[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#1
Los participantes eliminados provienen de este tema.
Aquí se desarrollará la "Parte Social (Gradas)"



Todos los participantes, por favor, postead a continuación vuestra aportación a la prueba. Recordad usar el comando [ personaje=3941 ], sin espacios. Podéis comenzar a postear.
#2
Atributos Personaje


Aunque la fuerza nunca fue su especialidad, dentro del grupo era, irónicamente, quien parecía tener más. Por eso decidió sacrificarse por el equipo, pues sabía que habían monstruos de la fuerza a los cuales jamás podría superar en su campo como su propio Nakama incluso, Hyakinthos, que, aunque le había dado una paliza antes, en cuanto a fuerza apestaba. Sin despedirse de su equipo salvo después darles un saludo reunió sus cosas —Imagino que ahora estarán cómodos Marines. Nos… vemos después. Quizá en el otro lado de la corriente.— Menciono calzándose la guitarra al frente se encogió de hombros y comenzó a caminar por el escenario tocando una suave melodía, una que le recordaba que no todo estaba perdido, que no todo el mundo era gris y maldito. Había sido eliminada, y para su sorpresa también otro espadachín.

No pudo evitar sentirse frustrada. Sentir que no Valia mucho para estas cosas, pero daba igual pues su objetivo no era entretener a esta gente con este tipo de espectáculos, sino con el arte. Ese era su objetivo. Divertir, entretener y servir, servir tanto como fuera a sus Nakamas y claro, llevarlos más allá del mar, a buscar las estrellas innumerables como siempre les decía.

Al llegar al lado de las gradas le hecho un ojo a todos alrededor, los equipos, había demasiada gente pare recordar. Demasiada gente para tomar en cuenta y memorizar. Quiso ir a las gradas pronto, pero nadie le esperaba ahí… nadie, más que la soledad que tanto temía, vio en el otro grupo como su ex capitán también salió del cubículo y a pesar de que la primera vez que escucho su nombre le lleno de ira el corazón. Ahora estaba mas calmada. Mas serena y con algo mas de pensamiento frio, sintió que quizás tuvo sus razones. Daba igual. Lo que importaba era que estaba mejor que nunca en este momento. Los dioses de sus cuentos de niña le habían puesto justamente donde debía estar.

Sintió la suave brisa correr en su calva cabeza mientras no dejaba de componer su música. Estrafalaria, concordante y armónica y veloz como nunca, se subió a la baranda antes de cruzar y su voz se elevo para comenzar a cantar un poco, a realizar su ruidoso espectáculo, como siempre no sintiéndose satisfecha de solo participar. Pues también quería que le recordasen para siempre.


Su música continua hasta que el director del evento finalmente comenzó a preparar la siguiente ronda de las pruebas. Y Maki al ver al público, algunos emocionados le aplaudían, otros no, el animo de la peliverde asintomática se reverencio y decidió que tenia que cambiar su ropa, era hora de continuar con la inspección quizás de la isla en el cielo, ver que le ofrecía. Para mejorar en su camino a convertirse en la mujer mas fuerte del mundo. Aún tenía mucho que entregar. Se encamino entonces calzándose la guitarra detrás de si y quedándose en la orilla de la arena. Esperaba la actuación de Melones y de la niña atún. Aún le quedaban mares por cruzar. Aquella derrota no era el final del viaje, apenas era la primera nota de una canción mucho más grande.

Se relajo, se sentó y echando la cabeza a atrás esperaría a que terminen sus nakamas para continuar con sus aventuras. Rayos... tenia ganas de hacer algo de ejercicio, ese golpe no había sido suficiente para hacerla entrar en calor.
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#3
Atributos Personaje


No necesitaba ver el marcador para asumir su derrota. Lo sabía, lo supo en el momento en el que le tocó dar un paso al frente por ese grupo. Su labio aún le dolía, sus dientes aún se presionaban con mucha fuerza entre sí, sus ojos se inyectaron en sangre en el momento en el que el presentador del evento fue anunciando los resultados.

Perder contra Eros no era la gran cosa, el capitán ya lo había vencido en muchas ocasiones antes. Pero tuvo que ver el nombre de ese marine rubio, el de la mujer y el tipo que conoció en el South Blue, incluso ver a Bai sobrepasarlo. No podía ser verdad, no podía quedar eliminado así. Podía aceptar perder contra su tripulación, ellos si eran mejores que él, pero toda esta gente…

Sus dientes chirriaron en el momento que informaron de su derrota, con el suficiente volumen como para ser escuchado por los cubículos a su lado. Podría decirles algo a su grupo, pero lo cierto es que solo podría maldecirlos con toda su alma. ¿Debía ser él quien fuera sacrificado? ¿Ninguno de ellos planeaba dar un paso al frente? ¿De qué servía competir para ser reconocido si debía participar en una prueba que no podía ganar? Simplemente se alejó, caminando hacia las gradas mientras sus manos se cerraban en un puño, que presionaba cada vez más sus uñas contra la carne de sus palmas.

