¡No quiero asustarte pero debemos ir al fondo del mar! :: Privado :: Pasado
#1
Tongue 
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Dia 70 de Verano, Año 16.
8:27 p.m.
En algún lugar del Mar.
Alrededor de la Isla Karate.

Debía ir a un lugar…
Tenía que ver con arroz…
Había un malvavisco ahí…

Su mente apagada, en completa oscuridad, a pesar de estar consciente de ello. Los parpados le pesaban, y aunque intento abrirlos no pudo. El limbo en el cual se encontraba suprimió todos sus sentidos. ¡Qué fácil dejarse llevar! En los brazos azabaches del letargo. Se sumergió sin oposición, siendo transportada a una vorágine de recuerdos distorsionados, entremezclando la realidad con la fantasía.

Se vio así misma en la pecera del burdel dónde la encontró Ashveil, drogada y tan ajena a su naturaleza risueña, llena de moretones y mordidas, algunos hombres podrían ser unas bestias... que bien lo sabía su cuerpo. Burbujas salían de su boca, en cada una de ellas imágenes lejanas: manzana, cangrejo, caña de azúcar. No parecía tener sentido, pero su pecho revoloteó. Esas tres palabras escondían la felicidad más absoluta de su alma, el sueño mejor cuidado de su mente, el dolor más grande de su corazón.

Kassandra.
Tu luces como alguien que tendría ese nombre ¿No te parece bonito, pequeña?

La sonrisa, la voz neutra con un deje de algo asqueroso. Siempre tan clara, presente en sus pesadillas. Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal, el Capitán del Nenúfar, era su hombre del saco. Con la ancha sonrisa y ojos vacíos, el único que cortaba sus palabras, que la hacia temblar del miedo. Aprendió a moverse entre ellos, era eso o morir. Información traía, información llevaba… pero a veces, una sola mirada de algún extraño, lo llenaba de celos, de iría, la golpeaba, la maniataba, la ultrajaba… para luego castigarla, vendiéndola a otros, o dejándola creer que podía escapar de sus aletas.

¿Quieres escapar? Hazlo, inténtalo una, cien, mil veces, si eso te hace sentir viva pero siempre te buscaré, te encontraré y te arrastrare de regreso. Aprenderás por las buenas o por las malas, a dónde perteneces y sobretodo quien es tu amo.

Esa declaración, no fue lanzada al aire sin base ni propiedad. Él la cumplió, cada día de su vista hasta hace poco, el tritón regreso por ella… y siempre le hizo recordar quien era SU AMO.

La respiración de la joven se agito, en las tinieblas el terror la invadió, fue más fuerte que todo lo demás. Sus parpados al fin la obedecieron, levantándose para relevar los desconcertados orbes ámbar. Su cuerpo despertó, los sentidos iban diciendo HOLA. No podía enfocar la mirada en algún punto, pero si sentir cosas en su cuerpo. La boca seca, la lengua pastosa. Sus muñecas le dolían, al igual que los tobillos — Hmmp — gimió relamiendo sus labios mientras al fin lograba la claridad con su mirada.

Cajas, madera, una tenue luz alumbrando el lugar. ¿¡Una bodega!? Intento llevar sus manos a la cabeza, le daba vueltas, pero fue imposible, así descubrió que estaba atada a una especie de columna, sus piernas también estaban inmovilizadas, con ataduras en los tobillos. ¿Qué estaba sucediendo? Las memorias empezaron a superponerse, se vio así misma en el barco, vistiéndose para ir al Festival de la Cosecha del Arroz, versión segunda mitad del verano. Si, el festival que le resultó una idea divertida, y más aun porque, tal vez, se encontraría con el Malvavisco de ojos color "ciruelas".

Si, fue, a pesar de su nefasto sentido de la orientación llego al sitio, recorrió los stands con la expectativa de conseguirlo, de saber más sobre él… pero al comprar una bebida, al jugar un juego, todo lo demás se puso borroso. ¡La drogaron! ¿Cómo pudo ser tan despistada? Maki la regañaría, Ashviel negaría con la cabeza, Jensen la golpearía en la cabeza, Algodón de Azúcar suspiraría. ¡Típico de María Merlot, terminar metida en problemas!

El vaivén de la bodega, y el olor a mar, le revelaban que estaba en un barco. ¿Cuánto tiempo estuvo desmayada? No lo sabía, pero debía salir rápido de ahí… tenía un festival al cual asistir. El sonido de voces y madera moviéndose, la alerto sobre la llegada de sus captores, cerro los ojos fingiendo que continuaba fuera de servicio.

