Ghost Song [Pasado -Sepultura]
#1
| 36 de Otoño del Año 17 | 6 A.M |

Oscuridad. Llegó un punto en que llego la consciencia, luces bailaban alterando la percepción que lo rodeaban. Su cuerpo siquiera estaba allí, estaba arropado en el inconsciente de su propia mente. No se podía decir cuanto tiempo había pasado, no se podía decir qué había pasado ¿Cuántas aventuras se perdió? ¿O quizás fue este sueño de Otoño una aventura en si misma?

Lo vio todo. Vio las veces que estuvo al borde de la muerte, caminó por las parcelas fúnebres de las criptas en las que se había criado, donde aprendió a leer, donde comenzó a intentarse por un poco de todo, todo el tiempo. A medida que recorría las criptas veía las inscripciones en las lápidas, recordaba todos los nombres que dejó en Baterilla. Avanzaba, y avanzaba hasta que vio nombres... Rackham Uker, Maeda Kiyoshi, el nombre de su madre, su hermana, su padre. De haber tenido cabeza, de haber tenido un rostro se hubiese horrorizado.

Varo Ganchin

No.

La tumba vacía a un lado lo estaba esperando. De haber tenido manos habría acariciado la madera que él mismo había mantenido y cuidado, pero no. Por que la inscripción que lo esperaba estaba difusa, confusa, manchada... ¿Quién lo recordaría si moría ahora? Aún era débil, aun no era nadie ¿Quien moriría antes de que las personas que tenía a su lado cumpliesen sus sueños? No podría descansar en paz, por toda la eternidad ni por un minuto, de no saberse quien lo dio todo por la sonrisa ajena.

Los temblores se hicieron mas notorios. Tuc tuc. tuc tuc. Sincrónicos, rítmicos, estables. Calor ¿Transpiración? No tenía cuerpo pero sentía, no veía pero sabía. Era como cuando quedaba ciego, era como cuando excavaba con sus propias garras.

Entonces

Abrió los ojos, sentándose de un sobresalto. Estaba agitado cómo si hubiese corrido una maratón, sus ojos aun no se acostumbran a la luz cubriéndose con las manos débiles. Estaba en una cama, no era suya. Inspiró con profundidad y entonces comenzó a toser, como si hubiera olvidado cómo respirar con calma.

Estaba vivo.

› No morí

Fue lo primero que exclamó, y poco a poco su visión dejó de ser una difusa mezcla de luces borrosas. Estaba en la enfermería, conocía el olor de ese barniz y la madera lacada de los suelos ¿Qué le había pasado? Al contemplar sus manos, los cayos de sus nudillos y palmas parecían haberse suavizado...

› ¿Kiyo?
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#2
Luego de una gran batalla, los heridos tienden a dedicar tiempo a recuperarse y descansar de cara a futuros enfrentamientos. Sin embargo, aquí no se cumplió esa regla. Kiyoshi, luego de la guerra que comenzó en pleno Mock Town para dar con la Lágrima de la Virgen, llegó únicamente para trabajar con la planta recolectada. Fuera de la enfermería dejó el cofre con todo lo demás robado a aquel médico aliado de los Daten Shi que asesinó, con un pequeño cartel pegado el cual indicaba que Varo podía revisarlo y sacar lo que viese necesario. Al doctor de la tripulación solo le importaba la planta medicinal que tan difícil fue de conseguir.

Durante toda la noche, solo alumbrado por una vela, trabajó, creando el medicamente que aquel peculiar libro indicaba como la pócima milagrosa que podría salvar a su capitán. En la mesa que usa para trabajar solo se ven implementos médicos junto a una taza que debe haberse llenado incontables veces de café, bebestible necesario para mantenerlo despierto y enfocado. Después de todo, en este tipo de trabajo, un fallo puede ser crucial para salvar o matar a una persona, por lo que el estrés que supone saber que no puede equivocarse en ningún gramo es realmente intenso.

Finalmente terminó y no tardó en aplicar la medicación a Eros, esperando que pronto haga efecto. Sin embargo, viendo que ya son las 5 de la mañana, su cuerpo no da más. En una silla al costado de la camilla, su cuerpo sucumbe y se duerme.

Para cuando la medicina cumple con su objetivo y Eros despierta, podrá ver a su costado a un Kiyoshi dormido, cuya apariencia debe distar mucho de sus recuerdos. Tanto su rostro como ropa están manchados de hollín, producto del incendio en el que se vio involucrado. A su vez, la vestimenta presenta gotas de sangre bastante visibles, con su debido olor sumando pistas a la ecuación. Tampoco porta su clásica mascarilla, pudiendo respirar mejor eso sí. No se ve en buen estado, pero está vivo, y eso es lo que importa.

Desde siempre, el pelinegro cuenta con un sueño ligero, por lo que al escuchar la voz ajena, sus ojos se abren y quedan perplejos al ver al fin despierto al enfermo. — Tú… ¿Funcionó? — Se pone de pie y apoya las manos sobre el costado de la camilla, la cual está cubierta por una frazada. Aprieta la misma y, tras unos cuantos segundos que usa para asimilar todo, la suelta. Procede a darle un puñetazo con fuerza medida en la cabeza a Eros, uno que más que agresión, parece una reprimenda. — Ya deja de darme tantos problemas, tonto. — Ya más tranquilo, se deja caer nuevamente sobre la silla, soltando a la vez un suspiro profundo.

