[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
Viendo la buena cantidad de compañeros que terminaron siendo solicitados por la organización del cielo no pudo evitar sentirse aliviado, pues consideraba que las indicaciones de descargar las provisiones en la playa y luego seguir avanzando los libraba de una actividad bastante más pesada de lo que podría imaginarse en primera instancia, agilizando el acercamiento del cuerpo marine hacia el centro de la isla, zona que seguía esperándolos, resguardando el inicio de los juegos del soberano.

Libres de tareas ajenas a lo que por defecto acostumbran a hacer, que es mantener el orden y asegurarse de que las leyes impuestas por el gobierno mundial sean cumplidas, aún le rondaban por la cabeza pensamientos respecto a la parte deportiva del asunto, tan vanagloriada en diversos periódicos y aún más, en la propia tradición de la isla por encima de las nubes. Entendía la función crucial que al menos la División Setentaicinco desempeñó en la embarcación perteneciente a Nozama, y que los demás tendrían sus propias labores adjuntas al motivo tras las respectivas presencias en Skypiea, aún así, ¿podrían tomarse el pequeño instante de participar en las afamadas competencias? Su espíritu deportivo y ansioso por obtener la victoria en donde sea que se apunte le reclamaba esa posibilidad, volviéndose un objetivo prácticamente prioritario a medida que todo se seguía desarrollando, bajando las revoluciones de su inagotable carisma hasta que bueno, le tocó intervenir.

Con la misma claridad que Kuroshiro empleó para desmentirlo, Hasegawa sonrió y prácticamente redujo a nada los intentos de la humink con una simple frase mientras volvía a colocarse sus características gafas de sol, dándole la espalda a la chica a la par que contestaba a sus palabras —¡Jo, jo, jo! ¡La traigo como loca! ¿Han visto lo roja que está? —escondió sus manos en los bolsillos de la chaqueta perteneciente a la versión invernal del uniforme, aún mojada debido a la tormenta que los recibió instantes previos a la subida por la Knock Up Stream, y continuó avanzando hacia el lugar que todos eligieron, silbando una melodía que silenciaba las exclamaciones de su compañera de división, todo hecho con suma consciencia de los crímenes cometidos, claro está.

Y mientras el siempre formal Omuyaga parecía empatizar con la sorpresa del Comandante Nanashi, detalle que le pareció bastante gracioso, Akira se le acercó al grito del apodo que Enji supo adjudicarle en el único entrenamiento que tuvieron juntos. Le suelta una catarata de preguntas vinculadas al poder que había exhibido delante del grupo, y Hasegawa deja entrever un gesto bastante egocéntrico mientras lo va observando de reojo, sin detener el paso. Ante semejante exposición de dudas, buscó una respuesta que resumiera lo más posibles sus intenciones, y la encontró al inclinarse ligeramente hacia delante, mirando a los ojos al contrario y sacando la lengua mientras sin burlarse, parecía estarlo haciendo.

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—Me niego.

De manera automática, echó la vista al camino otra vez, y le dio el privilegio de desarrollar un poco más su escueta contestación —Es secreto de estado. —asintió varias veces, prosiguiendo con el camino, portando la misma sonrisa juguetona en sus labios que le había dedicado al rubio. Lo único que llegó a hacerle cambiar aquel gesto, fue la repentina preocupación de Juan sobre Masami, quien ciertamente no se encontraba en los alrededores, pero si decidió seguir adelante se debe a que la propia División Ochenta mantuvo la marcha, imaginando que la carismática muchacha se les terminaría uniendo poco después.

En caso contrario, no le importaba volver a por ella.

El camino dio inicio, y obligado a seguirle el paso a los demás, uno extremadamente lento, fue vislumbrando con extremo detalle la forma en que poco a poco la abundante vegetación los fue arrancando del abrazo del sol, uno que nunca había sido tan cercano como en aquel instante. De pronto, la experiencia en Skypiea no era diferente a atravesar cualquier bosque en alguna otra isla, perdiendo un poco la magia de caminar encima de las nubes, y llenando sus sentidos de oscuridad más allá de la antorcha ocupada por Raito. A Hasegawa no le importaba ir al frente de su división, menos entre tantos marines, consideraba que el liderazgo se basaba en otro tipo de detalles, por eso caminó sin prestar atención a la formación, aunque sí a la disposición del propio sendero, lo suficientemente ancho como para que todos pudiesen entrar en la ruta ya trazada.

Fue el propio Akira quien volvió a referirse a su akuma, reclamando que la use para iluminar el paso hacia el final del trayecto, y considerando que ya llevaban bastante tiempo y el destino final se hacía incierto, empezando a dolerle los pies, Shin decidió emular paso a paso la respuesta que le dedicó instantes atrás, inclinándose hacia delante, bajando a la altura de su nariz las gafas y sacándole la lengua otra vez, repitiendo exactamente las mismas palabras.

—¡Me niego!

Esta vez, lo exclamó, audible para todos sus compañeros. —A ver si crees que me sale gratis ser el tipo más brillante del mundo. —volteando la vista al frente, su sonrisa egocéntrica brilló más que los destellos de su poder elemental, haciendo una clara referencia al desgaste energético que le supondría mantener sus habilidades activas por tanto tiempo únicamente con el afán de iluminar, teniendo una antorcha, dos mink puros con, seguramente, sentidos aumentados, y a Nyra, quien sabía de primera mano que podía ver en la oscuridad. Aún así, las palabras dichas hacia el miembro de la división ochenta estuvieron envueltas en un tono que rayaba lo cómico, conteniendo la risa por esos pequeños e inofensivos piques.

Lo más curioso de todo, desde luego, fue el sentirse reflejado en la postura de Stroud, muy atento al entorno y sin terminar de entregarse a la apariencia "fácil" del sendero, evadiendo una comodidad que bien se podría asentar en la cabeza de todos los presentes y ocasionar que bajen la guardia. Shin se mostraba despreocupado, sí, pero no era más que una manera de transmitirle al resto la tranquilidad de que él no ha perdido los estribos, modus operandi típico en el albino, intentando no preocupar a nadie. Fue la primera vez que sintió empatía hacia el estricto marine, poseedor del mismo rango que él.

Ignoró la conversación de Akira con Nyra, centrándose en las tarjetas que tanto Nanashi como Bertram empezaron a repartir —¡Woah! Esto es mega útil, no se me habría ocurrido. —se bajó los lentes para poder observarlas mejor, y las alzó hacia el cielo, que debido a la flora de la zona todavía no se veía —¡Debo hacer unas también! ¿Deberían poner una foto mía? Una frase seguro. Hm, ¿cómo sería...? —sigue caminando, guardando los objetos en su bolso a la altura de la lumbar y perdiéndose en sus pensamientos —¡Galante, heroico y poderosísimo Hasegawa Shin, Comandante de la marina! —exclamó, uniendo ambas palmas a la altura de su rostro, y separándolas a medida que desataba esa lluvia de palabras —Gracias Stroud, acabas de hacer el mundo un lugar mejor. —cuando abandonasen Skypiea, se pondría en contacto con alguien para que le haga sus propias tarjetas de presentación. La felicidad casi que se escapaba de su cuerpo.

