[Priv. | Pasado] Los niños del mar
#1
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─

La luz comenzaba a perderse entre las ventanas altas de aquella habitación, tiñendo de naranja los muebles oscuros y las superficies perfectamente alineadas en el cuarto personal del Sargento Andover.  En ese lugar que buscaba parecer una exhibición desesperada de disciplina ¿Cuánto tiempo llevaba ordenando? Nyx había perdido la cuenta, el desafío no estaba en la tarea misma sino en soportar la evidente satisfacción del Sargento cada vez que encontraba una nueva y “inteligente” forma de mantenerla ocupada. Desde que había obtenido el rango, el joven marine parecía disfrutar demasiado asignándole los trabajos más inútiles que encontrase, como si el nuevo uniforme le hubiese dado el valor para cobrar las viejas heridas del ego que ella le causó.

Gracias a él había pasado semanas limpiando, cargando y ordenando cuanto capricho decidiera. Y ahora, frente a la pila de libros de la habitación personal del sargento, podría sentir su mirada fija en ella: constante, incomoda, esperando una equivocación o algo peor.

– Quedaron ordenados por alfabeto y año de publicación, tal como lo pidió – añadió mientras se volvía hacia el escritorio. El uniforme de marine que portaba parecía estar hecho para resaltar cada movimiento de Nyx, la tela clara se ajustaba a la firmeza elegante de su postura descendiendo sobre las curvas marcadas de su cuerpo, sin conseguir suavizar su presencia. Andover parecía notarlo por la manera apresurada en que desviaba la vista, cuando el mar de sus ojos se clavó en los del Sargento.

El joven carraspeo, mientras ella avanzaba con la calma contenida de una tormenta a punto de estallar – Vale, quédate ahí ¿No te había dicho que guardaras distancia? – le recriminó arrastrando las palabras, recuperando la autoridad que parecía escaparse de él cada vez que ella lo miraba de frente – ¿O necesitas más trabajo para disciplinarte? –

La mirada de la Archeron cambio a penas, un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo. Intento contenerse, intento contar hasta cien, intento… – ¿Esta es tu idea de disciplina, Jona? – Nyx notó con claridad la sorpresa mezclada con el temor ante su nombre. Como si ella acabase de clavarle un puñal directo en el vientre – N—no puedes romper las reglas, soy tu sargento y --- – la joven Archeron alzo las cejas – ¿Y eso debería impresionarme? ¿Tengo que respetarte solo porque tienes un título? – ladeo el rostro y la noche de su cabello danzó sobre uno de sus hombros con una elegancia casi ofensiva.

Sabía que le costaría caro. Sabía que Jona Andover buscaría los peores trabajos para darle por un mes si era necesario, empeñado en silenciar su insolencia, desesperado por doblegarla. Y, a ese punto, después de haber aguantado esa tortura de inutilidad por semanas…podría con cualquier cosa que se le ocurriera a ese hombrecillo.

El sonido de sus botas resonó en la habitación cuando avanzó hacia él y Jona Andover se levantó casi por reflejo de la silla, devolviendo la mirada cargada de veneno. La Archeron la sostuvo, con esa calma altiva que a ese punto, ella estaba segura, el odiaba – Esto no es disciplina Jona, esto es una venganza. Una mediocre y muy mal ejecutada, venganza – le dedico esa sonrisa orgullosa que había heredado de su madre, esa que la enmarcaba como la reina hermosa y cruel elevándose sobre sus enemigos.

El joven sargento abrió la boca para rebatir cuando la puerta del cuarto se abrió de golpe, era el otro nuevo recluta que había caído en sus garras – Sargento Andover traigo sus cartas, hay una interesan…– Las palabras murieron en el aire apenas percibió el ambiente cargado de la habitación. Incomodo retrocedió un par de pasos, como si deseara nunca haber ingresado a ese lugar – Disculpe Sargento yo…– irritado, Andover hizo una seña brusca para que se acercarse – Dáselas a Vale, ella me las leerá, así le tome toda la noche – el joven recluta dudo – Señor…el comandante me dijo que era correspondencia confidencial, solo usted podía verla…exceptuando esta – desde su bolsillo saco lo que parecía ser un viejo trozo de tela utilizado como papel para carta – Dijo que esta no era confidencial y que usted hiciera lo que quisiera con esto –

La irritación del joven sargento se volvió evidente en las facciones de su rostro – Bien, dale ese trapo sucio a Vale y que ella lo lea para nosotros – cada palabra cargada de un enojo a penas contenido, mientras el joven cadete se acercaba a su compañera sin haber decidido aún, si le temía más al sargento o a la chica – Y con tu mejor tonó de voz, Vale – agregó Jona disfrutando demasiado de aquella orden.

Nyx no retrocedió ni cedió terreno, tomo la carta entre sus manos con la misma calma orgullosa que había sostenido la mirada del sargento segundos atrás. Lo primero que notó fue el esfuerzo detrás de aquellas líneas torcidas en ese trozo de tela roído; la caligrafía era torpe, insegura, algunas palabras se confundían entre si y los trazos…temblaban demasiado para parecer de un adulto. Por un instante recordó a sus hermanas y esas primeras cartas cargadas de errores, con mas garabatos y dibujos que contenido sobre el escritorio de su padre, sobre los libros de su madre.


Algo en su pecho se tensó.


Leyó en voz alta para los hombres que estaban ahí con ella y a medida que avanzaba con el contenido de la carta, la angustia anidaba en su corazón ¿realmente el comandante de Andover le había dicho que hiciera lo que quisiera con eso? Bajo la mirada hacia la fecha escrita al final, habían pasado más de tres semanas desde que se escribió ¿tanto tardaba el correo en llegar hasta allí? ¿O el comandante simplemente había desechado como basura, la idea de ayudar a la persona que la escribió?

– ¿Qué hará con eso Sargento? – pregunto el joven mientras dejaba la pila de cartas en el escritorio frente a él – Nada – respondió con tranquilidad – ¿No ves que es una trampa? Si enviamos un grupo sería un suicidio, serán atacados por los salvajes que viven en la orilla de la playa o por piratas – lo dijo con una seguridad que a Nyx le pareció estupidez.

Desvió la mirada a la tela que aún sostenía entre sus delicados dedos, cargados de cortes y algunas heridas por el trabajo sin sentido de las últimas semanas. Pensó en la torpeza de esos trazos, en la desesperación escondida detrás de esas letras mal escritas…pensó en sus hermanas y en el dolor que guardaba con precisión quirúrgica – Yo iré – respondió. El joven cadete abrió los ojos ante la acción de su compañera mientras que Andover soltaba esa risa incrédula – ¿El polvo de los libros te afecto Vale? He dicho que es una trampa y que nadie irá. Ahora usa ese trapo para limpiar mis armas – sin embargo, Nyx no se movió – Dijiste que era un suicidio – replico con estudiada calma – ¿no crees que esa es la manera correcta de disciplinar? – 

El comentario hizo que el silencio se tensara solo por un instante. El joven sargento la miró, sin el fastidio habitual, sin esa mirada cargada que siempre le dedicaba cuando él creía que ella no lo notaba. Con algo mucho más frio, como si una idea comenzara a gestarse justo ahí.

– Si solo voy yo, no será una baja considerable – continuó – Y si logro averiguar si es verdad, el reconocimiento caerá sobre ti – y eso último lo había dicho con intención, sabía que Jona Andover estaba ansioso por destacar.

El cambio fue mínimo, sutil…y totalmente miserable.

Nyx se dio cuenta como su expresión vaciló, como meditaba la idea y dejó que el silencio se asentara entre todos con la comodidad calculada de haber ganado aquella partida con esa última afirmación – De acuerdo, iras tu sola – la sonrisa no tardó en llegar – Pero…– el regocijo en su mirada era evidente – No irás con tu identidad de Marine. Te harás pasar por un civil que va a ayudar, así, si te topas con esos salvajes podrás huir –

Y mientras su compañero recluta alababa la estrategia de Jona Andover, Nyx sabía lo que se refería: irás desarmada y a tu suerte.

No necesitaba más.


La respuesta esa tela fue enviada esa misma noche por ella, escrita únicamente con su nombre de pila “Nyssa” y lejos de cualquier sello oficial de la marina. Breve y precisa, iría a Samba y se encontrarían donde indicaba la carta originalmente: en el puerto de las zonas humildes bajo aquel estandarte rojo.

Dos días después, Nyx abordó el primer barco a Samba antes del amanecer. El invierno se había vuelto particularmente cruel con las embarcaciones en esa época del año, las corrientes golpeaban salvajes el barco mercante, mientras el viento húmedo se colaba con rapidez bajo las telas de los abrigos y chaquetas, intentando llegar a la piel inclusive bajo la ropa. Aún así, la Archeron prefería el mar y su rugido para despejar el ruido constante de sus pensamientos, para intentar apagar aquellos trazos inseguros del trozo de tela que llevaba consigo, en la desesperación de alguien por encontrar a quien buscaba y, inevitablemente, en sus hermanas.

