Pasado | Expedición Selvática
#1
02 De Otoño - Año 17
11:00AM - Soleado




El sonido del calzado hundiéndose en el barro se escuchó ahogado entre la espesa maleza. Dos aventureros avanzaban uno detrás del otro por el lugar donde muchos lugareños les advirtieron no adentrarse, la selva Oki.

Un escenario descomunal de árboles imponentes, insectos raros y bestias monstruosas, mucho más desarrolladas que cualquier criatura conocida en el South Blue.

Pocos eran los valientes que se adentraban a esos terrenos y muchos menos quienes lo hacían sin tener conocimiento previo del lugar. Sin embargo, uno de ellos era el joven de cabellos castaños y sonrisa provocadora conocido como Miyamoto Ryota, el pirata novicio que ahora, se abría paso entre la maleza con un palo que encontró minutos antes.



“Veeengan brooss, cuutu cutu cutu cutu, Kitty Kitty Kitty ”

La canturrona voz del chico se hacía presente conforme avanzaba, llamando con una expresión encantada a lo que en su mente eran hermosas y nobles criaturas, incapaces de lastimar a ningún ser humano por voluntad propia. De seguro, todas las historias que los lugareños les contaron antes de adentrarse a esos terrenos, eran tan solo exageraciones de personas que no entendían el vínculo inquebrantable entre humanos y animales.

“¿Crees que encontremos algún primo lejano de Honoy?” lanzó la pregunta hacia la mujer que lo acompañaba, la encargada de velar por su seguridad y quien cargaba con la pesada carga de proteger a alguien que ignoraba por completo el peligro real de esos animales, distorsionado por una idea romántica y equivocada de lo que representaban. “Me pregunto si alguno querrá ir con nosotros, ¿Cardan, no te gustaría tener otro amigo como Tocho Morocho?” Pregunto a la serpiente, enrollada temblorosa alrededor de su propietaria.

“Es una lástima que el cobarde no quisiera venir kekeke, pero prefirió quedarse en el poblado con los demás...” Se mofó del equino, recordando su expresión cuando lo invitó a adentrarse en la selva de donde provenían, de tanto en tanto, espeluznantes rugidos que sobreexaltaban al caballo de sobremanera.

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#2
¡Despertarse temprano, prepararse para una nueva aventura y emprender marcha nunca había sonado tan divertido hasta esa mañana! Ni siquiera Matsuri con su extravagante Joyland Park se le había antojado tan interesante como la selva Oki. ¿Fauna salvaje, territorial y de exuberante tamaño? ¿Flora salvaje vista solo en algunos libros aislados? ¿Ríos engañosos con caudales diferentes? El aroma a tierra húmeda, madera, flores y frutos llenan el sistema de la amazona. ¡Incluso la molesta presencia de los insectos se le antoja reconfortante!

Una parte de ella que no todos tienen el gusto de contemplar.

Esa que ignora la pegajosidad de la piel ante la densa vegetación, la que dibuja bocetos en su pequeña libreta, la que toma notas de aromas, colores y sabores; la misma que arranca pétalos de flores y de plantas, guardándolas en su mochila. ¡Al final del día sigue siendo una exploradora!

Claro que algunos disfrutan más que otros.

Entre la emocionada Runin y el encandilado Ryota, un tercer acompañante sufre las consecuencias: Cardan. La serpiente se aferra a su dueña como si la vida dependiera de ello, temblando cual hoja en otoño. ¿Raptar por el lodo y sentirse uno con la tierra? No, es demasiado fancy como para ensuciar su blanquecino cuerpo.

En ello, la voz de Ryota llena el ambiente, provocando una sonrisa en la fémina. ¿Qué con esa manera de llamar a los animales?



—Si quieres también puedes aventarles comida para gato, ya que estamos, cariño. —

Menciona en clara señal de burla. —Fufufufu. ¿Honoy? Me había olvidado de su nombre, me pregunto si seguirá vivo o si alguien ya lo hizo cena para la isla. —Ríe queriendo molestarlo.

