[Social][Pasado] ¡Hoguera de confrontación!
#1
Día 55 de Verano, Año 17

El calor asfixiante de hacía unas horas se había esfumado prácticamente con una rapidez nunca antes vista por el marine, recordándole que el desierto no tenía piedad con nadie y que aquellas dunas pronto pasarían de ser un divertido lugar donde practicar surf en la arena a lo que podría convertirse en su tumba. El aire antes era denso y quemaba, pero ahora cortaba como una cuchilla helada mientras que las sombras de las dunas se alargaban bajo la luz de la luna hasta oscurecer aquel páramo casi por completo.

Pero ahí estaba Akira, firme, recto, frente aquel que le salvó la vida, esperando una respuesta que justificara por qué ahora tenía una recompensa por su cabeza y por qué se había convertido en el capitán de los Smokey.

—Cill, ¿qué es todo esto? ¿Ha sido por cargarte al imbécil de Landon? ¡Pero si era un corrupto! —gritaba Akira con el cartel de “se busca” de su amigo en sus manos—. ¡No tiene ningún sentido! Me va a tocar hablar con mis superiores… ¿O es que de verdad quieres que tu cabeza tenga un precio? No me vaciles Cill…

Mientras terminaba de hablar se agachó, no sin antes dejarle el cartel con un leve golpe en el pecho, para empezar a hacer fuego. El frío empezaba a calar en los huesos a pesar del clima tan árido y aunque llevaran ropa abrigada (Akira no llevaba el uniforme de la Marina, sino una túnica gruesa de estilo arabesco y un turbante que le tapaba el cabello) debido al fuerte cambio de temperatura entre el día y la noche, esta no era una conversación que iban a tener al borde de la hipotermia.

—No vamos a congelarnos y morir aquí después de haber llegado tan lejos… ¿Alucinante no crees? Hemos conseguido llegar vivos al Grand Line, aunque sinceramente, no me esperaba que la primera isla a la que íbamos a llegar iba a estar tan… Desierta —suspiró con una sonrisa mientras prendía la llama en aquellos troncos secos que había sacado de entre la arena y de otros más finos que había arrastrado el viento.

—¿Cómo conseguisteis llegar? Porque entiendo que tu tripulación también estará por aquí… Los Smokey Pirates… Tu y tus cigarrillos… —le lanzó a los pies cenizas de la hoguera invitándolo a sentarse. Eran cenizas sin llama, el carbón negro, a modo de broma—. ¿Te tocó pilotar el ferry? —Akira sabía que su amigo también era navegante, y aquel barco pirata que subió la Reverse Mountain no tenía pinta de ser suyo. Mientras tanto, las chispas de la hoguera saltaban hacia el cielo iluminado por la luna, y la madera ardiendo, junto con sus voces, era el único sonido que se podía diferenciar en aquel desierto.

—Venga dime, ¿cómo hicisteis? ¡Seguro que estais todos de una pieza! Nosotros lo pasamos bastante mal… ¡Y luego bastante bien! ¡Cuando nos organizamos hasta acabamos cantando al llegar a la cima! ¡Venga Cill dime, cuéntame qué paso con ese ferry!
—Hablo —. ”Pienso”
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#2


Tanto pasó, en tan poco tiempo... Momentos difíciles, llenos de emoción en Kutsukku, momentos duros llenos de dolor, de amargas despedidas, de celebraciones postergadas... Dicen que el tiempo todo lo cura, pero aún cargaba en el pecho heridas de hace años que no habían cicatrizado del todo aún, como también angustia, angustia por sueños rotos y promesas que no podía cumplir. ¿Cómo podía un hombre sentirse capaz de uno mismo si no pudo ser capaz de cumplir una promesa?... En mi mente sonaba vagamente el recuerdo de una triste y melancólica melodía de violín, como un réquiem que se anunciaba en despedida de aquello que brilló pero el capricho del destino estuvo dispuesto a hacerme comprender, que el camino que yo tomaba, era uno que no podía comprometer a involucrar una flor, frágil, pura, y que jamás permitiría que se marchitase... No podría permitirlo... O mejor dicho jamás me lo podría perdonar... Y las flores más bellas y finas, jamás deberían arrancarse de su raíz si uno quisiera verlas llenas de vida y brillo. Quizás dejar atrás a Miyori, era, una forma de sentir que aunque a la distancia sabía que era lo correcto aunque no quisiera, para poder aunque sea en el consuelo, recordando aquella melodía que tanto llena de paz mi corazón, recordarla como la flor más pura del campo, y no dejar que se marchitara, y perdiera aquello que tan especial la volvía haciéndola seguir mis pasos... El violín sonaba en mi mente mientras recordaba su rostro, su sonrisa, los momentos y mi mente me decía que había hecho lo correcto, porque ella no se merecía la vida que le esperaría si me acompañaba, pero mi corazón no podía aceptar no volver a conectar nuestros ojos. Estaba roto, pero con el único consuelo de que sabía que nunca dejaría de brillar si me alejaba y no la arrastraba a la vida que me esperaba... Y saber que alguien en algún sitio sonreiría con su violín sonando, dibujó una melancólica sonrisa en mi rostro que no se atrevía a dejar ir aquella angustia, como si la cruz que cargaba en mi pecho ahora pesara más, aunque intentaba convencerme de que era lo correcto...

