[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
Eros era alguien lento de reacción, sus compañeros solían reírse con cariño y algo de sorna de cuán rápido era en batalla y cuán lento podía serlo en la vida. Cuando el báculo del ángel tocó el rostro de Kiyoshi, la mente de Eros fue rápida. Apenas lo vio lo calculó, la distancia perfecta, el uso de sus garras, la resistencia del cuerpo del ángel, la fuerza de sus golpes. Su capacidad para arremeter, y ante todo, la furia absoluta y ciega que estaba sintiendo. Su cuerpo estaba a punto de moverse, no obstante, él era un caballero así el alado no lo fuese.

› Acato plenamente la soberanía del emperador, y su gente, sobre éstas tierras, y se que me hallo extranjero… Pero si las formas de ésta advertencia se repiten serán tomadas como un escarmiento hacia mis tripulantes. Y como capitán de los Piratas de la Sepultura, en mi reside la soberanía sobre mi gente y los escarmientos que reciban. Esto es una declaración que no se repetirá, espero podamos entendernos.

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La intención de Eros no era amenazar, porque sabía una verdad innegable. Si los cuatro a su mando se coordinaban, una guerra estallaría allá arriba y, si bien tenían todas las de perder, eso nunca los había detenido. Con fe ciega, se giró para dirigirse a Kiyoshi tomando el botiquín que traía consigo para comenzar a aplicar una compresa fría en el golpe a medida que se alejaban.

› La próxima vez que alguien te ponga una mano encima lo voy a matar, te lo prometo

Aclaró lo suficientemente bajo para su compañero mientras observaba de soslayo la interacción de Barald para con el Custodio. No pudo percibir mucho más de lo que el ojo le permitía, el era ciego ante la energía que desconocía pero en su interior se podía ver la furia asesina de Eros palpitante en su mirada y en lo firme que sujetaba los elementos médicos con los cuales trató la herida de su compañero antes de guardar todo lo que debía ser guardado, para finalmente asentir con la cabeza en respuesta a las palabras de Kiyoshi.

Cierto era que todo en ese lugar parecía ser ceremonial, ritual. No entendía de religiones, historia o detalles finos sobre un mundo del cual era un mero testigo aprendiendo primera persona paso a paso, metro a metro, pero tenía su propia experiencia.

› Vivimos en un mundo donde nobles usan cascos para no respirar el mismo aire que los civiles, y otros usan cadenas en el cuello… Imagino que la cadena de mando, la autoridad, es una cuestión de mantener el orden en una isla tan pequeña. Es más fácil imponer una estructura de mando, de aprendizaje, de disciplina… Así es como también tienen en claro que le pueden meter un bastonazo en la cara a cualquiera que amenace con romper éste status quo imagino.

Rascó su mentón pensativo, andando hasta las gradas. Varo explicaba las formas, costumbres y detalles de aquella ciudad azul; Kiyoshi ardía con otra determinación, una declaración de victoria prematura. No le molestaba la confianza de sus compañeros, en cierto punto entendía que sería lo mejor para poder enfrentar los juegos como querían ¿Debían ir a las gradas antes de participar? ¡Una ceremonia de apertura! Asumió. Si bien su enojo silencioso seguía latente, entendía que el golpe no escaló a más. Kiyoshi no llevó la mano a su rifle, solo se preocupó por desinfectar y fijarse que no estuviera sucio. Al menos higienizado estaba.

Finalmente vio unos cabellos conocidos. Eran como flores de cerezo, saludaba a Uker ¡Claro que lo conocía! Era el médico que tan amablemente había tratado sus heridas en Whisky Peak. Inspiró con calma tratando de juntar las palabras, y abrió la boca para hablar pero entonces escuchó cómo la interacción seguía. Miya, Minazuki, tocaba el clarín. Por un momento la mente de Eros comenzó a realizar complejos cálculos, no tenía una memoria privilegiada, pero sentía que tenía una cara conocida ¿La había visto en el barco del médico cuando estuvo herido allí? No, eso había pasado antes ¿Cuanto antes?

Debía responder, ser locuaz, buscar atar los puntos.

› Ah… Eh… Si… Si si… Desde Whisky Peak que no nos cruzamos, es un placer verlo de buen semblante. No se si me recuerde, trató mis heridas y cuidó a un perro que rescatamos con Uker. Eros Focalor, me presento nuevamente, capitán de los piratas de la Sepultura.

Asintió saludando a Hyakinthos con una reverencia, y entonces realizó otra reverencia con la cabeza para su acompañante. Era el capitán de Uker, el responsable a su mando, ni más, ni menos. Después de todo era a él a quien saludaban, ¿Correspondía que hablase? Entonces señaló a la anaranjada.

› ¿Nos conocemos? No es una propuesta, si no que siento que ya nos conocimos… O más bien le veo cara conocida... O más bien... Oh, olvidelo

Rascó su nuca nervioso, desvió la mirada tenso y finalmente ondeó su diestra enguantada contemplando la proximidad con aún más tensión para entonces aclarar su garganta señalando con la palma a sus tripulantes uno por uno.

› Varo Ganchin, el mejor explorador de South Blue y ahora la Grand Line. Kiyoshi Maeda, mi segundo al mando y la voz de la razón cuando no puedo ver frente a mi… En cuanto al Marcado Uker Rackham, no necesita presentación, su reputación lo precede.

Era mucho más cómodo presentar a sus amigos después de todo, hablar de cuan orgulloso estaba de ellos, de cuan seguro lo hacía sentir su gente. No había mejor forma de conocer a Eros que a través de su rol como capitán, y ahora ese capitán se sentaba en las gradas, posaba ambas palmas sobre sus piernas y esperaba suspirando. No esperaba tener que socializar tanto, tan de prisa, pero en la isla del cielo las reglas no las ponían ellos.

De momento.


Ataud
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Narrador / María Merlot



¿Qué…
Le…
Pasaba…
A…
Esa…
Paloma?

María Merlot parpadeo una, dos y tres veces procesando las palabras del “Ya No Más Ángel”. Las frases estaban siendo procesadas por su filtro más difícil, y dónde nunca nadie podía ganar: Hyakinthos. ¿Lo amenazó? ¿Delante de ella? La piel de la mestiza se erizó, inhaló profundamente lista para impulsarse lejos del hombro de EL MACHO. Le iba a enseñar modales a ese pollo subdesarrollado. Sin embargo, por suerte para ambos, y más para él su le preguntaban a ella, la voz cantarina del objeto de su fanatismo actuó como un calmante e inhibidor de su pequeño arranque de cólera sin exteriorizar.

… por supuesto que me comportaré, señor custodio.

¿Jocoso? La pelirrosada inclinó la cabeza, hacia la izquierda, lo que generó que su largo cabello ondulado cayera como cascada. Observó por un momento al hombre dueño de su vida. No parecía agraviado, más bien divertido por la situación. ¿Ella entendió mal la situación? Exhaló el aire contenido, y se relajó sobre el hombro del pirata que amablemente la cargó durante todo el trayecto. Su mente de comerciante, y su necesidad de estar haciendo algo, fue la que la llevó a darle a cambio el trenzado del cabello sumado al favor como SU CAMPEÓN.

Palabras fueron, palabras vinieron. Una vez que avanzó su grupo por indicaciones de la Paloma, perdió interés en todo lo demás porque lo monopolizó lo que parecía ser una feria o festival, obviamente asociado a ese tal torneo de los que todos comentaban y que le generaba la misma emoción que peinar a la calva capiguana. Al pasar al lado del “Ya No Más Ángel”, evitó mirarlo… algún día iba a necesitar ayuda en un camino solitario por el cual ella estuviera pasando casualmente y no lo iba a socorrer por rechazar HOY al ser más maravilloso, seductor, bello, noble pero sobre todo HERMOSO del mundo azul. Y cuando ese día llegará, esa Paloma se iba a arrepentir de haberle dicho semejante blasfemias a su persona favorita.