Pero alguien debía llegar a él, una voz que se animó a intentar decirle que todo estaba bien. Lo confundió por un momento, pero supo que era Eros, incluso si simplemente detuvo su caminata y no se dignó a darse la vuelta para ver a su capitán. ¿Qué no iban a caer sin dar batalla? ¿Qué iban a ganar por él? Eros incluso abandonó su timidez tan propia del topo y se animó a gritarlo para todos.

Sus uñas traspasaron la piel y la carne de sus palmas, dejando que sangre corra de las heridas y cayera al suelo como pequeñas gotas imperceptibles para nadie más.

¿Qué lo iban a hacer por él? ¿Tan mal lo veía que Eros debía hacer algo que no haría nunca en la vida? Las palabras eran claramente de aliento, pero no evitaron que la mente del pirata tomara otro rumbo, el camino que siempre tomaba.

Había perdido, el propio destino le había puesto frente a si un muro insuperable y ahora todos le decían que no podía hacer más, que otros se encargarían de lograr lo que él no logró. Se había hecho fuerte para no depender de nadie, para poder ir en busca de su objetivo incluso si eso significaba separarse de sus compañeros una y otra vez. Y ahí estaba, con los ojos inyectados en sangre, con las manos sangrando y con su mente, la cual no dejaba de atormentarlo con un sonido de estática que le impedía ver las cosas de otra manera.

“Porque ese camino no te traerá felicidad”, esas fueron las palabras de su maestro. ¿Acaso esto era mucho mejor? ¿Verse derrotado y tener que observar como otros cumplen sus objetivos? Las tripulaciones no importaban en ese evento, los grupos no eran necesarios, si el destino fuera justo podría…

Pero no lo era, nunca lo sería.

Sin siquiera girar para ver a su capitán o a aquellos que parecían hablarle, como si no los escuchara, volvió a avanzar hacia las gradas. Tomó su lugar y se sentó, apoyando sus codos en sus rodillas y juntando sus manos para que sus dorsos sirvan de apoyo para su frente. Simplemente observo el suelo, como las últimas gotas de sangre caían a la madera en el momento en el que sus heridas terminaron por cerrarse, sin prestarle atención a la prueba siguiente o las que fueran a venir.

Sus heridas físicas eran leves, pero su mente no iba a dejar de torturarlo por el otro tipo de cicatrices que llevaba consigo.

"Váyanse todos a la mierda"

Libro de recetas
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#4
Cada vez que veía los resultados de los demás participantes, Yuuki observaba con una sonrisa cómo su orgullo se veía reducido cada vez más y más. La birkaniana terminó de ver a todos los participantes y se mantuvo sonriente en todo momento, incapaz de cambiar de expresión e incapaz de siquiera moverse hasta que El Dirigente, el favorito de la gente, dio las nuevas instrucciones. Se puso de pie, nuevamente en silencio, y tomó su mochila. Luego simplemente sonrió a los demás y se acercó a Kiyoshi para hablarle al oído.

—Lo he arruinado. Pero se que tu vas a sorprendernos a todos. ¿Te molesta si me siento con Uker?

Y aunque era una pregunta, no tenía realmente el tono de una. Guiñó el ojo al Tontoyoshi y se marchó caminando con su natural alegría hasta las gradas. Se podía sentir que iba pensativa, aunque era difícil de notar cuando iba a trote lento y saludando a todos los espectadores y a los demás participantes de su tripulación, quienes aún seguían todos en la competencia. Miró al gordo Tozxco y le sacó la lengua, pero luego saludó de manera emotiva a Tocho Morocho y a Cardan.

Cuando llegó a las gradas, al pasar, a quien vio primero fue a la chica de la tripulación de la que hacía parte Miyori. Maki tenía un cartel de reocmpensa en el periódico y, aunque ahora parecía un caballero de tres hombros, podía reconocerla por las cicatrices y por la cara aún. Se le acercó primero a aquella mujer y extendió su mano a ella para que la tomara en forma de saludo. La actitud de Yuuki se mantenía todavía alegre y miraba a Maki con una expresión amable en el rostro.

