[Aventura T3][P.A] Al final del camino de migas de pan [Kazan]
#1
No hacía mucho había llovido. Y en un lugar alejado en la isla de Matsuri, en los límites del Reino de Ran, una conversación tenía lugar. Eran dos hombres que iban caminando juntos por el camino mientras discutían los últimos eventos y habladurías de la gente de los pueblos y hasta de los comerciantes que venían de la capital y de los campos de flores que adornaban la ciudad misma y los cultivos de las afueras de la civilización. Parecían ser dos granjeros, uno de ellos llevaba un sombrero de paja y el otro una gorra de béisbol desgastada. Ambos parecían llevar la misma ropa: unos pantalones de trabajo azules y una camiseta blanca. Pese a que se les veía bastante relajados, la conversación que tenían no parecía tocar temas cotidianos.

—¿Oíste lo que dijo Randall el que nos vende las herramientas? Pasó un barco pirata no hace mucho por la isla y dejó a varios trabajadores—. Dijo el del sombrero de paja.

—¿Trabajadores dices? ¿Y para qué usaron un barco pirata? La marina casi ni cobra por llegar aquí... ¿Y a dónde se fueron? No recuerdo que hayan quitado uno solo de los anuncios de búsqueda de trabajadores para los cultivos grandes.

—Ese es el rumor. Porque realmente no los hubo. Si llegaron trabajadores a los cultivos, no fueron a los cultivos que tu y yo conocemos, viejo amigo. ¿Crees que sea falso? Porque Randall dijo que él mismo vio el barco.

—Si eso es así, lo mejor es que no sigas repitiendo nada de eso. Y Randall lo mismo. Ya sabes lo que le pasa a la gente que habla demasiado de lo que sabe—. Y luego de decir esto, el de la gorra hizo una imitación de su cuello siendo cortado.

—No seas tan dramático. Además es un rumor. No es posible que eso sea cierto, ¿O si?

Los dos hombres hablaban suficientemente alto como para que cualquiera que andaba por allí cerca los pudiera escuchar. Y parecía no preocuparles igual. La conversación seguía mientras los dos caminaban sin preocupación alguna.

—Pues, como te dije, no se sabe mucho de nada porque el que habla mucho ya no aparece. Pero para que te piques, ya que no te callas... ¿Sabías que se ha estado perdiendo gente en los cultivos? Dicen que se van a beber cuando les pagan su parte por el trabajo y que por eso no vuelven. Pero el primo de Sofía no era borracho, que yo recuerde. Y se perdió. Bastante raro la verdad...

—Oe, oe, oe. Eso es serio, cabrón. ¿Y dónde pasa? Para no ir, digo. Ya sabes que mi campo no siempre da producto y a veces tengo que ir a los grandes cultivos para sacar el pan para mi familia—. El del sombrero de paja se veía ahora algo preocupado, y sonaba asímismo en su voz.

Su compañero de la gorra de béisbol se encogió de hombros y continuó caminando. —Mira, si supiera, no sería realmente un rumor, ¿Verdad? Es una pena por Sofía. Pero ni ella sabe a qué campo se fue su primo. Capaz que sí se fue de fiesta y andará en la capital mendigando, jajajajajaja—. Y luego de la risa, se apagó su voz y continuó caminando.

Los dos sujetos decidieron mantener el silencio y no se detuvieron en su andar; ahora el campo por el que recorrían su camino era silencioso y solo se escuchaba uno que otro pájaro y los grillos que vivían en la hierba y en las arboledas cercanas. Aunque solían conversar de cosas que no parecían ser realmente serias, a veces el solo rumor era suficiente como para ensonmbrecer sus corazones. Incluso cuando bromeaban al respecto. Y en sus caras, se veía la tristeza que solía representar a los habitantes de Matsuri cuando no estaban celebrando bajo orden de los gobernantes de la isla.

