26-05-2026, 12:04 AM (Última modificación: 26-05-2026, 05:42 AM por Hasegawa Shin.)
Día 63, Otoño. Año 17. Corriente Akai, Isla Matsuri. Reino de Ran.
Hora: 14:55.
Ah, las puertas, que invento tan noble...
Destinadas a la privacidad, a separar habitaciones con un marco capaz de limitar los sonidos entrantes a un nuevo espacio, a ejercer de protección férrea si las situaciones lo ameritaban. Fieles compañeras, útiles para decorarlas desde ambos lados y dotar de una personalidad acorde a la propia considerando que al colocarlas, su destino es permanecer allí, quietas, hasta que su vida útil superase cualquier umbral de reparación.
Las hay de todo tipo, variando entre diversos tamaños dadas las variopintas razas del mundo. De hecho, no dudaba sobre la existencia de puertas colosales, únicamente lógicas en su razón de ser bajo el conocimiento de criaturas como los wotan de diez metros que ha enfrentado. También varían en sus materiales, muchas creadas con tal mimo y propósito que se hacían indestructibles hasta para muchas de las entidades más fuertes del mundo.
Entonces, si eran un invento tan honorable, ¿por qué...?
—¡NYYYYYYYYRAAAAAAAAAA!
Sin previo aviso, su voz se escuchó en las afueras de la habitación de Kuroshiro. Era como un eco, sonaba enlatada, aunque su buen oído percibiría semejante sonido casi de inmediato, creciente en intensidad, acercándose. ¿El problema? Es que precedía algo más estruendoso, y es que ni siquiera le dio tiempo a reaccionar.
De un segundo a otro, entre destellos dorados que simbolizaban el uso de su fruta del diablo, y sonidos equivalentes a buenas cantidades de dinamita ejerciendo efecto, la puerta explotó. Salió volando y chocó contra una pared cercana, evitando dañar a la humink o sus pertenencias, dejando su privacidad completamente expuesta y desvelando la silueta del albino entre un polvo que gradualmente iba descendiendo.
Ahí estaba él, portando el uniforme pertinente dentro de la sede del G-39, con un chichón sobresaliendo de sus cabellos albinos y las gafas de sol negras con el cristal resquebrajado. Eso sí, la sonrisa alegre, altanera y egocéntrica que casi siempre vive en sus labios se mantenía intacta, ocultando junto a lo que quedaba de la protección sobre sus ojos las pequeñas lágrimas debido al dolor que emergían en la comisura de sus párpados.
Sí, desactivó la Pika a último momento para estamparse contra la puerta y tumbarla.
¿Por qué? Bueno...
—¡Nyra, Nyra, Nyra! —moviéndose como un niño emocionado por ir a un parque de atracciones, o recibiendo regalo nuevo, con ambos puños a la altura de su pecho y saltitos de un lado a otro, continuó el escándalo —¡Deja lo que estés haciendo! ¡Serás secuestrada por el grandioso Hasegawa Shin! ¡Heredero de la unión entre las familias Hasegawa y Hiroshi! ¡Futuro mejor marine de la historia! ¡Guapo, atractivo, bello! ¡Y...! —cambió de pose, a una digna de los modelos que salían en algunas revistas, ajustándose las gafas rotas y... tratando de obviar el chichón sobresaliente de su cabeza. ¿Crecía con cada segundo? Impresionante.
—¡Guapo! —repitió, como si el golpe lo hubiese dejado más payaso de lo normal. —¿El motivo? —entonces, se quitó las gafas, utilizando su fruta para hacer emerger estrellas de su rostro, enalteciendo la belleza de la cual se jactaba, y revelando, de paso, que lo de la puerta le había dolido.
—Te llevaré a conocer a mi esposa. —dejó caer en completa normalidad esa bomba de información. Con su mano libre, sacó del interior de su uniforme una carta, el papel era refinado, se veía caro, y el interior ya había sido leído por Shin, pero lo que recitaba en el exterior, con la persona que envía la misma firmando como Ichiro, daba las pistas necesarias. El albino fue puesto en aviso de los protocolos a seguir con Sakura tras darse a conocer de su llegada a Matsuri, y aunque leer las palabras escritas en ese trozo de nada todavía lo llenaba de rabia, no se notaba entre tanta payasada.
—¡Has sido debidamente notificada! Cuando te lleve a la residencia que rentaron, ¡no quiero quejas al respecto! —expresó, girándose y saludando con la mano —¡Nos vemos más tarde, Nyyyyyra! —y de nuevo, el brillo dorado rodeando su silueta mientras le daba la espalda y la saludaba de perfil.
Quizás fue por el golpe en su cabeza, pero tardó algunos segundos en tratar de desaparecer. ¿Le alcanzarían a la humink para decir algo? Caso contrario, tendría que salir de su habitación en el G-39 para buscar a Shin en el cuarto de hotel con ciertos lujos que decidió rentar para sí mismo.
Digno de su ostentosa forma de ser.
Let there be light
Se hace uso de la Pika.
Pika Pika No Mi
Logia
5
La Pika Pika no mi es una fruta del diablo tipo logia que permite al consumidor transformarse de manera total o parcial en luz.
Especificaciones
La fruta Pika Pika no mi otorga a su consumidor un gran poder ofensivo y destructivo, además de las características comunes a todas las logias, esta fruta cuenta con la peculiaridad de utilizar su forma incorpórea para desplazarse a una velocidad mucho más elevada. El usuario no podrá dominar sus poderes básicos hasta alcanzar 80 Puntos en Control de Akuma (CA), esto implica que cualquier contacto con su cuerpo acabará con este transformado en luz, ni si quiera será capaz de darle la mano a alguien sin transformarse. Una vez el usuario llegue a 80 Puntos en Control de Akuma, el personaje adquirirá control de su cuerpo y será capaz de no transformarse con el contacto físico. Se podrán transformar extremidades o partes del cuerpo por un coste de 25 de energía por turno. Con 240 puntos en Control de Akuma el usuario la dominará por completo y podrá transformar parte de su cuerpo o su cuerpo entero por un coste de 70 de energía. La velocidad de expansión de la luz es igual al 150% del CA del usuario. Cualquier exposición directa con tu luz en un radio menor de 1 metro de ti, de forma pasiva, en transformaciones o intangibilidad, implicará el efecto ceguera parcial durante dos turnos completos. Si es mayor de esa distancia no aplica ningún efecto.
Control de Akuma: • 80 CA: El usuario puede transformar partes de su cuerpo por 25 de energía y moverlas al 150% del Control de Akuma •240 CA: El usuario puede transformarse parcial o totalmente por un coste de 70 de energía y moverse al 150% del Control de Akuma.
Ventajas:
• El usuario es inmune a todo tipo de daños físicos no imbuidos en haki.
• El usuario puede desprender partes de luz y controlarlas a distancia.
• El usuario aplica ceguera parcial en un área de 1 metro de radio entorno a él usando las capacidades de su fruta.
