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[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
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03-07-2026, 07:37 PM
(Última modificación: 03-07-2026, 07:38 PM por Bartolomeow Flint.)
Leyenda
Días antes en Hachinosu...
Mentiría si dijera que no estaba emocionado. Que las palabras del Capitán, lejos de meterme presión y acojonarme, provocaron todo lo contrario, me dieron fuerza y energía para completar la misión que me habían confiado. Realmente, si quiero cumplir mi sueño, que era el de convertirme en el hombre más fuerte y libre del mundo, portar el nombre de Ashura "La Catastrofe" y los Mushoku a mi espalda, no tengo que sentirme presionado. Y así era, desde aquel día dormía a pierna suelta, y cada mañana me sentía repleto de energía y con ganas de que llegase el día.
Y el día había llegado, mi emoción fue tanta que llegue al puerto varias horas antes de la salida del barco. El día estaba totalmente despejado, el sol empezaba a asomarse por el horizonte y una leve brisa llegaba al puerto con un fuerte olor a mar. "¡Qué emoción... hoy es él día... ya me muero de ganas de zarpar..." Pensé con una sonrisa de alegría y emoción, cuando llegué al muelle indicado. Allí se encontraba un gran barco mercantil con la bandera de la compañía de "Nozama".
-¡Buenos días! ¿Usted es el señor Bartolomeow Flint?- Me preguntó un tipo de estatura media mientras me miraba de arriba a bajo, aunque el no quisiera pude observar como controlaba sus ganas de sonreír. Le asentí con la cabeza, pese a estar realmente emocionado, seguía sin gustarme hablar con desconocidos y tenía claro que por mi apariencia no necesitaba carta de presentación. -Le esperábamos en un par de horas señor, recién hemos empezado a buscar los materiales que debemos cargar.- Continuo mientras me miraba como si esperase que le contestase. -Bueno... si le llevo hasta su camarote y puede dejar allí sus cosas- Prosiguió al ver que no le contestaba y después de mirar la bolsa, que llevaba al hombro, empezó a cruzar la pasarela que subía hacía el barco, la cual era lo suficientemente grande para que pasase un gigante. Lo seguí sin mediar palabra, subimos por la pasarela, cruzamos media cubierta y finalmente mi guía se paro delante de una de las puertas que daban a cubierta, durante todo el camino estuve fijándome pero sin darle importancia a las caras y miradas de los trabajadores con los que me cruzaba, algunos me miraban extrañados, otros sonreían descaradamente e incluso algunos comentaban con el compañero mientras me señalaban.
-Señor Flint, aquí tiene su camarote, cualquier cosa que necesite puede buscarme en el muelle, allí estaré hasta que zarpemos.- Exclamó para luego, con una pequeña reverencia, deshacer el camino que habíamos recorrido hasta desaparecer de la cubierta. Me lo quedé mirando y cuando este desapareció abrí la puerta y entre en el camarote. Ya dentro del camarote pude observar que este era el camarote del capitán, el cual habían vaciado para que yo lo ocupase durante el viaje. Me di cuenta que era el camarote del capitán, por la cantidad y calidad de los muebles y objetos que se encontraban allí. Entre todos los objetos y muebles me di cuenta que había un espejo de cuerpo entero, que bueno por culpa de mi tamaño, solo podía verme medio cuerpo.
-¡Mierda...! Normal que me mirasen... si solo llevo los calzoncillos puestos-don...- Exclamé sorprendido, llevándome la mano derecha, la que tenía libre, a la cabeza. -¡Vavavavava!- Solté una carcajada divertido mientras dejaba la bolsa en el suelo cerca de la cama y me dejaba caer encima de la cama, la cual tembló bajo mi cuerpo, bueno realmente no sé si fue la cama o la madera de debajo de ella. Con una gran sonrisa en la cama, me quede dormido.
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Día 2 de Primavera del Año 18, 10:00
Cerca de la Knock Up Stream
Hacía un par de horas que habíamos atravesado un gran cordón militar del Gobierno Mundial, con buques propios de ellos y de la Marina, los cuales estaban custodiando la entrada a la zona del mar que daría lugar a uno de los fenómenos naturales más increíbles del mundo.
Por suerte, para el gobierno, esta claro, cuando el barco donde iba como invitado atravesó el cordón, me encontraba preparando la bolsa con las pocas cosas que llevaba, un par de mudas de repuesto y poco más. Esta vez si me cercioré de llevar toda mi ropa puesta junto al pequeño Barto, que era como llamaba a mi diminuto den den mushi, y sus dos primos, el yin y el yang, el negro y el blanco.
Cuando salí del camarote, el cual daba directo a cubierta ya hacía rato que habíamos traspasado el cordón de seguridad, cosa de la cual como es normal ni me enteré, de lo que sí me enteré estando en el camarote y notaba ahora en cubierta, era de la lluvia torrencial que caía sobre nosotros, proviniendo de unas enormes nubes negras que cubrían por completo el cielo.
-Oh señor, ya hemos llegado al lugar indicado, ahora solo tenemos que esperar- Exclamó el hombre, que me había hecho de guía desde el primer día que subí al barco, cuando vio que me acercaba a él. El cual miraba hacía el cielo también, me coloqué a su lado y miré también hacía el cielo.
De golpe las nubes parecían retumbar y vibrar, sacudiéndose y mezclándose entre ellas mientras una empezaba a sonar una melodía, la cual parecía provenir desde el más allá, más arriba de las nubes de tormenta. "¿Qué es esa melodía? Suena angelical, ¿Acaso hay ángeles celestiales en Skypiea? Korg no me dijo nada sobre eso-don" Reflexioné intentando recordar las indicaciones de Korg, sin dejar de mirar al cielo y escuchando con gran interés aquella sinfonía, la cual seguramente a cualquiera intimidaría, pero para mi era una simple sinfonía como cualquier otra, pero eso sí era bastante bonita, puesto que en ocasiones parecía unirse con cantos de tenores celestiales, llego un momento en que solo se podía escuchar aquella sintonía, todos los demás ruidos, los golpes de la lluvia contra la madera, las pequeñas olas contra el barco, completamente se opacaron, como si hubiesen dejado de existir.
El volumen de la sinfonía cada vez parecía aumentar más y más, justo en ese momento el tipo que tenía a mi lado, me golpeo la pierna, lo miré y este me hizo un gesto, a la vez que parecía decirme, o eso intuí al leerle los labios, que me agarrase a algún lado. Después salió corriendo y se agarró a una de las cuerdas que habían atadas al mástil por toda la cubierta.
No perdí el tiempo y me dirigí hacía el mástil. "Aquí no hay cuerda lo suficiente fuerte para soportarme, lo mejor es que me agarré al mástil directamente-don" Me dije abrazando el mástil con mi brazo izquierdo. Gracias a mi altura, desde allí podía seguir viendo el mar. "El agua parece estar en ebullición... parece estar apunto de explotar-don..." Proseguí razonado viendo como este burbujeaba intensamente. En ese justo momento, también pude ver, cosa que antes el rugir del cielo y la sinfonía no me habían permitido al llamar por completo mi atención, que no éramos el único barco allí presente, unos diez barcos o más se encontraban allí en la misma situación que nosotros.
