Un Informe casual [Pasado]
#11
Kazan la vio rodar. No dijo nada durante los primeros segundos , se limitó a observar cómo Seraphine se convertía en una espiral de cabello rosa y gruñidos sobre la hierba otoñal, con la corona de flores abandonada a metro y medio de distancia. Había algo en la imagen que no era exactamente gracioso ni exactamente triste sino las dos cosas en la proporción exacta."El segundo día de su libertad." Lo había dicho así de pasada, Kazan conocía ese mecanismo. Lana. Un nombre. Una persona que había existido lo suficiente para ser el segundo rostro que Seraphine asociaba a la libertad, y que ya no estaba. No hizo nada con eso salvo guardarlo. Lo que sí procesó, y con más atención de la que su expresión revelaba, fue la advertencia. Ella lo había mirado. No de reojo, no de ese modo lateral con el que a veces le lanzaba cosas sin comprometerse del todo, lo había mirado de frente, con los dedos en su propia mejilla y esa carita que según ella conseguía rebajas, y le había dicho en sustancia sé lo que cargas, y si lo usas de excusa para empezar a golpear cosas antes de tiempo. Kazan había recibido advertencias de muchos tipos a lo largo de cuarenta y cinco años. La mayoría venían con amenaza implícita de violencia, de traición, de consecuencias que el emisor esperaba que resultaran más grandes que él. Esta venía con una libreta y una mejilla pellizcada. Era, consideradas todas las cosas, la que más le había llegado.

Llevó la mano al cuerno sin darse cuenta. Los dedos recorrieron la curva hacia atrás, despacio, mientras los ojos seguían el recorrido de Seraphine por la hierba con algo entre la ternura y el peso específico de quien acaba de ser leído con precisión irritante. -Ga-ha-ha-ha-ha.--Por las profundidades, Seraphine... — Exhaló humo hacia arriba. -Nunca me acostumbrare a ser amenazado. Ga-ha.- Sacudió la cabeza. -No te equivocas. Y no te voy a decir que no porque no te lo digo a ti cuando tienes razón.- Se quedó en silencio un momento. La pipa trazó un arco lento desde la comisura izquierda a la derecha. -Lo que cargas tú, lo que cargo yo... no lo procesamos solos y en silencio hasta que explota. Eso ya lo aprendí de la forma más larga posible. Cuando quieras hablar de Lana, o de lo que pasó en ese lugar, o del collar que me miraste antes, lo haces. — Lo dijo sin bajar la voz, pero con una intención clara de que era para ella y no para el espacio general. -No tienes que parecer más fuerte de lo que estás siendo. Aquí somos tres, como dices.- Luego giró la cabeza hacia donde Seraphine seguía rodando entre la hierba y el cabello y los gruñidos, y dejó que la escena lo absorbiera porque incluso ahi era capaz de ver lo que significaba ese rodamiento para ella.

Dicho eso, se inclinó hacia un lado con el peso lento de sus quince toneladas redistribuyéndose, recogió la corona de flores del suelo entre el índice y el pulgar era absurdamente pequeña en su mano, una cosa frágil de pétalos lilas y tallos torcidos y la sostuvo en el aire en dirección a Seraphine con la misma naturalidad con que habría devuelto un objeto caído. La mirada que le lanzó a Mizuki por encima del hombro era breve pero cargada de lo que no iba a decir en voz alta: que la tarde había pesado de formas distintas para las tres personas que la habían compartido, y que la comida y los sketches y los planes del astillero podían esperar exactamente lo que hiciera falta.
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#12
Llevó una mano a su sien, masajeándola un poco, y sintió algo de dolor de cabeza; en realidad, la chica quería hacer mucho más, patalear, gritar o pegarle a algo, no obstante, reconocía que no conseguiría nada, tampoco quería ser una molestia mientras sus compañeros tenían sus propias malas experiencias. —¿Puedo acompañarte?— Miró a Mizuki, con curiosidad. —Para conocer la isla— Sonrió. —Me voy a volver loca si debo quedarme quieta— Peinó algunos mechones detrás de su oreja, dejando escapar un pequeño bostezo, tenía un poco de ojeras por culpa de no poder dormir demasiado, por culpa de las apariciones de su amo en sus sueños.

