24-05-2026, 07:23 AM (Última modificación: 24-05-2026, 07:36 AM por Hyákinthos.)
Día 2 de primavera, año 15
7:15 a.m.
Sorbet Norte
—Tienes todo listo. Un uniforme, una identificación, credenciales. No hay nada que pueda salir mal. Irás a Baterilla ¿Puedes recordar algo tan simple como el nombre de esa isla? —Un hombre rubio le entregó a uno pelirrosa un maletín negro, en este guardó todos y cada uno de los objetos que mencionó. —Puedes revisar tu equipaje, pero todo debería estar ahí.
—¿Importa el nombre de la isla? Iré en un crucero de todos modos y se supone que hablaste con uno de los encargados de la base sobre mi presencia. No debería haber problemas ¿Cierto? Aunque —Hizo una pausa y miró a la cara a Rafael, el rubio que le antes le dio sus indicaciones, el asistente que Onizuka Jin le asignó para llevar a cabo de manera más eficiente cualquier tipo de venta de “mercancía” o, en palabras más crudas, órganos. —… ¿De verdad confías en él? Hay una base de la marina en esa isla, sé que es pequeña, pero si me descubren estaría en problemas ¿No lo crees? —Le gustaba trabajar con discreción y, hasta el sol de hoy, no tenía problemas con ninguna autoridad y mucho menos su nombre o rostro figuraban entre las infames listas de los más buscados…esperaba que las cosas siguieran así.
—No te preocupes, el viejo sabe que si te delata él también se hunde, además…yo estaré pronto en esa isla también. No como marine, pero si como un ejemplar ciudadano que irá a hacer negocios, estarás por tu cuenta solo por un tiempo ¡Je! Pero ya deberías estar acostumbrado a eso ¿No? —Ante la pregunta del rubio, el médico se encogió de hombros, restándole importancia a la soledad, a fin de cuentas, era cierto…estuvo trabajando solo, al menos durante 4 años desde que salió de Momoiro para terminar en la isla de Sorbet.
—Me las arreglaré…Supongo que podré ganarme la confianza de algún marine…Soy bueno en eso, ya sabes, disimulando ser un alma caritativa —. Se burló con palabras y, al final, dejó escapar una risa, todo mientras revisaba el maletín que su compañero de crímenes le había entregado, verificando que, efectivamente, tenía todo lo que necesitaba, incluso una placa con su nombre…Nunca creyó que entrar a la marina sería tan fácil.
Sonrió, estaba listo para abordar el crucero que lo llevaría a su nuevo destino.
Día 4 de primavera, año 15
8:00 a.m.
Baterilla
Dos días en alta mar.
Cualquier persona común y corriente se habría aburrido, cansado o mareado; sin embargo, para alguien que pasó 7 años de su vida viajando en un barco pirata, desde sus 15 a sus 22 años y que, luego de separarse de ellos o, mejor dicho, entregarlos, se la pasó moviéndose de isla en isla cada cierta cantidad de tiempo, atravesando incluso por un naufragio; un viaje de dos días era la nada misma, además, estaba en un crucero, solo podía disfrutar de la comida, la bebida, las zonas recreativas, la música y la lujosa cama de su habitación…de hecho, ahora que habían anunciado que estaban prontos a tocar puerto, sintió como que le hubieran dado un puñetazo de lleno en el estómago: Se acababa la diversión.
Bufó molesto y fue a su cuarto para prepararse para su gran acto. Se bañó y luego se vistió con las ropas de marine que le habían entregado antes…era extraño, nunca había tenido la necesidad de colarse en una base de la marina para hacer negocios, pero…si Rafael confiaba en aquel marine corrupto, a Hyak no le quedaba más que hacer lo mismo.
Se miró al espejo y suspiró… ¿No podían buscarle un uniforme que denotara un mayor rango? Un capitán, tal vez…ni siquiera se quejaría si le daban un puesto como vicecapitán, pero… ¿Un soldado raso? ¿En serio? Menos mal que tenía su identificación de médico, así no lo pondrían a fregar el suelo de la base o algo peor…De solo pensarlo le daba escalofríos.
