Niñera a prueba de balas | Aventura Tier 2 | P.R.
#1
Día 80 Otoño, Año 17
Hora: 08:00 am
Puerto en Baquella
Isla Baterilla, South Blue




En el cuartel de Baterilla siempre había algo que hacer desde labores de limpieza hasta misiones de alto rango fuera del complejo, sin embargo aquel día era especial, todos los soldados que se encontraban fuera de servicio habían sido convocados, uniformados y perfectamente presentables para la ocasión. ¿La razón?, la llegada de un sargento procedente de otra isla del East Blue, tenía fama de tener un método de entrenamiento que había dado excelentes resultados entre los nuevos reclutas de su destacamento, su visita había despertado la curiosidad de más de uno dentro del cuartel.

La mayoría de los soldados estaban nerviosos tras haber escuchado días antes los rumores sobre la visita de esta hombre proveniente de islas lejanas, los rumores decían que era un señor con temperamento explosivo sin consideración de aquellos que parecían ser débiles durante los entrenamientos, y claro, ese día no tardó en demostrarse que todo lo dicho era cierto puesto que durante los calentamientos obligó a toda la formación a repetir el mismo ejercicio una y otra vez debido a que cinco soldados de la esquina derecha de la formación no lograban sincronizarse con el resto de la escuadra, lo que para algunos parecía un error menor para él era una falta de disciplina que no estaba dispuesto a tolerar.

—-- ¡OTRA VEZ! —- gritó el sargento con una voz grave pero con tonalidad alta para que resonara por todo el campo de entrenamiento, aquel señor tenía una apariencia formidable,  un cuerpo musculoso, frondosa barba castaña como su cabellera también, ojos en color escarlata y una personalidad inquebrantable como si se tratase de un muro de hierro.

Todos los marines habían tenido que soportar indicaciones severas desde muy temprano, empezando por la hora de cardio a las cuatro de la mañana, corriendo por toda la costa de la isla con el sargento encabezando el grupo y en ningún momento bajó su ritmo de trote. Durante el desayuno el estómago de los cadetes tuvieron que soportar el sabor crudo de un vaso de leche con tres huevos revueltos en su mezcla como si fuera un ponche sin azúcar, cuando llegó las seis de la mañana ya todos los soldados se encontraban realizando una serie de rutinas que trabajaba las piernas, el abdomen y los músculos de todo el cuerpo, el objetivo era fortalecer la resistencia de los marineros, y todos fueron supervisados con diligencia por su superior del día.

Entre aquellos soldados novatos también se encontraba nuestra marine favorita, Kagura, debido al temperamento del sargento los compañeros de la escuadra tuvieron que asegurar el uniforme de su colega al usar cuerdas para evitar que la ropa se le saliera de lugar. No querían soportar regaños innecesarios o castigos a culpa de su comportamiento nudista.

—- ¡EN DESCANSO SOLDADOS! —- gritó el hombre de barba castaña para poner fin a la serie de ejercicios, al instante los reclutas detuvieron sus movimientos para seguidamente adoptar la posición de descanso reglamentaria del ejército, ahora se podían relajar pese a que les faltaba mucho el aliento pero debían mantener la compostura delante de esa máquina de lucha, el sargento recorrió las filas de formación con la mirada antes de volver a alzar la voz.—- Tienen cinco minutos de descanso…—-- Más de uno suspiró aliviado al escuchar aquellas palabras, excepto una persona —-- Por otro lado, necesito que la soldado Kagura se presente ante mí de inmediato.

¿Qué podría querer aquel señor forastero de Baquella?, ¿Acaso le llamaría la atención por su indisciplina con el uniforme?, ¿Tal vez hizo mal algún ejercicio?, ¿Qué podría querer el sargento con una novata como ella?.