Para cuando las costas de Samba comenzaron a aparecer entre la neblina del invierno, el puerto entero parecía cubierto de una capa húmeda y fría que buscaba adherirse a todo lo que allí se encontraba. Nyx descendió del barco con esa calma orgullosa de quien no necesita llamar la atención para imponerse en un lugar, el abrigo oscuro que llevaba sobre los hombros se abrió apenas con el viento húmedo del puerto, dejando ver la tela negra que se ajustaba a su silueta con una elegancia peligrosa, descendiendo sobre las curvas firmes de su cuerpo con demasiada naturalidad para pasar inadvertida. Incluso lejos del uniforme de marine, había algo en ella que seguía conservando aquella presencia difícil de ignorar, como si el "Archeron" heredado de sus padres se negase con tozudez a ser reemplazado por el sencillo y olvidable "Vale".

La humedad del ambiente comenzaba a ondular ligeramente su cabellera, mientras sus botas resonaban sobre los tablones mojados del puerto. El mar de sus ojos recorrió el lugar con lentitud calculada, absorbiendo rostros y movimientos, buscando algún tipo de señal como decía el trozo de tela, quería creer que el desespero en esas letras era real.

Y la vio.

De pie sobre algunas cajas apiladas cerca de unos de los extremos del puerto, una pequeña figura observaba cada barco como si llevara horas esperando que alguno trajera a las personas correctas. Un trozo de tela roja, probablemente de alguna vela, cubría parcialmente su cabeza como el faro en medio de la tempestad, tal y como había indicado que estaría al final de su carta.

No tendría más de once años…y Nyx comprendió, demasiado rápido, que había sido ella quien escribió la carta.

Léeme
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#2

A día de hoy, aun recuerda aquellos días en los que el miedo a perder lo que más quería en el mundo se apoderaba de el. Vestigios del pasado aun no habían empezado a atormentarle puesto que para ellos, estaba muerto, y sin bandera ni destino, viajaba como el hombre libre que era por las islas del enorme mar del sur, su hogar, extenso en su totalidad y magnifico para aquel que sepa apreciarlo con sus propios ojos. Por aquel entonces ni tan si quiera era la sombra de lo que es a día de hoy. El clima actual de la isla acompañaba el mal fario sobre los hombros del azabache al que, por raro que parezca, una nueva sensación extraña para el irradiaba su corazón hasta el punto de ponerle nervioso, lo nunca visto. Hacía ya más de una semana desde que andaba investigando por el reino de Samba; apenas dormía ni ingería casi ningún alimento y pronto, su cerebro empezaría a colapsar. Desde muy temprano en la mañana había preparado su nueva salida en la búsqueda de información para encontrar el paradero de aquella personita por la que daría su vida entera.

Acariciando su colgante apoyado en la ventana de su departamento rentado observaba con detenimiento las vistas que tenía del puerto que se encontraba bastante cerca de lo que estaba siendo su humilde hogar en Samba y de momento solo tenía una preocupación en la vida. Actualmente manejaba suficiente dinero para sobrevivir un par de meses y todo parecía estar bastante atado para el, pero ... ahora mismo, en esa situación el mundo podría estar ardiendo que le daría exactamente lo mismo. Colocó un cigarrillo en su boca aun asomado por la ventana y, lejos de rendirse por el cansancio, decidió poner su cuerpo y cerebro en marcha. Giro con uno de sus dedos el encendedor un par de veces hasta que consiguió encender su llama y tras aquello, dio una calada, exhalando el humo lo más lejos que pudo sin decir palabra alguna para no romper el silencio que le acompañaba en aquel lugar, pero aun ... bajo el cansancio y el miedo, su mirada seguía siendo determinante, afilada así como el arma de un samurai.

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- ... -

Bajo la niebla que acariciaba la isla el hombre de mirada rubi ondeaba su gabardina a medida que caminaba en dirección al puerto así como llevaba haciendo exactamente 3 días, ni si quiera cruzaba las miradas con los vecinos de la zona apagado en sus pensamientos buscando encontrar el camino correcto que le llevara a hasta lo que tanto buscaba. Sus investigaciones habían sido en vano hasta la fecha y muy lejos de tener alguna pista simplemente intentaba encontrar algo que fuera detonante para el, un hilo del que empezar a tirar. Había llegado hasta Samba hacía semanas por un rumor que escuchó a un viajero cualquiera y lejos de rendirse en su búsqueda decidió emprender el viaje hasta allí. El reino de Samba estaba repleto de folletos por las recientes desapariciones llenos de frases como "cualquier información puede ser de utilidad" "estamos desesperados" "por favor, ayudarnos" incontables frases de padres preocupados en la búsqueda de sus herederos mostraban la urgencia del asunto, pero hasta el momento, nadie había llegado a ninguna conclusión o al menos, hasta donde el sabia.

Sus pasos le llevaron hasta su destino y sintiendo la brisa marina que acariciaba aquel lugar tan próximo al mar intento ver más allá de lo que un cualquiera pudiera ver buscando encontrar algo que le diera alguna pista. Observó con detenimiento cada movimiento. Las diferentes personas trabajadoras del puerto simplemente hacían lo que hacían todos los días no parecía haber nada diferente en ellos, un barco lleno de nuevos viajeros parecía estar desembarcando y poco más podía ver, aunque si que es verdad que algo llamo su atención. - Esa niña ... - Centró su mirada en una joven que anteriormente ya había visto, exactamente en el mismo lugar días antes. - ¿Por qué viene al mismo lugar 3 días seguidos? - Al darse cuenta de ese detalle, le pareció extraño. Tan extraño que no podía ser una coincidencia. El hombre de pelo negro nunca actuaba por instinto, todos sus pasos siempre eran guiados por la lógica aplastante de su cerebro y darse cuenta de eso le dieron la convicción de que al menos, debía saber más. Sin precipitarse, decidió mantenerse donde estaba para observarla disimuladamente, apoyándose a unos 6 metros de ella en un bloque de cajas del puerto, con ambas manos en los bolsillos mirando al frente, como al barco de viajeros que acababa de llegar. 


Cofre del tesoro
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#3
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─

El puerto de Samba se extendía frio, húmedo y ruidoso bajo la neblina del invierno; los marineros, comerciantes y pescadores movían las cajas, cargamentos y arrastraban las redes por la arena, con esa facilidad de quienes llevan toda una vida haciendo lo mismo. El aire que envolvía aquel lugar olía a pescado y sal, una mezcla pesada que entraba por las fosas nasales incluso para los que sus sentidos estuviesen atenuados, buscando adherirse al cuerpo, la ropa y la piel de los que allí se encontrarán.

Entre el muelle y el movimiento se alzaban los primeros y humildes puestos, esos que habían sido colocados allí de manera estratégica para tratar de cazar a todo aquel que bajara de los barcos antes que cualquier otro. Algunas mallas y lonas improvisadas intentaban proteger de esa llovizna fina los locales de comida y mercancías baratas propias de la isla, mientras algunos grupos aislados de hombres observaban los barcos y a las personas que bajaban de estos, con esa calma característica de quienes estaban esperando algo: trabajo, incautos, problemas o todo lo demás.

En medio de ese cuadro estaba la dueña de la carta de pie sobre las cajas apiladas, la pequeña figura como un faro en medio de la tempestad. El sonido de las botas de Nyx fue amortiguado contra la madera húmeda del puerto y, a medida que avanzaba hacia la pequeña, la mirada de la niña pareció dejar de recorrer el muelle con rapidez para fijarse en ella. La Archeron pudo notarlo, como esa expresión de cansancio que tenía hacía unos segundos atrás se rompía y, sin siquiera pensarlo, bajó de su torre de madera con un salto torpe para correr hacia ella – ¿Nyssa? – Preguntó con esa extraña mezcla de esperanza y temor, como si temiera que esa respuesta pudiese romper algo más preciado. A través del mar de sus ojos, Nyx sostuvo su mirada, y, con un solo asentimiento de cabeza basto para el cambio: la sonrisa de la niña apareció ahí, demasiado brillante, demasiado amplia para el cansancio que había visto antes.

Porque eso, exactamente eso, había sido lo primero que notó la mujer. No fue la emoción, ni el brillo en la mirada, sino ese cansancio debajo de esos ojos jóvenes de color miel, uno que no debería estar en ese rostro. El cuerpo delgado, las piernas con algunos moretones, la ropa gastada y el cabello ligeramente enredado – Creí que no vendrías – admitió juntando las manos sobre la tela roja que aun sostenía – Pensé que la carta se habría perdido…o que nadie querría volver a ayudar – y fue la forma en que lo dijo, la que ocasionó que algo en el pecho de Nyx se tensara.

Un eslabón más, a esa pesada cadena.

– Pero viniste – lo dijo con rapidez, como si necesitara aferrarse a esa idea y…repentinamente eso fue más personal de lo que la Archeron hubiese deseado – juntas podemos encontrar a Eli – Antes de que Nyx pudiese hacer cualquier tipo de movimiento, la niña tomó su mano – Ven, te mostraré donde vi a Eli la última vez –

Permitió el contacto a penas unos pasos antes de notar el peso incómodo de aquello, siendo esa mezcla de inquietud y angustia la que anidó en su pecho con facilidad al darse cuenta la rapidez en que esa pequeña confiaba y creía en ella. A pesar de que nunca la hubiese visto ¿no lo habría aprendido de sus padres? … ¿si quiera?... Intento no pensar en ello, intento no presionar con sus dedos finos la mano que la sostenía – Espera…Sara ¿verdad? – la niña asintió con energía y la observó atenta con esos grandes ojos de color miel.

