[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
#11
Se miró frente al espejo ¿Qué veía? Sonrió tímidamente por un momento, practicando su sonrisa cómo todos los días ¿El ejercicio? Esforzarse cada día por hablar un poco más alto en público, un poco más pausado, para que su presencia se notase. Era importante para Eros pues ese día iban a hacer historia, el barómetro no mentía a la hora de marcar la presión atmosférica, con Uker ya habían analizado la integridad estructural de la Black Widow, inclusive el disfraz indigno de Nozama que había procurado previamente. Todo estaba listo para poder eludir los controles del gobierno, y ascender por la Knock Up Stream para seguir marcando el nombre de los Piratas de la Sepultura en la historia.

› Bien, Eros, lo tienes. Vas a salir, te vas a asegurar de que todos lleguen en una pieza… Todos, inclusive tú… Y tú también

Le habló quizás a la Black Widow, posando la mano sobre la pared de madera de su camarote antes de suspirar. Ya había perdido el Crimson Stage tras su descenso de los Cabos Gemelos por no ser capaz de repararlo, pero él no era el mismo, y si acaso volvía a enfrentar las vicisitudes de los mares tempestuosos estaría listo. Confiaba ciegamente en el crecimiento de cada uno de sus miembros, y como ningún Sepultura era más ni menos que su compañero, estaba seguro en sí mismo también. Preparó su ropa, Eros no se disfrazó pues la mejor forma de camuflaje que conocía medía 25 centímetros y había quien lo llamaba una rata ciega. Llegado el caso de tener que eludir los controles, Eros estaba listo para todo.

Camino por el interior de la Black Widow, salió a cubierta subiendo por la cubierta de la sala del timón. Uker ya estaba listo, y en él posó la diestra en silencio. A veces no hacía falta decir nada, la convicción en los ojos de Eros brillaban como el ámbar.

› Los cielos son solo un paso más para poder decir que por mar, cielo y tierra nada podrá detenernos chicos. Nos esperan las leyendas de las que tanto hemos oído, nos esperan tierras donde nadie ha ido, el privilegio no nos lo dió nadie, nos lo ganamos con uñas y dientes. Y saben los mares cuánto sufrimos

Exclamó mientras aseguraba con sogas, y ahínco, las cajas de la cubierta a sabiendas de que lo que vendría sería todo menos suave para ellos. Si el ascenso por la Knock Up Stream era tan violento como la Reverse Mountain tendrían un problema, pero sabía que la Black Widow era más que capaz de resistir, con la mano en el timón de Uker y su propia capacidad para hacerse cargo del mantenimiento de los mástiles, las velas, la cubierta y el recubrimiento exterior con placas de madera ligeras que escondían la verdadera naturaleza de la Black Widow como una carabela pirata, estaba seguro que todo saldría bien.

Lo único que le preocupaba más allá de los peligros que pudiesen encontrarse arriba, por supuesto, era el insidioso clima y el efecto que ésto supondría en Varo. Después de todo podían contra todo lo que era capaz de morir, pero contra el cielo y los espíritus no había nada que hacer más que resistir. Llevó la mirada hacia sus compañeros uno por uno, silencioso y taciturno como se caracterizaba antes de ganar mayor confianza en sí mismo, analizando los detalles de cómo se estaban desenvolviendo en esa cubierta con su mirada atenta al detalle, antes de inspirar con profundidad para llenar su pecho de aire.

› Varo si quieres esperar en tu camarote hasta que la tormenta amaine no te fuerces a enfrentar tu subconsciente ahora mismo, lo último que necesitamos es ser enemigos de nosotros mismos… Vamos a hacerlo muchachos, vamos a tomar el toro por las astas como siempre. Tengo hambre de gloria, tengo sed de aventura… Todo lo que la Marina, el Gobierno y los corruptos nos hicieron. Todos los poderosos que se acostumbraron a pisotearnos. Vamos a enseñarles, y para la suerte...

Tras recibir el antídoto por parte de Varo, lanzó una moneda de 1.000 berries a cada uno de sus compañeros. Si bien su tono monótono y la velocidad parsimoniosa con la que hablaba hacía que sus palabras estuviesen lejos de ser una arenga que inspirase a sus compañeros, las palabras eran genuinas. Se colocó los guantes asegurando los mecanismos en sus muñecas, y después elevó la mirada a Kiyoshi quien le estaba enseñando todo lo que sabía sobre medicina hasta ese momento para complementar los conocimientos que el Sepulturero tenía por sus años como tanatopractor.

› Robar las velas de Nozama fue pan comido, y ponerle un recubrimiento de barniz a la madera de la Black Widow es suficiente para que no se vea como tal. Dejé las velas buenas preparadas para no tener que quitarle las velas para izar las nuestras.

Pues no se sentía bien usando velas ajenas. Tomó las vendas con ambas manos y por algún motivo las olió para ver si tenían algún tipo de desinfectante en particular antes de guardarlas junto con sus botiquines de primeros auxilios cercanos a sus morrales. Entonces se rascó la nuca con nerviosismo.

› No sabemos qué nos espera allá arriba, solo hemos oído leyendas… Pero lo más seguro es que no subamos solos, como siempre.. Listos para todo.

No sabía si habría que pelear, pero ellos no temían. La tormenta poco a poco arreciaba y eso marcaba que el momento estaba acercándose, se acercó hasta Uker para terminar los arreglos finales. El alimento fue suficiente para abrirle el apetito ¿Vomitaría si comía antes de subir la Knock Up Stream? Sin pensarlo dos veces el sepulturero le hincó el diente al interior de las hojas. No hubo cubiertos o utensilios involucrados, devorando el pescado con ahínco antes de eructar de manera pronunciada en señal de que la comida había estado rica. Al menos así lo hacían en Jaya, y en Little Garden se había acostumbrado quizás demasiado a comer con las manos.

Lo bueno era que Kiyoshi no lo vio para regañarlo por comer con los guantes puestos, los mismos guantes con los que había cortado, cercenado y asesinado.

Entonces, un trueno lo llamó de vuelta a la realidad. Cada gota que caía era un segundo menos para el avance ¿O el despegue? Eran las diez de la mañana, y parecía de noche. El cielo no estaba enfadado, estaba mostrando la rebeldía con la que daba aval al avance de aquellos que se negaban a hincar la rodilla ante ninguna forma de tiranía. Aquellos que se rebelaron contra todas las circunstancias que ahora los unían como compañeros.

› ¡Llevala a través de las tormentas Uker! ¡Varo, Kiyoshi, agárrense bien! ¡Teehehehe! ¡Si nos volvemos a separar cómo en los Cabos Gemelos mi numero de Den Den mushi es…!


El resto solo lo pudieron escuchar los Sepultura, pues un trueno arrasador sacudió los cielos y entonces pasó. Tuvo que asentar las piernas con firmeza en la madera, él no pensaba de ninguna manera aferrarse a nada, no podía arriesgar a que sus garras dañaran nada de la preciosa Black Widow. En contra de la corriente ascendente, Eros corrió por la cubierta finalmente liberando las velas de Nozama nuevamente para poder hacer caso a las indicaciones de su navegante al pie de la letra convirtiéndose temporalmente en su forma híbrida para poder usar su mayor portento físico para resistir los embates de la corriente ascendente hacia la isla del cielo.

¿Se acuerdan de esa vez que los Sepultura se alzaron sobre las nubes?

Ellos nunca lo olvidarían.

Los más buscados del South Blue.

¡PRESENTES!

Ataud
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#12
Al fin podía ser uno mismo. Le había costado algunos días, ¿o tal vez semanas? Había perdido la cuenta para entonces. Se encontraba sentado calmadamente en su camerino, todavía sin creerse todo lo transcurrido en su despedida con el que era su Jefe. Si no fuera porque veía a diario a Kajimoto, además de ver el barco por el que estaba pisando sus propios pies, a veces descalzo, otras más bien con sus zapatos caros, probablemente ni siquiera se lo habría creído... Y obviamente, esos primeros días de aquella situación tan engorrosa. Menos mal que (o así lo esperaba) aquello no saldría de Jackpot, el nuevo Barco que zarpaba por esos mares, camino hacia Skypea. ¿Quién iba a decir que existía una isla en el cielo? Solo entonces se había percatado de qué tan pequeño había sido en los Blues, qué tanto había desconocido y qué tanto todavía le faltaba por conocer. Había disfrutado entrenando en solitario, el espacio era mucho para estar solo.

Ese mismo sitio solitario le había hecho pensar, recapacitar y enfocarse más en su objetivo. Cumplir una misión, volver a tierra firme deseando un éxito. No iba a admitirlo nunca ante nadie, pero ciertamente estaba nervioso. No podía cagarla, ¿pero y si algo salía mal? Esa confianza de la que tanto alardeaba comenzaba a flaquear lentamente. Necesitaba CALMARSE. Miró de reojo su Den-Den Mushi, ¿debería llamarlo? No quería parecer un desesperado... Por esa vez, solo por esa vez, decidió no ser él quien daba la iniciativa y dejarlo de lado. Sin embargo, esos nervios tenían que sacarse de alguna forma... ¿Cuál? No pregunten... Solo disfruten.

[...]

El agua dejó de descender de su cuerpo, su cabeza, ahora cubierta por la toalla y húmeda, lo ayudaba a que no goteara hasta el suelo. Ahora, al menos, llevaba pantalones puestos, caminando con el pecho al descubierto tras la ducha y yendo a por uno de sus grandes mejores amigos; el tabaco. Retiró uno de los cigarrillos de la cajetilla de metal, encendiéndolo y dio una larga e intensa calada.

—...

Aparentemente, haber dejado salir el estrés de esa forma parecía haber aliviado un poco más sus nervios. El tabaco ya siendo su gran acompañante lo aliviaba incluso más después de haberse desestresado antes de la ducha. Retiró lentamente la toalla de encima de su cabeza, dejándola sobre sus hombros. Al fin se sentía algo más fresco y al menos su cuerpo estaba mucho más adaptado sin tener problemas innecesarios. Pasó una de sus manos por el cabello, expulsando el humo de su cigarrillo.

