[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
La atención del yakuza se mantenía en su querido y amado acompañante, de hecho tenía intención de responder y, sin embargo, hubo una interrupción. Un rostro que conocía, aquellos ojos rojos en conjunto a una característica cicatriz y falta de expresividad. Barald. Había que decir que, al menos por la llamada que recordaba del rubio, tenía un silencioso agradecimiento que mantener, pero no delante de tanta gente y en un ambiente tan ruidoso... Quizás le iba a dejar pasar el hecho de que dejaran de lado a Tezca. En el momento que el contrario lo presentó como su novio, se puso en pie, extendiendo la mano hasta el contrario.

—Es un placer volver a verle, Barald.

Hizo una pausa en conjunto a una sonrisa orgullosa. Si aceptaba su mano, la apretaría con firmeza y seguridad y, en caso contrario, se limitaría a apartarla. —He escuchado que ayudó mucho a Tezca, gracias por saber cuidar de él en mi ausencia. — Y, aunque parecía poder irse, no percatándose hasta entonces de la presencia de los que tenía junto a él. Ryota, Runin. Todas personas que había conocido en algún momento de su vida ya fuera de forma más o menos fugaz. Las palabras del Capitán le hicieron crecer una vena a un lado de la frente y el cuello, apareciendo un tic involuntario. Respiró profundo, calmado, repitiendo el proceso de todos modos. ¿Cómo se atrevían a faltarle así al respeto a su Tezca? Lo peor de todo era que, aparentemente, existía alguien con sobrepeso junto a ellos, con una similitud... peculiar con Tezca, pero por supuesto, con ningún tipo de comparación al respecto. Un momento... ¿LO CONFUNDIERON CON ESE? Ni siquiera se parecían... Ni con ese mostacho, ni el claro sobrepeso, ni siquiera en su mirada. ¿Qué diantres les pasaba? ¿Es que estaban ciegos? ¿Cómo que “El Mejor Tezca”? No se molestó en ocultar su rostro de disgusto en lo absoluto.

—Espero que se lo pase bien con ese...

Miró entonces al falso Tezca de arriba abajo, como si con ello pudiera examinarlo, pero sin siquiera intentarlo intentarlo. —”Amigo” suyo, Señor Ryota. — Calma. Tenía que conservar la calma por el bienestar del rubio. Por eso prefirió guardarse la verdadera opinión para sí mismo y, del mismo modo que con todos, extendería la mano al mencionado capitán. —Disfruten de los Juegos, tripulantes. — Y los dejó ir. Cerró los ojos, esperando a mantener una distancia suficiente para que solo el rubio lo escuchara antes de volver a hablar.

—Normal que tengas que ser tú quien lleva el orden en esa tripulación... No sé cómo los aguantas.

Si ni siquiera eran capaces de distinguirlo, a un tripulante con el que viajaban a diario... Calma Jin, calma. Elevó la mano donde recordó, al fin, que tenía su cigarrillo, mismo que había apartado para saludar al inicio, ni siquiera recordaba cuándo lo había retirado. Dio una larga calada, hasta que el rubio volvió a capatar su atención. La “Meta”. —¿Te refieres a lo de...? — vio cómo extendía algo en su dirección. ¿Una fotografía? Contempló la imagen con detenimiento, de forma, ahora sí, más analítica. Podía ver claramente el parecido del rubio que había en la parte izquierda de los tres individuos... —Cihua... — Pronunció el nombre en voz baja de forma que lo mencionaba más para recordarlo él mismo. Quiso tomar la imagen, pero para entonces el rubio ya se lo intentó guardar. No dijo nada, sabía que no era el mejor momento. Más adelante, quizás, ya se iba a encargar. —¿Necesitas quizás...? — pero, ahora entendió todo mucho mejor. No es que tratara de ocultarlo de él, es que aparecían otras personas más en su presencia. Uno de ellos, para el hombre pálido de la cicatriz, era más que reconocible. Aquel cirujano que conocía tan bien como ninguno. Escuchó su nombre completo, y sonrió, esta vez, con una mayor confianza.

—Hyákinthos... Tanto tiempo, ciertamente.

Extendió la mano, de la misma forma que había hecho previamente con los miembros de la tripulación del rubio. —Tampoco esperé verte aquí, me alegra muchísimo ver que estás de una pieza... Y hasta recuerdas mi nombre. Eso es nuevo. Rafael me pone al corriente, desde luego. — No mencionemos la cantidad de veces que fue necesario recordarle su nombre, pero al menos, por una vez, logró sorprenderlo. —¿Quizás sus problemas de memoria están teniendo alguna mejoría? — Miró de reojo a Tezca por algunos segundos antes de responder a la pregunta del hombre pelirrosa. —He estado sorprendentemente bien, especialmente el día de hoy. — No dio detalles, lo que sí hizo fue, esta vez, contemplar a la mujer que lo acompañaba, con la misma sonrisa, el cigarrillo entre sus labios y, del mismo modo que con Hyákinthos, también le extendió la mano. Esperó a que la joven de cabellos anaranjados fuera quien terminara de presentarse, nada soprendido por la confusión del nombre que había entregado Cherry.

—No se preocupe, señorita Hoshino. Estoy familiarizado con sus problemas de memoria.

Si aceptaba la mano, la apretaría con firmeza y, en caso contrario, la dejaría libremente. —Es un placer conocerla. Soy Jin Onizuka. Siendo conocida del señor Hyákinthos espero que la esté tratando bien. No se preocupe por el fallo de memoria, ya ve que a la larga sí acaba recordando. Solo sea un poco paciente con él. — Tomó el caracol de su bolsillo, pronunciando su número en caso de que la mujer quisiera anotarlo. —Si hay algo en que pueda ayudarla, no dude en contactarme.

Al fin... algo de paz. Se sentó, lanzando un suspiro, al fin, algo de alivio... O eso creyó hasta escuchar el tono de voz del rubio, y lo miró, viendo su expresión. Parpadeó, ahora confundido, parpadeando. —Bueno... Tampoco yo sabía que lo conocías... — Apenas murmuró, dejando escapar un suspiro. Se acercó un poco más a él, tratando de tomarle la mano para demostrarle su confianza. —Es mi socio... De cuando estaba con Raigo. No hay-...

Oh, de nuevo, allí estaba... Lo último todavía estaba por llegar todavía, ahora de una voz femenina, Yuuki, quien gritaba como una loca y que, para colmo, no solo parecía haberlos interrumpido en ese momento, sino para colmo se atrevía a desearle la muerte a Tezca. Antes de que siquiera pudiera sacar cualquier tipo de conclusión, su rostro, ahora más molesto, la observaba fijamente, el cigarrillo apretándose entre sus labios. Parecía que ese día era para poner su paciencia a prueba...

—Cuide sus palabras, señorita Yuuki.

Le encantaría decir que eso estaba terminando, pero no, por supuesto que no. Lo siguiente fue el tirón de orejas que vino de forma espontánea, ahora con mucha más molestia que antes. Qué ganas de sacar su propia katana en ese momento.

Cálmate Jin... Cálmate...

Tomó con lentitud la mano que jaloneaba su oreja, apartándola suavemente, contemplando a la mujer. —Señorita Yuuki, qué gusto volver a verla... Me gustaría poder convers-...

Fue cuando, al fin, escuchó lo que parecía ser un altavoz, con una nueva interrupción. ¿Un presentador? Parecía complacido, tenía una energía insaciable... Un momento... ¿Y esa nube? Parpadeó ahora más confundido, observando su alrededor. Se presentaba como El Dirigente. Los vitoreos no daban oportunidad a que pudieran seguir una conversación (o lo que fuera a salir de allí). Miró a Tezca de reojo, solo para escuchar su nombre. ¿Equipo uno? Hubiera preferido quedarse allí con su amado, pero por desgracia el deber lo llamaba. Suspiró, respirando calmadamente, observando al rubio, apretando su mano con firmeza.

—Te veo luego, querido.

Su rostro era, una vez más, suave cuando hablaba con el rubio, calmado y suave. Tomó su mano, besándola con cariño. —Trata de pasarlo bien. — Y, al fin, por fin, se puso en pie, caminando ahora hasta la zona que le acababan de designar, no sin antes dar una palmada al Ñordiki que los había acompañado hasta entonces. Tuvo que esquivar muchas personas, demasiadas. Solo pasar por las gradas fue un completo espectáculo. Tuvo que pedir espacio a trompicones de vez en cuando, solo con el humo de su cigarrillo como acompañante, el mismo que parecía más bien pronto terminar de consumirse.

