Goma de mascar - [Priv Shin / Pasado]
#11
Tener una conversación con Shin era como participar en una guerra constante cuyos bandos cambiaban de estrategia a cada minuto, por momentos sentía que se trataba de una fría batalla de paciencia en donde cada palabra era una provocación cuidadosamente calculada entre ambos, pero otras veces parecía una pelea infantil en la que ambos buscábamos desesperadamente tener la última palabra, ¿Naturaleza parecida?...quien sabe. Solo tenía la certeza que ninguno estaba dispuesto a ceder terreno, aunque comenzaba a sospechar que era yo quien llevaba las de perder…después de todo aquel sujeto tenía un talento natural para sacarme de quicio apenas abría esa boca y su actitud tampoco ayudaba demasiado. Caminando a mi lado con la misma expresión que tendría un niño obligado a acompañar a sus padres a un lugar aburrido, él fingía desinterés mientras refunfuñaba por dentro. Sin embargo, cuanto más lo observaba, más evidente me resultaba que seguía allí por una única razón…llevarme la contraria en absolutamente todo. Era desesperante, era ridículo e increíblemente irritante. Y quizás por eso mismo, comenzaba a divertirme más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Ante aquella respuesta sobre su edad, no pude evitar contener una pequeña risa ante su idea. La facilidad con la que afirmaba tener noventa y un años era tan absurda que me resultaba difícil no seguirle la corriente. Si él había decidido interpretar el papel de anciano venerable, entonces yo estaba más que dispuesta a colaborar…a seguirle como una cómplice —¿Ah sí?... Muy bien, abuelito... hoy te atenderé como te lo mereces — Repliqué con una sonrisa que se extendió de oreja a oreja. Después de todo, cada una de sus bromas merecía una respuesta equivalente o quizá una peor. Mi filosofía era bastante simple…de hecho era la ideología de mi abuela el típico dicho de diente por diente, ojo por ojo. Si pretendía jugar conmigo, tendría que aceptar que también se había convertido en mi blanco favorito.

Ante mi pequeño problema con la ropa, Shin no tardó en aprovechar la oportunidad para lanzar otro anzuelo. Parecía ser alguien incapaz de dejar pasar una sola ocasión para tirarme algún comentario mordaz, asegurando que no podía tomarme en serio mientras siguiera en aquellas condiciones. Estuve a punto de responderle de inmediato, preparada para devolverle el golpe verbal hasta que aquel extraño apodo logró interrumpir mis pensamientos —¿Gury...? —murmuré por lo bajo pues era la primera vez que escuchaba un apodo tan extraño como ese, frunciendo ligeramente el ceño, él continuó hablando mezclando argumentos entre lo moral, lo divino y lo carnal, lo hacía con una facilidad tan desesperante… ¿Que me gustaba llamar la atención? ¿Que era una egocéntrica? Aquel sujeto poseía un talento especial para apuntar justo donde más molestaba. Ciertamente sentí unas enormes ganas de golpearle la cara, pero antes de que pudiera replicar, simplemente pasó a mi lado como si nada, dejándome con las palabras atoradas en la garganta —Kagura: cero... Shin: uno…– Mascullé tras un largo suspiro aceptando aquella pequeña derrota…aunque sería temporal, mientras volvía a colocarme el vestido y lo seguía hacia el interior del local. esta guerra todavía estaba lejos de terminar, de hecho ya tenía algo en mente.

Haciendo el proceso para solicitar una mesa en la terraza, Shin se adelantó mientras yo permanecía unos momentos en la recepción arreglando un pequeño detalle. Después de todo…si iba a pagar aquella comida, pensaba hacerlo bien. Una vez que dejé todo en orden, subí las escaleras hacia la terraza y me dirigí a la mesa donde el albino ya aguardaba cómodamente instalado. Apenas tomé asiento delante de él, cuando soltó aquel comentario tan vivaz que hizo que mis manos se apretaran bajo la mesa… aun así me negué a concederle la satisfacción de verme molesta por ello. Así que en su lugar, apoyé el codo derecho sobre la superficie mientras descansaba la mejilla sobre la palma de mi mano, dedicándole una sonrisa cargada de burla—¿Y darte lo que quieres?... No gracias, ademas  eso sería peligroso para un anciano de noventa y un años— Respondí con total tranquilidad, sosteniendo su mirada sin el menor intento de apartarla.

Entonces escuché unos pasos acercarse a nuestra mesa sin romper el contacto visual, observé por el rabillo del ojo cómo la camarera depositaba una botella de ron y dos copas frente a nosotros. Mi sonrisa se ensanchó apenas un poco más —Dicen que una copita al día ayuda a conservar la juventud, abuelito. Pensé que te haría falta el dia de hoy – mencione tras sacar la lengua por inercia, la tensión que flotaba entre ambos era tan evidente que incluso la camarera pareció percibirla. La joven carraspeó con discreción recuperando rápidamente su porte profesional antes de intervenir —Buenas noches. Hoy seré su camarera… ¿Están listos para ordenar o les doy unos minutos más? — Su pregunta me obligó a romper el contacto visual con Shin por primera vez desde que me había sentado. Sin mas remedio giré la cabeza hacia ella y mi expresión cambió por completo, adoptando una amabilidad casi impecable —Por ahora, ¿podrías traernos algunas entradas? Quizá unas brochetas de camarón y de carne... ambas, de hecho, también quisiera una orden de bollos al vapor rellenos de carne con pasas, por favor — La camarera tomó nota y se retiró poco después, dejándonos nuevamente a solas. El bullicio de la terraza llenaba el ambiente, pero entre nuestra mesa parecía existir una especie de campo de batalla invisible.

