[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
- Ost -

“No, no es lo que cr…”



“¡HIJA DE… AHHHHHHHHHH!”

Y eso era lo que el joven de cabellos castaños, ojos color miel y corazón de oro, se ganaba por ayudar a sus nakamas; un ilegal, violento e injustificado apretón de hue$”#$ que le dejó encorvado en su asiento el tiempo suficiente para recapitular sus últimas acciones al son de sus lamentos, tan solo opacados por los vítores de la audiencia en las gradas.



Primero fue la respuesta de Navar, quien solemnemente perdonó las intenciones de Barald al encontrar razón en las mentiras de Ryota. Ambos tuvieron suerte de dar con un amable custodio, que llegó a empatizar con los motivos detrás de actos tan inoportunos y les otorgó el regalo del perdón sin tener en cuenta la ofensa.

Un sincero agradecimiento fue todo por parte del capitán, que, tomando fuerte a su amigo, marchó junto con los otros. El camino les permitió a esos dos arreglar sus diferencias como si fueran hermanos, envueltos en una pequeña riña infantil que sucedió a una gran revelación. No obstante, la furia de Runin interrumpió la oportunidad de indagar más en el asunto. “No hay un secreto, un día nos va a matar la mano pesada esta…” y francamente lo creía.

Posterior vino el encuentro fugaz, que sembró la semilla del desquite. Ryota, que disfrutaba de hacer bromas, no perdió tiempo en utilizar al “Mejor Tezca” para molestar al original por pasar de ellos y su novio pareció ser el único en tomárselo mal. Reacción que el castaño disfrutó aún más, 2x1.

Tras ello, la afligida Yuuki golpeó al pobre gordito que nada le hizo para correr detrás del rubio, apartándose del grupo conformado por Runin, Barald, Tocho Morocho, Cardan, El mejor Tezca y Ryota.



De nuevo en el presente, las manos de Ryota aún sostenían su entrepierna. Ya había dejado de retorcerse en su asiento y el dolor comenzaba a menguar, con la esperanza interna de poder seguir con descendencia.



“Hora sí te pasaste, Runin… las canicas de un hombre no se tocan así.”

Musito en un tono lastimado dejando caer una lágrima por su mejilla en evidencia de su apenado estado.
Sin embargo, fue en ese momento cuando los vítores de todos los espectadores se alzaron ante la llegada de una nueva presencia. Los tristes ojos del pirata se elevaron al igual que los de todos los presentes al ver la humareda que se había alzado en el centro de la grandiosa arena.


La contagiosa risa que llenó el estadio invadió a todos los presentes de una agradable sensación y Ryota no fue la excepción. El dolor quedaba de lado, ante la emocionante expectativa que invadía su interior por lo que pudiera llegar a pasar.

Todo artista se sentiría cautivado por ello, la presentación, la entrada, la épica. El castaño no pudo evitar emocionarse, poniéndose de pie frente a su asiento para observar mejor a la silueta que descendía hasta el suelo, envuelta en un velo de misterio.

“— ¡Sean todos y todas bienvenidos y bienvenidas a Shandora! ¡La ciudad que convierte las leyendas en realidad! —”

Los juegos iniciaban y la figura se presentaba como “El Dirigente”, un célebre anfitrión que cautivó los corazones con solo su entrada. “Qué envidia…” Los brillantes ojos de Ryota le observaban con su elegante atuendo, máscara y actuación para con el público.

Desde que era pequeño, el oriundo de Baterilla siempre soñó con eventos así, vítores, aclamaciones y figuras célebres que solo requerían de su carisma para generar el mismo impacto que un rey. ¿Quién era el verdadero protagonista? ¿Los reyes que posaban sus traseros en aburridos asientos para gobernar por base del miedo? O quienes brillaban mucho más sin la necesidad de una sola orden y obtenían la misma lealtad del público… la respuesta a sus ojos era clara, los reyes pasan con las eras, pero los iconos son eternos.

Las manos de Ryota acompañaron a las del público en aplausos y cuando por fin llegaba el momento de presentar a los grupos, se giró animado para ver a los suyos. No hizo falta ninguna palabra, el ver los rostros de Runin, Barald, Tocho Morocho, Cardan e incluso el Mejor Tezca, fue suficiente para entender lo divertido que estaba siendo todo. Aun con Yuuki y Tezca, esperaba que ellos igual estuvieran disfrutando del evento.

El primero en ser llamado fue Barald, mostrando su genuina preocupación con una advertencia.  “Y tú no te metas en lios, bro.” Expreso con tono animado, viendo como el de ropas negras se apartaba entre el público. “Ustedes…” vio a Tocho Morocho, Cardan y El mejor Tezca. “Apoyen a todos los Hanu Mahana, ¿entendido?” Rara vez lo verían dar una orden, pero solo lo hacía para motivar el corazón de quienes no participaban.



“No podremos llegar lejos sin el apoyo de nuestros mejores jugadores.”

Los ojos de los tres se llenaron de lágrimas ante la honestidad de su capitán, quien ya era llamado para reunirse junto con su grupo.

Antes de abandonarlos, vio a Runin.



“A ti no te perdono aún, ojalá pierdas.”

Mintió, tan solo era una forma infantil de venganza, para desquitarse un poco por lo de antes. Dicho eso, dio media vuelta ocultando su sonrisa para encaminarse hacia las escaleras de las gradas.

Al son de las trompetas, los pasos de Ryota lo guiaron por las gradas, las escaleras, y finalmente terminó en la arena. Allí se encaminó hacia el lugar al que se dirigían los demás participantes, unas extrañas parcelas de arena, ubicadas en la zona sur y separadas entre sí como si fueran casillas. “La número seis…” Pensó tomando rumbo y ubicándose justo sobre la que le correspondía.

Fue el primero de su grupo en ubicarse. Apenas tuvo el tiempo justo para colocarse los guantes y peinar su cabello hacia atrás antes de que la voz del anfitrión retomara su discurso. La atención del castaño se mantuvo en el hombre de la máscara, escuchando cada uno de los detalles de la ronda.

Todos los equipos debían atravesar diferentes pruebas enviando a un solo integrante por prueba para presentarlas. Dependía del rendimiento individual de cada integrante para ganar puntos y mantenerse en el juego hasta que las pruebas terminasen. En dado caso que un integrante quedara en los dos últimos lugares seria descalificado, estaba prohibido el agredirse entre participantes y el equipo ganador tendría la oportunidad de pedirle al regente de la isla un deseo. “¿Un deseo?…” Lo primero que pensó fue en una de las casas de oro. “No suena mal.”

A medida que el discurso terminaba con el ascenso del showman en esa impresionante nube voladora. Los demás integrantes del grupo seis irían llegando: el primero era difícil de ignorar por sus siete metros de altura.  “Sigurd Haakon el carnicero de Whisky Peak” Un conocido pirata con una recompensa de 380 millones. Los otros dos eran uniformados de alturas similares a la propia, al primero lo reconoció del mismo periódico en el que salió su rostro. “Hasegawa Shin” Y el otro, quizás también era un desconocido como él, puesto que no lo había visto antes.

La particular forma en la que el rubio ingresó a la casilla dibujó una sonrisa en los labios del pirata, pareció como si diera una patada al aire chocando contra una puerta imaginaria. No solo su llegada fue simpática, la forma que tenía para expresarse lo presentaba como un tipo honesto, sin pelos en la lengua y un poco ingenuo.



“Kekekeke pareces un buen tipo, Akira.”

La particular risa del castaño explotó al verlo emitir sus extraños brillos rosas. “¿Quizás a causa de un poder del diablo?” Le era refrescante encontrar una personalidad tan transparente en compañeros de equipo. “Me llamo Ryota y también me gustaría ganar. Quiero pedir como deseo una casa de oro para apostarla en algún casino, se me da bien navegar, tocar el Keytar, ir de fiesta…” Se mantuvo comentando con su típica actitud tranquila.



“Aunque si lo preguntas por las pruebas, lo mejor sería esperar a que nos digan en qué consiste cada una. Dudo que alguno no quiera ganar, asi que los mas capacitados seguro se postularan y podríamos resolver la discrepancia con la suerte, ¿Qué dicen? ¿les gusta apostar?”

