La partitura de un lejano recuerdo con ojos color océano :: Pasado :: Privado
#1
Narrador / María Merlot (Kassandra)

MUSICA



Primavera (65).
Año 15.
4:30 a. m.
Nenúfar, en algún lugar del mar cercano a Baterilla, South Blue.

— … me obligas a actuar como un monstruo — la mano entre las hebras del cabello celeste se tensó, apretando con alevosía para causar dolor al objeto de sus deseos — … nunca debes olvidar quien es tu amo — la acerco a sus labios, pero en vez de besarla paso con parsimonia la lengua morada sobre los suaves labios de la mestiza. Su sabor lo volvía loco, había algo en la hermosa mujercita que sacaba sus más bajos instintos, lo que ya era mucho decir. Desde que la vio, lo supo, sería suya por y para toda la eternidad. Quien se interpusiera entre ambos terminaría muerto, como aquel cangrejo, como los que quisieron arrebatársela alguna vez — … El bastardo de Gabriel Lucandese pago muy bien por tenerte. He escuchado que tiene fetiches peculiares. Ese será tu castigo por desobedecerme. ¿Cuándo lo entenderá esa bonita cabecita tuya? — la lengua subió por la mejilla de la fémina dejando un rastro de saliva como si buscará marcarla, aun más, como suya — … eres lo que yo quiero que sea, haces lo que yo quiero que hagas, y ahora mismo no quiero verte — llego hasta el lóbulo de la oreja, mordiéndolo con sus afiliados dientes. El dolor la hizo soltar un gemido — … esos sonidos no van a salvarte de tu castigo pero cuando regreses de tu expiación te consolaré como solo yo sé hacerlo. Sé buena chica, y no me hagas enojar — le dio un último tirón al cabello celeste lanzándola al suelo. Se paso la diestra por las trenzas y recorrió el cuerpo de su preciosa mestiza sin ocultar sus pensamientos lascivos — … tal vez, vaya yo mismo por ti. No me extrañes mucho Kassandra — se dio la media vuelta y salió de la habitación, dejando a la mujer en manos de aquellas que la iban a arreglar para llevarla ante aquel que pago, muy bien, por sus servicios de cortesana.



Primavera (65).
Año 15.
10:30 a. m.
Algún lugar de la Costa, Baterilla, South Blue.


Los Piratas del Abismos tenían varios negocios en aquellos mares, uno de ellos: la trata de blanca y cortesanas de alto valor. Si podías tener un fetiche, ellos te lo harían realidad por un módico precio. Gabriel Lucandese, un hombre de mediana edad, con negocios igual de ilícitos, podía permitirse esos gustos. Y desde que vio aquellos cabellos celestes, esa sonrisa divina, esas curvas seductoras y esos ojos ámbar, solo pudo imaginarla una y otra vez en su cama. La Joya más hermosa entre la colección de los asquerosos piratas gyojines. Una combinación única entre humanas y sirena. Así fue, que puso sobre la mesa una oferta que nadie, ni siquiera el Capitán Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal, pudo rechazar. Cuando la vio llegar, babeo, literalmente. Era suya, solo suya… y así se lo demostró, esa noche y los días siguientes. Nunca experimento tal éxtasis, estaba hipnotizado, tanto que el pensamiento de robárselas por siempre cruzo su cabeza.



Primavera (67).
Año 15.
11:27 p. m.
Baterilla, South Blue.

— … solo nos falta un violinista, por favor, Señorita Miyori, acepta — el hombre, quien tocaba el violonchelo, había conocido a la joven de cabellera anaranjada una tarde cuando la escucho tocar el violín. Desde entonces, a veces, la invitaba a tocar con su cuarteto de cuerdas. Ahora la buscó porque tenían un importante, y bien pagado, servicio pero su violinista se había roto el brazo — … ellos no nos harán nada, son amantes de la música, solo quieren escuchar unas agradables melodías. Y están pagando muy bien por una noche — explico, sabía que podía resultar aterrador tocar para personas de “reputación dudosa” pero todos necesitaban el dinero, esperaba que ella también.



Primavera (67).
Año 15.
6:21 p. m.
Selva, South Blue.


La mansión de Gabriel Lucandese se ubicaba entre la densa selva que rodeaba al volcán. Oculta de los ojos indiscretos de propios y extraños. El creador de semejante estructura la hizo basada en su isla de origen: Arabasta. La cultura de allá también le fascinaba al hombre, por lo que en su pequeño (es un eufemismo) refugio todo parecía sacado de ese reino. El sujeto que se encontraba sentado en lo alto de una plataforma bordeada por fuentes y a la cual solo se ascendía por esclareas frente a él, el trono lleno de oro y piedras preciosas. A sus pies su nuevo juguete favorito, delicioso, divino.

— ¿Te gusta la música, Kassandra? — le pregunto a la mujer acariciando su cabeza como si se tratase de una mascota.

— Me gusta lo que le guste a mi amo. Si le gusta el vino, me gustará el vino. Si le gusta la música, me gustará la música. Tus deseos son los míos también. — respondió con voz alegre y encantadora, como si viviera y muriera por el hombre.