Bueno, ya que te has burlado de mí y has puesto en duda mi integridad como mujer... vamos a jugar — Mencioné mientras hacía girar suavemente un dedo sobre el borde de la copa, observándolo directamente a los ojos como una niña pequeña. La sonrisa que comenzaba a dibujarse en mis labios dejaba claro que algo estaba tramando con cierta travesura —Las reglas son simples…cada jugador dirá dos verdades y una mentira, Si descubres cuál es la mentira, te libras de beber. Pero si escoges una de las verdades... tendrás que tomarte una copa de ron — Mi sonrisa se ensanchó apenas un poco más —Mi abuela solía jugarlo con mi difunto abuelo…digamos que era la única manera que tenía de descubrir sus infidelidades... aunque ella lo hacía con una verdad y una mentira – Confesé con total naturalidad restando importancia a ese detalle, desviando la mirada hacia la botella por unos instantes antes de volver a fijarla sobre él.

Serán cinco rondas…al final, el ganador podrá pedirle lo que quiera al perdedor…pero que quede en claro…no terminaré en tu cama en caso de que ganes — Aclaré de inmediato. Conociendo a Shin, prefería establecer ciertos límites antes de que se le ocurriera alguna idea demasiado creativa —Si yo gano...— Elevé una mano y le apunté directamente con el dedo índice — Tendrás que regresar a casa vistiendo únicamente tu ropa interior…tal vez así dejes de juzgarme tanto –La ironía era evidente en mi voz. Finalmente tomé la copa entre mis dedos y la elevé unos centímetros —Entonces, abuelito... ¿quieres empezar tú o comienzo?
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#12
Continuaba siguiéndola por intriga, y quizás el atractivo físico que la chica exponía múltiples veces de manera súbita. Sin embargo, esa curiosidad a pesar de la aparente falta de seriedad que termina expresándole es genuina, pues no termina de entender el impulso que la lleva a desnudarse.

Era como si fuese víctima de un acto reflejo incontrolable, o subconsciente, y perderse si había algún tipo de gusto oculto tras exponerse de ese modo o sólo era demasiado liberal terminaba confundiéndolo todavía más. De alguna forma necesitaba llegar al fondo de aquel asunto, y si con ello se la llevaba entre sábanas, pues aún mejor.

Sabe insinuarse con comentarios como el de atenderlo apropiadamente, continuando el numerito de su aparente vejez debido al color albino en su cabello, y eso le saca una sonrisa notoria. A pesar de mostrarse molesta en algunas ocasiones, agobiada y hasta quizás, desinteresada por fuera, la atraía a su patio de juegos con suma facilidad, y el porte que la chica de hebras anaranjadas intenta sostener convierte a la picardía nata de su ser en tensión conjunta.

Poco a poco, ese hormigueo causado por su curvilínea figura expuesta se convierte en emociones más acaloradas, produciendo que se relama los labios a modo de moderar esas intenciones directas, obligándose a transformarlas en algo todavía más divertido.

Ignoró las acciones de Kagura una vez ingresaron al restaurante, pero verla vestida en el interior del mismo, o mejor dicho, en la azotea, sí que le resultó una sorpresa, dándole todavía más sentido a la réplica que la chica le dedicó, palabras con las que evidentemente no podría quedarse callado, pues eran una provocación en toda regla, y cuando se desataban ese tipo de duelos verbales, Hasegawa era el primero en la fila si de contestar con altanería se trataba.

—Te sorprendería la resistencia que tenemos los ancianos hoy en día, pequeña. ¡No tienes ni idea! —acto seguido, colocó los brazos en jarra sentado en su lugar y comenzó a reír de manera ampliamente sonora, llamando la atención de varios comensales. Algunos se veían incómodos por las actitudes extravagantes del albino, otros llegaban a reírse por el desentendimiento con algo tan fuera de lugar, convirtiéndose en una reacción natural de quienes son sorprendidos con la guardia baja.

Lo cierto es que Shin difícilmente deja indiferente a alguien.

Frente a frente, la extraña química entre ambos seguía salpicando hacia cualquiera que decidiera girar la vista hacia ellos, y es la chica quien vuelve a hablar, mencionando algo vinculado a "una copita al día", ¿para conservar la juventud? Pensó que era una descarada, y si no se lo dijo fue por la repentina llegada de una camarera, quien se aclaró la garganta antes de interrumpirlos. Justo como prometió, le dejaría el trabajo de hacer los pedidos a Kagura, quitándose ese peso de encima y dándole la oportunidad de vaciarle los bolsillos en ese momento, algo que al parecer se tomó al pie de la letra, pues lo que la empleada del restaurante anotó un listado fue cuanto menos abundante, y sólo era la entrada.

No se intimidó ante eso, si iba a aprovechar entonces también se deleitaría con lo que iba a gastar, sólo que prefería centrarse en la fémina, incluso vestida seguía mostrando unos atributos dignos de admiración. Lo que no se esperaba, aún manteniendo el contacto visual, era que propusiera un juego vinculado al alcohol, una de las pequeñas debilidades del albino, quien tragó saliva disimuladamente y decidió sonreír para ocultar esa preocupación.

Si llegaba a caer víctima de aquel juego, seguramente la balanza se inclinaría de manera irremontable en favor de Kagura.

No podía permitirlo.

En un silencio más prolongado del que la tenía acostumbrada, Hasegawa escuchó las reglas, y a pesar de que sonaba divertido y que muy posiblemente habría terminado aceptando el pequeño juego, la limitación no le hizo especial ilusión, pues si su castigo sería algo tan extremo, ¿por qué ella no se arriesgaba a lo que sea que su imaginación pudiera imponerle?

Iba a cambiar su estrategia, quizás lo que su acompañante necesitaba era un poco de inspiración para romper esa barrera, y realmente arriesgarse. —Oh, vamos. Sé que no eres tan aburrida, Guuury. —susurró de manera casi melosa, levantándose de su sitio y llevándose consigo la silla para reubicarse, sentándose al lado de la traviesa chica, quien parecía dispuesta a obligarlo a beber o posibilitar esa vía mediante un poco de azar.

Recortando las distancias, sentado a unos pocos centímetros de ella, el albino empezó a dejar las payasadas de lado, inclinándose hacia la contraria y permitiéndole respirar su perfume, masculino y según a quién se le pregunte, adictivo. —Creo que si vamos a jugar, el riesgo debe ser máximo para ambos. —acercó levemente su mano al rostro de la chica, con el dorso a punto de acariciar su mejilla —Quién sabe, hasta quizás descubras que en realidad puedo ser más agradable de lo que imaginas. —y justo cuando iba a sentir su piel, se aleja súbitamente, rompiendo la tensión del acercamiento físico y acomodándose en su silla.