— Bartolomiau — nombró al hombre que la cargaba dándome unas palmaditas en la cabeza — … muchas gracias por traerme hasta aquí. Jamás olvidaré tu buena voluntad, y si quieres, de regreso al barco te cargo yo… en la posición que tu quieras... te dejo elegir — le sonrió con encanto a lo que parecía ser una broma pero que no lo era, ella era muy fuerte y no dudo, ni por un segundo, en que podría con ese macizo cuerpo masculino del MACHOTE. Sin agregar más, salto de su hombro derecho.

La fuerza de la gravedad hizo lo suyo, tiró de ella hacia el suelo mientras el cabello y las finas telas moradas de su atuendo tardaban más en el aire, dándole una visión angelical cuando se incorporó arreglando, sin necesidad, uno de sus anillos. La estela del olor a menta, y sin apartarse mucho de EL MACHO, la acompaño siguiendo a sus nakamas, incluida Vivi que pareció integrarse sin ningún tipo de problema. Si la metía clandestinamente en su habitación, justo debajo de la cama, nadie se daría cuenta que llevaban un polizonte cuando emprendieran la parte de ese sitio. Entonces, volteo a ver a Bartolomiau, a él sería más difícil de ocultar bajo su cama… algo se le ocurriría para también llevarlo con ella en el Flush Royal. Si, María Merlot estaba pensando en que ese par encajaría perfectamente en su grupete de tres, y en el medio del mar, ni su Unnie ni Algodón de Azúcar, podrían refutar nada… Aunque… nunca le habían negado ninguno de sus caprichitos para muestra los niños que adoptó en el Reino Helado de Drum.

Festivo. La palabra que pensó. El olor a comida, le hubiera fascinado sino predominaran los animales. La mestiza era vegana, no comía nada que hubiera podido estar vivo o viniera de un ser vivo. Bartolomiau, al ser tan enorme, la ocultaba, y más al quedar rezagada del trió: La Calva, El Rosa y La Mandarina. Sin embargo, eso no evitó que María escuchará uno que otro suspiro, y sintiera varias miradas sobre ella. Lo habitual en sitios concurridos, solía llamar la atención con su sola presencia, después de todo su belleza estaba más allá de lo divino. Eso hizo que se acercará más al Buccaner, nadie se le acercaría ni intentaría nada con semejante mole a su lado. ¿Se sintió tímida? No, para nada, solo seguía algo molesta por el trato del “Ya No Más Ángel” ante Hyakinthos, y así no podía ser amable con nadie… solo necesitaba unos minutos para alinear sus buenas vibras o la cabeza de la Paloma sobre una bandeja de plata. Grrrrrr.

Terminaron sentados en una parte de las gradas, cerca de los puestos de comidas. Habían personas muy bien vestidas, como ella misma, otros con atuendos normalitos. Vio cómo se fueron Algodón de Azúcar, Vivi y luego su Unnie, en ese momento volteo a ver al gigantón — … no me gusta aquí, Bartolomiau — arrugo la nariz adorablemente colocándose de pie, lo que atrajó un par de miradas de quienes la rodeaban, y si, acompañados de suspiros y comentarios susurrados sobre su belleza... — … vamos a acercarnos hacia allá. Veremos mejor todo... — señaló las gradas superiores, los últimos puestos dónde nadie se sentaría detrás de ellos. Sin esperar respuesta, empezó a caminar hacia aquel sitio. Mientras iba subiendo, y distinto a otras ocasiones, un hombre le corto el camino: alas blancas, mirada lasciva.

— Hola, Preciosa. ¿Te quieres sentar conmigo? Tengo para ti un asiento especial… mis piernas — su voz, quizás se perdió para muchos entre el bullicio pero para ella no, olía a licor también. Lo miró de arriba abajo, y le sonrió encantadoramente, aunque el asco se podía leer en sus ojos

— No gracias. Vengo con MI CAMPEÓN... — hizo énfasis en la palabra, decirlo la emocionaba, apostaría sus berris al sandwichero — … si me sentaré en algunas piernas serán en las suyas. Obviamente... — le comentó con alegría como si estuviera hablando del clima. Esperaba que con eso el borracho se fuera… pero no, más bien continuo con el cortejo desagradable...

— ¿Segura, Primor? — Levantó la mano, en un gesto para tocarle el cabello. ¿Qué le pasaba? Se inclinó hacia atrás con una sonrisa desconcertada y con la diestra apartó la mano del masculino con firmeza pero pacíficamente.

— Muy segura señor… ahora si me permite necesito llegar a mi puesto antes de que alguien me lo quite entonces me entristeceré mucho, y mi tristeza no es realmente el problema sino que mi Unnie preguntará quien me hizo entristecer, y tendré que señalarlo a usted, y ella… bueno, desde que ella no tiene cabello en su cabeza anda en un modo premenstrual permanente. Tengo la hipótesis que a través de su cabello hacia la fotosíntesis y así su humor estaba, bueno, no tan mal como ahora… eso o su abstinencia sexual...— explicó confusamente, el sujeto se llevó la mano a la cabeza, obteniendo una migraña, no por la voz que era hipnótica sino por el hilo extraño de la declaración. Lo último lo susurró más para si misma... — … por cierto, si va a apostar por alguien, que sea por mi campeón EL MACHO — señaló hacia atrás con el pulgar sin ver asumía que Bartolomiau la seguía, y con un sonrisa que hizo asentir al alado.

Pasando de él, María siguió la subida por aquellas escaleras con su bamboleo natural y su encanto arrebatador que nunca dejó de atraer miradas de los hombres y mujeres que estaban a su alrededor pero esta vez sin intenciones de tocarla. Se sentó — ¡Es perfecto! — sonrió viendo la cantidad de puestos suficientes para que se sentaran sus nakamas cuando volvieran, y estando rodeados solo de personas aladas. Vió la arena, vió tanta gente que se aburrió enseguida. Fue entonces cuando saco su Den Den Visual, le acarició la cabeza y lo puso sobre su hombro para que observará lo mismo que ella.

Un suspiro dejo sus labios, alzo la mirada al cielo azul… ¿Estaba dispuesta a participar en unos juegos sudorosos? No le apetecía la verdad ensuciarse ni sudar, sin embargo, si quería ir a buscar a esa horrible Paloma para hacerlo retractarse de sus palabras… no podía, ni quería olvidar la ofensa hacia su médico. La mano de María bajo hasta la empuñadura del tanto, aquel con el que cortó su cabello horas atrás… ¿Podría drenar esa frustración? Una sonrisa se apoderó de sus labios, descendió la mirada encontrándose con la multitud… claro que podría pero tendría que sudar y ensuciarse. ¿Qué podría salir mal?




ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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Todos los demás se presentaron, ciertamente cada uno tiene una personalidad diferente y se presentaban a su manera sacándome algunos unas sonrisas mas grandes que otras, y eso era lo que precisamente hacia de la división 80 un lugar maravilloso para estar tesoro, siempre lo he visto de ese modo y no queríamos así, Akira con su energía desbordante, Juanse con su tranquilidad comica y Enji con un carácter tan, bueno, tan Enji, nunca necesitábamos mas que eso para funcionar como una familia —No no, que va, osea si escuche tu llamada por den den, pero había un rio y bueno, después un ruido, que se yo, si iba a tomar la llamada tesoro, pero….— Justo en ese momento el sonido seco, porque ni mis ojos no fueron capaces de seguir el movimiento, simplemente el sonido seco de un golpe llegando justo a la cara de Enji, fruncí el ceño y luego mire al Navur, después volví la mirada hacia Enji, mi expresión cambió de inmediato y mi mano se posó instintivamente en mi arma de reglamento a mi costado tesoro al final de cuentas este tipo por muy hermoso que se vea, había golpeado al capitán Enji.

