Un pequeño campamento, un bosque que rodea la zona, una paz inalterable, algo que día tras días parece hacer que las personas de la isla se sientan cómodas, felices y sin mayores preocupaciones que las cotidianas, como trabajo, relaciones sociales y demás. Todo parece ser parte de un escenario normal, sin mucho jaleo, sin mucha historia que contar. Todos los que se cruzan por la calle se saludan cordialmente, o solamente se disculpan en caso de puntuales choques fortuitos cuando las calles están muy transitadas.
Nada de aquel escenario parece indicar que el lugar y ambiente podría sufrir un cambio drástico. El sol se encuentra en lo alto del cielo, su luz ilumina levemente el lugar, ya que está parcialmente oculto por unas pocas nubes que cubren el cielo, que hacen que la luz sea más tenue y menos molesta para la vista y la piel.
Una leve brisa de aire corre por la zona, moviendo briznas de hierba y el foliaje de los árboles que hacen que el lugar tenga una temperatura bastante amigable, agradable, y hace que las calles y zonas aledañas se llenen de personas, algunos paseando, otros haciendo sus tareas diarias aprovechando el buen clima, y otros haciendo picnics en las inmediaciones, aprovechando que el ambiente lo permite y no hay molestias climáticas como frío o calor excesivos o lluvias.
Aquellos que se encuentran en terrazas de bares y tabernas sienten la misma brisa que los del picnic, con la diferencia del lugar en el cual se sientan. Las hijas de los libros se mueven levemente, molestando de forma sutil a quienes tratan de leer una historia al resguardo de un árbol, usando su tronco como apoyo para la espalda.
Aquellos que se encuentran en tabernas comentan ataques ocurridos recientemente, al parecer el lugar ha estado bajo asedio de algunos criminales, mayormente matones de poca monta por lo que cuentan, simples maleantes que buscan crear el suficiente malestar para obligar a la población a hacer algo para que paren.
¿Qué pretenden exactamente ese grupo? Hasta el momento nadie lo sabe, por ahora se dedican a ataques con poca duración, en varias agrupaciones, para luego desaparecer de la misma forma en la que aparecieron. Las historias varían en cuanto a número de maleantes y su forma de operar, pero todas dicen lo mismo, atacan en grupo, no ven a ninguno en solitario, parece que hay alguien organizándolos desde atrás, pero quizás sean solo varios maleantes que se organizaron.
Por el momento poco se sabe de ese grupo, y de cuando sería el siguiente atque.
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Bienvenido a tu aventura: Este post es introductorio, puedes llegar como gustes a la zona, pero no inventes mucho, es una especie de zona de campamento, pero tiene forma de ciudad. Está ubicado en las afueras del pueblo, como una zona aledaña.
Posiciones
- Por ahora cada zona está con varias personas, no hay nadie destacable, de momento.
46 FUE
22 RES
20 DES
18 PRE
85 AGI
61 REF
27 INT
61 VOL
0 CH
0 CA
Vitalidad: 630 / 630
Energía: 620 / 620
Espirítu: 183 / 183
Nivel: 5
Se hacía de rogar el invierno, todavía incapaz de abatirse sobre el otoño moribundo del diecisiete.
Un servidor, compelido por la miseria de su escuálido peculio y temeroso de que la estación fría acabara sorprendiéndole habitando todavía los fondos submarinos de la costa baquellana, resolvió peregrinar hacia cierto campamento situado a las afueras del pueblo, del que se decía que los hosteleros ofrecían techo y sustento a cambio de unas pocas horas de trabajo.
Así pues, entregado al noble arte del paseo, avancé entre las raíces y ramas que estrechan el sendero que une la villa con las faldas del volcán, arribando a mi lugar de destino a eso de las quince cero cero; las tres de la tarde, como suele decirse, o la hora de la siesta, según acostumbra a llamarla quien humildemente suscribe.
—Woahh!
—¡Qué me empalen al sol y me vendan como espeto! —exclamé, maravillado—. Qué bonito, por los barbos de Neptuno, pero qué requetebonito.
