[Pasado] After So Long | [Priv. Tezca]
#1
54 Otoño
Año 17
Zarpando en Jagd Hund

Desde el último intento había pasado mucho tiempo sin comunicación con aquel que había intentado hablar. ¿Dónde había ido a parar? ¿Por qué tardaba tanto en comunicarse con él? Normalmente no solía tardar tanto tiempo. La preocupación ascendió como la espuma. Normalmente confiaba en él, en su fuerza y sus habilidades, pero estar desaparecido tanto tiempo... Era extraño. Se encontraba solo, en su camarote. El cigarrillo entre sus labios, la mirada fija en el objeto en forma de caracol frente a él encima del escritorio, con los brazos cruzados nerviosamente. No quería parecer desesperado, no era característico que hubiera tenido que llamarle dos veces sin respuesta. ¿Quizás debería hacer que sus hombres lo rastrearan? ¿Tal vez le habría pasado algo? Cerró los ojos, con molestia, no, tenía que controlarse, confiar un poco más en él... 

El calor de Arabasta todavía se le hacía presente, pese a encontrarse dentro de un barco, de camino hacia Jaya. Abrió sus ojos, volviendo la mirada hacia el Den-Den Mushi, su dedo índice toqueteando impacientemente un lado de su brazo, manteniendo sus brazos cruzados. ¿Debía intentarlo de nuevo? Su dedo cesó por un momento, volteando la mirada hacia la pequeña ventanilla que tenía el camarote, donde solo podía ver el mar rodeándolos. Extrañaba su voz, su cercanía, todo lo que proviniera de él. Cerró los ojos, elevando su cabeza en un suspiro largo y prolongado. El sonido del mar se estaba empezando a volverse algo normal después de esos días zarpando, volviendo la mirada hacia el Den-Den Mushi que tenía frente a él. Volvió a dar toques en su antebrazo con su dedo, ahora con impaciencia.

—Una vez. Solo una vez más.

Apenas murmuró esas palabras como excusa, dándose el capricho de que no era insistencia, sino solo preocupación. Si después de esa vez no respondía, podía usar a sus hombres de los Blues para saber qué pasaba con él, que lo buscaran. Había evitado espiarlo, mandar a gente a vigilarlo por mucho tiempo por la confianza que le brindaba al hombre. No quería traicionar su confianza, no quería que el otro sintiera que lo atosigaba. Después de aquel evento con Raigo había resultado de lo más complicado poder ponerse serio con el tema. 

Descruzó los brazos, retirando, al fin, el cigarrillo de entre sus labios, descendiéndolo hasta el cenicero que había justo al lado del caracol, expulsando el humo de sus pulmones, con los dedos de su otra mano acariciando el caracol en toques suaves, lentos. No había nadie cerca, no había traído a ningún acompañante sexual, al menos no por esa vez. Se limitó a mantener la calma, cerrando los ojos, ahora retirando la parte del comunicador de encima del caracol, acercándolo a su propio oído.
—Por favor... responde esta vez.

No supo si lo dijo para convencerse a sí mismo, o para aliviar la preocupación. Ahora la mano que hasta entonces había estado con el cigarrillo estaba sobre la mesa, dando leves toques suaves, uno tras otro, con el repiqueteo constante de la impaciencia. Como volviera a saltar el contestador, no iba a dudar en hacer que lo encontrasen. Pero esta vez, a diferencia de las otras, sí parecía haber un tono, no la voz característica que comunicaba esos últimos días el “La persona a la que intenta contactar, no se encuentra disponible en este momento. Por favor, inténtelo más tarde.” Apretó el puño, cesando el repiqueteo de su dedo, ahora sintiendo el corazón acelerado. Al menos parecía que ahora el Den-Den Mushi estaba funcionando adecuadamente. La pregunta ahora era... ¿estaría disponible para responderle?
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#2
El ambiente de Légance era digno de mi: Elegante, civilizado.
 