Al fin todo vuelve a la normalidad. O eso espera. Dio todo de sí para que así sea.

— ¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde que estás dormido? Es que eres demasiado tonto. ¿Qué diablos te pasó? — Porque por mucho que lo haya curado, no ha logrado dar del todo con aquel traspié que hizo que todo empiece. Y quizás nunca lo sepa. — Da las gracias de que cuentas con un médico de primer nivel como yo. — Pareciera que está dejando salir toda la frustración y dolor que tenía contenidos durante estas infinitas semanas. Pero, en el fondo, está feliz. Por mucho que no sonría y se vea más irritable que nunca, la calma ha llegado a su alma.
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#3
Corría sin parar. La respiración, acelerada, no me daba para coger más aire. El sudor descendía por mi frente hasta empapar todas las partes de mi cuerpo. Por más deprisa que fuera y por más esquinas que doblase, ella seguía allí. Una gran sombra recorría las calles tras de mi. Huía del puerto de Samba hacia aquella montaña, río arriba. Nunca hubiese pensado que una sombra fuese capaz de remontar contra la corriente con esa facilidad. Descendí por los rápidos y puso rumbo a la selva, pero no conseguía dejarla atrás. Encontré una cueva y me adentré en ella. Pensé que los dinosaurios que había en ella podrían detener a aquella sombra. Sin embargo, en cada nueva gruta que exploraba, aparecía la enorme sombra con su risa histriónica. Conseguí hallar la salida. La roca se abrió ante mi para mostrar un paisaje blanco, nevado. Una ventisca arreció y el tronco de un árbol enfermo se derrumbó junto a mi. Decidí usar la corteza para deslizarme por la colina, pero ni con mi rápido descenso dejaba atrás el eco de su risa. Mi improvisado trineo se detuvo al clavarse contra una duna de arena. Abrí mi chaqueta, pues el sol castigaba en aquel paisaje desértico. Corrí lejos, sorteando las dunas y los cactus. No debería ser así, pero aquella sobra parecía no diluirse ni bajo el sol más intenso. Siempre persiguiéndome, cada vez más y más cerca. Al fin, dejé atrás al desierto para llegar a una ciudad portuaria. Sus calles llenas de ruido no podían evitar que la voz de la sombra me encontrase. Sentía su peso sobre mi espalda, haciéndome más y más lento cada vez. Corre, solo un poco más, me repetía sin cesar. Doblé una nueva esquina y fui a parar a un callejón sin salida. Atrapado me giré y la sombra estaba allí. Casi pude ver cómo sonreía antes de abalanzarse sobre mi. Me había atrapado.



Desperté con un sobre salto. Incorporado, pude sentir cómo el aire enfriaba el sudor que cubría toda mi espalda. No era extraño que tuviese este tipo de pesadillas desde hacía unas semanas. Unas veces era esa sombra que me seguía allí donde fuera. Otras, sin embargo, me encontraba encerrado en una jaula de la que no podía escapar. Una jaula que se hacía cada vez más pequeña. Pero, sin duda, las peores eran en las que corría sin rumbo y todo a mi alrededor desaparecía; el paisaje, nuestro barco, mis amigos... Hasta que quedaba completamente solo en mitad de la nada. Estos sueños me atormentaban desde hacía tiempo, pero la situación había empeorado desde la enfermedad de nuestro capitán. No creo que se debiese a inseguridad, pues confiaba plenamente en la fuerza de mis otros compañeros. Seguramente era debido por el temor de perder al último del grupo con el que había partido de Samba.

Di una vuelta sobre mi colchón. Otra más. Y luego otra. El sueño parecía haber cedido ante la preocupación. Retiré las sábanas que me cubrían y puse los pies en el suelo. Aún no amanecía, pero aquella noche parecía haber terminado para mi. Pensé que sería un buen momento para revisar algunos de mis libros, por lo que me levanté y fui a buscar un vaso de agua que me acompañase en mi estudio. Volví de la cocina y al poner rumbo hacia la biblioteca, al pasar frente a la enfermería, tropecé levemente con una arcón en el suelo. Maldito Dichosh... no, él nunca sería tan desorganizado sin motivo. Miré el cofre y había una nota junto a él que me indicaba que podía revisar su contenido y quedarme con lo que necesitase. Cargué con el cofre hasta la biblioteca y comprobé qué contenía. Un intenso aroma floral llegó hasta mi hocico. El cofre estaba lleno de hierbas de todo tipo: algunas podrían servir para fabricar medicinas, otras como condimento para las recetas de Uker, y otras, sin embargo, tenían una utilidad mucho menos noble. Cogí con cuidado uno de los ramilletes, pues no quería hacerme un té con las hierbas equivocadas; morir no era la mejor manera de empezar el día.

