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Un fantasma del pasado [Presente Relativo - T3] [Priv. Tezca]
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19-05-2026, 08:14 AM
(Última modificación: 19-05-2026, 10:45 PM por Hyákinthos.)
Isla Neur
Día 75 de Otoño, año 17
11:45 p.m.
La música de fondo tiene un ritmo bailable y; sin embargo, no deja de ser elegante.
El sonido del saxofón llena el ambiente, es imposible ignorarlo, aun cuando el sitio en el que ahora nos ubicamos, se llena con el murmullo de las múltiples voces que se interponen una sobre otra, creando un coro de perfecto caos que es apenas opacado por el talentoso músico que hace de ese ambiente con olor a alcohol, buena carne y tabaco, un sitio ameno para conversar.
Bueno, el trajeado artista es solo la cereza sobre el pastel dentro del sofisticado espectáculo en decoraciones de interiores que ofrece “El Esmeralda de la Emperatriz, un barco anclado a la orilla del muelle más lujoso de la isla Neur, un barco muy distinto a los demás.
¿Qué tiene de especial?
No zarpa, su capitán dejó los mares hace años y, ahora, aprovechando los lujos que obtuvo en su juventud, sigue acumulando riquezas al haber convertido su envidiable y lujosa embarcación en un bar/restaurante flotante ¡Ah! Pero no cualquiera, no.
Un hombre como el capitán del Esmeralda de la Emperatriz no aceptaría a cualquier vulgar ciudadano dentro de su exclusivo negocio, eso jamás…Solo quienes tuvieran el suficiente dinero para pagar la entrada y consumo de cualquier comida, bebida, sustancia o, incluso, otro tipo de servicio, dentro de su local, sería aceptado.
Eso sí, no era un puritano ni un hipócrita. Dinero era dinero, no importa de donde viniera, por ello tenía una política de admisión bastante…permisiva.
Sus precios eran caros, sí, pero ya fueras un ciudadano común y corriente buscando despilfarrar su dinero, un marine que quisiera darse un descanso, un agente del CP que quisiera cambiar de ambiente, un revolucionario buscando los lujos que solían negar o un buscado y despreciable pirata, siempre que tuvieras suficientes berries, eras bienvenido…Eso sí, las reglas del bar eran bastante claras: Nadie podía matar a otro dentro del “Esmeralda de la Emperatriz” de hacerlo, los mismos hombres del “Capitán” se encargarían y, en la isla de Neur, era bien sabido que eso era una de las peores deshonras.
Pero…basta de explicaciones sobre el local en el que ahora estamos, pasemos mejor a su interior, porque, si desde fuera el barco es todo un espectáculo para la vista, el interior no se queda atrás.
Los barandales tienen el color del oro, cada madero está tan bien pulido que, con las luces blancas que iluminan la noche en el puerto, brillan como si se trataran de verdaderas esmeraldas y, el orgullo del barco: el bar, es un amplio salón tan bien decorado con detalles en oro, desde los pilares internos hasta los candelabros colgantes y las mesas en donde varios personajes de la alta sociedad se reúnen, tienen un brillo y personalidad tan propios que es un deleite para la vista.
¿El olor? Sí, huele a tabaco, alcohol, comida…pero, si se presta atención, hay un aroma amaderado que deja entrever que el sitio se limpia con el mejor de los desinfectantes.
No hay ninguna persona, sin importar la raza o facción, que parezca incómoda dentro de aquel lugar; sin embargo, para alguien que no esté acostumbrado a ese estilo de vida o que acostumbre a moverse entre los límites entre el derroche y la abstinencia, son claras las risas falsas, el decoro mal disimulado y esas ansias de los más jóvenes por buscar contactos con los mayores…o, al menos, eso es lo que comentan un grupo de ancianos, hombre y mujeres, todos reunidos en las sillas que conectan directa con la larga barra del bar.
Ahí, entre bebidas y algún bocadillo casual, son el grupo más notorio y uno de los más parlanchines ¿Por qué medirse? No tienen que impresionar a nadie, eso lo hicieron hace muchos años y, ahora, solo dejan que las personas intenten impresionarlos a ellos ¿Por qué? Simple, dinero, poder, influencias…cada uno de los allí reunidos tiene algo de control en su pequeño mundillo, así que, incluso, se dan el lujo de elegir a quienes ellos quieran patrocinar.
Una mujer, alta, con arrugas que se forman alrededor de sus ojos, pero maquillada de manera elegante y peinada de forma pulcra, que lleva un vestido largo y que le queda tan bien como si aun estuviera en sus 40 años, es una de las más notorias, habla en voz alta y, cada tanto, señala a algún posible “ahijado”, pero…cuando les pide acercarse, estos terminan decepcionándola…Patético.
Ella chasquea la lengua, la noche es joven, pero ella no lo es tanto, está a punto de rendirse en su búsqueda del perfecto chico que esta noche podría tener una oportunidad para surgir de entre la nada, siempre que le hiciera unos cuantos favores a ella, pero…justo antes de girarse para comunicarles a sus compañeros su retirada, la puerta del salón se abre y, por esta, entra un elegante rubio de actitud altiva que atrae su mirada enseguida.
¡No había duda! Lo reconocía del periódico, su memoria siempre fue buena para las caras… ¡Un pirata! Si los niños bonitos la habían decepcionado esa noche, un hombre del mar, un pillo, un delincuente, seguro que podría ser más entretenido, al menos por hoy.
La mujer llama a un camarero y, luego de unas cuantas palabras, hace que el hombre, siempre tan obediente, vaya hacia con el rubio y lo invite a la mesa. No es una pregunta ni una propuesta ni una sugerencia…es una orden que el hombre de cabellos de trigo no puede negar. No esta noche.
Poco tarda en acortar los 15 metros que separaban la entrada de la barra y, cuando por fin llega hacia donde el adinerado grupo de ancianos, el cantinero lo recibe con una bebida, algo parecido al whisky, humeaba y, además, tenía rodajas de naranjas en el vaso. Se veía como un trago caro y recién preparado.
—¡Ah, muchacho! Mira nada más ¡Juventud, divino tesoro! —La mujer sonrió y extendió su mano para que el recién llegado besara su dorso con la delicadeza que esperaba de un caballero ¿O era eso mucho pedir para un vil pirata? Quería comprobarlo por su cuenta. —Puede llamarme Madame de Rosier —. Apartó su mano en cuanto el saludo estuvo completo y se centró en el cigarro largo que llevaba entre sus dedos.
—Pocas veces los piratas reconocidos se atreven a pisar este bar…El dueño no tiene problemas con ustedes, pero eso significaría que cualquier agente del gobierno que esté en esta isla sabría que andan criminales cerca y caminando libremente por aquí —. La sonrisa felina de la mujer se extendió, sin juzgar al chico, mientras que, detrás de ella, los caballeros y otras damas que la acompañaban seguían en sus respectivas conversaciones, distraídos y acostumbrados a los modos de su amiga. —Y eso me hace preguntarme ¿Qué lo ha traído a un lugar tan público? Es imposible que no llame la atención y más cuando estas dotado de tanta gracia, muchachito —. La mujer dejó caer parte de la ceniza de su cigarro en un cenicero cercano mientras contemplaba a su entretenimiento de esta noche.