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#2
Capitulo 20: Niñera a prueba de balas
Lugar: Baterilla, Puerto en Baquella
Fecha: 80 de Otoño, año 17
Hora: 08:00 AM


Mi pecho subía y bajaba con tanta fuerza mientras intentaba recuperar el aliento, podía sentir mi corazón latir cada segundo. Sin duda aquella mañana había sido una auténtica pesadilla desde el momento en que nos obligaron a abandonar nuestras camas antes del amanecer, como pude logré colocarme el uniforme de entrenamientos y siguiendo las indicaciones me moví hacia los campos de entrenamientos. Desde que llegué el correr parecían ser interminables, ejercicios repetitivos y una disciplina tan estricta que incluso respirar parecía requerir autorización previa, todo mi cuerpo se acoplaba al duro esfuerzo de esta mañana, por no mencionar el asqueroso desayuno de esta mañana. Cuando el sargento finalmente dijo que podíamos descansar todos en fracción de segundos nos colocamos en posición de descanso –uff…– deje salir un pequeño suspiro porque este arduo día pronto terminaría. Pero sentí un leve escalofrío cuando escuché mi nombre salir de la boca del forastero, varias miradas se clavaron inmediatamente sobre mí haciéndome sentir la tensión del momento —¿Eh...?--- fue lo único que alcancé a decir antes de notar cómo algunos compañeros comenzaban a verme con una mezcla de lástima.

Durante unos segundos permanecí inmóvil observando al enorme hombre de barba castaña y caracter fuerte. Desde que había llegado no había hecho otra cosa mas que destruir la moral de medio cuartel a base de gritos y exigencias casi imposibles de cumplir, evidentemente me caía mal pero debía disimular. Mi primera sospecha fue que había notado algo extraño con mi uniforme, debido a como estaba sujetado por ideas improvisadas de parte de mis compañeros...¿Acaso aun no aceptan mi defecto?, quizas nadie, solo esperaba que el sermón no fuera tan duro y que fuera sutil con su lengua –*Genial, seguro me hará correr veinte vueltas más por culpa de estos imbéciles*-- pensé mientras soltaba un suspiro resignada ante esta presión.

Mis botas resonaron sobre el terreno de entrenamiento mientras reducía la distancia, sentía la caminata algo extensa…la mirada de mis compañeros que me seguían a cada paso,trague grueso mientras bajaba mi cabeza para asegurarme de ir vestida, solté un suspiro de alivio al ver que todo iba en orden. Sentía las miradas de todos los reclutas siguiéndome durante el trayecto esperando que me ridiculizaran en cualquier momento...cuando finalmente me detuve frente al sargento, llevé una mano a la frente en un saludo reglamentario antes de declarar con firmeza --Soldado Kagura presentándose según sus órdenes ¡Señor!-- Mi voz sonó más segura de lo que realmente me sentía aunque mi cabeza estaba imaginando muchos escenarios a la vez, desde aquella distancia podía apreciar mejor la imponente presencia del hombre y su penetrante mirada.

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#3
El sargento miró a Kagura con detenimiento absoluto contemplandola de arriba a abajo mientras ella se mostraba implacable con su saludo militar reflejado en su postura, a lo que el señor con sus manos atrás de la espalda dejó salir un pequeño sonido de complacencia al ver la disciplina en su subordinada. — En descanso, soldado. — Diría al fin aquel señor con su grave voz sin dejar de ver directamente los ojos de la chica.

—- La he observado de cerca, tiene muy buena condición física, no tengo mucho que decir respecto a mejoras nada más que fortalezca la resistencia para que nunca le falte el aire. —- Diría el señor al ver que Kagura estaba transpirada y de alguna manera la respiración la reflejaba forzada, y eso era debido a la falta de resistencia, pensando él que eso es normal en quienes no están acostumbrados a realizar entrenamientos como los de hoy, lo curioso era que lo que estaban haciendo no era más que la rutina diaria del sargento, aún no entraban en calor con el verdadero entrenamiento de combate por el cuál todos fueron convocados.