Había pasado apenas un par de días que habíamos llegado a la ciudad, pero ya comenzaba a sentirme cómodo. Cafeterías, visitar la iglesia y su adorable estructura. Hoy era un día más, pensé en conseguir un trabajo por la zona pues desconocía cuanto tiempo nos quedaríamos en la isla, sin embargo, todavía no lo hablaba con la tripulación y hoy, al ser tan tarde, tampoco sería viable hacerlo, probablemente habían salido a explorar.
 
Me levanté de la cómoda cama, estirándome con pereza antes de acercarme al baño y darme un baño, usando los aditamentos del hostal pues no había encontrado los que usaba de regreso en casa. Casa: No podía evitar pensar en el trabajo que había dejado para embarcarme en esta aventura. Todos los recuerdos que se habían quedado en esos lugares.  Jin.
 
Jin.
 
Mierda… Había planeado en llamarle. Lo olvidé por completo.
 
 Bueno, sería en otro momento… ¿Verdad? Justo ahora estaba tomando un baño y el hombre podría estar ocupado, no me gustaría interrumpirlo. Tampoco estaba seguro en que decirle, habían pasado cosas, pero muy pocas eran buenas noticias y no pretendía preocuparle, no cuando ni siquiera sabía dónde estaba.
 
Que molesta era la distancia.
 
De fondo comencé a escuchar algo característico: El Den Den Mushi sonaba desde mi habitación por lo que salí del baño, sin secarme, a tomar aquel pequeño caracol para responder a la llamada ¿Habría pasado algo con mis compañeros? Tal vez Ryota necesitaba dinero o Yuuki había encontrado algo entretenido. Desde que comuniqué que partiría de los blues pocos clientes me llamaban, no tenían razón para hacerlo —¿Qué pasa, Ryota? Estoy tomando un baño ¿me entiendes? Si es dinero, no tengo, revisa el cofre o algo. — Comenté, sentándome en la silla más cercana a la cama que pude encontrar, sin importar que estaba desnudo, solo escucharía lo que el capitán tuviera que decir antes de regresar a mi descanso.
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#3
Uno. Dos. Tres. Cuatro... Los timbres volvían a alargarse de una forma que lo comenzaba a preocupar seriamente. ¿Habría pasado algo con Tezca? Los dedos se volvían inquietos, con el índice sobre la mesa, ahora con repiqueteos más inconsistentes, aleatorios, nerviosos, hasta que el timbre se silenció, siendo sustituido por lo que tanto tiempo había intentado contacar, la voz que tanto había querido escuchar después de tanto tiempo. Abrió los labios, preparado para nombrar el nombre del que tanto extrañaba... Pero se adelantó. No solo era eso... era peor. ¿Quién diantres era Ryota? ¿Quién diablos era RYOTA? Sus labios se cerraron, ahora mostrando una mueca de disgusto que agradeció que Tezca no pudiera ver en ese momento. El dedo cesó, cerrándose en un puño.

¿QUIÉN MIERDA ERA RYOTA?

Cerró los ojos, había pasado demasiado tiempo, la distancia lo había matado, y para colmo la falta de comunicación por parte del rubio lo había tenido prácticamente desesperado. Frotó sus ojos, con cansancio. Esas noches de insomnio comenzaban a darle huella, tenía que calmarse, pero hubo un silencio demasiado largo, quizás más de lo que pudiera esperar.

—¿Así es como me saludas después de tanto tiempo, Tezca?

Su voz sonó algo más molesta de lo esperado, dejando salir el aire de sus pulmones. Sintió la urgencia de volver a encender otro cigarrillo para calmarse, quería preguntar, pero por otro lado temía preguntar y que hubiera una respuesta insatisfecha por su parte. Tenía que calmarse, relajarse. Cerró los ojos, elevando la cabeza de nuevo, con el auricular en su zurda. —Te he llamado varias veces, y nunca has contestado. ¿Es porque estabas con ese Ryota? ¿Hm? — La molestia se notaba en su tono de voz. Irónicamente, el nombre lo había escuchado antes, aunque no fuera en las mismas condiciones, pero claro, podría haber más de uno. —Parece que confías mucho en él como para dejarle ver tu cofre y que agarre tu dinero.

