La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai]
#21
El rostro del joven palpitaba bajo su mano helada, la cual, por contraste, comenzaba a quemarle la piel. Desde aquel ángulo, su semblante parecía incluso angelical. Zhang Guolao le sonrió levemente; resultaba irónico que, precisamente ese día, todos parecieran empeñados en matarlo.

Aquel ser era gigantesco, pero, a pesar de sus habilidades, la experiencia del viejo burro le había permitido encontrar un punto débil. Zhang jadeó un poco; sentía cómo la fuerza de su agarre comenzaba a ceder segundo tras segundo, pero se mantenía firme en su resolución: no permitiría que ese grupo destruyera aquel lugar, ni que quemaran la biblioteca.

El joven demostró ser diestro con sus armas, logrando afectarlo incluso en aquella posición desventajosa. El estampido sonó un instante antes de que el fuego envolviera su cuerpo helado, el cual terminó cediendo ante la furia de las llamas. El calor lo rodeó por completo y su forma nevada se derritió hasta dejarlo tendido en el suelo. Sin embargo, aquel movimiento inesperado permitió que se zafara de su enemigo.

—Mierda... — maldijo el burro.

Jadeando, estiró los brazos mientras su cuerpo se recuperaba de la fuerza de las llamas. El hombre alado había aprovechado la confusión para alejarse. Mierda... Ya estoy viejo para jugar al gato y al ratón, pensó Zhang. Al parecer, el enemigo se dirigía directo a la biblioteca, seguramente para encontrarse con Lenna.

Zhang se levantó y, ante la inminente huida de su rival, comenzó a caminar hacia donde había dejado a la pequeña Gyojin. Le costó un poco moverse; aunque su cuerpo quemado ya había vuelto a la normalidad, el persistente olor a pelo chamuscado era bastante molesto.

—Maldito niño... — rezongó Zhang.

Aún no entendía del todo qué había pasado, pero tenía claro que debía continuar con su misión. Alzó a la pequeña, que parecía dormir profundamente, y la tomó en brazos para reanudar su avance hacia la biblioteca. No perdería el tiempo buscando una aguja en un pajar o, en este caso, al pobre viejo Mink.

Mientras avanzaba a su máxima velocidad e intentaba recuperar fuerzas, Zhang activó su comunicación.

—Hola, Bai. Si estás ahí, ten cuidado con el hombre alado. Voy hacia la biblioteca, cuídate —dijo, sin enterarse de que Bai no tenía Den Den Mushi.

Zhang continuó su camino hacia la Biblioteca de las Bestias, esforzándose por ocultarse entre las sombras y la nieve.


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Zhang Guolao
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#22
Un desayuno nutritivo

El golpe conecto especialmente bien, perfectamente ejecutado como siempre lo había practicado, el traspié inicial del golpe de la Birkiniana ya estaba superado, el aroma a sangre le provoco algo similar al frenesí de un tiburón, algo que no podía explicar cada vez que golpeaba, un éxtasis primordial que no podía controlar. Ahora si… acabar con ella era inevitable. Su suerte estaba ya predicha. Los dientes de Lenna crujieron bajo su furia y su deleite al combatir. Se relamió los dedos con placer y sintió casi que incluso podría cometer una locura como… comerse a esta. Algo que estaba semi prohibido por una especie de ley que nadie ha escrito. Era como escupir a la cara de la civilización y la ética. Pero… no le importaba nada.

Como un depredador ansioso decidió que tenía que terminar con todo eso. Causar el máximo dolor. O… por que no. derrotarla y demonios, algo sádico surgió de su mente. Comérsela mientras estaba viva. Si… delicioso.

Se tomo un tiempo… puso su garra como una visera e intento ver el lugar desde el que venía. La biblioteca en llamas, su mente se sintió en paz consigo misma y su maldad, había matado a muchos eruditos… —Miau… pensé que serias un reto mayor… mira… en poco tiempo todo serán cenizas… prrr prrr prrr… eso me encanta… sentir la desesperación en el rostro de los que se enfrentan a mí. Ese rostro tuyo me encanta. Hace que todo mi esfuerzo y mi entrenamiento me de alegría.— Comenzó a acercarse lentamente, con su espada sin filo como un escudo de lado. Su caminar era sensual bamboleante y provocador. —QUE DIJISTE!!!... AUN TE QUEDA ESPÍRITU?... PALOMA DEL DEMONIO… TE DESCUARTIZARE Y TE TROZARE… TE… TE… MMMUUAAAAUUUUU….. RRROOOAARRRR— Rugió finalmente mientras llego como un relámpago a su lado. Adelantando su mano coronada por acero y marfil su idea… decapitarla beberse su sangre. Su baba parecía caerse cada vez más al acercarse… quería probar esa carne. ¡Ya! le agarro el cabello para ver su hermoso rostro —Siempre quise probar carne de gente del cielo, es mi gran placer consumirlos, ya no me importa, me comeré el mundo saciare mi hambre... ahora... morirás, y seras parte de mi, no te preocupes. La muerte es solo un cambio de estado MIAU.... prrr prrr prrr...— Alzo la mano con furia, su tecnica con músculos tensos y endurecidos, se preparo y Lenna escucho un disparo, dos de echo... su rostro se volteo instintivamente. y volvió a su presa. Dos golpes en el cuello, su presa inconsciente la cena esta lista por la potencia de sus golpes.

El ultimo Bastión

EL dolor de su rostro era tremendo. Sentía como se despellejaba, pero no le daría el placer a este carnicero de sentir sus alaridos de dolor… sus manos quedarían para siempre marcadas en su rostro hasta el final de sus días. Su carne arrancada por la escarcha y el frio de las manos del Mink subordinado de Lenna.