Cardan se obliga a negar frenéticamente ante la iniciativa de Ryota. La serpiente es tonta, pero no tanto como para llevar un animal salvaje a bordo. ¡Es una serpiente lógica! Y miedosa, muy miedosa.

—Quédate quieto, me estás golpeando. —Runin regaña a Cardan antes de agitarse queriendo que se baje. —Cariño, llévalo, no me deja escribir y se está ganando un puñetazo. —Runin lanza a Cardan sobre Ryota, como si fuera una bolsa para dormir. —Además, combina contigo. —Lo ha vestido con un lazo verde en el cuello y una pequeña gorra, del mismo color, sobre la cabeza.

—¡Se ven adorables, fufufu! Pero no lo suficiente como para no abandonarlos aquí. Pon cabeza fría y quita esa cara de tonto, cariño ¡Vi una planta que intentó comerme por aquí! Vigilen un rato, no puedo estar cuidando sus traseros siempre que hay anim —La voz muere ante el extraño silencio que se hace con el lugar, los pájaros dejan de trinar y el ambiente se siente tenso.

De fondo solo se escucha el caudal de un río bajo golpeando sobre las rocas y el siseo de las plantas al moverse.



—Shhhhhh…—

La cabeza se menea, no han visto bestias hasta el momento, extraño, muy extraño.
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#3
La aparente felicidad del castaño se vio interrumpida por los jocosos comentarios de  su acompañante en medio de la caminata.



“Heeeey eso no es divertido, Honoy es super fuerte… de seguro sigue vivo causando todo tipo de estragos…”

La duda pudo percibirse en su tono. Era cierto que su fuerza superaba con creces lo imaginable, pero ya tenía sus años y no podría seguir viviendo como un alfa por mucho tiempo. “Ojalá que esté bien…” Pensó con genuina preocupación al creer que el indefenso animal podría encontrarse en peligro.

Si, a ojos de Ryota el monstruo que aterrorizó esa noche de carnaval, era un indefenso animalito.

La caminata continuó hasta que el tembloroso Cardan pareció cansar a su dueña con sus constantes movimientos. Ryota detuvo el andar ante la petición de la morena y simplemente extendió los brazos para que la serpiente pudiera reptar sobre él como ya acostumbraba. “Vamos, Bro, deja tranquila a la gruñona exploradora.” Sonrió al animal, que no tardó en reptar por sus hombros hasta meterse en la mochila que cargaba a la espalda, sacando luego la cabeza para apoyarla sobre el hombro del castaño.

Aunque no contenta con deshacerse del pobre Cardan, la morena se burló de ambos y recalco la cara de tonto del oji ambarino.



“Waos… me pregunto si está en esos días… mejor no le pregunto o será peor…”

Analizo con temor ante la posible respuesta.

Fue entonces que Runin pareció percibir algo. El tono de su voz cambió y los afilados ojos de la mujer se centraron en los matorrales lejanos.

Ryota se giró en dirección al extraño sonido que provenía de los matorrales, solo para notar cómo estos se movían erráticamente al compás de los temblores del reptil a su espalda.

El movimiento entonces se detuvo de golpe, lo que estaba al otro lado de la maleza se detuvo, observando, analizando y dejando ver dos esferas brillantes que aparecieron entre la oscuridad de los arbustos.

Lo que fuera que los observaba parecía prepararse para un ataque, sin embargo, ninguno de los tres pudo llegar a imaginar siquiera el caótico adversario con el que estarían a punto de enfrentarse. Una extraña y contagiosa  melodía comenzó a resonar como si se tratara del sonido característico de la bestia… “Duduuduu dudududu duuuuu” se escucho entre la maleza hasta que en un momento abrupto la bestia emergió de allí hacia los presentes.

Ost

IMAGEN

Un pequeño cachorro waton de no mas de 25cm de alto se paraba sobre sus patitas con movimientos de baile tan tiernos que derretían el corazón de cualquiera y cantaba su melodía con tal armonía que demostraba no tener la más mínima preocupación por nada. “Duduuduu dudududu duuuuu” Cantaba con tal felicidad que haría agrandar el corazón hasta del ser mas vil de la isla.