—¡Hola! Las presentaciones nos sobran, ¿Verdad? Es un gusto conocerte, Maki. Ciertamente. Leo de tus aventuras en el periódico. ¡Tu grupo es genial! —Luego revolvió con la mano contraria dentro de su mochila y sacó un papel con un número escrito—. Me gustaría estar más en contacto contigo. Ahora es cuando deberíamos aprovechar los piratas para reconocer aliados en el viaje, ¿No? Quisiera molestarte un poco más, también. ¿Podrías darle ese número a Miyori cuando puedas, por favor? Con que le digas que es de mi parte basta. Te lo agradecería a montones. —Y junto con ello, le dejó unos berries adicionales. No eran muchos. Apenas trescientos—. ...por las molestias.

Luego juntos sus dos manos, como si rezara y le agradeció a Maki a la vez que se tratara de alguna estatua de una diosa. Le guiñó un ojo, le lanzó un beso y continuó su camino a lo largo de las gradas hasta que estuvo cerca de Uker.

Lo primero que hizo fue sentarse a su lado. No le dijo nada en un principio. Aunque sí que le dedicó una sonrisa de las que había hecho antes, en el camino a Shandora, para saludarlo. Lo notaba algo decaído. Y no era para menos, lo habían eliminado. Igual a ella. Así que quizás podía empatizar algo con el tripulante de los Sepultura. Buscó entre su mochila, a ver si encontraba algo, pero la verdad fue que no había llevado ninguna golosina para la ciudad. Eso sí, había llevado su té... aunque de ese no iba a compartir absolutamente nada. Suspiró con un tono derrotado y luego miró a Uker.

—Lo siento, no traje nada para compartir contigo... —Hizo gestos con la boca, como si se debatiera si fuera buena idea lo que iba a decir—. Oye, ¿Te parece si apostamos? Solo tienes que decir en qué lugar crees que quedará uno de los concursantes. Y si atinas, ciertamente te llevas el fondo de la apuesta. Fácil, ¿No? —Giró su cabeza para ver a Maki entonces, agitando su brazo hacia ella y pidiéndole que se acercara. Si apostaban los tres, podría ganar más dinero.

Combo de pollito frito con papas
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✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
#5
Atributos Personaje


Cuando me quise dar cuenta, estaba casi a las afueras de la ciudad en lugar de en la propia arena, ¿acaso habían cambiado la disposición de la zona mientras estaba cargando mi técnica legendaria? Sí, debía haber pasado eso sin ninguna duda. Yo nunca me equivoco.

Conforme mi participación había finalizado, me aproximé lo máximo que podía hacía la arena para escuchar al hombre enmascarado de la nube, pero lo mínimo como para no tener que interactuar con los NPCs de mis compañeros. Nadie se merecía mi presencia.

Empezó a enumerar los distintos resultados, alabando el mío diciendo que era el record de la inmundicia. No lo tenía muy claro, pero aquello debía ser bueno. Los récords siempre eran algo positivo. Lo que no entendí del todo bien era por qué entonces había sido descalificado con 0 puntos, ¿el hombre de la máscara pensaba antes de hablar o hablaba tras pensar? En fin, que hasta aquí llegaba mi participación en estos juegos.

— Jumm, nadie de ellos merece mi presencia. — musité, dándome la media vuelta para volver a dirigirme hacia las afueras de la ciudad de Shandora, buscando salir de allí cuánto antes, de todo ese tumulto de personas y, ante todo, alejarme de todos esos supuestos compañeros. Si hubieran sido buenos compañeros de verdad, me habrían dejado participar en todas las pruebas. Malditos hipotálamos.

Comencé a andar, con calma, apoyando mi antebrazo izquierdo sobre el mango de mi espada “Colmillo Solitario”. Y sí, se me acababa de ocurrir ese nombre. Cada vez más, la distancia entre la ciudad de oro y yo irían aumentando, hasta el punto de llegar hasta dónde estaban los Custodios, pasando a través de una de ellos sin mediar saludo, y adentrándome en la selva por la que había venido inicialmente. Ahora debía pensar en como salir de allí y, para ello, necesitaría su ayuda. La ayuda de Boatgola IX, mi siguiente navío. Pero para ello, necesitaría primero madera y, seguidamente, construirlo de cero. Debería implementar alguna que otra mejora como, por ejemplo, construir unos remos, para poder navegar mejor. Pero eso ya sería otra historia.