—Aunque, no debes preocuparte, supongo que te has informado y has de saber que aquí no se permiten las disputas y, claro, tampoco es que alguno de los perros del gobierno sin importancia que hay por aquí se atrevan a hacerte algo si te ven conmigo —. Rodeos…a la mujer le gustaban los rodeos, envolver a sus víctimas antes de actuar; sin embargo, algo la interrumpió antes de que pudiera seguir mareando al rubio.
El ruido de un vaso rompiéndose tras de sí y el tambaleo de uno de sus colegas quien, ahora, hablaba entre dientes y refunfuñando.
—¡Ah! ¡Pueden irse a la mierda! ¿Cómo se atreven a decirme que hacer? ¡Sí estoy de maravilla! ¡Mejor que ustedes, vejestorios! ¡Ja! —El viejo, de apariencia elegante, pero evidentemente borracho, se levantó de su asiento justo en el momento en que el vaso se quebró y varios en el bar voltearon a verlo…Las peleas estaban prohibidas, pero los altercados entre borrachos solían ocurrir de vez en cuando, nada que no pudiera controlarse. —No voy a irme a mi casa aun, no es como que esté…
Silencio.
Un silencio solo por parte del viejo borracho.
La música seguía sonando, los cuchicheos de la gente seguían en su apogeo y el tintinear de las copas no cesó ni un momento, pero…para el viejo, el mundo se detuvo por un instante.
Dijo que estaba bien, lo gritó…pero tal vez sí que estaba delirando.
—No puede ser —. El hombre, más bajo que la vieja mujer que “coqueteaba” con el pirata, se acercó a duras penas, sosteniéndose de la barra, hacia donde estaba el rubio, incluso hizo a un lado a la “Madame”, ganándose un reclamo por parte de ella…uno que ignoró por completo, pues su mundo se había reducido a la visión “fantasmagórica” que estaba frente a él. —¡Tú! ¿Cómo es que…estás aquí? ¡No! ¡No! ¡Merde! Creo que si estoy borracho…
Tomó entre sus manos el rostro del chico y apretujó las mejillas, como si quisiera comprobar que era real y no una visión o algo peor.
—¡No! Eres real…pero ¿Cómo? ¿Cómo es que la juventud no te ha abandonado? ¡Oh! Hace unos 30 años que no te veo y, mírate, parece como si el tiempo no hubiera corrido para ti, a mí, en cambio, me ha destruido… ¿Cómo es posible, Norova? —Dejó caer el nombre con una familiaridad que podía resultar irreal para el pirata que, por primera vez, se cruzaba con el hombre que tenía frente a él.
—¿Norova? ¡Ah, Saint-Clair! No sé qué trago hayas tomado, pero te ha dejado mal de la cabeza, este muchacho no es Norova ¿Cómo podría serlo? A no ser que haya descubierto la fuente de la juventud es imposible que se vea como cuando tenía 20 —. Madame de Rosier volvió a hablar, interponiendo sus manos entre el confundido viejo y el muchacho, solo para separarlos; sin embargo, solo con terminar de hablar un pequeño fragmento del periódico vino a su mente.
Ella siempre había sido buena para recordar rostros…pero no tanto para recordar nombres; sin embargo… ¿Norova? Solo había escuchado ese apellido en su juventud y ahora…
Chasqueó los dedos, un camarero estuvo frente a ella en cuestión de segundos. Le ordenó traer un periódico que el chico consiguió de inmediato y, ahí pudo verlo, entre los carteles de recompensa…mismo apellido…mismo color de cabello ¿Cómo no lo relacionó antes?
—¿Norova? —Puso el cartel sobre la mesa y el borracho se acercó para leerlo, aunque apenas conseguía juntar las letras. La mujer lo miró, pálida, con los ojos bien abiertos, pero más lúcida que el otro hombre. —Tu…ahora que lo noto...eres su viva imagen —. Dejó escapar una risa seca y luego miró a su compañero borracho. —¡Mira nada más lo que nos trae el destino! Parece que no estas alucinando, Monsieur Saint-Clair —. Entonces la mujer se sentó en la barra y, el borracho, siguió mirando al chico, confundido…asustado…seguía creyendo que debía ser una mala broma del destino.
—¿Por qué no nos acompañas, Norova? Creo que ahora mis intenciones contigo son otras…Incluso podrías hacerme recordar viejos tiempos —. Ella no era estúpida, tampoco estaba intoxicada, podía juntar dos más dos y entender con claridad, a diferencia de su compañero, de que frente a ella, estaba nada más y nada menos, que el posible hijo de un viejo amigo.
Relicario
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22-05-2026, 12:37 AM
Atributos Personaje
En las calles de Légance se respiraba una vida que me agradaba aún más de lo que esperaba, era una ciudad que me había dedicado a explorar mientras mi tripulación hacía otras cosas que no requerían un Tezca en su operación. Dias atrás, los sonidos escondidos entre los callejones de la magnifique había logrado advertir sobre un exclusivo lugar atado al puerto, un barco que brindaba de un servicio tal como bar que podías medir su alcurnia en oro: “El Esmeralda de la Emperatriz” Tal vez me quedé más tiempo del que esperaba, atento, fue una conservación bastante descriptiva en la que no participé y al parecer, la dama destino guiaba mis pasos a embriagarme en un lugar exclusivo ¿Qué podía pedir del lugar?
El ritmo de mis zapatos contra el muelle marcaba oportunidades que no podía esperar para tomar ¿Es que acaso es de desconocimiento lo que un lugar exclusivo podía dar? Por supuesto que no. Mi traje oscuro, se ceñía al cuerpo: Al ser nuevo por la ciudad había optado por algo un poco menos osado pues conocía bien que si lo que deseaba era colarme no debía intimidar a los tiburones tan pronto. El colarme estaba dicho, desde nuestras recientes fechorías no solo mi economía pero la de la tripulación completa iba en creces… Además que tener un rostro confiado es una bendición.
Yo soy una bendición, si, gracias.
El ostentoso interior me recibió con un dorado a la par de mi cabello casi como si afirmara con excitación que aquel se trataba de un lugar para mi disfrute y gozo. Entre las elegantes y pomposas personas a los alrededores pude visualizar un par de marines, como siempre, en todos lados, molestando mi vista periférica y sin embargo esta noche no era de violencia. Si me omitían por completo, haría lo mismo.
No fue hasta que un mesero se acercó, dándome una indicación mientras alzaba la mirada, expectante, quería saber quien me había mandado a llamar, una mujer de mediana edad, elegante, rica, parecía estar mirando en mi dirección. Al llegar el whisky humeaba, hechizándome, al igual que las pretensiones de aquella mujer.