Su objetivo era claro, debía salir de ahí, a como diera lugar, encontrarse con Bai, quizás con su ayuda derrotar a La Pantera y al Burro… no… no sabía. Maldición el frio le comenzaba a afectar los pulmones. Pronto caería por sofocación los disparos… sus alas hechas añicos, el dolor tremendo, aguantar la respiración le sirvió pues el fuego derritió las manos que le apresaban y le dio la cobertura perfecta para zafarse. Su instinto le obligo a correr. Por ahora. Dejar atrás el plan de detener a las bestias. Necesitaba apoyo aunque sentía que casi le tenía… a diez metros del Mink trastabillo, cayo al suelo y volvió a levantarse a pesar de ser más cenizas y escarcha que Birkiniano. 

A los pocos metros Shery despertó movida por el calor del cuerpo de su protector. —Lord... Zhang... usted... que es eso? pan tostado?... a.. donde vamos?... reconozco el camino... siga por el camino del bosque y en la curva como herradura esta la entrada... en la piedra oculta, una entrada. la única. entre por ahí... y estaremos en la biblioteca.— La niña pez se acurruco un poco mas... Zhang había tomado la desicion correcta al llevarla consigo.

Tosió sangre, escarcha y fuego… volteo la vista no estaba su persecutor?... se habrá cansado?... —AARRRgggggghhhh…. Maldito asesino… no permitiré que llegues a la biblioteca, ni a Bai ni Oliver.— Quiso detenerse, pero no podía. La biblioteca estaba cerca… escucho un poco mas y vio una figura alada y pequeña. Oliver, tenia el brazo destrozado —Kai… que… que te paso?... tu rostro… esta… esta…— Su rostro estaba mas preocupado por el que por sus propias heridas… Kai no dijo nada, solo recupero el aliento y decidió tomar al niño entre sus brazos y continuar hacia la biblioteca. Si un Mink tan formidable como ese maldito animal custodiaba la retaguardia, no tenia mas remedio que pedir ayuda a Bai para vencerlo… o… quizás seria mejor cumplir su misión. Escupió sangre y mirando atrás sintió el viento helado del enemigo, pero no lo vio… —Agárrate Oliver, detrás nuestro hay un animal de Lenna… un asesino, creo que acabo con una de tus amigas, lo siento mucho… vamos a la biblioteca.— Su carrera se intensifico en poco tiempo llegaran a la biblioteca. Tanto el como el esbirro de nieve. Tenia que idear algo. Salvar a Bai. Ir a la biblioteca. Mantener seguro a Oliver.

La entrada a la biblioteca era una garganta rodeada de rocas y oculto en medio del bosque, al llegar a la biblioteca Kai trata a Oliver con vendas que traía en su morral, y le pide ocultarse en la maleza detrás de el... el niño curioso ve como Kai lleno de determinación carga su ultimo cartucho explosivo y una bala perforante, levanta ambas armas y prepara el gatillo. —No dejare que hagas el mal maldito monstruo— No había otro lugar por donde entrar, tiene que entrar por esta garganta secreta. El martillo de sus armas se preparo y la sangre, el dolor le pusieron en alerta, Kai estaba listo. Apunto y disparo apenas vio la sombra del enemigo!!

Contenido Oculto


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#23
Su mirada se cernía sobre el bamboleante depredador que yacía en frente, fija en sus pasos, leyendo las huellas en la nieve como si a través de ellas pudiera concluir un patrón y averiguar por dónde iba a atacar. Al mismo tiempo, algo mucho más profundo —enterrado en algún rincón oscuro de sus entrañas, posiblemente en ese órgano al que llaman corazón— nacía lentamente en forma de plegaria para que todo saliera bien.

Y si la suerte estaba de su lado, lo cual parecía ser así, pues, ante sus ojos zafíricos, la gata parecía moverse embriagada por el febril olor de la sangre, abandonando la razón para entregarse al primitivo impulso animal, se saldría con la suya.

—Hum… Bai soltó un corto soplido nasal al respirar, tan corto, tan suave, que pronto se confundió con el viento.

A continuación, dio un pequeño paso lateral mientras reculaba, concentrándose únicamente en respirar correctamente; en el movimiento de su pecho, ascendiendo y descendiendo lentamente, sin importar lo que Lenna le gritara.

«Ha».

El siguiente aliento contuvo la vibración de su pecho que hasta entonces había ido in crescendo.

Y es que, sí, la adrenalina todavía galopaba bajo su piel, golpeando con brutalidad las costillas e incendiándole las manos. Sin embargo, eso no significaba que no pudiera controlarla. Solo necesitaba respirar mejor y centrarse en el movimiento del diafragma.

Entonces, de la nada, se dibujó en su mente una pregunta que la inquietaba: ¿Cuánto tiempo tenía?

Pareciera que el suficiente como para que sus brazos se movieran por inercia y, de un fugaz vistazo, observara cómo tras los pies de Lenna se traza un camino que definitivamente no era recto.

Mas no fue lo único que ocurrió.

Con el vello de su nuca erizado, Bai deslizó los pies hasta quedar prácticamente al lado del dial oculto bajo la nieve; el fulgor de las llamas a la lejanía refulgió en el metal de su arma; en aquel instante, aun sabiendo que estaba bien posicionada, Bai sintió cómo el miedo le mordía el estómago —o quizás más que miedo fuera solo adrenalina—, pues sabía que, aunque todo hubiera sido calculado, cualquier detalle podía arruinarlo todo.

Pero no ocurrió.

Y es que, casi en un abrir y cerrar de ojos, la nieve estalló bajo los pies de Lenna, levantando retazos blancos que pronto volaron como espuma marina siendo azotada por la brisa; sus cálculos habían funcionado, pero el daño... El daño era otro cantar. Apenas había sido un pequeño estallido y, para su desgracia, no había logrado frenar el ataque que amenazaba con acabar con su vida.

Así pues, con el rostro apuntado al cielo, la sangre descendiendo por su rostro como raíces en un terreno sin agua, la carótida bombeando con frenesí y el corazón amenazando con romper su concentración, Bai trató de tragar saliva sin demostrar que, bajo el abrigo de piel lobuna, todo su ser gritaba de miedo.

—Chst —chistó sonriente en cuanto la mujer dejó un breve espacio en medio de su disparatado discurso, una muestra de pitorreo verdaderamente impropia de su serenidad.