OFF
#6
Atributos Personaje


Mente de Uker (Recomiendo bajar el volumen)

Aún oía ese molesto sonido en su mente. Opacaba cada palabra del hombre sobre la nube, cada canción o ánimo de los participantes hacia sus compañeros de grupo, incluso llegaba a volverlo sordo ante los vítores y la emoción que se demostraba a su alrededor.

Mientras que él estaba lejos, incapaz de participar en aquello que debía llevarlo a la gloria.

Levantó su vista un poco, lo suficiente para observar la palma de su mano derecha. Las 4 marcas de sus uñas todavía se veían ahí, todavía ardía su piel y carne si intentaba acariciarla con las yemas de sus dedos. Su sangre se había secado, ahora formaba un material endurecido y molesto entre sus dedos, pero que por algún motivo no se dignaba en limpiar.

Vio a más gente avanzar desde los cubículos hacia una nueva prueba, la estática en su cabeza no le había permitido escuchar de qué se trataba, pero sí podía distinguir a los participantes. Un marine, la mujer que los había interceptado antes en la jungla, el idiota cuyo wanted había igualado el suyo cuando paso hacia el Grand Line, otro marine de los que se cruzaron con él en Little Garden, es estúpido de Onizuka Jin, incluso Heras y María, a quienes no veía desde hace muchos meses, tal vez años.

Parecía ser una clase de prueba de velocidad, pues la mujer alada no hizo más que pasar a gran velocidad por una zona y después volver a su lugar. Los participantes tampoco iban a sorprenderlo, a la mayoría no podría verlos así que simplemente devolvió su mirada al suelo. Al menos hasta que un destello llamó su atención.

En cuanto levantó la vista nuevamente, ese participante ya había finalizado la prueba. El marine que desconocía, el peliblanco, pero conocía bien esos destellos de luz. Se había cruzado con el usuario del que, suponía, era el mismo poder. Rosse había capitaneado una banda pirata y acabó en la misma situación que él en los Cabos Gemelos. Era alguien temeroso, no parecía muy preparado para lo que una vida así pudiera traerle, por lo que descubrir que estaba muerto no era una sorpresa.

Con este descubrimiento, ya dos participantes de su lucha contra Sakana habían caído. Uker seguía ahí, vivo y habiendo llegado hasta este punto, pero algo en su interior le decía que tampoco era la gran cosa.

Sakana podría haberlos matado, Sohem podría haberse hartado de todos y provocar una masacre en esa playa de Little Garden, su camino podría haber terminado en el agua helada de Drum o en los desiertos de Arabasta, pero no lo hizo. ¿Por qué? ¿Porque era fuerte? Si no había podido hacer nada contra esos imbeciles bendecidos por el destino, no había podido demostrar su valía en los tan ansiados juegos ni podía matar a esos que intentaron meterse en su camino.

Volvió a escuchar ese molesto ruido, mientras su mente seguía llenándose de preguntas. ¿Podría matar a Sakana si lo enfrentara ahora? ¿Cuántas veces más debía dejar que otros lo pisoteen? Si la vida fuera más justa podría estar con su familia, muerto y en paz. ¿Por qué estaba vivo? ¿Por qué…?

Unas palabras se abrieron paso entre el agónico sonido que ocupaba su mente. Su rostro se giró lentamente, siguiendo a esa voz que llegaba desde uno de sus lados. Se trataba de esa birkaniana que los había encontrado en la jungla, antes de llegar a la ciudad.

No estaba de humor para hablar, tampoco es como que le entendiera a qué se refería cuando hablaba de “traerle algo”, por lo que simplemente devolvió su mirada a las pruebas y escuchó lo siguiente que ella tenía para decir.

¿Una apuesta? Varo estaría más que contento de conocer a esa mujer,pero el cocinero no era un apostador como el explorador de la tripu. - Apuesto 100 berries a que Kiyoshi Maeda consigue el primer puesto en la prueba en la que vaya a participar -. No sabía que clase de elecciones, o no elecciones, había hecho el equipo de su compañero, pero estaba seguro de que Kiyoshi no aceptaría participar en nada que requiera algo físico. Si existía una prueba para medir la precisión, el medico iba a lograr aquello que él estaba esperando conseguir en cuanto llegaron a la isla.

