[P.R., Entrenamiento] Gestionando cuestiones
#1
[20:13, atardecer,
80 de invierno, año 17,
Desierto, Arabasta,
Corriente Rakusei]


El sol aún brillaba sobre la enorme Arabasta, aunque el cielo ya empezaba a teñirse con los colores rojizos del ocaso, que inundaban la totalidad de la isla y los mares a su alrededor: no tardaría en ponerse el sol. Stroud aún no había visto una mísera nube sobre aquella isla. Sin embargo, aquella era la única hora a la que era posible salir del relativo refugio del que proveía el Royal Quiver a hacer los quehaceres pertinentes en la extraña isla. En el escaso tiempo que la División 60 había pasado en Arabasta, todos habían debido aprender a convivir con aquel calor asfixiante, que ni siquiera en invierno parecía dar ni siquiera un amago de tregua. Las noches, eso sí, podían volverse infernalmente gélidas, aunque, en opinión de Stroud, aquello era algo, más que bueno, deseable. Un respiro en un mar de asfixia.

El joven Nanashi esperaba sobre una de las rocas, sentado, haciendo un esfuerzo activo por sentir cualquier brizna de aire, por sutil que fuese, que pudiera refrescarlo un poco en aquel tórrido atardecer, mientras el sol se dirigía con su creciente brillo rojizo hacia las líneas oscuras y onduladas que marcaban las dunas en el horizonte. Por una vez, no vestía su uniforme; era raro de ver, pero Stroud llevaba una simple camiseta interior blanca, de tirantes, unos sencillos pantalones negros y, claro, sus acostumbradas botas, que lo mantenían a salvo del calor acumulado en la arena —y de la arena misma, todo sea dicho, puesto que no había peor sensación para el Marine que notar cómo le entraba en los zapatos—. Su tono de piel había adquirido ya, en cuestión de apenas unos días, un tono broncíneo significativamente más oscuro que aquel que acostumbraba a lucir. Se encontraba en una enorme extensión de desierto, hasta casi donde alcanzaba la vista, y uno tenía que aguzar mucho los ojos para contemplar la silueta de la ciudad de Alubarna en la distancia, casi como una gran torre que se alzaba tras kilómetros de aire ondulante, así como la de Rain Base, en otra dirección, más hacia el poniente. Cabía preguntarse qué hacía aquel joven oriundo de Spider Miles en la mitad misma de la nada misma, que no había tenido un apellido propiamente dicho hasta hacía bien poco, y la pregunta era pertinente: esperaba a Kibai. Aquel mismo día se había dado cita con el mink por varios motivos.

El motivo principal de su preocupación, y el tema que había querido abordar desde antes incluso de que dejasen las ya lejanas costas de Drum —y que, en su preferencia por los climas fríos, Stroud echaba de menos más de lo que ningún oriundo de la isla jamás haría, seguramente— había sido la flagrante insubordinación del mink. Nada demasiado grave, claro; de lo contrario, ya se hubiesen adoptado medidas disciplinarias más serias que una charla. Sin embargo, la forma en que el mink había interferido directa y deliberadamente con la actuación del Comandante había sido suficiente como para encender algunas alarmas en el metódico y protocolario cerebro del joven Marine. Su trato personal apenas había variado, claro; para él, Kibai, como Bertram y Moja, era un amigo, además de un compañero de trabajo, una categoría en la que Stroud rara vez encasillaba a nadie. Sin embargo, también era consciente de que, en un grupo de trabajo (y la División 60 era, a fin de cuentas y ante todo, un grupo de trabajo) era fundamental que reinase la disciplina ante toda circunstancia, más allá de las relaciones personales entre sus miembros, sobre todo si se trataba de una maquinaria que se pretendiese mantener engrasada. Esta era una cuestión que Stroud había omitido al anunciar a Bertram y Moja que se encontraría con Kibai en aquel punto específico, por una simple cuestión de no enrarecer el ambiente y de que, al fin y al cabo, tampoco era el fin del mundo.

En toda honestidad, la razón principal por la que se habían dado cita en aquel lugar olvidado por los mismos dioses, si es que alguna vez supieron de su existencia, era otra: entrenar. En aquellas circunstancias, se daba la casualidad de que ambas razones podían casar una con la otra, si bien el Marine no quería que aquello se convirtiese en una especie de lucha por el liderazgo. Este venía por el rango, y se mantenía con la experiencia y el trabajo. Las habilidades del leopardo, en su última demostración en las tierras níveas de la lejana Drum, había impresionado a Stroud, que jamás había llegado a pelear seriamente con ninguno de sus compañeros en una sesión de entrenamiento, más allá de algún sparring casual de los que practicaban periódicamente con tal de mantenerse en forma. Combatir mano a mano, combatir de verdad —aun sin el deseo de herir de gravedad, claro—, era la mejor forma de familiarizarse con el estilo de cada cual, más allá de la fría observación y el rígido análisis que uno pudiese hacer durante o después de una misión, estando de servicio. Y podía ser, naturalmente, una forma de fomentar la camaradería que, en opinión de Stroud, necesitaban los Marines en los tiempos que corrían.