• El usuario recibe un +150 puntos naturales de bono añadidos a la velocidad de desplazamiento o movimiento usando su fruta.
• El usuario puede dispersar su luz o convertirse en esta, y desplazarla o desplazarse a una velocidad del 150% del Control de Akuma como base.
Tras aquella lejana conversación en la playa hacía toda una estación, no solamente me había dedicado a entrenar, sino a estudiar cuando podía sacar un huequecito.
Nunca me había gustado la historia, pero cuanto más leía sobre batallas del pasado en distintas islas y cómo algunas se habían ganado en total desventaja, más me había ido aficionando a ellas.
Hoy era uno de esos días tranquilos en los que, después de haber comido en la base, había decidido dedicar el próximo par de horas a aquella actividad, por lo que me encontraba tirada en la cama de tal manera que estaba apoyando los calcetines contra la pared y dejaba caer mi coleta en el lateral opuesto de la cama, apuntando con el libro hacia el techo. No llevaría ni media hora cuando…
—¡NYYYYYYYYRAAAAAAAAAA!
—¿Hmm?
“Levanté” la vista (o más bien la bajé, dada la posición) para mirar hacia la puerta. No, no me lo había imaginado, estaba segura de que me habían llamado, y se acercaba. Esa voz…
—¿Shin…?
La repentina explosión me hizo recoger las piernas y taparme la cara con el libro por puro instinto. En cuanto miré de nuevo, me encontré con la nube de polvo mostrando poco a poco la puerta estampada contra la pared a mi derecha, a apenas unos centímetros de donde se encontraba la cama, al tiempo que se iban desvaneciendo las luces residuales de aquella locura.
—¡¡Shin!! —exclamé al verlo en el mismo lugar, rotando para ponerme bocabajo y mirarlo mejor, preocupada por la necesidad del escándalo, las gafas rotas y su evidente chichón—. ¡¿Qué pasa?!
Me tranquilizó ver su sonrisa de siempre, ¡al menos no sería algo de vida o muerte! ¡Pero entonces ¿por qué me rompe la puerta?!
—¡Nyra, Nyra, Nyra!
A pesar del enfado inicial, su emoción se me contagió enseguida. No pude evitar quedarme mirando cada uno de sus saltitos y movimientos mientras, con los codos apoyados en el colchón, mis dedos cubrieron mis labios para ocultar en vano la gracia que me hacía verlo así. ¿Así que el grandioso y mejor marine de la historia iba a secuestrarme?
El final de aquella enumeración me hizo estallar repentinamente en carcajadas. Al quitarse las gafas, no se me escaparon las pequeñas lágrimas de dolor que disimulaba. ¡Ay, no, pobrecito! Pero aquella lástima momentánea no impidió en absoluto que siguiera riendo, tapándome la parte baja del rostro con las manos sin perderle un instante de vista, especialmente cuando lo iluminaron aquellas estrellitas que tanto le gustaba crear para resaltar su ya evidente y casi inevitable belleza.
—Te llevaré a conocer a mi esposa.
—¡¿Qué?!
Mis ojos se abrieron como platos al tiempo que las carcajadas se cortaron de súbito. Me quedé analizándolo mientras sacaba aquella carta, incapaz de creer que se encontrara realmente bien y tratando de encontrar la emoción exacta que pudiera encontrarse debajo, en vano. Lo único que me quedó claro fue aquel maldito nombre: Ichiro.
Pero aquel ser de pura energía no podía estarse hoy quieto más de dos segundos seguidos, y tras informarme de que estaba "debidamente" notificada (¡¿cómo que DEBIDAMENTE notificada?!, ¡¡mentira!!), se encontró ya a unos brillos de largarse.
—¡¿QUÉ?! ¡No, SHIN, NO! ¡Ni se te ocurra…!
Mis palabras fueron interrumpidas por el seco golpe contra el suelo al caerme de la cama con las prisas de intentar alcanzarlo, pero al menos aquello me permitió agarrarme al bajo de su pantalón, tratando de evitar así que desapareciera antes de que pudiera soltarle todas mis preguntas de golpe.
—¡¿Dónde voy?! ¡¿Qué me pongo?! ¡¿Cuándo es?! ¡¿Qué tengo que saber?! ¡Tienes que enseñarme lo que se hace ahí, Shin! ¡SHIN! —insistí mirándolo hacia arriba con nuevos y repetidos tirones al final, luchando para que le fuera imposible ignorarme.
Me pirraban las novelas románticas. Un dato que no muchos conocían y que, para que mentir, tampoco solía airear. En los últimos días, había intercambiado recomendaciones con Hae-won, porque me apetecía leer ese tipo de historias en las que los finales felices despuntaban coloridos tras las tormentas. La última lectura que había empezado era bastante ligera y trataba sobre una escritora y su editor. Cabe destacar que ligera no era sinónimo de libre de escenas picantes. Escenas que uno no debería leer en mitad del pasillo de la base de la Marina mientras se dirigía a su dormitorio, pero a la vida había que condimentarla un poquito. Además, con esa portada en tonalidades pastel nadie podría imaginar el contenido.
Acababa de terminar de comer, el dolor de cabeza me estaba matando y esconder la nariz entre las páginas del libro me pareció el modo más apropiado de indicar que no tenía ganas de hablar con nadie. Por supuesto, el destino tenía otro planes.
—¡NYYYYYRAAAAAAA!
Un destello luminoso, para nada consciente de que el pasillo no le pertenecía solo a él, arrasó justo a mi lado. Me tambaleé antes de encontrar apoyo con la palma en la pared. El sopetón del libro contra el suelo fue seguido de una repentina explosión que me hizo cubrirme las orejas.
«Maldito duende luminoso, así te electrocutes en el baño» maldije para mis adentros.
El zumbido tardó un poquito en desaparecer de mi cabeza. Genial, ahora veía estrellitas allí donde miraba. El aura de las migrañas iba a tardar en desaparecer más de lo deseado. Agarré el libro de un movimiento brusco y me encaminé hacia la…
—¿Dónde demonios está la puerta? —se me escapó el pensamiento en un hilo de voz.
Tres pasos marcaban la distancia entre ver y no ver lo que ocurría. Tres pasos que podría haber ignorado, pero zafé en grandes zancadas, todavía con todo un mundo de lunaritos velando mi vista.
—¡Tienes que enseñarme lo que se hace ahí, Shin! ¡SHIN!
Parpadeé un par de veces. No. Definitivamente la imagen de Kuroshiro aferrada a la pernera del pantalón de Hasegawa no era producto de mi imaginación.
—Os diría que cerréis la puerta, pero es evidente que os gusta exhibiros. —«No lo digas, no lo digas, no lo digas»—. Y, Nyra, hay otras formas más interesantes de quitar un pantalón.