—Jugaré si te arriesgas a todo. Sino... siempre podemos compartir una comida como buenos desconocidos que somos. —a diferencia de otros comentarios, esas palabras las dijo sin ánimos de ofenderla, con una parsimonia total, apoyando el codo sobre la mesa y el mentón sobre la palma del mismo brazo, observándola de perfil mientras sonreía, un gesto encantador a consciencia.

Si ella quería jugar, Shin iba a poner parte de su esencia en esa curiosa partida, cediéndole la decisión final y claro, la iniciativa si aceptaba sus condiciones.
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#13
Las normas ya estaban expuestas sobre la mesa, el juego aunque parecía ser sencillo a simple vista, realmente escondía un riesgo que podía marcar el inicio de una nueva experiencia, ¿Cual de los dos caerá primero? ¿Sería yo? ¿Sería él?, nuestras sonrisas se reflejaron como un acto reflejo de complicidad ¿Realmente seriamos capaz de llegar hasta el final y afrontar las consecuencias?, El silencio de Shin se hizo casi eterno tenía la certeza de que la idea de dejar el resultado en manos del azar y el alcohol le provocaba cierta inquietud, hasta podría jurar que mis oídos lograron escuchar el instante cuando trago saliva, aunque él era astuto, lo disimuló perfectamente detrás de una sonrisa cautivadora…pero no podía engañar a mis sentidos. 

Finalmente dejó salir su opinión acerca de la dinámica impuesta, su voz melosa logró captar mi atención por completo, logrando erizar mi piel y haciendo latir mi corazón de una manera casi frenética como si estuviera delante de un lobo a punto de dar su primera mordida. Con un comentario que casi me retaba a querer llevarle la contraria, todas mis intenciones quedaron atrás al momento de escuchar nuevamente aquel extraño apodo, El eco de su voz envuelto entre una cortina de sensualidad y peligro,hizo que mi mirada se fijara en sus facciones, en su esencia, en él. Contemplando desde un punto poético como ese maldito descarado me tenía entre sus manos, con unas cuantas palabras logró tomar por unos instante el mando de este descabellado juego de poder, ¿Ahora que tramaba?, Me puse en alerta en el momento que lo vi ponerse de pie, no pude evitar alzar una ceja con total curiosidad permaneciendo inmóvil desde mi asiento, ¿A dónde quería huir ahora? Pensé que la idea de jugar aquel peligroso juego de azar le resultaba especialmente entretenida.

Colocándose a mi lado con total tranquilidad, sus acciones lograron confundirme por unos instante, pero ahora podría jurar que durante un breve instante sentí algunas miradas posarse sobre nosotros, como si nos juzgarán en silencio o estuvieran a la espera de algún escándalo. Pero esas reacciones solo duraron unos cuantos segundos pues parecian entender que nada estaba pasando pero en realidad entre nosotros habia una guerra fria, Pero en el momento en que se inclinó hacia mí; comprendiera que ahora era él...quien imponía o cambiaba las reglas del juego, Como era de esperarse no me iba a dejar intimidar, ciertamente no quería perder. Mi mirada se clavó en sus orbes celestes y nuevamente desafiándolo con mi espíritu de guerra, Al igual que él me incliné un poco más hasta quedar a escasos centímetros de su bello rostro. Sin romper ese contacto visual, lo escuché hablar con una seducción tan natural que parecía haber puesto al ambiente entero de su lado, esa personalidad que emanaba tanto poder y soberbia, era hipnotizante. Su aroma era embriagador, exquisito; su voz grave aturdía mis sentidos y esa maldita sonrisa tan galante que deseaba borrarla de un golpe, sin duda era capaz de robar el corazón de cualquiera dama. Un efecto que hasta ahora me había negado rotundamente a sucumbir...—¿Ah, sí...? —repliqué con el mismo tono meloso y seductor. No iba a dejarme vencer por unas tácticas tan sucias,Aunque debía admitir que por dentro sentía que me estaba derritiendo por completo.

Yo no estaba acostumbrada a este tipo de situaciones pero sobrevivía a ello por mi orgullo, pero el albino propuso cambiar las reglas del juego, invitandome a que las condiciones fueran las mismas para los dos, ciertamente sentí que su propuesta estaba a punto de abrir una puerta prohibida que hasta ahora nunca me había planteado en cruzar esa línea invisible, esa que bailaba entre el placer y la locura, tan pronto vi su mano subir, mi ceño se frunció levemente ante la tensión acumulada y si…mis mejillas comenzaron a sonrojarse levemente, esperando que aquel toque llegará a su cometido, juraría que estaba a punto de quemarme entre sus dedos pero frenó de golpe, el roce nunca llegó y ante la duda lo observé más atenta, su mirada podía ver el reflejo de un deseo a punto de consumar, ¿Era un deseo mutuo? o simplemente…¿Era mi deseo?, cuando se alejo mi rostro se giro hacia un costado por inercia, no dude en subir mi diestra para cubrir sutilmente mi boca sintiendo mis mejillas arder ante las ideas generadas por este idiota –Maldito…tramposo– maldije por bajo mientras cerraba mis ojos por unos instante.

Cuando se acomodo sobre su asiento, lo vi tomar ventaja al momento que apoyó el codo sobre la mesa, su mano sobre su mentón y de nuevo esa maldita sonrisa, si, sentí que ahora mi vergüenza se convertia en rabia, pero rabia por permitirme sentir cosas por este descarado, así que ahora me dejaría de payasadas y le devolveria la misma sonrisa –Está bien– haciendo una pausa, nuevamente volvi hacer contacto visual con esos ojos de cielo –El ganador, le pedirá lo que sea al perdedor…– dejando salir un suave suspiro sabía perfectamente que debía de ser cuidadosa con la información que soltaría a partir de ahora –Como soy una dama…– haciendo énfasis en la última palabra, cruce sutilmente las piernas mientras para ahora colocar los brazos en jarra –Comenzaré la primera ronda…así que atento a mis palabras– No conocía nada de él y él no conocía nada de mí, las condiciones estaban parejas para ambos, la suerte determina al verdadero ganador.