Un golpe seco de algo contra el piso.
Risas.
Un elogio a su apariencia “… es hermosa”
Y luego nada.

Se fueron, el silencio reino. María abrió un ojo, luego el otro. No estaba sola, ahora compartía la bodega con un hombre, o un cadáver, esperaba que lo primero. Estaba amarrado también, pero a diferencia de ella, a él no lo ataron a la columna, sino que lo dejaron sobre la fría madera, tal vez pensaron que en su estado no sería un problema. La mestiza no era médico, pero podía distinguir sangre, y ese sujeto estaba sangrando… debajo de la cabeza ya había sangre corriendo.

— ¿Hola? — susurro buscando alguna reacción, algo que le dijera que aún estaba con vida — … por favor, no te mueras. No aquí en esta horrible bodega. Hay mejores lugares para morir, supongo, un restaurante de donas veganas podría ser uno. ¡Sobredosis de donas! Suena a una buena muerte para mí. O en la pista de baile, haciendo el twerking más intenso de todos los eiempos y que te lleve hasta la muerte… — empezó a hablar, su voz siempre alegre y encantadora, pero se distrajo en el flujo constantes de ideas que expulsaban los grillos en su cabeza — … ¿estas muerto? — pregunto mirando fijamente su espalda, pudo ver que subía y bajaba, respiraba y según Algodón de Azúcar esa era una buena señal — … Regaliz, parece que aun no mueres. No te preocupes, prometo que nos sacaré de aquí, y luego buscaremos una muerte más divertida, tal vez por sobredosis de arroz, de malvaviscos o de agua de mar... — bromeo soltando una suave sonrisa. Solo veía su cabello negro, lo cual le hizo pensar en los caramelos de regaliz, agridulces como su silencio sangriento.

María respiro hondo, no sabia como los iba a sacar de ahí, pero lo haría… lo acababa de prometer, y ella siempre cumplía sus promesas...



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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#2
OST


¿Que es ese sonido? ¿Por qué el mundo se mueve? ¿Que es lo que le hace a este flotar sobre una superficie sólida como la roca? Oh...no, no son rocas. Es la madera, ¿madera? Difícil le resulta al tacto, destrozado, su mente difusa, vagando en una maraña de absolutamente nada, navegando entre un vacío de oscuridad, un tunel sin salida que solo le lleva a perderse en la más profunda negrura, más negra que su cabello. Reconocer cada uno de sus sentidos...es una tarea extrema e infernal.

Nunca ha sido víctima ni testigo de nada similar. ¿Qué demonios le sucede? Su corazón palpita con debilidad, latiendo como si se desvaneciera y al mismo tiempo se aferre a lo más primitivo: el sentido de la vida.

Escueto en pensamiento, pues por una vez en su vida, se mente se encuentra en silencio. A cada segundo que pasa, el mundo se enciende, y cada poco que parece estar más cerca de despertar, se vuelve a apagar el destello de la claridad. Cae ante ese dulce y al mismo tiempo doloroso movimiento que lo acuna como niño. Ni siquiera puede llegar a la raíz de una palabra, una letra dibujada en su mente. Solo es la reacción de un animal que navega entre el final de su camino, y el seguir despierto en lo terrenal un día más.

Hasta que de pronto un susurro llega a su oído.

Aunque...
¿se le podía llamar así?

Era aquella procedente de una voz suave, dulce, aguda, ¿femenina quizás? No tiene la capacidad de discernirla. Bien podría pertenecer a un infante, quizás a una joven dama, o tal vez no resultaba en nada de eso. Quizás era su maldición, la idealización de la salvación en su estado natural; una guía del espíritu que lo encamina un lugar mejor...

El calor que se desliza por cada hilo de su cabello, nacido del centro de su cabeza, viaja hasta enfriarse por su cuello, su abdomen y perderse en las telas de su ropa. Poco a poco lo va sintiendo. Eso quiere decir...que no todo se encuentra perdido.

¿Quién es pues...aquel quién la llama?

Oh...
Una mujer.

Ahora lo reconoce; cada vez lo que parecía un susurro, no por el volumen de su dulce voz, sino por lo perdido que tenía sus sentidos, va recuperando claridad, todo en agraciada parte por esa persona.

Está de espaldas, mirando hacia el fondo de lo que aún sigue sin comprender de qué se trata. El movimiento que lo mece sigue presente, pero aquel que parecía acogedor se convierte lentamente en tortura, agonía para una persona que, débil como un moribundo, cree que no posee nada más que pueda llegar a perder, y sin embargo, aún no le han extraído lo que le queda en lo más profundo del alma, porque solo han sabido rasgar todo lo que se considera físico.