La Archeron guardo silencio a penas un instante, como si esa fracción de tiempo fuese necesaria para buscar la llave correcta de un cofre demasiado oxidado y olvidado dentro de sí misma. Cuando al fin hablo otra vez, su voz había perdido parte de aquel filo orgulloso que solía envolver cada una de sus palabras y acciones sobre quien tuviese la desdicha de cruzarse en su camino – No deberías confiar tan rápidamente en alguien que nunca has visto – Sara parpadeó buscando darle sentido a lo que la mujer frente a ella le decía, y el cuestionamiento, ese “¿Por qué?”, llegó inmediato.

Nyx descendió hasta quedar a su altura y el gesto nuevamente se sintió extraño, como si hubiese olvidado hace mucho tiempo la manera correcta de suavizar la voz o a si misma, frente a otro – Por qué no todos los adultos dicen la verdad – la pequeña frunció el ceño ligeramente, como si esa acción le ayudase a procesar las palabras – Pero tú eres Nyssa – replicó con una lógica tan simple que casi dolía – Te pareces a la Nyssa que imaginé y …respondiste mi carta – Nyx asintió – Tú sabes que soy esa persona por mi respuesta en la carta, pero siempre debes asegurarte que la gente sea lo que dice ser – y quizás ahí, justo ahí, había dicho demasiado de sí misma.

La pequeña bajó la mirada un instante, como si ese simple gesto fuera necesario para comprender la idea – ¿Entonces…tú también desconfías de mí? – la pregunta tan transparente en esa expresión de color miel, la tomó totalmente desprevenida. Una acción que ni un adulto del triple de su tamaño y peso podría presumir y fue, solo un segundo, en el que sostuvo su mirada antes de negar suavemente – Desconfiar… no significa tratar mal a otros, Sara – explicó con una paciencia que no utilizaría en público – Significa aprender a cuidarte hasta saber a quién tienes al frente – Sara pensó en ello con una seriedad que no era propia de una niña – Mamá también decía algo parecido – la niña la observo con una renovada determinación – Pero yo sí creo que eres Nyssa, porque viniste –

Eso que se había tensado en el pecho de Nyx ante la afirmación de Sara, solo había añadido un eslabón a sus peores noches.

El gesto fue suave, casi imperceptible, cuando el suspiro escapó de los labios carmesí. No ganaría esa partida – Háblame de Eli mientras caminamos – Nyx no tenía hambre y podría haber caminado bajo la llovizna sin problemas por varias horas, pero la delgadez en ese cuerpo tan pequeño… Sara tiro de su abrigo al momento que comenzó a caminar – Ha sido todo muy extraño, los adultos dicen que son las sirenas que se los están llevando, pero yo no creo eso, yo creo que alguien se llevó a Eli y a los otros niños – La Archeron alzó las cejas – ¿Otros niños del pueblo? – Sara negó – El hombre de la cantina que siempre huele mal, llegó aquí después que se perdiera Eli, decía que también estaba buscando a su hijo…ahora no dice nada –


Nyx guardo esa nueva información mientras el puerto seguía rugiendo a su alrededor entre las voces, las cajas, las redes, el sonido de los barcos contra el muelle y las palabras de Sara. No le fue ajena la forma en que ciertas miradas comenzaban a seguirlas por demasiado tiempo para su gusto. Un grupo de tres hombres apoyado cerca de uno de los barriles observó a la niña y luego a ella, mientras avanzaban hacia lo que parecía un lugar para comer – Mira eso…la bastarda de Kyoshi encontró otra escolta – soltó una risa baja una vez que ellas pasaron frente a ellos – Y vaya escolta – murmuro otro, aquel que estaba a la derecha, mientras descendía la mirada sin disimulo por la silueta de la mujer bajo el abrigo oscuro – Apostaría que lleva más dinero que los tres juntos –

El tercero escupió al piso tabaco molido con algo más – ¿Volvemos a espantar la escolta? – el primero asintió – La enana siempre trae algo – los otros dos rieron bajo, como si rememoraran entre todos, una acción de la que estuvieran orgullosos – Cree que mientras más pague, más posibilidades tiene que le devuelvan al hermano – El silencio fue breve, uno que delataba la costumbre de esa dinámica – Hace dos semanas lloraba igual por la otra cría –  el que estaba al centro del grupo, lo observo – ¿la rubia? –

El tercero negó lentamente – No, la que tenía los ojos rojos – el silencio volvió a acomodarse, esta vez, el que estaba a la derecha avanzo primero – Ah…si, por esa si habrían pagado bien – las risas bajas no tardaron en aparecer mientras los tres se encaminaban detrás de la niña y la mujer que habían fijado como blanco – Todos saben para que se los llevan, no son los primeros, ni la primera isla donde pasa – el tercero volvió a masticar esa mezcla de tabaco con algo más que acababa de sacar de su bolsillo – y los tontos siguen creyendo que el mar le devolverá a sus hijos –

Léeme
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#4

La mirada de un hombre cansado bajo la neblina del puerto aun mostraban el brillo necesario para hacer que el mundo ardiera. Manejaba sus sentimientos con mano dura; así como un hombre recto capaz de sobreponerse ante las adversidades. Lejos de dejarse llevar, decidió volver a llenar sus pulmones de humo debido al enorme estrés que estaba sintiendo. La mayor de sus preocupaciones estaba desaparecida y sin ningún tipo de pistas, intentaba aferrarse a cualquier cosa que le diera una esperanza, esa que a pesar de todo, todavía no había perdido. Colocó uno de sus cigarrillos sus labios y dio una calada intensa, larga y sobre todo placentera bajo aquel clima el cual solía gustarle, nunca fue muy dado al calor y al sol. Mientras esperaba con detenimiento observando a la chica de al lado, vio como de aquel barco desembarcaba una gran cantidad de personas, de las cuales, una mujer vestida de negro fue la que se acercó hasta la chica en el puerto. Barald, desde su posición, decidió extender su zurda hasta el cigarrillo de su boca, colocándolo ahora entre sus dedos intentando escuchar la conversación que estaban teniendo. Analizó la conversación a medida que daba unos pasos hacia ellas, siguiéndolas desde la lejanía. 

Y si, sin ninguna duda. Aquella niña era el hilo del que empezar a tirar. No conocía bien la situación basándose solo en lo que estaba escuchando, quería saber más del tema. Por lo que, sin decir nada y a expensas de que lo pudieran detectar de cualquier manera ya que simplemente caminaba a 6 metros de ellas como si no tuviera nada que ver. Lo poco que había conseguido de información le hicieron llegar a Samba, al igual que a muchos otros como el hombre mal oliente de la cantina. Barald tiro el cigarrillo al suelo del puerto que se termino de apagar al momento de tocar el agua y de pronto, su párpado derecho empezó a tintinear.  - Mal presagio ... - El azabache solía sentir como su parpado se movía descontroladamente cuando algo malo iba a ocurrir ¿casualidades? probablemente, pero siempre era un indicativo para el, le hacía despertar más sus sentidos, le hacían estar mas alerta. En aquel instante su cerebro cansado tomó algo más de oxigeno tras recibir el estímulo y afianzo más su oido mientras con su mano derecha acariciaba la empuñadura de su katana, amarrada a su cintura descendiendo hasta casi su pie, oculta bajo la gabardina. Esos 3 tipos ... si, ellos sabían mucho más que ninguno de los allí presentes. Había elegido el lugar correcto, el objetivo idóneo y el momento perfecto para estar allí presente, pero algo hizo que, por un momento, perdiera la cordura ¿la niña de ojos rojos? indudablemente ... no había conocido a nadie en toda su vida con aquel rasgo tan característico más allá de la gran parte de su familia. Si había una posibilidad de saber algo más de la desaparición de su hija, ese era el camino.

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- Error. Las paredes oyen y yo ... también. -

Barald en aquel instante en el que termino de mencionar su última frase, avanzó hasta la espalda del tipejo que había mencionado a la niña de ojos rojos. Lo agarró por la espalda cruzándole el brazo izquierdo por el cuello para aprisionarlo e inmediatamente colocó la empuñadura de su arma en la espalda del hombre sin llegar a desenvainarla. No quería hacer un espectáculo sangriento en aquel lugar ni mucho menos, aunque quien sabe lo que podrá pasar. - Buenos días, hace un día de puta madre para cortarte en pedacitos si no empiezas a entender la situación. - Pudo notar las pocas ganas de enfrentarse a la adversidad de aquel hombre por la poca tensión de su cuerpo, parecía haberlo intimidado satisfactoriamente. - Oye chicas, estos tipos os persiguen ¿los conocéis? - Barald no quería ser visto como un enemigo para esas dos así que intentaría ganarse su confianza, más aun si la niña tenía información valiosa para el. Apretó con fuerza su brazo izquierdo para retroceder con aquel hombre de un salto hacia atrás, alejándolo de sus dos compañeros mientras se acercaba a su oído para hablarle en un tono aun más tranquilo de la habitual en el. - Dime todo cuanto necesite saber a cerca de los niños que desaparecen en Samba, tu vida depende de que tan buena sea tu respuesta, no quieras saber que haré si me ocultas información. Puedes probar suerte si quieres. - 

Los otros dos tipos se giraron para ver al azabache con su amigo; asaltados por un tipejo que no parecía ser nadie en especial, tan solo un hombre cualquiera. Eran bandidos, no iban a dejarse intimidar así como así - ¿Y tu quien coño eres? Suéltalo, no tienes ni idea de con quien te estas metiendo. -  El que había avanzado primero de los 2 intentó hablar con el azabache, mientras que el otro, fue directo a por la niña y la pelirroja. - ¿Qué tienes que ver tu con ellas? ¿Son importantes para ti? Shishishishishishi me importa una mierda volarles la cabeza ahora mismo. - Aquel último hombre desenfundó una de sus armas para apuntar directamente a Sara, parecía querer jugar con el azabache a un tira y afloja, pero ... creo que había algo con lo que no contaban ¿quien era realmente esa mujer que había bajado del barco buscando a Sara?