Y no pudo evitar sonreír con inmensa felicidad cuando escuchó que Mizuki estaba feliz de verlos, alegre de que los tres compartiesen esa emoción y cualquier energía negativa que la pelirrosa de cabello multicolor podía tener desapareció en cuestión de segundos, evaporándose, con Seraphine adquiriendo un color que parecía llamarse vida en su rostro, la cantidad de tiempo que pasó desde ese entonces era absurda y el impacto que tenía hasta el día de hoy, pero prefería que lo tuviese, ya que aquello la hacía sentir humana, por el hecho de que, después de todo, los traumas no tenían fecha de caducidad.

—¿Sería cosa de una akuma?— Miró a Mizuki directo a los ojos, aunque desconocía la mayoría de aquellas frutas famosas. —Entonces una marine que parece estar borracha— Asintió y hizo una mueca al recordar los marines que conoció, información que hasta ahora se mantenía para sí misma por no creer que era necesario escribirlo, a no ser que conociera alguno que fuese un bastardo de persona, reconocía que existían buenas como malas personas en la revolución y en otras facciones; sería una ciega si no pensaba que las diferencias de las personas pudiesen afectar a los cargos de alguna forma.

Ladeó la cabeza.

—¿Entonces… tienes cierto gusto sádico en cuanto a tus relaciones con los hombres?

Se rascó el mentón con interés. —Creo que en mi caso… no estoy muy segura, supongo que me gustan ambos géneros, pero eso no es todo— Cerró sus ojos. —Toca conocerme un poco más— Tantos tiempo encerrada, era normal que no se conociera del todo, y miró a Kazan, confusa, lo haber vivido en el circo lo hacía sonar como si lo amenazaran todos los días, mientras más hablaba, más infladas las mejillas, hasta parecer un hámster, con el rostro rojo por la fuerza, y siguió rodando, hasta que sin querer, impactó contra una roca, derrotada.

Y estiró sus manos, sujetando la corona, observándola con curiosidad y… la destrozó, hasta que se sintió mucho mejor. —Contadme acerca de vuestras experencias— Los miró. —Contra que pelearon vuestros compañeros— Le sacó la lengua al wotan. —Me voy a aprovechar mucho de que no puedas decir que no cuando tenga la razón.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
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#13
Mizuki solo podía sonreír al ver a sus compañeros de tripulación interactuar, ambos tenían una química agradable de atestiguar, un gigante azul que era incapaz de rebatir a las amenazas de una mujer con la mitad de su altura tenía una gracia siempre visible, a la vez que emitía una calidez constante, tranquilidad de ella misma sentirse segura y en confianza por ser invitada al círculo cercano donde manifestaciones de tales interacciones eran naturales para todos los allí presentes. Y aun así no pasaba por alto la mirada del cornudo ante la oji azul, entendía que no era momento de seguir hablando de planes, armadas, causas o cosas por el estilo de momento. Sin quejas por su parte la joven de escamas ocres y grises asintió y decidió que dejaría pasar los temas serios o pesados para otro momento.

Por su parte la skypean reclamo la atención de la mujer tiburón con unas preguntas que serían respondidas con la honestidad y sencillez que merecían, pues no había dentro de la mente de Mizuki motivos por los cuales dudar antes de decir -Por supuesto que podemos ir a pasear por la isla y los diferentes lugares, ya sabes, para hacer reconocimiento, aunque te advierto que no desperdiciaré la oportunidad para pasarlo bien en una cita con tan encantadora doncella.- aunque la última parte estaba dicha en broma, estaba clara la sinceridad de Mizuki de que gustosamente dejaría a Seraphine acompañarla en la próxima expedición al territorio de aquella isla -Para esa salida me disfrazare y podremos tener una cita más tranquila.- agrego con seguridad mientras terminaba de comer y pensaba en las ropas que había comprado para su identidad alternativa.

