[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
De manera solemne, aparecí ante los viajeros que venían desde el mundo inferior con el fin de participar - de manera directa o indirecta - en los juegos de nuestro soberano. Mi aparición, si bien era normal y habitual en los residentes de la inmortal ciudad de Shandora, pareció pillar absolutamente desprevenido a los cuatro oriundos del mar azul.  Desafortunadamente, no parecía haber ningún representante de nuestra tierra en aquel reducido grupo. Tras ellos, se acumulaba una pila y montaña de cadáveres, seguramente, fruto de la caída del barranco que ubicaba a lo alto de sus inertes cuerpos.A pesar de la dantesca escena, me mantuve en calma, esperando a que el cuarteto de supervivientes se presentara como era debido, observando al momento como, el coloso de cabellos rubios, parecía estar devorando lo que tenía que ser la pierna de uno de los que habían perecido en la caída. Asqueroso. Espero que tuviera la salud y estómago necesario para poder soportar ingerir una pierna cruda.

— Habitantes del mar azul. — dije, mirando de arriba a abajo a todos y cada uno de ellos. — En primer lugar, lamento vuestras recientes pérdidas. Si es necesario según su cultura, daremos un rito funerario digno a todos aquellos que perecieron en el camino una vez terminados los juegos. — comuniqué, buscando tranquilizar las almas alteradas por estos repentinos sucesos. Tras aquello, decidí apartarme un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso a los tres participantes y a Odiseo.— Mi nombre es Navir, de los Custodios del Emperador. Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas — dijo señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalizó, y permaneció allí, firme e impertérrito, como una máquina.

Una vez pasara el cuarteto - observando como el nombrado como Sigurd, empezaba a retorcerse de dolor con cada paso que daba -a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.



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De manera solemne, aparecí ante los viajeros que venían desde el mundo inferior con el fin de participar - de manera directa o indirecta - en los juegos de nuestro soberano. Mi aparición, si bien era normal y habitual en los residentes de la inmortal ciudad de Shandora, pareció pillar absolutamente desprevenido al numeroso grupo de visitantes. Me mantuve en calma, esperando a que todos y cada uno de ellos se presentaran como era debido. Cuando terminó de hablar el último de ellos - intentando entender aún las palabras que había pronunciado la pirata llamada María Merlot -, dirigí mi mirada hacia el objetivamente divino Hyakinthos. — Desconozco si está intentando seducirme con su innegable belleza, habitante del mar azul. — declaré, alzando mi cetro a pocos centímetros del suelo para, seguidamente, hacerlo descender abruptamente contra la superficie, golpeando esta con el extremo inferior de mi bastón, a modo de toque de atención.— Pero más le vale comportarse o serás juzgado y enviado a Los Lamentos por intento de seducción a la autoridad. — sentencié, firmemente, mostrándome completamente impasible ante los encantos de aquel hombre esculpido por los mismísimos Mords.

Ahora sí, mi mirada se dirigió hacia la mujer de pelo bicolor, que se debatía entre la cabellera castaña y albina, con sus alas blancas de ese mismo color inmaculado. Una mujer que, otrora, sería catalogada como una “Scrum”, término usado para tachar y recluir a la lacra social que suponía nacer como un birkaniano. Un término que tan sólo un servidor junto a mis hermanos, los primarcas, y el propio consejero de nuestro magnánimo emperador éramos capaces de evitar a pesar de compartir ese mismo linaje por nuestras venas. Todo por nuestro estatus, y por la posición social que tenían nuestras familias. Pero cada vez quedaban más lejanos aquellos días de desigualdad social. Y todo gracias a él. Lamentablemente, no pude ser capaz de entender nada de lo que podía decir, ¿era incapaz de hablar nuestro mismo idioma? Sólo pude entender, por sus gestos e hincapié en sus palabras, que la mujer debía llamarse Bai.— Bai proveniente de la raza de Birka — asentí con la cabeza gentilmente, llamándola de esa manera al no tener, aún, un título con el que distinguir a los de nuestra raza. — Es un honor recibirle, mi nombre es Navor, de los Custodios del Emperador — añadí volviendo a erguirme y llevándome la diestra hacia la sien en un gesto discreto, tocando mi casco. Entonces apunté mi mirada - oculta por mi casco - hacia el resto de visitantes.— Suponemos que estos habitantes del mar azul son sus invitados... — y me aparté un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso de aquel variopinto grupo— Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas y a aquellos quienes vuelven a sus orígenes — dije señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalicé, y permanecí allí, firme e impertérrito, como una máquina.

Una vez pasaran el extenso grupo a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.

No mucho después, sacudiendo la tierra como un coloso, apareció ante mi un Mord que medía más de la decena de metros, un tamaño absurdamente alto incluso para los que compartían raza con nuestro emperador. Me mantuve firme y estoico ante él, esperando a que él mismo se presentara tal y como había hecho el resto. Sin embargo, al escuchar su presentación, pude sentir como en sus palabras había un atisbo de mentira. No obstante, debido a su alto estatus social, no podía reprenderle como podría hacer con el resto.— Mord Heras. — pronuncié su nombre, con esperanza de captar su atención.— Con todo su debido respeto, ¿está usted engañando a un custodio? — cuestioné, extendiendo mi brazo derecho hacia él, con la palma de esta respectiva mano abierta, quedando esta a escasos centímetros de distancia del lunarian.— Le ruego que sea sincero con su presentación, Heras, ¿es Bel-Nadin su apellido real? — volví a preguntar, por el que pensé que debía ser el motivo de su argucia, impidiéndole el paso así hasta que no fuese completamente sincero conmigo.



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De manera solemne, aparecí ante los viajeros que venían desde el mundo inferior con el fin de participar - de manera directa o indirecta - en los juegos de nuestro soberano. Mi aparición, si bien era normal y habitual en los residentes de la inmortal ciudad de Shandora, pareció pillar absolutamente desprevenido al numeroso grupo de marines, pudiendo observar como un humano del mar azul, de cabellos albinos y ondulados, soltaba toda clase de improperios hacia mi persona. No obstante, y en una primera instancia, me mantuve en calma, esperando a que todos y cada uno de ellos se presentaran como era debido. Cuando terminó de hablar el último de ellos, me toqué la sien derecha con un gesto discreto, y cuando bajé la mano, moví rápidamente el bastón con mi siniestra hacia la cara del hombre que se presentó bajo el nombre de Enji, impactando a modo de advertencia con un extremo del mismo directo.— Cuiden sus palabras — advertí, volviendo a cuadrarme marcialmente para dirigir mi mirada hacia el hombre llamado Masami. — Desconozco si está intentando seducirme con su belleza, Masami de la raza de Birka. — declaré, alzando mi cetro a pocos centímetros del suelo para, seguidamente, hacerlo descender abruptamente contra la superficie, golpeando esta con el extremo inferior de mi bastón, a modo de toque de atención.— Pero más le vale comportarse o serás juzgada y enviada a Los Lamentos por intento de seducción a la autoridad, por mucho que compartamos origen. — sentencié, firmemente, mostrándome completamente impasible ante los encantos de aquel hombre que, otrora, sería catalogada como una “Scrum”, término usado para tachar y recluir a la lacra social que suponía nacer como un birkaniano. Un término que tan sólo un servidor junto a mis hermanos, los primarcas, y el propio consejero de nuestro magnánimo emperador éramos capaces de evitar a pesar de compartir ese mismo linaje por nuestras venas. Todo por nuestro estatus, y por la posición social que tenían nuestras familias. Pero cada vez quedaban más lejanos aquellos días de desigualdad social. Y todo gracias a él.