Conociendo al pervertido honey hubiera pensado que tendríamos que pelear en ese mismo momento, si alguien golpeaba a Enji normalmente esperaría una respuesta inmediata y aun mas sabiendo que ya Sigrid no estaba para ponernos pausa, pero no se si fue porque habían otras dos divisiones con nosotros o porque desde la despedida de Sigrid todos habíamos madurado un poco, pero luego de la advertencia del alado frente a nosotros sobre mi coqueteo y el comportamiento de Enji, nuestro capitán simplemente se sentó encima de Juanse con tranquilidad, Enji habló con Juan y simplemente no sabia si estaba planeando atacar o hablaba en serio hasta que hizo una señal con la mano para que lo siguiéramos y entendí que al parecer lo había dejado pasar por alto, un golpe, Enji, si, ese mismo, verlo hablar y actuar con semejante tranquilidad tras semejante golpe en la cara para mi era simplemente desconcertante.

Me acerque al oído de Akira antes de seguir a Enji. —Was that really it? Will it stay like this?— Para mí aquello seguía siendo completamente nuevo. Antes de entrar a la división había escuchado un montón de historias sobre el capitán Enji, algunas exageradas, otras seguramente ciertas, pero ninguna encajaba con la calma que estaba viendo en ese momento sinceramente, esperaba cualquier reacción menos esa, aleje mi mano de mi revolver sin mas, si el había decidido dejar eso atrás no había razón para que yo actuara por mi cuenta tesoro, es el capitán y el marine con mayor rango entre todos los presentes, pero mas que eso era alguien en quien confiaba plenamente, por eso simplemente hice silencio y lo seguí sin mencionar una sola palabra hasta llegar a las gradas.

Mientras nos acomodábamos en las gradas observe a muchas personas diferentes, algunos oscuritos, otros claritos, otros con alas muy pequeñas, otros con alas muy grandes, definitivamente las islas del cielo tenia mucha gente interesante y otra muy desagradable, claro, hablo del navur ese, mientras seguía observando, empecé a notar un patrón curioso. Casi todos los que tenían alas negras vestían con telas finas, bordados elegantes y accesorios dorados que brillaban incluso desde la distancia, esos parecían la nobleza del cielo o algo parecido, pero en cambio, el resto de la población llevaba ropa mucho más sencilla, cada uno con el estilo que le daba la reverendísima gana quizás lo que pasaba en skypea era que necesitaban un modista nuevo o quien sabe. —Enji, ¿quieres que te ponga un poco de ungüento del que Sigrid me dejó? — Pregunté antes de acomodarme en las gradas, para saber si mi compañero necesitaba ser atendido, —Puede que ayude con la incomodidad en el rostro tesoro. — porque desde que Sigrid había decidido quedarse en Kyodania, todos sabíamos que las cosas serían un poco diferente yaa no tendríamos a nuestra vikinga lista para curarnos a la primera herida sino que ahora nos tocaba cuidarnos entre nosotros, exactamente igual que una familia debería hacerlo, espero dar la talla y en cuanto lleguemos a una isla que tenga una base de la marina estudiar un poco de medicina, al menos de ese modo podria ayudar a los chicos si hay que curarlos, o hacer esa medicina que solo Sigrid sabia, hay muchas cosas que aprender.


Mi Estupido y Sensual Off
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La experiencia de hablar con aquel ángel había sido neutral, incluso para un ente tan atractivo… como yo. Tal vez estaba tan encantado con mi presencia que temía hablarme, después de todo debía admitir que había pocos tan valientes como Jin. La colorida y diversa gradas aparecían ante nosotros con la multitud en fiesta y algarabía, era notorio lo especial que esta celebración resultaba para los nativos, lo mucho que se podría comercializar en esta zona ¡Era una pena que no me hubiera tenido la oportunidad de montar un pequeño negocio! Podía saborear esas berries como un perro sediento. La voz de mi querido acompañante me sacó de mis pensamientos, sonriéndole mientras caminábamos a un espacio libre entre las gradas más o menos céntrico. —Lo que sea que venga… Me volveré aún más infame. Esta es la clase de juegos que merecía desde el principio ¿Me entiendes? Sobre todo y si me da más visibilidad... — Hice un movimiento con la mano donde parecía que iba a sacar algo del bolsillo cuando un chiflido desde la izquierda relativamente conocido me hizo reaccionar, sonreír mientras me levantaba de golpe extendiendo los brazos para que se acercara, correspondiendo al choque, acercándolo al pasar mi brazo por sus hombros, acercándolo a mí. —¿Dónde se habían metido? No tienen remedio ¿Cómo me voy a ir solo? Avísales que estaré por aquí, esto es un caos y no quiero perder de vista a nadie… Por cierto, este es mi novio: Jin. Jin, este es mi amigo y compañero de tripulación Barald. — Finalmente lo solté, siguiéndolo con la vista mientras se iba esperando poder observar como donde se iba a sentar. —Bueno, y por ahí andan… Al menos esta bien aunque me parece que me han interrumpido. Mira, He avanzado en mi meta, he de actualizarte. — Saqué de mi bolsillo una arrugada foto, enseñándosela al pelinegro mientras señalaba al bastante bien parecido rubio,.
 
 
—Cihua Norova. Conocí a los otros dos y a un viejo mink cascarrabias que parecía conocerlo también… Aunque, así como el hombre en la foto: Me parece que ninguno de ellos anhela mi presencia ahora, fui demasiado para ellos ¿Qué puedo decir? — Había salido mucho más amargo de lo que pretendí, volviendo a guardar la fotografía en el bolsillo con prisa, cuando alguien se nos había acercado del costado derecho. Un hombre de cabello largo rosa y muy apuesto, acompañado de una señorita igual de hermosa, pero de cabello naranja, ambos con ropajes ligeros, mientras aquel hombre saludaba a Jin, ladeé la cabeza al ser bastante familiar para mi.
 
Oh. Ya recordaba, de aquellas islas cuando seguía siendo el comerciante de esa mujer: La vez que no tenía de llegar mucho a ese puerto y… oh, eso era interesante. Esperé a que el pelirosa se dirigiera a mi para levantarme del asiento con una pequeña reverencia. —Tu mala memoria… No sabría decirte si es eso o si intentas hacer el difícil conmigo, Hyakinthos. Es una grata sorpresa verte aquí, espero tengas tiempo de salir a tomar algo, aunque verás que no soy tan atrevido como en aquel puerto. — Una sonrisa ladina se había posado en mi rostro, antes de girar ligeramente a la mujer que lo acompañaba, tomando la mano que lo saludaba para, si aquella mujer se lo permitía, dejar un pequeño beso sobre el dorso de esta. —Es un placer, señorita Hoshino. Tezca Norova a su servicio. Espero que aquel acompañante suyo haya escuchado mi nombre por segunda ocasión pues tiene la suerte de que me he de presentar frente a usted. — Mientras soltaba su mano miré de reojo al pelirrosa con cierta molestia ¿Cómo pudo haberse olvidado de mi? Su atropellada despedida mi hizo cambiar el rostro a uno de ligera confusión. —Yo te llamo. —Mientras veía como esa pintoresca pareja se iba, Tezca le gritó a ambos. —¡Anota: 000197423! ¡Espero obtener su contacto la próxima vez, señorita! — Les despedí con la mano antes de volver a sentirme para mirar a Jin como si hubiera cometido un terrible y trágico error. —No me habías dicho que conocías a Hyakinthos. —
 
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3112 + 0 = 3112
Energia: 3011 + 18 = 3029
Espiritu: 736 + 0 = 736
La advertencia dada a Kuyoshi por parte del ángel fue rápida. No había tenido tiempo de reaccionar, ni siquiera de llegar a tomar una de sus katanas cuando quien los recibió explicó el porqué de esa acción. Kiyoshi no escaló el conflicto, parecía entender que realmente puede estar fuera de lugar a veces, pero Eros no se lo tomó mucho mejor.