Con una sonrisa tomé su suave mano, dejando un suave beso en el dorso de esta sin retirar mi mirada de la suya. —Madame. — Señalé su título, casi rodaba fuera de mis labios con un tono más bajo de lo habitual, apoyándome contra la barra mientras tomaba el trago en mi mano, pero no le daba el sorbo. —Ah, Madame, Si me preocuparan los agentes del gobierno a cada lugar que voy: No saldría de mi casa ¿Me entiendes? — El vaso se alzó a la altura de mi cabeza antes de darle un único sorbo en su honor, volviendo a dejarlo sobre aquella barra. Cuando mencionó el “perros del gobierno” No pude evitar soltar una pequeña risa entre labios, ya me caía mucho mejor. — Solo puedo jurar solemnemente que mis intenciones no son buenas. —
¿A quien engañaba? No pude evitar tomar aquel vaso y darle un trago largo, si era lo único que iba a tomar al menos que fuera bien gastado. No fue el vaso lo que me hizo reaccionar pero la voz de un hombre gritando lo que provocó que frunciera el ceño y entonces, en un movimiento que parecía ver en cámara lenta se acercó a mi, provocando que inclinara hacia atrás. —¡Oiga! — El maldito borracho casi me quitaba los lentes, hablando encima suyo con cierta molestia. —¿De qué está hablando? Ha perdido la...—Ahora el que estaba escuchando fantasmas era yo.
Norova.
Me quedé en silencio, sorprendido, observando la conversación entre ambos, que me parta un rayo ¿Podrían estar hablando de mi padre? El ir y venir del camarero parecía difuso, al parecer habían llegado a la misma conclusión que un servidor y aún así. Me veía mucho más interesado, mucho menos divertido: Aquello que me impulsaba a seguir en la converación iba más allá de la banalidad. —Monsieur, Madame ¿Dónde está mi padre? — Tal vez hubo un poco más de urgencia de la que me hubiera gustado, observando a ambos con completa atención. —Parecen conocerlo, he estado buscándolo desde que tengo uso de razón... ¿Tan siquiera saben su nombre? —
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23-05-2026, 06:57 AM
(Última modificación: 23-05-2026, 06:59 AM por Hyákinthos.)
Un hilo de humo salió de los labios de la mujer y chocó directo contra el rostro del desesperado muchacho y después de eso, la risa baja y aterciopelada de la dama se mezcló con el ruido del cristal de las copas que resonaban en el bar.
—¿Tanta desesperación decides mostrar? El Norova que conozco nunca habría permitido que lo viéramos tan urgido por unas migajas información —. Habló de manera casual mientras que una de sus manos decidió que era buena idea reacomodar los dorados cabellos del muchacho, con una delicadeza tal que su tacto solo era comparable con la seda. —Por favor, no me decepciones, jovencito —. Dejó de mirar al chico y llamó al bartender para pedir un trago para ella misma; sin embargo, a pesar de su aparente desinterés, la mirada oscura de la mujer de cortos cabellos canosos adquirió un matiz pensativo, justo como el de alguien que intenta unir las piezas de un lejano pasado.
—¿Tu padre? —El anciano, en cambio, hipeó antes de dar otro sorbo a una bebida que había pedido en algún punto de la conversación. Sus ojos, bañados por un matiz brillante, casi lacrimoso, además de la rojez en su rostro y la tartamudez en su habla, denotaban que la borrachera era tanta como para que apenas pudiera hilar un par de cosas de la conversación. —¿Nombre? Ja… ¿Cómo no vas a saber su nombre si dices ser su hijo? ¡Que divertido eres, muchacho! —Su mano pesada chocó con la espalda del rubio y le dio un par de fuertes palmadas que resonaron en la piel ajena, definitivamente, no estaba midiendo su fuerza.
La mujer, en cambio, con su nuevo trago en mano, rodó los ojos y quiso desviar la atención del hombre del pobre chico desesperado.
—Deja de jugar con él. Quiere respuestas y tu eras bastante cercano a Norova ¡Espabila! —Exasperada por la actitud de su compañero, la helada bebida que debía ir a su boca terminó regada sobre el rostro del hombre…No fue un accidente, fue premeditado. —No me hagas pedir hielo para meterlo en el cuello de tu camisa —. El viejo borracho refunfuñó y se levantó de su asiento al sentir su cara y parte de su vestimenta mojada. Tanta era su molestia aparente que uno de los meseros se acercó para entregarle una toalla de tela y otro más le entregó una bolsa con hielo, un vaso con agua y una pastilla que, a ojos de todos, parecía algún tipo de medicamento.
Madame de Rosier exhaló, al menos su gesto los había librado de las interrupciones de Clair, eso le daba espacio para pensar mejor en qué decir.
—Es probable que regrese —dijo mientras veía como los meseros intentaban lidiar con el desastre que dejaba Monsieur Clair a su paso, por ahora el hombre se había alejado un par de metros, aunque aun se escuchaban sus protestas, pero…lo cierto es que cada vez se apaciguaban más. —Mientras tanto, te puedo contar lo que recuerdo de tu padre… ¡Increíble! Nunca me enteré de que él tuviera un hijo, aunque…ciertamente, al día de hoy me pregunto cuantas cosas sobre él nos habrá ocultado —. La conversación, por fin, parecía tomar un matiz mucho más serio que antes, incluso la voz de la mujer dejaba de lado la coquetería para abrir paso a un tono más formal.
—No puedo decirte donde está él. Hace más de 20 años que no lo veo, nos dejó sin dejar rastro...pero puedo decirte que viajó con nosotros por un tiempo, cuando recién empezábamos nuestros negocios mercantiles en el mar —. Quizá era información poco relevante, pero ella supuso que el chico querría saber que tipo de vida habría llevado el hombre que le dio la vida. —Era un excelente comerciante, se le daba muy bien los negocios y tenía una labia excelente para convencer a las personas de…de lo que sea…Así fuera sobre comprar un producto o, incluso, para influir en sus decisiones políticas. Aprendimos mucho de él, pero conmigo siempre fue bastante reservado… ¿Un nombre dices? Hasta hoy creí que su nombre era Norova, pero verlo en tu cartel me hace pensar que solo era su apellido —. La mujer dejó entrever una sonrisa amarga, empezaba a cuestionar que tan real había sido el tiempo compartido con quien consideró su amigo.
—Aunque…si te sirve de algo, Monsieur Clair solía llamarlo Cici…Norova solo reía ante eso y rodaba los ojos, pero respondía al ridículo apodo —. Ella se encogió de hombros, ahora que entendía que Norova era solo un apellido, le parecía que soltar esa pequeña información, por más mínima que fuera, tal vez podía ayudar al chico. —Tal vez entre esas letras puedas encontrar algo sobre su verdadero nombre… ¿Cómo saberlo? —Dio una calada larga a su cigarrillo y, justo en ese instante, el asiento contiguo a Tezca volvió a ocuparse por el borracho, quien ahora tenía sobre su frente una bolsa de hielo y su actitud parecía haberse apaciguado.
—Cici…Norova…sí, claro…recuerdo ese nombre —. La voz del hombre aún sonaba entrecortada, pero ya no tenía en su rostro esa energía descontrolada de antes. La pastilla que le dieron había controlado los efectos del alcohol más la droga que había consumido…era un calmante de efecto rápido que usaban en el bar para que los clientes siguieran consumiendo más y más durante la noche. —Perdona, chico…pero verte de repente me ha hecho creer que veía a un fantasma. La última vez que escuché de Cici creí que había muerto.
Cuando el hombre dijo eso, incluso Madame de Rosier alejó su cigarrillo de su boca y no disimuló el asombro en su cara.