—Bueno. Manos a la obra.

Revisó entre sus cosas, buscando acomodarse la ropa, probablemente no iba a quedar demasiado para la llegada, o eso esperaba. Revisó su armario para así acomodar sus ropajes. Se decantó, acompañado de su pálida piel, hacer un escalado de grises y oscuros en su ropa. No llevó un abrigo, no lo sintió del todo necesario, solo un chaleco gris oscuro, en conjunto con pantalones y camisa negra. Por ahora se desabrochó la zona superior de su camisa. En en cinturón acomodó dos de sus katanas, una en cada lado de su cadera.


Una vez terminó de vestirse y todavía con el cigarrillo entre sus labios, finalmente salió hasta el extreior de su camerino, caminando hasta donde estaba su Timonel; Kajimoto, quien manejaba sorprendentemente bien el Jackpot. Vio los nubarrones que se elevaban en el cielo, la tormenta que parecía que una tormenta iba en camino... 

—Kajimoto, ¿crees que eso puede ser un problema?

—Puede que un poco, pero yo confío en nuestro Jackpot. — Las manos del hombre poco agraciado físicamente se mantenían firmes en el timón, observando el frente al momento que las gotas de lluvia comenzaban a descender del cielo. —Será algo movido, pero podemos con ello, señor Onizuka.

Jin dio un par de palmadas al hombro del hombre, mirando al frente, y luego detrás de él. —Si necesitas algo, te ayudaré. — Sintió la sacudida del barcó, el mar en movimiento, el peligro inminente que le hizo recordar flashbacks, aquellos de cuando salió de los Blues y salió despedido cuando todavía acompañaba a su socio Hyákinthos. —¡Señor! ¡Hay que desplegar las velas! ¡Dese prisa! — El tiempo apremiaba y ahora mismo estaban ellos solos. No tardó en moverse, confiaba, por ahora, en las habilidades de su Timonel. Se fue moviendo por todo el barco, liberando las velas, preparando las cuerdas de ser necesario atarse y que nadie saliera despedido del barco. —¡Kajimoto!

La tormenta empeoraba, solo elevándose más y más, sin dar tregua, el agua parecía amenazar en las sacudidas del enorme barco. Kajimoto sostenía con firmeza el timón, apretando la mandíbula levemente desencajada. —¡AGÁRRESE FUERTE, SEÑOR! — El brazo del yakuza se aferraba a lo primero que pudo, que en esta ocasión fue el enorme mástil que sostenía las velas. Fue cuando lo vio, sus ojos abriéndose de par en par. La enorme columna de agua ascendiendo frente a él, y no como una ola, sino directamente hasta el cielo. Elevó la mirada, contemplando con sorpresa el fenómeno que, en absoluto, se esperaba. ¿Sohem también habría vivido algo como eso? Era impresionante. El Knock Up Stream se encontraba ahora frente a él, algo que ni en sus sueños pensó que vería de forma tan vívida. 

Kajimoto se aferraba con fuerza, pese a la tormenta, el viento y el evento, en su caso estaba muy seguro de sí mismo, de sus movimientos y de la forma de llevar ese enorme barco. Sus ojos eran firmes, no había miedo, pese a que, para su gran desgracia, la lluvia y esa maraña de agua habían logrado apagar el cigarrillo de entre sus labios a medio consumir.

Maldijo para sí mismo, usando sus brazos para sostenerse más firmemente al mástil, viendo cómo el barco cada vez se sacudía más. Vamos, Jackpot... Jin confiaba en el barco, confiaba en que todo saliera bien, esto apenas acababa de empezar, y todavía les quedaba muchísimo más por delante.

Todo fuera para llegar a lo más alto. Era ahora o nunca.

Cajita de Tabaco
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#13
Semanas atrás en Kyodayina

Mientras veía como mis compañeros cargaban cajas y más cajas en nuestro querido y magnífico barco, del cual yo era el jefe jefazo (a pesar del maldito de Enji que siempre iba por ahí en calzoncillos y dándonos órdenes como si con él no fuera la cosa), cuando estábamos en alta mar era mío. Bueno cuando digo mío no me refiero a que ponga mi nombre, sino que esta pobre gente depende de mí. No tienen ni idea de leer corrientes, y a pesar de que todavía era un soldadito raso rasilú, si estamos rodeados de agua—. Mando yo, jeje —me dije a mi mismo con una sonrisa mientras me quitaba un paluego con un mondadientes y es que la comida de Juan realmente empezaba a estar buena.

Pero yo seguía ahí, tirado en la barandilla del barco, tomando el sol, y viendo como Juan, Masami y el capitán seguían por ahí moviendo cajas de un lado a otro—. ¿Por qué son cajas de cartón? Qué símbolo más extraño tienen… Parece que sonrían… —les dije desde mi posición, cuando tras eso y con un salto, tomé una brocha y empecé a dibujarles ojos a todas y cada una de esas sonrisas que había en las cajas—. El Nozama este se pondrá contento, tchakikikiyah —me reí mientras imaginaba la cara de aquel sujeto. Tal vez era una tontería, pero si cuidaba tan bien el diseño de los embalajes, sería por que vendía más.

—Seguro que en los próximos periódicos vemos como ha cambiado el logo y usa este que está feliz… Por cierto, ¿qué es eso? —me acerqué a Enji y a Juan mientras hablaban y el cangretuga sacaba un par de botas tanto para el capitán como para mí—. Toma ya Juancho, ¡a mí sí que me parecen bonitas! —respondí alegremente y con los ojos brillantes de emoción mientras me quedaba descalzo para probarlas.

—¡Toma esa cara-quemada, ahora vamos a juego tchakikikikkiyah!! —me descojoné de Enji mientras nos poníamos ambos las botas sin realmente recordar que ya íbamos a juego por el uniforme, aunque siendo un regalo y siendo el mismo regalo para ambos, de alguna manera buscaba picarle—. ¡¡Muchas gracias Juan!!

Y mientras esperaba a que terminaran su trabajo de mover cajas, yo terminé el mío: ponerles a los logos de Nozama ojitos para que fueran caritas felices : )



Unos días antes, en alta mar

A medida que avanzábamos con nuestra travesía, de la cual, como ya mencioné anteriormente—. Mando yo, jeje —vi como Juan pasaba uno de esos días tranquilos en alta mar leyendo, como de costumbre, el periódico y nos iba diciendo al resto de compañeros en voz alta lo que más le llamaba la atención.

—Sí, ya me dijo que se habían separado sí… Oye, ¿bastardos? ¿Qué pone ahí sobre ellos? A Dharma no le conozco, pero Cill es buena gente —¿debería contarles que en efecto, era mi mejor amigo? Juan odiaba a los piratas… Pero ¿qué era lo peor que podía pasar? ¿Tirarme por la borda? Já, y se quedan varados en medio del mar sin rumbo… Eso sería suicidarse. Si me matan, se matan—. Bueno compañeros os pongo un poco en situación… ¿Os acordáis qué os conté que en Kutsukku coincidió conmigo y otra chica, Runnin, en aquella sala…? Pues es mi mejor amigo. —dije la última frase casi corriendo y tragué saliva.

Esperé unos segundos para ver de qué manera cortaban aquel aire frío y denso que envolvió el barco—. Ejem, quiero decir, lo conozco hace ya no se cuantos años y bueno… Es buena persona. No es un pirata “malo”... Se quiere llamar pirata por eso de la libertad y movidas suyas, pero es buena gente… Defiende al bueno y ataca al malo… Aunque sí que es verdad que va a su aire. Confiad en mi —solo esperaba que de verdad, confiaran en mi palabra. Sabía el poder de mis compañeros y puestos a perseguir y detener piratas, ahí fuera había muchas otras opciones que no ir a por Cill Blinton el “Hilo Rojo”.



Punto de encuentro: Knock Up Stream

No fueron días tan divertidos como de costumbre, el pensamiento de dejar a Sigrid atrás, en aquella isla en la que la única civilización eran animales gigantes, de vez en cuando se les cruzaba por la cabeza y terminábamos todos melancólicos y mirando por la borda el horizonte en dirección a Kyodaina, imaginando qué estaría haciendo y cuáles serían sus próximos movimientos… Pero ya habíamos llegado al punto de encuentro, y ahora teníamos otro trabajo pendiente: subir las cajas a Skypiea para aquellos juegos en los que iba a participar y que, claramente, iba a ganar.

—¡Sí capitán! —respondí a pleno pulmón a la orden de Enji de que estuviera al timón—. ¡¿Dónde iba a estar sino, sacándome un moco?! ¡Tchakikikiyah! —le vacilé para después reírme automáticamente del comentario de la cola de Masai.Y es que la confianza a la que habíamos llegado entre todos los compañeros de división daba gusto.

Pero de pronto, y cuando manejé el Ford Transit hasta aquel lugar que marcaba el mapa, el mar empezó a burbujear como si fuera agua hirviendo—. Cómo me alegro de ser navegante… A qué sitios os traigo, ¿eh? ¿Habéis visto? Eso es gracias a que se pilotar un barco y qué barcazo chavales, ojito al Ford Transit eh, ojito —dije con tono firme mientras me lanzaba flores a mi mismo y me asomaba por la proa para contemplar aquella maravilla de la naturaleza. El agua ahora eran burbujas que salpicaban y que parecía que iban a explotar en cualquier momento.

—Knock Up Stream mi gente. ¡¡Vamos a salir disparados hacia arriba en cuanto explote!! ¡¿Nos os parece emocionante?! —no podía dejar de sonreír, les había llevado a través de la Reverse Mountain y ahora les iba a subir a Skypiea—. ¡Qué pedazo de navegante soy, soy la evolución, la revolución, the big-big boss, el mejor de todos los tiempos, ya tú lo sabeees! ¡Primero la Reverse Mountain y ahora el chorro este que nos va a subir al reino de los cielos! ¡Dí que sí Akira, el puto amo! ¡Que viene, que viene, que viene! —golpeaba la baranda a lo que podía escuchar como la corriente se acercaba desde las más profundas profundidades de esa pequeña área en la que nos encontrábamos, mientras que el cielo ya estaba formando un tornado de color negro lleno de nubes y de pronto, el retumbar. Y con el retumbar, corrí al timón al ritmo de los cantos perfectísimamente afinados de mis compañeros:

¡YO TENGO EL AS, Y NO PUEDO FALLAAAAAAR!
¡ME MIRA Y FLASH-AAAAAAAAAAHHH!