«¡Bang!»

Pivotando sobre su pie izquierdo y, aprovechando que su posición apenas se había fracturado por el jalón de cabello, Bai giró en dirección contraria a las agujas del reloj con el arma preparada y golpeó con todas sus fuerzas a la gata en el torso En ese momento, cuando el filo tocó la carne ajena, recién fue consciente de la fuerza que había usado para golpear, pues sus manos, aferradas a la empuñadura, sintieron cómo el mango irregular se hundía en ellas.

—Absurdo... —dijo, poco antes de escupir al suelo una mezcla de flema por la sequedad de su garganta, sangre y saliva—. Todo esto ha sido completamente absurdo —añadió, mientras sus alas se agitaban dándole la razón al tiempo que el incipiente dolor de la cabeza le instaba a atenderse.

Pero antes de hacerlo, se agachó a recoger el dial para volvérselo a guardar en el bolsillo —solo que esta vez fue en el derecho.

Luego, cojeando ligeramente debido a la escarcha que empezaba a endurecerse alrededor de la herida de su pierna, avanzó hasta el cuerpo de Lenna y apoyó la punta de la espada justo en el centro de su pecho.

—Lo siento... Pero debo asegurarme de que realmente estás muerta —a sus palabras le siguió un estoque sin morbosidad—. Porque no hay nada más terco en este mundo que alguien que adora vivir.

Con un movimiento seco, hundió el arma todavía más profundo, dejando que reposara sobre el cuerpo como una cruz improvisada en tierra yerta. Después giró la hoja dentro de la herida, desgarrando carne y tejido con un sonido húmedo e irregular.

No hubo respuesta. Ni respiración, ni tensión muscular ni ninguna clase de espasmo traicionero. Sólo silencio y el ulular del viento.

—Ugh.

Un latigazo le cruzó la coronilla, obligándola a llevarse la mano libre a la cabeza. Su rostro se torció y la mandíbula se tensó por un momento.

—¡Joder!

La adrenalina estaba bajando; retiró los dedos, ahora manchados por la espesa y oscurecida sangre.

—… Incluso muerta eres molesta.

Pronunciando aquella frase, Bai dio un paso atrás, enfundó la espada y dejó caer el zurrón sobre la nieve, enterrándolo parcialmente. A continuación, desabrochó la bolsa y extrajo un pequeño kit de primeros auxilios; rápido y como pudo, se limpió la herida apartando la sangre coagulada, se envolvió la cabeza con la tela y apretó lo suficiente como para contener el sangrado. Sin embargo, pese a sus conocimientos médicos, no estaba del todo segura debido a la profundidad de la herida, así que, sin dudarlo, extrajo otra venda y se dio un par de vueltas más.

El mundo volvió a palpitar.

¿Había apretado de más?

Respiró hondo, cerrando los ojos y alzándose de la posición de cuclillas en la que estaba.

Bai oteó el paisaje. Todo estaba en llamas. Miró hacia atrás, al suelo, observando inevitablemente el cuerpo a sus pies; la nieve había comenzado a taparla.

—Sería lo más sencillo —se dijo sopesando si dejarla ahí o no. Pero la idea no terminaba de asentarse.

Y es que, para su cultura, había algo de indigno en no ser enterrado. Exhaló por la nariz.

—No —sentenció agachándose junto al cadáver.

Con las manos temblorosas por toda la situación, Bai registró con cuidado los bolsillos buscando quitarse peso de encima y, luego, le quitó la espada, los guantes y las grebas.

—Aunque mirándolo bien...

Cualquier objeto podía ser un recurso útil, ¿no?

Tomó el arma y se la sujetó como pudo entre el cinturón y su ropa. Nada más.

—En fin, nos vamos.

Introdujo un brazo bajo sus rodillas y otro tras la espalda, alzándola con cierto esfuerzo. Sus alas se tensaron, aletearon y, sintiendo la sangre mancharla, giró hacia el risco dispuesta a saltar.

Con un poco de suerte podría llegar hasta donde Kay estaba.

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Bai Mudan
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#24
Caminar un poco le había ayudado a calmarse. Respiró y luego exhaló; tener la mente tranquila era necesario para el campo de batalla.

Zhang, aquel viejo burro, llevaba a la pequeña en brazos, mientras meditaba un poco con su burro inferior acerca de lo que estaba pasando.

—Hmmmmm...—murmuró Zhang para sí mismo, lo que hizo que la pequeña se despertara de su letargo helado. —¿Cómo estás, pequeña? ¿Cómo te sientes? —preguntó Zhang.

Pero, como si hubiese estado esperando este instante, comenzó a guiar al burro directo a la biblioteca. Caminaron por medio del bosque y aquel camino iba serpenteando de acuerdo con las indicaciones de la niña.

No podía permitirse herirla de nuevo. —¿Una entrada, la única?—. Sus palabras no alentaron al viejo, quien aún podía oler el fuego ante sus ojos. Zhang apretó los dientes, reprimiendo las malas palabras frente a la gyojin.

—Este parece ser el camino que me dices. Lo siento, pero debes quedarte acá, los incendios no son para pequeños; nosotros nos encargamos —le dijo Zhang, regalándole una sonrisa para tranquilizarla.

La pequeña se bajó y le acompañó por unos metros más, donde, sin mediar muchas palabras, se adentró al bosque mientras apuntaba a la entrada de rocas.

El crepitar de las llamas comenzaba a escucharse a lo lejos; aquel grupo de bandidos podría estar resguardando. —Una entrada, la única —repitió las palabras de la pequeña de nuevo.

Terminó de recortar camino, oculto entre los árboles y la nieve. Zhang, a unos 8 metros de distancia de la entrada a la biblioteca, transformó su cuerpo en una torrencial masa de nieve.

Para cuando una "sombra" se proyectó en la entrada de la garganta, no se trataba de un hombre corriendo, sino del frente de la veloz avalancha en la que Zhang se había convertido.