Caminó hasta el lado más a la izquierda de la zona, hasta el cubículo designado. ¿A quiénes se iba a encontrar? El nombre de Stroud le resultaba familiar. Stroud... Stroud... ¿De qué le sonaba? Hmm... La que sí recordaba bien era, sin duda, a Nyra. Oh, vaya si la recordaba, como para no con las llamadas de aquella mujer de cabellos blancos y mirada dorada... A quien realmente no le resultaba nada familiar era el nombrado Juan. Curioso nombre... Lo podía ver. Ya fuera que llegaran antes o después de él, sería paciente, como siempre.

Una vez estuvieron todos juntos... Oh mierda, en serio... ¿EN SERIO? ¿TODOS MARINES? ¿EN QUÉ LE LO METIERON? Sin embargo, extendió su mano de forma educada, con la misma sonrisa confiada con la que previamente se había presentado al resto, manteniendo su imperturbable calma.

—Señores y... señorita. Un placer.

Inclinó levemente su cabeza, hacia los tres acompañantes. —Soy Jin Onizuka, como ya habrán escuchado cuando nos llamaron. Espero poder disfrutar de estos Juegos con ustedes. — Observó entonces a Nyra con la misma suficiencia y diversión. —Y, por supuesto, poder colaborar con todos ustedes.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
No suelo estar acostumbrada a los saludos con contacto físico, sin embargo aquel joven de facciones delicadas con brillo dorado me transmitían seguridad total, por lo que no me incomodó que tomara mi mano para plantar un efímero beso sobre el dorso de mi diestra. —Encantada de conocerle, Tezca… — expresé tranquila mientras miraba ahora a Hyák con sonrisa resignada. — Tampoco recuerda el mío, nos acabamos de reencontrar en este lugar.

Jin Onizuka tambien era muy prudente y articulado para hablar, cuando extendió su mano no dudé en corresponder su gesto para seguidamente sentir la firmeza de su apretón, y por supuesto, le sonreí con sumo respeto. --- Encantada de conocerle tambien, Jin. - En cuanto sugerió el compartir mutuamente nuestros números de contactos para futuros encuentros, ser amigos de Hyák no dudé en compartir mi número con la pareja. - ¡Muchas gracias, lo mismo digo si necesitan ayuda alguna vez!, o si solo necesitan hablar... estaré feliz de acompañarles.



El destino puede ser, algunas veces… como una caja de Pandora.
Llena de posibilidades inciertas.

Eros Focalor, ¿Dónde había escuchado ese nombre antes?
Lo pensé una, dos, tres veces… cavé tanto entre mis recuerdos, convencida de haber oído ese nombre en algún momento de mi vida, pero… ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿En qué lugar?

Lo escuché hablar con un timbre de voz sereno y cordial de una conversación que sostenía con Hyák, hablaban sobre un pasado que solo ellos dos conocían, al mismo tiempo, el cocinero Uker decidió opacar la atención del pirata de cabellera rosada por lo que me aparté un poco de los dos para brindarles cierta privacidad, no quería ser alguien inoportuna y escuchar conversaciones ajenas.

En mi breve soledad me vi abordada por la cercanía de aquel joven de pelo largo en tonalidades azules, y cuando me preguntó sí nos conocíamos, en ese momento confirmé que no era una simple coincidencia que su rostro me fuese conocida, incluso sostuve mi mirada sobre la suya con mayor detenimiento solo para encontrar pistas de un ayer lejano, hasta me percaté de un ligero nerviosismo por su parte cuando trataba exponer el motivo de su pregunta.

Bajé la cabeza durante unos instantes, apoyando mi diestra sobre el mentón para nuevamente encontrarme inmersa en los bucles de mis memorias ¿Dónde? ¿Cuánto más debía indagar para encontrar la respuesta?, lo escuchaba perfectamente a pesar de que mi mirada parecía estar ausente en el suelo, pensando, recordando, determinando el vínculo que me ata a él.

Me presentaba ahora a sus tripulantes junto con los honores y la reputación que les precedían a cada uno, había en su voz cierto orgullo como de el un padre al presentar a sus hijos. Sonreí cordial ante las dos personas, Kiyoshi y Varo. — Un placer conocerlos.

Y Eros era el capitán de Los Sepultura.
¿Sepultura?
¿Eros Focalor?, ¿Sepultura? ¿Eros?... ¿Focalor?... 
Eros… Eros… Eros…
Baterilla.

— Ah… —- Mi mirada volvió a ascender hasta encontrarme con los rasgos físicos de aquel joven de tez pálida y apariencia lúgubre, justo en ese instante… una sombra olvidada en mi memoria comenzó a llenarse de color, como si por fin una pieza perdida encontrara su lugar. Di unos cuantos pasos hasta quedar frente a él, no de forma irrespetuosa, pero si lo suficiente para asegurarme que su atención cayera sobre mí. — ¡Chico sepulturero! — exclamé con una sonrisa que se extendía de lado a lado, en mis ojos azules se reflejaban sin duda la inmensa alegría de volver a verlo… aunque por la expresión de su rostro al inicio, me parece que él me había olvidado.

— ¿No me recuerdas de nada?, nos conocimos hace muchos años, en Baterilla… — le dije con tranquilidad aunque en ese mismo instante también vino a mí aquel tonto apodo con el que solía llamarlo y seguir sus pasos cuando era niña, la vergüenza nació y me hizo sentir torpe por lo que desvié la mirada con una tímida sonrisa incómoda. — Bueno, no importa… ya habrá tiempo para hablar de eso después, ¿si?

Tomé el brazo de Hyák tan pronto como noté que terminó de hablar con Uker el cocinero, tomando camino hacia los puestos del mercano cercano, especificamente la tienda de golosinas, ahora solo faltaba comprar los snack para todos… — ¡Mucha suerte en los juegos si participan!



Sosteniendo la mano de Hyák avanzamos entre la multitud y las gradas del estadio, tratando de no entorpecer el camino de algún transeúnte descuidado, y al avanzar por una zona concurrida para ceder el paso a unas personas… fue que escuché la voz suspirante de un hombre, al dirigir mi mirada hacia arriba, frente a mí, dos personas de altura descomunal sentadas disfrutando de lo que parece ser comida rápida que venden en los puestos cercanos, al parecer una de ellas tenía su atención sobre mis snacks e hizo el comentario como si hubiese perdido la oportunidad de comprar bocadillos para presenciar los juegos. Era un hombre de notable mosculatura, su pelo y su barba era de un rubio cenizo casi enblaquecido, portaba gafas y su piel era en tonalidad preciosa morena.

— ¿Te gustan las papitas sazonadas? — pregunté con cierto tono pacifico mientras rebuscaba entre mi bolsa de la tiendita algo que pudiera satisfacer sus gustos, al encontrar lo que buscaba extendí mi mano para ofrecerle una bolsa de papitas grandes, y al darme cuenta de lo pequeña que eran comparadas a sus manos, y todo su cuerpo en sí, busqué una sabritas extra para entregarsela, siendo dos bolsas de papitas grandes. — ¡Espero sean de tu agrado!

Le sonreí tenuemente mientras continuaba con mi camino, percatandome que aquel pequeño momento de conversación por poco hace que Cherry se pierda entre las personas, teniendo que apresurar el paso para evitar que rondara en círculo. — ¡Los chicos están por ahí! — señalé emocionada.

Traía tantos comestibles que sería suficiente para disfrutar del gran evento, y de todos esos… quería probar pronto la mermelada de naranja junto a ellos.



El bullicio del público me tenía completamente absorta de todo cuanto ocurría a mi alrededor, personas iban y venía en busca de un buen lugar desde donde presenciar el espectáculo, al estadio rebosaba de gente y las expectativas parecían elevarse a cada segundo que transcurría, a decir verdad, jamás en mi vida había asistido a un evento de semejante magnitud, ¿cómo serían realmente los tan afamados juegos de Skypiea?, por la cantidad de personas quiero suponer que deben ser cosa del otro mundo.

No pude evitar sentirme nerviosa, había dicho que participaría cas por impulso sin saber realmente en qué consistían aquellas pruebas de destreza, aun así la emoción de vivir algo completamente nuevo lograba imponerse poco a poco sobre el temor y una pequeña sonrisa terminó dibujándose en mis labios mientras observaba el escenario frente a mí.

Transcurridos unos instantes que parecieron una eternidad, desde lo alto del Olimpo… la magia dio comienzo.
Y por supuesto… todo buen espectáculo debía iniciar con una risa capaz de anunciar la diversión que pronto caería sobre sus espectadores.

El bullicio del público se extinguió tras la majestuosa entrada del maestro de ceremonias, su voz era firme y solemne, resonaba con una autoridad casi divina mientras hablaba oculto tras una máscara, dejando claro que su verdadero rostro no era digno de ser contemplado por los simples visitantes de tierras lejanas pero eso no lo detuvo de hacer del escenario algo suyo.