— La música me gusta mucho, el cuarteto de cuerdas acompañara nuestra velada de hoy mi hermosa sirena — le hablo con un sonrojo en sus pómulos morenos mientras la chica le sonreía y se acomodaba a sus pies, usando las piernas de él para apoyar su cuerpo.

María sentía asco por ese hombre, sentía asco por todo ese lugar… pero si algo había aprendido era que luchar contra el poderoso nunca resultaba bien para ella. Así que solo podía ser una muñeca mientras los grillos en su cabeza la llevaban lejos de ese infierno. Su largo cabello celeste estaba recogido en un moño que dejaba escapar algunos mechones, la vestimenta consistía en un top y una vaporosa falda. Le habían colocado mucha joyería, lo cierto es que se sentía como una princesa, una muy mancillada princesa. Cuando la puerta se abrió anunciando al cuarteto de cuerdas, el hombre se inclinó hacia adelante dándole un baboso beso en los labios, a lo cual respondió de manera automática. Gabriel le colocó un velo bordado en oro, que medio se transparentaba, para que nadie pudiera distinguirla bien.

La mestiza suspiro, el hombre pensó que fue por él. Tonto, solo quería regresar a su celda en el Nenúfar, y algo le decía que pronto lo haría… porque ese gyojin que hacía de mesonero, era uno de los hombres de su verdadero amo. ¿Ese día irían por ella? No lo sabía con certeza... solo le quedaba esperar, sonreír y disfrutar de esos momentos de paz, sin nadie encima de ella...



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#2
La noche que conocí a Merlot.

La sonata fluía perfecta entre los músicos invitados a interpretar aquellas piezas gloriosas para un hombre devorador de sus riquezas y su extravagancias, alguien que jamás reparaba en ocultar sus gustos ni sus peculiares deseos, ¿Cuán rico debía ser alguien para proclamarse amante de la música sin haber conocido antes su verdadera esencia?, Mis manos guiaban con gracia el arco sobre las cuerdas de mi violín azul, Amphitrite, su mástil de acabados azules relucía bajo la luz dorada de los candelabros y luces incandescentes del salon, a mi lado, el resto del cuarteto entonaba las últimas notas de aquella partitura ensayada, el sonido se expandía cual eco por los vastos rincones del palacio, se escabullía entre pilares de piedra blanca revestidos de marfil pulido, fuentes ornamentales y cimientos engalanados con tanto oro que por momentos parecía que las leyendas sobre caminos dorados hacia el paraíso hubiesen cobrado forma ante mis ojos. Era una mansión de belleza indiscutible, hecha para estar escondida en el corazón de la selva como el capricho de un hombre cuya fortuna le permitía conquistar nuevas islas con la misma facilidad con la que otros cruzaban una calle, todo allí estaba diseñado para impresionar para inspirar admiración y deseo… y sin embargo, para mí… aquella belleza se sentía demasiado artificial.

Era como una flor demasiado perfecta para haber nacido de la tierra, como una flameante llama escindida en medio de aguas sagradas, como una jaula forjada con barrotes de oro capaz de aprisionar el corazón de quien la contemplará… era como seducir la codicia de un alma empobrecida.

Mis ojos azules se abrieron lentamente cuando el silencio dio paso a una lluvia discreta de aplausos, provenían de aquellos que habían pagado por nuestros servicios, un gesto de cortesía más que de emoción genuina y mientras sostenía el violín contra mi regazo permití que mi mirada recorriera el entorno con cautela, había algo extraño en la atmósfera, no era la primera vez que tocaba para personas adineradas, había interpretado melodías en tabernas abarrotadas, plazas bulliciosas, mercados repletos de vida e incluso para nobles ocasionales como el joven Gabriel, sin embargo pocas veces… no, casi nunca… me había sentido tan fuera de lugar como aquella noche. Los artistas aprendemos a leer a quienes nos escuchan, la música según el corazón del público que lo recibe, algunos buscan alegría para aligerar sus pasos en la danza, otros consuelo para liberar emociones atrapadas en sus silencios, hay quienes persiguen el amor entre acordes o encuentran refugio para sus tristezas en una melodía melancólica… incluso existen aquellos que simplemente desean una compañía amable para compartir el peso de una copa… pero aquí… aquí no percibía ninguna de esas cosas.

Observé los rostros dispersos entre el oro, las piedras preciosas y las telas lujosas, ninguno parece escuchar realmente, la música no era la protagonista de la vela ni siquiera era una invitada de honor, era apenas un adorno más, un lujo añadido a la colección de excesos que decoraban aquella mansión.


Continué participando en el cuarteto de instrumentos de sinfonía clásica, era una composición suave, elegante, evocaba a una danza lenta que prometía encuentros y amor bajo cielos estrellados y promesas declaradas… pero, Amphitrite nunca me mentía, justo ahora no sentía su bendición ni su alma, eran simples sonidos siguiendo al pie de la letra una partitura ya impuesta por su dueño, nada fluía.