En ese punto, los integrantes solo podían teorizar, y Ryota notó el elefante en la casilla. Y no, no hablaba de Sigurd, sino de la hipotética situación en la que dos participantes se postularan para la misma prueba por tener plena confianza en sus propias capacidades. En ese caso, lo mejor era dejar la decisión al azar; de esa forma, todos tendrían las mismas posibilidades de ser elegidos para la prueba que consideraran más adecuada para sí mismos, sin que hubiera ningún roce, todo justo dado por el azar.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Una estela de polvo se llevó la atención de Mahou, al enfocar la vista creyó que no era más que una nube de aspecto extraño, sin embargo, una risa resonó desde aquella dirección, y su polvareda comenzó a disiparse para que emergiera una figura que aterriza ante el público, dándose a conocer con una emocionante bienvenida. Mahou de inmediato giró la cabeza hacia Zhang, con los ojos completamente abiertos por la sorpresa. - ¡¿Ese es un mono volador-uki?!

Su voz apenas se podría alzar entre el ruido del público en las gradas, pero antes de esperar por una respuesta, la emoción del momento, potenciado por los vítores, hicieron que ella se sume a la fiesta, dejó su bastón sobre sus piernas y el martillo bajo los pies, y comenzó a aplaudir con los brazos extendidos sobre ella. - ¡Ya quiero ver que juegos van a hacer-uki! - y cuando llegó el momento de presentar a los equipos, Mahou no sabía exactamente cómo reaccionar ante cada nombre que se iba anunciando, porque sentía algo de picor en alguna parte de su oído, hasta que de golpe, un anuncio la confundió.

- ¿Bai-uki...? ¡Hey! ¿Ustedes en qué momento se inscribieron-uki...? - da un par de toques en el suelo con el pie. - ¡Ahora yo también quiero participar-uki! - antes de empezar un drama, sus ojos se desviaron al Den Den Mushi de Bai, inclinó ligeramente la cabeza a Zhang, esperando su traducción. - Ah, estos caracoles tenían número-uki... - anotó el de Bai y Zhang, y compartió el suyo con sus compañeros. - Ukikikiki - sonrió enseñando los dientes, por la parte de que debía divertirse, según la traducción de Zhang. - ¡Ustedes tienen que darlo todo-uki!

De nuevo, entre los vítores del público, y mientras los equipos iban siendo anunciados uno tras otro, Mahou observaba al presentador sin apartar la vista de él, a la expectativa de escuchar su nombre. Pero, los grupos pasaban, y ella seguía sin ser anunciada. Su entusiasmo fue cambiando por una desilusión, miraba a los lados como si realmente se hubiera perdido de un puesto para inscribirse. - Oye, Silencio-uki... ¿Crees que me van a llamar-uki?

Clavó la mirada en el escenario, viendo como de a poco los participantes se dirigen al cubículo, ya estaba balanceando ligeramente una pierna, notoriamente impaciente, y llegó el ultimo grupo, en el que el presentador empezó a pronunciar un nombre tras otro, hasta que finalmente... Mahou Chikao-uki. Su reacción fue inmediata, saltó de su asiento levantando ambos brazos por encima de la cabeza como si fuera una victoria. - ¡¡ESOOOO!! ¡ES MI TURNO-UKI!

Tomó su bastón con la mano y su martillo con la cola. - ¡Deséame suerte, Silencio-uki! - y se fue a correr por las gradas, olvidándose por completo del cesto de frutas que había dejado con el mono. Bajó hacia los cubículos agitando los brazos para saludar a todos, aún si nadie la estuviera viendo realmente, y cuando llegó, se encontró con que ya había alguien más. Mahou se incorporó, apoyó el bastón sobre un hombro, y sonrió. - ¡Vaya, así que este es el equipo de los ganadores! ¡Ukikikikiki!

resumen

gastos

karmas
Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1821 + 0 = 1821
Energia: 1792 - 6 = 1786
Espiritu: 270 + 0 = 270

¿Novio? ¡¿Novio?! El diluido recuerdo de aquella palabra hace mella en la fémina de mirada chocolate. ¿Habrá escuchado bien al encontrarse con el rubio y el conocido pelinegro? La grandeza del amplio océano se convierte en el pañuelo más pequeño cuando de piratería, heroísmo y negocios se trata. ¿No es así? Lamentable resulta el hecho de hervir en cólera, convirtiendo las palabras de Tezca, Jin y su hermanita Yuuki en borrosos fragmentos, a los que dará forma con el pasar del tiempo. Quizá cuando vuelva a encontrarlos.

¿Dónde se han metido? Alejados del grupo principal, ignoran el dolor que agobia al capitán de los Hanu Mahana. Los gritos alivian el afligido corazón de la amazona, quien mantiene la comisura de sus labios elevadas en una despampanante sonrisa. El pesar de su capitán empieza a mermar con el transcurso de los segundos.



—Fui piadosa, cariño, deberías estar agradecido por ello, fufufu.

¡Aquello ha sido desestresante! Al menos durante algunos minutos ¿Qué será del destino de Barald en cuanto sus manos lleguen a él? ¿Ryota se librará de la molestia de la fémina cada que recuerde lo acontecido frente al custodio? Ni siquiera Runin puede permitirse indagar en ello; en ocasiones tiende a ser tan abusiva como impulsiva.

El estridente sonido de una singular risa estalla en el escenario, envolviendo la arena en una ola de vibrantes emociones que resuenan entre la euforia, la expectación y la dicha. Incluso la amazona parece tan anonadada como encantada cuando se pone de pie. De repente, siente a Cardan ascender por su cuerpo hasta acomodarse sobre sus hombros, sin querer perder detalle alguno del imprevisible hombre que se apodera de la atención de los presentes.

Durante un par de segundos los orbes oscuros de la amazona se posan sobre sus compañeros. El júbilo cautivado de Ryota, la intensa concentración de Barald, el relincho impaciente de Tocho Morocho, el exaltado siseo de Cardan. ¿Yuuki también estará disfrutando del espectáculo? ¿Tezca sentirá el corazón vibrar ante las posibilidades venideras? Incluso Toxco parece aplaudir junto a la marea de personas. Ella hace lo mismo al escuchar la absurda rima coreada entre el presentador y los aficionados, sus manos resuenan con fuerza y su risa se vuelve una con la de la multitud, enfocándose en lo que ocurre frente a sus ojos.

¿Mords? ¿Pilebs? Desconoce el significado de las palabras, tampoco resuenan en su mente como para guardarlas con necedad; a lo que sí presta atención es al singular apodo que no dejan de repetir: «provenientes del mar azul». ”¿Es mi impresión o en este lugar aman diferenciar a las personas?” Desde las diversas vestimentas de los pobladores que mantienen rasgos en común, hasta las palabras dedicadas hacia los recién llegados; algo parece inusual, como si existiera una pared invisible.

Runin niega evadiendo sus propias cuestiones, prefiriendo mantenerse encandilada cuando una nueva ronda de ruido y aplausos estalla. ¿Equipos? ¡Ah, equipos! No suena llamativo, incluso chasquea en una clara muestra de desinterés. El egoísmo característico de la amazona hace acto de presencia por algunos segundos, al menos hasta escuchar los nombres del primer grupo. ¡Jin! ¡El novio de Tezca! El famoso hombre de negocios que conoció tiempo atrás en el mar del sur. La amazona, intrigada, sonríe aplaudiendo. El siguiente nombre llama su atención, recuerda haberlo escuchado con antelación. ¿Dónde? ¡Ah, claro! El periódico.

Marines.

Cardan se sacude cuando una carcajada estalla desde su dueña. ¿En serio? ¡Ah! Barald va al segundo grupo, luego podrá burlarse de la suerte de algunos. —Arrasa con todo, cariño, menos con los custodios, fufufu. —No piensa confiar en ninguno de los presentes más allá de los miembros de su tripulación, eso es seguro.

El quinto grupo pronto es nombrado. ¡Tezca! La amazona grita en júbilo hasta recordar el nombre de sus compañeros por periódicos leídos anteriormente. —¡Vamos, cariño! ¡Si no quedas como el primero de tu grupo no te dejaré poner un solo pie en nuestro barco! —¿Qué? Ella solo sabe dar ánimos de lo más agresivos, es su manera de demostrar cariño… a veces.

El nombre de su capitán es exhalado por “El Dirigente”. Ryota emite dulces palabras a sus compañeros que no podrán participar en las pruebas, la fémina sonríe con dulzura. ¿Le dedicará algo a ella?



—No te soporto. ¡Te voy a ganar!