Recogió sus cosas, revisó que nada se le quedara y, por fin, cuando salió de su habitación en el crucero, habían tocado puerto…La mentira comenzaba.
El desembarque fue ordenado, demasiado; sin embargo, notó algo distinto en las personas que lo atendieron, ahora lucían más serios, incluso parecían tener cierto miedo de hablarle mal, como si eso significara que podría meterlos tras las rejas ¡Oh, cierto! Sí que podía ahora con esa nueva identidad. Sonrío…eso de tener un poquito de poder en sus manos le agradaba demasiado, pero no era el momento para que ese mínimo poder se le subiera a la cabeza, a fin de cuentas, aún quedaba lo más importante: Llegar a la base de la marina.
¿Qué nadie se dignaba a ir a recogerlo?
Bufó molesto por el pésimo servicio de parte de sus futuros compañeros y, para calmarse y pasar el mal rato, prefirió sacar de su bolsillo un pequeño frasquito con perfume de menta, uno que aspiró hasta que pudo dar con un ciudadano que le pareció lo suficientemente despierto y atento como para atreverse a solicitar que lo guiara hasta la base…No, no pidió dirección, pidió una guía directa, a fin de cuentas, se perdería por las calles de la nueva isla que sería su hogar por un tiempo, si no pedía ayuda. Sorprendentemente, el hombre lo guío sin rechistar.
Algo aprendió en sus primeros minutos en la isla: Baterilla era una isla pequeña y más campestre que el Reino de Sorbet. La gente le daba esa vibra amigable que solían tener los campesinos… ¿Le molestaba? Un poco, no porque le disgustara el campo, si no porque en pueblos pequeños, el tipo de negocio que él llevaba a cabo era más complicado. Se mordió el labio inferior de solo pensar en las complicaciones…luego le reclamaría a Rafael ese detalle, pero ahora…
—Hemos llegado, oficial…
¿Se señaló a sí mismo cuando escuchó la voz de su improvisado guía? Y luego bajó su mirada solo para encontrarse con ese uniforme blanco y azul de la marina. Por un minuto había olvidado su papel.
—¡Ah sí! Muchas gracias, espero no haber sido muy molesto a estas horas de la mañana —. Habló con un tono amigable, tanto que era imposible que alguien pudiera sospechar sus verdaderas intenciones.
El sujeto que lo guio sonrió e hizo un gesto con su mano solo para decirle que se despreocupara. —No hay de que… ¿Es usted médico, cierto? —Señaló el estetoscopio que sobresalía levemente de su maleta entreabierta. —Es bueno tener otro médico en la isla, hay unos pocos, pero están viejos y son amargados, tener a alguien más joven dará un aire fresco, sobre todo si es un oficial de la marina.
El pelirrosa asintió, sin dejar de sonreír con esa misma ingenuidad que había mostrado desde que bajó del barco. No le negaría al hombre su papel, mucho menos cuando era justo lo que había venido a interpretar, además, el tipo parecía complacido, tanto que incluso le dio unas amistosas palmadas en su hombro antes de irse...Si tan solo supiera que tipo de médico era no estaría tan alegre.
Hyak suspiró al verlo alejarse, por fin estaba solo…ahora solo debía entrar a la base.
Tal como le dijo Rafael, el sitio no era muy grande, aun así, cuando entró, no tuvo la más mínima idea de hacia donde dirigirse. Vio un par de marines rasos pasando de un lado para otro, lo saludaron y él también los saludó con el respeto que se supone debía brindarles de ahora en adelante; sin embargo, el caos de la mañana, con algunos marines limpiando los suelos y otros yendo de aquí para allá para cumplir sus funciones del día, ya sea en la oficina o en le pueblo, le dificultó entablar conversación con cualquiera de ellos.