Era como observar una obra teatral donde todos conocían sus líneas de memoria, todos menos yo… solo tragué saliva y seguí tocando las canciones que aquel pobre señor me había pedido con desespero acompañarlos en esta velada. ¿Cuánto más debía fingir que estaba cómoda tocando canciones carentes de sentimiento?, ¿Había algo peor que fingir que todo está bien?, o quizás estaba imaginando cosas, quizá el hombre que nos había contratado era simplemente un excéntrico que tiene curiosidad por la música de cada tierra que visita.

Pero mis ojos azules encontraron una razón para cuestionarme aun más la procedencia de estos extranjeros, una figura femenina que permanecía cerca del anfitrión, estaba adornada de hermosas joyas por todo su cuerpo con oro entrelazado en sus muñecas, en su vestimenta, en su velo como también lucía de la plata descansando sobre su cintura junto a diamantes y zafiros que logran proyectar el reflejo de las lámparas incandescentes de la habitación, su vestimenta me recordaba a las bailarinas y nómadas de las tierras áridas de las que tanto hablaban los marineros en los puertos, telas casi ligeras, velos bordados en hilos de oro, pero…. no fueron las piedras preciosas ni la riqueza de su apariencia lo que atrapó mi mirada, sino ella misma, sus cabellos celestes que parecen ser un fragmento del mismo cielo como el misterioso océano surcando los muelles, era divina, una diosa que ocultaba su rostro como sí sola verla estaba prohibida a los nativos de esta isla.

Era raro contemplarla porque me parecía que era una muñeca… una perfecta muñeca.
La perfección siempre suele ser falsa.
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#3
Narrador / María Merlot (Kasandra).



El velo que cubría la cara la dejaba ver a la perfección su entorno. Recostada como estaba de la pierna del hombre, esperaba que la atracción, en forma de cuarteto, de esa noche se extendiera muchas horas, así evitaría tener que fingir algo que no le gustaba: Estar en la cama de Gabriel Lucadense. Un tipo baboso, se creía un semental, pero sin duda, ni miedo a equivocarse, estaba entre los peores amantes que tuvo alguna vez.

El cuarteto ingreso sin mayor miramiento. Cada uno con un instrumento de cuerda. Mentiría si dijera que aquella mujer, de cabellera anaranjada como la fruta y el instrumento del color del océano, no llamo su atención. Una mujer libre, sin ataduras, con un trabajo normal, ella tendría seguramente una casa con vallas de color blanco y vecinos que cada mañana le dieran los “Buenos días” y le regalaran vegetales frescos de sus huertos. María sonrió bajo aquel velo, imaginando la vida normal que las personas normales llevaban. A veces le gustaba soñar con el futuro que le fue arrebatado, aquella vida que pintaba con colores increíbles y felicidad absoluta.

Cuando la melodía comenzó, la joven cerró los ojos, dejándose abrazar por la música. Una que le parecía perfecta para su estado de animo interior: melancolía. Fue transportada por los grillos en su cabeza a la casa de su padre, cuando aun era joven y tenia sueños. Lo vio claramente haciéndole el desayuno, con aquellas extremidades curiosas. Esa pinza le daría miedo a cualquiera, pero a ella no, solo se asusto la primera vez que lo vio, era feo de cajones pero su gran corazón compensaba su exterior. Reía con él, estudiaba con él, fue quien le enseño a nadar. Le había dicho que la enviaría a la escuela, que conocería a otros niños, que haría amigos. Tal vez como la mujer violinista, no parecía mayor, es más, podría tener hasta la misma edad.

Cuando la mano de Gabriel se poso sobre su cabeza, en una caricia descuidada, la celeste abrió los ojos rompiendo el recuerdo lejano. Entonces sus orbes ámbar volvieron a la dama, a como de ensimismada estaba tocando la melodía que le apretaba el corazón. ¿Se estaba burlando de su desgracia? ¿Por qué al final de la noche dormiría sola y ella con el asqueroso hombre encima teniendo que fingir orgasmos? María alejo ese pensamiento, no, nadie se burlaba. Todo estaba en su cabeza, no podía permitir que le robaran lo único que no le habían arrebatado. Entonces, se cuestionó: ¿Por qué sonaba todo tan triste? ¿Por qué le transmitía esa melancolía la música que debía alegrar el lugar, y hacerla olvidar la miseria?

— ¿Amo? — levanto la cabeza en dirección al hombre, que inmediatamente le prestó atención — ¿Podrían tocar algo más animado? Esa música me está deprimiendo, amo… Haz que toquen algo alegre y… bailare para ti — le pregunto con su aterciopelada voz como si él fuera un Dios entre hombres.

El tipejo sonrió — … puedo hacerlo, si... pero recuerda que deberás pagarlo más tarde — la sujeto por el mentón ejerciendo presión para que recordará que esa petición tendría su cobro cuando llegaran a la cama. María le sonrió por inercia, con o sin solicitud, igual le haría lo que él quisiera — Toquen algo más alegre, Mi Sirena quiere bailar — comento a viva voz, haciendo que todos en la sala guardaran silencio; y por todos, se tratada de: el cuarteto de cuerdas, un par de sirvientes y sus guardaespaldas.