—¿Supiste de él después que nos dejó sin decir nada? —Supe poco —. El viejo se encogió de hombros. Aun tenía la bolsa de hielo en su frente y no miraba a la cara ni a la Madame ni a Tezca. Clair miraba hacia el techo. —El viejo Barnaby lo encontró hace un tiempo… ¿Hace unos cinco años? Quizá más, no estoy seguro…No sé qué pasó con ellos dos…Barnaby nunca quiso decir nada a nadie, pero dijo que Cici estaba mejor muerto que vivo. Es extraño, esos dos se llevaban bien…él podría contarte más, si es que logras hacer que hable.
Los ojos de Madame de Rosier estaban abiertos de par en par, había dejado de fumar y de beber. Se centró solo en las palabras de su viejo amigo y, por un instante, deseó ser 20 años más joven y poder comportarse de la misma manera impetuosa que antes, solo para darle un zape en la cabeza al hombre por no haberle contado a ella ni a nadie más algo tan importante como eso… ¿Cómo es que Clair siempre se las arreglaba para conseguir información tan importante? ¿Y por qué tenía la mala costumbre de soltarla de una manera tan casual? Como si no fuera a tener ningún impacto.
—¡Ah! También me dijo que cuando lo vio en aquel tiempo estaba viajando con una tripulación importante…algo del Pol…C… ¡Ah! No recuerdo el nombre del grupo, pero ya te digo chico…tu padre quizá esté jugando dominó con San Pedro —. Soltó una risotada que dejaba en claro que aun estaba bajo los efectos de alguna sustancia. —Es más… ¡UN BRINDIS POR NOROVA CICI! —Dejó a un lado la bolsa de hielo y tomó en una de sus manos el trago que el joven rubio había dejado sobre la barra.
—¡Clair, compórtate! Atraes la atención de las demás personas… ¿Podrías dejar de avergonzarme por una noche? —La mujer movió su cabeza en negación y luego miró al chico para disculparse con él. —Perdónalo, no se mide cuando está borracho…aunque es bueno recopilando información. Si dice que el viejo Barnaby sabe algo, es seguro que sea cierto… ¡Oh! Por supuesto, seguramente no sabes quién es él —. Habló de nuevo con un tono más calmado. —Es uno de los comerciantes más notables en esta isla…es famoso aquí desde antes de que nosotros pudiéramos establecernos. A él llega mucha información y cualquiera que se digne a comerciar aquí seguro que ha establecido alguna conexión con él…Jmmm… ¿Sabes algo?
La señora se acercó al chico y uno de sus dedos pasaron por el cuello de su camisa, jugando con el dobladillo de esta. —Podría llevarte con él…por supuesto, solo si aceptas entretenerme cuando tu reunión con el viejo Barnaby termine…tal vez seas tan bueno como tu padre —. Le guiñó un ojo al joven y sonrió de medio lado. Su lado coqueto volvía a aparecer.
—Puedo asegurarte que conozco a Barnaby desde hace años. Ahora mismo su barco está anclado en otro muelle. Llegar a él no sería difícil para…
—¡Ah! Vieja pervertida… ¡Ese chico podría ser tu hijo! —. Parecía que los efectos de la pastilla empezaban a pasar, aunque en verdad es porque el viejo volvió a tomar de un solo trago, el contenido del vaso de Tezca. —No te preocupes, muchacho…si quieres saber de Cici…yo puedo…Hip…llevarte con el…hip…viejo Barnaby…y no voy a cobrarte ningún favor sucio como esta loca de patio…Solo lo haré porque eres el hijo de un viejo am…amigo…hip...
Clair se levantó de la silla y trastabilló, apoyándose con fuerza en el hombro del rubio para no caer, luego lo tomó del brazo, intentando jalarlo para que fuera con él, aunque Madame de Rosier sostuvo al chico por su otro brazo, impidiendo que se levantara de su asiento.
—Vamos, vieja pervertida, suéltalo… —¿Cómo crees que vas a llevarlo con Barnaby en esa condición? Caerías al mar con solo intentar bajar del barco.
En medio de la discusión estaba el rubio, quien no tenía más remedio que ser el mediador entre ambos señores que parecían más bien adolescentes discutiendo por un premio.
Era decisión de Tezca elegir con quien aventurarse a conocer al tal Barnaby.
Relicario
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02-06-2026, 12:48 AM
Atributos Personaje
No estaba obteniendo mucha información, pero se sentían como ladrillos sobre mi cabeza, mi miraba iba de lado a lado entre el hombre y la mujer, el humo contra mi rostro ni siquiera me había inmutado: Razón tenía, había dejado ver más de lo que debería. Nadie tenía el nombre y un hombre sin aparecer por 20 años se podía considerar muerto, escuchar esa palabra hizo que se me revolviera el estomago ¿Qué más podía hacer en ese momento? ¿Cagarme en su tumba? Sentía que la frustración comenzaba a ganar, apoyado contra el respaldo de la silla con una tan falsa y ligera sonrisa en el rostro, pero los ojos no mentían, tenía el ceño ligeramente fruncido y no era contra ellos, por supuesto que no. La situación era frustrante de por sí. “Cici” Si era un sobrenombre la verdad es que no me decía mucho, Barnaby, era una pista que podría seguir, anotaba cada palabra en el cerebro como si se tratara de una lista de compras, cuando el tentador tacto de la mujer me sacó de mis pensamientos y por común volteé a mirarla con una sonrisa más seductora, era un reflejo más que un sentimiento. —Si la información es buena podría…- Aquel coqueteo fue interrumpido por un jaloneo, una solicitud de ayuda por parte del viejo y dos ofertas que si fuera por mi: Rechazaría ambas. No me molestaba el contacto físico, mucho menos que la gente se peleara por mi, la verdad es que ya estaba acostumbrado a ello, al final del día todos quieren un poco de Tezca, pero esta situación en particular. —¡Pues ya que no se deciden, van los dos! ¿Me entiendes? — Me solté del agarre, para tomar a la mujer y al hombre de los brazos, levantándome de la silla con una reverencia para excusarme con el resto de la barra. —Volverán más tarde a pagar sus deudas, necesito que me los presten un rato, regresaré a estos honorables salvos y sanos.— Ni siquiera esperé media palabra o excusa, si la juventud daba fuerza pues este era el momento, desde el local, no iba a esperar que continuaran peleando y tomé de la cintura a ambos para cargarlos por encima del hombro, acomodándolos sobre estos. —Si tengo que separarlos como jovencitos para que no se sigan peleando, deberán disculparme Monsieur Clair, Madame de Rosier, pero como entenderán el tiempo de un hombre es lo más preciado que tiene ¿Nos vamos? — Y sin más comencé a caminar, abriendo de una patada la puerta para poder salir del lugar. —Indicaciones, por favor y sin moverse mucho que podría caer y yo aguanto bien las caídas pero no sé ustedes. —
Resumen
Karmas
Posicionamiento
Bélico
Gastos de energía y vitalidad
Dados
Inventario
09-06-2026, 06:50 AM
(Última modificación: 09-06-2026, 07:00 AM por Hyákinthos.)
Isla Neur
Día 76 de Otoño, año 17
Afueras del Esmeralda de la Emperatriz
12:15 a.m.
No se permiten peleas en El Esmeralda de la Emperatriz.