-Sobre la transformación y la pintura embriagadora, sí tuviera que adivinar, diría que eran ambas cosas de Akumas no mi, dicen que aquellas cosas pueden darle poderes extraordinarios a quienes las consumen, pero nunca pelee con nadie que tuviera una como para poder decirte nada concreto.- explico la gyojin ante una de las preguntas de sus compañera de ojos verduzcos.

La pregunta sobre el propio sadismo de la mujer tiburón hizo que Mizuki rascara su nuca y desviara la mirada por un momento con cierta incomodidad antes de suspirar y volver quedarse callada, solo después de leer y enterarse de que Seraphine misma estaba aún teniendo que explorar sus propias preferencias y los detalles de la misma es que Mizuki volvería a tomar la palabra -Sobre el sadismo y eso… la realidad es que sí que soy un poco salvaje y bruta, me gusta la rudeza y cuando no es una… vamos a decir pelea por el control y dominio, prefiero que sea una absoluta superioridad por mi parte, probablemente porque durante mucho tiempo no era la que tenía el control en ese sentido y ya me quedó la preferencia…- luego de un momento de sonrojarse un poco y pensar en su vida la gyojin señalo con el dedo al titánico individuo allí presente -Grandullón, tú también habla, parece charla de chicas pero es charla de amigas, así que estás incluido aunque no lo desees.- dijo la joven revolucionaria con un sonrojo evidente, intentando desviar de sí misma la atención.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
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#14
Kazan miraría a una y a otra como si estuviera observando un partido de tenis o ping-pong, si es que en aquel universo existiera siquiera un deporte similar a ese. Su boca no dejaba de abrirse de una forma cómica, incapaz de articular palabra. Era reconfortante tratar ese tipo de temas después de todo lo acontecido, una ligereza bienvenida tras la tensión vivida. Y ante la sugerencia de invitación a la conversación por parte de Mizuki, Kazan se quedaría un poco paralizado, como si en aquel momento se le olvidara hablar. Entonces carraspearía la voz y la modularía con cierta torpeza. -Por las profundidades, me he enfrentado a enemigos en la arena que me han resultado más fáciles de seguir que esta conversación. ¿Dominio y violencia en qué sentido? ¿Hay algún sentido más aparte de la lucha? ¿Gustar ambos géneros? Llamadme carcamal, pero me considero muy alejado de todo esto... diría, con un pequeño sonrojo en sus azuladas mejillas que podría verse a pesar de la altura del mismo. Dejar a Kazan sin palabras era algo difícil. El azulado wotan siempre tenía algo que decir, ya fuera a modo de enseñanza, de reflexión o de simple comentario con el que llenar el silencio. Pero cuando se trataba de ese tipo de gustos y de una conversación ligada a ámbitos eróticos, se perdía por completo. A fin de cuentas, era un hombre criado entre la disciplina del combate, los códigos del honor y el peso de la responsabilidad que conllevaba su tamaño y su fuerza.

-No es que no entienda lo que decís, es que... nunca me lo había planteado de esa manera. admitiría finalmente. Volvería a mirar a las dos mujeres, esta vez con menos el desconcierto inicial y con algo más parecido a la curiosidad genuina. La clase de curiosidad que no busca juzgar, sino simplemente comprender. Porque Kazan, por encima de cualquier otra cosa, era un hombre que respetaba lo que no conocía, precisamente porque sabía mejor que nadie lo que costaba ser distinto en un mundo que no siempre deja espacio para la diferencia. -Supongo que cada uno encuentra sus propias batallas, ¿no? murmuraría casi para sí mismo, como cerrando un pensamiento que había comenzado mucho antes de que la conversación tomara ese rumbo.