Se acercaba la hora, y el Mink no tendía a ser impuntual. Stroud se puso en pie sobre la roca y, con pesadez, se dejó caer sobre la arena, aterrizando sobre la misma y provocando esta se levantase con el impacto y formase una efímera nubecilla bajo sus botas. Suspirando, y, tras echar un vistazo al horizonte para ver si lograba distinguir la característica silueta del mink aproximándose en la distancia, bajó la mirada hacia sus muñecas, al tiempo que comenzaba a ceñirse las correas de sus guantes, cerrando los ojos por un instante y enfocándose, limpiando su mente de todo lo demás.



Off
#2
Hacía calor.

Mucho calor

Aquella condenada isla era lo más parecido a un horno que Kibai había encontrado de todos los lugares que el mink había tenido la oportunidad de visitar. El clima era medianamente soportable cerca del mar, dónde la temperatura se regulaba a duras penas gracias a la cercanía de la gran masa de agua. Pero bastaba con alejarse unos kilómettros hacia el interior para que Arabasta lo golpease a uno con toda su fuerza. Las dunas del desierto que parecían infinitas resplandecían a la luz del sol, provocando que el aire temblase, lo que por lo que Kibai había escuchado de los lugareños, podía ser muy peligroso, pues la combinación del aire distorsionando el horizonte y el intenso calor producían ilusiones a los caminantes.

De todas maneras, todo aquello no importaba en ese momento. Kibai, aún en el Royal se remangó su camisa blanca por encima de los codos y recogió su equipo, ajustando el cinturón con Arashi y Raimei, antes de pasar por la bodega y recoger dos cantimploras que había llenado aquella mañana y que mantenía sumergidas en el agua del mar. Al izar los cabos que las sujetaban, el mink no pudo evitar esbozar una sonrisa. Por mucho calor que hubiese en la supeerficie, bastaba con sumergir los recipientes unas cuantas brazas para que estuviesen frescas como si hubiesen sido recién llenadas con agua de manantial.

Apresurándose para evitar que el agua se recalentase de nuevo, Kibai saltó de la cubierta del Royal Quiver. Cerrando los ojos un momento, aspiró por la nariz aquel aire caldeado, hasta que encontró lo que buscaba, el característico olor a tabaco de pipa que Stroud fumaba. El mink se preguntó si su comandante sería consciente de lo sencillo que resultaba ahora para él saber si andaba cerca o de si había pasado por algún sitio del barco en concreto.

— O de si, como en este caso me está esperando en algún lugar — pensó mientras sus pies se hundían en la arena. Aunque al principio había resultado un problema, el mink no había tardado demasiado en acostumbrarse al ardor de la arena del desierto, aunque echaba de menos algún árbol decente en el que tumbarse.

Tras una breve caminata, Kibai divisó la figura de Stroud, recortándose contra el sol poniente encima de una roca. Tensando brevemente las mandíbulas, recordó el episodio de Drum. Ni el joven humano ni él habían vuelto a sacar el tema. Aún siendo consciente de lo que había hecho y que su consciencia estaba tranquila al respecto, era algo que aún estaba pendiente de solventarse.

— Y no es que sea esta la peor manera ni mucho menos — pensó de nuevo para si Kibai mientras se crujía el cuello con una mano. Obviamente él y Stroud tenían un punto de vista diferente, o lo habían tenido en ese momento, ya que de normal la División solía coincidir bastante en su forma de pensar. De hecho, lo que había acontecido con Betrug había sido la primera vez, a memoria del mink, en el que las mentalidades de los marines habían divergido de manera clara.

A medida que se acercaba, pudo ver como Stroud bajaba de un salto de la roca, ajustándose los guantes. Sonriendo para si , el mink negó brevemente con la cabeza. Parecía que la cosa iba a ser seria. A pesar de que consideraba al joven humano un amigo y un miembro de su manada (cosa que se extendía a Moja y Bertram, lo cual era sorprendente tratandose el arquero y el propio Stroud de Minks inferiores), Kibai sabía lo fuerte que era su adversario, y que refrenar su hoja sería tanto una falta de respeto hacia su comadante como un claro error.

Cuando llegó junto al joven, Kibai hizo un breve gesto de saludo con la cabeza, antes de lanzarle la cantimplora con agua que por suerte aún seguía fresca gracias a las profundidades del mar.

— Lo primero es lo primero. Ninguno debe pasar mucho tiempo por aquí sin beber adecuadamente, señor.

La caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
#3
Finalmente, la figura de Kibai se hizo visible en el horizonte, mientras el leopardo se aproximaba al punto de encuentro acordado allí mismo, en mitad de aquella nada abrumadora. Para cuando el Mink hubo llegado hasta allí, Stroud ya se había terminado de ceñir los guantes tachonados, y, viendo las armas que colgaban del cinturón de Kibai, resultó evidente que ambos acudían a aquel encuentro listos para darlo todo. Stroud apreciaba que el mink, como le era habitual, no se anduviese con medias tintas. En su cabeza no había resentimiento más allá de la regañina que consideraba necesaria, sino emoción por la adrenalina del combate que se avecinaba. Kibai era un luchador diestro, rápido y, sobre todo, con grandes intuiciones para el combate, algo más escaso de lo que pudiese parecer en un mundo como el de la Marina, en el que era habitual limitarse a lo aprendido y a aplicar protocolos de forma mecánica, en lugar de aprender a improvisar y fluir con el ritmo dictado por la pugna.

Stroud cazó la cantimplora al vuelo, haciendo un ademán de apreciación con la cabeza y esbozando una sonrisa. "Buenas tardes," dijo, desenroscando metódicamente el tapón y dirigiendo la cantimplora a sus labios resecos, dando un par de tragos de agua antes de continuar, "puntual como de costumbre. Gracias," agradeció antes de dar otro par de tragos. Estaba seco como un bacalao, después de tan solo aquel rato expuesto al calor del desierto, incluso si el sol se encontraba desde hacía rato bien lejos de su cénit. Cada gota de agua se convertía en una auténtica revitalización, como regar una planta marchita que lleva varios días al sol. Cerró la cantimplora de nuevo, colocándola sobre la roca que permanecía a su lado, antes de adoptar una posición más formal y, al mismo tiempo, combativa, como era su estilo, situando sus manos detrás de su espalda y abriendo ligeramente la distancia entre sus pies, clavados en el suelo de arena. Una pequeña ráfaga de viento recorrió el desierto, levantando pequeñas volutas de arena que se alzaron sobre el suelo, proyectando sus sombras momentáneamente antes de volver a desvanecerse.

"No hace falta decir, soldado Kibai, que he observado un problema de insubordinación recientemente, durante nuestra última labor en Drum," dijo, abordando finalmente el elefante en aquella figurativa habitación y absteniéndose de mayores rodeos, comenzando a caminar reflexiamente, manteniendo su postura marcial. De una manera que podría haber pasado desapercibida para un oyente casual de aquella conversación, se había referido repentinamente a Kibai con su rango, como hacía en situaciones de trabajo u oficiales, en las que mencionar el rango de un compañero de la Marina era una cuestión de protocolo básico que jamás debía saltarse. Su tono era el habitual, con aquella voz monótona, inquebrantable y serena, pero su ademán y su forma de dirigirse al mink había pasado a ser la de un comandante, no la de cualquiera que mantuviese una charla con el leopardo. Es decir, era una forma de demarcar lo que pasaba a convertirse en una conversación oficial, o casi, en la mente de Stroud. "Seré claro: acabar con la vida de aquel despojo formaba parte de mi plena potestad. Interferir de forma directa y deliberada con la acción de un oficial de servicio puede ser motivo de apertura de expediente disciplinario," razonó, por lejana que se le antojase a él mismo la posibilidad de adoptar medidas disciplinarias, si bien servía para remarcar la gravedad que percibía en los hechos acontecidos. "Y no, no se puede argüir que hubiese dejado de ser una amenaza por estar fuera de combate," se adelantó, profundizando en su razonamiento, "y más cuando la División 60 constituía la única presencia tangible de la Marina en la isla, y cuando la Guardia Real ya había demostrado poder ser sobrepasada por un tipo con esas ínfulas. Una decisión así, simplemente, queda fuera de tus competencias, y no lo estará en la próxima ocasión. ¿Me explico?," inquirió con seriedad. Consideraba que no era necesario darle más vueltas de la cuenta al asunto, ya que el Mink era, a su juicio, más que consciente de cuál había sido exactamente el problema. Ser un Marine era, en último término, servir.

Apenas dejó pasar un instante antes de detenerse en su paseo, situándose a unos quince metros de Kibai, clavando sus pies sobre la arena con firmeza. Como si hubiera dado por terminada la parte más serie de la conversación, su pose adoptó una forma ligeramente más combativa, a medida que sus rodillas se flexionaban ligeramente sobre sí mismas y sus manos abandonaban la forma en que se habían entrelazado tras su espalda, colocándose en guardia, en puños cerrados ligeramente por debajo de la cara. "Bien," dijo, dando carpetazo al asunto, "comencemos." No pudo evitar esbozar una sonrisa de anticipación, asintiendo rápidamente con la cabeza y dando por iniciada la sesión de entrenamiento formalmente —claro—.