—- He escuchado buenos comentarios de su historial como soldado, sus hazañas en la isla en cuanto a la protección civil e infiltración, la felicito por lo mismo. —- su voz aunque parecía dura y hostil, también se podía escuchar una tonalidad más relajada que antes, cordial, el señor tenía muchas expectativas en nuestra protagonista del día.

—- Es por eso que le designaré una tarea importante a realizar hoy, confío en que lo hará sin problema —- Se cruzó de brazos mientras observaba a la escuadra que estaban conversando entre ellos, y algunos sentados en el suelo, los minutos de descanso pronto terminarían. —-- Necesito que cuide de mi hija, con suma vigilancia mientras termina el entrenamiento.

—- Se encuentra en la zona oeste en el complejo de residencias de los altos mandos, en el páramo 4B, es una tarea demasiado sencilla para una Marine que sabe controlar hordas y ataques masivos, puede retirarse.



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#4
¡Por supuesto, señor! — contesté con determinación mientras cumplía la instrucción de regresar a posición de reposo. Aunque intentaba mantener un semblante serio, no podía evitar que los halagos despertaran un sentimiento de orgullo en mi interior. Era la recompensa que tanto había anhelado, ya que no era habitual recibir una especie de reconocimiento directo de alguien de tan alto rango, por no decr que hasta ahora solo he recibido sermones. Así que me sentía más que emocionada...Mientras comentaba acerca de mi condición física y mi experiencia como marine, recorde algunas de las tareas que me habían hecho famosa en la base. En una ocasión, había perseguido a un grupo de niños que pretendían ser piratas y que llevaban días robando mercancías de los comerciantes durante sus juegos, provocando más problemas de los que cualquiera podría haber previsto…también había explorado en las alcantarillas de la ciudad para localizar a varios malhechores que se ocultaban entre la suciedad y la penumbra. No eran hazañas tan épicas, pero sin duda habían requerido de gran determinación…y una buena dosis de valentía.

Cuando mencionó que había una tarea crucial esperándome para el da de hoy, mi mente comenzó a divagar en varias direcciones, varios escenarios comenzaron a formularse en mi cabeza. Una asignación especial directamente del sargento debía implicar algo significativo, algo sumamente arriesgado. Quizás tendria que terminar una organización criminal que operaba en la isla o tal vez necesitaba un infiltrado en el campamento adversario o alguien que resguardara un envío de gran importancia, Hasta llegué a imaginar que podría liderar una misión militar junto a otros compañeros de combate, precisamente quienes venian a mi mente era Arceo y Jesse, ambos serian un buen equipo de apoyo, si, la emoción de mostrar mis habilidades hizo que mi corazón se acelerara como una pequeña estaba a punto de vivir la mejor etapa de su vida. Permanecí quieta esperando sus palabras, analizando cada gesto del hombre mientras esperaba la orden final.

Sin embargo toda aquella fantasía heroica que cruzaba y se trazaba en mi cabeza, se derrumbó en el instante en que escuché las palabras que salieron de su boca. Lo que realmente necesitaba era que cuidaran a su hija mientras, durante varios segundos me quedé completamente inmóvil, era incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Realmente mi mente quedó en blanco, Sentí cómo mis ojos se abrían lentamente mientras mi boca quedaba entreabierta por pura incredulidad, antes de poder contenerme por la sorpresa, las palabras escaparon por sí solas —¿Su... hija...?— pregunté sin pensar, aquello no tenía sentido. Había Marines mucho más adecuados para semejante tarea. Yo apenas podía tolerar a los niños durante más de unos pocos minutos.

Desafortunadamente mi hábito de expresar exactamente lo que pensaba me volvió a jugar una mala pasada, estuve a punto de seguir quejándome cuando de repente me di cuenta de que estaba cuestionando una orden directa de un superior, mi rostro palideció en ese instante, la mera idea me tensó los hombros haciéndome tragar saliva… así que recuperé mi compostura tan rápidamente como pude, volviendo a enderezar mi postura, llevé una mano a la frente y realicé un saludo militar impecable, como era debido —¡Disculpe, señor! ¡Olvidé lo que dije! ¡Cumpliré con la tarea asignada sin problemas! — exclame con firmeza aunque por dentro seguía pensando que esto era un verdadero castigo, ¿me vieron cara de niñera o que?, odiaba lidiar con niños…podía enfrentarme contra criminales, perseguir a ladrones o confrontar anarquistas, pero cuidar de niños era un desafío completamente diferente, debia ser delicada y paciente...dos cualidades que carecia de momento. No obstante, una orden es una orden y no tenía intención de contradecirla.