A medida que seguían avanzando, empezaron a compartir relatos sobre la procedencia de cada grupo, charla que destapó Akira, exponiendo el camino que iniciaron en la corriente Akai, y no habría añadido comentario alguno de no ser porque Kael se refirió a ellos como una mera "organización ilegal". Shin negó con la cabeza, y repentinamente volvió a exclamar frente a los presentes sus pensamientos —¡Marines corruptos, dilo bien! Nos enfrentamos a un lagarto gigantotote con una chaqueta que tenía las condecoraciones de un Teniente. ¡Y eran esclavistas! En fin, cuando reforme la marina, me encargaré de que nadie vuelva a ser privado de su libertad. —se cruza de brazos, anunciando sus intereses más "polémicos" sin ningún tipo de miedo, y como si no tuviesen un peso real sobre las personas más fieles a las normas que impone el Gobierno Mundial. Acto seguido, vuelve a fijarse en Nanashi, a quien no le tiembla el pulso para adjudicarle un apodo bajo un deseo puntual.

—Oye, Stroudy, no me seas tan serio, que voy a empezar a tenerte miedo... —claro que era una exageración, porque si fuese alguien temeroso no habría hecho ni la mitad de declaraciones que se le escucharon, sin embargo, deseaba romper aquel porte del rubio de alguna manera, y esa fue la que se le terminó ocurriendo. No le dio mucha más importancia, avanzando y sacando su Den Den Mushi para apuntar entre sus contactos los nuevos números que disponía, prestando atención a las advertencias que dio Kibai sobre la fauna venenosa en aquel espeso bosque.

Comenzaba a cansarse de tanta vegetación, sintiendo la pesadez de una caminata que no parecía ver un fin, y que sólo se volvía amena gracias a las conversaciones entretenidas entre los variopintos miembros de las tres divisiones. Con el caracol guardado otra vez, volvió a prestar atención a lo que iban comentando, siendo Enji quien cuestionaba sobre la naturaleza de los juegos que, con suerte, se llevarían a cabo más adelante. Fue igual de grotesco que siempre, sacándole alguna que otra risotada incontenible, volteando a ver entonces a Moja, de los diez presentes, el más silencioso, y sintiendo algo de curiosidad por aquel mink. Y habría sentido la misma sensación por la conversación sobre los deportes, de no ser porque el camino llegaba a su fin.

Después de setas venenosas, un pasaje ancho pero no tanto como para reducir la sensación de agobio entre la penumbra boscosa, borrando parcialmente las brutales vistas del mar blanco y tres horas caminando, el brillo que los esperaba tras el final del trayecto los terminó sorprendiendo a todos por igual. Shin fue el último en emerger, y sus ojos se vieron abrumados por la enorme cantidad de dorado que lo impactaba, metafóricamente hablando.

Incluso alguien tan parlanchín como él se vio completamente silenciado por la inmensidad de lo que estaba presenciando, siendo las segundas mejores vistas que había atestiguado jamás, por debajo de lo que vivió subiendo por la Knock Up Stream. Algunos empezaron a cuestionar sobre si los techos dorados, o aquel óvalo inmenso estaban hechos de oro real, Akira, por su parte, aseguró que la ciudad brillaba incluso más que sus poderes y, a pesar de ser tan egocéntrico, por primera vez no se veía capaz de contradecir una afirmación semejante.

Era impresionante, casi tanto que podría haber caminado hacia la ciudad perdida envuelto en un trance, ignorando el enorme río que los separaba de la civilización, pero su instinto detallista lo hizo percatarse del problema, deteniéndose a tiempo y observando el accionar de sus compañeros. Algunos estuvieron muy dispuestos a cruzar esos diez metros de un salto, mientras tanto, Shin dedicó otra mirada a las impresionantes estructuras ocultas entre los cielos.

Hacia el norte, el palacio piramidal rebosante en su tamaño. Casi que flotante a gran altura, el flameante trono. Relativamente cerca se podían percibir las puertas de entrada a la gigantesca edificación, y más próximo a la posición de todos, gradas y arena, imaginaba que allí se celebrarían los juegos del cielo.

Hasegawa se sintió emocionado, y no tardó en ponerse en marcha también, porque no se lo podía perder. Su figura se envolvió de una luz dorada que no podía rivalizar con el oro de la civilización frente a ellos, y estando a tres metros del río, se transformó por completo en luz, atravesando los diez de ancho que aquel pasaje natural de agua presentaba al recorrer como un rayo elemental quince metros completos, llegando al otro lado a una velocidad aún imperceptible para el resto, y dando la sensación de que sencillamente se teletransportó, aunque en realidad aprovechó los movimientos en todos los ejes que le daba su fruta para elevarse sobre el nivel del suelo y el agua unos dos metros y entonces cruzar la distancia que necesitaba, manteniendo esa altura, aterrizando a más de un metro y medio de distancia de cualquiera de sus compañeros.

Ignorando las reglas impuestas por Enji en el juego de quién llegaba último, Shin se aseguró de que todos sus compañeros cruzaran el río antes de hacerlo él, verificando por última vez que nadie se quedaba atrás, y pronunciando por fin unas palabras mientras iba saliendo de su asombro —Esto es una locura... —aseguró, mirando al resto de marines y luego, a las gradas. Seres alados de diversas alturas se manifestaban en ellas, interactuando con creciente alegría, esa pureza en las razas allí presentes le hizo entender de inmediato que ante los ojos de los oriundos de Skypiea, sólo eran invitados, y debían actuar con el respeto que esa tierra prohibida merecía.

Si bien, no iba a poder contener su ego y carisma, actitudes natas en su propia genética, ofrecería el debido respeto a lo que esa ciudad merecía, y claro, su gente, mostrándose un poco más serio que horas atrás, con el uniforme prácticamente seco y relativamente presentable, con todo lo que la enorme travesía hasta ese punto le ha permitido. —No sé ustedes, pero pienso participar en los juegos. Jamás me perdonaría el perderme esta oportunidad. —comentó tanto a Nyra como a Kael, sin mirarlos a la cara, pues a medida que se acercaba a la zona donde Lunarians, Birkanianos y Skypieanos disfrutaban el rato, sus ojos se mantenían fijos en los detalles que rodeaban a todos los presentes.

Pretendía honrar el asombro que Skypiea le estaba causando.

Let there be light
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3093 + 0 = 3093
Energia: 3542 - 28 = 3514
Espiritu: 1132 + 0 = 1132
Naruze Kiba se vio tristemente caminando solitariamente a paso lento por el sendero señalado después de que aquella que iba a ser su compañera de viaje se arrepintiera y acabase regresando al barco, una situación más que lamentable para el Gyojin de cabello negro y traje aparentemente fino, pero hecho para soportar tanto el combate como la falta de misericordia que el clima o el medio ambiente pudiera hacerle afrontar tanto en Skypiea como en cualquier isla y el clima extremo que pudieran tener. Para más tristeza del hombre tiburón tigre, en su camino inicialmente lleno de vegetación no pudo ver ninguna clase de producto comestible o que se pudiera convertir en un ingrediente a futuro, lo más parecido a un ingrediente eran hongos venenosos que prefería ni mirar.

