Knockin' on Heaven's Door | Privado [Pasado]
#21
—Si vas a reír y ponerte roja cada vez que "me burlo de ti", entonces lo haré más seguido.

El nuevo color de mi rostro se intensificó un poco más sin que pudiera evitarlo. ¡Ah, ¿por qué tenía que haberse  dado cuenta?!

—¡Pues eso no es justo! —le reproché cruzándome de brazos una vez mi rostro quedó limpio, tratando de simular que no me importaba que notara el cambio de color al tiempo que una sutil sonrisa me traicionaba mientras quería mostrarme enfadada—. El día que yo descubra tu debilidad, te vas a enterar —amenacé antes de sacarle la lengua y reír de nuevo.

A las bromas la siguió toda una declaración de intenciones sobre el futuro, la memoria de mis padres e iluminar el mundo… juntos, como un equipo. Pronto, confesé mi deseo de dar luz al suyo.

—Si quieres iluminarlo, sólo sigue sonriendo.

Mi sorpresa se hizo evidente ante aquella respuesta, aunque una amplia sonrisa la desterró en cuanto escuché la segunda parte, creyendo entender la de él. Era cierto, yo le había prometido ser fuerte, y las personas así sonreían ante las dificultades y sin importar sus inseguridades.

—¡Vale! —asentí confiada.

No podía evitar pensar que, quizás, me había mostrado vulnerable demasiadas veces ante él para su forma de ser. Sin embargo, aunque coincidía en que sus palabras eran ciertas con la mayoría de las personas durante la mayor parte del tiempo, no compartía que hubiera que sonreír siempre para iluminar el mundo de otro. Aun así, esa era una conversación demasiado larga para la ocasión, sobre todo teniendo por delante tanto que aprender para la misión más importante que había tenido en toda mi vida.

Me alegré cuando se sentó junto a mí, esta vez un poquito más cerca, y giré mi torso hacia él para escucharlo con toda mi atención.

Tuve que contenerme para que no se me escapara una risita cuando dejó caer como si nada que llevarme sería una “pequeña” falta de respeto… ¡justo después de explicarme las interpretaciones que hasta el más sutil desliz tenía! Por supuesto, sentí también curiosidad cuando mencionó quién sería en aquella reunión, pues era uno de los puntos claves para mí y seguía sin tenerlo claro, especialmente cuando confirmó que sólo podían estar presentes familiares directos de los comprometidos, ¡y yo no llegaba ni a familia remotamente lejana!

“Amante”. Mi mirada se amplió, recordando la anterior conversación. Así que no era del todo una broma, al menos a percepción del resto de asistentes. Tenía sentido. ¿Qué otra cosa podrían pensar en esa situación? Shin tenía una respuesta: “testigo”. Una testigo personal, para ser más exactos. Suponía que tenía sentido, pero ¿qué hacía exactamente un testigo más allá de observar…?

Seguí escuchando sin interrumpir. Asentí ante la explicación  del “omiai”, comprendiéndolo mejor en el conjunto de sus partes y con su resumen posterior. Aun así, más me llamó la atención el “nosotros” de aquella última oración. Entonces, ¿pensaba que tampoco les había importado mucho la opinión de esa chica, Sakura? Si eso era así, quizás la habían elegido por sus cualidades pero estuviera verdaderamente en la situación de él. Realmente tenía muchísima curiosidad por conocerla…

Asentí de nuevo a cada una de las nuevas indicaciones. A pesar de su gesto serio, mi alegría regresó, queriendo resumir esa última parte para asegurarme de que lo había entendido perfectamente.

—Vale, no hablar sin que me hablen primero, y siguiendo eso yo no debería hablar si te hablan a ti. ¿Lo de no contestar en tu nombre también significa no decir lo que sabes o piensas si me preguntan aparte? Supongo que sí, pero es por estar segura —inquirí—. Y, por último, no llamar la atención pero mostrarme segura de mí misma y de mi posición ahí. ¡Parece fácil~! —sonreí con confianza. Sin embargo, un casi olvidado interrogante se reflejó en el brillo de mi mirada, y pronto se lo hice saber—. Pero ¿qué hace exactamente un testigo personal, Shin? ¿Qué hay que hacer con lo que observo y memorizo? ¿Tengo luego que firmar algo? ¿O simplemente voy, te acompaño y después nos vamos sin que tenga que hacer nada concreto con ellos? ¡Y por cierto! ¿Cómo puedo avisarte si veo o escucho algo extraño? ¿Te rozo el brazo con el mío y cuando estemos solos te susurro?

Vale, al final no era tan fácil. ¡Son muchas, muchas cosas! ¡Pero yo soy lista! ¡Las recordaré todas todas!

Pero aún había un siguiente punto, ¡y era algo  que me iba a gustar! La posición de sus manos me llenó de expectativa, haciendo que alzara las  mías, cerradas, a la altura del pecho, mirando a sus ojos con los míos muy abiertos y un claro mensaje silente: «¡Dilo, dilo, dilo, dilodilodilo! DILO».

—¡La ropa! ¡Vivaaaa!

Un chillidito vulpino se escuchó cuando extendí al cielo mis manos al mismo tiempo que él.

—¡La ropaaaaa! ¡La ropaaaaaa! ¡Viva, viva! ¡La ropaaaaaaa! ¡¡Ropaaaaaa!!

Mi cola se agitaba con fuerza mientras celebraba, chocándose con el respaldo y el sillón del sofá, tirando un cojín al suelo casi sin que me diera cuenta. Para darle más movilidad, giré todo mi cuerpo hacia Shin, quedándome con las piernas cruzadas y el respaldo del sofá a mi lado, con todo el espacio libre a mis espaldas. Acto seguido, zarandeé su hombro con una mano y su rodilla con la otra.

—¡¿Cómo es la ropa?! ¡¿Y los zapatos?! ¡¿Y los complementos?! ¡Dímelo, Shin, dímelo, dímelo, dímelooooooooooooo!
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#22
Su sonrisa tenue le permite a Kuroshiro quedarse con la última palabra, pues en su mente seguía viva la imagen del sonrojo intensificado, vinculando la pequeña advertencia de encontrarle una debilidad con hechos que temía de manera genuina.

