La Mascarada de la Viuda Negra [Presente Relativo - T3] [Priv. Ryota]
#1
Isla Neur
Día 70 de Otoño, Año 17
5:50 a.m.



Como todos los días, madrugó; sin embargo, esta vez no se limitó a pasear por la plaza central ni a dar una caminata por el borde costero, como la dama de sociedad que decía ser, no.

Hoy se deslizó con gracia por los sectores menos elegantes de la isla, moviéndose entre edificios viejos y tabernas de mala muerte, aunque, había algunas más decentes que otra, pero…¿Por qué? Bueno, todo era cuestión de orgullo.

Verán, muchas de las personas importantes y adineradas de la Isla Neur hablan de la gala de la noche: ¡Un baile de máscaras! Único, exclusivo, un sitio perfecto para hacer alianzas, cerrar pactos, conseguir influencias y, por supuesto, competir, económicamente, por la “Viuda Negra” … ¿Qué es? Se preguntarán. Simple, un enorme diamante de tonos oscuros que será subastado en la Gran Gala en el Hotel Domus Aurea. Es el premio mayor. Una muestra de poder.

Sin embargo, de entre todas las personas, hay una a la que, en especial, no le hace gracia que se subaste tan fina piedra: Mademoiselle Agelena, es decir, el ave madrugadora que se entremezcla ahora con la población más…sencilla…de la isla.

La joven dama se siente indignada. Sí, esa es la mejor palabra para describir lo que siente: Indignación…Ese diamante debía ser suyo y de nadie más… ¿Cómo es que iban a subastarlo? No podía permitirlo; sin embargo, armar escándalos no era lo suyo. Ella siempre tejía sus hilos en las sombras.

Por eso, una semana antes, desde que se enteró de la subasta del diamante, supo que tenía que hacer algo. Habría actuado enseguida si fuera más explosiva, pero tuvo la precaución de armar todo con calma, de investigar como podía meterse a aquel baile y dar con el diamante sin tener que pagar por algo que le pertenecía desde antes de que se les ocurriera armar todo este espectáculo.

Investigó.

La marina no la ayudaría, el gobierno mucho menos, el bajo mundo era engañoso y los revolucionarios, que se supone ayudan a los civiles, tal vez no estarían muy interesados en su “causa”, a ellos les va mar liberar esclavos y esos asuntos poco elegantes…entonces, solo una opción le quedaba: piratas.

Estuvo varios días analizando la isla, leyendo periódicos, enviando a sus fieles lacayos a averiguar lo que pudieran de entre los mundos criminales y ¡Por fin! El día anterior, tuvo la suerte de encontrar a un buscado pirata que seguro haría el trabajo por ella. Solo tenía que convencerlo.

Ahora, su vestido blanco, cubierto con una capucha de un oscuro tono chocolate, se confundía con la arena de los caminos que estaban cercanos a las costas más humildes y, entonces, se detuvo frente a la puerta de lo que parecía un hostal. Se asomó por las ventanas cristalinas, dentro se podía observar una cafetería casi vacía, de no ser por un cantinero cansado y un par de hombres más y, entre ellos, uno que se le hacía conocido.

Agelena desenrolló un trozo de papel que llevaba entre sus manos y, entonces, vio la foto de un joven de cabellos despeinados, en la parte de abajo se leía, con letras grandes, su nombre: Ryota Miyamoto y, más abajo, una cifra numérica que alcanzaba los 170 millones de berries. La mujer, cuyo rostro lozano estaba cubierto con su capucha, sonrió, aunque el gesto quedó oculto tras las sombras de la tela. Había encontrado a quien buscaba.

Al traspasar la puerta, la campanilla de la entrada y el chirrido de las bisagras anunciaron su llegada. El cantinero se tensó al ver la figura cubierta de pies a cabeza y empezó a rebuscar algo bajo la barra hasta que la mujer se quitó la capucha de encima y reveló unos llamativos rizos rojizos y un rostro juvenil que encantaría a casi todos. El hombre suspiró con calma, creía haberla visto antes, pero no podía recordar donde, sea como sea, ya no se veía como una amenaza, así que le dio la bienvenida y le ofreció una mesa que ella negó con su cabeza.

—Vine a ver a alguien en especial —. Sus delicados dedos señalaron a una mesa en específico, justo en donde el pirata estaba sentado y, sin esperar más, la chica se movió con gracia hasta sentarse frente a él, sin saludar ni pedir permiso.
 
—Espero que no le moleste un poco de compañía esta mañana, Miyamoto Ryota —. Colocó el cartel en la mesa, de modo que la cifra que pagaban por la cabeza del hombre quedara justo frente a él, pero procurando que ni el cantinero ni el otro hombre, que estaba sentado al otro lado del salón, pudieran leer lo escrito. —¡Oh! Por favor, no se preocupe, no es una amenaza ni nada por el estilo, al contrario, he estado buscándolo para proponerle un negocio por el que le pagaré exactamente la suma que están pagando por usted.
 
La pelirroja quitó el cartel de la mesa y volvió a enrollarlo, todo sin despegar su mirada del hombre, atenta a cualquier gesto que ella pudiera leer como “peligroso”. Necesitaba saber si era el ideal para cumplir con lo que ella buscaba o si debía buscar a alguien más antes de las 8:00 de la noche.
 
—¡Oh! Pero que vergüenza. Me he pasado de maleducada, ni siquiera me he presentado —. Extendió su mano, no para saludar de un apretón, si no esperando un gesto más nobiliario, un saludo de princesa, tal vez. —Puede llamarme Mademoiselle Agelena.
 
Esperó a que el le respondiera o, quizá no, pero no pasaron más que un par de segundos para que la chica empezara a hablar de nuevo. No quería verse desesperada, pero…lo cierto es que lo estaba, aunque su voz sonara tranquila.
 
