Pueblo remoto [Aventura t4] [P.R] [Bertram]
#1
Día 44 de Otoño, Año 17
Posada Verudora, 12:00 PM 

En la Isla de Drum, cómo todas aquellas que se suceden en el Grand Line, es el poder y la fuerza de sus habitantes el que lo rige todo. El problema es que no siempre la gente que vive allí tiene el suficiente cómo para sobrevivir en esas circunstancias, y eso, desgraciadamente, es uno de los principales problemas que la Marina debe soportar en aquellas corrientes tan peligrosas si verdaderamente quieren proteger a sus ciudadanos. Por suerte para ellos, durante estos momentos se encuentra en la isla una de las divisiones más prometedoras de los últimos tiempos. La división 60, conformada por cuatros prestigiosos y honorables miembros de la marina, mantienen la seguridad de la isla allá donde se les necesite, y hoy, en este aparente día normal, uno de ellos trabajará en una de las misiones que aparentemente, ninguna otra persona ha sido capaz de resolver.

En un temporal tan extremadamente helado, todos y cada uno de los ciudadanos y pueblerinos visten ropajes gruesos forrados en pelaje de bisonte, oveja, o para los más desafortunados y con menos poder adquisitivo, ingeniándoselas con pelaje de cabra que, en esta isla y por lo general, suele ser algo más asequible para ese tipo de bolsillos, puesto que aparentemente el comercio local, controlado sugerentemente por las tropas del Rey de Drum, tratan de mantener a sus ciudadanos cómodos con estas medidas.

Aunque al menos, eso es lo que se dice por ahí.

Hospedado en una pequeña posada donde pudiste pasar la noche, con tus armas y herramientas a buen recaudo, recibes apenas llegada la media mañana una inesperada visita, alguien tocando tu puerta con una medida tranquilidad que, a simple vista, no parece indicar ningún tipo de hostilidad. Tras la puerta, un hombre algo bajito, de aspecto tranquilo y bonachón te espera a que abras la puerta:


hombre bonachón


—Hyoo, señor Bertram. Tiene un momento, ¿por favor?—Pregunta tras la misma, mostrando una inherente calma en su tono de voz grave y robusto, cargado de experiencia en la vida.—Si no me equivoco sabe usted que venía. Soy el guía que lo llevará hasta Pueblo Bighorn.

A pesar de su honestidad, puede resultarte algo extraña la situación. A juzgar por su apariencia y su voz, deduces fácilmente que supera los cincuenta años de edad, y que este hombre debería estar incluso más cercano a los sesenta. Pueblo Bighorn puede estar perfectamente a decenas de kilómetros de vuestra ubicación, aunque por supuesto, puede haber alguna respuesta para ello, ¿verdad?.

—Mi nombre es Krain, señor. Se suponía que acudiría un carromato a por usted, pero debido a las recientes ventiscas es imposible acudir hasta el pueblo de ningún otro modo que no sea a pie. Le pido disculpe la incapacidad de mi pueblo, de verás, pero necesitamos su ayuda con urgencia o de lo contrario mi pueblo morirá de hambre.—Incluso en lo áspero y cálido de su voz, notas que hay cierta decepción en sus palabras.

Todo esto resulta muy extraño, pero lo único que favorece su argumento es que, efectivamente, hasta hace unas horas fuertes ventiscas han azotado casi todos los rincones de la isla, y que actualmente, pese a que han amainado, la mayoría de personas se encuentran despejando la nieve de los caminos, tejados, terrazas, y distintas zonas de la ciudad y sus alrededores para poder mantener de nuevo la vida con total normalidad. Eso es algo a lo que en este sitio están acostumbrados, pero no deja de ser un incordio para aquellos menos acostumbrados. 

—Por favor, tómese el tiempo que necesite para prepararse. Quisiera partir en cuanto usted considere. Si tenemos suerte, quizás no nos pille una nueva ventisca antes de que lleguemos, y puede que lo consigamos antes del anochecer. Sería fantástico, toda una hazaña.—Se rasca ligeramente la nariz con un dedo, mostrando una sonrisa de oreja a oreja antes de apartarse de la puerta.—Bueno, avíseme cuando lo tenga todo preparado. Le espero en la entrada.

Con aquellas palabras, finalmente abandona el lugar. El sonido del crujir de la madera con sus pasos indica que, efectivamente se marcha, dejándote solo con tus pensamientos en el interior de la habitación. 

En un principio, te dejaron en claro que se tardaría aproximadamente unas ocho horas a pie en llegar hasta el lugar si las condiciones climatológicas no eran especialmente desfavorables. Ahora mismo, y dado que actualmente en el cielo solo se encuentran nubes que tapan el sol sin ningún tipo de viento frío que dificulte el avance, parece que es el momento óptimo para salir al menos a pie. 

Una vez termines de prepararte, encontrarás a Krain esperándote abajo, junto a un enorme martillo a dos manos con una apariencia de bastante peso a su lado, y que por apenas unos diez centímetros aproximadamente es incluso más grande que él. Además, ahora que te fijas adecuadamente, lleva un bastante grueso abrigo de pelo de oveja que sobresale por su cuello, dándole un fuerte olor a sudor, y unas punteras reforzadas que probablemente le permitan andar por la nieve con bastante facilidad, junto con un sombrero de lana y unas gafas que, aunque no parecen de vista, parecen haber tenido muchísimo uso para tareas de precisión. 

—¿Está listo, señor Gaufrid? Podemos partir entonces.—Abre la puerta frente a ti, y encabezando la marcha, se dirige a las afueras de la ciudad, caminando con bastante energía en una marcha bastante más apretada a pesar de su corta estatura. 

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En algún lugar de camino a Pueblo Bighorn

Apenas ha pasado una hora desde que os pusisteis en marcha, pero habéis abandonado por completo la ciudad y no queda apenas rastro de civilización más allá del camino por el que os guiais, y alguna señalización puntual clavada en los árboles marchitos y recubiertos de nieve que abundan hasta donde os alcanza la vista. Durante todo el camino has sido incapaz de ponerte por delante del hombre, siendo siempre quién ha encabezado la marcha incluso si has intentado apretar el paso.

—¡JORRAHJORRAHJORRAH! No se vaya a quedar atrás, señor Bertram. Estos árboles son bastante traicioneros, por lo que si se pierde entre ellos probablemente le costará innumerables días volver a encontrar a una sola persona en toda esta isla. 

Por el momento la situación es bastante tranquila. El viento helado sopla calando ligeramente los huesos, pero a excepción del tiempo que siempre acecha en esta gélida isla, todo el camino parece seguro. Un camino terroso recubierto de nieve un poco por debajo de los tobillos que no dificulta excesivamente el paso y un silencio frondoso que tan solo se rompe por el sonido de vuestros pasos y vuestras voces al hablar. 

Si todo va bien, deberías llegar a tiempo hasta el lugar.

El camino será algo largo y tedioso, por lo que tienes tiempo de ahondar en tus pensamientos, hablar, o hacer lo que consideres oportuno para hacer tu viaje más ameno. La pregunta es...¿va a salir todo a pedir de boca? 