Y con esta, no sería la primera conversación que se escucharía de esta naturaleza por el camino. En los últimos días, más y más personas hablaban de ello. Y para quien estuviera atento a lo que la gente decía, se podía saber ya incluso el nombre de los cultivos donde más gente parecía perderse. Era en la zona Este de la isla, en un cultivo que, curiosamente, era administrado por una cooperativa que no mucho antes tuvo un pequeño incidente con una rebelión de trabajadores que se quejaron del poco pago y del mal pago al que se veían sometidos por parte de la administración de la cooperativa.

No se decía mucho del evento pasado, pero quizás si ciertas conversaciones estaban siendo escuchadas por cierta persona, al unir cabos, se podría despertar suficiente curiosidad. Conversaciones que especulaban sobre esclavos, experimentos y hasta prisioneros ocultos. Pero por supuesto. Nada de eso era cierto, ¿Verdad?

Al final del camino de migas de pan
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#2
Atributos Personaje


El camino de barro seguía bebiendo lo que la lluvia había dejado. Matsuri olía a tierra mojada y a hierba aplastada, ese olor específico que tienen los campos cuando el cielo por fin se apiada de ellos. Era un lugar tranquilo o lo parecía, al menos. Y Kazan llevaba suficientes años en el mundo como para saber que los lugares que más se esfuerzan en parecer tranquilos son precisamente los que esconden algo que no quiere ser visto. Sus pies, cada uno del tamaño de un barril de sake de los grandes, hundían el camino con cada paso, dejando cráteres de barro que los pájaros usarían después como bebedero. A diez metros de altura, su sombra cubría una franja generosa del sendero rural, y la pipa que llevaba entre los dientes cargada desde que salió de la arboleda, quemando despacio su tabaco oscuro soltaba un hilo de humo que el viento dispersaba hacia los campos de flores que decoraban los límites del camino.

Fue entonces cuando los escuchó. Dos voces por delante, a unos cuarenta metros. Dos hombres que caminaban sin prisa y hablaban sin cuidado. Kazan acortó su zancada, no para ocultarse sino para no interrumpir. Había aprendido hace tiempo que la gente que habla entre sí en voz alta por un camino vacío suele decir cosas que nunca diría si supiera que hay alguien escuchando. Y lo que decían estos dos merecía ser escuchado.

Barco pirata. Trabajadores que llegaron y no llegaron. Gente que desaparecía en los cultivos del Este después del pago. Una cooperativa que, tiempo atrás, había aplastado una queja de sus trabajadores como se aplasta una mosca, sin más explicación que el silencio. "Siempre el mismo patrón. Siempre el mismo maldito patrón." Los dedos de Kazan rozaron sin quererlo el collar de cuentas de madera que llevaba al cuello, los pulgares pasando sobre la superficie gastada de las cuentas como si contaran algo que no tenía número. Lo soltó antes de ser consciente de haberlo tocado. Se llevó la pipa a la boca y aspiró despacio, dejando que el humo le llenara el pecho antes de soltarlo por la nariz en dos columnas lentas. Se acercó a los mismos sin ningún tipo de temor y desde allí les preguntó. -El cultivo del Este. El que tuvo la rebelión.- No era una pregunta. Se llevó la mano libre a uno de sus cuernos, pasando los nudillos por la curva del hueso mientras miraba el horizonte oriental, hacia donde el campo se volvía más denso y más oscuro. -¿Cómo se llama?-. Kazan esperó. Tenía paciencia. Era una de las pocas cosas que la arena le había enseñado que no lamentaba haber aprendido. El humo de la pipa seguía subiendo, recto, porque el viento había decidido callarse también.

-Por las profundidades... no os voy a comer.- Ga-ha-ha-ha-ha. La risa resonó sobre los campos como trueno lejano, y Kazan la cortó tan rápido como había empezado, volviendo a mirarlos con esa calma que no era distancia sino concentración. -El nombre. Solo eso.-

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#3
—H-Ho-hola... —Respondió el hombre al ver al gigante acercarse y hablarles. El tamaño de aquél sujeto era, sin duda, algo para asustarse y para temer; y es que no era solo el tamaño, los cuernos, los colmillos, el color azul y la apariencia del gigante traía a la mente del pobre granjero todos los terrores posibles. Quería correr. Esa era la actitud con la que iba a terminar respondiendo al saludo del gigante. Sin embargo, su amigo y compañero de camino no permitiría que esto sucediera.