Un bufido exasperado escapa de los labios de la amazona. No tarda en volver a esbozar una sonrisa; claro que piensa ganarle. Sin embargo, eso no significa que quiera verlo perder frente a otras personas. No, no podría desear eso nunca. Algunos nombres del grupo del castaño resuenan en su mente. ¿Akira no es el joven rubio que creía iba a morir en el incidente del falso New Era Joy Park? El recuerdo de su honestidad, impulsividad, espíritu heróico y rudeza le hacen creer que, a pesar de pertenecer a bandos diferentes, puede darle algo de emoción al asunto. —Suerte, querido. —Susurra cuando Ryota ha desaparecido del todo. Cardan parece moverse divertido al escucharla.

—Uh, métele la zancadilla, hermanita. —Murmura al escuchar que Yuuki va con el amargado amante de la limpieza. Por último, el noveno grupo es nombrado. ¡Al fin! No le gusta el número pero es algo que puede arreglar, está segura. No reconoce ninguno de los nombres de sus compañeros de cubículos, tampoco siente preocupación por ello.

En un movimiento de sus hombros, Cardan asiente entendiendo que es hora de alejarse de Runin. —El mejor Tezca, tienes una sola misión. ¡Apoyarnos! Espero grites más alto que todos los presentes cuando aparezca en esa arena. —El rubio la mira como si estuviera loca, ella hace lo que mejor sabe: amenazar personas con la mirada.

—¡Tocho! Cuida de Cardan. —El caballo relincha y asiente con fuerza, dejando su lugar para acercarse más a la serpiente, casi pateando al pobre Toxzco. —¡Cardan! ¡Cuida de Tocho! Si pasa algo malo quiero que huyan al barco; nada de numeritos heróicos, nada de lloriqueos, nada de ir por nosotros. —La severidad se convierte en dulzura.



—Cuiden el uno del otro. ¿Si?

Cardan serpentea hasta subirse sobre Tocho Morocho, ambos parecen convencidos. —Fufufu y si es necesario se llevan al gordis con ustedes. ¡Me voy! ¡Esta amazona debe ir a ganar, mis niños! —Ruidosa como solo ella puede serlo, con ese andar que le permite mover las largas hebras de su cabello de lado a lado, con el sonido de sus tacones golpeando la superficie tras cada paso; se encamina hacia el último cubículo.

“The Sun” aparece en escena al extraerlos del pequeño morral que lleva encima, se los coloca con parsimonia; los guantes encajan perfectamente en esas manos que no demoran en ascender para atarse con fuerza la venda que tiene sobre su frente y cabello. ¡El escenario entero enfoca a los competidores! Desea mantener el mentón en alto, la sonrisa radiante, la mirada pícara y la postura a rebosar en confianza.

¿Oh?

¿Un deseo?

El ansía de victoria natural que posee solo se ensalza ante la perspectiva de una recompensa a la altura de la situación. “Cualquier deseo” menciona el presentador. Cualquiera… El que el ganador o ganadora ansíe.



”Amazon Lily”

Es lo primero que atraviesa su mente. Las indicaciones florecen, la expresión de la kuja se enaltece. La idea de participaciones grupales casi provoca que frunza el entrecejo, mas lo evita a toda costa, al menos por ahora. Sus pasos, al fin, la llevan al noveno cubículo, es, probablemente, una de las últimas en llegar.

Cuatro pruebas puntuadas, los dos últimos grupos serán descalificados. No se podrá participar en más de una categoría. ¿Se puede usar cualquier método? La sonrisa de la amazona se extiende con demasiada notoriedad, de forma inconsciente aprieta sus puños. ¿Por último? La regla de oro: Un alto al fuego con cualquier otro grupo o facción durante los juegos.

La mirada de la amazona busca a sus desconocidas compañeras. —Desconozco qué nos depararán las pruebas futuras, no sé quiénes son y seguramente tampoco sepan quién soy yo; lamentablemente, claro. —Runin infla el pecho, parece un poco más alta con sus tacones y esa manía de desear transmitir seguridad. —Pero, ¿saben? ¡Eso es lo de menos ahora! Lo único que importa es obtener la victoria.

La mirada vibra en convicción. —Me considero competitiva, tengo conocimiento en carpintería y soy fuerte. —Levanta uno de sus puños, sonriendo. —Muy fuerte. —¿Hablar de más no debería ser vetado? Quizá para la mayoría pero no para alguien como ella quien solo busca correr hacia el futuro, aferrarse a todo lo que puede, demostrar de lo que está hecha y extenderle los brazos al triunfo.



—Me llamo Runin Kitay, miembro de los Hanu Mahana. Procuremos quedar en primer lugar o, al menos, no quedar en último, señoritas; fufufufu.

¿A quién engaña?

Ni siquiera lo ve como una posibilidad.



BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Stroud tomó la cazoleta de su pipa entre sus dedos índice, corazón y pulgar de su mano derecha, exhalando otra calada mientras contemplaba cómo se desarrollaba la vida en torno a aquella suerte de estadio. Poco a poco, las caras que se le hacían familiares empezaban a dibujarse con mayor precisión, y lentamente empezó a ser consciente de que estaba más rodeado de amenazas de lo que hubiera supuesto en primer lugar. Sus ojos grises fueron de cara en cara entre la multitud informe, cuyos componentes parecían ir recobrando su identidad a medida que el Marine iba asimilando sus rasgos y dándoles cierto sentido. Permaneció impertérrito, mientras una voluta de humo se desvanecía frente a sí tras curvarse en una espiral. Inspiró con pesadez, ciñéndose la gorra y ajustando su correa en la parte posterior de su cabeza. Bajo aquella atmósfera de celebración, buen ambiente y alegre espectáculo, podía respirarse una tensión palpable. Aquel lugar podía convertirse en un auténtico polvorín en las circunstancias adecuadas. Era bueno que no hubiese venido a hacer amigos. Su boca se torció en una delgada línea, en una expresión que no fue más arriba de las comisuras de sus labios.

Repentinamente, algo pareció aparecer de manera fugaz desde el norte sobre la arena que parecía reinar sobre todo aquel lugar. En una densa polvareda que aún tardó un rato en deshacerse, un hombre enmascarado se había personado allí mismo sobre una nube flotante. Stroud arqueó una ceja, manteniendo su pipa aún sujeta entre sus dedos, un delgado hilo de humo ascendiendo desde su cazoleta en forma de orca y ascendiendo lentamente, perturbándose únicamente ante la pequeña ventolera que generó la nube voladora. El enmascarado rió como un maníaco mientras su nube descendía sobre el suelo y él saltaba a tierra. Stroud arqueó una ceja, aún sin pronunciar palabra. Dio por hecho, ante tan rimbombante entrada, que formaba parte del espectáculo, lo cual no hizo sino confirmarse cuando dio la bienvenida al multitudinario público a Shandora, la ciudad que convierte las leyendas en realidad. "Qué risa tan peculiar... El Dirigente, ¿eh? No tiene pinta de ser el tal Zarutsuki... ¿Qué se supone que dirige? ¿La orquesta?," pensó para sí, llevando una mano a su mentón, apoyando su codo sobre una de sus rodillas y curvando su espalda ligeramente hacia delante, de forma involuntaria, completamente absorbido por el espectáculo que aquel enigmático sujeto ya había puesto en marcha. Y no pareció el único: decenas de participantes en el público respondieron al unísono a la que parecía ser una de sus catchphrases.