Di un sorbo a mi infusión, mientras hojeaba mi última adquisición. Era un libro que trataba sobre la flora y fauna de esta isla. Ya conocía las plantas que había visto en aquel cofre, pero no me vendría mal un poco de ayuda sobre dónde poder encontrarlas aquí en Jaya. Nunca se sabe cuando se puede necesitar un ungüento o un antídoto. Revisé el libro durante un buen rato hasta que decidí hacer mi visita matutina a la enfermería. Desde que Eros había caído enfermo, iba todas las mañanas a verle. Una visita corta, sin molestar. En ocasiones tan solo me asomaba lo justo para ver si aún se encontraba allí. Como si tuviera la esperanza de que las cosas cambiasen de un día para otro sin más. Sin embargo, esa mañana algo era distinto. Según me fui acercando a la enfermería, pude escuchar una voz. Aceleré el paso. ¿Qué estaba ocurriendo? Kiyoshi parecía estar dando una reprimenda a alguien. ¿Sería tal vez que...?

Abrí la puerta, con una mezcla de emoción y miedo por lo que pudiese encontrar. Allí estaba, no solo el doctor, sino también nuestro capitán. Consciente. La alegría inundó mi cuerpo de tal manera que me deshice de los últimos resquicios de sueño y me abalancé hacia la cama, mis brazos abiertos de par en par.

—¡Eros, estás despierto! —me detuve antes de llegar a abrazar al capitán, pues no sabía cómo de delicada era su situación aún. Entonces giré mi mirada hacia el doctor y salté hacia él.

—¡Kiyoshi! Lo has... —también me detuve, no solo al ver su aspecto, sino porque era consciente de su aversión al contacto físico— ...conseguido. Gracias. Eres el mejor.

Volví mi mirada de nuevo hacia el capitán.

—Me alegro de que estés de nuevo junto a nosotros. Yo... Pensé que...

Mi sonrisa abarcaba todo mi rostro. ¿Quién hubiera pensado que mi día comenzaría así?
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#4
Cocinaba, hacía tiempo que no no hacía con tanta felicidad en el corazón. Se sentía extraño estar cocinando en la cocina de su hogar, con esas paredes y muebles de un blanco tan brillante que a veces era difícil preparar el desayuno sin cerrar las persianas. ¿Por qué se sentía tan bien de repente? Su mente no dejaba de decirle que estaba de nuevo en casa, que podía volver a recorrer ese lugar, pero él nunca se había ido.

¿Verdad?

Un platillo simple, unos sándwiches repletos de ingredientes pero felices de comer, tal y como su padre le preparaba mientras estudiaba y él mismo lo ayudaba con eso. Habiendo tomado el plato y llevándolo consigo, avanzó por la casa, deteniéndose frente a un espejo en un pasillo. Notó algo raro en él, tardó varios segundos en darse cuenta de que ahora poseía un mechón blanco que no había estado ahí antes. ¿Eran canas? Aún era joven para eso, pero ya tendría tiempo de revisar qué había pasado.

Sus pasos lo llevaron a la habitación más alejada de la cocina, esa que siempre estaba en silencio, pero que hoy parecía desprender alegría y ánimos. Al pasar por el marco de la puerta, pudo verlos a ambos ahí, su padre y su madre sentados en la cama, ella ella claramente era quien había ocupado ese lugar para descansar, mientras que su esposo solo se sentó en el borde contrario y ahora reía con ella de alguna anécdota de su juventud. En cuanto vieron llegar a Uker ambos sonrieron pacíficamente, extendiendo sus brazos y llamando para un abrazo. - Hijo… -.

Quiso avanzar, pero, por alguna razón, su cuerpo se sintió pesado y no le respondía. Sus ojos soltaron lágrimas, las cuales vio caer al impoluto suelo y marcarlo. - ¿Por qué yo…? -. No pudo terminar de preguntar antes de que las palabras de su madre lo golpearon de nuevo.

- Estarás bien sin nosotros -

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Sus ojos se abrieron con calma, pese a sufrir de pesadillas no era común que se despertara sobresaltado o con miedo. Miró el techo un momento, preguntando cómo había caído en una creación de su mente así. Desde los 12 años que no había pisado esa casa, nunca había tenido su mechón blanco antes de perder a su familia, su madre nunca estaba en casa porque se la pasaba en el hospital y ahí la veía todos los días.

Ahora simplemente se sentía como un idiota por creerse algo como eso.

Sus piernas se doblaron haciendo que sus rodillas toquen su pecho, repitiendo el movimiento hacia el lado contrario con bastante fuerza, logrando levantarse y caer de pie en el suelo. Observó un momento el grupo de sábanas y almohadas que usaba para dormir, todo en el suelo como si se hubiera caído de la cama, pero no existía tal cosa para él. Se había acostumbrado a dormir en el suelo, con más o menos comodidades, pero un colchón le parecía incómodo desde hace muchos años. Se tomó el tiempo de doblar las sábanas y acomodar todo en una esquina de forma perfecta, convivir con Kiyoshi le había demostrado que era más fácil hacerlo en ese momento que luego luchar con esas cosas cuando le toque limpiar.