Libro de recetas
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#7
Atributos Personaje



Sus Nakamas estaban haciéndolo genial, no podía evitar sentirse inútil, servir solo para la beligerancia comenzó a hacerle escozor en la mente, se rasco la sien preocupada que solo sirviera para matar o morir y con eso rascándole comenzó a recordar Little Garden, Whisky Peaks, Arabasta, toda su estadía en los blues. Nada de todo lo que había hecho hasta ahora, desde que huyo desde Marine Fort ¿Valía de nada?. Cambio el cruce de sus piernas. Creía que había crecido, que había madurado, pero no… se hecho atrás para posar el codo sobre la banca de piedra, para sentir el frio abrazo de la roca recorrer su cuerpo. Se miro los dedos, los movió como contando uno por uno. Y sintió las melodías de los deportistas, pudo verlos compitiendo a todos y no reconocía a nadie de todo el montón. Solo a sus nakamas y a Melones y Gigantón.

¿Como era posible que después de todas estas aventuras conociera solo a un montón de gente que la quisiera? ¿Qué le estimara y que le agradase? Maldición. Parecía que había sido todo decepcionante, nada de lo que le dijo su madre lo cumplió… Has buenos amigos, nada, solo a un par de ellos que era al revés… ella podría poner su vida a disposición de ellos, pero pareciera que ellos estaban más interesados en dinero o chicos. No en ella.

Maki se encogió ligeramente de hombros y hecho la pelada hacia atrás para suspirar amargamente, no tenía pena, solo. Odiaba en lo que se estaba convirtiendo. Ya no era la chica roquera que odiaba la iglesia, pateaba embusteros y estafaba a otros piratas. Ahora. Solo sobrevivía e iba de un lado a otro matando a quienes le apuntaran con el dedo. Estaba al servicio de los manos y ahora era una de las manos de los dioses. Los Valar.

Entonces cuando bajo la mirada sobre ella había un despampanante espectáculo, mirarla le daba un subidón de glucosa, tan esponjosa y dulce rosa y blanco, mierda parecía un festival de quinceañera. Jovial y hermosa. Salvo por una gran cicatriz atravesándole la cara. ¿Esa cicatriz, creyó verla en otro lado?... sí, el periódico… quizás. Scar… así la llamaría.

—He… si?... presentaciones? Claro, claro… obviamente… nos conocemos?... a si el periódico. No creo que haya hecho demasiado para salir en el periódico la verdad.— Agito una palma frente a su rostro con los ojos cerrados y la vista en diagonal hacia abajo, minimizando lo que decía la prensa amarillista. Le habían tratado de mil leches y eso le enfurecía. —… … …Solo hacemos lo que queremos… si eso es genial, pues sí. Lo es, supongo. ¿Contacto conmigo?... no soy tan interesante la verdad… pero… ok… le daré tu número. No no… guarda tu dinero, no es que tengamos un voto de pobreza, pero a decir verdad lo que menos me mueve es el dinero. Solo deseo aventuras y emociones sin fin. El deseo y el fulgor de una frontera sin descubrir es lo que deseo con la fuerza de mi corazón… guarda tu dinero Scar.— cuando le lanzo un beso, se sintió rara, sonrojada?... estaba coqueteando?... hace mucho que nadie coqueteaba con ella. desde los blues. Mierda. ¿Había olvidado cómo reaccionar a un coqueteo? Seguro que sí. No dijo más.

—Pero como chuchas te llamas…— Se dijo para si misma mientras leía el numero en el papel. Bah da igual si se acuerda se lo da. Se sentó lejos… con alguien más, y la llamo. Como se le llama a un perrito apaleado… ella adelanto la palma y negó con la cabeza. No quería tener que forzar nada con su ex capitán. Ahora estaba bien, estaba libre sin ataduras ni persiguiendo sueños estúpidos. Debía preocuparse por mas cosas que su propio corazón… el de Hyak, el de melones si… si no tenia donde mas ir… de Barto si quizás no se iría aun con sus sandwicheros y de Merlot, la dulce…MERLOT 

—MErLOT HIjA DE pUTA QUE HACES ZoRrA DeSVERGoNZADA!!!— Se había distraído con la Birkaniana y perdida en sueños no vio la culosociable de su protegida. Quiso saltar nuevamente al campo de las pruebas pero la gente comenzó a detenerla, a decirle que le darían un puñetazo tal que le mandarían al otro lado de la isla. —DEJENME MONTON DE PALOMAS ESTA DESVERGONZADA INSISTE EN PROVOCARME MALDITA SEA.— Su ira comenzaba a aumentar y la gente no le dejaba darle su merecido a su hermana… estuvo a nada… nada de Liberar esa cosa que fuuuuuudddsssssss esa que desmayaba gente y ahuyentaba animales, ya sabes the force el 4 de Mayo… sus ojos encabronados, abiertos de par en par y la gente agarrando su ropa, se devolvió a las gradas… y la gente huyo… —Eso eso…. Huyan ratas cobardes…— Se volvió a sentar, esta vez con los ojos como huevos fritos la cara roja y las heridas pulsantes en su vena carotida azcortida y tevoyadarenlatorrerotida… sus brazos cruzados, su cosntante golpetear en la piedra solida de las gradas… si habría una forma de volver a los cubículos, iría a arrancarle los cabellos a la desgraciada por insistir en ser presa de los marines. Estaba comenzando a sentir un odio profundo por ellos, aunque en el fondo su escuela, la primera fuera la disciplina de los marines.