Las nubes tenían embridado al sol, justo como a mí me gusta, y una brisilla con aroma a hojas silvestres mecía cariñosa los flequillos de los niños que jugaban entre los faldones de las telas que sus mayores habían dispuesto como manteles sobre las mesas de picnic que salpicaban el vergel florido que, a modo de jardín, ornamentaba la plaza.
Un anciano leía a la sombra de un sauce, apoyando la espalda contra el tronco y acariciando el lomo de un labrador blanco. Cada vez que el viento suspiraba, las páginas le batían y el pobre hombre se atribulaba rebuscando adelante y atrás la que había perdido, desperezando al perro, que le ladraba afable hasta que su dueño lo volvía a dormir con un par de palmaditas.
Aquel paisaje de ensueño habría conmovido al corazón más negro.
Era una estampa primorosa, edénica, ¡idílica! Una que, a quien les habla, sin embargo, en aquel momento, se la traía al pairo.
Mis elogios, mis québonitos, iban dirigidos hacia la fachada desaliñada de una construcción más ancha que las que la flanqueaban, igual de alta, con dos ventanucos grandes a ambos lados de una puerta de madera de doble batiente, de las de saloon, sobre la que pendía un cartel que campechano rezaba: Taberna.
Una taberna en mitad de un campamento en el bosque. Joder. Eso sí que era hermoso.
Sin demora, enfilé directito hacia la susodicha. Por el camino saludé al pasar con dos dedos en la sien a una pareja de conocidos que me sonrió de oficio. Un crío me señaló y la madre le bajó el bracito sin reñirle. Al llegar, empujé la puerta con el hombro —las manos las llevaba a la espalda— y me agaché para acceder al recinto sin descalabrarme contra el dintel.
—Muy buenas tardes tengan los presentes —proclamé al entrar, con la mano derecha alzada. Me correspondieron la media docena de ínclitos pellejos tabernarios que parroquiaban el penumbroso local, varios de ellos con sombrero de ala ancha, como manda la moda tabernaria—. Que disfruten ustedes de sus fermentos cebadaceos lupulados.
Ninguna de aquellas caras me era familiar, así que me dirigí hacia una esquina apartada del mostrador, junto a un corcho en el que había, colgados con tachuelas, distintos recortes de periódico y papeles escritos a mano, y me dejé caer sobre un taburete.
—Lo más barato que tenga, jefe —pedí, levantando un dedo hacia un señor gordo con delantal y cara de mala leche que pulía con esmero un vaso de tubo al otro lado de la barra—, sin agraviar la dignidad del establecimiento —añadí, no fuera a ser que aquel ogro se me ofendiera.
Y mientras me servían mi (esperemos) baratísima cerveza, indagué un poco en los papeluchos del corcho, prestando también el oído a las conversaciones de los parroquianos por si escuchaba algo que fuera de mi interés...
Abrir — No bélico
Resumen
Tsunamaro llega al campamento de Baquella por el sendero del este. El sitio es hermoso, pero solo tiene ojos para la taberna. Entra, pide la cerveza más barata y se sienta junto al corcho de anuncios, atento a las conversaciones por si oye algo de provecho.
Karma
Negativo:
Charlatán:
Cita:Muy buenas tardes tengan los presentes. Que disfruten ustedes de sus fermentos cebadaceos lupulados.
Inventario
Mi donaire, que no es poco, un montón de buenas intenciones y este verbo prolijo:
Me trajo a su tasca, perlita, una doble corriente: la una, marítima, salobre, sostenida y llorona; la otra, mucho peor, de las que el peculio abona: me trajo, vida mía, una sed dolorosamente urgente. Vi al fondo, entre el humo de calamar a la romana, el delantal manchado, la mejilla encendida, y el ánimo de un servidor —joder— mudó de partida como veleta marina al primer toque de campana.