Con firmeza, el trabajador de la gorra de béisbol puso sus manos en los hombros de su amigo de sombrero de paja. Lo miraría a los ojos y lo sacudiría un poco.

—¡Cálmate! ¿No recuerdas el periódico? Este tipo concuerda con uno de los que salían allí. ¡Es Kazan! ¡El de la recompensa de los setenta millones! —Aquél granjero, aunque ignorante de algunos rumores, parecía bien enterado de los chismes del periódico que emitía el gobierno mundial.

Recordando lo visto en el periódico, el granjero con el sombrero de paja se calmaría un poco y asentiría a su compañero. Habían escuchado rumores del gigante, y sabían que era el líder de un pequeño grupo de revolucionarios. Ahora que lo pensaban, no podían considerar mejor su suerte. Recurrir a la marina no era una opción, y era claro que el gobernante viviendo en la ciudad capital del Reino de Ran tampoco iba a mover un dedo para investigar aquellos rumores de los desaparecidos. Y el gigante parecía interesado en ello también. ¿Porqué no decirle dónde era que se estaba perdiendo la gente? El granjero se armó de valentía y miró nuevamente a Kazan.

—Es en el área de cultivos del este. La cooperativa como tal no tiene nombre. Pero si preguntas por la cooperativa y sus plantaciones, la gente de allí te dará indicaciones más claras. No estás lejos, con tu tamaño, si te apresuras, llegarías en una hora o quizás dos. Están buscando trabajadores, quizás puedas hacerte pasar por alguno... aunque también puede que te identifiquen. No eres precisamente alguien fácil de disfrazar. Jajajajajaja.

Y después de reírse, que parecía más una forma de expulsar nerviosismo que propiamente una carcajada de alegría, el trabajador continuó hablando.

—Ten mucho cuidado. Tenían un capataz muy fuerte sirviéndoles de seguridad. Era un hombre frío y bastante reservado. Pero no se sabe qué sucedió con él luego de una revuelta no hace mucho. Dicen que unos trabajadores se levantaron en armas. Pero no se sabe qué pasó con ellos. Ten mucho cuidado.

El compañero asintió a la advertencia de su amigo y añadió justo deespués.

—Puede que entrar como un trabajador no sea buena idea. Pero hay arboledas y pequeños bosques bordeando las plantaciones. Cuando veas los campos de plantaciones, también puedes intentar darles la vuelta; se que tienen lugares en donde ocultan almacenes entre esos bosques. Quizás usen esos almacenes para algo más. Pero no te puedo asegurar nada. Solo te cuento los rumores que escuché en el mercado.

Con aquello dicho, Kazan tendría ahora la oportunidad de decidir qué hacer con la información que se le había proporcionado. Por un lado, estaba la confirmación de que lo que le habían contado podía no ser cierto. Y por otro lado, había un misterio envolviendo a una cooperativa corrupta y la desaparición de personas honestas. Con la información que le dieron, los granjeros añadieron un pequeño mapa de las plantaciones, que si bien no lograba dar una idea completa de la isla, podía servirle a Kazan para aquella misión especial en la que parecía haberse embarcado.

Al final del camino de migas de pan
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#4
No era la primera vez que la gente corría de Kazan. Estaba acostumbrado a ello, desde pequeño siempre habia sido una persona a la que señalar con el dedo debido a su tamaño. Le señalaron en el circulo de sangre, le señaló la revolución, le señaló Arnold Redflag y le señaló aquel campesino. Pero también había sabido que muchas veces aquella señalización no era mala, si no objeto de orgullo. ¿Por qué le señalaban algunas personas? Por que sabían que dentro de aquel cuerpo monumental se escondía un corazón igual de enorme que su cuerpo y que servía para proteger a todos a cuanto rodeaba. Es por ello que no reaccionó mal ante la acción del aldeano, simplemente permaneció parado y quieto, para no empeorar la situación. Su dedos se encontraban agarrando su pipa que además se sujetaba en su labio, y con pequeñas caladas sacaba bocanadas de humo que se enroscaba alrededor de sus cuernos de manera perezosa. Fue entonces la intervención del otro campesino lo que hizo que todas las obnubilaciones negativas que pudiera llegar a tener en un momento dado desaparecieran.