Por supuesto que no pude contenerme. La sonrisa me picaba en la comisura de los labios, la ceja izquierda ligeramente arqueada y un repaso fugaz a aquella escena. Era más que evidente que entre ellos no estaba ocurriendo lo que les acababa de insinuar, pero a otro con ese cuento. Que sufrieran un poquito.
Abrí el libro y me di media vuelta. Lo que estuviera pasando allí, entre ellos quedaban. No me apetecía que un superior pudiera relacionarme con el destrozo del mobiliario ni pagar unas consecuencias que no me correspondían.
—¡Yo qué vosotros buscaba un hotel! —dije a modo de despedida, con efusividad pero sin alzar realmente la voz.
Quizás tenía frente a mí una romcom mucho más jugosa que las propias novelas. Bueno, todos sabemos que en realidad, en la vida las tormentas acaban por hundir la mayoría de los barcos, pero mientras el cielo permaneciera despejado yo navegaría en ese.
Ya tendría tiempo de abordarlos en otra ocasión. Lo único que me apetecía en ese momento era meterme en la cama y dormir un rato, porque las malditas migrañas no iban a darme tregua.
Nota
En este tema, Dimitri tiene aplicado el estado mareado
28-05-2026, 07:31 AM (Última modificación: 28-05-2026, 08:56 AM por Hasegawa Shin.)
No había ignorado la presencia del soldado St. George en el pasillo. Incluso yendo a esas velocidades absurdas su percepción de lo que no lo supera en reflejos naturales lo ayuda a detectar correctamente el entorno, caso contrario se estamparía contra todo, exactamente como acababa de hacer con la puerta, salvo que en esos escenarios sería de manera involuntaria.
Hasegawa no esperaba para nada lo que sucedería tras literalmente destrozar la entrada a la habitación de Kuroshiro, y justo al instante en que se dio la vuelta sintió el sonido del cuerpo contrario impactando contra el suelo.
No se volteó ni escuchándola exclamar su nombre, porque algo en su interior le decía que a lo mejor recibiría reclamos por la puerta asesinada, y no estaba para esa tarea. Al menos hasta que de la nada sus piernas sintieron el peso de Nyra aferrándose a ellas, con lo cual el albino decidió volverse tangible únicamente porque le hacía gracia la escena, de esa forma intentaba seguir caminando, simulando imposibilidad de largarse de allí a la par que trataba de no hacer contacto visual —¡DeeeejaaaaMEEEE! —el griterío seguía vigente, estaban armando un escándalo de lo más particular.
¿Su chichón? Desaparecido. Lo hizo un mago.
Justo cuando estuvo a punto de girarse a Kuroshiro con el afán de hacer alguna broma y ponerla en contexto, frente a él y tapando la única salida a su libertad, junto a la posibilidad de desligarse por completo de los gastos que representaría el inmueble destrozado, apareció Dimitri, parpadeando varias veces antes de siquiera emitir palabra alguna. No podía negar que la humink aferrada a su pantalón, desparramada en el suelo y gritando era una escena de lo más... curiosa, y en una faceta que no esperaba para nada, emergió el desconocido humor del castaño, haciendo sonreír a Shin.
¿Un hotel? Impresionante, junto a la petición de Nyra la respuesta a un George en salida le venía como anillo al dedo —¡Geooooorgy! ¿Qué comes que adivinas? ¡Justo iba a llevarla al hotel donde me hospedo! —por si no fuera poco, se colocó ambas manos a los laterales de su boca para "amplificar" su voz —¡Sí! ¡Nyra y yo en un hotel! ¡Solos! —siguió gritando, observando entonces a la chica aferrada a su pantalón en el suelo con una sonrisa, sacando la punta de su lengua entre los labios.
Súbitamente recordó algo.
—¡Y Georgy! ¡Dile a esa cosa que llamas novia que venga a reparar la puerta de Nyri! —y asumiendo que no volvería a aparecer por x o y, finalmente se centró en Kuroshiro. Siguiera o no en el mismo sitio, Hasegawa haría contacto visual con la chica, portando una enorme sonrisa, más divertida de lo que estaría dispuesto a admitir.
—Así que la inconquistable Nyra Kuroshiro finalmente está a mis pies... —se acomoda el cabello, quitándose las gafas y guardándolas en el interior de su uniforme. Ya no había chichón, ni lágrimas, los ojos cerúleos de Shin brillaban con una energía magnética, como cuando genuinamente quiere seducir a alguien, aunque considerando el historial, ella detectaría que estaba bromeando —Siempre supe que tú ibas a enamorarte primero, pequeña Nyri. —se reposicionó, dándole la espalda y alzando los brazos al techo.
—¡Nyra Hasegawa! Tiene impacto. —juntó ambas palmas y las extendió al mencionar su nombre, imaginándolo. Y fue cuando se dio la vuelta que finalmente rompió el personaje de galán irresistible, riendo mientras le guiñaba un ojo —¡Lástima que te ganaron el puesto! —un destello, y...
Desapareció.
El detalle, es que no se fue de la habitación. Fue tan rápido que Kuroshiro no pudo apreciar el momento en que, sin permiso, se sentó en el borde de su cama, empapándola de su esencia a perfumes carísimos —Así que quieres saber más... —asintió un par de veces, inclinándose hacia delante, apoyando el codo en su muslo y el mentón en la palma de la mano diestra. —Es mucha información, ¿tienes el día libre? No mentí cuando dije que te llevaría al hotel. —contrario a lo que podría parecer, habían motivos de peso. Era uno de lujo, y allí su habitación era de lo más espaciosa para desplegar lo que necesitaba, una buena puesta en escena donde enseñarle lo que pedía aprovechando que había terminado su guardia matutina.
Su sonrisa era cómplice, aún y si había hecho la tarde de la chica un completo caos con su repentina aparición, ¿se le podía culpar? Le dejaron todo en bandeja de plata, y nunca se identificó como alguien que desperdicie las oportunidades.
Además, veía a los ojos a la única persona capaz de meterse en ese mundo de mentiras, máscaras y dogmas agobiantes sin añadir una presión adicional a la eterna masa de frustración que representa para él pensar en ellos. Quería molestar a su padre llevándola, sí, pero no quitaba que por más que lo pensara, no se veía junto a nadie más en esa reunión, liberándolo un poco de la tensión ejercida con aquel matrimonio arreglado, y devolviendo un golpe social al formalismo de ambos clanes.
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Se hace uso de la Pika.
Pika Pika No Mi
Logia
5
La Pika Pika no mi es una fruta del diablo tipo logia que permite al consumidor transformarse de manera total o parcial en luz.