Con la orden soltada al aire María espero la música. Cuando la escucho se levanto haciendo sonar en el proceso el metal contra el metal, provocado por las joyas que la adornaban. El velo que cubría su cara, caída desde la cabeza hacía los lados llegandole por debajo de los senos, dejando al descubierto su sublime figura, iba descalza además. Un paso tras otro descendió las escaleras. Luego tomo una postura delicada, y empezó el suave movimiento de su cuerpo, manos, brazos, caderas; había sido educada para el placer en todas sus formas y expresiones, el arte de usar su cuerpo, se extendía más allá de la recamara.

DANZANDO

Mientras danzaba, la mirada ámbar no dejaba a la mujer violinista. Sus ojos, color del océano, captaron toda su atención. ¿Si era libre, por qué se veía obligada?

Primavera (67).
Año 15.
11:21 p. m.
Selva, South Blue.

El cielo se abrió y la lluvia torrencial los acompañó el resto de la noche. El cuarteto no pudo dejar la selva, Gabriel Lucadense les asigno una habitación a cada uno. Podría ser un tipo malo pero cuando se trataba de música, y más instrumental, respetaba a sus autores. Luego de saciarse con la sirena celeste, fue llamado a su despacho. “Algo” sucedió pero a María poco le importo, se podía imaginar de que se trataba. Cuando él se fue, supo que era buen momento para dar rienda suelta a su curiosidad, y quizás buena obra de esa semana, así que se vistió de nuevo, y salió en busca de aquella fruta cítrica.

Le costó encontrar la habitación.
Lo logró luego de un rato.

La lluvia la había empapado, ella amaba el agua. Aquel abrazo frio y constante la hizo sentir viva, la hizo sentir limpia. Sin ningún tipo de delicadeza, toco la ventana repetidas veces. Estaba en una planta baja, de fácil acceso desde el jardín. Así que apenas se abrió la ventana de la dama anaranjada, María se metió sin invitación, empapando todo y tirándose a la cama, como si fuera la suya propia.

— ¡Vivi! ¿Te desperté? Espero que no. Sigue lloviendo. La lluvia me gusta, es como tener el mar comprimido en pequeñas gotas bendecidas desde el cielo — comentaría aleatoriamente con su encantadora voz. El velo continuaba sobre ella, pegándose a la piel en su cara sin relevarla por completo, solo los delicados contornos — ¡Vivi! ¿Por qué tocaste una melodía tan… afligida? ¿No eres feliz? ¿Qué te hace feliz? — le pregunto levantándose de la cama, y caminado por la pequeña recamara hasta detenerse frente al estuche donde descansaba el instrumento, no lo toco, solo lo miro — … el color me recordó a las profundidades. ¿Alguna vez has ido al fondo del mar? ¡Es… del color de tu violín, Vivi! Te llevaré, si quieres, claro — comento con alegría girándose para ver a la fémina mientras llevaba sus manos a la espalda — ¿Vives en una casa con vallas blancas, Viví? ¿Tienes algún guapo pretendiente que te lleve flores cada día? ¿Tus padres se preocupan por ti? ¿Sales de paseo con tus amigos? — en su cabeza, ella tenía una vida perfectamente normal, la que siempre ansió, la que soñaba cada noche al cerrar los ojos.

¿Por qué le preguntaba tantas cosas? Porque del cuarteto, ella no parecía querer estar ahí. Entonces, ignorando el castigo que pudiera traerle, la ayudaría a salir de ahí…y no, nada tenia que ver con Gabriel Lucadense, él era un imbécil pero amante del arte... se refería a los Piratas del Abismos.
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#4
Las circunstancias cambiaron cuando el afamado señor ordenó al director del cuarteto interpretar una melodía más jovial, más divertida fue entonces que la música se detuvo y por primera vez aquel silencio fue un alivio, esto era una fiesta por lo que las notas debían transmitir alegría… no una calma tan artificiosa como el ambiente que ahora nos rodeaba. El director rebuscó con evidente nerviosismo entre sus partituras incapaz de encontrar una pieza acorde a la petición de su cliente, su creciente desesperación resultaba incómoda de contemplar.

Suspiré. Había tenido suficiente de tocar música planeada.

Sin pedir permiso y con toda la libertad del mundo, llevé el arco a las cuerdas de mi violín y comencé a interpretar una sonata vivaz, bastaron unas pocas notas para que el resto de los músicos me siguiera y así poder transformar aquella improvisación en una melodía única que por fin parecía dar vida a la celebración.

El delicado tintineo del metal hizo que mis ojos azules encontrarán los hermosos ámbares de aquella doncella de atuendo celeste, cubierta de joyas que relucían con cada movimiento sobre su figura despampanante, pero a pesar de lo hermosa que su apariencia mostraba era la gracia con la que danzaba lo que realmente cautivaba a cualquiera que le siguiera sus pasos, su abdomen, brazos, caderas y manos se movían con una precisión hipnótica como si la melodía que interpretabamos hubiera sido compuesta únicamente para acompañar cada uno de sus pasos.

Al fin alguien está lleno de vida.

Una tenue sonrisa se dibujó en mis labios mientras contemplaba su danza, encantada de haber encontrado por fin a alguien que parecía sentir la música tanto como yo.