Me adentré en la arena, caminando sin rumbo, minutos, horas, quien sabe... Era de esos momentos donde uno solo necesita caminar... El humo de un cigarro que colgaba de mis labios subía lentamente en una danza hipnótica hacia el cielo donde la luna alumbraba con nostalgia aquel desierto y sus dunas. Mi rostro no cambió, pero aún así, el paso de las semanas me había dejado distinto, sobre mi cara había una modesta barba que me adornaba las facciones. Mi fiel katana, colgaba de mi cintura, mientras mi tapado rojo, como capa, me protegía del azote del frío del desierto. Mis manos iban en mis bolsillos, mientras paso a paso me dirigía a ningún lugar, mi mente intentaba al igual que yo encontrar donde ir...

La vida a veces es caprichosa, y el destino juguetón, en aquel desolado lugar, ante la inclemencia del frío de la noche, un rostro inconfundible se comenzó a hacer notorio, aunque no estaba su uniforme... Era inconfundible, la alegría era inevitable, nuestros caminos se habían separado, pero un mejor amigo, siempre reconfortaba el corazón, más en una fría noche... Akira, con quien habíamos pasado tantas cosas, buenos momentos, donde habíamos dejado de lado las banderas y ambos nos pelamos el lomo para defender no la vida de un pirata, ni un marine, sino un amigo, estaba allí... Y no pudo llegar a cruzarse en mi camino en mejor momento. Tomé el cigarro de mi boca con la diestra, e inevitablemente me acerqué a él. Era paradójicamente agua en el desierto, haberlo cruzado allí me dió una suerte de paz que llenó mi corazón de alivio en un momento donde mi mente no lo encontraba... Quizás por eso, a un amigo se le llama amigo, y vaya que el marine lo es...

Al acercarme a él el contraste era notorio, mi rostro había recuperado ciertamente la alegría, sonriendo tontamente ante el encuentro de un amigo, como quien no entendía el funcionamiento del mundo e ignoraba que nuestros caminos a pesar de considerarlo mi mejor amigo, suponía ser un enemigo... No podía verlo así, ni quería... Y mi sonrisa, que pronto pasó a una leve risa y carcajada contrastaba perfectamente con el serio y enojado rostro del marine que me observaba como un hermano responsable dispuesto a reprender al hermano travieso.

—¡¡Oeeee Polaris!!— le dije riendo pronunciando mal adrede su apodo. —Que gusto verte amigo, vaya lugar de porquería eh— continué entre risas olvidando momentáneamente aquellas penas que me pesaban a cada carcajada.

Su molestia harmonizaba a coro con mi risa mientras observaba el cartel que agitaba frente a mí y escuchaba sus regaños y más eché a reír aún.

—Uno... Dos... Tres...— dije acercando mi rostro al cartel de se busca con mi rostro mientras contaba los ceros. —¡Vaya!— exclamé —¿Cien millones por mi cabeza? Jajajajajaja— estallé en risa. —Si que es un dineral eh, vaya problema, ojalá pudiera cobrarme ese dinero, seguro comida y cigarros no nos faltarían ahora— le dije restando importancia a mi búsqueda entre risas. —Vaya lío se armó con Landon, sin duda fue una lucha genial, aquella mujer... Runin... Es fuerte hermano... Si que fue una pelea que disfruté— le dije para finalizar con una carcajada —En un momento pensé que moriríamos he...— continué ahora con una sonrisa y finalizando con una pitada al cigarro...