El sonido de las armas de Kai se activó y el disparo resonó con fuerza, pero sus reflejos no estaban preparados para este "objetivo" intangible y abismal. 


La arremetida fue un parpadeo. Antes de que el humo del disparo lograra salir de los cañones, la avalancha ya había cruzado la entrada, dejando al hombre alado preso del poder nevado. Zhang no se detuvo; congelando el suelo a su paso, cruzó aquella garganta de rocas —que al final no era tan larga— y avanzó en línea recta hacia el corazón de la biblioteca.


El poder de la nieve y el frío que generaba ayudaron a mermar un poco aquel incendio. Al detenerse, Zhang volvió a su forma física y observó el entorno para entender qué sucedía. Miró hacia atrás: al hombre alado en la entrada, y se preparo para cualquier contraataque. —Ríndete lacayo de Leena, hemos venido junto a mi Capitana Bai, a salvar este lugar— 


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Zhang Guolao
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#25
Desdén después de extinguirse la llama

Despiadada y sin corazón solo podía pensar en el sabor de la carne de la birkiniana y solo eso en su mente le perturbaba. Necesitaba consumirla, cada paso le hacía agua la boca solo un par de golpes mas y todo terminaría sus ojos en su víctima, en los alrededores ya sabiendo que era superior. Mas resistente, más rápida, más brutal y muchísimo mas decidida y con una convicción tan grande como su hambre. Sus pasos amortiguados por sus botas sin suela, prefería mantener las patas siempre en la tierra sintiendo la arena y la nieve.

—Que haces palomita… piensas que me confundirás con tus movimientos torpes, es ridículo jajajajaja Miau… ahora quédate quieta.— Adelanto su espada en el antebrazo al frente para bloquear cualquier ataque mientras se acercaba… espacios de ataque? Cero. Era tremenda. 

Algo olía mal… aun tenía fuerzas?... Nah!. Se había consumido como una vela al ver el tremendo poder de Lenna… seria justo activar electro para decapitarla?... no. Gastar más energía es contraproducente. Solo deseaba recuperarla con un festín de tres metros. Después iría por esos dos que se le escaparon. La mente y el rostro de la felina sonrieron a la par. Buscando, sintiendo el momento donde la vida abandonaba el cuerpo mortal de la alada. Era excitante la espera.

Agarro el cabello de su enemiga y entonces el golpe estalló desde el suelo… —PERO QUE MIAU-RDA!!!— El golpe hizo que perdiera la concentración. Que se pensara que alguien le disparaba de otro lado… no supo donde mirar. Salvo… el golpe en su torso. Era rápida, pero ella aprovecho los espacios de la descuidada y confiada Mink su velocidad de reacción era tremenda, pero la de ataque de Bai si era superior… —MAL….dita… desgraciada hija de… la… gran… … aaarrggghhh— Se quejo retrocediendo no escuchando nada más ni viendo nada más que oscuridad frente a sí.

—Es… espe… espera… no quieres…— El brillo en sus ojos se apagó cuando antes de poder pedir clemencia, antes de desear vivir arrepentida. Aunque fuera una mentira y seguro le atacaría a traición si lograba ponerse en pie nuevamente. La espada se clavó en su pecho lentamente y podía sentirla atravesando sus costillas abriéndose paso hasta su corazón… La vida de Lenna entonces cambio de ser vivo a saco de patatas. ¿Que planeaba la Birkiniana? Ya no le importaba. Estaba muerta.

El silencio de un heroe

Shery poco a poco comenzaba a entrar en calor, deseaba más calor pero gracias a dios ella por su naturaleza racial podía aguantar más frio de lo común y el calor del pelaje del Mink comenzaba a hacer que se recuperase, lo único malo… el aroma a pelo quemado y a sangre por todos lados y se metía en sus narices como un enjambre de insectos que no podía apartar. —Estoy mejor Lord Zhang pero… fuchi… huele como si lo hubieran hecho fondiu…— En poco tiempo la niña se recuperó y solo temía las sombras del bosque. Pero todas las bestias parecían haber desaparecido o por el fuego o por la horda de malvados Minks que Zhang derroto en un santiamén.

—Si, lo lamento, pero es una entrada secreta, si fuera abierta y grande la gente la encontraría muy fácil no cree?.— Cuando llegaron asintió… era peligroso el fuego, claro, por ello se quedó detrás de una gran roca parapetándose completamente detrás de ella podía oler el fuego alzándose, danzando como un señor de la psicodelia. Tan alto que el humo parecían nubes que se precipitaban caóticamente a la gran construcción. Se habían demorado demasiado con los enemigos. Habían sido muy lentos… ya se había quemado casi todo. ¿Pero podían salvar algunos libros? Conocimiento infinito. Debian ser rápidos. Pero lo que de verdad fue rápido fue la voz del niño, el ataque de Zhang, arraso con todo y el disparo de Kai salió hacia el infinito nada. el fuego de la entrada se mitigo, el dolor se produjo, Kai cayo de espaldas y la explosión en las rocas y los arboles de Kai no hicieron mas que solo asustar a la niña.

Oliver salió de las sombras para interponerse entre ambos protegiendo a Kai quien comenzó a respirar agitadamente adolorido, quemado y ahora con el frio calándole los huesos. —Aaarrrgggg… Maldición… Zhang… quien jodida mierda es Zhang… por que debería conocerlo, pero… si es aliado de Bai… arrgg…. Mierda viejo golpeas como un camión descarrilado… dios…— Se incorporo apenas el Birkiniano ayudado por Oliver. Zhang entonces hablo de Lenna —Lenna?... es la leopardo? Tal vez?... debemos ayudar a la señorita Bai… vamos Kai… al elevador…— Corrió entre la nieve de Zhang.

