los restos destrozados del campamento.
El gigantesco híbrido volvió a desplegar lentamente su cuerpo entre una nueva nube de polvo y escombros, incorporándose pesadamente justo encima de lo que antes había sido la tienda de campaña.
Sus enormes pies quedaron hundidos entre restos de tela, madera y metal aplastado.
La respiración grave del monstruo resonó entre el silencio del bosque. Y entonces levantó la mirada, directamente hacia el lugar donde segundos antes había estado Mike; sus brazos se alzaron lentamente frente a él.
La postura cambió.
Ya no parecía alguien confundido.
Ni alguien relajado.
Ahora sí parecía una bestia lista para pelear.
El vapor escapó lentamente de sus fosas nasales mientras una sonrisa salvaje se dibujaba bajo el rostro reptiliano.
- NOT TODAY, BABY’S… HOY NO PIENSO CAER ANTE NADIE, VENID A POR MÍ, ¡DICKHEADS!

INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4843 + 42 = 4885
Energia: 4914 + 7 = 4921
Espiritu: 1045 + 0 = 1045
#9
Ambos agentes están en posición y con el terreno a favor, plagado de trampas y escondites. Es imposible que una bestia descerebrada, como esa, sea capaz de enfrentar a dos de los mejores soldados del Gobierno Mundial, ¿verdad? Al menos eso se creen ellos. Por desgracia, no son conscientes todavía de lo que es capaz Ubbe y de a quien le están plantando cara. Ni el mismo pirata es conocedor de la grandeza de su poder. Y pronto, todos los presentes, serían testigos de lo devastador que puede ser el kaiju.

La bestia lo tiene claro, lo ve todo a favor. Ubbe brinca con fuerza, recorriendo gran parte del terreno que lo separa de sus enemigos. Cuando cae, aprovecha la inercia de su desplazamiento para convertirse en una especie de bola de cañón humana y, con una velocidad imposible para lo inmenso que es, empieza a arrasar con todo lo que tiene en frente en una carrera mortal.
Va en una linea perfectamente recta, dispuesto a destrozar a Mike, el muñeco favorito de todos. Cuando lo alcanza, este explota violentamente por la fuerza del impacto, pero el que avisa no es traidor, y Mike, a diferencia de sus compañeros, no lo era. Él sabía que en su interior dormía la maldad, y por eso lleva consigo un letrero pidiendo que no le hagan daño. El muñeco, al explotar, segrera unas esporas prácticamente invisibles, que impregnan el cuerpo mastodóntico del hombre dinosaurio y se pegan a él.
El buccaner no sabe que ha pasado, pero lo siente al instante. Su cuerpo se ha relajado. Destensado muscularmente sin que el haya hecho nada al respecto. Algo le han hecho. Algo había en ese maldito espantapájaros que le ha dado de lleno. Tiene un cansancio raro, como si no hubiera descansado bien. Ese crudo malestar que llega cuando tienes sueño o esnifas demasiado aceite de motor. Aún así, ¿Esto va a detener al titán? En absoluto. Ni lo más mínimo. Les quedan muchas trampas a estos dos miserables para conseguir frenar a la destrucción encarnada.
La dirección a tomar no ha sido escogida de forma azarosa, hay una intención bélica detrás. No solo reventaría al pobre Mike, sino que va directo al campamento. Ya dará con los dos agentes a posterior, primero se va a encargar de que no puedan acceder al arsenal del que tanto hacen gala. Y de rebote, que tampoco tengan donde descansar si salen por patas. Lo que no espera el pirata es lo que se encuentra al alcanzar la tienda de campaña.

El Agente V está bien escondido, mucho mejor que su compañero. Siempre que han enfrentado a un monstruo colosal y activado la "Operación Jericó" el tomar esa posición lo ha dejado en situaciones de mucha ventaja sobre el adversario. A diferencia del Agente A, que es más lanzado e impulsivo, él prefiere observar al enemigo y atacar con los artilugios y la munición. Se juega la vida en cada misión, y este se la aprecia lo suficiente como para no saltar al ruedo a la primera de cambio y hacer las cosas con cabeza. Es por eso que siempre, la tienda de campaña inicial, donde NADIE vuelve para atacar, es el mejor lugar. Para su desgracia, Ubbe es distinto a los demás.
Apenas lo ve llegar. Desde la comodidad de su cobertura de tela, observa como el titán acorazado salta con una potencia descomunal para acabar convertido en una rueda de Monster Truck y lanzarse a por él. -Una polla...- es lo último que puede susurrar antes del choque frontal. No sé queda satisfecho matando al pobre Mike, sino que ha dado con él sin que este pudiera siquiera reaccionar. Por no poder, no le da tiempo ni de cubrirse antes de que el malnacido se le eche encima. Suerte tiene de que, al haber sido impregnado por las esporas del sueño, la ostia no es lo suficiente fuerte como para dejarlo fuera de combate, aunque si ha sido un golpe de mala suerte terrible, cargándose la estrategia por completo, y quedando totalmente expuesto a merced de su enemigo, que ha terminado por aplastar el campamento, aunque parece tan sorprendido como él de haberse encontrado en este punto.