Sin embargo, El Dirigente no parecía estar dispuesto a jugar, en absoluto, sino que fue directo al grano. Después de mencionar que sus manos inocentes habían separado a los participantes en equipos equilibrados —algo que hizo que Stroud entornase ligeramente los ojos—, comenzaría a anunciar los equipos. Stroud asintió con la cabeza en silencio: no había tenido muy claro qué esperar de aquello, pero sí que había contado con participar junto con sus hombres. Aquello no suponía un revés, pero sí había un hecho que lo inquietaba: con tanto maleante del Mar Azul entre ellos, era cuestión de pura estadística caer con varios de ellos en un mismo grupo. Se estaba poniendo ligeramente nervioso. Haciendo un esfuerzo deliberado por no estresarse más de la cuenta, se acomodó en su asiento, reclinando su espalda de vuelta hacia atrás. El dirigente echó a caminar por la pista. Esperaría. Se puso cómodo; seguramente, aún tardarían bastante en anunciar su equipo. Su espalda apenas había alcanzado a tocar el respaldo en el momento en que su nombre fue anunciado en segundo lugar. Sus ojos se abrieron como platos por un instante, y pensó que debía de haberlo imaginado. Sin embargo, todo el graderío comenzó a aclamar en el momento en que su equipo fue anunciado al completo, y algunas de las miradas se dirigían a él. Parecía que no se lo había imaginado. Moja se excusó para ir con su equipo, y el joven asintió. "Suerte," musitó, visiblemente ensimismado. Entre el ruido ensordecedor de la muchedumbre, se puso en pie, volviendo a colocarse su pipa entre los dientes, y echó a caminar, bajando a través de las gradas y caminando sobre la arena. Mientras sus botas pasaban de los tablones al suelo del estadio, buscando con la mirada entre la agitada multitud, pudo ver a Juan Sebastián, agarrado por su capitán, Enji, que pareció decir algo sobre un rubio cara de culo. Continuó con su camino, mientras El Dirigente continuaba anunciando toda una ristra de nombres, uno detrás del otro, y los participantes comenzaban a ponerse en movimiento. Rackham Uker, Barald Kane, Maki D. Zen'in, Eros Focalor, la sanguinaria Miyori Hoshino, Ubbe, Dharma, Tezca Norova, Sigurd Haakon, Ryota Miyamoto, Kiyoshi Maeda, Bai Mudan, Yuuki, Maria Merlot, Runin Kitay, Mahou Chikao... Todos ellos nombres familiares, algunos en mayor medida que otros. Y algunos de ellos, incluso, pertenecientes a piratas con cuyos caminos se había cruzado en el pasado. Su mirada iba de unos a otros, intentando localizarlos a medida que eran anunciados.

En su trayectoria hacia el cubículo que se les había asignado, no tardó en encontrarse con los que serían sus compañeros de equipo: Jin Onizuka, el Comandante Cangrejo Tortuga Juan Sebastián y Nyra Kuroshiro. Entre el estruendo de trompeta que había comenzado a inundar el ambiente, el carismático Comandante Cangrejo Tortuga comentó que le sonaba aquel tal Jin. Stroud asintió; hacía tiempo que lo veía en los carteles de se busca, y había algo en aquel tipo que no le gustaba nada, particularmente. Su crustáceo compañero también pareció reaccionar ante el nombre de María Merlot de forma extraña. Stroud lo observó con detenimiento con un instante, si bien fue imposible acertar a adivinar qué pensaba exactamente del carismático cangrejo. Cuando finalmente llegaron a aquel cubículo, Nyra ya había saludado al hombre de pelo oscuro, el tal Jin, que se había presentado con formalidad ante ellos, ofreciendo una fachada profesional y encantadora. Al mismo tiempo, El Dirigente empezaba ya a explicar cómo funcionaría aquello.

"Stroud Nanashi, será un placer hacer equipo con todos vosotros," dijo finalmente con formalidad, cruzándose de brazos y clavando sus ojos grises en los de Jin. "No quiero ver ni una pizca de nada extraño," dijo con serenidad, manteniendo su vista en el pelinegro, antes de darle la espalda y devolver su mirada al enmascarado, que continuaba explicando, alzando su bastón hasta el cielo. Colocó su pipa de nuevo entre sus dientes. La cuarta regla que anunció El Dirigente provocó que una de las cejas de Stroud se alzase ligeramente, con perplejidad. ¿Qué podía pedirle al omnipotente Zarutsuki alguien que confiaba plenamente en su capacidad para labrar su destino con la fuerza de sus propias manos? Era un despropósito que Shandora fuese la ciudad que convierte las leyendas en realidad; ninguna verdadera leyenda se forjaba sin la determinación para hacerlo. Asintió con la cabeza con determinación ante la pregunta final del enmascarado, que había comenzado a elevarse en su nube. Había nacido para estar preparado o para morir en el intento. Ambas opciones le parecían bien.



Off

Apenas se había acabado de acomodar en su asiento cuando una enorme algarabía de aplausos precedió a la aparició  de una figura extrañamente vestida. Era un humano, de estatura media, pero vestido con una combinación extravagante de colores verdes y morados. Se apoyaba en un bastón blanco y llevaba su rostro cubierto con una máscara del mismo color, sin rendijas visibles para los ojos pero con un agujero negro pintado en el centro. Recibeindo los aplausos y aclamaciones de todo el público, se acercó a un Den Den Mushi posado sobre un pedestal dorado, transmitiendo su voz a todo el complejo de madera.

— ¡El Equipo siete está formado por Kiyoshi Maeda, la birkaniana Bai, Kibai y la birkaniana Yuuki! ¡A su cubículo!

El mink arrugó el entrecejo, reconociendo al menos dos de los nombres que había anunciado el presentador.  La ironía del momento era más que notable. Tras derrotar juntos al malnacido de Uosan Sakana en los Cabos Gemelos, en un momento en el cual Kibai consideraba al miembro de los piratas Sepultura como un simple civil, ahora les tocaba volver a formar equipo. Y Bai... aquello si era una curiosa coincidencia.

— Buena suerte, compañeros, nos vemos en la siguiente ronda. Dejad el pabellón de la sesenta bien alto. — dijo a sus compañeros de División antes de dar un salto para bajar a la arena y dirigirse hacia su cubículo.

Cuando el mink llegó, el resto ya estaban allí. Kiyoshi lo saludó, haciendo que Kibai esbozase una sonrisa en su rostro.

— Veo que no has cambiado demasiado en este tiempo. Confiemos que en esta ocasión no tengamos que destripar a ningún gyojin con ínfulas de grandeza. Dejemos las diferencias para cuando volvamos al mar azul, por el momento, nos toca formar equipo.

Dirigiendo la mirada hacia al birkaniana, la sonrisa de ibai se amplió. Al contrario que en su primer encuentro, en aquella ocasión Bai exhibía una gran espada colgada de su cinturón. Parecía que la amazona alada podía ser de mayor utilidad, y cierto gen competitvo se despertó en Kibai.

— Hace demasiado tiempo que no cruzo aceros con nadie... [i]—[/i] pensó para si el mink mientras apoyaba sus manso en los pomos de Raimei y Arashi, estudiando la postura de Bai con ojo clínico.

Por último, Yuuki, la otra Birkaniana lo recibió con un gesto bastante poco amigable, que fue respondido por el mink con un sordo rugido dejanfo ver sus colmillos.

— Un placer, Yuuki, No te preocupes, la Marina siempre da lo mejor de si, especialmente cuando tiene que imponer la Justicia en el mundo... de una manera o de otra.

Cruzando los brazos, Kibai se volvió hacia Kiyoshi, con el cual notaba cierta familiaridad, auqnue solo fuer por haber luchado juntos anteriormente.

— Aún no sabemos como son las pruebas, pero recuerdo bien tu puntería. Cuando las expliquen podremos decidir. Es importante que nos dividamos de tal modo que nadie se quede fuera demasiado rápido, no sé que más cosas nos tendrá preparadas Zarutsuki para entretener a su pueblo.

Dirigiendo una mirada hacia las dos mujeres aladas, Kibai soltó un suave bufido cuando escuchó a Yuuki dirigirse a Bai.

— No te molestes, no habla nuestro idioma, aunque no sé si lo entiende. Sea como sea, tendremos que arreglarnoslas para comunicarnos con ella de alguna manera.

La cabeza del mink ya era un hervidero. Aquel grupo  tenía potencial, era perfectamente consciente de ello, y al parecer también tenían un gran apoyo del público por llevar a dos birkanianas con ellos en el equipo. Fuere como fuere, debían estra atentos al resto de participantes, y también a las posibles ocurrencias que se inventasen los organizadores para hacer más interesantes los juegos.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Pude avanzar. Seguir mi camino guiado insistentemente a lo que parecen ser unas gradas. No es mi objetivo principal. Tuve que seguir la marea de personas hacia arriba. No es como que me empujaran pero son suficientes como para impedir el regreso. Mi tamaño es suficiente para llamar la atención, aunque no sienta particularmente que mi altura cercana a los ocho metros fuera suficiente para sentirme único. — Hay otros lunarian aquí. Son bastantes que hasta creo que soy como ellos. — En voz alta se escapó mi pensamiento. Siento curiosidad y tengo que seguir cómo se es de esperar, muy pocas personas he visto que son de mi raza y me gustaría poder interactuar con ellos.

