[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#21
Atributos Personaje


Había algo muy curioso sobre el Sepulturero, y es que no se le daba la mar de bien entender aquello que no se le explicaba en detalle. Por eso quizás cuando escuchó las normativas del siguiente evento se mantuvo de pie, en el cubículo cuatro, medio afiebrado por la enfermedad de Varo. Su virulencia era algo conocido, reptaba por el cuerpo como escalofríos, hacía doler su estómago, le daba una sensación gélida pese a la fiebre que tenía en ese momento y, aun así, no era por la enfermedad que se sentía aquejado en ese momento. No escuchó las indicaciones para el equipo cuatro, sin importar cuantas veces rebobinara las palabras del Dirigente en su cabeza, no había tales indicaciones.

¿Entonces?

Vio como tanto Miyori como Naruze le dedicaban unas palabras. Vio sus labios moverse, pero el sonido que vibraba en sus oídos era un pitido fino y sostenido que lo aturdía. Era como el aullido del mar en una tormenta, como el ruido de las velas sin izar azotándose contra los mástiles, una y otra vez el sonido ensordecedor se repetía en sus oídos ¿Era un grito una palabra? Una voz, repetía una y otra voz.

Perdiste.

Los músculos de su diestra se tensaron con tanta violencia que sangre comenzó a brotar de su mano clavando sus propias garras por unos momentos, aunque sin notarlo, antes de suspirar dejando escapar la frustración de su pecho con lo que finalmente se convirtió una risa pronunciada aunque silenciosa.

Aún no era suficiente.

— Con que si… Si… Perdimos, es verdad, perdimos —Fue todo lo que respondió el capitán, visiblemente decepcionado pese a la sonrisa que intentaba regalarle a sus compañeros. Asintió con la cabeza, no había muchas más palabras que poder dedicarles, no tenía la entereza en ese momento para hilar palabras. Asintió con la cabeza antes de girar sobre sus talones, y entonces comenzó a caminar nuevamente en dirección a las gradas ¿Con qué cara vería a sus compañeros? Confiaba tanto en su fuerza, y ahora que su fuerza era poco más que una mentira ¿Qué significaba eso en su propia confianza?

— Espero nos crucemos luego... Fue divertido, si —Espetó forzando una sonrisa para sus compañera del Equipo 4 antes de retirarse mordiendo su labio inferior.

Cuando puso un pie en las gradas, notó a lo lejos la presencia de sus compañeros. Comenzó a andar como alma en pena que vagaba por el purgatorio hasta que su andar fue detenido por un mink de ropajes blanquecinos, ¿Enemigo en tregua? Al levantar la mirada lo recordó, había lucha previamente a su lado. Le dedicó unas palabras con familiar, palabras que en ese momento Eros no hubiese pensado eran para él de no estar su nombre firmemente redactado en el mensaje. Pensó en responder, notó que Kiyoshi mismo había oído las palabras respondiendo con soltura por él.

Eros simplemente se encogió de hombros. — Mala fama, quizás. Sí. Los piratas de la Sepultura no somos salvajes, así que no se preocupe, con o sin custodios no es como si fuésemos a mancillar una ciudad mítica por nuestros caprichos —Aclaró en respuesta al mink el capitán de los piratas, suspirando nuevamente para dedicarle una reverencia con la cabeza entonces procediendo a tomar asiento junto al médico y su gente para observar el torneo.

Su expresión se mantuvo imperturbable, inalterable. Blanco lienzo impávido y absorto en la música, la fanfarria y el despliegue musical que ahora mismo acompañaba la derrota de su gente.

Cruzó los brazos, sonrió ligeramente ante las palabras de su segundo al mando. Con la manga de su saco se quitó esas lágrimas cristalinas que nublaban su vista, no era momento de llorar, ya no tenía derecho a llorar.

