Seraphim
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C. de Haki
C. de Akuma
A Seraphim jamás le han dejado jugar a ningún tipo de juego ni reto que pudiera ser peligroso, por eso es que cada cierto tiempo le entraba esa adrenalina de probar ese tipo de cosas que solo a su hermana le dejaban hacer. La dulce Seraphim siempre ha sido cuidada como una muñeca envuelta entre algodones para ahora sacarla a la boca del lobo a demostrar que ella también podía ser un soldado. ¿Cómo no iba a acabar apostando si este tipo de cosas son las más comunes? Aun sin saber si tiene posibilidades contra ese chico o no, ella adora la sensación de ganar y de competir. Es por ello que en su sonrisa se muestra picaresca y seguridad cuando el chico pregunta sobre si solo van a jugar con esa bebida que pintaba ser fuerte.
— Ja, ¿el olor te tira hacia atrás? Vaya, vaya, qué poco hombre. —Le retó mucho más, pero la realidad es que dentro de esa seguridad no había más que mentira porque en el fondo ella no le gustaba el olor. Solo se estaba tirando un farol mientras intentaba intimidarlo para hacerle fallar.— Pues… Mmmm, ¿qué te parece si…? —Seraphim pensó rápidamente cómo determinar el ganador de esa competición de beber sin llamar mucho la atención.— ¡Ah! Señor camarero… Por favor, ¿podría ayudarnos a mi compañero y a mí a jugar a un jueguito? Solo mire quien es quien bebe de forma más elegante y después determine quién ha ganado, ¿siiiiii? —Llamó al camarero tras la barra para después, con su voz melosa y zalamera, intentó convencerlo para que les ayudará. Ah, y de paso, usó unos gestos no verbales para acercarse a él juntando sus brazos sobre su pecho para realzar su belleza. Sí, la que sabe cómo llamar la atención de los hombres son muy convincentes.
El camarero aceptó sin pensarlo porque la belleza inocente de Seraphim despertaba pasiones. Nunca subestimes a las que van de ángeles porque son las más demonios.
Con las bebidas encima de la barra, el camarero ya preparado para darles la señal a ambos y mirarlos atentamente, entonces Seraphim miraría a su compañero de trabajo. Su finalidad es encontrar a alguien que le sea útil para los días que ella no quiera hacer algo, así que este es el momento perfecto para encontrar a su “conejillo”. Ese tipo iba a ser su marioneta cueste lo que cueste.
— Ara, ara, por cierto, vamos a poner un premio, ¿no crees, compi? ~ —Su risita peculiar combina a la perfección con esos ojos entrecerrados rojizos que brillan con ese aire de que algo tramaba.— ¿Qué te parece que si ganas tú puedes pedirme que te cuente mi historia pero si gano yo… harás lo que te pido por una semana? Soy muy cara, pero es todo muy jugoso en mí, eh~ No te arrepentirás. —Ella se intenta vender con que lo que tiene para contarle es muy fuerte, y en eso no miente pero quizá estaba adornándolo para vender ese premio que intentará que no gane.
A Seraphim no le gusta perder, y por eso hace lo posible para NUNCA perder.
Jesse S.
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Lo cierto es que el premio para ambos era demasiado desparejo… No le parecía justo que él solo pudiera pedirle su historia, pero ella pudiera pedirle que hiciera lo que pidiera por una semana, había que equilibrar las cosas.
– Igualemos las tornas, ambos podemos pedirle al otro lo que queramos durante una semana, y puede que una de las cosas que te pida sea que me cuentes tu historia. – Miro al peli-azul mientras sus dedos tamborileaban sobre la mesa. – ¿Te parece bien? Es lo más justo. – Una sonrisa se esbozo en su rostro.
Cuanto más la miraba mas le parecía que ella tenía alguna cosa en mente para ganar ese juego a como diera lugar, aunque puede que no. No obstante si aceptaba el trato, la idea de que tenia alguna estrategia bajo la manga ganaba fuerza, dudaba mucho que se fuera a ofrecer a tanto sin tener un as bajo la manga.
No dudó y tomó de un sorbo lo que quedaba de su copa para dejar el vaso con cierta intensidad sobre la mesa. El camarero no tardó en volver a llenarlo.
– ¿Y bien? ¿Qué me dices chica jugosa? – Añadió como broma, mientras la miraba. Sonrió. Lo cierto es que una vez te acostumbrabas a esa bebida tampoco era tan asquerosa, pero seguía quemándole la garganta.