Su mano ahora se cerró en un puño, apretándose con firmeza. Incluso cuando su voz sonaba calmada desde el otro lado del interfono, las venas de su cuello se estaban marcando con ira contenida. Inspiró largamente el aire de los pulmones. —¿Acaso me has... olvidado ya? — Tantas veces que lo intentó llamar en los días previos, tantas veces... Tantas en las que solo saltó el contestador como si no hubiera nadie en ese lugar. ¿Quizás solo quiso olvidarlo? ¿Ya se había cansado de él? ¿O quizás la distancia había hecho su trabajo de forma negativa y ya prefería otra persona? Tragó saliva, nervioso, impaciente. Después de todo lo que habían pasado juntos, después de todo lo que lo había extrañado, y todo parecía desmoronarse... Incluso si en parte ese viaje lo había realizado para hacerse más fuerte, ser capaz de protegerlo a él. Se sintió frustrado, desesperado internamente, pero todo lo que pudo salir de sus labios, con su rostro herido, con la voz neutral fue algo que deseó preguntarle desde que perdió contacto con él.

—¿Estás bien...?

Si se cansaba de él, al menos deseaba que estuviera bien. —Espero que no te estés pasando con el alcohol como sueles hacer, Tezca... — Descendió la cabeza, ahora con los ojos fijos en el caracol frente a él. —Y más te vale estar cuidándote. — Quiso decirle muchas cosas, lo mucho que lo había extrañado, lo mucho que había estado pensando en él, lo mucho que se había preocupado por él cuando había desaparecido. ¿Siquiera había pensado en él en todo el tiempo que había pasado en esa distancia? Por su parte, había pasado demasiado tiempo pensando en el rubio, cada maldito día.
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#4
Silencio del otro lado de la línea, no había más que silencio hasta que la voz se hizo presente, abriendo los ojos en par al escuchar aquel tono familiar: Ese no era el capitán. Mierda ¿Lo había invocado al pensar en el? ¿Es que acaso me había visto o alguno de sus hombres me había identificado en la isla? No, dijo que ya no haría eso y confiaba en él. Aunque por otro lado… No pude evitar relajar los músculos al escuchar su voz pero eso fue antes que sus agudas palabras continuaran, llegando hasta mis oídos.

No se escuchaba contento de llamar, al menos su tono de voz podía delatar aquello pero sus palabras solo hicieron que mordiera mi labio para evitar soltar una pequeña risa, carajo ¿Estaba celoso? ¿Y de Ryota? El mejor chiste de la semana. Intenté formular un par de palabras pero solo salieron dos risas divertidas mientras por apoyaba contra el respaldo de la silla con una sonrisa en el rostro. — No lo puedo creer: El gran Jin Onizuka me llama y me hace una escena de celos, oye, leí el periódico antes de salir: No puedo creer que tengas un precio sobre tu cabeza ¿No te estás cuidando bien?  Y antes que vayas a matar a alguien; Ryota es mi capitán de tripulación así que cálmate ¿Me entiendes? señor celos de mierda.— Y no pude evitar termina esa oración con otra risa burlona.

Me levanté de la silla, caminando con el den den mushi de regreso al baño, yendo a cerrar la llave y tomando la toalla mientras le escuchaba, al escuchar su pregunta solo pude desviar la mirada en nerviosismo honesto, soltando un chasquido con la lengua antes de volver a hablar. —Claro que no, oye ¿De dónde sacas eso? Por el mar, sabes mejor que eso.— Fruncí el ceño ciertamente molesto, saliendo una vez más del baño mientras iba a la cama para tirarme en está con la toalla en la cintura. 