El Agente A vigila oculto desde lo alto del árbol. Ha colocado un cebo sonoro a ver si cae la criatura y consiguen jugar con ella un rato, haciéndole el daño suficiente desde la seguridad de la cobertura hasta poder rematar al buccaner de un solo impacto cuando este ya flaqueara. Para su desgracia, nada sale como lo esperado. Que novedad. La mole de carga, en vez de caer en la trampa decide arrasar con todo lo que encuentra a su paso en linea recta. Lo hace a tal velocidad que el agente, conocido entre los suyos por ser un artista marcial rápido y preciso, no puede reaccionar ni seguirle el paso para evitar la catástrofe. -¡¡NO MIKE...!!- rechina entre dientes, buscando no hacer ruido, aunque le es imposible sostener las emociones en un momento así. Una pequeña lágrima se le resbala por la mejilla.
~ ADIÓS, MIKE. SIEMPRE TE RECORDAREMOS Y SERÁS NUESTRO AMIGO ~
Pero lo peor no termina ahí. El tipo no frena y sigue hacia delante con todo, en dirección al campamento. La "Operación Jericó" se ha ido al traste y su hermano de otra madre está en graves apuros. No es momento de ocultarse, hay que actuar.
Aprovechando que el monstruo está de espaldas sobre los escombros de lo que era su base, tras haber impactado con V, el Agentes A sale de su escondite y se desplaza en un movimiento fugaz a los pies de la titánica bestia. Desde ahí, carga ambos puños hacia atrás, hasta colocarlos al costado de las costillas, bajo las axilas. Y desde esta posición, descarga un golpe doble con todas sus fuerzas, dispuesto a salvar a su compañero.

KYOKUSHIN KARATE: MOROTE TSUKI CHŪDAN
El grito resuena con una voluntad férrea, vibrando por toda la explanada y más allá, con rabie, con energía. El ataque, aunque a la altura del pecho del humano, cae sobre la pierna derecha de su enemigo, aunque tiene la potencia suficiente como para mandarlo a volar varios metros de distancia. Es en este momento que el agente V, aprovechando la oportunidad, escapa del escenario para no ser el centro de atención -Soru-.

Cuando Ubbe se recompone, se gira y lo que ve es el mismo campo de batalla, pero ahora hay un luchador predispuesto a enfrentarlo de frente. Uno de los agentes se ha vuelto a ocultar, el que le había pegado el viaje con aquel artilugio. Pero el otro se encontraba ahí, a unos 10 metros, sobre las ruinas de su propio campamento. Está con una posición marcial impecable, con ambas manos extendidas y al frente, cubriendo su cuerpo y su rostro. Las piernas semiflexionadas, con la adelantada apoyada sobre la punta del pié. Es hasta bello de ver. Aunque desprende un aura que no se puede pasar por alto. Con coraje, te desafía abiertamente.-¡Vamos, Buccaneer! Tengamos un mano a mano. Lanzame tu mejor golpe. ¡¡Lo detendré!!- su espíritu de lucha es envidiable. Que sea capaz de hacerlo o no, ya es otro cantar. Orgulloso, pero inconsciente del poder real de un pirata del Ragnarok.

Cajita feliz
#10
La destrucción continuó incluso después de que Mike desapareciera bajo el impacto. La gigantesca bola acorazada atravesó el centro del claro como una auténtica catástrofe natural, arrancando tierra, raíces y fragmentos enteros del campamento mientras todo saltaba por los aires a su paso. Mesas, herramientas, telas y cajas desaparecieron bajo toneladas de músculo, hueso y velocidad, convertidos en una lluvia de escombros que se dispersó por toda la explanada. Sin embargo, entre toda aquella devastación, hubo algo que Ubbe no llegó a ver. Cuando el muñeco de paja explotó tras la embestida, una nube de esporas prácticamente invisibles se dispersó alrededor de su cuerpo y se adhirió a él sin que pudiera evitarlo.