Suspiré echando el humo al cielo observando la luna y volviendo mi vista a él. —No hables nada... Ya lo sabes, soy un pirata, sin importar que clase de persona sea o por lo que luche siempre seré un pirata, hermano— le respondí sereno, con una sonrisa honesta, y cargada con significancia, ambos sabíamos que significaba aquello. —Si mi cabeza tiene un precio, no lo puedo controlar, pero no puedo dejar de ser lo que soy tampoco hehe— le confesé —Siempre que haya un gato, habrá un ratón ¿No?— le dije finalmente para reír suavemente y dar otra pitada al cigarro mientras armaba un avión de papel con mi cartel de se busca y Akira se puso a hacer una fogata. —Por supuesto, no podemos morir aquí Akira, el mundo nos depara por delante, y aún más de lo que imaginamos o conocemos— respondí con una sonrisa sin mirarle mientras arrojé el avión de papel con mi cartel de se busca a volar, y éste tomó vuelo hacia lo alto, gracias al viento y se perdía en la lejanía. ~mucho más de lo que imaginamos~ pensé con una sonrisa cargada de paz mientras veía el avión alejarse y también recordé con el mismo sentimiento y esperanza a la pelinaranja.

No había que ser un genio para entender a un amigo tan cercano y menos una invitación tan obvia. Me senté al abrigo del fuego junto a un amigo, no un marine, bajo la luz de la luna y lo escuché atentamente mientras sonreí a su curiosidad. Su emoción, contagiosa, me animó y se me pegó, y allí sentados eché a reír. —¿¡Qué navegar ni ocho cuartos!?— contesté a carcajadas —Ese grandulón me dejó realmente exhausto, no tengo ni la más remota idea de quien navegó ese ferry pero la pase de puta madre amigo, fue genial, te juro— le conté con brillo en mis ojos —La corriente subía por la montaña y la tormenta fué la más poderosa que ví en mi vida, los relámpagos hacían que por momentos todo pareciese de día— le dije recordando aquel momento. —Solo haría lo que cualquier buen hombre hizo, corrí al mástil, me colgué en lo alto y ví de frente al destino, y fue majestuoso amigo, único en la vida— continué lleno de emoción para luego recordar a Alek, Miyori sobre todo... —Al parecer más que preocuparse por los smokey pirates ahora me llaman hilo rojo, curioso ¿eh?— le dije tras una melancólica pausa recordando a aquel alado amigo y a la que habitaba en mi pecho. —No hay tal tripulación, solo soy un navegante que le gusta vagar por el mundo— continué reponiendo los ánimos y echando a reír. —Que gusto verte, en este lugar de mierda JAJAJA— espeté riendo a carcajadas mientras dediqué un paneo visual rodeando con mi rostro aquel desolado desierto. —No vendría mal un poco de agua de la caña madre ahora... Malditos enanos— le dije recordando tiempos pasados, mientras sonreía mirando el fuego que no solo mi cuerpo, sino que parecía devolver calor a mi ser, y encendía otro cigarro...
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#3
La madera chisporroteaba y crujía entre las llamas, que se elevaban hacia el cielo estrellado del desierto y por un segundo, lo único que los rodeaba eran eso y las risas despreocupadas. Akira empezó a negar con la cabeza, moviéndola de un lado a otro y soltando un suspiro mientras observaba, con una extraña frustración mezclada con sarcasmo, como su amigo había hecho un avión de papel con su recompensa de cien millones. Se medio cruzó de brazos mirando fijamente la figurita de papiroflexia, viendo como se perdía en la oscuridad.

—Te da igual… Tan despreocupado… Si va a ser verdad que te gusta eso de ser pirata… —lo único que le tranquilizaba de todo aquello era que le conocía demasiado bien como para saber que no iba a ser un pirata “malo”, de aquellos que provocaban daño y caos solo por diversión, así que volvió a suspirar, esta vez con resignación, pero aceptando que no existía la posibilidad de hacerle cambiar de opinión. Si esa recompensa suya subía, sabía perfectamente que iba a ser por hacer algo que descolocara al gobierno, y no por matar o destruir lo que fuera, así que le volvió la mirada y le sonrió.