Si el juego se ponía interesante querría llegar hasta el final, lo cierto es que sería decepcionante que la chica se echara para atrás, después de todo eso dejaba claro que la chica no confiaba en sus capacidades para ganar y jugar con una chica sin confianza en sí mismo no era divertido, aunque a decir verdad, hasta el momento, si esa chica había demostrado era una confianza aplastante, y dudaba que fuese a cambiar su actitud.
Aunque entendía que el hecho de hacer lo que un chico te pidiera podía ser algo incómodo, pero no es que Jesse pensara en aprovecharse de ella de formas íntimas, no, como mucho le podría pedir que limpiara su dormitorio del cuartel… O que le trajera comida o bebida. Si, eso sonaba de maravilla.
Aunque aún no había ganado, y ciertamente le costaba pensar que la peli-azul se lo pusiera fácil. Además, el hecho de beber de forma elegante tampoco era algo que se le diera especialmente a Jesse.
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Seraphim arqueó una ceja. Estaba sorprendida de que ese chico no hubiera caído en sus encantos ni hubiera aceptado su petición sin objetar aunque ella intentó de todo para insinuarse. ¿Acaso es que su otro ojo también estaba estropeado y no ve la belleza con la que está hablando? ¿Se atreve a ponerle el reto a ella de que también debe de tener sus mismas condiciones? ¿Desde cuándo los caballeros se pueden igualar a las damas hermosas?
La cara que pone Seraphim explicaría que él no está delante de alguien que acepta la igualdad, sino que lo que le gusta es ser tratada como alguien privilegiado al que no pueden decirle que no o desafiarlo. Pero ni con esa expresión parece que ese chico se va a rendir porque sigue picando en la fibra sensible que Seraphim no puede ignorar. Si no quiere ser un caballero entonces le enseñará a serlo… con una lección.
— Tss… Te arrepentirás de pensar que alguien como YO va a seguir una semana las órdenes de alguien como tu. Aceptaré, pero solo si subimos la apuesta en si pierdes tú… Tendrás que ser mi lacayo de por VIDA, pero te daré solo un privilegio que tú pidas. — La voz de Seraphim ya no es dulce ni fingida, ya no tiene que poner esa tonalidad tan adorable que le hace ver alguien indefenso. Ahora es una mujer que lucha por lo que cree, alguien que impone y que se hace ver que no se va a dejar doblegar por lo que no quiere.
El bar estaba cogiendo ambiente pero ellos eran uno más en aquel paisaje de bebedores y de personas nocturnas. Pasaban desapercibidos porque aquel local era frecuentado por los marines, pero al mismo tiempo destacan como “los novatos que estaban a punto de hacer un reto para beber”. Se corre la voz de que ellos quieren desafiarse mutuamente porque el hombre tras la barra se lo dice a un capitán al otro lado de la barra, y este lo suelta a plena voz con una risa pidiendo que empezara ya el desafío.
En apenas segundos todo corrió como la pólvora y ellos fueron el centro de atención. Aplausos, ánimos de todo tipo para ambos (¿por qué los que le animaban eran más guarros que con su contrincante?). Seraphim toma esto como una ventaja para seguir metiendo presión y conseguir lo que ella quería.
— Ara, ara…. Vamos, ¿ahora vas a dejar que el público se quede sin el espectáculo? No puede negarte ahora, pelirrojo.~
Sin dejar que Jesse diera la señal ni nada, ella llama al camarero que lo ha ideado todo para que les controle mientras que ella agarra su bebida para ponerla sobre la mesa y esperar a que su contrincante estuviera preparado para su desafío.
En tres….
Dos…
Uno……….
Jesse S.
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La chica apostaba fuerte e iba a por todas y para colmo de males, al final la gente se había enterado y les rodeaban, algo que odiaba con todas sus fuerzas, en teoría aquello iba a quedar entre ellos dos, miró con odio al tabernero que se había ido de la lengua, pero era cierto que ya no se podía echar atrás, y aunque era verdad que le daba igual lo que pudieran pensar aquellos marines de él, por su propio orgullo se dio cuenta de que no podía rechazar la propuesta, además… ¿No se trataba de beber? Era probable que él tuviera más aguante que ella.