¿Y si ella estaba ocupando ese rol?

A más la contemplaba, apreciando su manera de existir y afrontar la realidad, mejor entendía el valor que indirectamente le permitía encarnar, dejándolo tan sorprendido como la noche en que la vio bajar del carruaje, envuelta en la imagen de una princesa.

Nyra terminó siendo peligrosa, y sabía gestionar ese tipo de situaciones, el asunto radicaba en que quizás los métodos más efectivos ya habían sido descartados, porque de manera directa o indirecta, ya no quería alejarse de ella realmente.

Quizás por eso le concedió esa victoria mediante su silencio. En cualquiera de los casos, se salió con la suya.

La cercanía sólo reflejó la comodidad que sentía a su lado, y las explicaciones posteriores construyeron esa misma certeza que llevaba pensando desde el principio. Ella era la mejor opción para ese papel.

Kuroshiro no tardó en mencionar sus típicas aclaraciones, resúmenes que utilizaba para entender mejor los asuntos a los cuales se enfrentaba, y Hasegawa no iba a dejarla con la duda. Al final, su rol era de vital importancia, y trataría de dejárselo lo más claro posible, de otra manera no podría avanzar con las enseñanzas.

Pues aunque ella quisiera, mostrando su emoción con ese incesante brillo en sus ojos, el chillido vulpino y la cola dándole golpecitos al sofá, incluso sacudiéndolo suavemente de los hombros, intentando acelerar las explicaciones, detenerse en su rol seguía siendo prioridad, pese a que el ánimo contrario se le pega tan fácilmente.

—¡Poco a poco, Nyri! —exclamó, levantando el dedo índice como pequeña pausa ante tanta hiperactividad —Primero, es correcto. Lo de no hablar en mi nombre significa lo que dijiste. —asintió levemente, previo a explicar con más detalle lo que él entiende como "testigo personal", rebajando las revoluciones de la interacción. Necesitaba que preste atención.

—Generalmente, los omiai se usan para tantear la posibilidad de un matrimonio arreglado, permitiendo que la pareja tenga su primer encuentro. Pero en este caso, el compromiso está cerrado, técnicamente deberías firmar algo, el problema es que si lo terminas haciendo entonces significaría que la ceremonia seguirá vigente. —el dedo índice que alzó empezó a moverse hacia los lados, negando —¡Queremos evitar eso, Nyyyyri! —aseguró, con una sonrisa de oreja a oreja. —La mayoría de los presentes tendrán intereses puntuales, vinculados a las familias o al significado de la boda. Tú no tienes ninguno, llevarte como alguien neutral al no portar el estandarte Hiroshi o Hasegawa me parece una buena idea, al margen de lo que yo espero conseguir allí. —recalcó, aunque eso no era todo.

—Tendrás que escuchar, observar y recordar. Quién mira a quién, palabras susurradas, intentando evitar que otros escuchen, fijarte en los pequeños momentos que quizás me pierda por lidiar con Sakura e Ichiro, y al final, contármelo todo. —se encoge de hombros, soltando un comentario a modo de broma —Salvo que mi vida esté en peligro, en ese caso tendrás que inventarte un código secreto. —cerró los ojos con una sonrisa confiada, restándole importancia a esa posibilidad. 

—¡Ahora sí puedes zarandearme, Nyri! ¡Podemos pasar de tema! ¡Vengaaa, hazlo! —reclamó, con ambas manos convertidas en puños a la altura de su pecho.

Es más, a los pocos segundos, fue el mismo Shin quien empezó a sacudir a la pequeña humink, devolviéndole el favor.
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#23
¡Pero ¿cómo que poco a poco?! ¡¿Cómo poco a poco si ya ha dicho “ropa”!? Mi cola redujo su velocidad hasta detenerse y los hombros se me bajaron en una pequeñita decepción cuando alzó el índice para intentar calmarme, pero escuché con atención.

Aunque pasaron varios segundos, mi mente no tardó en volver a centrarse en el tema anterior. Asentí cuando me confirmó lo que significaba “hablar en su nombre”, sabiendo que era muy, muy importante tener eso claro.

¡Y cada vez que mencionaba que ya estaba todo acordado sin preguntarles me daba tanta, tanta rabia! ¡Ah, y eso significaba entonces que debería de firmar algo en principio! Pero, por supuesto, mi sonrisa reflejó la de él ante su negación al tiempo que mi cola se agitaba un poquito otra vez. ¿Qué cara pondrían? ¿Intentarían engañarme para firmar?

—¡Nada de firmas! ¡Entendido!

El no tener intereses era también una gran excusa para poder ir allí. ¡Y mi presencia sí que era importante! Al principio no estaba segura de cómo podría ayudarlo, pero ahora tenía mucho más sentido: mirar, escuchar y recordar para poder informar a Shin de todo sin que nadie nos escuchara a nosotros. Susurros, quién mira a quién y cómo…, sobre todo cuando él no pudiera estar atento porque los estén distrayendo. Eso era probable que ocurriera, y además constantemente, porque después de todo es el novio, y además ha estado lejos de su familia durante mucho tiempo, así que seguramente muchos tendrán numerosas preguntas sobre él.

¡Oh, espera, espera!

—¡¿Un código secreto?! —exclamé emocionada—. ¡Vale! Podría ser… ¡pastelito! No, no, ¿y si allí hubiera pastelitos? Sería raro… Mmm… ¡Baterilla! No, es prácticamente donde empezamos a trabajar juntos y podrían preguntar sobre eso… ¡Faro! ¡No, no, no! Trabajan con marines, podría salir en una conversación normal! —Mi cola se había agitado y detenido cada vez que daba una idea y la descartaba luego, y ahora me había llevado ambas manos cerradas a la base de mis orejas, con los codos muy arriba y los ojos pensados para pensar mejor hasta que de repente se abrieron con el brillo de una nueva idea—. ¡Ya sé! ¡Estrella! ¡¿Qué te parece?!

Esperé emocionada su respuesta, ¡pero aún más lo estuve cuando al fin podíamos pasar a hablar de ropa!