Pronto empezaron a recordar la corriente subiendo la montaña y los relámpagos que iluminaban la oscuridad, reviviendo exactamente los mismos momentos en los que iba al timón del buque de la Marina, intentando mantenerlo a flote.

—¡No puede ser! ¡¿Eras tú el loco que estaba colgado en lo alto del mástil del ferry?! —se tapó media cara con la mano y empezó a reírse tumbado tripa arriba en la rena—. ¡Te juro que te ví a lo lejos! Yo estaba enganchado al timón del barco de la Marina, con las olas rompiendo por todas partes y la corriente empujándonos hacia el cielo… ¡¡A mi sí que me tocó pilotar, y menudas corrientes, nunca había visto nada igual!! —aprovechó para contarle como miró de reojo al ferry y vio a un demente saludando al cielo—. ¡Tenías que ser tú, tchakikikikiyah!

Akira se inclinó de nuevo hacia delante para avivar nuevamente el fuego mientras mostraba una sonrisa de puro orgullo, tanto por su parte como navegante como por la de su amigo de ser tan loco como para haber vivido esa experiencia, subido al mástil, sin duda era algo que Akira hubiera hecho si no le hubiera tocado estar al timón. Y es que la rivalidad de sus banderas se disolvía por completo cuando estaban juntos sin que nadie se atreviera a opinar de aquella amistad entre “enemigos”—. Pues tío, no te haces idea de lo que fue estar al timón en aquel barco, en esa subida. Todo crujía como si fuera a partirse en dos y me tocó estar indicándole a mis compañeros qué hacer en todo momento, era como el juicio final, y los rayos y la lluvia lo hicieron algo épico. ¡Qué fuerte eh, los dos navegando al mismo infierno, o cielo, porque la cima de la montaña, menudo sol! ¡Qué locura de carrera!

Los ojos le brillaban de emoción al ponerse melancólicos, parándose en aquel nuevo apodo “hilo rojo”, y haciendo que Akira se quedara callado, algo extraño en él, algo bastante extraño. Que se callara la boca solo pasaba una vez cada mil años, y eso significaba que algo realmente le preocupaba. Y aunque sus ojos siguieran brillando de emoción, se quedó mirando a Cill, como le daba una bocanada de aire a ese cigarro y se escuchó el silencio. Que le llamaran así, y esa recompensa por su cabeza, significaba que de verdad lo consideraban una amenaza, un peligro potencial al que había que eliminar, y eso le hizo a Akira tragar saliva.

—Un lugar de mierda, sí, pero gracias a este lugar de mierda hemos sobrevivido. Aquí las brújulas no funcionan y menos mal que nos topamos con esta isla desierto, por lo menos hay un pueblito… —el bajón duró poco y pronto volvieron a empezar a reír—. La cagada es que como ahora me vean contigo me van a abrir un expediente si no hago nada por detenerte —subió los hombros como quien no quiere la cosa—. Y sí, malditos enanos… El agua de la caña ahora nos vendría de perlas, tan dulcecita, tchakikikikiyah —así que sacó de nuevo la cantimplora de su cinturón y le ofreció un trago junto con una sonrisa de camaradería a Cill.

—Anda toma, esta situación te suena ¿no? Tchakikikikiyah —y se quedó inverso en esa frase que acababa de decir. Ahora su amigo no tenía tripulación, eso significaba que estaba solo, y alguien solo era más fácil de cazar. Había visto de lo que era capaz gracias a su fruta, así que por esa parte estaba tranquilo, pero eso de tener un apodo y un precio por su cabeza le molestaba. Akira sabía que era justo, pero seguía siendo un pirata, y aunque fuera un pirata “bueno”, para el resto de la Marina seguía siendo un pirata.

—En qué compromiso me estás metiendo con la tontería esta… A saber qué parte dieron los esclavistas estos de mierda antes de que todos pudiéramos salir de ahí… Que si aparece alguien y voy de uniforme va a tocar que nos demos de hostias. Esto ahora es cosa seria… —levantó el puño cerrado al aire, en dirección a Cill, sin tensión, pero con una sonrisa cómplice—. Me hubiera gustado poder hacer algo más contra la mole de Landon, y me da envidia que puedas presumir de esa pelea, una envidia tremenda —se levantó de golpe.