Uker no se animó a cortar las palabras de su capitán, al fin y al cabo si debían comenzar un conflicto lo harían, pero no significaba que eso hubiera sido de su agrado. En cuanto el miembro de la otra tripulación intentó llamar la atención del angel, Uker se acercó a Eros, queriendo hablar con él y la tripulación, pero detuvo sus intentos en cuanto escuchó las palabras que le dedicó al médico.

Tal vez solo estaba siendo paranoico. Lo mejor era dejar esto como un pequeño incidente.

Por fin avanzaron, hacia las gradas que supuestamente debían ocupar. Varo explicó cómo funcionaban las cosas en ese lugar, Kiyoshi remató la explicación intentando llegar a un punto difícil de entender para cualquiera que no hubiera compartido el viaje con Maeda. - Las clases sociales se diferencian por su aspecto -. Fue tajante pero no malicioso al hablar, miraba a los residentes de la isla y entendía a lo que se refería Kiyoshi. Varo llegó a confirmar lo dicho con sus conocimientos, gente de primera y segunda categoría, los custodios parecían pertenecer a un grupo cercano al líder de la isla. - Un Sichibukai… Mierda -. Chasqueó la lengua, enojado. Su grupo lo conocía, sabían de su odio a la marina, podrían asumir que eso se trasladaría a gente que, bajo su perspectiva, simplemente se ponía a las órdenes de estos para recibir beneficios.

No le sorprendió la actitud de Kiyoshi en cuanto se acercaron a las gradas. Lo dejó limpiar el lugar, sabiendo que no era algo que pudiera detener y que tampoco dañaba a nadie. Por suerte, los puestos de venta no captaron su atención tan rápidamente, pues la llegada de un conocido fue suficiente para aliviarlo un poco. - Hyak, esperaba verte de nuevo -. Sonrió levemente, hizo un gesto con su cabeza a modo de saludo y se giró hacia el recién llegado. - Fue… curioso, pero nuestro barco es capaz de todo -.

Estaba a punto de preguntarle cómo había sido capaz él de llegar a ese lugar, pero quien acompañaba al pelirosa captó su atención. Conocía ese cabello naranja, esos ojos celestes, la había visto en un cartel de recompensa en Arabasta y le seguía la pista de lo que podía averiguar de ella con el periódico. - Miyori Hoshino… -. Pese a que ella misma tuvo que corregir los dichos del médico con el que venía, Uker conocía su nombre desde antes, pero simplemente lo dejó pasar.

Solo por ese momento, tendría mucho tiempo de hablarle a esa persona luego. No podía sacarse de su cabeza la tonta idea de que tuviera que ver con la familia de su padre, que sea el mismo apellido con esos rasgos no podía tratarse de una coincidencia.

Dejó que su capitán volviera a hablarle al hombre que los ayudó en una ocasión, sin entrometerse. Detestaba que hablaran de su recompensa, pero al menos no mencionaba eso de ser el más buscado. Antes de que el hombre y la mujer pelinaranja se fueran, Uker puso una mano en el pecho de Hyak en cuanto este pasó por su lado. - Escucha… -. Habló en tono bajo, más que nada para que no hubiera oídos curiosos por ahí. - No encontré nada para nuestra investigación en Drum, ni en Arabasta, mucho menos en Jaya -. No sabía en que islas había llegado a poner un pie el otro hombre, por lo que simplemente continuó. - Pero esta isla es diferente. No solo está bajo el cuidado de alguien importante, la sola idea de una isla sobre las nubes es algo de leyenda. Incluso si no encontramos lo que buscamos aquí, debemos notificar a Otto, el… -. Se detuvo un momento, sabiendo que lo más probable era que el otro no recordara al investigador. - Quien nos ayuda a encontrar lo que buscamos -.

En cuanto se separó de ese hombre y su acompañante, sus ojos recorrieron los alrededores mientras se dirigía a tomar asiento en las gradas, previamente aseadas por Kiyoshi. Algunas caras conocidas, sobre todo por sus lecturas frecuentes del periódico. Divisó entre la gente un burro que supuso que podría ser el mismo que lo había ayudado en los Cabos Gemelos, se hizo una anotación mental para buscarlo luego, pero junto a él parecía encontrarse una mujer alta y alada. Podría haber sido cualquiera, pero ese mechón blanco en su cabello le hacía recordar a alguien que conoció cuando todavía no había abandonado el South Blue.

Demasiada gente, demasiadas variables. No conocía a todos, no creía vencer a muchos, pero hoy estaban aquí para dejar su nombre en las mentes de todos los que estén viendo este evento. - Varo… -. Mientras tomaba asiento, habló con el que parecía conocer más de ese lugar de leyenda. - Si hubiéramos atacado a ese “Custodio”, ¿qué crees que hubiera pasado? -. Le costaba verse vencedor, sobre todo conociendo que no podían arremeter contra las reglas del lugar, y que tampoco las conocían. Tal vez el mink tuviera una mejor idea de la escala de poder en la que se encontraban.


Libro de recetas
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Tras su presentación ante el alado anfitrión y haberse hecho a un costado para que los demás continuaran con lo propio, Ryota se dedicó a escuchar a cada uno de los presentes. Algunos lo hicieron con mejores formas que otros; sin embargo, todos dejaron en claro, algunos rasgos de sus personalidades y características. 

“Waos, quien la viera…” Pensó al presenciar la casi reverencia de la peli rosa y compararla con su comportamiento de hace algunas horas. No obstante, el gesto pareció ser bien recibido por el adonis alado. Después vino el capitán de los Sepultura, cuyas formas y educación hacían parecer al resto como meros monos cilindreros buscando golpearse unos a los otros. “Que agradable sujeto.” Recordó hace apenas unos instantes, cuando al verlo apenado por la muerte de los suicidas, le dio la seguridad de que murieron sin dolor alguno.

Rakham Uker y Varo Ganchin también se presentaron sin problema, cada uno atento a lo que debía, siendo el explorador quien más llamaba la atención por su forma de desvelar diferentes datos sobre la isla. “Necesito uno de esos…”

A continuación, vino Barald, su arrogancia y chulería curvaron una sonrisa en los labios del Capitán, verle así de confiado era algo bueno para todos los Hanu Mahana. “Bien dicho, Bro.” Exclamo con agrado para levantar su pulgar en aprobación, y es que era de admirar esa valentía.

Finalmente, Runin hizo gala de sus dotes más personales, dejando en evidencia su picardía femenina en medio de la presentación ante el hermoso ángel.



“En fin, la hipocresía.”

Los recuerdos de la morena agrediéndolo físicamente cada vez que le encontraba coqueteando con otras mujeres llegaron a su mente. Si bien entendía las razones, porque de ser (Angewomon) una mujer él habría hecho lo mismo, le pareció jocosa la ironía del momento.

El turno del Ángel llegó con respuestas a la presentación de todo el grupo, primero dio un rápido bastonazo a la cara de Kiyoshi. “A su madre…” Ryota lejos de disfrutar del momento, se desplazó instintivamente hacia Runin colchándose frente a ella. No sabía si era la siguiente, pero no quiso esperar a averiguarlo después de escuchar las palabras que emitía el ser de alas blancas. Sus motivos, lejos de buscar protegerla, eran ayudar al ángel a lo que la morena pudiera llegar a hacerle por cometer semejante ofensa.