—¡Ropa! ¡Ropa! ¡Ropa! ¡Ropaaaaaaaaaaaaa! —lo zarandeé en cuanto él me invitó, riendo aún más cuando él me devolvió aquel gesto mientras mi cola volvía a moverse igual de enérgica que la primera vez que sacó el tema.
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#24
Quizás era una de sus cosas favoritas en ella, esa capacidad de leerla fácilmente a través de sus gestos físicos, permitiéndole llevar las conversaciones a puntos en donde el disfrute contrario creciera o disminuyera según la necesidad del momento. Y no es que dominase esas sensaciones desde la manipulación, muchas veces la efusividad emerge de manera natural, sólo es aplicable a escenas como aquella, donde todo está aparentemente bien y él es la voz liderando el tempo de las enseñanzas.

Aunque claro, ver su cola zarandearse de un lado a otro reducir la velocidad ante el cambio de tema y repetir el proceso mientras ideaba el código secreto le sacó más que una simple sonrisa.

—¿Estrella? De acuerdo... —a su cabeza cayeron todos los recuerdos en donde aquel presente concepto relacionado a brillar tomó protagonismo, curiosamente instantes en donde estaba en compañía de la misma persona que sus orbes cerúleos observaban ahí mismo, sosteniendo la curva de sus labios mientras se acomodaba en el sillón, sin romper las distancias con Kuroshiro, lo que les permitió el zarandeo mutuo mientras alimentaban la expectación por la ropa. ¿Lo malo? Quizás no era tan divertido, aunque imaginaba que a la humink iba a apasionarle igualmente.

—Bien, respecto a la ropa, después traeré el álbum familiar que me dio mi madre, pero primero voy a darte las bases principales sobre lo que deberías tener en cuenta al momento de elegir cómo vestirte. —cruzado de brazos, asintió múltiples veces, dándose aclaratorias a sí mismo y un sello de aprobación. Gestos típicos que exhalaban su nivel de egocentrismo. —Es muy importante, porque también deberás evitar todo lo relacionado a los colores tradicionales de ambos clanes, con pocos adornos y un minimalismo concreto. Al mismo tiempo, debes estar a la altura del alto nivel económico que tienen estas familias. —añadió esas dos últimas palabras de manera despectiva, sin involucrarse en la rama genealógica de donde es, algo que se notó prácticamente de inmediato.

No tardó en volver a ponerse de pie, fue como un rayo, colocándose justo enfrente de la rubia y levantando el dedo índice a la altura de su mentón mientras que su brazo izquierdo se cruzaba sobre su lumbar en una pose bastante formal. Así, comenzó a caminar de un lado a otro, repasando en términos generales esos detalles que no podía omitir, y que con el refuerzo visual que le traería en algunos minutos terminarían de cerrar las enseñanzas sobre el código de vestimenta.

—Debes evitar demasiados adornos, y utilizar tonos sobrios. Nada chillón o que atraiga muchas miradas, porque el exceso puede leerse como un desafío a quienes tienen verdadera autoridad, o ignorancia de lo que la situación significa. —finalizó, cambiando la dirección en la que caminaba y volviendo a tomar la palabra —La pulcredad es demasiado importante, así como tener el cabello controlado, no necesariamente recogido. Debes evitar elegir algún peinado que te obligue a acomodártelo constantemente, porque llevarse las manos a la cara puede ser sinónimo de nerviosismo, o una imagen descuidada. Esto último es muy importante. —aseguró.

—¡Y perfumes! Algo leve. Yo utilizo aromas fuertes porque me dan igual, pero por lo general representa una invasión al espacio del resto, así que si vas a usar alguno, y quieres respetar tu posición en el omiai, debe ser suave, que sólo se sienta en una cercanía moderada y que indique la pulcredad en tu imagen. —con eso, consideró que no tenía mucho más que decir respecto a las pautas principales sobre los códigos de vestimenta, salvo alguna dudilla que pudiese surgirle a Kuroshiro.

—Si tienes todo claro, iré a buscar las fotos. Quizás ver los colores, o como se visten mis familiares te ayude a armarte una idea. Como pequeña advertencia, es muy distinto a lo que viste el día de la mascarada. —se frenó frente a Nyra, negando con el mismo dedo índice que mantuvo elevado todo ese rato, y bajándolo por fin.

—¡Es tu momento de hacer preguntas! ¡Habla ahora o calla para siempre! —súbitamente, y utilizando su fruta del diablo, recortó las distancias con la humink en un destello inevitable para sus capacidades, apareciendo literalmente en su cara, deshaciéndose de su intangibilidad y estirándole las mejillas de una manera un tanto molesta, pues las replegaba y estiraba al ritmo de un melodioso canto —¡Haaaabla! ¡Haaaabla! ¡Haaaabla! ¡Haaaabla! —la distancia entre sendos rostros era reducida, pero el caótico accionar de Hasegawa hacía que fuese el detalle menos relevante de la secuencia.
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#25
Tras una divertida sesión de juegos, ¡por fin tocaba hablar de la ropa! ¡Vivaaaaaaaaaa!

La expectación por el álbum familiar iluminó mis aguamarinas mientras la puntita de mi cola se agitaba sin moverse del sitio con emoción contenida. Sin embargo, lejos de interrumpir, escucho cada instrucción con suma atención y cuidado.

Nada de los colores tradicionales de los clanes. Pocos adornos. Minimalismo… ¿concreto? Mi rostro se inclinó un muy breve instante por la ligera incomprensión, pero pensé que sería más fácil comprenderlo cuando viera las fotos (y, si no, siempre podría preguntar después). ¡Nuevo dato! Estar a la altura de su nivel socioeconómico.

—¡Entendido! —sonreí con un firme y exagerado asentimiento para indicarle que podía continuar, notando el matiz en la última oración, pero sin querer cortarle el hilo.

Con la velocidad del relámpago, su presencia me sorprende para colocarse ante mí, haciéndome abrir los ojos más de lo normal. Mi mirada se fijó primero en la llamada de atención de su dedo para pronto centrarse en su movimiento mientras me aseguraba de recordar cada detalle.

Pocos adornos. Tonos sobrios, ya que llamar la atención puede considerarse un desafío o poco interés en comprender sus tradiciones. Pulcritud absoluta. ¡El cabello! Si debe estar controlado y no molestar, la mejor opción seguía siendo el recogido de siempre, ya que por esas razones era el que solía utilizar para el trabajo, y personalmente creía que me quedaba muy bien. ¡Oh, tenía todo el sentido no llevarse las manos a la cara!

