[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
En silencio y sin llamar tanto la atención, el espadachín se ajustaba sus ropajes para mostrarse más cómodo que en la versión de empleado de Nozama, quitándose ya hace unos segundos o minutos la gorra que portaba y el chaleco ambos de color negro. Tras haberse estirado un poco y ya habiéndose presentado, escuchaba los "dimes y diretes" de los que se habían aglomerado en ese sendero. El guardián o guerrero de igual forma terminaba de mostrar con mucha educación de que se trataba todo esto si es que aun alguien no lo hubiera entendido. Intercambiando palabras con quienes el podía reconocer como lugareños o como visitantes o invitados. Detalles que mientras no le causaran problemas al pelinegro no tendría mayor dilema en mantenerse tranquilo y quieto.

Mientras algunas de esas ocurrian, otras tantas parecian suceder de igual forma. Pues una mujer de cabellos rosados le habia dirigido algunas palabras, pero no habia entendido absolutamente nada de lo que esta decia, ademas de que poco o nada le servia lo que la chica de cabellos rosados le comentaba. Parecian desvarios por insolación o algo por el estilo. La mirada de Dharma, solemne y seria se mantenia sin mostrar ningun tipo de vocablo extra que interactuara con aquella mujer. Que aunque su apariencia era muy bella, no le causaba ningun interes pues la situación en la que se encontraban al menos para el pirata, requeria de seriedad y concentración. En la mente del poseedor de los orbes esmeralda, solo se encontraba un continuo análisis de lo que ocurría, del guardia, de los que hablaban, de los que caían, de los que caminaban. Había mucho que pensar pues no sabia que tanto control podría tener el regente de esta isla sobre el caos que pudiera desatarse si a alguien se le alocaban las ideas.

También una mujer sin cabellera, pero de apariencia fuerte y bastante entrenada, hacia aparición, ofreciendo un tipo de disculpas por lo ocurrido con la de cabello rosado.  | Hmm bro... Quien sepa leer seguramente también sabrá lo mismo que tú. | Dijo sin titubeo alguno, no como un regaño o una burla, sino como un tipo de señalamiento, refiriéndose a que cualquiera pudiera saber la identidad de otro. Por su parte Dharma no tenia interés en lo que otros podían hacer o no hacer, al menos que fueran realmente poderosos. Sin embargo aquella mujer parecía tener mucha fuerza y sin duda alguna también la había visto en algún cartel de "Wanted". Dharma no dijo nada más cuando ella mencionaba las incongruencias de la de pelo rosáceo. Solo le miro por unos segundos más directamente a sus ojos verdes que poseia la mujer sin cabellos, como reconociendo algo extraño en ella, pero sin demostrarlo, aunque si le habia generado cierta curiosidad, una que no podia comprender en ese momento, quizá era por que podia ser una guerrera fuerte o algun tipo de enemigo. Tambien el espadachin se pudo percatar de la postura de guardia que aunque relajada, mostraba esta mujer.  Y habiendo pasado eso una voz más sono en el silencio.

— Es bueno verte bien, Dharma.

Reconoció inmediatamente la calidez en esa voz, si bien ya había visto aquella mujer, no le había tomado mucha importancia a si se parecía a una o otra persona, pero en cuanto su nombre salió entonado de su garganta, recordó aquella platica que tuvo meses atrás. Sobre el bien y el mal, sobre lo necesario para continuar en el camino tanto peligroso como aventurero. Esa misma mujer se encontraba ahora otra vez en un punto de inflexión, que debido a sus características de pensamiento, le resultaba un poco extraño al de cabellos oscuros. Pero tampoco le sorprendía que ella estuviera en este momento, pues de una u otra forma poseía su propia determinación. | Lo mismo digo, Miyori. | Dijo y movió ligeramente su rostro hacia arriba, como parte de la respuesta hacia Miyori, esbozando una ligera sonrisa, eso aunado a su particular tono de voz un poco menos "oscuro" pues, ella era una persona que le agradaba de cierta forma. Aunque no compartieran el mismo tipo de pensamiento.

— Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas y a aquellos quienes vuelven a sus orígenes — dijo el angelical ser, señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo —

El custodio termino de hablar y dio acceso a lo que era la primera sección de este lugar, al menos una con civilización. Dharma sin decir nada más y sin despedirse continuo andando. Pues lo siguiente tenia que ser observado, era parte de su oficio también, el conocer y reconocer la socialización y la cultura de otros lugares y de cada lugar que visitaba, para comprender así un poco mas de este caótico mundo. Lo que llamó su atención fue la diferencia de ropajes, por decirlo de alguna forma entre un tipo de personas, por decirlo así y otras, pues estos seres poseían además de alas, un tono diferente de estas así como un tamaño diferente. Siguió caminando subiéndose a las gradas del lado mas cercano a donde el llego que serian del lado derecho. Con un salto ágil y veloz, que seria percibido por pocos, además para no llamar más la atención, se posicionaba en la parte mas alta de estas mismas, buscando tener una mejor visión del lugar. Dharma no perdía tiempo en explorar los locales de este lugar o puestos de comida, además de que ya se había alimentado adecuadamente antes de subir a esta isla, dentro del barco de Nozama, tanto comida como agua. Se encontraba en optimas condiciones.


OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
Naver era el nombre de aquél ángel. Y tenía una manera bastante sublime de dirigirse a otros, y aunque le dio un golpe a Kiyoshi y le habló con cierta autoridad a Runin, Yuuki no sintió ninguna intención de ese sujeto de hacerles verdadero daño o de no quererlos allí. Incluso llegó a mencionar que los demás eran invitados suyos... cosa que no entendió bien. Iba a decir algo, pero justo en ese momento recibía una pregunta de parte de Varo Ganchin. La pelirrosa lo miró y sonrió de manera alegre para responderle pronto, viendo que todos empezaban a moverse.

—Ciertamente, parece que fuera birkaniano, sí. Pero sus alas son más grandes que las mías, ¿Ves? —Movió suave y alegremente sus alas dándose la vuelta para que el mink hurón pudiera verlas con más detalle, de paso posó un poco coqueta para él—. Y sí. Nací aquí. Tengo pocos recuerdos, era muy chica y la verdad es que deconozco cómo se lleva la gente aquí. Mis padres me contaron más bien poco... pero recuerdo que hablaron de la ciudad dorada de Shandora... más allá de lo que ves, n-

Y allí ya estaba Barald haciendo una de las suyas nuevamente. Yuuki quedó completamente en blanco, siendo Ryota quien interfiriera en primera instancia y sacara sus dotes artísticas, provocando una reacción en Runin que hizo que la birkaniana simplemente riera.

—¡JRAH JRAH JRAH JRAH! —Y conforme todo aquello sucedía, parecía que Varo Ganchin y los demás Piratas de la Sepultura se alejaban. Al notarlo, Yuuki continuó riendo y se despidió brevemente mientras agitó su mano, esperando que la vieran. Habían sido un grupo algo peculiar de encontrarse, pese a todo.

Ahora era momento de moverse. No se metería en la ira de Runin y dejaría que los otros dos tontos se ocuparan de calmarla... ella no iba a pagar platos rotos. Así que agarró a Tezca del brazo y tironeó de él, metiendo su mano en el bolsillo del rubiecito... ¡Y NO HABÍA NADA! Ni un botón. Ni una figurita de barro. ¡Nada! ¿Tanto la odiaba ahora? Ese no podía ser Tezca. Claro que no.