—Estoy bien. Estoy en… un buen lugar; si no respondí antes es porque he estado viajando bastante .— Suspiré, manteniendo los detalles bastante vagos. — Así que deja de preocuparte por mi ¿Donde estás? Demasiado preocupado por mi pero yo tampoco sé nada de ti ¡Lo último que supe fue el precio de tu cabeza! Y no es algo que me dijeras ¿Me entiendes?… Te extraño, idiota.— ¿Eso parecería un berrinche? Tal vez el tono era un tanto inconforme, intentando aferrarme a lo molesto que debería de estar porque se haya ido antes.
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#5
¿Escena de celos? ¿Se notaba celoso? Elevó su mano a un lado de su rostro, con los dedos índice y pulgar apoyando su rostro en aire pensativo. —No es una escena de... — Prefirió interrumpirse, no podía negar que parecía ser justo lo que estaba diciendo. Apoyó su espalda en la silla, con el oído atento a la voz que tanto había extrañado. Habían sido tantos intentos que al menos escucharlo de vuelta y con el mismo humor de siempre lo relajó. La explicación de su capitán también tuvo sentido. Descendió su mano, apoyándolo en la silla, cruzando sus piernas y ahora, sin pensarlo, dibujó una media sonrisa, tan imperceptible que solo se podía apreciar por el leve sonrojo en sus mejillas.

—Pasaron algunas cosas... No fue fácil salir de los Blues sin que se dieran cuenta.

Todavía recordaba el gigante, la locura en la que se vio envuelto por completo durante el viaje, la reciente separación que tuvo con Cherry y su tripulación a la que ni siquiera recordaba sus caras. —Pero no tienes nada que reprocharme. Después tú también conseguiste precio por tu cabeza, casi a la par que la mía. ¿O crees que no me daría cuenta? — Recordaba haber visto el Wanted en Arabasta, la preocupación que aquello le dio, pero no había hecho mención al tema hasta entonces, del mismo modo que lo hizo ahora el rubio desde el otro lado del caracol. —¿Qué hiciste para que los Marines quieran tu cabeza? — No pudo evitarlo, tanto lo había extrañado que todo el pensamiento inicial se fue calmando, aunque la inseguridad seguía persistiendo un poco más.

—¿Capitán? Oh, la tripulación que dijiste... Nunca me dijiste los nombres de nadie. — Sus palabras tenían sentido. —Algún día espero que me los presentes. Más les vale que estén cuidando de ti lo mejor posible... Pero conociendo a mi querido “Gran” Tezca, seguro los sabes cuidar tú mejor que ellos a ti. — De nuevo, la sonrisa asomó, divertida, agradecido por la existencia del caracol para, incluso en la distancia, poder mantenerse en contacto. No era lo mismo que sentirlo en sus brazos, o respirar su aliento, ni mucho menos pero... Era mejor eso que nada. —¿Estás comiendo bien? ¿Te trata bien tu tripulación?

Podía escuchar agua desde el otro lado, su afilado oído no perdía detalle de lo que pudiera escuchar desde el otro lado. Por cómo se oía, probablemente era un grifo. —¿Te pillé en mal momento? ¿O has ido por un vasito de agua? — Hizo una pausa, algo más prolongada, ante la pregunta. ¿De dónde lo había sacado? Pues la respuesta era obvia, una que decidió no guardarse, dada la confianza que le tenía al rubio. —Te intenté llamar muchas veces Tezca, no me respondiste a ni una sola. O no respondías, o solo me saltaba el contestador, y sobre todo las últimas semanas, solo saltó el contestador. Pensé que habías cambiado a otro Den-Den Mushi y... — “Te habías cansado de esperarme”. Eso último solo lo pensó, mordiendo su labio inferior para contenerse. —Estuve preocupado. De verdad estuve muy preocupado por ti, Tezca...