Sabía que Uker aún tenía posibilidades de remontar, era la última esperanza y quizás el as bajo la manga de los Piratas de la Sepultura. Ordenó sus pensamientos, como responsable por el rumbo del grupo no podía permitirse algo como un berrinche infantil que fuera a nublar su juicio, había mucho en juego. — Por divertido que haya sido éste recreo no nos olvidemos de nuestros objetivos, de la vida real… Fue un buen torneo, confío en que de haber estado juntos hubiese sido otro cantar —Entonces llevó la mirada a sus tripulantes, uno a uno.

— Hemos visto el nivel de nuestros rivales, espero que esto nos ayude a crecer y no detenernos… Al menos, con el mejor tirador de la Grand Line, ya tenemos parte de nuestros objetivos cumplidos. No podemos bajar los brazos aún. No ahora. No aquí. —Estaba molesto, su mirada se mantenía sobre el escenario mientras hablaba, puntualmente en la musa a quien también le había fallado. Quería que fuese como un remedio, un elixir que calmase sus penas. Quizás con esas palabras se estaba hablando a sí mismo, quizás era él quien más necesitaba esas palabras.

— Más fuerte… Tengo que ser más fuerte.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
#22
Atributos Personaje


“Puru puru puru puru…”
 
El sonido primero pasó desapercibido, quedaba oculto tras el estruendo de los vítores, aplausos y la voz del dirigente, quien empezaba a anunciar los resultados de la prueba de tiro a la mosca.
 
“Puru puru puru puru…”
 
Pero con un sonido que se volvía más insistente y cercano, el médico pelirrosa se vio obligado a mirar hacia abajo, hacia la maleta que siempre solía llevar consigo y en donde dentro descansaba un pequeño caracol de tonos negros, rosas y dorados, que hoy había visto el sol en bastantes ocasiones.
 
“Puru puru puru puru…”
 
El animalito siguió llamándolo, pero, aunque lo había escuchado en el segundo juego de tonos, la mente colapsada del hombre que procesaba por primera vez en su vida lo que era estar enfermo, lo ignoró creyéndolo parte de alguna especie de alucinación, hasta que el tercer juego de tonos llegó y con eso, su paciencia se acabó, sacó al caracolito de su mochila negra y descolgó la llamada.
 
“Gotcha…”
 
Se sentó sobre el suelo del cubículo, aun sudando frío y con unas nauseas terribles, para poder responder a la llamada; sin embargo, antes de que pudiera pronunciar un simple “Aló”, escuchó la conocida voz de una de sus nakama… ¿Merlot? La cabeza del médico se giró hacia un lado y notó que la chica parecía más débil de lo normal o eso podía ver desde la plataforma 8, además, el lunarian que estaba con él en el cubículo también le confirmó que empezaba a sentirse mal, incluso el den den mushi ajeno tenía mala cara.
 
—Jmmm… ¿Será algo en el ambiente? Tal vez nuestros cuerpos no se han adaptado a una altitud como esta y nos estén pasando factura —. Lo dijo en voz alta tanto para que lo escuchara Heras como las chicas al otro lado de la llamada. —Yo tampoco me siento bien, es raro, nunca me he enfermado —. Volvió a hablar en voz alta, aunque extrañamente calmada para la situación, después de todo, no es que le sirviera de algo perder la calma.
 
—Iré contigo, sirena y…Maki —. Por supuesto que había escuchado la amenaza al otro lado de la línea. —¿Por qué tan bélica? Relájate, tendré que llevarte a un spa para que seas atendida por ángeles guapos a ver si así te calmas un poco —. Lo cierto es que seguía sin entender porque su capitana estaba tan alterada… ¿Fue por lo que dijo de Uker? No, creía que había algo más, pero no sabía que. —Y nadie va a cortar a nadie, creo que los ángeles de la entrada y el presentador de estos juegos dejaron muy en claro que no desean conflictos —. Se encogió de hombros antes de ponerse de pie y darle una mirada a su caracolito, lucía cansado. —Jmmm, sea como sea, creo que iré con ustedes…Merlot, no te muevas de donde estas y Maki, ten listas un par de botellas con agua fría y algo de lechuga, creo que Strawberry —Su den den mushi. —…Tiene hambre y sed —. Sin decir nada más colgó y analizó más de cerca al pequeño caracol.
 