Ya estaban cerca de las gradas cuando fue entonces que lo vio con más detalle y allí también los demás estarían reaccionando. Y aunque todos lo tomaron de manera más casual, Yuuki no lo haría así. Después de todo, el verdadero Tezca estaba allí cerca. En algún lado. Solito... sin sus buenos amigos. Sin quien le dijera que su cabello resplandecía como el sol y que sus ojos encantaban como el oro.

—¡MALDITO ESTAFADOR! ¡FUERA DE MI VISTA! ¡LARGO! ¡GORDO INÚTIL! —Le dio una patada al gordo y luego miró a Ryota, Barald y Runin.

—¿Cómo pudieron confundirlo? —Sí, ella no pudo haberlo hecho. Por supuesto que no—. ¡¿DÓNDE ESTÁ TEZCA?! ¡¡¡¡TEZZZZZZZZZZZZZCAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!! ¡TEZCA! ¡¿DÓNDE ESTAS?! ¡TEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEZCAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Armó un enorme alboroto entre las gradas, mirando a todas partes. Seguramente lo habrían dejado atrás. Así que dio unsalto y quiso regresarse, pero con la buena vista que tenía pudo reconocer a dos personas: Y una de esas personas era el propio Tezca. El de verdad. Así pues, y con afán, dejó a sus compañeros y fue por su amigo y aquella otra persona. Llegar a ellos fue más tardado de lo que pensó, y cuando al fin pudo reunirse con Tezca, Miyori se habría ido.

Sí. Miyori. A quien había estado siguiendo en el periódico. A quien conoció en Baterilla. Quería abrazarla y saber qué era de ella. Pero estaba con su propio grupo, su propia tripulación. Yuuki sonrió de forma sincera y no pudo hacer más que desear silenciosamente que aquella chiquilla pudiera estar siendo muy feliz. Y sin olvidar por quién había hecho todo el escándalo de antes, volvió su atención a Tezca.

Al alcanzarlo, lo abrazó con fuerza, hundiendo su cara en su espalda.

—¡Idiota! ¡Te perdiste de mi vista! ¡Eres el peor amigo! ¡Te odio! ¡Muérete! —Y era claro que quería decir todo lo contrario.

Luego de haber hecho su berrinche, levantó la cara y miró al sujeto que estaba con su niño dorado.

—Onizuka Jin... —Su cara pasó a la reserva y sospecha inmediata—. Espera un momento... —Miró a los dos. Estaban muy juntos. Los tomó de las orejas a ambos entonces—. ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?!

Combo de pollito frito con papas
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✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
Desde sus primeros años de vida aprendió que la templanza no es sólo una virtud, sino, su obligación, por eso, gran parte de su personalidad se ve vinculada a esa aptitud incluso si ha decidido cambiar la fórmula original que le mostraron. Es difícil verlo alterado, mostrar señales de que está siendo genuinamente superado o identificar miedo en sus ojos, porque la sonrisa prevalecerá ante cualquier circunstancia, así es como siente que debe ser.

No obstante, decir que no respeta a quienes se muestran impasibles contra fuertes influencias externas sería mentir, y aquel ángel se estaba ganando unos cuantos puntos en el agrado de Hasegawa. ¿Será también esa curiosa paz que le transmite? A esas alturas, nunca mejor dicho, lo raro parecía convertirse en rutina.

Las sorpresas empezaron pronto, al menos si se descarta el denso viaje de tres horas que funcionó como prólogo del verdadero principio, y fue con la aparición del marine que estaba faltando y que fue referenciado entre la boscosa caminata previa. Su lentitud explicaba el motivo de que haya llegado último, pues antes de que le interrumpiera, consiguió terminar su presentación y desactivar el poder lumínico que envolvía su cuerpo, evitando así cegarlo. Aunque tampoco se dejó tocar, lo único que debió hacer ante las capacidades físicas ajenas fue dar un paso hacia el costado y hacer como si nada estuviese pasando. Habría vivido exactamente el mismo destino si mantenía su fruta activa considerando la intangibilidad.

El resto de presentaciones sucedieron con suma normalidad, o al menos toda la que esa palabra pudiese mantener entre tan excéntricas personalidades. Enji ofreció un comentario despectivo hacia el ángel, pero poco más, aspecto que Shin pasaría por alto debido al conocimiento de las actitudes tan despreocupadas del Capitán, y habría seguido sin intervenciones de no ser porque pudo notar una sensación curiosa al observar a Nyra. Quizás, el suicidio colectivo que se dio en aquel risco la afectó más de lo que debería, y sus teorías se volvieron realidad al percibir su acercamiento y el susurro que le dedicó, indicando la aparente nula preocupación por lo sucedido.

—No lo culpo. Yo estaría más atento a los que quedaron en pie que a cualquier otra cuestión, pero dudo que algo vaya por fuera del control de esta gente. —a diferencia de Kuroshiro, Shin habló en un tono más neutral aún y si era a volumen bajo, porque no le importaba ser escuchado por el resto, otro indicio de la calma en el Comandante, quien seguía sonriendo a pesar de todo. Le contestó a medida que los demás terminaban de registrarse frente al ángel, y fue lo siguiente aquello que logró sumar puntos de respeto en el radar interno de Shin delante del ser alado, más allá de la reacción nata de su persona.

Primero, tocó algo en su casco, pudo distinguirlo a la perfección, y tras ello no tardó en utilizar su cetro para emplear un ataque en contra del albino exhibicionista. Hasegawa logró ver cada fracción del movimiento, desde el punto de salida, hasta la transición y el objetivo final, que era la cabeza de Enji —¡Oye! ¿Qué estás...? —su reacción inicial fue elevar la diestra en dirección a los hechos, y si bien, pudo haber activado su fruta para anteponerse a las acciones del ángel, esas mismas vibras pacíficas y su posterior explicación lo terminaron relajando, sumado al golpe en el suelo, claro indicador de un correctivo. De todas formas, le agradó el modo en que esperó su turno para intervenir, algo que expresaba un control bastante elevado sobre todo lo que sucedía a su alrededor, la templanza que de pequeño le enseñaron.

—Que fastidio... —suspiró, llevando la misma mano que pareció levantar hacia Enji y el ángel a su propia cervical, negando con la cabeza y hasta cerrando los párpados. Aunque no pudo evitar abrirlos otra vez por el ruido ahogado en voz de Juan Sebastian, demostrando que no fue el único que se alteró debido a lo sucedido, sólo que su Capitán tuvo que taparle la boca para evitar que la situación escale.

Masato también recibió un regaño de quien poco después se presentaría como Navur, anunciando a "Los Lamentos" de lugar designado para aquellos que traten de seducir a la... ¿autoridad? Eso en parte confirma sus sospechas, especialmente tras remarcar que es un Custodio del Emperador, lo que le hacía entender de manera inmediata su función jerárquica en Skypiea, era mejor no meterse en problemas con ellos, porque tampoco quería saber qué se lamentaba en Los Lamentos.

Tras compartir esos detalles, el comentario sobre la alianza entre la marina y el Shichibukai Zarutsuki hacia Stroud, entidad sobre la que leyó en el periódico, Navur gira su cuerpo y hace un gesto con el brazo, permitiéndoles seguir adelante y ubicarse en las gradas para aguardar el inicio de los Juegos del Cielo. Enji es el primero en ordenar a su División la marcha hacia aquel sector, no sin antes pedirle al "Rubiales" que le lleve su chaqueta, y gira el rostro hacia Kael, quien había comentado sobre una posible investigación respecto a lo sucedido en el risco. Shin se encoge de hombro y niega con la cabeza —Somos bienvenidos, pero dudo que pertenezcamos a algún nivel de autoridad en esta isla. —al final, allí vivía un Shichibukai, y Skypiea era de carácter cerrado —Tampoco pienso imponerlo por la fuerza. —clara señal de que bajo su perspectiva, seguramente los propios Custodios se encargarían de lidiar con aquello, no por nada Navur utilizó un término en plural cuando habló sobre esa cadena de mando. "La seguridad del reino era su trabajo".