Tras aquella advertencia, dirigí ahora mi mirada hacia el hombre que parecía ser el más recto de los marines, Stroud Nanashi pues, el que más rango ostentaba, acababa de ser  reprendido— No esperábamos a la Marina pero son aliados del Emperador, así que son bienvenidos, Comandante Nanashi — dije haciendo una ligera reverencia hacia el Marine. — Mi nombre es Navur, de los Custodios del Emperador. Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver Marines entre los nuevos participantes — giré mi cuerpo para, con un movimiento de brazo, invitaros a adentraros hacia las gradas — La seguridad de este reino es nuestro trabajo, así que pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — concluí, siendo bastante claro con aquello.

Una vez pasaran las tres divisiones de la marina a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.


INFO
Jin, ajeno a los posibles viajeros que existían con otros como el que se presentaba frente a él, solo observó la hermosa figura que casi parecía iluminarse frente a él por la belleza que poseía. Sus ojos se volvieron más afilados al escuchar sobre el Bajo Mundo. Estaba claro que el desconocimiento no estaba en su vocabulario... Sin embargo, no fue como amenaza, sino más bien una señal de esperar no verse envuelto en un problema con ello. Confiaba en las palabras de Sohem, y lo mejor era no llamar demasiado la atención, menos de una forma que no le permitiera disfrutar un tiempo extra en esa isla del cielo. Se mostró, sin embargo, muy calmado, con una sonrisa confiada y segura ante la advertencia. Por supuesto, dejó que primero se comunicara antes de siquiera contestar o hablar de vuelta.

—No se preocupe, no tengo intenciones de dejarme llevar por la codicia.

Por supuesto, utilizó un tono formal y calmado, seguro. No mentía, no era eso lo que lo llevó hasta allí, todavía había mucho más por delante, y algo mucho más importante. Prestó especial atención a sus gestos y las palabras de presentación. Un Custodio... ¿Qué tipo de Emperador era? Solo podía pensar en que, claramente, tenía muchísima relevancia. 

Elevó su diestra, inlinando ligeramente su cabeza de forma educada frente a Custodio que acababa de presentarse, una vez más, esperando pacientemente a que terminara de hablar antes de poder abrir sus propios labios. —Es un placer, Señor Naver. Me siento totalmente agradecido y emocionado por participar.

Contempló el gesto del ángel, volviendo entonces la mirada hacia, primero, Tezca y, a continuación, hacia el Ñordiki con cara de pocos amigos. A este paso sí que iba a terminar acostumbrándose a ese sonido sin querer bajarse la cremallera y orinar en alguna parte. Por el contrario, ahora parecía incluírlo con ellos dos. Al menos los había llevado hasta allí y ya no le desagradaba tanto como al inicio... En realidad el disgusto se dio por la interrupción emotiva. —¿Vamos? — Volvió de nuevo la mirada hacia Tezca, con un aire mucho más suave y calmado. Ya fuera que contestara también, o solo escuchara, o fuera lo que fuese que hiciera, esperaría primero a que terminara, y, luego sí, comenzaría a caminar en la dirección que le señalaba Naver.

Comenzó a contemplar, de camino, su alrededor con algo más de detalle, y más con el sonido animado que percibía desde lejos, solo volviéndose más fuerte cuando se acercaba. Aprovechaba, en ese pequeño momento que todavía parecía tener libre, para retirar su cajita de metal, contemplando los cigarrillos que le quedaban y tomando uno con su diestra hasta acomodarla en sus labios. Tomó el mechero, encendiéndolo y, ahora con más concentración, contemplaba mucho mejor la cantidad de habitantes habidos y por haber, los ropajes que cargaban con ellos, casi como si tratasen de telas cuidadosas, finas y claras... No estaba acostumbrado a ver tantas en tanta gente. Unos con ropa muy concreta, especialmente los Lunarian, mientras otros parecían telas distintas. Volvió nuevamente la mirada hacia el rubio, mostrándose confiado y calmado. 

—¿Qué crees que nos espera? Seguro estarás muy confiado. ¿O impaciente?

Cómo no iba a estarlo, el gran Tezca Norova, por supuesto. Una de sus mayores virtudes y características era, cuanto menos, su exceso de confianza. Con ello, él mismo también adquiría muchísima más confianza. De nuevo, regresó la mirada hacia el Ñordiki, ya más acostumbrado a su presencia. —Al menos parece que te tenemos también de acompañante. Divirtámonos los tres. — Caminó calmadamente por las gradas a la escucha del animado ambiente que los envolvía, buscando ponerse cómodo ante la espera de lo que se venía. Por supuesto, primero invitó al rubio a acomodarse y no lo haría él hasta que el contrario así lo hiciera. ¿Qué se venía? ¿Qué sorpresas habría? ¿Conocerían al Emperador que mencionó Naver en persona, o solo desde la distancia? ¿Qué tipo de persona podría ser? La curiosidad sí comenzó a crecer en el interior del yakuza, ahora más emocionado por lo que fuera a pasar de aquí en adelante. 

Cajita de Tabaco
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Todos piratas que han atravesado esta primera ruta se presentan ante Skypeamos, a quien ya con seguridad podemos tratar como Naver en esta narración. En cierto sentido ha evolucionado, porque sí, todos pueden hacerlo. En cuanto a la revelación de identidades, todos lo hacen a su estilo. Algunos con más o menos seguridad, otros más o menos habladores. De entre todos, destaca ante sus ojos la chica que ya molestó antes, y no perdió tiempo en dedicar unas palabras hacia su actitud. — Qué tipa tan vulgar. Seducir a un desconocido en una isla tan importante es señal de una tonta falta de educación. — Lo que no sabe es que pronto, muy pronto, el escupir al cielo le jugaría una mala pasada.

Y es que lo que tiene que ver respecto al mal trato de Kiyoshi, tratando de tonto en más de una oportunidad a Naver, antes Skypeamon, resulta en un incidente. Kiyoshi no es consciente de que repite esa palabra una y otra vez. En su cabeza, siempre actúa con formalidad y educación, como le enseñaron sus padres. Por supuesto, que él no lo entienda no significa que no suceda. Los hechos son hechos, sin más.