Acompañé la canción del capitán mientras me repetía a mi mismo de manera inconsciente que no podía fallar, que si fallamos no solo íbamos a caer al mar, sino desde no se cuantos mil metros de altura, lo que era el equivalente a caer sobre cemento. Y de pronto y acompañando al flash, mi verdadero grito de emoción conforme subíamos por aquel chorro vertical alcanzando los cielos. Y bien agarrado al timón para no salir volando, y tranquilo de que Masami y el gato fiestas estaban seguros y no se los llevaría el fuerte impulso por delante, acompañe el grito de mi capitán, que tenía que gritarse tres veces, así que con la mía ya serían dos:

¡JUMANJIIIIIII!



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
#14
Partida de Neur




La isla Neur había quedado atrás para la tripulación de los Hanu Mahana.

En ella, no solo vivieron diversas aventuras, sino que también experimentaron la difícil emoción de la pérdida. Wyatt Goldstar, el pirata de pañoletas estrelladas, cuyos amigos llamaban de forma cariñosa “lucho foro” se despidió de ellos al encontrar en Neur, un motivo suficiente para abandonar su viaje.

Ninguno de los tripulantes objetó nada ante aquella romántica expresión. Tan solo pudieron responder con lágrimas en sus ojos, viendo cómo el de mirada celeste, los despedía en la orilla de la isla con promesas y buenos deseos porque algún día pudieran cumplir sus objetivos.

“¡Yuuki! ¡Estoy seguro de que encontrarás tu isla ideal y vivirás feliz en ella para fundar tu propio imperio tiránico!”

El Aloha Kai se alejaba de la costa con cada grito.

“¡Barald! ¡Sigue adelante con tus ambiciones, bro! ¡Jamás te detengas!”

El sonido de las olas golpeaba contra el casco, mas no era suficiente para ahogar la voz de su nakama.

“¡Runin! ¡Algún día volverás allí! ¡Estoy seguro de ello!”

Era tan poético verlo desde la distancia, anunciando uno a uno sus mejores deseos.

“¡Tezca! ¡Se que conseguirás tu cometido! ¡nada se te puede escapar! ¡Creo en ti!”

Incluso la mujer de la que se había enamorado llegaba a la escena mostrándose apurada, hablaría con Wyatt y ambos se despedirían con aún más emoción que antes.

“¡Ryota! ¡¿Cómo que te llevaste a Tocho Morocho?! ¡regresa bastardo! ¡eres un cabron! ¡al menos cuídalo bien! ¡cántale sus canciones ante de dormir! ¡si le pasa algo te matooo!”

El sonido del mar opaco esto último, siendo imperceptible para todos en el navío, aun para aquellos con buenos oídos que tan solo vieron al rubio agitando sus brazos. 

 

“Yo también bro… yo también...”

Y así, los Hanu Mahana dejarían atrás a su más grande jugador, pero a cambio recibirían por préstamo, al único, magnánimo y todopoderoso Tocho Morocho.

2 de Primavera del año 18




El Aloha Kai surcaba el océano hondeando con orgullo la bandera de la compañía Nozama. Su llamativo estilo había sido retocado para hacerlo parecer una sobria corbeta de transporte, con un gran agujero de carga en mitad de la cubierta, velas con los slogans apropiados, e incluso, la estatua del tío Kalani ahora se encontraba cubierta por una gran cantidad de tela que ocultaba su llamativa e imponente presencia.

Frente al timón, ubicado en ese tercer nivel del navío, se encontraba un hombre con el uniforme de la compañía, gran motacho en el rostro y mirada cubierta por una gorra. Lo único que llegaba a destacar del individuo era la enorme bomba de chicle que inflaba frente a sus labios justo cuando la embarcación atravesaba el riguroso cordón militar del Gobierno Mundial.

La mirada de los soldados en las embarcaciones que protegían los intereses del mundo, recorrió con sumo cuidado la estructura del navío sin ver nada fuera de lo común. Tan solo eran una tripulación mas de empleados haciendo su trabajo así que no hubo ninguna orden para hacerlo detenerse, simplemente una pequeña interacción por parte de uno de los soldados que apunto hacia el hombre con mostacho.



"No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… No me reconozcas… "

Repetía en su interior un camuflado Miyamoto Ryota sin prestar atención al bastardo que lo apuntaba.

“¡Buen bigote, amigo!”

El elogio del agente trajo descanso al pirata, que tan solo levantó su mano en agradecimiento cuando el Aloha Kai terminó de atravesar el hilo de buques para dirigirse hacia el punto de encuentro.

“Fiuuuuu… eso estuvo cerca… Kekeke, ahora si a unas merecidas vacaciones en la isla del cielo Kekeke.” Hecho a reír cuando el navío se encontró lo bastante lejos para que ninguno los pudiera escuchar. En ese momento, se quitó el bigote y el uniforme de Nozama Company para dar paso a un outfit más cómodo, que quizás no había elegido del todo bien... “Vamos bro… ¿enserio?” Se quejó al darse cuenta de las oscuras nubes que comenzaban a cubrir el cielo ante el constante avance de su embarcación. “¡Estar atentos! ¡que viene una tormenta!” Indicó a los suyos que se prepararan antes de volver a tomar el timón del navío y dirigir la embarcación hacia el mismo punto al que todas las naves circundantes que también atravesaron el perímetro de seguridad apuntaban.


No pasó mucho tiempo antes de que las nubes dieran paso a la lluvia y vientos torrenciales mecieran las embarcaciones de lado a lado. “¡Runin, Barald arriad las velas!” Pidió a sus compañeros que las recogieran, para evitar que el viento se hiciera con el mando del Aloha Kai.

“¡Yuuki! ¡¿Qué puedes ver desde arriba?!” Pregunto a la artillera ubicada en el nido de pájaros. Aunque no hubo necesidad de respuesta, pues la imponente melodía comenzó a resonar de tenue a fuerte en sus oidos.



“¿Qué chinga what?”  

Una cosa era robarles las velas y uniformes a unos tontos tras haber leído el último periódico que anunciaba los juegos de la isla del cielo; otra muy diferente, era saber qué estaban sobre el "Knock up Stream" a tan solo segundos de salir disparados en dirección al cielo, mientras el mismísimo Dios entonaba un magnánimo canto que anunciaba su bienvenida.

El sonido del constante burbujeo logró filtrarse en medio de las melódicas notas y, junto a un ligero aumento de la temperatura en el ambiente, fue razón suficiente para que Ryota reaccionara. “¡AGARRENSEEEEEE!” Nunca había vivido algo como ello, sin embargo, las constantes fluctuaciones de temperatura siempre le habían indicado cambios en la marea y como navegante entrenado, pudo entender la peligrosa situación en la que estaban. Aunque tan solo pudo sujetarse al timón cuando el Aloha Kai fue disparado junto con las demás embarcaciones hacia los cielos, esperando que Cardan y Tocho Morocho, que estaban en la bodega, pudieran librarse de ello.

Ah, claro, y también sus nakamas.

En un abrir y cerrar de ojos, la tripulación se encontraba en los aires navegando por una peligrosa corriente que los propulsaba hacia el cielo.



“¡BARALD! ¡RUNIN! ¡LAS VELAS! ¡PREPÁRENSE PARA ABRIR LAS VELAS!”

Sin saber si se encontraban bien o no, el castaño decidió confiar en la fuerza de sus compañeros, pero ¿no ordenó hace minutos que las recogieran? ¿Por qué ahora pedía abrirlas? “¡A mi señal!” continuó gritando mientras libraba una difícil lucha contra el timón para mantener el rumbo a través del peligroso cauce que era el pilar ascendente. “Vamos, amigo… un poco más, aguanta campeón, tu puedes…” La adrenalina comenzó a inundar su cuerpo, el suelo a sus pies crujía, su corazón a palpitar y su cerebro a entender el enorme esfuerzo al que estaba siendo sometida la embarcación. Aun así, como con todos, Ryota confiaba en que su nuevo tripulante tendría lo necesario para soportar un viaje de semejantes proporciones. “Aguanta… aguanta…”

De repente, la embarcación comenzó a quedarse sin el impulso inicial. “¡Yuuki! ¡Tezca! ¡Orienten las velas de dirección a estribor!” De nuevo fue más fe que el asegurarse de que estuvieran bien. Y cuando el navío fuera reclamado por la gravedad. “¡RUNIN Y BARALD AHORAAAAAAA!” Espero que las velas se desplegaran agarrando una poderosa corriente de viento proveniente de la altura que los propulsara aun con mas fuerza hacia los cielos.



“¡VAMOS A LA ISLA DEL CIELOOOOOO! ¡LET'S FUKING GOUUUUU!”

Vestimenta

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#15
—¡WYATT! ¡CIERTAMENTE SERÁ LA ISLA MÁS LIBRE QUE HAYAS VISTO JAMÁS! ¡TE VENDRÉ A BUSCAR CUANDO LA ENCUENTRE! ¡MANTENTE VIVO! ¡Y SOBRETODO MUY FELIZ!

Gritaría Yuuki a su buen amigo Wyatt Goldstar. Él se quedaba en Neur viviendo una vida tranquila y feliz. Había encontrado el amor y también tenía mucho futuro llevando el viaje por su propia cuenta allí en esa isla. Tocho Morocho se despediría también del rubio y en la mente de la pelirrosa, pasaban todos los momentos que vivieron juntos en el viaje en el Grand Line. Adiós Lucho Foro. Fuiste el mejor fichaje matatoso. Que tu aventura sea feliz y llena de cosas nuevas.