El efecto no tardó en hacerse notar. No era dolor. No era una herida. Era una sensación extraña, incómoda, una pesadez que parecía instalarse lentamente en los músculos y las articulaciones, como si el cuerpo le pidiera descansar justo cuando menos ganas tenía de hacerlo. Aquello le desagradó al instante. No porque le impidiera avanzar, ni porque sintiera que estuviera perdiendo el control de la situación, sino porque después de todo lo vivido había aprendido a desconfiar de cualquier cosa que intentara limitar su fuerza. El recuerdo de Burrich seguía demasiado fresco en su cabeza, aunque no recordase clarmente a su enemigo, recordaba la sensación de la pelea. La diferencia de poder que había sentido entonces todavía seguía clavada en algún rincón de su memoria. Si quería llegar más lejos, si quería acompañar a Sigurd hasta el final del mundo y cumplir la promesa que un día le había hecho a Kal, no podía permitirse flaquear por algo así.
Mientras esos pensamientos cruzaban fugazmente su mente, la gigantesca forma híbrida terminó de desplegarse sobre las ruinas del campamento. El suelo seguía temblando bajo su peso cuando algo llamó su atención. Una figura humana. El hombre que había permanecido oculto en la tienda de campaña y al que acababa de arrollar sin siquiera saber que estaba allí. Apenas tuvo tiempo de fijarse en él porque desapareció fugazmente en un movimiento sin igual, además; una segunda presencia irrumpió inmediatamente en escena.
Rápida.
Decidida.
Valiente.
El artista marcial apareció a los pies del titán sin mostrar la más mínima duda, recorriendo la distancia que los separaba en un instante para descargar ambos puños contra la pierna del gigantesco buccaneer. El impacto fue sólido y contundente, transmitiendo toda la determinación de alguien dispuesto a jugarse la vida por proteger a otro. No era una trampa. No era un artefacto extraño. No era humo ni una emboscada. Era un golpe de verdad, un golpe directo, esperando proteger a su camarada. 
Y eso consiguió arrancarle una sonrisa.
La cabeza monstruosa del anquilosaurio descendió lentamente mientras las gafas oscuras reflejaban la figura del hombre que acababa de desafiarlo. Escuchó sus palabras. Escuchó aquel reto absurdo. Escuchó la promesa de que sería capaz de detener cualquier golpe que decidiera lanzarle. Por primera vez desde que había comenzado aquella absurda emboscada, alguien había dejado de esconderse. Alguien había decidido dar la cara y enfrentarlo directamente. Y aunque seguía sintiendo aquella molesta pesadez recorriendo su cuerpo, aquello era exactamente lo que necesitaba.
La situación tenía algo extrañamente familiar. Hacía tiempo, en Little Garden, otro enemigo diminuto había decidido plantarle cara desde una diferencia de tamaño igual de absurda. Una batalla extraña, casi ridícula vista desde fuera, donde una criatura tan pequeña que apenas ocupaba la palma de una mano había conseguido convertirse en una molestia real. Ubbe ya no recordaba ni su nombre ni su rostro. Probablemente tampoco recordaría el de aquel hombre dentro de unas semanas. Su memoria era un desastre para esas cosas. Pero el cuerpo recordaba. El cuerpo nunca olvidaba. Recordaba la sensación de cerrar los dedos alrededor de un enemigo escurridizo. Recordaba la diferencia de escala. Recordaba cómo había terminado aquella historia. En cuanto el Agente A terminó de hablar Ubbe se giró a toda velocidad yendo a por el con su mano. 
- Now we're talking, baby...
La enorme mano descendió fugazmente entonces hacia el artista marcial, buscando cerrarse alrededor de él con la misma naturalidad con la que un hombre atraparía una piedra del suelo. Los dedos de Ubbe apresaron al Agente A por completo, dejando atrapado toda la mitad de su cuerpo dentro de la mano, brazos incluidos. Solo sobresalían los hombros y la cabeza del agente. No había rabia en el gesto. No había odio. Solo la absoluta seguridad de una criatura que llevaba toda la vida midiendo su fuerza contra cualquier cosa que se atreviera a plantarle cara. Cuando su mano de anquilosaurio abrazó el cuerpo del agente A, Ubbe empezó a elevarlo algo más despacio que el movimiento anterior. 
- Al fin tenéis los cojones de salir de vuestro escondite, además que ha sido para defender a tu amigo. ¡Me caes bien, dickhead! - Tras estas palabras, y con la velocidad que caracteriza a Ubbe, su cabeza impactó con el cráneo del Agente A al grito de: 

¡¡SLAM DUNK!!

INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4885 - 840 = 4045
Energia: 4921 - 357 = 4564
Espiritu: 1045 + 0 = 1045


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