El golpe en el rostro lo toma desprevenido, dejándolo quieto unos segundos producto del shock. A modo de divertido detalle, en su cara queda marcada la forma del batón a modo de enrojecimiento en su piel pálida. No le duele mucho, pues solo es un llamado de atención, aunque sí lleva la mano zurda a su rostro para sobarse durante tres segundos y así disminuir el leve ardor que le causa una picazón molesta. Luego, la mano vuelve a descender, quedando ambos brazos en los costados de su cuerpo. — Espero que hayas desinfectado perfectamente ese tonto bastón antes de tocarme. — Porque sí, la higiene es mucho más importante que el dolor. Una infección puede causar problemas mucho más graves, sobre todo en el tipo de pensamientos que predominan en la mente de Kiyoshi.

Por si fuera poco, la Kuja solo recibe un llamado de atención verbal, no físico. Eso significa que quien tuvo la mayor faltada en cuanto a educación fue él. Incluso un gruñón como Kiyoshi se da cuenta de eso. Para no quedar más como tonto, guarda silencio al respecto, cuando lo normal sería que haga un reclamo en voz alta. En cambio, lo hace únicamente dentro de su cabeza para no quedarse con las ganas. — Supongo que, incluso en la tonta y legendaria isla de los cielos, las mujeres vulgares consiguen lo que quieren.

Aparte de esto, en donde él fue uno de los protagonistas, hubo dos hechos que llamaron su atención entre tanta cháchara. El primero es la mentira de Eros. ¿O acaso será verdad? No tiene a su capitán como un mentiroso. Él fue el encargado de transformar el barco para avanzar sin problemas y llegar hasta aquí. Es posible que, entre medio de esa pequeña hazaña, haya obtenido información o contactos que Kiyoshi desconoce.

O tal vez solo es un vil mentiroso. Tampoco le preguntará ahora frente a todos y lo echará al agua. Hay ciertos códigos entre camaradas que se deben mantener.

Lo segundo es la forma en que el alado trata con el otro ser alado, Yuuki en este caso. Kiyoshi desconoce cómo se tratan entre razas, pues fuera de humanos, no conoce mucho. Aprovecha el momento para poner atención y aprender un poco sobre otras “culturas”.

Ya habiendo terminado este divertido encuentro con Skypeamon Navar, les da el pase para que sigan avanzando como tal hasta Shandora, en donde se desarrollarán estos famosos juegos. Varo dio el dato de que el tal Zarutsuki es un Shichibukai, lo que el pelinegro ignoraba. — ¿Las gradas? Se supone que queremos participar, no ser público. — Espera que esto sea solo para el comienzo de la actividad y no el indicio de algo que le decepcionará a futuro.

Procede a avanzar, pasando por el costado de Navar, asumiendo que sus compañeros también lo harán con él. Por mucho que no le guste la idea de ir a una zona de público, al menos en lo que él cree, sí le agrada en parte poder sentarse y descansar un rato. Nadie ha olvidado que lleva horas de camino en el cuerpo en las que se ha quejado porque le duelen los pies. Quizás sí debió tomar el ofrecimiento de viajar en la espalda de Eros, pero con desconocidos presentes, esa idea la descartó.

Sus ojos, en medio de la caminata, se pasean entre las distintas figuras con alas que se hay por la zona. A él en particular no le gusta regodease entre tanta gente, por lo que se asegura de avanzar rodeado por sus compañeros, colocándose en el medio de ellos, sintiéndose seguro. Esto no tiene que ver con peligros de ataques, sino un tema meramente de personalidad. — Es raro, ¿no lo creen? —Busca llamar la atención de sus pares. — Hay tontos que se visten similares a otros tontos, pero aún así distan de otros tontos. Es como si por grupos se pusieran de acuerdo. ¿Unos serán guardias y otros limpiadores?

Al posicionarse en las gradas indicadas, encontrando un lugar en donde perfectamente pueden sentarse cuatro personas, primero hace un gesto con la mano diestra con el que les pide paciencia a los sepultureros. De entre sus ropas saca un paño y un rociador, instrumentos que usa para limpiar la zona en la que podrán sus traseros los próximos minutos. Por mucho que acaben de pasar una selva en donde sus prendas se han espolvoreado, el cuidarse en cada momento es algo que Kiyoshi no deja pasar. Tras haber limpiado como debe ser, se sienta. En cuanto a la altura de dónde han encontrado lugar, se trata casi que a la mitad de abajo hacia arriba, o de arriba hacia abajo, da igual. Ni tan cerca ni tan lejos. — ¿Escuchaste lo que dijo el tipo de antes, topo? — Se refiere a Barald. — Dijo que ganará los juegos. Es tonto pensar eso con nosotros aquí.

Lávense las manos
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3244 - 300 = 2944
Energia: 3663 + 0 = 3663
Espiritu: 1174 + 0 = 1174
Enji sostuvo su sonrisa, afilada y arrogante, frente al ángel guardián de la tierra de Shandora. Su actitud irreverente y despreocupada se demostró inmune al contexto en el que se encontraban, así como a las expectativas que su puesto dentro de la marina —o, peor, su apellido—, cimentase en la mente de los demás. En parte por ignorancia, en parte porque así era él y cinco años de despropósito no se saneaban con una medalla y una chaqueta. Su pecado, esta vez, radicaba en ser incapaz de ver a un sujeto con casco sin inventarse algún tipo de apodo peyorativo, una cosa bastante infantil pero que tenía muy arraigada. ¿El castigo de ese pecado? Un golpe de bastón, veloz y certero, en el centro de la cara.

No lo vio venir. Apenas fue capaz de percibir un movimiento, un borrón dorado que cortaba el aire; después, el dolor punzante en la frente, el puente de la nariz y la mejilla le informó de que, en efecto, había sido golpeado. Parpadeó, sorprendido y desorientado por un instante, mientras una marca roja aparecía en su cara. ¿Quién? ¿Cómo? Cuando lo dedujo, la mirada clavada en el bastón que sostenía Navur, se sintió raro. Una sensación extraña se le instaló en el pecho. Una especie de indignación mezclada con vergüenza, como si le acabara de regañar su propia madre. Y es que no conocía a otro ser que tuviera el mismo aura de paz y solemnidad, pero que también pudiera atizar tan duro con un palo.

Con su madre hubiera ganado la vergüenza, claro. Se hubiera disculpado y todo el problema quedaría zanjado allí. Ese sujeto, sin embargo, estaba muy lejos de ser su madre. La indignación creció dentro suyo, alimentada por algo distinto, algo intenso y visceral. Un ansia, un instinto que reconocía como ajeno y propio a la vez, bebió del tenue dolor, de la sorpresa y el orgullo herido para tratar de encender en él la llama del odio. En sus venas quería correr el veneno y llamar a la locura, al descontrol, a la masacre. El jugo de la fruta del diablo estaba hirviendo.

Enji se resistió.

Pese a la advertencia, que en otro caso pudiera ser la gota que derramó el vaso, acabó sonriendo de nuevo tras aplacar ese primer impulso.
Contenido Oculto

—Buah, me libro de los cocazos de Sigrid para venir a llevarme otro aquí arriba. —Suspiró, se dejó caer y aterrizó sentado sobre el caparazón de su gran amigo y compañero, Juan Sebastian, que sin duda habría sido testigo de toda la secuencia. Antes de que pudiera irse de lengua, Enji le tapó la boca con la mano derecha desde detrás—. ¿A qué sí, Juancho? —Dio dos palmadas en su caparazón con la otra mano para animarlo—. Venga, vamos, que quiero ser el primero en esas gradas. —Su sonrisa creció más—. ¡Corre como el viento, tiro al Juancho! ¡Que ninguno se quede atrás!