—Aaaagh.—Un quejido se libera de sus pulmones, una expulsión de aire que transmite dolor, mas muestra al mundo lo que para todos parecía casi imposible.

Aún. Sigue. Con vida.

Inmenso es el tiempo que transcurre mientras trata, con la fuerza de voluntad extraída de su vida pasada, presente y futura, de incorporarse medianamente para quedar sentado sobre su propia cintura, una postura corporal que no solo le resulta incómoda, maltratante, sino agónica y sufrida, como mil agujas de gran peso sobre sus hombros.

Intenta, poco a poco, y solo cuando por fin ha conseguido sentir de verdad que la vida aún no se le desvanece del cuerpo, darse la vuelta para observar aquel rastro de luz que lo llama, un ángel protector que le permite volver a sentir la conciencia de sus propios pensamientos.

—¿Quién....eres tú?—No es ninguna diosa, tampoco una niña, y no sabe discernir su rastro de humanidad, o de lo que la hace distinta. Tan solo ve en ella una pequeña salvación, un golpe de esperanza ante tanta oscuridad.—Y...¿qué...m-me ha pasado?

Entre los labios se cuelan rastros de un sabor ferroso. ¿Sangre? Oh, parece que ahora es consciente. Eleva sus manos hasta la cabeza, comprobando como, en un contacto húmedo y cálido, ligeramente desagradable, sus dedos se empapan de aquel rojizo  líquido, que poco a poco, por fortuna de aquel que lo cuida desde los cielos, o quizás del profundo abismo que lo rechaza...se va apagando hasta quedar taponado por su propia humanidad.

—¿Dónde...estamos?

Su cabeza retumba. El dolor desaparecido en su inconsciencia se hace denotar como castigo por mantener el corazón latiendo un día más. Puede que su cuerpo sea duro como el hierro, pero sigue sintiendo esa sensación tan característica de aquellos que buscan infligirlo: dolor.

Su mente vuelve a perder por un instante todo rastro de conciencia cuando casi se desploma al suelo, apoyando las manos sobre los tablones podridos por la sal y la marea, fruto de un barco con demasiada veteranía y poco mimo.

Es solo su sentido del deber, de la vida, del deseo y la ambición lo que le impide decaer hacia las profundidades una vez más. Se mantiene firme, a pesar de ver como sus fuerzas flaquean y le abandonan.

Ni siquiera ha podido oír ese dulce apodo.

Intenta levantar la vista, quizás por consideración a pesar de su situación, o tal vez porque una vista inocente le mantiene a salvo de perderse en el infinito vacío. Aquellos ámbares le dicen que debe seguir adelante sin transmitir una sola palabra, y lo busca, probando cada gota de ese sabor a vida que le ofrece, porque en estos momentos se aferra a todo aquello que le permita continuar.

—Qué tú...¿nos sacarás?—Incluso si hubiese alguien más, conecta todas las palabras en dirección hacia él.—Y...¿que te hace decir eso? Es que tú...¿tienes más libertad de la que poseo yo?

Vislumbra las cadenas, un pensamiento automático por costumbre, años de servicio que lo llevan a sentir que el captor es el fuerte, y la víctima la capturada. Esclavitud, quizás arresto...no. Definitivamente no estaban ahí por causas justificadas.

Espera...
¿no se acuerda?

Maldición.
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#3
Narrador / María Merlot



Las promesas siempre se cumplen…
Las promesas son inquebrantables…
Y ella acababa de prometer algo…

María acababa de hacer una promesa al hombre casi muerto, solo ella fue testigo de la misma pero eso no significaba que iba a incumplirla: JAMAS. Si había algo que tenía la mestiza, algo muy importante para ella en su esencia errática, era no dar esperanzas vacías… esos anhelos inalcanzables por diversos motivos: falta de voluntad, mentiras o simplemente crueldad. ¿Cuántas veces le prometieron salvarla? Demasiadas ¿Cuántas veces le fallaron? Todas… hasta que un hombre de ojos fantasmales sin decir nada, solo actuar, le demostró la excepción a la regla en su miserable vida.

La cuerda raspaba las muñecas de la mestiza, quien no dejaba de mover las manos atadas al poste para intentar soltarse. ¡Hyakinthos se iba a molestar con ella! Él detestaba verla herida, él parecía apreciar su salud más que nadie en el mundo… María suponía se debía a que fue el médico quien la trato en su peor momento, quien la trajo de nuevo a la vida, por eso se sentía responsable por ella realmente él solo lo hacia por ser una valiosa y rara espécimen que cruzaba lo mejor de la especie humana y las sirenas.