-Por las profundidades, parece que mi fama me esta haciendo ya ser reconocido. Gahahahahaha- diría soltando su risa como si fuera una cascada -Como bien dice tu compañero no busco hacer mal a los que se encuentran doblegados, mi fuerza siempre ira para con vosotros. Y en cuanto a entrar a aquel sitio de manera sigilosa ... - se miraría a si mismo, empezando a palparse por los cuernos y dando golpes en cada parte de su cuerpo asi como en el Kanaboo -No es mi estilo. Me gusta ser el ariete de los oprimidos llamando a la fuerza a la puerta del opresor.- daría una nueva calada y miraría en la dirección que le habían dicho. -Dicho lo cual, gracias por la información amables viandantes. Tendréis noticias de esa cooperativa misteriosa antes de que acabe el día- diría antes de empezar a andar en la dirección acordada.

¿Discreción? Kazan no conocía esa palabra, por lo que dejaría de lado todo intento de pasar desapercibido e iría a la cooperativa por la camino principal. Que todos los vieran llegar era señal de que no escondía nada y se mostraría como es, como siempre ha sido. Su mano siempre aferrándose a su Kanaboo que mostraba con orgullo. Miraria a su alrededor y vería los almacenes que citaron los campesinos, siempre alerta ante cualquier indicio de lo que fuera que estuviera haciéndose allí. Fue en ese momento cuando cogería aire fuertemente y lanzaría un grito al aire para que todos los escucharan -¿Con quien tengo que hablar para tabajar aqui?- diría con objeto de sacar a quien quiera que estuviera escuchando.

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#5
La forma en la que Kazan se aproximó a la puerta de la plantación no pasó desapercibida. Ni por los trabajadores que ya estaban allí ni por el personal que estaba haciendo guardia. Muchas caras se giraron para ver y decir que había una muchedumbre de curiosos sería quedarse corto. Para empezar, no había muchas personas del tamaño del Wotan por allí cerca. Y si bien había algunos que eran más altos que la media, ninguno llegaba a darle siquiera a la cintura al gigante de piel azul. Lo que más extrañaba, en todo caso, no era la presencia de Kazan, sino su solicitud. Aquello es lo que había puesto a uno de los guardias de seguridad a hablar a través de su Den Den Mushi con lo que parecía ser un superior.

Y mientras esa conversación tuvo lugar de una manera que Kazan no pudo escuchar más allá del tono de la voz del guardia -que era más bien asustadizo-, el gigante notaría que unos dos trabajadores se le aproximaron y le hicieron señas. Parecían decirle de forma silenciosa que lo mejor era que se retirara. No había terror en sus caras, pero sí tristeza. Y bueno, no era algo extraño en la isla de Matsuri que muchas personas que habitaban la isla tuvieran expresiones tistes en sus caras; pero la tristeza igual llega a tener un origen. Y no tiene que ser el mismo para todos en todo momento. Aquellos gestos y reacciones, sumado a lo que había escuchado el Wotan de parte de los granjeros antes podía empezar a hacer un camino de migajas para una gran revelación.

Mientras Kazan decidía si seguir el consejo de los dos trabajadores o no, se notaría algo de movimiento a lo lejos dentro de la plantación. Era un cultivo enorme, lleno de macetas que contenían orquídeas, que a su vez estaban protegidas de la luz directa del sol por techos de tela negra. Cada lote de flores se separaba en un invernadero abierto, y por la plantación se podían ver varios de éstos. Había seguramente más de dos docenas de éstos. Y entre los cultivos, se podía ver que había gente trabajando, pero especialmente, se podía notar el movimiento de un grupo que iba en formación.