Llamó al resto de sus compañeros, a Akira y Masami, haciéndoles una seña con la mano para que avanzaran. Conocía a Juan lo suficiente para saber que no se quedaría con la boca cerrada después de ver cómo lo habían atacado, así que callarlo e indicarle que siguieran adelante era su manera de hacerle saber que todo estaba bien. El golpe apenas le había dolido y tenían cosas más importantes para las que guardar energías, como posar, correr y ganar esos juegos con estilo. El estilo de la ochenta.

Subido en la espalda de la tortuga más carismática de la marina, Enji se colocó en pose india, cruzó los brazos y cerró los ojos, adoptando una expresión meditativa e iluminada. En ese momento era el Sabio de la Tortuga, un hombre ascendido y sumamente desnudo.

¿Desnudo?

—¡Ah!

Abrió los ojos de pronto, habiendo recordado algo fundamental. Se rascó el cuello y volteó a mirar hacia atrás.

—¡Eh, rubiales! ¡Recoge mi chaqueta!

Pues ya se encontraba de camino a las gradas a lomos de Juan Sebastian y de ese trono natural no se iba a bajar hasta llegar a su destino.

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4097 - 300 = 3797
Energia: 3872 + 0 = 3872
Espiritu: 1450 + 0 = 1450
Tras mi elegante presentación, llegó el momento de mis camaradas, y fue durante las presentaciones cuando apareció desde nuestras espaldas Masami. Yo estaba bastante seguro de que se había adelantado; seguramente se distrajo por el bosque, hablando con alguno de sus paisanos o algo del estilo. Me dispuse a preguntarle dónde había estado, pero Kael me llamó la atención con un susurro.

Sus palabras fueron claras, cristalinas, podría decir. —Tienes razón… Debemos actuar con sumo cuidado. —Le respondí, devolviendo el susurro a mi compañero de la setenta y cinco. Era un buen marine, responsable, comedido, observador… Cualidades que yo no tenía bien arraigadas en mi rugosa y escamosa piel.

Después de grabar las palabras de Kael en mi, ahora pequeño, cerebro, pude sentir cómo mi cuerpo cedía levemente ante un peso añadido sobre mi caparazón. —¡¿Aahh?! —Exclamé con sorpresa ante el imprevisto, mientras mis garras se hundían con aún más profundidad en la tierra sobre la que estaba situado. Me relajé al retorcer mi cuello, pudiendo ver que no era ni más ni menos que mi capitán quien me usaba como escenario para su increíble presentación.

Mis ojos brillaban como estrellas al ver cómo le daba la espalda al emisario para mostrar el grabado de “Justicia” de su capa. Admiración que duró hasta que la capa se separó de su dueño, huyendo como un cachorro travieso. —¡Pfff, jajajaja! —Reí de forma sonora mientras veía en primer plano el pomposo trasero de mi amigo. —Nunca falla… Nunca falla… —Era más que evidente; la advertencia de Kael sobre ser cautelosos ya había desaparecido de mi mente para estos momentos. Si en algún momento me lo echaba en cara, mi respuesta sería obvia… “Culpa de Enji”.

Akira fue el siguiente en usarme de apoyo; para ese momento permanecía inalterable ante las cosas que sucedían a mi alrededor; lo único que podía pensar era: —Me empiezo a sentir como un objeto… —Observé con mucha atención el resto de las presentaciones, pudiendo captar los rasgos de la personalidad del resto de compañeros de la Marina. Éramos un grupo… ¿Heterogéneo? Sí, heterogéneo, esa era la palabra adecuada. El felino Kibai me acarició la cabeza (acción que recibí de buen grado, daba gustito, ¿para qué mentir?) y me recolocó mi querida gorra en mi pequeña cabeza. —¡Muchas gracias, compañero! —le dije con gran gratitud; sin dudas era alguien dispuesto a ayudar a los demás, cualidad imprescindible para un buen marine.

De pronto, un sonido hueco sonó en las alturas; miré hacia el origen de lo que parecía haber sido un golpe, encontrando así el rostro de Enji. Con el cuello bien estirado, le observé por un instante, giré mi cuello, lanzando mi mirada sobre el mensajero divino, regresando mi cráneo hacia mi capitán una vez más. Le había golpeado, no había ninguna duda, ese valiente hijo de puta había golpeado a mi capitán, a mi amigo. A pesar de ser un animal de sangre fría, pude sentir cómo mi cuerpo se empezaba a sentir en ebullición. Afortunadamente, hice gala de mi buen humor y de mi buen autocontrol para lidiar con la situación.

—¡¡PERO YO MMMMMPHH MMPPHH MMMPHH MMMMM!!—
—(Traducción) PERO YO ME CAGO EN TU PUTÍSIMA MADRE—

Afortunadamente para todos, Enji, que me conocía perfectamente, me tapó la boca antes de que pudiese articular palabras algo subidas de tono. Tratando de evitar un conflicto con el ángel del bastón suelto, mi jinete, que ahora estaba sentado sobre mí, me apuró para avanzar, a lo que yo obedecí con un aire de resignación.

Una vez el resto de la división nos alcanzó (cosa que no tardó mucho teniendo en cuenta mi velocidad), me puse definitivamente rumbo a las gradas que nos habían indicado. En un esfuerzo por calmar mi ánimo, me puse a tararear una canción en voz baja. —La primavera trompetera ya llegó… —Era justo lo que necesitaba para calmar un poco el ánimo, para este punto ni siquiera tenía ya en mi mente el suicidio colectivo que acababa de presenciar unos minutos atrás.

Ya en las gradas, me percaté de las diferencias en las vestimentas de los locales; pudiendo sacar en claro que los de alas negras parecían ser gente importante. Tras el vistazo inicial les pregunté a mis compañeros, recuperando el tono alegre que me caracterizaba: —¿Aquí está bien? Tenemos buena vista… Espera, ¿No era que nosotros íbamos a participar?.

Cajita de tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
El asunto se había resuelto con la muchacha, Melones aparecía ser entonces una especie de amiga del pasado, quiso empezar a explicar algo, pero Maki extendió su palma —No te preocupes, ya tendremos tiempo para explicaciones. Por el momento ven con nosotras.— Fue la conclusión que parecía ansiosa por continuar el sendero. El camino avanzaba con Maki empezando disfrutarlo, la selva parecía mas como si frente a ellos alguien hubiera domesticado lo salvaje par convertirlo en un gran jardín. Uno tan sublime y etéreo que difícilmente ellos podrían romper con su eterna armonía, aves extrañas cantando, peces saltando en arqueos imposibles de predecir, a ambos lados del sendero ahí lejos, podían verse algunas cosas. Personas intuía, al otro lado del rio y sobre un risco, pero su vista no era tan buena.