Después de salir del área de entrenamiento me dirigí de inmediato a los dormitorios, me sentia asquerosa por todo el sudor adherido a mi cuerpo, asi que no dude en ir luego a las duchas permitiendo que el agua se llevara el agotamiento y parte de la frustración que todavía cargaba sobre mis hombros, mientras pensaba en como debia tratar a la hija de un superior, deje salir un enorme suspiro pues sabia perfectamente que seria un dia pesado...un dia especial. Al terminar me sequé con tranquilidad y me vestí con ropa limpia, mi uniforme estaba impecable, sin mas tome mi sombrilla y algunos objetos mas que necesitaria para esta tarea, me sentia mucho más preparada para enfrentar cualquier eventualidad.

Finalmente deje el edificio de la marina y emprendí mi camino hacia la zona residencial de los altos mandos de la marina. Mientras caminaba sobre la vereda, observaba las instalaciones de la base intentando convencerme de que aquello también era una misión importante, despues de todo..era la hija de un sargento…¿no?, por otra parte temia por el temperamento de la infante, quizás la hija del sargento era una niña tranquila, un angelito del cielo,solo quizas me caeria bien la niña. Aunque, siendo sincera, mi experiencia me decía que los niños solían ser mucho más problemáticos que los criminales, solo recuerdo a los niños que tuve que colgar de un arbol en forma de castigo. Solté un largo suspiro mientras ajustaba el agarre sobre mi sombrilla, esta vez no podria aplicar la justicia como yo queria —Capturar ladrones, perseguir rufianes en alcantarillas y ahora convertirme en niñera... definitivamente la Marina sabe cómo sorprenderme— murmuré para mí misma antes de dirigirme finalmente hacia el páramo 4B, donde me esperaba aquella inesperada misión, al llegar tocaria la puerta de la casa, ¿Acaso la narradora estaba en contra de mi, quizas no tenia a quien pegarle una flecha?
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#5
Aquella tarea designada era tan ambigua que el sargento no especificó detalles tan simples como la edad de la niña, su temperamento, si tiene alguna condición clínica, si es tiene demasiada energía, su comportamiento, nada de eso fue dicho ni explicado por el sargento de la marina, no lo dijo porque pensó que cuidar de una pequeña era tarea sencilla pero el sargento no tomó en cuenta que para cuidar niños es necesario saber el cómo controlarlos y para nuestra protagonista de la sombrilla sería una aventura el poder conocer estas facetas.

El páramo 4B era un pasillo extenso con arquitectura pulida, mosaicos blancos adornando la planicie de su suelo como cada puerta de caoba pintada a mano en tonalidades grises, cada una tenía un número en específico y en secuencias desde la 201 hasta las 301, la habitación de la niña era contigua a la del sargento, la 226.

Kagura escucharía el silencio absoluto tras el golpeteo de su mano, el tiempo transcurría, podía continuar tocando la puerta tantas veces como ella quisiera pero siempre reinaría el silencio, ¿No era eso una mala señal cuando se trata de niños?, tan pronto como nuestra soldado abriera la puerta se daría cuenta que la habitación es un completo desastre, la cama estaba desordenada sin funda como también las almohadas, habían cientos de papeles por el suelo y cada hoja tenía diferentes dibujos hechos de crayones como también podría observar la caja de colores a un costado de las mismas páginas. Las paredes estaban garabateadas entre líneas azules, verdes y rojas, y ahí comprobaría la chica de pelo bermellón que estaría cuidando a una niña con demasiada energía, inquieta, incluso podía fácilmente deducir el rango de edad de quizás cuatro a seis años, pero… ¿Dónde estaba la niña?