Pensó, por un momento, quedarse en la recepción y esperar a que todo se calmara; sin embargo, aunque era paciente, no estaba dispuesto a esperar más tiempo, así que se metió en los pasillos y empezó a mover las cerraduras de las puertas hasta que alguna cediera…ninguna de las tres primeras lo hizo, pero la cuarta…
—¿Hola? —El chirrido de la puerta se escuchó en la pequeña oficina. El médico miró hacia adentro con un gesto que podía parecer de timidez, aunque solo estudiaba el sitio y la posibilidad de poder hablar con alguien y ¡Bingo! Por fin podría hacerlo.
—¡Oh! ¡Buen día! —Saludó con voz más animada mientras que se paraba firme y saludaba llevando una mano a su frente. —Oficial Hyákinthos a sus órdenes. Soy el nuevo médico de la base, me han transferido esta semana. Vengo del Reino de Sorbet —dijo con un tono bastante respetuoso y casual, además de delicado, aunque ahora su postura era mucho más relajada que antes. —Lamento haber interrumpido de manera tan abrupta, pero me preguntaba si alguien podía guiarme en esta base…Llevo menos de una hora en la isla y mucho menos tiempo en esta base, pero fuera de esta oficina todos parecían muy ocupados como para atenderme.
Sin esperar invitación avanzó hasta quedar frente al escritorio que ocupaba un chico pelirrojo cuyo rasgo más distintivo era un parche que cubría uno de sus ojos…Se preguntó que le habría pasado ¿Una herida de batalla o algo más? Supuso que lo descubriría con el tiempo…claro, dependiendo de cuantos meses tuviera que pasar en esa isla.
—Considerando que seremos compañeros de ahora en adelante ¿Crees que podrías ayudarme? —Dejó caer su maleta a un lado, por fin deshaciéndose del peso de esta y relajando aún más su postura, permitiendo que su delicado rostro, casi andrógino tomara una expresión amistosa, aunque, desde arriba, sus ojos dorados miraran con curiosidad analítica al otro hombre, creando un contraste bastante interesante entre alguien que intentaba ser amable, pero que era dominado por la timidez de ser un recién llegado que no podía confiar en otros de buenas a primeras.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
Karmas
-Vicio: Olor a menta
-Tic: Morderse el interior de la boca
-Sin orientación
-Belleza
Se encontraba con los ojos cerrados apoyados sobre el escritorio principal de la enfermería de aquel pequeño puesto de la marina… ¿Qué hacía ahí? Pues, realmente, siempre se había interesado por la medicina, pero no tenía muchos conocimientos como tal, solo sabía hacer curas sencillas y tomar la tensión. Por lo que si hubiera un problema real probablemente no podría hacer más que correr desesperado en círculos rezando que un verdadero médico apareciera en la sala.
Pero la puerta se abrió y con toda la pereza del mundo se incorporó y abrió los ojos, esperando no encontrarse con un problema de gravedad, pero lo que se encontró fue a alguien que no había visto en su vida, se trataba de alguien de cabello rosa y largo y que al parecer sí que era un doctor de verdad, algo necesario a decir verdad, por que aunque el tuviera mucho interés en la medicina no era doctor.
Mirándolo de forma más objetiva lo cierto es que si que parecía un doctor de verdad, además, no llevaba parche lo que le convertía en alguien objetivamente mucho más fiable que un muchacho con parche que estaba más cerca de parecer un pirata que un marine, y tal vez por su forma de pensar también lo parecía más. Pero del dicho al hecho hay un trecho.
– Oh bueno, no se preocupe. – Respondió cuando el contrario se disculpó por su abrupta aparición. – Lo cierto es que estaba a punto de quedarme sopa. – Dijo sin estar seguro de si esa expresión la entendería. Igualmente consideraba que no hacía falta ser un lince para entender la expresión, aunque a lo mejor era lo suficientemente rara.
No le extrañaba que la gente de la base fuese lo suficientemente desagradable como para no guiar a alguien nuevo, estaban demasiado ocupados midiéndose la polla como para encargarse de ayudar a alguien recién llegado. Que asco le daba toda esa gente, por suerte las pocas personas con las que tenia mas contacto en la marina resultaban ser buenas personas y normales (dentro de lo que cabe), pero lo más importante, no eran presuntuosos, como (a su juicio) el noventa por ciento de los marines.