El gigantón comenzaba a transformarse y ahora si a verse a la moda, las trenzas de Merlot eran verdaderamente hermosas. No podía dejar de ver y pensar solo una cosa. Esta lunática tiene algo contra el cabello. No lo dijo, pero si lo pensó intensamente. El asunto de los hombres cayendo por el acantilado, no parecía un acto de desesperación, parecía un acto solemne de convicción. No saltaban por saltar, saltaban por el hecho de demostrar algo. Usaron diversas técnicas intuyo Maki y adelantándose un poco a esa parte del bosque no dejo que nadie saliera del camino. —Pocos sobreviven a esa caída. No será diferente si vamos, seguro están todos muertos. Recuerden que es una tierra alejada de toda ley. A 10 mil kilómetros de la superficie. No interfiramos en este ritual… continuemos.— La pena y el horror era algo cotidiano en un mundo tan violento y ella no quería que sus compañeros lo olvidaran. No vio miedo. Ni desesperación. Solo determinación. Aquellas personas no escapaban de algo, obedecían una convicción. La diferencia era enorme. Lastimosamente todos presuntamente muertos.

La aparición del ángel marco un inicio algo más formal, Lo miro bastante, analizándolo, viendo su magnimidad notando las esferas en su cuerpo. ¿Parecían puntos débiles? Era probable, no presto mucha atención al emisario. No más de lo necesario respecto a admirar su belleza, No parecía amenazante. Precisamente por eso resultaba inquietante su tono. La calma con la que sostenía aquel báculo hablaba de alguien que jamás había necesitado demostrar su fuerza. Pero apenas le observó unos segundos antes de descender la vista hacia el báculo. Después las esferas, sus pies sus manos. La belleza nunca había ganado una pelea. Aunque había provocado derrotas. Fuera de sus sospechas, quien les recibía estaba envuelto de una paz envidiable y eso le ponía los pelos de punta. Pudo notar como Hyakinthos en una desesperada sequia amatoria había intentado coquetear con él. Esperando que le rechazara conto.

Tres…

Dos…

Uno…

Sabía perfectamente cómo terminaría aquello. Hyakinthos nunca conocía el concepto de prudencia cuando se trataba de hombres hermosos y su respuesta fue la que fue. Ni violenta ni con desdén. Sino recordándole su lugar. —Navar. Pido disculpas si le han incomodado nuestros juegos para romper el hielo, entendemos que es un acto solemne, pero somos una banda de piratas Artistas, músicos, esta en nuestros genes la coquetería y el espectáculo. Pido perdón por este episodio, no se repetirá.— Volvió la mirada a Algodón, una mirada fría como el hielo, pero por dentro se cagaba de la risa al ser rechazado tan contundentemente.

Noto como Merlot comenzó a disparar incoherencias una tras otra de ángeles parentescos y para rematar confunde completamente el nombre del ¿Trabajador? No. no era un trabajador Nozama. Casi todos tenían otro estilo, otro semblante. Este… este era un guerrero sin duda. Y cuando se presentó, Recordó el periódico. —Así que tú eres Dharma… te he leído en el diario.— De ninguna forma le preguntaría si era el asesino de niños y mujeres pues los malditos periódicos siempre escribían verdades y mentiras a medias a partes iguales. igual cuando llamaron a las Valar mezcla de leches. Ella misma en el pasado tuvo que dañar también a mujeres y debiluchos. La diferencia era que él era hombre. Y a las mujeres, aunque sean tan malas o crueles como un hombre. El mundo era indulgente con las mujeres cuando les convenía. Minimizar sus crímenes. Era otra forma de llamarlas débiles. Maki detestaba esa hipocresía. Y se encargaría de que esto cambiara, se volvería relevante y peligrosa. No quería ser una leyenda inventada por los periódicos. Quería convertirse en una que nadie pudiera exagerar. —Olvida a mi hermana. A veces se comporta así uniendo puntos inconexos. Pero no pretende causar problemas.— Dijo interponiéndose entre ella y el hombre. Posando su mano en su tanto. No de manera amenazante, sino natural descansando la mano derecha sobre esta arma colgada en su cinto.

El mink parecía alguien agradable después de todo, y cuando se presentó, escucho lo de los Mano Vacía… recordó la visión de la mujer pelirroja de su banda. Parecía no acompañarlos, era una de las que deseaba enfrentar, la sonrisa en la mente, en el espíritu de la calva comenzaba tener un objetivo. Si quería ser la mujer mas fuerte del mundo esta podría ser una probada de lo que le aguardaba. Apretó los puños ante la emoción. 

El ser alado tocando su casco activo lo que parcia ser una especie de den den mushi, pero ¿Adherido a su casco? Mierda que buena idea. Lo anotaría para el futuro. Maki era curiosa de las creaciones de acero y cuero y a veces deseaba haber nacido en una familia menos belicosa. Una donde fomentaran su ingenio. Maki avanzo por el lugar a lo que parecían gradas. Enormes y de una extensión vasta. Ella miro a sus compañeros y se adelanto hasta el frente de las gradas quería ver todo. No perderse nada. pero… espera…
…
…
…
Gigantón dijo que podrían participar. Con el recuerdo de esa idea renovado la sonrisa los dedos se le cerraron lentamente hasta hacer crujir los nudillos. Su respiración se volvió más lenta. La emoción de encontrar rivales dignos siempre despertaba esa parte de ella que tanto intentaba mantener dormida y lejos de sus compañeros. Algo si noto. Los cuervos iban ataviados en oro y plata mientras que el resto no. Los pollos (Skypean) y las palomas (Birkanianos) iban vestidos más simples. Se apoyo de espaldas a las gradas para contemplar a sus amigos —Así que aquí estamos… en los juegos del cielo. ¿Quién participara?... ¿Tu Gigantón?... ¿Atún?... seguro que no, no te pierdas por favor que te conozco— Menciono, pero algo vio en los ojos de Hyakinthos, una especie de pequeña tensión. ¿Había visto a alguien? era muy probable, el doctor a pesar de ser un carnicero era social, muy social. Maki deseaba que también lo fuera con los huérfanos —Algodón… no te separes tu tampoco o por lo menos llévate a Melones si lo vas a hacer. Y tú Gigantón encárgate de Merlot que mi hermana se puede perder en un pasillo recto.— Se volvió entonces para apreciar un poco mas todo.

Su vista apunto a los tejados dorados, las torres plateadas y las campanas y los accesos principales. Toda ciudad tenía ojos vigilándola, aunque no fueran visibles sabía que estaban ahí. Si aquello era realmente el centro del cielo, alguien debía estar observándolos desde mucho antes de que pusieran un pie en el sendero. Una interrogante emergió de pronto. ¿Donde estaban los guardias?. O es que este ángel era tan fuerte que podría controlar una hermosa ciudad construida sobre diez mil metros de altura. Lo dudaba. Fue entonces que algo terrible ocurrió, un hecho por lo demás nefasto y catastrófico. El estómago de Maki comenzó a rugir… carajo. Quería comer algo. ¿Será que venden algo vegetariano rico en las alturas?