– ¡Está bien, acepto! – No sabía hasta qué punto se podía estar jugando su destino.
A pesar de todo estaba empezando a ver la verdadera personalidad de aquella joven y estaba muy lejos de ser lo adorable y dulce que fingía. Vaya con las mujeres, estaba seguro de que eran de armas tomar, y esta en concreto representaba esa frase a la perfección. Seguramente de haberse dejado llevar habría caído en las redes de aquella muchacha, por suerte, había intentado hacerse el duro y había funcionado para darse cuenta de que había hecho bien.
Las siguientes palabras de la joven dejaba a las claras que aquella chica tenia de inocente, lo mismo que el de albino, es decir, nada de nada. Por lo que cuando la chica tuvo su bebida sobre la mesa, Jesse también estaba preparado con su jarra también llena hasta arriba.
Cuando la cuenta atrás llegó hasta cero, el pelirrojo tomó la jarra y bebió de ella como si no hubiera un mañana, tratando de ignorar su fuerte sabor, no tan agradable y bebiendo sin parar, era obvio que la bebida estaba quemando su garganta, pero se estaba jugando algo importante… ¡Su orgullo! Y su libertad…
Cuando se terminó la jarra la dejó caer sobre la mesa con potencia, por un momento noto como se le nublaba la vista, pero no era para menos, aquello era casi prácticamente puro alcohol y meterlo a esa velocidad en el cuerpo debía destrozar a cualquier, especialmente si uno no estaba acostumbrado a esa bebida tan fuerte y asquerosa, pero cada vez menos asquerosa.
Su ojo verde busco a la chica para ver como llevaba ella beberse aquella jarra, se preguntaba si tendría algún tipo de secuela o al menos mareo… Esperaba que si, no podía perder, no ahora…
Sería bastante patético que una chica menuda como ella le venciera, especialmente por que ella tampoco parecía alguien muy experta con el alcohol.
– ¿Cómo lo llevas, princesa? – Preguntó con tono socarrón.
Escucharla hablar era un buen termómetro para calcular si el alcohol le estaba pasando factura a la joven.
Seraphim
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Seraphim se ha subido muy rápido a aquel desafío cuando ni tan siquiera sabe si podrá con toda esa jarra de cerveza. Aunque no es su primera vez bebiendo, aun no se acostumbra al fuerte sabor de la cebada combinado con la espuma y la amargura de la bebida. Además estaba el hecho de que estaban rodeados de testigos que animaban a ambos, cada uno apoyando a uno ya sea por preferencia o… claramente a ella la apoyan porque es una mujer guapa. En fin, ella no será quien se queje porque adora que le den atención.
Cuando comienza a beber, el sabor ácido de la cerveza arde en su garganta. De reojo ve como el chico le da más rápido a eso de acabarse la jarra hasta el punto de que cierra sus ojos y se concentra en seguir tragando y tragando. Mierda, si sigue asi va a perder. Pero en situaciones tensas como esa donde Seraphim tiene una buena percepción, lo que hace es tener más picardía e inteligencia para dejar que parte de la cerveza deslice por su piel como si no la cogiera bien o se le hubiera caído. Eso hace que se moje parte de su cuello vuelto y camiseta blanca, pegándose a su piel y dejando un olor marcado a cerveza. Sin embargo gracias a ese “despiste” es que logra quitarse un cuarto más rápido mientras hace ver que ha sido un accidente. Todos los de su alrededor se animan más al ver a la chica mojada.
Entre gritos, vitoreos y un poco de trampas…
Seraphim acaba unos segundos antes que el chico del parche, y ella le espera mientras apoya su cabeza sobre su mano y el codo en la barra mientras sonaban las voces quienes la animaban felicitándola. La sonrisa de que no pasaba nada enmarca su rostro, y esos ojos rojos le miran fijamente. Y tiene que forzar mucho la mirada porque comienza a sentirse mareada, hasta el punto de balancearse un poco.
Los efectos del alcohol se van haciendo mella en ella poco a poco.
— Vaaaaaaaaya, parece que voy a tener un nuevo lacayo por una semanita. Kukukukukuku~ —Se lleva su mano diestra para taparse la boca riendo de esa forma rara que solo hace verse más afectada por el alcohol que antes. Y menudo cuadro entre estar mojada de cerveza, esa risita tonta y que la gente no deja de animarla como la ganadora…— Esta ronda la gané yo, pelirrojo. Te toca pagar, jiji~
Jesse S.