– Te haré de guía por la base. – Dijo mientras se ponía de pie y se estiraba un poco. – Pasaremos por la cafetería, me vendrá bien tomar algo frío. – Esbozo una sonrisa.
Rodeó la mesa y pasó por al lado del chico de cabello rosado, para después darle una palmada en el hombro sin borrar la sonrisa de sus labios.
– ¿Vamos? – Le hizo un gesto con la cabeza.
Jesse por lo general solía ser amable con los desconocidos a no ser que le hicieran algo de primeras, incluso, sin saberlo, muchas veces, había entablado amistad con piratas.
Ahora podía relajarse y, con ello, pudo darse el lujo de contemplar el interior de aquella “oficina” y no, no era la típica oficina con un escritorio, anaqueles y una pila incontable de papeles, pues, ahora que se fijaba bien, había llegado nada más y nada menos que a la enfermería.
La luz blanca, las camillas dispuestas en una esquina, el escritorio pulcro y con algunas esculturas en miniatura que buscaban simular algunas partes de la anatomía humana que él conocía muy bien al haberlas sostenido en sus propias manos en más de una ocasión, como el corazón, por ejemplo, además…como cereza sobre el pastel y, lo que más llamó la atención del pelirrosa, fueron aquellas estanterías en las que textos de distintas ramas de la medicina estaban perfectamente ordenados. Su corazón dio un vuelco…algo bueno tenía este trabajo que creyó sería un completo infierno.
Claro que, esto no quería decir que no estuviera escuchando las palabras del pelirrojo; sin embargo, por un par de segundos, su atención se vio desviada hacia la pila de conocimiento que podría obtener en ese lugar, después de todo… ¿Cuántas libros habría a los que solo el gobierno o la marina tenían acceso?
—¿Um? —Giró su cabeza levemente cuando escuchó algo sobre una sopa ¿Qué quería decir el otro hombre con eso? ¿Era algún término de la marina con el que no estaba familiarizado? Rafael no le había hablado de eso. Sacudió la cabeza y prefirió no decir nada, se limitó a sonreír y a que sus ojos observaran, nuevamente, a su nuevo compañero que… ¿Se había presentado? No…estaba seguro de que no.
—Ah…sí…Un guía me vendría bien. Ni siquiera sé en donde será mi habitación…Creí que el capitán de la base estaría informado —. El pelirrosa se encogió de hombros. Se dio cuenta, tarde, de que estaba empezando a hablar mucho y con un tono que no correspondía al de un marine novato hablando con alguien que quizá era su “superior” … ¿Cómo saberlo? El pelirrojo no le había dicho su rango aún. —¡Ah! Disculpe, oficial…es cierto que soy médico…pero soy nuevo en la marina. Hay muchos protocolos que aun desconozco. Tengo una memoria un poco mala para eso y el entrenamiento fue hace…meses, de todos modos, fue más enfocado en primeros auxilios que en formalidades militares —. Mintió, algo que se le daba bastante bien.
—Y antes de que se me olvide… ¿Cómo debería tratarlo a usted? —Decidió ser lo más formal posible con el marine, simplemente para no levantar sospechas, aunque…ahora que lo notaba… ¿No lucía demasiado relajado para ser uno de los perros del gobierno? Eso no estaba en sus cartas. La mayoría de los marines con los que habían tratado en el pasado eran unos egocéntricos, presumidos o muy correctos como para dejarse llevar por cualquier cosa y, las pocas excepciones…bueno…terminaban siendo más criminales que él mismo.
—¿No hay problema que vaya a la cafetería si no me he reportado? Oficial...¿Eh?...Creo que no me ha dicho su nombre ni rango...Jmmm...¿Cómo debo llamarlo? ¿Doctor? ¿Enfermero? —Asumió su oficio solo por el lugar en donde lo encontró, mientras que, de nuevo desbordaba formalidad, aunque el hombre frente a él fuera mucho más joven o, al menos, eso intuía el pelirrosa; sin embargo, a pesar de sus palabras, el médico ya había tomado su maleta para seguir al otro hombre hacia la cafetería o, realmente… ¿No podía él mismo cambiar ese rumbo?