Y conforme el Aloha Kai zarpaba en un viaje nuevo, el primero para aquella variopinta tripulación, Yuuki se pegaba a sus amigos y los abrazaba para limpiarse las lágrimas con ellos. Y esa sería la única vez que la verían llorar como magdalena... al menos por ese día. No le gustaban las despedidas, lo estaba descubriendo. Esperaba no tener que despedirse de ninguno más en todo el viaje. Para ella eran todos o ninguno.



2 de Primavera del año 18

No había empezado el día y apenas había logrado tomarse su taza de té mañanero. El clima parecía estar bien en un inicio, y sus dedos no hacían sino tamborilear sobre las pistolas, que llevaba ocultas en una mochiola que se echó al hombro y donde también cargaba las municiones y otros elementos; mientras el barco navegaba acompañado por los demás navíos de la empresa de Beff Jezos.

Se había disfrazado al Aloha Kai para irse con aquella empresa, Nozama. Yuuki se había puesto una ropa que era menos estilizada. Según lo que había leído en los panfletos, y lo que habían acordado todos, era que se iban a disfrazar para pasar como uno de los barcos de transporte de dicha empresa. Y lo habían hecho bastante bien. Yuuki incluso se puso un overall de color anaranjado y mientras la gente de los otros barcos pasaba por ahí, ella fingía que trabajaba. El solo pensamiento de trabajar a bordo del Aloha Kai le daba escalofríos. Era una nave de los sueños, no una balsa de transporte.

Por suerte, el peligro pasó pronto y todos iban a poder volver a lo suyo. Yuuki conservaría la ropa del overall, sin embargo, aunque se lo dejaría a medio poner, amarrando la parte superior de la prenda a su cintura y adoptando una apariencia mucho más propia de ella. Ella estaría de camino al nido de pájaros en lo más alto del barco, tranquila luego de escuchar que ya solo era momento de descansar y dejar que el viento y la marea hicieran su trabajo... pero Ryota dio la señal de alarma.


Y aunque el capitán había dicho que era una tormenta, la verdad es que no fue nada así. Lo primero que escuchó fue aquella música. Y le entró el peor de los malos presentimientos. ¿Porqué siempre que se disponían a relajarse les pasaba ese tipo de cosas? Esta vez no iba a dejar nada al azar. O al menos nada de lo que estuviera en su alcance.

Agarró una línea de vida, una cuerda, y se ató la cintura. Luego tomó otra y corrió a lo largo de la cubierta buscando a sus amigos. Cuando el navío se estremeció, el pánico casi la toma por completo, sacudió su cabeza y uso las alas para planear luego de dar un salto. Al primero que vio -y al único en ese momento- fue a Tezca, a quien abrazó con fuerza y lo enganchó a su línea de vida mientras lo sostenía con todo lo que podía. Y de paso miraba si le era posible robarle algo del bolsillo... esperaba que no tuviera botones otra vez o se iba a molestar.

—¡NI SE TE OCURRA SALIR VOLANDO, NIÑO DE ORO! ¡QUÉDATE CON NOSOTROS!

El Aloha Kai estaba ahora en camino al cielo. ¿Esa era la Knock Up Stream? ¡Qué literal! La potencia había sido suficiente como para que todos a bordo fueran sacudidos, pero no para que la capacidad de liderazgo de Ryota se viera minimizada. En un instante ya estaba dando órdenes... ¿Acaso no veía que casi pierden a Tezca? Maldito bruto.

—AYE, AYE, CAPTAIN! ¡QUE ALGUIEN ATE A TOCHO MOROCHO! —Gritó Yuuki con un tono enojado mientras se aferraba al barco. Buscó tener a Tezca bien agarrado y lo miró a los ojos para compartir las instrucciones con Tezca. Estaba sonriente, y también se veía confiada. Pero la verdad es que estaba bastante nerviosa y simplemente agradecía el tener algo que hacer.

—Vamos, compañero. ¡Usa la línea de vida para sujetarte a mí! ¡Y vamos a tirar de las velas!¡A estribor... o sea, a la izq- TU SOLO TIRA DE LAS CUERDAS QUE YO TIRE!

Se movió a lo largo de la embarcación, llevando la línea de vida siempre fija a algún punto de sujeción firme en el barco y llegando a los aparejos que gobernaban las velas principales. Una vez allí empezó a tirar, esperando a que Tezca la ayudara. Tan solo pasa que Yuuki en lugar de tirar las velas a estribor, en realidad empezó a tirar a babor. Pero como las velas le resultaron tan pesadas, en realidad no logró hacer nada... dependería de Tezca cumplir con la orden.

Y mientras se hacía la idiota y no movía las velas, cantaría a todo pulmón a la vez que el barco literalmente volaba. Si podía ayudar al menos a que sus amigos estuvieran molestos con ella y no preocupados por lo que les sucedía al rededor, se daba por servida. De paso concentraba la atención en ella.



Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
#16
Pasaron muchas cosas en los pocos meses que estuvimos en Kyodania, tesoro. El encuentro con los cazadores, los entrenamientos con Akira que todavía me dejaban el cuerpo adolorido, las comidas de Juan que siguen siendo de lo mejor que he probado desde que entré a la Marina, y la larga espera de la división 75. Fueron días intensos, llenos de trabajo, risas y momentos que hicieron que nuestra pequeña familia se uniera todavía más, pero si hubo algo que marcó ese tiempo fue la muerte de la madre de Sigrid, todavía me duele pensarlo. Ver a alguien tan fuerte cargar con un dolor así, ay, tesoro, no hay maquillaje, canciones ni maracas capaces de esconder una herida de ese tamaño. Lo intenté. Pasé días enteros hablando con ella, noches enteras buscando las palabras correctas, convenciéndola de que se fuera con nosotros, de que abandonara la isla por un tiempo, de que encontráramos un lugar donde pudiera respirar sin que cada rincón le recordara lo que había perdido.

Pero Sigrid es Sigrid, una vikinga tan noble como terca. There was no way to negotiate with her, honey y aunque una parte de mí quería seguir insistiendo, otra entendía que cada persona enfrenta el dolor a su manera. El Okama Way también me enseñó eso, no puedes obligar a alguien a caminar a tu lado si todavía necesita detenerse para sanar, lo único que puedes hacer es recordarle que, cuando decida volver a avanzar, siempre habrá alguien esperándola con los brazos abiertos, así que dejé de intentar cambiar su decisión, solo me aseguré de que supiera que nunca estaría sola. Mentiría si dijera que la despedida fue fácil, abracé a mi niña Sigrid con todas mis fuerzas antes de subir al barco, intentando memorizar ese momento porque no tenía idea de cuándo volveríamos a verla. Me dolía dejarla atrás, muchísimo, pero también sabía que quedarse era la decisión que había tomado con el corazón, y yo jamás le faltaría el respeto a eso, respiré hondo, me limpié discretamente los ojos y giré hacia el mar porque el momento de partir había llegado, nuestro siguiente destino eran las islas del cielo y un viaje como ese era simplemente imposible de rechazar.

Subí al barco con el corazón todavía un poco pesado, tesoro, pero apenas puse un pie sobre la cubierta escuché la voz de Juan Sebastián repartiendo órdenes como de costumbre, el trabajo nunca espera, y quizás eso era justo lo que necesitábamos después de una despedida tan difícil. —¡A la orden, tesoro! —respondí con una sonrisa, dejando que el cuerpo volviera a moverse por pura costumbre. Ya era un trabajo recurrente para mí, pero para nada molesto, honey. Al contrario, había algo reconfortante en repetir esas tareas una y otra vez, era una forma de recordar que, pasara lo que pasara, la división seguía avanzando. Sujeté los cabos y alcé las velas con cuidado, sintiendo cómo el viento comenzaba a hincharlas poco a poco. Cuando terminé, no perdí tiempo y subí hasta el carajo, acomodándome en mi puesto habitual para vigilar el horizonte. Desde ahí el mar parecía infinito, extendiéndose frente a nosotros como una promesa de nuevas aventuras.


Días después llegamos al punto de encuentro, tesoro. Frente a nosotros solo había mar, cielo y un montón de preguntas. Lo único que tenía claro era que, de una forma u otra, teníamos que llegar a las islas del cielo. ¿Cómo? Ni la menor idea, si me hubieran dicho que había una escalera gigante o unas alas mágicas, probablemente me lo habría creído, Además, todavía teníamos aquellas cajas que transportar. No se iban a subir solas, honey, fue entonces cuando Akira comenzó a explicar el plan y lo escuché atento. Hasta que mencionó que un Knock Up Stream que para mi era nombre de stripper en un bar homosexual, nos lanzaría disparados hacia el cielo.

Y mi cerebro dejó de funcionar por un segundo. —¡¿QUE TÚ ESTÁS DICIENDO, AKIRAAAAA?! —grité llevándome ambas manos a la cabeza, con las alas abriéndose por puro reflejo —¡¿Me estás diciendo que el plan consiste en dejar que una explosión nos dispare hacia el cielo como si fuéramos un corcho de botella?! ¡No, no, no tesoro, acaso dejamos el sentido común en Kyodania con nuestra doctora?! — Lo miré unos segundos más, esperando que empezara a reírse y dijera que todo era una broma, spoiler del capitulo de hoy, no pasó. Mi sonrisa comenzó a desaparecer poco a poco. —Wait, wait, wait honey ¿hablas completamente en serio, tesoro? —pregunté esta vez en un tono mucho más bajo, señalando el mar con un dedo —Porque si esto funciona te prometo no volver a tocarle el culito a Juan mientras duerma. Nunca mas. —

Pero antes de que el Knock Up Stream llegara, tanto Juan como Enji me enviaron al interior del barco y bueno, tesoro si algo sé hacer además de cantar y coquetear, es seguir las órdenes de mis superiores, así que no discutí ni un segundo. —¡Entendido! —respondí mientras descendía rápidamente al interior del navío. Ahí me encontré con Ford Fiesta y honey ese gato es, sin exagerar, el más fiel que he conocido en toda mi vida. Me acuclillé a su lado y le acaricié suavemente la cabeza, dejando escapar una sonrisa que, por un momento, hizo que olvidara toda la locura que estaba a punto de ocurrir. —Nos toca cuidar el fuerte, tesoro. Tú y yo tenemos una misión importante. —murmuré mientras echaba un vistazo a las cajas de suministros repartidas por la bodega.