Volvería a mirar a Mizuki esta vez con los ojos menos de carácter de sorpresa - Se ve que la marina tiene muchos usuarios de las habilidades que aportan esas akuma no mi. Ya son varios que oigo hablar de ese tipo de cosas. ¿Vosotros os comeriais alguna de esas frutas?- diría ante la idea en su cabeza de no volver a nadar nunca mas.
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#15
—¿Cita?

Miró a la rubia con cierta confusión y ladeó la cabeza, no pudiendo evitar sonrojarse un poco cuando un par de recuerdos aparecieron en su mente, de un año atrás, a lo que hizo un puño, el que tembló un poco, pero mantenía una sincera sonrisa en su rostro. —Me encantaría— Debía admitir que tenía a Mizuki algo descuidada; de los dos, era con quien menos tiempo pasaba y tenía la intención de corregir ese error, aunque no sabía muy bien qué cosas hacer, ya que todo lo que conocía de pasar tiempo entre chicas vino de los libros que leyó mientras estaba en cautiverio. ¿Maquillarse sería una opción?

—No solo tú, yo también quiero hacerlo— Llevó una mano a su largo cabello, enrollando unos cuantos mechones. —Me gustaría llevar una peluca… Mi pelo es muy reconocible— Miró de reojo al Wotan; lo de él era… todo, lo de Mizuki también, la única que tenía una oportunidad de pasar desapercibida si se disfrazaba, más o menos, era Seraphine y tenía toda la intención de aprovecharse si aquello los ayudaba un montón. —¿No es un hecho que tienen un mal sabor? ¿Y les prohíbe acercarse demasiado al agua o si no se hunden?— Con pánico en la mirada, giró su cuerpo hacia Kazan, señalando. —¡Nada de comerte una fruta, que entre las dos dudo que podamos sacarte del agua!— No pudo evitar inflar las mejillas un poco, llena de preocupación.

Por otro lado, volvió a mirar a Mizuki, colocando un nudillo contra su mentón, entrecerrando sus ojos. —¿Se necesita un montón de reglas, no? Palabras seguras y demás— Miró en dirección al techo, pensativa. —¿Me darías unas cuantas clases después? La casa del noble que me tuvo como esclava tenía un montón de libros al respecto y creo que los habrá utilizado en mi contra, sin mi consentimiento, pero no quiero aborrecer algo que es utilizado para divertirse con alguien que uno ama.

Escribió, como si en ningún momento hubiese sido víctima de violación, y giró su rostro en dirección a Kazan, con los ojos brillando; sin poder evitarlo, colocó una mano delante de sus propios labios, para evitar parecer que se estaba riendo de él; su reacción le daba algo de gracia. —Aunque hayas tenido esas normas en tu pasado, tú también eres libre de amar a alguien, en el sentido de pareja— Levantó su dedo índice, no teniendo la intención de dejarlo escapar así de fácil. —Después de todo, ahora eres libre, pero con calma, ¿vale?— No pudo evitar sonrojarse un poco, mirando el suelo. —De hecho, eres muy guapo, como mi tipo.

De pronto, salió disparada a saber en qué dirección, observando las flores con interés. —¿Entonces qué hacemos? ¿Conquistar esta isla? ¿O seguir navegando hasta que se una más gente a la tripulación?— Sacudió su cabeza. —Nope, apenas puedo con mi arco y danza— Cerró sus ojos, dejando escapar un gruñido, al menos esperaba haberle ayudado un poco a adquirir más confianza en sí mismo en aquellos temas, miró a Mizuki, haciéndole señales con el dedo que se mantuviera callada. —¿Tenemos algo dulce?
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
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#16
Por un momento la Gyojin se quedó observando a su amiga Skypean para intentar pensar que clase de atuendo o disfraz podría quedarle bien con las cosas que ya tenían a disposición entre el equipo de disfraz y atuendos extras que poseía la oji azul -Solo tengo dos pelucas, así que tendrás que ir de castaña o de pelinegra cuando vayamos a la ciudad, Seraphine- dijo respondiendo a la petición de su compañera por una peluca para cuando decidieran ir a la ciudad a tener aquella cita de investigación en la ciudad de Ran.