Sello de inicio
#2
El joven arquero de la división marine se encuentra en Drum junto al resto de sus compañeros, cada uno dedicando el tiempo a algo que considera importante, bien entrenando, estudiando o llevando a cabo cualquier actividad que cree puede ayudarlos a ellos y a los habitantes de la isla. Por momentos el joven pelirrojo dedica parte de su tiempo a estudiar herrería, diseñar objetos e investigar diferentes métodos de forjado y fabricación para mejorar sus productos, sobre todo investigando posibilidades para hacer que sus arcos sean más portables y tengan un mayor alcance entre otras cosas. A diferencia de las islas del South Blue y el West Blue, donde los climas no suelen ser extremos ni tampoco las corrientes una amenaza constante, el Grand Line es un lugar lleno de misterios y peligros, repleto de desafíos tanto naturales como por parte de los habitantes y criminales que plagan la zona. Precisamente la dureza de las corrientes, los climas y, en mayor medida, los criminales al poseer más poder y fuerza, es que los reinos y ciudades del Grand Line que dependen de su propio poder para defenderse es que muchas veces la población sufre. Muchas veces no tienen los medios para lidiar con desastres naturales por muy acostumbrados que estén al hecho por conocer el clima de su isla, otras no poseen la fuerza militar para expulsar a invasores o piratas, y eso es uno de los mayores problemas de la Marina en esas corrientes a la hora de proteger a la gente.

Drum es una de esas islas donde la defensa y el control recae en su gente, concretamente en los soldados del rey pues a pesar de estar afiliados al Gobierno Mundial, no cuentan con una base marine en la isla, haciendo que la presencia de la organización encargada del orden y la justicia en el mundo sea menor que en otras zonas dónde sí cuentan con una base militar. Para fortuna de la gente de Drum en esta ocasión tienen suerte, la división 60, tras un tormentoso paso por la isla anclada en el pasado ha atracado en la isla y se encuentra en la isla, adaptándose al clima, estudiando, entrenando y ayudando a la gente, cada miembro aporta su grano de arena al bienestar de los habitantes y a mantener el orden, siendo que todos se han unido a la marina por sus ideales de proteger a los inocentes, puede que difieran en métodos y en algunos detalles, pero todos ellos valoran el bienestar de los civiles. De entre esos miembros, uno de ellos se encuentra ahora mismo en una habitación, preparándose para lo que se aproxima, teniendo en cuenta la climatología de la isla y el hecho que hace no mucho el lugar se vio azotado por una terrible tormenta que provocó que los habitantes de la isla se recogieran en sus casas hasta que cesó y recién se encuentran saliendo a apartar la nieve acumulada, ataviados con gruesos abrigos fabricados específicamente para lidiar con ese tipo de frío y evitar el entumecimiento que provoca el frío en el cuerpo.

El marine se halla en la habitación, limpiando y comprobando el estado de su arco, contando las municiones de las que dispone y manteniendo todo su equipo en buenas condiciones, inclusive sus herramientas por si decidía ponerse a construir o reparar algo. Está terminando de dejar su arco sobre la mesa con un cuidado extremo, siendo que es su forma de pelear y defenderse a sí mismo y a los inocentes cuando de pronto escucha unos suaves golpes en la puerta, con calma y tranquilidad sin ninguna hostilidad aparente. El pelirrojo se ajusta la coleta para estar listo para la misión que parece va a iniciar y escucha con calma lo que dice una voz grave y robusta, cargada de calma y tranquilidad, transmitiendo paciencia a pesar del hecho imposible de ignorar que si ha venido a por mi en estas circunstancias es por algo serio. Por lo que el hombre menciona es el que se encargará de llevar al arquero al pueblo Bighorn, y por lo que puede escuchar el joven marine necesitan ayuda urgente o perecerán de hambre. Al parecer el carromato que lo llevaría al pueblo no pudo llegar por las ventiscas y solo pueden viajar a pie, aunque bueno eso es para la mayoría, pero el arquero tiene una forma de moverse por la isla sin depender de carromatos. El hombre parece realmente apenado por las circunstancias, por lo que Bertram se rasca tras la cabeza y dice

-Descuide señor Krain, no pienso culparlos de que una ventisca impida la llegada del carromato, igualmente tengo medios de agilizar el viaje, espéreme abajo y en un momento me reúno con usted, sir.-

Tras esas palabras el marine se dispone a prepararse para la marcha, teniendo en cuenta que no conoce los peligros que enfrentará ni tampoco lo que va a necesitar además del hecho de acostumbrar a moverse siempre armado, incluso antes de hacerse un soldado cuando era un simple cazador, toma su arco y lo cuelga de un hombro, manteniendo el carcaj colgado en su cintura en una posición donde el tomar una flecha es más veloz que si lo carga en la espalda, además de colocarse sus guantes y sus gafas, habiéndose asegurado de vestir su traje hecho de piel de oso específicamente para afrontar climas bastante fríos, esperando que sea lo suficiente para lidiar con la temperatura de la isla. Mientras termina de prepararse escucha la voz del hombre explicar las condiciones y lo que les puede esperar antes de escuchar sus pasos alejarse de la puerta, encaminándose hacia la entrada.

El arquero no deja de pensar en lo que sabe de la isla, recuerda claramente la ventisca y, debido a su tiempo en Roshawn, sabe que una ventisca puede cubrir los caminos de tanta nieve que los carros no pueden moverse. El joven, que además del abrigo y los guantes que cubren sus manos y dedos, lleva un gorro de lana bastante cálido llega a la entrada y ve al hombre bien abrigado, se nota que conoce perfectamente el clima y al igual que el marine se ha vestido apropiadamente, incluso mejorando el calzado pues el del marine solo está hecho para aislar el interior de las botas tanto del frío como de la filtración de humedad, agua o nieve, protegiendo sus pies de las inclemencias del tiempo. Una vez salen a la calle, el hombre cargando un enorme martillo, Bertram da un silbido suave haciendo que Rasmussen aparezca frente a ellos listo para llevarlos, Bertram monta en su fiel compañero y extendiendo la mano a Krain le invita a subir diciendo

-Súbase, mientras esté yo aquí no pasará nada y a lomos de mi fiel compañero seguramente acortaremos el tiempo de viaje, y por lo que dijo el tiempo es algo que corre en nuestra contra ahora mismo.-

Los rojizos ojos del marine se centran en el hombre avizores y atentos a cualquier detalle, su mente analizando cualquier señal de engaño u omisión de información aprovechando su alta percepción y su facilidad para detectar esos detalles. Si el hombre subía ambos marcharían a lomos del Walie Blanco hacia el pueblo Bighorn, siendo que Bertram llevaría las riendas y seguiría las indicaciones del hombre, en caso contrario el arquero iría solo sobre su montura siguiendo al hombre a un paso calmado, evitando adelantarlo y manteniéndose siempre cerca y la vista atenta a su espalda, aunque por costumbre se fija en todos los detalles que le rodean, tanto con la vista como con los oídos, cualquier detalle que indique peligro o amenaza será procesado rápidamente por el arquero.

Carcaj de Bertram
berchanpandared



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#3
Tras bajar las escaleras, Kraim te observa de arriba abajo, analizándote al saber el viaje en conjunto que os espera, y con ello, se rasca ligeramente la cabeza con algo de confusión. Durante un momento, parecía bastante convencido por tu preparación, pero otra parte parece haberse perdido en cuanto pudo analizarte más a fondo, observando lo que aparentemente llevabas encima.

—Señor...¿está usted seguro?—Pregunta en voz baja, casi como si estuviera pensando en voz alta, dejándote hacer con reticencia al saber que al final, el oficial de la marina eres tú.

No dijo nada más, y tampoco parecía querer perder más tiempo en aquella tarea.

Cuando salís al exterior escucha tu silbido con algo de sorpresa, pero esta se vuelve aún mayor al ver como se acerca tu mascota, un hipopótamo lanudo que tiene el tamaño suficiente para avanzar por la nieve sin apenas problema alguno.