—Y además de envidia, me dan ganas de medirnos —le miró fijamente con una sonrisa—. No hablo de banderas, ni de marines, ni de piratas. Hablo de mejores amigos que van a atravesar un mar lleno de peligros, da igual juntos o separados. Quiero poder ver con mis propios ojos el poder de ese “hilo rojo” que derrotó a un capitán de la Marina. Y no dejaré que pase lo de la otra vez… Pero tampoco lo dejes tú, tchakikikikiyah, a fin de cuentas, yo no tengo un apodo tan guapo que infunda respeto… Todavía.
—Hablo —. ”Pienso”
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#4
La noche era fría, la amistad y el fuego le daban algo más de luz además de la brindada por los astros, además de calidez, nada aclimataba más una noche fría que algo de fuego y amistad verdadera. La leña crujía mientras regalaba chispazos al aire en su rugir. Podía observar a Akira entre resignación y tranquilidad por mi camino…

—Yo no soy pirata amigo mío, soy Libre…— respondí con una sonrisa, pitando el cigarro y dejando ir el humo por mi boca hacia arriba alzando el rostro sonriendo despreocupadamente. —Si no seguir las reglas como una oveja, y ser realmente libre es ser considerado pirata, pues supongo que lo soy, aunque prefiero verme como un hombre libre, él más libre, y que por ella se guía y a ella defiende— le dije echando a reír mirando a los ojos de mi amigo, sabía que no tenía nada que ocultarnos en ese momento…

Su relato de lo vivido en la reverse mountain también me había llenado de emoción al escucharlo y no podía evitar acompañar sus movimientos, asombro, alzarme, abrir los ojos… Al parecer el también se había divertido en aquel momento y no podía estar más que contento por lo que me contaba. —Me sorprende que no creyeras que yo era aquel loco de remate— le dije entre risas —Creo no había otra mejor forma de disfrutar aquello que quizás fue única vez en la vida… ¿Sabes?— le comenté finalizando con un tono un poco introspectivo —No debe existir algo más triste que vivir con arrepentimientos…— sentencié mirando al cielo allí en mi lugar y volviendo mi vista a él y sonriendo.

Comprendía todo a la perfección aquello cuanto me refería y sus preocupaciones. Primero eché a reír por su comentario de las brújulas —Amigo, en la gran línea las brújulas no funcionan, en la gran línea se usa el log pose, que sigue el rastro magnético de aquella isla que sigue, una vez lo detecta pasado un tiempo en la isla presente, supongo que sabes manejarte, lo harás bien, no podré enseñarte todo— le comenté y eché a reír para ponerme un poco más serio en cuanto habló de nuestra situación y bandos… —No tendrás que preocuparte por eso amigo… Siempre serás mi mejor amigo… Aunque uj uniforme nos enfrente, jamás perjudicaré tu carrera, y espero hablar con un futuro almirante, porque no estás hablando con un don nadie… Nos veo cumpliendo nuestros sueños— le dije sonriente elevando mi mano libre queriendo tocar el cielo —Y si algún día debemos pelear, lo daré todo, porque eres mi amigo, pero jamás atentaría contra tí, pero… Para eso están los amigos y no dudo que harás lo mismo— finalicé riendo a carcajadas limpiando mi cigarro de la ceniza y dando una calada suave y exhalando el humo por la nariz.

—Amigo no deberías preocuparte por lo que sucedió en Kutsukku… El gobierno ya hizo lo suyo… La marina salvó el día, y a los demás nos ven o como cómplices o no sé, pero no te preocupes por informes…— le dije intentando traer calma a sus preocupaciones…

—Realmente no hubieramos podido ganar a Landon sin tu ayuda… Sin duda el tipo era fuerte, aunque no tanto parece— finalicé echando a reír a carcajadas… Sin embargo me fijé en él y entendía su frustración, y sonreí con complicidad… —Me parece un excelente plan, yo estaría igual que tú— le dije mientras me ponía de pie, y daba la última calada al cigarro y sacudí mis ropas…

—Oe, suena a un divertido desafío— le dije con una sonrisa eufórica mientras deje caer mi tapado rojo. Caminé alejándome de él hasta quedar a unos veintiún metros viéndole de frente. —Cuando gustes— le dije sonriendo como solo un mejor amigo puede hacerlo.