Especificaciones
La fruta Pika Pika no mi otorga a su consumidor un gran poder ofensivo y destructivo, además de las características comunes a todas las logias, esta fruta cuenta con la peculiaridad de utilizar su forma incorpórea para desplazarse a una velocidad mucho más elevada. El usuario no podrá dominar sus poderes básicos hasta alcanzar 80 Puntos en Control de Akuma (CA), esto implica que cualquier contacto con su cuerpo acabará con este transformado en luz, ni si quiera será capaz de darle la mano a alguien sin transformarse. Una vez el usuario llegue a 80 Puntos en Control de Akuma, el personaje adquirirá control de su cuerpo y será capaz de no transformarse con el contacto físico. Se podrán transformar extremidades o partes del cuerpo por un coste de 25 de energía por turno. Con 240 puntos en Control de Akuma el usuario la dominará por completo y podrá transformar parte de su cuerpo o su cuerpo entero por un coste de 70 de energía. La velocidad de expansión de la luz es igual al 150% del CA del usuario. Cualquier exposición directa con tu luz en un radio menor de 1 metro de ti, de forma pasiva, en transformaciones o intangibilidad, implicará el efecto ceguera parcial durante dos turnos completos. Si es mayor de esa distancia no aplica ningún efecto.
Control de Akuma: • 80 CA: El usuario puede transformar partes de su cuerpo por 25 de energía y moverlas al 150% del Control de Akuma •240 CA: El usuario puede transformarse parcial o totalmente por un coste de 70 de energía y moverse al 150% del Control de Akuma.
Ventajas:
• El usuario es inmune a todo tipo de daños físicos no imbuidos en haki.
• El usuario puede desprender partes de luz y controlarlas a distancia.
• El usuario aplica ceguera parcial en un área de 1 metro de radio entorno a él usando las capacidades de su fruta.
• El usuario recibe un +150 puntos naturales de bono añadidos a la velocidad de desplazamiento o movimiento usando su fruta.
• El usuario puede dispersar su luz o convertirse en esta, y desplazarla o desplazarse a una velocidad del 150% del Control de Akuma como base.
28-05-2026, 11:17 AM (Última modificación: 28-05-2026, 11:53 AM por Nyra Kuroshiro.)
—¡DeeeejaaaaMEEEE!
—¡Que nooooOOOO!
Shin apenas pudo dar un par de pasos arrastrándome por el suelo cuando una nueva presencia llegó a la escena.
—Os diría que cerréis la puerta, pero es evidente que os gusta exhibiros.
Mis iris se clavaron de inmediato en el hueco, donde ahora se encontraba Dimitri tratando de contener una sonrisa a duras penas. Lo observé entre la sorpresa y la confusión. «¿Exhibirnos?».
—Y, Nyra, hay otras formas más interesantes de quitar un pantalón.
Mi piel, habitualmente morena, se incendió al instante con unos tonos rojizos jamás vistos anteriormente por nadie de mi tripulación.
—¡Dimitri, no inventes! ¡Yo no…!
—¡Yo qué vosotros buscaba un hotel!
—¡DIMITRI!
Ni largándose dejaba de meter cizaña, y obviamente que el albino no iba a ser menos en aquella competición. ¡¿Por qué tuvo que decir lo del hotel?!
—¡Shin, NO! ¡No hagas parecer que…!
—¡Sí! ¡Nyra y yo en un hotel! ¡Solos!
—¡SHIN!
Me levanté de golpe para correr a asomarme por el gran agujero en la pared.
—¡No es así, Dimitri! ¡¡No es esoooo!!
«Maldita sea, ¡¿por qué tienen que hacerme estooo?!».
—¡Y Georgy! ¡Dile a esa cosa que llamas novia que venga a reparar la puerta de Nyri!
—Oye, ¡¿cómo que “cosa”?! —exclamé enfadada hacia Shin, antes de volver a girarme hacia la dirección en la que se había ido Dimitri—. ¡Pero sí, dile a Hae-Won que…! —En menos de un instante, volví a buscar al albino con la mirada, molesta—. ¡Espera! ¡¿Por qué Choi?! ¡¿Qué culpa tiene ella?! ¡Pobrecita!
Pero, por supuesto, mi compañero tenía el don de hacer girar la situación que fuese a donde más le conviniera.
—Así que la inconquistable Nyra Kuroshiro finalmente está a mis pies…
Mi tez, que desde que se insultó a mi amiga había ido recuperando progresivamente su color hasta casi llegar al habitual, volvió a encenderse a niveles imposibles al imaginar verme en la situación en la que había estado y que dio lugar al malintencionado comentario de Dimitri. Entre los dos, habían llevado mi mente a un estado en el que no solía navegar y que provocó que, aun a sabiendas de que aquella mirada se trataba de una broma amplificada por su fruta, me hiciera repentinamente hiperconsciente de lo estúpidamente guapo que era aquel maldito.
—Siempre supe que tú ibas a enamorarte primero, pequeña Nyri.
—¡Ya te gustaría!
—¡Nyra Hasegawa! Tiene impacto.
—¡¡Shin!!
Apenas a tiempo de ver aquel gesto, me cubrí el rostro con las manos, avergonzada, pero también con dos sombras lejanas cruzando mi mente de forma simultanea: Himari y aquella carta.
De hecho, el propio albino mencionó una de ellas casi enseguida, y aun a través de los dedos pude percibir su destello al desvanecerse. Cuando miré alrededor, buscándolo, lo encontré sentado en mi cama. En aquella pose, con aquella frase y con aquel tono, me divirtió imaginarlo como un personaje, un príncipe enigmático, que había salido de las páginas para invitar a su historia a la lectora que había elegido y tratar de cambiar así juntos el final del libro.
Mis iris brillaron entre el disfrute y la convicción.
—¿Crees que hay algo en este mundo que pudiera hacerme decir que no~?
Después de todo, ¿qué lectora rechazaría acompañar a su protagonista favorito?
Desde que cayó rendida a sus pies cual princesa en apuros topándose con el salvador destinado, pudo notar el rubor que invadió su tez, detalle del que Hasegawa no consiguió escapar de ninguna manera. ¿Qué problema había con Kuroshiro? ¿Se aplicaba nuevos productos de belleza? A vista del albino no era normal ese extraño brillo único que percibía en su compañera.
Lo entendía como algo nuevo, aunque quizás siempre estuvo ahí y no se había dado cuenta hasta ahora.
—¡Ella es quien hace cosas con el martillo y esas tonterías! ¡Además saldrá gratis! Uno llega a líder para poder explotar al personal sin trabajar... —insinuó, cruzándose de brazos y resoplando en un aparente estado de indignación, como si lo que le dijo a la chica fuese algo extremadamente evidente en lo que ya tendría que haber pensado.
Y claro, ese pique que sólo existía en su cabeza alimentó las ganas por seguir urgando donde le dolía, o mejor dicho, avergonzaba, permitiéndose soltar una nueva broma en la que Kuroshiro cayó redondita. Sólo que fue un arma de doble filo, porque ahí estaba de nuevo ese rojizo tan hipnótico.
Shin no pudo dejar de mirarla hasta que se tapó el rostro, tragando saliva de manera acelerada y retomando el control del ritmo, dirigiéndose a su cama.