Mizuki escuchó con atención a su líder mientras leía lo que su amiga tenía para decir al respecto de aquellas poderosas pero desagradables frutas del diablo, y ciertamente lo del mal sabor no ayudaba a contrarrestar el funesto designio de que esas frutas volvían a uno incapaz de nadar, uno de los más grandes placeres en la vida de Mizuki y de cualquiera que supiera hacerlo hasta donde entendía la rubia, la simple idea de que no pudiera poder volver a sumergirse en las profundidades del mar con libertad, ser incapaz de disfrutar atravesando la marea submarina con su cuerpo o dejarse llevar por las corrientes subacuáticas era un prospecto funesto hasta el punto que la revolucionaria lo sentiría como ponerse ella misma grilletes para acabar con una de las partes más importantes de sus propia libertad.

-Nah, creo que no comería una de esas frutas en tanto pueda evitarlo, además si me empezara a hundir como roca sería muy difícil que nadie vuelva a sacarme a flote como bien ha mencionado nuestra ángel aquí presente.- dijo señalando con un gesto de su mentón a la skypean.

Para la sorpresa de Mizuki la conversación regresó guiada por Seraphine al asunto de las palabras, su pasado atrapada en aquella casa noble y recalcando la nueva libertad que todos tenían, incluido a Kazan que parecía no estar del todo acostumbrado a tener la libertad de amar a quien quisiera o encontrar con quienes pasar un tiempo agradable pues según lo que suponía la mujer tiburón, probablemente se hubiera dedicado incansablemente a la causa de la revolución en lugar de tomar tiempo para divertirse y explorar las posibilidades que su vida tenía desde que era libre él también.

-Si, traje caramelos de miel endurecida como postre por sí alguno quería algo dulce justamente.- dijo la joven atigrada mientras ofrecía los mismos para sus compañeros tras tomar uno y ponérselo en la boca.
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#17
Kazan había dado más caladas a la pipa en los últimos veinte minutos que en toda la semana anterior junta. No era que le faltara filosofía para el tema, le sobraba, sino que la conversación había tomado un giro que ninguna batalla en la arena le había enseñado a navegar. Conquista de isla, palabras seguras, frutas del diablo, Seraphine soltando que era su tipo con la misma naturalidad con que hubiera pedido agua, y ahora la rubia señalándolo como si hablar de gustos y libertades fuera tan sencillo como repartir un bloque táctico. El humo salía sin pausa, espeso, disolviéndose entre las ramas del árbol que seguía resistiendo su espalda con más estoicismo del que merecía. "Por dónde se empieza con todo esto."

La pregunta de las Akuma no Mi era la más fácil del lote. La respondió primero, con el dedo índice levantado y la solemnidad de quien va a pronunciar una verdad irrefutable.-Las frutas del diablo me dan más miedo que cualquier cosa.- Hizo una pausa. -Ni me las ofrecen. El día que no pueda meterme en el agua soy la mitad de lo que soy, y la otra mitad tampoco funcionaría bien sin el mar.- Tomó el caramelo que Mizuki había puesto en circulación. Enorme en los dedos de cualquier persona de escala humana, en su mano era del tamaño de un guijarro, y sin embargo lo depositó en la lengua gustoso. Sobre lo otro, sobre Seraphine y lo que había escrito sin pestañear acerca de los libros del noble y de lo que habían hecho con ellos en su contra, Kazan llevó la mano al cuerno. Los dedos recorrieron la curva despacio, hacia atrás. -Seraphine.- La voz salió baja -Lo que te hicieron con esos libros y lo que tú puedas aprender de ellos son dos cosas distintas aunque lleven el mismo nombre. Una te la hicieron. La otra es tuya.- Exhaló. -Eso es todo lo que tengo que decir sobre ese asunto. Mizuki se encarga del resto.-