Las personas de aquel lugar disfrutaban del día, una brisa refrescante y un cúmulo de nubes que cubrían el cielo hacían más que agradable la temperatura y el clima del lugar. Cobijados por las nubes y el frescor proporcionado por la brisa, que era acompañada por agradables olores provenientes de plantas y flores que rodeaban la zona, niños jugaban por los campos, bajo la supervisión de sus respectivos padres, algunos más livianos en el control que otros. Algunos aprovechaban la calma y tranquilidad para descansar en la sombra de un árbol, que conjuntamente a aportarles sombra y cobijo del viento, también les servía como apoyo para sus espaldas y cabezas, sobre todo aquellos cuyas raíces, al no hallar humedad y agua en la tierra, buscaba el líquido vital en la superficie, permitiendo que usaran las mismas a modo de almohada para apoyar sus cabezas y cerrar los párpados unos instantes.
La mayoría de aquella gente no se preocupaba por la llegada de personas que no reconocieran, como si fuera una situación habitual en aquellas localidades. Los pocos que se percataban, y hacían ademán de denotar que lo hacían, de la presencia del joven de aspecto extravagante, teniendo en consideración la imagen habitual de los presentes.
Su presencia parecía no despertar alarma, parecía no tener más que un aire de extrañeza en aquellos que jamás hubieran coincidido con alguien de tal apariencia, sin saber exactamente a que atribuir el aspecto y fisionomía distintivo que posee el muchacho al compararlo con los demás presentes, si fuera una especie de enfermedad o mutación, o fuera una raza diferente. Muchos desconocían por completo la existencia de razas distintas a la propia, por lo que se sorprendían con relativa facilidad al ver alguien diferente.
La entrada en la taberna es recibida como la de prácticamente cualquier cliente, fuera habitual, esporádico o, como es el caso, nuevo, de la tasca. Nadie pondría más atención que un saludo o un segundo de observación al muchacho, que se habría dirigido a una zona apartada, como si quisiera mantenerse a parte de los demás.
El tabernero echó una mirada al zagal al escuchar su solicitud, un trago de lo más barato que tuviera en carta. Su expresión neutra, incierta la lectura de sus micro expresiones, era alguien que sabía como mantener a raya sus reacciones, por mucho que considerara un insulto y una necedad solicitar lo más económico en un local, siempre servía al cliente su comanda.
No se demoraría en dejar frente la chico una jarra de cerveza, su coloración no era demasiado oscura, lo que indicaba que era una bebida de baja tasa de alcohol, y con poca carga de sabor, no como otras de mayor coloración, hasta la negra, que estaría cargada de sabor y matices.
- ¿Ya oíste de los ataques? Me sorprende que sigan haciendo vida cotidiana sabiendo eso… - Se escucharía una conversación perdida en mitad del lugar. Al parecer hay algo ocurriendo en el lugar, algo que no se podía entrever al llegar, algo que parecía ocultarse en la seguridad y privacidad de la noche. Aunque la noche estaba al arribo, quizás supiera algo más cuando el manto del firmamento se tintara de un tono oscuro, casi azabache.
¿Qué hará el joven pirata? Permanecerá en el local, o buscará un punto donde poder investigar.
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Muy bien, ahora comienza la verdad. Tus decisiones van a dirigir las opciones. Veamos como avanza.
Posiciones
- La conversación tiene lugar en una mesa a unos 3 metros de tu posición y a 2 de la puerta.
- La puerta se encuentra a aproximadamente 5 metros de tu ubicación.
«Cómo engañan, joder, las apariencias. Qué criatura tan amable este espantoso tabernero», pensé al verlo dejar caer mi baratísima jarra de cerveza sobre el mostrador. «Mmmm...». La espuma me salpicó la perilla cuando, desesperado, pegué el primer trago y al ver cómo la disfrutaba, también me pareció notar que el propietario suavizó un poco la expresión tan tosca con la que me había recibido.
—¡A su salud, maestro! —le dije, alzando la jarrita de marras en su dirección—. Y por la prosperidad de esta noble casa, que un servidor, a poco que la economía se le enderece, piensa frecuentar con devoción.
