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Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado]
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21-04-2026, 08:35 AM
(Última modificación: 21-04-2026, 08:43 AM por Hyákinthos.)
Día 27 de Otoño, año 14
Sorbet Norte
En su mente repasó el guion una y otra vez.
No, no por nervios, era más bien por esas ansias que se generan antes de cualquier cita de negocios.
Debía estar acostumbrado. No, de hecho, ya estaba acostumbrado; sin embargo, sus problemas de memoria con los nombres y rostros solían jugarle en contra si no estudiaba antes, pero ahora debía estar listo.
Releyó varias veces la fecha, hora y lugar del encuentro y, finalmente, salió de su casa dos horas antes, para llegar a tiempo al sitio, después de todo, sabía que lo más probable es que se perdería mil y un veces antes de llegar, debido a su mala orientación.
Esa tarde, para su buena suerte, el clima era agradable. Los rayos del sol iluminaban los caminos de las calles de Sorbet Norte, pero no eran tan potentes como para que el calor fuera un problema, además, el viento soplaba con ligereza, regalando una frialdad que hacía que la caminata fuera relajante, aunque el caminante estuviera perdido y lejos de su destino.
Varias veces tuvo que mirar el papel en donde la dirección estaba anotada, incluso preguntó a algunas personas en la calle, la mayoría, por no decir todos, le respondían de muy buena gana, después de todo ¿Quién le negaría la palabra a un inocente y hermoso ser andrógino? Solo bastaba una mirada inocente y confusa, seguido de una sonrisa para que las personas cedieran de buena manera a ayudarlo y más al verlo ataviado con un elegante kimono de tonos turquesas y un haori blanco que, a todas luces, lucía como la bata de un médico. Sí, a simple vista parecía un elegante médico extranjero. Llamativo, sí, pero solo un médico… ¿Por qué no confiar en él?
Por esa causa un marine de cabellos entre rubios y rojizos fue quien terminó guiándolo a la calle en donde se supone que encontraría el sitio acordado para su reunión. El hombre de la ley incluso le dejó su tarjeta “por cualquier eventualidad”, una razón que dejó al médico sonriendo de medio al haberse ganado una cita de gratis con alguien que podría darle buenos contactos en el futuro.
Guardó la tarjeta en su billetera y, luego de despedirse del uniformado lanzándole un beso al aire con dos de sus dedos, algo que hizo que el marine se sonrojara y sonriera con timidez, el pelirrosa caminó por la calle hasta encontrarse, afuera de un establecimiento bastante lujoso.
No había que ser un genio para darse cuenta de que se trataba de un club de lujo, de esos que suelen reservarse la admisión de sus clientes y que, generalmente, prefiere tratar con personas influyentes. Aquel lugar solo hizo que el médico sonriera con sarcasmo… ¡Vaya manera de esconderse! Era increíble como a veces el llamar la atención resultaba la mejor estrategia para, precisamente, desviar la atención.
Caminó hacia la puerta, con su maletín negro en una de sus manos y con un aura de autosuficiencia y belleza que era imposible de ignorar…Un aura que distaba de la distraída que solía presentar en los días comunes y corrientes, algo que solo salía a la luz cuando de su trabajo se trataba, a fin de cuentas, esto era de las pocas cosas en las que podía sentirse seguro cuando hablaba, era su refugio de memoria, algo que su mente se negaba a que se escurriera de ella y, por eso, le fascinaba.
Un hombre alto, mucho más alto que él, lo recibió en la entrada, de brazos cruzados y con cara de pocos amigos. El médico, en cambio, solo rodó los ojos cuando lo vio ponerse a la defensiva en la puerta y, como a todos, le sonrió con ingenuidad, haciendo gala de esa belleza que era imposible de ignorar.
—Buenas tardes, caballero —. Al hablar su voz sonó melódica, pero seria y nada dubitativa ni distraída. —He venido a ver a In…—Y hasta ahí llegó su seguridad. Respiró hondo y sacó de su bolsillo el papel en donde tenía anotado con lujo de detalles todo lo que debía saber para el encuentro del día. —Inu…Onizuka Jin. Me ha citado hoy, día 27 de otoño, a las 6:00 de la tarde para hablar sobre…negocios. Mejor dicho, vengo a demostrarle mis habilidades para manejar mercancía, piezas intercambiables —. Cuando pudo pronunciar el nombre del hombre al que debía ver, sus siguientes palabras salieron con tanta elocuencia que cualquiera olvidaría su desliz con el nombre.
—Y son las 5:30 de la tarde…espero que a su jefe no le importe que haya llegado un poco antes. No me molesta esperar de todos modos, aunque preferiría que fuera dentro del establecimiento, entonces… ¿Me dejaría usted pasar? —Cuando hizo la pregunta parpadeó con gracia, haciendo que sus pestañas se vieran más largas de lo normal, algo que hacía para ganarse al serio tipo de la entrada, porque no tenía intención alguna de esperar en medio de la calle; sin embargo, antes de que el enorme sujeto de tres metros pudiera decirle algo, la puerta se abrió y un hombre joven de rojos cabellos salió del lugar.
El pelirrosa lo miró, confundido, mientras empezaba a morder el interior de su boca con algo más de fuerza de lo normal, aquella mala maña lo ayudaba a pensar mejor...¿Y pensar en qué? Pues simple...encontraba algo familiar en el pelirrojo... ¿Lo había visto antes? Estaba seguro de que sí, pero no podía recordar cómo ni donde y, mucho menos, podría recordar su nombre y, por el otro lado, el chico pelirrojo, de su rostro casual pasó a uno sorprendido y luego a uno ilusionado, el médico pudo notar como los ojos le brillaron un poco al verlo… ¿Acaso habían sido amantes o algo así? No, imposible, el pelirrosa prefería a los rubios, pero… ¡Ah! Si el chico no hablaba entonces no podría recordar jamás de donde se conocían.
Botiquín. Solo abrir en caso de emergencia.
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30-04-2026, 08:36 PM
El día había llegado, y el momento era excelente. Takano se encontraba en el interior, al menos por un momento, ya que uno de sus compañeros parecía haberle llamado para mantener una corta conversación. En un inicio, para dar a conocer la orden de su jefe, terminando aquella conversación en una charla que se alargó más de lo normal. Preguntas inesperadas, dado que Takano parecía conocer al médico que iba a llegar, además del propio Jin. El interés estaba creciente en el lugar, todos con una imagen dura y seria del cirujano, qué locura, qué inocentes, no se esperaban en absoluto lo que se venía. Por eso mismo, los hombres que custodiaban la entrada, al ver a Hyákinthos, solo hicieron una mueca, arqueando una ceja, con un “No” rotundo. —Si quiere usted ver al señor Onizuka, tendrá que realizar una cita previa jovencito. — El papadeo constante solo los hizo creer que ese hombre se había equivocado de lugar. Iba a expulsarlo, hacerlo alejarse, hasta que la puerta se abrió de repente, revelando el cabello rojizo del que ya se había apreciado previamente.
—¡Ah! Perdón, perdón, me entretuve. Cherry debería llegar en-... ¡Oh! — La sonrisa del pelirrojo se dibujó con una emoción en la mirada, elevando los ojos desde la cabeza hasta los pies del pelirrosa, por lo menos hasta tres veces. —Estábamos a punto de expulsar a este individuo. Dice que... —¿Expulsarlo? ¡Es quien espera el jefe! No les hagas caso Cherry. — Ahora, los rostros de los individuos que custiodiaron la entrada se llenó de absoluta confusión. Uno de ellos con un arqueo de cejas, el segundo, que portaba gafas de sol, parecía que le descendían por la nariz. Takano ignoró la estupefacción de los hombres, acercándose al pelirrosa, extendiéndole la mano. —¡Bienvenido Cherry! El Jefe suele ser puntual también, pero todavía faltan cosas que preparar. ¡Pasa, pasa! Saben que te estaba esperando, solo me distraje un poco con algunas cosas. Takano, al fin, abrió la puerta por completo, dejando pasar al pelirrosa, a la espera de que lo siguiera, recordando entonces algo, un pequeñísimo detalle. —Oh, ya, olvidé lo del viejo... Ehhmm... Algo dijo el Jefe de intentar recordarte... Hmmm... — Miró a su alrededor, analizando su entorno pacientemente. —Por ahora mejor cuando no nos mire nadie, por favor Cherry, sígueme y te guío hasta la oficina del Jefe. Uno de los hombres agarró a Takano del brazo, serio, con la mirada seria clavada en él. —¿Estás seguro de que es él? Quiero decir... No parece... —¿Dudas de la decisión del Jefe? Sabes que no suele equivocarse. — Apartó bruscamente su mano. —Se lo puedes preguntar tú mismo. — Volvió la mirada hacia Cherry, esta vez volviendo a una sonrisa más amable y agradable. —Como iba diciendo, sígueme Cherry, por favor. — Ahora sí, guió al joven por el club. Había personas claramente influyentes, al menos económicamente. Hombres, mujeres... Algunos más jóvenes, otros más adultos. Las luces se veían tenues, el aire se respiraba tenso, provocador, casi como un burdel, estaría cerca de estarlo. Droga derramada por las mesas en cuanto uno se adentraba más, billetes que parecían no darles importancia, dinero, provocaciones... Pero Takano lo ignoró todo, hasta llegar a una puerta y descender por unas escaleras. La puerta, claramente, tenía una seguridad rigurosa, para que los “clientes” de aquel local no entrasen por casualidad ni capricho. La vigilancia estaba dentro, tuvo que dar una contraseña vocal para tener el permiso de entrar. Además, los hombres claramente estaban armados por si las cosas escalaban demasiado. Una vez traspasaron la puerta, se cerró detrás de ellos. La oscuridad fue lo primero que les dio la bienvenida. Takano comenzó a palpar por las paredes, hasta dar con un interruptor que iluminó lo que parecían escaleras que descendían por debajo del nivel del local. Las paredes no se veían tan elegantes, pero sí impecables, solo algo antiguas. —A ver... El jefe dijo que volviera a presentarme. — Volteó la mirada, tratando de mantenerse cerca del médico, con la sonrisa característica del joven. —Soy Takano, nos conocimos hace pocos días en el... en la farmacia. El viejo fue muy amable con nosotros, ¿recuerdas algo? Nos dijo que tenías un problema de memoria. — Se señaló a sí mismo, con el pulgar, como un niño orgulloso de lo que estaba diciendo. —Fue un gran rescate, esa lluvia estaba horrible ese día. Recuerdo que no reconociste al jefe y me hiciste reír a carcajadas. Ay, todavía no olvido lo del acosador... jeje... — Cubrió sus labios, con una mirada maliciosa, una risita por lo bajo, divertida, entretenida. —No se lo digas al jefe, no quiero que se vuelva a enfadar. — Le guiñó un ojo por un lado, divertido, con un dedo entre sus labios en señal de silencio, como si con eso pudiera guardar el secreto, inocente al creer que lo podría recordar. Siguió sus pasos, hasta que al final de las escaleras encontraron un pasillo. Era más elegante, preparado. Había varias puertas en los laterales, todas de madera, sin nada concreto. Pronto el pelirrojo frenó en una de las puertas de la derecha, llamando a la puerta. —Jefeeee. BAM
El pelirrojo se sobresaltó, sus hombros elevándose en sorpresa. —¿Jefe? ¿Está bien? — Elevó su mano, con la mano en el pomo de la puerta. —Te dije que no me molestes a menos que sea algo importante. — La voz de Jin, desde el interior, sonaba algo ronca, muy, muy molesta. ¡BAM!