Con todo esto solucionado Kai y Zhang en alianza solo restaba ir por Bai… El birkiniano miro arriba… el risco demasiado alto… como… como podrían subir… el elevador claro. El niño era un genio, Kai corrió detrás de el con la sonrisa de oreja a oreja… aunque estaba herido podria recuperar el aliento en el camino y si duda salvar a Bai… pero entonces un gran balcon de la biblioteca comenzó a ceder por el cambio de temperatura y todo comenzó a crujir Kai voló con todas sus fuerzas para proteger al niño que veía caer un gran muro sobre el… Zhang se veía demasiado cansado, agotado en su lucha. Y alcanzándolo lo empuja fuera del peligro Oliver cae rodando lejos del peligro pero el polvo, las llamas aun en las alturas, la nieve… todo parece un gran muro que corta toda la visión…

Bai entonces cae del cielo movida por la suave brisa y apoyada por el aire caliente del incendio. El viaje de bajada suave y mas largo de lo normal… cuando ella descendió recién el polvo se asentó… Oliver herido corrió a los escombros. —BAI!!! BAI!!! LORD ZHANG ayúdenme… Kai esta aquí abajo rápido… ayudémoslo!!!— Grito y comenzó a rasgar la tierra, la madera el acero retorcido en llamas y escarcha. El fuego comenzó a alzarse nuevamente y de manera peligrosa se acercaba otra vez donde la nieve comenzó a deshacerse. Y el fuego retomo la señal de su fulgor.

—Lord Zhang… esta… muerto?...— Dijo Shery al ver la tremenda cantidad de escombros que cayeron sobre ambos… Oliver solo tenia unos rasguños y el brazo roto. Pero la montaña de escombros era tan grande que era obvio que Kai no había sobrevivido.

En ese momento El gran Paca llego a la biblioteca acompañado por el hombre que había contratado a Zhang con su carreta.

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#26
Bai apareció cubierta de sangre, con el horror escarlata —ya coagulado y endurecido por el frío— empapando sus oscuras ropas, adhéndose a la tela como una fina película de piel, revelando sin necesidad de palabras la violenta y amarga lucha que había tenido lugar mientras Zhang no estaba.

En sus brazos aún descansaba el cuerpo inerte de Lenna; las piernas y cabeza de la mink colgaban pesadamente mientras su cabello parecia una cascada por el movimiento del vaivén. Mientras tanto, a la altura de la cadera, ambas armas —la propia y la robada— golpeaban entre sí con un tintineo sordo a cada movimiento.

Y, mientras descendía, resplandor del incendio poco a poco le fue tintando el rostro de tonos anaranjados; sobre la piel marmórea, el sudor y la sangre habían formado la imagen de pequeñas raíces rojizas que descendían desde la frente hasta el cuello.

—¡Zhang! —gritó apenas sus pies tocaron la nieve—. ¿Estás…?

La pregunta murió antes de completarse pues, sus ojos, se desviaron hacia Oliver que le estaba gritando. No entendía qué estaba pasando, de hecho, apenas había logrado entender mucho más que su nombre, sin embargo, lo que sí  atinó fue a ver como el niño corría hacia el fuego.

—¡Oliver, espera! —gritó mientras avanzaba hundiéndose en la nieve y, casi al momento, miró hacia abajo. Todavía llevaba a Lenna consigo.

—Chst… —chistó dejando escapar toda su irritación. A continuación, se arrodilló bruscamente y dejó el cadáver sobre la nieve para luego incorporarse de nuevo.

Por suerte para ella —pues de cualquier otra forma hubiera sido un terrible inconveniente—, todo ocurrío demasiao rápido y su cerebro apenas tuvo tiempo a  procesar que estaba frente a un incendio.

Así pues, centrada únicamente en sacar al niño de allí, avanzó deprisa y lo rodeó por la cintura para apartarlo.

—Oliver, lo siento, pero esto es pelig…

El crujido del edificio interrumpió sus palabras cuando, en algún lugar del interior de la biblioteca una viga cedió ante el ímpetu del fuego.

—...gro —terminó de decir al tielpo que levantabanla vista y el mundo se le venía encima.

En sus ojos el fuego danzó al tiempo que las llamas ascendieron devorando con hambrienta violencia toda la biblioteca, retorciéndose como una bestia bajo el cielo nocturno que busca a su presa. Mientras tanto el aire caliente golpeó ambos rostros y, de inmediato, sus fosas nasales se llenaron de aquel maldito olor. Un olor dulce, espeso e inconfundible que tenía grabado en la memoria.

Entonces, sus pupilas se dilataron mostrando que su cerebro lo había reconocido antes incluso de que ella pudiera entenderlo.

Era el olor a la carne quemándose.

Con el corazón latiéndo la fuerza de una máquinande vapor, su realidad vaciló. De pronto ya no estaba allí sino en casa,  rodeada de fuego y agónicos gritos tan distantes como cercanos.

Bai endureció el agarre sobre Oliver.

Escuchó en su cerebro el sonido de  personas llorando y el rugido del fuego tragándose las voces humanas hasta convertirlas en alaridos deformes.

Bai volvió a apretar al niño contra ella; sus dedos se clavaron contra el cuerpo del joven mientras sus piernas temblaban violentamente, rígidas e incapaces de decidir si correr o derrumbarse allí mismo.

—No… no, no… —murmuró mientras sentía a la nieve desaparecer bajo sus pies.

Retrocedió y es que, pese a que aterrorizada logró dar un paso diminuti hacia atrás. Luego dio otro. Parecía un animal aterrorizado intentando apartarse de una trampa mortal.

¡Bam!

El fuego estalló frente a ella y, como un escupitajo, lamió el aire quemando sus rostros con su calor.

Bai se llevó una mano al rostro, cubriéndose parcialmente la cara mientras sentía una brutal sacudida en su interior que le comprimía la garganta y le robaba el aire.

—¿Po… por qué ahora…? —Se preguntó sin dejar de escuchar aquellos gritos y voces.

Y así se quedó hasta que el niño comenzó prácticamente a asfixiarse entre sus brazos.

Entonces, Bai bajó la mirada sólo para verlo batallar con la presión que le estaba ejerciendo en el abdomen y, sin pretenderlo su propia respiración se quebró.