Empecé a buscar caras conocidas en las cubiertas de los barcos más cercanos a mi, pero justo en ese momento noté en mis pies como la madera se estremecía y el barco empezaba a inclinarse hacía atrás. "¿Acaso a explotado algo bajo el barco-don?" Me pregunté a la vez que me agarraba con fuerza al mástil y veía como el barco empezaba a subir hacía él cielo. -¡¡¡YYYuuuuujuuuhhhh!!!- Exclamé cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo. -¡Vavavavavava!- Solté una carcajada exteriorizando la emoción que empezaba a fluir por mis venas, no podría expresar que me estaba sucediendo, pero aquella situación, me estaba provocando que una gran adrenalina me recorriese el cuerpo, llenándolo de energía y felicidad, mientras el barco ascendía y la sinfonía ensordecía mis oídos, una gran sonrisa se dibujaba en mi cara.
Mushokuoff
03-07-2026, 08:08 PM
—Joder.
Seraphine hundió su cabeza entre sus hombros, cerrando sus ojos mientras sus pensamientos estaban convirtiéndose cada vez más en algo peor que un líquido siendo sacudido en la licuadora, sin saber si estar feliz de poder seguir con la tripulación a nuevas aguas o quedarse donde estaba, en la seguridad de alguna isla, sin que fuese plagada de las alucinaciones o ser noqueada por un maldito golpe de galletas, negándose a aceptar que desde su reunión con el resto de la Revolución, su mala suerte hubiese mejorado de golpe de alguna forma, ya que después de todo, pese a no recibir daño, sí que escuchó a su alucinación de nuevo. Y la cual, de paso, la miraba desde una esquina, con una enorme sonrisa, de un tamaño más pequeño que antes, sin comprender del porque le había dado tanto miedo en el pasado, pudiendo sentir como reptaba por sus neuronas cada vez que le ocurría algo más animado, no se podía comparar mucho con una pulga, pero su maldita existencia, seguía siendo tan imponente como si tuviese al mismo maldito noble delante de ella, soltó un suspiro, sacudiendo su cabeza, mirandose por última vez, en espejo del baño, asegurándose que su largo cabello estuviese bien coloreado de un naranja intenso, habiendo utilizado tintes por primera vez en su vida y sus largos cabellos entrelazados en una trenza, una pequeña flor roja dibujada con maquillaje debajo de su ojo izquierdo. —Me encanta— Sonrió, colocando las manos sobre su cintura, saliendo en búsqueda de Mizuki para obtener su aprobación, habiéndose adelantado un poco, y apenas vio a la rubia, la abrazó por detrás, frotando su mejilla no maquillada contra la de ella. —Esta vez toca asegurarse de que no nos separen— Escribió, controlando sus ganas de soltar un quejido al querer ser una chica en la cual el resto de la tripulación podía confiar, aunque ahora mismo se siente como una cría que comió demasiados dulces y está a punto de enfrentarse a la montaña rusa por primera vez en su vida, ignorando sus temores.
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03-07-2026, 08:19 PM
La oscuridad que cubría los cielos del Grand Line cuando Kibai y el resto de su División se habían levantado ya anunciaba que aquel no iba a ser un día precisamente soleado. Y lo cierto era que, apenas una hora después de que todos se hubiesen puesto a sus tareas habituales a bordo, las funestas nubes de color gris plomizo habían ido tomando un tono cada vez más lúgubre, y el olor a ozono en el aire que el olfato del mink podía captar sin dificultad había pronosticado la tormenta que coMenzó a descargarse sin piedad contra el casco del Royal Quiver.
Kibai se encontraba de pie, con las garras traseras bien afianzadas sobre la botavara de la vela mayor, observando el horizonte con los brazos cruzados. El agua, que hacía un buen rato que había empapado completamente su capa y el resto de su uniforme, resbalaba por su rostro, tenso en un rictus de concentración. Desde que la Divisón había leído el último periódico en el cual se anunciaba el acontecimiento organizado por el Sichibukai Zarutsuki: una nueva edición de los juegos de Skypiea.
A ninguno de los miembros de la División 60 le había hecho falta leer mucho más. Funcionando como la máquina perfectamente engrasada que eran, el grupo de marines había zarpado inmediatamente de la isla de Arabasta, a la que recientemente habían arribado, para dirigirse sin demora a las coordenadas indicadas por el soberado del reino en los cielos.
Un nuevo vaivén del Royal obligó a Kibai a rectificar su postura, flexionando sus rodillas momentáneamente para ajustar su peso y su centro de gravedad ante una súbita bajada en picado de la nave producto de una ola especialmente alta. Por suerte, la corriente en ese momento era más que suficiente para impulsarlos, pues el fuerte viento producto de la tormenta en la que la nave había entrado sería un desafío más que notorio para las viejas y cascadas gavias del Royal Quiver, el cual a pesar de los buenos cuidados y constantes reparaciones y carenados a los que era sometido gracias a las hábiles manos de Moja, comenzaba a acusar seriamente los viajes a los que había tenido que hacer frente desde que partieran del reino de Roshwan en el East Blue, hacía lo que ya parecía una eternidad.
Por el rabillo del ojo, el mink fue consciente de que no estaban solos: los perfiles de varios barcos se podían adivinar en la distancia, aunque la gruesa cortina de lluvia y la distancia hacían que, a pesar de visión adaptada a las situaciones de poca o nula luminosidad de Kibai, no pudiese discernir mucho más que su mera posición.
— Parece que no somos los únicos invitados a la fiesta, señor! — rugió el mink hacia el castillo de popa, dónde Stroud se afanaba con el timón, pipa en mano, aunque su potente tono a buen seguro habría sido escuchado tanto por el comandante como por sus dos compañeros Bertram y Moja, que ya se comenzaban a mover por la cubierta, varios metros por debajo de sus pies.
Sin embargo, casi como respuesta al propio grito de Kibai, una fuerte vibración sacudió cada hueso de su cuerpo. Una sonora melodía pareció surgir del mismísimo cielo, una sinfonía de tonos graves, superpuesta con una sorpredente armonía por un coro de voces agudas ahogó todo el resto de sonidos, dejando el mundo en un casi irreal estado en el que las olas se movían en silencio y las gotas de agua salpicaban sin emitir un solo ruido. Aquello era como estar dentro de un gigantesco diapasón, y el Royal Quiver parecía responder a aquella tonada, pues cada cabo, trozo de loneta o astilla de madera pareció tensarse hasta el límete de lo posible sin quebrarse a pedazos.
Al mismo tiempo, las aguas alrededor de la nave, ya considerablemente agitadas debido a la fuerte tormenta a través de la cual estaban navegando, comenzaron a embravecerse cada vez más, mientras la zona alrededor del casco se llenaba de burbujas, dando al mar un curioso aspecto de un cazo lleno de agua a punto de romper a hervir. Y desde el punto de vista de un chef como Kibai, aquello solo podía significar que algo muy grande se avecinaba.
Girando la cabeza hacia la popa del barco, cruzando su mirada con la de Stroud. El comandante, pipa en mano, movió sus labios indicándole una orden, pero su voz fue totalmente opacada por la fuerte melodía que aún seguía atronando los oídos de Kibai y haciendo vibrar cada hueso de su cuerpo como si fuese la cuerda de uno de los arcos de Bertram tras un disparo de flecha. Por suerte, las palabras del marine rubio fueron acompañados de un gesto con la mano que sostenía su pipa, señalando las velas. Sonriendo de oreja a oreja, Kibai no necesitó más. Habían pasado el suficiente tiempo juntos a bordo de aquel barco para que cada uno de los integrantes de la División fuese capaz de realizar su parte del papel a la perfección.