—No se pregunte como lo he encontrado, no soy de la marina ni del gobierno, tranquilo…soy una ciudadana común y corriente que se ha visto en la necesidad de proponerle un negocio a un pirata. Esto no es una trampa, aun así, supongo que estas en tu derecho a rechazarme cuando te cuente porque he venido —. Hizo una pausa mientras que sus dedos jugueteaban con el borde de un plato de cerámica que estaba sobre la mesa. —Supongo que al llevar un tiempo en esta isla habrá escuchado sobre el baile de máscaras de esta noche y sobre el diamante que estarán subastando: La viuda negra.
 
Se cayó para crear dramatismo o, tal vez, solo para que el otro tuviera tiempo de responderle, pero en cuanto obtuvo una reacción, prosiguió con su diálogo.
 
—Y…yo…yo no puedo dejar que lo subasten. Sé que usted es un capitán pirata… ¿Debo pedir “parley” para que acepte mi propuesta? —. De nuevo, ella no esperó por una respuesta, siguió hablando sin dar margen a nada más. —Necesito esa piedra ¿Sabe? Era de mi familia ¡Y la han robado vilmente? Pero soy una dama, no puedo hacer escándalos y el resto de mi gente parecen muy cómodos con la idea de que nos humillen subastando algo que nos ha pertenecido por generaciones…La marina apoya el evento, incluso sé que estarán custodiando, por eso no puedo pedirles ayuda, pero…supongo que robar una joya no sería problema para un pirata reconocido ¡Es la única salida que tengo para que me devuelvan lo que debe ser mío! —. Dejó caer la frase con la esperanza de obtener una respuesta positiva.
 
—Es un baile de máscaras. El tema son insectos y arácnidos, así que no debe preocuparse por su rostro. Como es un evento exclusivo yo me encargaría de conseguir la invitación y en ella estará escrito su código de vestimenta y el insecto del que debe llevar una máscara…por la ropa no se preocupe, puedo conseguirle algo elegante y no tan…marino —dijo eso último mientras miraba al hombre de arriba abajo. —Creo que también debería conseguirle un estilista para peinar su cabello y hacerlo menos reconocible —. Creyó haber pensado eso, pero en verdad lo dijo en voz alta.
 
—Entonces… ¿Qué dice? ¿Aceptaría robar lo que me pertenece por mí? Dicen que ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón, así que…estaría perdonado de muchos crímenes si ese es el caso —. La mujer chasqueó los dedos y, antes de que el cantinero se acercara, señaló la taza de café que tenía el pirata frente a ella. No tuvo que decir más para que el hombre entendiera que la chica quería tomar lo mismo. Asintió y se retiró antes de que la mujer volteara su rostro para mirar de nuevo a Ryota.
 
—Si acepta, le traeré todos los detalles que necesite antes del mediodía. Ropa nueva, la máscara y, lo más importante, la invitación y un mapa de la planta baja del hotel en el que será el evento —dijo con más confianza y un brillo malicioso en sus ojos verdes. —¡Ah! Lo olvidaba…sí, le pagaré 170 millones por este trabajo…¿Le parece suficiente, Monsieur Miyamoto?



Invitación al Baile
[Imagen: hyakocheja.png]
#2

Miyamoto Ryota, novicio pirata del south blue con una recompensa de 170 millones de berrys se encontraba sentado en una mesa al fondo del salón. Las gafas negras que ocultaban sus ojos, servían de consuelo a los dos únicos individuos del lugar que volteaban a verlo nerviosos, debido a su serio semblante.

El aire a rebeldía que desbordaba, con sus piernas sobre la mesa, silla inclinada contra el estante a sus espaldas y vestimenta, hacía a cualquiera pensar que se trataba de un hombre con el que nadie quisiera tener problemas. Quizás por ello, el dueño del lugar le acercó una taza de café, buscando ganarse su favor para que no armara ningún alboroto en el local a tan tempranas horas de la mañana.

Ryota no dijo nada, mantuvo silencio y el cantinero agradeció que el silencio de sus labios se mantuviera. Ya que en un ambiente como ese, era la forma en que los tipos de temer, daban su visto bueno de las cosas. 
Pasados unos minutos, la campanilla de la puerta resonó. Robándose la atención de todos menos el pirata.

Una hermosa mujer reveló sus llamativos rizos ante los tres individuos que se encontraban allí. Rechazó la invitación del tabernero y se acercó, con el descaro propio de la aristocracia, a la mesa donde se encontraba Slam Sun.

Las suaves palabras vinieron junto al papel sobre la mesa. La mujer sabia quien era, un ademan se mostro en el rostro del pirata, parecía inclinar ligeramente la cabeza, como si estuviera listo para cualquier movimiento. No obstante, ella fue rápida en palabras, evitando cualquier tipo de mala interpretación por su actuar que pudiera significar una agresión.

El cartel regresó a las manos de quien solicitaba sus servicios. “Proponerle un negocio.” Eran palabras arrogantes que demostraban su posición social, una tan privilegiada que no temería ni a la mismísima muerte si la tuviera enfrente. Algo de admirar y que pareció gustarle al caballero, pues ladeó su rostro ligeramente hacia el otro costado. Como si dijera “Habla, llamaste mi atención.”

Angela no tardo en aceptar el gesto, ofreció su mano en saludo para presentarse y sin embargo no recibió respuesta. Los modales no eran un concepto muy entendido entre corsarios, algo que ella pareció entender tras un incómodo silencio que rompió con su buen verbo. 