Los ojos del pirata evidenciaron sus pensamientos, completamente enternecido por la criatura. Sin siquiera decir una palabra, comenzó a imitar los movimientos de baile al igual que su pequeña canción. “Duduuduu dudududu duuuuu, The way you walk, The way you understand me The way you move The way you just whisper me…” Tanto Ryota, Cardan como el cachorro parecieron entenderse perfectamente al mismo tiempo en que saltaban y ninguno notó como un gigantesco tigre de 5M de alto, se abalanzó sobre el trio bailarín con genuina ferocidad.

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#4

La afinidad entre Cardan y Ryota, en ocasiones, provoca más de una expresión contrariada de parte de la fémina; incluso, si fuera más celosa, podría regañar a su serpiente ante la inmensa afinidad que muestra hacia otros. ¡Ah, las traiciones! ¡El pan del día a día! Porque uno nunca sabe desde dónde llegará la puñalada ¿No? Runin niega divertida ante dicha idea, en especial al notar la comodidad mostrada por la serpiente al meterse en la mochila del navegante. Podría burlarse un poco más de ambos o regañar a Cardan por la facilidad con que la que la abandona, sin embargo se siente generosa. ¡Incluso podría utilizar la palabra “feliz”!

Si Runin está feliz el optimismo asciende, las fuerzas se renuevan y las risas se alzan en comunión con la vida misma; claro que la ausencia de bromas crueles no entra en la fórmula positiva de dicha ecuación, tampoco la paciencia.

Por ello el entrecejo se frunce, los labios crean una delgada línea, los dientes se aprietan y el aire entra lento y pesado por sus fosas nasales. ¿Qué es ese… sonido? ¿Algún explorador recién llegado busca encontrar tesoros o conocimiento en el interior de la implacable selva? ¿Sus compañeros han obtenido algún modo de replicar una canción o, peor, alguno de ellos llega cantando la melodiosa tonada? La concentración se rompe cuando se da cuenta que su cabeza se mueve, con ligereza, de arriba hacia abajo.



—¡Chullasaqui! ¡No lo escuchen!

Una antigua leyenda contada por su padrastro aparece en su mente. Un ser de pies desiguales que toma formas diversas para llamar la atención y llevar a sus presas a la selva, de dónde nunca podrán salir. ¡Dicen que siempre silba o lleva una melodía encima! La fémina levanta las manos en puños listos para ser usados. Ahí llega, la canción se abre camino entre el silencio de las hojas, las ramas se rompen, la hojarasca se remueve y… y… ¡ES ÉL!

El mal llega en forma de un pibble watón, tan rechoncho y adorable, tan hipnótico; perfecto para embaucar ilusos.

—¿Es en serio? —La fémina lanza un amplio suspiro hasta que se da cuenta que el pequeño animal canta mientras los demás bailan al son de su pegajosa melodía. ¡Es un chullasaqui! ¡En definitiva debe serlo! Entonces por qué... ¡¿Por qué es tan bonito?! —¡Una vez, cariño! ¡Una puta vez te pido espabilaaaaAAAAAAR! —Le gustaría haber visto una sombra o una sospecha, pero el inmenso tigre es más bien una gigantesca mole de dientes, garras y hambre, demasiada hambre.

Enseguida la amazona se lanza sobre sus compañeros, intentando apartarlos del camino para tomar su lugar. ¡Es lo que cualquier persona haría! Aunque Runin no es especialmente altruista. Su primer pensamiento es ”No me vuelvo a traer a este par de imbéciles nunca más”, mientras atrapa las fauces del animal con las manos. El segundo pensamiento es ”Haré que me pague por salvarle el culo.” al tiempo que ejerce presión y fuerza, estabilizándose.

La tercera idea no es un pensamiento, es un grito. —¡¿Y si me echas una mano aquí para variar?! ¡O te juro que meto al dududdu a la boca del tigrEEEEE! —Porque si tienen tiempo para bailar y cantar, tienen tiempo para evitar que el tigre le vuele la cabeza de un mordisco; aunque como va la cosa, está lista para lanzarle un puñetazo a la bestia y enseñarle un poco de supremacía y moderación. ¡Un tigre jamás estará por encima de una kuja! ¡Y un pibble bailarín nunca podrá encandilar más que ella! Claro que la fémina debe admitir que... es tierno.