A sabiendas de que estaban navegando en una tormenta, Kibai hubiese optado por lo más seguro en un caso así: largar las velas siempre de proa a popa, y de abajo a arriba, algo fundamental para asegurar que el barco no zozobrase y la acelaración fuese suave y sin trabas, como mil veces les había aleccionado Stroud en todas las jornadas que habían pasado sobre la nave. Pero aquel día no era un día para maniobras corrientes, de modo que Kibai decidió mandar al diablo todo lo que habían aprendido y, una vez más, optó por confiar en su instinto.
Desenfundado a Raimei, Kibai seccionó de un tajo los rollos de cuerda que protegían la vela mayor, observando con alegría como Bertram y Moja ya corrían por las tablas de cubierta, prestos a atrapar los cabos que cimbreaban al viento como serpientes furiosas y comenzaban a asegurarlos en sus secciones correspondientes. El barco dio un súbito aceleron, olbigando a Kibai a agacharse para anclar sus garras delanteras en la madera de la botavara.
— Vale, ahora viene lo divertido... — pensó el mink en un arranque de valentía que no sabía si obedecía a su propia falta d etemor o al estado de frenesí en el cual aquella constante melodía ensordecedora parecía sumirlo.
De un fuerte salto, el mink abandonó su puesto sobre el palo mayor, pasando como una centella blanca y dorada por encima de la cabeza de Stroud, que se mantenía firme sujetando el timón con ambas manos en el castillo de popa.
— Atento comandante, esto va a inclinarse! — le gritó con todas sus fuerzas a la vez que señalaba con su dedo al palo de mesana.
Con la rapidez y precisión que le habían otorgado decenas, sino cientos de repeticiones de los mismos movimientos, las garras de Kibai se engancharon en la botavara del palo de mesana, utilizándolo de apoyo para realizar un giro completo y afianzar sus pies sobre la madera. Rápidamente, soltó los cabos que mantenían la lona apresada, usándolos para descender él mismo y atarlo en las cornamusas de popa con cuatro vueltas en forma de ocho.
Como una respuesta casi inmediata al izado de las velas de mesana antes que el desplegado del foque, la proa del Royal Quiver se elevó repentinamente, encabritándose como un caballo antes de iniciar su galope. Kibai se agarró al cabo de mesana con una amplia sonrisa en el rostro, antes de emplear una de las jarcias para balancearse hasta aterrizar sobre la barandilla del castillo de popa junto a la posición de Stroud que seguía firmemente anclado al timón. El mink no intentó siquiera hablar por encima de la ensordecedora melodía, sino que simplemente sonrió hacia el comandante, señalando con el dedo hacia el cielo, antes de pegar un nuevo salto hacia delante, cruzando por encima de la cubierta hasta su lugar favorto del Royal Quiver, y su cama extraoficial, el bauprés.
En aquel momento, el palo estaba inclinado casi en un ángulo de cuarenta y cinco grados, asemejándose a la lanza de un caballero a la carga. El mink, con los pies bien plantados y las garras clavadas en la madera de la base del bauprés, tomó en sus manos el cabo que izaba el foque y, con los músculos de sus brazos hinchándose por el esfuerzo aseguró la última vela del Royal. Sin embargo, apenas había acabado de preparar el nudo cuando el mar estalló bajo él.
Desde el mar burbujeante que los rodeaba, una gigantesca columna de agua surgió de las profundidades del fondo marino. El casco del Royal Quiver gimió como una bestia herida mientras su proa, convenientemente alzada para facilitar su entrada en aquella maravilla de la Naturaleza, penetraba en la corriente ascendente. Los ojos de Kibai se abrieron como platos a medida que la gravedad comenzaba a hacer su efecto y notaba como trataba de arrojarlo hacia atrás, lo cual era un billete de lotería hacia su muerte garantizada si no conseguía agarrarse y se precipitaba al mar.
Con los brazos tan tensos que el empapado uniforme parecía que se iba a desgarrar, Kibai se sujetó al propio cabo del foque, empleando su cuerpo como palanca para que la tensión del viento huracanado no hiciese peligrar el nudo que no había acabado de completar a tiempo antes de que la Knock Up Stream los atrapase.
Apretando los dientes, al mink le invadió de repente una descarga de adrenalina tan salvaje que pensó que el Electro se le había activado de manera espontánea. La emoción lo embargó al punto de que no pudo evitar soltar un sonoro rugido, aunque a buen seguro solamente él fue consciente de ello.
¡¡¡SKYPIEA!!! ¡¡¡ALLÁ VAMOOOOOOOOOS!!!
La Caja de Pandora
03-07-2026, 08:55 PM
(Última modificación: 03-07-2026, 08:55 PM por Mahou Chikao.
Razón: Resté mi energía
)
Mahou no iba a olvidar el frio de Drum, que todavía sentia en su piel aun tras haber dejado atrás aquella isla nevada. No podía evitar encogerse de hombros y enroscar la cola alrededor de su cintura como una bufanda improvisada. El frio no le agrada en lo absoluto, al punto en que se había encerrado a si misma en el barco durante toda su estadía en Drum, algo raro viniendo de ella. La idea de disfrazar el barco de la compañía Nozama le había p arecido de lo más divertida, casi como un juego, aunque habría sido aún más entretenido si se completaba con un disfraz propio. - ¿No hay uniformes de la compañía o algo así que podamos usar-uki? - hablaba para si misma, pero mientras se mantuviera lo más lejos posible de la nieve, Mahou no tenía nada de que quejarse. Cuando cruzaron el cordón militar, notó que estaban rodeados de varios navíos en una zona del mar turbulenta, bajo un cielo negro cubierto de nubes que llovían a cántaros.
Por ello apretó la cola contra el mango de su martillo y aferró el Nyoiboo con el brazo izquierdo, temiendo que, entre tanto movimiento de la cubierta, alguna de sus cosas terminara tragada por el mar, o incluso ella misma, porque solo le faltaba un punto de apoyo, algo firme a lo que sujetarse. Fue en ese instante cuando escuchó la voz de Bai llamándola por encima del ruido de la tormenta, con el brazo ya tendido hacia ella. Mahou se apresuró a tomarlo, en cuanto su palma rozó la piel de su compañera, supo que sería suficiente para no perder su rastro. Y entonces, ante los movimientos del barco que amenazaban con tirarla por la borda, y sin mucho espacio para dudar, hizo lo único que se le cruzó por la cabeza, lanzando el martillo hacia Bai, y sujetandose a él con todas sus fuerzas tras saltar sobre el para que la arrastrara consigo, volando directo hacia su compañera al grito de - ¡Yù Fēi! - que es el nombre de su técnica, gritando contra el viento y las gotas que caían sobre us rostro. Alguna que otra lágrima se le escapó del ojo, porque por muy valiente que la mona pudiera llegar a ser, jamás había imaginado tener que enfrentarse a un fenómeno natural de semejante magnitud. - ¡CUIDADO BAI, POR FAVOR DETENME-UKIIII!