Y así, mientras le hincaba el segundo trago a la rubia y mi benefactor volvía a concentrarse en su tarea de lustrar aquel vaso de tubo hasta la más absoluta inmaculidad, dirigí los ojos y toda mi atención al corcho que pendía a mi diestra; una suerte de tapiz en el que coincidían recortes amarillentos del Heraldo de Baquella, pasquines manuscritos con mala ortografía, avisos oficiales y unos pocos wanteds, entre otros. Destacaría un entrañable anuncio en el que quien parecía ser una hostelera de las inmediaciones buscaba «mozo para cargar barriles y fregar suelos» por diez berries al día. Alguien, presumiblemente la autora de la oferta, había añadido, a renglón seguido y con caligrafía Comic Sans, un entusiasta «¡cama de paja y dos tres comidas!» en tinta roja.
Estaba yo en esas, entretenido con aquel muestrario de miserias locales, cuando llegó a mis oídos, desde una mesa cercana, la voz de un fulano de una cuadrilla de tres preguntándole a otro de los suyos si había oído lo de los ataques, añadiendo que le sorprendía que se siguiera haciendo vida cotidiana sabiendo eso.
Se me puso el tegumento de pez gallina.
Mi radar de estafador. Quiero decir, de comerciante, acababa de detectar un cotilleo acerca de lo que apuntaba a ser una aventurilla de esas de las mías, de las que acostumbraba a sacar tajada. Y es que resulta que por cada ataque hay, lo menos, un atacante y un atacado, este último a veces dispuesto a apoquinar unas monedillas a cambio de venganza. En las mejores ocasiones, si los ataques son recurrentes y localizados, acompaña a tan infausta coyuntura todo un censo de acojonados por los atacantes dispuestos a aflojar la bolsa a cambio de que alguien —pongamos por caso, un apuesto gyojin de frondosa melena y bíceps de kairoseki— le quite a esos atacantes las ganas de atacar.
Así las cosas, y como quien no tan humildemente suscribe prefiere ganarse el pan con los puños que con la fregona, tres segundos exactos después de haber maquinado aquello tenía ya plantado mi trasero marino en la silla libre que había junto a aquel corrillo de tres.
—Honorables, disculpen ustedes a este peregrino —saludé, plantando mi cerveza, más clara que las del resto, entre las suyas—, pero un servidor no ha podido evitar que la conversación que sostenían le alcanzara los oídos, especialmente cierta palabra —dije, cubriéndome la boca para administrar con disimulo un sentido eructo que se me había atragantado—: «ataques» —maticé—. Y como uno, en sus muchos años de peregrinaje, ha aprendido a no menospreciar la información que dispensan sin querer las gargantas vecinas, me he tomado la libertad de incorporarme a su conciliábulo, aun a riesgo de parecer impertinente.
Hice una pausa para darle un trago largo a mi cerveza, sin perder el contacto visual con el más alto de todos, que parecía el portavoz del grupo; un borracho enjuto cuyos rasgos faciales, pequeños y sencillos, orbitaban en torno a una nariz aguileña de la que sobresalía un matojo de pelos largos y brillantes como alambres.
—Sirva como prueba de mis intenciones —añadí, posando la jarra otra vez en la mesa— el hecho de que les invite a ustedes, con sumo gusto, a otra ronda. Compartan conmigo lo que les he interrumpido y un servidor sufragará la velada con cargo a su humilde peculio. Trato justo, ¿no les parece? Así pues, díganme: ¿de qué ataques se trata, si se puede saber? Y, ya puestos a abusar de su generosidad informativa, ¿se ofrece, que sepan ustedes, alguna clase de recompensa por la resolución del entuerto? Pregunta uno con el desinterés del estudioso de las costumbres locales, que conste…
Abrir — No bélico
Resumen
Tsuna toma su cerveza y curiosea el corcho. En eso, oye lo de los ataques en la mesa de al lado y, como es un fulano extrovertido, se autoinvita a la conversación. Propone pagar la siguiente ronda a cambio de que le cuenten el cotilleo y si hay recompensa de por medio.