Aún había silencio en el barco en cuanto sus pasos lo sacaron de esa habitación. A medio camino se encontró con un cofre con una nota para Varo. Ya que no parecía algo para él, simplemente lo dejó estar y no le dio importancia, por lo que siguió su camino hacia la cocina. No tardó mucho en calentar una sartén y echar en esta dos pares de panes, dejando que uno de sus lados tomara un color más oscuro mientras él comenzaba a colocar los ingredientes sobre estos. Tomate, lechuga, jamón, queso, cosas simples, incluso se encargó de moler un poco de huevo duro y esparcirlo en cada preparación como si fuera queso.

En cuanto hubo terminado, se tomó un momento mirando el plato con los dos sándwiches preparados, para luego mirar la sartén. En menos de 8 minutos, ya estaba terminando de sacar el último par de sándwiches de los 6 que había preparado para el resto de miembros de la tripulación. En cuanto hubo terminado, dejó lo preparado en la mesa y tomó su propio plato, saliendo a cubierta para poder desayunar mientras fumaba un poco.

Comió lento, intercalando con el cigarrillo, hasta que la luz del sol volvió a hacerse presente una vez más. Con esta, también llegó un nuevo periódico, lo leyó sin prisa, aún tenía tiempo, al menos hasta que escuchó un grito proveniente del interior del barco.

Observó la escalera que llevaba adentro con una ceja alzada, sabía que esa era la voz de Varo, pero se preguntaba qué podría haberlo hecho gritar. Con calma, ingresó de nuevo, llevando consigo el periódico y el plato con aún un sándwich en él, vio el plato con más sándwiches que les había dejado aún impoluto sobre la mesa, supuso que no habían pasado por ahí o habrían tenido miedo de tomar alguno. Tiró el cigarrillo apagado en la basura y tomó ambos platos para dirigirse a la enfermería, pues sabía que Varo solía visitarla en las mañanas.

- Oh, estás despierto -. Su frase resonó desde el marco de la puerta, sin parecer sorprendido por la recuperación de su capitán. - Buen trabajo, Kiyo -. Avanzó hacia ellos y les fue ofreciendo el plato con los sándwiches, esperando que no tengan miedo de comer un poco. - ¿Cómo lo conseguiste? ¿Tiene que ver con esas cosas que vi tiradas por ahí? -. Varo también se encontraba ahí, seguramente ya le había echado un ojo a la nota que ponía su nombre.
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#5
Uno a uno todos comenzaron a unirse a lo que parecía ser una reunión improvisada de los tripulantes, no podía decir que le molestase en lo más mínimo ver a sus amigos pero se sentía extraño. Desde su perspectiva solo había cerrado los ojos, soñado un rato, y abierto los mismos pero ahora que palpaba sus labios, la sequedad de los mismos, sus comisuras inclusive el largo de sus uñas, algo que siempre mantenía controlado por la naturaleza de sus oficios, lo hizo suspirar con profundidad. No había una respuesta que le pudiese dar a Kiyoshi, era de hecho lo contrario.

› Ven aquí Varo, no te contengas

Extendió los brazos de lado a lado esperando el saludo de su compañero mientras negaba con la cabeza en torno a Kiyoshi.

› No se que paso... ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? Esa vez en Arabasta, antes de zarpar cuando Inuzuka Jin vino a... Hablarnos de ese poder misterioso tuve el primer desmayo, lo atribuimos al cansancio pero ahora es como si...

Había una laguna mental, el solo pensar en ello le generaba un fuerte dolor de cabeza. Las puntadas en la sien parecían ser cada vez más fuerte, frunciendo la expresión al ser incapaz de ignorar el dolor. Entonces su estomago rugió, pues sí, tenía hambre.

› Se ven deliciosos Uker, gracias

Normalmente Eros esperaba a que todos comiesen para empezar, costumbre de su crianza, pero ésta vez fue distinta usando ambas manos para tomar sándwiches que prácticamente empujó dentro de su boca a presión sin tomarse su tiempo, ni el decoro, para comer más que devorando la comida frente a él. Tenía mucha fuerza que recuperar.

› ¿Dónde estamos por cierto?

Inquirió ladeando la cabeza, claramente sabía que estaba en el Black Widow pero cierto era tambien que Eros aun no había puesto un solo pie en las calles de Jaya.

› Te has vuelto más fuerte Kiyoshi... Todos ustedes... Necesito ponerme al día, me siento más débil que antes... Gracias Kiyoshi, no se que pasó pero se que sin tu esfuerzo seguiría roncando más cerca del arpa que de las guitarras
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#6
— Por supuesto que lo conseguí. No soy tan tonto como para no poder tratar a uno de mis pacientes. — Se apresura en decir, aunque pronto se deja caer en la silla que segundos antes lo sostenía mientras dormía. Está cansado, pues se nota que pasó por mucho el día anterior, pero desmayarse él ahora sería la peor de las ideas. Más que un sándwich, preferiría un café bien cargado que le ayude a mantenerse despierto. Aun así, toma uno tras quitarse el guante sucio que lleva en las manos. Da la primera mordida y mastica lento, degustando el sabor y dándole algo de alegría a su paladar. — Desconozco qué te pasó. He dedicado incontables horas a estudiar tu caso, pero solo pude dar con lo que tenías y cómo curarlo. El cómo surgió es una respuesta a la que no he llegado. — Y, siendo sincero, no quiere buscarla, no ahora que Eros ya está despierto. Lo más cómodo para todos sería intentar dejar en el pasado este incidente tan dramático, aunque seguramente sea complejo para todos.