Vestían ropas similares a las del guardia de la puerta, que continuaba hablando a través del Den Den Mushi... y que además parecía que le estaban gritando a través del caracol. Mientras andaban entre los invernaderos, se podía notar que los trabajadores de allí tenían que salir a formarse frente a esos guardias y luego esperar a alguna instrucción que no tardaba demasiado. No era una forma regular de trabajo, y menos cuando se suponía que se hacía bajo contrato. Para Kazan, aquello era realmente algo que no dejaba de ponerse más y más particular entre más observaba.

Los guardias luego entrarían a una casa grande que estaba al final de los cultivos y antes de las arboledas que rodeaban la platanción. Se podía ver que la fachada de la casa estaba recientemente restaurada también. Y el suelo frente a la casa estaba desprovisto de césped, como si hubiera sido movido recientemente por alguna fuerza muy grande.

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#6
Nadie contesta, el más absoluto silencio fue toda la respuesta que Kazan recibió de aquel lugar. Esto lo hizo suspirar, algo desanimado. Pensaba que entrar gritando en un sitio, como si fuera su propia casa, haría que el avispero se agitara y empezaran a cometer errores, tales como atacarle o situaciones similares que siempre ocurrían en estos casos, pero no fue así. Todos estaban tranquilos, limitándose a observar cómo gritaba un gigante azulado con cuernos. "¿En serio voy a tener que optar por el camino de la sutileza?", pensaría el revolucionario mientras miraba de reojo, todo lo que se puede mirar de reojo desde diez metros de altura, a los guardias. Al menos parecía haber puesto a alguien lo suficientemente nervioso como para que gritara a los dos pobres guardias de servicio. Tampoco pasaría por alto las extrañas flores que estaban siendo cultivadas, ni cómo aquellas personas uniformadas entraban en aquel lugar de naturaleza más que sospechosa. Un suspiro salió de sus labios mientras sonreía al guardia que le había ordenado marcharse y así lo hizo.

Se giró sobre sí mismo y desapareció en la arboleda cercana. Un gigante azulado no es precisamente fácil de ocultar, pero con suerte la vegetación era lo bastante densa como para cubrirlo hasta acercarse al almacén sospechoso.

Y es que ser alto tenía muchos inconvenientes pero también algunas ventajas, como la capacidad de poseer siempre una mejor visión de todo lo que pasaba; por algo se le llama "vista de pájaro", pues las alturas otorgan ventajas estratégicas. Kazan utilizaría esa virtud para aproximarse lo máximo posible, con cuidado de no romper ramas o troncos que pudieran llamar la atención. Las ventanas se encontrarían descubiertas, permitiéndole ver el interior con relativa facilidad, por lo que Kazan se mantuvo pendiente de ellas. También echó un ojo a la zona desprovista de vegetación; si su mente no le fallaba, aquello solo podía significar dos cosas o antes hubo algo allí que arrancó y evitó el crecimiento de las plantas, o se trataba de un suelo falso con una trampilla oculta. Sea como fuera, se quedaría expectante desde aquella posición.

El tiempo le habia enseñado a ser paciente, a que a veces el camino rapido; como es entrar gritando a un lugar desconocido, no es el camino acertado. A veces solamente habia que sentarse apartado a supervisar que todo hasta que el mas ligero de los fallos tirara por los suelos cualquier tipo de trama.

Marea azul
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#7
Realmente no se notaría a Kazan mientras rodea la plantación. Quizás por los mismos rumores de las desapariciones, no muchas personas solían frecuentar esa parte en específico de la cooperativa. Mientras andaba, Kazan vería que también había plantas de orquídeas en los árboles, aunque estas no eran precisamente tan coloridas o floridas como las que estaban en la plantación. Además, entre más andaba, notaba que el suelo era bastante lleno de barro y que había muchas plantas en el lugar. Más que un bosque, parecía jungla... y bueno, es que eso era en realidad. Las orquídeas no son una planta que crezca en un bosque de tipo septentrional, sino más bien en un ambiente de tipo tropical, húmedo y caluroso.