Aaaagh

La voz forzada y quejumbrosa del Regaliz la hizo paralizar sus intentos de soltarse, se enfocó en el bulto negro y sangrante. Sabia que estaba vivo por el movimiento en su espalda, el subir y bajar de la respiración, sin embargo, escucharlo y confirmarlo le dibujó una pequeña sonrisa en sus finos labios rosados: ¡Ya no tendría que cargar con un cadáver! ¿Hubiese cargado con el cadáver? ¡Claro que sí! Después de todo prometió sacarlos de ese lugar... 

¿Quién....eres tú?

Los ojos ámbar siguieron al hombre, lo vio moverse, darse la vuelta y revelar al fin su cara. Y no cualquier cara, sino LA CARA. María parpadeo una, dos, tres veces… estaba acostumbrada a la belleza, ella misma era un ejemplo o el malvavisco con el que comería arroz cuando saliera de ahí, pero el toque divino nunca dejaba de sorprenderla porque cada individuo poseía una particular manera de proyectarlo. Dónde ella era etérea y encantadora, este hombre rayaba en una sobriedad elegante arrebatadora, inmediatamente pensó en Hyakinthos… pero la belleza del médico era más delicada como un ave majestuosa, en cambio la de este Regaliz sangrante… la percibió masculina y cruda como un gorila dominando la tropa con el dedo meñique levantado.

¿Qué estaba viendo exactamente María?

La tenue luz de la antorcha dibujando sombras y luces en aquel rostro de formas angulosas y acabados potentes que incitaban a recorrer con sus dedos cada arista para descubrir su tacto, piel de alabastro contrastando con el cabello azabache que le daba un aura solemne que la incitaba a caotizarlo, ojos como un abismo sin fin… aunque aún no podía discernir su color pero daba igual porque la esencia estoica estaba ahí... un lord macho espalda plateada. 

Luego de evaluarlo, sin pudor alguno, un suspiro escapo de sus pulmones, un hilo lleno de reverencia y admiración hacia el Regaliz frente a ella: Una maravilla para la visión de cualquier mujer, hombre o animal. No era del tipo aspectista pero apreciaba las buenas vistas… ¿Por qué últimamente solo se encontraba con hombres hermosos? El malvavisco también lo era, de una forma contraria al Regaliz… ¡El Malvavisco! Pensar en el hombre la hizo recordar que tenía una cita y dos promesas que cumplir esa noche: 1. Ir al festival. 2. Sacar al pelinegro de ese cautiverio. Obviamente no las cumpliría en ese orden.

¿Quién....eres tú? ¿Dónde...estamos? ¿qué...m-me ha pasado?

Las palabras continuaron fluyendo del sujeto mientras ella estaba ensimismada pensado en su apuesto cascaron. Parecía ir recobrando la conciencia poco a poco, entendiendo que “no estaban bien”. Su voz confirmaba esa impresión de solemnidad, nada divertido o cálido… solo sobriedad elegante, pero no podía culparlo considerando la situación en la que acababa de despertar. María miro la habitación, aquella bodega que usaban para mantenerlos prisioneros, también sentía el movimiento de las olas lo que significaba que estaban navegando hacia quien sabe dónde…

Qué tú... ¿nos sacarás? Y... ¿qué te hace decir eso? Es que tú... ¿tienes más libertad de la que poseo yo?

La atención volvió a él, cuando soltó aquella retahíla de vocablos. María inclino la cabeza unos pocos grados a la derecha, no podía descifrar el sentido de sus palabras: sorpresa, burla o desprecio a su buena voluntad. Vaya, parecía que su personalidad era inversamente proporcional a su buena apariencia… pero considerando que estaba herido y aturdido en una situación desagradable le daría el beneficio de la duda... — María Merlot… — se presentó esbozando su natural sonrisa llena de encanto — No Chardonnay, Sauvignon Blanc, Albariño o Riesling… tampoco Cabernet Sauvignon, Malbec, Tempranillo o Pinot Noir… solo Merlot… ¿Sabes, no? “el vino del paso manso y elegante, el que sabe esperar en la barca de roble, un licor que se siente, cordial y vibrante, con cuerpo de guerrero y alma de noble” — le explico alegremente como si estuvieran en el medio de un parque viendo el cielo azul y hablando del clima — … como estamos en una bodega y tienes ese beso sangriento en la cabeza no vayas a confundirte. Todos mis amigos me dicen MM así que tú también puedes… — hizo una pausa suspensiva inclinándose hacia delante... hasta donde las ataduras le permitieron — … ser mi amigo y decirme MM, o decirme MM y ser mi amigo, o no ser mi amigo y decirme MM, o no ser ni mi amigo ni decirme MM… eres libres de decidir aunque no seas exactamente libre ahora mismo pero bueno, ¿te gusta el arroz? — bromeo en un susurro como si estuviera contándole un secreto, divago un momento, posterior le guiñó uno de los orbes ámbar con travesura para finalizar regresando a su posición inicial y preguntándole algo totalmente aleatorio.