El capitán de los Sepultura no era tan empático como él, hizo gala de sus refinados modales para dirigirse al Ángel. Ryota abrió sus ojos, después lo cerró, volvió a abrirlos, sin poder entender del todo si amenazó o solicitó cordialmente un mejor trato para los suyos. “Waos, a eso le llamo un crítico intelectual.” Sonrió esperando que el altercado no escalara, quedando en un mero llamado de atención.



“Tranquila, Tigre, en parte tiene razón, si te desatas en esta isla la pondrías de para arriba.”

Un genuino halago a la belleza de su carpintera, esperando que el elogio le hiciera olvidar el rechazo sufrido.
Las maneras del ahora identificado como Navar cambiaron tras su trato con Yuuki. Ambos parecían compartir la misma raza y por lo visto ese era un rasgo muy significativo en la isla. Tal fue dicho cambio, que, tras reconocerlos como invitados de la peli rosa, Navar les permitió continuar, enseñándoles el camino e invitándoles a hacer parte de la celebración, primero en las gradas y luego a los juegos cuando iniciara el evento, o al menos así lo entendió Ryota.

Tras ello, los Sepultura fueron los primeros en alejarse, procurando brindar atención al de hebras onduladas.

“Gracias, los Hanu Mahana tomamos esa invitación.” Exclamo, decidido a apresurar el recorrido junto con los suyos. No obstante, a los pocos pasos del avance, noto que Barald lejos de avanzar junto a ellos, se quedó frente al ser alado. “¿Uh?” Ryota no esperó, tan solo regresó en sus pasos para extender su diestra al peli negro y antes de colocarla sobre el hombro ajeno, para tirar de él, lo sintió.

- Ost -

“Hey bro, que estas h…”


Una fuerza invisible emergió del cuerpo de Barald afectando a todos los que se encontraban a un metro a la redonda del espadachín de ojos rojos. El recuerdo del relámpago en Kutsuku volvió a la mente del castaño como un déjà vu y sus músculos se tensaron ante la abrumadora sensación que recorrió su cuerpo.

Sin tan siquiera pensarlo, Ryota actuó de inmediato. Con su diestra dio una fuerte colleja sobre la cabeza del espadachín y, sujetándola con firmeza, lo obligó a inclinarla junto con la suya en un ángulo perfecto de noventa grados. Así, ambos piratas terminaron reverenciando al ángel, con Barald sostenido por la firme diestra del castaño.



“¡Esa no es la solución, Bro! ¡Navar nunca quiso ofender a tu flamante esposa de piel bronceada, pechos prominentes y caderas grandes! ¡Tan solo es un hombre educado que hace su trabajo lo mejor que puede! ¡Quizás sin recibir el merecido reconocimiento!”

El grito de Ryota pudo sorprender o no al Angel de hermoso rostro, pero de seguro si lo hizo con Barald. “¡Por favor, señor Navar disculpe a mi impulsivo amigo! ¡su mujer no para de ponerle el cuerno con cuantos hombres guapos ve y es presa de sus emociones más tristes! ¡Usted ya presenció la lujuriosa mirada de esa morena peligrosa!” Continuó gritando mientras improvisaba con una intensa actuación.

“¡La vida de este hombre es su esposa! ¡Yo le he pedido varias veces que la deje por ser una devora hombres, pero no hace caso! ¡Su única ambición es ganar las nacionales de Skypia para que ella por fin deje de engañarlo con cuanto hombre hermoso conoce!  ¡Esa es su única ambición en la vida! ¡por favor tenga misericordia!” Lágrimas del rostro de Ryota comenzaron a caer por sus mejillas.



“¡Entiéndalo, por favor! ¡¿No ha sido usted también presa de los celos alguna vez?! ¡¿No somos de alguna forma todos como él?! ¿¡Amantes incomprendidos, que tan solo deseamos ser la prioridad de lo que deseamos!?”

El sentimiento y dolor reflejados en la mirada de Ryota buscaron despertar la empatía por parte de Navar. Quien, aunque no tuviera deseo por la hermosa morena, bien podía comprender porque otros hombres más simples, estarían dispuestos a matarse por ella y hacia lógico el comportamiento de Barald al haber enseñado un aura tan siniestra con la única intención de mostrarse a su amada como un digno candidato. Lo que en otras eras se conocía como un duelo justo por el corazón de un ser amado.

Resultara o no resultara, el castaño no se despegaría del espadachín y si ambos terminaban de una pieza tras esa gloriosa e inoportuna actuación, era probable que Runin terminara con el trabajo por las graves acusaciones que Ryota se vio obligado a inventar para salvar el bienestar del sub-capitan.



- Ost -



“Nada de Win es win, ¿Qué pedo bro? ¿Si te descalifican de los juegos de Skypia y nos sacan de la isla, como voy a robarme el puto oro?”

Si es que habían logrado salir vivos de aquella peli aguda situación, Ryota y Barald con moretones adornando sus rostros, se encontrarían molestos uno al lado del otro caminando ya por la zona próxima a las gradas enseñadas por el Angel. “A parte, ¿Qué fue eso? ¿Por qué se sintió como lo de Kutsuku?” Preguntó aún molesto, pues el espadachín había puesto en peligro su estadía en la isla del cielo y aunque los Hanu Mahana no tuvieran reglas, la única no escrita era no interferir con los deseos de los otros.

Lejos de poder resolver las dudas respecto al extraño poder del peli negro, este ultimo diviso a alguien conocido y lo llamo con un chiflido. Era Tezca, el original. Ryota volteo a ver a Tozxco, luego a Tezca mientras se acercaban y al igual que Barald no pudo evitar reaccionar. 



“Kekeke si me mame, ¿verdad?”

Dijo con su habitual tranquilidad, sintiéndose bastante tonto por haber creído que la Akuma no Mi del rubio le había provocado aquella malformación. Sin embargo, Tezca, el original, les otorgó la ignorada más olímpica de sus vidas a todos los demás, quienes literalmente acompañaban a Barald.



“Waos, se consiguen novio y luego te ignoran peor que Navar a Runin.”

Comento sorprendido por la rápida despedida del comerciante que presento al moreno como Jin su pareja.
A su lado, se encontraba Tozxco. “La verdad, ahora me caes mejor que él, gordis. Te voy a llamar el mejor Tezca” No importaba si el obeso estaba de acuerdo o no con su nuevo nombre, se había juntado con un grupo bastante particular y el capitán de los Hanu Mahana no dejaría pasar tan fácilmente la ofensa por haber osado engañarle. (Aunque fue prácticamente el fue quien se engañó solo.)

“Como sea, según dijo Navar la ceremonia empezará pronto, vamos a buscar buenos asientos.” La diestra del castaño, agarró el cuello del gordo para arrastrarlo sin esfuerzo junto con ellos. Ya todos sabían que era un impostor dado por la casualidad, pero eso lo hacia aun mas gracioso para el oji ambarino, podía molestarlo sin pena alguna y aun mejor, podría molestar al cabron de Tezca con él por ignorarlos. “Kekekeke vamos amiwito kekekeke seguro necesitamos carne de cañón para los juegos Kekekeke” dijo entre risas para ascender por las gradas, ubicándose en una de las zonas superiores, rodeados de toda clase de habitantes del cielo, algunos con extrañas antenitas de cabello, otros con alas negras, piel oscura y cabellos blancos y unos pocos de la raza de Yuuki. “Bien, hay que pasarlo bien, ojalá inicien pronto los juegos.” Dijo Ryota tomando asiento, según el orden de los puestos en la fila.