— Qué increíble… — murmuré para quienes se encontraban sentados cerca de mí, mis ojos permanecían completamente fijos en los elegantes movimientos de aquel portavoz que parecía navegar entre las nubes. Aunque, para ser sincera… había algo que despertaba todavía más mi curiosidad, mi mirada terminó posándose sobre el bastón que sostenía, en su punta descansaba incrustado un… ¿Den Den Mushi?

¿Era una especie de micrófono? ¿Cómo funcionaría aquello? ¿También serviría para cantar?

Tras la maravillosa presentación mis manos se unieron en un alegre aplauso acompañando las ovaciones que merecían cada uno de aquellas personas dispuestos a enfrentarse a las pruebas de destreza, no tardé demasado en sorprenderme al reconocer algunos nombres dichos por el Dirigente, nombres de algunos que estimo demasiado.

Por ahora… bastaba con saber que se encuentran bien, surcando los cielos para “jugar”.

— ¡Me voy ahora! — expresé con gran ánimo mientras miraba con alegría a Maki, Hyák, María y a Barto — ¡Les deseo ánimo, Valar…  fuerza y sobre todo mucha suerte!

El estruendo de las trompetas hizo que mi corazón se estremeciera, acompañado por el resonar de los platillos que encendían aún más el entusiasmo de la multitud, cuatro personas por cada grupo… imagino que cada uno cuenta con habilidades completamente distintas. Solo me tomó unos instantes descender por las gradas hasta llegar al cubículo asignado al equipo cuatro donde mis compañeros ya me esperaban, y para mi sorpresa, allí estaba el chico sepulturero.

En cuanto el dirigente del evento terminó de explicar las cinco reglas de la competencia, dirigí ahora mi atención hacia el resto de mi equipo, no sabía nada sobre sus hábilidades por lo que decidí presentarme primero, tomé mi arco en mis manos y comprobé con cuidado que la cuerda estuviera perfectamente tensada.

— Si les parece bien, me gustaría tomar la prueba de precisión, claro.. solo si todos están de acuerdo… — pregunté con voz suave y jovial.


Amphitrite Toca la Canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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El momento de ebullición había pasado y, aún así, sentía en todo el cuerpo un calor remanente, una brasa caprichosa, empecinada en arder hasta volverlo cenizas. ¿Desde cuándo era así? ¿Desde cuándo tenía que contenerse de esa manera? Miraba hacia atrás, a los meses transcurridos desde el incidente de Kutsukku, y no sabía a que achacarle la culpa. El ascenso, el apellido, la fallida misión de rescate; todos fueron pequeños golpes que, sumados, empezaban a hacerlo tambalear. Siempre se había tomado las cosas como un juego. Siempre había priorizado poder reírse de todo y de todos, incluido de sí mismo. Especialmente de sí mismo. ¿A qué se debía ese impulso violento? ¿Esa sed casi asesina? ¿Era el veneno?

Subido en Juan, un camarada, y sintiendo las miradas de sus compañeros detrás, Enji se tomó un momento para respirar y centrarse. ¿En otras circunstancias  habría atacado sin pensar? ¿Hubiera buscado la represalia por el golpe recibido? Probablemente, sí. Lo que imaginaba, en realidad, era un simple golpe, un toque en la nariz, algo inofensivo y burlón para jugar con la paciencia del ángel. Un chiste. Ahora, sin embargo, no se sentía capaz. Temía que un simple puñetazo se convirtiera en una lanza y que el veneno, ansioso por cobrarse vidas, actuase por cuenta propia.

«Menuda mierda —pensó—, ahora resulta que me comí una fruta más podrida de lo que pensaba». Recordó el sabor de la Doku Doku y se le arrugó el ceño involuntariamente. «Me voy a acordar de tu nombre, Navur… ah, qué pereza, mejor no»

—Estoy bien, Masami. El angelito ese pega como una ne… como mari… nada, que pega suavecito. —Se hizo un nudo a la hora de encontrar un ejemplo adecuado y acabó por rendirse y rascarse el cuello, justo en lo que aparecía Shin—. ¿Ah? ¿Qué? ¿Me ven llorando o qué pas…? ¡Eh!

Antes de que pudiera anteponer otra queja, el luminoso y demasiado precoz de Shin ya estaba frotándole una especie de ungüento por la cara. Reconoció el olor, así como la textura, y supo, instantáneamente, de qué tipo de sustancia se trataba. Todo gracias a los estudios que había llevado a cabo desde su llegada a la Grand Line y, también, gracias a Sigrid, que se tomó el tiempo de enseñarle mucho de su profesión como médica. Ahora le quedaba la misión de seguir instruyéndose de manera independiente.

—Puaj, que puto asco… —bufó, pese a que la pomada hacía maravillas. En menos de un minuto dejó de sentir el moretón—. ¿Y a quién mierda le llamas “Tenryu”, chispitas?

Pero Shin ya se había ido.

Unos minutos más tarde, subido a lomos de la tortuga Juan Sebastian, Enji llegó a las gradas. Desde allí pudo apreciar mejor el escenario que eventualmente ocuparían, tan ancho y majestuoso como sólo podía ofrecer la tierra de los cielos. Le brillaron los ojos y sonrió, emocionado. Cuánta gente. Cuánto espacio. Cuanto espectáculo podría dar en esa arena ovalada.

—Con paciencia, Juancho. Se ve que esta gente es de esa que siempre anda con un palo en el culo, armando filas, horarios y blablabla. Ya nos tocará… —dijo, pese a que lo consumía la ansiedad y una curiosidad voraz. Prueba de ello la manera en que su pie se removía constantemente dando pequeños golpecitos sobre el caparazón de Juan—. ¡Rubiales, ni se te ocurra perder esa chaqueta! Mierda, ya quiero que empiece...

Atendiendo a su petición, una nube apareció en el cielo. Una nube particular, especial, pues viajaba mucho más bajo —o alto, teniendo en cuenta que las demás estaban en sus pies—, que las demás, y a una velocidad endemoniada. Arribó a la arena y la nube de polvo que, hasta entonces, la perseguía, logró darle caza y ocultar por unos segundos eternos al jinete de tan extraño vehículo. Enji se bajó del caparazón de Juan para poder acercarse al borde de la grada y asomar la cabeza, agarrado firmemente a la baranda. La nube de tierra se despejó y, finalmente, El Dirigente hizo su aparición.

“ ¡¡ HYA HYA HYA HYA HYA !! “

La risa de la celebridad enmascarada retumbó en todas las direcciones. El enorme estadio se llenó al completo de su eco, repartido equitativamente a través del Den Den Mushi que funcionaba de micrófono para el maestro de ceremonias. Enji lo inspeccionó de arriba abajo. ¿Era ese Zarutsuki? No, por supuesto que no. El mismo Dirigente lo dejó claro después de darles la bienvenida al evento.

—Eh, Juancho, Rubiales, Masami. —Llamó a sus compañeros sin apartar la mirada de la arena—. Tenemos que practicar algo parecido —murmuró después de ver la interacción del público con su amado vocero—. Yo digo “Soy Enji” y ustedes responden… Hmmm… ¿Hay algo que rime con mi nombre?

Lo meditó durante algunos segundos, pero nada, ninguna idea vino a su cabeza. ¿Es que no existía una buena rima para la palabra “Enji”?

La presentación y explicación de los juegos seguía, ajena a su nueva incógnita. Lo escuchó todo atentamente y sintió un placentero escalofrío cada vez que el público vitoreó, con las gradas en sus pies vibrando a causa del aullido de las masas. ¿Qué era ese poder? ¿Y cómo había vivido tanto tiempo sin sentir nada siquiera parecido a lo que ese sujeto, El Dirigente, debía estar experimentando en ese momento?

La metodología de los juegos empezó a tomar forma en su cabeza. Una competencia grupal, no individual. Eso era bueno. Conocía a fondo las fortalezas de sus compañeros, así como ellos sabían de sobra todo lo que era capaz de hacer y lo que no. Pensó en las otras divisiones, la sesenta y la setenta y cinco, y el gen competitivo que llevaba dentro se encendió con la violencia de una cerilla de brea. Quería derrotarlos, que la GLORIOSA División Ochenta se alzase por encima de todos los demás.

“ ¡El Equipo uno está formado por Jin Onizuka, Stroud Nanashi, Juan Sebastián y Nyra Kuroshiro! ”

—¿Ah? —replicó por lo bajo. Miró a Juan, miró a Nyra y después buscó con la mirada a Stroud. Cuando lo encontró, frunció el ceño—. ¿Ahh? —Y volvió a mirar a Juan—. ¡Tortuga traidora! —Se agachó, lo tomó del caparazón y levantó del suelo. Sin piedad alguna empezpo a agitarlo en el aire, de esa forma exacta en que recomendaban nunca agitar a un animal—. ¡Tardaste un solo día en abandonarnos por el rubio cara de culo!