resumen
técnica
inventario
karmas
Mahou Chikao ¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO! ? La Intrépida Sakura ฿ 20,000,000 ?Nv.10 — Espíritu Alegre
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
1821
+
0
=
1821
Energia:
1960
-
148
=
1812
Espiritu:
270
+
0
=
270
03-07-2026, 09:23 PM
Ninguno de los presentes sería capaz de controlar el destino que este mar los tenía preparados. Sin saber aun cual sería su paradero ni a donde lo llevarían todas sus ambiciones más oscuras despedía a su valiente compañero Wyatt recostado en la barandilla de madera del Aloha Kai. Desde allí, observaba al rubio en el puerto, había sido un gran compañero, no había lugar ni en su mente ni en su corazón que albergara atisbo de duda. Un fiel compañero dispuesto a inmolarse por tal de salvar a un solo hombre, valorando la vida de otro por encima de la suya propia. Así era la lealtad; algo que escaseaba tanto en este mundo como en muchos otros. El rubio había captado a la perfección cual era el significado real de ser un Hanu Mahana. No podía juzgarlo por haber preferido quedarse en Neur ¿quien en su sano juicio lo haría? era un semental igual que su caballo, un distinto así como decía uno de mis panitas. Así como si de un soldado de la marina se tratara, con dos dedos en la frente, Barald lo despedía haciéndole un saludo militar de despedida como gesto de compañerismo real y camaradería, porque aunque el se quedara allí con su nueva vida, siempre lo consideraría su compañero; un matata siempre será un matata. - En la vida siempre se elige Wyatt. Se feliz y ten familia, no todo es ser un pirata. - Agarró tan solo por un momento con delicadeza el collar que lucía siempre orgulloso, no había día que no se acordara de todo cuanto se estaba perdiendo y en las noches no podía evitar sentirse culpable. Su ambición era enorme, más incluso que el mismo pero nunca más que su heredera al trono.
Un rey jamás estará por encima de su corona, ni de su futura reina.
Era inteligente dejar jugar a aquellos que eran mejor que uno y tener claro cual es el rol a seguir para que un equipo fuera determinante y sin ir más lejos que de su propia realidad, confiaría en la habilidad de sus nakamas para eludir el control gubernamental que más que miedo daba risa. Quedo en su alcoba personal afilando sus armas mientras fumaba allguno de sus cigarrillos sin prisa ni temor por ser descubierto. Una vez el señor mostacho y compañía hicieron su magia, el azabache saló del interior del barco para colocarse en la proa y extender medio cuerpo por fuera del barco, intentando ver el control a lo lejos - ¿En serio alguien que paga a esos tipos? - Con sus palabras mostraba su absoluta mofa hacia la poca eficacia que tenía el gobierno para absolutamente todo, o al menos, desde su punto de vista. - Les tenía mas fé - Dejo reposar su cuerpo en la barandilla y colocó ambas piernas fuera del barco observando desde su perspectiva como avanzaban a gran velocidad. El Aloha Kai era rápido, muy rápido, jamás había navegado en una corbeta y desde luego, el viento que sentía en su rostro era increíblemente reconfortante. Barald le temía a muy pocas cosas y el mar nunca había sido una de ellas por más que fuera un bendecido por el diablo. Observó a la tripulación desde ese punto, de momento todo estaba en calma, disfruten el momento muchachos, se vienen curvas pero antes ... ¿conocen el minuto del soldado? el pasado ya fue y el futuro no existe; con aquel cigarrillo en su boca aun sentado sobre la madera mantenía su mirada fija en el mar rompiéndose, dispuesto a enfrentarse a su presente y al nuevo destino que el mar les tenía preparados. Cerro sus ojos y empezó a arquear su espalda, primero a un lado y luego al otro. Al terminar suspiró y sin perder el equilibrio en ningún momento estiro ambas manos hacia sus hombros y con un movimiento rápido, desenfundó sus dos armas dando dos cortes al aire. Escuchar el alma del acero cortando el aire, eso solo podían hacerlo unos pocos. Abrió sus ojos de inmediato. - Perfectas - El timonel informó de la tormenta que se avecinaba y poco después, la lluvia los alcanzó, al igual que las corrientes de viento que empezaron a zarandear el barco con potencia y ante tal esplendor de la naturaleza en alta mar, el solo podía hacer una cosa. Toda una vida de niño soñando con momentos como esos y ahora los estaba viviendo. Barald junto al resto de la tripulación siguió el plan para sobrevivir a la explosión submarina que se avecinaba, el fenómeno de la naturaleza que los enviaría directamente hasta el siguiente destino, la isla del cielo. - Parece que en vez de al cielo vamos al infierno muchachos ¿escuchan esa mierda? - Siempre imaginé que cuando el todo poderoso te programaba una cita con el puto San Pedro todo sería música celestial que transmitiera paz, pero esa melodía sonaba al mismísimo Hades rey de los muertos y el camino hasta el puto inframundo. Empapado por el temporal, mostró su alerta real en cuanto escucho gritar al piloto de maniobras del Aloha Kai que ahora podría tener un par de problemas serios. Sabía que en el mar estaba más que seguro con el capitán pero ... ¿en el aire? Pudo escuchar como bajo el barco el agua burbujeaba, y de pronto, sintió aquel impulso nervioso en su ojo derecho ¿era el momento de moverse? sin duda! así que sin pensarlo, se movió lo mas rápido que pudo para agarrarse a lo primero que encontró, el mastil principal. El barco despegó segundos mas tarde elevando su enorme peso y a todos sus integrantes con el. Pudo sentir estremecerse su estomago por el repentino giro de los acontecimientos. Y si, ese era uno de los caminos a Skypiea, el fenómeno natural Knock up Stream. - ¿Quiere propulsarse en el aire? el bro esta loco - Busco con la mirada la cuerda del mástil principal y a la orden del nuevo piloto de Ryanair, se lanzó directo a por ella de un salto, cortando la cuerda de inmediato de un katanazo para hacer que la vela principal se estirara de golpe. - Espera mier... - Y a falta de muy poco en el aire, se agarró con una mano a la cuerda antes de quedar a merced del destino, sujetando la misma con fuerza para que se mantuviera completamente estirada mientras miraba hacia abajo viendo como se alejaban del mar. - Y si os digo que tenemos una probabilidad de sobrevivir del 0% si no llegamos a la isla del cielo ¿os arrepentís de algo? - Si por lo que sea los astros hoy no estaban alineados con la suerte ... solo la muerte podría esperarles y aquello, le pareció divertido ¿era un ignorante? para nada, solo un temerario. ![]()
Cofre del tesoro
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04-07-2026, 12:08 AM
(Última modificación: 04-07-2026, 12:11 AM por Cill Blinton.)