Le estaba haciendo mucho daño...

Retrocedió un paso, todavía atrapada en aquella lúcida pesadilla, debatiéndose con su cuerpo que le gritaba que reaccionara. El mismo que, habiéndo conseguido apenas reaccionar por un segundo  soltó al niño de golpe.

Sin emabargo ella no podía huir. Tenía el cuerpo demasiado rígido y los ojos clavados en las llamas como hacer nada más que dar pequeños pasos hacia atrás.

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Bai Mudan
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#27
Su ataque había surtido efecto y, luego de volver a su forma, observó al hombre alado caer al suelo rendido. Zhang continuaba jadeando; cada segundo que pasaba hacía aquel combate mucho más difícil.

Pero, de pronto, las palabras del pequeño trajeron la verdad a la biblioteca. Kai, quien hasta entonces se había encargado de atacarlo, parecía que todo el tiempo había sido una especie de aliado. Zhang apretó el puño con fuerza; todo había sido en vano.

El fuego se extendía, y a su alrededor el humo oscuro y el vapor dificultaban el paso. Ambos corrieron hasta su posición, buscando aquel elevador para ir a ayudar a su capitana. Pero no fue de ese modo.

El edificio sobre ellos comenzó a ceder ante la fuerza del incendio, y grandes rocas comenzaron a caer sobre Oliver. Zhang intentó moverse, pero su cuerpo cansado no respondió a tiempo.

Fue Kai quien, con aquella destreza en sus manos, lanzó al pequeño fuera del peligro. Zhang dio un salto intentando evadir las rocas y, aunque parte de ellas habían logrado golpearlo, su cuerpo intangible lo había salvado.

Los gritos de Oliver eran muy fuertes. Zhang permanecía debajo de algunos de los escombros, pero poco a poco comenzó a recomponerse mientras observaba lo sucedido; el olor a sangre invadió el lugar y de las ropas de Kai comenzó a emanar un río escarlata.

Kai posiblemente estaba muerto; aquel sin duda no era su día. Zhang permaneció en silencio en señal de respeto hacia aquel guerrero que había dado la vida por un pequeño.

Zhang no veía muy bien, y aquel entorno abrumador no lo hacía nada fácil. Tardó unos segundos en darse cuenta de que Bai había llegado junto al cuerpo de una mink, seguramente la tal Leena.

El rostro de su capitana y la forma en la que se comportaba eran síntomas de algo grave. Al final, Zhang era un médico y entendía cuándo sus pacientes necesitaban ayuda.

Zhang se acercó a ellos y, junto a Bai, intentó acompañarla. —Bai, Bai, ¿estás bien? Te he estado marcando... —le dijo, pero ella permanecía atónita por su trauma.

A su espalda, el fuego comenzó a crecer. Tenía que hacer algo al respecto, pero se encontraba agotado. Zhang, transformado en nieve, comenzó a desplegar una densa ventisca, proyectando ráfagas gélidas contra las paredes ardientes en un último esfuerzo por sofocar el avance del incendio.

Fue en ese preciso instante cuando el eco de pasos y el crujido de madera sono acercándose. El Gran Paca acababa de irrumpir en los terrenos de la biblioteca, escoltando la carreta del hombre que les había contratado. La caravana finalmente había llegado al lugar, deteniéndose frente al caos de fuego, nieve y escombros.


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"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1851 + 0 = 1851
Energia: 97 - 16 = 81
Espiritu: 817 + 0 = 817
#28
Lenna como un trofeo de guerra colgaba como una piel vieja lista para ser vendida en el mercado negro de Minks alborotadores. Sus ojos oscurecidos por la pérdida de su aliento parecían poseedores de una paz tan inmensa que incluso parecía que lo disfrutaba. Sus armas, aunque descansaban en el cinto de Bai, parecían viejas y sin filo… inútiles para un ataque decente. Mas que nada podían ser vendidas por algo de dinero en el mercado negro como reliquias invaluables pues la empuñadura de la espada parecía enjoyada y antigua. Seguro robada de algún viajero desdichado.

El aroma a pelo quemado se medió había disipado, pero el fuego continuaba devorando aquello que el esfuerzo de los eruditos se esforzaron por mantener. Lenna… parecía sonreír frente a su obra. ¿Pero… con que motivo?... aunque ellos no lo supieran. Ella actuaba por sus propios motivos. Motivos que se revelarían pronto.

Oliver no encontraba palabras, su brazo herido solo quería rasgar la nieve, En su interior pensaba que el destino era una maldita perra… como es que Lord Zhang habia atacado a Kai sin siquiera preguntar su alineación, sin siquiera suponer que era un error… ODIO… los escombros y el hielo debajo de aquella construcción derruida por las llamas. ODIO… Sentía que era el único que entendía, sentía que aquel que estaba bajo los escombros le esperarían los ojos de Kai y como en una sorpresa saltaría una vez desenterrado para revolverle el cabello. ODIO Pero sus lágrimas le impedían ver bien que poco o nada podía mover mientras las lenguas de fuego comenzaban a alzarse después de que el polvo de diamantes se asentase nuevamente venciendo poco a poco la marea de nieve que Zhang había desatado antes contra el héroe que había salvado al niño alado. ODIO.

—No… no por… por favor… Bai… déjame ayudarle… se va a morir… por… por favor entiende… no hablo bien tu idioma, pero… pero…. Snif snif… BAI…. BAAAAAIIIII— El amargo dolor del pecho del niño no soporto más, aunque no entendía quería golpear al cuerpo hecho de acero de la birkiniana, no quería entender que había pasado. Solo un segundo. Si… si solo él no hubiera corrido al ascensor. Kai no habría saltado y estarían ahora los tres salvando el conocimiento infinito. Finalmente se abrazó poderosamente bajo los brazos de la inmensa señora de la guerra.