Se escucharon arañazos desde el lado de la puerta, el sonido del segundo golpe parecía más fuerte al anterior. Cuando Takano intentó mover el pomo de la puerta, solo se escucharon susurros, una voz hablando tan bajo que no podía comprenderse del todo. —¿Eh? ¿Por qué está cerrada la puerta? — Volvió a intentar abrir la puerta, sin éxito, claramente estando abierto por dentro. —Jefeeee. —Habla desde fuera. Como no sea importante, te acordarás de esto. — La voz ahora sonaba más molesta, los arañazos se volvieron más persistentes desde el otro lado de la puerta. —¿Tiene un gato allí dentro? —Heh... — Hizo una pausa tras esa sonrisita sonora, de nuevo. —Podría decirse que algo así... — La cara de Takano se vio confusa, con falta de comprensión. —Habla de una puta vez o me encargo de que te acuerdes toda tu maldita vida. —Ah, es que el señor Cherry está aquí conmigo. Dijo que le avisara si llegaba. Ahora sí, fue más claro, el sonido de un gimoteo en el interior, muy leve, casi imperceptible, seguido de un nuevo golpe y un claro chasquido de lengua. —Se supone que quedan treinta minutos. — Lo dijo más para sí que para quienes se encontraban fuera. El sonido apresurado se escuchó ahora más veloz en el interior. Apenas fueron escasos minutos antes de que se escuchara el clic interior de la puerta abriéndose. —Pasad. — Abrió la puerta, solo viéndose Jin, con la corbata sin abrochar, su camisa algo desabrochada y caótica. Carraspeó, tratando de recuperar su voz más seria. Su expresión, sin embargo, seguía tan firme como de costumbre, omitiendo el humo del tabaco que lo acompañaba, y la rojez en sus mejillas, leve, pero perceptible. Había leves rastros de sudor en su rostro. ![]() —Veo que apareció antes de lo previsto, señor Hyákinthos.
Se mantuvo en la puerta por un momento más, ahora confiando en su propio oído antes de terminar de escuchar el silencio absoluto en el interior de su oficina. —No lo esperaba tan pronto. Mis más sinceras disculpas. — Terminó de abrir la puerta, revelando a un joven, más o menos de la edad de Takano, en su caso algo más agitado, nervioso, el rojo ascendía por todo su rostro, su cabello corto despeinado, en un tono claro, entre rosado y albino, con un aspecto ligeramente andrógino, párpados alargados y aspecto delicado. —S-si me disculpan... — Jin lo tomó de la muñeca, descendiendo sus labios hasta el oído del joven, con una media sonrisa divertida, susurrando algo que solo encendió más las mejillas del chico. —P-por supuesto... Gracias. — Miró entonces a Takano y a Hyákinthos de reojo, inclinando la cabeza de forma educada y amable. —Disculpen las molestias. El joven se desvaneció, lejos de allí. Jin entró, despreocupado, dando una última calada al cigarrillo antes de entrar y apagarlo en el cenicero. Su aspecto se veía más serio esta vez. ![]() —¿Avisaste a Rafael?
Ahora, los ojos de Jin iban directamente hacia el pelirrojo. El joven elevó la mirada. —Ah, no, pero me dijo hace diez minutos que traía el producto en su hora, está de camino. — Jin se sentó en el asiento, cruzando sus piernas e invitando al pelirrosa a sentarse en una de las cómodas sillas frente a él. Takano, en cambio, parecía estar buscando con la mirada algo a su alrededor. —Por favor, acomódese. Veo que es usted puntual. Siento el pequeño... improvisto. No estoy acostumbrado a que lleguen tan pronto. — Miró a Takano de reojo, señalándole con la mirada el segundo asiento que tenía al lado. —Si no recuerdo mal, el señor dijo que tenía usted un problema de memoria. Soy Onizuka Jin, no sé si recordará mi nombre. Soy la persona que lo ha citado hoy aquí para el trabajo. ¿Recuerda para qué vino? — No había burla en sus palabras, y pese a su aspecto, se mostraba claramente tranquilo, juntando ambas manos como si fuera el dueño de la estancia (que realmente así era). —Pronto vendrá alguien más que conoce un poco del tema. Si hace bien su trabajo, es posible que le acompañe cuando yo me encuentre ausente. Está de camino con el producto fresco. Puedo mostrarle si quiere mientras tanto el laboratorio que hemos preparado. —Jefe, ¿y el gatito? ![]()
01-05-2026, 08:10 AM
(Última modificación: 01-05-2026, 08:26 AM por Hyákinthos.)
“Una cita previa.”
Las palabras lo ofendieron por más que su rostro mostrara una expresión apacible.
¡Por supuesto que tenía una cita previa! No llegaría a un sitio de trabajo sin una, después de todo, su profesión, sus clientes, la medicina…esas eran 3 de las pocas cosas que solía tomar en serio, en donde dejaba atrás su actitud distraída.
Ese orangután de la entrada, como fue catalogado de inmediato en la mente del pelirrosa, tenía suerte de que el médico no fuera el mismo impulsivo de hace diez años, quien no habría dudado en partirle la boca por esa falta de respeto y de… ¿Acaso era…desprecio? Pero no, no ahora, no cuando las cosas parecían ir de maravilla con su nuevo socio.
Tomó aire y siguió con la misma cara de “yo no fui” con la que se presentó, aunque si las cosas seguían así, tal vez si se viera en la necesidad de hacer algo con los irrespetuosos. Fue una suerte que no tuvo que llegar a más para convencer a los hombres, pues justo, cuando su paciencia empezaba a acabarse, la puerta se abrió de golpe y, de ella, salió un pelirrojo que lo dejó perplejo.
Sí, primero se confundió, intentó rebuscar en su mente de quien se trataba; sin embargo, bien sabía que no era algo que lograría con facilidad, por lo que pasó página con rapidez y prefirió sonreírle como si en verdad lo recordara.
—Muchas gracias, creo que si no hubieras llegado a tiempo me habrían echado a patadas —. Con esas palabras respondía al saludo del pelirrojo, haciendo una leve inclinación de su cabeza y hablando con un tono cordial que ocultaba el disgusto por la situación con los guardias. —¡Ah! Creo que incluso tuve miedo. Soy muy delicado para estas cosas ¿Sabes? Tal vez no habría podido defenderme —. La carta de hacerse el inocente le quedaba como anillo al dedo; sin embargo, sus palabras iban cargadas con toda la intención de que los guardias lo escucharan, así sabrían que las cosas no se quedarían así.
Incluso, el médico notó bastante bien el gesto sutil con el que uno de los tipos tomó al pelirrojo del brazo y le susurró algo al oído. Para ese punto ya el pelirrosa había entrado al establecimiento, pero no se había alejado lo suficiente como para no notar esas sutilezas, por lo que, simplemente, alzó su cabeza con arrogancia y, desde su sitio, miró a uno de los guardias a los ojos, específicamente al que no estaba hablando con el chico de pelo rojo, pero, no con la misma inocencia de antes, si no dejando entrever un brillo malicioso que fue acompañado con la expresión de seriedad que dibujaban sus facciones ahora ensombrecidas por la luz tenue de la entrada del local.
Vio al hombre tragar saliva y, para Hyak, eso fue suficiente para sonreír satisfecho. Estaba más que seguro que ahora el sujeto entendía que la había cagado.
Solo cuando el alegre muchacho que lo recibió en la entrada se giró, el médico cambió su expresión a una mucho más amigable, sin que el pelirrojo pudiera sospechar nada de su leve interacción silenciosa con uno de los guardias.
—No tienes que repetirlo dos veces, te seguiré a donde desees —. Le sonrió al chico antes de adentrarse en un sitio que, a todas luces, era un club exclusivo. Era fácil notarlo por la vestimenta de las personas, por las maneras de hablar, por los gestos y expresiones que usaban con los empleados e, incluso, por la manera en que despilfarraban sin pensar en el mañana. No fue algo que sorprendiera al médico, de hecho, el mismo miraba con soberbia a algunos cuantos sujetos que se atrevieron a posar sus ojos sobre él, estando tan fuera de su categoría solo por su apariencia. Patéticos. Por esa razón permaneció cerca del muchacho, dejándose guiar hasta que entraron a un “terreno” en donde el ambiente cambiaba y, la seguridad, parecía ser lo primordial.
Dejó que el pelirrojo abriera la puerta y, mirando a los que custodiaban la entrada “secreta”, para que no olvidaran su rostro, pasó sin más demora, dejando atrás la música y el cuchicheo de los clientes del club para dar paso a un ambiente más calmado, privado y “oscuro”, bueno…al menos hasta que su acompañante encendió la luz. Bajó las escaleras con él, fijándose en cada recoveco que, evidentemente, luego olvidaría, pero que, por ahora, no le hacía mal tener en cuenta.
—Jmmm… ¡Ta…Takano! Claro —. Sonrió de medio lado, aunque en su mirada ausente se podía notar con claridad que no recordaba el nombre del muchacho. —¡Ah! Por supuesto, recuerdo la farmacia y al señor Percival…Podía recordar que esa noche la lluvia me atrapó en el sitio y que otros dos corrieron con la misma suerte, desafortunadamente, no puedo tener el placer de recordar haber tenido tan grata compañía —. Sonrío más confiado, dejando a un lado su gesto inocente para pasar a uno más coqueto, aunque pronto soltó una risa por el comentario del muchacho… ¿De verdad él había llamado acosador al hombre con él que se encontraría hoy? Si era así, tuvo suerte de que el trato no se cerrara antes de tiempo. —Creo que puedes estar tranquilo, no le diré nada a tu jefe…ni siquiera podía recordar el momento.
Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto y, luego, siguió al muchacho por el pasillo, aunque…no podía quedarse quieto. Metió sus manos en uno de sus bolsillos y sacó de este un pequeño frasco con fragancia a menta que, al destaparlo, inundó el corredor con el aroma, aunque, para el médico la única manera de poder sentir aquel olor era acercarse el frasco a la nariz, cosa que hizo como si se tratara de un adicto que, técnicamente, casi lo era…No podía vivir sin ese aroma mentolado.