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#5
El marcado temperamento de la amazona se hizo aún más evidente en medio de la urgencia.
Las manos de la morena detuvieron de lleno el avance de las temibles fauces que amenazaban a sus compañeros. “—¡Una vez, cariño! ¡Una puta vez te pido espabilaaaaAAAAAAR! —” Ante el llamado, Ryota abrió sus ojos de par en par, notando la presencia del tigre pues su absorción en el lindo animal fue tal que ni siquiera se percató de la existencia del ser de rayas.



“¡Owwwwwwwwwww!”

Ryota no observaba el peligro en los animales, tan solo veía su belleza y los apreciaba desde el más pequeño hasta el más atemorizante. En esta ocasión, lo que a ojos de todos era un temible tigre que forcejeaba con la mujer, ante los ojos del pirata era un adorable gatito waton.

“Dududuuuu” Continúo bailando el pequeño cachorro, brincando en dirección a Runin ante sus amenazas con lanzarlo a las fauces del tigre.

Los gigantescos ojos de este último se desviaron de inmediato al pequeño ser, pero entonces, la amazona pudo sentir cómo la fuerza del gato gigante mermaba. En los temibles ojos de la fiera pudo observar la misma naturaleza que el tonto de su capitán mostró instantes atrás.

“Dududuuu duu dududuuuuu” continuó el cachorro hasta quedarse debajo de ambos, bailando con sus pequeñas y regordetas piernitas como si los invitara a hacer las paces entre ellos.

El resultado fue que, en menos de lo esperado, el gigantesco tigre dejó de hacer fuerza por completo y retiró sus fauces para ronronear en dirección del pequeño animal.

Runin pudo sentir, justo después de que los húmedos dientes de la fiera se ocultaran nuevamente en sus fauces, el contacto de Ryota, quien la rodeó con su diestra por el cuello y se apoyó ligeramente sobre ella. “¿Ves? Tan solo estaba preocupado por Pibbles, no es un mal chico.” No podía estar más lejos de la verdad, sin embargo, la habida exploradora pudo entender que la ternura del cachorro era su método de supervivencia en esa macabra isla.

Al igual que los cachorros de los mamíferos nacían con formas tan tiernas para generar simpatía en otros seres vivos, el cachorro pibbles llevaba ese concepto al extremo, generando que un depredador directo como el tigre buscara su seguridad y los viera a ellos como una amenaza.

No obstante… en esa isla había más de un peligro que podría llegar a verse atraído por la ternura watona.
La tierra bajo los pies de la pareja comenzó a moverse, provocando que Pibbles cayera al suelo y que el tigre erizara el pelaje de su espalda al mismo tiempo que el retumbar se hacía cada vez más notorio. Algo se estaba acercando… y era gigante.
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#6

¿Qué… mierda?

El pequeño perro watón utiliza sus más intrigantes encantos para detener lo que, apenas unos segundos atrás, habría sido una inminente batalla. Los adorables pasos de baile, combinados por aquel singular canto, amansan el corazón del tigre con una facilidad tan desconcertante que la amazona empieza a cuestionar todo lo sucedido frente a sus ojos. Quizá el salvaje félido si logró atacarla y, en ese instante, se encuentra delirando en algún extraño limbo entre la vida y la muerte. Porque, de otro modo, ¿cómo habría de explicar que un pibble danzarín sea capaz de detener ofensivas con la misma facilidad con la que Michael Jackson bajaba armas de fuego con la punta de sus dedos? Irrisorio, un completo absurdo. Aún así, la realidad en ocasiones tiende a superar a la lógica.



—¿Du… Dududu…?

