Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado]
#11
Ante la respuesta positiva hacia su idea del contrato, el médico sonrió complacido, a fin de cuentas, era su manera de blindarse ante cualquiera que quisiera meter sus narices en esos temas, de ese modo, si uno caía, todos caían; sin embargo, cuando escuchó el historial médico de su próximo paciente, no pudo evitar arrugar la nariz y refunfuñar por lo bajo…No, no es como que se negara a tratarlo, no, plata era plata, era solo que sabía que ese sería un hígado desperdiciado… ¿Le importaba? No realmente, solo le parecía curioso cómo alguien completamente sano sería sacrificado para “salvar” a alguien que de todos modos arruinaría más de sus órganos o el mismo trasplantado una vez se recuperara de la operación. Se encogió de hombros y suspiró, al menos el adicto sumaría más berries a su cuenta de banco.
 
—Jmmm…Gracias por eso, pero no se confunda, aunque disfrute de lo que hago no es solo “por amor al arte”, de hecho, empecé por dinero y…bueno, por otras cosas que no vale mencionar ahora mismo —. Ojalá la conversación hubiera seguido tan plácida como antes, pero con la adición de Rafael, su calma, esa de la que tanto presumía, se estaba empezando a ir por la cañería con una rapidez sin igual.
 
—¿Estúpido? Lo dice quien usa la fuerza bruta para capturar a alguien…yo habría sido más sutil, te lo aseguro. Ese chico habría llegado aquí complacido sin saber que venía al matadero, pero supongo que no estas listo para esta conversación —. Por supuesto que lo dijo de la forma más delicada y amable posible, por más que dentro de si estuviera conteniendo la rabia y la desazón que el rubio le provocaba. Necesitaba averiguar el porqué, pero por más que lo veía a la cara, no podía dar con su pequeño problema.
 
Menos mal que Rafael salió de su vista para desinfectarse y menos mal que su actitud volvió a ser la misma al pasar apenas unos pocos segundos, aunque, de todos modos, se vio en la necesidad de excusarse con Jin, aunque, de todos modos, ante la pregunta que le hizo, el médico solo alzó la mano y la movió de un lado a otro, en un gesto que mostraba desinterés, queriendo dejar en claro que sí, todo estaba bien…bueno, eso quería aparentar.
 
—Lo siento, de verdad, pero no es solo el puro, creo que fue más la desobediencia o no lo sé, no estoy seguro —. Volvió a morderse el labio mientras recordaba al rubio, al mismo tiempo que llevaba una de sus manos a su corazón, estaba acelerado, más acelerado que de costumbre y estaba seguro de que no era por culpa de los nervios, pues estaba muy seguro de poder cumplir con su trabajo. Todo era culpa de Rafael. —Y acepto sus disculpas, pero dudo que haya actuado así solo por mi apariencia, es decir, sé que soy divino, pero…no…no cuadra —. Se expresó con libertad, dejando caer sus dudas y callándose por un momento para recibir el papel en el que Jin se había asegurado de anotar el nombre de su nuevo socio: Rafael De Luca.
 
No, no le sonaba de nada.
 
—Gracias por el post-it, lo agregaré a mi libreta de inmediato —. Se movió por el salón hasta dar con la libreta que había guardado en el interior de su maleta cuando se cambió. La abrió y pegó el papelito en una de las páginas, lo aseguró bien y luego sacó una pluma para anotar las características físicas del hombre. Cuando terminó, cerró la libreta y la volvió a guardar. El quirófano estaba en silencio en ese instante, aunque pronto la voz de Jin llegó para cambiar eso.
 