Finalmente, cuando llegaron a una puerta en la que el pelirrojo frenó en seco, el médico, por estar distraído con su pequeño vicio, chocó levemente con la espalda del muchacho. Se alejó un par de pasos, algo avergonzado por su torpeza; sin embargo, antes de que pudiera disculparse, escuchó un “golpe” proveniente desde el interior de la habitación en la cual se habían detenido.
El médico alzó una ceja y, aunque siguió aspirando el olor a menta, no le quitó los ojos de encima a la puerta, como si en cualquier momento pudiera salir algo de ahí, pero todo lo que escuchó fue la voz agitada de un hombre…una voz que había escuchado antes, aunque su difusa mente no pudiera dejárselo claro en otros momentos.
De nuevo el golpe. Eso hizo que el pelirrosa mirara a su acompañante con curiosidad… ¿A dónde se supone que lo había llevado? No podía entenderlo, aunque…
Los arañazos que se escucharon en el interior llegaron para poner la cereza sobre el pastel a la situación. No tenía que ser el más inteligente para comprender lo que podría estar sucediendo en el interior; sin embargo, no le comentó nada al otro chico, quien parecía empeñado en preguntar tonterías en lugar de ir al punto…tal vez así se habría ahorrado un posible regaño, aunque…de hecho, esa personalidad juguetona, curiosa e inocente —una inocencia genuina y no como la suya —, empezaba a agradarle al médico. El pelirrojo era una víctima perfecta.
—Y vaya que debe ser un gato bastante grande —. Murmuró más para sí que para el otro hombre, entendiendo el doble sentido en las palabras de quien estaba del otro lado de la puerta y al que, aparentemente, le interrumpía algo importante.
—Lo lamento…tengo la mala costumbre de llegar temprano —dijo lo bastante alto como para que se escuchara justo antes de que el hombre “misterioso” le diera la señal para pasar, una que el médico no dudó en desaprovechar, colándose en el interior de la habitación con agilidad y elegancia y, por supuesto, mirando de manera descarada la camisa entreabierta y el cabello medio despeinado de su anfitrión, aunque…lo que hizo más evidente la situación fue ver a un chico de un cabello entre platinado y rosa pálido que resultó todo un deleite para la vista del médico.
Sonrió de medio lado, no se había equivocado.
Dejó que el nervioso chico saliera de la habitación antes de hablar, aunque su mirada lo siguió por un instante más antes de que volviera su atención al pelinegro. Era tiempo de ponerse serio.
—Parece que he interrumpido algo importante. Espero me disculpe, pero, como le decía, tengo la mala costumbre de llegar temprano a mis citas —. Se movió con gracia por la habitación para luego aceptar el asiento que el pelinegro le ofrecía… ¿Cómo era su nombre? Tsk…lo había repasado antes de salir de su casa, incluso se lo había leído al guardia. Suspiró, tendría que conformarse con llamarlo de “usted”, al menos hasta que le recordara su nombre. —Señor…Creo que debí advertirle que no solo tengo mala memoria, si no que mi sentido de la orientación no es el mejor…así que, como sé que voy a perderme, prefiero salir antes para encontrar el lugar a tiempo ¿Lo entiende? —Se cruzó de piernas, no sin antes haber colocado su maletín en el suelo, a un lado de él.
—¡Oh! Jin, por supuesto, lamento la informalidad, pero su apellido es demasiado largo para recordarlo por el momento, aunque si nos llegamos a conocer mejor quizá llegue el día en que lo pueda llamar por su nombre completo —. La voz del médico sonaba tranquila, apacible, contrastando con ese tono perdido que tenía el día en que se encontraron en la farmacia de improviso. —Y sí, por supuesto que recuerdo a que vine. Mi memoria puede fallar con las caras, nombres y algunos acontecimientos de la vida diaria, pero nunca con mi trabajo. Sé que vengo a mostrar mis habilidades en la…medicina —. Disfrazó la situación lo mejor que pudo, por más que en esa habitación no hiciera falta. —Y estoy ansioso por hacerlo, porque le aseguro que no habrá visto a nadie mejor en el área —. Su confianza en sus habilidades era algo de lo que no temía presumir.
Apoyó su barbilla en el dorso de su mano, acomodándose en la silla mientras dejaba que el otro hombre le hablara, poniéndolo al tanto de la situación, una que, en verdad, poco le molestó…no es que le importara tener público.
—Bien, no me viene mal tener un asistente de vez en cuando para estos temas…espero que la persona que venga pueda adaptarse a mis exigencias en el área ¿Sabe? Es que hay cosas que me gusta hacer de maneras específicas para entregar un producto de buena calidad —. Al decir eso se levantó, dando a entender que aceptaba ver el laboratorio en el que iba a trabajar. —Por favor, si no es molestia guiarme al quirófano, estaré encantado de acompañarlo y…
¿Gatito?
Miró al pelirrojo con incredulidad y, antes de que el jefe pudiera responderle, se acercó a él y puso una mano sobre su hombro mientras le sonreía de oreja a oreja, claramente divertido.
—¿Si sabes que el gatito tiene el pelo blanco y rosa pálido y salió por esa misma puerta cuando llegamos? —Preguntó a modo de burla mientras que de la mano que se apoyaba en el hombro del pelirrojo se levantaba un dedo, el índice para ser exactos, y señalaba hacia la puerta. —¿Quieres ir a buscarlo? Aunque si haces eso, seguro nos desconcentrará en el trabajo y…eso no me agrada —. Eso último lo dijo con más seriedad, aunque tan disimulada que podría bien pasar como un comentario educado.
Cuando terminó de hablar con el pelirrojo, a quien recordó que había apodado “Chili”, se giró para quedar de nuevo frente a Jin.
—Por cierto, Señor Jin, dejando a un lado el tema del "gatito"… Hay algo que es preciso comentarle. Hasta ahora creo que hemos tenido una buena relación y tanto usted como Chili me han tratado muy bien, pero creo que no puedo decir lo mismo de los guardias en su entrada —. Más que una queja cargada de veneno, el tono usado por Hyak parecía cargar con una preocupación genuina y un leve destello de temor. Todo falso, pero era tan bueno fingiendo y haciéndose la víctima que era imposible de notar. —Por un momento creí que me golpearían cuando dije que tenía una cita con usted… ¿Suelen tratar así a los clientes del club? Podrían legar a ahuyentarlos… ¡Chili está de testigo del miedo que tuve! —Si se pudiera definir el rostro del médico en ese momento, con una sola palabra, esa sería “inocencia”. Sí, eso de fingir solía dársele especialmente bien.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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07-05-2026, 02:16 AM
Takano hizo una mueca al escuchar el “miedo” que describía el pelirrosa, volviéndose más serio al escucharlo, claramente molesto. —No te preocupes Cherry, no volverá a pasar. También es en parte mi culpa por dejar mi puesto unos minutos. ¡No debes tener miedo a nada! Los hombres del jefe suelen ser muy estrictos... — Hizo una pequeña pausa, rascándose un lado de la cabeza con cierto nerviosismo. —Pero sí es cierto que dan un poco de miedo... — Volvió la mirada de nuevo al pelirrosa, volviendo a dibujar una sonrisa de oreja a oreja. —¡Como sea! Ya viste que pude callarles el hocico a esos gorilas sin cerebro y... Ups... — Descendió su mano, cubriendo su boca al escucharse a sí mismo. —No pasa nada, ignora eso que dije. No quisiera que luego lo pagaran conmigo. Me molesta que hayan intentado echarte y encima te hayan asustado. — Oh, grata fuera la inocencia que padecía el pelirrojo en ese momento, si realmente conociera los verdaderos colores de Cherry, esa opinión no sería la misma.
Escucharlo decir su nombre, en un inicio, lo hizo creer que posiblemente solo fingía, pero cuando mencionó la farmacia y el nombre del dueño, la iluminación en su rostro se hizo clara y nítida, una satisfacción que hacía verse como un pequeño cachorrito animado y feliz. Afortunado era de que no poseyera una cola, porque se estaría sacudiendo con energía emocionada, tanto como la expresión que de por sí dibujaba. —Eres lo mejor del mundo Cherry. — Claramente no había captado el tono coqueto, inocente como ningún otro. —Por recordarme un poquito, y por guardar el secretito. [***]
Ahora, en la oficina de Jin, el joven con aspecto andrógino y belleza claramente envidiables lo había mirado de reojo, entre curioso y tímido, todavía agitado por la situación que se vio interrumpido. La mano se posaba en una camisa blanca con pequeños detalles tribales que lo hacían ver adorable y más afeminado incluso antes de su desaparición. Jin estaba algo molesto por la interrupción, pasando de nuevo su mano por encima de su cabello, dejando entrever su cicatriz que en ese momento se vio con más claridad al revelar su frente, aunque el gesto solo durase unos escasos segundos. El sudor todavía perlaba su rostro en cierto modo, mientras expulsaba el último halo del humo de su tabaco, que incluso durante el acto lo había estado acompañando. ![]() —No importa. Prefiero la puntualidad, señor Hyákinthos.
Un poco molesto por la interrupción sí estaba, pero también era equitativo con la puntualidad de un cirujano que creyó capaz de olvidar esa cita. Agradeció en silencio que no fuera el caso. —Si también tiene mala orientación, la próxima vez le enviaré a Takano para que lo recoja y así no tendrá tantos altercados. Por supuesto, si supera mis expectativas de hoy. — Recostó su espalda en el asiento, tratando de aliviar silenciosamente la tensión de los músculos por la actividad reciente. —Puede llamarme Jin. Será más fácil para usted recordarlo, no me molesta. — A veces era necesario, como en ese caso. —Le presentaré al hombre cuando traiga el producto. Por el momento su nombre es Rafael. Es muy bueno en su labor, me encargué de elegir de entre nuestros mejores hombres. No solo será su asistente, también su guía. Nos pondrá al día a los dos de todo en caso de que yo no esté disponible, como mi segunda voz. Se adapta perfectamente a las situaciones y si le explicas todo de forma adecuada, se encargará de hacerlo de la forma que necesite. — Se reacomodó la ropa, terminando de abrochar el resto de los botones de su camisa ahora con más calma. No soportaba verse tan desordenado, pero era mejor estar así a desnudo en un momento serio. Se puso en pie igual que el contrario, con sus manos en los bolsillos. Ignoró el comentario estúpido del pelirrojo, ya sorprendentemente acostumbrado a ello, solo rodando los ojos al ver su inocencia tan... No supo ni cómo describirla. Por fortuna esta vez fue el cirujano quien le dio las pistas adecuadas. Sin embargo, la curiosidad de Takano era ciertamente genuina. —¿Blanco y rosa? Pero si el único que tenía el pelo blanco y rosa era el chico de-... — Se silenció, ahora, con el color llenándose en sus mejillas en un rojo intenso, tanto que casi pareció haber humo sobre su cabeza. —¡N-n-no! Quiero decir, ¡No voy a ir a buscar a nadie! — Se cubrió el rostro con ambas manos, ahora avergonzado, finalmente captando la situación. ![]() —Deja de perder el tiempo y ve a esperar a Rafael.