Tocho morocho >> Yuuki >> Barald >> Ryota >> Runin >> Cardan >> El Mejor Tezca. 


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Durante una fracción de segundo se ve tentada a entrar en calor ofreciendo un deleitable y enigmático puñetazo en el rostro del joven de onduladas hebras. ¿Cómo se atreve a decirle vulgar? ¿Acaso carece de sentido de supervivencia o la recompensa de sus compañeros se le subió a la cabeza? En buena hora ni la cólera ni la paciencia se filtran en el ser de la morena, no cuando la punta del bastón choca contra el rostro del sepultura, creando un pequeño círculo rojo en la pálida piel. Los labios de la fémina crean una delgada línea que termina por ocultar tras su siniestra. ¿Cómo evitar reírse en una situación como esa? Tose tratando de no ser ruidosa, complicado considerando lo estridente que suele ser.



—FU…cofCOFufucof

La advertencia del atractivo Navar discurre en el pensamiento de la amazona. ¿A pesar de entender la magnitud de su belleza se atreve a negarse a sus encantos? ¿La rechaza frente a sus compañeros de tripulación y frente al cuarteto de tibios que se han encontrado en el camino? La fémina separa al fin los labios en una expresión que empieza a variar en completa indignación, al menos hasta que nota a Ryota interceder entre ellos.

¿Está preocupado por las posibles acciones del ángel? ¿Intenta protegerla? La anonadada mujer siente su pecho removerse y el posible remolino de fastidio se transforma en dulzura y cercanía. Las palabras le arrancan una sonrisa convencida, bastante confiada. ¡Claramente sería así! El casco no debe permitir que el ángel vea bien o sus gustos alejados de los placeres terrenales le impiden entender el tipo de belleza que se posa frente a sus ojos. Todo tiene sentido.



—En ocasiones sabes bien qué decir, cariño.

Claro, Kiyoshi no es el único al que las palabras terminan por escupirle de regreso, ¿no es así? La fémina se abre paso hacia adelante cuando nota a un par de sus compañeros rezagados. Arquea una de sus cejas sin entender qué hace Barald. ¿Habrá quedado encandilado ante la presencia de Navar? ¿Gustará de aquellos con alas grandes o el cabello largo y naranja es su gusto culposo? Runin hace lo único que puede hacer en una situación tan inverosímil como esa, relame sus labios, sonríe y exclama: —Uy, cariño, con razón no quedas encandilado conmigo o con Yuuki. No te juzgo, Bary. —Se aguanta las ganas de decir “excelentes gustos” porque no tiene ganas de conocer qué son “Los lamentos”, al menos no a las puertas del evento por el que han llegado a la isla en el cielo.

—¿Hm? ¿Querido? —¿A qué se debe el actuar de ambos hombres? ¿Por qué Ryota, de repente, parece demasiado preocupado? ¡¿Serán celos?! No, no, no puede caer en los mismos pensamientos infantiles que Yuuki, en definitiva debe alejar un poco a la muchacha pelirrosa de sí, la está llenando de fantasías extrañas. Es ahí cuando los gritos llegan hasta los oídos de la morena y, en definitiva, de cualquier alma cercana a su ser.



—¿Esposa? ¿A tí qué mier…?

Es ahí cuando nota su desesperación, la mirada que utiliza cuando miente con maestría ante los demás, la forma en la que parece encubrir algo que ella no termina por entender. Claro que lo nota, en definitiva asimila el momento que vive, las palabras que emite, el corazón que pone en ello… entonces ¡¿Por qué de cualquier manera tiene ganas de romperle la cara y después lanzarlo desde la isla del cielo al mar para que los reyes marinos terminen por comerse hasta el último de sus huesos?!

”¡Hijo de puta!” El entrecejo de la morena no se frunce más porque no puede. ”Lo mato, yo lo mato, lo mato, lo mato, lo mato, lo mato.” Un aura tan oscura como peligrosa parece salir de la amazona. Todo muy bonito elogiando sus caderas pero ¡¿Cómo que le pone el cuerno a Barald?!


—¡Solo intentaba halagarlo, subnormal! ¡Jamás le pondría el cuerno a Barald! ¿Qué te pa…? ¡Mira lo que me haces decir! ¡ESTÁS MUERTO, RYOTA MIYAMOTO! ¡¡¡MUERTO, CABRÓN!!! —Los gritos se entremezclan, incluso la fémina tiene ganas de correr hacia el par de imbéciles de sus compañeros de tripulación y romperles la cara en ese mismo momento, y claro que lo intenta, al menos hasta que siente que la tiran hacia atrás. Tocho Morocho, salvando el pellejo de su capitán la muerde por la blusa. Cardan incluso ha descendido para atar las piernas de la amazona con su cuerpo.

¡Traidores! ¡Traidores por todas partes! Incluso sabiendo que el castaño miente descaradamente no puede evitar sentir que el alma cae al suelo y luego asciende queriendo desprenderse de su cuerpo.


¿Qué es ese sentimiento repugnante que se cuela por todo su ser? ¡Oh! ¡Los ángeles! ¡Los humanos! ¡Todas las razas presenciando el caer de la hermosa mujer de orbes chocolate!

Venganza.

Buscará venganza.

Oh, ansiada venganza. Toma el nombre de Ryota Miyamoto y demuestra tu grandeza.

La vergonzosa escena queda atrás. Runin parece un muerto en vida, caminando sin alma, sin convicción. La reputación como pirata queda rezagada ante las acusaciones contra su persona. ¡¿Dónde mierda se largaron ese par de imbéciles?! ¡Ah! Ahí están, caminando como mejores amigos, cuchicheando, alejándose de la divina gracia de sus puños. Tocho Morocho evita la mirada de Runin, Cardan incluso repta por la superficie para que la fémina no lo arranque de tajo de sus piernas.

Los fantasmas son impredecibles, tal como la llegada de Runin que se coloca tras sus compañeros, escuchando, viendo al gordis en contraste del verdadero Tezca, quien, al parecer, cree que ostentar un novio significa ignorar a sus amigos. ”Me vengaré también del rubio.” Piensa sobre Tezca, sintiendo, de fondo, molestia ante la risa de Barald. Buscando asiento junto a los demás, sonriendo de manera casi macabra ante lo de carne de cañón. El cuerpo cae pesado sobre el asiento. Tocho Morocho se ha quedado lejos por seguridad, Cardan es más suicida y se acuesta junto a su dueña.

¿Quién más ha decidido sentarse a su lado? ¡Oh, qué hermosa coincidencia! ¡Su víctima! El inconfundible capitán de los Hanu Mahana que se sienta a su lado. La mano cercana a Ryota acaricia la pierna del muchacho, parece coqueta, privada; cada vez se mueve más y más cerca al centro de su pantaloneta donde deposita la mano. En ese instante Runin gira el rostro con tanta lentitud que parece sacada del mismo pozo por el que salió la del aro. La sonrisa no vacila, la mirada penetrante, enloquecida en ira.



—¿Puedes volver a repetir lo que dijiste antes, cariño? ¿Te gusta mi lujuriosa mirada?