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#5
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

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El mar de sus ojos permanecía sobre la niña desde que habían emprendido la marcha en búsqueda de un lugar para comer, percibía de esa forma ajena y extraña el peso de otro sobre la manga de su abrigo, como si la armadura que llevaba encima le gritara con fuerza que debía guardar todas las distancias si quería salir ilesa de esa situación. La voz de Sara, hablando sobre Eli se alzaba por sobre el murmullo del mar, aunque Nyx estuviese poniendo atención a sus palabras sabía que había algo extraño en ella. No era miedo por todo lo sucedido y distaba demasiado de la tranquilidad que debería tener un niño de su edad, era algo distinto, ese algo que la Archeron conocía demasiado bien: la tensión silenciosa que aprendió a reconocer en quienes llevaban demasiado tiempo sobreviviendo – Sara – la llamó después de que la pequeña terminara de explicarle como iba vestido Eli el día que desapareció. Sus pasos, sin proponérselo, estaban acompasados al ritmo de la pequeña – ¿Conoces a esos hombres del puerto que dejamos atrás? – la pequeña frunció el ceño, como si buscara hacer el esfuerzo para identificar que hombres se refería – ¿El señor Yamada con su red de pesca? –  nuevamente, esa confianza casi dolorosa ¿Por qué había creído que la niña sería capaz de identificar como alerta a esos tres?

Nuevamente, era una batalla que no ganaría.

Iba a explicarle otra vez, con esa paciencia que no usaría con otros, cuando el sonido abrupto de los cuerpos a su espalda quebró el murmullo del puerto, y la voz de ese hombre… la voz llegó apenas un instante después.

El cuerpo de Nyx se tensó de inmediato.

Los músculos de su cuerpo despertaron para movilizarse mientras sus dedos tomaron la mano de Sara con firmeza, preparándose antes incluso de terminar de comprender lo que sucedía a su espalda. Y la amenaza masculina, cargada con esa calma peligrosa, logró hacer que el mundo contuviera el aliento.

¿Si Nyx también lo había hecho? Aún era demasiado pronto para definirlo.

Giró con rapidez, asegurándose de dejar a la niña a su lado, solo para encontrarse de frente con el espectáculo. Un desconocido había apresado a uno de los hombres del puerto que ellas acababan de dejar atrás y la brutalidad serena de sus palabras anteriores bastaba para comprender que no había pronunciado solo una amenaza vacía. Cuando indicó que las seguían, el mar de sus ojos se alzó hacia él; la mirada de la Archeron recorrió al desconocido apenas un instante, suficiente para medir la tensión de sus movimientos, la calma impropia con la que sostenía la violencia y aquella presencia que había irrumpido en el puerto como tempestad.

Pero, no iba a detenerse en ello.

Lo que importaba era el “cómo” se había dado cuenta que esos tres las seguían y el “por qué” había decidido intervenir. El cuerpo de Sara tembló a su lado por la situación, pudo percibirlo por la forma en que la niña retrocedió un par de pasos luego que el hombre preguntara por los niños de Samba.

"Ahí esta el por qué"

Escuchó la amenaza clara de parte de uno de los otros dos que estaban fuera del alcance del desconocido y vio, como el tercero avanzaba hacia ellas desenfundando un arma para apuntar a la niña. Nyx se movió antes siquiera de pensarlo, en un solo paso se interpuso entre el arma y la niña, dejando a Sara parcialmente cubierta por su cuerpo y fue su mirada, ese gesto sutil, ese descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas, lo suficiente para que aquella calma orgullosa que mantenía adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo – Apuntarle a una niña – el silencio duró apenas un segundo – Que recurso tan miserable –

La afirmación apenas había dejado sus labios cuando el hombre frente a ellas disparó, y fue el estruendo que quebró la normalidad del puerto – ¡Son los hombres de Rask! – gritó alguien en algún lugar del puerto y aquello fue suficiente para que los murmullos se transformaran en caos; los comerciantes abandonaron sus puestos, las personas echaron a correr y el puerto pareció deformarse bajo un nombre que tenían como herida común. A su alrededor, mientras los gritos se alzaban Nyx reaccionaba bajo puro instinto; empujó a Sara hacia atrás al mismo tiempo que giraba el cuerpo para cubrirla, no permitiría que esa niña saliera herida. El ardor caliente atravesó su hombro a penas un segundo después.

– La próxima te atraviesa, perra – Nyx apretó la mandíbula mientras la bala rozaba la carne sin detenerse, pero el dolor llegó demasiado tarde versus la adrenalina que ya la había hecho movilizarse. Notó algo parecido al miedo en los ojos del hombre mientras ella cortaba la distancia por el impulso, atrapando la muñeca armada antes de que pudiera corregir la puntería. Sus dedos se cerraron con violencia sobre la articulación y en un movimiento seco, obligando al arma a desviarse cayendo sobre la arena – Corre, Sara. No te detengas – la orden abandonó sus labios carmesí al mismo tiempo que lanzaba a la niña hacia el caos del puerto, entre los gritos y las personas que huían.

Sin embargo, aquel gesto a penas alcanzó a ser percibido antes que el mismo caos estallara frente al desconocido – ¡Mátalas! – gritó el que aún estaba apresado bajo las manos del azabache, mientras que su compañero a respuesta cargó hacia el frente contra la mujer que ellos habían tenido la intención de asaltar – ¡No pienso decirte una mierda! – escupió entre dientes, demasiado rápido para esconder el miedo que sentía – ¡Tú tampoco saldrás vivo de aquí! – Movió su cabeza con violencia hacia atrás intentando golpear a quien lo había apresado, sin embargo, su movimiento era solo una distracción.

Desde el costado izquierdo su compañero ya se abalanzaba sobre el azabache, atravesando el desorden del puerto convertido en gritos y carreras de personas que pasaban a su alrededor buscando refugiarse. Reluciendo entre sus manos esas dos cuchillas cortas, esas que guardaba para estas ocasiones…la intención era clara: hundírselas entre las costillas.

Léeme
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#6

Bajo la neblina del puerto y aquel nuevo día abrazaba la tensión en el ambiente como si ese fuera su hábitat natural. Había lanzado al aire unas últimas palabras de advertencia a su nueva presa y mientras lo mantenía sujeto pegado a el y sin mostrar ni un ápice de duda en sus movimientos observaba con detenimiento lo que estaba ocurriendo frente a el. Haber movido la primera ficha del tablero había desencadenado algo que a aunque no le gustara, le era imposible de controlar. Barald era un buen analista de la vida en si con sus propios ideales ajenos a los que otros muchos piensan, no obstante si había algo de lo que solía hacerse caso era de la propia lógica. El 95% de los civiles viven una vida cotidiana y tranquila en la que pagan impuestos, viven a razón de lo que otros dictan para ellos y se conforman con tener un hogar digno y una familia; otros viven trabajando arduamente para cumplir el sueño de otros con más dinero que ellos y luego, dentro de ese 5% restante, se encuentran personas diferentes que siguen sus propios pasos, sus propios caminos. Por aquel entonces el azabache de mirada rubi no era más que un simple viajero del mar del sur en la búsqueda de su alma gemela perdida y en aquel viaje, cruzó su destino con esa mujer de mirada azul. En contra de la lógica del civil promedio al que estaba acostumbrado a ver, agarró a la niña para ponerse frente al arma y le dio una clase de valentía a todo aquel que estuviera mirando. Bajo el semblante serio e inexpresivo que siempre acompañaba al joven azabache pudo notarse una pequeña mueca en su boca ¿había medio sonreído? quizás sí, aunque solo hubiera sido por un segundo. No era una mujer de a pie corriente tenía algo en la mirada diferente al resto de mortales que solía encontrarse. Si hubiera tenido que juzgar lo que había visto en aquel momento podría haber pensado 2 cosas; la primera es que esa mujer tiene la realidad alterada y no ve el peligro real de un arma de fuego porque es imbécil y la segunda es que esta preparada para enfrentarse a peligros como esos y por tanto, se mostraba segura de si misma ¿todos sabemos cual es la correcta verdad? Ya tras el forcejeo entre la mujer y el bandido, consiguió tirar su arma a lo que el apresado por el brazo del espadachín grito, Barald intervino inmediatamente a sus palabras.  