Tuve suerte de estar con la indumentaria adecuada. Todos con sus túnicas y joyería. Aunque para ser franco, la de ellos luce bastante real y pueden hacer parecer a la que llevo puesta como una barajita de un mundo diferente. Mi avance, mi altura, mi buena vista, me permitió observar rostros conocidos. Caras que tenía demasiado tiempo sin ver. Acercarme parecía una buena opción. Tiene compañía y están cercanos a ella. Sus caras son conocidas, debo haberlas visto en el periódico. Si tiempo después de cuando todos se fueron de Karate.

Puede que ella no pudiera reconocerme ya que esa vez era esencialmente mucho más pequeña de aquella vez que nos encontramos. Mis pasos ligeros como quien tiene el peso de una pluma. A pesar de mis dimensiones me muevo con poca torpeza, no soy un bailarín pero no tropiezo a las personas a mi alrededor. — ¡Bai! — Cierto entusiasmo en mi voz se hizo presente, una persona conocida y aun más en un lugar donde todos tenemos alas. Me pintó una sonrisa tranquila, revelando la gratitud de toparse con alguien que te agradas de encontrar tras tanto tiempo.

No quise llamarla de nuevo, esperaba tener la oportunidad de acercarme. Se me hizo imposible alcanzarla a pesar de que podría agigantarme y armar un desmadre para llegar con ella. La situación incrementó drásticamente cuando escuché que me llamaban de nuevo. La voz vino de una manera escandalosa y las persona a mi alrededor cuando notaron que se hablaba de mi me fueron impulsando y llevando hacia debajo de las gradas. — Pero la chingawhat — La sociedad de seres alados me fue guiando y yo la verdad vi borrado mi momento de felicidad.

La verdad es que inconforme fui bajando. No lo hice de la misma manera que los demás terrestres que optaron por maneras convencionales con saltos y acrobacias. Mis alas se desplegaron apartando a todos aún más distancia de mí envergadura necesitaba aplicarse, estaba incomoda con tanta gente a mi alrededor. Aleteos agitaron el aire a mi alrededor con fuerza y fue tal que me impulso tras varios aleteos que hacia despliegue de fuerza. Aunque lo cierto es que mi bajo peso, como el de una pluma,

Con mi gran altura pude notar con la vista que estábamos cómo sectorizados y había equipos con personas muy famosas. Personas que había visto en los periódicos y que tenían su renombre desde hace mucho tiempo. Parece que mi equipo y mi oportunidad de figurar se formaba frente a mí, los vi, pensé en hacerme de un tamaño mucho menor, pero cuando estoy así de gigante me gusta porque soy más apreciable, más visible, más grande.

Cuando nos mencionaron que obtendríamos un premio, mi actitud no cambio, no esperaba tener que competir. Pero de cierta manera, que me erecta la posibilidad de obtener un deseo.

—Buenas, muchachones. Mi nombre es Heras, eso de Mord, no es mi nombre. — De forma clara, por si acaso, no es que yo piense que ellos son menos inteligentes. Es que yo si fuera pensado eso y así que me tomé la molestia. —¿Ustedes vienen con otras personas? Deberíamos aprovechar eso para explotar sus debilidades, así tenemos más chances de ganar.— Aporté como un buen compañero, igual era comprensible que ellos no quisieran confiar en mí, o que quisieran explotar las debilidades de sus nakamas para ganar en la competencia. Particularmente no me afectaba ya que yo viajaba solo y por ende no tenía confidencia.

Extendí mi mano hacia ellos, en una oportunidad para cada uno. Sería evidente los guantes y grebas nuevas que había adquirido para la ocasión —¿Y en que se consideran mejor? Espero que no tengamos que pelear contra los otros grupos, la violencia nunca es buena opción. — Me posicioné a una distancia prudente de mis nuevos compañeros de los cuales dos de ellos eran Minks. Me parecían muy curiosos y desde Helena no había visto otro como ellos y busqué detallarlos ya que uno de ellos parecía un caballo y el otro no parecían un lobo, pero sin duda alguna era un animal peludito que consideré adorable.

—No les parece que el calor está muy fuerte me marea un poco. — Me llevé la mano en la frente esperando controlar un poco esa sensación con un masajito. Miraría al de cabellos rosados, creo que ya he visto estos cabellos antes. Me llama la atención, está un poco cambiado, creo que es la ropa llena de joyería. —¿Yo a ti te he visto antes?—

Jackson triller
Disfrutaba como un niño pequeño en la mejor juguetería del mundo, reflejando en su sonrisa de oreja a oreja la emoción que sentía por el comienzo de aquel evento deportivo. Nunca había participado de algo semejante, no al menos en los niveles que operaban los juegos del Soberano, con tanta gente vitoreando y una estructura dorada al fondo como mayor testigo de las hazañas que los participantes pudiesen encarnar, y eso era lo que genuinamente llegaba a emocionarlo, sintiendo el latir de sus expectativas y la ansiedad de querer que todo inicie lo más rápido posible.

Haber dejado atrás a su grupo logró que centre sus pensamientos, incluso y si de tanto en tanto giraba la vista de soslayo para intentar observar mejor a la pelirrosa que supo llevarlo hasta las mayores profundidades que experimentó en su vida, aunque a medida que pasaban los segundos y había decidido sentarse, inhaló aire y cerró los ojos, relajándose antes de que de inicio el verdadero show. Si algo le enseñó la vida, es que no iba a llegar a nada si se dejaba guiar por un instinto acelerado, queriendo todo desde la inmediatez y echando por la borda una virtud tan importante como la paciencia.

El sonido ambiente pasó a convertirse en ruido blanco mientras, recto y apoyando ambas manos en sus rodillas, sólo pasó a importarle el sonido de su propia respiración, pausada y controlada, hasta que tras un rato cuyo tiempo no pudo especificar, volvió a abrir los ojos y ubicarse, recordando la proeza de estar quién sabe cuánto por sobre el nivel del mar, y su presencia en la legendaria Shandora. Sus aires fueron renovados, el peso de la caminata en aquel bosque pareció pasar a incluso un tercer plano, y en el tono cerúleo de sus iris podía percibirse una concentración distinta a la habitual, que no se borraba ni con la sonrisa repleta de seguridad adornando sus labios.

Con toda su atención centrada en el entorno otra vez, no tardó en identificar a varios metros del suelo a una... ¿nube voladora? Entre tanto polvo no podía distinguir si un trozo del cielo que habían dejado abajo volvía a por su venganza, o si era otra de las tantas excentricidades dispuestas por la ya de por sí, particular Skypiea, llegando a sorprenderlos de nueva cuenta, como si todas las veces en las que sucedió algo único e inesperado no hubiesen sido suficientes.

Shin no ocultó su emoción, y esperando a que de inicio el verdadero show mantuvo un gesto tranquilo, de tintes alegres.

La polvareda se fue disipando, y en ese preciso instante distinguió a la figura que se alzaba sobre aquel extraño trozo de nube; un hombre relativamente alto para las medias naturales, enmascarado y con claras señales de ser el showman que animaría la fiesta. Su extravagante risa resonó primero a medida que descendía desde las alturas, y fue durante ese breve puñado de segundos que Shin se cuestionó si aquel sujeto sería la persona en el punto más alto del mundo desde allí, aunque la lluvia de carisma proporcionada por el desconocido se llevaría esas ideas a sitios donde ya no pudiese alcanzarlas.

La ciudad que convierte a las leyendas en realidad.

Le agradó aquel eslogan, tanto que hasta se puso de pie, observando con sumo detalle la presentación del evento y casi que vitoreando al mismo tiempo que los demás seres alados cuando desveló su nombre, o al menos la forma en que debían dirigirse a él. El Dirigente, claro que el favorito de la gente, ¿cómo ignorar semejante exhibición de energía? Desbordante y contagiosa, activó en él un profundo deseo por ponerse a su lado y levantar a los espectadores con las mismas vibras excéntricas, sentía que era un trabajo que se le podía dar de lujo.

Vuelven a mencionar al Emperador Zarutsuki, el Shichibukai del que leyó en el periódico, alguien que tendría que ser aliado del Gobierno Mundial, y también se narró la forma en que los llevaron hasta allí e incluso los dividieron en equipos balanceados. Teorizaba de qué podrían ir las pruebas poco antes de que indicara los grupos, aunque también le llamó la atención el énfasis sobre las razas, detalle del que fue testigo cuando Masato se presentó ante Navur. De todas formas, aquello quedó de lado en el momento en que empezó a nombrar a los participantes, prestando suma atención a la posibilidad de quienes podían ser sus compañeros.