Y más nombres sonaban de fondo. Reconoció varios, más de los que se esperaba. ¿Estaba Miyori allí arriba? ¿Jin, el yakuza de Karate, también? Incluso…

—Ah, tiene que ser una broma… —musitó, al tiempo que soltaba a Juan—. ¿Otra vez con el come abuelas?

Los equipos estaban claramente armados al azar y, compañeros o no, competirían. La GLORIOSA División Ochenta tendría que separarse momentáneamente para convertirse en rivales.

“ ¡Vamos! ¡Los cuatro hacia su cubículo! “

—Ugh, puta mierda… —masculló. No le gustaba que lo apurasen—. ¡Muy bien, idiotas! Parece que aquí nos separamos. ¡Sólo les voy a decir una cosa! —dijo, y su sonrisa se ensanchó mientras observaba a su grupo, a su equipo, su división—. No voy a tener piedad con ninguno de ustedes. ¡Y no quiero piedad de ninguno! ¡Los veré en el putísimo podio, justo por debajo de mi suela! ¡Shihahahaha!

Y, tras carcajearse como un maníaco, Enji saltó desde las gradas a la arena para dirigirse al cubículo del grupo cinco. Dejaba atrás a sus compañeros, convertidos momentáneamente en rivales, y encaraba a un nuevo grupo de lo más variopinto. Todos ellos piratas, para variar, y cada cual más extraño y excéntrico que el anterior. Resultaba irónico que el más “normal” entre los cuatro fuera el mismo sujeto que tenía un anuncio en el periódico condenándolo por matar niños y mujeres.

Se encendió un cigarrillo en el camino, cuestión de que, para cuando se plantó en el lugar asignado, el tabaco estaba a medio quemar.

—Hijos de puta… —dijo, parado y cruzado de brazos ante sus “camaradas”—. Ninguna de sus cabezas vale menos de cien millones.

Filtró una humareda entre los dientes que presumía su ancha sonrisa, negada a desaparecer. Los boxers azules y sus botas nuevas eran todo su “uniforme”.

—Come abuelas. —Saludó a Dharma—. Parece que no puedes vivir sin mi, eh.
»Para los otros dos, un aviso: soy marine. No voy a ser amigo de ninguno —advirtió de buenas a primeras, directo en su forma de hablar—, Ahora… aquí arriba, en Spypiea, rodeado de ángeles y mierdas de esas, la justicia será lo que me dicten a mi los huevos. ¿Y saben qué me dicen? Que, por lo que a ellos respecta, los tres son unos santos querubines. ¿Se entiende? Me importa una mierda lo que hagan antes o después, ¡pero ESTA mierda la vamos a ganar! —declaró, mordiendo el cigarrillo hasta espachurrar el filtro—. ¿Estamos de acuerdo?

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3797 + 300 = 4097
Energia: 3872 + 0 = 3872
Espiritu: 1450 + 0 = 1450
No fueron las amenazas de la morena, el mal mirar de su capitán, ni el abrazo, ese había sido un lindo detalle: Al final del día sabía que Jin había coincidido en una que otra ocasión con los valerosos miembros del Hanu Mahana. —Si saben que tenía novio antes que partiéramos del south, ¿verdad?  — Los miré con cierta incredulidad ante el escándalo que hacían como novia celosa, estaba seguro de haber dejado implícito que tenía pareja antes de tan siquiera pisar aquel “parque de diversiones” Lo que realmente me había molestado era el jalón de orejas de la birkaniana, que me hizo cerrar los ojos y quejarme en voz alta. —¡Yuuki! ¿Qué haces? ¡Suelta, duele! ¿Me entiendes? ¡Oye! No vengas con esas cosas, nos vemos más tarde ¿Me entiendes?— ¿Qué le pasaba? ¿Se había vuelto loca? ¿La altitud le estaba afectando? Cuando nos soltó solo seguí su estela, frunciendo el ceño.
 
Antes que tan siquiera pudiera pasar mi molestia una voz se hizo presente, imponente, trayendo aún más la fiesta a la situación: Resultaba ser el presentador de aquellos juegos, con una bienvenida impresionante, digno de alguien que sabe como mover a las masas, sentí que tanto ruido iba a dejarme sordo, acomodándome los lentes ¿Así que íbamos a tener que bajar? El primer grupo no se hizo esperar y entre los nombres pude discernir el de mi compañero. Maldita sea, la dama fortuna, tan caprichosa como ella misma me quitaba una presencia como ninguna otra; tal vez era parte de su juego, este vaivén como las olas del mar entre lo que quiero y lo que obtengo. Aún así lo único que se posó en mis labios fue una sonrisa cuando el hombre besó mi mano con dulzura y se despidió. —Si tienes prisa intenta reservar unos minutos para acompañarte. — Fueron las últimas palabras que pude decirle mientras se iba, mirando al ñordiki de reojo intentando comunicarle un “también lo voy a extrañar, care´malo“ antes de regresar la vista al presentador. Los nombres continuaron agrupándose, tanto conocidos como desconocidos: Expresé una mueca cuando mencionaron el nombre de Barald sin el mío antes o después, aunque sabía que todavía tenía algunos mahanas con los que podría compartir, no tardó mucho en sonar mi melodioso y dulce nombre de las palabras de aquel dirigente.
 
“¡El Equipo cinco está formado por Ubbe, Enji, Dharma y Tezca Norova! ¡Vamos! ¡Los cuatro hacia su cubículo!”
 
No me parecía tan familiar ninguno de esos nombres y sin embargo tampoco desconocidos: como si lo hubiera leído, escuchado o si se tratara de una mención de tiempo atrás. Me levanté acomodando el traje que vestía y dejaba ver algunos de mis mejores atributos, saludando a la gente de las gradas con gracia y orgullo, exacto, memorícenme bien ¡Están presenciando al campeón de estos juegos! Es más, solo denme el premio. Bajé las gradas hacía nuestro cubículo, mientras caminaba intenté prestar atención a los números del resto de mis compañeros de tripulación, notando al grupo que se iba formando. Fue uno de ellos quien optó y me ganó en hablar, el humo del cigarrillo creaba figuras que desaparecían rápidamente en el aire… ¿Era mi idea o aquel hombre solo portaba lo que parecía ser su ropa interior y botas? La moda está muerta por estos lares sin duda, me alegra haber llegado para revivirla.
 
“Para los otros dos, un aviso: soy marine.” Por la diosa fortuna ¿Qué tienes contra mí? ¿Otra vez me encuentro en una situación con marines? ¿Y este de cabello claro casi blanco como el otro? Estaba seguro que mi expresión se transformó a un hartazgo profundo cuando el perro del gobierno había dicho esas palabras, los otros dos no me parecían marines aunque aquel hombre semidesnudo tampoco me tiraba tantas luces. Rodé los ojos cuando terminó de hablar. —No tienes nada de que preocuparte, perro del gobierno, no hables de justicia que tu gente es lo que menos hace… no espera, tienes razón, ya suenas como un marine ¿me entiendes? — Di un paso al frente con cierto orgullo, apuntándome con el pulgar mientras una arrogante y ladina sonrisa aparecía en mi rostro, este juego ya estaba ganado. —Primero que nada cuentan con una suerte que pocos… TOOOOOOODOS ustedes son muy suertudos ¡Tienen a el gran y único Tezca Norova de su lado! Estoy seguro que el perro del gobierno aquí sabe de lo que hablo. Así que estos juegos ya están ganados… vayan pensando su deseo y todo eso, pero al fnal espero un “muchas gracias, genial e increíble Tezca Norova” ¿Me entienden? —
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3112 + 0 = 3112
Energia: 3029 + 4 = 3033
Espiritu: 736 + 0 = 736
Parecía que la amiga de los chicos conocía al Orador, era coincidencia o el destino? parecía que el hombre estaba solo, pero era increíblemente antisocial… Maki lo fue hace mucho, ahora tenía mucha gente detrás y delante. Se sentía plena y llena de vida. ¿Será que este tipejo está conforme con el camino que lleva? Seria prudente preguntarle si estaba buscando tri…. Pu…. Nah con una sola hija de puta en el barco bastaba. Dharma ocupo un espacio en sus pensamientos por que se veía medianamente reflejado en él. O será que quería pensar en eso. No se vislumbraban pins o colores de alguna tripulación. O quizás no quería que supieran que tenía una o será quizás que venia a alguna misión. Bueno da igual. ¿El Orador? Asunto terminado.
 