El horrendo aroma del ambiente parecía dar una pista demasiado clara de lo que había ocurrido, Shery no entendía… quien era él. No quiso preguntar, pero camino lentamente al principio hacia Oliver… más alto que ella, pero no más maduro. El abrazo de La niña pareció reconfortarle, pero no hacerlo sentir más pena, una pena que le picaba en la garganta y una ira que pareció reemplazar todo el dolor de su brazo… un brazo seguro roto en varias partes por la patada en el brazo, odiaba. Odiaría por siempre a los Minks. ODIO ETERNO.

El agarre de la muchacha alada se volvió de pronto más y más fuerte —Bai… bai… me hace daño. BAI!!— grito el niño tratando de zafarse una vez más del agarre mientras Shery le abrazaba desde las rodillas intentando llegar más alto. 

—Dejelo!!… déjelo!!… le hace daño!!… Lady BAI!!! Lord Zhang!!! Ayúdeme… algo le pasa a Lady Bai!!— Grito mientras golpeaba con todas sus fuerzas las enormes piernas de la amazónica diosa alada solo unos segundos después Oliver cayo al suelo tosiendo con dificultad, con algo de dolor y casi sin fuerza solo movido por la tristeza se quedó en posición fetal mientras la niña Gyojin le tomo entre los brazos para caer en un sollozo desconsolado. Lo habían perdido todo.

El Gran Paca finalmente había llegado junto a los que habían sido contratados por el líder de la expedición, bajaron muchas cosas y herramientas y gracias a la ayuda del poder de Zhang las llamas en poco tiempo fueron controladas, la cantidad de hombres, el frio de Drum y la gran voluntad de los hombres hicieron el trabajo…

—Gra… cias… Lord Zhang… Lady Bai… sus esfuerzos han sido clave. Cof Cof… — Menciono mientras caminaba lentamente hacia el grupo frente a las llamas descendiendo, Shery había recuperado la medicina de las manos de Zhang y ahora bebía la poción que había protegido el medico muerto en el camino. Los efectos no eran inmediatos, pero ya se respiraba un mejor ambiente. La construcción, aunque se había consumido en gran cantidad aun parecía peligrosa, a punto de derrumbarse y pocos libros pudieron recuperarse. —Se sentirá mejor Gran Paca... descuide. aprendí mucho de los médicos de la biblioteca. Me convertiré en una gran doctora algún día para ser tan valiente y fuerte como ellos!!— Dijo la niña ayudando a levantarse al Anciano.

El trabajo?... —El tiempo del dolor ha pasado, jamás debimos aceptar a cualquier erudito en nuestras filas, pensamos… pensé… que todo el que busca conocimiento era para repartirlo al mundo… mmm… para… ser mejores, para educar a quienes buscaban consejo e instruir a quienes deseaban construir. Ahora veo que había algunos que solo buscaban maldad. Hacer daño y detener el avance que siempre soñamos.— Apoyado en su bastón el anciano camino hasta sentir apenas el aroma a ceniza y sueños rotos… —Ahora… … … mmm… a transcribir lo que se salvó… esperemos que el fuego y la escarcha convertida en agua no haya destruido todo. En fin… perdimos nuestro hogar, pero pronto lo reconstruiremos, pronto. Recordaremos a nuestros héroes que murieron en esta guerra por el conocimiento. Pero… me temo que quizás. No salvemos nada. tendremos que volver a reunir todo lo que tuvimos. Lord Zhang… me dice Oliver que aquel que les ayudo ese tal… Kai… quiero decirle que... el... bueno... no era quien pensaban. Era… un destructor. Seguro quería hacer lo mismo que esa Lenna. Así que… no se preocupe… mis fuentes, aunque tarde. Me advirtieron de él.— Dijo el Anciano arrebujado en su capa de piel pensativo…

—Lady Bai… se encuentra bien?... mire… esto… son algunas paginas del libro que nos mostro Kai… creo que esta en su lengua materna… no entiendo todo lo que dice. Seguro usted sabe leerlo… — Dijo el niño dándole una hoja a la mujer que aun parecía afectada por el incidente. 

☼“El conocimiento es poder. El poder siempre es injusticia pues los más poderosos quieren que los más débiles hagan lo que ellos quieran. Esta biblioteca de las bestias es peligrosa. He rastreado muchos libros que no pueden existir, armas peligrosas, experimentos biológicos capaces de destruir islas completas, es más, en Little Garden encontré rastros de estas drogas, en Drum hace poco, aunque no lo he confirmado de primera mano ha habido incidentes de personas enloquecidas por estas mismas formulas mortales de algunas de sus páginas. Debo destruir esos peligrosos libros, armas poderosas, técnicas de creación de armas capaces de producir efectos increíbles… NO!!! no puedo permitirlo, debo proteger al mundo y no permitir que se devore a si mismo con su hambre de destrucción. Kai… se fuerte. Aunque ames aprender. Si se aprenden cosas sin control terminaran por devastar todo lo bueno. No puede pasar. No puede haber poderes que no sepamos controlar, no hasta consumir todo el conocimiento que esta del otro lado de este conocimiento.”☼ 


—KAI HIDAN
Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
#29
Bai permaneció inmóvil frente al incendio, olfateando un olor que solo existía en su mente, con las famélicas llamas devorando la construcción mientras ella continuaba atrapada en algún lugar entre el presente y su pesadilla personal cuando, de repente, una voz conocida atravesó la irrealidad.

Bai...
Su cabeza giró lentamente hacia la izquierda dejándoles ver a los niños sus pupilas dilatadas por el miedo e incapaces de enfocar.
Bai...
Pero para ella aquella escena era como observar figuras a través de un cristal empañado.

Parpadeó y después giró la cabeza hacia la derecha. Allí estaba Zhang. Parecia moverse con pesadez, cansado, e intentar apagar algo.
Bai...
Mudan sintió un un golpe sobre su entumecida piel, luego otro más fuerte y, finalmente un tercero que despertó una feroz punzada de dolor bajo su roto pantalón.

—Ah... —gimoteó sintiendo como su respiración se quebraba agrietando su irrealidad.

Y, como si la gyojin lo entendiera, continuó golpeándola, intentando llamar su atención, y levantándo en ella un intenso y profundo palpitar.