El equipo uno rebosaba presencia marine, y un nombre desconocido para el de hebras albinas; Jin Onizuka. El segundo grupo sólo contaba con el bueno de Bertram, y alguien con quien tuvo el infortunio de trabajar considerando la rivalidad entre facciones, le sorprendió saber que los Hanu Mahana estaban en Skypiea, pero más aún, volver a escuchar el nombre de Barald Kane. Los siguientes tenían entre sus filas a Kael, su mejor amigo, y a... claro. Si Merlot está presente, también debía estarlo Maki, es una obviedad, esta vez evitó dirigir la vista al sector donde vio por última vez a María. También tenían marines para repartir, juntando con Omuyaga a Masato y a Moja.

Escuchó el nombre de Miyori y sus ojos se iluminaron. Con ella también tenía asuntos pendientes, en cierta medida se sentía traicionado tras enterarse de que es pirata, pero había algo en su bondad cuando la conoció que le permitía mantener cierta esperanza sobre su persona, intentaría tener la oportunidad de conversar a solas con ella. Desconoció al resto de integrantes en su tanda.

Pero Ubbe sí que le sonaba, junto a él, más conocidos en el equipo cinco, teniendo a Enji, el Orador y antiguo Capitán de los piratas Rakshasa, Dharma, y su otro compañero de crimen, Tezca Norova. Eran un conjunto de lo más variopinto, y los reconoció como posibles rivales a vencer de manera inmediata.

Entonces, llegó su turno. Fue nombrado, y sus párpados se levantaron enseguida, porque iba a formar equipo con el jodido carnicero Whisky Peak. Era imposible no reconocer ese título y el nombre que lo acompañaba. Era imposible no tener como objetivo prioritario el detener a Sigurd Haakon si las cosas se ponían feas, y el shock fue tan intenso que hasta casi pierde detalle del último integrante de su equipo, el capitán de los Hanu Mahana, Ryota.

Antes de ponerse en marcha, cerró levemente los ojos y negó con su cabeza, soltando un largo suspiro, pero aquello no duró demasiado porque rápidamente empezó a descender desde las gradas en dirección al cubículo asignado, entre característicos sonidos de trompetas que engrandecían aquel momento.

En su camino, Akira casi que lo intenta estrangular, pero Hasegawa hizo gala de sus reflejos y evitó ser alcanzado por el rubio como si llevara la peste —¡Oye! Sólo tienes permitido tirarte encima mío si eres mujer. Así, imposible. —se cruzó de brazos, resoplando con una molestia fingida y enalteciendo la locura y comedia del dúo. Ingresaron de los últimos, culpaba a Raito, y... sencillamente lo dejó hacer lo que quisiera siempre y cuando mantuviera sus manos lejos de su elegante uniforme, ¿se imaginan que lo arrugue antes de mostrarse ante tantísima gente en una prueba? No señor, jamás.

Por ello ignoró lo que el soldado estaba diciendo, prestando atención desde su cubículo a las últimas indicaciones del Dirigente. El juego prometía como recompensa el conceder "cualquier deseo", haciéndose un concepto interesante, y entonces explicó las normas, una a una. Los puntos a ganar por prueba, y cuántos descalificados existirían según los puestos, que iban del uno al nueve, lógico siguiendo la ruta de la cantidad de equipos, lo que significaba que en total habrían ocho eliminados al finalizar esos desafíos que no sabía si eran o no los iniciales.

Luego, sólo un integrante del equipo podrá ir a cada prueba, con la imposibilidad de asistir a una segunda gane o pierda. Permiten el uso de cualquier poder o habilidad propia al competir, y se exhibe como premio de manera más directa aquel curioso concepto de conceder un deseo a los ganadores. No sin antes, claro, enfatizar que las hostilidades entre los participantes estaban prohibidas, lo que le hizo dirigir la vista nuevamente a su equipo. Tenía sentido considerando que aquel evento se celebraba en honor a Zarutsuki, así que era mejor seguir sus reglas, porque no paraban de recordarles que se encontraban en una tierra ajena al control de la marina, donde son más que nunca simples "extranjeros".

Miyamoto se presentó, atribuyéndole la etiqueta de posible buen tipo a Raito, y Shin no tardó en incluirse a la conversación, apuntando con su índice directamente al castaño. —¡Oye, tú! ¡Por fin te conozco! —expresó —Para serte sincero, esperaba que nos cruzáramos en otras circunstancias. Quería pelear contra Bary y Tezca Noro... Noro... ¡Norokova! —comentó sin estar seguro de haberlo dicho bien, dando a entender que conoce a su tripulación —¿Sabías que se presentó como tu capitán? Un despropósito. —negó con la cabeza y una sonrisa altanera, su ego presente en el tono y obvio, el lenguaje físico de manera natural.

—Nunca pensé que haría equipo con el carnicero de Whisky Peak. Me encantaría decir que es un honor, pero estaría mintiendo, heh. —le sacó la lengua, tratando la tensión con un instinto infantil inusual para ese tipo de interacciones entre enemigos acérrimos, como lo son un pirata buscado y un honorable miembro de la marina. —Puedo renunciar a querer atraparlos considerando que esta es una buena oportunidad. Seguramente les ganaría, confirmado al un millón por ciento. —cerró los párpados, siguiendo el hilo que tenía pensado declarar ante aquellos criminales. —Así que no estaré orgulloso de haber compartido grupo con ustedes ni ganando, es la verdad. —con ello, se refirió al comentario de Ryota. —Si la suerte nos terminó volviendo aliados, entonces prefiero no dejarle ninguna decisión más. —abrió los ojos, observando a sus compañeros durante aquellos juegos.

[Imagen: e19110aabc9621c6c97259c12ea1ab36.jpg]

—Esto será por única vez.

Lo que en principio pareció una clara muestra de intenciones a futuro, pronto se rompió en mil pedazos, con Hasegawa levantando las manos a la altura de su mentón y sonriendo con la misma energía infantil de antes —¡Equipo seis! ¡Equipo seis! ¡Equipo seis! —es como si todo lo anterior no importara, y de pronto su instinto deportivo se apoderara de él —¡Irá el mejor de nosotros a cada prueba! ¡Confío en ustedes, mis compañeros del alma! —su símil más acertado era un animador hiperactivo, moviéndose por todos los espacios libres del cubículo mientras daba vitoreos a los suyos entre bailes que rayaban lo cómico y movimientos totalmente al azar de sus brazos.

Sólo quedaba esperar a las pruebas, y se disponía a mantener esa misma energía hasta abandonar Skypiea.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3093 + 0 = 3093
Energia: 3486 + 13 = 3499
Espiritu: 1132 + 0 = 1132
Tras encontrar un lugar en las gradas con buena posición para observar los alrededores, Dharma se mantuvo observando el gran lugar con bastante atención, sus sentidos se encontraban alerta, mas el no estaba tenso, concentrado, pero no preocupado. Sus ojos miraban todo lo que podía ser alcanzado con su gran vista y también escuchando los diferentes sonidos que se generaban en en ambiente como este, de gran expectación. Una figura sobre una nube se alcanzaba a vislumbrar a una altura considerable, de aproximadamente unos 20 metros en relación al suelo. Se veía a gran velocidad levantando polvo. No se podia observar de forma adecuada quien venia montado sobre esa nube, pero si era notorio que venia hacia el estadio.

— ¡Soy El Dirigente…! —

— ¡¡EL FAVORITO DE LA GENTEE!! —

Parecía alguien muy conocido por los habitantes de este mítico lugar, aunque sus comportamientos era como cualquier otra cultura, tenían sus diferencias y sus costumbres, pero en realidad no había gran diferencia en su actuar. Dicho presentado tenia mucha elocuencia al hablar y parecía ser bastante querido por los habitantes de Shandora. Después de tanta faramalla el hombre termino de explicar de alguna forma lo que pasaría. Por su parte Dharma seguía atento, escuchando, esperando atentamente lo que sucedería. Así fue hasta que este presentador, comenzó a decir varios nombres. El espadachín reconocía algunos nombres del periódico, había piratas en esos nombres y marines, realmente estos juegos parecían  aglomerar a todo tipo de seres sin importar sus maneras de pensar o de actuar. De la misma forma se exigía cierto respeto y las debidas limitaciones para evitar "tragedias".