Manteniendo al Mink fijo en su mirada, saltó como un resorte desde su punto de partida, dejando tras de sí una pequeña nubecilla de arena que se levantaba a su paso a medida que retraía su brazo derecho y su mano comenzaba a recubrirse de un mochi que circulaba a través de su brazo, materializándose y condensándose sobre sus nudillos, en anticipación al ataque que iba a efectuar. Finalmente, en el preciso instante en que se encontró a tiro del leopardo, en el momento en que el mink estaba a la distancia oportuna y su mano adoptaba la forma de una especie de martillo de mochi, dirigió su puño hacia la sien izquierda de Kibai, en un movimiento vertical y descendente, en el que la cabeza del martillo impactó contra la sien del mink, justo por debajo de su oreja. "¡Hammerfall!," exclamó simultáneamente a medida que el martillo golpeaba al mink a gran velocidad, justo antes de terminar de encadenar su movimiento con un salto hacia atrás, tomando impulso con la misma inercia producida por la potencia de su golpe y desplazándose, de un único salto, hasta el mismo punto de partida del que había salido instantes atrás, manteniendo al leopardo bajo su mirada en todo momento.

Aquella había sido una forma de tantear el terreno por parte de Stroud, una forma de comprobar la capacidad de reacción del mink, de medir a su adversario, antes de que la lucha, como era previsible, se encarnizase. Resultaba innegable que, para el humano, medirse con uno de sus propios hombres era indudablemente más emocionante, y más estimulante, que limitarse a un entrenamiento en solitario o un combate contra algún donnadie como Betrug, pero era importante no lanzarse a la piscina, y no cometer errores de cálculo era una parte importante de cualquier combatiente que se preciase y estuviese dispuesto a poner su vida en riesgo en una situación de combate real.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3725 + 0 = 3725
Energia: 3278 - 391 = 2887
Espiritu: 850 + 0 = 850
#4
Kibai dio un trago a su propia cantimplora, antes de dejarla caer sobre la arena, dónde se hundió con un seco zunc. El mink escucho pacientemente las palabras de Stroud, con la mandíbula levemente tensada. Si bien lo que decía podía tener su sentido, y el propio Kibai entendía las razones de haber querido ejecutar a Betrug, todo su ser le gritaba que había hecho lo correcto. Aquel hombre ya no era una amenaza para nadie, no en el estado en el que había acabado tras su cruenta lucha contra la División 60, y era la oportunidad perfecta, al menos a la vista de sus ojos, para que el rey y su guardia recuperasen la confianza de la población de la isla. Aún más cuando de manera habitual eran lo único que podía proteger a sus habitantes de escoria pirata y criminales como Betrug y sus secuaces.

Sin embargo, tal vez su propa visión a largo plazo estuviese equivocada, y a juzgar por las palabras de su comandante, este pensaba que así era. Pero Kibai, pese a su espíritu libre que sabía era imposible que lo abandonase de todo, también había decidido servir a la bandera que llevaba a su espalda.

— Y eso acaso no te da derecho a pensar por ti mismo, acaso? — le dijo su vocecilla interna que solía adoptar el tono del diminuto oficial de cubierta del Swift. — Debes de ser una mera herramienta sin voluntad, criterio ni poder de decisión?


— No. No lo seré. — se contestó a si mismo Kibai. — Pero el comandante tiene razón en algo, soy un soldado. Si quiero tener la capacidad para poder enfrentarme a alguien, debo mejorar. Ya va siendo hora de ganarme los galones.

— Una decisión así, simplemente, queda fuera de tus competencias, y no lo estará en la próxima ocasión. ¿Me explico?

El tono monocorde de Stroud le sacó de sus pensamientos. Kibai clavó su mirada en el joven rubio, frunciendo levemente el entrecejo.

— Cristalino, señor.

El remarque del mink de su última palabra fue bastante menos obvio que el de Stroud al referirse a él como soldado, aunque ignoraba si su superior lo había percibido o no.

Cuando Stroud se dispuso a comenzar su entrenamiento, Kibai dejó caer su capa y desenfundó a Raimei, preparado para el combate. El comandante no perdió el tiempo y se lanzó hacia el, y pese a que la trayectoria de su aproximación fue claramente discernible para Kibai, en el último momento el puño de Stroud cambió su trayectoria e impactó contra su sien sin que pudiese desviarlo a tiempo.

El golpe le sacudió la cabeza de lado a lado, frenando en seco su brazo, aunque no lo suficiente como para hacerle perder de vista a su objetivo. Stroud, tras golpearle, retrocedió de nuevo a su posición inicial.

— Con que esas tenemos eh? — pensó el mink mientras escupía por su hombro derecho en la arena. Agitando a Raimei en un vigoroso molinete, se sorprendió al notar que sus extremidades respondían algo más lento de lo habitual. Sin duda, el trallazo de Stroud había tenido algo que ver.

— Pues vamos allá...

Kibai flexionó levemente las piernas y se impulsó hacia delante, cruzando toda la distancia que lo separaba de Stroud de un solo salto. A medida que el aire silbaba a su alrededor, el mink enfiló la punta de la espada en su objetivo, tomando inercia con su brazo derecho para asestarle una poderosa estocada al joven. Kibai sabía que el primer indicio de todo luchador cuerpo a cuerpo es mantener la guardia alzada para proteger tanto su rostro como las zonas vitales de su torso, así que varió levemente la trayectoria de su espada y ejecutó un ataque hacia abajo.