[Imagen: YdfC5Tf.jpeg]
- Segundo error. - 

Nada más escuchar como gritaba a sus secuaces la orden directa, no dejo que abriera más su boca para decir nada más, lo noquearía inmediatamente. Aunque sus planes de hacerle trocitos no habían cambiado, tan solo no iba a hacerle pedacitos en público. Con la diestra en su katana realizó un movimiento hacía arriba rápido, imperceptible para aquellos pobres hombres e inmediatamente colocó la empuñadura del arma a la altura de su cuello para realizar un golpe seco en la nuca, que hizo que aquel tipo perdiera el conocimiento de inmediato. No le gustaba llamar demasiado la atención y mucho menos allí en el puerto delante de tantas personas; llevaba dos semanas sin levantar demasiadas sospechas a cerca de lo que estaba haciendo allí por precaución y aquello había empezado a ser un espectáculo, no podía permitirlo bajo ningún concepto. Miro hacia el lado y aquel otro hombre se abalanzaba contra el, a lo que Barald dio dos pasos adelantándose para golpear primero al igual que había hecho con su amigo, otro golpe seco en la nuca que lo dejó en el suelo al igual que a su compañero. Quedaba el tercero, ahora desarmado gracias a la intervención de la chica del 5%. Al igual que sus compañeros, cayó al suelo de la misma manera. Barald incrementó su velocidad para golpearlo y de paso, terminar tu trabajo, Barald era de esos tipos. De los que no dejan cabos sueltos.

[Imagen: VzN3D4e.jpeg]
- No es personal ... solo tengo que guardar las apariencias - 

A ojos de las personas del puerto los movimientos de Barald eran imperceptibles, tan solo podrían ver una sombra oscura moviéndose al igual que la chica pelirroja a la que con delicadeza, golpearía en la nuca con la empuñadura para "desconectarla" sin hacerla daño. A ojos del resto de personas, parecería como si se hubiera desmayado. No dejaría que cayera al suelo, la agarró con el brazo izquierdo con cuidado para que no cayera, acomodándola sobre su hombro para cargar con ella. Ahora que la acción había terminado y mirar a la gente del puerto, que ahora parecía estar expectante tras el espectáculo mirándolo de  arriba a abajo. - Vale y ... ahora ¿cómo salgo de esto? - Bueno, siempre se le dio bien mentir, es hombre. - Todo controlado por aquí, tuvieron suerte de que yo, el gran recluta Tetsuya de la marina estuviera por aquí en mi tiempo libre, arrestare a estos criminales y me llevaré a esta joven que tiene una herida de bala. Sigan con sus vidas, aquí no paso nada. La marina siempre os protegerá aunque no este de  servicio, recordarlo. - Y de la manera más convincente, intentó solventar la situación ¿le creería toda esa gente? al parecer si. - Oh esto ... ¿Sara verdad? - Se dirigió a la niña que todavía no se había marchado. - ¿Me ayudas a cuidar de ella? Necesita atención médica. -  Tras aquello, Sara se acercaría a Barald, que se había ganado la confianza de la niña con aquellas palabras.



Todo cuanto había sucedido hasta ahora había sido el principio de algo que cambiaría las vidas de los allí presentes. Barald se encontraba frente a la ventana del apartamento que tenía rentado cerca del puerto, con su semblante más serio perdido en sus pensamientos esperando pacientemente. Tras los acontecimientos de esta mañana y los avances que había hecho en su investigación había llegado a la conclusión de mantener bajo protección a Sara, la niña del puerto, la cual de momento, dormía plácidamente en una de las camas de la parte de arriba del apartamento tras un día duro lleno de emociones, había tenido todo un día para hablar con ella y gracias a eso había descubierto muchas cosas, también sabía quien era la mujer que aun no había despertado la cual había venido a ayudarla al haber recibido su carta. También había obtenido algo de información de los 3 criminales los cuales bueno, digamos que ... al final entendieron la situación a la que se enfrentaban. En uno de los sofas, Nyx estaba acomodada con la herida de su hombro limpia y desinfectada. Barald no era ningún experto pero sabía más o menos como aplicar un botiquín y esa mujer había tenido suerte de que la bala tan solo la había rozado. Igualmente había vendado su herida y con paciencia esperaba a que despertara de su "placido sueño inducido" para explicarla su nueva situación ya que ¿había venido a ayudar a sara no? estaban unidos por un bien comun ¿lograrían entenderse? o ... ¿se levantaría rencorosa por haberla noqueado? ¿habría sido capaz de verlo? ¿tendré que obligarla? Barald estaba solo en aquella isla, allí y en todos lados. Era un hombre capaz en cualquier sentido, ahora que el destino le había cruzado con Sara y Nyx, no desaprovecharía esa oportunidad. Había pasado de no tener ni una sola pista a saber a donde ir gracias a Sara, y ahora ¿tendría una compañera de aventura? o por el contrario ...

Cofre del tesoro

[Imagen: FIRMA.jpg]
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#7
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─
El hombre cargo hacia ella y Nyx retrocedió esperando el ataque, la única arma visible de ese bandido ahora estaba entre ambos en la arena y mientras el enojo nublase su razón, la Archeron sabía que no tendría que volver a preocuparse por el arma de fuego. Espero a que estuviese cerca, mucho más cerca de ella, cuando él extendió los brazos para atraparla Nyx avanzó en vez de retroceder.

Apretó los dientes, ignoró la quemazón constante de su hombro, sujetó su muñeca girando sobre si misma para meter la cadera bajo el centro de gravedad ajeno. El impulso, hizo el resto.

El golpe seco llegó al segundo después y Nyx lo hubiese reducido a punta del dolor de ese brazo que aún sostenía entre sus manos si la herida del hombro, con ese malestar punzante que le recorrió por el centro de la espalda en un segundo, no le hubiese hecho soltarlo al instante que logró reducirlo contra el piso.
Tenía que cambiar la estrategia y rápido.

– Maldita perra, cuando te atrape quedarás irreconocible – amenazó mientras se levantaba con rapidez de la arena. Ambos, envueltos en su propio caos, no tuvieron tiempo para observar lo que ocurría a su alrededor, pasando por alto la forma eficiente en que la tempestad del puerto acababa de reducir a sus otros dos compañeros.

Nyx espero el siguiente ataque, asegurándose de que el centro de su cuerpo estuviese bien balanceado para desviar y golpear a la vez, la herida de su hombro tenía que aguantar hasta que ella decidiera lo contrario. Sin embargo, antes de que el bandido volviese contra ella, fue el destello de aquellos ojos rojos, atravesando el caos, que irrumpió directo en el azul de los propios.

El bandido cayó al instante.

Y esa voz…
Esa voz fue la que logró hacer que su mundo se tambaleara antes de que la oscuridad la reclamara.


La inconciencia la recibió con la dulzura de un beso de un amante, como si la hubiese estado esperando durante demasiado tiempo, paciente, hasta el instante en que pudiese tenerla entre sus brazos. En medio de la oscuridad, la Archeron fue consciente de su cuerpo, desnudo y vulnerable sobre el suelo frío y húmedo, con un movimiento elevó las manos hacia su rostro, como si necesitara asegurarse de que aún tenía todas las extremidades. Veía la humedad en los dedos, pero no la sentía ahí. El frío recorría su cuerpo sin que hubiese brisa y, solo entonces comprendió que no provenía del exterior, sino de ella misma, como si se hubiese filtrado bajo su piel y ahora habitara en su interior comenzando a tomar lo que ella era.

Lentamente se sentó sobre esa oscuridad, y durante un instante creyó estar sola…fue entonces cuando la vio: Aelira. Sentada sobre uno de los sofás del salón de sus padres, riendo, llenando de vida el ambiente solo con su presencia, su real presencia, como única luz que sostenía la escena en medio de la negrura. La veía mover la boca. Ecos de palabras que no conseguía entender llegaban hasta ella, deformadas, como si hubiese sido pronuncias desde otro lugar. Sonreía, pero no era una sonrisa que pudiese alcanzar.

Nyx se levantó del suelo, sintiendo el peso de esa humedad que parecía querer retenerla pero ella… Ella avanzó sin cautela, con urgencia, sin saber en que momento su paso se convirtió en una carrera angustiante…La única certeza era que necesitaba llegar a ella, a esa imagen que no parecía mirar el cuarto a su alrededor, sino a Nyx, directamente a Nyx.

Y en su intento desesperado de alcanzarle… la distancia no cambiaba.
Y entonces, con un simple chasquido, todo comenzó a romperse.

La escena se desdibujó ante sus ojos: los rostros de sus hermanas y sus padres se superpusieron, las figuras se deformaron y la voz de Aelira se mezcló con otras. Fragmentos de recuerdos y personas, instantes inconexos que se apilaban unos sobre otros sin orden ni sentido.

El suelo se inclinó bajo sus pies descalzos y la carrera se volvió cuesta arriba. El frio tiró de ella con más fuerza, aferrándose a sus piernas desnudas como si un millar de manos intentasen arrastrarla de vuelta y entonces, sin transición, ese hombre apareció allí para volver a atacarla en medio del vacío, en medio de la amenaza, mostrándole que era capaz de tomar todo cuanto ella amaba solo por el placer de destruirla.

Nyxara Archeron peleó de regreso contra esa oscuridad en forma de hombre mientras el volvía a asfixiarla y ella volvía a probar el sabor de la sangre en un intento de quitárselo de encima, el volvía a golpearla para hacerle perder el sentido…iba a ganarle, esta vez iba a ganarle.  



“No es personal, solo tengo que guardar las apariencias”



El mar de sus ojos se abrió de súbito, pero aquello no era un despertar, sino un peso: el dolor concentrado en la nuca mientras el mundo intentaba dejar de balancearse a su alrededor. Su mirada recorrió el techo sobre su cabeza quedándose un momento más en esa posición, intentando asimilar donde terminaba la inconciencia y comenzaba la realidad.

Lentamente, inspiró.

