Poli bueno y poli malo | Privado Jesse | Pasado
#1
Día 38 de Primavera, Año 15 / 10:07 am
South Blue, Isla Baterilla
Cuartel de la Marina


«Otra vez me toca hacer limpieza… ¡Estoy harta de fregaaaaaaaaar!».

Aburrida como una ostra, terminé de guardar los productos de limpieza cuando...

―¡Kuroshiro!

La voz a mis espaldas me sobresaltó. Era el Sargento Mayson, el mismo que tan a menudo se encargaba de asignar tareas y rondas a los soldados rasos a los que más manía tenía, o a sus favoritos. Me encantaría decir que estoy en el segundo grupo, pero entre los comentarios que le he escuchado decir sobre los mink y humink más de una vez y que siempre me tocan tareas de limpieza, claramente no es el caso.

―¡Señor! ―saludé poniéndome firme al reconocerlo, colocando el brazo en el saludo apropiado. ¿Vendría a regañarme de nuevo? ¡Me he asegurar de dejar todo perfecto!
―¡Acompáñame!

Asustada por lo que me pudiera decir, lo seguí. Al acercarme, noté que tenía los ojos y la nariz un poco enrojecidos y que se limpiaba cierto goteo con un pañuelo cada poco tiempo. Por las dudas, retrocedí un par de pasos más, intentando que no fuera a pegarme algo…

Sorprendentemente, me llevó a la Sala de Interrogatorios. Allí aguardaba un joven pelirrojo con un parche en el ojo y con el que no había coincidido otras veces. Sonreí al verlo. ¡Parecía simpático!

―Vosotros dos ―nos mentó al llegar junto a él―. Era mi deber encargarme del interrogatorio de este sujeto ―anuncia golpeando el torso del pelirrojo con una carpeta llena de documentos, dando por hecho que la sostendría―, pero me encuentro enfermo y no va a poder ser, así que os toca a vosotros encargaros del asunto. Es un simple ladrón de poca monta. Lo único que tenéis que conseguir es que os diga dónde tiene guardado su botín. Ambos habéis tenido la suerte o la desgracia de que todo el mundo esté hoy ocupado o enfermo, así que no me ha quedado más remedio que traeros hasta aquí. De vosotros depende conseguirlo y demostrar que sois mínimamente útiles o confirmar que sois una limpiadora ―me señaló― y un bromista de poca monta ―señaló al pelirrojo―. ¡¿Queda claro?!

Un gesto firme y el saludo protocolario.

―¡Sí, señor!

Cuando se marchó, volví a relajar la postura y miré a mi compañero. No sabía nada de él, así que por lo pronto actuaría con un poquito de precaución para evitar caerle mal.

―¿Tú tampoco te llevas precisamente bien con el Sargento Mayson? ―inquirí con una sonrisa, tanteando el terreno para tratar de ver un poco su personalidad―. Soy Nyra Kuroshiro, encantada ―me presenté, tendiéndole la mano―. Oye, ya que somos dos, ¿te apetecería probar con el método del policía bueno y el policía malo? ¿Cuál te gustaría hacer a ti?
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
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#2




Si había algo que odiaba Jesse eran las órdenes que las daba un gilipollas arrogante y desagradable, pero claro, eran órdenes y pos desgracia debían cumplirse, había hecho una promesa y por eso estaba ahí. Seguramente de haber podido tomar una elección libre seguramente estaría trabajando de cualquier otra cosa… O probablemente se habría hecho pirata para surcar los mares y no tener que estar aguantando a varios gilipollas de los que en la marina habían muchos. ¡Demasiados! Desde el punto de vista del pelirrojo!

Finalmente el tipo le reunió con una chiquilla bastante mona y unas orejitas adorables las cuales le daban ganas de acariciar, pero no, debía comportarse y ser una persona madura que actuaba con cierta responsabilidad… ¡La justa en realidad! Y si, era cierto que él era un bromista de poca monta, pero… ¿Qué se le iba a hacer? La cabra tira hacia el monte.

Cuando el sargento Mayson se marchó, Jesse soltó un suspiro.

– "Mi inquintri infirmi y ni vi i pidir sir." – Murmuró Jesse burlándose del sargento.

Luego hizo una peineta hacia la puerta cerrada que claramente iba dedicada al sargento Mayson, llamado cariñosamente por Jesse: Sargento Malfollado.

La chica finalmente le habló y parecía bastante agradable, claro que Jesse no tenía nada en contra de ella, ambos eran víctimas del sistema autoritario de la Marina, por no decir algo mas feo. Pero claro, tampoco se iba a quejar abiertamente de ello. Podía ser gilipollas, pero no pensaba demostrarlo tan fácilmente.

Ante la pregunta de la chica, Jesse no pudo evitar soltar una pequeña carcajada.