Verlo en el Wanted, después de eso no tener ni una sola noticia de él en semanas... muchas, demasiadas, y la falta de comunicación repentina e inexplicable, como si se hubiera desvanecido en el aire. Mentiría si no hubiera admitido que estuvo preocupado. No solía llamar tantas veces a nadie, solo al rubio. Lo peor era que el “solo he viajado bastante” no era suficiente para él, ni siquiera una pequeña y corta llamada antes de dormir, con solo eso, o escucharlo dormir, iba a ser suficiente para él. Sin embargo lo había intentado él en vano, en varias ocasiones. No tenía ni idea del terror que le provocó imaginar un final desastroso. Si fuera necesario volver a usar a sus contactos, lo habría hecho.

Sus afilados ojos ahora voltearon en dirección a la pequeña ventanita que daba al mar, levantándose, al fin, de la silla. No planeaba salir de allí dentro, fuera había demasiada gente y no le interesaba que nadie supiera el romance que tenía al otro lado de su Den-Den Mushi. —Cierto, tengo tantas cosas que actualizarte... ¿Recuerdas que te dije que planeaba ver si conseguía contactos muy importantes? — Al menos, pese a que aún le quedaba tiempo, esa era una noticia. —Estoy en el mismísimo barco de Sohem Burndead. ¡Sohem! El dueño del Banco Goldreich. No estoy del todo dentro, pero es posible que consiga pasar la prueba. He aprendido habilidades nuevas... Tengo tantas ganas de mostrarte lo que sé... — Porque era una persona famosa, conocida, poderosa en todos los mares. —Estoy ahora zarpando hacia Jaya. Arabasta es un infierno por el calor que hace. — Hizo una pausa, volviendo a caminar, esta vez hasta la cama, con pasos lentos. Su sonrisa se vio más calmada, con el caracol entre sus manos, sentado en los pies de la misma. —Hay tantas cosas que me faltan contarte hasta que llegué aquí... Por poco me atrapan los Marines, pero salí de allí. — Había tantas cosas, tantas que quería contarle, entretenerlo con ello... Horas y horas de conversación, pero lejos de seguir hablando, hizo una pausa, con la mirada al Den-Den Mushi.

—También te extrañé mucho, Tezca.

Se sintió como un joven adolescente, carraspeando, pero feliz por escuchar su voz, agradecido. —No hay un solo día en que haya dejado de pensar en ti. Ni uno solo... De verdad... — Hizo una pausa, ahora tumbándose boca arriba sobre la cama. —Estuve tan preocupado que estuve a punto de dejarlo todo para volver a encontrarte... — Trazó con los dedos la imagen que su imaginación formaba del rubio frente a él, como si quisiera acariciar su mejilla con ellos. —Te he extrañado como nunca he extrañado a nadie... — Nunca pensó que se vería capaz de sentir el pecho oprimirle de esa forma por nadie, solo él era capaz de algo así.
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#6
“¿Qué hiciste para que los marines quieran tu cabeza?” Nada, ser hermoso, brillante y muy talentoso. Tristemente eso era lo que perseguía la gente fea: la belleza y aun cazándome ninguno de esos marinuchos me llegaria a la suela. Aunque; Tal vez fue Lorenzzo… Tal vez simplemente había sido llamativo: Tal vez finalmente mi padre estaba buscando mi cabeza. — Ni idea, esos poco cerebro apenas pueden distinguir una concha de una almeja, no les pidas mucho… Aunque sea puede distinguir algo valioso ¿me entiendes?— Lo lamentaba, lamentaba no poder decirle todo tan abiertamente pero había aprendido que demasiada información podría ser más peligroso que la falta de esta.


Sobre mi tripulación, quería platicarle más… bueno, esos ya estaban tan expuestos como yo ¿verdad? Nuestros brillantes rostros iluminaban los wanteds les periódico y el nombre Hanu Mahana comenzaba a rumorearse en las esquinas de las islas. No pasaría mucho tiempo hasta que fuéramos unas malditas celebridades. — Mi capitán se llama Ryota, la verdad es bien capitán… pero el imbecil me dejó con una deuda saliendo de isla Karate, los demás: Runin… una chica muy hermosa que usa un shampoo digno de mi cabello y la única que tiene un impecable sentido de pulcridad, Yuuki es Yuuki, hemos sido bastante cercanos y aunque la primera vez que nos conocimos me sacó de mis casillas creo que he llegado a confiar en ella. Barald es… bueno, es tan genial como yo ¿me entiendes? Una maldita bestia ¡lo hubieras visto! Me salvó la vid— Hubo silencio inmediato. Mierda.