El camino apenas y estaba empezando a hacerse más escarpado y rocoso cuando el sonido de pisadas gigantes, voces y movimiento llegó por la espalda del oji azul que se giró para ver qué clase de personas o criaturas pudieran estar acercándose a su espalda solo para toparse con individuos de gigantescas proporciones seguidos por una multitud de hombres bien musculados con camisas de Nozama indicando su afiliación, o al menos la afiliación que parecían tener inicialmente. A simple vista los que iban al frente eran los más grandes, ambos rubios, uno portando un hacha y el otro con rasgos de lagarto de alguna clase que “el comerciante” no podía identificar con sus limitados conocimientos hasta el momento, este último hablaba de una forma bastante extraña hasta donde podía escuchar Kiba.

La interesante multitud se acercó rápidamente hasta el trajeado siguiendo a los gigantescos líderes del grupo -Sus caras me quieren sonar de algo… ¿Por qué me suenan conocidas las caras de repartidores de Nozama?- pensó por un momento el engrilletado mientras intentaba descifrar que demonios estaba diciendo el hombre lagarto gigante, aunque no necesitaba entender todo para saber que estaba presentándose de buena manera y con eso bastaba para que el hombre tiburón tigre sonriera aceptando el apretón de manos -Hola Ubbe, encantado de conocerte, soy Kiba Naruze un comerciante común y corriente.- dijo sin intentar disimular lo obvia de la mentira cuando portaba en su espalda un espadón y un rifle a juego de un par de punteras en los pies y guanteletes en las manos, de normal no tenía una pizca el hombre tiburón tigre con traje en medio de la jungla.

Luego llegaría el momento donde el grandullón rubio que acompañaba a Ubbe se presentara, el nombre del primero aun resonaba en la mente del Gyojin, buscando de donde le sonaban esa cara y nombre, sin embargo cuando Sigurd Hakkon se presentó, ahí fue cuando todo terminó de encajar en la cabeza del “comerciante” -Encantado de conocerlo señor Hakkon, claro que voy con ustedes, un viaje solitario resultaría demasiado aburrido- contesto mientras sonreía ampliamente mostrando los colmillos con la confianza apropiada para alguien que acaba de toparse con el hombre que causó la Masacre de Whiskey Peak, Ubbe un pirata de tanto renombre como su compañero y otras cuantas decenas de hombres siguiéndolos bajo el por el momento invisible estandarte del “Ragnarok”.

Otras personas se hubieran puesto más nerviosas o tal vez querido huir, pero Kiba realmente estaba curioso por aquellas personas y sus experiencias, sus aventuras y ver como lideraban aquel grupo de personas tras ellos -El truco para mantener la ropa bien cuidada, es que en realidad no es un atuendo formal, sino que es ropa de exploración hecha con el corte y estilo para aparentar ser ropa formal, sí estuviera usando un traje común y corriente ya se habría desgarrado dos o tres veces por los movimientos que hay que hacer para atravesar esta subida o moverse entre estos peñascos- explicó tranquilamente mientras se planteaba quitarse la capa superior del traje para que pudieran revisar los materiales de los que estaba hecha, sin embargo algo más importante se hizo presente.

Tras el rocoso ascenso por el camino que habían tomado más por capricho que por decisión, se encontraban en ese momento a la altura para ver otros caminos pero más importante que eso, para ver la gran ciudad dorada, el palacio que se alzaba más allá de lo que uno podía imaginar en base a relatos, era una vista magnifica y llena de gloria, llena de maravillas que por un momento dejaron sin voz al parlanchín hombre tiburón. -Es hermoso- llegó a musitar de forma natural antes de que las voces de los miembros del Ragnarok se hicieran presentes, incluso sin ser miembro de aquella tripulación pirata la sangre del pelinegro estaba empezando a hervir por el discurso de Ubbe, una enorme sonrisa predatoria se extendía en las fauces de Kiba mientras su respiración se preparaba para un inexistente combate -No pueden dar discursos tan excitantes y luego esperar a que uno no les siga.- agrego más para sí mismo que para ninguno de los posibles testigos.

Con emoción el trajeado retrocedió varios metros para tomar carrerilla, unos diez metros se aparto del borde antes de correr la misma distancia e impulsarse al frente, saltando para adelante una vez llegase al borde del precipicio quería un salto que le diera distancia para evitar caer con su cuarto de tonelada sobre alguno de los miembros de Ragnarok que no hubiera saltado suficiente en su carga masiva. Kiba se impulso en el aire y atravesó unos doce metros apartándose del borde del risco, sintiendo como surcaba el aire con la libertad misma que podía nadar entre las mareas, era una sensación liberadora hasta que la gravedad comenzó a hacerle dirigirse al suelo, eso no importaba, el seguía sonriendo mientras se preparaba para girar con la caída e intentar amortiguar la caída transmitiendo parte de la energía cinética rodando por el suelo, no sabía si podría soportar una caída de esa altura sin consecuencias pero si salía herido sería con estilo.

Así cayó rodando por el suelo antes de levantarse en el mimo movimiento avanzando un par de metros antes de darse la vuelta y encarar a la gente del Ragnarok para ver si también habían disfrutado tanto como él aquel momento de libertad y gloría que era el lanzarse al vacío desde tales alturas.
 
Jump the shark
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
Siguiendo las indicaciones de Zhang, Mahou se puso a empujar las cajas de provisiones apoyando la espalda contra cada una d ellas y comenzó a caminar hacia atrás para ir llevandolas hacia la costa, sobre todo porque ya tenía las manos ocupadas con su bastón. Al terminar reg resó con sus compañeros y el resto de recien llegados de los cuales apenas se estaba percatando, abrió la boca al notar el cambio de apariencia de Bai. - ¡Te ves genial, Bai-uki! - pero la sorpresa no le duró mucho en cuanto oyó a alguien gritar 'mono de mierda' y acusando a algún mono de ladrón. Mahou respondió con un bramido. - ¡UH UH AH! ¡HEY, YO NO HE ROBADO NADA-UKI! - alzó los brazos en señal de protesta, con los puños bien apretados al igual que sus dientes, pero bastó con el solo gesto de Bai y las palabras de Zhang para que olvidara lo ocurrido, ya que todo estaba listo para emprender el viaje, lo que alzó los animos de la mona, empezó a dar pequeños saltitos sobre las puntas de los pies subiendo y bajando con entusiasmo. - ¡Durante el camino iré buscando más comida-uki!