La conversación estuvo rodeada de importantes motivos, sucesos y convicciones. En medio de todo esto, el distante silencio y expresión del castaño le otorgaban un aire misterioso. Parecía la clase de hombre que no necesitaba preguntas, ya que solo ofrecía soluciones, su seriedad era un sinónimo de su capacidad. Un caballero rudo, sucio y valeroso que se alzaría con el diamante sin importar nada… 

“Le pagaré 170 millones por este trabajo.”

Ost


Los ojos ocultos tras aquellos cristales negros se abrieron al instante. Un adormilado Ryota regresó del mundo de Morfeo gracias al pago prometido y, sin comprender del todo lo que estaba sucediendo (pues estuvo durmiendo todo ese tiempo), retiró sus lentes para contemplar a la deslumbrante señorita. 
 
Ver


“My lady, me parece una suma más que razonable, ¿cuántos asesinatos van a ser?”

El aliento a alcohol, los ojos rojos y ojerosos y una expresión descarada demostraban el único estado en el que cualquier ser humano podría encontrar a Miyamoto Ryota a las 5:50 de la mañana: amanecido, influenciado por el licor de la noche anterior y durmiendo de forma descarada en el primer lugar que encontró para recostarse.

Ambos orbes dorados se desplazaron sobre la figura femenina hasta la mesa, viendo el vaso de café frente a ella. Ryota se quedó viendo directamente al vaso por unos segundos, igual que todas las personas en el mundo viendo a un punto fijo apenas se despiertan. “¿Es suyo?” Preguntó apuntando al café y sin esperar respuesta; lo tomó ligeramente para poder darle un buen sorbo a la bebida caliente que le entregó algo de bienestar a su cansado cuerpo.

“Ahhhh, que delicia, ¡que buen cafe bro!.” Comentó con gusto al tabernero tras el sorbo, bajando las piernas de la mesa y mostrándose más accesible que en principio. “Entonces, 170 millones, ¿no? Por supuesto, de lo por hecho, haré lo que sea…” pareció entender algo con esas palabras, viéndola de medio lado con una expresión sonrosada.



“Bueno, depende de que sea… podría incluso poner una tarifa menor... ”

Quizás no debería estar viendo hacia el escote de la señorita cuando dijo esas palabras, siendo más que entendible cualquier acción bélica que la mujer deseara ejercer y por culpa del alcohol, daría de lleno si así lo deseaba.

Unos segundos después del golpe o no, Ryota entendió que había malinterpretado la situación y agachó la cabeza juntando ambas manos para pedir disculpas. Tenía bien ensayado el gesto gracias a sus constantes peleas con Runin. “Perdone My Lady, es el alcohol el que habla, en realidad no soy esa clase de sujeto” Mentía. “Aunque lo dude, soy un distinguido hombre de fina reputación.” No lo era. “Así que por favor, confíe en mí para este trabajo.” No confié. 


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#3
—¡Ah! ¡Cuántas ojeras! Va a envejecer con rapidez si no se cuida, eso sería una lástima —. Sí, esa fue la primera reacción de la pelirroja al ver al chico sin los lentes, de hecho, la chica se sobresaltó y se inclinó hacia atrás, sorprendida por las bolsas negras bajo los ojos del pirata y los ojos rojizos que, para ella, mostraban una evidente falta de sueño. ¿De verdad podría él cumplir con la misión que ella tenía en mente? Bueno, esperaba que sí, no tenía más opción que confiar, aunque preferiría no hacerlo. Suspiró con desgano y algo de decepción.

—No habrá asesinatos ¡No, no! De hecho, necesito que sea usted lo más discreto posible, debe infiltrarse en el lugar como si fuera un noble más. Espero que pueda hacerlo —. La mujer miró como el chico bebía su café de manera casi desesperada. Volvió a suspirar, empezaba a arrepentirse. ¿Acaso él no había notado la taza que estuvo frente a él desde el inicio? Sacudió su cabeza de lado a lado, aunque en un gesto delicado, pero que hizo que, de todos modos, sus rizos rojizos se movieran con gracia. Debía concentrarse, ya había hecho todo un esfuerzo para conseguir la información del pirata frente a ella y peor aún, había ido en persona a conocerlo. No podía echarse para atrás. —Créame que, si ese café le pareció delicioso, le parecerán mucho mejores los que pruebe en la subasta. Esos ladrones de la subasta saben como deleitar el paladar de sus invitados —. Esas últimas palabras salieron casi con fastidio, aunque en ningún momento perdió el tono delicado con el que hablaba la chica.

Sin embargo, a pesar de su molestia evidente, su mirada verdosa no perdió de vista al pirata, fue por ello que pudo descubrir los ojos de él yendo directo hacia en donde debería estar su escote, algo que cubría el vestido blanquecino que llevaba puesto…Claro que, a pesar de todo, aquella mirada, acompañada de tan inoportunas palabras, no solo hicieron que la chica se sonrojara si no que, inevitablemente, levantó su mano y dejó caer sobre la mejilla ajena el peso de su palma.

Una cachetada sonora hizo eco en el bar. Tanto fue el impacto que los otros clientes y el bartender parecieron despertar de su letargo y miraron hacia el par con una curiosidad que no se molestaron en ocultar.

—Ustedes no se metan, caballeros, esto es entre él y yo —espetó la mujer mientras se arreglaba el vestido y volvía a sentarse con elegancia en su silla. El golpe la había ayudado a liberar su enojo, así que, pasados unos segundos, la chica tuvo la mente tan en calma como para escuchar las disculpas, educadas para sus oídos, que venían del pirata.