¿Quería verlo con sus propios ojos? Sí.

¿Se pondría en enemistad con la seguridad de un Shichibukai para eso? No, al menos no todavía.

Debía hacerse un nombre en los libros de historia primero.

Sin muchos más hechos de relevancia, terminan ingresando al sector destinado a la realización de los afamados juegos. Por supuesto que ignoró deliberadamente la colleja que Nanashi le dio a Akira, avanzando mientras silbaba una melodía aleatoria e improvisada. Observó a Kael dar un vistazo en los alrededores, y utilizó esa ventana para acercarse a Enji, prácticamente poníendose entre Masato y el Capitán —¡Oye, Tenryuu! —su instinto por cuidar a los suyos pudo reprimirse antes al no percibir intenciones letales en el ángel, pero no podía dejar pasar el enrojecimiento en el rostro de su compañero —Déjame encargarme de eso, y ni se te ocurra quejarte porque me tomaré revancha de nuestro entrenamiento. —advirtió de modo extremadamente diplomático, acercándose al Vangelis estuviese encima de Juan o no.

Metió la mano en el bolso a la altura de su lumbar y sacó de uno de sus botiquines una crema para ese tipo de impactos contundentes, aplicándola con la destreza que sólo alguien conocedor de esa profesión puede ejecutar. Shin había estado estudiando con sumo detalle el tratamiento de todo tipo de heridas en los días que duró el viaje al punto donde emerge la Knock Up Stream, y se notaba en su mejorías y velocidad para lidiar con esos golpes de manera prácticamente inmediata, pues antes de que a Enji se le ocurriera un nuevo improperio que soltar, el Comandante había terminado. —Tú verás con quién te metes la próxima vez, sólo intenta que si te lastiman sea curable con primeros auxilios. —suspiró tras ello, viendo a Omuyaga regresar y alejándose del conjunto conformado por la División Ochenta.

—Paso. —contestó de manera sencilla al azabache, elevando la palma en su dirección para graficar con más detalle su negativa. Tampoco dirigió su mirada a Kuroshiro, parecía interesado en algo más —Voy a disfrutar un poco, no todos los días caminas sobre el cielo. —de soslayo, su sonrisa mostró claros retazos de alegría, incluso y si no era lo que genuinamente estaba sintiendo. Poco después, reapareció el mismo brillo de siempre, un dorado que lo envolvía sutilmente hasta... desvanecerse.

Pasó como una estrella fugaz entre el gentío, y mientras se movía, buscando el punto más elevado en las gradas, detectó con más detalle los puestos a los que Omuyaga hizo referencia. Pero más importante aún, al poblado de Skypiea y sus vestimentas, los Lunarian parecían de la alta sociedad con aquellos colores dorados impregnando sus ropajes, los Skypieanos lucían atavíos variados, y los birkanianos pasaban algo más desapercibidos, todos llenando el sector del público con claros dejes de alegría, atención o vísperas de que algo tradicional estaba a punto de llevarse a cabo, llenándolo de expectativas e intriga sobre cómo iba a ser la parte deportiva.

Sólo que... algo sucedió.

Mientras se movía a una velocidad prácticamente invisible para personas sin un alto nivel perceptivo, entre el público pudo ver un rostro que le sonó relativamente familiar. El cabello rosado le hizo parpadear varias veces en ese instante donde el mundo pareció ralentizarse por el sólo hecho de intentar confirmar que era ella, entreabriendo los labios con una sorpresa genuina, y su corazón empezando a latir más rápido ante una de las pocas mujeres que lo dejó plantado en la historia de su vida.

Justo cuando iba a detenerse allí para hablarle, dio con su acompañante. Bastante alto y de aspecto intimidante, parecido a la raza buccaneer, el caso es que le sonaba de algo y claramente era pirata, por lo que habiendo vivido todo eso en una fracción de segundo, siguió con sus planes originales, colocándose a unos seis metros de aquel curioso dúo, quienes también estaban en la parte más alta de las gradas por aquel sector. Shin hizo como que los ignoraba y mantuvo sus intenciones iniciales, aún envuelto en ese brillo tan distintivo, de pie frente al asiento y elevando los brazos con una emoción indescriptible en los tonos de voz y expresiones que mostraba. Ese fulgor se hizo su estandarte, pareciendo uno más con el oro de Shandora, y el sol, más cerca que nunca.

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—¡Wujuuuu! ¡Nunca olvidaré estas vistas!

Su voz resuena entre el bullicio de la gente por el tono elevado que utiliza, repleto de una emoción genuina, y entonces cierra los ojos, desactivando su akuma gradualmente para sentir la brisa en el rostro. Iba a sentarse tan pronto como den la indicación, pues no pretendía interrumpir los planes pactados para el desarrollo de los Juegos montando un numerito de rayos y centellas mientras todos estaban callados, pero de momento, esa exaltación prevalecía en su pecho, aferrándose a ello para eludir a la presencia que durante tantos días había ocupado sus pensamientos, incluso a pesar de sólo haberla visto una vez en aquel lejano verano.

Let there be light
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El bastón del custodio alado golpeó el suelo con firmeza y, aunque el gesto no parecía abiertamente peligroso, el sonido resonó como una clara advertencia en la mente del burro. Shandora, la majestuosa ciudad de oro, demostraba tener un régimen bastante autoritario. Zhang se limitó a acercarse a su capitana, Bai, luego de que ella le preguntara directamente qué estaba pasando.

—Hmmm... Este hombre es Navor, uno de los custodios del Emperador Zarutsuki, el Shichibukai. —le explicó Zhang en su idioma natal, intentando resumirle todo lo que había pasado hacía un momento para calmarla—. Nos da la bienvenida, y asumiendo que todos venimos junto a una Bikardiana, nos invita a pasar a las gradas para dar comienzo al torneo ese... Dice que están esperando ver a los nuevos participantes, y que está complacido por quienes vuelven a sus tierras.

Mientras caminaban hacia el interior de la ciudad, Zhang se despidió del variopinto grupo con el que habían viajado levantando la mano en un gesto perezoso; todos parecían fuertes guerreros, y en el fondo, su sangre de bestia estaba un poco emocionada por el inicio del torneo.

Al adentrarse y acercarse a los puestos de comida, Zhang pudo observar a diferentes grupos entrando también a la ciudad desde otras rutas. Al final, más embarcaciones habían logrado sobrevivir al ascenso, lo cual lo alentaba un poco, aunque, debido a su pobre visión, el viejo tuerto no pudo detallar mucho a aquellos grupos lejanos.

—Yo tengo mucha sed, me vendría bien un poco de té helado para refrescar este cuerpo viejo. —le respondió a Bai y a Mahou, mientras se acercaban a los tenderetes para comprar algo y recomponerse un poco del camino. —Mantèn los ojos abiertos Mahou, no conocemos a nadie.-

Fue entonces cuando Bai le hizo notar la gente a su alrededor. Zhang, que hasta ese momento no se había fijado en lo que su capitana le señalaba, sintió cómo un nudo se le formaba en la boca del estómago. Se obligó a tragar el té frío como pudo. Era cierto: las personas que ostentaban lujos, aquellos Lunarians de alas oscuras, vestían sedas y oro, mientras los demás vestían retales. Era tan evidente la desigualdad que aquello le asqueó un poco.