¿Discusiones? Sí
¿Peleas? No.
Sin embargo, a pesar de que un par de guardias llevaron sus manos a sus respectivos cinturones para hacer el intento de sacar un arma para inmovilizar al rubio, lo cierto es que, al ver la tranquilidad del resto de la barra y notar el rostro sonrojado de la mujer, además de escuchar los refunfuños de Monsieur Clair, concluyeron que era un simple malentendido entre borrachos, uno que, a fin de cuentas, parecía ir rumbo a resolverse fuera del bar flotante. No tuvieron que ocuparse de nada y por ello, el rubio no tuvo impedimento en salir, incluso, el portero se despidió de él con un gesto elegante, como si la escena frente a sus ojos fuera cosa de todos los días.
¿Problemas para salir del bar? Cero.
Aunque eso no libró al rubio de llevarse un par de regaños, una vez estuvo en el exterior, por parte de ambos señores, porque sí, al inicio a Madame De Rosier pudo parecerle un gesto coqueto y Monsieur Clair no es que estuviera en su mejor momento para ser tomado en serio, pero, al salir del bar y que el viento frío de la noche pegara directo en sus rostros, pareció despertar a los ancianos, bueno, al menos a uno de ellos.
—¡Muchacho! No habrás conocido a tu padre, pero eres tanto o más bruto que él… ¡Sí! Definitivamente, más bruto que él ¡Razón han tenido para poner tu cara en un cartel de se busca! Norova Padre no me habría tratado de esta manera, a menos que estuviera llevándome a su hab…
—¡Ah! ¡Vieja pervertida! No creo que a Norova Junior le interesa escuchar como Norova Padre se revolcaba contigo ¡Le vas a revolver el estómago! ¡Y disfruta el viaje! Al menos no tendremos que caminar hasta el barco de Barnaby… ¡A mí ya no me molesta! Hasta me puse cómodo —. El viejo Clair pudo haber refunfuñado dentro del bar, pero era cierto que se acostumbró fácil a ser trasladado de ese modo por el chico más joven. —¡Vamos muchacho! Camina más rápido, que eres joven…El barco de Barnaby está a la…
—¡Derecha! Está a la derecha. Yo voy a guiarlo, no tu ¡Viejo borracho! —A pesar de todo, Madame De Rosier todavía tenía un interés íntimo en el chico y no deseaba que su compañero arruinara lo que podía conseguir. —Debes caminar hacia la derecha hasta llegar al final del muelle y de ahí…
—¡A la derecha! ¡Doblas de nuevo a la derecha! No voy a dejar que infectes al chico con tus perversiones, déjame guiarlo por los viejos tiempos con su padre ¡Loca enferma! Podrías ser madre de este muchacho…
—¡Calla! Solo deja que el chico avance ¡Lo vas a confundir con tus direcciones! Ni siquiera estás en tus cinco sentidos.
—¡Tu calla!
Y la discusión siguió, porque no había forma de que esos dos ancianos se callaran. Tezca tendría que lidiar con sus comentarios infantiles dichos casi directamente en su oído, en un tono para nada bajo, uno que incluso hacía que algunos pocos transeúntes, borrachos, trabajadores de la noche o adolescentes que se escapaban de sus casas, voltearan a ver el espectáculo gratuito que esos tres ofrecían. Sí, tres, porque solo por asociación, al cuchichear, incluían en sus murmullos al joven que llevaba a los dos ancianos sobre sus hombros.
Frente al Barco de Barnaby
12:40 a.m.
Habría sido una bendición que ambos viejos hicieran silencio por cinco minutos, solo cinco minutos, pero el camino fue ajetreado, de hecho, lograron llegar hasta el lugar de destino a duras penas y en más tiempo del previsto, pues no faltó el momento en que alguno de los dos se equivocara con sus indicaciones, no por maldad, si no por el mareo que empezaban a sentir, uno por borracho y la otra porque la posición en la que Tezca la llevaba empezaba a pasarle factura y más aun a su edad; sin embargo, el objetivo fue cumplido.
Ahora estaban frente a una embarcación no muy asombrosa. Era una Carabela de velas verdes, cuyo mascarón de proa estaba decorado con el tallado en madera de una criatura con cola de sirena, torso de humana y cara de… ¿Mink conejo? Una combinación extraña, pero era lo que caracterizaba al “Centinela del Tesoro”, un nombre que podía leerse tallado en la popa, pintado con letras doradas. De hecho, fueron esas características las que le anunciaron a los viejos que, efectivamente, estaban en el lugar correcto.
—¡Tezca, cariño! ¡Permíteme guiarte directamente con Barnaby! Ni siquiera dejes que este borracho de quinta se acerque a él…seguro terminarán ambos de patitas en la calle como nuestro Barnaby vea la cara de este energúmeno que solo retrasó nuestra llegada…Ahora bájame y…
—¡¿Ah?! Fuiste tú, por tu distracción que le dio la dirección equivocada a Norova Junior ¡No intentes apartarme del chico ahora! ¿Para qué? ¿Para qué le pongas tus sucias manos encima?
Fuera del barco unos guardias vigilaban, sus ropas no eran de marines ni de nadie que pareciera pertenecer a algún ejército; sin embargo, los hombres estaban bien armados, aunque no por eso eran unos brutos que atacarían a traición, después de todo, los dos viejos que venían en los hombros del muchacho no eran unos desconocidos para ellos, de hecho, más de una vez ellos mismos los habían guiado hasta el interior del barco, pero nunca a tan altas horas de la noche y mucho menos estando acompañado de un chico que no habían visto antes ¿Qué pasaba ahí?
Uno de ellos tomó la iniciativa. Se acercó a su compañero solo para avisarle que iría a buscar al Capitán Barnaby, pero, antes de que siquiera pudiera poner un pie en la rampa que conectaba el barco con el muelle, la discusión a sus espaldas de intensificó. Los guardias sudaron frío, pero, aun así, el que estaba más cerca del trío, quiso acercarse para intervenir.
—Disculpen, caballeros, madame… ¿Podrían comunicarnos el porqué de su…?
—¡Ah, muchacho! ¡Haz que esta energúmena deje de acosar a este chico! ¡Solo lo hemos traído para ver al viejo Barnaby! ¡VE, LLAMA A TU JEFE DE INMEDIA…!
Un disparo.
Solo fue de advertencia.
Nadie salió herido, pero fue suficiente para que los guardias que vigilaban la entrada se pusieran en guardia, sabiendo perfectamente de quien había venido ese tiro de gracia.
—¿¡QUÉ ES ESTE ESCÁNDALO!? —Desde el mascarón de proa se pudo ver al responsable de aquella disrupción que sirvió a la perfección para silenciar, por fin, a ambos ancianos. Era un hombre…bueno…un humanoide, un mink cuya nariz chata, sus orejas largas y sus amarillentos ojos perspicaces gritaban a leguas que se trataba de un conejo. No medía más de un metro con treinta centímetros; sin embargo, su voz rasposa y vieja, además de su apariencia senil, con sus largas barbas trenzadas, le daban una apariencia señorial que inspiraba respeto en quien lo viera.