Karma
Extrovertido (+)
Charlatán (-):
Cita:Sirva como prueba de mis intenciones el hecho de que les invite a ustedes, con sumo gusto, a otra ronda. Compartan conmigo lo que les he interrumpido y un servidor sufragará la velada con cargo a su humilde peculio. Trato justo, ¿no les parece? Así pues, díganme: ¿de qué ataques se trata, si se puede saber? Y, ya puestos a abusar de su generosidad informativa, ¿se ofrece, que sepan ustedes, alguna clase de recompensa por la resolución del entuerto? Pregunta uno con el desinterés del estudioso de las costumbres locales, que conste…
Inventario
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posición
Sentado en la silla libre del corro de tres parroquianos, con la jarra sobre la mesa. A unos cinco metros de la puerta de la taberna.
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¡Wolo! He ido concretando algunos detallitos por el camino (que son tres en la mesa, alguna pincelada del portavoz, lo del corcho…). Como no los habías especificado en tu narración, entiendo que no te importará que los rellene yo.
Si en algo te chirría o prefieres que vaya más al hilo de lo que tú vayas marcando, me dices sin problema.
¡Mil gracias por la narración, estoy deseando ver adónde nos lleva esto!
25-05-2026, 12:21 AM (Última modificación: 25-05-2026, 12:24 AM por Kelvin Einstein Nagumo.)
La taberna, normalmente un lugar lleno de jolgorio y animosidad, tertulias de diversas temáticas y con diversas finalidades se superponen las unas a las otras, convirtiendo aquel lugar en el hogar del caos informativo, al tiempo que la mejor opción para reunir esa información tan importante para avanzar en las investigaciones, en caso de estar indagando sobre algo, buscando a alguien o una ubicación poco conocida. Como mercados ocultos poco lícitos que, usualmente, trasladan su sede constantemente, dejando sus habituales una forma de encontrarlos, de forma que una operación de la marina no pueda desmoronar el sistema de comercio con facilidad pasmosa al seguir los pasos de un cliente frecuente.
Sin embargo, aquella tasca se encontraba acallada, como si los comensales estuvieran en un estado de shock, paralizados por alguna extraña maldición, o una circunstancia que hacía que sus cuerdas vocales se negaran a emitir ondas más allá de las comandas a garzones y saloneras, que se encuentran por todo el lugar, desplazándose a través de aquel mar de mesas y sillas, atendiendo a paisanos que recurren con frecuencia al establecimiento para hidratar sus gargantas y alegrar sus cuerpos con los variados licores que ofrece el lugar.
La mesa, ocupada por tres hombres de mediana edad, sus cuerpos de cortes similares, como si fueran hermanos, aunque algunos rasgos clave denotan la diferencia de origen entre ellos, y con ello, la realidad de que pertenecen a diferentes familias, aunque nada puede descartar que fueran parientes en cierto punto, al menos no con facilidad ni tan breve tiempo observándolos.
- Ha habido ataques en la zona este del poblado. En las casas más cercanas a la salida. No se sabe mucho de quien está detrás de todo el suceso, pero se dice que son grupos los que atacan, no consiguen dar con ninguno como para conseguir más información. – Responde el mayor de los tres y que parece ser el que tiene la información de lo que anda perturbando la paz de aquellas gentes.
- Que sepamos no hay un monto propuesto a modo de recompensa por frenar dichos ataques. Los que aquí habitamos no somos precisamente personas acomodadas, vivimos como podemos y nos divertimos de la forma que nos es posible. Suerte que nuestro camarada ofrece bebidas a precios acorde a nuestras situaciones, de lo contrario, ni eso podríamos hacer. – Dice el más joven de los tres, aparentemente alguien que también tiene sus fuentes de información.
- Se dice que aprovechan la noche, más bien el momento del atardecer, cuando la iluminación es suficiente para que puedan ver, pero no tanta como para que puedan identificar detalles de ellos, para atacar. – Con esto el de mediana estatura, que parece ser el más callado de la agrupación, aporta su pieza de información.