—Por supuesto, seguro que su reputación le precede —. Señaló el cartel de “se busca” que ella aun tenía en sus manos. En su tono se dejó escuchar un dejo de sarcasmo. —Aun así, lo cierto es que sí confío en usted para este trabajo, como le expliqué antes no puedo contar con nadie más. La tarifa permanecerá en 170 millones, soy una dama de palabra. Ni un berrie más ni uno menos. No aceptaré otro tipo de negociaciones, así que ahora escúcheme con atención —. La pelirroja miró hacia su alrededor antes de acercarse un poco al pirata, no es que necesitara bajar su tono para lo que diría, pero quería crear algo de drama.

—En un par de horas regresaré a este lugar. Procura estar en esa misma mesa. Traeré conmigo lo que necesita para la fiesta: el traje, la máscara y la invitación…además, le daré las instrucciones necesarias para entrar al lugar —. Agelena hablaba con seguridad. Era claro que necesitaba que el trabajo se cumpliera al pie de la letra.  —Así que, nos vemos hasta entonces.

Sin decir más nada, Agelena se levantó de su asiento y dio media vuelta para salir de la posada, no sin antes colocarse la capucha con la que había entrado, para cubrir sus rizos pelirrojos. Luego de que la chica abriera a puerta y se fuera sin decir “adiós”, el lugar quedó en completo silencio. Los otros clientes no sabían lo que había ocurrido y al bartender poco le importaba. Era normal para él encontrarse con gente de toda clase en su pequeño negocio.



8:15 a.m.

Como lo prometió, Agelena estuvo en el lugar casi dos horas después. Entró por la misma puerta de antes y se quitó la capucha nada más sentirse en “zona segura”. Sus ojos verdosos registraron todo el lugar con cautela, ahora no había clientes entrometidos, solo estaba el barteneder que limpiaba un par de vasos con desinterés. Esta vez no se alteró al ver a la silueta con capucha entrar, pues pudo reconocer con facilidad que se trataba de la misma chica de la mañana, de hecho, sonrió con ligereza al verla de nuevo y la saludó, dándole el visto bueno para que se sentara, algo que la chica no tardó en hacer.

Por supuesto, no fue en una mesa al azar, si no en la misma en la que se había encontrado más temprano con el pirata, a quien, nuevamente, encontró sentado ahí. Le agradaba que le hubiera obedecido.

—Buenos días, Monsieur Minamoto, espero que este par de horas le haya servido para descansar —. Al decir eso, la chica colocó sobre la mesa un maletín de cuero café. Lo deslizó por la madera, hasta que quedara más del lado del pirata que del de ella.

—No se ilusione, eso no es dinero, como le dije eso se verá al final. En este maletín está la ropa que deberá llevar al baile, también un par de zapatos y la máscara que debe llevar sí o sí. Es obligatorio. Si no va vestido como lo indican, no lo dejarán pasar —. Recalcó eso mientras lo miraba directo a los ojos. —Y también, lo último, pero lo más importante…

De un bolsillo plano de la maleta, la mujer sacó un sobre amarillento que no dejó que el hombre abriera, si no que ella abrió, revelando en su interior otro sobre, este de un color morado con detalles en plata, también fue ella la que se dio el lujo de abrirlo, a fin de cuentas, el sello había sido roto desde hace rato, se notaba. En el interior del sobre había una carta, bueno, una invitación, mejor dicho, una que ella le extendió al pirata frente a ella.

Invitación


—Por favor, tómese su tiempo para leerla. Ahí están los detalles del lugar. Es obligatorio que lleve esta invitación consigo o, si no, tendrá que arreglárselas para entrar de otro modo…siempre que sea un modo discreto, claro. Recuerde que no deseo que llame la atención —. Guardó silencio por un rato, esperando que el hombre terminara de leer la invitación, para luego darle más detalles del sitio. Necesitaba que todo quedara claro.

—El Hotel Domus Aurea está cerca de un puerto importante. Llegar no es difícil y en cuanto presente la invitación, un encargado lo llevará hacia el salón Argentum…Ahí es donde se llevará a cabo el baile y la subasta. Sé de una buena fuente que frente al salón habrá una tarima y a un lado de esa tarima hay una puerta…es un depósito. Se supone que ahí tienen todas las piezas que subastarán —. Hizo una pausa para que el pirata pudiera procesar lo que ella decía. —Debe entrar a ese salón y robar la pieza…Le aseguró que la reconocerá…No hay otro diamante negro en esa subasta Ahora…¿Cómo entrará al depósito? No lo sé, para eso lo contraté…Un pirata seguro sabe como hacer un buen robo ¿Puedo confiar en que lo harás, no es así? —Esperó una respuesta antes de levantarse de la mesa. Su visita debía ser rápida.

—Todo lo que necesites lo encontrarás en el maletín, incluyendo mi contacto de den den mushi, por si necesita comunicarse conmigo durante el día. Sea puntual, la fiesta inicia a las 8:00 p.m., así que si está media hora antes sería mucho mejor —. La chica iba a dar media vuelta, pero lo cierto es que se detuvo antes y miró el cabello del chico. —¡Ah! Y se me olvidaba, sé que tiene compañeros de tripulación con mejor gusto…dígales que lo ayuden con un mejor peinado que ese —. La pelirroja sonrió con burla y ahora si se giró para salir de la posada. De nuevo reinó el silencio.



Frente al Domus Aurea
7:40 p.m.

Todo estaba listo. Por la cantidad de personas que había, era obvio que el evento sería importante. Todos ahí estaban bien vestidos, con trajes elegantes, algunos otros, extravagantes, pero…eso sí, todos llevaban su rostro cubierto con una máscara que representaba o a un insecto o a un artrópodo. No se podía saber la identidad real de nadie.