No hubo tiempo para respuestas, el propio Hyákinthos ya se había encargado de hacer una mención clara de lo transcurrido en la entrada. Lo primero que hizo Jin fue dejar escapar un suspiro, acomodando sus manos en los bolsillos calmadamente. Abrió la boca para responder, pero de nuevo, alguien se le adelantó. —¡ME RECORDASTE! ¡RECORDASTE QUE ME LLAMASTE CHILIIIIII! —¡Takano! — Hubo un silencio muy serio, su voz fue profunda, clara, esa voz que hizo temblar al joven pese a la calma en su voz. Esa que le hizo comprender que la paciencia del yakuza ya se le estaba comenzando a agotarse y el tiempo apremiaba. —Te he dado una orden. —Ah, sí, sí Jefe, perdón, perdón. Me emocioné un poco. Iré a por el señor Rafael. — Inclinó la cabeza hacia Cherry. —Te veo más tarde. Me hace muy feliz que me recuerdes. — Y finalmente se despidió, dejando a los dos hombres solos. —Hay hombres que no captan las cosas, en serio... — Dejó escapar un suspiro cansado, con una mano a un lado de su frente después de retirarlo de su bolsillo. —Ahora, lo que nos cierne. — Dejó caer la mano lentamente, con la otra todavía en el bolsillo. Carraspeó, ahora con un aire más serio y profesional. —Sobre mis hombres, le pido disculpas. Tienen órdenes muy específicas de no dejar entrar a nadie sin un permiso. Debí darles una descripción previa antes de que llegara, su puntualidad no me dio tiempo a hacerlo adecuadamente. Procuraré que no se repita. — Hizo una pausa, ahora caminando hasta la puerta por donde al fin salía el rubio, quien ahora desde la distancia elevaba su brazo, sacudiéndolo hacia los dos hombres. Jin solo lo ignoró y siguió hacia el camino opuesto por el que habían llegado ambos. ![]() —Le mostraré el laboratorio mientras tanto. Acompáñeme, por favor.
La educación estaba implícita mientras caminaba hasta el final del pasillo, dejando pasar las puertas hasta la última, al fondo de todo. La única que dejaba entrever que no había más “camino” que esa misma puerta. Sacó una llave del mismo bolsillo donde tenía la mano y abró la puerta, despacio. La bienvenida fue una iluminación sorprendentemente clara, blanca, como la de un hospital. Además, un aire frío, que era especialmente para mantener los órganos en el mejor estado posible. Al entrar, había muebles blanquecinos, algunos con cristales, con productos, utensilios de medicina, todo puesto como una habitación para un cirujano, con todas las facilidades puestas. En el centro, una camilla de piedra, con el resto de la tecnología necesaria, ya fueran lumínicas, aparatos electrónicos. —Puede revisar si le hace falta cualquier cosa señor Hyákinthos, procuré que tuviera todo lo necesario para hoy. ![]()
24-05-2026, 05:36 AM
Hyak solía estar siempre en las nubes. No era extraño que, en pleno medio día, se le pudiera ver mirando hacia el cielo, distraído, absorto en sus pensamientos; sin embargo, no por eso era un idiota…En materias laborales, de negocios y ¿Por qué no decirlo? En sus conquistas, solía prestar tanta atención a sus alrededores como si fuera un depredador estudiando a su posible presa. Por eso, todo lo que hacía aquel pelirrojo que lo recibió en la entrada, quedaba anotado en su corta memoria. Él no tenía idea de cuanto lo complacía.
Escucharlo hablar con tanta ingenuidad era todo un deleite. Se vio tentado a sonreír de medio lado o, bien, a soltar una risa sarcástica ¡Oh! En verdad el chico se creyó todo lo que le dijo sobre el miedo. Era perfecto.
Aunque no podía culparlo, a fin de cuentas, el mismo médico sabía muy bien que podía ser un actor de primera, alguien que fingía bastante bien esa fragilidad que decidía mostrar al mundo para ocultar sus verdaderos colores.
¿Qué era el mejor del mundo? Sí, definitivamente, podía considerarse como tal, pero no por las razones tan altruistas que el pelirrojo podía estar pensando. No…Era el mejor porque cumplía muy bien su papel de víctima.
No respondió a nada de lo que dijo, se limitó a asentir con cansancio, a dedicarle algún puchero o una sonrisa inocente pero fingida. Como deseaba conocer más a fondo al tal Takano. Sabía que se divertiría un montón con él.
*****
Vaya cambio era el estar en el pasillo, a solas con Takano, a estar en la oficina con el hombre que importaba en ese lugar, con quien había venido a hacer negocios de verdad. El ambiente, en general, a pesar de que no era por completo estricto, al menos para el médico, sí que era mucho más formal, aunque eso no lo detuvo de mofarse del pelirrojo por su evidente inocencia en los temas que implicaban un evidente doble sentido o, por supuesto, tampoco le impidió explicar la razón por la que había llegado mucho más temprano al encuentro pactado.
Pudo ver la molestia en los ojos del pelinegro, Jin…Sí, así se llamaba, intentaría recordarlo al menos durante la reunión, aunque tuviera que hacer un esfuerzo inusual, aunque, a pesar de todo, agradeció que el hombre entendiera sus razones.
El pelirrosa inclinó su cabeza en señal de agradecimiento y dejó escapar una sonrisa educada mientras miraba justo los ojos de un celeste helado de aquel hombre frente a él.
—Si no es mucha molestia para usted y para Chili estaré más que agradecido por ese detalle, así evitaré interrumpir cualquier otro encuentro importante con el felino bicolor o con algún otro que pueda tener en su lista —. No habían hablado lo suficiente para decir aquello en voz alta, no es que fuera un viejo amigo con quien podía bromear de esas formas; sin embargo, había ocasiones en las que en pelirrosa parecía no tener filtro al momento de expresarse, por más que su tono y sus expresiones lucieran tan formales y educadas, sus palabras podían llegar a traicionarlo. —Y claro que superaré sus expectativas, Jin…No debería tener ninguna duda con respecto a eso…yo mismo no las tengo ¿O acaso le parezco un manojo de nervios que va a su primera entrevista laboral? —Se reacomodó mejor en su asiento para luego juguetear con un mechón de su cabello, todo mientras que escuchaba la explicación del hombre con quien estaba a punto de sellar un trato…Sí, podía decirlo con seguridad, como él mismo dijo, no tenía dudas de ello. Nunca dudaba de sus capacidades en la medicina.
—Rafael —. El nombre salió de sus labios con lentitud, saboreando cada sílaba para poder recordarlo, aunque fuera por un par de horas. No podía esperar a conocerlo. Se preguntaba cómo sería y si, en verdad, sería capaz de cumplir cada una de sus expectativas con respecto a su mercancía, pues era más que quisquilloso al momento de elegir con que tipo de producto le convenía o no trabajar. —Le creo si me dice que es de los mejores en su trabajo y en verdad espero que así sea, Jin…porque no me gusta cuando un asistente me decepciona ¿Sabe? Suele resultar bastante molesto cuando las cosas no se cumplen al pie de la letra…más cuando involucra clientes tan…delicados ¿Si me entiende? —Esperaba una respuesta por parte del pelinegro, aunque, de repente, el ambiente se llenó con la voz de alguien más: Takano. Casi había olvidado que también estaba con ellos en la habitación.
No supo si fue por como reaccionó o si fue porque lo hizo en el momento menos oportuno, pero el médico, que ahora estaba parado frente al pelinegro y a un lado del pelirrojo, soltó una risa que tuvo que contener al tapar su boca con una de sus manos. No quería darle más alas al chico y que terminara siendo regañado por su jefe…de nuevo…aunque sí que podía comentarle alguna que otra cosa sobre la elección de un apodo tan peculiar.
—Sí, recuerdo ese apodo…es más fácil que tu nombre, además…va contigo…Si fueras un tipo de salsa serías algo como esa…una salsa picante, aunque con un toque dulce —. La voz del médico salió con un tono más aterciopelado y menos estricto que cuando hablaba con el otro hombre, además, sonreía como si fuera un chico común y corriente, alguien tan amable que el otro hombre apenas y podría adivinar su profesión real…si no fuera porque seguro estaba enterado de porque fue citado en el sitio. —Y a mi también me hace feliz poder verte…es bueno recordar rostros tan agradables —dijo antes de que el chico saliera por la puerta y de que su atención volviera por completo hacia lo que importaba en realidad.
—No, definitivamente, creo que no capta ni una sola indirecta, pero es lo que lo hace interesante ¿No lo cree? —A pesar de su comentario su expresión iba del entretenimiento a la formalidad, sabía que ahora, sin la presencia del otro chico, era momento de que las cosas se pusieran en verdad serias. Momento de comportarse como el profesional que era.
—Por favor, agradezco que no se repita. No me gusta trabajar en sitios en donde no me siento bienvenido, aunque…respeto que cumplan tan bien sus órdenes, parecen perros bien entrenados —. Se llevó una mano a la boca, tapándola por la sorpresa de haberse expresado de esa manera…Sí, empezaba a ponerse cómodo y eso podía traicionarlo. —Espero que no le moleste que los llame de esa manera, claro…aunque puede corregirme, a fin de cuentas, es usted dueño y señor de este sitio —. La seriedad había vuelto a su voz y a su expresión, incluso a su andar, que ahora parecía más refinado que antes, casi etéreo…era como si su peculiar belleza no terminara de encajar del todo con aquello para lo que había sido citado.
No dijo más mientras seguía al pelinegro por un pasillo en el que perderse era imposible. La línea recta en la que tantas puertas estaban cerradas resultaba un trecho sencillo hacia el final del “túnel”, incluso para alguien con tan mala orientación como el pelirrosa que, a estas alturas, no comía ansias ni se desesperaba, de hecho, se recostó con calma en una pared cercana mientras esperaba que el pelinegro abriera la puerta que debería llevarlo al laboratorio o, como el pelirrosa prefería llamarlo: el quirófano.
Cuando escuchó el click de la cerradura y el leve rechinar de las bisagras de la puerta, el médico se movió. Avanzó lo necesario para entrar y, con rapidez, sus ojos se acostumbraron a la luz blanquecina del recinto, aunque no podía decir lo mismo del aire frío que los rodeaba, que se concentró más al momento en que la puerta se cerró…No es como que no estuviera acostumbrado a ese tipo de ambiente dentro de los quirófanos, pero siempre le resultaba incómodo trabajar en un “clima” que detestaba, por más que adorara su trabajo, menos mal que su bata tenía bolsillos en los que pudo meter sus manos para brindarse algo de calor.