La joven volvió a intentar desatarse pero estaba muy bien amarrada, tal vez él tenía razón… no podría ayudarlo sin ayudarse primero a ella, estaban en una situación algo difícil pero no imposible, María era optimista por naturaleza — … si te acercas te limpio la sangre con mi lengua, como cuando te cortas el dedo y lo chupas. Ñam Ñam — le propuso, en su cabeza sonaba a una gran idea, además debían hacer que dejará de sangrar… tanta mermelada de fresa fuera del Regaliz seguro haría que perdiera consistencia — … mi plan infalible para salir de aquí es… vencer a los malos, desatarnos, saltar del barco, rescatar a otros si los hay… — propuso con entusiasmo en un desorden de pasos pero después de todo era desorientada — … tu hazte le muerto, yo empiezo a gritar, ellos vendrán, les pestañare con coquetería sufrida, me desataran, correré, saltaré al mar, luego recordaré que sigues aquí, regresaré, me ataran de nuevo entonces repito el plan pero esta vez llevándote conmigo y todos viviremos felices y comeremos arroz… tengo una cita para comer arroz Regaliz, no puedo llegar tarde… y ya voy tarde... sino voy ahora... nunca más lo volveré a ver... — le propuso totalmente decidida y sin aliento luego de la cascada de palabras que le soltó al aturdido hombre, lo ultimo lo dijo con una voz baja denotando una pizca de tristeza si se perdia aquel encuentro con su Malvavisco — ¿Estas listo? En 3… 2… — le pregunto comenzando el conteo para poner en marcha su descabellado plan…



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#4
Su voluntad, aquella que le permite mantenerse despierto, la que le obliga a levantarse aún cuando sus fuerzas no parecen permitirlo, esa voluntad que le hace extraer más allá de donde su cuerpo se lo permite, se ve invadida y avasallada. Donde creería encontrar paz y calma, encuentra un continuo lanzamiento de palabras que sus oídos no estaban dispuestos a procesar. En donde solo espera escuchar un nombre, una palabra dulce, o simplemente un pequeño sonido proveniente de unos dulces labios carnosos entremezclados en una voz de diosa...tan solo encuentra ruido, estruendo para pronunciar esas palabras, como si aquella fuese una conversación entre una niña y un adulto, pero este estuviera en mitad de un campo de guerra, mientras la contraria juega en un campo de maíz con la energía de mil soles.

Dios, la está torturando sin ni siquiera saberlo, y no puede responder para pedirle un poco de silencio.

Sus hombros se desploman ligeramente, haciendo su cuerpo tambalear mientras desataviado de vergüenza, se arrastra hasta la única salvación que posee, que también se convierte poco a poco en su perdición más suave.

Siente que la cabeza le estalla, que el calor se convierte en frío y repite mientras lucha contra la inconsciencia de donde estaba verdaderamente la vida, y donde nada más todo esto se volvía un sueño queriendo abrazarlo poco a poco, hasta hacerle desaparecer por completo.

Oh, no...la muerte no se lo iba a llevar. No aquí, no ahora, no en este lugar lejos de todo y de todos. Si fallecía, lo haría como marine. Si la parca desea abrazarlo, será bajo sus términos y condiciones, y estos estaban extremadamente distantes de tener tan siquiera una pizca de lo que buscaba.

Robó fuerzas de un aliento seco que lo hace toser. Busca formas de comunicarse aún con el calor del alcohol invadiendo sus cuerdas vocales sin tan siquiera haber probado gota

—De acuerdo, MM.—Algo más sencillo de pronunciar que su nombre completo. Ni siquiera rebatiría que le llamasen regaliz, no cuando cada palabra le asfixia y le roba las fuerzas que toma prestadas del abismo en lo más profundo de su ser.—Iré hasta ti, pero seré yo quién te desate. Romperé tus ataduras, y si no me desangro en el proceso...saldremos de aquí nadando.