Frente a las puertas del hotel había un par de cintas custodiadas por un par de guardias: dos lunarians de al menos cuatro metros. Sus alas negras imponían respeto, aunque lo cierto es que su altura también ayudaba. Sus rostros estaban serios y a más de uno ya habían corrido por no cumplir con el código de vestimenta o por no presentar su invitación, aunque…eso no debería ser problema para nuestro protagonista ¿O sí? Agelena le había proporcionado todo… ¿Qué podía salir mal ahora que era su turno en la fila?

—Buenas noches, invitación, por favor —. La voz del guardia sonó más agradable de lo que el sujeto parecía. El hombre extendió su mano, esperando recibir el papel morado que le daría el pase al interior de la fiesta.



Invitación al baile
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#4

El fuerte golpe en la mejilla del pirata puso orden a la conversación.

Ryota guardó silencio, aún con la mejilla sonrojada por el golpe, ante las palabras de la señorita tras su disculpa. Incluso pudo recordar aquello que escucho apenas abrió sus ojos, si no tenia que eliminar a nadie eso le facilitaba el trabajo o solo significaba lo realmente complicado que seria. “Aunque no hay nada fácil que cueste 170 millones…” Dedujo con las palabras de la peli roja en segundo plano.

No la ignoraba, tan solo comenzaba a procesar la situación gracias a la cafeína y al dolor, sin embargo, su penoso estado lo haría ver como un idiota que no tenía mucho que decir al respecto. Una muy mala primera impresión.

Asintió sin dudar cuando ella le pidió reunirse allí en un par de horas. Eso le daba algo de tiempo para suplir el descanso que no tuvo la noche anterior y recibirla con la elocuencia que le caracterizaba.

Una vez la hermosa damisela abandonó la taberna, Ryota dejó caer su cabeza contra la mesa frente a él para quedar dormido mientras se imaginaba con los 170 millones y la peli roja abrazándolo cuando le diera lo que fuera que le pidiera conseguir.



8:15 a.m.

Cuando el ángel de cabello rojo volvió a aparecer en la taberna, Ryota ya se encontraba con un mejor semblante esperándola en la misma mesa. Gracias al tiempo, pudo dormir apenas lo necesario para ser persona y el cantinero no dudó en ofrecerle un batido, especialidad de la casa para sobrellevar con mejor dignidad la resaca.

“Dos huevos, sardinas, anchoas, un par de ajos, chile picante, sal, una cerveza y caldo de pollo, esto amigo te dejara como nuevo.”

Fueron las palabras del envejecido hombre cuando minutos antes le ofrecía el brebaje al pirata. Y no mintió, basto con beberlo para que Ryota sintiera cómo su cuerpo recobraba la voluntad. “Gracias, Bro, eres mi héroe.” Agradeció al mismo tiempo que bebía.

Regresando al presente, el saludo del ángel adinerado, vino acompañado con la presentación del maletín. El sonido del cuero golpeando contra la madera se escuchó y los orbes de color miel, enfocaron primero la maleta café en frente suya y luego a la señorita. “Waw, nadie antes se había preocupado tanto por mí.” Dijo con un tono jocoso, antes de que Angelena sacara del maletín un sobre amarillento, el cual contenía lo que parecía una carta que la señorita no tardó en ofrecer al pirata.

Fue un buen gesto que la mujer no se dejara llevar por sus prejuicios sociales y diera por hecho que un pirata sabía leer. Eso demostraba lo agradable que era pese a su posición burocrática.

Ryota abrió la carta mientras inflaba una bomba de chicle sabor a menta y leyó su contenido al mismo tiempo que escuchaba a la pelirroja.

Angelena explicó con sumo detalle los pasos que él debería seguir para llevar a cabo el trabajo y no dejo ninguna duda en su discurso. Recalco la forma limpia y discreta con la que deseaba llevar ese “robo” y, le recordó al pirata que era exactamente lo que debía tomar de la subasta. “Un diamante negro… eso no se ve todos los días.” Pensó en ello mientras la mujer hablaba, luego le ofreció una sonrisa serena cuando esta le hizo la pregunta.



“Seguro, te traeré ese diamante, pero no te acostumbres a regalos tan caros, eso podría dañar nuestra relacion.”

Su tono coqueto y guiñarle el ojo no ayudaron a que ella no lo abandonara de inmediato. Levantándose de la mesa, Angelena le ofreció unas últimas palabras, recordándole la puntualidad que debía tener y aún más importante, el aspecto que necesitaba retocar para la tarea. 



“No pos, si me vas a pegar no me insultes…"

Pensó viendo a su benefactora abandonar el lugar entre sonrisas. “Bien, será mejor que me ponga manos a la obra… a quien podría preguntarle para que me ayude…” Inclino ligeramente su mesa hacia atrás mientras inflaba otra bomba de chicle. “¿Tezca? Nah, demasiado extravagante… ¿Yuuki? No creo… ni loco le digo a Runin, seguro se enojará cuando le diga que me contrato una belleza… y Barald… el cabron nunca se peina ahora que lo pienso…” Sin poder encontrar una opción adecuada, los ojos del castaño, se desviaron al tabernero… de repente sonrió.



Frente al Domus Aurea
7:50 p.m.


Lo que en un principio le pareció una particular coincidencia, se convirtió en una desagradable realidad cuando vio la máscara que debía portar. Por supuesto, se opuso de inmediato a la idea de llevarla puesta sobre su rostro, sin embargo, tuvo que verse en la penosa necesidad de portarla, pues formaba parte del código de vestimenta exigido en la invitación. 

“De todos los artrópodos, porque una araña…”

Refunfuñaba por lo bajo en medio de la larga fila de personas adineradas que ascendía por las escaleras hasta la entrada del hotel. Todos los presentes vestían con la misma etiqueta y portaban mascaras similares a la suya por lo que, le pareció normal no reconocer a nadie, aunque seguro no frecuentaban los mismos círculos sociales.