La respuesta llegaría sola cuando viese la ventana de la habitación ondeando con la brisa proveniente de las costas, en una esquina, mal amarrado pero sostenible, estaba lo que parece ser el nudo de una tela blanca por lo que cuando nuestra Marine se asomara podría descubrir donde estaba la cobija de la cama, usada como cuerda para poder dar paso a una escapatoria escurridiza y al ser una niña tan pequeña, fácilmente daba la oportunidad de pasar desapercibida de escondite en escondite, ¿A donde se habría metido la inquieta hija del sargento?.

Kagura tenía dos opciones, regresar con su superior e informarle la desaparición de su hija al mismo tiempo que sería catalogada como incompetente por no lidiar con las travesuras de una simple niña, o bien podría tomarse en serio su papel de niñera. ¿Qué harás Kagura?



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#6
Tras haber tocado la puerta de aquella habitación me percate del silencio detrás de ella, por un momento pensé que quizás la pequeña descansaba, no dude en hacer otro llamado pero la respuesta fue la misma, el silencio reino por lo que suspire con pesadez –Espero que no sea lo que estoy pensando…– Musité para mí misma tras tomar el pomo de la puerta y abrirla con cuidado –Con permiso…– hable por bajo, apenas cruce el marco de la puerta cuando pude notar aquella ventana abierta y la cobija anudada de manera improvisada para lograr una cuerda, ante la primera imagen una vena se marcó en mi frente ante la evidente molestia, Pero tras desviar el rostro hacia los detalles de la habitación me percaté del desmadre que había dejado como su obra de arte, la habitación parecía haber sido bombardeada por un ejército de pequeños demonios armados con crayones y sustancias de extraña procedencia…¿Sería lodo?, Mi primer impulso fue acercarme a la ventana para comprobar que realmente la niña se escapó por la ventana, la respuesta llegó tan pronto al ver el final de aquellas sábanas que revoloteaban suavemente contra el viento.


Mi primer impulso era regresar con el sargento e informarle del desastre, pero al imaginar las palabras y el rostro decepcionado de aquel hombre, senti una ligera tensión en mi estomago. Mi paciencia desapareció tan rápido como había llegado, sin detenerme a pensar demasiado en las consecuencias o en los hechos, sujeté con ambas manos aquella sábana anudada y me asomé por la ventana. —¡Maldita mocosa! ¡¿Quién demonios se escapa por una ventana?! ¡¿ACASO QUIERES MORIR?! — grité con todas mis fuerzas las últimas palabras esperando que me escuchara, realmente esperaba que estuviera cerca. Con mucha habilidad comenzaba a descender utilizando el mismo recurso que usó la pequeña. La tela se movía con cada uno de mis movimientos, provocando que mi expresión se volviera más tensa a medida que pensaba en algún castigo —¡Cuando te encuentre te voy a…! ¡No!...¡Nada de amenazas! ¡Es la hija de un superior!— Sacudí la cabeza mientras volvía a recobrar la cordura, realmente debía contenerme por mi propio bien.

Al tocar el suelo con ambos pies, mis ojos comenzaron a  recorrer los alrededores con suma atención mientras una mezcla de preocupación y enojo comenzaba a crecer en mi interior, estaba segura que si no la encontraba pronto estaría en graves problemas con mi superior. Sin duda si algo le sucedía a esa niña…seguramente mi carrera terminaría antes siquiera de despegar, pero por ahora lo primero que debía hacer era encontrarla por mi propia cuenta, Era una marine y no pensaba rendirme por una simple travesura infantil, esto no debía ser nada más que un juego a las atrapadas o a las escondidas, aunque por ahora la pequeña llevaba ventaja de sobra.