Al llegar la medianoche nos fue imposible regresar a nuestros hogares puesto que una lluvia torrencial cayó sin tregua sobre la selva y aventurarse por esos senderos en tales condiciones climáticas habría sido una imprudencia, el señor Gabriel en su gesto de generosidad nos ofreció permanecer en su recinto y dispuso una habitación para cada uno de nosotros, tratándonos como si fuésemos invitados de honor. A pesar de haber cenado, tocar música, tomar una ducha y tener una cómoda habitación… No lograba conciliar el sueño, mi mente permanecía lejos de allí, me preocupaba mi familia, no tenía forma de hacerles saber que yo me encontraba bien y que regresaría al amanecer.

La tormenta caía como una inmensa cascada sobre la isla, no daba tregua y el estruendo de los truenos retumbaba como una tempestad tropical más que de una eléctrica, me acerqué a la ventana y contemplé la inmensa oscuridad que envolvía la selva, desde allí comprendí lo aislado que estaba aquel palacio perdido en medio de la nada, cualquiera podría extraviarse tanto al intentar llegar como al intentar marcharse, y al estar tan absorta en mis pensamientos que no advertí el reflejo de la doncella de cabellos celestes golpeteando con insistencia el cristal, al fijarme completamente en su presencia empapada me apresuré a abrirle la ventana.

—- ¡¿Está bie…?! — No alcancé a terminar la pregunta puesto que aquella chica ingresó por la ventana con una agilidad sorprendente, se coló por la habitación como si hubiese planeado que haría al estar dentro, dio un salto directo sobre la cama dejando un camino de agua sobre el suelo donde caminó, incluso las sábanas y el colchón terminaron mojados, y yo… permanecí inmóvil, observándola con los labios apenas entreabiertos.

Y lo que ocurrió después sólo consiguió llenar mi mente de mil preguntas a razón de su visita.

—- ¿Vivi? —- repetí en voz baja mientras la escuchaba con suma atención y poco a poco fui cerrando la ventana, caminé unos pasos hacia la cama, al parecer que ella esté empapada por la lluvia fue algo intencional de ella, incluso me hizo saber que amaba la lluvia porque era como estar en el océano en gotas, era una analogía muy hermosa a decir verdad. —- Pues… no estaba dorm… — Me senté en el borde del colchón pero antes de que pudiera terminar mi respuesta ella ya se había puesto de pie, sin detenerse comenzó de nuevo a preguntarme por la melodía melancólica que habíamos antes interpretado, me preguntó si en este momento era feliz y también me preguntó por las cosas que me hacen feliz. —- Ah eso… bueno, verás…. —

Mis ojos la seguían de un lado a otro, se movía con una gracia despreocupada y una curiosidad ferviente, como un niño que descubre el mundo entero, cada vez que intentaba responder una de sus preguntas me interrumpir, nacían inmediatamente,  hasta que desvió su atención hacia el color de Amphitrite, diciendo que le recordaba al fondo del mar y con total naturalidad prometió llevarme allí algún día. —- ¿Al fondo del océano? —- repetí incapaz de ocultar mi desconcierto.

Sus preguntas comenzaron a abarcar sobre mi vida cotidiana, sobre mi hogar, mi familia, mis amigos e incluso si tenía algún pretendiente que me estuviera cortejando en este momento, su curiosidad era tan genuina que permanecí unos instantes observándola y esperando a que terminarse de preguntar todo lo que deseaba saber. Cuando por fin encontré el momento para hablar me acerqué un poco y le dediqué una suave sonrisa.

—- Veamos… espero poder responder a todo… —- llevé una mano a mi mentón mientras intentaba recordar por dónde empezar, el orden en como comenzó.

—- La música me encanta… solo que cuando es obligada se siente vacía, el señor que me invitó a venir parecía que lo tenía todo planeado, con partituras ya seleccionadas, pero… — mis ojos se desviaron hacia mi violín — cuando la música nace con libertad es mucho más hermosa… por cierto… bailaste precioso, ¿Eres una bailarina acaso?, ¿Vives aquí?

Recordé su mención sobre lo del fondo del mar, sobre que me llevaría para conocerlo algún día— Nunca he estado en el fondo del mar, ¿De verdad es posible llegar allí?, ¿Tú has ido?, ¿No te ahogas?, ¿Puedes aguantar tanto la respiración. — Ahora era yo la chica de las preguntas. — No estás lejos de la verdad, verás… el color de mi violín es homenaje al mismo océano, mi familia son pesqueros y adoran el mar, por lo que Amphitrite, mi violín… es mi tesoro más preciado, me recuerda a mi familia de hecho, siempre suelo traerlo conmigo.

—- Sí tengo un hogar en la isla aunque debo decir que no es como este palacio… es más humilde, hecha de madera, vivo con mi padre y mis hermanos, de momento no tengo muchos amigos jejeje —-- Dije con una sonrisa apenada puesto que por mis estudios en la música no me he permitido tener muchos amigos. —-- No tengo novio… soy muy torpe para las relaciones. —--- Eso último lo dije con un pequeño sonrojo sobre mis mejillas.