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No pudo evitar mirar a Seraphim y percatarse de que su camiseta se encontraba totalmente empapada y ceñida a su cuerpo, y cuando observó al resto de los que les rodeaban se daban cuenta de donde a muchos se les iban los ojos… ¡Había que ser cerdos! Y pensar que era de la misma especie de esas personas le parecía repugnante. Era posible que a la joven la cantidad de cerveza se le hubiese escapado por la comisura de los labios o quizás no hubiera podido beberla bien y atraparla con su boca, pero… ¿Acaso no consiste en beber y no en tirársela encima?
– ¿Es justo que hayas ganado esta primera ronda? – Preguntó llevándose el dedo índice la barbilla con aire pensativo – Que yo sepa consiste en beber y no en tirarse la bebida encima… – Añadió sonriente. – Pero vale, te daré el visto bueno en esta ronda, pero en la siguiente si se te cae la cerveza no contara como que has ganado, es más, serás la que pierde. – Le ofreció.
Pago la ronda como debía y pidió otra, la que intuía la definitiva, notaba como a la joven le había afectado el alcohol a pesar de haberse tirado encima parte de la cerveza, lo cual era una buena señal, si el podía mantenerse firme y terminarse la cerveza antes que ella seguramente ganaría esa competición y de paso tener a alguien que le limpiara el cuarto cuando él estuviera demasiado perezoso como para ello.
– Ganará el que termine primero la cerveza sin tirarse nada encima. – Le recordó – Y el que aguante en pie tras hacerlo. – Lo cual era otro reto implícito. – El que gane podrá preguntarle al otro lo que quiera y será sirviente del contrario durante una semana… ¿Te parece bien? – Preguntó, siempre sin dejar de sonreír.
Tras aquello cierro su mano sobre la empuñadura de la jarra para empezar a beber en cuanto ella lo hiciera. Las cartas ya estaban sobre la mesa.
Sólo faltaba determinar quién iba a ganar.
Seraphim
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La primera ronda era suya, y la satisfacción le recorre el cuerpo de manera que en su rostro se puede notar su orgullo. Se siente como adrenalina, como esa droga que necesitas para la validación personal. Una medalla que una feminista se cuelga por humillar a un tipo más en su camino.
Ella ya estaba celebrando que ganó, pero no pudo reaccionar a como el chico le pedía la revancha porque se percató de la pequeña “trampa” que hizo ella. Su camiseta mojada no le importaba, tampoco le molestaba que la mirasen como si fuera la única mujer en el mundo; de hecho hasta para ella era un halago cuando ya la cerveza se le estaba subiendo un poco de más. Lo que no consiente es tener que hacer eso por segunda vez sin ninguna recompensa a cambio, así que ella le agarra de la tela de la camisa del chico para zarandearlo mientras se muestra más desinhibida y descontenta por esa decisión.
— Eh, eh, eh, eh, ¡ni de puta coña! —Salta ella de golpe con un tono de voz un poco más débil para que solo él pudiera escucharlo al pegarlo contra su oído.— Yo he ganado esta primera ronda y no me das nada a cambio, y no dijiste nada de que no se podía tirar la cerveza. ¡ASÍ QUE–! —Jugando con ese vacío legal que la ha dejado empapada y oliendo a cerveza, empuja a este chico para levantarse a su lado y señalarlo.— Deberás de ser mi asistente las veces que YO necesite, esa será mi condición para que siga bebiendo contigo. —Se vuelve a sentar a su lado con el orgullo de haber dejado claro sus condiciones, y mucho más animada porque ahora tenía el apoyo de personas que insistían a Jesse que le hiciera caso. Aunque fueran tipejos asquerosos que solo estaban ahí por el morbo y por verla a ella caer borracha y empapada de cerveza… al menos eran un poco de apoyo.
Seraphim agarra la cerveza nueva que el camarero les puso sobre la mesa, motivado por el enfrentamiento de esos dos que ha visto desde el principio. La peliazul miraba de reojo a ese pelirrojo con una sonrisa de orgullo ladino.¿Quién diría que antes ella, hace una hora atrás, estaba planteándose estar en ese lugar? La que antes estaba asqueada de estar rodeada de esa fauna, ahora se mimetiza con ellos y lo utiliza a su favor para tener lo que deseaba.