Unas semanas atrás La mesa se encontraba solitaria, entre manchas secas de licor, vaya a saber uno desde que tiempos. Sobre la mesa, había un cenicero, con un cigarro a medio camino encendido y un vaso de licor barato pronto a terminar. Aquella mesa esquinera, en aquel antro un tanto oculto en las zonas bajas de Matsuri albergaba a Cill “el hilo rojo” Blinton, el pirata se encontraba allí desde hacía un tiempo, en el cual luego de todos los últimos acontecimientos se dedicó a entrenar y tomarse una pausa donde ocupó dicho tiempo y espacio para redefinirse, volver a hallarse a sí mismo, ver hacia donde empujaban las corrientes del mundo. En aquella silla, contra la pared, sentado cómodamente entre cigarros y licor, el humo de aquella taberna y el ruido, manteniendo un perfil bajo y su característica calma, se encontraba leyendo el periódico, dando cuenta de muchas cosas más que interesantes, algunos nombres que ya conocía, acontecimientos que movían la mbalanza del mundo, y por sobre todo una noticia que no pudo dejar pasar por alto… Los juegos del soberano… Una isla que lejos de encontrarse como una masa de tierra firme en medio de la mar, se encontraba reposando en las alturas inescrutables del cielo, definitivamente viajar al cielo se transformaba en un objetivo, el pirata no quería dejar pasar la oportunidad, además tenía la esperanza de poder cruzarse nuevamente allí a su mejor amigo. Investigando los siguientes días sabiendo lo del bloqueo de la marina, empezó a interesarse por aquel nombre que resonaba en el artículo, la compañía Nozama. Aquella compañía transportista que parecía ser el salvoconducto más factible para avanzar atravesando aquel bloqueo. Lo siguiente era encontrar la forma de pasar por uno de ellos y lo otro era como evitar ser reconocido, el pelinegro era más que consciente de que tenía una recompensa por su cabeza y no podía descuidarse. Era bastante temprano a su parecer para pecar de incauto y todavía no tenía planes de renegar con la ley. Los siguientes días se dedicó a observar y estudiar los movimientos en el muelle, de aquella compañía, su vigilancia, sus manejos, y demás; estudió sus horarios, analizó a los que trabajaban allí. No quería cometer errores, y estaba decidido a ver que había allí arriba. El aire de aventura era tal que no podía dejar pasar por alto una isla en el cielo. Luego de unos días pudo dar con uno de los trabajadores de allí, que había notado que siempre al finalizar su jornada, por la noche salía solo a una taberna portuaria de mala muerte, a tomarse unas copas, era el individuo perfecto. Acompañando al sujeto, Cill fué la noche propicia, junto a este hombre con el que compartió copas y dados, juego y risas, intentando ganar su confianza. Entre charla y charla pudo sacarle lo que ya sabía, que era un transportista de la compañía Nozama, y poco a poco como un sacabocados ir descifrando su modus operandi y como era que operaban, como trabajan y las cosas que hacían… Al cabo de un rato, ya tenía un panorama claro de qué era lo que se hacía. El pirata al acabar la noche, despidió al “amigo” y se fue al Red Cross, a pasar la noche y trazar un plan. Al día siguiente, aquel trabajador nunca llegó a la taberna. Cuando quiso darse cuenta Cill le había interceptado en su camino, conduciéndolo a un callejón donde no mucha gente daba cuentas lo que ocurría, sumado a la penumbra de la noche, daba como resultado un lugar totalmente seguro de miradas curiosas y ajenas. Allí, el indefenso marinero se vió frente a frente con Cill, con una sonrisa en su rostro, y la pared detrás de cada uno. Allí, el pirata desenvainó su katana y posó la punta de la misma sobre la garganta de aquel hombre, y dió un paso hacia atrás, volviendo a envainar su katana, no obstante, la punción en su cuello la seguía sintiendo, y aún más ajustada, casi que penetrando su piel, dejando un pequeño punto rojo y la zona hundida. El miedo del sujeto era evidente, no había nada visible allí, amenazando su cuello, sin embargo, allí estaba la amenaza y el riesgo inminente. De su diestra, señalando al sujeto con el índice, Cill lo ovservaba sonriente —Hay cosas mucho más peligrosas que el acero ¿Sabes?— le comentó con tranquilidad en un tono amable. —Pero te explico el asunto…— le dijo mientras reía sutilmente —Existen muchos mas peligros de los que uno puede ver, donde una katana no puede llegar ¿Me entiendes?— consultó pretendiendo que el sujeto entienda a donde iba. —Yo tengo ganas de ir al cielo, y tu no tienes ganas de morir… Yo quiero pasar el bloqueo, y tu de no perder la vida que llevas, entonces lo que haremos será lo siguiente— prosiguió el pirata. —Yo viajaré como un marinero tuyo de Nozama, y tu manejas mi nave, a nombre de Nozama— sentenció sin derecho a replica —Si es que quieres conservar la garganta en una pieza claro— culminó a carcajadas dandole a entender que la tarea era sencilla. El pobre hombre, sucundiendo al pánico, aun sin dejar de sentir la punción en su garganta, aceptó. Tienpo presente, 2 primavera EL bloqueo, mayor amenaza había funcioando la idea. Cill se encontraba en la cofla, vestido de marinero de Ozama. Avistando al horizontez y aquel sujeto, punzado en el cuello por una fuerza invisible haciendo de superior. A la hora de interceptar, bajo la tormenta se presento como a mi también en las alturas como su Cadete —Quill Beverly señor— grite a las alturas vestido de Nozama, y aquel ajustado pobre hombre siguiendo law instrucciones al mando del Red Cross disfrazado a la perfección con mercancía de Nozama, como también sus bamderas. Al parecer todo había funcionado de maravilla. Quizas gracias al miedo de mi improvisado compañero. Por lo que a una distancia prudente, simplemente lo deje en un barril flotando en la mar, en medio de la tormenta aunque sabía que estaría bien. Lo siguiente fue tomar mis ropaw habituales, unas gafas de sol, y un sombrero de ala y copa, esperando la legendaria corriente. Las cuales me ascendieron con violencia, no podia quejarme, habia sido la experiencia de mi vida, en medio de la tempestad, navegar con toda violencia de manera ascendetez solo pude gritar de euforia, y dejarme llevar por una sensación unica en vida
Atributos Personaje
inventario
Bélico
Karmas
resumen
Off
04-07-2026, 10:55 AM
(Última modificación: 04-07-2026, 11:00 AM por Voz Seductora.)
La constante travesía a través de las nubes de tormenta, obnubilaba vuestra vista que, junto a la continúa y estruendosa melodía, os privaba a todos, de manera parcial, de los sentidos de la visión y del oído, no pudiendo ser capaces ni de ver ni de oír todo lo que estaba sucediendo más allá del navío del que ibais a bordo. Lo que si podíais apreciar, en cambio, era como la negritud de aquellas acumulaciones de vapor de agua cargadas eléctricamente, se tornaban paulatinamente en nubes de un tono más blanquecino, reflejando así el dicho de que, después de la tempestad, siempre venía la calma. O así sería si no fuera porque, a vuestro alrededor, decenas de barcos que os acompañaban en el ascenso para ser partícipe de los juegos del soberano, acabarían encontrando un abrupto y brutal final al no aguantar la ferocidad de la Knock Up Stream, cayendo de forma inevitable hacia el mar azul y estampándose - los pocos que pudieron sobrevivir ante el impacto del chorro ascendente - contra la superficie de esta como quién colisiona contra un muro de acero. No obstante, no sería el caso de vosotros, los protagonistas de esta historia pues, en la gran mayoría de los casos, tan sólo se generarían una grieta o rasguño en el propio casco de vuestro respectivo barco, haciendo que la madera crujiera de forma imperceptible para vuestros oídos.