¿Soy una prostituta? ¿Soy una virgen?  o ¿Simplemente soy una bella y ejemplar Marine? – Sonriendo de oreja a oreja, ¿cuál sería su respuesta?, la botella estaba sobre la mesa, la copa a sus costados, ¿sería Shin el primero en tomar?, los segundos comenzaron a correr a una lentitud breve –Dos verdades…una mentira…– volví a recalcar la respuesta que debía buscar, Para él…¿Cuál sería la mentira?

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#14
Quizás no era el tipo más atento del universo, y en algunas ocasiones olvidaba lo mundano o considerado moralmente correcto, ya sea desde ideales hasta incluso, modales, sin embargo, en instantes donde decide concentrarse, se daba cuenta de la mayoría de detalles, equivalente para férreos combates, situaciones sensibles en donde los vínculos a los que acostumbra peligran, o intentando seducir a alguien, atrayendo a la persona hacia su campo de gravedad, donde él decide cada órbita con un toque tan sutil como directo de cara al lenguaje que la otra persona entiende.

Ese fue el caso de Kagura, no optó por estrategias absurdas ni mucho menos pasarse de listo, la llevó con suma consideración al claro entendimiento de que en los compases previos de la interacción ni siquiera se estaba esforzando, sólo bajo la idea de demostrarle que, en caso de genuinamente quererlo, podía atravesar sus defensas. Según lo sucedido, estaba claro que tuvo éxito, porque la chica no pudo ocultar el sonrojo de sus mejillas ni tratando de utilizar el mismo tono meloso que le regaló, tampoco mostró señales de frenar la caricia sobre su piel, y desde ese punto se vio con la influencia suficiente en la contraria como para poder seducirla sin juegos de por medio.

Aún así iba a dejarse llevar un poco, tenía pensado ganarle, sólo por el vicio de su competitividad.

Con todo dicho, y la aceptación de la chica en las condiciones que le reformuló, se dispuso a iniciar ese pequeño juego, observando la botella de ron de soslayo durante breves segundos antes de volver a centrarse en la de hebras anaranjadas. Refrescó en su memoria las reglas y entonces, se concentró en cada pista que su sola presencia y actitud le habían transmitido hasta entonces, llegando así a las tres afirmaciones, en donde sólo una era correcta para librarse de beber. Pensó unos segundos, y con una sonrisa egocéntrica la bombilla metafórica sobre su cabeza se encendió.

—Considerando que no serías la primera marine que conozco a quien le gusta desnudarse, y que si fueses una dama de compañía me lo habrías puesto más fácil para acostarnos... —en ese instante, la señaló, exclamando sus siguientes palabras a un volumen que fue audible para la mayoría de comensales en aquel restaurante. —¡No eres una prostituta! ¡Esa es la mentira! ¡Aunque me sorprende que seas virgen, impresionante! —se la jugó por esa afirmación, pero pasó a segundo plano considerando lo desvergonzado que parecía mostrarse. ¿Había algo, siquiera, que pudiese ruborizarlo? La respuesta se inclinaba hacia una negativa casi que con extrema seguridad.

Y mientras tanto, en los alrededores, varias personas desviaban la mirada hacia ellos y murmuraban respecto a ambos, aunque especialmente la marine frente a Hasegawa. El albino sólo sonreía, brillando como siempre en su insolente desfachatez, orgulloso de poner el foco sobre la mesa que ocupaban los dos.

—Dime si tengo que beber al finalizar la ronda. —asumió entonces, sin esperar a que Kagura le revelase si ganó o no, pasando a pensar sobre las tres afirmaciones que iba a poner sobre la mesa, a ver si ella acertaba con tan poco tiempo de conocerse. Literalmente poco más de una hora.

—Bueno, estimada 'dama', sigamos jugando. —soltó en tono irónico —Sólo tuve una novia en toda mi vida. —abrió los brazos, acompañando con un poco de show su voz, tirando a la comedia —¡Soy extremadamente millonario gracias a los fondos familiares! —los elevó hacia el cielo, con un orgullo que no se podría distinguir de falso o verídico, volviendo a mirarla a los ojos —Nunca he sido derrotado en combate. Ya viste mis habilidades. —confesó, recordándole que literalmente es capaz de transformarse en luz.

Con todo eso dicho, redobló la apuesta —Piensa bien, Kagura. O vas a terminar en mi cama. —apoyó la mano en la mesa, acercándola hacia el espacio que ocupa la chica pero sin tocarla.

Una pequeña manera de hacerse presente en ella, evitando ser invasivo.

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#15
El tiempo seguia transcurriendo como agua que se escurría entre mis dedos, era imposible de retener, la adrenalina de este juego hacía que mi corazón latiera con fuerza, marcando un ritmo tan frenético que apenas lograba ignorar mis propios pensamientos, a pesar de todo estaba intentando mantener la mirada fija en el albino pero me era imposible no sentirme extraña a su lado, me armaba de valor para no caer ante su juego, debia estudiar cada uno de sus gestos para no caer tan facil, pero su perfil detallaba sus facciones que solo podían reflejar serenidad, estaba analizando cuidadosamente mis palabras como si estuviera buscando alguna grieta, un pequeño error que le diera la respuesta correcta, ¿En que pensaba? ¿Cual era su opinión?. Desde mi punto de vista la victoria de esta primera ronda seria mía –*Si…vamos Shin…escoge la respuesta incorrecta…y pierde ante mi* – la idea me resultaba increíblemente tentadora.

Fue entonces cuando la expresión de su rostro cambió radicalmente, siendo levemente iluminado por una revelación que me hizo verlo de manera más atenta, su error expuesto ante de tiempo…es lo que pensé en ese momento, Una sonrisa cargada de sarcasmo se dibujó sobre mis labios pues para mi era obvio cuál será su elección –-Esa no es la respue….-- Pero mis palabras murieron antes de abandonar por completo mi garganta, toda mi voluntad, mi confianza, se derrumbó al instante que Shin expuso una posibilidad que no había contemplado en ese momento, una sola idea bastó para llegar a una conclusión, arrancándome de golpe aquella seguridad de la cual estaba presumiendo.