—Es increíble…Parece un sitio bastante completo, si me lo pregunta o, bueno, al menos viéndolo a simple vista —. El pelirrosa tembló al hablar, no por la excitación de encontrar tan buen sitio para trabajar, si no por el frío que empezaba a calar en sus huesos…Esperaba poder ponerse sus guantes y mascarilla pronto, eso lo ayudaría. —Pero de todos modos revisaré y procuraré que los implementos estén esterilizados para el momento en que empiece la operación…y…hablando de eso…
Se movió con gracia por el lugar. Nunca había estado en esa habitación antes, pero sus movimientos hacían que el cuarto pareciera suyo y de nadie más.
—… ¿Puede decirme a quién tendré el gusto de operar hoy? Porque supongo que traerá a alguien para realizar un trasplante en vivo y en directo y, además...Espero que Rafael se haya tomado la molestia de conseguir enfermeros competentes que puedan asistirme —. Al hablar, el médico se acercó a la mesa metálica que estaba a un lado de la camilla y pasó sus ojos por los instrumentos que reposaban sobre ella, todos cubiertos con una tapadera de plástico que, a simple vista, lucía bastante estéril, aun así, no pudo evitar caminar hasta quedar frente a un autoclave que estaba en una esquina…No podía confiarse del trabajo de otros, no…prefería limpiar sus herramientas el mismo.
—Puedo usar todo lo que está aquí cuanto quiera ¿No es así? Porque no sé cuanto demore aquel hombre al que mencionó antes…Rafael…pero preferiría empezar a esterilizar las herramientas que podría llegar a usar, ya sabe, para que estén limpias cuando sea el momento de la verdad y…de paso…debo decirle una cosa más —. Se acercó al hombre hasta quedar a menos de medio metro de él, lo miró de frente, algo que no le costó, pues estaban a la misma altura.
—Sé que usted es el jefe en este lugar, pero en el quirófano, prefiero que hagan lo que yo diga y si va a observar, debe seguir mis órdenes ¿Sabe? Me gusta trabajar con orden y limpieza, así que evite fumar aquí dentro, por favor y también…sígame, tendrá que desinfectarse también y ponerse una ropa más estéril si quiere quedarse a observar —. Señaló a una parte de la habitación en la que había una puerta de vidrio oscuro en la que había una señal de una ducha, además, a un lado de esta había un closet también de vidrio, pero de un tono más claro, lo suficiente para que se pudiera ver que en el interior había batas y otros accesorios necesarios para ser usados durante una operación.
—Obvio que yo también debo desinfectarme…espero que tengan más de una ducha aquí…aunque lo normal es que solo lave mis brazos y mis manos, pero como acabo de llegar de la calle…supongo que tendré que ser más estricto con eso...si no le importa, claro —. Para cuando terminó de hablar, ya se había adelantado para llegar hasta la puerta de vidrio que conectaba con la ducha que el médico tanto anhelaba.
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12-06-2026, 10:21 PM
Jin fue incapaz de evitar una media sonrisa divertida. Aparentemente, lo de “gatito” se iba a quedar por una muy buena y larga temporada que no iba a olvidar en absoluto. Observó de reojo al pelirrosa, sin eliminar dicha sonrisa ni apartarse, ahora estaba divertido. —Le garantizo que ese felino es de lo más entretenido, y bastante sumiso cuando quiere. Si quiere divertirse, él estará más que encantado. — Eso, por supuesto, si no repetían la compañía que habían tenido la primera noche. Por el momento solo dejó eso en el aire, mientras observaba de reojo al que ahora era apodado como Chilli. No podía negar que ese apodo le quedaba como un guante a alguien como él. —No se preocupe, viendo que Takano parece caerle bien, será fácil que vaya a recogerle. Trate de anotar su nombre para que no se le olvide, y también el que le vayan a recoger. — Señaló donde recordaba que la última vez encontró que había guardado el bloc de notas, ahora cruzándose de brazos, volviendo a la seriedad inicial. —Y si es necesario repetiré mi nombre las veces que sean necesarias. Solo si me demuestra que lo de hoy merece la pena. Quiero el mejor trabajo que le sea posible. He ordenado al que será su ayudante que traiga el producto más fresco y sano posible, y es bastante bueno en su trabajo.
Negó con la cabeza ante su pregunta. —No, no le veo nervioso, pero tampoco he visto nerviosos a otros, y han terminado siendo estúpidos con un ego inflado sin ningún cuidado, y solo queriendo productos algo más... Bueno, “fríos”, si usted me entiende. — Se cruzó de brazos, observándolo al escuchar el nombre de Rafael. Sus ojos fueron directamente hacia él, moviendo su cabeza de lado a lado. —Empezó muy joven en otra isla. No se le tenía fe, pero cumplió su primer trabajo al pie de la letra, y no solo eso, también está que desde entonces ha cumplido con éxito casi todos los trabajos, así que no se preocupe sobre la “delicadeza”, comprobará usted mismo que eso es precisamente de lo que más carece en cuanto lo vea. Una vez Takano abandonó finalmente la estancia y escuchó las palabras del pelirrosa, lo observó, comprendiendo el significado de esas palabras. Sonrió de medio lado, tan divertido como probablemente lo sería él. ![]() —Tan interesante como divertido de... “Corromper”, ¿no es así?
No dejó de observarlo con esa sonrisa traviesa mientras pronunciaba las palabras, divertido, entretenido por el momento. —No se equivoca. — Finalmente regresó a la seriedad del asunto, del mismo modo que lo hizo el pelirrosa, poniéndose en pie para acercarse a él. —Es mejor tener perros fieles y entrenados a perros inútiles que puedan tener un error y descubrir lo que vamos a hacer hoy, ¿no cree? — Cada vez que ese hombre hablaba mostrando sus colores y tratar de ocultarlos de nuevo era, cuanto menos, de lo más entretenido. No apartaba la fría mirada de él, con los ojos atentos con sus travesuras. Conocía a los de su tipo y realmente esperaba que fuera realmente de los mejores que hubiera llegado a encontrar. —Puedo ser el dueño y señor, o puede satisfacerme con su trabajo y que pueda usar un poco de mis perritos. ¿Qué me dice? Dejó eso en el aire, ya que era momento de mostrarle el lugar de trabajo, esperando a ver qué le parecería. La satisfacción de sus palabras fue suficiente para apreciar que el lugar que había preparado con esmero mereció la pena. Sus ojos descendieron a los bolsillos de la bata. —Tiene guantes también a su disposición, además de todo el material que le haga falta. Y lo que necesite, no dude en pedirlo, lo tendrá en la mayor brevedad posible. — Notó el temblor en su voz, posiblemente en su cuerpo, algo que, cuanto menos, le resultó extraño ante un cirujano. —También tiene batas de varios tamaños y más gruesos que el que lleva. No sabía que vendría uniformado, así que le preparé también eso, en caso de que quiera desifectartse, hay una zona de desinfección también. Cuando llegue Rafael será lo primero que haga también. No le sorprendió la pregunta en absoluto, solo lo miró con calma. —No tenga prisa. Le garantizo que la persona que va a operar será de lo más fresco y joven que encontrará. Di instrucciones claras de evitar el mayor daño posible. No pensé en que necesitara más personas para operar, pero si las requiere, solo necesito una sola llamada y tendrá el número que necesito, aunque confío en su criterio, y en que sabrá hacerlo bien. Rafael, además, es bueno también en ayudar a gente como usted. Puede usar todo el material de aquí como si fuera suyo, está preparado expresamente para usted. — Lo miró con calma, incluso ante la cercanía del contrario. Rara vez encontraba a gente que le llegara a la misma altura, así que silenciosamente era agradable no tener que agachar o ascender su cabeza. No le sorprendió tampoco la petición. —No se preocupe, señor Hyákinthos, soy un hombre profesional. A diferencia de usted, no sé tanto de medicina, solo los primeros auxilios, así que no me entrometeré en su trabajo hasta que termine y vea sus capacidades. Quiero decir, ¿qué gracia tiene, si no, ponerlo a prueba si incluso no controla una crisis? Todo es evaluable en el día de hoy. Le diré a Rafael que siga sus órdenes al pie de la letra cuando llegue. Si necesito fumar, saldré fuera. — Pero no, aparentemente las prisas eran mayores, porque estaba siendo arrastrado hasta las duchas de desinfección. Suspiró, dejándose hacer. Esperaba que realmente mereciera la pena. —No se preocupe, ya voy. — No le quedaría otra más que obedecer por el momento. —No habrá mucho tiempo para divertirnos, se lo garantizo. — Eso sí fue una pequeña broma. [...]
Ya pasados unos minutos, Jin ya había terminado, le vino bien después de la acción y el sudor con el que había entrado, escuchando ahora tres golpes en la puerta. —Ah, allí estará Rafael. Ten todo lo que necesites, voy a abrirles y luego, cuando termines, ven. — Caminó sin esperar respuesta a la entrada, abriendo la puerta él mismo. Vio entonces al individuo, de largo cabello, suelto, observando calmadamente a Jin. —Ya era hora. Te tomaste tu tiempo. —Tenía que sedarlo y no pasarme, encima fue difícil hacer que no nos vieran, tenía que dar un rodeo. Si quieres a este muchacho en el mejor estado posible no me quedaba otra. Al menos no fue necesario golpearlo, así que no tendrá contusiones. — Sus labios lo acompañaban con un puro, a la vez que aparecía con una camilla donde había un joven de no más de 20 años, inconsciente, amordazado y, obviamente, atado. ![]() —Creo que despertará en un par de minutos.
Jin observó al joven, pobre víctima que terminaría sufriendo las consecuencias de un descuido, un joven que claramente estaba sano, no era conocido más que por su fama, una muy posible desaparición de tantas que nadie sabría que ocurriría. —Bien, deja que cargue con la camilla. Y quítate ese puro de la cara, no fumes dentro. El médico ya está aquí. —Vamos Jin, solo es un poco de tabaco, no es como si tú no fumaras. — Jin tomaba la camilla, ahora sí, adelantando al “paciente” que iba a más bien ser la “víctima” de esa operación. —El producto tiene que estar sano y el lugar sanitizado, deberías saberlo mejor que nadie, Rafael. — El rubio de ojos verdes solo elevó la mano y la sacudió de forma despreocupada. —No seas así Jin, todo irá bien, ya verás. — Jin finalmente acercó la camilla hasta al lado de la segunda que ya estaba preparada, esperando a que Hyákinthos terminara de salir. Si lo veía, apreciaría a un joven rubio, de cabello rubio, no demasiado largo, ligeramente recogido, con suaves ojos verdes. Lo acompalaba un traje marrón, a medida, con una camisa blanca y una corbata roja. Se veía casi o tan relevante como el propio Jin, con una sonrisa agradable a la vista, pero con aire controlador. ![]()
13-06-2026, 01:04 AM
Palabras más, palabras menos.