De ambas manos, en la punta de mis dedos comenzaron a desplegarse hilos de manera errática cubriendo el cielo entre nosotros, estando las puntas incluso algunas, cuatro específicamente detrás de él a cinco metros y dos de altura, otras cuatro justo sobre su cabeza a un metro de distancia de su ubicación en cada punto cardinal a dos metros sobre su cabeza otras dos a unos diez metros delante mío usando su longitud para hacer una suerte de muro serpenteado frente a mí mientras le observaba atentamente emocionado esperando cualquier movimiento.

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Energia: 2460 - 76 = 2384
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#5
La noche estaba helada, de esas que te calan hasta los huesos, pero estar allí sentados junto a la fogata lo arreglaba todo. Mientras la leña crujía y soltaba chispas, me quedé escuchando a Cill. Verlo fumar con esa tranquilidad, defendiendo su idea de la libertad y riéndose de mi ignorancia sobre el Log Pose, me hizo reírme, si tan solo supiera que estaba ante el mejor navegante de la nueva generación. Ja, iluso. Casi invento yo la Log Pose.

Me rasqué la nuca, un poco avergonzado por el dato de la brújula, ¿de verdad dudaba tanto de mis capacidades como navegante? Aunque lo que de verdad me quitó un peso de encima fue lo que vino después. La frustración por lo de Kutsukku y el maldito Landon todavía me escocía, pero escuchar a mi mejor amigo decir que un uniforme no iba a cambiar lo que somos, y que nos veía cumpliendo nuestros sueños... Joder, me dio la vida. Sus palabras sobre no vivir con arrepentimientos se me quedaron grabadas mientras miraba el cielo estrellado. Cill Blinton tenía toda la razón.

Pero claro, con un pirata la calma dura poco y en un parpadeo, el ambiente nostálgico se evaporó, aunque en realidad por mi culpa. Cill se puso en pie, sacudió su ropas y dejó caer su capa roja al suelo arenoso. Lo vi alejarse unos veintiún metros, plantándose frente a mí con esa sonrisa eufórica y de estar un poco loco que pone cuando va a hacer algo que ni el mismo se espera. Y yo, pues me quedé quieto, observando cómo de la punta de sus dedos empezaban a brotar esos hilos erráticos. Espera, ¿podía ver los hilos? Nah, no estaba viendo nada, ¿esto era el subconsciente? No noté que hiciera nada extraño con los dedos pero sabía cómo funcionaba su fruta del diablo, la había visto en acción, así que le di su tiempo para posicionar los hilos donde quisiera, sin siquiera molestarme en esquivar un posible ataque de aquellos hilos invisibles. Sin duda era capaz de moverlos tan rápido que apenas podía detectar su movimiento, así que tenía que estar alerta. Ya me había cortado el pecho y ese dolor había sido intenso, ¿sus hilos cortarían igual?

Bajo la fría luz de la luna y el reflejo del fuego, mi mente tardó unos segundos en adoptar una postura tensa, con las rodillas flexionadas y los puños apretados, una postura entrenada para el combate, y analicé entonces la jaula letal en la que me había encerrado.

Tenía cuatro hilos flotando a mi espalda, a cinco metros de distancia y dos de altura. Clarito: si intentaba moverme a ciegas, me cortaba, ¿pero cómo iba a hacer para ver esos hilos moverse? Si apenas había podido seguirlos hasta que me habían rodeado… O era más rápido que esos hilos o me iba a atrapar, y si me atrapaba, bueno, problemas del futuro. Sobre mi cabeza también tenía cuatro hilos a un metro de mí en cada punto cardinal, a dos metros de altura. Una encerrona aérea perfecta. Y para colmo, dos líneas serpenteando entre nosotros, listas para funcionar como escudo o para salir disparadas hacia mí.

Me lo había dejado bonito. Un movimiento en falso y estaba fuera. Pero no podía atacarle primero, era alguien bastante confiado pero aunque esto se trate de un entrenamiento, me gustaba ver cómo podía actuar mi rival antes de lanzarme a por él. Quizá esto me colocaba en una situación de desventaja, pero a quién vamos a engañar, tampoco estaba en mis planes perder, así que darle esa pequeña ventaja le vendría muy bien. Tal vez Cill tuviera el poder de una fruta del diablo, pero yo era rápido y fuerte, y no por no tener fruta era más débil.

Es más, cualquier otro habría corrido a meterle un puñetazo antes de que terminara de colocar la trampa, pero ese no es mi estilo. Y no voy a dar el primer golpe. Para mí, la pelea no consiste en destruir, sino en responder, desviar la fuerza del oponente, vacilarle y bajarle los humos, o bueno, los hilos.