—Creo que no soy quien, para dar órdenes, pero ¿Puedo hacer una sugerencia? Creo que preferiría pasar primero por los dormitorios. Mi maleta está pesada para cargarla a todos lados, además…debo reportar mi llegada a…a un antiguo compañero —. Al final su voz se quebró, como si extrañara a alguien, una mera estrategia para ganar algo de empatía, aunque si era cierto que debía hacer una llamada. —Luego de eso no me molestará ir a la cafetería o a cualquier otro sitio que desee llevarme…Supongo que habrá mucho que recorrer en la base —. El médico se había detenido en la mitad del pasillo, esperando que el otro hombre pudiera aceptar su sugerencia.
—Aunque si es mucho pedir, tampoco será problema ir hacia la cafetería de inmediato —. Nuevamente, así como cuando se presentó, su andrógino rostro fue adornado por una sonrisa que rezaba: “sería incapaz de matar a una mosca”…Cuanto engañan las apariencias.
Era cierto, realmente no se había presentado ni había dicho su rango… Lo cual era algo que un marine no podía permitirse, al menos ante otros compañeros, la formalidad era algo muy arraigado en ese tipo de instituciones, y claro, Jesse en ocasiones no encajaba en el molde. Era alguien de una moral flexible, tenía ideas quizás contrarias a lo que era la marina. Y no lo ocultaba, a no ser que eso pudiera llegar a darle algún tipo de problema. Él mismo sabía que dependiendo de la situación debía actuar de una manera u otra.
Estaban avanzando cuando escucho las palabras del hombre de cabello rosado y largo, lo cual le hizo mirarle, la expresión de Jesse desde luego estaba muy lejos de ser la de alguien que fuese muy estricto con las normas.
– A mi puedes referirte como Jesse o Jess. Lo que te guste más. – Soltó una pequeña carcajada. – Oh, solo soy un soldado raso, no soy doctor ni enfermero, es cierto que me llama la atención la medicina, pero no tengo los estudios como para dedicarme a ello. Además, siempre me ha gustado mas estar en el campo de batalla. Aunque creo que no vendría mal conocer más de medicina. En especial para poder ayudar a los compañeros. – Claramente, no tenía nada contra sus compañeros, a pesar de que algunos si le lamían el culo a los generales.
Ante lo de ir a la cafetería sin haberse reportado Jesse negó con la cabeza, después de todo ya había accedido al edificio.
– No debería haber ningún problema. – Movió la cabeza de lado a lado, pensativo. – Pero… ¿Tenías intención o acordado de verte con alguien? – Cuestiono curioso.
Cierto era que a muchos cargos importante de la marina solo los había oído nombrar, pero dudaba de si alguna vez les había visto la cara, y de esa forma estaba claro que no podía ser muy util, pero eso no quería decir que la persona a la que estaba haciendo compañía en ese momento no supiera quién eran.
– ¿A quién buscas? – Preguntó, claramente se ofreció a ayudarle.
Ya que habían llegado hasta allí lo menos que podía hacer era echarle un cable.
—Jesse…Jess —. El nombre se deslizó en su lengua con calma, pronunciando de manera marcada cada sílaba, por más que este solo tuviera un par, así se aseguraría de tener el nombre en su mente durante lo que restara de la conversación o, mejor aún, del día, aunque, por supuesto, tal vez cuando se fuera a dormir y amaneciera de nuevo, las letras se habrían mezclado en su cabeza y a la mañana siguiente apenas y pudiera recordar con que letra empezaba el nombre del pelirrojo…mejor dicho…¿Si quiera recordaría que era pelirrojo? Observó al hombre, analizándolo bien, buscando una característica que lo hiciera reconocible y al final, lo más fácil fue el parche negro que cubría su ojo. —¿Qué pasó con su ojo? —Terminó por preguntar en lo que creyó que era su mente, pero que terminó siendo su voz, alta, grave, una que llegó a sus oídos y lo hizo sacudir la cabeza de lado a lado, por su impertinencia repentina.