—Qué...

La realidad empezaba a filtrarse provocando que los sonidos de su alrededor dejasen de sonar tan lejanos y, al hacerlo, se dio cuenta de que no estaba sola. Había más gente. Así que, con la mirada, barrió la escena hasta descender lentamente hacia donde Oliver yacía en el suelo, encogido sobre sí mismo en posición fetal.

Luego, como si las piezas empezaran a encajar, sus manos temblaron con fuerza. Después, su cerebro comenzó a reaccionar a los inconexos fragmentos de murmullos, al crepitar del fuego y al crujir de la nieve. Entonces, llegaron las voces que poco a poco se filtraban por las grietas de su raciocinio.

Una ráfaga de aire mordió sus mejillas devolviéndole el peso de su propio cuerpo y el dolor sordo de la herida.

Mientras tanto, las voces seguían acumulándose a su alrededor, cobrando forma y significado allí donde antes solo hubo ruido.

Sin embargo, no fue hasta mucho después —cuando el Gran Paca ya se encontraba a mitad de su discurso— que la birkiniana logró regresar lo suficiente como para sentirse presente.

—Kay... —su voz sonó suave y aterciopelada pese a su raspadez habitual —. ¿Por qué dices eso de él? —preguntó sintiéndo cómo su cuerpo aún temblaba por el recuerdo del fuego.
—Es cierto que apenas lo conozco —. Silencio —Quiero decir, conocí... Pero el poco tiempo que estuve con él no mostró el desprecio por la vida que Lenna sí tuvo.

En ese momento, el joven Oliver se acerco hasta donde Bai estaba portando partes del libro del difunto erudito. Su mano temblaba. Sin embargo, tan pronto como sintió el peso del papel dejó de hacerlo.

—Gracias —dijo, colocando su mano sobre el cabello del niño y despeinándolo tal y como el birkiniano había hecho tiempo atrás —. Y disculpame, por favor. Yo... No quise hacerte daño.

Sin prestar atención a los papeles, o al menos no a lo que había escrito, Bai dio se dio la vuelta dispuesta a aplacar la sensación de miedo que sentía tratando de levantar los escombros que habían aplastado a Kay. Al fin y al cabo, a él también quería darle sepultura. Pero, al hacerlo, y teniendo en cuenta que aún cargaba con los papeles, cuando estaba a punto de doblar fuera lo que fuese que el hombre había escrito, Bai ojeó entre líneas lo que había escrito.

—¿Qué?
Sus ojos se abrieron de par en par atónita por lo que había ahí.
—¿Es esto cierto, Kay? —murmuró para luego guardarse los documentos en el bolsillo —No puedo creerlo...

Tras ello se hincó en el suelo y empezó a remover lo que pudo dispuesta a encontrar aquel diario que el birkiniano había escrito antes de averiguar algo más.
Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
#30
Sus brazos temblaban un poco tras el esfuerzo de aquella tarde. Frente a sus ojos, aquel fuego comenzaba a disiparse; la ayuda de todos había sido clave para detenerlo, aunque ya era tarde.

Frente a sus ojos solo lograba ver destrucción y oscuridad; donde antes todo estaba lleno de conocimiento, ahora solo podía ver la muerte.

Zhang golpeó el suelo con su pezuña, mientras un vacío en el pecho comenzaba a crecer segundo a segundo... Luego de todo lo que había hecho, nada parecía haber valido la pena. Zhang suspiró con resignación; al menos ya habían apagado las llamas.

Estuvo allí por unos segundos, olvidando por un instante todo lo que sucedía a su alrededor, y se limitó a sentir el vacío de su pecho. La muerte siempre dolía, pero ya no le dolía tanto como antes; y frente a la muerte de Kai, Zhang sentía temor de la bondad de su corazón, de normalizar las tinieblas, de abrazar su lado oscuro.

Se encontraba agotado; la batalla le había dejado secuelas que tendría que aprender a sobrellevar. Sus piernas temblaban un poco. Resopló con cansancio, dejando escapar un aliento blanco que desapareció en el aire frío.

Zhang escuchó a la pequeña Shery hablar a lo lejos con el Gran Paca, diciendo que quería convertirse en una gran doctora... En medio de tanta desgracia, saber que la pequeña estaba a salvo y que la medicina se había salvado le daba algo de alivio. Una pequeña sonrisa triste apareció en su viejo rostro.

Pero aquella calma duró apenas nada. Siguió moviéndose un poco y, frente a sus ojos, una mirada punzante lo juzgaba; podía sentirlo. Zhang tragó un poco de saliva ante el odio del pequeño. Zhang lo observó por un instante y, respetando su emoción, le dio espacio para que lo odiara; Zhang Guolao era un pirata malvado, después de todo.

El Gran Paca se acercó para hablar. Zhang escuchó en silencio; sus largas orejas estaban caídas y su cuerpo continuaba temblando mientras escuchaba las palabras del anciano.

Bai tomó las páginas del diario. Kai no buscaba la maldad, y Zhang había terminado con él sin pestañear. El burro agachó la cabeza por un momento en señal de respeto.

—Hmmm... —murmuró Zhang, sintiendo cómo el estómago se le retorcía por el remordimiento. Todo había sido un horrible malentendido.

Observó a Bai arrodillarse sobre la nieve y los escombros, comenzando a remover la tierra y las piedras para desenterrar el cuerpo de Kai. ¿Qué estaría pasando por su mente?

Zhang comenzó a moverse hacia ella y, pese a su lentitud, se acercó para ayudarle a remover los escombros poco a poco.
—Déjame ayudarte, Bai —dijo Zhang con una voz cansada—. Mierda, Bai, lo maté. —Odiaba esa parte salvaje de sí mismo—. Pero al menos merece descansar en paz bajo la tierra, y no bajo el peso de mis errores.

Zhang comenzó a levantar los escombros para poder darle una sepultura adecuada a aquel hombre alado.

Bitácora del burro
Zhang Guolao
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