Así pasó las tres horas de caminata, mientras avanzaban acompañando el rio, Mahou iba husmeando entre las plantas a cada paso que daba, la flora era abundante, pero por más que buscase, su ilusión se fue perdiendo, pues examinaba hojas, buscaba rfrutas y hongos, pero ninguno le despertab interés, al final terrminó haciendo un puchero. - Nada de esto se puede comer-uki... ¿Qué diablos come el principe Saru kukis o como se llame-uki? - ante su pregunta giró la mirada hacia sus compañeros, su rostro pasó a ser uno de extrañeza cuando notó la expresión de sorpresa en Bai. - ¿Qué? ¿Qué pasa-uki? - todavia estaba más confundida cuando la oyó reir y querer apresurar el paso, levantó la vista y entendió el motivo. Una ciudad de oro era algo que solo podía existir en las historias de su abuelo mono, pero allí estaba, y Bai lo confirmó. - ¿Eh? ¡¿Eeeeeh?! ¡¿Por qué es todo tan brillante-uki?! - trató de acelerar el paso para alcanzar a Bai, con su baston apoyado en el hombro y su cola enrollada en el martillo, usó el puño de su brazo libre como tercer apoyo para avanzar, cual mono. - ¡BAI, ESPERAME-UKIIII!

resumen


gastos
Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1821 + 0 = 1821
Energia: 1804 - 8 = 1796
Espiritu: 270 + 0 = 270
Conforme todos ibais llegando hasta el final de vuestro sendero, dando paso a las fronteras de la ciudad legendaria, Shandora, cada uno de vosotros pudo escuchar el rugido, retumbar y grito de decenas de hombres y mujeres - inyectados de una cantidad exagerada de adrenalina - provenientes desde lo alto de un risco de la ruta central que pudisteis algunos ver en la costa. Desde allí, siguiendo a la caída libre de los dos buccaneer y del gyojin tiburón, alrededor de 50 unidades de los más bravos y valientes guerreros, los denominados hijos del Ragnarok, se despeñaban para seguir las motivacionales palabras del híbrido de anquilosaurio, resultando en un momento épico que… Quedó en la nada. Todos pudisteis ser testigos de la masacre que sufrían aquellos violentos bucaneros al aterrizar de manera grotesca contra la superficie de Shandora, pudiendo ser capaces de escuchar los crujidos, gritos de agonía, y sesos desparramandose por el piso de cada uno de los valientes - o inconscientes - piratas que habían decidido seguir los pasos de sus dos superiores, extinguiéndose así la - hasta entonces - llama  de al vida de los 50 armados, dejando una considerable montaña y pila de cadáveres junto al acantilado. Los hijos del Ragnarok encontraban, de esta manera, su pronto final. O eso habría pasado en otro caso pues, de entre el montón de cuerpos inertes, un hombre se alzaba con vida, recibiendo los cálidos rayos del astro rey como si de un milagro se tratara. Un sólo hombre que cargaría con todos los sueños, fuerzas y esperanzas de los que habían caído - nunca mejor dicho - en el intento. El inicio de lo que podría ser una leyenda, el superviviente de la ruta 3.

En ese preciso momento, un zumbido y estruendoso, proveniente de lo que parecía ser, a todas luces, un cuerno de guerra gigante, invadiría la escena. Un sonido grave, profundo y vibrante, proveniente del mismo palacio que había acaparado vuestras atenciones antes de que lo hicieran los difuntos hijos del Ragnarok. Un tono largo, denso y que invadió el ambiente y enmudeció todas las conversaciones durante el lapso de un simple minuto, que bien podría haber parecido eterno.


Una vez que el sonido de aquel cuerno de guerra se apagara, un prominente destello surgió frente a cada una de las rutas que cada uno de vosotros, cegándoos temporalmente, y de él surgió una figura casi angelical, casi proveniente de otro plano astral y, ante todo, divino. Un hombre alto, de aproximadamente tres metros y con una larga melena anaranjada se presentó ante cada ruta. Portaba un cetro dorado, más largo que alto era él, llegando fácilmente a los cinco metros, y vestía unas ropa muy ceñida y cómoda de color blanco níveo. Algunos trapos y telas de color rojizo adornaban y cubrían estratégicamente su figura, así como adornos dorados y baratijas varias aparentemente ceremoniales. De culmen portaba un casco negro que le tapaba los ojos y hasta la nariz. Además, tenía dos grandes alas blancas. Lo suficientemente grandes como para no ser de un Birkaniano, pero algo más pequeñas - y blancas - que las de un Lunarian.

Aquel hombre, era idéntico en todos los aspectos, complementos, ropa y disposición, en todas y cada una de las representaciones del mismo en rutas que llegaban hasta aquel lugar, con una única salvedad. El hombre frente a la ruta de los Sepultura, Hanu Mahana y el revelado como Toxzco Norovo, tenía una esfera metálica y plateada incrustada en el pecho izquierdo. El que estaba frente a la ruta de Onizuka Jin, el verdadero Tezca Norova, y el ñordiki con síndrome de voyeur, tenía esa esfera y otra más en el bajo abdomen lateral derecho. El que estaba frente a Sigurd, Ubbe, Mizuki, el superviviente y al enorme pila de cadáveres, tenía esas dos esferas y una tercera en el pecho derecho. Aquel que se hallaba frente a los piratas Valar, los Mano Vacía, Miyori Hoshino, Bartolomeow y Dharma, portaba aquellas tres esferas y otra más, una cuarta, en el bajo abdomen lateral izquierdo. Y finalmente, el que estaba frente a las tres divisiones de los marines - y momentos más adelante de Masami -, tenía aquellas cuatro esferas y una quinta en el esternón, junto a la boca del estómago.

— Permitidme daros la bienvenida a la ciudad de Shandora, sacra capital del imperio celestial del magnánimo Zarutsuki — dijeron los cinco al mismo tiempo — Por favor, se precisa identificación por parte de todos los asistentes para participar o disfrutar de los juegos — y todos señalaron con su diestra, haciendo un movimiento idéntico de barrido ladeando su cuerpo, hacia la arena custodiada por aquellas gradas — Hagan el favor de decir su nombre completo y en caso de formar parte de alguna asociación, empresa, grupo, cooperativa, organización, entidad, federación, comunidad, o comitiva real, por favor, expónganlo claramente y de forma ordenada — y volvió a su posición inicial, recto y sosteniendo aquel báculo en su izquierda.

Las personas del poblado parecían ajenas a aquella interacción, como si fuera lo más común del mundo, y continuaban con sus quehaceres cotidianos. Montaban algunos puestos comerciales a la parte posterior de las gradas: Comida, bebida, juguetes, artesanía... un sin fin de peculiaridades en las que sin duda merecería la pena invertir tiempo y... ¿dinero?. Aun así, había espacio de sobra, más que de sobra, para instalar otros tantos muchos puestos y es que, sin dudas, estaban esperando la llegada de los civiles y quienes quiera que fueran los invitados de estos juegos. Pero era un tema para otro momento. Ahora, aquellos extraños quintillizos frente a vosotros parecían el problema más importante a tratar: asegurarse de que recababan la información necesaria para que, los juegos del soberano, pudieran dar comienzo.



INFO
La ciudad de oro… Sin duda, esas palabras, dichas por su amigo Varo Ganchin, resuenan dentro de su cabeza una y otra vez. Realmente las leyendas resultaron ser ciertas. De pronto, un nudo en el estómago complica a Kiyoshi, siendo meramente producto de su ansiedad y nerviosismo. — Por supuesto que puedo seguir. No puedo detenerme ahora que hemos llegado tan lejos. — Esa es su respuesta a Uker, quien demostró preocupación por su cansancio. El médico, por supuesto, rechazó las invitaciones en su debido momento tanto de Eros como Runnin de cargarlo. De hecho, a la segunda le transmitió unas palabras específicas. — No te he visto lavarte las manos en todo este tiempo, así que ni te atrevas a intentar tocarme. — Kiyoshi no cae ante mujeres guapas ni nada parecido, él solo se siente atraído por una limpieza comprobable, lo cual no se ha encontrado en esta ocasión con ninguno del otro grupo. Por esto mismo es que no se ha acercado demasiado a ellos en ningún momento.