Entonces se le acerco la diosa de bronce, la que parecía según el Paliducho. Era la líder de todos. Maki asintió ante esto y se encogió de hombros, solo le interesaba mantener al grupo a salvo, al menos a aquellos que creía conocer y a sus aliados más próximos, ella se despidió de Maki con señas y movimientos, nombrándose ambas antes de marcharse… Pero antes que se fuera, ella le tomo la mano derecha. Para inspeccionar sus enormes y hermosos ojos azules como el cielo de la mañana. Un reposo lleno de paz y calma difícil de agitar. Maki le sonrió y sacando rápidamente un lápiz de su cartera anoto rápidamente su propio número den den mushi en el brazo de la Birkaniana. —Veámonos otra vez para una paliza real… espero hayas mejorado Musa.— Decidió que su nombre seria ese hasta que le recordara mejor. Asintiendo con la cabeza, dejo que se marchara con su grupo a las gradas. Pudo escuchar con su oído privilegiado que parecía ser el Mink el que le ayudaba con el idioma por que ya lo había escuchado hablarle a ella misma y ahora hablaban de tu a tu con la dama de bronce, Musa. Burro y Mona. Un trio interesante para un chiste de bar.
 
Hyak creía ser la cereza del pastel. Igual que Merlot, eso le agradaba a Maki, siempre intentando rivalizar con todo aquello que fuera medianamente hermoso. Maki se miro los brazos, se toco el rostro… era deforme, horrenda pero ya había decidido que su función no era la misma que sus compañeros. Sonrió ante eso. Encontrar su lugar era lo mejor. Que le aceptaran como era. Mandona, terca, imbécil, borracha, drogadicta, enferma sexual, todo eso era algo maravilloso… no los defectos… sino encajar. —Claro que caerá, no será el único Cherry, solo dales un poco de tiempo, y todos caerán a tus pies. Tengo fe. Fe es lo que me sobra en estas tierras.— Dijo con una voz melosa, melodiosa y seductora dándole alas al medico rechazado para que no bajara el ánimo.
 
Estaba feliz de que la gente hiciera las cosas como sugería?... o mandaba?… si, quizás era algo mandona y desesperante, pero… que se vayan al cuerno. ¡¡O hacen caso o nos iremos a la puta!! Cada segundo era un suplicio, que Merlot se pone inquieta con sus inquietas, que Hyak se trae a uno que otro tonto para hacerlo filetes, en todo sentido o que cualquiera de los dos se pierde. Era… desesperante. Menos mal ahora Melones y Gigantón podían encargarse uno de cada uno, de hecho, le pareció casi a punto de decirle que si quería volviera con la sirena revoltosa. Siempre volvía. No estar a cargo de que se perdiesen o se muriesen era liberador… esperen… esperen… de un momento a otro, se sintió como nunca antes.
 
…
…
…
 
OYE!!!
 
¿Sola?… sola con sus propios pensamientos, la gente se despidió, se dividió y solo quedo ella ahí reluciente y sin preocuparse de nada. sintió algo que nunca antes había sentido. Como si un peso en su mente, cadenas las describió se rompieran en sus oídos. Pudo empezar a escuchar el dicharacheo de la gente, algo raro paso en su boca, un ataque nervioso? No… que sería… mierda está sonriendo, se había liberado de las dos personas peli rosas. Un minuto, dos, una hora. No eran responsabilidad de ella. casi que salto de alegría, pero prefería mantener lo edgy… se bajo de un asiento. Mierda de la emoción de al fin solo poner atención a si misma le había confundido y había estado celebrando este tiempo sola. —Señorita bájese de los asientos… por favor— Dijo un birkaniano algo extrañado… —Metete en tus propios asuntos… … … putito— Se bajo avergonzada por no haberse dado cuenta de su celebración.
 
Cuando llego al puesto de comidas y pidió esas bolitas vegetarianas de pulpo que no contenían pulpo, mientras esperaba el pedido, alzo la mano hacia el sol jugueteando con los rayos entre sus dedos como si pudiera manipular la luz como una Fruta del diablo, la energía y la canción de su fulgor que penetraba en su piel le parecía vigorizante. Una energía diferente, llena de… ¿Paz? ¿Será que la paz qui si sea absoluta? ¿Podría quedarse aquí para siempre?... claro… por que no. —he? Si… es fresco por si te lo preguntas…— Había respondido sin mirar directamente a su interlocutor cuando puso más atención. Pudo observar a un hombre medio calvo igual, pero su estilo, fenomenal, Maki sonrió, esbozando casi una carcajada que no estallo, no le conocía y era desconfiada. Solo con quienes le llamaban por su nombre estaba acostumbrada a que se le acercasen. Su mano siempre descansando en su tanto. Era mujer. Tenia que ser precavida. —Te queda bien también muchachote.— Ladeo un poco la cabeza para denotar que ella era calva por completo. Nunca había visto un poderoso coloso como el, quizás mas grande y fuerte que el Gigantón?... mierda esta era una galleta de chocolate mas suculenta y difícil de tragar. Ella se mojo los labios —Supongo… supongo que vienes a los juegos a pelear por tu pueblo? ¿Tripulación? ¿Por tu señora? ¿O señor? dicen que los juegos este año serán duros… … … Si, daré lo mejor, aunque no creo que rinda tanto como… bueno una buena pelea.— Recibió su pedido y se acomodó las espadas y la guitarra en la espalda, denotando que era más guerrera que deportista. —No sé qué juegos hay, pero quizás nos encontremos en la arena… … …— Extendió su mano hacia el gigante azucarado. —Mi nombre es Maki…. Maki D. Zen´in del clan Zen´in de, bueno Marine Fort… aunque ya no pertenezco a la alineación del gobierno…— Respondió al casual y espontaneo apoyo. Cuando menciono que debía irse ella respondió —Good Luck u 2 Wardog!— y pagando la comida volvió a admirar el sol una vez mas para volver a su puesto mientras comía alegremente.   
 
Cuando apenas llego al lugar Algo impresionante paso, mierda que hermoso pensó Maki al ver surcar a un ser por el cielo, no en sus propias alas, sino en lo que parecía ser un colchón de nubes. ¿Serán endémicas de acá? ¿Mágicas? ¿Alguna fruta? Quería una. para deshacerse de la jodida ave que le picoteaba las manos cada que le alimentaba. Pollo frito. Cuando aterrizo sintió la voz verdadera de un representante con mucha mayor jerarquía que el ángel que le había recibido. Se notaba nadie tenía que decírselo. Cuando la gente grito Maki se sorprendió del maestro de ceremonias, estaba algo alejada de su grupo que comenzó a volver poco a poco. Pero a ella no le importaba, solo se mantenía al borde de la arena para no perderse absolutamente ningún detalle. ¿Equipos? —Como ya están los equipos? Pensé que podríamos anotarnos como tripulación o algo así.— Se dijo a si misma algo decepcionada al quedar fuera de las inscripciones. —HEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!! Uker? ¿EL MALDITO UKER?  RACKHAM UKER ESTA AQUI? EL EX CAPITAN DE LOS OLVIDADOS!!!— Los ojos encolerizados de Maki se volvieron sanguinolentos y tirando las cosas al suelo, la comida, se levanto y con furia agarro la baranda del borde de la arena que crujió bajo su furia aparentemente incontenible. Mientras sus dientes crujían con la amenaza de romperse bajo el fulgor de su furia. Se volvió atrás para encontrarse con los ojos de su médico, su mejor amigo, seguro el muy bastardo hijo de puta de Cherry sabia o lo había visto aquí y no se lo había dicho.
 
Cuando la nombraron… —HE?... así que pare eso era la presentación de los ángeles.— Se dijo con la voz algo confusa pero solo le basto un salto con una mano para que el traqueteo de sus armas resonara y hicieran que surcara el viento con una estela de polvo… Su mirada era fría y vengativa hacia el… ese… estúpido mechón blanco al viento como una orgullosa bandera. Maki no presto mas atención a nada más. Solo recordaba sus armas y las enumeraba, todas ellas, era un arsenal andante y las usaría todas en Skypea. No separo los ojos de su antiguo capitán mientras caminaba como un depredador al acecho. Era fácil de entrar en conflicto con Maki pero sin provocación… no quería arruinarlo todo. Debería esperar —Tch…— Chasqueo la lengua y al girar la cara a otro lado para no verlo mas vio a su dios dorado… en el mismo equipo que el Chocolatoso. Puso sus puños en la cintura, esta vez lo reconocía. Mirándole atentamente a ambos. cuando se dio cuenta que… estaba rodeada de Marines. Hecho la cabeza atrás. Que… que era esto? Una especie de trampa. Alzo el mentón de manera altanera. No se amedrentaba. Nadie podría vencerla no con esta ira. —Maki… pero imagino que ya me conocen. Al menos en fotografías. No en relevancia.— Dijo extendiendo un puño en paralelo al suelo para chocarlo con quien quisiera. Cuando sonaron las trompetas Maki olvido su rencilla y a los conocidos, prestando completa atención.  
 