Sintió la convicción, el deseo por participar en aquello que le proponía, y contando con su presencia y la cantidad de cosas que Nyra exigía saber antes del gran día, Shin finalmente se recostó por completo en la cama ajena, apoyando la cabeza en una almohada que no le pertenecía y clavando la mirada en el techo, con una sonrisa.
¿Lo diría? Oh sí, por supuesto.
—Eres hermosa cuando te sonrojas. ¿Crees que debería causártelo más seguido? —su tono no fue en broma, ni tampoco algo meramente superficial, sin embargo... verbalmente se lo tomó como tal, aún manteniendo el contacto visual —Ya paro, ya paro. Promesa. —entre risas y tras asegurarse de que su perfume viviría unos días sobre esas mantas, finalmente se puso de pie, recortando las distancias con la chica.
—Será el día ochenta de Otoño. Tienes un poco más de dos semanas para prepararte. —anunció, recordando entonces la cuestión sobre lo que se hace ahí, trayendo recuerdos sobre la mascarada, aún y si evitaba rememorar demasiado esa curiosa velada. —No es parecido a lo que viste esa noche. Mi familia tiene costumbres diferentes, ligadas a la nobleza samurái. Así fue como me educaron. —toda esa información la dijo desde su tono más neutral, demostrando que sí se podía tomar las cosas en serio cuando se lo proponía. El problema es que ese casi nunca era su deseo.
—En un principio, me habría dado igual enseñarte, pero si te hace ilusión... te tocará venir conmigo. —lo que le adelantó segundos atrás, y gritó a los cuatro vientos con intención de que George lo escuche. Ese momento tan fresco aún en la escena le hizo sonreír con malicia, abandonando finalmente al Shin versión "normal", pues lo primero que hizo fue cruzar su cuerpo desde un lateral frente a Nyra, y observarla a los ojos con los rostros peligrosamente cerca.
—Solos en una habitación de hotel, ¿puedes creerlo? Será la más íntima de nuestras citas. ~ —sugirió, volviendo a su posición natural, aún mirándola a los ojos —¿Después de cuántas das el primer beso? Quizás nos estemos acercando al número mágico. —añadió mientras se daba la vuelta, de espaldas a Kuroshiro, y saliendo por la puer... por el hueco en la pared.
—¡Vamos, pequeña Nyri! No hay tiempo que perder. —exclamó, abandonando la habitación de la humink tras los destrozos ocasionados, deseando que tanto show, rubores y comentarios que bailaban en la fina línea de bromas genuinas y verdades ocultas tapasen el hecho de que hacia el final, no dio señal alguna de querer hacerse cargo de la puerta.
—¡Ya dijiste que nada en el mundo te podría hacer decir que no! Así que vas a pasar mucho tiempo conmigo mientras practicas los modales y tradiciones. —abruptamente, se detuvo. Si Nyra lo estaba siguiendo, o pensaba reprocharle algo sobre la explosión, ese nuevo cambio de ritmo la haría detenerse en seco.
—Sólo un detalle. —porque ante todo, en las cosas importantes Hasegawa solía ser sincero, odiando que las personas se sientan usadas o traicionadas —Ichiro te odia. Y estoy seguro de que todos los que están detrás de esta estúpida boda compartirán el sentimiento, especialmente cuando vean al "novio perfecto" llegar con su nueva amante. Te llevaré por eso, Nyra. —incluso con el comentario picante en medio, símbolo de su humor irónico, aquello sonó anormalmente en serio.
—Tenías que saberlo si pretendes mantener tu palabra. —se preguntaba si diría que sí incluso a pesar de eso, tal como le adelantó con esa pregunta retórica. —¡En fin! ¡Al lío! —haciéndose el inconsciente de las cosas, de que no todos poseen su privilegiada velocidad, y variando en tonos y estados de ánimos como si fuesen un mero juego, pequeños destellos dorados aparecieron como señal inequívoca de que iba a irse al hotel.
¿El problema? Nyra, si no hacía nada, terminaría quedando atrás.
29-05-2026, 10:53 AM (Última modificación: 29-05-2026, 11:10 AM por Nyra Kuroshiro.)
Allí tumbado en mi cama, sólo le hizo falta una frase más para darme cuenta, demasiado tarde, de que aquel príncipe misterioso debía de tener genes de íncubo. ¡¿Por qué me sorprende, si las pistas sobraban?!
—Eres hermosa cuando te sonrojas. ¿Crees que debería causártelo más seguido?
El calor en mis mejillas se volvió nuevamente infernal, y cierta punzada de orgullo me picó con la rabia de de haberle vuelto a dar precisamente lo que buscaba. ¡¿Se estaba burlando de mí?! Su tono parecía sincero, ¡pero es imposible que vaya mínimamente en serio! … ¿Verdad?
—¡Yo creo que ya ha sido bastante, ¿no?! —corté avergonzada la conexión con su mirada, cruzándome de brazos, mostrándome más molesta de lo que en realidad estaba. ¡Tres veces en unos minutos!
¡Ah, esa risa! ¡OBVIAMENTE que iba en broma! ¡¿Cómo había podido pensar ni por un instante otra cosa?! Pero, lejos de molestarme, la suya terminó llamando a la mía.
Finalmente se levantó y recorrió los pasos que lo separaban de mí y, notando la nueva seriedad, no separé ni por un instante mis iris de los suyos. Una fecha y un límite. Asentí, sabiendo que había hechizos que sí tomaban su tiempo, y este sería uno de ellos. Un nuevo tipo de historia, con otra temática. No sabía nada sobre nobleza samurái, pero mi espíritu no flaqueó. Aprendería todo lo que fuera necesario. Se me daba bien recordar, especialmente si podía practicar.
—En un principio, me habría dado igual enseñarte, pero si te hace ilusión... te tocará venir conmigo.
De nuevo, aquella invitación que despertaba mi sed de aventuras.
—Te acompañaría hasta el fin de mundo —sonreí con convicción.
Iba a añadir lo divertido que iba a ser actuar de forma tan perfecta que lo único que pudieran criticar de mí fuera mi presencia, pero le bastó un único movimiento para acercar su rostro al mío con una divertida malicia en los labios, cortando todo mi hilo de pensamiento aunque yo no hubiera retrocedido ni un solo milímetro.
—Solos en una habitación de hotel, ¿puedes creerlo? Será la más íntima de nuestras citas. ~
Llevada por todo el contexto anterior, no pude evitar una nueva ola de calor. Sin embargo, esta vez no fue ni de lejos tan intensa, ya que sabía de sobra lo que significaban nuestras citas, y aquella era sólo una broma para decir, de la peor manera posible, que simplemente no estaríamos en un lugar público.
—¡¿No decías que ibas a parar?! —me quejé, luchando por que mi aparente molestia fuera mínimamente convincente.
—¿Después de cuántas das el primer beso? Quizás nos estemos acercando al número mágico.