Llegado el punto en que deben seguir para adentrarse en la ciudad repleta de aura, un grito bastante potente, proveniente no solo de uno, sino de aparentemente de un batallón, llaman su atención, frenando su paso al instante. — ¿Qué diablos es eso? — El ruido proviene de unos hombres que saltan desde los alto para encontrarse con su destino. Sin chistar todos comienzan a caer como si no le temieran absolutamente a nada. — Ellos definitivamente son más tontos que ustedes. ¿Qué se supone que están haciendo? — La escena posterior sí le choca, sobre todo en su papel de médico. Todos, pues aparta la mirada antes de percatarse de la supervivencia de un hombre, mueren grotescamente. Si algo odia Kiyoshi, entre las muchas cosas que odia, a decir verdad, son aquellos que no se preocupan de su salud, de su vida, que van hacia adelante como si quisieran encontrar la muerte. En varias oportunidades ha regañado a sus compañeros cuando ha sentido que tienen esa actitud. Por eso, procede a decir una frase ya característica de su repertorio. — Como siempre digo, los tontos solo se curan muriéndose.

Ahora sí pueden proseguir, ¿verdad? Pues no, porque siempre pasa algo, porque aquí siempre hay espacio para el cine. Un cuerno de guerra parece ser el responsable del nuevo sonido, uno más molesto para Kiyoshi que lo anterior y que le obliga a cubrirse las orejas con ambas manos. Al ser un tipo tranquilo, excepto cuando insulta, disfruta del silencio y la calma. Que haya ruidos tan potentes por aquí y por allá le incomoda. — Me dolerá la cabeza y no traje medicina para eso. Maldita sea. — Ambas manos tuvieron que transportarse rápidamente desde sus oídos a sus ojos, pues un destello aparece absolutamente de la nada, perjudicando su vista. — ¡Eros, huele, no podemos ver! — En momentos como este, solo le queda confiar en la capacidad olfativa de su compañero. Aun así, para ser precavido, retrocede dos pasos hacia atrás, buscando una sensación de seguridad que no llega.

Cuando la capacidad de ver regresa y ambos brazos, antes en su rostro, se abren para permitirle observar, se encuentra con una figura, aunque angelical, gigante, pues es mucho más grande que él y todos sus compañeros. Por supuesto, es un hombre desconocido, o mujer, sea lo que sea. La mano diestra amenaza con ir a su espalda para tomar el rifle que yace ahí colgado ante un posible problema que les pueda acarrear. — ¿Quién eres tú, tonto, y cómo apareciste de la nada? Identifícate, infeliz. — Afortunadamente, Skypeamon, como le dirá este narrador momentáneamente, se presenta ante ellos. Kiyoshi reconoce formalidad en sus palabras, por lo que, por el momento, le transmite buenas sensaciones. Un tipo como él, que creció entre normas educativas concretas y estrictas, encontrarse con alguien que habla bien, y no como un vago como Eros, le da buena espina. Esto no quiere decir que vaya a ser su mejor amigo o algo así. No nos confundamos.

Como punto aparte, aunque no llama su atención la esfera en su pecho, pues el tamaño y la apariencia en general del ángel es bastante llamativa, considerando que Kiyoshi es un simple humano, la imagen se graba en su memoria.

— Kiyoshi Maeda, subcapitán de los Piratas de la Sepultura. — Como siempre, como toda persona de bien, es honesto. Habla con la verdad. Si alguien desea mentir porque el mal habita en su corazón, ese no será Kiyoshi. Puede insultar. Puede ser raro. Puede ser un burbujitas. Pero nunca un mentiroso. Eso grábenselo bien en la cabeza.

— No tenemos nada que ver con los tipos que vienen más atrás, solo somos nosotros cuatro. El tipo que carga mi capitán forma parte de los Piratas… — Kiyoshi tiene memoria perfecta para lo que ve, no para lo que escucha, por lo que se ve en la obligación de buscar ayuda. — ¿Cómo dijiste que era, Eros? Ah, sí, Juanita Mariana. — Así les dijo el topo antes, no es culpa de Kiyoshi. — Tontoro, pregúntale a tu amiguito en brazos cómo se llama, así el tonto de adelante nos dejará pasar a los juegos. — Sí, Skypeamon es el tonto de adelante, ubicado a tres metros de distancia, por si alguien se lo pregunta.


Lávense las manos
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Hablo | Pienso
Al principio, el Eros fluía a través de su cuerpo con una intensidad que jamás había experimentado, manifestándose como una fiebre de la que era imposible escapar. Sin embargo, si Bai hubiera tenido que describirlo, no habría hablado de delirios o falta de control; lo habría comparado, más bien, con un fuego líquido tan abrasador que parecía a punto de calcinarle las venas. Y así era, pues si bien el Eros no abrasaba, extasiaba a su torrente sanguíneo hasta volver la sangre tan caliente que sus nervios, espoleados por la temperatura, provocaban que sus alas se desplegasen en todo su esplendor. Que vibrasen. Incluso que transmutasen aquella fascinación intelectual y aquella curiosidad en impulsos puramente biológicos y pulsiones físicas dictadas por la imponente presencia del coloso dorado.

Por ese mismo motivo, le resultaba imposible permanecer quieta a la espera de que sus compañeros alcanzaran su ritmo. La contención era realmente brutal. Tanto que, al final, incapaz de refrenar sus pulsiones, comenzó a dar una serie de pequeños saltos  estando de espaldas a la áurea ciudad, transmitiendo la curiosa sensación de que corría hacia atrás.

Y, estando en esa posición, Bai percibió que Mahou la llamaba.

En respuesta, le dedicó una sonrisa y un ademán con la mano; su equivalente mudo a una invitación ligeramente burlona a seguirle el paso. Se notaba que estaba de un humor inusual, extrañamente radiante, aun cuando desde el frente resultase imposible apreciar cómo el plumaje de sus alas se hallaba crispado por la emoción. Ese era el verdadero poder del erostismo. El mismo que hacía vibrar sus plumas con tal fuerza estas habían empezado a aletear elevándola del suelo unos milímetros con cada zancada que daba.

No obstante, aquella faceta relajada no duraría demasiado a la vista de los demás. Y es que, deseosa de volver a contemplar Shandora de frente, ejecutó un movimiento de pies fluido y pivotó sobre sí misma. Pero, en ese preciso instante, desde la lejanía surgió un desgarrador rugido al que le siguieron varios más.

La respuesta fue instantánea.

Pues sus alas, que hasta entonces habían estado vibrando, se tensaron al instante, devolviendo sus pies a la firmeza de la tierra con rapidez. Pero aquello no fue todo; su cuerpo —que aún recordaba con viveza la paliza recibida en Drum— reaccionó por puro instinto haciéndo que los músculos se tensionara al unísono, sumiendo a Bai en un estado de alerta absoluto e inesperado.

Poco después, un estruendo rasgó el aire de golpe, invadiendo así el espacio.

—¡¿Qué rayos?! —murmuró la birkiniana, dando vueltas sobre sí intentando adivinar de dónde provenía el eco de aquel cuerno invisible.