Los gritos anteriores no se pueden comparar a los que están a punto de surgir cuando la fémina aprieta la mano con fuerza. Incluso suspira deleitándose con la venganza. Ríe dejando en paz a su pobre capitán, estirando un poco los brazos y relajando su cuerpo en el transcurso. —Fufufufu. ¡Es hora de disfrutar los juegos! ¡Ah, Bary! No sé qué habrá sucedido allá atrás pero ni creas que te librarás de mí, agradece que estás lejos. —A pesar de la amenaza, la mujer continúa riendo, el alma ha vuelto al cuerpo, la de Ryota es probable que no.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Es el santo Enji quién termina sorprendiendo una vez más con sus capacidades para, de alguna forma, sobrepasar las expectativas de lo que el soldado raso no consigue siquiera concebir en su mente. Como si fuera su medio de transporte habitual, se sube encima del comandante Juan Sebastián continuando completamente semi desnudo mientras, tras recibir un golpe en la cabeza por parte del birkaniano -algo que en territorio del gobierno mundial podría haber estado fuertemente penado por la ley-, decide taparle la boca a su compañero, consciente de que por su forma de actuar con su capitán, seguramente habría contestado de una manera poco adecuada para esta situación.

Al final, para ciertas cosas parece que Juan no es completamente de fiar, pero sigue siendo de entre todos sus compañeros el que más podría llegar a confiarles ciertas cosas.

Avanza vigilando no mantenerse especialmente separado de sus dos compañeros de división, dándoles algo espacio por si a Nyra se le volvía a ocurrir susurrar en la oreja de alguno de los dos, pensando en que, por alguna razón, el comandante Nanashi había golpeado finalmente a uno de los miembros de la división ochenta, castigándolo por su actitud. No llegó a entender por completo el motivo por el que lo hizo, pero sabía que era por su comportamiento, y para el azabache había con eso motivos más que suficientes como para realizar esa acción. Lo ideal, por supuesto, hubiese sido que directamente no hubiese hecho falta hacer algo así, pero de tener que realizar una acción como esa, sin duda el comandante Nanashi parecía el más habilitado para corregir a cualquier soldado. Comportarse de esas formas no eran dignas de un marine.

Comprobando así que podían llegar a pasar sin mayores problemas, Kael llegó hasta el teatro junto con el resto de marines,  tratando de alejarse ligeramente con tal de intentar cubrir algo más de terreno. Por supuesto, el hecho de llevar su uniforme con orgullo le hacía ser un objetivo visible para los ojos de cualquier criminal que hubiese tratado de acceder a esas tierras a través de las embarcaciones de Nozama. 

Y fue, precisamente por mirar más hacia su derecha, que vió como efectivamente, aquello era posible. 

Identificó rápidamente a los dos Bucaneer, Sigurd Hakkoon, el carnicero de Whisky Peak, y Ubbe su segundo al mando quienes estaban allí observando a los asistentes del coliseo como si nada. Uno de ellos, en concreto el rubio de los dos pareció llegar algo consternado, como si hubiese pasado por una situación compleja y difícil de definir poco antes de sentarse. En cambio, su segundo parecía más natural, ¿algo cabizbajo quizás? No podía estar seguro, pero para el humano de la marina eso no importaba en absoluto. Sus recompensas eran las más altas de todo ese lado del Paraíso en el Grand Line, y su capacidad para campar a sus anchas por aquellas santas tierras era una respuesta más a la respuesta que él había hecho en su mente días atrás, investigando sobre Skypiea. Claramente, cualquiera podía pasar por aquí saltándose los crímenes de la tierra que estaba en el suelo.

Decidió no alertar al resto de sus compañeros, tratando de comprobar si alguno de ellos caía advertido en su presencia, y por lo tanto, al mismo tiempo, tratar de comprobar si había alguien más a quién podría llegar a identificar.

Había muchas personas con caras que podría llegar a reconocer si se acercaba a comprobarlo, o al menos, desde la distancia así llegó a considerarlo, pero no tenía la potestad de hacerlo. Llamar la atención de cualquiera de sus compañeros podría terminar en una alerta de atención innecesaria debido a la incapacidad de actuar adecuadamente, y, por otro lado, no tenía la suficiente capacidad de batalla como para poder actuar en solitario. Estaba completamente convencido de que al menos, durante esa misión, tendría que depender un poco del resto de sus compañeros para que el trabajo fuese realizado en buena medida sin ningún incidente que no se pudiese solucionar con su ayuda...o con la influencia del reino de Zarutsuki.

Se acercó una vez más hasta sus compañeros de división, satisfecho por el momento de lo que había llegado a comprobar tras hacer una revisión medianamente aprovechada de todo el lugar. Definitivamente encontró caras que esperaba no tener que ver, y la presencia criminal era mucho más notoria que la marina, pero eso no sería problema mientras se mantuvieran en el reino de las nubes...¿cierto? 

—Chicos, parece que hay mucha gente comprando algunos snacks antes de que empiece todo. ¿Vosotros queréis algo? Creo que podría comprar algo antes de que empiece si me doy algo de prisa.  

Presentación angelical
[Imagen: jGxJg3p.png]
La presentación del angelito por su parte fue más insípida que otra cosa. Éramos los marines, los protectores, por así decirlo, y lo primero que tuvo coraje de decir tras nuestras presentaciones fue: “Cuiden sus palabras”. Y la hostia limpia al careto del torrezno quemao fue más rápida que lo que hubiera tardado en contestarle.

—Ajam… —dije con algo de bajona y mirada desafiante, mientras notaba una extraña fuerza que me hacía sentir las manos como un imán, pero creando algo de brillo rosado entre la figura de mis dedos, que por suerte o por desgracia, deshice en el mismísimo momento en el que el comandante Stroud me bajó el gesto de mis manos con un manotazo a mi mano izquierda, negándome así cargar aquel corazoncito que iría directo al angelito. Eso, sumado al porrazo que le acababa de arrear al capitán en la cara, hizo que abriera los ojos sorprendido y con algo de frustración y rabia, por todo.

¿En qué debía fijar mi atención?—. ”¿Acabo de hacer algo rosa que brilla con mis manos? ¿Soy la barbie? Soy rubio… Y esto es rosa… ¿TENGO EL PODER DE LA BARBIE? BARBIE PUEDE SER LO QUE QUIERA SER, Y SOY QUIEN TIENE EL PODER DE LOS CORAZONES, LA BARBIE REY DE CORAZONES” —pensé velozmente mientras me giraba a Stroud y a Nyra y les susurraba mientras el angelito terminaba de hablar.

—Comandante Stroud, ¿usted ha visto eso? Lo de mis manos… ¿Por eso me ha parado? Nyra, creo que lo raro que me veías es que, sorprendentemente, ahora soy la Barbie… Yo tampoco lo sabía hasta ahora… Fíjate… Masami, mira tú también —y volví a juntar mis manos en forma de corazón, concentrándome, y haciendo que se iluminara la figura de, efectivamente, un corazón rosa, y que desaparecía rápidamente al despegar mis dedos y soltar las muñecas.

—Yo creo que esto de algo servirá… ¿No creéis? Parece un poder raro como esos que tenéis los demás —susurré de nuevo, esta vez dirigiéndome tanto a Stroud como a las chicas, y entonces Navur, el angelito, terminó su presentación asegurando que la seguridad del reino era su trabajo.

—Disculpe, Custodio Navur, con su permiso. Pensé que la petición de que la Marina estuviera presente en estos juegos era para brindar protección, pero acaba de decir que seremos participantes, ¿en qué consisten estos juegos exactamente? —intenté rebajar el ambiente como buenamente sabía, entablando conversación e intentando ganarme la confianza del angelito. Después del porrazo que se llevó Enji y que le tuviera que tapar rápidamente la boca a Juan, que estaba murmurando y cuando Juan murmuraba solo significaba una cosa: insultos.

El capitán sabía lidiar bien con la situación, así que pronto miré al resto de mis compañeros, todos bien atentos a las palabras de Navur, y al parecer también con posturas cautelosas tras mencionar que debíamos comportarnos… Aunque no sabría decir si la preocupación era por ellos o más bien por nosotros, los de la 80… Porque menuda primera interacción con un nativo, y encima, siendo parte de las fuerzas de seguridad del reino.