¿Cómo que dónde están? ¿Será que dormir tanto tiempo afectó de sobremanera su cerebro? No sería tan raro, así que en uno o dos días, cuando ya estén más descansados, lo propicio sería hacerle unas cuantas pruebas psicológicas para ver si posee daño cerebral o algo parecido. Estar tanto tiempo en coma, si es que podemos decirle así a como él estuvo, tiende a dejar secuelas. Por lo mismo, ayudarlo a reinsertarse nuevamente en el mundo es un trabajo que debe aceptar él como médico. Una vez eso esté solucionado, se dedicará a descansar una semana aunque sea. Realmente lo necesita.

— La planta medicinal estaba agotada en toda Jaya. Estaba acaparada por un peligroso médico de la isla, aliado de los Piratas Daten Shi. — Comienza a contar lo que ocurrió recientemente y cómo es que logró traer de vuelta “a la vida” a Eros, lo que no fue sencillo. — Me la vendía por demasiados millones, así que tuve que quitármelo del camino y llevarme sus cosas. Por eso regresé con un cofre completo. — Curioso que omita totalmente el detalle de que incendió todo un bar, llamando la atención de mucha gente, sumado a amenazantes palabras de advertencia que aseguraban que la peor idea que podían tener era meterse con su tripulación. A fin de cuentas, asesinó a Fígaro Jack, un tipo que se llevó la vida de muchos en Jaya para así sacar adelante todo su negocio.

Para este momento, ya se ha comido el primer sándwich e incluso ha tomado el atrevimiento de sacar otro del plato traído por Uker. — Así que quizás estemos un poco enemistados con esos tontos de los Daten Shi. Espero que eso no les moleste. — Sabido es que Varo es un poco cobarde y que Uker no siempre aboga por usar la violencia para cumplir los objetivos, así que desconoce qué tanto apoyarán su accionar. Aun así, se apura en complementar sus palabras y defenderse desde ya, por si acaso. — Era eso o dejar que este tonto estuviese muerto para siempre. Y créanme que un cadáver huele bastante mal como para llevarlo con nosotros todo el resto del viaje. — Sobre todo porque desconocen qué tanto más durará. Se supone que deben cumplir los sueños de cada uno, pero ¿realmente serán capaces? ¿O simplemente se esfuerzan esperando a que la muerte venga a arrastrarlos directamente hacia el infierno?

— Hemos estado bien en tus largas semanas de ausencia, Eros. Ya estamos asentados en Jaya. Por el momento no hemos sido atacados. Ah, y tampoco he obtenido más información sobre ese Haki que comentó el otro tonto, por si es que te acuerdas de ello. — No ha tenido cabeza para ello, pero sin duda es algo que no ha olvidado. Espera que Eros tampoco. — Tómate unos dos días para adaptarte, pero ya debes volver a ser un capitán. Hemos mantenido en secreto que Eros Focarlos se encuentra fuera de combate. Somos piratas, y una tripulación sin su cabeza, puede ser vista como vulnerable ante las tontas pirañas del mar.
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#7
Las palabras de Eros me hicieron saltar a su lado y abrazarlo. Un abrazo intenso, aunque comedido, pues no estaba aún seguro de su estado de salud. El gesto fue breve. No por mi aversión al contacto físico; sin duda no habría nadie en esa isla con mejor desinfección que un paciente de Kiyoshi. No quería interrumpir la conversación, pues el doctor parecía preocupado por la salud de nuestro capitán. Hablaron del desconocimiento de la causa de su enfermedad, de un hombre al cuál no había oído nombrar aún y de un misterioso poder.

Me aparté de Eros mientras observaba a mis compañeros. Kiyoshi se mostraba abatido sobre su silla. Eros, con signos de dolor, tomaba uno de los sándwiches que le ofrecía nuestro cocinero. Uker... ¿cuándo había entrado? Había estado tan emocionado por el despertar de Eros que ni siquiera había reparado en su llegada. ¿O es que acaso era más sigiloso de lo que parecía? Como sea, cogí uno de los sándwiches que me ofrecía desde un plato y agradecí con la cabeza. Mi mano fue a buscar el ala de mi sombrero, pero a esas horas aún descansaba en el perchero de mi habitación. Le di un bocado a mi desayuno. Pese a la sencillez de la preparación, Uker siempre sabía cómo sacarle el máximo partido a los ingredientes que nos podíamos permitir. Era un gusto poder disfrutar tanto de vegetales como de las frutas que se preocupaba que comiésemos. Aquella mañana, además de algo de tomate y lechuga, el sándwich llevaba un queso de sabor ligero pero que ligaba a la perfección con el resto de alimentos y un poco de alguna chacina, la cuál deseé que fuera de algún animal sin pelaje.