Se me había soltado la lengua.


Suspiré, obviando aquello, me mordí la lengua antes de confiar hablando, la emoción había abandonado mi voz. —Estoy bien. Estoy bien ahora, que no se te ocurre preocuparte, Jin. Puedo con esto y tú tienes cosas importantes que hacer.—


Había olvidado casi el resto de sus palabras, intentando buscar la forma de explicarle el evento de la isla Kutsuku, aunque prefería continuar respondiendo a lo que me había dicho. —Sohem Burndead… Felicidades, me alegra que salgas del yugo del imbecil de Raigo. No te dejes manipular por nadie, no importa que tanto poder tenga… pero sobrevive. Haz ambas cosas, yo sé que puedes. sin embargo, si es un trato que has aceptado… Te deseo éxito, poder y que el mundo se arrodille ante Jin Onizuka. Aprovéchalo antes que el mundo se arrodille ante mi, lo siento; tú poder no será eterno.— Obviamente estaba preocupado, no tenía ni el ápice de idea de lo que pasaba ahí, de hecho pretendía no estar tan cerca de los bancos ¡Mi dinero no estaba hecho para regalarse! Y al continuar solté una carcajada. —¡Los marines son muy imbeciles! No te preocupes, dudo que puedan alcanzarte ¡Eso no me preocupa!—

Si, también lo había extrañado pero eso ya lo había dicho. —Estoy lejos… Es una pena, no creo que nos veamos pronto, pero cuando lo hagamos espero tengas un regalo para mi, he esperado mucho… ¿Hacer esperar a Tezca Norova? ninguno ha salido con vida. Te arriesgas mucho.— Solo podía esperar hacerle olvidar ese desliz. —…Te amo, Jin.—
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#7
No podía quitarle razón al respecto. No es que se hubiera tenido que enfrentar especialmente a muchos Marines, pero sí los recordaba organizados y locos. A saber dónde estaría en ese momento si no fuera porque Sohem hizo acto de su aparición. Prefirió omitir ese pequeño detalle, al menos hasta su reencuentro. —Claro, son tan cortos que seguramente habrán confundido lo hermoso que eres con un delincuente. — Dejó escapar una risita divertido. “Tan guapo que debería ser ilegal”, sí, en otras palabras. Probablemente fuera cierto para el yakuza. No se arrepentía de nada. 

—¿Cómo que te dejó con una deuda tu capitán? ¿Qué demonios...?

Su rostro ahora se volvió más serio, incorporándose con el caracol encima de él, fulminándolo con la mirada en silencio. El caracol solo pareció sudar frío mientras la voz de Tezca seguía soltando nombres. Cada uno de ellos le resultaba sorprendentemente familiar. —¿Runin Kitay? — Ah, por dios, los conocía a todos... Y si ese Ryota era el mismo que conoció en ese incidente con su hermana... Por todos los mares... El mundo era demasiado pequeño. —¿Cómo se llama tu tripulación? ¿Necesitas que te pague un poco? ¿Qué tanta deuda te dejó ese idiota? — Iba en serio. Ahora tenía un sueldo incluso mayor que cuando estaba con Raigo, pero era solo el inicio de todo. Respiró con calma y paciencia... —Espera. Un momento. No te atrevas a saltarte esa parte. ¿Cómo que te salvó Barald la vida? ¿Qué es lo que no me estás contando, Tezca?

Su rostro se volvió mucho más sombrío, guardando un silencio prolongado, a propósito, para esperar una respuesta. De hecho no planeaba hablar hasta que escuchara una respuesta por su parte. Si había algo de lo que podía presumir era no solo su sentido del oído, sino también de atención. No habría llegado tan lejos en un clan de mafiosos si no fuera por eso mismo. 