—Parece que de verdad haces todo lo que yo hago ¿No es así? —Le dijo al animalito antes de centrarse en la voz del Dirigente y su nuevo anuncio sobre los juegos… ¿Mmm? ¿No habían pasado de ronda? Soltó una risa al escucharlo…pero no, no era una risa amarga, era una risa de alegría ¡MENOS MAL! Es verdad que la promesa de un deseo lo había hecho seguir en medio de aquella arena, pero lo cierto es que ahora solo quería ir a sentarse en las gradas y beber un poco de licor autóctono del cielo… ¿Le haría tanto daño como el de tierra firme? Estaba dispuesto a averiguarlo, cuando en ese momento escuchó la voz del lunarian… ¿Estaba decepcionado por no pasar de ronda?
 
—¿Equivocados? No lo sé, pero es un alivio no tener que competir cuando siento que el mundo entero me está dando vueltas —. Soltó una risa más antes de darle una palmada en el hombro al mink hurón, quien había regresado al cubículo después de su prueba y era quien estaba más cerca del médico. —Además, este chico lo hizo bastante bien…mucho mejor que nosotros, de hecho… ¿Me enseñas a disparar? Siempre he sido un asco usando armas de fuego, pero no me cerraría a la idea de usar una, es más…toma…anota tu contacto aquí —. Le pasó al caracolito al mismo tiempo que se acercó un poco más al hurón a quien ahora reconoció de algún sitio… ¿No? El médico inclinó la cabeza hacia un lado, le parecía familiar, extrañamente familiar y no, no porque el capitán del mink los hubiera presentado antes, creía haberlo visto en otro lugar.
 
—Jmmm…ahora que lo pienso…creo que…Jmmm…no, no puedes ser el mismo —. Soltó una risa antes de recuperar el den den mushi, ya sea que Varo hubiera o no anotado su número. —Lo siento, es que creo haberte confundido con alguien ¿Sabes? María Merlot, mi compañera de tripulación, tiene en su habitación varios carteles de recompensa solo porque le parecen bonitos y recuerdo que un día, en una isla que parecía de vaqueros y cazarrecompensas, recorrimos el mercado buscando un peluche de hurón, del cual solo desistió porque encontró un cartel de recompensa con un chico hurón en este, pero…no creo que seas el mismo —. Soltó una risa de nuevo, de manera casual, sin saber que efectivamente, el cartel de recompensa en la habitación de Merlot si que era el de Varo. —Lo siento, no puedo asumir que todos los minks hurón son iguales —. Sin esperar más respuesta el médico se giró y levantó su cabeza ahora para ver al enorme lunarian que intentaba pasarles su contacto.
 
¿No había dicho Varo que pertenecían a la realeza o algo así? Lo pensó por unos segundos, tal vez era conveniente tener el contacto de alguien importante allá arriba, así que anotó el número, centrándose solo en esa parte de la conversación y obviando todo lo que vino después… ¿Por qué? Así evitaba que el número se perdiera en su memoria antes de anotarlo por completo en su caracol.
 
Fue precisamente por estar anotando el número de Heras que no escuchó la propuesta de llevarlo sobre sus hombros, tampoco miró cuando Varo se fue…al lado ahora solo quedaba Zhang.
 
—¡Ah! Había olvidado anotar tu número... ¿Podrías pasármelo antes de irte? —Le preguntó al mink burro antes de salir del cubículo para dirigirse al que estaba a un lado.
 
Ahí encontró a Merlot, la chica se veía tan radiante como siempre…de hecho… ¿Por qué le parecía que él también estaba empezando a sentirse mejor? Ladeó su cabeza y no quiso pensar mucho en ello, así que se limitaría a saludar a las otras dos chicas que acompañaban a su compañera sirena…habría saludado también al oficinista, pero cuando llegó al cubículo, este se había marchado.
 