– La verdadera pregunta es si me llevo bien con algún sargento. Tengo problemas con la autoridad desde niño y creo que eso no ha cambiado. – Soltó un suspiro.

Pero claro, ahora, aunque Jesse se negará debía ser responsable y hacer aquel interrogatorio a ese ladrón de poca monta… ¿Qué había robado? ¿Una gallina? Lo cierto es que no estaba seguro del todo. Escuchó como la chica se presentaba, Jesse hizo lo mismo.

– Yo soy Jesse Spencer, pero los amigos me llaman Jess. Llámame Jess si quieres. – Le ofreció con amabilidad.

Entonces llego el momento de decidir si quería ser el poli bueno o malo. Ciertamente en ese momento tenía dudas.

– Hay dos cosas que he aprendido en esta vida, lo peligroso que es estornudar teniendo diarrea y con pantalones blancos,  y el miedo que da y lo peligrosa que es  una mujer cabreada. – Reflexionó de una forma un poco escatológica . – Creo que el ladrón ha traído pantalones marrones, pero si quieres puedo hacer de poli malo, pero creo que una mujer le asustaría más. – Soltó una pequeña carcajada.

Solo quedaba que ella tomara una decisión y afrontar a ese pobre diablo que seguramente había robado por que no tenía más remedio. O eso quería pensar.
[Imagen: 2ngknii.png]
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#3
Mi cola se movió alegre al tiempo que dejaba escapar una risita  con la maravillosa imitación de mi nuevo compañero. ¡Era muy divertido! Al ver la peineta, creí que quizás no se llevaba bien con él, ¡pero al parecer no se llevaba bien con ninguno!

―¡Pues a menudo sitio has venido a trabajar! ―reí alegremente antes de presentarme.

Memoricé enseguida su hombre, pero aún más me gustó su abreviación.

―¡Vale, Jess! Mi nombre no tiene abreviación que yo sepa, pero si la tuviera, también te la ofrecería~.

Le propuse una dinámica divertida para poder hacer equipo durante el interrogatorio, ¡pero jamás esperé una respuesta tan gráfica sobre su perspectiva! No pude evitar echarme a reír a carcajadas cuando expuso el caso de los pantalones blancos y cómo lo comparó con la certeza de la peligrosidad que podía tener una mujer enfadada. ¡¿En qué circunstancias se habría visto involucrado para tener esa certeza también sobre las chicas?!

Pero, por supuesto, eso me dio todo el valor y las ganas de intentarlo.

―¡Vale, me gusta la idea! ¡Voy a ser la mujer más dura y peligrosa de toda la Marina! ―exclamé con los puños cerrados a la altura del pecho mientras mi cola se movía de un lado a otro con total emoción―. A ver, déjame leer antes de entrar ―solicité mientras le cogía la carpeta que el sargento le había encasquetado e ir directamente hasta el resumen―. Mmm… No hay foto, pero parece que un pirata estaba haciendo contrabando en el puerto y, aunque intentó darse a la fuga, la Marina lo capturó. Al parecer, durante el arresto se cayó una caja blindada que el pirata llevaba consigo y este ladrón se la llevó. Tardaron varias horas en encontrarlo y ahora tenemos que averiguar dónde está esa caja… ―Cerré la carpeta y sonreí a mi compañero―. No creo que sea muy difícil. ¡Lo mismo no sabe ni lo que hay dentro! ¿Estás listo, Jess?

Cuando él me diera la señal, yo entraría primero en la sala con cara de muy pocos amigos. Sin embargo, la actuación que tenía preparada se me cae durante unos momentos al darme cuenta de a quién vamos a interrogar.

¡Es un crío! Un crío con las piernas sobre la mesa y haciendo equilibrio sentado en la silla para dejar el peso apoyado en las dos patas traseras.

Antes de poder abrir la boca, el chico puso cara de disgusto y me sacó la lengua.

―¡Buuuu! ¡Con la de marines que hay y me tienen que mandar a una tía! ¡Las chicas son unas blandengues, dais ascooo! ―Acto seguido, me dedicó el mismo gesto con la mano que Jess le había hecho al Sargento Mayson.
―¡Oye! ¡¿Se puede saber quién te ha enseñado a hab…?!
―¡Buaaah! ¡Qué pasada! ―En cuanto divisó a Jess pasar por la puerta, la silla cayó con sus cuatro patas al suelo al tiempo que el crío se ponía en pie, mirándolo con estrellitas en los ojos―. ¡Cómo mola el parche! ¡¿Eres un pirata infiltrado en la Marina?! ¡Me flipan los piratas! ¡¿Me lo dejas?!

Mientras el niño corría hacia él para intentar cogérselo, yo aproveché para cerrar la puerta tras nosotros. Madre mía, ¡¿cómo íbamos a hacer para sacarle información?!
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
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