Una vez logro llegar a la puerta, dos grandes guardias de raza lunarian solicitaron la invitación que Angelena le había entregado. “Claro, debo tenerla por aquí…” Explico buscando en su elegante chaqueta por algunos segundos hasta que dio con la invitación y una vez encontrarla, la entregó a uno de los dos guardias con agrado.

Al no ver nada mal con la invitación, las puertas se abrieron ante el pirata permitiéndole ingresar a un mundo de lujos, máscaras y excesos aristocráticos a los que un simple marinero del south blue no estaba acostumbrado. 


Los pasos del castaño acompañaron a quien fuera el encargado de llevarlo hasta el salón Argentum del que su benefactora le hablo. Debía contener las ganas de disfrutar de la fiesta y enfocar toda su atención para encontrar la tarima. “Cielos, cuántas bellezas, esta es como la Disneylandia para degenerados.” Pensó al ingresar al salón, notando a los acaudalados ciudadanos de Legance riéndose entre ellos y disfrutando la velada con la seguridad descarada que otorgaba portar máscaras.

“Bien, no debe ser tan difícil encontrar la tarima… waos, esa rubi… no, no…” Movió su rostro de lado a lado negándose a sus instintos más primarios que luchaban frente a los placeres de la noche. “Son 170 millones Ryota, termina esto y luego haz lo que quieras, quizás con la señorita kekeke.” Fantaseaba para si mismo esquivando a los invitados para dirigirse hacia la primera tarima que pudiera divisar.

¿Qué trampas y tentaciones lo esperaban esa noche? Lo descubriremos.


INFO
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#5
Dentro del Gran Salón
8:00 p.m.

Lujo y esplendor.

Una vez en la entrada del hotel, uno de los edecanes contratados para guiar a los asistentes, se encargó de encaminar a nuestro protagonista por el amplio pasillo del lobby del Domus Aurea. Luego de haber caminado unos cuantos metros giraron hacia la derecha y encontraron una enorme puerta, abierta de par en par, de cinco metros de ancho y otros cinco de alto, un perfecto cuadrado enmarcado con fina madera color ébano traída, especialmente, desde Elbaph.

—Sea bienvenido, caballero —. Fueron las últimas palabras que le dirigió el edecán al enmascarado pirata antes de realizar una reverencia y hacerlo pasar al Salón Argentum.

Desde el pasillo se podía escuchar la música, pero una vez dentro, el sonido de los instrumentos en vivo, tocados por una orquesta que parecía casi hipnotizada con su labor, generaban una atmósfera casi mágica dentro del salón. Era como otro mundo, un espacio en donde incluso las gráciles calles de la isla palidecían ante la suntuosa decoración y a los trajes estilizados de los distinguidos invitados.

En los alrededores del Gran Salón se vislumbraban largas mesas con todo tipo de comidas y bebidas, las suficientes para mantener entretenidos a los asistentes. Los licores eran de todas las clases que alguien pudiera imaginarse y la comida venía en diferentes presentaciones, tanto en porciones chicas como en porciones grandes, para todos los gusto y, aunque cada uno podría servirse por su cuenta si así lo deseaba, al inicio y al final de cada mesa había meseros, tanto chicas como chicos, con bandejas con platos pre preparados y otro par más esperando por si alguien le ordenaba servir un pedido especial. Hacían un total de 10 en cada lado del salón, 20 en total.

También, sobre las cabezas de los asistentes, colgaban del techo al menos seis candelabros que estaban bien sujetos en las alturas, se notaba que las cadenas que los sostenían era de la mejor calidad, como todo ahí.

Cualquiera creería que un evento así estaría limitado a unos pocos asistentes, pero lo cierto es que el salón rebosaba con parejas y grupos de amigos, de distintas edades y razas, todos con el rostro bien cubierto, tal como la invitación ordenaba. Algunos de ellos charlaban y otros bailaban al ritmo de la suave música.

Sin embargo, lo que más llamaba la atención era la enorme tarima que estaba justo al frente del salón, elevada sobre el suelo y decorada de manera tal que en medio relucían unos podios con almohadones que parecían hechos de terciopelo de seda. No…no parecían, estaban hechos con ese material, no podía ser de otra manera considerando todo el lujo que derrochaban en ese hotel.

Un reloj, enorme, situado al otro extremo del salón, encarando al escenario, fijó la hora del inicio real del evento: Las 8:00 p.m. y con ello fue suficiente para que la música se detuviera con solo la primera campanada y sobre el escenario apareciera una plataforma que venía desde abajo, revelando al presentador de la noche.

Los aplausos no tardaron en llegar ante el saludo del carismático hombre trajeado que acaparaba el escenario. La subasta estaba por comenzar.

Pero más allá del esplendor de aquella gala, a un lado del escenario había dos puertas que se disimulaban bastante bien; sin embargo, si se prestaba suficiente atención se podía ver el ir y venir de los empleados del hotel, tanto meseros como meseras, guardias y músicos, así como cualquier otro miembro de la organización. Gente que los asistentes suelen ignorar hasta que disponen de ellos, pero que eran justamente los que hacían que todo funcionara a la perfección: Los encargados de custodiar las joyas para la subasta, incluyendo el diamante negro que la señorita Agelena clamaba que pertenecía a su familia.

Ese momento, en donde todos tenían la vista en el escenario, en donde las primeras joyas eran colocadas sobre los podios para empezar la subasta, parecía perfecto para llegar colarse en una de aquellas puertas y empezar a buscar el diamante, pero…ahí estaba justo el problema: Las indicaciones de Agelena.