— ¡El Equipo cinco está formado por Ubbe, Enji, Dharma y Tezca Norova! ¡Vamos! ¡Los cuatro hacia su cubículo! 

Dharma escucho eso y lo que seguía, que eran las reglas de estos juegos. Habiendo entendiendo comenzó a bajar las gradas con un par de saltos bastante agiles y rápidos que le permitían llegar sin mayor problema a la parte baja del estadio. Tras eso se dirigió al cubículo numero cinco. Donde los que serian por ahora sus compañeros de equipo ya se encontraban también. De antemano ya sabia de quien se trataba uno, Enji. De los otros dos había leído poco, aunque el mas grande lo recordaba de algún periódico seguramente.

|Y me dicen loco a mi... Bro... pero tu siempre andas casi desnudo | Dijo en su particular tono, parecía serio y frio, pero estas palabras iban cargadas de cierta "confianza". Pues de alguna forma ese marine demasiado excéntrico, había sido su compañero de armas en un lugar bastante peculiar. | El marine loco... ¿aun conservas tu pingüino? | Dharma se mantenía ya en el cubículo que le tocaba, mirando a los otros dos sin titubeo alguno, su mirada era tranquila, mostraba quietud y solemnidad, lo mismo de siempre. Pues no tenia necesidad de decir nada más, ni para el de cabellos rubios ni para el gigantesco buccaneer. Por su aspecto era bastante notorio de que raza se trataba. | Si... de alguna forma podremos ganar, lastima que solo se trate de pruebas "deportivas"... | El espadachín decía eso para los ahí presentes, mientras con un movimiento bastante rápido y experto desenvainaba sus espadas, una en cada costado de su torso. Al mismo tiempo que las telas negras que las cubrían caían al suelo. Después de eso las volvió a envainar, se mantuvo tranquilo y esperaba lo siguiente que fuera a suceder.


OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos

Ya estamos aquí, en las gradas del estadio de Shandora. El camino no ha sido fácil en absoluto y hemos perdido mucho para lograr alcanzar este punto. Ahora hay que darlo todo. Por nosotros. Por la grandeza del Ragnarok y que nuestros nombres resuenen en la memoria de todos los presentes, en los ecos del tiempo. Espero de corazón que esta indigestión no me deje doblado... Y sobre todo que Odiseo nos dé sus mejores gritos y apoyo desde aquí, aunque se le ve todavía cansado. Es eso, o me lo como al igual que... Bueno, mejor no, que ya he tenido suficiente. Lo que sí me da es un par de toques con el codo, ligeros. Cuando agacho la vista, este me la devuelve con un intento sonrisa burlona, mientras ladea la cabeza sutilmente señalando a Ubbe.
Parece que alguien ya ha empezado su propio partido antes incluso de que empiecen los juegos. El cabrón de mi hermano no pierde oportunidad y ya está ligando. No falla, sitio donde vamos, sitio donde liga. Ya pasó en Drum. Ahora en Skypiea. Y de vez en cuando me va contando sus anécdotas amorosas, que si lunarias o de no sé dónde. Un fiera, si me preguntan. Odiseo y yo nos limitamos a echar un vistazo de reojo, evitando a toda costa que se nos escape una risilla tonta o, en el peor de los casos, un pedo atómico y me cargue a la mitad del público. Aunque el hijo del Ragnarok no parece estar para muchas fiestas.
La chica es bien maja, casi angelical, pero sin alas. Es de buen ver, aunque se intuye recatada y delicada como una flor de verano. Su cabellera rojiza es espectacular, resaltando todavía más sobre su piel blanca como la nieve. Para mi gusto, le falta carácter y fuerza. Pero sé que aquí mi pana bucanero tiene debilidad por este tipo de mujer tan dulce. Bueno, de hecho, tiene debilidad por todas las mujeres. Esta le ofrece alimentos al gordo sureño y tal y como vino, se va, como una brisa fresca. Ubbe parece hipnotizado, sin perderla de vista. Me encargo de devolverlo a la tierra mientras le rodeo el brazo por el cuello. Le miro con cara de pilluelo, esbozando una sonrisa tonta e irónica. Y como si fuera ensayado le echo un vistazo a la comida y le grito. -¡¡COMPAAALTA, UBBE, COMPAAAAALTA!!-

La escena se interrumpe con la llegada del maestro de ceremonias, que aparece de entre una nube de polvo tras aterrizar de un vuelo vertiginoso en mitad del escenario. El público estalla en vítores y alegría. Todo el mundo se deja invadir por el éxtasis de la celebración con las eufóricas palabras del enmascarado, que mueve a las masas como un director de orquesta. Se hace llamar "El Dirigente". Curioso tipo. Aunque más curioso es lo que tiene que decir. Parece que estamos en una edición sorprendente, con más participantes que nunca. El anfitrión no pierde el tiempo y, tras la entradilla inicial, se propone presentar los diferentes equipos que competirán.
Todos son nombres que me alcanzan a sonar, pero que no logro identificar de primeras, por mucho que me rasque la mollera. Tal vez debería hojear más a menudo el periódico, pero con tanta aventura y masacre apenas he sacado tiempo. Mientras salen de las gradas para alcanzar sus cubículos correspondientes, sí que reconozco de vista a algún que otro participante. De entre toda la multitud reconozco a un tipo en particular. Enano como cualquier humano común, pero con un aura más amenazante que el resto. Sí, sin duda es él, aquel espadachín que me permitió enfrentarme a Musashi en duelo sin interponerse. Se le ve seguro y confiado de sí mismo. Tal vez tenga la oportunidad de enfrentarme a él. O, en su defecto, poder agradecerle con un buen festín aquel gesto de honor al acabar los juegos. -Vaya, vaya... Así que tú también estás aquí...- murmuro desafiante al reconocer a otro de los participantes. A diferencia del primero, a este lo enfilo con nada más oír su nombre: Uker, el Marcado. Aquel que una vez superó mi recompensa y me dejó en la sombra del anonimato. Él no debe ni conocerme, pero tenemos una cuenta pendiente. Aunque últimamente está desaparecido del ojo público, debo comprobar de primera mano si su poder hace justicia a su renombre.
Los participantes van y vienen hasta que salta lo que menos espero. Ubbe entra en un equipo distinto al mío. Me levanto de un respingo. Ambos nos miramos incrédulos por un segundo. Un malestar ácido viaja desde mi estómago hasta formar un nudo en mi garganta. Puede que sea el reflujo de la pierna o la idea real de tener que enfrentar a mi hermano para ganar. Sin embargo, esa sensación desaparece al instante, cuando veo la ilusión reflejada más allá de sus gafas de sol. Su risa y su espíritu se me contagian. -No espero menos de ti, canijo.- le respondo a sus ansias de dar lo mejor de sí mismo. -Pero no pienso perder, te lo aseguro.- le sonrío, mientras se retira. En mitad de camino, alza el puño al cielo, orgulloso bucanero, y suelta una frase en ese idioma suyo que tiene. Puede que solo sea para despedirse, aunque yo lo veo inflándose de valor. Si alguien me puede derrotar, es él. Solo ha de creer que puede hacerlo. -¡Tu madre, por si acaso! ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- También te digo, de todo lo que ha dicho, he entendido la mitad.
 Me nombran a mí en el siguiente grupo. -Por fin...- Agarro a Yggdrasil, tan imponente como siempre, y la cargo sobre mi hombro izquierdo. Reviso tener la ristra de martillos de guerra en el cinto y, con todo preparado, marcho a mi zona asignada, a conocer al resto del equipo con los que estoy convencido pienso ganar este evento.