Aproximadamente un par de minutos más tarde - minutos que se os hizo eternos a todos y cada uno de vosotros -, los que encabezaban el ascenso hacia el reino de las nubes, prontamente se toparían con el límite final de aquella capa de nubes, saliendo propulsados hacia el exterior y encontrándose, afortunadamente, el esplendor del astro rey - más próximo a vosotros que nunca -, además de una superficie esponjosa y blanquecina que compondría al mar de nubes sobre el que vuestros barcos navegarían allí arriba. Del mismo modo, trozos de madera astillada, velas rotas y víveres echados a perder procedentes de los barcos que no habían conseguido llegar al final del trayecto con vida, emergían junto a vosotros, dándoos a entender que, de no haber estado lo suficientemente preparados, los que podrían haber sufrido ese desdichado destino podríais haber sido vosotros. Pero nada de eso importaba pues, frente a vosotros, podíais atisbar una inmensa costa de arena perfecta y clara, que daba progresivamente paso a una inmensidad de vegetación, que a cada metro más se adentraba, más grande se iba volviendo, hasta pasar a formar parte de un brutalmente enorme bosque que comenzaba a treinta o cuarenta metros de dicha costa y desde el que ya no se veía más allá debido al denso follaje. En la propia costa había cinco antorchas separadas entre sí por varios cientos de metros. Eran grandes estacas de madera, de dos metros de alto, clavadas con firmeza y tras las cuales pareciera surgir un leve camino indicándoos los distintos caminos a seguir. Aquellos con buena vista podrían percatarse de una construcción que asomaba tímidamente sobre la marabunta arbórea, en la lejanía, con un potente brillo dorado. De igual modo, en las costas pudisteis apreciar que estaban dispuestas a lo largo y ancho una aberrante cantidad de caracolas gigantes, de tamaños variables pero todas de más de un metro y menos de tres, siendo difícil contarlas de primeras pero presumiblemente alcanzarían la cifra de la media centena con facilidad. A su vez, flotando sobre las propias nubes/mar sobre las que os encontrábais, había fácilmente otra media centena de estas, explicando así de donde venía aquel estruendoso recibimiento, pues de todas aquellas caracolas - diales gigantes - terminaba de emanar aquella melodía propia del fin del mundo, algunos segundos después de que los barcos terminasen de emerger y cuando el sonido del agua y las mareas se hubiese calmado. Y tras eso, se escuchó, en primera instancia, una voz toser y carraspear, proveniendo de las mismas caracolas pero a un tono considerablemente más reducido, suave y cordial, que comenzó a dirigirse a todos vosotros con algo de nervio y prisa en el tono. — Hmm hmm, ¿s-se me escucha? — Quiso comprobar que su voz llegara apropiadamente hacia vosotros aunque sin mucho éxito pues, por mucho que le respondierais, vuestra voz no llegaría hacia el portador de aquella misteriosa voz— Es verdad, que esto es una grabación… ¡S-saludos a todos los viajeros! En nombre de su grandilocuente alteza y anfitrión de los juegos, el Emperador Zarutsuki, guía del cielo y señor de las nubes, os doy la bienvenida a la sagrada tierra de Skypiea. P-por favor, haced el favor de descargar las provisiones en la costa y dirigíos a los puntos de ruta establecidos y no os salgáis de los caminos. — y cortó la comunicación, habiendo dejado claro cuál debía ser el modus operandi para dirigirse hacia el lugar en el que se celebrarían los juegos de Zarutsuki.
INFO
AVISO IMPORTANTE
04-07-2026, 02:58 PM
(Última modificación: 04-07-2026, 03:04 PM por Nyra Kuroshiro.)
La emoción reina en mi pecho con una expectativa imposible de ignorar.
El estruendo de la tormenta, la atronadora música celestial y el mar en constante ascenso limitaban por completo mis sentidos mientras nos cubríamos de cambiantes sombras y luz eléctrica, con el aire agitando nuestros cabellos con fuerza. De repente, un cambio en el tono: colores perlados que pronto se tornaron de un blanco inmaculado como bienvenida del brillantísimo sol. La luz me ciega durante unos largos segundos, dejándome únicamente una sensación de ligera y suave caída, seguida por un cosquilleo en el estómago, para anunciar que habíamos llegado a nuestro destino. No tardo en hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad y lograr abrirlos, impulsada por la curiosidad. Una inmensa playa de arenas blancas nos saluda desde la costa, adelantándose a toda esa gran vegetación que formaba un verde e inmenso segundo mar. ―¡Halaaaaaa! ¡Es preciosooooooo! ―exclamo soltando a mis compañeros para apoyar ambas manos sobre la barandilla, inclinándome sobre ella como si unos escasos centímetros extra me permitieran realmente ver mejor―. ¡Necesito tocar esa arena! ¡Seguro que es tan suave…! ¡A lo mejor puedo llevarme un poco en un frasquito y…! Pero al mirar mejor por la borda, descubro de inmediato sobre las olas algo que al principio no reconozco, pero que no tardo en identificar como barriles y trozos de madera que bien hubieran podido haber llegado a formar parte de un barco. Una exclamación de horrible sorpresa escapa al tiempo que cubro nariz y labios con las manos. ―¡No, no! ¡Tenemos que buscar supervivientes! Acto seguido me dirijo a donde ya sé que se encuentran las cuerdas y me cruzo sobre el torso la más larga que veo. De inmediato, patrullo a paso ligero toda la cubierta del barco, caminando en círculos y deteniéndome para mirar con atención cada detalle que se saliera de lo habitual, tratando de asegurarme de que no hubiera alguien entre lo que a primera vista pudiera pasar por simples restos. También escuchaba con atención. ¿Podría oír algún grito de ayuda o similar…? Si fuera el caso, incluso gritaría para ordenar que cambiaran brevemente el rumbo si fuera necesario. Realmente esperaba de todo corazón que quedaran vidas que salvar… ________________________________________________________________________ Para cuando llegamos a la playa, no puedo evitar tener las orejas gachas. A todos los que hubiéramos podido rescatar los habría intentado calmar y hacer sentir seguros en cuanto llegaran a cubierta, pidiendo una toalla para cada uno. Sin embargo, independientemente de cuántos hubiéramos salvado, seguramente habrían quedado atrás muchos más… En otras circunstancias habría corrido por la arena blanca y habría dado unos golpecitos a una de las inmensas caracolas para ver si sonaba hueco. Quizás incluso hubiera intentado levantar alguna para ver cómo eran por debajo. En su lugar, simplemente camino pensativa por la playa, y al percatarme de la cercanía de las otras tripulaciones que se acercaban con el mismo uniforme, quise forzarme a mostrar una actitud ejemplar. Los primeros a los que nos acercamos, por distancia, fue la División 80, con quienes ya teníamos cierta confianza. ―Hola a todos, ¿habéis salido bien parados del viaje? ―pregunto sonriendo y moviendo a propósito ligeramente la cola, tratando de mostrarme más animada de lo que realmente estaba. Al menos, hasta que resulta evidente una gran presencia que falta, haciéndose evidente la sorpresa en mis aguamarinas―. ¿Y Sigrid? ¿Está bien? Intento convencerme de inmediato de que se trataría de un caso similar al de Dimitri y Hae-won. No quiero ni pensar en la otra alternativa, aunque la gritara el agobiante repiqueteo de mi corazón en el pecho. Al acercarnos a las otras divisiones, sonrío y saludo de manera formal, tal y como se espera de los marines. No quiero causar mala impresión, y por supuesto dejaría que Shin, nuestro líder, nos presentara ante el resto. Sin embargo, no mucho después una voz repentina y misteriosa me hace dar un respingo. ¿Viene de las caracolas? ―Sí, se te oye ―respondo en voz un poco alta mientras me acerco a la más cercana. Sin embargo, por primera vez en un buen rato se me escapa una sonrisita de verdad, aunque fuera por simpatía, al darme cuenta de que seguramente se trataba de un novato haciendo aquel trabajo por primera vez. Mientras lo escucho, mis iris se dirigen a la inmensa antorcha cercana, la cual parece presidir el camino tras esta. Una señal para que no nos perdiésemos, imagino. En cuanto terminó de hablar, mi mirada se posa sobre mi compañero albino. ―¿Qué hacemos? La voz había dicho que descargáramos las provisiones, pero el barco no es nuestro. Eso significa que podríamos ayudar, o bien ir como avanzadilla mientras las otras tripulaciones de marines descargaban sus propios barcos… o incluso podríamos ayudarlos a estos. Lo más probable es que aún tardara un buen rato en animarme, pero actuar en el presente siempre me ayudaba.