—Wooo. Esto es genial, señor Gaufrid. Con esto sin duda llegaremos a mi pueblo en la mitad de tiempo. Usted sí que sabe.—Con bastante alegría, toma la mano que le tendiste, pudiendo así sentarse sabiendo que podría descansar las piernas por el camino durante todo el trayecto, o al menos, todo el que Rasmussen pudiese avanzar por aquellos caminos.—Avancemos por aquí.—Te dice, señalándote el camino para que pudieses dirigir al animal con el que poder moveros. 

El camino se te hará pesado, pues a pesar de las temperaturas en las que os encontráis, aquel hombre sigue desprendiendo un fuerte olor a sudor que llena por completo tus fosas nasales, y al tenerlo justo a tu lado, parece que te va a resultar imposible distinguir ningún otro tipo de olor durante, al menos, el resto del viaje. 

Al menos parece que a tu hipopótamo no parece importarle demasiado.
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En algún lugar de camino a Pueblo Bighorn
13:15
Gracias a la ayuda de Rassmussen, habéis sido capaces de avanzar mucho más de lo esperado por el camino, consiguiendo de esa forma que el señor Krain tenga un poco más de esperanza en las posibilidades de llegar antes del anochecer. Ahora mismo, el frío, si bien vuestras prendas os protegen bastante de las mismas, y realmente no podrías haber elegido nada mejor, sigue sin ser la protección perfecta para cubriros por completo de aquel frío que os acecha en el bosque. Está calando los huesos, y las horas del camino que aún os quedan por delante os indican que esto no parece que vaya a mejorar, por lo que solo podéis seguir avanzando, al menos, pensando en que realmente podría ser mucho peor, y que habéis tenido a bien abrigaros de una forma bastante correcta para el resto del viaje.

El bosque parece yermo, carente de cualquier atisbo de vida. Las hojas de los árboles han sido reemplazadas por nieve, y los troncos de madera albina tan solo sirven para realzar en tu mente ese sentimiento de que allá por donde avancéis, todo lo que encontraréis será frío, gélido como el hielo y puro como la nieve. El sol ni siquiera puede verse en el cielo, aún presente iluminando el día, debido a las numerosas nubes que poco a poco lo tapan, aunque sin una aparente indicación de lluvia en los mismos. 

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En algún lugar de camino a Pueblo Bighorn
15:15

Todo el camino está tranquilo. Al principio, aquello os resulta completamente normal, ni un solo animal podría acechar entre aquellos árboles buscando comida al saber las temperaturas a las que actualmente estáis expuestos, y muy seguramente los que sí pudiesen sobrevivir sin problema habiéndose adaptado a estas temperaturas estarían dormidos, habiéndose resguardado de la ventisca en sus hoyos, madrigueras y escondites donde reposar para evitar perder fuerzas durante el inmenso viento helado. 

Pero al final, los minutos comienzan a hacerse pesados, y ese silencio sobrecogedor empieza a resultar inquietante, aunque el guía parece no haberse percatado de nada, silbando con tranquilidad sabiendo que no necesita caminar mientras continuáis con vuestro viaje. Por tu parte, podrías comenzar a creer que algo no encaja del todo, aunque en principio nada parece indicar que haya algo fuera de lugar. Tan solo tu propia experiencia te permite juzgar si es paranoia, o si realmente hay algo más

Los minutos parecen continuar sin problema, y tú sigues sin visualizar ningún problema, pero entonces empiezas a ver una pequeña señal. Conoces bien a tu querido amigo, y como animal que es, entiendes que Rasmussen está algo tenso, aún continuando el camino sin ningún tipo de problema más allá del que le dificulta la nieve. Sigues observando, buscando entre la nieve, sin encontrar más que lo que parecen montículos nevados singulares de una tonalidad blanquecina ligeramente amarillenta desperdigados a veinte metros a cada lado de vosotros.
 
El enano parece seguir completamente inmerso en su mundo, observando el camino en silencio metido en sus propios pensamientos, asegurándose de que el camino que seguís sigue siendo aparentemente el correcto. Te ha estado dando indicaciones hasta hace un rato, pero desde hace ya varios minutos que solo camináis en línea recta por entre el que supones es el camino gracias a la separación de los árboles tan destacable que hay allí por donde avanzáis. 

Y al final...todo ese silencio es destrozado por un fino sonido, el silbido de un pájaro carpintero algo más grande de lo normal, que vuela por encima de vosotros como si os estuviese siguiendo, pero que rápidamente os adelanta hasta posarse sobre un árbol.

Si había algo que parecía romper con toda esa tensión, puede que al final haya sido solo ese pequeño animalito. La pregunta es...¿seguiréis avanzando con normalidad, o harás algo durante el camino, sabiendo que ya deberían quedar un par de horas para llegar? 


Sello del bosque
#4
El joven arquero de la marina no es alguien común y corriente que actúa siempre de la misma manera siguiendo únicamente el protocolo y las instrucciones de la marina, para él no es sensato actuar como un robot sin juicio propio ni capacidad de valorar las circunstancias o el entorno a la hora de tomar las medidas correspondientes y prepararse para lo que se viene. Muchos marines acaban teniendo problemas en sus misiones por ese hecho, sin embargo el joven pelirrojo mantiene su espíritu de cazador y cierta independencia de pensamiento por lo que siempre acata las órdenes que recibe de sus superiores al saber que es su deber al estar en una organización militar jerarquizada y siendo su cargo demasiado bajo como para que su opinión tuviese un peso importante en las tomas de decisiones. El abrigo de oso es una pieza de ropa que el joven mandó confeccionar en su momento cuando llegó a Roshwan desde el West Blue.

Bertram sigue siendo un cazador con cierta experiencia en adaptarse al entorno, estudiar las necesidades del mismo y buscar la manera de compensarlo, por lo que en el momento que lo trasladaron a una isla de clima frío, empezó a buscar la forma de paliar el frío, por lo que se fue a cazar un animal autóctono que no pareciera sufrir por la temperatura y tras cazarlo lo llevó a que un sastre especializado hiciera un abrigo a medida para poder aguantar mejor el frío. El marine se reúne con el hombre que lo guiará hasta el pueblo en cuestión, quien parece no confiar mucho en la preparación del marine pelirrojo para lo que sea que les espera, realmente Bertram no tiene mucha información sobre qué es lo que enfrentará por lo que su preparación es bastante genérica en contraparte a cuando le indican a qué se va a enfrentar o qué esperar donde puede preparar las cosas de forma más apropiada para la situación. La sorpresa del enano solo va en aumento cuando salen, entre el silbido y la llegada de Rasmussen, quien parece disfrutar del clima y de poder ser de utilidad para el arquero, pues es la primera isla donde el clima no le impide moverse con total libertad.

El hombre parece alegrarse de poder contar con el confiable hipopótamo lanudo del marine y acepta la ayuda para subir a lomos de la criatura, para empezar a dar indicaciones al marine que guía a su compañero de manera suave y respetuosa, sin golpes ni tirones, solo toques y pequeñas correcciones ocasionales siendo lo único incómodo y molesto el fuerte olor a sudor proveniente del hombre anulando casi completamente la capacidad del arquero de percibir cualquier otra cosa, aunque por fortuna no parece afectar a Rasmussen.