El pelirrosa se limitó solo a sonreír de medio lado ante las declaraciones de Jin sobre el muchacho de cabellos blancos y rosas que lo acompañaba antes de que Chili y él llegaran. ¿Qué podía decir? Se notaba que podía llegar a ser alguien entretenido; sin embargo, había algo en ese “gato” que lo hacía retroceder, tal vez, simplemente, no era su tipo, aunque no por eso despreciaría la oferta que le hacía el pelinegro, después de todo, no es como que pudiera rechazar un ofrecimiento así de buenas a primeras, pero, definitivamente, no era su prioridad. —Lo tendré en cuenta, gracias —. Pronunció de manera educada mientras de uno de sus bolsillos sacaba una libreta para anotar el nombre del pelirrojo que acababa de salir de la habitación. Sí, no su apodo, su nombre real, además de una leve descripción física. No quería olvidarlo, mucho menos si sería el encargado de buscarlo la próxima vez que tuviera un trabajo con estas personas.
—Mi ego no está inflado, se lo aseguro, solo me limito a hacerle saber que soy bueno en lo que hago, es todo —. Se encogió de hombros para luego guardar la libretita en la que se aseguró de anotar la descripción más detallada de Takano. —Si no me echo flores yo ¿Alguien más lo hará? —Terminó por decir, no con un tono altivo, si no con uno que rozaba en el aburrimiento o la indiferencia, realmente era difícil diferenciarlo. Un tono que murió cuando sus labios se sellaron para permitir que el otro hombre tomara la palabra para hablarle sobre el que sería su asistente.
—Parece confiar mucho en él, así que espero que yo también pueda llegar a confiar en ese tal…eh…Rolando —. Se movió por la habitación, no precisamente por desesperación, si no por las ansias de empezar con su trabajo. Quería demostrar lo que realmente valía. —Y sobre Chili…sí, es interesante, tal vez se me hace más interesante que el “felino” …Tiene su encanto… ¿Sabe? Siento que él y yo podríamos llegar a llevarnos bastante bien —. Al terminar de hablar dejó vislumbrar una sonrisa inocente que sería comprada por cualquiera que no lo conociera, aunque el gesto fue realizado más por costumbre que por necesidad, después de todo, no creía que fuera necesario ocultar demasiado su verdadera naturaleza cuando, en primera instancia, fue contactado por Jin, precisamente, por sus cualidades menos inocentes.
Por un instante dejó que el silencio reinara, aunque pronto la voz del otro hombre volvió a romper el silencio ¡Claro! Los perros…esos que lo habían detenido en la entrada. El médico frunció el ceño, aun le molestaba aquel trato, podía llegar a considerarlo una humillación, aunque su expresión cambió casi de inmediato apenas llegó a escuchar la generosa oferta de su anfitrión. Volvió a sonreír, aunque esta vez no había ningún rastro de inocencia, solo una malicia que podía leerse a la distancia.
—¿Usarlos? ¿Está usted seguro de eso? No soy alguien a quien puedan dejarle cuidar a una “mascota”. Sus perritos podrían terminar un poco heridos si me da la confianza, así que prefiero evitarlo —. El único doble sentido de sus palabras se limitaba a que les arrancaría los ojos a los responsables de su afrenta si es que el pelinegro se lo permitía. No es como que quisiera dejar una mala imagen, mucho menos deseaba ser calificado como alguna especie de psicópata, pero no podían culparlo cuando sabían bien a que se dedicaba. —Aunque, de todos modos, agradezco su generosidad.
Con eso dicho, el escenario cambió por completo.
*****
El cuarto de operaciones que lo había impresionado en un inicio se convirtió, rápidamente, en su lugar seguro. Ahí se sentía como en casa. Estaba acostumbrado al tacto frío de las camillas metálicas, al blanco encandilante de las luces, a la sensación de los guantes sobre sus manos. No había manera de que pudiera incomodarse en un entorno que parecía haber sido construido especialmente para él.
—Lo he notado, en verdad que han preparado todo de una manera muy prolija. Me alegra saber que estoy trabajando con profesionales reales y no con la clase de gente que pretende que haga un trasplante en un garaje maloliente —. Examinó, con su mirada, el paquete cerrado de guantes. Eran de una buena calidad, tanto como las batas que alcanzó a ver dentro del armario transparente en donde estaban colocadas. —Además, agradezco el gesto de tener batas esterilizadas, el único motivo por el que traje las mías es porque no sabía si me las iban a proporcionar —. Soltó una risa. Esa clase de cosas solían quedar acordadas en la primera reunión, pero presentía que esa noche de negocios se le había ido de las manos. No podía recordarlo bien, pero lo sentía. —Lo siento, parece que la primera vez que nos reunimos no hablamos lo suficiente sobre estos detalles. Le pido disculpas por lo que sea que haya pasado aquella noche.
Se movió con gracia por el lugar, analizando cada cosa que tenía frente a él, mientras que, en su mente, disponía las herramientas de la mejor manera para cuando tuviera que trabajar con ellas. Luego de desinfectarse se encargaría de ordenar las cosas a su modo, debía hacerlo por su paz mental, así sabría de que disponía o no para trabajar.
—Sí, confío en que la persona de la que voy a extraer los órganos será alguien saludable —. Dejó de lado las palabras en clave, estando en la sala de operaciones ya no había necesidad. —Es solo que creí que querría verme realizando un trasplante. Ya sabe, una vida por otra… ¿No desea ver eso? Creí que me tendrían preparado el cuerpo de un moribundo al que los hospitales hayan puesto en lista de espera…aunque no me molesta solo extraer órganos…siempre que tengan una buena “nevera” para almacenarlos. Algunos deben ser trasplantados en cuestión de pocas horas antes de que se arruinen —. Miró al pelinegro, sus ojos ahora denotaban seriedad. —¿Puede conseguirme a alguien así? A un moribundo que necesite…no sé…un riñón o, mejor aún, un corazón —. Propuso solamente para hacer más alta la apuesta.
—¡Oh! Créame que con todo lo que me ha mostrado me queda más que claro que es usted un profesional. Confío en que me dejará “gobernar” en este pequeño espacio…Puede tomarlo como parte de la prueba si lo desea y… ¡Ah! Lo olvidaba…No se preocupe por la diversión, porque al menos para mi está garantizada. No es como que trabaje solo por dinero, también encuentro algo de gusto en…operar —. Su tono de voz era como el de alguien que acaba de confesar que le gusta hornear pasteles o galletas, tan casual que ni siquiera había un rastro de malicia que pudiera delatar que hablaba, precisamente, de sostener en sus manos la vida de una persona solo para…arrebatársela por unos cuantos berries. —Nos vemos cuando termine de desinfectarse —. Entró a su propia ducha. Se tomaría su tiempo.
*****
No midió el tiempo, solo se encargó de tomar el necesario para saber que su cuerpo estaría limpio parar tratar con otros que se aseguraría de que estuvieran aún más estériles. No podía darse el lujo de trasmitir alguna infección o bacteria solo por un descuido, eso dejaría mucho que desear de su parte, no solo para otros, si no para él mismo.
Solo cuando estuvo seguro de su estado, salió de la ducha y se cambió a ropas más estériles. Dejó atrás el kimono celeste y la bata blanca con la que había salido de su casa y se vistió con ropas que le daban un aire completamente médico, como el cirujano que se supone que era. Debía colocarse una gorra para cubrir su cabello, guantes y mascarilla; sin embargo, eso prefería hacerlo minutos antes de empezar, además, había escuchado voces afuera, lo más probable es que el otro hombre ya hubiera llegado.
Salió del baño ya vestido como un profesional, aunque era imposible no notar los cabellos rosas que aun enmarcaban su delicado rostro, de hecho, tal vez eso sería lo primero que cualquiera notaría, pues hacían un contraste enorme con el resto de la habitación tan blanca, decolorada y minimalista. Ni siquiera era necesario que hiciera mucho ruido para hacer anunciar su presencia; sin embargo, tal vez el chasquido de su lengua haría que tanto Jin como el otro hombre voltearan hacia él.
El médico ahora estaba detrás de Jin, al menos a un metro de distancia, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y en sus ojos se leía una clara molestia que no pretendía disimular. Lo había dicho antes, sería el dueño y señor de ese lugar en donde ahora estaban.
—¿En serio, Gin? —. Casi que pegó la pronunciación del nombre, mejor suerte para la próxima. —¿Cómo puede decirme que es un profesional este hombre? —Dejó caer la frase sin mayor contexto mientras cambiaba de posición, ahora se movía con cautela para rodear al atractivo rubio recién llegado. No lo tocó, no le dirigió la palabra directamente, se limitó a observar a quien se supone llevaba las riendas de la situación. —No puedo trabajar con alguien como él. Ni siquiera parece interesado en hacer valer una simple orden… ¿De verdad que cumplió con su primer trabajo con éxito? Porque parece alguien que no se quedaría a observar si acertó o no en su misión.
Ahora sí que el médico se giró para quedar frente al rubio recién llegado. —Dime… ¿De verdad crees que todo “irá bien”? —Le sonrió con altivez, mirándolo desde arriba, pues era apenas unos centímetros más alto que el recién llegado.
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13-06-2026, 03:56 AM
(Última modificación: 13-06-2026, 04:17 AM por Onizuka Jin.
Razón: Agregar color a Diálogo
)
Como bien había aclarado, Jin no era de solo palabras, eso que el propio Hyákinthos mencionaba tendría que ser algo que tendría que demostrarle. Le permitió todo el tiempo que quisiera para tomar notas, solo cruzándose de brazos con una paciencia infinita hasta que el contrario le hablara. —Rafael. — corrigió al escucharlo pronunciar mal el nombre de su compañero. —Su nombre es Rafael. Aprovecha para anotarlo si os vais a encontrar más de una vez.
La conversación que iba hacia el joven Takano fue algo que incluso él comprendió. Ciertamente si no fuera por el ámbito laboral, sí podría resultar divertido “disfrutarlo” por un poco. Recordó que en aquella farmacia fue divertido tantearlo. Su media sonrisa volvió a ampliarse, volteando la mirada hacia el pelirrosa con un halo de diversión marcado. ![]() —Desde luego que lo tiene... Y podría ser divertido “jugar” con él... Tú y yo.