Seguí disfrutando de mi desayuno, asintiendo ante las palabras de mis compañeros. Planta medicinal. Piratas Daten Shi. Continuaba masticando. Cofre completo. Un bocado más, mi boca a rebosar. Enemistados. Daten Shi. Un sabor amargo lleno mi boca. Intenté cortar a Kiyoshi, pero me atraganté con toda la comida que había acumulado. ¿Qué era aquello de que ahora teníamos unos enemigos nuevos? Tosí. Pedazos del sándwich saltaron por los aires. Miré a Kiyoshi con temor, luego a Uker con vergënza.

—Lo siento —dije con timidez, sensación que cambié rápido al recordar por qué quería intervenir—. Es que esos piratas suenan temibles. Demasiado como para tenerlos de enemigos. ¿Alguno de vosotros sabe acerca de ellos?

Intenté parecer algo más calmado. Sin embargo, mis pies me delataban. Había sido todo un avance para mi no empezar a dar vueltas por la habitación lanzando mis agoreros presagios al aire. Seguro que vendrán a por nuestras cabezas. Así que este si que era el final de nuestro camino. Era demasiado joven para morir. Todos lo éramos. Por suerte, pude contener mis labios para no dejar escapar ninguna de esas palabras. No era así con mis piernas, pues su temblor dejaban entrever mis pensamientos. Ahuequé el cuello de mi camisón, como el que intenta aflojarse la corbata. Me había prometido ser menos cobarde. No podía mostrarme tan asustadizo, menos aún frente a nuestros enemigos. Sin embargo, aquello era demasiado. Por lo que sabía sobre otras lenguas y mitología, aquel nombre hacía referencia a demonios. ¿Quién podría tener un nombre tan aterrador para una tripulación?

Continué escuchando con atención. La punta de mi pie golpeaba el suelo con insistencia, como si tratase de darle ritmo a una melodía endiablada. No sabía dónde colocar mis manos, pese a que en una de ellas tenía aún la mitad de uno de los sándwiches que nos había traído Uker. Mi nerviosismo se fue diluyendo al escuchar lo siguiente que comentó el doctor. ¿Qué sería aquello del Haki? ¿Acaso se trataba del mismo poder misterioso que habían nombrado anteriormente?

—¿Qué es eso del Haki? —pregunté con genuina curiosidad— ¿Y quién es ese tonto que os habló de ello?

La revelación de Kiyoshi acerca de nuestra nueva rivalidad habían despertado mis instintos de supervivencia. Tal vez, el sujeto al que se referían mis dos amigos no quería más que tenderles una trampa. O quizá sería un nuevo misterio a resolver. 

—Como sea. Kiyoshi tiene razón, capitán. Te necesitamos. Esto no es como el mito de la hidra. A nosotros si nos cortan la cabeza, no nos saldrá otra.

Algo cierto, literal y figuradamente. De cualquier manera, ya no lo decía desde el temor a un ataque enemigo, sino desde la preocupación por el bienestar de un amigo. Siempre me había resultado llamativo cómo funciona la mente, pues cambia de foco rápido cuando se le presenta algo de interés. En el momento en el que Kiyoshi había mencionado aquel misterioso elemento, mi cabeza se había puesto a trabajar para intentar recordar algo de información que hubiese podido leer. Incluso el apetito me había vuelto. Di un par de mordiscos al sándwich y volví a saborearlo.

—Oye, Uker. ¿Qué tipo de queso es este? Tiene buen sabor —pregunté tras haber tragado. Uno no debe olvidar las formas—. Y por favor, dime que el jamón no viene de ningún animal con pelaje.
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#8
Ante las palabras del recién despertado sobre su comida, simplemente sonrió levemente y le hizo un gesto con la mano, diciéndole sin palabras que no tenía que puntualizar esas cosas. - Asumimos que con “quitarlo del camino” te refieres a que lo mataste, entonces… -. Dio un pequeño bocado a su propio sándwich y esperó a haber tragado correctamente antes de seguir hablando. - Esos Daten Shi, ¿vendrán a buscarnos? No digo que sea bueno buscar problemas, pero tampoco creo que sean la gran cosa -. Asumiendo que su capitán podía recuperarse del todo y estaba en condiciones para pelear. - Y claramente hubiéramos preferido que Eros se despierte, así que no veo problema en enemistarnos con alguna que otra banda por ahí -. Hablaba de ellos como si no fueran los que actualmente dominaban la isla en la que estaban.

Varo mostró una de sus tantas caras, ese miedo que a veces lo azotaba cuando pensaba en ser atacado por otros. Ante esto, el cocinero simplemente se acercó a él y le colocó la mano en la cabeza suavemente, queriendo consolarlo de alguna forma. - Tranquilo, incluso si no sabemos nada de ellos, nosotros somos muy fuertes, ¿no es así? -. Al hablar, miró a sus otros dos compañeros, sonriendo y esperando de ellos la misma voluntad de pelea que extrañamente había llegado a Uker desde hace un tiempo.

Comparado con el hombre que era cauteloso con quien podrían encontrarse en Arabasta, parecía cambiado. Lo más probable era que los diversos moretones y vendajes en sus brazos pudieran contar algo sobre eso.