El grupo avanza más fácilmente gracias al hipopótamo, una criatura nativa de la isla y que posee un cuerpo acostumbrado tanto a caminar por la nieve como a la temperatura, la cual afecta al marine de una manera que aún no sabe las consecuencias reales, pero sí nota algo diferente respecto a otras ocasiones, probablemente esa sensación se debe al viento y la nevada reciente, además de que son varias horas a la intemperie en una situación que incluso los nativos evitan salir y permanecen en casa. El avance marcha con calma y completo silencio por unas cuantas horas, logrando avanzar mucho más de lo esperado gracias a la inestimable ayuda de Rasmussen a la hora de enfrentar las complicaciones de la isla y la climatología. Mientras avanzan a través del bosque algo llama la atención del arquero, algo que no encaja en una zona como esa y es que está prácticamente yermo, vacío y carente de toda señal de vida, siendo lo único que se escucha los pasos del hipopótamo del marine y la voz del enano cuando da sus indicaciones, pero no hay ni rastro de la fauna que debería haber en el lugar.

Muchos creerían que eso es normal por el frío, la nevada y la climatología, pero si son animales autóctonos de la isla algunos seguirían moviéndose por el bosque, recogiendo comida o terminando de preparar la hibernación. Por lo pronto aún se puede ver con facilidad gracias a que pese a las nubes el sol sigue iluminando el camino, y no parece haber señal de lluvia o nieve próximas. Al notar tanto silencio el marine aguza su vista y recurre a lo que aprendió de pequeño respecto a la cacería, los bosques y busca cualquier detalle fuera de lo común. Si bien es normal una reducción drástica de animales en invierno, sobre todo en climas tan fríos como el de Drum, hay animales que aprovechan ese momento para reubicarse sin riesgo de que sus depredadores los ataquen, además de que la isla tiene una fauna famosa por su agresividad, especialmente en el bosque. Por lo que el joven arquero sabe una de las criaturas más peligrosas de la isla, los Lapahn, no son precisamente de esconderse por el frío aunque tampoco se mueven si no hay una posible presa, como cualquier depredador.

Los minutos avanzan, Rasmussen sigue las indicaciones del arquero que sigue lo que le dice el enano, al menos durante el tiempo que lo guía, hasta llegar a lo que parece ser un tramo en el que tienen que avanzar completamente en línea recta pues el hombre parece perderse en sus pensamientos y no dice nada, parece que no le interesa lo que ocurra a su alrededor, dejando el ambiente en un completo silencio roto únicamente por el sonido de las pisadas de Rasmussen y el viento pasando por entre los troncos nevados y las ramas cubiertas de nieve y hielo, haciendo que todo parezca extrañamente calmado. Los ojos del marine se fijan continuamente en el entorno, una costumbre que tiene desde pequeño cuando su abuelo le enseñó que en el bosque los detalles son lo más importante y lo que a simple vista parece carecer de relevancia puede resultar ser lo que define el destino de quien se adentre en el mismo.

Lo que más llama la atención del joven marine son los extraños montículos formados a los lados del camino, sobre todo por la peculiar tonalidad amarillenta que tiene la nieve de cada montículo y el hecho de que parecen estar todos a la misma distancia del camino, no algo aproximado, como arquero el joven contramaestre desarrolló una excelente capacidad de calcular distancias y todos los montículos están a una distancia exacta de unos 20m a cada lado del camino. Eso no sería algo que el joven tomaría demasiado en cuenta si no fuera por un pequeño cambio que nota en su compañero, tras haber trabajado con perros y lobos para cazar, prestados por su abuelo para las cacerías de determinadas criaturas, el joven pelirrojo desarrolló cierta capacidad de empatizar con las criaturas, sobre todo con aquellas con las que pasa mucho tiempo como es el caso del hipopótamo lanudo que los está llevando por lo que se apoya contra su cuello y reduce la velocidad, observando atentamente los montículos y teniendo la mano lista para tomar el arco. Sin dudar demasiado se ajusta sobre su montura y dice

-Señor Krain, necesito que responda unas preguntas y que sea totalmente sincero, sir. ¿Está usted seguro que es por aquí? ¿Qué o quiénes hicieron esos montículos y qué es lo que realmente ocurre en el pueblo? Recuerde que está con un agente de la marina, si trata de engañarme o atacar será lo mismo que rebelarse contra la misma.-

Confiando plenamente en su compañero el marine se da la vuelta mientras habla, pasando a observar con atención al hombre pero manteniendo sus oídos atentos a lo que ocurre alrededor y su visión periférica atenta a los montículos que tiene a la vista, momento en el que escucha como el silbido de un pájaro que enseguida ve y reconoce, viendo como los adelanta hasta posarse en un árbol cercano, mientras que Rasmussen mantiene un paso más calmado pero igualmente tenso siendo el motivo por el que sospecha que hay algo extraño en el lugar.

Carcaj de Bertram
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#5
Observas a tu alrededor todo cuanto te alcanza la vista, y prestas su debida atención a los montículos amarillos que os rodean por sobre la nieve. Te resulta extraño comprobar que, efectivamente, no encajan con el tipo de ambiente en el que estáis viajando, por lo que te quedas observando un rato más, comprobando que es lo que puede ser. Tu investigación, no obstante, se ve interrumpida por las palabras del señor Krain, quién parece algo sorprendido, o más bien confundido cuando le dedicas aquellas palabras de desconfianza.

—¿Eh? Señor Gaufrid, conozco este camino cómo la palma de mi mano conoce el uso de mis herramientas. Le aseguro que...Un momento—Es entonces cuando cae en la cuenta de toda la cuestión, empezando a observar lo que tú ya hacía rato que habías observado.—Espere...eso no se ve muy normal ahora que lo dice...

Hayas estado prestando atención a sus palabras o no, tus ojos descubren tras unos segundos más de análisis lo que estaba sucediendo. No se trata de montículos de nieve, pues al observar más detenidamente, ves un pequeño movimiento, aún sin viento, dando a entender que lo que realmente está ante tus ojos...es pelaje.

El aparente pájaro carpintero abandona completamente el lugar, alzando el vuelo con extrema rapidez en cuanto nota el inminente peligro, y aquellas alas de gran velocidad le permiten desvanecerse entre los árboles, incluso si la altura a la que se encuentra es suficiente como para pensar que nada le podría pasar. Al final, lo que cuenta es el instinto de supervivencia.  

Justo al otro lado de donde tus ojos observan en ese instante, escuchas un pequeño gruñido cánido, un animal que, como si no pudiera esperar más, se le estuviese acabando la paciencia, y con la continuación de vuestro avance, parece que lo que sea que estén ahí están más enfadados...pero ni siquiera tenéis la oportunidad de retroceder, pues están empezando a avanzar, directos para abalanzarse sobre vosotros. Cuando se lanza el primero desde atrás, todos se lanzan al ataque con frenesí de sangre, como si fueran una formación de animales asesinos sedientos por cazar a sus posibles presas. Una jauría de lobos corren a toda velocidad contra vosotros tres, dispuestos a devoraros. ¿Lobos albinos en la isla de Drum? No sabes a ciencia cierta si eso es algo posible, pero tampoco tienes tiempo para asimilarlo o analizarlo. La batalla está a punto de comenzar, y tienes apenas unos instantes para comenzar a reaccionar.

Los lobos se mantienen cerca los unos de los otros, manteniendo una distancia máxima entre los más alejados de cinco metros, permitiéndose una mayor cercanía a la hora de abalanzarse, pero al mismo tiempo, como si estuvieran pensando en ayudarse en caso de ser necesario para ellos. 