La sola idea es terriblemente sencilla de pronunciar, pero su guerra se debate entre permanecer despierto o inconsciente, ¿y busca aún así ofrecer sus fuerzas a la mar, chapoteando para nadar a dios sabe que distancia de tierra firme, todo ello sin que nadie los descubra, solo por no tener que correr y huir a continuación? Nunca había sido tan descuidado, pero el optimismo es la única fortaleza que lo mantiene firme. Las cadenas de la chica no eran de acero, sino cuerda firme que para una chica como la presente, serían imposibles de romper a fuerza bruta. Él podía intentarlo, romper los hilos incluso si de sus manos le abandona aún más sangre del cuerpo. ¿Cuanta más puede perder hasta que su cuerpo le impida continuar? ¿Cuanto de él se mantiene humano, y cuanto está muerto, por encima de sus capacidades?

Bueno...pensar en ello no los sacará de ahí.

Se arrastró, cerrando la distancia entre ambos como un pequeño mortal en dirección a su salvación, un ruego de un alma fútil hacia las puertas del limbo, pero regresando al mundo de los vivos que con tanto ahínco desea permanecer...y la alcanza.

Resignado a las formas, se coloca a su lado, primero bajo sus pies, avanzando hasta sus rodillas, y después hasta la cintura, donde de milagro la cabeza no acabó tocando el poste, acabando con su sufrimiento en un golpe accidentado. La sangre bañaba sus ropas, y estas se ensuciarían aún más buscando el contacto con las manos ajenas, llegando hasta sus muñecas, buscando en ellas la cuerda que la inmovilizaba.

—No espero que me perdones, MM, pero sí que ambos consigamos salir de esta, cueste lo que nos cueste.

Se puso frente a la contraria. Hizo un esfuerzo titánico por colocarse de rodillas, pasando una de sus piernas hacia el otro lado de la cintura contraria hasta acabar sobre los tablones al lado de su cintura, manteniéndose a horcajadas frente a la muchacha.

Humillación.

Agachó la cabeza como si tratase de reverenciarse, ofreciendo la herida oculta de su cabello a la de cabellos azulados, para cumplir con lo prometido, mientras sus manos paran por encima de las mejillas carmesí, esforzándose en contra de aquel nudo, para, poco a poco, segundo a segundo, hacer aquel agarre más débil. Ni siquiera sabe cuantos segundos e incluso minutos tardaría con aquello, pero reconoce que lo conseguirá...y solo debe seguir vivo hasta entonces.

Su cuerpo debe aguantar

...al menos un poco más.
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#5
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Seguida atada.
¿Cuánto tiempo llevaba así?
Parecieron cincuentas días.
Pero no, solo eran minutos.

Al apuesto Regaliz lo percibía distante, aturdido, incomodo. Lo comprendía por aquel nefasto golpe en la cabeza del cual brotaba mermelada de cereza. Verlo le causo ansiedad, sus formas suaves, su manera… estoica de comunicarse. ¿Por qué no grita? ¿Por qué no se altera? ¿Por qué parece una preciosa estatua sin emociones? Los orbes ámbar no dejaban de mirarlo, evaluando su condición. Un golpe en la cabeza no era para tanto, a no ser que si fuera para tanto ¡Dah! ¿Y si había perdido la memoria? ¿Y si ahora imaginaba que era su amada novia? ¿Y si quería un beso pasional, y algo más? ¿Tendría que sacrificarse por el bien del herido? Podría… Si. Estaba guapo, después de todo… pero ¡NO! No más que Hyakinthos, no más que su Malvavisco. Necesitaba llegar a la cita del arroz.

Él termino llamándola por su apodo, a lo cual le correspondió con su radiante sonrisa. La voz neutra la hizo pensar en como sonaría si le hiciera cosquillas. ¿Acaso sabía sonreír el Regaliz? ¿Por qué alguien guapo no sonreiría? Seguro se vería mucho mejor, más accesible y juvenil ¿Verdad? Ahora necesitaba verlo sonreír, porque le gustaban las cosas bonitas, y él estaba guapo. Cabellos negros, cabellos blancos, cabellos rosados, cabellos morados, cabellos castaños… le gustan los colores, pero había uno en particular que nunca había llamado su atención: amarillo. Los hombres con cabellera como el sol, a no ser que su piel hiciera contraste, le resultaban feos… le daban la sensación de estar enfermos, de necesitar una buena sopa de algún pobre animal muerto.

Iré hasta ti, pero seré yo quién te desate.