Ahora el muchacho tiene la información que poseen esos tres, hay ataques a la hora del atardecer en la zona oriental del poblado, parecen atacar en agrupaciones en momentos donde se complica y dificulta su identificación, parece ser que hay alguien detrás de todo, y alguien que sabe como mover sus peones. ¿Qué decidirá el joven marino? ¿Se quedará en la taberna o irá al este a ver si saca algo de provecho de la desafortunada situación, e infortunios, de los que allí moran?
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Bien bien, no hay problema, siempre que no pongas detalles más allá de esos, no tengo problema, si hay algo que no encaja, corrijo en mi post y te informo. Pero por ahora va bien.
Contenido Oculto
Se queda
Los hombres te invitarán a una partida de cartas, que puede dar pie a un beneficio o pérdida de dinero según las apuestas.
Contenido Oculto
Se marcha
Si decides marcharte, te indicarán donde se encuentra la zona donde ocurren la mayoría de los ataques, y con quien podrías hablar para lograr información. Siendo que estaría a unos treinta minutos al este y tu contacto sería un muchacho de cabellos rojos y ojos azules que se encuentra normalmente en un árbol
Mi propósito inicial, huelga decirlo, había sido el de sonsacarles a aquellos tres especímenes tabernarios la información justa para calibrar si la empresa merecía arriesgar mis valiosas escamas y, acto seguido, poner pies en polvorosa antes de que trajeran la cuenta de la ronda que me había comprometido a abonar.
Sin embargo, por desgracia para quien humildemente suscribe, el ambiente de la tasca distaba mucho de ser animado. Reinaba un silencio tan espeso que, y no exagero lo más mínimo, podía oír perfectamente el incesante frota que te frota del paño con que el tabernero abrillantaba aquel condenado vaso de tubo como si estuviera puliéndomelo en el opérculo. De modo que tuve que invertir mucho más tiempo del esperado y compartir con ellos bastantes más jarras de las que mi escuálido peculio podía permitirse antes de que a aquellos tres empezaran a aflojárseles las lenguas.
Así, a base de muchísima paciencia, conseguí colegir que aquellos tres fulanos, en realidad, tampoco sabían gran cosa. El que aparentaba más años aseguró que se trataba de una banda organizada, aunque no pudo ofrecerme más detalles; el más callado, por su parte, apuntó que acostumbraban a cometer sus fechorías a últimas horas del atardecer o primeras de la noche. Y los tres coincidieron en que el grueso de los ataques se concentraba en la zona este del campamento.
¡Ah! Y un último detalle, nada desdeñable, y es que pese a tener acogotada con sus tropelías a la totalidad de la vecindad campamentada, la recompensa que se ofrecía a quien tuviera a bien poner orden en aquel desaguisado ascendía a la astronómica suma de... cero coma cero cero berries.
—TaaCaa... ¡Hip! ¡TaacAÑos SON, coño!
Cuando me quise dar cuenta, un manto de jarras de cristal vacías ocupaba media mesa.
¡Maldita sea! ¿Cuántas cervezas me había tomado ya?
Total, que al final ni había buscado un sitio donde hospedarme, ni trabajo, ni nada de nada. Había vuelto a perder el día bebiendo con aquellos buenos samaritanos.
Llegados a ese punto, advertí que, a juzgar por la escasa luz que se colaba por los ventanucos, ya se me estaba haciendo tarde. Así que, maldiciendo internamente mi afición a los fermentos cebadáceos, me despedí del trío con un par de palmadas en la espalda y el solemne juramento de que volveríamos a brindar cualquier día de estos y enfilé hacia la salida, haciendo zigzag durante los cinco metros que me separaban de la puerta, mientras me repetía a mí mismo que un servidor no estaba para meterse en líos ajenos cuando de aquel entuerto no podía sacarse ni un mísero berri. Bastante tenía ya con los míos propios.
Decidí que buscaría un banco. ¡Cualquiera bajo un soportal! Y dormiría hasta mañana, que ya sería otro día.