En Zou, su tierra natal, la tribu Mink compartía todo; la noción de dejar a un hermano en la miseria mientras otro se bañaba en oro era algo que el espíritu de Zhang simplemente repudiaba.


—Es el veneno del hombre, Bai... —murmuró Zhang, exhalando un poco de aire frío—. No importa si viven a diez mil metros en el cielo o en el Mar Azul. Donde hay oro, hay cadenas. Una jaula sigue siendo una jaula, por más que la pinten de dorado. — 

El burro le dio otro sorbo a su bebida y le devolvió el envase al mercader, hasta ahora hablaba en el idioma de Bai. —Al parecer, este sitio dorado es más oscuro de lo que pensábamos. Si esos custodios dejaron pasar a los Marines tranquilos, significa que hasta en el cielo el Gobierno Mundial tiene sus garras. ¿Qué crees que sea bueno hacer? Te apoyamos. —le preguntó Zhang con calma, dejándole claro que seguiría.

—Vamos a demostrarles la fuerza de los birkanianos. —le susurró a modo de ánimo, mientras intentaban acomodarse en el mejor lugar. Zhang no lograba comprender del todo cuánto podría llegar a afectar esta vuelta a casa a su compañera... El peso de nuestra propia historia siempre puede llegar a hundirnos o anclarnos, pensó el anciano.

—Mahou, no te olvides de marcarnos, para mantenernos juntos por si pasa algo. —le advirtió a su nakama mientras terminaban de abrirse paso, hasta terminar en medio de un mar de alas blancas.

Zhang, hizo una pequeña venia para saludar a los locales que los rodeaban, e incluso le dio la mano a algunos niños pequeños que miraban fascinados a aquel curioso grupo de forasteros.

—Este sitio está perfecto, Bai. Nunca había estado en medio de tantos ángeles... creo que ya me morí y llegué al paraíso. —bromeó Zhang con una sonrisa pícara, haciendo ruborizar a un par de señoritas aladas que estaban sentadas cerca.

Por su parte, Silencio dio unos pequeños saltos de alegría, chillando desde el hombro del burro para que Mahou se sentara justo a su lado.

La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
Shin, por su parte, parece bastante más tranquilo que yo. Él no los culpa… Sí, seguramente sea más importante centrarse en los vivos, pero…

Ya más relajada, suspiro y vuelvo la vista al frente. Sí, seguramente poco escape al control de esta gente. Quizás sí vayan a hacerse cargo de los fallecidos y del superviviente y simplemente no quieran airearlo por ahí para no bajar el ánimo del público… por malo que me parezca respecto a la multitud, pero ¿qué importa mi opinión aquí…?

El sonido del golpe me provoca una aspiración de sorpresa ante el repentino golpe del ángel. Mis orejas estaban alzadas y mis dedos a la altura de los labios mientras observo la escena con los ojos muy abiertos. No pude evitar mirar también a Masami, preguntándome si sería la siguiente en recibir… ¡¿Ma-Masami?! ¡Tenía perilla! No, no, no me lo imagino; en la  playa estaba lejos y durante el camino no nos acompañó, pero ahora que le tenía delante podía verlo perfectamente… ¡Tenía perilla! ¡Masami… ES UN CHICO?!

Quedé inmóvil por el shock hasta que los ruidos de Juan cuando Enji le tapó la boca me trajeron al presente. Espera, ¡¿cuándo perdió Enji su chaqueta…?! ¡¿Va a ir así a los juegos?! Miré de reojo a Kael, preguntándome qué pensaría él de todo eso. ¿Y Stroud? Parece tan serio como él.

Mientras Shin cura a Enji, Akira se acerca a Stroud y a mí para comentar algo extraño sobre sus ma… ¡¿la Barbie?! ¡Oh, puede crear corazones rosas con las manos!

―No sé para qué sirve, ¡pero es muy bonito! ―comento felizmente, agitando la cola.

No mucho después nos adentrarnos en la ciudad. Todos salvo Shin, quien decidió explorarla a su manera, y lo despedí con una sonrisa y un gesto de la mano. Era normal en él, y esperaba de corazón que se divirtiera

Conforme avanzamos, no puedo evitar mostrar cierta curiosidad a las alas blancas y negras de niños, hombres, mujeres y ancianos de todo tipo de constitución. Es la primera vez en mi vida que veo a tantísima gente junta con esas características… ¿Vería alguna vez una ciudad tan llena de huminks?

Por el camino, Kibai pide algo de comer, y ciertamente esos dátiles con frutos secos tienen muy buena pinta, pero después de aquella experiencia en Matsuri, no probaría nada que no viera cómo se hace, y mucho menos justo antes de unos juegos tan importantes.

Así, un poco más adelante nos encontramos con más puestos, algunos de los cuales preparaban cosas muy simples. Uno de ellos introducía granos de maíz y sal en una olla y maíz y azúcar en otra. Me fijé en el puesto desde lejos y no parecía que añadiera nada más, por lo que terminé pidiendo un paquete grande del primer tipo, de manera que hubiera suficiente para los demás si lo querían probar. Un poco después, pido en un puesto de zumos fríos (y que exprimen allí mismo) que me rellenen la cantimplora. Como al final Kael no se había quedado con mi dinero, no tengo ningún problema para pagar.

Sí, es importante estar alerta y vigilar, pero no hay razón de hacerlo con el estómago vacío y pasando hambre… y, después de tres horas caminando por la selva, al menos a mí me interesa reponer energía. Sobre los platos locales, ya tendría tiempo para probarlos después de los juegos y en un sitio en el que me supiera a salvo.

Mientras subimos las gradas, miro hacia abajo y hacia arriba, con curiosidad por todo a mi alrededor y el cambio de perspectiva que nos va ofreciendo el gradual cambio de altitud.

Juan es quien elige el sitio y, ciertamente, el gyojin tiene buen ojo: ¡hay unas vistas increíbles! En cuanto a lo de participar, supongo que Bertram tendrá razón y que iremos bajando de las gradas cuando nos llamaran.

Como había permanecido detrás de Kael durante el ascenso, era normal que no se hubiese percatado de que el problema que comenta ya está resuelto.

―No te preocupes, ya me he encargado yo de la parte de las palomitas~ ―comento alegremente, sentándome y dejando un hueco a cada lado, uno para Shin y otro para Kael cuando  volvieran, pues  Akira ya le había pedido un  refresco. Por mi parte, ofrezco a Akira el paquete de palomitas para que pueda coger y pasárselo al resto si lo desean.

La voz de Kibai capta mi atención cuando menciona que la mayoría de invitados parecen ser criminales. Mi sonrisa, alegre hasta el momento, decrece hasta volverse simplemente cordial mientras miro a todo el que no tenga alas tratando de ignorar el nudo en la garganta.

Obviamente, los primeros en llamar mi atención son un tipo ENORME que está subiendo a las gradas mirando a otro también muy grande, aunque no tanto. Sigurd y Ubbe. Quise quedarme mirándolos con curiosidad, pues los recordaba de la ruta de aquella masacre, pero la inquietud me hace seguir paseando la  mirada alrededor. Asumo que Melly y Kazan no estarán, ya que no hay nadie más con un físico tan llamativo, salvo quizás ese mink hurón. Varo Ganchín, también lo recuerdo de los cart…

Uker.