Kuroshiro
04-07-2026, 03:56 PM
(Última modificación: 04-07-2026, 03:58 PM por Stroud Nanashi.)
Stroud mantuvo firme su agarre sobre el timón, ante el ímpetu del feroz viento y la incesante lluvia, que había dejado de ser una simple cortina vertical para pasar a ser una especie de diluvio que los azuzaba a él y al mismo barco desde todas las direcciones, todo el tiempo, a medida que el Royal Quiver se sumergía en aquel mar de nubes de tormenta. Por mucho esfuerzo que hiciese en mantener sus ojos fijos en el rumbo de la pobre goleta, le resultó imposible ver nada; como si aquello no fuese suficiente, aquel sonido infernal —que él atribuía a su pérdida súbita y definitiva de la cordura— que procedía de lo alto de las nubes, si es que aquello tenía algún sentido, lo saturaba absolutamente todo, incluso el rugir de la propia columna de agua por la que ascendían. Solo a través de las vibraciones de la madera del timón pudo percibir el alto precio que el Royal Quiver estaba pagando por aquella travesía, alcanzando casi la certeza de que aquel navío se partiría en dos antes de alcanzar la cima. El barco de la división quedó sumergido en el mar de nubes, en una negrura casi total, pero continuaban ascendiendo. La extraña melodía atronaba a mayor volumen cuanto más subían, y Stroud pensó que su cabeza iba a explotar. "Solo un poco más," pensó para sí, asiéndose a los rayos del timón. Por primera vez en su vida, el férreo comandante había estado a punto de desistir de su cometido. Tal vez aquello fuese todo una ilusión, y tal vez se desvanecería si soltaba el timón. Como aquella bizarra melodía, tal vez estuviese todo en su cabeza. Cerró los ojos, consciente de que de nada servían de igual manera en aquella situación. Sin embargo, no dejó ir, y se mantuvo aferrado a su puesto, clavado sobre la madera, respirando hondo, mientras el agua de la lluvia, o de las propias nubes —poco importaba la diferencia a aquella altura—, lo calaba por completo, en un maremoto de sensaciones.
Calma. Poco a poco, notó cómo a través de sus párpados se filtraba una luz crecientemente más y más clara. Los abrió con cuidado, agitando ligeramente la cabeza de un lado a otro para despojarse del agua que se había acumulado sobre la misma, aún con Saltfin firmemente sujeta entre sus dientes. La brasa en el extremo de la pipa no había aguantado más, y aquella minúscula luciérnaga llameante en el interior de la pequeña orca de madera había terminado por ceder ante el viento y la humedad, apagándose definitivamente en algún punto del trayecto. Sus hombres parecían estar apañándose correctamente, y el barco aún no se había caído a pedazos. Era un buen comienzo. A su alrededor, las nubes habían empezado a adquirir tonos más claros progresivamente durante el ascenso, a medida que los cumulonimbros, negros como la tinta, habían sido sustituidos por nubes grisáceas, y estas, a su vez, estaban siendo sustituidas por nubes de un blanco cegador. Stroud entrecerró los ojos que acababa de abrir, cegado por el súbito cambio de luz, a medida que la Knock Up Stream continuaba lanzándolos cielo arriba, y sus pupilas se contraían a marchas forzadas, intentando adaptarse. Refrenó el impulso de taparse de la luz que irradiaba aquel océano de nubes con la mano, sin soltar el timón, de la misma forma que había refrenado el de taparse los oídos ante aquella música ensordecedora, que no hacía sino volverse más y más audible a medida que subían. Repentinamente, y sin previo aviso, la corriente terminó, antes siquiera de que Stroud pudiese tomar medidas al respecto. Por unos instantes, el Royal Quiver permaneció suspendido por los aires, aún aupado por el impulso de la Knock Up Stream, antes de precipitarse hacia un destino incierto: las nubes. Los ojos del comandante se abrieron como platos, consciente de que aquel era el fin: atravesarían las nubes y se precipitarían hacia el mismo mar del que habían venido, quién sabe a cuánta distancia. Llegaba el final. Tragando saliva, y sin prestar atención a la radiante luz del sol que había pasado a cubrirlo todo, miró a su alrededor, buscando una forma de salvar el navío. No sirvió de nada, claro. El barco cayó con pesadez, y Stroud pudo sentir cada quejido del pobre casco en el mismo timón que sujetaba. Sin embargo, el barco quedó detenido sobre las propias nubes, como si estas lo sujetasen, como si actuasen como un mar de por sí. Todo el velaje se sacudió al chocar contra la blanda superficie de nubes, y el casco dio bandazos a un lado y a otro, pugnando por estabilizarse, pero no cedió. Stroud pudo percibir cómo los barriles rodaban por el cargo del barco una vez más ante el choque, pero no le dio importancia. Miró hacia atrás, viendo cómo la corriente que los había llevado hasta allí escupía centenares de pedazos de tablón astillados, barriles, trozos de velas rasgadas, cabos y quién sabe qué más, que llovieron sobre aquel mar de nubes, y sobre la propia cubierta del Royal Quiver, impactando contra sus mástiles y barandas como pequeños disparos. También multitud de barcos parecían estar cayendo simultáneamente, o, al menos, aquellos que habían sobrevivido al fatal trayecto. El navío se encontraba ahora sobre el mar de nubes, llevado únicamente por el viento. Por primera vez, soltó su mano derecha del timón, empleándola como visera para observar a su alrededor y tapándose de la cegadora luz del sol. A su alrededor, bajo el cielo azul y el resplandeciente sol, se extendía un mar de nubes hasta donde alcanzaba la vista. Más allá, no muy lejos de donde habían dado a parar, comenzaba una idílica costa de playas de arena blanca, y, más allá, lo que parecía ser alguna clase de jungla. Un sinnúmero de grandes ¿caracolas? se hallaban repartidas por todo el lugar, y la música, que parecía provenir de ellas, cesó, mientras el Royal Quiver continuaba su trayecto por las nubes, empujado por el suave viento. Stroud se frotó los ojos, no sin antes vacilar a la hora de soltar definitivamente el timón, incrédulo ante la visión que se abría ante sí. Si, como sospechaba, había perdido la cabeza, la experiencia era mucho más agradable de lo que hubiese podido llegar a imaginar. Tardó unos instantes en recuperar el habla. "¿Estáis todos bien? ¿Alguno necesita atención médica?," inquirió, resultándole extraño el poder oír por fin su propia voz, echando un vistazo a Moja, Kibai y Bertram, y cerciorándose de que todos hubieran logrado llegar más o menos enteros, al igual que el mismo barco en que viajaban. En aquellos instantes, sin embargo, antes de que pudiese continuar o decir nada más, una voz emergió de las mismas caracolas que apenas habían pasado unos momentos silentes, dándoles la bienvenida de parte del Emperador Zarutsuki, guía del cielo y señor de las nubes. Aquello se llevaba la palma en la Gran Gala de Títulos Pretenciosos. El Royal Quiver crujía con pesadez, como si aún no se hubiera recuperado del súbito bandazo que había supuesto aterrizar sobre el mar de nubes ni, por supuesto, de toda la travesía previa, pero, pese a ello, avanzaba lentamente hacia la playa, como hacían otros tantos barcos en la lejanía. "Replegad velas, y... ¿echad el ancla?," ordenó, alzando