—¿Qué son estas horas para incordiar el sueño de un anciano, chis? —Sus ojos se achinaron, era como si, desde su lugar, intentara ver a los escandalosos, aunque se notaba que ponía un esfuerzo demás en ello…bueno, eso hasta que sus ojos se abrieron y su boca formó una perfecta “O” para luego deformar su expresión en una mueca de rabia… ¿Cómo se atrevían esos dos a presentarse frente a él tan descaradamente?
—¡TU! ¡CLAIR, MALDITO DEUDOR! ¿SABES HACE CUANTO ME DEBES ESE PRÉSTAMO QUE TE HICE? Y aún así tienes el descaro de aparecer frente a mi barco y…
La expresión de rabia del mink se acrecentó cuando miró al rubio que llevaba en sus hombros a los dos ancianos…No, no era solo rabia, era desprecio, odio… ¿Cómo es que ese hombre se atrevía a aparecer de nuevo frente al Centinela del Tesoro después de su último encuentro? —Y TU… ¿CÓMO TE ATREVES? Te escapaste la última vez, pero ahora…
No siguió hablando, no advirtió nada, simplemente, en un rápido juego de manos cambió el arma con la que había hecho el disparo inicial por otra y sin pensarlo dos veces, disparó justo frente a los pies del chico. De ese disparo no salió fuego ni pólvora, simplemente, una luz potente se encargó de cegar a todos los que estuvieran en un área de 10 metros. Sí, eso incluía a sus propios guardias.
—¡HEY! ¡BARNABY! ¿QUÉ HACES? —La voz de Madame de Rosier se dejó escuchar en medio de aquel caos lumínico y, sonriendo, el conejo cerró sus ojos antes de dar un salto que cerró la distancia de 15 metros que había entre él y el rubio. Él la estaba cargando a ella, así que él solo debía estar un poco a su izquierda y, en cuanto supo que estuvo en el área, guiado enteramente por las voces de los viejos que seguían quejándose por la luz, pudo encontrar a su objetivo: Norova.
No esperó un segundo más antes de que su mano se cerrara en un puño que fue a dar al pecho o quizá al estómago del rubio. No estaba seguro, pero a algo de su cuerpo había golpeado y ¡Ah, por supuesto! El puñetazo no vino solo…no, vino acompañado de un corrientazo de electricidad: Electro…una habilidad muy propia de su raza.
—¡Maldito traidor! ¿Cómo puedes ser tan descarado de aparecer frente a mi de nuevo? ¿Ahora vas a amenazarme con mis protegidos? —La ronca voz del viejo resonó, antes de alejarse un metro del muchacho al que, evidentemente, había confundido con alguien más…pero… ¿Cómo culparlo? Sus ojos vieron el cabello rubio del chico, el mismo porte…la misma cara que la del Norova que él conocía.
En su mano, la misma con la que golpeó al rubio, sostuvo de nuevo un arma, esta vez distinta a las anteriores que había usado. La luz de la bala se había ido por completo a estas alturas.
—Tienes un minuto para explicar tu presencia aquí antes de que te vuele los sesos, Norova, chis.
Relicario
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15-06-2026, 06:43 AM
Atributos Personaje
Debían dar gracias que eran realmente atractivos, de verdad, debían dar gracias. Escuchar sus lloriqueos comenzaba a cansarme y eso que me jactaba de ser un hombre con paciencia, cuando hablaban demasiado no podía evitar apretarlos un poco más, probablemente incitando sus mareos, mareos que parecían ser contagiosos pues de tantas vueltas y esquinas parecía tan mareado como ellos. Hasta que al fin llegamos. Observé a los alrededores sin bajarlos, cuando la voz de la mujer volvió a escucharse. —Un segundo, madame. — Era lo único que había dicho cuando uno de los guardias se nos acercaba y sin embargo, antes que pudiera pronunciar palabra o suspiro, el anciano había interrumpido a gritos y alguien lo había interrumpido de regreso. Un disparo y su autor. Un viejo conejo que parecía estar ya senil ¿Ese podría ser el viejo que conocía a mi padre? El viejo, aunque lúcido, se expresaba como un completo cascarrabias. —¿Tienen problemas con el conejo? Estas cosas se avisan, madame, monsieur ¿Me entiendes? — Hablé por lo bajo mientras volvía a apretarlos expresando mi desagrado cuando sentí una vibra de odio en mi dirección. —¿Qué? Yo acabo de- Una luz. Una maldita luz ¿Por qué me daba un dejavu cruel? Casi me recorría la espalda en un escalofrío, como la vez que ese maldito marine me dio en toda la cara. Resistí de dejar caer a mis guias con todas mis fuerzas, casi debilitando mi agarre pero regresando a tomarlo con fuerza, me sentía mareado y ni siquiera podía reaccionar y entonces, un maldito golpe el pecho, el golpe me había dado un cosquilleo increíblemente doloroso, soltando un quejido que me hizo encovarme, me temblaban los brazos del peso y me puse de cuclillas para poder ayudar a ambos ancianos a bajarse con cuidado mientras me reincorporaba con un gesto de rabia pura. —Detrás de mi, Monsieur, madame. — Di un paso al frente mientras tomaba mi lanza entre las manos. El viejo conejo había perdido la cabeza ¿De qué carajos está hablando? —Parece que me confunde, no tengo ni la menor idea de quien es usted, pero no puedo permitir que me golpee sin consecuencias. Aunque no vengo a buscar violencia. — Estaba enojado ¡No le había hecho nada y me había dolido aquel maldito golpe! Al menos tenía boca, podría hablar mientras le regreso el golpe.
Contenido Oculto
Resumen
Karmas
Posicionamiento
Bélico
Gastos de energía, vitalidad y cooldown
Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2321
-
246
=
2075
Energia:
2574
-
227
=
2347
Espiritu:
709
+
0
=
709
18-06-2026, 04:36 AM
(Última modificación: 18-06-2026, 04:48 AM por Hyákinthos.)
Su mano seguía arriba, el cañón de la pistola apuntaba directamente a la silueta de un hombre rubio que, para el conejo, se parecía demasiado a un viejo conocido. En ningún momento quitó la vista de él y, menos mal que fue así, pues, aunque su vista le fallaba al reconocer a las personas, aún era capaz de reconocer cuando alguien estaba a punto de atacarlo, a fin de cuentas, más sabe el diablo por viejo que por diablo y Barnaby lo demostraría.
Dio un salto hacia arriba hasta elevarse tres metros sobre el rubio, haciendo que la lanza que buscaba golpearlo pasara de largo y una vez arriba, se movió apenas un par de centímetros para caer a un metro hacia la izquierda de donde estaba originalmente, había quedado justamente delante de la Madame, aunque separada de ella también por un metro.
—¿Ah? ¿Qué dices, maldito traidor? ¿Tu padre? —A pesar de su buena escucha, el viejo omitió por completo el apodo de “Cici”, dejándose llevar solo por el apellido del maldito que lo había traicionado. —¿Cómo voy a saber yo de tu padre, chis? —Su mano nunca se apartó del gatillo, pues cuando aterrizó se encargó de apuntar hacia el rubio. No cedería, no escucharía…No le interesaban las excusas que pudiera darle. —Nunca hablaste de él cuando eras joven y tampoco cuando nos vimos la última vez y de todos modos ¿Cómo tienes tanto descaro de venir a pedirme información cuando viniste aquí hace poco y me traicionaste?