De inmediato, mis manos pasaron de estar relajadas sobre el regazo a muy bien cerradas y con los brazos estirados para que se mantuvieran en el mismo sitio. Eso me ayudaría a estar segura de que no me llevaba las manos al rostro sin darme cuenta, al menos hasta que estuviera segura de que no lo haría por accidente. ¡Había dicho que era muy importante!

—¡Vale! —asentí nuevamente con idéntica energía.

¡Perfumes! Mis iris se abrieron más, con evidente curiosidad. Por un instante pensé que quizás necesitaría tanto como el que usaba él, pero más bien era todo lo contrario. Tenía sentido, si quería distinguirse de ellos. Uno suave, perceptible sólo desde una cercanía moderada, pulcredad… ¿Vainilla? ¿Jazmín? Eso me recordó algo.

—¿El que me puse para la mascarada serviría? —pregunté sin estar segura, aunque creía que cumplía todos los criterios. Como estuvimos bastante cerca (¡hasta me hizo cosquillas en las orejas!), quizás lo recordara.

Pero la simple mención de las fotos bastaría para que mi cola volviera a moverse con renovada felicidad. ¡Iba a ver los colores y las prendas! ¡¿Y era muy distinto a la mascarada?! ¡Eso solo me hacía tener más y más curiosidad!

Ni siquiera me dio tiempo a compartir mi emoción cuando de repente me sorprendió ver su rostro a escasos centímetros del mío para, acto seguido, comenzar a jugar con mis mejillas al tiempo que canturreaba.

—¡O edo alaaar! ¡O edo alaaaaaaar! —me quejaba con los ojos cerrados mientras intentaba separar sus manos de mi cara hasta que lo conseguí. O hasta que él me soltó. ¡Bueno, eso no importa!—. ¡No puedo hablar si haces eso, Shin! —renegué nuevamente, esta vez mirándolo a los ojos con un mohín de fastidio… que duró unos segundos antes de echarme a reír y alzar ambos brazos al cielo—. ¡No tengo preguntaaas! ¡Vivaaaaaa! O bueno, eso creo —sonreí al tiempo que mantenía las manos cerradas a la altura del pecho, tratando de contener mi alegre y profundo interés—. ¡Necesito verlo, Shin! ¡No puedo saber si tengo dudas si no lo veo! —Finalmente, agité de nuevo mis manos, llevándolas al techo—. ¡Fotos, fotos, fotos! ¡Fotooos!
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#26
—¡Ese perfume valdrá! —exclamó, asintiendo varias veces, un espejo de ciertos gestos que ella hacía con naturalidad. No se burlaba de ella ni mucho menos, sólo compartía su energía.

Le alegraba saber que las nuevas explicaciones se presentaron claras, al menos si se observaba el resultado encarnado por Kuroshiro, quien esta vez no tenía dudas, haciéndoselo saber incluso con las mejillas estiradas mientras intentaba liberarse. Terminó soltándola, siendo víctima de su mohín a poca distancia, al mismo tiempo en que renegaba verbalmente de lo que había hecho, lo que produjo una poco sutil risotada en el albino, tomando distancia y observándola, esperando la respuesta final, aunque antes...

—¡No es mi culpa! —expresó, apuntándola con el dedo índice —¡Si no desarrollaste la habilidad de hablar mientras estás siendo violentamente atacada, allá tú! —acto seguido, se tomó la libertad de, en toda su desfachatez, hacerse el ofendido a la par que se cruzaba de brazos, imitando el gesto de inflar ligeramente las mejillas que le vio a Nyra escasos segundos atrás. Aprovechándose de esa faceta que le estaba imponiendo, decidió torturarla un poco con la idea de no mostrarle las fotos que tanta emoción le estaban causando, observándola de reojo y siendo portador de una sonrisa maliciosa que no pudo contener. —Quizás no eres digna al final... —comentó en un susurro audible para la humink. —¡Pues me niego! Aquí termina la sesión de aprendizaje de hoy. —con un gesto del mentón, señaló la salida —Ahí tienes la puerta, no pasa nada si queda abierta. ¡Me voy a dormir, adiós! —y de un momento a otro, se envolvió en su típico fulgor dorado, desapareciendo de la vista contraria sin mediar palabra.

Pasaron unos pocos segundos de incertidumbre, pero antes de que la mujer pudiese decidir ir a buscarlo a alguna habitación, Shin reapareció, esta vez sosteniendo en una de sus manos lo que parecía un libro amplio. Bajo el contexto, no podía ser otra cosa más que el afamado álbum de fotos.

—¡Yõ, pequeña Nyri! —la saludó como siempre, o bueno, casi siempre, reconocía que eso de explotarle la puerta se convirtió en un nuevo gusto adquirido. Y sin dejarla reaccionar demasiado, simulando que todo lo anterior no había sucedido, se sentó a su lado, invadiendo ligeramente su espacio personal pero bajo el objetivo de abrir el amplio libro (en largo) y apoyar cada pliegue en una de las dos piernas de ambos. Antes de hacerlo, la puso bajo advertencia, levantando el dedo índice como un maestro enfadado —Una sola burla, y lo quemo. —fue de las pocas veces que le apareció una vena de supuesta rabia en el rostro, prácticamente caricaturesco, emitiendo un destello lumínico en la yema del susodicho.

Pero, como casi todas sus amenazas a aliados, no fue más que otra exageración, cambiando de estado de ánimo al instante y abriendo el álbum para desvelar la primera página.

Estaba en blanco, incrementando ligeramente las expectativas, pero la segunda...

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Hasta habiéndolas repasado hace relativamente poco, la reacción se mantiene, entreabriendo ligeramente los labios. No recuerda el día de esa foto, era bastante más pequeño de lo que parecía, y aún así, esa mirada fría como el hielo se le hace casi irreconocible, perteneciente a alguien más. Al margen de ello, trata de mantener su porte, sonriendo y señalando las ropas que los tres integrantes de la fotografía tenían puestas. Padre, madre e hijo.