Y tras ello, insconscientemente, llevó la diestra a la empuñadura de la espada y empezó a desembainar.

¡Flash!

Un destello fulminante la obligó a dar un paso atrás y cerrar los ojos. No veía nada; la luz persistía en forma de fogonazos incluso teniendo los parpados cerrados. En consecuencia, apretó su espada con más fuerza y, en cuanto los abrió —pese a las densas motas oscuras todavía flotaban en su espectro visual—, descubrió que su espada ya estaba alzada frente a ella protegiéndola. Entonces, cuando su vista se acomodó, miró más allá del filo no sin antes sacudir la cabeza para despejarse como un perro gigante al expulsarse agua, y entonces lo vió a él.

—Eso es...

— Permitidme daros la bienvenida a la ciudad de Shandora, sacra capital del imperio celestial del magnánimo Zarutsuki .

Bai parpadeó al tiempo que sus músculos se relajaban y que la hoja de la espada comenzaba a descender. Fue entonces cuando creyó comprender su error. Para ella, quien estaba siendo superada por una situación que escapaba a su entendimiento, quien se alzaba en frente no era otro que Zarutsuki en persona, ofreciéndole una cálida bienvenida a su hogar. En ese momento, mientras pensaba y el otro hablaba, clavó  primero la mirada en su propia arma y luego volvió a contemplar al ángel.

Había sido una inconsciente que se había dejado llevar por las emociones.

Así que, de repente, rompiendo toda su postura, Bai se inclinó ante el hombre haciéndole en una profunda reverencia y pidiéndole perdón con el cuerpo tal y como sus antiguos nakamas le habían enseñado.

—Le pido disculpas si le he ofendido con la espada, señor Zarutsuki. Jamás fue mi intención —declaró antes de erguirse de nuevo y enfundar el arma.

En cualquier otra circunstancia se habría limitado a un mero movimiento físico pero, habiendo identificado la magnitud de la entidad que tenía delante —por no hablar de la apacible aura que emanaba—, juzgó que aquello era lo mínimo aun cuando existiera la posibilidad de que no entendiera sus palabras.

—Bai —añadió un instante después, presionando con ambas manos contra su propio pecho. Acto seguido, señaló a su compañera y continuó—: Mahou.

Silencio.

De nuevo se señaló a sí misma una vez más, buscando certificar que el mensaje hubiera sido comprendido, y repitió su propio nombre; Bai era completamente ajena a que la entidad, en realidad, le estaba exigiendo más información.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios

Shandora, ese fue el nombre con el que Varo Ganchin presentó a la magnífica ciudad de la que apenas tenían visibilidad, y el capitán de los Hanu Mahana no pudo evitar ser presa de sus instintos más ambiciosos al contemplar el reflejo del oro.

Las piernas se movieron casi por instinto y, en un santiamén, ya se había puesto como el primero en la carrera para llegar. No obstante, su avance de apenas unos pocos metros, fue abruptamente detenido por un poderoso retumbar que le obligó a despertar de su trance. “¿Qué cara…?” Su mirada se desvió en dirección al sonido y gracias a ello pudo presenciar la épica escena.

Decenas de personas, armadas de valor e ímpetu, se arrojaron sin dudar por un enorme risco, lideradas por dos grandes figuras que les precedían. Ryota llegó a simpatizar con la necesidad de avanzar, él también la sentía, ¿Qué clase de persona podía quedarse quieta al ver el oro? Ninguna, la sed de aventura, fama, riquezas y…



“Ah no mames, se murieron…”

Fue abrupto y crudo, nunca antes en su vía vio morirse a tanta gente junta. - Uy su puta madre… eso tuvo que do… ay no… no, pobres tipos… - incluso tuvo que desviar la mirada obligándose a ignorar que eso estaba sucediendo, pues sentía pena por la pila de cadáveres que comenzaba a formarse de todo aquello. “Haré como que no vi eso…” Concluyo, sabiendo que, si fueron tan idiotas como para saltar, merecían su final.

Por suerte, el fuerte sonido de un cuerno de guerra vibró en el ambiente. No le era fácil determinar su origen exacto, pero parecía provenir del ostentoso palacio de oro que se alzaba a lo lejos. “¿Es una bienvenida?” Llegó a pensar el de hebras castañas, sin entender del todo la situación.

Fue hasta cuando el sonido se detuvo que la presencia de los que venían atrás volvió a hacerse sentir y la visión de los allí presentes se nubló ante el fuerte brillo de una luz cegadora.

Ryota no pudo hacer más que cubrir su mirada hasta que sus ojos volvieran a recuperarse. Cuando esto ocurrió, levantó su rostro para ver, ahora frente a todos, una figura angelical, vestida con telas rojizas, ropa blanca, adornos dorados, un extraño casco bien ornamentado y un cetro cuyo valor era incalculable.



“Waos, es como si estuviera tallado por los mismos ángeles”

Fue el primer pensamiento que cruzó su mente, no era un admirador del cuerpo masculino, pero no se podía ignorar la belleza del ostentoso ángel, cuyas alas superaban por mucho la longitud de las de la peli rosa y emanaba una sensación de tranquilidad que no le dio ningún indicio de alarma. Tambien, cayó en cuenta de la esfera plateada incrustada en su pecho izquierdo, sin duda alguna, los habitantes de Shandora tenían su propia forma de vestir.

Las palabras del ángel no se hicieron esperar. Dio la bienvenida a todos los presentes con unos finos modales que solo podían ser propios de la realeza o su servidumbre. “Qué elegancia la de Francia.” Pensó el de ojos ambarinos, mientras el contrario continuaba con su discurso imposible de interrumpir.

Al final, las indicaciones fueron dadas, debían presentarse junto con el nombre de su grupo y avanzar hasta el terreno indicado. No obstante, el primero en presentarse fue el maniático del jabón. Posterior a ello, dejó en claro la diferencia entre ambos grupos, además de asegurar de forma errónea el nombre de la tripulación.



“Pobrecito, también es tonto.”

No se podía hacer nada, era una epidemia.



“Yo soy Ryota Miyamoto y mi tripulación son los Hanu Māhana
Los Juanita Mariana quizás vienen más atrás.”

No poseía ninguna razón para mentir sobre su identidad, incluso con más gente de Nozama en la isla, no tenía por qué esconder su nombre o tener conocimiento alguno de que hubiera alguien buscándole. Hasta donde sabía, estaban allí para los Juegos de Skypia y eso era lo que más le interesaba (eso y el oro, claro), así que seguiría las directrices indicadas sin problema alguno. Por lo mismo, Ryota tampoco dudó en obedecer las directrices dadas, como lo veía, ellos solo eran invitados a una tierra próspera y maravillosa.

“Eros, gracias por cargar al gordis, pero a partir de aquí, es mejor que camine un poco.” Agradeció al capitán de los Sepultura y miró a Tozxco, quien quizás no tuviera muchas ganas de caminar. “Vamos Bro, debes estar en forma para los juegos, si no vuelves a tu estado normal ¿Cómo crees que lo harás con esa panza?.” Crítico al gordo para luego avanzar hasta el ángel seguido del caballo. 