¡¡¡Denkō Senshi!!!

La punta de Raimei atravesó a Stroud a través del muslo derecho. Sonriendo, Kibai varió levemente el agarre de la espada para deslizarla hacia fuera, arracando un chorro de sangre a su salida. Girando sobre si mismo, Kibai mantuvo a Raimei delante de él a medida que retrocedía otros doce metros hasta situarse en guardia, listo para el siguiente golpe de su comandante.

La caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3109 - 704 = 2405
Energia: 2775 - 392 = 2383
Espiritu: 940 + 0 = 940
#5
Stroud contempló cómo el mink recibía su envite, con una entereza que lo enorgulleció. Lejos de retroceder o acobardarse ante el golpe, Kibai lo había encajado bien, si bien aquello le pasaría factura, más de la que pudiese esperar. El Marine se había asegurado de golpear con la suficiente potencia como para castigar las estructuras de su cráneo, lo cual, con toda certeza, no haría sino complicarle un poco más el combate. Y así parecía ser; la felina rapidez, y, sobre todo, la fluidez y gracilidad de los movimientos de las que el mink solía hacer gala habitualmente parecían visiblemente desmejoradas, incluso en un gesto tan simple como escupir sobre la arena tras el golpe, o cuando comenzó a girar a la brillante Raimei en su zarpa. En el campo de batalla, a menudo era sencillo subestimar los daños secundarios que un golpe en la cabeza podía acarrear consigo, aquello que no se tradujese como un daño directo o un dolor capaz de desestabilizar al combatiente, incluso más allá de la inmediatez del impacto, y el propio Stroud había vivido aquello mismo en el pasado, como bien le recordaban algunas de las cicatrices que se repartían por su cuerpo.

En lugar de amilanarse, como Stroud se había temido, el mink pareció tan determinado a iniciar el combate como había esperado, para su alivio. Después de efectuar aquel movimiento con su espada, el Mink se lanzó en su dirección, buscando recortar distancias con un potente salto que dejó sus huellas marcadas sobre las arenas del desierto, a medida que, haciendo una floritura con su hoja en el aire, se acercaba al rubio. En efecto, su velocidad parecía mermada, y la gracilidad de sus movimientos aparentaba un cierto cansancio o malestar, probablemente fruto del golpe que le había propinado, lo que resultaba en una confirmación de la efectividad de aquel primer ataque. Sin embargo, Stroud era consciente de que no debía dejarse engañar por algo como aquello; el Mink, por lo que había comprobado durante su trabajo junto a él, llegaba a ser, cuanto menos, temible en las distancias cortas, y una hoja como la de Raimei era, sin margen de error, algo de temer en aquellas zarpas moteadas. Sus ojos grises permanecieron clavados como dos faros en el mink, cuya trayectoria pudo seguir con claridad, incluso en aquella penumbra incipiente que empezaba a formarse en el desierto bajo sol del ocaso.

"Ah, no, nada de eso," musitó Stroud para sí, contemplando cómo Kibai se dirigía hacia él con su espada en ristre y temiéndose lo que estuviese planeando aquel navajero mink. "Nada de eso, soldado," reiteró entre dientes, esbozando una sonrisa, al mismo tiempo que flexionaba sus rodillas sobre el suelo. Bajo sus ropajes, a través de su piel, el mochi había empezado a circular hacia su tren inferior, formando una especie de red que se condensaba en torno a sus rodillas, sus cuádriceps y su área lumbar. Apenas tardó un instante en, habiendo comprimido su cuerpo ligeramente sobre sí mismo, saltar en la dirección exacta de Kibai, buscando su intercepción inmediata. "¡Speedfreak!," exclamó, sus ojos clavados sobre su rival y haciendo un cálculo rápido de la parábola que proyectaba en su recorrido, a medida que él mismo despegaba del suelo a la suficiente velocidad como para provocar que la arena se levantase en una gran polvareda al cabo de unos instantes, saliendo disparado como una flecha y desapareciendo de los ojos de su compañero.