En el claro que logró descubrir el Wotan, que se veía claramente sin vegetación y bastante limpio, habría además algo parecido a pequeños canales que lo rodeaban. Era un área casi circular con un diámetro de veinte a veinticinco metros. Podría decirse que era un área grande, pero para Kazan apenas podría considerarse un espacio habitable para su gran tamaño. La tierra del claro estaba seca y no se veía que fuera removida, aunque estaba sospechosamente aplanada en comparación con el suave suelo de barro húmedo sobre el que él estaba andando ahora.

—Pero qué grandote eres... —Afirmó una voz en la cercanía—. No deberías estar aquí paradote.

La voz sonaba chillona y parecía venir de muy cerca. Y la forma en la que hablaba no era precisamente amable. De hecho, sonaba como alguien que estaba enojado... pero quizás por lo chillón de su voz, no era que sonara muy amenazante. Como fuera, lo que sentiría Kazan en ese momento sería una punzada en su pie, a la altura del tobillo. No fue realmente dolorosa, pero ciertamente no sería algo placentero para el Wotan, quien luego sentiría otro de estos punzones a la altura de su abdomen. Y justo después de esto, vería cómo una criatura que bien podría ser una migaja le hablaba mientras se agarraba de su barba.

—Me han advertido de intrusos. Pero no importa lo grandote que seas. Yo, Escuisi, te derrotaré, grandote. Ya verás. No debiste invadir el jardín del amigo de la prima de la tía del amigo de una sobrina... espera, ¿Era así? ¡C-como sea! ¡Prepárate para conocer tu fin!

El ser que le hablaba era una criatura de colores, definitivamente. Tenía el cabello verdoso, y llevaba una chaqueta abierta de.color púrpura. Tenía guantes y pantalones cortos marillos. Su cola, porque tenía cola, era rayada y tambien de muchos colores. Cualquiera que lo viera no pensaría exactamente que era alguien peligroso, sino que más bien alguien agradable y tierno. Pero allí estaba, amenazando a Kazan.


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#8
Atributos Personaje

[Imagen: nsWqAG6.jpeg]
Kazan se encontraba absorto analizando todo el lugar con sumo cuidado, parándose a observar cada rincón antes de dar un paso más hacia donde se suponía que era zona mas vigilada y transitada. No por nada se consideraba a sí mismo una persona paciente, de las que prefieren mirar antes de actuar, aun cuando apenas unos minutos antes habían irrumpido en aquel lugar haciendo ruido por variar un poco de sus planes mas normales y intentar algo nuevo, un estrepitoso fracaso. Se llevaría la mano al bolsillo de su toga y sacaría su inconfundible pipa de madera, llevándosela a los labios y expulsando el humo entre ellos como si fuera una máquina de vapor. Su Kurogane descansaba sujeto en su mano derecha, siempre listo por si fuera necesario usarlo, aunque no parecía haber nadie en las inmediaciones. Todo parecía estar demasiado tranquilo para tratarse de un lugar supuestamente vigilado, dado el número de desapariciones reportadas. Sin embargo, esa tranquilidad se rompió de un momento a otro.

Una voz chillona le llegó desde algún punto cercano, advirtiéndole que no debería estar ahí. Y apenas unos instantes después, una punzada en el tobillo le hizo bajar la vista sin lograr ver nada. No tardó en llegar el segundo golpe, esta vez a la altura del abdomen, y fue entonces cuando Kazán se puso en guardia. -¡Por las profundidades!- vociferó el gigante azulado con un deje de dolor en el rostro. Aunque los golpes no habían sido especialmente dolorosos, sí lo suficiente como para hacerle torcer el rostro y para que la pipa se le resbalara de los labios y cayera al suelo con un golpe seco. Fue entonces cuando notaría algo moviéndose en su barba, colgándose del vello que brotaba de esta.