Finalmente ya no pude contenerme más y tuve que echarme a reír. Contrario a sus intenciones, aquella frase me había permitido recuperar el control de la situación.
—Teniendo en cuenta que sólo he tenido citas contigo, supongo que te tocará descubrirlo —jugué sin darle ningún tipo de importancia, pero observándolo con secreta curiosidad—. Aunque si tuviera que apostar, yo diría que no sería antes de la número cien~.
Apenas unos momentos después, ya estaba saliendo por el hueco de la pared.
—¡Espérame!
Yo aún seguía en calcetines, pero por suerte mis zapatos, los reglamentarios del mismo uniforme que vestía, se encontraban en un lateral de la entrada que había permanecido intacto, por lo que simplemente metí los pies dentro y, con un par de golpecitos en las puntas, eché a correr tras él.
Cuando ya estaba cerca, mencionó todo el tiempo que pasaríamos juntos mientras yo practicaba los modales y las tradiciones. Quise responderle, pero su movimiento frenó en seco, deteniendo también el mío.
—Sólo un detalle.
La seriedad de una advertencia. Mis puños se cerraron ante la mención de Ichiro. Toda historia tenía siempre cierto riesgo, y yo no estaba dispuesta a huir del mío. Muy al contrario, las palabras de Shin sólo me hicieron sentir más valor al enfrentar al ejército del enemigo.
—… especialmente cuando vean al "novio perfecto" llegar con su nueva amante. Te llevaré por eso, Nyra.
Mi rostro se incendió de nuevo al tiempo que el corazón se saltó un latido. «¡¿Qué?!».
—Tenías que saberlo si pretendes mantener tu palabra.
Aun a pesar de la confusión y el caótico remolino de emociones, creí entender algo: una prueba. Sin importar si era una de Shin o del mismísimo destino, no podía ignorar que había pasado una estación entera pensando en mil formas de tratar de ayudarlo sin dar con ninguna concreta.
Fue ese sentimiento el que me hizo dar un paso al frente.
—Si pude fingir ser una princesa una noche… no veo por qué no podría fingir ser otra cosa si con ello te ayudo a proteger tu libertad~.
Intenté darle un tono de ligereza, más llevado por los nervios que otra cosa, pero tendría que servir. Pasara lo que pasara, no iba a echarme atrás.
… ¡Así que no iba a permitir que él me dejara atrás tampoco!
—¡Shin, yo no sé llegar! —exclamé corriendo ante él y tratando de cubrir el pasillo extendiendo los brazos en cuanto noté de nuevo esos malditos brillos—. ¡Voy a tardar mucho en encontrarlo! ¡¿De verdad te cuesta tanto acompañar a la persona a la que se supone que vas a enseñar?!
La sorpresa lo invadió con esa frase, parpadeando dos veces adicionales mientras terminaba de procesar el peso que conllevaban semejantes palabras. ¿Sabía siquiera lo que estaba diciendo? Algo como el "fin" representaba entregar su confianza por completo, y no fueron tanto las implicaciones de escucharla hablar así lo que llevó a sus pensamientos a rememorar toda la historia que había formado junto a Kuroshiro.
Era entender mediante un detalle tan sencillo lo mucho que habían profundizado aquel vínculo, dejándolo levemente tocado desde lo emocional, porque por mucho que lo pensara no sabría definir en qué momento había traspasado de esa forma tan tajante todas sus barreras.
O quizás sí lo supo, intentando ignorarlo al otro día haciendo un reinicio mental. Ya no estaba seguro, la situación se volvía compleja en su cabeza y sólo podía proyectar todos los ratos que vivieron a solas.
Inclusive el momento en que pensó sobre ella creyendo que iba a morir. Esos ideales que los unían la ubicaban bastante alto en su estima, y era tarde para retroceder al respecto.
¿Tendrá que ver de alguna forma en ese nuevo gusto por verla sonrojada?
El repentino acercamiento y sus renovados comentarios volvieron a causarle ese hipnótico calor en su tez, y aunque intentó mostrarse molesta supo de inmediato que por dentro lo estaba disfrutando, siendo una actitud muy parecida a la que asienta cuando se dejan llevar por las "competencias verbales", motivo que lo lleva a hacer caso omiso a su queja en donde le recuerda que iba a parar.
Vuelve a picarla y recibe una confesión que resaltó información recibida la noche en que Kuroshiro conoció a Ichiro, ampliando la nula experiencia de Nyra en territorios románticos o siquiera "coquetos", y a Shin se le ocurrió una idea peligrosa. Intentó silenciarla, pero al final terminaría cediendo a medida que le contestaba sobre el afamado número mágico.
—Estoy acostumbrado a cambiar las reglas de lo que me rodea, así que no te confíes tanto con el cien. —le sacó la lengua casi de inmediato, incluso guiñándole un ojo, pero la cuestión no iba a quedarse ahí —¡Además! Suelen decir que soy un gran besador, y por ser tú podría ponerle más esmero, ¿de verdad te lo perderías? ~ —sus ojos se abrieron se golpe, ¿acababa de decirlo? Pues sí, tocaba improvisar alrededor para que no se sienta raro —¡En fin! Si sólo tuviste citas conmigo, un día de estos haré que tengas la mejor de la historia, así dejo el listón bien alto. —extendió los brazos hacia el techo, magnificando de manera física sus intenciones al respecto, y continuando con su deseo por escaparse antes de ser alcanzado.
Aunque claro, siendo Nyra, siempre encontraría la manera de llegar hasta él incluso a pesar de su velocidad, y esta vez consiguió detenerlo mediante el recordatorio de que no sabía llegar a donde se hospedaba. Algo tan sencillo...
Shin resopló, desactivó su fruta y se dio la vuelta, mirándola a los ojos —¡Espabila, Nyri! —exclamó, cruzándose de brazos y dando inicio a la caminata a ritmo de persona humana normal, yendo a su paso y trayendo a colación el tema de "fingir". —No está lejos de aquí, así que no andaremos mucho. —aprovechando mientras salían de la base del G-39, tocaría el tema.
—Por cierto, no necesito que finjas. Respetar las tradiciones es distinto, pero si no aceptaré casarme es justamente porque odio las mentiras, y todo lo artificiales que han sido los clanes durante años. —en ese momento se dio cuenta de que Kuroshiro necesitaría el contexto de ambas familias también. A más lo pensaba se iba arrepintiendo de lo mucho que debía enseñarle, ¡no era justo! Con lo pésimo maestro que es...
—Iré porque será el día en que se enteren que ya no me controlan. —admitió con una sonrisa, ahora abrazados por el tenue sol de Otoño a las afueras del cuartel marine. Sus palabras sonaron extremadamente seguras y confiadas, Shin no pretendía negociar su libertad de ninguna manera, y debía dejarlo claro.