Le lanzó a la Gyojin una mirada que era mitad delegación oficial y mitad gratitud por existir en el mundo con la cantidad de calma que existía. En cuanto a lo de guapo. Los ojos de Kazan se posaron un segundo en Seraphine con la expresión de alguien que acaba de recibir un impacto lateral inesperado y no sabe exactamente qué hacer con las manos. -Por las profundidades... eso tampoco me lo habían dicho con esa tranquilidad.-. Kazan esperó a que el silencio se instalara con naturalidad antes de retomar el hilo que llevaba masticando desde que Seraphine había preguntado qué hacían: conquistar la isla, seguir navegando, o qué. -Escuchadme bien las dos.- Los ojos fueron de una a otra y volvieron al centro. -Estamos en el Grand Line. Aquí cada movimiento sin respaldo tiene consecuencias que se multiplican hacia arriba. No conocemos esta isla de verdad, no sabemos qué acuerdos locales tiene el regente fuera de los marines, no sabemos su capacidad de represalia. Lo que sí sabemos es que la Revolución sabe que estamos aquí, o lo sabrá, y cuando nos contacten nos van a apuntar hacia donde hay trabajo real que hacer. No hacia donde nosotros decidamos que parece que lo hay.-Hizo una pausa. -Hay una diferencia entre actuar con propósito y actuar con impaciencia. Yo he confundido las dos cosas suficientes veces como para reconocer cuál es cuál. Esperamos contacto. Estudiamos los mapas de Mizuki con calma. Descansamos de verdad. Y si mientras esperamos vemos algo concreto que exige acción inmediata, lo valoramos entonces y no antes.- Las quince toneladas se redistribuyeron hacia adelante con el crujido sordo de raíces que siempre anunciaba cualquier movimiento suyo, y antes de que la escena tuviera oportunidad de seguir siendo lo que había sido, los brazos rodearon a las dos mujeres. "Podría haberlas perdido. Las dos. En aquel infierno, a las dos."

El collar de cuentas de madera se presionó contra su propio pecho en el movimiento. Kazan lo notó y no lo mencionó. Mantuvo los brazos quietos, firmes, con la misma firmeza con que había mantenido la pierna quieta cuando Seraphine se había refugiado detrás de ella horas antes. Mizuki llevaba menos tiempo en ese círculo que la Skypean, pero ya estaba dentro, y Kazan sabía mejor que nadie que esas cosas no se miden en meses sino en lo que uno hace cuando las cosas se ponen feas. Ella había estado. Eso bastaba -Bien.- La voz salió desde algún lugar muy adentro del pecho -Ahora sí hemos terminado con lo importante.-

No explicó a qué se refería.
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#18
Llevó una mano a su largo cabello, algo dudosa de que sus mechones multicolor pudieran verse debajo de una peluca, pero no hacía un mal en intentar y alzó la mano. —Pelinegra, por favor— Sonrió, prefiriendo concentrarse en lo bonito que en las cosas lógicas; podría pasar más tiempo con los miembros de su tripulación explorando la isla y eso era lo que más le importaba a la skypean.

Y señaló a Kazan. —¿Él podría, no?— Ladeó la cabeza un poco confusa; parecía ser lo suficientemente grande y fuerte para ello, teniendo una imagen poderosa de él. —Aunque, ¿la persona que haya comido una akuma, no funcionaría como un ancla?— Presionó unos cuantos nudillos contra su mentón, moviéndose de aquí para allá. —Como sea, el caso es que si alguien necesita ayuda para ser rescatado, contad conmigo— Hizo un puño, alzándolo en el aire, y sacudió, sintiendo que sus palabras tenían la misma tranquilidad de una cucaracha intentando tomarte de los dedos y sacarte de la casa engullida en llamas, pero le era preferible hacer eso que quedarse de brazos cruzados.