El corazón se me para un instante. «¿Qué hace aquí…?». Seguramente, lo mismo que yo. De todos los lugares en el que podríamos encontrarnos, este es, sin duda, el peor. Me verá en el bando contrario en cuanto salga a los juegos con mi uniforme, y yo no tendré la oportunidad de explicarle nada en absoluto.

Agobiada, sin poder hacer nada, desvío la mirada y sigo mirando alrededor con mil pensamientos al mismo tiempo. Hay otros humanos que me suenan de carteles… Y cierto grupo muy bien vestido llama mi atención lo bastante como para poder distraerme un poco temporalmente.

De repente, la veo.

Miyori. Reconozco a Miyori con su bonito vestido blanco. Está preciosa. A pesar de mi preocupación, sonrío un poquito cuando la veo sosteniendo algo para picar entre sus manos, igual que estoy haciendo yo. Parece que está bien. Por supuesto, no hago nada por saludarla, ya que no quiero llamar la atención de los otros marines.

Contengo un suspiro mientras vuelvo mis ojos hacia la arena.

Cuando salga, me tragaré lo que tenga dentro y daré lo mejor de mí, pero ya no estoy segura de querer estar aquí…

Kuroshiro
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Mizuki en su disfraz de Kiba Naruze observo por un momento a aquella angelical figura que se había presentado como Navir de forma anonadada antes de tragar saliva y asentir intentando acompasar su corazón con las emociones y pensamientos que le abordaban en tan peculiar ocasión. Por una parte sentía la desbordante magnificencia que la ciudad dorada, así como el palacio y coliseo le hacían sentir con cada paso que daba acercándose a las gradas que le habían sido señaladas.

Cada paso que daba era también una extraña experiencia, el eco de la multitud con su inconmensurable peso, vibración, voces y corazones en las gradas eran sostenidos por las mismas nubes sobre las que caminaba en aquellos momentos el Gyojin de escleróticas negras sin poder terminar de creer los grotescos acontecimientos que ocurrieron hace menos de diez minutos ante sus propios ojos creando en el interior del pelinegro una mezcla y asociación del hedor de la sangre con la imagen que ahora veía. En aquel momento Kiba estaba entre la gente, moviéndose de forma un tanto distraída siguiendo con naturalidad el flujo de gente o la ausencia de la misma para determinar cuál sería su localización en las gradas, mientras se planteaba cuál era su posición y papel en aquel lugar por encima de las nubes ahora que no había compañeros que le admirasen ni enemigos que abatir directamente.

Una vez que se hubiera sentado en las gradas Kiba abandono esos pensamientos y dejó que el olor del sudor de la gente, las telas finas y no tan costosas, los perfumes fuertes y baratos así como las fragancias costosas pero suaves que pudieran tener las buenas y malévolas gentes de Skypiea, aquello le devolvió a la realidad, la realidad de que estaba solo en aquel lugar pero tampoco necesitaba que nadie le acompañase pues se dedicaría a divertirse, participar de los eventos que le fuera posible, comería y reiría, gozaría por todos los muertos a su propio modo y seguiría con el camino que la vida pudiera tener para él.
Jump the shark
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
La manera en la que el ángel Navor habló sobre algo de Lamentos hizo que Mahou se tragara las palabras que estaba a punto de decir luego de no haber recibido respuesta sobre las frutas de oro, en lugar de preguntar, solo desvió la mirada hacia Bai con una expresión de extrañeza, y alzando una ceja luego de haber visto aquel recibimiento. No fue hasta que pasaron tras Navor que se atrevió a hablar. - ¿Ya conocían a estos monos alados-uki? 

Pero antes de seguir insistiendo con su curiosidad, cuando las vistas se abrieron con enormes gradas llenas de personas con alas bajo un ambiente festivo, tantas personas que robaban su atención con sus adornos de oro o vestidos extraños, pero al final solo bastó con que sus ojos encontraran los puestos de fruta para olvidarse del resto del mundo. 

Al notar el gesto de Bai, asintió varias veces con entusiasmo. - ¡Haber visto tantas frutas y plantas sin poder comer ninguna me estaba matando-uki! Tengo que preguntar dónde puedo encontrar de esas que venden por ahí-uki. - porque su idea inicial había sido salir al bosque a buscarlas por su cuenta, pero en cuanto vio las monedas que Bai le ofrecía, sus ojos brillaron de la emoción, y las tomó sin pensárselo dos veces. - ¡GRACIAS-UKII!

Casi al instante salió dando pequeños saltitos hacia uno de los puestos de comercio. - ¡Oyee, mono alado-uki! ¿Tienes duraznos de oro-uki? ¡Si no, quiero un cesto lleno de frutas, por favor-uki! - sin callarse la boca, se plantó frente al puesto con inquietud, comenzó a correr en el sitio levantando las rodillas una tras otra como un pequeño skipping, y una vez haya conseguido las frutas que esperaba, siguió a sus compañeros en busca de un sitio para sentarse.

Inclinó ligeramente la cabeza para escuchar el susurro de Zhang. - ¿Puede pasar algo malo-uki? Esos monos alados se ven muy seguros-uki. - aún asi asintió comprendiendo su preocupación, apoyó la mano izquierda sobre el hombro de Zhang, y terminó sentándose a la par de Silencio, con las piernas cruzadas sobre su saitio. - ¿Quieres una, Silencio-uki? - dijo extendiéndole su cesto de frutas.

resumen

gastos

karmas
Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1821 + 0 = 1821
Energia: 1798 - 6 = 1792
Espiritu: 270 + 0 = 270
El habitante del mar azul aleccionado por su falta de educación, tras recibir su merecido toque de atención, cuestionó el estado higiénico de mi bastón. ¿Qué si estaba desinfectado? Por supuesto que sí. Nacidos bajo el seno de la familia Adeptum, desde muy jóvenes se nos ha inculcado con la práctica de la disciplina y el orden. Mantener nuestro alma limpia y purificada… Así como todos nuestros bienes más preciados… Era nuestro día a día. Aquello nos facilitaba considerablemente el poder mantener el orden de esta legendaria ciudad y, así mismo, dejar más tranquilos a todos los residentes que vivían y convivían en ella. Pero todo esto era algo que no necesitaba conocer un oriundo del mundo inferior.

Me limité a asentir ante su pregunta, observando como, seguidamente Focalor - aquel que se había presentado como su capitán -, recriminó, con educación aunque de forma amenazante que no le volviera a tocar el pelo a uno de los suyos. No era mi idea formar un escándalo en la tierra sagrada de Shandora. Agarré mi vara con las dos manos, extendiendo mis brazos al frente y dejando que, mi arma contundente, quedara paralelo al suelo.— Su tripulante no sufrirá ninguna otra reprimenda si se comporta correctamente, habitante del mar azul. — expresé, girando mis dos brazos de forma que ahora, mi bastón, quedaría perpendicular a la superficie, aporreando seguidamente uno de sus extremo, nuevamente, contra el suelo.— Nuestro trabajo es garantizar la seguridad de nuestra nación, así como de la propia vuestra. Así que mientras no se os ocurra cometer ninguna locura, estaréis a salvo. — añadí, solemnemente.