—- Mi nombre es Miyori Hoshino, ¿Puedo saber el tuyo?, ¿Por qué me dices Vivi?.... —-- Me senté de nuevo en la cama mientras palmeaba el colchón para que ella se sentara. —-- ¿Te gustaría que te contase historias de la isla?, tengo anécdotas muy chistosas, puedo contarte la vez que confundí el azúcar con la sal y le di a tomar a mi papá un café muy desabrido jajaja.

La tormenta durante la noche parecía eterna pero no se sintió en cuanto pasé mi tiempo junto a la doncella de cabellos celestes esperando que el futuro tengamos la dicha de recordar este hermoso momento.
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#5
Narrador / María Merlot (Kasandra)



Primavera (67).
Año 15.
11:26 p. m.
Habitación de Miyori Hoshino, Selva, South Blue.

Los orbes ámbar se centraron en la oyente, una a la que no dejaba hablar con sus diatribas. Las personas solían pensar que divagaba sin razón, una tonta muñeca para el placer del más afortunado. No necesitaban de su cabeza, solo del cascarón precioso que la vida le regaló. Lo que pocos entendían sobre la mestiza, era que en su interior albergaba un complejo laberinto de pensamientos dispersos que si lograban descifrar encontrarían un tesoro sin igual… porque ella poseía astucia, inteligencia y sabía utilizar su apariencia para salirse con la suya para bien o para mal, propio o ajeno.

Las frases a medio decir de la pelinaranja la divirtieron, aumentando su sonrisa y el desborde de su charlatanería. Le dio la impresión en el salón de que se trataba de una persona introspectiva aunque ahora parecía más bien introvertida. ¡Cualquiera de sus amos ya la hubiera golpeado para hacerla callar! Lo que generó en la celeste el aumento de su sonrisa, el brillo en sus ojos y la alegría en su alma. ¿Por qué se sorprendió sobre el fondo del mar? ¡Cierto! Los humanos se ahogaban tan fácilmente pero ella no dejaría que eso sucediera… solo debía concentrarse y no olvidarse que Vivi no podía respirar bajo el agua.

Veamos… espero poder responder a todo…

La voz amable y cálida pudo formar al fin una idea entre la avalancha de la semi sirena. Las manos de María seguían sujetas en su espalda, y la mirada sobre la joven de su, sin miedo a equivocarse, misma edad. El gesto de llevar la mano al mentón pensativa, la hizo parpadear… ¿Cómo había terminado alguien como ELLA en ese lugar? ¿Fue obligada? ¿Necesidad? ¿Engañada? La chica, de ojos color océano no sabía el nido de víboras que las rodeaban, o más bien, de peces venenosos. Tal vez, estuvieran a tiempo aún… de que ella viera otro amanecer.

Si la dejaba ahí, si ellos colocaban sus sucias manos sobre aquella dulce flor… la marchitarían. ¡No, nunca los dejaría! ¡JA! Como si ella puede hacer algo, no podía ni salvarse a si misma, no pudo salvar a su padre, menos a la peli naranja… pero, lo intentaría. Solo necesitaban un poco de suerte y más suerte.

… La música me encanta… solo que cuando es obligada se siente vacía…

Los ojos de María se abrieron por la sorpresa de aquella confesión. Lo cierto es que no imaginó que respondería, o eso pensó que hacía. Se dejo caer sobre sus rodillas, viéndola desde el suelo, ya que la fémina continuaba sentada en el borde la cama. La gustaba la cotilla, no iba a mentir sobre eso pero más allá buscaba el trasfondo real, porque le gustaba entender y conocer el significado de todo, de las acciones de cada individuo.

… cuando la música nace con libertad es mucho más hermosa…

¿Libertad? Solo dentro de su cabeza la obtenía, en los sueños de lejanos recuerdos con un cangrejo rojo. La mirada de la mestiza se desvió a sus manos, unas manos que intentaron alcanzar a su padre pero fue imposible, la distancia y las circunstancia los separaron de la peor manera. Ahora lo entendía, por esa razón sonaba tan melancólica su interpretación, no lo estaba disfrutando… María imaginó que era como tener sexo, quizás si nacía con libertad seria hermoso. En su caso, nacía de la subyugación de un gyojin poderoso, obsesivo y miserable.

— … ¿Bailar? Si, creo que si… porque es divertido. A las personas les suele gustar mirarme, entonces cuando bailo pueden distraerse, olvidarse por un momento de lo que sea que pase por sus cabezas — le respondió con alegría uniendo sus manos frente a ella. La verdad no sabía qué le gustaba, qué no le gustaba. La vida que llevaba fue impuesta, no la eligió… entonces ¿cómo sabría si realmente disfrutaba de bailar, de sonreír, de… vivir? No, no tenía forma de saberlo pero por suerte los grillos en su cabeza no la dejaban pensar demasiado —… lo que tocaron... fue nostálgico, hizo latir mi corazón. ¿Es lo que significa, no? Ser un artista… es llegar a los corazones de otros a través del… arte — inclinó la cabeza unos pocos grados mirándola directamente a aquellos pozos marinos, la voz fue bajando en intensidad hasta finalizar siendo un susurro que envolvía sus propios anhelos: ser normal.