una ceja, con una indecisión poco propia de él, a medida que se aproximaban a la costa, aún sin creerse del todo el lugar en que se encontraban. "Vamos a desembarcar." Las botas de Stroud, aún empapadas, pero secándose a una velocidad sorprendente bajo el calor refulgente del sol, golpearon la arena con pesadez, provocando que la misma se levantase en una pequeña nube. Respiró hondo, ciñéndose su gorra adecuadamente y ajustándose las solapas de su chaqueta, mientras sus ojos grises examinaban la playa en la que habían comenzado a desembarcar y las antorchas que alguien había dispuesto a lo largo de varios intervalos. Junto a sí, amontonados sobre la arena, reposaban un pequeño baúl con sus efectos personales y un par de barriles de provisiones que él mismo había lanzado sobre la baranda de estribor, dejando que cayesen antes de abandonar la nave él mismo. Se dio cuenta de que aún llevaba su pipa entre los dientes, apagada desde hacía un buen rato, y la tomó con su mano derecha, analizándola y asegurándose de que permaneciese intacta. Torciendo el gesto, la volcó y dio algunos golpecitos sobre la cazoleta, permitiendo que el tabaco requemado y empapado se desprendiese y cayese sobre la arena, antes de guardarla en el bolsillo de su pantalón. Cerca de ellos habían comenzado a desembarcar otros Marines. Stroud se cuadró, efectuando un saludo militar ante los mismos, especialmente a quienes ostentaban las insignias de rangos más altos. Después de tanto tiempo, resultaba sorprendente encontrarse con tantos Marines allí, en aquel lugar. "Stroud R... Nanashi, Comandante, División 60," se presentó con formalidad, contemplando al resto de uniformados que llegaban a la playa y cuadrándose ante ellos, alzando su mentón y adquiriendo la pose típicamente formal de la que solía hacer gala. "No esperaba encontrar a tantos compañeros aquí. ¿Habéis llegado bien? ¿Alguno necesita atención médica?," preguntó, repitiendo lo que había dicho a su propia división, examinando fugazmente a los Marines. Los recién llegados eran más variopintos de lo que hubiese esperado en primer lugar, pero no había razón para desconfiar. Entre ellos parecía contarse, incluso, una... ¿medio mink? Devolvió su mirada a los caminos que se adentraban en la jungla, e hizo un ademán a sus hombres, echándose a los hombros sus propias provisiones, en dirección a uno de ellos, adentrándose en el mismo, mientras sus ojos grises hacían lo posible por discernir las plantas que lo rodeaban.
Off
04-07-2026, 05:43 PM
Mahou se escurrió de entre sus dedos incluso antes de que pudiera asistirla y salvarla de la enorme masa de agua. Por suerte, habiendo Bai previsto que pudiera no llegar a tiempo, había sido cauta al ofrecerle su propio cuerpo de antemano para que la marcara. ¡Y vaya que si había sido una suerte! Pues, tan pronto como la buscó con la mirada, la macaca ya había salido disparada y volaba en dirección contraria, borrándole a la birkiniana la sonrisa de la cara.
En ese momento, actuando tan rápido como su pesado cuerpo se lo permitía, su diestra se soltó de la baranda al mismo tiempo que recogía las alas y se impulsaba para abalanzarse a por ella, desafiando tanto la inercia del navío como a su propio juico. Sin embargo, y aunque lo natural hubiera sido estirar ambas manos para intentar alcanzarla, habiendo conocido las artimañas de Mahou con anterioridad, no estiró los brazos sino que cruzó los antebrazos frente al pecho, con el izquierdo por delante, protegiendo la zona marcada para que el impacto se lo llevara el dial. ¡Flas! Bai interceptó a Mahou en pleno vuelo, envolviéndola con su cuerpo para que, al chocar contra la pared vertical de la caseta, fuera ella quien absorbiera el golpe. Y así sucedió: su megalítico cuerpo se estrelló con violencia contra la madera. ¡CRACK! Haciéndolas rodar un par de metros y obligándola a clavar tanto las uñas como los dedos como garras en la superficie, en un intento desesperado por no ser reclamada por el abismal vacío que se había instaurado entre ellas y el mar. Rassss... Silencio. Por un instante ni siquiera ella misma pudo escuchar su propia respiración. —Mahou... —Su voz tronó en medio del silencioso caos, rota por el dolor del golpe, el ensordecedor rugido que las rodeaba y el pavor de haber estado a punto de perder a otra compañera—. ¿Bien? —preguntó, forzando el gesto universal del puño cerrado con el pulgar hacia arriba. Después, tras cerciorarse de que ambas estaban bien, soltó a la adolescente y se incorporó a duras penas hasta lograr sentarse sobre la pared vertical. —Un poco más y no lo contamos... —murmuró sonriéndo con nerviosismo a la mona en un intento por tranquilizarla. «Así que esta es la fuerza del Knock Up Stream...», meditó mientras alzaba la cabeza para contemplar la descomunal belleza de aquella bestia acuática. Mientras tanto, el Wu Wei continuó navegando la ascendente e indómita corriente con maestria. —¡Zhang, empiezo a...! Sus palabras quedaron suspendidas en la más absoluta nada. Su cuerpo flotó y, por un instante, despojada de toda gravedad, quedó suspendida en el vacío como si de un cuerpo celeste en el firmamento se tratara; su cabello ondeó libremente, su toga bailó en el aire y una vacía y extraña y sensación invadió su estómago ante la súbita ausencia de la inercia. En ese mismo momento, la proa del velero rasgó las nubes celestiales, abriéndose paso de golpe a un páramo de un blanco eterno y cegador, bañado por la luz del sol. Paralelamente, Bai abrió sus alas por puro instinto y, encontrándoselo de frente, contempló el astro rey. Era la primera vez en su vida que sentía que podía realmente volar. Sin embargo, y pese a que por un milisegundo Bai pudo experimentar esa ingravidez, flotando en el aire en perfecta sincronía con el navío, pronto la realidad la reclamó y, el Wu Wei y sus nakamas, cayeron con todo su peso sobre aquel infinito mar de nubes. Mientras tanto, ella, que por mucho que aleteara no podía volar, terminó planeando torpemente hasta caer al suelo. Y, al final, la violencia de del Knock Up Stream quedó sepultada tras el vórtice que rápidamente se había cerrado tras el velero. —¿Estáis bien? —preguntó oteando el horizonte al tiempo que descendía y sus botas tocaban la superficie de madera. Mientras tanto, alrededor del Wu Wei, los restos de otros navíos flotaban a la deriva formando una especie de cementerio blanco. Y, a continuación, debido a la propia inercia, dio un par de pasos por la cubierta para aplacar a la inercia. —¿Habéis visto eso? —preguntó al tiempo que extendía el brazo—. Parece que nos están queriendo decir algo. Con su dedo índice señaló una hilera de antorchas distantes que parpadeaban en mitad de la arena blanca. Tras ello, colocó su mano antebrazo sobre la espada y, cuando estaba por volver a hablar, una desconocida voz comenzó a reverberar de todas partes; pero Bai, incapaz de descifrar una sola de aquellas palabras, prefirió restarle importancia, rehusando prestarle la más mínima atención.
Información
Bai Mudan PROCESAMIENTO DEL VACÍO ⚖️ Capitana del Wu Wei ฿105,000,000 Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
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