Escucharlo de nuevo lo hizo suspirar. La preocupación no era algo que fuera a disiparse con una sola frase, más cuando habló de “estar bien”. No podía evitar la preocupación, pero sabía que ese hombre era más tozudo que una mula. Por mucho que intentase pelear con él no iba a servir de nada. —Por mucho que tenga cosas que hacer, Tezca, sabes que la mayoría de las cosas que hago son por ti. No me gusta que te expongas a un peligro tan serio. No podría cargar con eso sabiendo que no estoy allí a tu lado. He mantenido mi promesa, y sigo confiando en ti...

Cambio de tema, esperable después de todo. Por ahora, prefirió seguirle la corriente, era mejor que mantener una discusión que a saber en qué los llevaría. No era eso lo que buscaba con esa llamada. —Es un poco... él. No es tan loco como Raigo, pero tiene lo suyo. Aún así... tengo que seguir poniendo a Raigo al día. — Porque, le gustara o no, su plan todavía involucraba mantener la confianza con ese hombre. Para conseguir matarlo le quedaba un largo camino por delante todavía. — Sus palabras además, siempre lograban brindarle confianza. No vio mala idea que el mundo se arrodillara ante él. No pudo evitar una pequeña risilla divertida al escucharlo. —No, no será eterno, ni mío. Será nuestro, Tezca. No podría llegar lejos sin ponerte conmigo al lado. Tienes mi máxima prioridad, no lo olvides. — Volvió a tumbarse, ahora dejando el caracol encima de su pecho. Hizo una breve pausa, cerrando los ojos, imaginando que la voz del intérfono se encontraba allí mismo. Maldita sea, cómo extrañaba tenerlo cerca, cómo extrañaba abrazarlo, cómo extrañaba a ese hombre en todos sus aspectos.

—Procuraré conseguirte un regalo a tu altura, Tezca.

No podía evitar sonreír a medio lado, saber que no había camibado le causaba una nueva oleada de alivio. —Tendrás que castigar al hombre que te hace esperar tanto entonces. — Dejó escapar una risita, abriendo sus ojos, elevando su mano y delineando la figura de su propia cicatriz. Nunca pensó que extrañaría un gesto así de otra persona, la única que realmente cuidaba esa marca como la de ninguno. —Yo también te amo a ti, Tezca. Espero poder verte pronto.
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#8
¿Por qué esto no podía evitar sentirse como la calma antes de la tormenta? Aún con los regaños, con la situación, con lo que haría debía decirle había cierta incertidumbre en mi cabeza: Podía llegar a ser idealista pero nunca me he considerado estupido. Sabía que el reencuentro más que voz a voz sería tardío y solo podía conformarme con este caracol como si realmente pudiera suplir algo.
 
Un maldito efecto placebo eso es lo que era, pero bueno, el karma de mis acciones apenas llegaba al pedir explicaciones, los músculos de mis hombros se tensaron y no sabía si era por el reconocimiento del resto de mi tripulación. —Haces demasiadas preguntas a la vez ¿me entiendes? Si se me escapa contestar alguna te jodes: La tripulación se llama Hanu mahana, si te encuentras en problemas y ves una bandera de una calavera con una ceja alzada, una sonrisa relajada y una mano cerrada extendiendo el meñique y el pulgar, ya sabes donde encontrarnos. No necesito que me pagues nada, estoy bien, ya pagué esa deuda, fue una tontería y por la parte difícil…— Un resumen era la mejor opción, aunque había sido corto la verdad es que había varias cosas que me gustaría pensar que nunca existieron. —No voy a contarte toda la historia, nos encerraron para vendernos como esclavos, vino un wotan a pegarnos y bueno, se la pasaba en el agua así que digamos que era difícil, palabras más o menos, casi me mata, estaba sangrando y Barald tuvo que sacarme de ahí casi cargando ¡Ni siquiera pude disfrutar insultando marines! — Quitandole cierto peso, al final del dia ya había pasado y era obvio que iba a estar bien.
 