Camino con exagerada soberbia, pecho inflado, mentón alto y paso firme, seguro de mí mismo. Me aseguro de que, con cada pisada, se marque la huella en el campo polvoriento, como un presagio de lo que les espera a mis adversarios en este juego. Las trompetas hacían gala de nuestro descenso, del de todos los participantes que bajan a la arena de combate como gladiadores. Todos queremos ganar. Solo mi equipo va a lograrlo.
Mientras esto sucede, El Dirigente no se da el privilegio de una pausa. No deja de parlotear y enganchar una explicación con otra. Supongo que así tiene constantemente enganchado al público. Pero lo que propone es lo que hemos venido a buscar. Un deseo. Un deseo concedido por el soberano de los cielos... Desde el momento en el que le propuse a Ubbe participar hace semanas en Jaya, tengo claro lo que voy a pedir. Y, aparte de eso, la gloria que supone vencer. Capaz eso me llene más que cualquier cosa que le pueda demandar a Zaratsuki.
Voy atendiendo la normativa que propone el enmascarado hasta que llego a mi cubículo. Ahí me espera ya un miembro de mi equipo. Es pequeño, apenas me alcanza la rodilla. Viste como un piscinero y tiene aspecto de que le va la marcha y la chulería. En parte, me recuerda a mi hermano, pero más escuálido. Me gusta. Aunque, al igual que mi negro, espero que este también sepa repartir estopa más allá de andar repeinado.
Me quiero presentar con este, pero antes de hacerlo, se plantan a voces los otros dos miembros que quedan. El primero, más gritón y estridente que yo, que ya es complicado. De aspecto fuerte y con voluntad, pero el más canijo del grupo. El que le acompaña tiene cara de no haber roto un plato en su vida, así como de nunca haber encajado un buen puñetazo en las costillas. Se le ve impecable, tanto que da asco, con esa belleza tan impecable que parece que brilla con luz propia, y ese olor a perfume caro que compite con el de su camarada. Y sí, digo camarada porque, por desgracia, ambos visten el uniforme de Marines. Pese a toda esa primera impresión, tengo la sensación de haber visto ese hermoso rostro tan golpeable alguna vez.

El Marine chiquito, el repeinado con el pelo hacia las nubes, no deja de hablar, poseído por un espíritu de euforia sin parangón. Tiene tanto valor que me trata como a un amigo. Si no fuera por la normativa, ya le habría peinado la raya en mitad de la cabeza. Pese a todo, qué decir... Me gusta su voluntad y exceso de confianza. Lo prefiero a la quebradiza determinación que han mostrado mis hombres antes de llegar aquí. Ryota, así se hace llamar el que no forma parte de los perros del Gobierno, reacciona de buena gana frente al espectáculo que da el soldado. Se le ve un tipo desenfadado, revelando que anhela fortuna y una vida tranquila. Hace ademán también de un toque estratégico, sabiendo poner freno al ímpetu de Akira y demostrando un liderazgo que no me esperaba viniendo de alguien así. Tal vez este muchacho oculta cosas...
Quien sí muestra sus cartas es Shin, el peliblanco ojos azules. Las mismas normas que a mí me impiden matarlo en el acto son las mismas que a él le impiden atraparme. Bueno, al menos intentarlo, porque parece que el chavalín va con el ego por las nubes. Pese a todo, tienes los huevos de desafiarme. Eso le honra. Valiente pero insensato, de los míos. No le hago el feo en absoluto y no me atrevo ni a parpadear, esculpiendo una mueca siniestra de determinación absoluta mientras nuestras miradas se fulminan mutuamente.
Se acabó la faceta contemplativa, es momento de tomar las riendas de esto. Con un gesto diestro y seco, descargo a Yggdrasil de mi hombro hasta clavarla en el suelo, donde uno de sus filos queda encajado, manteniéndola firme. El arma, más grande que dos de ellos puestos uno sobre el otro, luce imponente y con tanta sed de victoria como cualquier otro. -Por hoy te libras, criatura.- afirmo con contundencia. Él ya está haciendo el pavo por ahí. 
Me dejo caer de culo al suelo, cruzando las piernas y los brazos en una postura cómoda. Así se rompe la tensión, dejando que ambos nos centremos en una faceta más participativa. Volteo el torso ligeramente al pandillero. -Ryota era, ¿cierto?- para confirmar, más que nada. Con calma, me rasco la barbilla, pensativo y analizando lo que propone el compañero. -Sé de buena mano que tenemos algún que otro rival formidable. Así que lo mejor será valorar a cada rato el desafío que se nos presenta. Coincido contigo.- Tras esta reflexión, doy un pequeño respingo, como si se encendiera una bombilla sobre mi cabeza. -¡Oh!- sonrío. -A todo esto, no me he presentado como es debido, aunque alguno parece conocerme ya...- me doy un fuerte golpe en el pecho con la mano derecha, que resuena como un estallido ensordecedor. -¡¡Mi nombre es Sigurd, Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero y terror de la Gran Line!!- con una sonrisa macabra y desafiante, miro a los Marines. Sobre todo al que han presentado como comandante. -En otras circunstancias ya os habría matado. Pero hoy... ¡¡HOY EL EQUIPO SEIS SE HARÁ CON LA VICTORIA!! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- y me río como si nada, con toda la amabilidad del mundo, mientras me doy palmas en el pecho con una mano y con la otra golpeo mi rodilla. Mañana seremos enemigos... Ahora remamos en el mismo barco por un objetivo. Ganar.

En efecto, cajita feliz

No me gustaba para nada la multitud. La odiaba. Desde que entré hace escasas horas en la ciudad de esta isla cualquiera, dando un nombre falso a ese ángel del casco  y el cetro, lejos de unirme con la muchedumbre y lugareños, decidí desplazarme hacia la parte trasera de las gradas y alejado de toda la civilización. En ese momento, estaba de brazos cruzados, con mi espalda pegada a la pared o estructura que daba a la fila más alta de las gradas, pensando en cómo mi octavo bote, el Boatgola VIII, terminaba hecho trizas después de haberme desplazado, por azar del destino, hasta esa zona desde la cuál, salió disparado ese chorro gigantesco de agua ascendente, terminando por empujarme hasta esta isla que, lo quisiera creer o no, parecía estar en el cielo.

— Jumm. — murmuré, sin mayor gracia, ante la normalidad de dichos eventos. Un día más en mi vida, supuse.

En ese momento, una carcajada que retumbó por toda la ciudad llegó a mis oídos. Parecía ser que el pregonero del pueblo había entrado en escena. Sin embargo, me mantuve indiferente ante el suceso, continuando estando apartado del mundo, y de brazos cruzados con mi espalda contra la pared, mientras escuchaba todo lo que tenía que decir ese misterioso personaje aunque, la verdad, no me importaba demasiado.

Estuvo un buen rato divagando el locutor, dándome a entender que iban a organizar una especie de juegos cuando comenzó a distintos equipos, compuestos por distintos nombres que no me importaban lo más mínimo. Al menos no hasta que pronunció “Waitgon Dólar”. Debía confesar que ese nombre me tenía intrigado, ¿dónde lo había escuchado antes? Pasaron los minutos intentando descifrar aquella incógnita - hasta el punto de que ya estaban enumerando los participantes del último equipo -, cuando finalmente recordé que ese nombre era el mismo que le había dado al ser alado aquel.

— Ya veo. — musité, alejando mi espalda de la pared, a la vez que descruzaba los brazos, comenzando a caminar hacia la arena. Por lo que había podido escuchar, iba a participar junto a otros tres jugadores y, además, por las reglas que estaba empezando a enlistar, tenía pinta de que habría cuatro pruebas, una por participante. Si por mi fuera, podría hacer yo solo esas cuatro pruebas. Detestaba trabajar en equipo.

Intenté dar con la arena, en vano. Por circunstancias que no terminaba de entender, mis piernas me llevaron hacia un puesto de nubes de algodón, luego hacia el río que delimitaba la ciudad con una de las rutas y, por último, al frente del palacio de Shandora, quedando a unos 10 metros de este.

— Jum. Parece que hay una fuerza externa que mueve las cosas de lugar para que no pueda llegar bien a los sitios. — Lo creía firmemente. Era la única explicación que encontraba plausible ante aquellos sucesos.

Un considerable tiempo después, terminé de dar con la arena, dirigiéndome hacia la parcela que correspondía con el equipo número… No lo recordaba. Por fortuna, parecía que era el último participante en llegar así que, gracias a mi superdesarrollada mente, sólo tuve que ver cuál era el equipo al que le faltaba un integrante.

Con esto, me dirigí hacia el cuarto cubículo empezando por la izquierda - mirando de cara al palacio -, encontrando que mi equipo estaba lleno de puros NPCs. Mejor dicho, todo el torneo lo estaba conformado. En mi caso, participaría junto a un hombre de pelo largo y color violeta, a una mujer pelinaranja y una especie de hombre tiburón en traje. Debía reconocer que eso molaba un poco aunque fuera.

— Hola, ¿puedo participar yo en todas las pruebas, por favor? — dije, sin más al resto de compañeros, sin siquiera dirigirles la mirada, enfocándome exclusivamente en la arena frente a mi. Si eran lo suficientemente listos, sabrían que si querían ganar, yo era su cabra ganadora.

OFF


Salto de foro:


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