Las manos de la fémina se alejan de la fiera cuando esta prefiere pasar de ella para centrarse en el pequeño pibble. ¿Eso que escucha es un ronroneo? La naturaleza tiende a superar cualquier esquema de ficción, siempre ha sido consciente de ello, es solo que ¡¿No se está pasando un poco en esta ocasión?! La cereza del pastel es Ryota acercándose para hablarle como si de un verdadero conocedor del mundo animal se tratase.



—Claro que sí, cariño, no es como si hubiera intentado comernos hace un par de segundos.

Debe admitir que el pequeño paso de un costado a otro, con las patitas levantadas, esa sonrisa endemoniadamente relajada y los movimientos de su barriga al caminar y saltar no solo resultan pegajosos, sino también divertidos. Sin darse cuenta, la kuja imita sus movimientos. Es sutil, pero ahí está, recordando que incluso ella puede bajar la guardia. ¿Será esa la manera en la que elude el peligro en medio de esa despiadada selva?

”Astuto.”

Es el primer pensamiento que aparece, hasta que recuerda que nadie, ningún ser existente, puede mantener una misma fachada de manera ininterrumpida. ¿Qué hace cuando se cansa y ya no puede entretener a sus enemigos? ¿Hasta qué punto es un buen método de supervivencia? ¿Podrá el pequeño perro comprender el lenguaje humano o aquella melodía es lo único que ha conseguido aprender? ¿Cómo logra siquiera para entonarla? La curiosidad llama. Desea anotarlo todo, conocer hasta el más mínimo detalle. Es una lástima que no se encuentren tomando el té en una ciudad tranquila, sino en medio de una selva, esperando que nada malo ocurra.

Al menos es así hasta que el pequeño pibble cae al suelo debido a las vibraciones de la tierra. El tigre parece espabilar, alarmado. Runin observa a su alrededor con expresión confundida, el entrecejo se frunce, por instinto lleva su mano al pecho de Ryota para hacerlo retroceder ¡No piensa darle rienda suelta a que corra tras otra bestia agresiva! ¿Desde dónde saldrá? ¿Dónde aparecerá? ¿Han sido demasiado ruidosos? Quizá más de un animal esté pensando en salir a cazarlos. 

—Vámonos. —Instiga, la tierra vibra más duro bajo sus pies. —Vámonos, cariño, mueve, mueve. ¡Mueve! —Grita dándose vuelta, no puede mantenerse en pie, el pequeño pibble rueda un poco, el tigre termina por esconderse entre el alto follaje. ¡¿Tan valiente que se veía antes y ahora escapa abandonando el perrito watón?! Runin toma la mano derecha de Ryota empezando a correr, incluso por lástima atrapa al pibble con un movimiento ágil, lanzándolo a los brazos del castaño justo en el momento que la pesada criatura aparece a sus espaldas. Solo un vistazo atrás le roba el color del rostro.



”¿Qué?”



—¡¿Qué… QUÉ MIERDA ES ESO?!

Incluso siendo ella una exploradora entiende la complejidad de esa criatura. ¿Un elefante? ¿Un rinoceronte? Su estructura parece resistente y ¿por qué tiene dientes y colmillos pronunciados? —¡Dime que puedes hacer lo mismo que hiciste con el tigre, cariño! —Le grita al pibble. No suelta a Ryota incluso cuando debe saltar sobre ramas o esquivar algunas que están demasiado bajas.

—Querido Dios, sé que he sido una perra casi toda mi vida, que fui cruel con Ryota y con el pibble, y en verdad lo siento mucho; pero, por favor, te ruego que no me dejes morir. —Murmura rápido cuando el tigre aparece a un costado de ellos. ¿Eh? ¿No se había ido? Le hace una señal a la amazona. ¿Está esperando que suba al lomo de un tigre para correr por el ojo de un huracán? Está a punto de aceptar hasta que se da cuenta de lo obvio, no los invita a ellos, incluso casi muerde a Runin, lo que quiere es sacar del peligro al pibble.

—¡Te voy a soltar! ¡Vete con ese perro! ¡Yo entretendré al rinofante! —Advierte a Ryota. ¿Cómo lo hará? No lo sabe, no es adivina. Incluso se ha inventado ese nombre para la bestia. Aún tiene demasiado qué aprender.
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