Aún sintiendo sea lo que sea ahí, en su barba, alzaría un dedo rápidamente, sin que la criatura pudiera siquiera percibirlo dado lo cerca que se encontraba de su cabeza. -¡Uchimizu!-

Un disparo de agua saldría desde la yema de su dedo directamente hacia aquello que se colgaba de su barba. De alcanzarla, la onda sería lo suficientemente potente como para despedirla de un golpe si no, simplemente continuaría su camino. En cualquier caso tras la técnica, Kazán sacudiría la cabeza con fuerza intentando zafarse de aquella inesperada ¿presa?.

-¿Pero que clase de rata eres tu? Por las profundidades, No es una buena manera de recibir visitas, eso de golpear sin presentarse. Siempre he pensado que quien actúa así tiene algo que esconder. Solo he venido a saber qué hay detrás de las desapariciones de este lugar... sin embargo, si quieres seguir peleando, estaré encantado de mermar tu voluntad.- Dicho lo cual mantendría la guardia, atento a cualquier movimiento del extraño ser de colores, aunque verlo le resultaba algo dificil debido a la diferencia ABISMAL de tamaño.

Marea Azul
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3040 - 310 = 2730
Energia: 2528 - 87 = 2441
Espiritu: 540 + 0 = 540
#9
El ataque con agua de Kazan rinde frutos, y logra hacer que impacte al pequeño Tontatta. Por el tamaño, lo que es una gota de agua para Kazan, para el pequeñín es como si una ola del océano le cayera encima. Incapaz de poder reaccionar y sin esperar un ataque de ese estilo, Escuisi no logra mantener su agarre de la barba del Wotan y cae la suelo, levantándose casi de inmediato y poniéndose en guardia. Para el pequeño, aquello había sido un ataque bastante sorprendente, pero iba a hacer falta mucho más que eso si ese hombre montaña pensaba lograr derrotar al jardinero más capaz de todo Matsuri.

Y si bien el ataque de Kazan no logró hacer mucho daño, lo que sí tuvo efecto fueron las palabras del Wotan de color azul. Se había atrevido a llamar rata al noble Escuisi. ¡Rata! El pequeño boxeador no se podía sentir más humillado. Lo habían llamado de muchas maneras a lo largo de su vida, pero de lo que más lo podía insultar era que lo llamaran rata. ¡Se había teñido la cola incluso! ¿Es que no veían los colores? ¿No veían lo hermoso que era? Escuisi no era una rata, era un orgulloso y noble peleador.

—¡NO SOY UNA RATA! —Gritó mientras su cara se ponía colorada—. ¡SOY ESCUISI EL JARDINERO!

Y tras eso, volvió a gritar y se lanzó al ataque, saltando a la altura de la enorme, enorme cara de Kazan, aterrizando fugazmente en su nariz y lanzando dos fuertes jabs en ese mismo objetivo contra el Wotan. Tenía la cara roja de rabia, pero se le notaba algo confiado al haber atacado de esa forma. Era como si hubiera decidido no usar toda su fuerza.

Saltó luego de la nariz de Kazan y aterrizó en su cabeza, aferrándose a los cuernos de Kazan y una vez en esa posición, continuó su berrinche poderoso, con el orgullo herido. Había sido irrespetado de la peor manera y no iba a continuar tolerando la osadía de aquél gigante entre los gigantes. Escuisi exigiría respeto y hablaría con la irritación a flor de piel.

—¡RETIRA LO DICHO! ¡ERES UN ENORME GROSERO! ¡YO SOY ESCUISI! ¡Y NO SOY UNA RATA! —Si Kazan pudiera verle los ojos, notaría que se le estaba llenando de lágrimas—. El amigo de la tía que es primo del abuelo del hermano de un... ¡Ya no importa! Me pidieron que cuidara este jardín porque tras la puerta secreta se está haciendo una fiesta muy importante. ¡Llevan días de fiesta! Y los invitados vienen en grupos. ¡No deberías estar molestando aquí, grandote! ¡Molestas a mis amigos! Y si se enojan, luego no me van a invitar a la fiesta...