Si iba a romperse algunos huesos en los juegos, prefería hacerlo después de almorzar.

Al costado de las gradas, no muy lejos y sin perder de vista a los dos soquetes que se perdían, decidió que tenia que comer algo o se desmayaría. Tofu… algo con tofu se le antojaba o esas bolitas de pulpo que obviamente no eran de pulpo por que los pulpos no tienen forma de canicas. Cualquiera de los dos le servían. Comio ambos finalmente Ramen de Tofu y Takoyaki y bebió un par de jugos naturales. Afortunadamente aceptaban berris y todo parecía delicioso.

Play Me!
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A pesar del casco que cubría la mitad del rostro de aquel divino ángel, Hyak fue capaz de sentir la mirada que se dirigía a él justo después de que todos terminaran de presentarse. Inevitablemente, el médico sonrío de medio lado, a pesar de que entendió a la perfección las palabras del hombre que, a ojos del pelirrosa, solo intentaba mantener una postura digna frente al resto… ¿Cómo culparlo? Él también solía fingir mucho cuando estaba en público; sin embargo, cuando notó como el dorado cetro que sostenía en sus manos, el pirata prefirió dar un paso atrás, aunque sin dejar de sonreír y luego, solo escuchó y vio como aquella arma u objeto ceremonial, aun no decidía que era en realidad, se estrelló contra el suelo, generando un leve estruendo que, aunque hizo que el médico prestara más atención, no le borró la actitud altiva, aunque, por supuesto, pensaba en respetar las reglas del “dueño de la casa”.
 
—Comportarme —. Repitió como si fuera una palabra nueva para él, pero sin llegar a sonar prepotente. —Por supuesto que me comportaré, señor custodio —. No intentó aprender su nombre, porque sabía bien que lo olvidaría en pocos minutos. —Siempre me comporto en público —. No era una mentira, pues con naturalidad, el médico solía ponerse a si mismo un papel bastante inocente, contrastando fuertemente con su verdadera personalidad o pensamientos. —Así que prometo que no se repetirá —dijo antes de dejar ver una media sonrisa en su níveo rostro y luego mirar a Maki, quien se disculpaba por él...la verdad es que le agradeció en silencio.
 
Cuando el custodio del emperador los dejó pasar, el médico pasó una de sus manos por detrás de su cabello, removiendo sus hebras y haciendo que el lacio cabello rosa se elevara con gracia, dejando a su paso un olor a menta producto del perfume que se había aplicado antes y que, a pesar de la caminata, aun lo conservaba. Luego de eso, el pirata se acercó a Maki y pasó una de sus manos por sobre sus hombros.
 
—¿Crees que el ángel solo se hace el difícil? —Preguntó cuando ya estaba a una distancia prudente del guardián, por lo que no podría escucharlo. Los que sí podrían escucharlo eran la chica pelinaranja, el enorme hombre que llevaba a Merlot sobre sus hombros y, por supuesto, la misma Merlot; sin embargo, aunque desvarío por un momento en las razones por las que el custodio no cedió a sus encantos, sus pensamientos, siempre tan dispersos, fueron directamente hacia otro lado cuando se encontró con los variados puestos de comida y claro, con todas aquellas personas aladas que disfrutaban de lo que parecía ser in festival.
 
—¡Oh! Parece que si hay un torneo o juegos…tenías razón, grandote…o…eh… ¿Me repites tu nombre? —Preguntó directamente mientras que se acercaba a un puesto de comida en el que descubrió algunos dulces que se veían bastante buenos, los analizó por un momento, solo con su mirada y luego se giró hacia las Valar, Miyori y Flint. —Y también parece que la comida es bastante buena…No sé mucho de cocina, pero puedo asegurar que, a diferencia de los hongos del sendero, esta si qué es comestible ¡Ah! Volvamos luego de conseguir asientos…quiero probar algo dulce, esas tres horas de caminata me dejaron hambriento —. El pirata, más animado por el ambiente festivo, se acercó ahora a la chica pelinaranja y cruzó su brazo con el de ella para luego seguir a Maki hasta el inicio de las gradas.
 
—Jmmm… ¿De verdad piensan participar? Yo prefiero contemplar el espectáculo desde aquí —. Movió su mano de manera desinteresada, pero aun sin separarse de la chica de pelo naranja…una ironía, pues en un inicio parecía muy desconfiado de ella, pero tal vez las tres horas de camino lo habían cambiado sabiendo que ya la conocía. —Así que no me metan en sus cosas. Claro que siempre puedo hacerles barra —dijo antes de hacer un ademán de sentarse, uno que no terminó pues en otro sitio de las gradas, ni muy lejos ni muy cerca de donde él estaba, alcanzó a ver a un hombre rubio que le robó el aliento por un segundo en el que quedó paralizado observándolo.
 
Enseguida su cerebro intentó hacer una conexión, una mucho más profunda que con la chica de pelo naranja, pero fue incapaz, como siempre, de llegar a una conclusión, pero, definitivamente, algo le decía que lo conocía…lo conocía desde hace mucho más de lo que era capaz de recordar —o, mejor dicho, lo confundía con alguien muy parecido, pero el médico no sabía ese detalle que si sabe este narrador —; sin embargo, su mudez y la impresión duró hasta que, al mirar a su lado, vio a un pelinegro que lo hizo alzar una ceja…a ese sí que lo conocía y sí que lo recordaba.
 
—¿Jin? —Preguntó para si mismo antes de escuchar la voz de Maki dándole una advertencia. El médico asintió, aunque no sabía quien carajos era “Melones”, aunque de todos modos miró a la chica a su lado y decidió que sería ella quien lo acompañaría, pero antes…tenía algo que pedirle al enorme hombre que los acompañaba ahora.
 
—¡Oye, grandote! Hazme un favor y cuida bien a la bella sirena, no quisiera perder a tan valioso ser —. Literalmente, muy valiosa era su raza. —Iré a saludar a un viejo conocido —. Advirtió antes de llevarse a la pelinaranja tomada del brazo, sin discusiones ni protestas.
 
—Espero no te moleste acompañarme, pero sé que si no me llevo a alguien me perderé entre tanta gente y no volveré con el resto hasta quien sabe cuantas horas después, además…así podemos aprovechar de comprar cosas… ¿Te gusta la mermelada de naranja? Vi que vendían en el puesto por el que pasé al entrar…Jmmm…sí, deberíamos llevar, me conviene tener algo dulce y cítrico en el barco —. Empezó a hablar con rapidez y más confianza. —¡Ah! Pero antes de eso, como dije, saludemos a alguien…tu tranquila, te presentaré como la Violinista y como… ¿Eh? ¿Minami? Sí, ese era tu nombre ¿No? —Le sonrió a la chica antes de llegar a donde estaban el pelinegro y el rubio.
 
Se paró frente a ellos, con la chica a su lado, tapándolos del sol y de otras personas que pudieran estar viéndolos y, con esa misma sonrisa de autoconfianza con la que se presentó ante el ángel, también les habló a ambos hombres.
 