Me aseguré de colocarme donde pudiera sujetar la carga si llegaba a desplazarse durante el ascenso. Lo último que quería era que una de aquellas cajas terminara aplastando a Ford Fiesta en medio del viaje y sinceramente, tampoco pensaba salir al exterior, si el barco iba a ser lanzado por los aires, prefería permanecer dentro antes que acabar flotando en medio del océano por no haber obedecido una orden. Respiré hondo y apoyé una mano sobre una de las cajas mientras la otra permanecía cerca del gato. —Tranquilo, honey, si esto sale bien, cuando lleguemos al cielo te invito el mejor PEEEEEEEEEEESCARAJOOOOOOO— En ese momento el barco comenzó a ascender y aunque no lo veia podia sentirlo, esperaba al menos un aviso.
Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
#17
La subida a Skypiea…un proceso tan estrambótico como excepcional. Imaginarse el proceso de subida llegaba a poner los pelos del soldado de punta, ¿y quién le diría que alguna vez subiría hasta una isla situada en lo alto de los cielos? No sonaba en absoluto creíble. No recuerda la vez que llegó a escuchar hablar de las historias sobre la ciudad dorada de Shandora, o los pequeños objetos conocidos como diales; leyendas sin sentido que contaban en medio de una taberna con alguna relación a aquella tierra de los cielos. Por supuesto, el marine nunca le dió la importancia suficiente como para prestar atención al detalle, ya que en lugares como aquellos tan solo se hablan de historias sin sentido, y leyenda o no, aquello era incapaz de cambiar el hecho más fundamental de aquella misión:

El Shichibukai y gobernante de aquel impresionante lugar, Zarutsuki, había solicitado ayuda de la Marina, buscando que, con su imprescindible labor, se llevasen a cabo una vez más los conocidos como Juegos del Cielo.

No tuvo la capacidad de informarse sobre qué actividades se desempeñarían durante esos eventos, y seguramente serían informados próximamente tras su llegada en días posteriores. ¿Importaba? En absoluto. Ellos poseían una nueva misión, y su única labor era cumplir el deber impuesto que, cómo muchos otros marines en todas y cada una de las corrientes del Grand Line, y provenientes de océanos más lejanos incluso, acudirían a la llamada para ayudar en la custodia de ese grandioso lugar.

“Espero que esos marines de los que tanto he oído hablar estén allí”.

Y es que meses atrás, el nombre de Saint Vangelis Enji, así como el de Stroud Nanashi, que cubrieron el periódico de una estación atrás junto con el de Shin, fueron aquellos que más interés habían generado en aquel que ahora, cargado con su equipaje más esencial mientras su amigo se ocupaba de todo lo demás, comenzaba a embarcar en el navío de la empresa Nozama, observando cómo sus rostros muestran algo más de confianza al saber que algunos marines viajarían junto a ellos en aquel barco. Quizás, si tenía suerte y encontraba al primero, podría volver a ver a Juan Sebastián después de tanto tiempo, mostrándole sus nuevos avances.

Intenten no olvidarse de nada, si de verdad iremos hasta allá arriba, hay que contar con que quizás no bajaremos pronto.

Kael lo observa con calma caracterizada dentro de su ser, aprobando su mensaje.

—¿Vas a poder con todo el equipaje tú sólo? Mira que es más rápido si lo llevo yo.—Una pequeña broma, tratando de animar un ambiente que desde hacía semanas se había visto alicaído por la partida de dos compañeros. La persona que más lo exterioriza, por supuesto, terminaba siendo la Humink del equipo, pero intuye sin miedo a cometer un error que su amigo tampoco lo está llevando con el mejor ánimo.—Nyra, antes de que te marches. ¿Tienes un momento?

Demasiadas semanas atrás se habían sucedido en lo que había tratado de entregarle aquel regalo a su compañera. En un principio creyó haber podido hacerlo durante la mascarada de Matsuri, pero necio de él, solo mostró la poca precaución que puede llegar a proceder en su ser si consiguen entrometerse en lo más profundo de sus defensas.

Saber que podía caer tan fácilmente ponía sus nervios de punta, y ese pequeño placer de cabellos rojizos…pudo haber tenido un coste demasiado alto.

—He visto que no te manejas del todo mal con la katana, pero…—Entregó a su compañera lo que tanto tiempo tuvo consigo. Ella ya pudo intuirlo desde el momento en que lo vió tratar de embarcar, siendo estos casi tan altos como el propio hombre que los cargaba consigo.—Tus habilidades encajan mejor con estos Bos de aquí. Quizás no te acostumbres tan rápido a ellos como lo harías con uno comprado en una tienda, pero los he estado haciendo para ti. Estoy seguro de que sabrás sacarles mucho provecho.

La calma y seriedad en su tono de voz hacían imposibles diferenciar la preocupación de la disciplina como marine, el apoyo a una compañera, y el deber como guardián de los suyos. Ha comprobado como su amigo, lejos de tener alguna dificultad que mejorar, mostraba de lejos la potencia física que el control de su akuma y su entrenamiento fructífero habían entregado en él. Aún así, no apartaría la vista de su lado tampoco, pues el combate contra aquel teniente de la marina en Kutsukku les dejó en claro que, por muy fuertes que ellos jamás llegasen a ser, siempre terminaría existiendo alguna persona más poderosa que ellos.

—Ah, otra cosa. Te voy a llenar de equipaje, pero necesito que tú también estés preparada.—Sacó de aquella mochila que llevó durante su expedición en Baterilla hasta Kutsukku tres botiquines pequeños y uno mediano, ofreciéndoselos para asegurarse de que con eso, los tres miembros de la división estuviesen lo más prevenidos posibles.

Entre los suministros que el más corpulento de los tres tenía en su equipaje, asomó el arma que Hae-Won le había cedido a él; un pequeño regalo de despedida para su división, y un mensaje que denotaba como aquellos dos jóvenes enamorados habían encontrado la paz en un lugar que, lejos de sus hogares, ahora podrían mantener cómo propio en Matsuri.

O al menos, eso quería llegar a creer.

—Si necesitas alguna otra cosa, avísame. Yo voy a realizar comprobaciones en el cargamento.—Cerró la mochila, sacando primeramente su libreta de anotaciones de la misma junto con algo para escribir, y como si de un operario se tratase, dejó a Nyra tan solo si ella, al menos, no tenía nada más que añadir en aquella conversación.

Kael, lejos de centrarse únicamente en el cargamento, no sólo revisó el método de trabajo de los operarios de la compañía, apuntando con discreción y naturalidad toda aquella información que llegó a tener a su disposición, sino también los nombres de aquellos que se identificasen como trabajadores directos de la compañía, y no los que fueran subcontratados temporalmente de la misma. Tan sólo hablaría con aquellos que le dirigieran la palabra primero, y por supuesto, en ningún momento llegó a dificultar u obstaculizar ni un sólo movimiento de aquel duro trabajo de carga. Cómo marine, debía caminar con naturalidad y sin mostrar indicios de ocultarse, pero al mismo tiempo, tratar de no llamar la atención de aquellos cerca del mismo era algo que, sin lugar a dudas, trataría de lograr conforme la oportunidad se lo permitiese en los días venideros.

Toda precaución es poca para mantener a su división a salvo.

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Algunos días después…

Los destinos de todas aquellas embarcaciones marítimas, portando -sino en su totalidad- la gran mayoría las banderas de aquella gran empresa de renombre mundial, Nozama, esperaban en un área tan enorme y con tanta cantidad de embarcaciones que era imposible observar más allá. La tormenta que caía sobre todos ellos no parecía dificultar lo que se observaba como una titánica tarea de reunión, esperando todos al fenómeno de ascenso que, en cualquier momento, permitiría a todos ellos abandonar aquella lluvia torrencial que empapaba los uniformes y ropajes de todos los trabajadores, marines, y aquellos que decidieron unirse a aquella expedición hacia los juegos del cielo. Resulta más que evidente pensar que para la correcta participación del mismo, muchas personas al igual que ellos vendrían embarcándose en uno de esos navíos.

A pesar del temporal, todo parecía genuinamente en calma. El agua azotaba los mascarones de proa y los costados de los barcos, salpicando en los que permanecían más alejados mientras ahora, con un movimiento mucho más firme y precavido, el marine se prepara para el ascenso.

Y entonces, sonó la gran orquesta. 

ost

Una sinfonía celestial, proveniente de más allá de las nubes se abrió paso entre las mismas, haciéndose notar a través de un gran eco por todo el lugar. Pero aquel sonido no era relajante.

El cielo les estaba dando la bienvenida
y su melodía intimidante
desgastaba incluso
el ALMA

El corazón de Kael no mantuvo la entereza que se mostraba en la firmeza de su semblante. Su cuerpo se mantenía recto, cruzando los brazos mientras comprueba de reojo el estado de todos y cada uno de los que a sus ojos llegaban a pasar. Cada latido retumbaba en el interior de su cuerpo, pero pronto…todos esos sonidos fueron acallados por el retumbar de la música en la tormenta, silenciando todos los ruidos y las voces de lo que allí en aquel momento se podía observar.

Todo quedó en nada…menos la música.

Y entonces, llegó el gran evento.

[Imagen: zLdaJW7.jpeg]

El conocido como Knock Up Stream, un chorro de agua de forma perpendicular que arrastraría todas las embarcaciones de forma simultánea hacia el cielo, comprobando así el conocimiento de quiénes participan en la subida con tal constancia y regularidad para hacer que todos se reunieran en el punto exacto de subida, se hizo presente. Solo su sonido llegó a interrumpir las notas musicales del coro celestial durante apenas unos momentos, hasta que el sonido, como si compitiera contra todo lo que no fuera su melodía, reuniera en sus esfuerzos un sonido aún más apabullante, acallando una vez más todo…excepto esa música.

No sé lo que ocurrirá. No sé si sufriremos una emboscada, si caeré del barco en una tormenta o si dentro de unos años me llevará una enfermedad.