Solté un suspiro largo, dejando que el aire frío me limpiara la mente, y deslicé mi pie derecho hacia atrás, flexionando las rodillas para bajar mi centro de gravedad y no perder el equilibrio. Coloqué ambas manos a la altura del pecho, con los puños extendidos y en tensión, listos para reaccionar al menor pulso de su red. Aunque era una putada si no llegaba a verlos con la vista, según mis principios, esto significaba dejarme abofetear, y eso a Cill seguro que le iba a gustar, jejeje.

—Oye, lo de no vivir con arrepentimientos te lo compro —le grité para que me oyera bien a esa distancia, clavando mi mirada en la suya con una sonrisa de complicidad—. Y ya sé que no eres un don nadie, no te flipes. Por eso mismo no pienso contenerme a la hora de frenarte los cortecillos.

Mantuve la guardia alta, respirando hondo, esperando pacientemente el primer movimiento—. Ya te sabes mis reglas, Cill. Yo nunca empiezo. Así que venga... Muéstrame qué truco tiene guardado el hombre más libre del mundo, que quiere tenerme encerrado en esta jaula, ¿o acaso lo que buscas es que me ponga a hacerte un bailecito sensual aquí dentro? ¡¡¡Tchakikikikikikiya, ES ESO, ESO TE GUUUUUSSSSTAAAA!!! —le gritaba con risas mientras levantaba el dedo índice de mis dos puños para señalarle con ambos dedos, mientras echaba la cabeza hacia atrás y reclinaba un poco el cuerpo sacando el culo y moviéndolo en círculos, pudiendo así contemplar también el cielo estrellado entre los hilos de mi amigo, perfectamente preparados para caerme encima. Mierda.



Tengo el karma pacifista, sino ya te había pegado un madrazo jeje
—Hablo —. ”Pienso”
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#6
La noche fría en aquel páramo, bajo la luz gélida de la noche, y el tímido abrigo de aquella fogata, estábamos con aquel que ostentaba el título de mi mejor amigo, y sentía que en ese momento, al menos, no hacía falta nada más. Por un momento, toda distracción en mi mente se disipaba, y mi sonrisa afloraba de forma risueña y natural nuevamente… Sus palabras quizás me habían recordado quien era… “El hombre más libre del mundo”... Sonaba bien. Después de todo, quizás por todo lo acontecido, me había olvidado mis raíces, mi razón de ser… De alguna forma, Akira me había traído nuevamente los pies a la tierra, y eché a reír ligeramente mientras sonreía y le veía hacer su baile.

No obstante, había un fuego ineludible en ambos, que nos invitaba a probar nuestras capacidades ¿Y qué mejor que hacerlo con alguien de tu mayor confianza? Comprendía perfectamente el vertiginoso e intrincado mundo en el que vivíamos cada uno, y nuestros caminos, que si bien nuestras personas nos unían, nuestras banderas nos separaban, y no iban a sobrarnos oportunidades para compartir, entrenar, y pasar el tiempo, por lo que estaba completamente decidido a aprovechar cada momento en aquel desierto.

—¡Oe!— exclamé sonriente al final. —¿Con que el hombre más libre del mundo eh?— pregunté animado sin esperar respuesta —Ya deberías saberlo, yo no creo en jaulas JAJAJA— finalicé a carcajadas. —Te enseñaré cómo defiendo la libertad de cada ser amigo mío— acabé amainando la risa.

Mis mano izquierda abierta, súbitamente se cerró, y de los cuatro hilos que se encontraban detrás del rubio a cinco metros de distancia, desde sus puntas estalló una tormenta de enorme dimensiones, veinticinco metros de diámetro, con miles de ramificaciones, que se ramificaban en más puntas y éstas se ramificaban en más puntas que dañaron todo aquello que se pudiera dañar dentro del área. El resto de los seis hilos, buscaron atraparlo completamente sin permitirle mover un músculo, atrapando su torso, cada una de sus extremidades, y apretando incluso su cuello al punto de asfixiarlo. Di un rápido salto de ocho metros y corrí siete metros más para recortar nuestra distancia en quince metros quedando ahora a seis metros frente a frente.