—Onizuka Jin —. Se presentó primero ante el pálido pelinegro. —¿Cuánto ha pasado desde que no nos vemos en persona? Mira que hablarte solo por llamadas puede ser aburrido para los negocios, aunque han ido muy bien, si te lo preguntas, creo que Rafael podría darte fe de ello —. Empezó a comentar mientras que jugueteaba con un mechón de su cabello. —No creí verte en este lugar ¡Ah! Pero no me molesta, al contrario, encontrarte después de tantos meses es maravilloso —. Le sonrió al hombre, esta vez con más amabilidad y sin nada de altanería. —¿Cómo has estado, Jin? —Recalcó de nuevo su nombre, como si quisiera presumir que ahora sí era capaz de recordarlo.
 
Luego de dar un tiempo al pelinegro que le respondiera o no, el pelirrosa miró al rubio, aunque, de hecho, su mirada se había posado en él desde antes, aun cuando le hablaba al otro hombre. Le sonrió, ahora más con coquetería que con amabilidad y analizó esas hermosas facciones que se le hacían demasiado conocidas.
 
—Y me parece, caballero —Empezó ahora sí a hablar con Tezca. —, que a usted lo conozco de otro momento, pues incluso con mi mala memoria podría recordar su magnificencia —. No exageraba, pues para el pelirrosa, el rubio tenía algo que lo hacía sentir distinto a con el resto, no era una familiaridad común y corriente. Era una lástima que no pudiera recordar el porque de ese sentimiento extraño. —Aunque preferiría empezar de cero con las presentaciones, pues lo he dicho y Jin lo puede comprobar, mi memoria no es la mejor...Soy Hyákinthos, pero puede decirme Cherry —. Admitió para evitar confusiones mientras que, por un instante olvidó a la chica que llevaba del brazo, aunque fue consciente de ella de nuevo cuando, al intentar mover su brazo, sintió el peso del ajeno.
 
—¡Oh! Lo olvidaba, ella es…Megumi, es violinista y me está acompañando en esta velada —. Volvió a cambiarle el nombre a la pelinaranja mientras que la acercó un poco más a él, como su fueran amigos de toda la vida, incluso cerró los ojos por un instante, aunque cuando los abrió, también notó la presencia de un conocido más a lo lejos. —¿Umm? ¿Cocinero? —Murmuró para sí mismo, ahora centrándose en el otro hombre a quien también iría a saludar solo para comprobar si sus ojos no lo engañaban.
 
—¡Ah! Mil disculpas, me encantaría quedarme más tiempo, pero tengo que saludar a alguien antes de perderlo de vista —. Antes de salir de las gradas, se detuvo por un momento frente al rubio, no solo para apreciar su belleza, si no para pedirle algo. —¿Por qué no nos ponemos de acuerdo para vernos después? Jin tiene mi contacto, así que cuando esto acabe podríamos vernos de nuevo ¿Te parece? —Preguntó desviando la vista un momento hacia él, para luego volver a centrarse en el rubio. —Y contigo… ¿Anotas mi contacto? —Sin esperar la respuesta, le pasó al rubio su “número” de den den mushi y luego se despidió de ambos, arrastrando de nuevo a la chica consigo.
 
—Perdona, Melón —. Un nombre más a la lista. —Sé que dije que solo saludaríamos a un par, pero ese cocinero de allá —. Señaló a Uker antes de llegar a él. —Viajó conmigo por un tiempo, te agradará, se llama Uker…Rackham Uker y sí, estoy seguro de que ese es su nombre —. Después de todo, habían pasado bastante tiempo juntos para memorizar el nombre y profesión del muchacho.
 
Se detuvo frente al hombre, que estaba acompañado por otros sujetos a los que no conocía y, como antes, también saludó al del mechón blanco con una sonrisa cordial, solo dedicada a aquellos que podía recordar genuinamente.
 
—¡Cocinero! De todos los lugares del mundo no creí encontrarte en el cielo… ¿Qué tal te trató la corriente esa? Sentía que moría —. No saludó al resto porque no los conocía, bueno, al peliazul sí, pero no podía recordarlo. —Aunque ha valido la pena ¿Han probado la comida de aquí? Parece buena, de hecho…iré con Minazuki —. Señaló a la pelinaranja que venía tomada del brazo junto a él, como si fueran una pareja. —A comprar mermelada de naranja y otras cosas ¡Ah sí! No la he presentado a ella, error mío…Ella es Miya, es mi acompañante en esta velada…Creo que toca el clarín —. Error de nombre y error de instrumento, ya tendría la chica que presentarse de manera correcta antes de despedirse del cocinero para luego ir a comprar dulces, mermelada de naranja y luego regresar junto con Barto, Maki y Merlot….Sin problema, pues era Miyori quien guiaba el camino ahora.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
La presencia de aquel ángel oscilaba entre la virtud de una quietud inmune a cualquier tipo de insinuación y falsedades por parte de quienes lo encontraban atractivo, su aura era capaz de transmitir una advertencia sin necesidad de mostrarse como alguien hostil, dejando claras las consecuencias de desafiar esos límites que él mismo levantó. Bueno, esa fue la percepción que tuve de aquel ser celestial que respondía al nombre de Navor.

Permanecí atenta a sus palabras y a la forma en cómo rechazó los encantos de Hyák, llegando incluso a comentar que él sería capaz de desterrarlo de los juegos sino se comportaba, por lo que casi por instinto me acerqué un poco más al joven de cabello rosado, me limité a posar una mano sobre su hombro para que no se sintiera abatido por las palabras de Navor y al mismo tiempo brindarle un silencioso apoyo ante la gélida mirada de Maki que también me hizo suspirar a pesar que su mirada ambarina no se posicionó sobre mi presencia. ¿Era esto la tan famosa… mirada de una madre?

Luego mis ojos azules se dirigieron hacia los de María que desde su trono, o mejor dicho… desde el hombro de Barto, lo miraba todo. La observé con suma curiosidad al escucharla llamarme por el apodo con el que decidió dejarme, y ante su pregunta… mis ojos se abrieron de par en par ante semejante comparación por lo que tuve que negar un par de veces con la cabeza, intentando enterrar aquella idea de que yo fuese un ángel como Navor, sin embargo, conforme continué escuchandola más comprendía que ella simplemente se había dejado llevar por una de sus inagotables marañas de ideas creativas, así qué que una tenue risa escapó de mis labios en silencio, me agradaba comprobar que aquello nunca había cambiado en María. La misma que jura llevarme al reino escondido en los océanos.

Dharma por su parte parecía haber sido abordado por una conversación tan repentina como peculiar por parte de María, incluso ella daba la impresión de que ya conocía de aquel espadachín, llegó a mencionar su nombre aunque de una forma ligeramente distinta, Merlot mencionó algo sobre la hermana de Dharma y la aventura que recién tuvo con las Valar, todo aquello lo escuchaba con sumo detalle hasta que las palabras de Maki no tardaron en aclarar el asunto, realmente no lo conocían de nada más que de los enunciados en los periódicos conforme su recompensa. Un pirata que dicen es peligroso.