“Ah, el caballo es Tocho Morocho, él también es parte de los Hanu Māhana, aunque no participará en los juegos, es parte de la hinchada.” Indico de forma amable y tras esperar a un costado, a que los suyos se presentaran,  avanzo junto con ellos por el camino previamente señalado en dirección a la arena. La masacre que presenció le hizo entrar en razón; si se lanzaba como idiota a por el oro, al igual que todos esos hombres y mujeres, seguro terminaría de la misma forma.



"Gracias, nobles almas estúpidas... murieron para que la fiebre del oro no me dominara."

Vestimenta

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Ost
Momentos antes, durante el camino

La química con mis compañeros marines fluía magníficamente; éramos un grupo tan diverso como entretenido y eso era algo estupendo. Un marine a lo largo del día tenía que ser una figura, una heróica figura en la que los niños pudiesen soñar; ser mediocre mientras se carga con esa responsabilidad era algo inaceptable, un crimen en sí mismo.

Por suerte, todos en el grupo parecían tener personalidades fuertemente marcadas y diferenciales. Stroud, manteniendo su aire solemne y formal, nos hizo entrega de unas tarjetas, donde estaba indicado el número de su Den Den Mushi. Por mi parte, al no estar tan bien preparado, me limité a dictarle el mío con la esperanza de que lo recordase. Bertram mencionó que estuvo en una isla de dinosaurios; mientras lo comentaba, me limité a mirar al cielo, perdido en mis pensamientos y pensando: —Buaahh… Qué chulo…

En la actualidad

Mi salto fue perfecto, olímpico podría decir, al menos para mí… Pero fue eclipsado por el ágil y sutil aterrizaje del camarada Kibai, que se movía con una soltura que era difícil de creer. —¡Ualaaa! —Estaba claro, era algo que me hacía falta, algo que pudiese usar para impresionar a los niños y motivarles por el camino correcto… Con seriedad me acerqué al esbelto felino y, tras apoyarle mi mano izquierda en el hombro, le pregunté: —Compañero, ¿Qué comes para saltar así?

Estaba increíblemente interesado en su respuesta; la clave, sin lugar a dudas, debía residir en su alimentación; era la base del físico, después de todo. Pero, antes de poder escuchar su respuesta, un sonido atravesó mis ¿oídos? como una flecha, ni más ni menos que un reto, un desafío, y ni más ni menos que de manos de mi increíble capitán. No pude aguardar a la contestación del felino; mis pesadas piernas se separaron del suelo con torpeza, avanzando detrás de mi amigo mientras me trastabillaba. —¡Mierda! ¡Enji, espera! Tsk

Viendo que era incapaz de acortar distancias con mi líder de división, tomé una decisión brillante. Guardé mis guantes en mi bolsillo, mi cuerpo se redujo de tamaño y mis extremidades superiores se posaron en el suelo, clavando las escamosas y pequeñitas patitas en la tierra fresca. Una vez mi cuerpo se transformó en el de una tortuga, esbelta y majestuosa, pude correr con libertad, pero de nada funcionó; la figura de Enji estaba cada vez más lejos. —¡Esperaaaa! —grité de forma desesperada, viendo una inminente derrota.

Mi carrera se vio interrumpida por un épico discurso que resonaba como un susurro por el aire. Mi cuello se estiró de forma anormal mientras entrecerraba los ojos para evitar el destello del sol que se alzaba sobre nosotros, logrando discernir lo que parecía ser un grupo de personas en lo alto de un risco. Cuando el discurso cesó, un hombre se dejó caer desde las alturas. —¿Un suicidio? —me pregunté, justo antes de ver cómo el resto de personas se precipitaba al vacío. —¡¿Suicidio en masa?! —rectifiqué, antes de escuchar cómo decenas de personas eran espachurradas contra el suelo, pudiendo percibir desde la distancia el sonido de la carne espachurrada y de los huesos quebrándose. —... —dije, completamente atónito ante tal macabro espectáculo.

Me acerqué a mi capitán pasito a pasito mientras el retumbar de un cuerno de guerra inundaba los cielos con una fuerza abrumadora. Para cuando el sonido del cuerno cesó, dejando un pitido en mis tímpanos, un destello apareció frente a nosotros. Ni más ni menos que un ángel apareció frente a nosotros. —¿Será familia de Masami? —pensé mientras observaba su cuerpo de semblante casi divino desde mi diminuta estatura de tortuga. Los adornos que cubrían su cuerpo no llamaron más mi atención que la sensación que transmitía; de algún modo me parecía evidente que no era como Masmai, tampoco como aquel muchacho de alas negras con quien compartí cautiverio; era distinto. 


Nos solicitó información, y no dudé en dar un paso al frente para responder el primero. —¡Yo primero, yo primero! *Ahemm* *Ahemm* Buen día lo primero de todo —dije acompañando mi saludo con una referencia de cabeza, precipitando mi gorra al suelo una vez más. Haciendo como que eso no pasó, proseguí: —...Mi nombre es Juan Sebastián, comandante cangrejo tortuga de la gloriosa División ochenta de la Marina… ¡Y creo que ya! Me gusta la lechuga —dije tras levantar la cabeza, rebosante de confianza. Detrás del ángel pude observar cómo la gente del lugar hacía sus quehaceres, pero mi atención estaba completamente robada por este misterioso sujeto.

Cajita de Tortuga


[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
 
Al estar tan impresionado con la ciudad de oro y lo que podía valer cada una de sus paredes si las vendía en el mercado correcto, tardé en escuchar las palabras de Jin, volteando inmediatamente un par de segundos después. Honestamente me hacía la misma pregunta. De seguro los piratas con media neurona pensaban que me había adelantado debido a lo genial que soy. —Ni idea, pero cuando los vea se llevarán una buena ¿Me entiendes? No sé que harán sin mi; deben tener frio… pasar hambre, estar solitos, perdidos, sin un radiante sol que los guie o que negocie con comerciantes para conseguirles descuentos; puedo escucharlo…— El ambiente dramático solo empeoraba, llevando mi mano a mi frente intentando simular a una damisela en apuros. —“¡Oh no! ¿Dónde estaremos sin el grandioso Tezca? ¡Ni siquiera se llevó mi shampoo por si encuentra donde bañarse!”— Sé que diría cierta morena de olor exquisito con estrés, cambiando la manera de las manos para simular un par de alas. —"¡Mi Tezca! ¡Estamos tan lejos de él! ¿Y si nos pasa algo? ¿¡Quien va a cuidar nuestro dinero!?" — Simulé la voz de una tal birkaniana que probablemente estaría muy triste por mi ausencia. —Pero eso no es todo ¿Me entiendes? Ah, mi pobre capitán y hermano del alma… “Bro, ¿donde está bro? bro, se nos perdió un bro, bro ¿Qué haremos sin nuestro bro?" — No era fácil conseguir el acento de aquel capitán pero al menos me sentía más familiarizado con mi hermano en armas. —"¡Dahahahaha! ¡Tezca es muy fuerte, guapo, poderoso, asombroso, muy hermoso! ¡Nos encontrará pronto y le daremos todas nuestras riquezas porque es un dios en la tierra y se lo merece!" — Claro, quien conocía mejor a los tripulantes del Hanu Mahana que su amado tesorero, comerciante, dios, musa y muchos etc.
 

En efecto, no había nada que temer.
 