—Esto es lo que el hombre más libre que conoces puede hacer jajajaja— le dije sonriendo, feliz.


Bélico

Karmas

Akuma

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2531 + 0 = 2531
Energia: 2384 - 318 = 2066
Espiritu: 330 + 0 = 330
#7
¡¡PERO DE QUÉ VAS CILL KLINGON!!
¡¡ME QUIERES ENCERRAR DE NUEVO!!

Míralo, tan convencido de decir que no creía en jaulas, hablando de defender la libertad, para no solo azotarme con sus malditos látigos invisibles sino para realizarme un agarre. Me habían caído todos sus hilos, aquellos que tenía sobre mí, encima. Ya sabía yo que esto iba a pasar, tenía mucho control sobre su poder extraño de fruta mágica, y no esperaba menos, pero es que ni avisar… Culpa mía por no iniciar nunca un combate, pero es que eso iba en contra de mis principios, ¿qué otra cosa podría hacer? Pues recibir hostias como panes, como acababa de pasar ahora. Y qué horror.

Por una parte, me alegraba infinitamente de que Cill fuera capaz de controlar con tanta velocidad esos hilos. Yo tenía unos reflejos ridículos, soy rápido, pero tal vez algo torpe, y eso tenía que cambiar… Porque menuda situación en la que me encontraba ahora mismo… No solo me había aporreado todo el cuerpo, haciéndome sentir un entumecimiento que ardía en todo el cuerpo, era como si se me hubiera hinchado por quemazón y además me costaba mover mis articulaciones—. ”Me odias Cill”

—Ha…blas de... no cerrar… li…bertad, y mira… jaula… —intenté articular como pude, haciendo la máxima fuerza posible con los músculos de mi cuello y notando como su candado no solo me apretaba las articulaciones, sino también el cuello—. Cabrón.

Y le devolví la sonrisa. ¿Qué otra cosa podía hacer? Ni aun resistiéndome podía contra la fuerza de ese maldito agarre, ¿tan potente era su fruta del diablo?—. ”¿Dónde habrá aprendido a usar su fruta así? ¿Contra Landon?”—sí que influía la adrenalina en la gente, ¡y de qué manera tan positiva! Y tras estos pensamientos, me puse a analizar rápidamente la situación… ¿Me interesaba aguantar otro golpe? Seguramente lo próximo que me haría sería otro tajo, y la última vez me provocó una hemorragia tan mala que acabé desmayado… Tenía que encontrar la manera de poder moverme… Y ahora el agarre del cuello era tan fuerte que me estaba provocando hasta asfixia, ¡ya no podía ni hablar!

”Pero espera, un agarre es fuerza, y yo soy fuerte… Y aunque el golpe me haya entumecido el cuerpo entero, tal vez, SOLO TAL VEZ, tenga una oportunidad… Aunque ahora no soy muy rápido… Que calambres… Sí, eso es lo que voy a hacer… Me voy a comer otro ataque… Venga va… Que lo aguanto. Ven con todo Hilo Rojo” —y entonces tensé por completo mi cuerpo, listo para recibir, quién sabe si un corte con su espada u otro latigazo sexy con otro de sus sensuales hilos. Confiaba en mis capacidades y algo me decía que sería capaz de aguantar un par de golpes más… Tal vez estaba equivocado, pero bueno… Mente clara, cuerpo tenso y mirada fija en mi mejor amigo, que ahora se encontraba frente a mi. Y ahora no solo le devolví una simple sonrisa, sino que le regalé una sonrisa CON DIENTES.

Tenía unos reflejos ridículos, pero sí que me podía llegar a imaginar un nuevo ataque, teniendo en cuenta como acababa de actuar con sus hilos cayendo sobre mí… Y es que sí, seguramente me comería un ataque estando encerrado en este maldito agarre, y la pérdida de la fuerza de su candadito de amor, al tensar todos los músculos de mi cuerpo,no me iba a permitir soltarme sin una de mis técnicas estrella… Pero para ello necesitaba que su agarre perdiera fuerza y me permitiera poder hablar. Otra vez con el jueguecito de la asfixia, como esos malditos esclavistas de Kutsukku… ¿Recuerdos de Vietnam? Nah, recuerdos de Kutsukku. Aunque este collar me quedaba algo mejor.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2589 - 417 = 2172
Energia: 2435 + 0 = 2435
Espiritu: 378 + 0 = 378


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