Sonrisa maliciosa como ninguna fue la que le entregó al contrario. No era raro ver el interés que le tenía el contrario y, recordando aquella noche en la que intimaron, probablemente sería más divertido de lo que creía. —Puedo entregarle perros de los que me quiera deshacer, no sería tampoco demasiada complicación. Pero como bien le he dicho, solo será si consigue convencerme el día de hoy. [***]
El pelinegro asintió con un cabeceo a los halagos del cirujano. Su seriedad y profesionalidad ahora estaban en auge a diferencia de en la oficina, ya que el tema había sido mucho más serio y ahora todo se había vuelto especialmente laboral. —Es todo un halago señor Hyákinthos. Cualquier comodidad es mínima para lo que pueda brindarnos con su trabajo. Vi muy buen producto cuando me lo presentó, consideré óptimo darle las máximas facilidades que le fueran posibles para la prueba de hoy. — Dejó que se paseara por la “clínica” como quisiera, que revisara todo lo de su alrededor como deseara, si él demostraba que iba en serio, esperaba que el contrario también demostrase que iba en serio con ese trabajo. No iba a contratar a un cualquiera. —No se preocupe, me encargué de que todo estuviera disponible aunque no lo pactáramos, soy un hombre previsor como bien podrá apreciar. Además, fue una noche de lo más entretenida. Alzó amabas cejas ante la proposición. Eso sí que estaba siendo algo de lo más interesante. Y, graciosamente, tenía muchos dispuestos a pagar una buena fortuna por ese tipo de operaciones, implantes y, para colmo, de forma gratuita. Ese hombre estaba muy confiado en lo que hacía. —Un trasplante... De hecho... — Elevó su diestra, pasándola con una media sonrisa por debajo de su mentón, desviando su mirada con una sonrisa maliciosa. Ah, al final no solo iba a probar al hombre, si salía bien, incluso podría ganar una buena cantidad de dinero en ese momento. ![]() —De hecho tengo a alguien en mente que estoy seguro de que podría venir hoy mismo.
Descendió su mano, volviendo la mirada hacia el contrario, sin romper en ningún momento la sonrisa de entre sus labios. —¿Qué me dice? Puede venir por su propio pie. Está desesperado por un nuevo hígado. ¿Cree que sería capaz de realizar el transplante? Se le pagará generosamente la parte que acordemos. Disfrutaré viéndolo trabajar. — Con ello sería suficiente, solo se encargó de hacer una llamada para conseguir a la persona con la que hacer el transplante y, una vez finalizó, fue a la ducha para higienizarse lo mejor posible en el tiempo que acostumbraba. [***]
A medida que hablaba con Rafael y tomaba la camilla, Jin terminó de adentrar al joven todavía inconsciente hasta el centro de la sala, donde había el resto de los utensilios y aparatos para que pudiera hacer el trabajo. Rafael, por su lado elevaba las manos hasta el puro, de forma despreocupada. —¿No me digas que has contratado a alguien que ni sabe decir bien tu nombre? —Cállate Rafael. — Elevó la mirada entonces hasta el propio Hyákinthos, tratando de calmar un poco más el ambiente. —No lo parece, pero hizo bien su trabajo. Solo aparece un poco molesto porque le mandé hacer el trabajo sucio. —¿Tienes idea de lo que me ha costado conseguir el producto sin que nos viera la puta Marina? No lo tomes como algo insignificante. —Todavía eres un niño, Rafael si sigues haciendo berrinches así. — Se cruzó de brazos, en el momento que dio otra calada el rubio, con disgusto, hasta que vio al cirujano acercarse. No lo divisó de primer instante, solo expulsó el humo, con los dedos en el puro, hasta que lo vio, de frente, claro como el agua. Incluso si tenía más de lo que hablar, quejarse y patalear, solo hubo silencio. Sus ojos se abrieron de par en par, el puro quedó a medio camino, sin siquiera haber entrado todavía en la propia clínica. ![]() —...
El puro poco a poco se deslizó de entre los dedos del individuo, lento, muy lentamente. —Tú... — Las palabras se habían quedado atoradas en alguna parte de su garganta. Cualquiera podría decir que lo que le pudo llegar a sorprender fuera la atrevida actitud del pelirrosa, pero no. No era eso. Era algo más, algo mucho, MUCHO peor. Algo que solo él sabía... O eso deseaba. El puro cayó inevitablemente al suelo con un ruido seco, entre los pies del rubio, sin palabras. Parpadeó una, dos, tres... terminó de contar, si es que contaba en ese momento. Solo existía una expresión de absoluto shock y silencio que no podía describir... Y pronto, otra sensación, fuerte, intensa, terrible; Miedo. Jin, al escuchar semejante silencio, arqueó una ceja, acercándose ahora a ambos en caso de que pareciera haber algún problema. Asomó la cabeza detrás de Hyákinthos, con expresión seria que no hizo más que hacer voltear los ojos, ahora pequeños, de Rafael. Eso era raro. ![]() —¿Qué demonios te pasa? Mueve el culo y apaga el puto puro, todavía lo huelo.
Esta vez Rafael miró tanto a Jin como a Hyákinthos, alternando sus ojos entre uno y otro repetidamente. Estaba repentinamente mudo, sin poder responder. —¿No me oyes? Mueve el culo Rafael, o aviso al Gran Jefe. — Eso pareció solo asustarlo más, negando con la cabeza enérgicamente. —No, no, todo bien. Todo bien. — Tartamudeó, pisando el puro para apagarlo, con ambas manos en alto, las mismas manos ahora parecían temblar. —¿Todo... todo bien? —¿Eh? Claro que no. Ya sé que es guapo, pero no hace falta que armes un espectáculo así, Rafael. — Dio un par de palmadas a Hyákinthos para que diera paso, mirándolo directamente. —Eso es nuevo, no suele interesarse tanto en la belleza de los hombres. Pido disculpas por ello en su nombre. Mientras Rafael se higieniza esperemos al “cliente” para el transplante. — Se apartó del pelirrosa, con calma, dándole la espalda. Aparentemente el producto comenzaba a despertarse. —Ah, parece que el efecto del sedante está pasando. Hiciste un buen trabajo, Rafael. Eso significa que los órganos ya no les quedarán químicos ni nada raro. — Rafael se quedó quieto allí mismo, sin decir nada, de nuevo. —¿Que no me oyes? Vete ya al maldito baño o te arrastro a golpes, no habrá una cuarta vez. —Voy, voy... Y-ya voy Jin... Ya voy... — Y, sin más, salió corriendo hasta la zona de higienización, como si de repente tuviera un cohete por el ano. Jin solo lo miró extrañado, teniendo que cerrar él mismo la puerta. —En serio, eso fue muy raro, ¿qué diablos le pasa? — Volvió de nuevo la mirada hacia Hyákinthos. —No lo parece, pero le garantizo que es la primera vez que le pasa eso, es muy profesional en este tipo de temas y ya tiene bastante experiencia. Me disculpo de nuevo... — Esperaba que, para cuando saliera, al menos estuviera más calmado. ![]()
13-06-2026, 08:10 AM
“Jugar con él”
La idea le hizo gracia al pelirrosa. Podía imaginarse muy bien el escenario, aunque, ciertamente, le llamaba tener algo de privacidad con el pelirrojo, no podía negarse a la propuesta del pelinegro…Era demasiado…tentador.
Sonrió, pero no dijo nada. Ya pensaría bien si aceptaba o no aquella invitación, ahora, más que nada, debía concentrarse en su trabajo.
*****
—Hoy mismo —. Había llegado al sitio con la idea de operar a alguien, así que escuchar al pelinegro decir algo como eso solo significaban buenas noticias para él ¡Menos mal! De esa manera los órganos del chico no se arruinarían, además… ¿Un hígado? Eso era más que conveniente. —¡Me parece perfecto! Si aquel hombre necesita un hígado sería lo ideal para un trasplante de prueba…más que nada porque quiere decir que nuestro donante no tendría que morir… ¿Sabe? El hígado se “regenera” por su cuenta, así que con extraer una parte estaría bien. Eso significa que el sujeto podría servirnos para trasplantes futuros: Ojos, riñones…Su cuerpo sería nuestra nevera…la mejor nevera que hay —. La manera en la que el médico se expresaba era con una emoción digna de alguien que sabe bien de lo que está hablando.
—Puede llamarlo ahora mismo. Dígale que encontró un médico y un donante y… ¡Ah! Creo que sería buena idea hacer un contrato de confidencialidad. Ya sabe, no me gustaría que luego hablara de más ¿Cree que pueda hacerlo? —Estaba más que seguro de que la respuesta sería un sí, por lo que pudo irse tranquilo a la ducha. No hacía falta comprobar nada más.
*****
La ducha lo había relajado y ese rubio frente a él le había subido el cortisol de la peor manera posible ¿Quién se creía? Al médico poco le importaba si era socio de Jin, simplemente, no podría trabajar con alguien que parecía tan descuidado a simple vista. Frunció el ceño, porque tras faltar el respeto a la estancia, también se lo faltaba a él ¿Quién no sabía pronunciar qué nombre? Estaba seguro de que esta vez acertó con el nombre del pelinegro ¡Oh! Y no solo eso, también se atrevía a quejarse de una de las partes más divertidas de ese trabajo.
—Pfff… ¿En serio tanto te costó? —El pelirrosa soltó un bufido de burla que pretendía ser una risa. —En ese caso podría haber conseguido el producto por mi cuenta —. Alardeó, aunque no en vano, pues era cierto que solía conseguir a sus víctimas. —Conseguir a alguien es la parte más sencilla e incluso divertida…Ni siquiera habría tenido que usar un sedante, lo habría guiado hasta aquí haciéndole creer cualquier cosa. Solo falta sonreír amablemente y hacer que confíen en ti ¿Por qué te quejas de algo tan simple? —Le echó más leña al fuego, no podía evitarlo… ¿Por qué? No sabía exactamente pues era verdad que le molestaba lo del puro, pero había algo más que no lograba descifrar, una molestia latente en su mente que se le hacía difícil ignorar.
Era extraño. Muy extraño…No acostumbraba a actuar así frente a las personas, de hecho, su política era dar la imagen más inocente y/o profesional posible, dependiendo de la situación y de la persona, claro. El médico se mordió su propio labio, avergonzado y pensativo, aunque eso no lo hizo apartar la vista del rubio que ahora… ¿Ahora por qué se le caía el cigarro?
—¿Yo? ¿Qué? —No pudo decir más nada en cuanto Jin intervino. Vio como el otro hombre apagó el puro, aunque pudo leer con claridad los gestos nerviosos del rubio ¿Qué pasaba con él? Su regaño no había sido para tanto, además, no parecía del tipo de hombre que se tomara a pecho lo que le decían los demás, entonces ¿Por qué su reacción?
¿Eso provocaba su belleza? Fue lo primero que pensó en cuanto el bichito de la incomodidad quedó suspendido en su mente gracias a las palabras del otro hombre, pero, aun así, tenía razón…No podía creer que la actitud del recién llegado fuera provocada solo por ver una cara bonita, aunque, bien podía presumir de ello o, incluso, molestar al rubio ¿Por qué no? A fin de cuentas, esa vena de intriga seguía latiendo y sabía que su mente no se quedaría tranquila hasta encontrar una pista de su verdadera incomodidad o, bien, hasta acostumbrarse a la presencia de Rafael.