En mi caso… simplemente alcé la mano en un leve saludo desde la corta distancia que nos separaba, una vez que Maki terminó de hablar con el azabache de ojos esmeralda, yo le dediqué una cálida sonrisa pues estaba feliz de poder dirigirme finalmente hacia él como recibiendo en el camino a un viejo conocido.

— Es bueno verte bien, Dharma.



Al tener el permiso de continuar no pude evitar asombrarme ante la diversidad de aquella zona mercantil que se presentaba frente a nosotros, aquella área despertaba por completo mi curiosidad mientras caminaba junto al llamativo grupo llamado por Valar

Eso se sentía… agradable.
El formar parte de un grupo de nuevo, y fue precisamente esa sensación la que me hizo recordar que durante mucho tiempo… había estado completamente sola.

“¿Crees que el ángel solo se hace el difícil? “

— Bueno, es difícil saberlo… — me expresé con sinceridad en lo que nos alejamos de aquella entrada que ya no era prohibida para ninguno de nosotros. — No sé nada sobre ese tipo de cosas, pero considero que eres una persona muy atractiva como para no darte una oportunidad, seguramente el ángel tendrá sus motivos para no ceder.

El ambiente era tan animado que me recordaba al de un coliseo con tantas personas yendo y viniendo que era difícil asegurarlo pero resultaba evidente que existían amplias gradas desde donde visitantes y espectadores podían presenciar los juegos a gusto.

— ¿Qué clase de juegos son…? — pregunté con absoluta ignorancia pues no tenía la menor idea de lo que aquello implicaba, ¿serían juegos con pelotas?, ¿hula hula?, ¿concursos de baile?, ¿carreras a costales? intenté observar el lugar una vez más en busca de alguna pista. — Viendo este escenario, me da la impresión de que son juegos de destreza, si hay alguna prueba de tiro al blanco… podría intentarlo, creo. — Mientras hablaba, acaricié distraídamente el arco que descansaba cruzado sobre mi espalda, rozando apenas el extremo inferior que reposaba junto a mi muslo derecho.

En ese momento sentí que alguien tomaba mi brazo, al girarme un poco fue que me percaté que se trataba de Hyák quien ahora parece estar mucho más entusiasmado por explorar la comida que ofrecían aquellos puestos comerciantes, y debo admitir que él tenía razón… el hambre comenzaba a hacerse presente, tomé su brazo con cuidado para corresponder a su agarre cercano y caminé con fraternidad a su lado, ahora en dirección a las gradas. — ¿Crees que podamos conseguir un sombrero de paja por ahí?

– La mermelada me encanta, especialmente la de sabor naranja… — Unos cuantos pasos más nos condujeron hasta un lugar que parecía perfecto para sentarnos a contemplar el inicio de los preparativos.

La pirata de ojos ámbar y estilo de corte calva, decidió tomar ahora un camino diferente a la de sus compañeros advirtiendonos de no extraviarnos en caso de ir a explorar los puestos de comida y mercancía, y ni bien terminó de declarar aquello cuando sentí que tiraban de mi brazo para ponerme de pie de la grada donde cómodamente me había sentado, ahora me declaraban cómplice en una aventura por saludar viejos conocidos, pero de Hyák… —  ¡¿Eh?!... ¡María y Berto, les prometo traerles algo! ¿Qué les gustaría?



Con pasos ligeros que eran dirigidos a ritmo del andar de Hyák, terminamos deteniéndonos frente a dos personas que parecían ser como el día y la noche.

En mi silencio y con mi brazo sujeto al suyo, lo único que pude captar de todo lo dicho es que habían hilos de tres historias diferentes que finalizaban en una coincidencia del destino el cruzar de nuevo sus caminos aquí en Skypiea ¿Acaso eso no era bello?

— Mucho gusto, mi nombre es Miyori Hoshino… — dije en tono amable y con una sonrisa tranquila al mismo tiempo que mi mano libre se alzaba para hacer un movimiento de lado a lado en señal de saludo cordial. — No se preocupen por la confusión, tampoco recuerda mi nombre, jajajaja.

Hyák pronto encontró ante sus ojos una persona más a quién sin duda necesitaba saludar con urgencia puesto que tuvo que dejar a sus dos amigos, no sin antes pasar contactos entre Jin y Tezca. 

Mientras Cherry me llevaba del brazo me giré unos segundos para mirar de nuevo a los dos jóvenes que tuve la dicha de conocer, quizás en el futuro pueda encontrarlas de nuevo.

— ¡Un placer de verdad, nos vemos!



Entonces Hyák señaló a un joven de elevada estatura, cabellera oscura con cierta mancha blanca decorando la parte frontal de su cabeza, sus facciones eran totalmente masculinas como evidenciaba su apariencia desde lejos, entre más nos acercabamos más información me era otorgada, ahora sabía que era un joven dedicado al oficio de la cocina. Parpadeé un par de veces, intentando enfocar mi mirada entre la distancia y el bullicio del lugar, cuando por fin logré distinguirlo con claridad su nombre quedó grabado en mi memoria.

Uker Rackham.

Nuevamente guardé silencio mientras ellos conversaban con total naturalidad.

Mis ojos azules comenzaron a divagar y terminaron posándose sobre un puesto de golosinas cercano, parecía ofrecer toda clase de confiterías, chocolates, caramelos y quizás distintas variedades de mermelada, ¿Sería un buen lugar para encontrar algo para María, Maki, Barto… y Dharma?

Al mismo tiempo permanecía atenta a cualquier melodía que naciera entre el bullicio del lugar con la esperanza de descubrir algún instrumento único de Skypiea, ¿Tendría suerte?, sin embargo la voz de Hyák me sacó de aquel viaje por el valle de mi curiosidad, volví mi atención hacia aquel cocinero y sus acompañantes, fue entonces cuando caí en la cuenta de que hasta ese momento ni siquiera había reparado en la presencia a su alrededor. ¿Serían todos ellos conocidos de Cherry también?

“Ella es Miya” ante las palabras de Hyák sonreí sutilmente resignada mientras negaba con la cabeza con un movimiento de lado a lado, y en la mirada de Uker encontré un tono azul que me era extrañamente familiar aunque decidí dejar aquella impresión como una simple coincidencia, en lugar de darle más vueltas a contradecir la presentación de mi acompañante, sonreí ahora con suavidad y calidez — Es un placer conocerlos, mi nombre es Miyori Hoshino. — Hice una pequeña reverencia como muestra de cortesía, sin soltar el brazo del joven de pelo rosa que quizás pueda sentir mi agarré un poco más fuerte en señal de nerviosismo. — Soy navegante y artista, el verdadero instrumento que toco es el violín, no el clarín.



— ¿Crees que a Maki le guste las papas picantes? — le preguntaba a Hyák en lo que regresamos a las gradas, en mis manos portaba una bolsa llena de chucherías para compartir como también traía una deliciosa mermelada de naranja para acompañar con las galletas.

Los juegos pronto comenzarán, ahora más que nunca me preguntaba…
¿Qué pasará a continuación?



Amphitrite Toca la Canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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