Play Me!
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#8
Atributos Personaje


Kibai apretó los dientes a medida que El Dirigente iba anunciando los diferentes resultados, hasta terminar bajando la cabeza. Maldita sea, aquello había sido un completo fracaso, pero el mink aceptó el resultado con deportividad y cierta resignación. Al fin y al cabo, había tratado de medirse en algo para lo que no había entrenado nunca demasiado, y al menos había salido a la palestra.

Miró de reojo a Kiyoshi, encogiendose de hombros con una sonrisa bastante vacía.

— Lo siento, Kiyoshi, de veras me hubiese gustado poder haber competido algo más a tu lado de nuevo. Me apenará que la siguiente ocasión puede que no tengamos al Emperador del cielo y a sus Custodios para poner paz entre nosotros. Mucha suerte en tu prueba. De veras.

El mink soltó todo el aire en un suspiro y se dispuso a dirigirse hacia las gradas, levantando una mano a los seguramente escasos espectadores a los que les habría importado su eliminación, cuando un susurro llegó a sus oídos.

— Kibai, Kibai —

El marine se giró de vuelta, al ver como Bai se le acercaba, haciendole gestos hacia su cabeza y flexionando su torneado brazo, antes de dirigir la mirada hacia Raimei y su propio espadón, murmurando una serie de palabras ininteligibles para el mink, pero que sin duda tenían un tono amable. Kibai amplió su sonrisa, esta vez bastante más sincera, alzando la mirada hacia los tres metros de altura de la birkaniana, antes de asentir y golpearse el pecho a la altura del corazón con el puño, extendiendo luego el pulgar hacia arriba en dirección a Bai.

— No te preocupes, estaré bien. Dales caña.

Pasando por delante del resto de cubículos, el mink hizo un gesto de ánimo a los marines que aún quedaban en concurso arrugando con fuerza la nariz y conteniendo la respiración al pasar por delante del cubículo dónde un enorme Bucaneer rubio se encontraba, pues un intenso olor a col podrida flotaba en el ambiente. Apurando el paso, cruzño los últimos cubículos antes de llegar junto a la estructura de madera que bordeaba el estadio.

De un salto, Kibai abandonó la arena, aterrizando suavemente sobre las gradas. Viendo el conjunto de todos los eliminados, el mink no pudo sino soltar una sonora carcajada. Aparte de Yuuki, la birkaniana de su equipo en la arena, todos los demás, tanto la mujer de cabeza completamente rapada que se había encontrado en la torre de piedra de los Cabos Gemelos como Uker, ahora de los sepultura y testigo del incidente con Sohem en Little Garden, así como el propio Kibai y Barald, que había sido eliminado junto con él en la prueba del Bastión, lucían sus respectivas espadas al cinto.

— Vaya, vaya, no tengo pruebas ni tampoco dudas de que a su Alteza el Emperador no le gustan demasiado los espadachines, nos han eliminado a casi todos, menuda escabechina! — dijo el mink tratando de quitarle hierro (nunca mejor dicho) al asunto. Lo cierto era que, estando como estaban en un lugar en el que la neutralidad era tan abiertamente obligatoria, aquello se prestaba sobremanera para conocer mejor a aquella gente. Quien sabe, puede que algún día fuese útil.

Recuperando uno de los cuencos de dátiles rellenos de su morral, Kibai lo alzó en ambas direcciones.

— A alguno le apetece? Están de vicio, os lo garantizo. Ojalá hubese comprado más pero no contaba con tener que estar ya en las gradas, pero sentíos libres de agarrar un par, yo invito. Por cierto, y el desubicado que se fue corriendo en la otra dirección, dónde demonios se ha metido?

Tras bajar de nuevo el cuenco, Kibai se puso en pie, hinchando el poderoso pecho para soltar un fuerte rugido.