Y tal parecía que, conforme advertía sobre que nadie cometiera ninguna estupidez, fue que uno de ellos decidió que era hora de iniciar un conflicto sin justificación alguna. El humano que se hizo llamar como Barald, tras aproximarse hacia mi y pedirme que me agachara bajo el pretexto de que tenía algo en la cara, una explosión de energía vital comenzó a surgir a través de él, causando que mi espíritu de momentánea de viera afligido hacia su voluntad. — ¿El mismo poder que posee nuestro Emperador? — fue lo primero que pensé.— No… Es mucho más débil que el suyo, más bruto y sin pulir. Pero una cosa está clara. —  rectifiqué, dibujándose una mueca de desagrado en mi rostro, que sólo sería apreciable en la parte de mi boca.— Pero este condenado está iniciando hostilidades contra un guardia. Maldito iluso. — no podía dejar que un acto de rebelión como aquel, en un territorio ajeno al suyo, quedara impune.

— Bien. — pronuncié, sin gracia, llevando mi diestra hacia mi cintura, agarrando de allí un dial de rechazo perfectamente cargado.— Que el juicio divino recaiga sobre ti. — declaré, añadiéndole dramatismo a la escena, momento en el que, el que parecía ser el cabecilla y líder de aquel descerebrado, hizo acto de escena, parando el descenso de mi mano en seco, mientras él capitán le detenía y la agarraba hasta el punto de que ambos realizaron una reverencia hacia mi persona, intentando justificar su acción en base a la bella y despampanante fémina que había intentado seducirme segundos atrás. Si bien era peligroso dejar a alguien como él suelto en Shandora, ver que tenía a alguien que podía pararle los pies, podía hacer que me tranquilizara. Además, en caso de dejar inconsciente o muerte a aquel habitante del mar azul, estaba seguro de que sus compañeros buscarían tomar represalias, haciendo que el conflicto escalara hasta niveles insospechados y haciendo que, en el mejor de los casos, los juegos de nuestro soberano terminaran cancelados, al haber aniquilado a todos sus participantes por la revuelta. Y es que a veces, la más sabia y eficiente forma de protección era, justamente, no actuar. Era algo que nuestro soberano, con su infinita sabiduría, nos había enseñado todo este tiempo.

— No hay mayor mal que un rey inepto. — espeté, dirigiendo mi mirada hacia el humano llamado Barald.— Agradécele a tu líder de que pueda vivir un día más, habitante del mar azul. Pero la próxima vez que presente alguna clase de hostilidad hacia algún habitante de Shandora, será sentenciado por los cielos. — añadí, pasando a anclar mis ojos - ocultos tras mi casco - hacia el hombre llamado Ryota.— En cuanto a su acción, estoy eternamente agradecido por ella. — incliné ligeramente mi cabeza hacia el hombre de pelo castaño.— Probablemente, con ella, ha salvado la integridad de estos juegos. —  volví a erguir mi cuello, desplazando mi bastón hasta apuntar con él hacia el lugar de las gradas.— Por favor, pasen hacia las gradas y pónganse cómodos. — insistí, abriéndoles paso y rezando porque aquella fuera mi última advertencia.



INFO
Hoy era un día glorioso, espléndido y lleno de dicha. Estando aún en mi vestuario, me miraba en el espejo, mientras me ataviaba con mis mejores prendas, no podía dejar de fijarme en la gran sonrisa que se dibujaba en mi desdichado y adefesio rostro.— ¿Cuándo fueron los últimos juegos? ¿Hace ya cinco años? — me pregunté retóricamente, a mi mismo, mientras me ponía mis guantes de color rojizo, que me quedaban de fábula, todo sea dicho.— Espero que los de este año no sean tan moviditos… ¡Hya hya hya hya! —  solté una solitaria y sonora carcajada, que retumbó en la habitación, de tan sólo recordar como terminó aquel lejano combate final.

En ese preciso momento, me coloqué mi característica y carismática máscara, dejando mi verdadero rostro oculto tras un halo de misterio que, por el bien de nuestros queridos espectadores y las personas más sensibles, era mejor no mostrar. — ¡It’s show time! — exclamé para mi mismo, corriendo para salir de mi camerino dentro del palacio del emperador, recorriendo sus pasillos hasta salir por el portón principal de este.  Allí mismo estaba, una vez que atravasé la puerta que me llevaba hacia el exterior, la nube blanca que mi benefactor me prestaba en estas ocasiones para poder comentar, desde un punto más superior, sus mimados juegos. Y con la cantidad de participantes que iban a tomar lugar en esta edición… Debería estar más atento y pendiente que nunca de dicho acontecimiento.— ¡Mi querida e inerte nube! ¡Rumbo hacia el estadio! —  ordené, de manera teatral y tras montarme en ella, como si la nube tuviera conciencia propia, elevándose esta primero - de manera vertical - unos 20 metros sobre el suelo para, seguidamente, volar a una velocidad de vértigo en dirección hacia el estadio dónde se celebrarían las siguiente pruebas, levantando una estela y reguero de polvo tras de mí, según cruzaba de norte a sur y, por supuesto, acaparando completamente la atención de todo aquel que estuviera, o bien en las gradas, o bien comprando en algún puesto o por las cercanías.


La polvareda que, inicialmente, no dejaría ver completamente mi figura,se iría disipando lentamente. No podía contener más la emoción que sentía porque empezara este esperado evento. — ¡¡ HYA HYA HYA HYA HYA !! — reí a carcajadas, fruto de la exaltación que sufría, mientras la nube blanca descendía los metros necesarios hasta aterrizar en el suelo, saltando sobre esta. — ¡Sean todos y todas bienvenidos y bienvenidas a Shandora! ¡La ciudad que convierte las leyendas en realidad! — continué, caminando hacia el centro de la pista de arena, mientras hablaba hacia el Den Den Musho que reposaba sobre un pequeño palo dorado, que me permitía amplificar mi voz en todas las direcciones.— ¡Gracias por su amable espera, Damas y Caballeros! ¡Por favor! ¡Tomen asiento! ¡Pónganse cómodos y cómodas! — indiqué señalando con su bastón en derredor — ¡Soy El Dirigente…! — comencé a exclamar, pausando la frase mientras llevaba mi diestra hacia el lado derecho de mi máscara, a la altura de la oreja, y dejando la palma de esa misma mano orientada hacia las gradas, como si estuviera haciendo el ademán de escuchar a mi querido público.

— ¡¡EL FAVORITO DE LA GENTEE!! —

Gritaron la unísono todos los mords, pilebs y birkanianos que estaban a mi derredor, en continuación a mi anterior frase. Era algo que habíamos practicado durante semanas… ¡Y había quedado de fábula!

— ¡Hya hya hya! ¡No sé que haría sin vosotros, mi aclamado público! — alabé, a la vez que aplaudía con mis dos manos. Como quería a cada ciudadano y ciudadana de esta sagrada ciudad.— Estoy aquí por la gracia de su majestad, el Emperador Zarutsuki, ¡para dar comienzo a estos juegos en su honor y para el disfrute de todos vosotros, Mords, Pilebs y Birkanianos en general! — Un estruendoso aplauso acompañó mi frase mientras todos los habitantes comenzaban a ocupar sus puestos en las gradas, ante mi atenta mirada. Esperé unos largos y densos segundos antes de hablar.

— ¡En esta ocasión contamos con, posiblemente, el más inconmensurable y gargantuesco grupo de voluntarios provenientes del mar azul, traídos aquí por uno de nuestros amados Mords en dichas tierras yermas, así como por tres descendientes del linaje de Birka! ¡Sus participaciones han sido recogidas por los Custodios y mis manos inocentes los han separado en equipo completamente equilibrados! — guiñé bajo mi máscara, mientras otro estruendo y otro aplauso en general por parte de los nativos de la zona — A continuación iré diciendo sus nombres para que vayan descendiendo a las casillas de la pista y poder comenzar ¡Démosles un fuerte aplauso! — y otro estruendo estalló en el lugar, más fuerte y más extenso que el anterior. Vítores, clamores y aplausos con todo el público ya sentado y dispuesto a disfrutar de la estancia.