Para él no era el primer miembro de la marina que conocía con esta condición tan extraña, apenas escuche esa afirmación cuando senti un escalofrio recorrer mi espalda haciéndome sudar frío, como era más que evidente, comencé a ponerme algo más nerviosa y al tragar saliva con cierta dificultad, lo observaba totalmente helada esperando que terminara de hablar, su sonrisa de arrogante volvió a dibujarse en sus labios y parecía ser el amo del juego. Quizas si mi mentira hubiera sido un poco más creíble, seguramente la balanza se hubiera inclinado más a mi favor, sin embargo, había un evidente error que me era imposible ignorar…¿Cómo demonios se suponía que se debe comportar una prostituta?¿Ofrecerme?...¿A qué carajo se refería con ello?, ese pequeño descuido terminó por costarme la primera ronda, nuevamente sentí como mis mejillas comenzaban arder una vez más, un calor tan traicionero que ascendía lentamente por todo mi rostro.

En el momento que elevó su voz para proclamar su sentencia final, en ese instante realmente sentí que todo mi mundo se sacudió, senti que un balde de agua helada cayó sobre mis hombros obligando abrir mis ojos como platos, totalmente sorprendida, en cuestión de segundos, mis mejillas adquirieron un color más vivo, como un volcán que hizo erupción pintando mis orejas, mis facciones y sobre todo mis hombros, la vergüenza era así de grande. Antes de que pudiera terminar aquella desastrosa declaración, me abalance sobre él y no dude en presionar mi palma derecha contra sus labios mientras levantaba el dedo índice de la otra mano, una señal de advertencia pero lastimosamente el chico terminó antes de que llegara —¡POR DIOS! ¡NO LO DIGAS ASÍ!— el reclamo salio de mis labios en un susurro más alto de lo que pretendía, la atención de varios comensales cercanos recaian sobre nosotros. evidentemente sentí sus miradas clavarse sobre nosotros y lo peor fue escuchar los murmullos que comenzaron a extenderse por el local. Retiré la mano de la boca del albino y llevé ambas  manos hasta mi rostro, cubriéndome el rostro en un intento inútil por esconder la vergüenza que me consumía.

¡Cómo te odio!— lo maldije una vez más aunque las risas y burlas que escapaban de él solo conseguían empeorar mi estado de ánimo. Me quedé callada unos cuantos segundos, mordiendo el interior de mi mejilla como una niña atrapada en un pequeño berrinche, odiaba perder realmente. No quería mirarlo, no quería responderle, simplemente no quería darle la satisfacción de verme tan afectada por su manera de ser. Así que simplemente hice lo único que se me ocurrió en ese momento, alzando mi mano derecha tomé la copa con mis dedos, luego la botella de ron y con movimientos algo bruscos llené el vaso hasta una cantidad que considere apropiada, dejé la botella de vuelta sobre la mesa con un leve golpe seco. Finalmente alcé la mirada y me encontré con los ojos del albino, dedicándole una expresión cargada de rabia contenida.

La primera ronda... la ganas tú, A tu salud... ¡Abuelito!— realmente no tenía intención de montar una escena ni de llamar más la atención. Sin embargo, pronunciar aquellas palabras con un tono calmado requirió una fuerza enorme de voluntad, sin permitirme pensarlo demasiado, llevé el vaso a mis labios y trague su contenido de una sola vez—¡Arrgh...!—Un pequeño gemido se escapó de mis labios cuando el ardor del alcohol descendió como fuego líquido por mi garganta y se instaló de golpe en mi estómago, relamiendo un poco mis labios dejé el vaso sobre la mesa y solté un largo suspiro, intentando conservar algo de dignidad después de aquella humillante derrota.

Ahora era mi turno de escuchar sus palabras, sus supuestas verdades me parecian absurdamente alejadas de la realidad, cada afirmación me parecían creíble y a la vez sospechosas, ¿cual de todas carecía de credibilidad?, bueno, hasta ahora la única que daba por certeza era su extravagante vida de millonario, para ser sincera, toda su cara reflejaba que era un ricachón, hasta podría apostar que en su vida…jamás ha comido choripán. Por lo tanto esa opción la descartaba como una verdad por lo que aún me quedaban dos opciones mas. Mientras analizaba sus declaraciones, mi semblante estaba totalmente serio, estaba intentando ordenar todas las piezas de aquel rompecabezas, había una que me olía a mentira pero no estaba segura del todo. Sin embargo todo el intento de razonamiento se vino abajo en el preciso momento que soltó semejante barbaridad, una sugerencia que volvió a sonrojarme de manera agresiva, por inercia apreté mis puños con fuerza mientras sentía que toda lógica me abandonaba sin previo aviso, simplemente reaccione lo primero que se me cruzo a la mente –¡Maldito pervertido!... ¡Evidentemente si has tenido más de una novia!-- determinando esa opción como la mentira, fruncí el ceño mientras mis orbes azulados se clavaban nuevamente en los suyos, y como era evidente, esa sonrisa….esa maldita sonrisa volvió aparecer, realmente…con toda mi alma…quería verlo en mi misma situación, perdiendo los estribos.

Lo cierto era que Shin se parecía demasiado a una goma de mascar, cuanto más tratas de lidiar con él…más termina pegándose a tus pensamientos, era imposible de ignorar, imposible quitárselo de encima y para el colmo, él parecía disfrutar ese efecto que causa, sin duda...es una maldita goma de mascar. Mientras esperaba que confesara la respuesta correcta, de pronto observe como la mesera se acercaba con nuestro pedido dejándolo sobre la mesa, no dude en inclinarme un poco hacia adelante para tomar uno de los bollos al vapor, las brochetas fueron colocadas al alcance del albino quien por ahora llevaba la victoria de este juego ruin —Que rico…– tan pronto le hinque el diente cuando sentí el sabor de la carne combinadas con las pasas, un sabor entre salado y dulce, el tamaño era grande, de su interior el vapor emergia con cautela, sonreí tras terminar de tragar el primer bocado.