Siempre era obvio.
 
Carraspeé un poco, soltando un suspiro antes de seguir en silencio por un par de segundos más, —¿Algo interesante que contar? Ah, ya dije eso ¿verdad? No hay… mucho que decir que solo sea por llamada. —
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#9
No fue hasta su mención que no se dio cuenta de la lluvia de preguntas que había formulado hacia el rubio. Hizo una pequeña mueca, no acostumbraba tampoco a acribillar a nadie de esta forma, pero después de esas palabras que parecían escaparse de entre los labios del rubio a través de ese caracol... No pudo evitarlo.

—Ha pasado tanto tiempo que no he podido evitarlo. No quise agobiarte.

Lo admitió, no tenía problema con hacerlo con Tezca. Escuchó, poniéndose en pie de nuevo, con el caracon en su zurda, mientras con la diestra tomaba un pequeño cuaderno del cajón y una pluma, donde escribió mientras escuchaba. “Hanu Mahana”, —Qué nombre tan curioso tenéis, Tezca. — También trató de hacer un dibujo mental de lo que le describía, pero en su caso no le iba a salir tan bien. Dibujar no era algo que se le diera especialmente bien. —Curiosa bandera... — No pensó mucho, solo vio su propio dibujo, a medida que terminaba de anotar el resto de cosas que parecía tener en mente, una lluvia de texto que fue escribiendo mientras se reacomodaba de vuelta en la silla, por unos segundos de silencio. Tomó nota de todo, no iba a permitir perderse ningún detalle después de tanto tiempo sin hablar con él.


Respiró profundo, con una pausa. Miró el texto, los nombres, las anotaciones y lo último que había anotado debajo de su dibujo mal formado. Barald... Recordó que lo conoció, al menos si hablaba de las mismas personas que creía conocer. Aquel que le arregló su vieja katana. —¿Insultar a los Marines? ¿Además del wotan también os atacaron Marines? — Y, teniendo en cuenta que tenía ese Wanted... Parecía ser peligroso. Dejó la pluma, volviendo la mirada hacia su Den-Den Mushi, con mirada más firme, cruzándose de brazos, en silencio. —Debes tener cuidado, no me gustaría que te encerraran... Barald hizo buen trabajo. Por lo que me dices, además, parece de fiar. Quédate cerca de él todo lo que puedas. Meterte con los idiotas de la Marina es una mierda... Conozco a alguien, pero no me gustaría tener que recurrir a él para que tengamos que sacaros.

El capitán, sin embargo, no le daba tan buena espina, revisando de reojo las notas que tomaba. No le hizo ninguna gracia que engatusara una deuda a Tezca. Si fue cargado, significaba que sus heridas no eran tan inferiores como lo pintaba. Su preocupación ascendió, dando toques en su brazo con su dedo índice, impaciente y nervioso. ¿Había hecho bien en dejarlo atrás? ¿Quizás... habría sido problemático? 

La pregunta le hizo volver la mirada hacia su Den-Den Mushi, separando sus brazos en una media sonrisa, pese a que seguía con un sabor amargo entre los labios. —Bueno... Me encontré con un grupo de Piratas en Arabasta. Conocía a dos de ellos, pero es posible que puedan ser amigables... un poco a su manera. — Elevó la mirada, debatiéndose por unos segundos. —También tuve un pequeño altercado con una invasión inesperada de Marines... Pero por suerte todo salió bien. — Se frotó los ojos. —Solo quedó en un susto, pero vi en primera persona cómo la Tripulación de los Olvidados se terminaba de romper. Ahora parece que su capitán está con este nuevo grupo de piratas... Si os conocéis, podríais tener una buena alianza. Podrías contárselo a la tripulación y tu capitán si pensáis en alguna alianza. — Hizo una pausa de nuevo, dando un toque en su mejilla. —Maldita sea, tengo tantas ganas de volver a verte...
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