Krain da un salto con martillo en mano bajándose del lomo de tu amigo lanudo para caer justo a su lado, esperando a recibir un ataque por parte de alguno de ellos, o de lo contrario, al menos proteger a Rassmussen para que no le hagan daño, y sin embargo, tus armas a distancia te permiten reaccionar con bastante antelación ante el ataque inminente. Están bastante lejos de vosotros, pero si no hacéis algo al respecto, podríais sufrir bastantes complicaciones para este vuestro viaje.

¿Cuál será entonces tu próximo movimiento, Bertram? ¿Confiarás en tus capacidades de cazador para vencer a los veinte lobos, o renunciarás a la idea de protegerte completamente del daño con tal de conservar algo de tus energías? La decisión, cómo siempre, ahora recae en ti.

Segundo sello del bosque
#6
El joven cazador se mantiene alerta, puede que no conozca la zona, puede que confíe un poco demasiado en la gente creyendo que no intentarán algo estúpido con un marine, pero a pesar de eso su instinto de cazador le hace prestar atención a todo lo que le rodea, sobre todo cuando se adentra o atraviesa un bosque o una zona similar, pues es la única manera de no ser sorprendido por emboscadas de bandidos o ataques de depredadores que se esconden para atacar por sorpresa a sus presas. El joven pelirrojo mantiene su vista atenta al entorno, sus ojos avizores y atentos pues la distracción es la mayor causa de accidentes, heridas y muertes en los bosques. El joven desde el momento en el que empieza a ver esos montículos tan bien distribuidos y con una coloración extraña ya sospecha de que no sean exactamente montículos de nieve, al menos no naturales, pero el hecho de que su amigo empiece a ponerse tenso y nervioso es lo que le hace sospechar que hay algo raro en el ambiente y aumentar su atención, tanto al hombre como al entorno pues no descarta que sea una trampa organizada por alguien.

Mientras siguen avanzando el arquero ajusta sus armas en su posición y al mismo tiempo que se da la vuelta para hablar con el supuesto guía para preguntarle por el camino y buscando saber qué pretende realmente, si busca ayuda todo bien, si lo que pretende es causar algún daño al marine por el motivo que sea lo pagará caro. Los ojos del arquero comprueban que realmente esos montículos no encajan con el entorno, el silencio sepulcral en el bosque tampoco encaja para el arquero pues por mucho que entienda que con el frío las criaturas no salgan, en esa isla el clima en sí ya es frío por lo que la fauna probablemente se habrá adaptado y podrá moverse en temperaturas en las que otros seres no podrían hacer, pero esos montículos son de lejos lo que más llama la atención por desentonar por completo con el entorno. El hombre parece sorprendido por las preguntas del marine, y empieza a responder con calma a las preguntas hasta que las palabras del marine le hacen percatarse de los montículos, por lo que parece ya no conocer tan bien el entorno como dice, o más bien no esperaba que pasara eso.

Al no escuchar la respuesta completa el marine no puede estar seguro de si está mintiendo o siendo totalmente sincero, pero ese es un problema para luego, la cuestión es que el marine toma de su lugar el arco manteniendo un agarre firme en el mismo y la otra mano lista para tomar flechas mientras se fija atentamente en los montículos que empiezan a moverse a pesar de no haber una corriente de aire que lo explique. Entre ese movimiento, el hecho de que el pájaro se marche y un gruñido es más que suficiente para saber lo que está pasando, no es ni menos que una manada de depredadores cazando, y por el comportamiento y el gruñido seguramente una jauría de lobos, algo que el arquero no esperaba encontrar en la isla. Sin dudar un solo instante el marine se baja de Rasmussen de un salto alejándose unos 3 metros de su compañero y del guía que se coloca en el suelo al lado del walkie blanco, aparentemente dispuesto a protegerlo. Ver eso saca una pequeña sonrisa al arquero que avanza lentamente hasta que nota a los lobos empezar a posicionarse y rodearlo, como si no vieran una presa hace días, pero lejos de dejarse golpear, el joven aprovecha que se percató a tiempo para empezar a lanzar flechas a todos los animales, uno tras otro apuntando de forma que los acaba de un solo flechazo, y calculando la trayectoria para que al matarlos caigan y las flechas se mantengan intactas.

Una vez termina con todos los lobos se acerca uno a uno a los lobos para recuperar las flechas, no sabe cuantas podrá necesitar a futuro en el pueblo del hombre, que de momento no parece ser un enemigo, pero para el marine hay algo que o encaja. Tras terminar de recoger las flechas una a una, todas cubiertas de sangre pero aún utilizables, el joven arquero regresa junto a su compañero y el guía, acercándose a la cabeza de Rasmussen y le acaricia la cabeza para calmarlo y decirle que todo está bien, que ya no hay peligro, aunque sigue vigilando los entornos por si vuelve a pasar algo similar, pero igualmente si realmente hay un pueblo que necesita ayuda deben apurarse por lo que el joven marine mira a Krain y dice

-Creo que ya hemos resuelto el problema sir, podemos seguir y me puedes terminar de contar sobre el camino y lo que ocurre en el pueblo, cuanto más información tenga sobre lo ocurrido más fácil será prepararme y actuar para resolver el problema.-

El joven vuelve a acariciar la cabeza de Rasmussen antes de volver a subir a su espalda y esperar a que su guía se suba para continuar la marcha.

Carcaj de Bertram
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2465 + 0 = 2465
Energia: 2494 - 984 = 1510
Espiritu: 919 + 0 = 919
#7
El guía mantiene su posición cerca del animal, tratando aparentemente de protegerlo en cuanto ve que el primer animal depredador se acerca. Levanta el martillo durante el proceso, pero cuando quiere impactar su ataque, es el marine quién se lleva la muerte del lobo feroz, acabando con su vida de un flechazo en el entrecejo del cánido, dejándolo inerte en el suelo de forma instantánea. Prácticamente no hubo dolor. La muerte fue rápida, y eso era algo que el cazador había conseguido lograr tras su basta experiencia.

Uno a uno, flecha a flecha, disparo a disparo, los animales comenzaron a caer uno tras otro sin aliento ninguno, feneciendo en cuanto el cazador convertía a aquellos depredadores en su siguiente objetivo, siendo él quién se encuentra por encima en la cadena alimentaria. Veinte animales que, al cabo de los minutos, terminaron por pasar de ser toda una jauría protectora de su territorio y eliminar a todo aquel que se cruzase en su camino, a ser recolectadas sus almas por el dios de la muerte, traído por su mensajero, quién en este caso tenía la forma de un marine pelirrojo.

No hubo una muerte sangrienta, tan solo flechas clavadas en los animales hasta que todos perecieron. La sorpresa del enano fue tal que, cuando cayó la docena, bajó el arma casi por completo, entendiendo que al final era ese hombre quién se encargaría del asunto por completo, sin necesidad de intervenir.