No esperó a que el rubio pudiera responderle algo, simplemente, aprovechando su posición, decidió apretar el gatillo sin pensarlo dos veces y de este salió una pequeña bala disparada directamente hacia Tezca, una que, si no se apartaba, daría directo en el mismo brazo con el que sostenía la lanza.
¡Boom!
La bala explotaría cuando alcanzara su objetivo.
—¡Adiós, Norova! Quiero que sepas que, hace tiempo, te aprecié como a un hijo —. Bajó su mano, guardó el arma en su cinturón y se dispuso a abalanzarse sobre el rubio, todo con la intención de darle una patada que pudiera dejarlo noqueado; sin embargo, solo con doblar un poco sus rodillas se escuchó el crujido de sus huesos. De su boca salió un quejido de dolor…bueno, más bien una maldición. —¡MALDITA SEA! ¡PUTO DOLOR DE RODILLAS! ¡Ah! Ya no estoy para estos trotes —. Refunfuñó mientras apoyaba sus manos sobre sus rodillas para masajearse, algo que Madame De Rosier aprovechó para ponerse de pie y sostener al viejo mink, una acción que imitó el otro Monsieur Clair, quienes, hasta ahora, no habían intervenido en nada porque sus ojos estaban cegados, sus cuerpos golpeados por la caída y algo mareados por el viaje que hicieron con Tezca.
—¿Qué haces, Barnaby? —El agarre de la Madame era más fuerte que el del hombre, pues este, aunque no estaba tan borracho como al inicio, sí que estaba mucho más débil por culpa del alcohol y, además, tenía más edad que la mujer. —¿No ves que ese no es el Norova que conocemos?
—Oigan ¡Suéltenme! ¡Déjenme ir a matar a ese desgracia…!
—¡Eso no! —exclamó el viejo mientras intentaba sujetar al conejo que aun murmuraba insultos por culpa del dolor de su artritis. —También creí que mis ojos me engañaban y que veía a un joven Cici, pero ese no es él… ¡Es su hijo! ¿Qué no ves que su piel es tan tersa como la porcelana y su cabello aun es dorado como el sol? ¡No tiene canas ni arrugas! Y mira lo ágil que es…además… ¿Cuándo viste que Cici se convirtiera en…iugh…ese lodo asqueroso? —El agarre del hombre se hizo un poco más fuerte, aunque lo cierto es que no era necesario, pues la artritis había casi paralizado al conejo. Lo había anclado a su lugar.
Monsieur Clair miró de reojo a la mujer, con algo de preocupación, ella devolvió esa mirada con preocupación y soltó al mink para correr hacia donde estaba el rubio. El humo de la explosión no le dejaba ver cómo estaba el chico.
—¿Cariño? ¿Estas bien? —La mujer corrió para ayudar al chico a ponerse de pie. —Vamos, mejor explícale al anciano cascarrabias que es lo que en verdad necesitas, díselo con calma, incluso puedes decirle que intenciones tienes con tu padre al reencontrarte —. Ella, por supuesto, no tenía idea del porque el muchacho buscaba a su padre con tanto ahínco.
—¿Es cierto? ¿Es eso cierto? ¡Pero es su viva imagen! —El conejo, algo más recuperado, se acercó hasta el chico, cojeaba y con cada paso se quejaba por el dolor de sus rodillas. —No debí saltar tan alto, chis —. Se quejó cuando llegó a un lado del chico mientras que del bolsillo de su camisa sacaba un monóculo que colocó sobre uno de sus ojos, todo para analizar al rubio al que había atacado sin pensar.
—¡Por las barbas de Neptuno! —Fue su primera expresión cuando la claridad del monóculo le hizo observar a un muchacho que, aunque parecido al Norova que conocía, se veía más delicado, delgado y, por supuesto, muchísimo más joven que el hombre que lo había visitado semanas antes. —¡JA! ¿Quién diría que ese irresponsable tendría un hijo? ¿Para qué quieres encontrar al inútil de tu padre? —Había bajado las armas y la guardia, incluso su tono era más afable, pero eso sí…no pensaba en disculparse.
Relicario
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20-06-2026, 05:22 AM
Atributos Personaje
Curioso. Los conejos si saltaban alto, ja, puede ser que el conejo de ese ahora hombre haya saltado como me dijo que lo había dicho y yo tratándole de mentiroso, así aquel mink escapó de mi ataque como un conejo escapando de su cazador, debía admitir que enfrentarme a cada vez más imbéciles me había obligado a desarrollar un sexto sentido. Por eso desde que me había alejado supe que atacarme sería su siguiente movimiento. —¡Escudo ridiculizante del gran Tezca Norova! — Grité a mitad de aquel escudo mientras terminaba del levantarse justo a tiempo cuando una explosión ocurrió al otro lado del atacante. ![]() Aún cuando escuchaba su voz del otro decidí mantenerme quieto, sin moverme, intentando enfocarme para lograr expandir la arcilla, solo si quería y planeaba volver a atacarme, porque sabía que cuando el humo se disipara volvería a intentarlo, si aquel conejo tenía tanto odio por mi padre como yo, en su locura volvería a atacarme. Más allá de las palabras, escuché el andar de la mujer esta que se posó a mi lado y solo la observé desde mi inmovilidad, de reojo. No me iba a acercar, mucho menos con ese conejo rabioso y sin embargo aquel se acercó, rompiendo mi concentración y provocando que masajeara uno de mis hombros con molestia detrás de aquel escudo. —Tu culpa, viejo.. y lo dejaré pasar a cambio de información, si vuelves a atacarme de la nada una vez más: Me la cobro y te jodes ¿Me entiendes? No quiero hacer esto más grande en presencia de Madame de Rosier y Monseur Clair. — Finalmente me dirigí a la mujer, haciendo una pequeña reverencia antes de regresar al anciano conejo. —Suficiente me hiciste: Dame la información que tienes sobre mi padre, todo lo que sepas y después te diré para que pretendo encontrarlo. —
Resumen
Karmas
Posicionamiento
Bélico
Gastos de energía, vitalidad y cooldown
Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2075
+
0
=
2075
Energia:
2347
-
25
=
2322
Espiritu:
709
+
0
=
709
20-06-2026, 09:08 AM
El ensordecedor ruido del cañón taparon las palabras del rubio, así como el humo de la explosión posterior cubrió el área el tiempo suficiente para hacer que Madame de Rosier se preocupara por el estado físico del rubio, a fin de cuentas, ni ella ni Clair ni Barnaby tenían la más mínima idea de lo que Tezca era capaz de hacer al haber consumido una fruta del diablo, pues lo que vieron antes cuando intentó atacar al mink conejo, no fue más que una pequeña muestra de sus habilidades.
—Ah, menos mal estas bien, cariño, me habías preocupado —. La voz de la mujer fue la primera en escucharse al mismo tiempo que ella cerraba su mano en un puño y golpeaba el escudo de arcilla, comprobando, con asombro, la dureza del mismo, aunque, claro, esto no quería decir que ella fuera una ignorante en la existencia de las frutas del diablo, simplemente, siempre se fascinaba con la variedad de poderes que estas otorgaban y uno igual al del rubio no lo había visto antes. —Benditas sean estas frutas —expresó finalmente, luego de haber dejado que un suspiro de alivio escapara de sus labios.