Bueno…aqui te va mi otra ronda…– nuevamente era mi turno, nos faltaban tres rondas más para determinar el ganador, hasta ahora el marcador estaba a favor de Shin, pero me esforzaría en ganar la siguiente ronda –De pequeña solía escaparme mucho al bosque…para cazar animales pequeños– alzando el dedo índice, miraba a Shin con una semi sonrisa –Soy una experta cocinera…– volví alzar otro dedo –Tengo un hermano mayor que se unió a una tripulación pirata– el tercero lo alce mientras lo observaba a los ojos con intriga –¿Aun crees que terminare en tu cama?-- ahora era yo la que sonreía con soberbia, nuevamente volví a darle otra mordida al bollo de vapor.

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#16
Aquello empezaba a ser un juego demasiado fácil, porque a medida que pasaban tiempo juntos los gestos ajenos trazaban tendencias imposibles de ignorar. Sabía cuando se sentía confiada y también, los instantes en que esa sensación de poder se le escurría entre los dedos, víctima de una maldición que jamás lo atacó a él, ni siquiera en su infancia; los sonrojos. Verla así le hizo detectar al instante que con su suposición sobre el servicio de trabajadoras sexuales dio de lleno en el blanco, siguiendo esa línea hasta dar con la mentira escondida entre sus relatos verídicos, descubriendo que nunca había experimentado nada sexual y lo más extraño de todo, compartían profesión.

No tuvo mucho más tiempo para reflexionar, porque ante las exclamaciones que no la dejaban tan bien parada, Kagura se abalanzó sobre sus labios, intentando silenciarlo y llegando demasiado tarde a la tarea. Por supuesto, Hasegawa aprovechó ese contacto, manteniendo su misma sonrisa confiada y mirándola a los ojos cuando volvió a su lugar —No puedes parar de tocarme... espero que no te mal acostumbres. —reconoció, relamiéndose los labios con una soltura indiscreta, como si en su imaginación el resultado de esa noche ya estuviese ocurriendo frente a sus ojos.

Al final, la chica de cabellos anaranjados le dejó pocos espacios de su cuerpo que reconstruir desde el desconocimiento.

Exclama odio, más no el suficiente para levantarse de la mesa y abandonarlo. Por algo seguía ahí, a sabiendas de los riesgos impuestos mediante sus condiciones, manteniendo el juego, uno del cual podría escapar en cualquier momento, porque al margen de lo que podría creerse, respetaría las negativas de cualquier dama, por más libertinas que pudiesen parecer. —Eso, hasta el fondo, Gury. ~ —la anima mientras le dedica el trago que representa su derrota, recibiéndolo sumamente feliz, tanto que entrecerraba los ojos, pareciendo cerrados, enfocado en la marine pervertida hasta que cumplió con su palabra, no dejando ni una gota en el vaso.

No sólo soltó un pequeño gemido, suave, sino que también se relamió los labios, embriagándolo con el aroma a alcohol, fresco y con ese toque divertido, como si representara la antesala de una historia cuyo desenlace resultaba demasiado evidente a ojos del albino. Aunque no había demasiado tiempo para pensar, porque el desafío seguía y sus sentidos debían estar enfocados si pretendía enlazar dos victorias consecutivas, dejando el asunto prácticamente decidido desde el principio.

Lo bueno, es que antes de su turno, debía arriesgarse por una de las tres opciones que le ofreció, y los cebos funcionaron a la perfección. Shin permitió que les sirvieran la comida antes de soltar la información que marcaría la desgracia máxima para Kagura, esperando incluso a que de el primer bocado, haciendo ver su agrado por el sabor de lo que eligió, y luego de que tragara abrió la boca, declarándole el resultado de su elección —Te equivocaste. La mentira es que nunca fui derrotado en combate, incluso un prodigio como yo tiene sus días malos. —no eran recuerdos agradables, y justamente reconocer algo que va tan en contra de su ego abrió el error de la contraria —Creo que te toca beber de nuevo. —se encogió de hombros, sonriente.

En ese instante volvió a acercarse a la chica, recortando las distancias hasta casi dejar pegadas las sillas, listo de cara a una nueva ronda. Mencionó escapes al bosque, ser una cocinera experta y un supuesto hermano mayor uniéndose a alguna tripulación pirata. El albino arqueó una ceja casi de inmediato, y no tardó en hacerle saber el motivo —A este paso, sí. Creo que no sabes jugar a lo que tú mismo propusiste. —la mano de Shin se dirigió con suavidad a uno de los muslos de la chica, siguiendo el hilo de su última pregunta —Pero estarás sobria cuando eso pase. Si no lo disfrutas, entonces no tiene sentido... —levemente, trazó una línea hacia arriba, alejando sus dedos antes de que el contacto se volviera demasiado peligroso.

—Dado que dos de las opciones son demasiado circunstanciales, la mentira es que eres cocinera. Y encima experta. —como si nada hubiese pasado hace segundos, se encogió de hombros con extrema naturalidad —Si tienes un hermano o salías al bosque, son historias a las que le echaste demasiada imaginación, o simplemente pasaron. —afirmó el motivo de su elección, enseñándole la manera en que expuso lo que era falso.

Entre dos anécdotas elaboradas, se decantó por la ficticia habilidad sencilla, confiando en su nueva victoria.

—Bien, princesa, sigamos. —gradualmente iba mostrándose más sensual, cariñoso e inclusive amable, sin abandonar los dejes pícaros que la molestaban e irritaban, envolviéndola en su encanto como una araña tejiendo su red. —Veamos, qué te cuento... —miró hacia arriba únicamente con sus iris, no elevó la cabeza al cielo, y tras unos instantes pareció haberse decidido.