Caminé hacia el extremo más al sur de la pista, y señalé con el bastón a la base cuadrada más a su derecha - teniendo el palacio a mi espalda -, volviendo a alzar el Den Den hacia mi máscara  — ¡El Equipo uno está formado por Jin Onizuka, Stroud Nanashi, Juan Sebastián y Nyra Kuroshiro! ¡Por favor, vayan a su cubículo! — dije alzando el Den Den y girando trescientos sesenta grados sobre mi mismo disfrutando de los vítores y las celebraciones de los presentes. Me dirigí hacia la siguiente base y realicé el mismo proceso de señalado con mi bastón — ¡El Equipo dos está formado por Rackham Uker, Bertram Gaufrid, Bartolomeo Flint y Barald Kane! ¡Diríjanse hacia su cubículo! — sentí un cosquilleo al decir la palabra “cubículo”. Alcé de nuevo los brazos, girando sobre mi mismo, hasta que caminé hacia la siguiente base volviendo a señalarla con el bastón — ¡El Equipo tres está formado por Maki D. Zen’in, Alejandro Montoya Jara, Kael Omuyaga y el birkaniano Masato Ami! ¡Por favor, dirigíos al cubículo! — y el estallido del público fue algo más grande que ningún otro hasta el momento, al contener entre sus filas a un habitante autóctono de nuestra celestial civilización. Mientras, me encaminé hacia la siguiente base.— ¡El Equipo cuatro está formado por Waitgon Dólar, Focalor, Kiba Naruze y Miyori Hoshino! ¡Bajen hacia su cubículo!  — y otra corriente eléctrica recorrió mi médula espinal tras decir la palabra “cubículo”, ¡por algo era pro-cubículo! Mientras tanto, seguí hacia la siguiente parcela de tierra.— ¡El Equipo cinco está formado por Ubbe, Enji, Dharma y Tezca Norova! ¡Vamos! ¡Los cuatro hacia su cubículo!  — seguí caminando, habiendo superado ya el ecuador de los equipos que participarían en los juegos. Me posé, así junto a la que sería la sexta base.— ¡El Equipo seis está compuesto por Sigurd Haakon, Ryota Miyamoto, Hasegawa Shin y Akira! ¡Hagan el favor de ir hacia su cubículo!  — y otro escalofrío que recorría mi cuerpo, ¡qué buena palabra aquella! Llegué hasta la siguiente base, haciendo lo propio que venía ya haciendo desde hace rato.— ¡El Equipo siete está formado por Kiyoshi Maeda, la birkaniana Bai, Kibai y la birkaniana Yuuki! ¡A su cubículo!  —  y el estadio volvía a estallar en vítores y aplausos debido a su doble representación alada, mientras me terminaba de posicionar en la penúltima base.— ¡El Equipo ocho estaría conformado por Hyakhintos, Varo Ganchín, Zhang Guolao y… nada más y nada menos que el Mord Heras! ¡Todo el mundo a su cubículo!  — y el público comenzó a corear la palabra Mord y clavaban un pisotón acompasando el ritmo de sus vítores, haciendo que los birkanianos de más longeva edad miraran con desprecio aquella acción. Algo de lo que no me pude dar cuenta por supuesto, ¡pues estaba encaminándome hacia la última base! — ¡Y por último, el Equipo nueve está formado por Maria Merlot, Ñorm Ynal, Runin Kitay y Mahou Chikao-uki! ¡Bajen hacia su cubículo! — y me separé de aquellas bases dirigiéndome caminando alegremente con pasos largos militares saludando a un lado y a otro mientras todos gritaban y celebraban el inicio de estos juegos.

Un estruendo rítmico de trompeta sacudió el lugar mientras esperaban a que los participantes de los juegos bajasen a sus respectivas plazas y lugares, mientras un servidor llegaba a mi destino, girándome para encarar a los que ya estaban y a los que iban viniendo, alzando el bastón al cielo — ¡Bienvenidos extranjeros! ¡Vais a formar parte de los Juegos de Zarutsuki! ¡Un evento que puede concederte cualquier deseo! A continuación, procederé a explicar las normas que, aunque son muy sencillas, ¡deben quedar lo más claras y mascadas posibles! — dije, clavando el bastón en el suelo y alzando la mano con el índice extendido — ¡Uno! Se realizarán cuatro pruebas entre todos los participantes que otorgarán puntos para su equipo según la clasificación de cada uno. El que tenga mejor puntuación, ganará cien puntos. El segundo lugar, ganará setenta y cinco puntos. El tercer lugar, ganará cincuenta puntos. El cuarto lugar, ganará cuarenta puntos. El quinto lugar, ganará treinta puntos. El sexto lugar, ganará veinte puntos. El séptimo lugar, ganará quince puntos. El octavo lugar, ganará diez puntos y, por supuesto, el que quede último no se llevará ningún punto. Además, los participantes que queden en octavo y noveno lugar, ¡estarán descalificados! — hice una pausa para asegurarse que se entendía y extendí el dedo corazón — ¡Dos! Cada equipo aportará a uno de sus miembros para realizar cada prueba. Y hay que hacerlo con inteligencia porque este participante no podrá participar en más de una prueba, gane o pierda — de nuevo una pausa y alcé el siguiente dedo, el anular — ¡Tres! Puede usarse cualquier método, habilidad o poder para superar las pruebas respectivas ¡en la creatividad está la victoria! — la pausa reglamentaria y alcé el meñique — ¡Cuatro! El equipo ganador podrá pedirle un deseo al Emperador Zarutsuki ¡y este lo cumplirá como premio! — y ahí cerré por completo el puño con fuerza — ¡Cinco! Queda terminantemente prohibido cualquier tipo de hostilidad entre los participantes mientras dure el evento ¡esto es una celebración sagrada en honor a nuestro Emperador! Todo aquel que ignore esta norma, será reprendido por los Custodios y las autoridades correspondientes — y en ese momento dejé caer mi brazo, volviendo a sujetar el bastón dando dos toques con este contra el pavimento, alzándolo después de eso en paralelo al suelo señalando hacia las casillas que los participantes debían ocupar — ¿Estáis preparados participantes? — pregunté retóricamente mientras la nube que me había traído aquí se paraba a mi lado, frenando en seco su estrepitosa carrera y permitiéndome subirse a ella y comenzar a elevarme por encima del campo de tierra, proyectando mi sombra y esperando a que todos estuvieran listos para poder comenzar la celebración.




Los Juegos
Los roles se invierten. Quién diría que llegó el punto en que es Eros el que cura una herida, o un golpe, en Kiyoshi, y no al revés. Obviamente, el médico de mayor rango lo siente raro, pero igualmente orgullo al ver como sus clases han servido para que su capitán siga aprendiendo oficios nuevos.