Si ya se lo decía su hermana muchas veces: “eres tan falsa que ni tú misma sabes quién es Seraphim Delacroix”.
Pero eso a ella no le importa ahora, pues su principal objetivo no es recordar su maldición ni su cruz, sino ganarse un martir al que pasarle su cruz en la Marina.
— ¿Listo, pelirrojo? Seguiré tus normas sólo para demostrarte que puedo, así que… YA. —Seraphim lo distrae primero con su aceptación en un tono cantarín, pero después salta rápidamente para dar el pistoletazo de salida y darse a ella misma un poco de ventaja en ese combate que tiene un poco más reñido.
Aquí Seraphim hace todo lo posible para demostrar que puede estar a la altura tirando de ese orgullo y soberbia que ella tiene ante todos, pero ni con esas puede aguantar el fuerte sabor de la cebada combinada con la espuma. Todo eso se le suma a que sus sentidos van poco a poco mermando, y también el hecho de que ella es más lenta y pequeña.
Al final… hay un claro ganador. Y no es ella.
Jesse S.
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Tendría que aceptar las normas y aceptar que tras ganar ella esa primera ronda, durante una semana al menos, tendría que ser el asistente de ella para las cosas que necesitará, esperaba que las cosas que necesitará realmente fueran cosas que de verdad necesitara, pues no le apetecía mucho hacer de bufón para ella. Hasta el mismo tenía orgullo, por muy guapa que fuera la muchacha. Igualmente iba a ver otra ronda, y esperaba poder ganarla, porque claramente tirarse media cerveza encima para ganar era muy rastrero y tramposo.
Empezó a beber la cerveza un par de segundos mas tarde que Seraphim, pero veía de reojo como a ella cada vez le costaba más tragar y el seguia haciendolo a un ritmo alto, pocos segundos después dejó caer la jarra con fuerza encima de la mesa de madera con una sonrisa triunfal en el rostro, percatándose como lo espectadores observaban su victoria con desagrado. Lo esperaba, ese tipo de hombre solo querían la victoria de la chica para poder agasajarla, y tal vez, llevarse algún tipo de “agradecimiento” por parte de ella.
– ¡Gane! – Dijo con una sonrisa triunfal, a pesar de las malas miradas de quienes les rodeaban.
Se cruzó de brazos y se apoyó un poco en la mesa acercando su rostro al de la chica, pero sin invadir su espacio personal, solamente para poder hablarle más directamente. Y de paso que las voces y gritos que se daban en el bar no amortiguaran sus palabras, en especial porque ella ya parecía tener los sentidos más atontados y todavía tenía que aclarar que ocurría ahora con su victoria.
– Esta vez he ganado yo… Me debes una respuesta a mi pregunta y… ¿Qué más me ofreces? Considero que ser tu asistente durante una semana es mucho más que el hecho de solo darme una respuesta. – Dijo pensativo, mientras empezaba a frotarse la barbilla y elevaba la mirada de su único ojo hacia el techo de la taberna.
No iba a exigir nada, porque tampoco era de exigir y tampoco necesitaba una asistente, quizás para limpiar su cuarto, pero no. Era algo que podía hacer él mismo y que tampoco le llevaba demasiado tiempo, esperaba que ella le pudiera ofrecer algo de utilidad, algo que mereciera la pena mientras el hacía de asistente para ella.
Aunque dudaba de si la chica estaba en condiciones para pensar en algo como recompensa…
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Dos veces no puedes tener suerte en un campo que no controlas, y Seraphim se quedó a las puertas de ser la que triunfa en esa competición tan banal. Ahora ya le parece aburrida, ya no le gusta beber ni tampoco competir delante de tantos hombres. Aunque algunos le apoyan e intentan insultar al chico por no haberla hecho ganar, ella siente tanta rabia que cuando termina la bebida tira de golpe la jarra al suelo mientras se cruza de brazos. Las apariencias se le estaban borrando y la careta se le estaba yendo, pero quizá todo era por el calor del momento y… el alcohol. El principal problema es que existen muchos tipos de borrachos, siendo Seraphim del tipo que se deja llevar por sus impulsos más oscuros y egoistas. En menuda se ha metido ese chico.