—No, el estrés podría llegar a dañar la calidad de los órganos, prefiero que el donante esté lo más tranquilo posible y eso lo conseguiré solo si está dormido —. Al terminar de hablar, ni siquiera se había dado cuenta que, por inercia, se había mordido lo labios. Sintió una de las manos de Jin sobre su mentón y la frialdad de sus dedos lo hicieron estremecer, en otro momento eso habría terminado con el pelirrosa lamiendo los dedos ajenos en un gesto provocativo, pero ahora…ahora solo dejó de lastimar su propia piel y se alejó un paso, más tranquilo, pero manteniendo una actitud profesional, a fin de cuentas, no quisiera que Rafael se diera cuenta de sus…gustos.
 
—Es…Esta bien —. Titubeó al hablar, algo nervioso, una emoción extraña en él. —Puedo darle una oportunidad o dos, tal vez solo necesite hablar con él o conocerlo mejor para convencerme de que es la mejor opción —. Una de sus manos fue a su nuca, apretando la zona con algo de fuerza. —Supongo que tendré bastante trabajo por delante para acostumbrarme, porque no quiero que nos agarremos a golpes si estamos solos en una habitación.
 
Nada más hizo decir eso y el rubio salió del baño. Esta vez no hubo reproches ni nada parecido, solo una mirada que hizo que el pelirrosa se estremeciera y mirara hacia otro lado. Algo estaba mal, muy mal. Apretó su puño, debía seguir el consejo de Jin y darle una oportunidad al otro hombre, pero para que eso sucediera, primero debía calmarse del todo y pensar en otra cosa.
 
Se acercó de nuevo al chico sobre la camilla y con paciencia, como si nada ocurriera, empezó a examinarlo. Le sacó un poco de sangre, tomó su presión y su glucosa, todo mientras ignoraba o, mejor dicho, intentaba ignorar la voz de Rafael y lo que sea que le estuviera diciendo a Jin, aunque al final, chasqueó la lengua…no podía ignorarlo del todo, mucho menos cuando el hombre lo encaró y extendió su mano hacia él para ¿Disculparse?
 
Hyákinthos lo miró extrañado, luego a Jin y, finalmente, decidió extender su mano para estrechar la del rubio, aunque tal vez usó un poco más de fuerza de la necesaria, pero fue sin querer, fue un impulso guiado por sus nervios.
 
—Me disculpo también —. Sacó su mejor actitud hipócrita en ese momento. —No suelo alterarme así por un simple puro, supongo que todos tenemos nuestros momentos de locura —. Finalmente, para bien o para mal, expresó la razón de su enojo “inicial”, aunque sabía que había algo más allá de eso. —Y de verdad le agradecería que no se repitiera lo de hoy, yo también intentaré comportarme para no caer en este comportamiento vergonzoso nuevamente —. Sonrió antes de apartar su mano con delicadeza.
 
—Y no se equivoca, sí, mi nombre es Hyákinthos, sin apellido, no puedo recordarlo desde hace muchos años ni siquiera sé si tuve uno —. Se alejó un par de pasos y le dedicó una mirada que pretendía ser cordial, pero que se notó afilada y oscura. —Es un gusto, Rafael, me aseguraré de recordar su nombre y su rostro, aunque mis problemas de memoria me lo vayan a hacer difícil al inicio —. Advirtió, ya que, por lo escuchado antes, quizá el yakuza no le había dicho a Rafael del pequeño gran problema de Hyak: su amnesia.
 
—¡Bien! Creo que terminadas las presentaciones solo queda esperar al paciente ¿No es así? —Esperaría a que uno de los dos hombres asintiera para luego sentarse, acomodándose para descansar un rato antes de que tuviera que volver a ponerse serio por la futura operación.
 
—Mientras tanto… ¿Podrías compartir tu den den mushi, Rafael? Creo que tenerte registrado me haría recordarte con más facilidad —. Esta vez si consiguió que su tono fuera más natural, incluso algo coqueto, pero no por eso su mente dejaba de trabajar a mil por hora, después de todo, aun tenía sus dudas sobre trabajar con aquel sujeto, pero…tendría paciencia, tal vez algo bueno saldría de todo eso…O no.
[Imagen: hyakocheja.png]
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