Pero para sorpresa de todos, o al menos para los de la 80, Enji se mostró bastante calmado, tanto que se subió en Juanse en su forma tortuga para llegar el primero a las gradas, moviéndose lo más rápido que le permitían esas patitas avanzar al manitas de la división.

—Sí… Extraño… Pero bueno, algo sabrá si ha preferido no devolvérsela —contesté a Masami a la sorpresa de que Enji no reaccionara con más insultos a Navur, ya que conociéndole, si hubiera sido cualquier otra persona o en cualquier otra situación, le hubiera devuelto el golpe.

—¡Sí, capitán! —respondí al tiempo que recogía la chaqueta de Enji del suelo a la orden de que no se quedara ahí tirada, y obviamente, me la puse. No creo que fuera a molestarle la verdad—. ¡Qué bien me queda! ¿No creéis? A partir de ahora me hablaréis de usted, tchakikikikiyah —bromeé mientras me coloca la capa de capitán sobre los hombros por cargarla de manera épica y no en la mano.

Una vez llegamos a las gradas, tomamos asiento como nos correspondía, y escuchando los vítores y cantos de la gente de aquel reino, me senté y me recliné hacia atrás para ponerme bien cómodo al tiempo que respondía a la pregunta de Kael, que propuso comprar algún snack—. Un bol de esos de palomitas y un refresco de cola bien fresquita estaría bien. Haga caso a su capitán —terminé respondiéndole con un guiño de ojo a modo de broma.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
"De verdad que esta gente es de lo que no hay-don..." Pensé con una sonrisa cuando escuche al custodio como reñía a Hyakintos por intentar coquetear con él, llegando a amenazarlo con juzgarlo por intentar seducir a la supuesta "autoridad". Justo durante ese momento, noté en mi espalda como algo se tensaba, esta era Maria, la que intuí que no le hizo mucha gracia que amenazaran a su nakama, no recordaba muy bien como era la relación de estos tres, solo recordaba un poco la forma de ser de cada uno, aunque seguramente habrían cambiado durante todo aquel tipo, al menos yo, lo había hecho.

Cuando el custodio acabo de llamarle la atención a Hyakintos. Este junto a Maki como capitana de su tripulación, las Valar, se disculparon con él, esta segunda más que el primero, prometiéndole que no iba a volver a pasar. Seguidamente el Custodio cambió su atención hacía la mujer de cabello bicolor, la cual se había presentado con el nombre de Bai, con la que fue, o al menos eso me pareció, bastante más respetuoso y amable. "Supongo que al llevar alas los dos, se deben considerar de la misma familia-don..." Pensé quitándole importancia, mientras dirigía mi mirada hacía las grandes gradas que habían detrás del ser alado, donde había un gran bullicio de seres, todos o casi todos alados por cierto.

Pese a que mi mirada y atención se dirigía hacía las gradas y todo el tumulto de gente que había por allí, mis oídos se enteraban de todo, permitiéndome darle importancia o ignorar lo que quisiera. Cuando el custodio acabo de hablar con la Bicolor y su grupo, este se aparto hacía un lado y nos invito a pasar y unirnos a la celebración, informándonos que el "Emperador" del lugar estará encantado de ver a gente de tierras lejanas participando en el torneo. "Espero que haya bastante gente a la que pueda observar y analizar, para ver si serían dignas de unirse a los Mushoku-don" Me dije mientras pase al lado del Custodio aún con Maria a los hombros.

-Mi nombre es Bartolomeow Flint, Hyakintos-don...- Le contesté algo decepcionado al pequeño pelirosado. No era algo que me importase mucho, pero realmente esperaba que este se acordase de mi nombre, al fin y al cabo, habíamos vivido una situación bastante significativa en el pasado, o al menos eso pensaba yo, ya que siempre me indicaron y me indican que Maria es muy importante para ellos. Aún así no me comí mucho la cabeza y seguí caminado.

"Como le gusta manda a esta tipa... Pero bueno mientras pueda seguir observando mi alrededor, me da igual tener que vigilar también a Maria-don" Me dije cuando Maki pareció ordenarme que vigilase a la mestiza. -No te preocupes Maki, iremos juntos a cualquier lado que nos apetezca, nos vemos en las gradas-don.- Exclamé mientras le hacía un gesto con la mano derecha para que se fuese tranquila. Ella no era mi capitana ni mucho menos tenía autoridad para darme ordenes, pero sabía que era una mandona, así que solo le dije lo que quería escuchar.

Cuando tanto Maki, como Hyakintos y la pelo anaranjado se fueron, siendo esta última la que le preguntó a Maria y a un tal Berto si querían algo de comer, siendo ignorada completamente por la mestiza, Maria se bajo de mi hombro dándome las gracias por llevarla durante todo el camino hasta allí y ofreciéndome llevarme ella cuando volvamos a la costa. -¡Vavavava!- Solté una carcajada divertida. -¡Muchas gracias, Pequeña! Pero no hará falta, me gusta decidir yo mismo mi camino-don- Le dije con una sonrisa y alargando la mano para acariciarle con delicadeza la cabeza.

Luego de eso siguiendo a la mestiza nos pusimos de camino a las gradas, durante el camino pude diferenciar tres tipos de seres alados. Unos con piel oscura, pelo blanco, atuendos elegantes, adornos y complementos de oro, y alas blancas enormes, los cuales me recordaban a un tipo que conocí hacía muchos años, lo que este no llevaba ni de lejos los mismos atuendos ni adornos. Por otro lado, habían dos "especies" las cuales iban con atuendos mucho más genéricos, siendo lo único que les diferenciaba el tamaño de sus respectivas alas, unos tenían las alas pequeñas, casi como de adorno y los otros las tenían algo más grandes, pero sin llegar al tamaño de los seres morenos de piel. También pude ver seres sin alas, seguramente estos provenían del mar azul como nosotros, pero bueno en ellos me fijaría durante el torneo.

Mientras seguía a Maria, pude vivir como esta llamaba la atención de un montón de gente, su belleza era innegociable, pero también puedo asegurar que había gente muy subnormal, la que no entendía de educación. Después de encontrar unos asientos en las gradas, Maria me indico que aquellos no le gustaban y que prefería subir a la grada superior, razonando que desde allí seguramente veríamos todo mucho mejor. Aunque intuí que había algo más, puesto le vi la incomodidad en la cara, asentí y sin preguntarle nada la seguí hacía arriba.

Durante el camino, nos encontramos a uno de esos seres alados con atuendo elegante y sortijas de oro, el cual parecía ir bastante bebido. Este con todo el descaro le dijo a la mestiza que lo acompañase y que podía sentarse en sus piernas. Lo escuche atentamente y lo miré con una sonrisa en la cara, sabiendo que la pequeña mestiza le iba a contestar y dejar en evidencia, recordaba que no acostumbraba a arrugarse frente a nadie y que sabía salir muy bien de esas situaciones. Y no me defraudó, primero me utilizo a mi, indicando otra vez, que yo era su campeón y si tuviese que sentarse en unas piernas, serían las mías. Para finalmente indicar que tenía una ¿"Unnie"? a la cual le diría que aquel tipo la había entristecido.

Aquello pareció amedrentar al tipo, el cual primero me miro y luego se apartó a un lado. Seguimos subiendo hasta llegar a los asientos que quería Maria, los cuales impedían que tuviésemos nadie a nuestra espalda. -Pues si, desde aquí se ve todo más centrado y mejor-don- Le dije al sentarnos, y es que la verdad que desde allí teníamos muchas mejores vistas, tanto del recinto central, como de las graderías de enfrente, las cuales empezaban a estar realmente llenas.

MushokuOFF


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