¿Tú has ido?, ¿No te ahogas?, ¿Puedes aguantar tanto la respiración…

Las preguntas ahora venían desde su dirección, aquel torrente la hizo formar una perfecta “O” en sus labios por la sorpresa. La introvertida calidez anterior, dio paso a una simpática calidez que no espero… las mujeres, las que estaban a su alrededor en el Nenúfar la trataban bien pero siempre la miraban con envidia en sus ojos: era joven, era hermosa, era la favorita del Capitán; en cambio, esta dama violinista parecía genuinamente encantada con su presencia, esa la hizo sonreír más. Se levantó y se sentó a su lado en el borde de la cama, seguía chorreando agua… pero ni cuanta se daba —… Vivi — la llamo colocando las manos a cada lado de su cintura y levantando el mentón como las viejas matronas cuando van a educar a una novata — … por supuesto que he ido, es un lugar maravilloso… tiene agua por allá, y tiene agua por acá, y todo es agua… yo soy agua, tu eres agua, todos somos agua — la seriedad que intento fingir se rompió con sus ideas confusas, luego le sonrió acercándose sin invadir su espacio personal — … claro que puedo aguantar la respiración… nunca lo he contado pero creo que serían… — cerró los ojos, estaba contando… hasta que recordó la cifra exacta —… siempre — sus ojos brillaron con diversión, como mestiza podría vivir allá abajo por la eternidad si quisiera — … prometo llevarte, un día de estos… será un perfecto día normal — la ultima palabra lo dijo con el anhelo que su corazón sentía. Si convivía con personas normales, como esa amable chica, ella podría fingir serlo también… y tener por un momento su inalcanzable deseo de libertad.

el color de mi violín es homenaje al mismo océano…

María asintió con la cabeza, la historia de su instrumento era muy bonita. ¿Así que un recuerdo familiar? Ella nunca tuvo oportunidad de tenerlo, algo que pudiese recordarle a su padre y hablar con tanto amor de él… pero no tenia muchas cosas, y seguía adelante igual; sus memorias lo mantenían vivo, no necesitaba de más, mientras viviera en su corazón todo estaría bien.

Sí tengo un hogar en la isla aunque debo decir que no es como este palacio… es más humilde…

La celeste entrecerró los ojos observando a su oyente hilar la historia más extraordinaria que escuchó en meses, la sonrisa que le dedicó, no llegó a sus ojos pero mostró su deseo legítimo de que su vida continuará siendo tan pacífica —… suena increíble… un tesoro sin dudas — confirmó con su voz y con el brillo en sus ojos. Ella no tenía hermanos, y su padre fue asesinado por sus captores actuales… pero no le diría eso. El sonrojo en sus mejillas, fue inesperado — ¿Cómo que no tienes novio? ¡Si eres tan bonita! E inspiras paz con tu mera presencia, me siento cobijada por una llama que me mantiene caliente mientras te escucho hablar. ¡Te conseguiré uno! Será guapo, será divertido, será afable, será alguien que valore tu corazón y lo cuide de quienes se atrevan a hacerte daño. ¡Un caballero de brillante armadura! En un corcel blanco — cuestionó con indignación luego empezó a divagar con alegría imaginado al prospecto de Vivi, se levantó de la cama — … o un príncipe de una isla muy lejana que busca una princesa para compartir su reino, para protegerla de los tipos malos, para que nunca llore, para que reparé con amor las piezas de tu alma… — la emoción de antes fue bajando la intensidad, como si más que hablar de Vivi estuviera reflejando sus propios deseos en esas palabras —… o tal vez, solo un pescador de gran corazón con quien veas la puesta de sol, con quien te sientas segura y en un hogar… — si fuera María, solo buscaría a alguien que la quisiera tal y como era, y no se refería a su apariencia, sino al desastre de su alma… alguien que pudiese… erradicar el terror que sentía cuando cerraba los ojos y aparecía Pedro Francesco Ruiz De León Madrigal, su hombre del saco  —… aunque, que no ronque ni tenga mal aliento sería un gran inicio — la luz volvió a sus ojos por la broma, mandando a volar lo que fuera que sintió en ese momento de vulnerabilidad.

Mi nombre es Miyori Hoshino, ¿Puedo saber el tuyo?, ¿Por qué me dices Vivi?....

— Miyori Hoshino, suenas más a como una Vivi. Te digo así porque eres una Vivivivivivi-olinista — se llevo las manos a la boca y rio angelicalmente ante la broma — Soy Ma… — empezó a decir pero se calló de pronto, en ese breve instante, el condicionamiento de años le paso factura… si decía ese nombre y alguien la escuchaba, metería en problemas a la mujer — Kassandra — como odiaba que le dijeran así, lo detestaba con cada gramo de su ser…

¿Te gustaría que te contase historias de la isla?

— ¡Yeheiiiiii! — la exclamación salió de su corazón con la sinceridad de la emoción que la embargo, le gustaban las historias, quería escuchar todas las que tuviera que decir la dama violinista — ¿Confundir sal con azúcar? Lo hago todo el tiempo, como mi derecha e izquierda, o el norte con el sur… sería una terrible navegante — comentó entre risas esperando aquella esos relatos, inesperados pero que le resultarían tan “normal”… y eso era lo que lo hacía increíble para ella.