Pero incluso con la brisa más tirando a gélida una gota de sudor se hizo presente en la frente del albino, recordando que había dejado la puerta de Kuroshiro tirada a su suerte dentro de la habitación ajena, y eso le hizo decidir alzar el dedo índice y pedir un tiempo muerto —D-dame un segundo, Nyri, ya vengo... —ese titubeo poco normal se escuchó bastante natural, y tan pronto como terminó de hablar, activó su fruta del diablo, envolviéndose en un precioso destello dorado antes de desaparecer.
Fue al máximo de su velocidad en dirección a ese cuarto, y tratando de no empeorar el asunto y dejar expuestas sus pertenencias, el marine se limitó a reingresar a aquel espacio, sujetar la puerta y salir con ella a los pasillos, simplemente... apoyándola contra el marco para "simular" que seguía en su sitio. Se sacudió el polvo de las manos, sonrió, levantó el pulgar en sinónimo de auto-aprobación y exclamó algo sencillo —¡Como nueva! ¡Bien hecho, Shin! —y tan pronto como apareció allí, volvió a desaparecer dejando los mismos fogonazos lumínicos, presentándose frente a Kuroshiro una vez más.
Ella no pudo distinguir a donde iba considerando su enorme velocidad, y bajo su percepción, volvió a mostrarse en su presencia tan rápido que a penas y habría procesado el instante en que se fue. Pero así era mejor.
—¡Ahora sí! ¡Nos vamos! A mi super mega ultra habitación de lujo. —liderando el paso y alzando el brazo en dirección al hotel, bajo un entusiasmo tan grande que se contagiaba fácilmente, abandonarían por fin la base del G-39.
Las bromas me iban siendo conocidas y me hacían sentir que no había pasado el tiempo desde Baterilla. No porque en aquel tiempo no las hubiera habido delante del grupo, aunque fueran de otro estilo, sino porque tras aquella noche en la playa la sombra de la excepción siempre estuvo presente. Una sombra que se disipó al llamar a aquel encuentro “cita”, sabiendo que significaba en nuestro lenguaje algo tan inocuo y tan grande como la oportunidad de conocerlo un poco mejor.
Reí cuando me sacó la lengua y guiñó el ojo al poner en duda el número de encuentros hasta el primer beso. No se me pasó por alto su ligera sorpresa ante su segundo comentario. ¿Quizás pensó que algo tan directo me habría molestado? Nada más lejos de la realidad. Si él subió la apuesta haciendo gala de sus habilidades, en las que me brindaría cierta deferencia, yo la duplicaría en sentido opuesto.
—¿Besarme? ¡No te lo recomiendo! No dudo que seas tan bueno que cualquier chica te recordaría de por vida~ —bromeé con un rápido toque en su nariz mientras lo elogiaba, reduciendo aún más por un instante la distancia con él—, pero yo sería bastante mala. ¡No estaría a tu altura!
Y, por supuesto, el comentario sobre tener la mejor cita de la historia para dejar el listón bien alto no se quedaría atrás.
—Vaya, ¡no sabía que te interesara tanto! ¿Así que no te gusta la idea de que pudiera interesarme la cita que me pudiera proponer otro chico~? —inquirí sin desviar la mirada, sólo por meterme con él. Finalmente, la risa contenida pasó a liberarse apenas unos segundos después—. ¡Es broma! ¡Me encantaría saber qué se te ocurre!
Pero las bromas no podían durar para siempre, especialmente cuando había una misión tan importante que cumplir.
A pesar de su fastidio, mi cola se movió alegremente ante la pequeña victoria de que tuviera que esperarme para poder llegar juntos hasta el hotel. ¡Odiaba la idea de que me dejara atrás! Caminé deprisa para no perderlo al tiempo que escuchaba atentamente todo lo que tuviera que decir.
Si estaba entendiendo bien lo que me decía, no quería ir con mentiras a aquel encuentro, cosa que entendía… ¡Pero entonces ¿por qué me había dicho aquello?! ¡¿Era otra broma?! En otra circunstancia le habría replicado, pero sabía de sobra que todo lo que estaba pasando debía de estar afectándole bastante a nivel interno por más que se esforzara en no mostrarlo. Por esa razón, por esta vez, lo dejaría pasar.
Muy al contrario, sonreí cuando reafirmó con rotundidad que la razón de ir era, precisamente, que ya no tenían ningún tipo de poder sobre él.
Sin embargo, su seguridad mostró una repentina grieta. Giré ligeramente el rostro, confundida. ¿Dónde iba?
En cuanto se desvaneció, seguí su estela con la mirada, hacia el interior de la base… ¡Oh, cierto! ¡Se me olvidó avisar de lo de la puerta! Regresé acelerando el paso y resultó que mi compañero volvió justo cuando iba a cruzar la puerta.
—¡Un momentito, Shin!
Acto seguido, entré y me acerqué al mostrador de la entrada, donde los civiles debían registrarse e informar del motivo de su llegada.
—¡Hola! Soy Nyra Kuroshiro. Al parecer, cierto… marine ha tenido algún problema cuando ha venido a visitarme y la puerta se ha roto. ¡Espero que se pueda arreglar pronto! Si hay dudas al respecto, creo que Dimitri… Bueno, St. George, puede ser un testigo sobre lo sucedido. ¡Tengo algo de prisa, muchas gracias~!
Y, tras despedirme con mi más cálida e inocente sonrisa, salí para reencontrarme con mi maestro en aquel día.
A veces olvidaba lo atenta que es su visión para los detalles minúsculos, ¿tan evidente fue el pequeño instante de titubeo? Debía empezar a trabajar en ello, de lo contrario Kuroshiro seguiría desarmando sus espectaculares escenarios circenses, más específicamente en la labor de payaso.
Obvio que se lo devolvería, al menos esperando que aquello finalizase el intercambio con una victoria en su favor, porque estaba entregándose por completo al juego, y no ayudaba que ella lo alimentase constantemente con su sonrisa tan contagiosa. —¡Ni hablar, pequeña Nyri! Soy un excelente profesor, podría enseñarte y asegurar los resultados. ~ —replicó, sin omitir la broma sobre los celos. Nunca fue una persona que cayera en esas emociones dada su extrema seguridad en sí mismo, y eso se veía reflejado en la mirada casi altanera que le dedicó al respecto. —El interés es proporcional a la atracción que veo reflejada en ti, así que sí, debo esforzarme para vivir en esa privilegiada memoria tuya. —mismo tono, mismas intenciones.
Y claramente se refería a términos románticos.
Otro chiste, obvio.
Pero allí finalizarían las tonterías de Hasegawa dentro de la habitación de Nyra, al menos acompañado de la propia anfitriona de aquel espacio, porque cuando volvió a un ritmo increíblemente acelerado para dejar la puerta medianamente presentable, su comentario no tuvo ninguna gracia más que reflejar lo mundano que era bajo su perspectiva el haber destrozado la entrada al afamado dormitorio, dejándose allí las prácticamente nulas preocupaciones, volviendo con Kuroshiro y viendo como casi de inmediato ella también regresa al interior de la base. Shin, como dejó de pensar en sus acciones destructivas una vez "puso todo en su lugar", no se imaginó que sería respecto a ese tópico, y al verla nuevamente, listos para partir, cambiaría de tema al instante.