—Los bordeados y detalles en la tela no son al azar. Son símbolos que se llaman 'kamon', representan a los clanes a donde quienes los visten pertenecen. El color también es importante, por ejemplo, mi madre... —señala a la de hebras tan blancas como las suyas —No va en conjunto con nosotros, respetando sus raíces como mujer importante dentro de la familia Hiroshi. Al menos en días ceremoniales, porque estás viendo haoris adornados con la formalidad más alta. —hizo una pausa, ignorando a su padre y señalándose a él mismo —El azul representa a los Hasegawa. ¿Ves los kamon a ambos lados y en las mangas? Normalmente sólo se llevan en la espalda, y uno en el costado izquierdo del pecho. El día del omiai verás vestimentas como en esta foto. —giró el rostro para observarla, intentando cerciorarse de que lo estaba siguiendo.

Entonces, pasó la página, desvelando una nueva foto.

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Contuvo el temblor de rabia que casi aparece en su mano visible, mostrándose completamente normal, con la misma sonrisa de siempre. —Vaya, esta no da tanta información sobre la ropa. —soltó un suspiro breve. Tenía pequeños destellos de aquel día, o quizás eran sensaciones antes que imágenes claras en su memoria. Recordaba la presión sobre su pecho aprisionándolo cuando sostuvo el envaine por primera vez, proveniente de Ichiro.

No pensó en que rostro le estaba mostrando, su frialdad. Lo procesaba mediante la retrospectiva, pero poco más —Ese día me dieron mi primera espada. Son sólo cuestiones tradicionales, no le des demasiada importancia. —cuando Nyra terminase de observar lo que quisiera, repetiría el proceso, exhibiendo otro fragmento de su pasado.

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Casi como si hubiese sido una contradicción directa a lo que le relató sobre su primera arma, la nueva imagen hablaba por sí misma. Shin era el único niño entre adultos y jóvenes armados, no había nadie más ni remotamente cercano a su edad en las mismas condiciones que el de ojos cerúleos, e incluso se notaba en detalles de su expresión, intentando pertenecer a un mundo al que no debería tener acceso.

—Supongo que esta sirve para que conozcas el calzado que se suele usar. —bromeó, manteniendo la impasibilidad contra ese tipo de recuerdos, pruebas tangibles de lo que fue su crianza, la infancia que nunca tuvo. —A estas alturas es evidente que me crie en los terrenos del clan Hasegawa, es en parte lo que ha molestado tanto a los Hiroshi. —reconoció, al final fue todo mérito de su padre.

Sin darle más vueltas, volvió a abrir otra puerta hacia su pasado.

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Una un poco más alegre.

—¡Oh, oh! ¡Mira! ¡Es mini-Kael!

Lo señaló con entusiasmo, aunque la alegría presente del albino se ensombrecía ante lo que relucía la primera sonrisa del niño prodigio. Hiperactivo, giró la vista a Kuroshiro. —¡Y este es un buen ejemplo de ropa apropiada cuando no perteneces a ningún clan! —lo que describió antes podía percibirse a la perfección, tonos sobrios, formales y poco llamativos. Se podía notar perfectamente que ese día también cargaba cierto peso 'oficial', y si Nyra retuvo los datos que le brindó respecto a los kamon lo entendería.

—Conocí a Kael en el lugar donde nos educaron. Siempre se las arreglaba para codearse con familias adineradas, el tipo sabía lo que hacía desde pequeño. —confirmó, percibiéndose una nostalgia agradable en su voz —Entrenábamos mucho. Yo me di cuenta desde el principio que él intentaba dejarme ganar, y yo no quería darlo todo porque realmente me gustaba que no me tenga miedo. —se encogió de hombros, negando con la cabeza —Al final se dio cuenta de que nunca habría tenido oportunidad de ganarme. Intentaba incrementar el nivel de su habilidad para forzarme, y se iba sorprendiendo de mi "adaptabilidad". —echó a reír con ese pequeño detalle.

—Le cayó bien a mi padre, pensando que me suponía un reto. Aunque lo mejor de todo es que Kael no se lo tomó necesariamente mal. —su presencia entre personas de mayor edad y experiencia en la foto anterior demostraba algo puntual; lo consideraban a la altura del resto. Era normal la superioridad frente a otros niños.

Con un peso considerablemente inferior en su pecho, pasó a la siguiente página.

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—Oh, no le hagas tanto caso a esta. Es una de las favoritas de mi madre. —se veía a un Shin desfasado, formal pero con un estilo propio, en una pose menos recta que otras fotos, y al percibirlo, nuevamente ignorando a la sombra perpetua que parecía ser su padre, decidió indicarle algo relacionado a los códigos de vestimenta.

—Llevar gafas de sol frente a personas de mi familia sería un suicidio social. Cualquier accesorio innecesario, en realidad. Eso puede incluir cosas de mujeres como lo que se enganchan en el pelo. —colocó la mano en forma de "garra", simulando que iba a liberar el cabello rubio de la humink, aunque eso se quedó en la nada —Es lo único productivo que puedo ofrecerte con esta. —confirmó, dispuesto a continuar cuando la curiosidad de Nyra cesase.


Sólo que... tardó un poco más en hacerlo.

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Ya sabía que estaría ahí, pero verla se sentía siempre como un baldazo de agua fría. La primera vez que repasó las fotos, casi le devuelve el álbum a su madre, pero decidió conservarlo pese a las cicatrices emocionales que rasgaban la poca alegría que pudo recolectar desde que abandonó Sorbet —A veces olvido que Kael fue serio toda su vida... —suspiró, intentando quitarle peso al silencio, a la presencia casi hostil de Ichiro, y claro... a la ausencia más evidente de su vida.

—Ella es Himari. —confesó por fin. —La siguiente foto creo que te ayudará mucho para hacerte una idea de como vestirte ese día. —le permitió observar todos los detalles en la misma, y mientras tanto Shin se hizo el distraído. Tampoco dio demasiado contexto sobre lo ocurrido aquel día, idéntico a la falta de imágenes entre el niño que entrenaba con Omuyaga y el joven adulto que llevaba sus características gafas de sol en los terrenos del clan Hasegawa. Capítulos perdidos en su historia, o quizás atesorados en el álbum de una persona diferente.