Durante un segundo, aun percibió el puerto...el vaivén al bajar del barco, la humedad del rocío matutino sobre su piel ondulando sus cabellos, el aroma a pescado, sal y madera mezclados, colándose incluso a través de sus sentidos atenuados. La sonrisa demasiado amplia de una niña…el eco de los gritos en la playa.

“Sara”

La preocupación apareció antes de que asimilara el entorno, antes que ella misma.


Entonces, llego el dolor.

Ese latido sordo sobre la piel que estaba entre su hombro y su clavícula, el malestar familiar de una herida demasiado reciente. Sus cejas se arquearon sobre el mar de sus ojos, dibujando esa ligera expresión de desconcierto sobre su rostro de líneas finas y pecas dispersar que aún luchaba por anclarse al presente.

Fue entonces cuando lo sintió: la presión de las vendas sobre su hombro.
Debajo de su blusa.


Alguien había tratado su herida, alguien había tenido que quitarle el abrigo y la tela empapada en sangre para curarla ¿habría detenido la mirada sobre la constelación de tinta que bañaba su piel? En aquella montaña coronada por astros que nacía sobre el inicio de su pecho generoso para desvanecerse bajo la tela oscura en secretos que no le pertenecían. 

Fue instintivo. Sus dedos descendieron hacia el cuello de esa tela negra solo para asegurarse que seguía allí, en su sitio.  

No es que le diese vergüenza su desnudes, si ella hubiese tenido que tomar una decisión práctica con una persona herida, seguramente hubiese hecho exactamente lo mismo. Lo que le molestaba de eso era algo mucho mas complejo de tolerar para alguien como ella, era la certeza de haber estado a merced de otra persona.

Lentamente, inspiró. 
Como si aquel gestó le ayudase a controlar la peligrosa tensión que no le dejaría tomar espacio sobre ella…porque si lo hacía…


Se obligó a abandonar la atención de su cuerpo para centrarla en su entorno; en como se hundía sobre la superficie blanda y cómoda, pero demasiado pequeña para ser una cama.

“Un sofá”

El mar de sus ojos registro el resto de la habitación, la mesa de centro donde aún estaban retazos de vendas, tijeras y antiséptico utilizado para tratar su herida. La puerta a unos metros más allá ¿podría correr y llegar hasta ella si fuese necesario? Lo dudaba, no en ese estado. La luz de la tarde filtrándose desde algún punto comenzando a llenar de penumbras el entorno, su abrigo sobre una silla vieja. Mas allá, unas escaleras hacia una segunda planta. Cada detalle registrado con la cautela de quien despierta en territorio desconocido y espera que, de un segundo a otro, algo le saltase encima. No necesitaba más para despejar su mente, sabía que no estaba en el barco, ni en el puerto…

Entonces, regresó su recuerdo.

No fue la violencia contenida de su voz, ni la calma impropia de quien amenaza con certeza, fueron aquellos ojos los que regresaron primero…como si alguien hubiese encerrado un incendio, justo ahí, detrás de esos párpados.

Lentamente se incorporó sobre el sofá, girando el rostro hacia la otra dirección de la habitación para encontrarlo en la ventana. El recuerdo cayó sobre ella y sobre lo que había hecho con ella en mitad de ese enfrentamiento con una claridad incomoda: la había apartado del combate, la había llevado hasta allí, había tenido el descaro de quitarle la ropa para curarla, tomando todas las decisiones por ella sin consultarle, como si alguien le hubiese dado al extraño el poder del rey para decidir por sobre lo que ella pudiese hacer.

El cuerpo de Nyx se tensó, podía entender la lógica detrás de su actuar, podía incluso compartir sus métodos, pero comprender el “por qué” no significaba que lo aceptara. Sobre todo, si ese hombre que ahora observaba hacia la luz de la tarde, la obligaba a tomar ese papel que tanto detestaba: donde alguien pretendía ponerla por debajo de lo que era. Y el hombre que se creyera capaz de hacerle alzar la mirada terminaría enfrentándose a la tormenta que guardaba en el interior, Nyx estaba muy segura, que solo ella quedaría en pie después de aquello. Siempre había sido así, con cualquier desgraciado que lo hubiese intentado.

Porque Nyxara Archeron no había nacido para alzar la mirada ante nadie.

Y, a pesar de todo aquello, el mar de sus ojos tardo un segundo más en apartarse de su semblante masculino. No por agradecimiento ni mucho menos por confianza, sino por la insolencia contenida en su apariencia, por ese descaro absoluto y absurdo de alguien que era capaz de tomarse tantas molestias y libertades con ella, para después permanecer allí, de pie, como si estuviese esperando las consecuencias.

¿Lo que más la irritaba? No era solo lo anterior, era esa seguridad de que él sabía que ella ya había despertado y, aun así, decidía quedarse observando por la ventana sin tomarse la molestia de girarse.

Se incorporó y el hombro herido le reclamó al instante, sin embargo, ella no le permitiría al dolor tomar presencia. Su cabeza terminó de registrar lo que había a su alrededor al momento que el mar de sus ojos se detuvo en esas espadas que reposaban tranquilas sobre una mesa cercana, que supuso, servía para comer. Por un instante contuvo el aliento, podía alcanzarlas, podía tomar ese acero y recordarle a ese extraño exactamente quien era ella al posicionarlas en la línea de su cuello.

“No”

...Y algo parecido a una sonrisa cruzó por sus labios carmesí.
Si iban a jugar, sería en su terreno.

Porque Nyxara Archeron no necesitaba la falsa ventaja del acero para demostrarle exactamente a ese extraño quien era ella. Con esa gracia felina y silenciosa, esa que le había permitido colarse en lugares donde no tendría que haber estado, acortó la distancia hacia él. A pesar de ser consciente de lo que ese hombre era capaz de hacer, se posicionó a su espalda cerrándole el paso entre la ventana, la pared y ella. Si quería avanzar hacia las armas, tendría que reducirla primero.

Se detuvo a medio paso de él con toda la seguridad insolente de una reina que no ha aprendido a inclinar la cabeza ante nadie, y ese medio paso de distancia, era la agresión directa al territorio que otros considerarían personal; el aroma varonil, esa nota limpia y masculina, se deslizó hasta ella de forma inesperada. Su olfato, ese que llevaba años negándole la importancia a esa clase de detalles, decidió registrarlo contra su voluntad.

Otro motivo más para su irritación.

– ¿Es costumbre tuya secuestrar mujeres después de dejarlas inconscientes o debería sentirme especialmente afortunada? – cerca, peligrosamente cerca, pero no lo suficiente para tocarlo.

Aún.

– Golpearme para sacarme de combate fue una decisión cuestionable, una que no permitiré que vuelva a ocurrir – el mar de sus ojos se encontró con el incendio que estaba en los contrarios, pero ella…

Oh ella…

Ella estaba perfectamente dispuesta a descoronar al rey.

– Desnudarme para curarme …– la frase quedó suspendida entre ambos, mientras su pecho amplio subió y bajo en la única inhalación, como si necesitara el gesto para continuar – era necesario – Lo admitió. Porque mentir en esa situación seria ridículo, pero aquello no suavizó el filo de su mirada, como siempre lo hacía antes de que el mar de sus ojos se transformara en tormenta – Pero asumir que puedes decidir ambas cosas por mí – sus oscuras pestañas descendieron apenas un instante – fue tu primer error – ella se inclinó ligeramente hacia él. Quizás una alerta, quizás una amenaza, la distancia suficiente para que el pudiese percibir el perfume de su piel mezclado con la sal – No vuelvas a confundirte – Su rostro se inclinó apenas hacia un lado, y esas hebras bañadas por fuego, resbalaron por el costado de uno de sus hombros – No soy una mujer que puedas mover de un sitio a otro como se te de la gana – El mar de sus ojos recorrieron un momento ese semblante varonil con estudiada lentitud. No estaba admirándolo, estaba midiéndolo y decidiendo sobre el en ese preciso instante – Si vuelves a ponerme las manos encima sin mi permiso – su voz se transformó en ese murmullo de seda – Voy a quebrarte los dedos –

No retrocedió, tampoco aparto la mirada. Si él creía que encontraría docilidad después de lo ocurrido, estaba muy equivocado. Para su pésima suerte, ella no era esa clase de mujer, porque Nyxara Archeron no cedía terreno.

Lo ganaba y lo hacía propio.

– ¿Dónde está Sara? –
Léeme
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#8

El azabache aparentaba disfrutar la aparente calma en el ambiente con ambas manos en los bolsillos de su pantalón aun viviendo un verdadero pesar en su interior; a pesar del cansancio y del enorme vació que ocupaba su corazón se alzaba de nuevo frente a la vida así como esta le había enseñado. Desde aquel ventanal era capaz de ver el mar una vez más majestuoso y respetuoso con aquellos que fueran capaces de soñar como niños aun siendo adultos, algo qué, aunque no le dijera a nadie seguía haciendo. Agarró con delicadeza su colgante alrededor de su cuello, acariciándolo con la yema de los dedos sin abrir su interior imaginando el rostro de su pequeña hija sin derramar ni una lagrima hasta el momento, no hasta tenerla de nuevo en sus brazos y ahora que nadie lo estaba mirando el brillo de sus ojos rojos se veía más apagado que nunca. 