—¡Ah! Perdón por eso, a veces suelo pensar en voz alta, no es una pregunta que tenga que responder ¿En qué estábamos? ¡Ah sí! No, es decir, sí…si tengo intención de verme con alguien, pero… —Mordió su labio con fuerza, no tanto para hacerse sangrar, pero si la suficiente para que la zona quedara bastante roja, todo con el fin de concentrarse. —… ¡Ah! No puedo recordar su nombre ¡Lo siento! Tengo una pésima memoria, creo que ya lo mencioné…debo tenerlo anotado en mi libreta de apuntes, pero esta en la maleta, bien guardada, creo que... —Suspiró y volvió a tomar aire para calmarse y ordenar sus ideas. —¿Sabe qué? Olvídelo, creo que tiene razón, podemos obviar eso por ahora, es mejor que me instale antes de ver a alguien que podría encontrar después —. Esta vez no había ninguna mentira en sus palabras, porque sí, debía encontrarse con el marine corrupto que lo ayudaría, pero también era cierto que antes prefería descansar.
—Por cierto… ¿Qué decía con respecto a la medicina? —El médico tomó su maleta, tirándola sobre su hombro fácilmente para continuar con el camino que el pelirrojo le indicara. —¿Cómo es que sin ser médico o enfermero estaba en ese oficina? ¿Nadie ocupaba el puesto antes que yo? Por favor, dígame que no seré el único encargado en toda la base…Sé que es pequeña, pero…será un gran trabajo —. Ni siquiera se había molestado en preguntarle a Rafael cuales serían sus condiciones reales de trabajo, tampoco cuestionó demasiado sobre sus compañeros o si tendría ayudantes. Ahora pensaba que debía hacerlo. —Aunque, en verdad ¿Le gustaría aprender algo de medicina? Aunque sea poco y… ¿Puedo tratarlo de “tu”? Algo me dice que es usted menor que yo y tanta formalidad es incómodo —. De nuevo, no sabía las reglas de la marina, pero intentaría pasar desapercibido lo más posible.
—La verdad es que el campo de batalla no se me da muy bien, aunque se alguna que otra cosa para defenderme, así que… ¿Por qué no hacemos un trato? —Notó más movimiento en los pasillos, cada vez más marines se paseaban por el lugar, algunos incluso se detenían al darse cuenta de que un tipo nuevo con uniforme de soldado raso se paseaba por los pasillos, aunque… ¿Cómo culparlos? Lo único que esa curiosidad provocaba en el médico era un subidón de ego, pues se sabía lo bastante guapo para atraer miradas, de hecho, eso hizo que sonriera mientras miraba al pelirrojo a quien estaba a punto de comprometerlo con un posible entrenamiento. —¿Me ayudarías a entrenar? Además de mostrarme como funcionan las cosas en esta base, en cambio, yo podría enseñarte un poco de medicina, lo básico…lo suficiente para que llegues a aplicar primeros auxilios en una emergencia en donde no tengas un médico cerca… ¿Qué dices?
Vapor.
Habían caminado lo suficiente para sentir el aire sofocante que se sentía cada vez que alguien se acercaba a un comedor. El ambiente olía a café y a otras cosas que el médico no podía identificar debido a su terrible olfato, pero que de haber podido aspirar, seguramente le habrían abierto el apetito.
—Además, tal vez me venga bien que me muestres los sitios más solitarios de esta base —. Necesitaba conocerlos, a fin de cuentas, serían los lugares en los que podría hablar con Rafael, su socio, en caso de ser necesario y urgente. —Ya sabes, para descansar cuando no quieres ver a nadie cerca de ti, fumar un poco —. Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto, porque lo cierto es que ni siquiera era un fumador asiduo. —O solo para estar en silencio…nada fuera de lo normal.
Aunque lo cierto es que la verdadera profesión del médico era todo lo que estaba fuera de lo normal…y de lo moral.