Kael recordó aquellas palabras en Sabakun durante apenas un instante, y su postura se deshizo al instante. Buscó a Nyra y a Shin, olvidándose de todo lo demás. Sabe que no tiene capacidad de reacción suficiente como para hacer algo si la fuerza de los vientos y la explosión terminaban por hacerlos salir disparados. Él podía aguantar, pues sabía dios que haría pedazos el barco con tal de mantener sus pies sobre la madera hasta terminar el ascenso, pero…

No podía volver a cometer el mismo error.

Acercó sus pasos como pudo en su tarea hasta sus dos compañeros, manteniendo la distancia entre ellos tan mínima como le fuese posible. No puede, debe…ni tampoco quiere estar lejos de ninguno. Él era el guardián, y debe asegurarse de que ambos estén bien ahora y siempre.

Por aquellos que ya se fueron,
debe mantener su promesa.

marines a los cielos
[Imagen: jGxJg3p.png]
#18
Maki miraba el horizonte mientras Merlot navegaba con ahora más maestría que nunca, aun así, parecía más lenta que otros navegantes, pero confiaba en ella, confiaría en ella todo, su vida muerte y más. Más allá de lo que se puede apostar, apostaría por ella… por ella y por el doctor. Hermoso sin duda, amable y aunque su aura despedía pura armonía, parecía tener un problema con la crueldad y la irritabilidad. El diagnostico de Maki era que necesitaba un abrazo. Pero ella no sería la que se lo daría. Mara se mantenía bajo cubierta con los grumetes, los niños que habían rescatado de las garras de los médicos trastornados de Drum. Habían embarcado alrededor de setenta mocosos y si bien se habían deshecho de bastantes, unos pocos aun persistían. —Acérquense… necesitamos repasar el plan… y con plan me refiero a que practiquemos… la música. Necesito que la escuchen más que con sus oídos, quiero que la sientan en sus venas, en su cuerpo, que sean uno con ella… Cherry… ¿Cantas? ¿Bailas?... seguro que bailas, ye te he visto moverte.— Dijo dando un acorde profundo y delicado tan fuerte que resonó por todo el barco. Y se escuchó la algarabía de los niños escoltando a Mara hasta la plancha de cubierta, estaba herida, una pierna fracturada. Aquella muchacha que habían ayudado en un motín, era quien le conto de la ruta, le dio las velas, las licencias y lo necesario para pasar por el bloqueo que estaban por ver. Quería encontrarse con su hermana Dona. Esperaba que estuviera bien y Las Valar le habían prometido llevarle un mensaje, decirle que estaba sana y salva y había que llevar ese mensaje a la isla del cielo junto a otros artículos de una especie de obra de teatro.




La hermosa canción de Maki comenzó y mientras todos los niños bailaban entre ellos, Mara aplaudía y podía ver en el rostro de sus salvadores iluminado. Cada nota, cada canto y cada paso y supo que este era uno de esos momentos que deseaba se mantuviera en su mente eternamente. Deseaba tomar este momento y congelarlo en sus ojos. Que nunca llegasen a la corriente ascendente, que nunca más tuvieran que preocuparse de nada. —Eso!!! Valars llegaremos al cielo, Iremos tras las estrellas mas allá del mar!!!— Mientras uno de los niños obligaba a Hyakhintos a bailar con él, pero quien recibía más atención sin duda era María Merlot, la más hermosa aparición que esta tierra jamás hubiera visto sobre la faz de la tierra. Siempre danzante. Siempre sonriente. Cada uno de sus movimientos parecía anunciar una voluntad que tomaba forma entre la niebla de Arabasta. Para muchos, aquella era la primera vez que contemplaban algo verdaderamente hermoso. Para Maki. Cada día que la veía era una fantasía cumplida.

Cuando llegaron al último puerto de Arabasta, los niños bajaron junto a una un poco más repuesta Mara. Maki ordeno a los tres más grandes escoltar a la mujer hasta la ciudad llevándola con seguridad a costa de sus propias vidas y entonces, solo entonces, Las Valar comenzaron su viaje por paraíso directo al firmamento con sus estrellas innumerables.

Dias después…

Ahora en esta cubierta el cielo se abría y cerraba a medida que se acercaban Maki continuaba con su canción, una canción poderosa y melancólica y giro a la proa sin dejar de cantar ni tocar, cada paso parecía ir sobre el mar mismo. Cantaba más y más alto dotando a sus amigos de tranquilidad y confianza. El viento golpeó su cabeza rapada. Bajo el sol parecía un faro. A lo lejos, las nubes malvadas negras, despiadadas, empezaban a devorar la luz. Ella con valentía se subió a la proa y sobre la barandilla manteniendo el equilibrio más y más desafiante contra la tormenta que comenzaba a anunciar que estaban ya cerca del punto donde Mara les había relatado que debían estar.

Cuando su canción termino. Su pecho subía y bajaba con emoción incontenible. El Royal Flush estaba radiante, la madera parecía nueva, recién barnizada, listo para luchar contra el mar, contra el cielo y contra lo que sea que los dioses envíen contra el. Su cuarto y más fiel tripulante. Tenía el mascaron de ciervo camuflado con telas y banderas de la compañía, las velas izadas con orgullo cambiadas por las oficiales que confirmaban que eran enviados del magnate de los envíos. Maki se sentía segura. Era un plan infalible. Pero cuando vio las flotas de la Marina sintió algo dentro de ella, algo podría salir mal. Pero.

—ADELANTE!!! NO VIVIRE CON MIEDO AL MAR AQUÍ Y AHORA NOS DECLARO DIOSES. DIOSES DEL CIELO Y DE LA TIERRA JAJAJAJA!!!— Dijo volviéndose a María Merlot y Cherry — RAPIDO RATAS DE MAR!! MERLOT AL TIMON!! CRUJAN LOS MASTILES!!! QUIERO TODOS LOS TRAPOS A LA TORMENTA!!! MAS TRAPO!!! MAS TRAPO!!!— Ordenó la capitana mientras saltaba cerca de Cherry para ayudarle a izar la vela principal —PREPAREN LA PROA!! AL FRENTE HACIA EL PUNTO DE SALTO!! BAJEN A CUBIERTA TODO LO QUE PUEDA SALIR VOLANDO!!! PREPAREN LOS CAÑONES Y PREPARENSE!! ESTO ES SOLO EL INICIO DE NUESTRA PRUEBA!!! AFORTUNADOS LOS QUE SE ENFRENTEN A NOSOTRAS!!! CONOCERAN A LOS DIOSES ANTES!!! — Dijo emocionada mientras ayudo posicionando un cañón detrás de una gran pancarta del magnate del bajo mundo. Miraba a todos moviéndose como un reloj bien calibrado y ella no se quedaba atrás. Maki tenía mucha experiencia dirigiendo tripulaciones. Había sido Marine en sus primeros años y justo antes de graduarse… la tragedia. Algo que no tiene por qué ser contado… no hoy.

Finalmente pudieron pasar por el bloqueo de los Marines. Todo salió según el plan, como seda ni siquiera fueron abordados ni interceptados. Pronto. Aliviada, respiró la calva de los Valar al dejar al cordón atrás, desconfiada recorrió parte del perímetro del barco mirando con especial atención la espuma de mar golpeando al Royal mientras sus dedos se mantenían acariciando la tsuka de sus armas. Entonces lo vio, el agua burbujeando, era un espectáculo hermoso, como una canción desesperada por explotar y surgir y entonces las nubes de tormenta comenzaron a llorar, el mar a rugir, una tenue canción comenzó a alzarse. —EL TIFON NOS AMENAZA… VALARS IREMOS AL CIELO!! PREPARENSE!! DIOSAS Y DIOSES SERAN DERRIBADOS!!!— El agua inundaba la cubierta del Royal, pero Maki no se rendía, con una carcajada amplia y desquiciada recibía el dolor del Royal para hacerlo suyo ☼Aguanta!!… aguanta hermana!☼ Se decía a sí misma y al navío.

El retumbar de las nubes eran aterradoras, las vibraciones oscilantes que les golpeaban declaraban el inicio de una comparsa victoriosa, todas melodías que se le metían en la mente, en los sueños y sus ojos dorados deseaban ir más allá del fin del cielo, recorrer el camino recto a la guarida de los dioses. —Escuchen… escuchen…!!! !!! son las voces de los dioses que nos llaman!! Merlot… llévanos allá cariño.— Dijo mientras tomo nuevamente su guitarra para acompañar las voces que les recibían con el valor de mil canciones pues Maki nunca había escuchado algo similar a esto. Tan glorioso tan etéreo, tan. ¡Celestial! La guitarra de Maki comenzó a luchar contra la tormenta.

Cada trueno responde como un tambor.
Cada ola marca un compás enloquecido.
Las cuerdas vibran desafinándose por el viento.
Los relámpagos iluminan cada acorde de Maki desafiándola.
Ella sonríe y comienza a rugir contra la tormenta de mil voces!


Entonces se sintió como un cataclismo. La madera crujió y rugió y el Royal se removió en sueños como una bestia herida, la fuerza del mar en ebullición comenzó a zarandearlos y a cantar con ella, la sinfonía de los dioses y los ángeles se hizo más y más fuerte, la luz comenzó a temblar, la noche y las garras reptantes de los truenos y la maldita corriente entonces reventó con la fuerza de mil soles en explosión, el agua hirvió y el Royal salió disparado como una bala perdida corriendo paralelamente al agua rugiente ascendente y el en lugar de ser golpeado se lanzó igual que una bestia acechante mordiendo el cuello de la corriente para no soltarla. —CUIDADO!! YA ESTAMOS EN EL CLIMAX DE ESTA SINFONIA MALDITA!!! LUCHEN!!! LUCHEN HERMANAS Y HERMANOS CONTRA ESTA CANCION MORTAL!!— gritó mientras se agarraba con todas sus fuerzas a la barandilla de la proa… quería ser la primera en ver la tierra más allá del cielo y su sonrisa resplandeciente de plata quería tocar primero las luces de las estrellas ocultas entre las nubes tempestuosas. 

Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
#19
Esquizo Esquizo / María Merlot

Advertencia: Leer bajo su propio riesgo.



Días atrás, Invierno, año 17.
3:13 a.m.
Habitación de las mujeres Valar, Flush Royal.
Costa de Arabasta, Paradise.

El arrullo lejano de las olas la invitaba a ir a su encuentro, la incitaba a salir de la habitación y saltar a los brazos del cálido elemento que la cobijó por muchos años como una invitada más que bienvenida. Desde que consumió una extraña fruta monocromática perdió el favor del océano. ¿Por qué no lograba nadar? ¿Por qué el cuerpo le pesaba y sus extremidades se sentían como plomo? Lo vió antes con la Valkiria Besado por El Sol, su forma iguana y su caída al agua. Pensó que no sabía nadar, sin embargo, cuando tomo su mano en las frías aguas marítimas entre el Little Garden y el Reino de Drum percibió que no tenía nada que ver con nadar o rendirse a la muerte. ¡Una muñeca quemada sin voluntad! Había algo en esas raras habilidades y la imposibilidad de nadar, y no necesitaba ser la más lista del mundo para darse cuenta, pero lo olvido. Luego lo sintió en carne viva, muchísimas veces… cada día luego de consumirla, de negar su nueva realidad y saltar por la borda al océano.

Rechazo…
El mar la rechazó…
¡El mar la rechazó!
A ella…

La sensación de hundirse, alejándose de la superficie y la luz del sol, quedando a la deriva como aquella vez hacía mucho tiempo, solo que en ese entonces la jaula era física. Ahora ni siquiera sabía la razón de ser arrastrada al fondo como una maldición. ¡Si una maldición! ¿Cómo más podría llamar al no poder nadar? Y peor aún, a ser rechazada por algo que formaba parte de su esencia mestiza. Su lugar seguro, luego de las celdas, era el mar… y estaba intentando matarla, no ahogada, pero si por inanición o desesperación. ¿Cuántas veces se tiró al agua para llegar a esa conclusión? Perdió la cuenta el primer día… por suerte, o para su desgracia, Hyakinthos siempre terminaba salvandola. Antes de la fruta le debía una vida, después de la fruta le debía toda la eternidad, por respirar su mismo aire.

— ¿Por qué no puedo nadar? — la voz aterciopelada salió como un susurro de los preciosos labios rosados. Esa pregunta, y otras más, flotaba en su cabeza. Los grillos y las cebras se turnaban para atormentarla pero nunca para darle respuestas — … Hmmm — de su garganta se produjo el sonido, tan adorable como el puchero que formó su boca. Exhalando con resignación caminó hasta su tesoro: El Rincón de sus libros y anotaciones. Se dejo caer en el suelo, sentándose con las piernas cruzadas mientras sacaba una caja de color celeste que puso en su regazo y acarició con evidente cariño. El recuerdo no tan lejano de un invierno en las costas de Whisky Peak en el año 16 vino a ella. ¿Qué sucedió? Nada espectacular, solo fue rechazada por Hyakinthos cuando lo beso con cariño, y luego ese hermoso hombre de ojos amarillos le prohibió besar a nadie más… ¡NO HABÍA BESADO A NADIE EN MÁS DE UN AÑO Y MEDIO! ¡Sus labios volvieron a ser vírgenes! ¡JA! Como si eso se pudiera, ni toda una vida de peregrinación la regresaría a ese estado ¿Su culpa? No, culpa de los bastardos que la esclavizaron durante tantos años. Por supuesto, esa historia pertenecía a otro momento. Cuando su mente dejo atrás ese episodio se enfocó en lo significativo de esa noche estrellada, los deseos más profundos de su corazón no, no eran los besos…

“… tener algo para alguien que quiere otro algo… ¿Crees que algún día pueda hacerlo yo también?...”

“… todos creen que estoy loca, que en mi cabeza solo hay hermoso cabello pero… mi locura es la cordura que les falta. Si nunca me han enseñado, como pueden esperar de mi… mi mente cosas más allá de mis ensoñaciones. Ella es mi… tesoro. Aquí adentro, Algodón de Azúcar, hay más… mucho más…”

Una sonrisa acompañó a su mano mientras tiraba del lazo dejando vía libre para abrir la caja. Retiro la tapa y su tesoro la recibió con la enhorabuena y mostrándole un trasero admirable, seguro por la mayoría de mujeres y okamas del planeta azul.

— … ¿Antiprogresistas? ¿Alas Negras? ¿Punk Hazard? ¿Doctor Utakata? — musito cada oración intentando recordar eso que leyó días atrás, semanas atrás. No, nunca lo recordaba, aunque ese trasero lo reconocería dónde fuera. ¿Estaba teniendo pensamientos lésbicos? No, claro que no porque era rubia, o eso parecía, y a ella no le gustaban los pollitos... si fuera sido pelirroja o albina, otra historia sería — … ¿Cuántas veces debo leerte para que quedes grabado en mi mente? Alas Negras, Cuervos, Brownie. ¡Brownie! — se levantó y fue a uno de los cajones, dónde guardaba un regalo muy peculiar: Una pluma del enmascarado tirador. Tomo un envase de tinta y su cuaderno de notas — … trasero, fabulosa, atrapar y entregar a la marina… ¿Eh? — se detuvo un minuto ante el avance lógico y confuso de sus pensamientos. ¡No debía entregarla a nadie! ¿No era ella misma una pirata? A veces entendía todo al revés — … no, no, no entregar a la marina, pedirle su rutina de glúteos para mi Unnie… — escribió con una sonrisa, antes por supuesto tacho lo de “entregarla”.

La madrugada avanzó con María devorando y anotando lo que leía y consideraba indispensable recordar. No tendría con ella siempre los periódicos, por eso la libreta era de ayuda. Algún día lograría entender y comprender la complejidad de la información que llegaba a sus manos… algún día ella también sería una arquitecta de historias, una sirena de conocimientos… y eso le daría poder sobre todo y todos sin tener que levantar un solo dedo.



Día 2 de Primavera del año 18. Madrugada.
Flush Royal, Cerca de la Knock Up Stream.
¿Dónde? ¿Cuándo? ¡No lo sé!

El reflejo del espejo demostraba una verdad única e irrefutable: Divina. María Merlot podía ser muchas cosas, ella estaba consciente de ello pero el recipiente de su esencia era absolutamente sublime, encantador y seductor. Tomó su cepillo deslizándolo por aquellas hebras rosadas, no tenía necesidad de arreglarse o acicalarse, siempre se veía espectacular pero la relajaba peinar su largo cabello. Una pinza, trencitas y un espantoso peinado. La imagen la hizo sonreír. El destello del pasado de un padre primerizo intentando dar lo mejor de sí — … ¿qué harías con todo el cabello que tengo ahora? ¿Sería más fácil o difícil de peinar? — cuestionó a nadie en particular, o tal vez sí, a su padre en el cielo, quien seguramente se volvería un lio intentando hacer algo con su larga cabellera.

Luego de la sesión de peinado, procedió a vestirse. Las instrucciones fueron claras por parte de Mara: “Debían pasar desapercibidas, debían llevar el encargo hasta su hermana Dona Rellena”. Por esa razón les ofreció atuendo a todos, ropa que completaba la otra mitad en el barco de su hermana. No fue difícil decidirse por algo, fue amor a primera vista, mucho más rápido que el flechazo a su corazón por parte de su esposo de mentiritas. ¿Qué estaría haciendo ese serio pelirrojo? Cosas buenas, rectas y correctas, supuso. No como cierto Malvavisco que debía estar rompiendo corazón. 

La vestimenta dejaba al descubierto sus hombros, mostrando las delicadas escamas azuladas. La tela blanca con bordes dorados abrazaba cada curva de su cuerpo. El cabello suelto coronado con laureles de oro le daba el toque final de Diosa bajada de los cielos, irónico porque se suponía iban “al cielo”. O algo así entendió.

Contenido Oculto



Día 2 de Primavera del año 18.
Flush Royal, El mar tiene vida y suena a coro celestial.

“… Merlot al timón…”

Madera. Barniz. Velas. El Flush Royal lucia como uno más del montón, como uno de los navíos de “Zodoma” ¿Qué montón? Aquellos que se iban viendo surcar los mares para ir a ese lugar bautizado como “El cielo”. María frente al timón, intentaba llegar a algún lado… tenía las instrucciones de Mara, contaba con el conocimiento que le dio Trhym-sama... solo debía concentrarse y todo estaría bie… — … miren que curiosita esta el agua… No, no… no voy a saltar… — dijo cuando dos pares de ojos se posaron sobre ella, las traumó de todas las veces que intento nadar. Con una sonrisa encantadora se colocó una tela sobre su cabeza que actuaba como velo. Su navegación era errática…con movimientos poco regulares pero ahí radicaba su esencia: hacer todo diferente para llegar al mismo punto que los demás con estilo.

El bamboleo del mar los llevó inevitablemente a un punto custodiado, entre tantos barcos mirar a uno en particular, y más aún a sus tripulantes, seguro era una tarea titánica. Sortearlos fue sencillo, después de todo eran un barco más de la Compañía “Gomorra”. A lo lejos se extendía un horizonte peculiar. Maki D. Zenin parecía emocionada, demasiado excitada. Hyakinthos por su parte, estaba siendo Hyakinthos, hermoso y sereno. Entonces fue cuando inició aquel fenómeno natural que ella no podría explicar nunca jamás de los jamases. Su cuerpo se erizó, su elemento estaba burbujeando, más allá de la madera, el mar la llamaba…

La flota de barcos se arremolinó en ese punto…

El mar parecía tener vida propia, ella jamás lo dudo, la verdad.
La mestiza empezó a escuchar algo: suave, más alto, melodioso …
¡Voces!
¿Una armonía?
Por inercia volteo a ver a su hermana, no era ella.
¡Se había terminado de volver loca!
Cielo oscuro…
Nubes…
Precipitación…
Mar embravecido…

Ahora era la voz del gigante pelirrojo la que escucho en su mente…

“… sin velas no te mueves, María. Cuida tus velas.”