Las reglas parecían regulares, pero… ¿Deseo? ¿Tenía ese poder? ¡¡PATRAÑAS!! Nadie podía cumplir deseos… pero, que deseaba Maki… nada. Absolutamente nada. sus sueños si no podía ser cumplidos con su propia maldita fuerza y convicción no valdrían para nada. los sueños no se componían de regalos y deseos, sino de fuerza, dolor y sangre. De puro empuje y persistencia. Si ganaba. Le daría un día libre al rey. Pero. No era una deportista. Era una guerrera. Mierda… bueno. No es problema, pero si le provocan habrá guerra… aunque no dure mucho esa guerra. Maki suspiro lanzando el aire que tenia en los pulmones, aquellos que quería usar para gritar con todas sus fuerzas.
 
Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
El estruendo del graderío casi le vuela las orejas a Moja. Ese tal "Dirigente", un payaso con máscara y guantes rojos montado en una nube flotante, se puso a gritar por el Den Den Mushi con un tono chillón que al mink le pareció insoportable. Cuando la multitud coreó al unísono aquello de "¡¡EL FAVORITO DE LA GENTEE!!", la madera de las gradas vibró bajo sus pies. Moja se limitó a resoplar, cruzando los brazos sobre el pecho.

La farsa continuó cuando el presentador empezó a soltar los nombres de los equipos. El tipo los había mezclado a todos de forma supuestamente "equilibrada". Moja aguzó el oído. Stroud iba al Equipo Uno, Bertram al Dos... y de pronto, el presentador gritó su propio nombre, con ese maldito acento teatrero:

-¡El Equipo tres está formado por Maki D. Zen’in, Alejandro Montoya Jara, Kael Omuyaga y el birkaniano Masato Ami! ¡Por favor, dirigíos al cubículo!-

Al escuchar su nombre completo, Moja se tensó. Detestaba que usaran su identidad de esa manera ante una masa de civiles alados y piratas. Pero lo que realmente le revolvió el estómago fueron las normas que el presentador empezó a recitar con los dedos en alto. ¿Un deseo? ¿El Emperador Zarutsuki podía cumplir cualquier deseo al ganador?

Por un segundo, la mente de Moja se desvió. Un deseo. La imagen de sus padres, las cadenas de su infancia en el East Blue, el fuego de la rabia que aún le quemaba por dentro... Sacudió la cabeza con brusquedad, irritado consigo mismo. Los deseos eran cuentos para niños débiles. La justicia no se pedía de rodillas a un rey del cielo; se imponía con disciplina, orden y fuerza propia.

Se levantó de la grada de un salto, sin esperar a que el presentador terminara de flotar en su nube. Se giró hacia Stroud, se cuadró de forma automática y realizó un saludo militar rápido, rígido.

-Comandante. Con su permiso- dijo con su habitual tono seco. Se despidió de Kibai y Bertram con un simple asentimiento de cabeza y bajó las escaleras de la grada a paso ligero, con las botas rítmicas contra la madera.

Al llegar al cubículo de tierra batida del Equipo Tres, el ambiente se puso tenso al instante. Allí estaba ella. Maki D. Zen’in.

A Moja se le erizó el pelaje de la nuca. Recordaba perfectamente a esa mujer, aunque ahora estaba calva, mandona y peligrosa de cuando casi se matan a golpes en Little Garden, antes de que el maldito Sohem metiera las narices para frenar la pelea. La pirata lo miraba con una frialdad asesina, con las manos cerca de sus armas. Moja no se amedrentó. Dio un paso al frente, plantándose en mitad del cubículo y marcando distancias con la pirata. No quería estar en el mismo saco que una criminal, pero las reglas del juego eran claras, las hostilidades estaban prohibidas.

Fijó sus ojos amarillos directamente en Maki, ignorando el puño que ella ofrecía de forma altanera. Con la voz cortante y firme, aunque por su forma de ser no hablaba, hizo un esfuerzo y sin un ápice de duda, sentenció:

-Yo haré la prueba de velocidad. Soy el más rápido aquí.-

No era una sugerencia. Un mink pantera negra en su propio terreno físico no tenía rival corriendo, y Moja no iba a permitir que nadie más arruinara su oportunidad de dejar el pabellón de la Marina en lo más alto del cielo.

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*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
La mayoría de los marines tomaron asiento en las gradas, pero yo estaba siendo el asiento del propio Enji, por lo que decidí quedarme en el suelo, apoyado sobre mi acorazado abdomen de tortuga y esperando pacientemente a que empezase el evento.

—Palomitas —dijo Nyra entre otras palabras sin importancia.

—¿Palomitas? —pensé mientras levantaba mi cabeza, que se encontraba ligeramente recogida en mi caparazón y reposando en la madera por donde iban y venían los espectadores del evento, buscando sitio en las gradas. —¡Yo quiero! —exclamé justo antes de estirar mi cuello para coger con precisión quirúrgica una del borde. Mientras la degustaba, no pude evitar decir con alegría: —*Ñum*, qué *ñum ñum* rico…—

Mientras todos disfrutábamos de la espera y del buen ambiente, el cual yo observaba desde una posición baja, no pude evitar notar un alivio repentino en el peso que estaba sosteniendo sobre mi caparazón. Enji se había bajado de este, asomándose a la baranda de las gradas para tratar de ver algo. Como yo era bajito, aproveché para meter mi diminuta cabeza entre las barandas por las que mi capitán estaba asomado.

—¡¡HYA HYA HYA HYA HYA!! —rio un hombre enmascarado, que viajaba sobre una nube voladora que aterrizó con gracia en la arena contenida por las voluminosas gradas. —¡Ualaaa! —exclamé casi sin aliento. —No sabía que se podían hacer cosas así con las nubes… —No podía evitar fantasear solo con darle un ojo mientras aquel extraño sujeto andaba por la tierra batida de la arena. Entonces, aquel tipo continuó su discurso: —Soy El Dirigente… —Y las personas aladas de las gradas estallaron al unísono:

—¡¡EL FAVORITO DE LA GENTE!!—

Mis escamas se erizaron, y mis ojos se abrieron como platos mientras me mantenía incapaz de cerrar la boca. Era algo increíble. ¿Cómo podía alguien ser tan querido por la gente? ¿Cómo podría yo tener un carisma como el de ese tipo? Si quería ser admirado como él, tenía que encontrar lo que me faltaba… A Enji se le ocurrió una idea genial, anunciar su nombre de la misma forma que hacía el dirigente con el público. No era bueno con las rimas, pero me estrujé el cráneo intentando buscar una respuesta a tal intrincada cuestión.

Mientras pensaba, escuchando de refilón lo que decía el comentarista, pude escuchar mi nombre. —¿Equipo 1? —pensé de golpe, dejando mis anteriores cuestiones atrás. Miré a Enji al mismo tiempo que él me miraba a mí; tras darle una mirada fugaz a Stroud y a Nyra, dos de mis tres compañeros de grupo, mi capitán me devolvió la mirada justo antes de acusarme de traición y levantarme por los aires. —¡Soy inocente, lo juro! —grité mientras movía impotente mis cortas y rechonchas patitas.

Una vez me soltó y dio la orden de separarnos, emprendí el camino hacia mi cubículo —¡Buena suerte chicos!— .A mitad del camino me paré a pensar en el otro miembro de nuestro grupo —Jin… Como que me suena de algo… —Les comenté a mis compañeros marines, mientras caminábamos con paso firme. Estaba increíblemente nervioso, pero mi mente se puso blanca cuando El Dirigente mencionó el nombre de María Merlot.

Sentí como si una mano agarrase mi corazón. ¿Era acaso posible? ¿Mi niña estaba aquí en las nubes? Abandoné mi paso lento por un trote al mayor ritmo que me permitían mis pequeños apéndices, con la esperanza de ver su cabello de color cielo mientras los participantes íbamos a nuestras posiciones. Miré desde mi baja posición a la mayoría de participantes, pero nada, debía tratarse de una casualidad. —No sabía que era un nombre tan común… —dije visiblemente triste.

Una vez todos los miembros del grupo uno llegamos a nuestro cubículo, me presenté al miembro que no era marine. —¡Buenas! —dije con un tono algo chulesco, dirigiéndome al tipo conocido como Jin. —Me suena haber visto tu cara en carteles de recompensa… Pero supongo que tendré que hacer la vista gorda esta vez. ¡Démoslo todo!