— VAMOS KIYOSHI, QUE ES SON MOSCAS, ESO COMPARADO CON UN GYOJIN BELUGA NO ES NADA. MACHÁCALOS!

La Caja de Pandora
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#9
La prueba siguiente no le era lo suficientemente interesante, muchos menos lo fue en cuanto vio que ninguno de sus compañeros participaría. Quien sí lo hizo fue Barald, ese hombre perteneciente a la tripulación que habían encontrado antes de llegar a Shandora.

Así como le sucedió al cocinero, parece que el otro espadachín había caído a manos del destino, en una prueba para la que su cuerpo no parecía apto. Si se sentía tan mal como Uker ya sería cosa del pirata contrario, pero al menos eso traía de nuevo esos pensamientos tan negativos que tuvo antes el navegante del Black Widow.

En cuanto la última prueba llegó, Uker sí prestó atención. Sus piernas se apoyaron con firmeza, sus codos se marcaron en sus rodillas y sus manos sostuvieron su barbilla, mientras que sus ojos se enfocaban en ver a cada uno de los últimos 9 participantes. Kiyoshi haría acto de presencia, Varo también, ninguno había participado en ninguna prueba anterior, así que al menos quería ver como lo hacían ellos.

Lo único que cortó su concentración fue un grito proveniente de uno de los cubículos. La voz lo hacía inconfundible, era el médico, y para nada capaz de seguir direcciones simples, Hyak. Solo lo observó hasta que terminó de hablar, momento en el que asintió sin muchas ganas y soltando un suspiro antes de volver a poner toda su atención en el evento principal.

El primero en participar es Kiyoshi. Uker lo observa con atención, lo conoce lo suficiente para saber que va a darlo todo, pero quería averiguar hasta donde lo llevaba eso. El disparo es perfecto, a una velocidad suficiente para que él no pueda verlo. Sus dientes se apretaron en el interior de su boca, volviendo a sentir enojo al ver a su compañero demostrar su capacidad.

El siguiente fue el marine de su grupo. Hiciera lo que hiciera a Uker iba a parecerle una mierda muy seguramente. Así fue, pues en cuanto el contrario terminó su participación solo chasqueó la lengua y lo insultó en su mente.

La siguiente fue la mujer de cabellos naranjas, aquella con la que debía hablar. A diferencia de con el disparo de Kiyoshi, la flecha de Miyori no poseía la ayuda de la pólvora, pero aún así le fue difícil seguir el camino del objeto borroso que impactó en una de las moscas. Sus manos se apretaron con más fuerza.

Llegó el turno del mink favorito de cualquiera. Varo se acercó al punto de inicio, le tomó un tiempo prepararse pero luego solo mostró seguridad. Uker afiló sus ojos para prestarle aún más atención. En cuanto la mosca apareció, Varo hizo gala de una no tan vista capacidad de dar show. El movimiento había sido perfecto, al menos para quien nunca había disparado en su vida, lo que logró que una vena se marcara con fuerza en el cuello del cocinero.

Los cuatro habían avanzado hasta ese punto con la idea de hacerse valer, de darse el reconocimiento que les faltaba, de acercarse más a sus objetivos. Ellos seguían en competencia, demostrando una capacidad alta y su fuerza capaz de superar todas la barreras. Él, por otro lado, estaba en las gradas, derrotado no solo por su tripulación, sino por marines, por otros piratas que no deberían ni hacerle sombra, teniendo que aguantar las risas de un perro del gobierno que cree que puede hablarle con naturalidad. Kiyoshi era un hombre de cuerpo débil que no podía caminar 200 metros sin cansarse. Varo era un mink aterrado por el peligro más común del mar, las tormentas. Eros era fuerte, había logrado vencerlo, pero suponía que la diferencia no era tanta.

Volvió a morder su labio inferior, una acción oculta detrás de sus manos. Lo que no podía, ni iba a ocultar, era como las venas de sus ojos se marcaban cada vez más.

¿Era tan débil? ¿Debía perder así? Ellos no podían ganarle en un combate, ¿verdad? ¿Si no era tan fuerte como para vencer a esa gente cómo podría llegar a su objetivo? Podía culpar todo el día al destino, podía llamarlos bendecidos todo lo que quisiera, pero eran capaces de vencerlo.

Fue capaz de sentir un pequeño toque en su cabeza, un golpe suave que su maestro le daba con la palma de su mano cuando debía corregir el curso que estaba tomando. “Deja atrás los pensamientos que ciegan tu espada”. Abandonar las ideas de venganza y fuerza pura que lo consumían de pequeño, hasta que eso no sea más que un simple mal recuerdo y la fuente de toda su motivación. Debía abandonarse…

Por primera vez en muchos años, sentir el fantasma de su maestro acechándolo no hizo más que mostrarle que el camino que tomó era el equivocado.