Las palabras hicieron detener el conteo de la dama. En teoría, su plan sonaba mucho mejor que el suyo. Ahora podía agregarle inteligencia al hombre — ¿Nadando? — fue lo que en su mente quedo flotando. Entrecerró los ojos, buscando algún atisbo de la raza a la cual pertenecía ella — ¿Sabes nadar? ¡Me encanta nadar! Estuve nadando esta mañana, me perdí antes de encontrar nuestro barco. Me encontré con unos corales muy bonitos, no lo imagine considerando que son los enormes arboles en el centro de la isla lo que más llaman la atención. Creo que han sido Gigantes quienes los han sembrado, son bonsáis hechos por ellos y que cada cierto tiempo vienen a cuidarlos y mutilar sus raíces cruelmente. Eso suena doloroso… ¿no lo crees? — empezó a hablar en susurros pero demostrando la emoción que le generaba hablar de nadar, implícitamente del mar, luego se distrajo pensando en los árboles que regían Isla Karate. Siempre con su encantadora voz, con su divina esencia, era después de todo una hermosa semi-sirena.

Lo vio arrastrarse hacia ella, a lo que solo pudo apretar sus propios labios para no reírse del gusanito en forma de regaliz. Sin pensarlo empezó a moverse de un lado a otro, intentando imitarlo para acompañarlo en su danza de caminata sin manos y pies — … no lo pareces pero que divertido eres Regaliz. También me gusta bailar, podríamos crear un nuevo estilo llamado “Regulizano” — le propuso entre risitas, no se burlaba de él para nada, solo le divertida la situación, que aunque fuera peligrosa, ella siempre tenía la plena confianza de que todo saldría bien, sus nakamas nunca la abandonarían, y golpearían a cualquiera que le hiciera daño, solo era cuestión de tiempo.

No espero que me perdones, MM, pero sí que ambos consigamos salir de esta, cueste lo que nos cueste.

Empezaba a sentir pena por el Regaliz. Mortificado se quedaba corto para describir lo que emanaba de él, y más aun al quedar en aquella posición tan comprometedora. María solo lo miro parpadeando para procesar si burlarse, sentirse ultrajada o buscar restarle importancia al asunto. La ultima opción iba ganando, no le gustaba hacer sentir mal a nadie, y él ya parecía haber sufrido mucho. Cuando la cabeza llena de líquido carmesí quedo a su altura, pensó en cumplir la palabra de lamerlo —… un poco más, tu puedes Regaliz. Yeah, Yeah, Yeah... — lo animo entre susurros con alegría, descarto casi por completo lo de bromear... los "yeahs" fueron necesarios. Claro, más allá de eso respetaba su esfuerzo, por eso acerco sus labios y dio un suave beso a la cabeza sangrante — … un premio para el valiente Regaliz — le comento con dulzura, dejando atrás la travesura de su voz.

Cuando el esfuerzo del hombre hizo efecto, sus manos se soltaron, era libre. Lo primero que hizo fue sostenerlo, parecía que se iba a derrumbar en cualquier momento, y dejarlo sentarse sobre su regazo. No le importar estar debajo de alguien guapo, pero sería una posición más divertida si fuera ella la que estuviera arriba, a horcajadas... ¡Los hábitos no se olvidaban tan facilmente! — … quédate así un momento, deja que te desate, luego voy por mis piernas, nadamos y después salimos de aquí. O era al revés, siempre me confunden las secuencias pero saldremos de aquí, segura estoy... — musito para que solo él la escuchará, cada frase dicha iba desbordante de encanto, le salía natural, ella además de hermosamente divina poseía un aura de chica indefensa, y quizás si lo era por eso lo exteriorizaba — … sabes, me gustan las celdas, son lugares seguros pero estar amarrada no, me hace sentir vulnerable. No me gusta que me encadenen... — empezó a decir mientras con sus manos soltaba los nudos que ataban al hombre, por suerte a él solo le marraron del tronco de su cuerpo — … un poco más, una vuelta por aquí… o era por allá… Mmmm — decía con paciencia y enfocada en la pequeña misión, aunque a veces levantaba la mirada hacia los oscuros ojos del masculino, solo para saber si seguía despierto — … y… bueno… ¿qué haces? ¿a qué te dedicas? ¿tienes novia o novio? Y no, la sangre no sabe a mermelada de frambuesa ni de fresas... sabe a metal — comentó para no dejar que los pensamientos intrusivos o los desmayos desprevenidos tuvieran lugar — ¡Lo logre! — declaró con alegría levantando dos puntas pero él seguía atado  — … Oops, aun no… pero ya por lo menos hay mas cuerdas desatadas… o ahora se ve mas atado… — lo ultimo lo susurro, aunque por la cercanía él la escucharía, igual, aunque tardará el doble en orientarse, lo lograría. Así que con más determinación continuo la labor de liberarlo… hasta que lo logró — ... creo… ahora si ¡Libertad! — mantuvo la voz baja pero la emoción fue palpable, estaba feliz porque había soltado las cuerdas. Luego subió ambas manos y sujeto cada mejilla del hombre con suavidad — ¿Puedes resistir un poco más, Regaliz? Conozco un buen médico, te llevaré con él… estarás como nuevo, no más mermelada saliendo de tu frente — hablo genuinamente preocupada, había mucha sangre y además él se veía pálido… ¿era así de blanco o estaba muy mal por la pérdida del vital líquido? No lo sabía — … se que quizás te gusta estar encima de mí, es normal… a todos les gusta pero… si te mueves un poco podre terminar de soltarme y buscaremos la entrada, digo, la salida de este lugar y la razón de estar aquí también — necesitaba saber por qué y hacía donde iban, le gustaba el cotilleo y la información.