La mujer habló con claridad cuando le dio las instrucciones al pirata, que habría una puerta a un lado del escenario, pero ahora había dos, tal vez su informante le dio mal los datos, así que, al capitán solo quedaba una cosa por hacer: elegir, después de todo, atrás de una de esas dos puertas debía estar el Diamante de la Viuda Negra y con ello, sus 170 millones de berries si es que se lo llevaba a la pelirroja.




Invitación al Baile
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#6
Ost



“Changos... ¿y ahora qué puerta será?”

La dubitativa mirada del elegante pirata se debatía entre las dos puertas ubicadas a ambos costados de la elegante tarima que terminó encontrando a simple vista. Agelena solo le informó sobre una, por lo que fue natural pensar que tan solo se había equivocado. “Bueno, por 170 millones no voy a hacer drama, la derecha y que sea lo que Dios quiera.” Termino decidiendo para luego abrirse paso entre la multitud.

Al mismo tiempo en que nuestro carismático héroe avanzaba con elegancia entre los nobles, estos chocaban sus manos entusiasmados por la presentación de la subasta. Ryota no pudo evitar levantar la mirada, para notar al hombre emergiendo del suelo cuando la música de la orquesta se detuvo. “A eso llamo una entrada con estilo.” No detuvo su caminar, sin embargo, sí prestó atención a las personas sobre el escenario, apenas unos cuantos asistentes exponiendo las primeras joyas que el maestro de ceremonias evaluaba.

“Bien, estarán algo ocupados con eso, tan fácil como quitarle un dulce a un niño rico.” Imagino satisfecho por una victoria fácil, o al menos así lo sintió cuando consiguió recortar las distancias hasta la puerta del cuarto número 2 y burlar las miradas para ingresar. 


De inmediato, las miradas de todos los bailarines en el interior se desviaron para recibir a un sorprendido Ryota. Primer fallo de la noche y hubiese buscado lidiar la situación con diálogo, si no fuera porque la gran mayoría de ellos estaban semidesnudos y reaccionaron con gran malestar. Algo muy natural viniendo de personas que probablemente no consumieron alimentos las últimas semanas para poder ingresar en esas mallitas.

“No, esperen, oigan, eso no… no es necesario bros… no vi nada, lo juro, no vi nadaaaa” Trató de librarse con diálogo de la situación, pero no sirvió para nada. Cada uno de los bailarines reaccionó con violencia, volviendo a sacarlo tras unas cuantas cachetadas, arañazos y apretones.

La puerta se cerró de nuevo tras la expulsión del pirata que resultó lanzado al suelo con el traje magullado y unos cuantos arañones. “Barbaros… ni que estuvieran tan buenas...” Suspiró tomando su chaqueta para arreglar su traje como pudo y ponerse de pie. Algunos invitados lo vieron, pero este tan solo sonrió con picardía. “Ya saben cómo son los artistas cuando escuchan críticas, ¿no?” mintió para desviar la atención y poder escapar de la escena sin alertar a nadie.

No debía ser un genio para entender que la puerta correcta era la contraria, así que tan solo debía atravesar la multitud frente al escenario con discreción. ¿Por qué no usar violencia contra los bailarines para evitar los maltratos? Porque disfruto de la vista gracias a las señoritas, así que entendía que recibir un pago por ver, sería lo más caballeresco de su parte. “Me pregunto si alguna querrá salir después de esto… no, no, mejor hay que invitar a Agelena. Pero si ella dice que no, es bueno pensar en una opcion...” pensó, buscando llegar hasta la siguiente puerta. Aunque en esta ocasión se detuvo antes de adentrarse siquiera frente a la puerta, no deseaba llamar la atención o volverse a equivocar.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#7
En el exterior se escucharon gritos que no solo llamaron la atención de sus asistentes, si no de algunos meseros y edecanes, los más cercanos a la puerta del vestuario de los bailarines. Uno de ellos, en especial, al ver a uno de los asistentes enmascarados saliendo de aquella puerta, achinó los ojos, sentía que había visto a ese hombre antes, pero no estaba seguro de donde, además, la máscara sobre su rostro le dificultaba aún más identificarlo.
 
Chasqueó la lengua… ¡Malditas reglas de las máscaras! ¿Cómo querían que estuvieran atentos a gente sospechosa si todos iban en cubierto? El hombre que alcanzó a verlo y que lo siguió con la mirada, mientras veía como el enmascarado caminaba con sigilo hasta la siguiente puerta, no pudo quedarse quieto. Llamó a alguien por den den mushi. Tenía que informar sobre un posible sospechoso; sin embargo, precisamente por estar concentrado en la llamada, no se dio cuenta de que la puerta de los vestidores de los bailarines se había abierto y alguien, ataviado con una capucha larga, para ocultar la vestimenta con la que saldría al escenario, salió y se mezcló entre las personas hasta llegar a donde estaba el pirata enmascarado.
 
—Psst —. El bailarín, un chico que no debía tener más de 18 años, delgado y con ojos hundidos, que demostraba que quizá no comía tan bien como debía, fue quien decidió seguir al pirata y quien lo llamó con ese sonidito peculiar justo antes de tocar su hombro con su mano huesuda. —Entrar ahí por esa puerta es una estupidez. No lo hagas —. Le susurró al hombre.

¿Por qué le decía eso y cómo sabía que el pirata tenía como objetivo entrar? Simple: Conocía a Agelena.

—Sé quien eres…bueno, no es que nos hayamos visto antes —. Continuó el chico, quien se encargaba de disimular su conversación al haber pedido a un mesero antes de llegar ahí, un par de copas con champaña. Se quedó con una y la otra se la extendió al pirata. —Pero conozco a la señorita Agelena, ella consiguió que yo trabajara aquí y…conozco su intención —. Tragó saliva al decir eso y enseguida tomó un trago de su copa. —¡Tranquilo! No pienso delatarte a ti ni a nadie, estoy agradecido con ella…de hecho, se supone que era mi trabajo conseguir eh…bueno, eso… ¿sabes? Pero no soy esa clase de persona ¿Si me entiendes? —Un ladrón, el chico no era un ladrón o al menos lo evitaba.