Por suerte, o mala suerte, algo más llamó su atención. Una mujer rubia que se puso a hablarle a la multitud, queriendo ganarse su apoyo seguramente, pero que Uker reconoció. Fue sorprendente volver a ver a Nyra, más aún ver el uniforme que llevaba puesto. ¿Marine? ¿Nyra se había alistado a la marina? Su lengua volvió a chasquear, pensando en cómo debían haberla adoctrinado en ese lugar, pero algo era diferente del resto de uniformados.

Ella parecía seguir siendo ella. Con su actitud positiva, con su sonrisa siempre apareciendo, con esas ganas de no quedarse fuera que tanto le divertían a los niños en el orfanato.

¿Seguía siendo ella?

No podría descubrirlo si no hablaba con ella, pero viendo los colores que ahora defendía…

No iba a ser algo fácil para él.

Libro de recetas
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#10

Esperó paciente a que llegaran los resultados de la prueba observando con desgana el marcador. Había estado observando las pruebas de los otros participantes y a comparación con la suya, todas parecían haber sido mucho mejores que las suyas. Había venido hasta este lugar con la misión de ganar los juegos así como había mostrado ante su tripulación y ante el custodio. Pero la realidad le había dado un golpe, uno más. Caminó desde la zona de la prueba hasta las gradas para abandonar así los juegos quedando eliminado en su prueba aunque al menos, consiguió obtener unos 10 puntos para su equipo. No obstante, quedaba ver que tan bueno era ese marine desempeñando su prueba. Barald durante su estancia en el evento había hecho hincapié en observar a todos y cada uno de los participantes del evento para analizarlos, a ellos y a sus habilidades especiales. Había muchos enemigos potenciales por aquel lugar nunca estaba de más tener los ojos abiertos en todo momento. Todos querían ganar, era lo lógico y para eso empleaban su máximo potencial para destacar en las pruebas. El azabache avanzó por las gradas con ambas manos en los bolsillos y pudo ver a Yuuki que también había sido eliminada un poco más lejos junto con otras personas.

De frente, encontró al terror del South Blue, Uker con quien decidió sentarse. El azabache consideraba estas pruebas un juego para niños con cálculos matemáticos pues no había mas allá de eso en sus pruebas que tan solo medían una proeza física en concreto. - Sea un hijo de puta o no, el destino nos vuelve a juntar de nuevo ¿crees en las casualidades o eres un tipo racional y buscas el porque a las cosas?  -  Podía ver un poco a través de aquel hombre, parecía decepcionado. ¿Con el mundo? Barald quedo dubitativo por un momento intentando llegar a la cuestión del asunto. Ese no era el problema, no era el lugar, tampoco los participantes ni los juegos; era con el mismo. No era adivino, pero era algo que podía ver por su expresión corporal y su rostro, o al menos, intuir.

- No te dejes engañar por unos números de un juego de niños. - Incidió en lo que creía que era el problema. El azabache siempre era selectivo cuando usaba sus palabras, afilado como los aceros mejor tratados. Su tono calmado le precedía nunca le hacía falta alzar la voz para ser escuchado. Esperó por un momento buscando uno de sus cigarrillos de su bolsillo pero no pudo calmar sus ansias, ya no quedaban. La suerte había terminado. Llevo su diestra hasta su colgante, acariciándolo instintivamente con la vista al frente atento a los juegos. - Tu camino es diferente al de todos ellos Rackham, igual que el mio. Tu espada te dará las respuestas que necesites cuando menos lo esperes. -  En el corazón de Barald no había lugar para la derrota, tampoco para el arrepentimiento o las dudas sobre si mismo. Sobresaliendo de su hombro derecho aquella que le había acompañado durante todas  y cada una de sus aventuras en este mundo, fue agarrada por el mango y poco a poco la desenvainada en su totalidad con su diestra. Extendió el brazo de manera horizontal con Nishiki hasta colocar la empuñadura cerca del pecho de Uker sin desviar la mirada de los juegos que seguían en curso. El azabache le ofrecía su arma con aquel movimiento porque quería comprobar algo sobre el sin perderse de vista nada de lo que estaba ocurriendo en los juegos.

[Imagen: IMGBB.jpg]
- Agarra mi arma, ella me dirá si eres un digno rival o por el contrario solo eres una farsa - 

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]


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