Cuando él se quitó, ella termino de desatar sus pies. Se logro levantar, estirarse, liberarse. Se limpio los labios, que tenían la sangre fresca del beso que le dio. Luego acomodo su ropa. Hermosa como siempre… hasta que recordó que él estaba sangrando, con un suspiro de resignación, y en vez de buscar algo para tapar la hemorragia, se quito la camisa blanca, y con cuidado la doblo para colocársela a presión en su frente. Si, quedo en sostén, y revelando las preciosas escamas celestes en sus hombros y espalda. Luego, usando las mangas largas, la amarro alrededor de la cabeza — … se ve horrible pero lo importante es que deje de sangrar, y es blanca, sabremos si sigues sangrando, porque, bueno, se pondrá más roja… — pronuncio con su voz aterciopelada, luego como si apagaran su interruptor, se quedo por un momento callada. Sopesaba que hacer a continuación, tendría que usar sus puños por lo visto — … ¿sabes como reír? — le preguntó, aun tenía la duda anterior sobre como se vería sonriendo. Muy guapo, estaba convencida — … ¿tienes cosquillas? — finalizo estirando la diestra a su abdomen y haciéndole “piojitos” con las puntas de sus dedos, sino funcionaba buscaría una pluma y… ¡tenían que salir de ahí!

Dejó de molestarlo, se levantó, se coloco las manos en la cadera —… ¡Basta de juegos, Regaliz! ¡Compórtate! Debemos salir de aquí, llevarte a Algodón de Azúcar y luego podre ir a comer arroz con mi Malvavisco — declaró mirando hacia la única puerta, su vía de escape. Dio un par de pasos en esa dirección, cuando tuvo la mano en el pomo se giro a verlo — … los distraeré, cuando estén babeando por mí, tu corres y saltas al mar. Luego te rescato y te llevo con mi médico, lo prometo… — le sonrió con complicidad.

Para alguien normal, ver a una hermosa mujer en sostén… siendo una carnada en un barco lleno de malolientes hombres no parecía la idea más inteligente del mundo.

Para María Merlot, que estaba acostumbrada a las miradas lascivas y a que su cuerpo “no fuera suyo”, solo era un día mas en el mar.

Sin esperar respuesta, abrió la puerta y salió. No había sol, estaba oscuro, solo alumbrado por las mismas antorchas del interior. Camino con rapidez, alejándose de la salida, y por ende dejando libre al Regaliz de miradas — ¡Gusanos de Mar! — grito revelando que ya no estaba cautiva, eso atrajo las miradas de los tripulantes hacia ella, no eran mas de diez. Algunos, hipersexualizados empezaron a babear por la espectacular vista de la mujer mestiza — … ¿quién de ustedes fue el gusano que me secuestro? Por su culpa no se si llegaré a mi cita con un guapo Malvavisco... con quien, deben saber, si me reprodujera tendríamos a los alevines mas perfectamente hermosos del planeta azul. Estoy muy, muy, muy molesta… ¡Soy una hermosa mestiza en un planeta azul que no debería estar soportando estos maltratos! — camino hasta un barril y se sentó cruzando las piernas, necesitaba llamar toda su atención para que el hombre pudiera escapar, luego ella se encargaría también de saltar al mar. Su postura, su voz cambio de dulce y aterciopelada a seductora y malcriada, como si realmente fuera alguien importante — ¡No! No se acerquen. No se atrevan a tocarme… ¿Acaso no saben quién soy? — los señalo con carácter, por alguna razón, o porque estaban embobados por la vista, se quedaron quietos en el lugar, pensando que hacer con la hermosa chica… y con eso ultimo que había dicho — … si les tengo que decir quién es mi papi, entonces son estúpidos… — no sabía que más decir... claro, ella estaba intentando convencerlos de que se trataba de alguien importante pero sino lo lograba, mínimo los iba a confundir bastante. Solo esperaba que el Regaliz actuará más rápido porque estaba siendo una tortuga lentisima.



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