En un abrir y cerrar de ojos, y aproximándose con  en el punto que había sido capaz de estimar, comenzó a retraer su brazo derecho, aún en pleno salto, de forma que a través del mismo comenzase a circular de vuelta una gran cantidad de mochi. Lentamente —es un decir—, este comenzó a cubrir varias partes de su mano, generando extraños patrones sobre su piel y dándole una apariencia viscosa y densa, mientras esta se movía hacia atrás en una toma de inercia, anticipando el próximo golpe. En el preciso instante en que pasó a estar lo suficientemente cerca de Kibai, y mientras aún avanzaba centímetro a centímetro hacia él, en un ejercicio activo de coordinación como el que le requería desplazarse a aquella velocidad, su mano derecha golpeó la zarpa con que Kibai sujetaba su espada. "¡Spider Lilly!," exclamó mientras su puño impactaba sobre el dorsal de la mano del mink, golpeando con la suficiente fuerza como para que los metacarpianos perdiesen parte de su tensión y dejasen escapar a Raimei de entre sus dedos, dejando que se deslizase y cayese al suelo bajo los luchadores, unos tres metros más abajo, a mucha mayor velocidad de lo que lo harían ellos gracias a su escaso rozamiento con el aire. De inmediato, y mientras ambos comenzaban a precipitarse, Stroud continuó con la culminación de su ataque, propinando una patada en la guarda de Raimei en la propia dirección de su salto, antes de que esta se alejase lo suficiente y provocando que esta saliese disparada a unos cinco metros, cayendo sobre la arena y clavándose sobre la misma con un ¡thump!



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3725 + 0 = 3725
Energia: 2887 - 535 = 2352
Espiritu: 850 + 0 = 850
#6
Tal y como había supuesto Kibai, sus miembros aún acusaban el primer golpe de Stroud y el mink pagó con creces aquel contecto inicial. El joven rubio le salió al paso en medio de su salto, impulsado por la misma técnica que le había visto usar contra Betrug. El golpetazo de Stroud fue directo contra la mano en la que empuñaba a Raimei, haciendo que a causa del impacto su agarre se aflojase lo suficiente como para deslizar la hoja lejos de su alcance, a la vez que una fuerte sacudida invadía el brazo de Kibai.

Como había pasado en otras ocasiones, la mirada de Kibai se desenfocó momentáneamente, viendo como la hoja caía dando vueltas hacia la arena que había bajo sus pies. Sin embargo aquella visión no duró mucho pues el pie del comandante apareció de repente, pateando la hoja lejos de su alcance hacia la espalda de Kibai.

Aquello encendió algo dentro del mink. No, podía soportar ser golpeado, podía soportar ser aleccionado acerca de lo que un Marine debería hacer o no, de en qué situaciones debía mantenerse al margen y de cuales no, incluso de la manera en la que debía aderezar un plato.

Nadie pateaba a Raimei.

Dedicando un fugaz pensamiento de agradecimiento a Bertram, el mink activó su Electro, notando como sus miembros entumecidos comenzaban a despertarse, a la vez que todo su alrededor se clarificaba en bordes más angulosos y definidos. Dándose cuenta de que estaba en una posición perfecta, llevó su mano derecha rapidamente hacia la empuñadura de Arashi en un agarre invertida y de un solo movimiento apenas sus pies tocaron tierra a la vez que los de Stroud, descargó un tajo ascendente cubierto de chispas azules con su segunda arma directamente a la barbilla del joven marine.

¡¡¡Gekko no Issen!!!

Sin pararse ni un segundo a pensar y confiando en su instinto que le gritaba con fuerza que continuase con la misma estrategia, Kibai ajustó el agarre de Arashi y dirigió dos nuevos cortes hacia ambas manos de Stroud.

¡¡¡Getsui Zangeki!!!

Los golpes de su hoja tenían un objetivo concreto, las cinchas de cuero ajustadas que protegían los cierres de los guantes. Para su alegría, ambas prendas se soltaron con el golpe, siendo atrapados por Kibai al vuelo con su mano libre antes de retroceder de un salto hacia atrás. Puede que estuviese a su espalda, pero seguía siendo su acero. Raimei estaba tan impregnada de su propio olor que hubiese podido encontrarla en cualquier lado sin vacilar y con los ojos vendados. Aterrizando con suavidad al lado de su hoja, dejó caer los guantes de Stroud a sus pies, recogiendo la hoja de Raimei, intercambiandola con la de Arashi en su lugar, viendo alegremente como las familiares chispas azules volvían a danzar por el acero.

La caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2405 - 811 = 1594
Energia: 2383 + 9 = 2392
Espiritu: 940 + 0 = 940
#7

Apenas hubo alejado a Raimei de sí, haciéndola caer sobre la arena, el joven Marine comenzó a producir una elevada cantidad de mochi, que se reconcentró en su puño izquierdo a medida que este se comprimía sobre sí mismo como un gran muelle. Stroud era consciente de que patear aquella espada era una de las pocas cosas en el mundo que podrían hacer enfurecer al Mink, y era algo que normalmente jamás habría hecho, puesto que sabía que, en algunas culturas, los espadachines (y también los no espadachines) guardaban gran veneración por sus armas. Sin embargo, la ocasión y el espíritu didáctico de aquella sesión de entrenamiento habían requerido que, por un instante, el leopardo se separase de su preciada hoja favorita, y ver qué podía hacer cuando se cumplía la peor pesadilla de cualquier espadachín que se preciase. Sabía que Kibai podía ser enormemente rápido, más de lo que uno pudiese imaginarse, en el combate a cortas distancias, y era consciente de que debía actuar con presteza. No se le había escapado en ningún momento que su compañero de entrenamiento había acudido hasta aquel paraje con una segunda espada, preparado para ocasiones como aquella, y de que no tardaría en empezar a sacar armas que podrían ponerlo en un buen aprieto. Sin embargo, el mink podía pecar, en ocasiones, de sobreestimar las habilidades que le garantizaba su naturaleza —algo de lo que el mismo Stroud adolecía—, y aquel era un error que podría pagar caro en situaciones más peligrosas.