MUSIQUITA

La lluvia seguía cayendo a torrentes, ahora acompañada de truenos. Antes de que pudiera decir nada más un estruendo, no un trueno, sino algo más… humano y bélico, se escuchó. Eso hizo saltar a María de la cama mirando a la chica, al violín, luego al closet. Corrió sin decir nada, saco dos mantas impermeables. Le lanzo una a Vivi, luego tomo el estuche de “Amphitrite”, coloco la otra manta como si de un bebe se tratara  — … sígueme, no mires atrás, nunca los veas a los ojos, no les hables… y si no tienes salida… mil veces… elige… morir  — la voz de la celeste sonó asustada, un matiz muy distinto a lo que vivieron antes. Sus manos temblaron, y sus ojos mostraban un miedo irracional… ¿A qué? A los que estaban… y no se podía equivocar, masacrando a todos en ese palacio selvático. Sin esperar respuesta, y sin soltar el estuche, salió por la ventana, la lluvia la recibió, amo mojarse… entonces, miro atrás  — corre… Vivi… vámonos… seamos libres para besar a las ranas y conseguir a nuestros príncipes salvadores de princesas en aprietos  — comentó con un matiz amargado, nunca le iba a suceder, estaba condenada desde que esos fríos ojos color hielo se posaron sobre ella… pero Miyori Hoshino, aun tenía una oportunidad…

Sin esperar respuesta, la joven corrió… hacia cualquier lugar lejos de la mansión. El camino de ladrillos dio paso a un salto al vacío, no tan alto, cualquiera podría hacerlo y salir ileso. Así entro a la selva, y sabía que la mujer venia detrás suyo. A lo lejos la sinfonía de gritos mezclada con la precipitación orquestaba un escenario irreal.

Lodo, ramas y agua. No le importaba nada, si lograban alejarse lo suficiente podrían evitar la catástrofe. ¿Ella podría ayudarla? ¿Le daría refugio en su humilde casa? ¡La sola idea le emocionaba! Pero su hombre del saco nunca lo permitiría, y más allá de cualquier sonido, su voz llego hasta ella, haciéndola detenerse en seco.

“KASSAAAAAAAAAAAAANDRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA”

Se volteo, la pelinaranja venia detrás. Cumplió su promesa, vino personalmente a buscarla. No… no podría escapar, estaba condenada, siempre lo estuvo pero la ojiazul era libre, ella podría… vivir su vida normal, conseguir a su príncipe azul, ser lo que María nunca seria. Cuando Miyori estuvo lo suficientemente cerca la mestiza empujó el estuche envuelto en el impermeable contra su pecho — … corre, corre lo más rápido que puedas, no mires atrás… no regreses nunca… rápido, rápido… vete — la insto, y tal vez fue el pánico en la semi sirena que la mujer hizo lo ordenado… y que inteligente fue, porque justo la sombra de las pesadillas la alcanzó su objetivo…

Lo primero que sintió fue el reverso de su mano masculina sobre su delicada mejilla…
Lo segundo el sabor particular metálico de la sangre en su boca, motivado al labio roto...
Lo tercero como la gravedad, forzada por ÉL la llevo al piso, estampandola contra el suel lodoso...

— ¿Intentabas escapar? — la voz fría y desalmada la hizo temblar, estaba en problemas — … vengo a buscarte como te lo prometí, matando a todos estos bastardos que pusieron la mirada sobre ti… ¿Y así me pagas?  — se inclinó tomándola por el largo, y empapado, cabello celeste, ejerciendo tanta fuerza que la hizo gemir de dolor — … Kassandra. Mira cómo me haces actuar, como un monstruo. Es tu culpa, si solo hicieras las cosas bien, esto no pasaría… — acerco su rostro al de la joven intentando descifrar esos ojos ámbar que tanto lo retaban.

En cualquier otra circunstancia, le hubiera respondido, igual iba a castigarla, así que solía ganárselo a pulso pero hoy fue diferente, si él se concentraba en ella… nunca encontraría a Vivi. Vivi podría vivir, ser feliz, tener lo que ella nunca tendría…

— … lo siento, Capitán, tenia miedo y asco en partes iguales. Tenias razón, ese tipejo y sus fetiches peculiares me hicieron querer huir. Tardaste mucho en venir por mi… yo pensé que me habías olvidado — la voz aterciopelada salió baja, migajera, a él le gustaba sumisa, ella solo jugaba el papel — … acepto el castigo pero sácame de aquí primero, solo quiero regresar a casa, por favor… — le suplicó alzando diestra y acariciando la mejilla del tritón, el toque de María lo hizo gemir… de ¿placer?

— … regresemos al Nenúfar — coincidió tirando de ella hacia arriba y arrastrándola consigo sin ningún tipo de delicadeza.

María suspiro, iban en sentido contrario de Vivi.

Si ella era retenida por el villano, estaba segura de que Vivi conseguiría al héroe, y eso la hizo feliz, porque alguien tendría lo que… tanto anheló.


Continuará….



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