Así que Varo no conocía de quién hablaban. Kiyoshi había tenido que decirle de quién se trataba en cuanto le había pedido ayuda para cargar el cuerpo de Eros hacia el interior del barco. - Jin, perro faldero de Sohem según lo último que supe de él -. Con eso debería ser suficiente para que Varo se haga una idea de con quien trataban. - ¿Van a creerle algo de lo que diga? De lo poco que sabemos ese tipo no es confiable -. Tal vez estaba hablando desde su propio odio hacia esa persona, pero le parecía raro que fuera justamente Kiyoshi quien se hubiera creído alguna de las palabras que mencionaba ese energúmeno. Tampoco tenía idea de lo que su capitán y el médico habían hablado con él, pero creerle a Jin…

La molestia que comenzó a sentir se apagó en cuanto sintió un pequeño tirón en su pantalón, el cual ascendió hasta que se hizo presente ese animal que ahora poco se separaba de ellos desde que se lo habían cruzado. - Oh, cierto, pasaron un par de cosas más. Ahora tenemos una mascota, por ejemplo -. La mano que antes había usado para calmar a Varo ahora subió hasta su hombro y acarició suavemente al pequeño mapache, el cual aceptó el gesto con mucho gusto, para después ponerse a revisar la habitación con la vista. - Además de encontrarnos con Musashi -. Soltó el nombre del pequeño animal para que Eros ya lo tuviera presente. - Kiyoshi y yo nos topamos con una mujer algo… peligrosa… -. No sabía cómo explicar de forma simple lo que había ocurrido, por lo que se limitó a esas palabras y ya hablaría de eso en otra ocasión. - De cualquier manera, no es una amenaza, así que es un problema menos -. Partió un trozo del pan de su comida y lo subió hasta que el propio animal pudiera tomarlo con sus manos, el cual se puso a revisar la comida para encontrar suciedad, algo común en su especie.

- Aún si los Daten Shi no nos atacan, debemos hacer algo -. Tal vez era muy pronto para decirlo, Eros apenas estaba despertando, pero había algo que lo molestaba profundamente. - Ahora que Eros está despierto, debemos conseguir renombre con rapidez -. Su mano se cerró en un puño que luego se alzó. - Nuestros Wanteds no están subiendo, y en cierta forma eso es bueno, pero también puede significar que nos estamos quedando atrás -. Era raro escuchar eso viniendo de alguien como él. - Ni siquiera la fama de tener a dos de los más buscados de los Blues en la tripulación sería suficiente si no hacemos que ese número crezca. Los Wanteds no reflejan tu fuerza real, pero son un buen indicativo, y si necesitamos conseguir información para llegar a nuestros objetivos debemos demostrar un dominio mayor que el resto de la generación -. Es como si hubiera fuego en sus ojos, observando su propio puño que se cerró con aún más fuerza.

- Además… -. Al decir esto, rebuscó caóticamente en el interior de su abrigo. - ¡Debo hacer crecer mi nombre o esto seguirá tal y como está! -. Del interior de la prenda, sacó un papel, justamente un cartel de recompensa con su rostro y nombre en este. Esos más de 250 millones que se daban por su cabeza no opacaban a su vista un error horrible y el cual marcaba con su dedo como si fuese la peor cosa que le hubieran hecho en años: Su nombre tenía una C de más que no iba. - Pelearé con tantas tripulaciones piratas y marines como sean necesarias para arreglar esto -.
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#9
Era mucha información de golpe, pero no podían culparlo. Había estado semana inconscientes y ahora debía amoldarse al mundo nuevamente ¿Datenshi? ¿Mascotas? Haki, había muchos temas en el tablero y él debía mostrarse responsable. Sin esperar mucho más se levantó de la cama haciendo tronar los huesos de su espalda, si bien todo era nuevo había que considerar opciones, variables, planes y objetivos.

› Que lindo perrito Uker, ya me contarás la historia de cómo lo encontraste… Pero bueno, más importante ahora todo ésto con los Datenshi y el haki

Ordenó casi mentalmente las prioridades caminando hasta el otro lado de la enfermería para tomar su sobretodo que colgaba en uno de los percheros, el cual colocó por encima de sus hombros no por frío sino más bien para ya ir reacondicionandose como el capitán que era. Se había cansado de descansar.

› Si nos enemistamos con estos tales… Datenshi, entonces solo será cuestión de evitar peleas innecesarias hasta que no tengamos una noción de quiénes son. Estén atentos, no deambulen por la ciudad solos Kiyoshi y Uker, por Varo no me preocupo porque tú eres el más sigiloso de todos… Es más, para que te quedes tranquilo deberías pegarte una vuelta por la ciudad, ver que se está diciendo de estos tipos, conseguir nombres, habilidades, todo dato útil que se pueda sacar

La inteligencia era un arma, la información era un recurso vital y era quizás por el único motivo que aún no los habían atacado. Por su parte el debía demostrar que había vuelto, ¿Sería con un revuelo? Todo estaba por verse, primero debía planear y planear.

› Estoy de acuerdo con Uker, aunque sea para fanfarronear es importante que la gente vea nuestro wanted y sepa que no debe joder con nosotros… Hay tres puntas que me interesan… Datenshi, Haki y Skypiea.

Levantó tres dedos de la mano.