Una vez todos los grupos nos asentamos en nuestros puestos, el presentador empezó a explicar las normas, nada fuera de lo común para un evento de estas características. Uno de los detalles sí que llamó mi atención —Un deseo…—pensé. —¿Lo que sea? —musité, intentando hacerme a la idea de las posibilidades. Ante la última pregunta de El Dirigente, solo me quedó gritar:

—¡¡ESTAMOS LISTOS!!—

Cajita de tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Bai clavó la mirada en el número recién grabado en su carne, ignorando el discurso del hombre de la máscara que reberberaba en el graderío e inundaba toda la zona de los asientos. Ella no lo entendía —y tampoco esperaba hacerlo–, así que se limitó a devorar el trazo con un famélico ahínco en su mirada, como si en los números residiera alguna clase de verdad cosmológica; pero, en realidad, su mente se hallaba perdida en una idea mucho más mundana.

¿Sería esto acaso un burdo ritual de apareamiento?

Bai se llevó los dedos de su otra mano al mentón, sopesando la hipótesis y entrecerrando los ojos como si eso le permitiera pensar mejor. Entonces, recordó que en las tierras bárbaras, donde las bebidas espirituosas inflamaba las entrañas y la gente se daba a los sentidos, los más primitivos poseían una gran tendencia a marcar lo que pretendían tener. Cerró los ojos, buscando que su cerebro funcionara aún mejor, y, tras un rato de conexiones lógicas sin verdadero sentido ni verdadera justificación, concluyó que se trataba de algún tipo de mecanismo de dominancia social donde el líder, en un acto de exhibicionismo ante su gente, les trataba de mostrar su capacidad para acaparar recursos y hembras.

—¿Eh?

Una de las pocas vibraciones guturales que conocía a la perfección del idioma común cruzó el aire cortando su ensimismamiento.

—¿Me acaban de llamar? —preguntó, inclinando su torso hacia el frente para incluir a Mahou en su campo de visión. Hizo una pausa, esperando a que su compañero hablara y añadió: –¿Debo hacer algo?

Mientras tanto la birkiniana  ajustaban con firmeza las correas de cuero de su guantelete que, debido al calor y el movimiento, se habían desaflojado.

—Dales pan y circo al pueblo y nunca se rebelarán... —escupió con desdén, aprovechando que sus palabras se ahogaban en el estruendo de los vítores de la muchedumbre que incluso hacían vibrar los tablones bajo sus kelpis—. Aunque dudo que «oscuro» sea el término para definir este lugar, he de decirte tenías razón en lo de antes, Zhang.

A su alrededor la muchedumbre rugí al unísono ocultando parte de la conversación.

Después y mientras el orador retomaba el discurso, Bai alzó la vista y sacó su den den mushi para grabar el número de Maki como si todo aquello no fuera con ella. De esta forma, para cuando hubo terminado, los vitores volvieron y ella, que quería saber por qué, observó cómo a escasos metros un anciano de su propia raza, torció el gesto en una mueca de sutil desagrado tan pronto como la gente empezó a acompañar la palabra Mord con pisotones.

—Zhang —murmuró, señalando al viejo con una imperceptible inclinación de la barbilla mientras la masa coreaba por el nombramiento del último grupo—. Fijate en la gente. Incluso cuando rechazan lo que ocurre a su alrededor, parecen haber crecido para amar su estado de servidumbre hacia los Mord. No creo que ni siquiera hayan pensado en rebelarse de la alienación en la que viven.

Tras aquello, y mientras el orador todavía se alejaba, Bai se percató de que una insalvable distancia la separaba de todo cuanto acontecía a su alrededor. A decir verdad, no hallaba en aquel recinto un solo hecho que la vinculase a las raíces de su estirpe; se negaba a admitir herencia común alguna con los birkinianos que se marchitaban en el anonimato de la grada mientras desaprovaban el evento en mudo silencio, tanto o más de lo que rechazaba sinilitud alguna entre sus progenitores y los skypeanos y lunarians que vitoreaban en medio de aquel circo decadente.
Le resultaba intolerable asimilar la docilidad de aquella gente.
Ella, que descendía de un linaje de supervivientes y que portaba en su propio cuerpo la impronta de haber burlado a la muerte en Cabos Gemelos y de haber resistido a la pérdida de tantos camaradas en Little Garden, no podía comprender la sumisión como opción de vida.

«Antes me quitaría la vida en un último acto de libertad», pensó para luego analizar el sentimiento con su habitual frialdad.

En ese momento lo descubrió. Entendió que existía algo que le provocaba una repulsión todavía más visceral que el hecho de que la tocaran: la sola idea de ser comparada a aquella masa acrítica, por el mero hecho de compartir rasgos físicos.

¡Turú!

El sonido de las trompetas la obligó a levantarse no sin antes dirigirse a sus nakamas.

—Muchachos —siseó, incorporándose a medias para captar la atención —. Anotad este número y marcadme si lo necesitais —ordenó, extrayendo el Den Den Mushi de nuevo—. Zhang, manten un perfil bajo pase lo que pase en la arena. Nuestro propósito aquí no es el triunfo en torneo...

Cortó la frase antes de que la inercia de sus palabras la traicionara. Ellos eran su tripulación, pero sus trayectorias realmente divergían en lo fundamental.

—Mahou —prosiguió, tratando de que no se notase el abrupto cambio de opinión—, diviértete —sentenció. Al fin y al cabo, ante sus ojos, la humink seguía siendo una niña que debía gozar de los placeres físicos antes de que la reclamara la verdadera madurez.

Tras aquel breve discurso, registró el número de sus dos compañeros en el dispositivo mientras sentenciaba entre murmullos:

—Sola es mi voluntad la de expoliarles su acervo intelectual —siseó, recurriendo a una sintaxis tan densa y compleja que esperaba que Zhang ni siquiera pudiera intentar descifrarla.

***

El cubículo estaba desierto cuando llegó. Lo cual, por un instante, la hizo dudar de la precisión con la que Zhang había traducido las órdenes del orador. Así mismo, su pulso se aceleró, disparándose y desatando una súbita descarga de tensión que la obligó, por puro instinto, a desplegar sus colosales alas y sacudirlas con fuerza, haciendo que la rojiza capa ondeara pesadamente a su alrededor.

Su corazón estaba desbocado.

—Nada que no puedas resolver —se instó en un susurro, cruzando los brazos sobre su pecho—. Eres brillante. Sólo tienes que actuar como siempre, aplica la lógica —añadió, aun a sabiendas de que la naturaleza de esta situación difería por completo de cualquier escenario al que se hubiera enfrentado jamás.

Y, para aplacar esos ánimos, sus manos, nerviosas por el momento, buscaron la fíbula de bronce que aseguraba su vestidura. De esta forma, acompañando el movimiento con una profunda bocanada de aire, desabrochó el metal y deslizó la capa, dejando al descubierto la pesada espada que pendía de su cinturón de cuero.

«Hum...»

A continuación, y siendo ajena al bullicio que iba in crescendo, dobló la prenda con paciencia, utilizándola como una forma mecánico-mental para aislarse del remolino de voces que amenazaba con saturar su entendimiento.
No quería estar allí —al menos no allí abajo— y, sin embargo, debía estarlo.

Suspiró.

Y continuó reducido el tejido hasta dejarlo con la forma de un rectángulo perfecto. Después, clavó la fíbula en la tela y depositó el fajo a sus pies mientras que, de reojo, constataba que el resto de los competidores ya había tomado posiciones en el cubículo junto a ella.

En ese momento, las alas rodearon como buenamente pudieron su colosal cuerpo y, teniendo que enfrentarse a lo obvio, se giró hacia sus compañeros para levantar la mano, llevársela al pecho y únicamente decir: —Bai.

Tras ello, y habiendo visto que al menos uno de ellos conocía de su incapacidad para comunicarse, Bai volvió a alejarse mentalmente del barullo tratando de continuar con su ejercicio de respiración.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
Las gradas vítoreaban, las palomitas estaban en su punto justo de sal y mis compañeros uniformados y yo disfrutando del espectáculo, que sin duda merecía la pena. La gente no paraba de rugir enloquecida por cada palabra que decía el dirigente, ¡el favorito de la gente! Y los gritos no molestaban, eran gasolina que motivaba más y más a seguir gritando. Y eso hice, de estar cómodo sentadito en el asiento no pude evitar ponerme en pie y empezar a seguir los cantos de los angelitos alados que nos rodeaban, con los brazos en alto y haciendo que todo vibrara aún más con mis saltos. Dejé que me deslumbrara la luz del estadio y con una sonrisa de oreja a oreja y sin quitarle ojo a aquel hombre enmascarado que estaba en el centro, montando aquel numerito en esa nube blanca y con esa risa tan contagiosa, amplificando su voz a través del den den dejé que me contagiara de esa adrenalina, acompañando cada una de sus palabras con aplausos y más gritos.

¡¡¡EH, EH, EH, EH!!!