[Imagen: RxwTylo.jpeg] 

No tan lejos de llegar hasta ese punto y derrumbarse intentaba buscar la manera de encontrarla sin ponerla en peligro, era una sensación extraña ¿tanto vale la vida de alguien que la antepones a la tuya propia hasta de manera espiritual? el infame y desconocido hombre de Roshwann frente a esto empezaba a verse superado por el cansancio acumulado y por sus propios pensamientos negativos que poco a poco, ganaban en su batalla interna. - ¿Y si no llego a tiempo? - Tras unos segundos decidió bajar de nuevo su diestra hasta su bolsillo derecho sacando uno de sus últimos cigarrillos del día y con un cansancio cada vez más real lo colocó en sus labios para llevarse el encendedor hasta el mismo, buscando aliviar aunque fuera un poco su estado de nervios que llevaba consigo en lo más profundo de su ser pero ... algo le hizo cambiar de opinión, algo que jamás reconocería. - Aun puedo sentirla ... todavía no es tarde. - Y aunque aquello tan solo fuera un impulso creado por si mismo para autoconvencerse impuso de nuevo su voluntad por encima de si mismo; venció a sus pensamientos más negativos y volvió a guardar el cigarrillo en la cajetilla. Frente a los ojos del mundo no era más que un simple mortal pero si mirabas más allá de lo que los ojos te dejan ver podrías darte cuenta de la peligrosidad real de este tipo; si había algo más absoluto que los cánones implantados en el mundo del bien y el mal eso era su voluntad, la voluntad de un rey capaz de doblegarlos a todos pero sobre todo, capaz de doblegarse a si mismo.

El silencio del apartamento en la noche le hacía mucho más fácil notar cualquier ruido y gracias a eso, aun sin girarse, sabía que su nueva invitada estaba despierta por un simple cambio de su respiración. Paciente como hasta el momento, decidió que fuera ella quien hablara primero antes de decir nada dándola todo el tiempo del mundo para hacerlo sin mover ni un ápice ni uno de sus músculos. Pero, antes de que pudiera realmente darse cuenta, aquella mujer ya se encontraba detrás de el, dándose cuenta de su cercanía tan solo por la voz - ... ¿desde cuando esta tan cerca? - Al instante, Barald ladeó su cuerpo para girarse quedando de costado ladeando también su cuello para quedar mirando fijamente el mar embravecido de sus ojos y el fuego en su interior. No tuvo dudas en aquel instante de que esa mujer pertenecía a ese escaso 5%. Dejo que hablara en todo momento hasta que el pelo rojo de Nyx le paso por delante de su cara tras aquel giro producto de su propio ego que dejo que su aroma se expandiera por el ambiente, incluso eliminando el suyo propio. El azabache sonrió levemente por un momento pero de pronto; tuvo una nueva idea.

[Imagen: tX37K6f.jpeg]

Fugaz, desenfundó su katana apuntando directamente al hombro herido de Nyx lanzando una estocada a la vez que daba un salto hacia ella acortando la poca distancia que había entre ambos. La katana paso de largo por encima de su hombro hasta llegar a dejar la empuñadura a la altura de la cara de Nyx, el cuerpo de Nyx fue empujado por Barald por su salto hasta llegar a apoyar su espalda en la pared cercana a las escaleras, clavando la katana en la misma y quedando cara a cara frente a ella, mirándola fijamente a los ojos. - ¿Crees que esto es alguna clase de juego? -  Tras aquellas palabras decidió quedar fijamente frente a ella, aun con la katana clavada en la pared y su cara muy cerca del rostro de Nyx. - Sara esta arriba durmiendo, puedes subir a verla ... - Y tras dar una de cal y una de arena ... decidió seguir hablando, ahora si retirando su katana de la pared. - Si quieres ayudar a Sara a encontrar a su hermano no vas a poder hacerlo sola ¿comprendes? - Sin dar pausa a su discurso, prosiguió, aunque esta vez más alejado de su rostro, dando un par de pasos hacia atrás tras haberse asegurado de que sus palabras sonaban directas gracias a su actuación. - Puedes romperme los dedos si quieres más tarde aunque realmente, no te he puesto ni un dedo encima. - Y ahora, por último, tras una leve pausa - Tu necesitas un escolta, yo necesito una cuartada y Sara ... Sara necesita ayuda. - 

Cofre del tesoro

[Imagen: FIRMA.jpg]
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#9
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─


No lo vio venir.

Y lo complejo de eso no residía en simple y sencillo hecho físico, en que ella justo al terminar su pregunta sobre Sara girase sobre su propio eje en dirección hacia su abrigo y luego hacia la puerta de salida de ese lugar. Llevaría a ese hombre a buscar a Sara, aunque tuviese que arrastrarlo fuera del departamento.

No.

Lo complejo venía de que ella no esperaba esa reacción.
Sencillamente…no esperaba una reacción de su parte.

Acostumbrada como estaba a asestar con el filo de sus propias palabras y a desarmar a su oponente en un solo movimiento ¿Por qué ese extraño tendría que ser diferente? La mayoría de los hombres que había conocido en su vida cuando ella se acercaba con algo así retrocedían, se ponían nerviosos, se enfadaban con justa razón, concedían un torpe y mediocre espectáculo de lo que ellos consideraban “respuesta por medio de la imposición”.

Una que solo hacia nacer la risa en ella, esa que compartía en la complicidad con sus amadas hermanas.
Si, así había sido.
Hasta él.

Lo primero que la hizo girarse fue el sonido. Esa suave y seductora melodía del metal al ser desenfundado, solo vio la centella de la plata hacia su hombro antes de que el se impulsara hacia adelante, hacia ella, y todo...todo se redujo a su más puro instinto; no hubo tiempo para la lógica, para plantarse con testarudo desafío, ni para el orgullo, ni para esa lengua de plata que siempre encontraba una respuesta. Su cuerpo reaccionó antes de que ella hubiese siquiera decidido sobre una acción: primero un paso, luego otro, luego otro, luego otro...

…Y la pared apareció demasiado rápido a su espalda.

Su espalda golpeo ahí y el ardor del hombro se extendió nuevamente por el centro de su espina dorsal al mismo instante que la katana se clavaba con fuerza contra el espacio al lado de su mejilla, justo por encima de la herida, atrapando y cortando algunos de sus cabellos de fuego. El sonido de la hoja quedó suspendido entre ambos, silbante en sus oídos y nuevamente fue ese aroma varonil, esa nota limpia y masculina que le invadía los sentidos ante la escasa distancia, como si quisiera tomar un lugar que ella se negaba a permitirle habitar.

Inhalo lentamente. Una sola vez.

Su pecho se elevó apenas bajo la tela oscura de su blusa, en esa inspiración más profunda de lo que se hubiese permitido en otro momento. Mientras la respiración del extraño, a causa de su impulso, quedaba suspendida entre la escasa línea de distancia que ahora habitaba entre ellos…

…Los labios carmesí de Nyx se entreabrieron apenas...

Como si una parte de ella quisiera probar, en esa respiración, el filo invisible de lo que acababa de tensarse, por un fragmento de tiempo, entre ambos.

Como si su propio cuerpo hubiese reconocido algo antes que ella...
...Y decidiera traicionarla.

Fue entonces cuando comprendió lo que más le irritaba de esa situación: No era la hoja, no era la amenaza, ni siquiera era la cercanía que nuevamente los mantenía a medio paso de distancia, sino, el hecho de que ese hombre la acababa de obligar a ceder terreno. A ella, a Nyxara Archeron, durante ese instante absolutamente ridículo y difícilmente creíble, ella había actuado exactamente como él quería.

Él era…

Confiado.
Arrogante.
Irritante.
Absolutamente irritante.

Exactamente la clase de hombre que ella…


Fue en ese instante, justo en ese instante, mientras el mar de sus ojos observaba el fuego en los contrarios, donde se dio cuenta que quizás, solo quizás, había cometido una equivocación al juzgarlo con rapidez. Ahora podía verlo claramente, en ese incendio que habitaba detrás de sus ojos, residía la ausencia absoluta del miedo para dar vuelta ese tablero de poder que acaban de extender entre ambos. Lentamente, el mar de sus ojos volvió a recorrer ese semblante varonil y nuevamente no estaba admirándolo, volvía a medirlo y decidir sobre él azabache con en ese simple gesto. Le escucho cuestionarla con esa presencia de rey que la había llevado a ocupar ese lugar entre la katana, la pared y su cuerpo. Y, un momento después, la hoja dándole espacio, la afirmación de que Sara estaba ahí, con ellos…

La Archeron puso atención a los detalles de ese hombre que ahora retrocedía los pasos que acababa de avanzar, notando lo que antes había pasado por alto. No porque no estuviese allí, sino porque su orgullo de reina y su enfado de tormenta simplemente había ocupado todo el espacio: el cansancio, la sombra oscura debajo del fuego de su mirada, ese semblante que ella conocía bien cuando se pasaban días sin descansar…el collar que descendía sobre su cuello por sobre la camiseta oscura que portaba.

Y quizás, todos esos detalles hubiesen suavizado a otra.
Y quizás, todos esos detalles y lo sucedido entre ambos hubiesen servido para que otra se pensara dos veces en no arremeter con la misma fuerza…

…pero no ella.

– No necesito que me expliques, lo que yo puedo decidir que necesito por mí misma – lo pronunció con esa misma suavidad orgullosa con la que acababa de soltarle una amenaza apenas unos momentos atrás – Creí que había quedado claro que era perfectamente capaz de evaluar mis propias opciones – el mar de sus ojos se mantuvo sobre los contrarios por un momento más, solo que esta vez, ese pequeño gesto, ese gesto sutil que realizaba cada vez que iba a atacar, no apareció – Estamos de acuerdo en una cosa – y le concedería verbalmente esa victoria por una única razón… – Sara necesita ayuda – dijo al fin.