Apretando los puños con determinación y con la mente fría, comencé a soltar pequeños suspiros como un ejercicio para mantener la paz, debía centrarme —Capturar bandidos, perseguir maleantes por alcantarillas y ahora andar buscando niñas fugitivas… definitivamente la Marina tiene formas extrañas de poner a prueba a sus soldados— refunfuñé entre dientes, pero al soltar toda esa inconformidad finalmente pase a lo que realmente importaba, buscar a la pequeña. Con la sombrilla en mano y la determinación reflejada en mis ojos, comencé a buscar los alrededores esperando encontrar una pista que me indicara hacia que dirección decidió ir, estaba más que mentalizada en encontrarla y llevarla de nuevo al apartamento.

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#7
Algunos caminos suelen ser más largo que otros pero no por eso terminan siendo equivocados, o al menos esa era la verdadera orientación de esta inusual aventura para nuestra protagonista del ejército de la marina quien decidió descender por aquella sábana amarrada al balcón de la habitación.

A los alrededores se daría cuenta Kagura que habían varios muros de arbustos que realizaban un camino por todo el pasillo colateral de las habitaciones hasta hacerle encontrar una calle empedrada que daba paso al siguiente páramo de habitaciones y salones del cuartel, por los momentos no habían indicios ni señales de los pasos de aquella escurridiza niña fugitiva.



Fuente del Jardín

Tan pronto como Kagura atravesara aquellos páramos sus pies la terminarían llevando hasta un espacio abierto del cual los marines transitaban a diario hacia el interior o exterior de las instalaciones, como la fachada inicial de sus recintos, en medio se ilustraria una hermosa fuente de aguas cristalinas que en su interior habían varias monedas refugiadas tras la condena de un deseo pedido, había monedas de todo tipo como también se podía divisar algunos objetos sin importancia para Kagura, objetos como un pequeño anillo de juguete en tonalidades doradas.

Algunos soldados se disponían a realizar su patrullaje fuera del cuartel para encontrarse en su camino a la infortunada y apresurada compañera, ellos tan solo hicieron un saludo con su sombrero mientras la dejaban en su aflicción.



Area de Cocina Principal

El olor de una fragancia dulce pronto haría que Kagura se sintiera intrigada de su procedencia y en cuanto alzara la vista al cielo podría ver una corriente de humo que provenía de una chimenea de cilindro hecha de metal sólido capaz de soportar el abrasador vapor que desprendía. El rastro de humo se notaba un poco lejano a una distancia de algunos treinta metros de largo, ¿Estaría la niña en aquel lugar?, la cocina suele haber a veces muchos postres de todo tipo, jaleas y golosinas que seguramente algún niño pondría sus manos cual codicia necesaria como también Kagura podría ver hacia la entrada donde parece ser que nadie custodiaba la entrada, ¿Donde estaban todos?... cierto, en el entrenamiento con el tan afamado sargento.

En todo caso…. una entrada que nadie estaba vigilando…



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#8
Tras inspeccionar mi alrededor había indicios de que la pequeña podía haber optado por cualquier camino, sin embargo la mentalidad de un pequeño siempre se guia por lo más llamativo, a unos cuantos paso pude notar un camino formado por unos arbustos que parecía querer simular a un pequeño laberinto, no dude en cruzar por aquel camino mientras observaba cada rincón con la esperanza de encontrar —¡Hey pequeña!...¿Estas por aqui?-- Cuestione en voz alta, sutilmente con la sombrilla movía algunas ramas con la intención de buscarla por la parte baja de aquellas hojas, pero no encontré nada que pareciera indicar el paso de la joven infante, ciertamente esto comenzaba a frustrarme pues no era conocida como alguien que tolerara a pequeños, mientras avanzaba con cautela pronto terminaria en un pasillo natural en una zona mucho más abierta.