Ante la derrota, ahora ella tenía que asumir un castigo que exige su contrincante. Ya tenía al chico para ella comiendo de la palma de su mano por una semana, pero ahora le toca pagar a ella. Sin embargo lo que menos le gusta es tener que humillarse ella por el ego tan descomunal que tiene, así que antes que ser la muñeca de nadie, ahora se le ocurre algo mucho mejor. Un plan macabro, uno que podría salir muy bien hasta el punto de tener controlado a ese chico más de una semana… o demasiado mal.
— Ven aquí, te daré el trato que querías. —Espeta ella con un tono de voz más ronca y seria.
Ella tiró de él tras levantarse de la butaca, cogiendo su muñeca diestra y zarandeando hacia delante para que pudiera seguirla. No dijo ni una palabra a los que se quedaron ahí, tan solo al camarero de que le pagarían pero que les deje salir un momento fuera. Tal vez es porque ella es una chica bonita o posiblemente sea por el espectáculo que han montado hasta el punto de animar el bar, pero sea por lo que sea los dejaron salir a las afueras de la taberna.
El frío de la noche les golpeó para recordarles que hay más mundo más que una simple competición sabor a cebada. La baja temperatura ahora no le afectaba, y eso solo era señal de una cosa: Seraphim ya estaba bajo los efectos de la borrachera. Alguien como ella tan pequeña y escuálida es muy friolera y delicada, pero ahora no. Y justo lo que va a decirle al chico antes de que pudiera protestar será lo que demuestra que ya ha sobrepasado la línea de su estabilidad emocional.
Seraphim se acerca tanto a él que intenta intimidarlo hasta que se llegue a topar con la pared, pero si no es así ella se acerca tanto que sus cuerpos quedan tan pegados. Al estar frente a frente, ella agarra sus manos con las de ella con tanta fuerza que demuestra que no se puede ir.
— ¿Saaabesh qué? Te voy a pagar con másh de lo que pides, pero entonces… tendrásh que prometerme que no diras nada de naaaaada…si no… —Las manos de Seraphim fueron como serpientes que ataron las manos que agarraban las de pelirrojo, y las subió tan directas y firmes hacia su pecho que ya no hay vuelta atrás. Le estaba tocando los pechos.— Diré… que abusaste de mi mientrash estaba borracha…. ¿Entendido?
Jesse S.
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No había escapatoria. La chica ya le había llevado con él, y se preguntaba qué era aquello que pensaba hacer o contarle. Lo llevó a un callejón que estaba cerca del bar donde habían estado compitiendo, y bien era cierto que empezaba a refrescar, el hecho de llevar tanto alcohol en el cuerpo hacía que ese aire frío fuese bastante agradable, y puede que hasta necesario. No pudo darle muchas vueltas porque ni él sabe cómo la chica lo aprisionó contra una pared del callejón.
De un momento a otro sus manos se encontraban sobre los pechos de la joven, la cual le amenazó con que si contaba algo, Seraphim diría que él había abusado de ella mientras estaba borracha. Era cierto que su mano estaba sobre los firmes y no tan grandes pechos de la joven… Pero había sido ella quien… ¡Espera! Estaba claro que aunque no hubiera pruebas después, una mujer era mucho más fácil de creer en esa situación que un hombre. Pudo notar como la ropa de ella seguía algo mojada de la cerveza que antes derramó sobre su ropa.
Sin saber por qué, quizás por el alcohol, los apretó un poco y comprobó que la suavidad de estos era real. Ella misma había sido la que había provocado la situación y él se había dejado llevar un poco por la situación, pero luego sacudió la cabeza y la miró a los ojos con firmeza, con su único ojo, sin pensar en donde se encontraban sus manos.
– Cuéntame tu historia, no diré nada, pero ahora no puedes no contármela. Tenemos un trato. – Le recordó. – Hemos hecho un trato ahí dentro. – Dijo señalando con la cabeza el local donde habían bebido.
Lo cierto es que no estaba para nada nervioso, él sabía guardar un secreto, pero la situación entre ellos dos había cambiado bastante, si ella le contaba su historia, no le quedaría más remedio que guardar el secreto, después de todo si ella contaba que él se había aprovechado de que estaba borracha para abusar de ella su reputación quedaría por los suelos.
– ¿Y bien…? – Dijo mirándola, esperando su historia.
Inconscientemente, mientras esperaba que ella contara su historia, sus manos seguían masajeando de forma inconsciente los pechos de ella, ni siquiera estaba pensando en ello, pero lo estaba haciendo. Cosas de borrachos.
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