Las palabras de Trhym, consejos dados durante las travesías juntos acompañaron ese instante de incertidumbre de ser arrastrada a quien sabe dónde... o peor, de perder a sus tripulación — ¡LAS VELAS! — alzó la voz para ser escuchada — ¿Plegar? ¿Desplegar? ¿Plegar? ¿Desplegar? ¿Plegar? ¿Desplegar? — empezó a musitar con rapidez, no tenían tiempo. Intentaba precisar en los archivos muertos de su cabeza las orientaciones giradas por su nakama y la bibliografía que estudio. ¡No podía ser tan difícil! ¡Sentido Común! — ESTAMOS EN ESTA MEZCLA DE PASTEL DE CEREZA… SE VAN A ROMPER, SI SE ROMPE NOS AHOGAMOS, BUENO, USTEDES... YO NO ¡EL VIENTO NOS VA A ROMPER! COMO UNA RAMA AL VIENTO. ¡PLIEGUEN LAS VELAS! LAS DE TELA, NO LAS DE CERA… — ordenó en su desorientación y confusión natural, esperaba haber sido entendida, porque ni ella misma se entendía mientras buscaba mantener el timón en una dirección coherente

La mestiza se sujetó con fuerza del timón cuando entonces lo inexplicable sucedió, o quizás no lo era tanto... ¿Qué iba a saber ella? El velo salió volando. Los gritos de su hermana la hicieron sonreír, eran dos guisantes de la misma vaina… y eso la hizo emocionar pero no terminó de asimilarlo cuando aquella armonía llego a la cúspide de su interpretación dándole vida al mar en forma de columna de agua perpendicular que expulsó a toda la flota, su barco incluido, hacía arriba.

… ¿Ahora que hacían con las velas? Necesitaba pensar pero entre aquella melodía celestial solo pudo gritar un deseo infernal — DESPLEGAR, DESPLEGAR… UNNIE, ALGODÓN DE AZÚCAR, QUIZÁS NO SEA EL MEJOR MOMENTO PERO RENUNCIO NO QUIERO SER NAVEGANTE… EL GIGANTE ME ENGAÑO, ESTO NO ES DIVERTIDO. TE MALDIGO TRYHM-SAMA, SEA DONDE SEA QUE ESTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEESSSSSSS — gritó sacando esa presión de su pecho, y a pesar de lo elevado de su voz, y de que se movía como una hoja al viento, sonó tan aterciopelada como siempre. Ahora debía enfocarse en… sacarlos vivos de ahí… Si, parecía lo más lógico usar esa energía natural, aunque no supiera nada, la lógica estaba ahí… era inteligente, a su madera aleatoria ¿No?



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#20
Días antes
Arabasta
Cubierta del Royal Flush

¡Felicidad!

¿Cómo no podría estar alegre en tan maravilloso día?

¡Por fin partirían de Arabasta!

Y, por favor, no, que nadie crea que el médico pelirrosa de los Valar tiene algo contra tan maravillosa isla, porque si fuera por él, se quedaría mucho más tiempo en las desérticas y exóticas tierras y aun así, ahora que partía, el pirata sonreía de oreja a oreja y estaba dispuesto, incluso, a unirse al coro de voces que cantaban alegres en la cubierta del Royal Flush.

—Canto, bailo…hoy hago lo que quieras, Capiguana —. Su tono, más alegre de lo usual fue acompañado de un tamborileo que empezó sutil, siguiendo el compás de la melodía que Maki empezaba tocar desde su amada guitarra, siendo inevitable que, en algún punto, se uniera a la danza junto con la mujer, antes peliverde y ahora calva, y con Merlot, por supuesto, ignorando a los niños que para él eran simples polizones e irónicamente, la razón de su alegría, por al fin ¡AL FIN! bajarían del Royal Flush.

La paz volvió cuando se alejaron de las costas de Arabasta, los Valar, desde el punto de vista del médico, por fin recuperaban su privacidad, además, dejaban de gastar necesarios recursos en personas que no los estaban beneficiando en absoluto.

Saludó a la costa que se alejaba de ellos, incluso tiró un beso hacia la isla, uno que Mara, la mujer que les entregó las velas y credenciales con los que se encargarían de pasar al majestuoso evento del que ella misma les informó, creyó que era para ella… ¿Cómo culparla? Él médico se sabía hermoso, era normal que acelerara el corazón de algunos, aunque no era lo importante, si no que, con ese simple gesto, con una banal despedida, los Valar pudieron, por fin, dar inicio a su próxima aventura.



Día 2 de Primavera
Cerca del Knock Up Stream

Se arregló como si tuviera que presentarse ante los mismísimos dioses. Mara había dejado en claro las instrucciones a seguir para poder pasar por aquellas aguas que estarían custodiadas por unidades del gobierno mundial y ¿Cómo no? Al ser piratas con un precio por su cabeza era mejor disimular.

El barco ya había sido ataviado con velas y banderas que hacían alusión a la compañía de transporte. Lo miró casi con pena, pues para él era una lástima tener que cubrir los colores de su nueva bandera para dar paso a una distinta; sin embargo, harían lo que fuera necesario para pasar desapercibidos, así como ellos mismos ahora lucían elegantes trajes que evocaban a épocas tan lejanas que solo eran recordadas por medio de libros de historia y leyendas que el médico solía olvidar por más que se las contaran.

La larga túnica rojiza barrió el suelo de madera de la cubierta del Royal Flush cuando el médico salió de su habitación, dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario para que el barco siguiera su rumbo; sin embargo, se arrepintió casi de inmediato al ver, por fin, el cordón del gobierno. Nunca debió salir de su cuarto, de hecho, estaba por devolverse, pero entonces, la potente voz de su capitana lo detuvo en seco.

¿Qué no viviría con miedo al mar?

Él debería tomar su ejemplo. No es como que fuera un cobarde, simplemente, era precavido, pero algo era cierto, tenían que prepararse para pasar, si algo le pasaba al barco y a ellas, también le pasaría a él…Salió a ayudar, sí, esa era su idea inicial, así que eso haría; sin embargo, lo cierto es que se la pasó mordiéndose el interior de la boca para calmarse y aspirando esencia de menta cuando fue su turno de pasar por el cordón del gobierno, una tarea que fue más tranquila de lo que creyó, pero era lo que estaba por venir lo que haría que el médico se asombrara y asustara a partes iguales.

Sorprendido.

Sus ojos se abrieron como luna llena cuando se dio cuenta de las nubes tormentosas que los rodeaban. Su boca se abrió para decir algo, pero se cerró enseguida cuando sintió gotas de agua salada en su cara. Su largo cabello trenzado se meció con el viento y por un momento creyó que la corona dorada de hojas de olivo saldría volando de su cabeza cuando fue consciente de la brisa tormentosa que azotó tanto su cuerpo como las velas y maderas del barco, pero su sorpresa real se debía a los coros celestiales que empezó a escuchar de repente.

Escuchó la voz de Maki al fondo, profiriendo amenazas a los dioses que él prefería obviar, pues estaba demasiado embelesado en aquella sinfonía tanto armónica como terrorífica que provenía desde los cielos.

¿Así se escucharían los ángeles?

Sí, debía ser eso, un coro de ángeles listo para recibir a cualquiera que se atreviera a surcar aquellas aguas que los llevarían directamente hacia el cielo.

El viento acompaña a las voces.

Las nubes de tormenta se hacen más evidentes. Oscurecen aún más el cielo.

Las cosas chocan contra las cubiertas de los barcos. Se escuchan como miles de tambores resonando al mismo tiempo.

El mar… ¡Oh, el mar! Tan hermoso como letal, pues en ese instante estaba tan vivo como ellos, era el protagonista en una escena digna de ser retratada por el mejor de los pintores. Era peligroso, pero al mismo tiempo tan hipnotizante que el médico arrastró sus botas por el suelo del Royal Flush hasta acercarse a uno de los barandales del barco para sentir ese peligro inminente más de cerca, pero entonces…el verdadero protagonista cobró vida.

—¡ESTO NO LO ADVIRTIÓ MARA! —Con fuerza suficiente para no salir despedido por la fuerza que imprimió en el mar, la columna de agua que apareció frente a los barcos, el médico se sujetó del borde del Royal Flush. Miró hacia atrás, Maki parecía emocionada y Merlot…Merlot intentaba no perder los estribos. —¡MAKI, ESTE ES UN BUEN MOMENTO PARA QUE DES UN MENSAJE DE ALIENTO! —. Esta vez el médico gritó con más fuerza, intentando ubicar a su capitana en medio del caos de agua y espuma mientras que, antes de llegar a la columna de agua, corrió para plegar las velas. No podía dejar que se dañaran.

—¡Y TU, MERLOT, OLVIDA QUE DETESTAS SER NAVEGANTE, SOLO AFFÉRRATE AL TIMÓN! —No había dejado la comodidad de Arabasta para perder la vida en una corriente como esa. Podían sortear eso y mucho más, confiaba en que Merlot había estudiado y aprendido de Thrym todo lo que tuviera que ver con navegación y sí el gigante era un excelente navegante, la sirena de etérea belleza, también lo sería, a pesar de todo.

Entonces, de un momento a otro, tan rápido que fue imposible contar los segundos, el Royal Flush empezó a subir a toda velocidad por aquella corriente que lo había dejado sin palabras, porque sí, cualquier otro grito que pudiera proferir quedó atrapado en sus labios en cuanto la travesía real inició, pues en lo único que podía pensar era en la comodidad de su habitación, en llegar lo más rápido posible a esa isla y, por supuesto, en mantenerse con vida…eso sí, a pesar del pánico que podría significar el subir por aquella corriente, el pelirrosa se atrevió a sonreír: hace mucho que no se sentía tan vivo…Tal vez este viaje le traería más beneficios que ningún otro. Lo presentía.

Ya no había necesidad de que las velas estuvieran escondidas…era momento de que el viento los ayudara a subir por aquella corriente que parecía imposible, así que, aferrado a las sogas del marco, el médico desplegó las velas…Ellas lo llevarían al cielo.



Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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