De todas formas, no estaba listo. En el fondo, no quería volver a ver lo que seguía, porque las cicatrices retrocedían en el tiempo hasta volverse heridas frescas, reviviendo el momento en que la perdió con la misma intensidad.

¿Dónde estará?

¿Se habrá encontrado con otra vida?

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Un blanco puro, adornado con el rostro de quien creía estar viviendo un sueño, despierta. Llevada por la mano de su madre, la única en toda la familia Hasegawa que llegó a aceptarla, enteramente, incluyendo su pasado. Recogiendo desde su interior la fortaleza necesaria para ser presentada ante todos como la pareja del chico más sobreprotegido que haya conocido jamás, sabiendo las miradas que enfrentaría, los deseos egoístas silenciosos cargados sobre sus hombros y el eterno fantasma de Ichiro acechando.

Así y todo, la ilusión no abandonaba su semblante.

—Es... —sus labios se cerraron de golpe, porque claro, Nyra no lo entendería, no tenía todo el contexto. Las siguientes palabras que nunca se dijeron, eran "la persona más fuerte que conocí". Porque ante semejantes adversidades, no abandonó la dulzura que llegó a caracterizarla, tratando con un respeto formidables los cortes que intentaban hacerle a su imagen social. Kiyoko fue su escudo, Shin la espada que apuntaría al cuello de todos los que se atreviesen a rebajarla en su presencia.

Al final, nadie se atrevió a cuestionarla con el típico descaro filoso que acostumbraban. Ella pudo sonreír toda la tarde, hasta entender que no habría nadie más en su vida capaz de atravesar todos los espacios donde fue miserable, y convertirlos en un lugar feliz, donde su perfume inundase los malos augurios, sus risas apagasen el ruido incesante de espadas chocando, y su presencia... iluminase sombras que se negaban a abandonarlo.

—Es bonita, ¿verdad? —sonrió, cerrando los ojos. Conteniendo las lágrimas debajo de los párpados a un punto en que consiguió volverlas invisibles, respirando con calma, evitando que semejante tornado de emociones y sensaciones se lo lleve por delante, pues después de haber creído que volvió a verla, en un más allá difuso, lejos del infierno que a veces parecía encarnar su realidad, el peso de su muerte lo desestabilizaba.

Quizás una prueba de que seguía vivo. O en su defecto, señales de que era hora de seguir adelante.

Tras unos segundos, donde acalló las emociones que querían exhibirse, aún sin evitar el inexplicable brillo en sus iris, volvió a ver la foto. —Kiyoko, mi madre, la preparó para que podamos presentarla a mi familia, como mi pareja. —confesó, y la curva en sus labios disminuyó —Creo que se nota la diferencia, ¿no? —la mira de reojo, en una clara referencia a la ropa de Himari.

—Algunas personas brillan con muy poco.

Encontrando sus orbes aguamarina, no pudo evitar soltar esas palabras. Así como tampoco consiguió ceder al impulso de desviar su mirada hacia la cocina, buscando un segundo aire que lo anclase a la realidad. Un tipo divertido, incuestionable y siempre en su eje. ¿Irónicamente? La persona a su lado era experta en ver más de lo que debía, aunque decidió darle su tiempo de observar a la chica que lo cambió, y aún más importante, las telas que la envolvían. No fue hasta que Nyra finalizó que se vio capaz de continuar, con una pena extraña, diferente a cuando estaba a punto de verla sin el uniforme marine. Sentía en el fondo que pasar la página era mancillar su imagen, y tras reconocerse como un estúpido por pensarlo, consiguió avanzar hasta la última foto.

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—Vaya, me había olvidado de esta. —un álbum breve, aunque funcional. No había más que ver luego de esa —Otro buen ejemplo de ropa que se considera formal sin mostrar los símbolos de otros clanes. —y siendo quien es, una muestra extrema de rebeldía, aún y si Kiyoko se veía orgullosa de su hijo.

—Ese día me fui de Sorbet, el Reino donde crecí. Y como ves, querían conmemorarlo. —hasta el día de la fecha, no se había tomado otra foto con sus padres, y tenía cierta gracia que en ese recuerdo, el prodigio de los Hasegawa no portase los colores de su clan —Luego de lo de Himari, decidí viajar y viajar, cumpliendo trabajos allá donde me enviaban. Fue la primera vez que pasé tantísimo tiempo solo. —relató con suma tranquilidad, haciéndosele fácil el describir las pequeñas historias detrás de esos retazos de memoria.

El álbum terminaba como empezaba. Con diferencias que saltaban a simple vista.

Al final, sólo le interesaba una cosa de todo lo que Nyra vio, y se lo terminaría cuestionando —¿Pudiste darte alguna idea? —suspiró, cerrando finalmente el libro, y dejándolo encima de la mesita que tenían frente a ambos, recostándose en el sillón como si aquello hubiese sido una experiencia demoledora para su cuerpo. ¿Por fuera? Se puso en su personaje de genio perezoso, esperando las preguntas o comentarios de la humink, si no se los había hecho ya.

Guía de los símbolos de ambos clanes
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#27
Asentí feliz cuando comentó que aquel perfume funcionaría. ¡Un problema menos!

Otra cuestión completamente distinta sería el de ver quién tenía la culpa de no poder hablar cuando te estiran las mejillas, y la risa luchaba por salir de mis labios cuando, al hablar tras aquella carcajada, él también infló las suyas. ¡Pero qué caradura!

—¡Ah, ¿sí?! ¡Pues la próxima vez seré yo quien te ataque a ti y te haga hablar, a ver si así me enseñas cómo se hace! —me fingí también indignada, cruzándome de brazos al tiempo que le sacaba la lengua.

Sin embargo, mis iris se abrieron de golpe en cuanto dijo que quizás yo no era digna, que terminaba la sesión ¡¡y que se iba a dormir!! Tras aquel fogonazo de luz, tardé un par de segundos en procesar lo que acababa de pasar. Su picardía al sonreír no se iba de mi mente. ¡Ah, no, no, no! ¡No se va a salir con la suya!

—¡Shin! —lo llamé, picada—. ¡Me lo has prome...!

Pero, antes de poder ponerme en pie, apareció de nuevo ante mí con su característico saludo alegre, esta vez con un libro entre sus manos.