"¡Strength Beyond... Strength!," exclamó el rubio con fiereza, cuando hubo sentido que era el momento oportuno para continuar con su batería de ataques. En el preciso instante en que estaban a punto de alcanzar el suelo, el puño de Stroud ya se había retraído lo suficiente dentro del interior de su brazo, endureciéndose y tensándose, y salió despedido hacia la sien derecha del musculado Mink, impactando sobre el mismo e, incluso, provocando que el leopardo saliese despedido por una corta distancia, alejándose de él y precipitándose contra el suelo. Al mismo tiempo, y aprovechando su toque con el —poco confiable— suelo de ardiente arena del desierto, flexionó las piernas y dio un pequeño salto en la dirección opuesta al tiempo que mantenía sus pétreos ojos clavados en su adversario, aterrizando tan solo a un par de metros de dónde había caído originalmente y provocando la dispersión de una pequeña polvareda de arena a su alrededor, tomando una cierta distancia con el mink.

Aquel entrenamiento estaba resultando mucho más estimulante de lo que había estimado en un primer momento, y estaba seguro de que podría apretar al Mink lo suficiente como para provocar que diese lo mejor de sí. Tal vez, en parte, fuese aquello lo que lo había motivado a arrebatarle su preciada Raimei, que descansaba ahora sobre la arena, reflejando en su hoja de acero el sol carmesí del ocaso: ver qué era capaz de hacer. "Vamos, soldado Kibai," dijo en su tono siempre imperturbable, como un entrenador que busca sacar el máximo rendimiento de un atleta, "demuéstrame de qué eres capaz." Sabía que había más, mucho más, en aquel leopardo de lo que estaba dejando ver. A unos tres metros de distancia de donde reposaba ahora el mink, Stroud observaba fijamente a su compañero de División, esperando a ver cuál sería su siguiente movimiento. ¿Iría a por su espada, se lanzaría a por él con furia gatuna, esperaría pacientemente, o, por otro lado, intentaría algo innovador que rompiese sus esquemas?




Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3725 + 0 = 3725
Energia: 2352 - 331 = 2021
Espiritu: 850 + 0 = 850
#8
El golpe de Stroud llegó antes de que siquiera sus pies tocasen el suelo. Kibai, que estaba en proceso de aterrizar de nuevo en la arena recibió un golpe que lo despazó un metro hacia su izquierda, habiendo sido deprovisto de Raimei e incapaz de haber alcanzado a tiempo la empuñadura de Arashi para tratar de desviar el golpe de su rival. Con el comandante desplazándose en sentido contrario, el mink plantó ambos pies en la arena, aspirando profundamente el recalentado aire del desierto, rastreando su propio olor en el ambiente. Por fortuna el llevar a Raimei consigo tan a menudo tenía sus ventajas. Por el rabillo del ojo, un destello en la arena acabó por ubicar su posición.

Tras desenvianar a Arashi, apretando los dientes, infundió con el Electro sus músculos, dando un salto hacia atrás, cayendo agilmente junto a Raimei, agarrándola con la mano derecha al mismo tiempo que sus piernas volvían a impulsarse para surcar el aire, en dirección a Stroud, con la hoja de la espada lista para interceptar una posible salida al encuentro del joven rubio.

En cuanto estuvo al fin al alcance, los músculos tensos de Kibai se dispararon como un tirachinas, lanzando una poderosa estocada contra el hombro derecho de Stroud.

¡¡¡Denkō Senshi!!!

En cuanto notó que el golpe conectaba, Kibai giró sobre la empuñadura de su espada, empleándola como punto de apoyo para asestar una patada extendiendo sus garras traseras directamente contra el rostro de Stroud, antes de, en gran parte por la propia inercia del salto que había dado, arrancar la hoja de su hombro y continuar su desplazamiento hacia la espalda del comandante, finalizando con un tirabuzón firmemente asentado en la arena, empleando su mano libre para frenar su impulso a escasos dos metros de su adversario, irguiéndose en una posición de guardia, listo para lo que le pudiese venir a continuación.

La caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1594 - 764 = 830
Energia: 2392 - 257 = 2135
Espiritu: 940 + 0 = 940
#9
Stroud inspiró hondo, en expectación, viendo cómo encajaba el golpe que acababa de recibir, y que lo había arrastrado a través de la arena. Como de costumbre, el mink era rápido a la hora de pensar en pleno combate, sin importar lo crítico de la situación. No era la primera vez que demostraba cuán resolutivo podía llegar a ser, y ese era un rasgo que Stroud admiraba de él, su capacidad para no dejarse llevar y continuar en movimiento, fueran cuales fueran las circunstancias, lo cual podía contribuir a arrollar a otros combatientes. El mink lograba moverse ahora, de forma aún más impresionante, con la velocidad y la gracilidad que siempre lo habían caracterizado, y se volvía evidente que era el tipo de luchador que se crecía ante las adversidades. A Stroud no le sorprendió ver la forma en que pareció haber detectado el actual paradero de Raimei, que esperaba, clavada en la arena, a que las zarpas del mink volviesen a posarse sobre su empuñadura.

Mientras Kibai emprendía su enésimo salto en dirección hacia la espada, Stroud, contemplándolo con solemnidad e interés a partes iguales, dio un salto hacia detrás con tal de mantener sus distancias, manteniendo sus ojos grises clavados en él, contemplando al mink bajo su atenta mirada y desplazándose unos quince metros hacia atrás, alejándose tanto de Kibai como del punto en que lo esperaba Raimei. Mientras el mink volvía a tomar su arma y se disponía a saltar de nuevo, Stroud aterrizaba en el suelo de arena tras su breve salto, encontrándose a unos veinte metros de Raimei. En el preciso instante en que impactaba contra la arena, sus piernas golpearon con fuerza el suelo, aterrizando con pesadez y produciendo una pequeña nube de arena a sus pies, al mismo tiempo que sus extremidades comenzaban a cubrirse de una capa de viscoso mochi que parecía extenderse de forma ascendente por su cuerpo, formando un patrón de extrañas espirales sobre su superficie que se volvía plenamente visible en sus brazos, que en esta ocasión no se encontraban tapados ni por su uniforme ni por ninguna camisa de manga larga.

"¡And Justice For One!," exclamó el Marine, frunciendo el ceño, a medida que aquel críptico patrón se terminaba de asentar y consolidar sobre sobre la superficie de su piel, al mismo tiempo que Kibai continuaba avanzando en su dirección, "¡veamos qué más tienes! ¡Vamos!". Stroud se preparó para recibirlo de frente, pero algo llamó su atención. Por la forma en que se desplazaba en la parábola de su salto, daba la impresión de que no llegaría. Alzó una ceja, tensionando su cuerpo ante cualquier cosa rara que pretendiese llevar a cabo el mink, y colocó sus puños en guardia, justo bajo su cara, mientras lo observaba con curiosidad. ¿Qué pretendía hacer? Existían varias posibilidades, según razonó Stroud, mientras su cerebro trabajaba a toda máquina por desentrañar las acciones de su compañero. Podía haber sido un fallo de cálculo, claro, o podría haber sido también parte de una táctica algo más prudente. En la quietud del desierto, en la que nada rompía el silencio, a excepción de algún ave carroñera que pasaba puntualmente por el cielo o alguna pequeña brisa recorría las dunas, Stroud observó con paciencia cómo Kibai aterrizaba sobre las huellas que él mismo había dejado sobre la arena al saltar instantes atrás.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3725 + 0 = 3725
Energia: 2021 - 397 = 1624
Espiritu: 850 + 0 = 850
#10
Kibai aterrizó con ambos pies en la arena, encarando a Stroud, el cual se había movido unos cuantos metros lejos de su alcance inmediato. El mink observó como el joven rubio había activado la misma técnica que había usado contra Betrug en Arabasta, y sus brazos  estaban ahora ligeramente más abultados, cosa visible sin problemas debido a la indumentaria que había elegido vestir en Arabasta. Los ojos verdes de Kibai se clavaron en los de Stroud a la vez que apuntaba con Raimei hacia él y las chispas del Electro lo envolvían.

A continuación, la risa de Kibai cruzó el espacio entre ambos, rompiendo el silencio como un trueno en medio de una tormenta. El Electro abandonó el cuerpo del mink , y la guarda de Raimei chocó contra la vaina con un golpe seco. Crujiéndose a un lado y al otro el cuello, fue caminando directamente a dónde había dejado su cantimplora, para echar un largo trago antes de girarse de nuevo hacia Stroud.

— Le felicito, señor. Está claro que el viaje desde Drum no le ha oxidado las tuercas, pero está claro que no tiene sentido seguir con esto, y la verdad, me gustaría volver por mi propio pie al Royal, tengo muchas cosas que hacer aún, y al amanecer debo salir en busca de algo que por lo que he oído, nos vendrá bien a todos.

Haciendo una leve inclinación de cabeza en señal de respeto hacia el comandante, el mink se giró en dirección hacia dónde la nave estaba atracada.

— Y gracias por el entrenamiento! Ya lo repetiremos en otra ocasión!

La caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 830 + 0 = 830
Energia: 2135 + 36 = 2171
Espiritu: 940 + 0 = 940


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