—¡Ja! Si hubiera sabido que reaccionarías así ante mi presencia me habría colocado una mascarilla —. Sonrió de medio lado y con altanería de sobra, de nuevo, una actitud extraña para tratar a alguien que acababa de conocer; sin embargo, que no podía evitar, como si su mente estuviera programada para estar alerta frente al rubio, aunque se supone que no lo conocía de nada. —Pero mira, al menos hiciste algo bien…le has dado una buena dosis de sedante al chico.
El médico giró sobre sus talones y caminó hasta la camilla, se colocó a un lado del muchacho y notó como el chico empezaba a parpadear, todo mientras de fondo escuchaba al pelinegro mandando al rubio a asearse, algo que, por sentido común, él mismo habría ordenado de no estar ocupado pensando en… ¿En qué exactamente? No podía descifrarlo, quizá nunca lo descifraría y eso solo lo molestaba más.
Chasqueó la lengua y se movió hacia un lado para poder sacar de su maletín una inyección y un pequeño potecito de cristal que tenía una etiqueta blanca encima que no lo cubría del todo, dejando ver que en el interior había un líquido transparente, casi parecía agua.
—Yo debo disculparme también —. El pelirrosa habló por fin, ahora que el rubio había entrado al baño y que estaba a solas con el otor hombre. —No suelo ser tan arisco en mis primeras interacciones con alguien. Supongo que verlo con el puro me alteró un poco, más cuando escuché con claridad que usted le dio la orden de apagarlo…si tuviera la mínima decencia habría obedecido ¡Jmp! ¿En verdad no se comportará siempre así? No sé si pueda trabajar con alguien que parece tan descuidado —. Mientras hablaba se encargó de meter el líquido en el interior del tubo de la inyección y luego, la aguja fue a parar directo al brazo del chico moribundo que estaba en la camilla.
—De verdad lo lamento. Tendré que acostumbrarme a la presencia de…Ra… ¿Rafael? —Esta vez si que pronunció el nombre de manera correcta y todo mientras dejaba que el líquido transparente se hundiera en las venas del muchacho que serviría como “experimento”, hasta que ya no quedó nada en el tubo de la inyección. Retiró la aguja y la desechó de inmediato. El chico parpadeó, pero pronto se quedó quieto, tan o más dormido que antes.
—Así está mejor…No quisiera que él se despertara e hiciera un escándalo —. El médico cambió de tema como si nada. —Este sedante lo hizo un médico que se especializa en medicinas naturales. No deja rastro ni hace daño en los órganos. Su compañero hizo un buen trabajo trayendo a este chico sano y salvo, no voy a negar eso…pero ahora me encargaré yo. Debo revisarlo y hacerle unas cuantas pruebas antes de que llame al hombre al cual vamos a operar.
Se giró para mirar al pelinegro. Había dejado atrás la actitud casi infantil que tuvo con el rubio para volver a su fachada profesional.
—¿Él también se quedará a ver la operación? ¿De verdad tendré que trabajar a su lado? No es que no pueda hacerlo, es solo que… —Se mordió el labio de nuevo, sin saber cómo terminar de expresar la incomodidad extraña que le provocaba la presencia del otro hombre y, cuando creyó que había encontrado las palabras correctas, la puerta de la ducha se abrió y Rafael salió del baño, ahora limpio y sin olor a tabaco. El médico frunció el ceño. —Creo que debo encontrar una forma de sentirme tranquilo a su lado —. Habló en voz alta para volver a morderse el labio casi de inmediato. Tomó una actitud pensativa, demasiado pensativa.
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18-06-2026, 12:30 AM
Por supuesto que querría un contrato de confidencialidad, y de hecho si algo salía mal, era mejor tenerlo a mano con todas las cláusulas posibles. —No se preocupe, me encargaré de redactar el contrato en la mayor brevedad posible. — Las palabras salían con la misma calma que si estuvieran hablando del clima pese a lo que se iba a dar en ese lugar. Retiró el Den-Den Mushi de su bolsillo y lo miró de forma indiferente, marcando el número concreto. —Es un hombre que abusó del alcohol hasta que su hígado terminó dañado. Requiere un trasplante, ¿es suficiente para usted, señor Hyákinthos? — Hizo una breve pausa, calmada y tranquila. —Y además, de alguien capaz de soltar mucho dinero, lo que significa que, si tiene éxito, por mucho que lo haga por “amor al arte”, puede salir de aquí con una bonita suma. Además, como ve tenemos todo a su disposición, lo que significa que efectivamente tiene usted la nevera para conservar todo lo que le haga falta. No será la única vez que trabaje con nosotros si sale todo exitoso.
Deseaba realmente que no solo fuera bueno en la intimidad, también más allá. Su confianza era sublime y al inicio él mismo confiaba también en el pelirrosa, la diferencia era que en ese momento, sin embargo, conocía una nueva dificultad; sus problemas de memoria. Teniendo esa nueva información en mano lo mejor era saber que podía ser capaz de trabajar incluso con ese problema. Y es que el mismo Rafael lo había dicho de hecho, no parecía ni recodar ni decir bien su nombre, o su apellido, y no era la primera vez en ese mismo día. Rafael, de hecho, al escucharlo, hizo una mueca con el puro de disgusto, elevando ligeramente una de sus mejillas. —Si tan fácil es para ti capturar a alguien a plena luz del día, un puto atleta, y delante de personas, en plena calle, con malditos Marines a cada rincón, ve tú mismo, estúpido. A ver si es simple para ti también. — Claro que, eso había sido mencionado mucho antes del shock que había padecido. Algo inesperado al rostro que tenía frente a él. Jin, sin embargo, ahora se encontraba sumamente sorprendido debido a la repentina agresividad del pelirrosa, quien hasta entonces había estado calmado y tranquilo, ahora se mostraba extrañamente hostil. El propio Jin, cuando colocó la mano en su hombro, trató de calmarlo. Eso era extraño, muy extraño. Lo miró desde la espalda una vez Rafael se había desvanecido como el propio aire, viendo fijamente al pelirrosa. ![]() —Hyákinthos, ¿se encuentra bien?
Porque esa discusión fue un sinsentido, extraño. Lo dejó respirar por un momento, aprovechando para terminar de tomar lo necesario para el siguiente sujeto para el trasplante. Afortunadamente para entonces el pelirrosa parecía haberse calmado un poco. Suficiente para que se disculpara. Jin, sin embargo, no parecía molesto ni afectado, por el contrario, se mostró tranquilo y calmado, revisando su Den-Den Mushi y el resto del mobiliario. —No se preocupe, señor Hyákinthos. No sabía que le molestaba tanto un puro, pero se lo tendré advertido para que no se repita. Le garantizo que no siempre es tan infantil, hoy parece tener un mal día, solo fuma puros cuando tiene un mal día. Tampoco es excusa para comportarse como lo hizo, por eso también me disculpo en su nombre. Suele ser eficaz y es extraño el comportamiento que ha tenido hoy. Me pregunto qué diantres le habrá pasado para que esté así. Normalmente no se impresiona tanto por el físico de nadie. — Era algo que no podía dejar de darle vueltas. Quizás más tarde le preguntaría al propio Rafael en privado. Asintió con la cabeza cuando pronunció su nombre. Es más, aprovechó para tomar un pequeño papel, donde escribió el nombre del que sería su segundo socio; Rafael De Luca. —Tiene su nombre y apellido, es un post it, puede pegarlo en su cuaderno para que no se le olvide si lo necesita. — Extendió su diestra calmadamente hacia el pelirrosa y, a continuación, contempló cómo volvía a sedar al joven que parecía estar despertando de nuevo. —Pensé que lo haría con él despierto, supongo que incluso usted quiere evitar los gritos. — Habló con la misma calma como si hablara del propio clima pese a lo que acababa de decir. ¿Le incomodaba Rafael? Dejó escapar un suspiro. Se acercó al hombre cuando vio que se mordía el labio inferior, el mismo gesto que lo hizo reconocerlo. Elevó su diestra, tomando su mentón, tratando de hacerlo frenar. —Por el momento, no tengo a nadie más, si necesita a otro, necesitaré más tiempo. Se quedará, pero también porque necesito que vea sus capacidades y que no le traigo a un cualquiera. Puede ser algo insoportable a veces, pero su trabajo es tan excelente como el mío. Apartó suavemente su diestra, observando al varón con la misma calma inicial y caminó por la clínica improvisada, ahora con sus manos en los bolsillos, a la vez que escuchaba el agua de la desinfección apagarse. —Por favor, Hyákinthos, confíe aunque sea solo un poco en Rafael. Si no lo soporta hoy, trataré de buscar a otra persona lo antes posible. Dele una oportunidad del mismo modo que yo se la doy a usted. Los pasos de Rafael pronto se dieron a conocer, al momento de que el varón se presentaba, todavía con el rostro pálido. Al verlos, miró a ambos, primero a Cherry, luego a Jin, repitiendo el proceso varias veces. No hubo palabras, pero Jin frunció las cejas, más serio. ![]() —Más te vale tranquilizarte, no quiero buscare otro médico, Rafael.
El rubio asintió con la cabeza, tragando saliva, tomando una de las batas médicas que encontró de su talla y, finalmente, se acercó, pero siempre con una distancia prudente. Abrió la boca, tratando de hablar, volviéndola a cerrar de nuevo. —¿Qué diantres te pasa hoy? No importa, luego hablaremos en privado de tu comportamiento, Rafael. Se escuchó cómo tragó saliva, el sudor frío, pese a haberse duchado con agua fría, parecía volver como nunca antes. Temblaba, carraspeó, tratando de volver a hablar. —¿No le... dijo nada? — Jin volvió la mirada hacia el rubio, ahora extrañado, arqueando una de sus cejas. ![]() —¿De qué mierda me estás hablando? ¿Quién me tiene que decir algo?
Rafael automáticamente negó con la cabeza, sacudiéndola enérgicamente. —Nada nada, quiero decir, de que... Bueno... Ehh... Takano. Takano si no te dijo nada de mi llegada. — Jin mantenía la ceja enarcada, moviendo la cabeza de lado a lado y rodando los ojos. —Déjate de estupideces y discúlpate al señor Hyákinthos. — Rafael lo miró, ahora sintiéndose algo más calmado, pero todavía con la tensión en el cuerpo. En su cabeza, pensó, que quizás eso sería en privado, lo mejor sería fingir que todo estaba bien. Jin no parecía saber nada. Extendió su mano hacia el pelirrosa. —Mis más sinceras discuplas, señor... ¿Hyákinthos dijo Jin? Procuraré no repetir lo de hoy. Mi nombre es Rafael De Luca. Es un placer. ![]() |
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