—¡¿Es el álbum?! —exclamé emocionada. Si él invadió un poco mi espacio personal al sentarse junto a mí, yo acorté aún más la distancia, colocando la parte superior de mi pierna y brazo en contacto directo con los suyos, deseando ver lo mejor posible cuanto se encontraba entre aquellas páginas. En cuanto hizo su pequeña advertencia, mi mirada pasó de la luz de su dedo a buscar aquellos iris de cielo.

—¡No te preocupes! Yo nunca me burlaría~ —garanticé con una alegría decidida acompañada por el movimiento de mi cola.

Tras la expectativa que aumenta aquella página en blanco, me sorprende la imagen de una familia en la que sólo hay una sonrisa… y no es la de él. La mía sigue presente, pero mengua un poco mientras analizo la foto.

—¿Ese eres tú? —inquirí con curiosidad.

Además de casi retórica, quizás era una pregunta ridícula. El color de cabello y ojos es idéntico, y a pesar de los años el rostro de Ichiro sigue siendo prácticamente el mismo. Por unos segundos, trato de imaginar cómo habría sido tenerlo como padre. La expresión de ese niño, su mirada…

La voz de Shin guía mi atención hacia los distintos detalles de aquellas ropas. Símbolos, color, la más alta formalidad… La misma que habría en el omiai.

Asentí, confirmando que había memorizado cada palabra.

La siguiente captó también mi atención. Automáticamente pensé en el día en que mi maestro me entregó mi primera espada, con una edad más o menos similar a la de él, quizás siendo yo unos pocos años mayor. Incluso en nuestras circunstancias, Ritsu dotó de formalidad y un juramento aquella entrega.

Pero la mayor diferencia entre esa foto y mis recuerdos no era la ausencia de lujos, la diferencia de las vistas ni que nosotros estuviéramos en una casa a la que poco le faltaba para caerse a pedazos.

Aquel día, yo apenas podía controlar mi emoción… mientras que Shin…

De nuevo, sus palabras me centran en las prendas. No se me escapa su suspiro, y mis aguamarinas lo buscan por un segundo. ¿Cansancio? ¿Hartazgo por su padre? ¿O algo más…? Pronto, mis pupilas viajan de nuevo a aquella imagen. Aunque me pidió que no le diera importancia, una parte de mí se quedó con ella. ¿Qué sintió él aquel día…?

Un nuevo recuerdo se muestra al pasar la página. Un niño rodeado de adultos que actúa como uno de ellos… y está muy lejos de fingir o ser un juego. Son todos tan idénticos…

La inesperada broma reaviva las ascuas de una sonrisa casi extinta. ¿Quizás a él le gusta hacer esos comentarios y meterse con otros para tratar de divertirse un poquito lo que no pudo siendo pequeño?

—Supongo que tiene sentido. —Quizás los Hiroshi piensen que lo habrían “educado mejor” de haberse criado con ellos.

Me siento enfermar cada vez que pienso en que no lo ven más que como un objeto…

Pero todo malestar desaparece en cuanto alguien más aparece en escena.

―¡¿Mini-Kael?!

Mi cola se mueve brevemente de nuevo, equiparando mi felicidad a la de él por ver aquel mismo y acostumbrado par, pero muchos años atrás. ¡Ya en ese entonces Kael era superserio! Pero lo que más capta mi atención es la primera sonrisa que veo en aquel niño que era Shin.

Y, además, ¡un ejemplo de ropa de cuando no se pertenece al clan! Ciertamente, contrastaba con la del albino.

Reí un poquito ante aquella anécdota. ¿Tan chiquito y ya tan práctico para saber a quién acercarse? ¿Incluso supo ganarse a Ichiro? Sin duda, Kael tiene un don para eso. ¿Cómo debió de sentirse cuando se enteró de la verdad en cuanto a las habilidades del que se convertiría en su mejor amigo? Me siento tan feliz de poder ser un poquito testigo de cómo se convirtieron en una fuente de felicidad el uno para el otro…

—Es tan bonito ver cómo hiciste al fin un amigo… —comento sin dejar de observar la foto hasta que la página gira de nuevo.

Muchos años parecían perdidos de repente, pero su sonrisa volvía a aparecer, esta vez adornada con sus características gafas de sol. Debía de ser algo bastante rebelde, porque a pesar de estar borroso, Ichiro parecía molesto al verlo.

—¿Y por qué no le iba a hacer caso? ¡Estás muy guapo! —admito abiertamente, buscando su mirada con curiosidad—. ¿Te la hizo ella?

Me lo planteo porque ha dicho que era una de las favoritas de su madre. Quizás incluso fue idea suya hacerla al verlo feliz, cosa que claramente no había pasado con frecuencia a lo largo de muchos años. Sin embargo, no se me deja de hacer llamativa la diferencia entre ella y su marido. Seguramente debió de pasarlo bastante mal, pero si ella le dio el álbum a Shin, sin duda atesora a su hijo… de forma muy diferente a la del resto de su familia, al menos.

Pero las nuevas palabras habían traído nueva información. Efectivamente, llevar gafas de sol era algo bastante mal visto, e incluso mucho peor de lo que podría haber imaginado en un principio. Eso me hizo reflexionar aún más sobre que esa fuera precisamente una de las favoritas de su madre. ¿Quizás se alegraba de que él empezara a oponer resistencia donde no pudo hacerlo ella?

Sorprendida, me agarro por pura inercia el cabello cuando parecía que Shin lo iba a soltar, y río un poquito de nuevo cuando veo que aquel “ataque” con la garra no se llegó a producir.

—¿Y esta coleta está bien o debería llevar el cabello completamente suelto? —pregunto para ir pensando también en un peinado apropiado. De inmediato, un nuevo pensamiento se descubre evidente en mi rostro antes siquiera de pronunciarlo—. ¡Espera! ¿Ningún adorno innecesario? ¡¿Eso incluye la pulsera que me diste?! —pregunto al tiempo que alzo la muñeca para mostrarla, haciendo relucir su brillo azulado a la luz del ventanal—. ¡Porque no pienso quitármela! ¡Es muy, muy necesaria! —sentencio con rotundidad y absoluta certeza, molesta, no con él, sino con la existencia de esa norma absurda—. Como mucho puedo llevar mangas largas para que no se vea mucho, pero eso es lo máximo que voy a ceder. —Por supuesto, eso incluye también el colgante de mis padres, pero eso no me preocupa porque es fácil que no se vea bajo las ropas. ¡La pulsera es otra cosa!