—¡El Equipo seis está compuesto por Sigurd Haakon, Ryota Miyamoto, Hasegawa Shin y Akira! ¡Hagan el favor de ir hacia su cubículo! —resonó la voz del presentador por los altavoces de la arena.

—¡EH, ESE SOY YO! ¡SHINCHAN, NOS TOCA JUNTOS! ¡¡¡VAMOOOOOS!!! —grité de nuevo mientras de un brinco me acercaba al comandante para engancharlo de los hombros y empezar a zarandearlo, para acto seguido pasarle un brazo por el cuello y empezar a saltar de nuevo—. ¡¡¡A GANAR, A GANAR, A GANAR!!!

—¡Chicos, Shin y yo nos vamos, nos vemos cuando hayamos ganado tchakikikikiyah! —me despedí del resto de los compañeros—. ¡No quiero lloros!

Y en ese mismo momento, un escalofrío demasiado exagerado me recorrió de pies a cabeza, estaba emocionado, y tras marear a Shin y engancharlo por los hombros, intenté tirar de él camino al cubículo que nos tocaba, el del equipo seis.

¡¡¡EEEEEEEEE-SPARTACO!!!
¡¡¡ESTOY A TOPE JEFE DE EQUIPO!!!


Entré el último junto con Shin al cubículo, rompiendo la entrada de un golpe seco con un patadón al llegar a la habitación, y allí me encontré de cara con el resto de nuestros nuevos compañeros, que por desgracia, eran piratas, en concreto un chaval que había visto en alguna ocasión por Baterilla, y otro que era un gigante de siete metros—. Me va a dar tortícolis si quiero mirarte a la cara… ¡¡Eh grandullón, Sigurd, agáchate, siéntate o algo, que aquí no llegamos al par de metros!! —y es que encima, yo era el más bajito de los tres. Aunque gracias a mi pelo tieso y pinchudo, alcanzaba en altura a Shin y lucía algo más alto que Ryota.

—Bueno chicos, este es el comandante Shin, y yo soy Akira, y bueno… Ya habéis escuchado todo eso de los ángeles custodios, así que aquí, aunque nos joda, amiguitos todos. No sé si tenéis recompensa o no, porque se me olvida, pero vuestras caras sí que las he visto en carteles de “se busca”, así que hasta que nos vayamos de esta isla, y por el bien de todos… Ya que no tienen ningún tipo de vergüenza en soltar hostias los angelitos estos… —lo dije por experiencia al recordar de nuevo el porrazo que se llevó el capitán Enji—. ...seremos ¡el equipo ganador! ¡Los futuros e indiscutibles campeones de Shandora!

No me molesté en perder el tiempo con formalidades, mi sangre latía a mil por hora, y plantandome frente a ellos y frotando las manos con gran confianza, les dedique una amplia sonrisa mientras echaba un vistazo rápido al equipo—. No sé vosotros, ¡pero yo estoy dispuesto a dar el mejor espectáculo! Y recordad: ¡lo importante no es ganar, ES GANAR! —pero el premio de cualquier deseo concedido no dejaba de darme vueltas en la cabeza. ¿Estaba seguro de querer que dos piratas se les concediera el deseo que quisieran? Bueno, en todo caso siempre podía robarlo… Pero no podía perder, tenía que dar lo mejor de mí. Y aunque me ganaran en la prueba que me tocara, una cosa estaba clara, iba a hacer que el público se quedara petrificado con mis encantos.

Ahora mi cabeza no estaba puesta en los riesgos, sino en las posibilidades. Las normas eran claras, teníamos que ganar la mayor cantidad de puntos posibles entre todos e intentar que ninguno quedara descalificado—. Eso de quedar octavos o novenos no nos sirve, ¡a por el primer puesto! —levanté el puño en alto animando al resto del equipo a dar lo mejor que tenía—. Las pruebas, viendo este espectáculo, serán curiosas, lo mismo hasta simples, ¡de lo que si estoy seguro es que serán divertidas! —volví a sonreír esta vez mostrando mi dentadura perfecta y brillante y con los ojos achinados—. ¡Demos un buen espectáculo, ¿de qué sois capaces, a ver?! Yo acabo de enterarme que puedo hacer corazoncitos con las manos, aunque no se para que sirve más que para ganarme el amor del público —dije mientras volvía a formar un corazón con mis manos y empezaba a emitir un brillo rosa, siempre con aquella confianza y energía desbordante que me caracterizaba, y con una expresión para nada típica en mi, la de heartbreaker.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
—¿Me vas a hablar tu de medir mis palabras? Ni una llamada. Ni. Una. Sola. Llamada. ¿Y AHORA ERES EL AMORCITO DE NUESTRO GRANDIOSO TEZCA?

Yuuki vociferó a Jin mientras seguía tironeando de las orejas de ambos sin piedad, pese a las quejas de Tezca. Le molestaba que aquel idiota no se hubiera atrevido a llamarla ni una sola vez luego de lo que habían hecho. Y no es que esperara nada, pero el gesto habría estado bien... no es como que ella fuera una persona sin sentimientos a quien le importaba poco lo que pasaba con los demás. Al contrario, sentía y vivía todo con la mayor pasión posible. Que no comprometiera el corazón al amor es otra historia. Como fuera, soltó a los dos tórtolos luego de que había descargado su frustración lo suficiente.

Quiso tomar asiento junto a los dos, no estaría mal pasar el tiempo con Jin y Tezca. Eran, de lejos, dos caras que prefería ver y tener cerca mientras que Ryota terminaba de ser dominado por Runin; y por supuesto, Barald, también... aquél teatro que montó el capitán frente a Navar fue suficiente como para que la morena se lo tomara más en serio de lo normal y Yuuki no iba a interrumpir la venganza de su casi hermana. Vamos, Runin, arráncales las pelotas.

Nuevamente, se mantendría callada y buscaría sentarse entre los dos, abrazándolos del brazo. Pero esa oportunidad nunca se presentó, pues llegaba un sujeto haciendo un escándalo increíble y presentándose como El Dirigente, y siendo coreado por los demás espectadores. ¿Mords? ¿Y era ella uno de los tres descendientes de Birka a quiénes se refería? Ya no entendía nada... tan solo supo que tanto a Jin como a Tezca, e incluso a ella los llamaron a sus respectivos equipos. Y le había tocado con el Tontoyoshi.

Jin y Tezca se irían con sus grupos y Yuuki gritaría a viva voz para que todos allí pudieran escucharla:

—¡HANU MAHANA VA A ARRASAR!

Y luego de aquél grito, y de pedir a algunos de los locales que clamaran el nombre de la tripulación pareciendo más una porrista que una participante, fue dando saltos y pidiendo ovaciones de parte del público. Se reía como chancho mientras lo hacía y hasta parecía haberle dado una pequeña rutina a los fans que se había hecho.

—¡LA OLA! ¡LA OLAAAAAAA! —Gritó nuevamente al público ya estando cerca del cubículo mientras Kiyoshi se presentaba y Bai tomaba su puesto.

Cuando se sintió satisfecha, se giró y miró a su grupo. El Tontoyoshi, otra birkaniana como ella. Y un marine. A éste último le dedicó una mirada que, si puediera matarlo con ella, lo habría hecho sin dudarlo. Lo único que la contenía de sacar sus pistolas de la mochila era el hecho de que el Custodio Navar les había pedido no iniciar ningún altercado. Además, allí en Skypiea la Marina no tenía ninguna autoridad.

El Tontoyoshi se había presentado y había expresado su decisión de participar en cualquier cosa que no fuera una prueba física, pero que era un buen tirador. Ella diría algo al respecto, siendo tiradora por su cuenta... pero sabía que la reputación de la Sepultura hablaba mejor que su propia arrogancia, así que se callaría cualquier opinión y aprovecharía para ver al Tontoyoshi en acción. Por su cuenta, simplemente se presentaría.

—Soy Yuuki. Y vamos a hacer parte del mismo equipo. Espero que den lo mejor de cada uno. Ciertamente. Aún no sé en qué competencia entraré... ¿Y ustedes? —Sonrió de manera amplia y amable. Obviamente era amabilidad falsa para el marine con ellos. Mira que detestaba ese asqueroso uniforme más que a la marina misma. Era horrible. Sin gracia. Y para empeorar, lo portaba un grupo de corruptos y matones hipócritas. En cuanto viera a un marine en el Mar Azul, lo cocería a tiros. Se lo juraría.

Y para evitarse cualquier problema, se hizo junto a la otra birkaniana, de nombre Bai. Adoiptó su misma posición, y le extendió su mano derecha a la vez que sus ojos azules buscaban hacer contacto con los de ella.

—¿También vienes de abajo? Seamos amigas, ¿Si?

Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻


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