Pero toda mi atención recayó sobre la fuente que se encontraba entre la plaza principal, tan pronto me acerque pude apreciar mejor su estructura, el agua cristalina que reflejaba los rayos del sol era una hermosa imagen que lograba arrancarle una sonrisa a cualquiera, tan pronto deslicé mi mirada hacia su estanque cuando podía ver decenas de monedas que descansaban en el fondo como una especie de cementerio de deseos, ¿Alguno de ellos habrá sido concedido?, no era muy creyente a este tipo de tradiciones pero como dicen por ahí –A cualquier santo se le reza cuando la cuerda aprieta– ¿O era algo así?, bueno, no me importaba. Pero lo que sí llamó mi atención fue una pieza dorada que deslumbraba con las demás monedas, no dude en sumergir mi mano para tomar aquel pedazo de ¿resina? o era ¿madera?, no podía definirlo por esa capa de pintura pero era evidente que se trataba de un juguete –Debe ser de esa mocosa…– sonreí de lado porque esa era una prueba de que la niña estuvo en este preciso punto.

Mientras continuaba mi camino, me encontré con algunos soldados que gentilmente me saludaron, por mi parte me limité a inclinar la cabeza mientras seguía avanzando llevando entre mis dedos aquel pedazo de juguete, Fue entonces cuando un aroma dulce llegó a hasta mi, sutilmente mi nariz se arrugó ligeramente mientras seguía el rastro hasta divisar una columna de humo elevándose sutilmente por la chimenea –¿Postres?-- pense pero segui avanzando hasta que me detuve de golpe mientras pensaba detenidamente –Donde hay azucar..¡Hay niños!-- Me dije a mi misma tras retroceder unos cuantos pasos, sin perder el tiempo abrí de golpe la puerta de la cocina esperando encontrar a alguien.

Para mi sorpresa aquel lugar estaba totalmente desprotegido, desolado, sin nadie que vigilara la entrada, ni un solo marine, ¿Pero que habia pasado con las personas?, pense pero la respuesta llego sola tras recordar que todos habian sido convocados a cumplir con aquel absurdo entrenamiento, un entrenamiento que agoto todas mis energias pero aqui estaba, siendo la mejor…porque ciertamente en terquedad, era la mejor. Abriendome paso entre el pasillo de la cocina, buscaria a la pequeña cerca del horno o de la estufa, debia encontrarla cerca de aquella dulce fragancia –¿Pequeña bribona, estas aqui?-- pregunte en voz alta pero no habia respuesta, de pronto sonrei tras recordar que tenia una carta a mi favor que podia usarla contra la pequeña.

Me pregunto…¿De quien sera este anillo tan pequeño?, lo encontre en el estanque de la fuente…espero que la persona que LANZO este anillo no tenga problema con cumplir su deseo – Estaba segura que fue ella, ¿Como reaccionaria ante la idea de que alguien saco su intercambio equivalente a un deseo por cumplir? ¿Lloraria? ¿Gritaria? ¿Se tiraria al suelo hacerme algun berrinche?...pero la pregunta que mas me importaba era…¿Estaba lista para soportarla?

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#9
La cocina era un lugar ejemplar y de alta cocina con los utensilios de mayor calidad puesto que no había presupuesto que no valiera la pena gastar, y claro, al ser un lugar con grandes cantidades de pelotones de soldados todos los días, la cafetería y la cocina siempre debían estar preparados para cualquier hambruna que atacaran las panzas de sus admirables reclutas.

Habían varas estufas pulidas y enceradas, recién limpias pero también habían enormes ollas humeantes que parecían desprender un aroma semejante a especias y pimientas, se trataba de guisos preparados para la hora del almuerzo, el mosaico del suelo tenía unos toques azulados en tonalidad zafiro como también se podía apreciar los acabados de madera adornando la cocineta, alacena, percheros, almacenes y entre otros espacios preparados para optimizar el área de cocina. Contaban con un enorme horno antiguo creado ladrillo por ladrillo muy característico de las épocas antiguas, olía deliciosamente dulce y evidentemente se trataba de pan casero realizado por las damas que tenían la admirable labor de cocinar para más de quinientas personas a diario. En este momento Kagura encontraría aquel lugar completamente solo, únicamente una olla humeante y la iluminación de una llama ardiente tras la ventana de una puerta de madera de aquel horno.