Aparte, como siempre, Varo tiene la respuesta a muchas de sus interrogantes. Explica el motivo del notorio cambio en la vestimenta entre un grupo y otro, tratándose de segregación social, hecho que no contenta mucho a Kiyoshi, pero que se limita a no opinar. Solo asiente. Ya se le hacía rara la forma en que el alado de ante se dirigía hacia ellos. — Cuestión de culturas, supongo. — Lo que sí le hace enfadarse un poco es la mención al bastonazo recibido, por parte de Eros. ¿Es necesario que recuerde un hecho tan vergonzoso? — Sabido es que, si hubiera tenido mi rifle en las manos, la historia habría sido diferente. — Y mucho, la verdad. Kiyoshi no presenció el tenso momento de Barald con Navar, pues siguió tranquilamente con su camino, y en caso de que los Sepultura optasen por haber actuado de manera defensiva y no con educación, su final pudo verse bastante cercano. Afortunadamente, Kiyoshi, cuando no está con su arma preparada, es bastante indefenso. Esta debilidad suya es algo que tiene asumida desde siempre, por mucho que esté disfrutando el fortalecerse conforme avanza su aventura por el mar.

Entre tanto, se acercan nuevas personas, conocidos de Uker, al parecer. Kiyoshi, quien al final no se sintió muy a gusto con los tipos de antes, específicamente con Runnin, temiendo que los dos recién llegados fuesen igual de molestos, optó por voltear la mirada hacia el lado opuesto. Solo abre la boca luego de que su capitán se atreve a presentarlo. — No es necesario que le reveles mi nombre a tanto tonto por aquí. — Se refiere a Hyakinthos y a Miyori. Más que tratarlos de tontos, no tiene más interacción. Solo suspira relajado cuando se marchan.

Luego, Uker realiza al Mink una pregunta de lo más interesante, la cual obliga a Kiyoshi a volver a centrar su atención en el grupo, el cual ya ha obtenido algo de privacidad con la ida de los invasores. Claro, no podemos obviar que, de igual forma, las gradas están llenas de personas. Siente incomodidad, y por eso cada vez se acerca más a sus compañeros en los asientos, casi que pegándose. — No era tan rápido. Pude ver fácilmente su movimiento. Sin embargo, si juzgamos su actitud, pareciera estar confiado de poder resolver cualquier situación sin importar el que estuviera en frente. — Para Kiyoshi, las personas capaces de mantener el temple y actuar ofensivamente sin preocuparse demasiado son de temer. ¿Acaso Eros no es de ese estilo también? — Estamos en una isla desconocida. Será mejor que no hagamos nada tonto hasta que estemos seguros. — Esta es la última advertencia que da, pues aparece en el escenario un tipo de lo más peculiar. De buenas a primeras no se le puede ver, producto de la estela de polvo que se levantó. — Genial, otro tonto rarito. — Como si él mismo no lo fuese.

Cruzado de brazos, se dispone a escuchar y observar el espectáculo. Le molesta tanto ruido, mas se abstiene de quejarse en voz alta. Internamente está maldiciendo a todo aquel que grita y no conserva la calma que tanto le gusta. Por eso odia este tipo de eventos con tanta multitud.

Y ahí, otra vez, los nombran como “provenientes del mar azul”. Puede que tenga una explicación, pero no deja de llamar la atención de nuestro limpio amigo.

Afortunadamente, más pronto que tarde, el animador comienza a ir al grano. Si bien cuando empieza a nombrar grupos se puede asumir que los separarán, es cuando nombran a Uker junto a otras personas que todo queda claro como el agua… del mar azul, para que nos vayamos acostumbrando al lenguaje. — Qué molestia. — Porque claro, siempre pensó que seguiría adelante junto a sus amigos, pero esa ilusión acaba de ser destruida en pedazos. Después del Marcado, sigue el nombramiento de Eros. Tercero, Kiyoshi. Último, Varo. Podemos confirmar que ningún sepulturero cooperará con otro. ¿Es esto una buena o mala noticia? Kiyoshi toma el mando para hablar y, tras ponerse de pie, mira hacia abajo a Eros, ya sea por la diferencia de estatura o porque el otro aún se encuentre sentado para cuando el de la mascarilla le hable. — Es una oportunidad perfecta para ver qué tanto han cambiado las cosas desde que nos conocimos. No seas tonto de pensar que me contendré si tengo que enfrentarme contigo. — Una vez aclarado eso, introduce ambas manos en los bolsillos de su pantalón y se retira de la zona en dirección a los cubículos.

Con la mirada busca el séptimo lugar delimitado, contando desde la izquierda, siendo el primero de su grupo en llegar. En el cubículo de su lado ve a Varo, a quien le hace una seña con la mano diestra, que saca de su bolsillo, a modo de saludo. Los otros dos están más distantes, así que entre tanto tonto, no es capaz de verlos.

Proceden a llegar con él quienes serán sus compañeros durante el transcurso de las pruebas. Lo normal sería que llame su atención Yuuki, con quien compartió el camino desde la playa hasta acá, pero, lamentablemente para ella, no es así. Los ojos del médico se abren de par en par al encontrarse nuevamente con un conocido de mil batallas —solo una—, partícipe de uno de los momentos de más crecimiento que experimentó desde que se lanzó al mar. — De los tres tontos con los que me toca compartir—, aprovecha para repasar a los tres, Bai incluida, —jamás pensé que tú estarías incluido. Ha pasado un tiempo, soldado Kibai. — Y sí que han cambiado las cosas desde entonces. Para empezar, Kiyoshi siente bastante repulsión hacia la marina actualmente, hecho que dista mucho de esos tiempos en donde, internamente, aún se consideraba un humilde civil.

Lo gracioso de la vida es que el médico no se da cuenta que el leopardo frente a él es uno de los tipos que fue a por Uker en Little Garden. El destino puede ser cruel y divertido al mismo tiempo.

No hay tanto tiempo para reencuentros, pues el enmascarado no tarda en seguir dando explicaciones, y justo ahora viene lo más importante. — Si soy débil, quedaré eliminado. Compartiremos los puntos para avanzar. Significa que necesitaré la ayuda de estos tipos para no perder contra el tonto del topo. — En su mente, no está la emoción por ganar y pedir un deseo, sino que desea demostrarle no solo a Eros, sino que a Uker y Varo también, que permitirle viajar con ellos no ha sido en vano todo este tiempo. Normalmente, Kiyoshi se vería más apagado en un evento tan masivo, pero, por cómo se están dando las cosas, está bastante motivado.

Sonríe debajo de la mascarilla blanca que oculta gran parte de su rostro, por lo que nadie se da cuenta de este detalle.

— Como ven en mi espalda, soy un tirador. — A la vista de todos está el rifle que carga en la retaguardia. — En pruebas físicas, seguramente quedaré último. Si me toca disparar, apuntaré a quedarme con la victoria. O si debo usar el cerebro, podré arreglármelas. — Si algo no ha cambiado desde que solo era un médico del South Blue, es que, cuando de apuntar y jalar el gatillo se trata, se tiene más confianza que nadie.

Aprovechando el momento que tienen todos para hablar y organizarse, desde el bolsillo trasero de su pantalón extrae el envoltorio con comida dentro que humildemente le preparó Uker. Al abrirlo, puede ver el Kimchi que hizo especialmente para él, procediendo a comerlo tras descender su mascarilla. Para esto, previamente se quitó los guantes de las manos, pues con ellos ha tocado cosas sucias. Pasado un breve tiempo y el bocadillo ya está en su estómago, guarda el envoltorio en el mismo bolsillo de donde lo sacó, porque ni modo que lance basura al suelo, y enguanta nuevamente las manos. — Quizás le faltó sal. — Es lo último que se le escucha antes de subir nuevamente la máscara.

Lávense las manos
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2944 + 300 = 3244
Energia: 3663 + 0 = 3663
Espiritu: 1174 + 0 = 1174


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