—Al este... niii... ¡hip! asomarse —mascullaba, mientras avanzaba a tientas por callejuelas para mí desconocidas, en busca de un escaño decente bajo el que dejar caer mi magra anatomía hasta el alba—. Al este están eso malditos maleantes. Y un servidor, no. No, oigan. Y también debo ev... evitar los rincones oscuros... ¡vade retro, oscuridááá!
Entretanto, completamente ajeno a la geografía del campamento, dirigía mis pasos, justo...
justo...
justo...
justo... hacia el confín oriental del asentamiento.
Abrir — No bélico
Resumen
El ambiente de la taberna no le es propicio a nuestro querido gyojin, que se ve obligado a compartir más tiempo y cervezas con aquellos fulanos de los que esperaba sacar algo de información. Cuando consigue que le cuenten todo lo que saben, decide que no les ayudará, porque no hay pasta de por medio. Pero ya se ha hecho tarde y está... ligeramente afectado por el alcohol. De aquella guisa, se levanta dispuesto a buscar un banco en el que pasar la noche con la firme intención de evitar el este y los rincones oscuros. Sin embargo, como está borracho, acaba dirigiéndose directito hacia los confines orientales del campamento.
Karma
Negativo:
Charlatán:
Cita:Al este... niii... ¡hip! asomarse. Al este están eso malditos maleantes. Y un servidor, no. No, oigan. Y también debo ev... evitar los rincones oscuros... ¡vade retro, oscuridááá!
La conversa entre aquellos tres habituales de la tasca, que son bebedores de cantidad, aunque no siempre de calidad, resulta mediocremente fructífera para el joven que buscaba rascar algo de información útil, algo que le dirigiera a un botín más seguro que el de los que juegan a los juegos de azar o prueban su fortuna en las apuestas en competencias como la ruleta o los dados. La poca información de la que fue capaz de disponer es que los perpetradores son organizados, astutos como para atacar cuando la oscuridad comienza a extenderse o aún no se ha extinguido de la noche anterior, y son raudos para hacerlo antes de que los puedan atrapar.
Que no se haya dicho un monto, no significa exactamente la ausencia de uno, sino que la información disponible, para gentes que apenas se mueven de bar en bar y de copa en copa, no es propicia a informar de una recompensa monetaria, o al menos, valiosa para quienes puedan poner un punto final a los asedios de esos maleantes que se encargan de entorpecer y enturbiar la vivencia de aquellos que habitan al este.
El gyojin, que había bebido más de la cuenta, y por lo tanto, tenía la orientación justa para no caerse en mitad de un retrete por lo visto, se dirige directamente a la zona donde los ataques ocurren, zona que él mismo había dicho que no visitaría ni de casualidad por lo tacaño de los habitantes, que era una suposición, y además, con la fortuna de su lado, iba justo cuando un grupo de aquellos delincuentes se desplegaba para ir a atacar a la zona donde los pobres habitantes ya temían hasta dormir.
El muchacho podría ver como algunas figuras se erguían en caminos y tejados, siluetas apenas definidas en el canvas del cielo del ocaso, pintando de negras siluetas el naranja del cielo al estar ocultándose el astro rey en el horizonte. El joven llegaría un tiempo antes del próximo ataque, quizás podría conseguir algo más de información sobre lo que ocurre y lo que puede conseguir de alguno de los que viven a diario esa pesadilla, quizás ahí sí tengan la información exacta sobre la posible recompensa. Concretamente, de entre todos los que allí se encuentran, hay un muchacho que llama la atención, cabellos que brillan carmesí en aquel momento, el chico está sobre un árbol cercano a la entrada del pueblo.
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Off
Bien bien, en esta ronda no añadas mucho, sobre todo en interacciones con NPC porque la información la daré según tu respuesta.
Contenido Oculto
Contenido Oculto
Posiciones
Te encuentras en la entrada a la zona afectada, que es como un barrio algo alejado de la otra zona. 5m a tu izquierda verás al chico, y a lo largo del pueblo, siluetas contra el cielo.