—Fui criado por un padre demasiado amoroso y una madre sumamente estricta. —la miró a los ojos y volvió a acercarse, sujetándole el mentón con los dedos índice y pulgar —En este momento, estoy pensando en qué posición voy a ponerte cuando terminemos con esta excusa para seducirte, digo... jugar. —sonrió, alejándose tan pronto como recortó las distancias —Me educaron como espadachín y, aún así, no tengo técnicas que mezclen ese dominio con el poder de mi fruta. —recostándose sobre la silla, se cruzó de brazos. —Sin presiones, para nada se te están terminando las oportunidades... —declaró, sumamente confiado.

Esperaba tenerla en la cornisa del precipicio que ella misma provocó.

Contenido Oculto
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#17
¿Cómo es que había llegado a este punto sin retorno? ¿Como carajo termine convirtiéndome en su juguete?, no…no podía seguir engañándome, toda esta situación se creó por mi culpa, debí haberlo dejado en la playa, debí haberlo ignorado en aquel momento que nuestras palabras cruzaron, debí seguir mi camino sin darle la oportunidad de acercarse, pero la verdad era mucho más cruel, todo eso…estaba escrito de que debía suceder de esa forma tan caótica, la esencia de ese hombre era equivalente a la de un huracán a punto de azotar la costa, su sonrisa de triunfador fue lo que derritió mi corazón. Todo de él me deslumbró dejándome cegada ante él, si…esta noche jamas la olvidaría, algo me decia que Shin Hasegawa…dejaria una marca permanente.

Enférmame

Él era como un lobo disfrazado de oveja, a estas alturas del juego podía sentir como sus colmillos poco a poco se acercaban a mi cuello…buscando el momento perfecto para dar el golpe de gracias. Mientras tragaba aquel líquido amargo que descendía por mi garganta como fuego, esta vez senti como mi rostro comenzaba a quemar, relami mis labios dejando salir un suspiro casi involuntario…La segunda ronda comenzaba a cobrar factura llevándose consigo parte de mi lucidez y logrando que mis pensamientos comenzaron a bailar con el poco razonamiento que me quedaba, ¿Qué me estaba ocurriendo? Ah, claro... había perdido de nuevo, me había equivocado con la segunda respuesta y ahora debía asumir las consecuencias de mi mala decisión, pero aun así, no todo estaba perdido; todavía me quedaban tres oportunidades más... Tres intentos para darle la vuelta a esta  situación tan desastrosas —Mierda... —maldije entre dientes, sentía las mejillas arder por efecto de la bebida, ahora si…debía admitirlo...nunca fui buena para beber, y mientras intentaba recuperar la compostura, una sola pregunta rondaba mi cabeza… ¿En qué momento tan estúpido tuve la brillante de jugar este juego tan peligroso?

Escuche la voz de Shin hablar de forma melosa, una vez mas parecía tomar el control de este juego peligroso,la bebida seguia acumulandose en mi cuerpo nublando mis pensamientos e impidiendome seguirle el hilo de sus idiotices –Espera….no…— murmure por bajo intentando aferrarme a la claridad de sus palabras y de sus movimientos, sin embargo su mano gelida comenzó a tocar partes de mi cuerpo que parecía temblar bajo sus dedos, con cautela subía desde mi muslo hasta llegar a un punto que considero peligroso, retirandolo de golpe mientras me dejaba a flor de piel, estaba tan sumisa al contacto que termine por alzar la mirada para encontrarme de nuevo con esa maldita sonrisa santurrona, entonces me di cuenta que todo mi cuerpo estaba comenzando a gritar, mi corazón acelerado dictó un anhelo que lo tenía tan arraigado a la carne, no lo quería aceptar, no lo quería decir, simplemente no quería perder.

Cúrame

Tratando de seguir el hilo de la conversación, mi mirada terminó por detenerse en aquellos iris azulados que parecían brillar a tan solo unos centímetros de mi rostro, robandome el aliento con solo mirarme de esa forma tan seductora, entonces senti la tensión regresar de golpe recorriéndome como un escalofrío imposible de ignorar...como si fuera una clase de alarma, lo comprendí finalmente...todo comenzó a ser claro...desde el instante en que nuestros caminos se cruzaron en esa orilla, desde la pimera vez que me encontré con esos ojos capaces de transmitir calma y peligro al mismo tiempo, desde ese instante perdi ante él, apenas escuché el resto de sus palabras y sobre algo que tenia que ver con una postura...¿estaba provocandome?...ahora lo podia ver mas claro, alzando mi mano derecha...lo lleve a mis labios mientras desviaba el rostro hacia un costado, incapaz de sostenerle este juego por más tiempo, mi cabeza ya era un caos y mi corazón latia tan rapido y tan fuerte como una locomotora a punto de llegar a su destino. Ahora si...debia admitirlo...me atrapo...lo que estaba sintiendo significaba aceptar una verdad para la que todavía no estaba preparada.

Dos verdades... una mentira... —susurré para mí misma mientras bajaba la mirada hacia la botella que descansaba frente a mí, La hice girar suavemente entre mis dedos, observando cómo la luz se reflejaba en el cristal,Poco a poco, una sonrisa comenzó a dibujarse en mis labios, Tal vez era el efecto de las bebidas, o quizás la simple terquedad de negarme a perder contra Shin, pero gracias a ello me sentía más despierta, más animada y, sobre todo, más valiente que al inicio de la noche. Alcé la vista hasta encontrarme con Shin y arqueé una ceja en señal de desafío —Un carajo... —respondí sin ocultar mi descontento, mi ambicion,acto seguido, le dediqué una sonrisa burlona y saqué la lengua de forma descarada, como si intentara devolverle una pequeña parte de todas las provocaciones que había soportado hasta ahora, le iba a cobrar todas, llevando mi palma derecha a mis labios le lance un beso, haciendo que mis labios resonaran contra mis dedos, captando la atención de algunas cuantas personas, atraídas por la escena, pero ya no me importaba, Si él había convertido aquello en un juego de confianza y nervios, entonces estaba dispuesta a jugar bajo las mismas reglas.