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15:35
El combate había terminado, y con ello, el bosque quedó casi completamente en silencio. El camino hasta pueblo Bighorn quizás ahora era un poco más seguro, y el desaliento del marine fue recompensado con la falta de heridas en su escolta, su compañero, e incluso él mismo, quiénes no tuvieron que lamentar absolutamente ninguna perdida innecesaria. El tiempo continuaba avanzando con normalidad y calma, sabiendo que el cielo nublado seguía ofreciéndoles cierta tranquilidad con un camino nevado algo alto para una caminata completamente firme, pero nada que el hipopótamo lanudo no pudiera sobrellevar con mucha más facilidad que las personas.
Krain enfundó el martillo complacido, esperando a que su protector decidiese que hacer a continuación, hasta que observó cómo tras recoger todas las flechas recubiertas de sangre, finalmente volvía a subirse a su compañero. ¿Acaso había limpiado las flechas antes de volver a colocarlas en el carcaj? No le había visto hacerlo, pero tampoco parecía ser ese su problema, si era acaso una costumbre del marine o no, y tampoco podría llegar a reprochárselo de todas formas.
—Claro, será un placer.—Se acercó hasta Rassmussen, volviendo a subir hasta el animal para finalmente volver a retomar el camino mientras que, poco a poco, comenzaba a explicar lo que tan interesadamente el marine le había preguntado.—Verá, señor Gaufrid...mi pueblo llevaba una larga temporada mejorando la calidad de su ganado gracias a un pequeño sistema de gestión y cuidados animales que habían mejorado su calidad de alimentación, esto hacía que el producto generado por nuestros animales tuviese una mejor calidad, y poco a poco generaban mayores ganancias. Los productos se vendían por más, y eso permitía a los granjeros mejorar sus condiciones. ¡Una mejora en la economía, que dichoso era nuestro pueblo!—Dijo con alegría, mostrando un toque orgulloso en aquellas palabras.—Esto hizo que los ganaderos pudiesen permitirse más cantidad de animales, y con ello seguir mejorando sus beneficios. Incluso pudimos empezar a exportar no solo a la capital, sino a otras islas. ¿Se lo imagina?—Pero donde encontró esa gran alegría, poco a poco, comenzó a sentir algo de tristeza, hasta ver su rostro cabizbajo—Pero aquello no duró mucho tiempo. De la noche a la mañana, comenzaron a desaparecer animales de la granja sin motivo alguno. No dejaban rastro alguno, como si estos hubiesen sido robados por otros granjeros.
El ritmo de su voz comenzó a bajar conforme caminabais, intentando además no perderse en el camino nevado conforme avanzabais. Para ti, aquello eran árboles mustios separados como la naturaleza los había predispuesto. Para él, cada uno de ellos parecía simbolizar una pieza del camino, una señal que indicaba si estaban avanzando en la dirección correcta o no.
—Empezó a haber disputas entre ellos, creyendo que alguno era el culpable de robar todos esos animales, como si alguien quisiera apoderarse de toda esa riqueza.—Apretó el puño con indignación, pero se relajó al saber que lo único que podría golpear sería su pierna o al animal, y no estuvo dispuesto a hacerlo a ninguno de los dos.—Han pasado muchas semanas antes de que llegaseis hasta aquí, y varios días hasta que la petición llegó a los marines...cada vez quedan menos animales, y si esto sigue así, no solo se perderá todo el dinero que habían conseguido, sino que muchas granjas no podrán seguir funcionando. Hay que encontrar al culpable de esto...o no sobreviviremos a este eterno invierno.
No encontró más palabras para expresarse, sino que tan solo se quedó en silencio, asumiendo de nuevo la situación mientras deja que tú, si buscas el momento, ofrecieses nuevas palabras a la conversación para saber si algo no había quedado en claro. Su tono enérgico había lamentablemente desaparecido, y prácticamente quedó en silencio, sumergido de nuevo en sus pensamientos si tú no le ponías pegas por el camino.
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16:35
Tras el transcurso de lo que podría entenderse como una hora en una caminata completamente recta y tranquila, sin que nada en el camino os llamase la atención a ninguno de los tres, finalmente el camino vuelve a presentar un problema. Desde una distancia de treinta metros, conseguís ver como el camino parece tomar una bifurcación, pero en el centro, justo antes de separarse, parece haber una señal de madera que indica que camino se debe seguir, pero desafortunadamente esta parece haber sido derribada por el viento, y solo queda en el medio el gran palo de madera clavado, pero con el cartel suelto apuntando hacia abajo a la derecha. En él decía claramente "Pueblo Bighorn", pero el tiempo había desgastado la pintura de la parte de debajo, que parecía indicar la distancia que aún faltaba por recorrer hasta llegar.

—Tch, maldita sea...—Krain, algo molesto, se bajó del animal rápidamente, acercándose al cartel preocupado en cuanto os acercasteis lo suficiente.—Espero que no haya pasado ningún comerciante por aquí mientras no estaba. A saber si alguien se ha perdido en el bosque...

Con algo de dificultad, el hombre coloca el martillo a dos manos con la cabeza metálica en el suelo, usándola como un escalón para poder subirse y llegar hasta lo alto del cartel, permitiéndole así colocarlo apuntando completamente en dirección contraria, hacia la izquierda. Sacó de su equipaje un martillo mucho más pequeño, volviendo a clavarlo para que se mantuviera firme en el sitio. Sorprendentemente no tardó apenas más de unos cuantos segundos. Se sacudió el sudor de la frente con el dorso del brazo en cuanto acabó, finalmente para volver hasta vuestro lado tras acabar.

—Vale, esto ya está. Ahora podremos seguir para llegar a mi pueblo. Tan solo debería quedarnos un par de horas de viaje más o menos, aunque con vuestro compañero quizás lleguemos en tan solo una, al ritmo que llevamos.—Dijo acariciando a Rassmussen antes de volver a subirse, si se lo permitías, para finalmente retomar el viaje. 

Tal y como ha colocado el cartel, parece que vuestra dirección es seguir el camino de la izquierda, pero entra dentro de tu propia jurisdicción decidir si decidías seguir las indicaciones del guía del que pareces haber estado desconfiando ligeramente desde que os habéis adentrado por el camino, o si prefieres tomar un camino distinto. Pueblo Bighorn tal vez ya no esté tan lejos por lo que parece, así que...¿que harás en lo que podría ser este último tramo del viaje?

Sello de la bifurcación
#8
El marine en un inicio piensa en usar su cuchillo para lidiar con los lobos y sus ataques, pero en ese momento se percata de que primero la velocidad de los lobos es mayor de la que puede realmente seguir, al apenas notar el cambio en su posición pero no el trayecto que siguen, segundo, teniendo la dificultad para pelear con la soltura habitual decide usar su punto fuerte para deshacerse de los lobos con mayor rapidez, pues si realmente hay un problema serio con el pueblo de Krain, todo lo que reduzcan el tiempo de viaje es bienvenido, pues la mayoría de las veces es la variable decisiva entre que se tenga éxito o no a la hora de llevar a cabo una investigación o misión. Usar a su compañero nativo de la isla fue la decisión acertada, reduciendo de manera considerable el tiempo de viaje y ahorrando complicaciones derivadas de la complicación de caminar por la nieve, siendo que Rasmussen simplemente tiene que estirar más las piernas para mantener un ritmo constante de viaje. Ahora, el suceso con los lobos fue algo inesperado y que consumió más tiempo del esperado por el marine, quien elimina a los lobos de la manera que su abuelo le enseñó, con un disparo certero e indoloro pues pese a ser un cazador que se ganaba la vida cazando animales, no es cruel y busca hacerlo siempre de la forma más rápida e indolora posible.

El hombre encargado de guiarlo hasta el pueblo parecía totalmente dispuesto a ayudar con la jauría de lobos y a proteger el bueno de Rasmussen que está ayudando a llegar de manera más veloz hacia el pueblo y empezar a indagar en los problemas, pero en cuanto ve la velocidad y facilidad con la que el marine logra deshacerse de los lobos sin causarles dolor innecesario se sorprende y en un punto deja el martillo en el suelo, limitándose a observar como uno a uno los lobos van cayendo hasta no representar un verdadero problema. El lograr esos disparos certeros no es cosa de un día, es el resultado de años entrenando con el arco y en el arte de la caza, sabe exactamente cómo disparar para lograr una muerte prácticamente instantánea por lo que ahora solo tienen que seguir camino.