Ante la palabra dulce de miel, fue de pronto Seraphine la que se transformó en un tiburón, sus ojos brillando, se acercó a Mizuki en un parpadeo, estirando su palma hacia ella en un claro gesto que decía: "Yo quiero", solo faltando que lanzase chispas de luz por sus poros ante la idea de comer algo dulce, produciéndole una enorme cantidad de alegría, solo faltando que moviese una cola imaginaria. —¿Kazan?— Giró su rostro hacia él, algo preocupada, pensando que iba a revelar el paradero por culpa de la cantidad que fumaba y que el hombre a veces podía ser fácil de leer en cuanto al nerviosismo que ciertos temas producían en el wotan. —Estás actuando como un adolescente— Arrugó su nariz y se echó a reír; le enseñó el dedo pulgar cuando dijo de temerle a las frutas.

Frotó sus nudillos entre sí, asintiendo.

—¡Muy guapo!— Alzó ambas manos al cielo tras escribir aquello. —¡Mizuki es hermosa!

Sonrió, con una expresión alegre, y su cuerpo se inclinó hacia un lado, buscando meterse un poco con ellos. —O tendré gustos raros— Estaba a punto de hacer un saludo militar a las palabras de Kazan, cuando de pronto lo vio hacer un abrazo y, antes de darse cuenta de lo que hacía, Seraphine se lanzó al brazo más cercano para corresponder aquel gesto.

—Por cierto, Mizuki— La miró. —¿Cómo se vería Kazan con un vestido gigante?— Buscó una forma de que él también fuese capaz de moverse por la isla. —O pintarlo de rosa.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
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#19
Mizuki no podía evitar sentir que tal vez el ritmo o los derroteros por donde la conversación estaba deambulando recientemente, sería capaz de incomodar al enrome hombretón de cerúlea dermis, pero era incapaz de leerlo con suficiente claridad como para determinar si era incomodidad o simplemente era ese ritmo pausado y tranquilo con el cual el cornudo solía manejarse en la vida hasta donde la oji azul le había visto de momento. Fuera cual fuera el caso, era divertido compartir aquella clase de charlas y ver al grandullón fumar emitiendo más humo que el fuego usado para calentarse en noches invernales en otras ocasiones.

Por otra parte ser asignada como ¿Compañera de estudios? De Seraphine como “orden” del capitán de la tripulación era algo que la mujer con rasgos de tiburón tigre aceptaría sin ninguna queja ni inconveniente pues aquella clase de charlas eran siempre entretenidas y permitían cotillear sin parar no solo de los tópicos designados sino también de otros asuntos que nunca estaba mal para una charla de chicas.

Al momento que el gigante azulado pidió que le prestasen atención, la Gyojin se irguió los hombros para demostrarle que estaba atenta a sus palabras independientemente de cuales fueran, una vez más el capitán de la corriente libre demostraba porque era el que estaba a cargo de aquella case de decisiones, en lugar de guiarse por instinto o sus propios deseos egoístas y codiciosos como hubiera hecho la rubia, él había pensado fríamente en las posibilidades y decidido guiarles de una forma que no perjudicase a la armada revolucionaria por la liberación de los pueblos, comandaba autoridad respaldándose en la estructura provista por la organización de la que todos los allí presentes ya eran parte.

Mizuki estaba lista para algún gesto de autoridad o determinación para guiar las próximas acciones que tomarían, pero en lugar de ello el gigante de varias toneladas decidió realizar un gesto no solo de camaradería, sino de amistad para con ellas, reunió a las dos mujeres junto al barbudo para darles un abrazo grupal del cual la joven de ojos con esclerótica negra no rehuyó, sino que correspondió al mismo con una sonrisa en su rostro.

Al ver lo último que su amiga de cabello multicolor la Gyojin casi no pudo evitar dejar salir una carcajada antes de responder con lenguaje de señas al mismo tiempo que hablaba en vos alta para que el Wotan no se quedara sin enterarse del todo de lo que las damas del grupo elucubraban -El problema de ponerle un vestido a Kazan, es que atraería demasiados admiradores, pero pintarlo de rosa puede funcionar, después de todo, si buscan a un Wotan Azul y ven uno Rosa, no tendría que tener problemas para pasar desapercibido a su modo sha sha sha- dijo sin poder evitar reírse en voz alta con su ya característica risotada.
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