Tenía que encontrar a mis polluelos antes que hagan una locura como… comprar sin regatear antes. En fin ¿En qué estaba? Ah si, después de esa brillante premonición sobre la soledad Mahana, iba a continuar razones por las cuales temía por la seguridad de mi tripulación por encima de la mia cuando un fuerte ruido me detuvo de golpe, lo que parecía ser un grito de guerra de alguno de las cercanías y terminó culminando en… ¿Un suicidio? ¿Una forma de morir muy obvia? ¿Sacrificio? No estaba seguro si lo que veía era real o una alucinación por culpa de tanta flora del lugar. —Jin, care’malo ¿Vieron eso? Que asco… y que… ¡Buena suerte! ¡JA! Si esos eran contrincantes,. que bueno, si eran civiles, pu-— Encogí los hombros, dejando de ver la montaña de carne, sangre y huesos antes que lograra provocarme, el sonoro rugido de un cuerno de guerra gigante me hizo regresar la vista al frente, dejándome sin palabras y sin poder escuchar algo que no sea eso, como si no fuera suficiente: Una luz cegadora se hizo presente, trayendo un lejano recuerdo de un parque de diversiones que nunca fue y un tipo que traía una luz casi igual de cegadora, provocando que cerrar los ojos de golpe ante aquel destello y mientras lograba recuperarme una figura se presentó frente a nosotros.
 
Un buen ver, alto, con toda la pinta de ser de por la zona, con dos alas bastante grandes en la espalda y algo que lograba cubrir aquel rostro y me dejaba insatisfecho sin saber con quien o que podía estar tratando; Supongo que lo más notorio era que aquel alado tenía incrustadas dos esferas: una en el pecho y otra en el lateral del abdomen. Solo lo observé en silencio esperando cualquier cosa pero por inercia y recuerdos hostiles endurecí la arcilla de mi cuerpo, simplemente acomodándome ligeramente los lentes cuando comenzó a hablar… con que esta ciudad se llama Shandora, eso era interesante. Ladeé ligeramente la cabeza esperando poder observar al lado donde sus movimientos parecían señalar pero el lugar seguía un poco lejos. Aquel alado nos pedía información básica ¿Es que acaso no miraba? ¿Cómo no va a reconocer al genial, increíble, afable, exigio, egregio ☆Tezca Norova☆de la tripulación Hanu Mahana? Pero bueno, con el bien formado caballero de lanza gigante podía ser un poco más humilde, sobretodo porque lo pedía amablemente.
 
 
—¡Escúchalo bien porque solo lo diré una vez! Mi nombre es Tezca Norova, tesorero y muchas otras grandiosas cosas, parte de la tripulación Hanu Mahana. —
 
Pensé en presentar a Jin pero el podía solito y dudaba que Care’malo necesitara presentación, capaz nos sorprendía y se presentaba solo aunque dudaba entre si me sorprendería o me asustaría, al terminar de presentarme miré al ángel con atención mientras espera que mi compañero y pareja se presentara, esperando que aquel ángel con lanza no fuera a atacarnos.
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3112 + 0 = 3112
Energia: 3033 - 22 = 3011
Espiritu: 736 + 0 = 736
No podía creer lo que tenía ante sus ojos. Si bien no guardaba muy buenos recuerdos de parte de su familia, sí que recordaba cosas que podían serle importantes. Especialmente lo que solían hablarle sobre la razón de porqué ella tenía alas y no la demás gente de Baterilla. También le habían alcanzado a mencionar la ciudad dorada de Shandora, aunque nada más allá de la mención. Y por primera vez, se sentía agradecida de que no le hubieran prestado la suficiente atención. Pues lo que veía no tenía descripción alguna que pudiera aceptar de parte de su familia.

Podía notar la emoción en los demás que estaban por aquella ruta de camino a la ciudad dorada y escuchó que Varo Ganchin parecía saber sobre la ciudad en sí. Emocionada, quiso acercarse al hurón, en una actitud que se notaba que era la de alguien queriendo escuchar. Y a lo mejor el mink hurón pudo decir algo, pero la atención de Yuuki voló a los sujetos que empezaron a desbarrancarse como morsas de un peñasco. La atención de Yuuki volaría, pero aquellos sujetos no... y la escena sería bastante grotesca, incluso cuando uno de ellos lograría sobrevivir a la caída.

Lo que Yuuki ve de los Ragnarok


La reacción de Ryota fue más que suficiente para resumir lo que sintió y pensó Yuuki en ese instante. Guardaría silencio. O eso habría hecho, pero el estruendo que tuvo lugar justo después le hizo taparse las orejas por un instante. Y no solo fue el estruendo, luego fue aquella luz cegadora. Sus ojos, sensibles, se cerraron al apretar ella sus párpados con fuerza. Era increíble cómo la luz era perceptible incluso a través de sus párpados... y en parte fue bueno, pues supo cuando abrir los ojos cuando ya solo veía negro otra vez. Agradecía no haber quedado ciega.

Lo que verían sus ojos justo después sería algo impresionante. Era un ser hermoso. Esas alas blancas y hermosas, y la forma del cuerpo. Para una birkaniana como ella, ese sujeto era todo lo que podría considerar atractivo. Hasta la voz que tenía era hermosa. ¿Qué quería? ¿Que le dijera todo sobre ella? Encantada lo haría.

Y primero iría Kiyoshi. Siendo un impertinente como siempre. Luego iría Ryota, quien corregiría al Tontoyoshi. Yuuki miraría a este último y sonriendo de manera amable, añadiría a la corrección.

—Tenemos boca y estamos presentes. Y ciertamente, no necesitamos que digas quiénes somos. Pero muchas gracias. —Parpadeó un par de veces. Su tono de voz amable y el porte que cargaba pudo haberse visto como eso: Amabilidad. Pero Ryota, Barald y Runin, que la conocían más, sabrían que la loca de Yuuki no iba a tardar en salir con alguna de las suyas.... o quizás no.

Adelantándose lo suficiente como para quedar a cinco metros a la derecha del ángel con respecto a éste mismo, Yuuki pondría sus alas muy bien replegadas y haría una breve introducción de sí misma ante el hombre, doblando la rodilla e inclinándose al frente un poco. No era una reverencia a un rey, pues era claro que se presentaba como un heraldo; pero sí que era una señal de reconocimiento de la soberanía de dicho heraldo sobre aquellas tierras.

—Yuuki es mi nombre. Y hago parte de la tripulación Hanu Māhana que comanda Ryota Miyamoto. Personalmente nací aquí y me gustaría poder participar en los juegos, si se me permite.

No diría más. Dejaría que cada uno hablara por sí mismo. Aunque se acercaría a Barald y le susurraría mientras su mano derecha buscaba mezclarse en sus bolsillos para sacarle alguna moneda... y es que Tezca estaba aún haciendo de peso muerto mientras el capitán de los Sepultura lo cargaba. Y aunque sería interesante intentar meterle la mano a los bolsillos a Tezca, no sabía cómo lo tomaría Eros. Y con la reputación que se cargaba aquél hombre topo... prefería arriesgarse a una colleja de Barald.

—Ni se te vaya a ocurrir provocar a ese sujeto. Me da que si se enoja, estaremos planeando de vuelta al Mar Azul.

Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻


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