Tras librarse de los lobos vuelven a subirse a Rasmussen y siguen avanzando hacia el pueblo en un bosque ahora aún más silencioso que antes, y mientras avanzan el hombre vuelve a explicar lo sucedido en su pueblo, empezando por mencionar como lograron una mejora extraordinaria en la calidad de su ganado mediante  un sistema de gestión y cuidados animales, mejorando su alimentación, lo cual desencadenó en una mejor calidad de los productos derivados de dicho ganado, incrementando las ganancias. Poco a poco fueron mejorando incluso más el sistema, sus ganados y sus animales de forma que aumentaron no solo la calidad, sino que también la cantidad de animales y por ende de productos, logrando expandir la exportación no solo hasta la capital, sino también a otras islas, mejorando enormemente el nivel económico y de vida del pueblo. Se puede notar en el tono de Krain la alegría que siente por esa mejora de vida en el pueblo, algo normal para cualquiera que realmente valore su pueblo.

Todo indica que no hay motivo real para que la marina sea necesaria en aquel lugar por ese momento de la historia, todos estaban teniendo mejoras de vida y todo parece ir bien, pero de pronto su tono cambia, conforme empieza a mencionar que de pronto los animales empiezan a desaparecer sin dejar rastro, como si alguien consciente de su valor los robara de forma profesional pues no es sencillo robar animales, aunque depende de la especie es más sencillo. En ese momento, y antes de que el hombre siga Bertram ya puede ver el problema, los ganaderos probablemente empezaron a desconfiar unos de otros creyendo que sus vecinos están robando sus animales para acaparar todo el beneficio, tal y como el hombre confirma luego. Bertram se rasca tras la cabeza mientras avanzan, manteniendo un silencio que acompaña el de su guía tras mencionar que necesitan ayuda urgente o no pasaran del invierno hasta que dice

-¿Qué tipo de ganados tienen?¿Cómo son las granjas y cuentan con algún sistema de seguridad? Entiendo las sospechas, pero es demasiado pronto para descartar un forastero que usa precisamente la incertidumbre y la desconfianza para que os acuséis entre vosotros sin tomar esa posibilidad en consideración sir.-

Tras eso el viaje continua, y mientras avanzan por lo que parece una hora y el hombre probablemente responde a las últimas preguntas de Bertram, el camino parece ser completamente recto, sin ninguna sorpresa o novedad, solo árboles y nieve hasta que al frente se observa una bifurcación, pero la placa que parece indicar el camino parece haber sido movida por el viento, y ante la reacción del hombre probablemente ahora indica el camino equivocado, siendo que Krain no tarda en acercarse y arreglar el cartel con la misma habilidad y presteza con la que Bertram se deshizo de los lobos, dejando en claro que es un auténtico profesional. Bertram escucha claramente como espera que no haya pasado ningún comerciante por ese lugar, y teniendo en cuenta lo que contó es normal pues su pueblo parece depender de ellos para sobrevivir.

Al parecer queda un par de horas hasta el pueblo, tal vez menos contando con la ayuda de Rasmussen si siguen el camino de la izquierda que, según Krain es el camino correcto. Ciertamente Bertram desconfió del hombre en el momento que vio los montículos y Krain se quedó en silencio, pero teniendo en cuenta lo que contó y el hecho de que no parece haber estado mintiendo, o al menos así lo sintió el joven pelirrojo, Bertram dirige a Rasmussen por el camino de la izquierda y dice

-Como alguien que antes de ser marine vivía de la venta de animales que cazaba os daré un consejo sir. Hablad con un comerciante de confianza que cuente con bastantes recursos y abrid un puesto de su compañía en el pueblo, habrá mejor comunicación y podrá tener carros para hacer envíos con mayor facilidad.-

Carcaj de Bertram
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2465 + 0 = 2465
Energia: 1510 + 32 = 1542
Espiritu: 919 + 0 = 919
#9
Krain, al escuchar las palabras del marine, queda pensativo durante unos segundos, pensando bien la respuesta para poder entregar la mayor información con respecto al interés de su pregunta. Él no era campesino ni granjero, pero trataba lo suficiente con ellos como para poder saber correctamente qué debía decir sin equivocarse.

—Por un lado tenemos bisontes que solemos utilizar para carne y pelaje en su mayoría. El pelo de bisonte es muy cotizado para abrigos en estas tierras, por lo que la demanda es muchísima y los precios suelen estar disparados. El hipopótamo lanudo también, pero suelen ser ganaderos más expertos. No veas como muerden esos bichos cuando no están bien amaestrados.—Mira a Rasmussen con confianza, entendiendo que no sería este el caso con el animal que los transporta.—Y bueno, la leche de cabra suele tomarse en todas partes, pero en este ambiente no son especialmente dificiles de criar, por lo que solemos tener bastante. Su piel no abriga demasiado, pero suele ser bastante económica en estas tierras. Menos da una piedra, como solemos decir por aquí. Algunos tienen renos, pero no suelen ser muchos los que los crían

Aquello respondía la primera pregunta del marine, pero incluso con eso, también tenía que tener en cuenta la seguridad. Ciertamente esta dejaba mucho que desear, y al planteárselo seriamente, empezó a sentirse ligeramente culpable al respecto, agachando la cabeza mientras continuaba con aquella especie de interrogatorio.

—La verdad es que no tienen mucha seguridad. Casi todos tienen una parcela de mayor o menor tamaño donde los animales pueden estar cuando no hace demasiado frio, pero casi todos se quedan dentro del granero. En esta isla suelen haber varias ventiscas al mes, por lo que tienen que estar resguardados. Las parcelas están separadas por vallas, pero es más para diferenciar el terreno entre unos y otros más que por seguridad. Cualquiera podría entrar con un poco de esfuerzo si quisiera.

Por un lado, se habla mucho de la confianza que tienen entre ellos, pero por el contrario, también deja en claro que la seguridad de este terreno no era precisamente el mayor. Sus recursos eran básicos, sus conocimientos los justos, y por descontado, la economía que apenas había comenzado a crecer no lo había hecho durante el tiempo suficiente como para que pudiera explotarse adecuadamente. La gente solo piensa en el dinero, y esa es la mayor condena para todo aquel que no sepa gestionarlo ni invertir adecuadamente.

Krain cruzó los brazos ante la idea de un forastero, pensativo, obviando cualquier pensamiento negativo que se le hubiese quedado al por fin llegar a tener una posible respuesta a sus problemas.

—Ahora entiendo...sí, es cierto que podría ser alguien así el problema de todo lo que está pasando, pero...no recuerdo ningún forastero por la zona. Nadie ha venido a vivir en nuestro pueblo del exterior desde hace años. Prácticamente conozco a todos los de la zona y...sería muy raro que alguno de ellos nos diera problemas. La ciudad está a horas de camino, por lo que no creo que alguien viniera desde tan lejos solo para robarnos algunos animales cuando nadie más está mirando.—Comienza a rascarse la cabeza cada vez más confundido.—No lo sé, no lo sé...algo de todo esto no me cuadra. Siento que me estoy dejando alguna pista en alguna parte.... 

Pero no sirvió de nada. No consiguió sacar nada más de su cabeza, y aún pensando durante toda la hora hasta llegar a la señal, seguía sin encontrar una respuesta que le terminara de satisfacer.