—¿Cómo va a ser mi culpa, chiquillo grosero? ¡Respeta a tus mayores! Deberías estar agradeciendo que no te he disparado de nuevo, porque tu maldita cara es la copia exacta que la de tu odioso padre y no tienes idea las ganas de tengo de volarle los sesos…Golpear a alguien parecido seguro me sienta bien, chis —. Por otro lado, lejos del tono amable de la Madame, la voz de Barnaby se escuchaba tal cual como la del viejo marinero amargado que era. En sus manos ya no sostenía sus armas, estas pasaron a reposar en su cinturón; sin embargo, sus puños parecían listos para atacar en cualquier momento, aunque antes de que pudiera hacerlo, Monsieur Clair le puso una mano en el hombro al viejo conejo…una acción que llevó a que el anciano le diera un golpe en la cabeza.
—¿Y tu qué? ¡Me debes dinero! ¿Cuándo vas a pagarme, chis? —El conejo se giró para encarar al hombre que ahora se tocaba la cabeza, justo en el lugar del golpe, intentando aliviar el dolor. —Y tras eso tienes el descaro de venir hasta a mi a traer a la progenie de mi enemigo jurado.
—Pero antes no lo era —. Decidió intervenir Madame de Rosier mientras que de su bolsillo sacaba un cigarro. Necesitaba fumar algo después de todo. —Desconozco lo que pasó con él, Clair dijo que hace unos años lo encontraste y que dijiste que estaba mejor muerto que vivo, pero por tus palabras, puedo asumir que no murió aquella vez —. Al decir eso la mujer le dedicó una mirada fulminante a Monsieur Clair por traerle información incompleta.
—Chis…ese hombre es una plaga —. El conejo se cruzó de brazos, ahora parecía que no tenía ninguna intención de atacar, no nuevamente, de hecho, parecía más dispuesto a hablar, aunque su mirada no se centró en la mujer ni en el viejo que se quejaba aun del golpe en su cabeza, si no en el más joven del lugar. —Te diré algo chico, no lo quieres encontrar…Estas mejor lejos de gente como él, hazme caso —. Suspiró y empezó a caminar hacia la plataforma que conectaba el muelle con el barco. La noche había recuperado un poco de su calma.
—¿Quieres que te diga que sé de él? —A pesar de que ahora estaba de espaldas al chico y con intenciones claras de volver al barco, se detuvo antes para agregar algo más a sus palabras. —Lo vi por última vez hace cinco años, pero lo conocí cuando era joven. Mejoré sus habilidades en el comercio y lo adopté como a un hijo, pero cuando regresó…intentó aprovecharse de mis influencias, de mi dinero, del puerto. Mató a varios de mis tripulantes por unos cuantos berries que pudo haber obtenido de otra forma. Actuó más como un pirata desalmado que como el comerciante que creía que era, además, lo acompañaba gente que parecía importante…puedo recordarlos con claridad —. El conejo se encogió de hombros antes de decidirse a avanzar un poco hacia la rampa del barco, con lentitud, pues el dolor por su artritis aun lo resentía.
—Muchacho, no busques lo que está quieto —. Fue lo último que dijo antes de empezar a subir por la rampa, pero, cuando iba por la mitad, fue la Madame quien se dispuso a detenerlo.
—¿Y eso es todo? ¿Vas a dejar a un chico con más dudas que respuesta sobre su padre? ¡Vamos, no seas así! Seguro él puede darte algo a cambio que capte tu interés, eres un comerciante ¿no? ¡Negocia por esa información al menos! Pero no lo dejes así —. La voz de la mujer rompió la calma del puerto por unos segundos, pero en cuanto se calló, solo la brisa se atrevió a emitir algún sonido.
En cambio, Barnaby, se detuvo y luego de pesarlo por un par de segundos que se hicieron eternos, suspiró y se giró para ver de frente tanto a Madame De Rosier como a Tezca y a Clair.
—¿Y bien? Conozco bien el comercio de esta isla, llevo años aquí…así que tendrás que ofrecerme algo más que amenazas de golpes para que te de más información sobre ese hombre despreciable, empezando por, repito, tus intenciones con él ¿Qué pretendes al encontrar a esa escoria, chis? —El canal de comunicación estaba abierto, ahora quedaba en manos del rubio aceptar o no una propuesta tan simple y de paso, ofrecer algo más para obtener la información que deseaba, después de todo, nada era gratis en estos mares.
Relicario
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25-06-2026, 06:47 AM
Atributos Personaje
Tal vez hubiera preferido los golpes, sabía que las palabras del viejo conejo me ayudarían en la búsqueda pero acercarme cada vez más, escuchar como este anciano con artritis sabía mucho más que yo me generaba cierta incomodidad: La vida de un hombre que no he visto ni una sola vez. Sabía que debía darle tiempo a aquel mink para expresarse y así soltara información. —Con que es despiadado… Vaya cuestión. Debo encontrarlo con más rapidez si ese es el caso ¿Alguien quiere pensar en la pobre gente con la que se encuentre? ¿Me entiendes? — No pude evitar soltar una risa burlesca, cualquier pretexto era bueno e incluso más allá de excelente, aún así no podía evitar observar un punto en específico, la base del barco a la lejanía con el ceño fruncido. Algo no cuadraba. Comerciante, eso me hacía sentido, supongo que el talento no fue de mi madre pero de él… “Actuó más como un pirata desalmado…” ¿Los Cipher Pol eran tan malos? ¿No eran parte del gobierno y esa mierda? Justo como pensaba, no eran más que un montón de ratas doblecaras. La gente importante… ¿Otros Cipher pol? Bueno, este anciano tampoco parece una inocente criatura… y he visto a más de un marine ser brutal y desconsiderado. Fue hasta que la mujer habló que reaccioné, el conejo parecía irse pero madame tenía razón, esta situación solo generaba más incógnitas que respuestas, un precio justo, eso fue lo primero que mi cerebro registró y no fue mucho para que estuviera seguido de una pregunta que se mantenía incógnita. —Voy a matarlo. — Ni siquiera hubo una sonrisa en el rostro, como si la verdad hubiera sido arrancada de labios, mirando al hombre con una seriedad impasible, como quien te dice la hora. —Puedo traerte todo lo que el dinero pueda comprar y el deseo pueda imaginar… pero si no tienes idea ¿Qué te parece si te ofrezco una cálida y deliciosa cena? — Y como si fuera un interruptor, mi sonrisa volvió a ensancharse, ladeando ligeramente la cabeza como el vendedor que sabía que podía ser, acercándome un par de pasos al barco del conejo. —¿Es que no lo ves? Puedo traerte todo lo que el deseo pueda imaginar: La venganza. Déjame cargar con esa furia en tu interior… Déjame cobrar esa deuda por ti ¿No te gustaría descansar? — Extendí el brazo al conejo casi parecía que lo invitaba a bailar, esperando su respuesta.
Resumen
Karmas
Posicionamiento
Bélico
Gastos de energía, vitalidad y cooldown
Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2075
+
0
=
2075
Energia:
2322
+
15
=
2337
Espiritu:
709
+
0
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709
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