—Creo que la decepcioné un poco, creo que contaba conmigo, pero le prometí que si me decía como lucía la persona que la ayudaría, podría guiar a esa persona desde adentro…perdón por no haberte esperado afuera, pero… ¡Ah! Soy pésimo en este trabajo de agente ¿No es así? —Sí, lo era, descuidado y poco atento, de hecho, ni siquiera se había dado cuenta que ya eran las 8 de la noche, creyó que aún tenía tiempo para recibir al enviado de Agelena, pero sea como sea, al menos tuvo suerte de que el mismo “invitado” llegó hacia él. —Perdón, me desvío del tema…Esta puerta que tienes al frente es en donde está “La viuda negra”, pero como dije antes, entrar por ahí es mala idea. Sígueme.

Sin que nadie se diera cuenta y esperando a que el pirata lo siguiera, el bailarín alzó la tela del costado del escenario, ese lado que nadie observaba y se metió bajo la estructura. Estaba oscuro, pero al final brillaba una luz amarillenta que venía desde arriba.

—Ambos cuartos tienen dos puertas, las del frente y las que dan directo al escenario. Tranquilo, nadie nos verá, la parte de atrás de la tarima está cubierta por el telón, así que estaremos a salvo. Me sé el programa y a esta hora no hay nadie tras la tela, deberíamos estar seguros —. El chico se detuvo cuando llegaron a unas escaleras de madera que daban hacia un espacio más iluminado, hizo ademán de subir, pero antes de que pusiera un pie en la escalera, su rostro pálido y sus ojos grandes se abrieron aun más, indicando que había recordado algo más.

—¡Ah! Lo olvidaba, antes de que entres debes saber que pude conseguir información sobre donde tendrían guardado el diamante esta noche. En la habitación hay varios estantes, la mayoría tienen joyas valiosas, pero comunes; sin embargo, al final, hay uno que parece una caja fuerte. Esta custodiada por varios guardias y un jefe bastante…ugh…estricto. Ese hombre me da miedo, tiene una manera de tratar a las mujeres y a los okama muy…asquerosa —. El chico se estremeció. —¿En qué iba? ¡Ah sí! La caja fuerte…Conseguí la combinación, espero que no haya cambiado, pero es…—Se puso de puntitas para acercarse al oído del pirata y susurrar cuatro números. —Cuatro, Dos, Siete, Tres. Es una caja con una rueda giratoria, mecánica…Tenlo en cuenta.

Con eso dicho, el chico subió la escalera, con tal sigilo que uno podría preguntarse ¿Qué lo detuvo de robar? Porque parecía bastante bueno para infiltrarse y obtener información, pero lo cierto es que era más cobarde de lo que parecía y cuando era un verdadero reto, podría llegar a orinarse en los pantalones.

Cuando subió hasta la parte de atrás del escenario, no había nadie y tal como le había dicho al otro hombre, la parte de atrás de la tarima estaba cubierta por el telón; sin embargo, desde ese sitio, podían verse las entradas traseras de los vestidores de los bailarines, así como la de la bodega en donde estaban los objetos valiosos.

—Es a la izquierda —. El muchacho extendió su mano y le pasó al hombre una tarjeta, el equivalente a la llave para pasar al lugar. —Buena suerte e intenta ser discreto…como te dije, el jefe de los guardias está loco…intenta que no te descubra.

Señaló la puerta y en ese instante, le quitó la copa del champaña al hombre y él se fue hacia la derecha, abrió la respectiva puerta de los vestidores y desapareció tras ella, dejando al pirata a solas y con la oportunidad de entrar a la bodega.

Debía hacerlo.

Cuando la puerta se abrió sin hacer ningún ruido, se pudo vislumbrar en el interior una iluminación escasa, no era nula, pero sí que dotaba al lugar de una atmósfera tétrica, aunque a pesar de eso, para fortuna de nuestro protagonista, la puerta estaba justo detrás de uno de los anaqueles, por lo que, desde ese lugar, era fácil ver a los guardias armados que custodiaban los objetos.

Todos tenían el rostro cubierto con una tela negra y una gorra del mismo color…de hecho, todo su uniforme era del mismo color. En lo único que había diferencia era en sus armas, algunos tenían pistolas, otros tenían espadas y otros solo guantes o botas que lucían demasiado pesados para ser parte de un outfit casual, pero…de entre todos, había un hombre que destacaba.

A diferencia del resto, quienes tenían estaturas promedio y muy normales, este sujeto llegaba a unos tres metros, además, aunque tenía su rostro también cubierto, sus ojos también lo estaban, con unos lentes de vidrio rojo, además, su vestimenta no era por completo negra. Tenía una camisa blanca con las mangas recogidas y unos guantes de cuero protegían sus manos…las que estaban cerca, muy cerca, bueno ¿Para qué engañarse? Estaban sobre una pistola que lucía bastante letal en él.

¿Lo peor?

Era ese hombre justo el que estaba a un lado de la caja fuerte al final del cuarto, la que, por lógica, debía ser aquella de la que le habló el bailarín al pirata.

Solo había una forma de salirse con la suya en este caso: Distraer a los guardias, algo que no parecía fácil de lograr o bien, enfrentarse directamente a ellos, a fin de cuentas, si uno es el primero en atacar tiene ventaja ¿No? Aunque…contra 21 personas, uno podría dudarlo un poco.

Invitación al baile
[Imagen: hyakocheja.png]
#8
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