Al final, la partida comandada por el marine y guiada por aquel enano terminaron por tomar el camino adecuado, siguiendo hasta lo que, al cabo de una hora, efectivamente, terminaría siendo Pueblo Bighorn.

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17:30

Pueblo Bighorn ya se podía casi divisar en el camino. A una distancia de apenas cinco minutos de distancia, el viento inclemente no llegó a perdonar a aquellos viajeros que con tanto fervor y entereza habían viajado por todo el bosque hasta llegar a su destino. Conforme siguieron avanzando, tal y como se había anunciado varias veces y determinado por las nubes que cubrían el cielo, la ventisca volvió a nacer, esta vez, dificultando la marcha de su viaje. Los fuertes vientos no eran suficientes como para impedir todo el avance, pero sin duda, pondrían al animal en un verdadero aprieto si querían llegar hasta su destino. Estaba ahí, prácticamente a la mano, pero continuar avanzando de aquella manera podría suponer ligeramente un peligro para aquel animal. 

Krain no se lo pensó dos veces y bajó de un salto en cuanto notó el sufrimiento del animal, sintiendo la molestia en su lomo y sus quejidos formar parte del ruido ambiental entre los árboles y el camino. El frío se estaba colando con más fuerza entre los huesos, e incluso con el grueso pelaje del animal, seguía sin poder cubrir a ninguno lo suficiente como para poder sobrellevar aquella situación con normalidad. 
—Señor Gaufrid. Espere aquí; no debe avanzar con este temporal, pero el pueblo está allí. Si me espera, traeré algo de ayuda para que podamos transportar a su compañero hasta el pueblo sano y salvo. Le prometo que no tardaré.

Sus palabras parecían honestas, pero no iba a alejarse del marine sin que este le diera su permiso. Debían elegir si recorrer esa última distancia juntos, o si confiaba en las palabras de aquel hombre una vez más para que terminase asistiendo una ayuda, y finalmente el animal terminase llegando. Conoces bien a tu compañero, y te resulta extraño pensar que no puede recorrer esa última distancia aún con la ventisca. Aún así, no puedes ignorar tampoco que se comporta de forma extraña, por lo que no tienes idea de si lo que dice es cierto o no. 

Sello de la ventisca
#10
El joven marine es alguien con una cualidad que muchos pasan por alto y que es menospreciada y subestimada por la mayoría, percepción y una fijación por prestar especial atención a los detalles y en estudiar el comportamiento ajeno, tanto de animales como de personas, permitiendo que perciba con mayor facilidad las intenciones de sus interlocutores, especialmente útil para saber si le están tratando de engañar o mintiendo de alguna manera. Eso y su costumbre de no confiar ciegamente en la gente y lo que le dicen sin más, asumiendo que no todos son honestos o tienen buenas intenciones, y que incluso el hombre más honesto y honrado del mundo puede mentir si de ello depende la vida de un ser querido son herencias de su entrenamiento como cazador, pues si algo aprende uno de vivir en armonía con la naturaleza y crecer en el bosque rodeado de animales y otros cazadores es que las apariencias no siempre indican la verdadera naturaleza de algo y que incluso la criatura más inofensiva puede convertirse en una bestia peligrosa si sus crías están en peligro. Por eso mismo es que el arquero desconfió en un inicio del hombre, sobre todo tras lo sucedido en el bosque con los lobos y su silencio, pero tras eso el hombre respondió con total tranquilidad a las preguntas del marine, y nada en sus gestos o su tono indicaba que estuviera mintiendo, por lo que demostró que al menos no era alguien que mintiera de forma habitual.

Al llegar a la señal caída y escuchar las palabras del hombre sobre los comerciantes el joven Bertram decidió confiar en lo que dice y seguir el camino indicado, pues no conoce la zona y tampoco tiene motivos para desconfiar de que esté mintiendo sobre la ruta hacia el pueblo. Mientras siguen avanzando empieza a hablar sobre los animales que crían en el pueblo, siendo la mayoría destinado a la producción de abrigos y carnes, algunos crían cabras por la leche y el queso y unos pocos crían renos, pero lo más raro es criar hipopótamos lanudos, siendo que por lo que dice Krain muerden bastante fuerte cuando no están bien adiestrados, haciendo que Bertram acaricie suavemente tras las orejas de su compañero quien es bastante dócil en la mayor parte del tiempo y obedece bastante las indicaciones del arquero pelirrojo. En cuanto al tema de seguridad al parecer al ser un pueblo relativamente pequeño y conocerse entre todos, además de que al no haber tenido realmente ingresos demasiado atrayentes hasta ahora no se molestaron en mejorar su seguridad antes y ahora aún se estarán acostumbrando a tener nada de tanto valor como para que alguien se interese por robar.

En cuanto a la posibilidad de que sea un forastero quien esté haciendo eso parece tener sus reparos al respecto, al parecer hace años no llega nadie a vivir al pueblo y el hombre parece conocerlos a todos y que la ciudad está demasiado lejos como para que alguien vaya solo a robarles algunos animales cuando no están mirando. El pelirrojo se rasca tras la cabeza, un tic que tiene a veces y que se incrementa cuando procesa información con calma y encajando las piezas como un puzle difuso y sin ninguna guía o referencia. El hombre parece sentir que se está dejando algo en alguna parte, pero no parece acordarse de lo que es, mientras siguen avanzando con fortuna, pues realmente tomaron el camino correcto hacia el pueblo Bighorn haciendo que el marine sonría contento de que sus instintos no le fallaran.

Ya casi están, la entrada al pueblo es ya visible estando a lo que parecen ser unos cinco minutos de viaje, pareciendo que han logrado superar el viaje sin tener que lamentarse por el clima, pero la suerte no parece estar del todo de parte del marine, pues el viento y la ventisca empiezan a ganar fuerza reduciendo la velocidad de avance y aumentando la sensación de frío en el joven arquero, quien no está para nada acostumbrado a ese tipo de climas y quien sufre especialmente por ello, pues los temblores involuntarios que sufre de forma suave afectan a su capacidad de usar correctamente el arco al afectar a su capacidad de mantener el arco firme y bien apuntado. Lo peor es que al echar un vistazo a Rasmussen se percata que su compañero no solo tiene más dificultades de avanzar por el viento fuerte, al no padecer por el frío al ser un animal hecho a la nieve y con una gran capacidad de aguantar esas temperaturas, pero hay algo en su comportamiento que hace que el arquero tome su arco y una flecha preparándose para lo que pueda ocurrir mientras observa lo que hace el guía y escucha sus palabras.

Normalmente el arquero preferiría llegar cuanto antes, pero al crecer rodeado de animales e incluso cazar junto a algunos durante un tiempo, desarrolló cierta capacidad de leer los comportamientos de los animales, y Rasmussen no está en condiciones de avanzar sin riesgo de salir herido, y el arquero no se perdonaría provocar que su amigo salga herido por lo que mira a Krain y dice

-Confiaré en que regresarás sir, hasta ahora has demostrado que puedo confiar en ti, en el camino fíjate en las proximidades del pueblo, sobre todo donde sepas que haya algún lugar que pueda servir de refugio sin estar dentro de la aldea, puede que alguien quiera provocar que os peleéis entre vosotros para luego hacerse con todos los ganados para él.-

Bertram se baja de su compañero y prepara el arco para pelear en caso de ser necesario, espera no tener que hacerlo antes de llegar al pueblo, pero si el causante de todo eso aparece al ver un marine y trata de librarse de él aprovechando la ventisca, tendrá que pelear y no requerirá de buscar al culpable al final.

Carcaj de Bertram
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