Quiero seguir todas esas reglas aunque él no lo haga, ¡pero esa es la única que me niego a obedecer! ¡Es innegociable!

Eventualmente pasamos a la siguiente imagen, y me sorprendí al encontrar en ella a la misma chica de la foto que rescaté de la habitación de Shin cuando el barco empezó a hundirse tras Kutsukku. Aquella primera noche en esa isla se la había dejado sobre la cama junto con el resto de cosas que pude recuperar para él mientras estuvo inconsciente.

Por todo lo que me había contado en la playa, ya sabía de quién se trataba.

Y, sin embargo, sus primeras palabras son para Kael. Bajo la sombra de Ichiro, observo cómo aquel trío sonríe, cada uno a su manera. Tras aquel suspiro, sin mover el rostro, lo observo de reojo, preguntándome cómo estará… Seguramente, a mí me dolería ver aquellas fotos si estuviera en su lugar… aunque al mismo tiempo una parte de mí querría verlas. Shin, sin embargo, parece entero. Parece. Por un instante mis dedos se contraen, y tengo que usar mi voluntad para no cerrar la mano. En lo que dura un destello, había imaginado lo que significaría perderlo, despertando un miedo estaciones enterrado. No pude soportarlo. ¿Cómo sería en su caso, habiendo amor y estando tanto tiempo a su lado? Si yo fuera él, seguramente empezaría a tener ganas de llorar aunque hubieran pasado años…

Mis pupilas vuelven a posarse lentamente sobre el papel ante la mención de aquel nombre. Himari. Un recuerdo, una persona con un peso tan grande que quizás volver a algo tan práctico como la ropa pudiera dar la excusa de crear una distracción capaz de aligerar temporalmente el pecho.

Mis iris quedaron clavados en la siguiente imagen, donde su madre también sonreía y su pareja llevaba un hermoso vestido blanco. Con la sombra inconsciente de cierta conversación en la playa, supe entonces que yo iría de negro. No quería, bajo ningún concepto, poder manchar ese recuerdo.

Una única palabra abrió un pensamiento que no pudieron concretar las que jamás alcanzaron el aire. Mis aguamarinas buscan su brillo cerúleo, sin saber si lo encontrarían, queriendo comprender cuanto había detrás.

La oración quedó finalmente acabada. Aun sospechando que se trataba de una verdad distinta a la original, sonreí bajando de nuevo a aquella imagen la mirada.

—Es preciosa.

Mientras mis iris parecían distraídos en los detalles, la cercanía entre ambos y mi buen oído me transmitieron un casi imperceptible cambio en su respiración. Aun calmada, era distinta, ligeramente más profunda, consciente quizás. Imaginando lo que significaba, me fingí ignorante, pero presioné con suavidad mi brazo un poquito contra el suyo, como si lo hubiese hecho sin darme cuenta. Quizás él ni siquiera lo percibiría, pero quise transmitirle mi apoyo sin llegar a invadir su privacidad.

Mantendría el silencio tanto tiempo como necesitase.

Eventualmente, fue él mismo quien lo rompió.

De nuevo, su madre celebrando y protegiendo su felicidad. Seguramente para ella aquel álbum era una manera de conservarla. Quizás, mientras yo vivo para que otros me recuerden, ella simplemente necesita recordar.

Cuando sentí que sus iris llamaron a los míos, mis aguamarinas reflejaron los topacios cerúleos de él.

Algunas personas brillan con muy poco.

El silencio nos envolvió de nuevo, incapaz de adivinar tras su mirada si hablaba de Himari, de su madre o de alguien más. Cuando sus gemas rehuyeron, las mías continuaron observando su gesto.

—Tú nunca necesitaste una fruta ni un legado para brillar.

Mi propia voz me sorprendió con palabras que no había llegado a procesar. Ligeramente avergonzada, mis pupilas viajaron de inmediato hacia el recuerdo de papel.

—Lo… Lo que quiero decir es… —«¿Qué? ¿Qué quiero decir?». Un suave suspiro me dio el tiempo para escucharme antes de hablar—. No tienes que fingir, Shin. No importa si estás alegre, triste, preocupado, haciendo bromas… Ya te lo dije una vez: lo mejor que tienes es tu corazón. Para mí… el hecho de ser tú es lo que te hace brillar.

Aún continuaba observando cada detalle de aquella imagen. El cabello, los patrones, la sonrisa compartida entre Himari y Kiyoko. La primera se enfrentó a un mundo que desconocía, y la segunda al que había controlado toda su vida. Ambas fueron muy valientes, y ambas lo hicieron por amor, cada una a su manera.

Shin, por alguna razón u otra, siempre ha tenido el don de mover mundos y corazones a su alrededor.

Mi sonrisa se amplía con suavidad al recordar que un día cumplirá su objetivo por la libertad… y sin duda será el mejor marine de la historia.

Y, por último, la imagen que pone fin a los lazos con su familia… hasta ahora.

En ella, el hijo modélico renunciaba a los símbolos de ambos clanes ante el desprecio de su padre y la tranquila felicidad de su madre. Sin duda, no podría haber una foto mejor de despedida. Si tan sólo su origen no estuviera en la mayor despedida de todas…

Sin embargo, una vez el álbum se cerró, el presente volvió a invadir mi mente.

—¡Síii! —respondo moviendo la cola alegremente al tiempo que me giro para poder verlo de frente, sin preocuparme lo más mínimo que eso implique que una de mis piernas termine casi completamente sobre el sofá, dejando solamente el pie fuera—. He pensado en una ropa parecida a la de tu madre, pero de color negro y sin símbolos de ningún clan. ¿Eso estaría bien?

Aunque quería distraerlo, mi efusividad no era tanta como la que tuve antes de empezar a ver el álbum. ¡Ha sido mucha información en poco rato y necesito un poquito de tiempo para procesarlo!
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
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