Podía sonar demasiado tonto, pero lo que decía el pequeño Escuisi sonaba con bastante honestidad. Agarrado del cuerno de Kazan, buscaba e ideaba algún plan que le sirviera para poder hacer que ese hombre montaña se fuera de allí y no molestara más a sus amigos en su "fiesta".

Al final del camino de migas de pan
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#10
Atributos Personaje

Se podía ver como las palabras habían echo mas mella en la rata, o tontatta, mas que la gota que Kazan había lanzado. Casi parecía que la cabeza del pequeño, presentado como Ecuisi, iba a entrar en ebullición y que la sangre de la misma pasaría a dar lugar a vapor que saldría de sus pequeñas orejas. Sin embargo lo que fue sorprendente fue la velocidad a la que se lanzaría el de menor tamaño con objeto de golpear a Kazan, craso error. El puño llegó con decisión con toda la fuerza posible para derribar la mas grande de las montañas, eso había que reconocérselo, pero Kazan era mas que eso era una montaña de voluntad y musculos comprimidos en un cuerpo colosal, por lo que se detuvo y no avanzó mas. No porque Kazan lo bloqueara con un gesto ni diera un paso atrás. El golpe frenó en seco contra su cuerpo como si hubiera impactado contra un muro inamovible y el único signo de que algo había sucedido fue la leve inclinación de la cabeza del wotan hacia el punto de impacto, una sonrisa se asomaria entre la barba negra, con todos sus colmillos al aire. -KIJIN NO KŌTETSU.-

El Kanaboo se elevó con una velocidad desmesurada para el tamaño del mismo, solo se pudo ver una franja negra cruzando de golpe la distancia que separaba al enorme Kanaboo de su rival. Si estuvieramos en otro mundo donde existiera un deporte que se tratara de golpear una pelota con un "bate de beisbol" Kazan en ese momento estaria haciendo un "Home Run". Tras eso Kazan recompuso el arma frente a sí, vertical y firme. Si algo habia aprendido en el enfrentamiento contra Arnold era el de NUNCA ceder en su defensa ni ofensiva, y que sin su arma el no se podía defender de la misma manera que con ella. Por lo que no la colocó a un lado, si no como barrera inerte entre su objetivo y el mismo. -Terco el pequeño.-

No era un insulto. Se llevó los dedos a uno de los cuernos antes de hablar -Por las profundidades... Exhaló despacio. -Lamento que lo de rata te haya sentado tan mal.- No lo lamentaba realmente, pero al menos mostraba educación -El que lanzó el primer golpe fuiste tú. Sin presentarte, sin dar la cara, sin decir nada.- El tono no subió. -Eso es la mayor ofensa que puede hacerle un guerrero a otro. Poner la vida en juego, la tuya y la del que tienes enfrente, sin darle siquiera la oportunidad de saber por qué está en ese combate. ¿Acaso no es motivo mas que suficiente para asustarme y decir lo primero que se me vino a la mente?- Su voz poseía un torno constante, grave. A quien no estuviera curtido en pelea, la proximidad de ese sonido le haría reconsiderar sus decisiones más recientes con bastante seriedad, era una voz temida y respetada a partes iguales.-Escuisi. No sé tus hazañas ni tu trabajo, jardinero aparentemente no eres, pero en este momento, tampoco me importan mucho.- Un paso -Solo vine a hablar con quien maneja este lugar. Tú no eres esa persona; eso se nota a la legua. Y si para llegar hasta ella tengo que pasar por encima tuya, lo haré. Sin alegría, ni rencor. Simplemente lo haré. Porque quien pone la vida de otro en juego, esta preparado para perder la suya. Así que piénsatelo; recular ahora no te quita el honor que tienes. Solo quita el dolor que viene después.-

O se dobla o paso por encima. Los dos caminos llevan al mismo sitio. Pensaria Kazan,pero en algún punto Kazan reconocía algo en aquel tipo pequeño y orgulloso que todavía no había terminado de caer. Eso también era algo que podía arreglarse, si la conversación llegaba a buen puerto.

Marea Azul
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Cambios en estadísticas
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Energia: 2441 - 144 = 2297
Espiritu: 540 + 0 = 540


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