¡QUISIERA SER PIRATA…hip…PARA! – Grite tan enérgica que varios de los comensales tuvieron que dejar sus conversaciones para observarnos de reojo, al enderezar mi cuerpo no dude en acercarme al albino quien ahora le daria su merecido, mi mano no dudo en tocar su rodilla derecha y siguiendo el camino como si ya lo conociera, subia peligrosamente hasta sobrepasar el limite seguro, llegando a su entrepierna el cual no dude en apretarlo sutilmente con mis dedos, porque si... no soy tan cobarde como aparentaba, mi mirada estaba fija en él, en su facciones, en su mirada. Mis mejillas estaban sonrojadas pero no de verguenza…si no por el alcohol – ¡ENCONTRAR EL TESORO QUE HAY hip…ENTRE…TUS…P-I-E-R-N-AS!...hip-- Dejando de apretar su parte erogena, con una caricia que iba mas abajo hasta subir a su cinturon, apartando la mano tan pronto me puse de pie dejando que la silla se corriera hacia atrás buscando un poco mas de espacio, tambalee un poco pero me importaba un culo, tome la botella y con una agilidad que ni yo reconocia...comence a beber de la botella...tragando todo lo que podia, si....perdi, perdi ante él...pero lo haria con dignidad, lo haria a mi manera.

Amarrame.

De un tirón abri el escote de mi vestido dejando ver el sosten negro de encaje, no dude en inclinarme sobre Shin para colocar mis manos sobre sus hombros anchos, imitando su tonta sonrisa  como si yo hubiera ganado–Ahora…bésame…maldito Marine mentiroso…hip…– me incline mas a él y recordando sus gesto...mi mano ahora tomo su mentón para elevarlo a mi dirección, frunci el ceño, estaba cada vez mas cerca…mis piernas comenzaron a temblar por el euforico momento, escuche murmullos, miradas sobre nosotros, ¿gritos quizas?... Si...ahora me sentia mas mareada de lo normal. Mis piernas flaquearon de nuevo y sin mas me deje caer chocando contra sus duros pectorales con una sonrisa tenue –jeje…— ante el exceso de alcohol, caí rendida totalmente ante los brazos de este sujeto. ¿Que pasaria ahora?, bueno…seria problema de la Kagura del futuro, por los momentos...Shin tendria que lidiar con los problemas que se le avecinaban, como: lidiar conmigo, lidiar con los comensales y sobre todo: pagar la cuenta.
Pensamiento • Dialogo • Cronologia
[Imagen: firmakagura.gif]
#18
A más bebía, se hacía notoria la poca resistencia al alcohol, desinhibiendo comportamientos en Kagura que aún y en las últimas, ofrecían un mínimo de resistencia. La observaba mientras iba enredándola en su juego, sin embargo lo que en un principio debía ser diversión se convertía en preocupaciones y problemas a resolver gradualmente, porque al instante en que aquel ida y vuelta de verdades entrelazadas con mentiras iba a seguir, su estado le imposibilita ser llevada por el raciocinio, convirtiéndola literalmente en una bomba de relojería.

Todo empezó con un gesto burlón, de los típicos que él mismo solía ofrecer con todo el ánimo de picar a la gente, acto seguido le dedicó un beso bastante más ruidoso de lo que le habría gustado recibir, arqueando una ceja en clara señal de confusión. ¿Una exclamación expresando el deseo de convertirse en pirata? Todo cobraba sentido a medida que se acercaba en una plena demostración del bochorno que alguien en estado de ebriedad puede causar.

Y claro, debía terminar como empezaba, respetando los ciclos.

Estuvo a punto de dejarse llevar cuando sintió aquel contacto íntimo otra vez, recibiendo casi que a la cara el comentario sobre un tesoro entre las piernas, y sólo se limitó a sonreír con una frialdad espeluznante. No le importaba el ridículo, ni lo que comentase la gente, su autoestima y ego estaban en un nivel donde ninguna palabra, expresión u opinión que le dedicaran cambiarían su identidad, por ende se quedó quieto mientras la de hebras anaranjadas seguía montando su pequeño show, ganándose la totalidad de las miradas proveniente de los comensales allí.

Justo cuando iba a preguntarle si había terminado, sujetó la botella y decidió beber directamente de ella, desabrochando su vestido y reincidiendo en sus claras tendencias exhibicionistas. Recortó la distancias y le demandó un beso, sujetando su zona pectoral con las manos, pero antes de siquiera poder decidir si era una buena idea, cayó víctima de piernas que ya no aguantaban su propio peso, entumecida de la ebriedad en sus brazos. La sostuvo con la diestra mientras que su extremidad libre buscó el dinero correspondiente entre sus ropajes, llamando a algún camarero para poder pagar. En ningún momento se le borró la sonrisa de la cara, al menos hasta que tras realizar las gestiones de berries correspondientes, cargó a la chica en brazos, observando a todos los clientes del lugar.

—¡Y recuerden! ¡Esto es lo que pasa cuando se exceden con las copas! ¡No beban alcohol, hace mal al cuerpo! —asintió con efusividad tras su mensaje anti-sustancias, y volvió a activar su fruta del diablo, únicamente presentando el brillo dorado en sus piernas, alzándose en el aire y moviéndose a una velocidad demencial, que los dejó a ambos nuevamente en la calle como si el episodio que vivieron juntos no hubiese sucedido al dejar a todas las personas atrás.

Con ella en brazos, intentó hacerla entrar en razón —Hey. ¡Hey! Al menos dime donde te llevo, estás en muy mal estado, seguro ni te acuerdes de lo que hiciste y prometiste, hehe. —se ríe, porque técnicamente debido a aquel abandono se alzó con la victoria del extraño juego que la chica propuso, ciertamente no iba a dejar pasar su deuda, no cuando le costó un esfuerzo mental pequeño el vencerla.

—¿Quién me manda a mí a hablar con desconocidos? —suspira, negando con la cabeza —No creo que te pase nada si te dejo aquí tirada, ¿verdad? Ya tienes una edad... —reclamó, aún cargándola e iniciando la marcha hacia algún lugar que le permitiera descansar. Era imposible que la deje a su suerte, después de todo aquello iba a hacerle ese pequeño favor, sin cobrárselo de regreso.
[Imagen: vEBNZb3.png]
#19
✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI
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