› Mientras estemos en Jaya quiero que esas sean las prioridades, actuaremos en grupo y con cuidado, tenemos que consensuar cada paso que demos… No estamos en las ligas menores, ahora que he vuelto es hora de ponerme manos a la obra

Entonces se sentó nuevamente en la cama de la enfermería alrededor de sus compañeros, tomando uno de lo sandiwch para seguir devorando con ahínco. Todo tenía un tiempo un lugar, primero necesitaba reponer nutrientes.

› Escucho sugerencias, e ideas para encarar los objetivos ¿Se sabe algo del clima necesario para ascender a Skypiea? Quiero estudiar las tripulaciones de Jaya, ver si hay posibles aliados o enemigos, gente que sepa de Haki... ¿El jefe de Inuzuka Jin querrá reunirse? Ese poder no es una mentira Uker, está comprobado. Es como si tuvieses una fruta del diablo que te deja localizar personas sin ver, saber sus emociones, a sabe cuantas personas lo tienen
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#10
A Varo le pregunta la idea de que haya una tripulación pirata de renombre que pudiera verlos como enemigos. Sorprendentemente, Uker se muestra más tranquilo al respecto. ¿Será que al fin ese cocinero tan precavido que era hasta Arabasta comienza a quedar atrás? Ojalá que así sea. Un tipo con su fuerza no debe dudar, porque si lo hace, el poder combativo de la tripulación se verá mermado. Eso no se puede permitir. — Lo lamento, Varo. Era eso o ver morir a Eros. Espero que me entiendas. — No es de su gusto tomar decisiones con las que el resto no simpatice, pero, específicamente en este caso, se vio entre la espada y la pared. Desde el comienzo se prometió llegar hasta las últimas consecuencias con tal de cumplir a cabalidad su papel como médico del grupo. Eso claramente incluyó quitarle la vida a un tipo peligroso, tal como entiende Uker.

Para su sorpresa, al fin llega a sus oídos el nombre del jefe de Jin. Kiyoshi inmediatamente asume que, desde el comienzo, siempre fue el tal Sohem. No tiene cómo saber que antes Jin tenía un jefe diferente, así que el médico se queda con un conocimiento en parte erróneo. — ¿Ese tipo no fue el que te ayudó en Little Garden? Jamás pensé que fuera el jefe de Tontojin.

Si bien entiende que Uker no confía del todo en él, Kiyoshi se caracteriza por ser un hombre que va de frente y cumple con su palabra. Por lo mismo, muy a su pesar, deberá abogar por el Yakuza. — Lo conozco desde antes de ser un pirata. Hasta el momento, nunca me ha traicionado, aunque sí te doy que es un tonto profesional. — Y aún queda un último dato. — En el último encuentro que tuvimos Eros y yo con él, llegamos al acuerdo de que no lo veríamos como un enemigo. Así que, Uker, Varo, tienen prohibido atacarlo en caso de verlo. Por supuesto, esta regla puede romperse si es que él les da motivos para hacerlo. — Pues el bienestar, el honor y todo lo que eso conlleva en sus compañeros es mucho más importante que aquello prometido a Jin. Hay rangos, niveles, y los Sepultureros siempre estarán por encima de todo para Kiyoshi. Eso no se negocia ni se cambia.

Y en cuanto al Haki, que también Varo parece estar interesado en este nuevo concepto, tal como lo estuvieron Eros y Kiyoshi tiempo atrás, revela lo que sabe. Aunque tampoco es mucho más de lo que les acaba de comentar el topo. — Fue capaz de saber dónde yo estaba sin siquiera verme. Es una habilidad que debe estar más allá del olfato de Eros. Sin duda llama la atención, aunque más que necesitar que alguien te lo enseñe, no sé. Eso es todo.

Procede a quitarle el cartel de “Wanted” a Uker, viendo por primera vez el error ortográfico que hay con su nombre. Si no fuera precisamente Kiyoshi, se estaría riendo a carcajadas, pero internamente sí le causa gracia, aunque no lo demuestre para el exterior. — Aunque es un tonto incidente desafortunado, es positivo que muestres algo más de agresividad Uker. No olvides que aún tenemos que encargarnos de esos marines que intentaron atraparte en Little Garden. — Eso sí, a Kiyoshi no le preocupa demasiado el valor de la recompensa. Si bien le ha ido agarrando el gusto de a poco, sigue pensando en el fondo de su ser que liquida su reputación como médico. Quizás eso le impida volver a trabajar normalmente en el South Blue como desea hacerlo de nuevo algún día. Además, en ese sentido de valor por captura, ya se siente muy atrás en comparación con sus compañeros, por lo que motivarse con eso ya no tiene mucho sentido a estas alturas.

— ¿Skypiea? — Kiyoshi siempre anda perdido respecto a las islas de este mar, por lo que le toma por sorpresa. — Me he encargado de hacer saber que estamos en la isla, pues he nombrado por ahí las recompensas de Varo y Uker. — Lo ha hecho muchas veces, la verdad. — Si hay posibles aliados, quizás ellos mismos se acerquen a nosotros. Me andaré con cuidado, pero no quiero esconderme. Si logro dar con alguien, o con alguna tripulación, se los haré saber antes de hacer algo estúpido por mi cuenta.
[Imagen: u2oxCl9.png]

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