Nuestra soldado no se equivocaba, aquel juguete que había recogido de la fuente en verdad le pertenecía a la fugitiva niña extranjera, lo había lanzado para pedir un deseo añorando algo que llevaba mucho tiempo queriendo tener y es por eso que en cada fuente que la pequeña infante encontraba… terminaba lanzando sus objetos de gran valor. ¿Qué deseo podría esconder el corazón de un niño mimado?

Tras unos minutos de silencio y de haber inspeccionado cada parte de aquella cocina, pronto Kagura se daría cuenta que no sirvió de nada el haber venido hasta aquí, pero no todo estaba perdido porque las señoras cocineras regresaron y se encontraron con nuestra niñera desesperada. Eran en total cinco mujeres vestidas de chef con su uniforme blanco pulido, todas venían cargando cajas de cartón con ingredientes en su interior, al parecer venían de haber realizado compras en el muelle mercantil de Baquella, y al entrar por aquel umbral se asombraron de ver a la Marine.

—-- ¿Necesitaba algo, soldado? —-- diría una señora mayor de edad, de pelo azabache y ondulado, ojos verde, su cuerpo era corpulento, y cargaba una caja llena de remolachas. Por su uniforme parecía ser jefe de cocina y también tenía mayor rango que nuestra protagonista, y es que claro, los soldados podían escalar en sus puestos de diferentes maneras, nuestra señora brindaba servicio en la cocina.




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#10
Al final venir a la cocina terminó siendo una pérdida de tiempo, porque por más que revisara cada rincón, cada espacios diseñados para esconder o utilizar de escondite, no había señal de que la niña estuviera en ese lugar, sin embargo tenía una leve corazonada de que realmente estuvo en este lugar, Por unos instante observe el singular anillo que reposaba entre mis dedos, frunciendo levemente el ceño deje salir un suspiro pesado mientras me disponia nuevamente a guardar aquel pequeño objeto –¿Donde se habrá metido esa mocosa?-- susurre para mi misma, dispuesta abandonar aquel lugar, seguramente la pequeña escapó hacia otro lugar.

Por otra parte, el aroma del pan recién horneado y de los guisos calientes inundaba el ambiente, haciendo que el lugar me resultaba extrañamente acogedor a pesar de lo vacío que se encontraba justo ahora, como era evidente mi estomago comenzó a gruñir de manera exagerada haciéndome doblegar un poco mientras doblaba sutilmente las rodillas —Que hambre tengo carajo….-- maldije levemente mientras mi diestra reposó sobre mi abdomen como si eso calmara mi hambre,  mordiendome sutilmente el labio con la intención de soportar la sensacion, el entrenamiento gasto muchas de mis energías y sinceramente parte de tener hambre era la razón por la cual estaba de mal humor, por no decir que no era la mas ideal para cuidar infantes.

Cuando estaba a punto de rendirme y continuar la búsqueda en otro lugar, escuché unos pasos que se aproximaban desde la entrada, clavando mi mirada hacia el marco de la puerta, pronto varias mujeres harían presencia al cargar varias cajas llenas de ingredientes y provisiones, pero quien llamó más mi atención fue la mujer que encabezaba el grupo, parecería ser la encargada de esta cocina por lo que no dude en acercarme para presentarme como se debia aunque seguramente ya me había visto antes pues para ser una chica…tenía una gran habilidad con el diente –Buenas tardes señoras…lamento interrumpir su zona, soy Kagura de la división ochenta…estoy buscando una pequeña – No me molesté en buscar una forma elegante de iniciar la conversación, después de todo, tenia urgencia por encontrar a la pequeña lo mas pronto posible—¿Han visto pasar a una pequeña por aqui o cerca? – Cuantas más pista obtuviera, estaria mas cerca de atraparla…mi único temor era perder mi buena reputación y ganar un sargento de enemigos, sinceramente esos no eran mis planes a corto plazo. 
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