—Oye, Nyri, acabo de recordar algo. —memorias más lejanas en el tiempo que la playa en Sabakun retornaron a la mente del marine, sobre la conversación que tuvieron antes de abordar el Tempestad en su penúltimo viaje —¡Nunca te conté la historia de como vencí a Kazan! ¿Quieres escucharla? —sin importar lo que ella dijera, sus siguientes palabras serían las mismas —¡Bien! Sucedió cuando ustedes se fueron a dar vueltas por los mares del South Blue y yo me quedé entrenando en Baterilla. —inició el paseo, sería la anécdota que le narraría para llenar el espacio de silencio en el trayecto hacia el hotel.
•••
Comentarios grandilocuentes aparte, Kuroshiro sería testigo de un relato repleto de datos verosímiles con lo que ella habría observado del wotan el día en que fueron secuestrados por esa compleja red esclavista en Kutsukku. El kanaboo, su piel azulada y las habilidades del gigante en el mar, intentando destrozarlo todo a su paso arrasando con aquel puerto. Le resultarían familiares, pues nunca le había mentido al decirle que lo venció limpiamente y sin recibir daños.
Le contó por qué se enfrentaron. Shin fue destinado a liberar aquel muelle de presencia civil, y Kazan se negó a obedecer la orden, tras varias advertencias el albino decidió atacarle con la intención de desarmarlo. También le explicó que era un hombre dispuesto a terminar con la esclavitud, como ellos dos, aunque en ningún momento confesó que se sintió apenado al repetir una buena cantidad de impactos contra su piel que lo terminaron dejando ensangrentado.
El revolucionario iba contra el sistema. A pesar de tener pensamientos similares, vivían en polos opuestos.
Ingresaron al hotel mientras mencionaba los compases finales de la interacción, quienes estaban en la planta baja del lugar observaron al marine asintiendo a modo de saludo y dando a entender una cooperación silenciosa con la "discreción" de la invitada, es decir, Nyra, pero Shin estaba demasiado inmerso en seguir presumiendo su victoria.
Todo lo que Kuroshiro observaba emanaba ostentosidad, calidad y señales de que pasar los días allí valía dinero, uno que sin los fondos de las familias Hiroshi y Hasegawa no se explicaba en los bolsillos de Shin. Era diferente al exceso perfeccionista del cincuenta y uno de Otoño, en la Salle de Bal, pero caminaba en una línea parecida. Las decoraciones de los pasillos estaban estructuradas del mismo modo, como si hubiesen sido perfectamente calculadas aunque con una visión más minimalista.
Mientras llegaban a la puerta de su habitación la historia llegaría a su fin.
—¡Y justo cuando iba a darle el golpe de gracia, lo perdí de vista en el mar! Luego, en Kutsukku, cuando enfrenté al otro wotan descubrí que mi luz se dispersa en superficies cristalinas, así que no habría podido perseguirlo de ningún modo. A diferencia del marine que enfrenté cuando nos secuestraron, Kazan no disparaba agua. Siendo sincero, me pregunto si a día de hoy habrá aprendido a hacerlo... —saca la llave de entre el interior de su uniforme, y la coloca en la puerta. Llegaron ahí tras subir algunas escaleras. —En fin, son cosas que pasan. La próxima vez no se me escapará. —aseguró, asintiendo múltiples veces mientras ingresaba, permitiéndole el acceso también a Kuroshiro.
Lo primero que destacaba es que la suite ocupaba una esquina entera de la planta, era grande y espaciosa a consciencia, como si fuese producto de un capricho. Ahí se notaba que la crianza como niño rico y mimado de Hasegawa no era broma. Otro detalle importante radicaba en la escasez de paredes, predominando ventanales con vistas hermosas del Reino de Ran, donde los magníficos colores de las estructuras en los alrededores rellenaban de estímulos la visión, pudiendo encontrar miles de puntos nuevos en los cuales perderse varios minutos observando.
El exterior se mantenía presente entre cristales y la enorme iluminación natural. Sin embargo, con un vistazo más profundo del entorno y considerando que Shin estaba ahí hace varios días, lo segundo que podía detectarse era un extraño vacío que no se vislumbraba con facilidad. Luego, ganaba sentido en la carencia de objetos innecesarios decorando el entorno. No existían recuerdos de ninguna isla anterior, ni fotos o cuadros de gusto del marine, aspecto extrañamente curioso considerando la inquieta imaginación que siempre exhibe.
Los únicos vestigios de algo remotamente parecido a la 'humanidad', estaban en el pañuelo que Kuroshiro le regaló, en la mesita de luz del lado donde siempre dormía de la enorme cama matrimonial en la habitación, y la ropa que compró junto a ella, guardada en el armario del mismo espacio. Pero como la cama estaba separada de la sala que ganaba protagonismo al ingresar, Nyra no podría darse cuenta de ello.
El salón compartía espacio con la cocina y el comedor, y al igual que en el dormitorio, destacaban las privilegiadas vistas al exterior. Todo estaba limpio como si hubiese obsesión tras la pulcredad, el aroma a nuevo mezclado con los típicos perfumes de Shin invadían con suavidad el olfato, los pies parecían pedir permiso a cada paso con el refinado material del suelo, y la madera de los muebles brillaba casi tanto como una piedra preciosa.
Hasegawa lo tenía normalizado, amaba eso, era innegable, especialmente con términos minimalistas pero visiblemente costosos como lo que definía a su suite, pero al margen de ello y de que todo lo pagaban los fondos familiares, tras cerrar la puerta y permitirle a Nyra acostumbrarse al nuevo entorno, le indicaría donde iniciarían las "clases".
—A que está bien el lugar, ¿eh? —menciona con una sonrisa de oreja a oreja, enalteciendo el espacio al mismo tiempo en que abría los brazos y caminaba hacia lo que aparentaba ser el centro del lugar.
—Nos quedaremos aquí. ¿O tenías ilusión de conocer mi dormitorio, hm? —cuestionó, con un tono claramente coqueto. Pero no tardó en sacar un lápiz y un cuaderno de un cajón, colocándolo en la amplia mesa de la sala. Independientemente de donde se sentase la rubia, Shin colocaría su Den Den Mushi sobre la madera en un costado alejado y se ubicaría exactamente al lado de ella.
—Ponte cómoda. Y espero que por hoy no tengas planes, estarás todo el día conmigo. —habían acostumbrado a pasar tiempo juntos, pero no tanto, esa ocasión sería probablemente la primera vez en que pasarían un rato bastante largo interactuando.
Con los días que quedaban, si no era de aprendizaje rápido se quedarían cortos, por ende debían ser clases intensivas.
Algo en su interior le decía que, conociéndola, daría la talla.