Lentamente Nyx se retiró de la pared y el ardor de su hombro volvió a hacerse presente, incomodo, perpetuo, como si insistiera en recordarle que todo cuando decidiera de ahora en adelante, debía considerar que aún seguía sintiendo dolor. La herida tiró de su piel bajo el vendaje cuando comenzó a subir la escalera y la obligó a tensar a penas ambos hombros, aun así, no disminuyó el ritmo. La tela oscura de su ropa acompaño el movimiento mientras ascendía, haciendo que la cascada carmesí de sus cabellos se deslizase por su cintura en cada movimiento – ¿Puedes caminar y hablar al mismo tiempo o tengo que arrastrarte a punta de espada? – Giró y sus cabellos enmarcaron aquel rostro de líneas finas y pecas dispersas.

Su objetivo era claro: comprobar como estaba Sara.

Pero…

Si tenía que hacerlo, si tenía que hacerle subir esas escaleras con el filo en su garganta, no lo dudaría por un segundo.

No volvió la vista para asegurarse si la seguía, simplemente, ella asumió que lo haría por la conversación extraordinariamente agradable que estaban teniendo en ese preciso momento. Al fin y al cabo, sería una lástima desestimar las amenazas, raptos y una katana clavada cerca de su cabeza con tanta rapidez – Quiero saber todo lo que sabes, lo que descubriste con Sara y …– Lo observo por sobre el hombro hacia atrás y las penumbras de la tarde rozaron las líneas firmes de su silueta, la forma en que esa cascada carmesí caía sobre su espalda mientras ella permanecía esos escalones por encima de él. Como si esa acción, esa diferencia de altura que había entre ellos, fuese un resultado deliberado por su parte y no una sencilla casualidad – Todo lo que le hiciste a esos hombres, eso sí, ahórrate los detalles asquerosos – No olvidaba que había sido el quien irrumpió cual tempestad, con esa calma impropia sosteniendo la violencia.

Y Nyx…
Nyx le concedería esa fortaleza.

– Si vamos a formar una alianza, por Sara, no puede haber secretos entre…– su mirada descendió de arriba a abajo con esa orgullosa actitud deliberada, examinándolo. El cabello azabache le caía a mechones rebeldes sobre su frente, con esa misma insolencia que habitaba en el fuego de sus ojos. La ropa oscura que contrastaba con el collar que colgaba de su cuello, sus manos que cargaban esa katana que minutos antes había empuñado con insultante habilidad.

Y la cicatriz en su mejilla…

Lo examinaba como quien examina un arma. Con el mismo descaro que él, horas antes, había asumido que podía tomarse atribuciones sobre ella. Y solo cuando volvió a sus ojos, señalo el espacio, la distancia física que ya habían desafiado una y otra vez entre ellos –…esto –

Dejo la palabra suspendida entre ambos, carente de ese significado real que muchas veces era necesario. Podría ser una alianza, podría ser una tregua o podría ser...un gran problema; como esa acción de pararse en la orilla del acantilado y encontrar que el vacío, tenía el descaro de mirar de vuelta con el desafío por delante.

Volvió a reanudar la marcha, cada vez mas cerca de la segunda planta – Y ya que al parecer eres mi escolta y yo soy tu coartada…– Solo ahí saco del bolsillo la carta que Sara había escrito, esa que el maldito de Jona Andover estaba dispuesto a dejar olvidada en una repisa o un basurero, esa donde una niña medio analfabeta hacia su mayor esfuerzo para pedir ayuda; se la lanzó en su dirección. No se detuvo a comprobar que podía atajarla, si manejaba la katana de la forma que acababa de hacerlo hace momentos atrás, estaba segura de que la había atajado.

Era un gesto pequeño.
Pero era esa muestra de que aceptaba colaborar.

 – ¿La escolta tiene nombre o debo inventarme uno? – añadió una vez que llegó al segundo piso y el pasillo corto con dos puertas apareció ante ellos – Porque “el hombre que deja inconsciente a mujeres para llevárselas a casa” ocupa demasiado espacio en una conversación –

Léeme
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#10

Ahí donde la tensión aumenta a cada momento es donde se maneja como pez en el agua, donde un tira y afloja lo mantiene despierto haciéndole olvidar la pesadez de su cuerpo. Intentar sobreponerse ante lo que sea que tuviera delante era su estilo y en este caso la chica que aquel día en Samba bajó del barco con una carta especial había hecho que sacara su yo interior más instintivo. Fuese por su desesperada intención de recuperar a su hija a toda costa o por que realmente aquella mujer le despertaba algo en su interior, quiso ponerla a prueba con su anterior actuación que a pesar de ser violenta, acabó con palabras tranquilas capaz de apaciguar las aguas. El estilo propio del espadachín era ordenado y eficaz, nunca alzaba su tono de voz bajo ningún concepto y a pesar de eso, siempre sabía expresarse de manera clara como en este caso; usando una violencia controlada, jamás habría pensado en atravesarla, pues para el, aquello era un juego. Podía ver algo en ella diferente, por primera vez en el puerto y ahora, a escasos centímetros de sus pupilas. - Ni te inmutas ... - Tuvo un pensamiento más que claro sobre ella en ese momento. Ni si quiera había pestañeado al ver pasar el acero a escasos centímetros de su hombro ¿es que era una inconsciente? los ojos cansados del azabache se dieron cuenta de que, aquello no era inconsciencia, ni valentía si quiera, aquello era puro carácter. La regaló media sonrisa al escuchar la suavidad peligrosa de sus palabras que volvían a recordarle que era una mujer de una personalidad muy marcada, de esas que cortan así como los aceros de los mejores guerreros, quizá le gustara más de lo que podría llegar a pensar. Decidió ondear de manera tranquila y apaciguada su katana con la diestra hasta colocarla sobre su propio hombro derecho mientras Nyx hablaba, apoyándola para que descansara una vez más. Hoy no iba a desmembrar a nadie más. 

El aroma del ambiente se había mezclado por el olor corporal de ambos y la tensión se había adueñado de la parte baja del apartamento, una vez más, ambos se analizaban con aquellas miradas tan diferentes ... pero al mismo tiempo, tan iguales. Barald la miro a los ojos en casi todo momento, tan solo una vez no pudo evitar mirarla los labios, ni tan si quiera medio segundo. El azabache había "ganado" gracias al comodín de Sara, sabe perfectamente que si no llega a ser por ella no habría podido hacerla entrar en razón ¿era un chico listo? juzgarlo vosotros mismos; había logrado que a su manera, confiara en el aunque solo fuera por esta vez. Ahora frente a el, la figura de Nyxara Archeron se retiraba de la pared y decidida, subía las escaleras del apartamento amenazándolo con hacerle subir a la fuerza. - Esta vez no hará falta, tal vez la próxima. - Pudo ver como encogía sus hombros por la tensión y el dolor que aun sentía por más que intentara disimularlo escondida en su propio ego, era esa clase de mujer por la que perdería la ... No tenía ninguna clase de duda al respecto.

- Te resumiré todo en una palabra, esclavos. - Al parecer estaba la orden del día, muchos de estos niños que desaparecían sin dejar rastro por todo el mar del sur eran raptados por criminales con el único afán de satisfacer a aquellos que tenían los contactos suficientes para lucrarse de ello, tan solo eran una pequeña pieza de algo más grande aunque a eso todavía no había sido descubierto. Barald se detuvo detrás de ella, seguía empuñando su katana apoyada en su hombro. Volvió a cruzar la mirada que lo analizaba tan de cerca y que una vez más lo miraba de arriba abajo, pensó en interrumpirla pero ... dejó que siguiera hablándolo. Volvió a regalarle media sonrisa igual que la vez anterior mientras la miraba directamente a los ojos porque por extraño que le pareciese no conseguía intimidarla y eso le gustaba, aunque no pensaba cederla el terreno bajo ningún concepto. 

Agarró la carta con la mano izquierda guardándola en un bolsillo y sin decir nada de momento, continuó por las escaleras hasta llegar al segundo piso junto a Nyx. El pasillo de la parte de la segunda planta del apartamento era estrecho y al final del mismo podían verse dos puertas. Al Nyx detenerse allí frente a el, decidió adelantarla para enseñarla cual era la habitación de Sara agarrándola sutilmente de la cintura para apartarla un poco y pasar de largo. - Barald ... ese es mi nombre. Barald Kane. -  Soltó su cintura, pasando de largo y acercándose a la puerta de la izquierda. Nada parecía estar fuera de lo normal hasta el momento, no escuchar nada era buena señal. Sara estaba durmiendo plácidamente, o eso parecía al menos. Sin girarse hacia ella, quedó parado frente a la puerta de la habitación, mantenía su mirada al frente sin girarse para hablar con Nyxx, había algo en su interior que le decía que mantener más miradas con ella seria peligroso. Hablaría para después abrir la puerta del dormitorio, donde esperaba encontrar a Sara allí donde la había dejado, durmiendo plácidamente. 

[Imagen: rfEycBu.jpeg]
- Si no te sientes cómoda con lo que pasó prueba a cortarle la cabeza la próxima vez, da buenos resultados. -

Cofre del tesoro

[Imagen: FIRMA.jpg]
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