—Un gusto, chicas, gracias por haber cuidado a la bella Merlot mientras yo no estaba —. Saludó a la mujer morena y a la chica mono con una reverencia apenas perceptible y una voz encantadora. —Pero ahora debo llevarla conmigo, al habérseme sido anunciado de que empezaba a enfermarse, como su médico debo cuidarla —. ¿Qué pasaría si ese virus que estaba en el aire arruinaba sus valiosas escamas? —Así que, con su permi…
 
Antes de que pudiera finalizar su conversación escuchó el nombre de una tal “Donut” y una chica “Mar” …El médico entrecerró sus ojos y, por algún motivo, así como le sucedió con Varo, creyó reconocer esos nombres de algún sitio.
 
—¿Donuts? ¿Serán una banda famosa? Jmmm…siento que reconozco sus nombres de algún lugar —. Al final terminó encogiéndose de hombros y restándole importancia al asunto. —En fin… ¿En qué estaba? ¡Ah sí! Vámonos, Merlot y, nuevamente, fue un gusto, chicas —. Se despidió de ambas mujeres y se llevó a Merlot de la mano.
 
Ahora solo había un problema.
 
Ambos caminaron en línea recta hasta llegar al mismo mercado que vieron al inicio, pero… ¿Y las gradas? Creyó que las gradas estarían en esa dirección. El médico sonrió, nervioso, aunque su sonrisa, igual de hermosa que si estuviera tranquilo, se ocultó bajo el velo que cubría la mitad de su rostro.
 
—Jmmm… ¿Sabes? Siempre podemos comprar más jalea de naranjas y cítricos…muchos cítricos, para evitar el escorbuto —. Disimuló que estaba perdido y se limitó a sostener a Merlot de la mano mientras caminaban entre los puestos en los que, efectivamente, si aprovechó de comprar más jalea de naranja, jugos y, por supuesto, también la misma fruta, hasta que se le acabaron las ideas y las ganas de comprar, pero, por suerte o simple azar del destino, encontró en el sitio al chico hurón de antes.
 
—¡Oh! ¡Chico hurón, que bueno verte de nuevo! Ah… ¿De casualidad sabes en que dirección están las escaleras? La verdad es que no me molestaría si me guías hasta allá, es más…déjame recompensarte con jalea de naranja por tu guía hasta las gradas del coliseo y ¡Oh! Cierto, ella es Merlot, la chica que tiene un cartel con un mink que, curiosamente, también es un hurón…creo que le llama “Peluche”, ¿No es así, Merlot? —Le sonrió a la chica a su lado y esperó la respuesta del hurón, aunque no inactivo, pues se encargó de pasarle un par de potes grandes de jalea de naranja, tal como lo prometió.
 

 
Un rato después, gracias a la amabilidad de Varo, tanto Merlot como Hyak pudieron llegar a las gradas, ahora ninguno de los dos sentía el malestar del inicio…tal vez fue por compartir dulces de mandarina durante el trayecto…Sea como sea, ya en las gradas fue mucho más fácil ubicarse, pues la brillante cabeza calva de su capitana sirvió como un faro de luz en medio de todo el público, lo que le permitió a ambos caminar hasta el sitio, aunque claro, robándose miradas durante el trayecto, porque…obviamente no era fácil cargar con tanta belleza encima
 
—¡Maki! Que bueno verte de nuevo, mira…traje dulces y frutas —. Colocó una bolsa entera encima del regazo de la mujer. —Espero que sirvan como ofrenda para que no me rebanes por una razón que desconozco —. El chico se sentó a un lado de su capitana y sin esperar una invitación tomó una de las cervezas frías que la chica tenía cerca de ella.
 
—Merlot, tu también siéntate, disfrutemos del espectáculo desde acá arriba…creo que tocará un grupo famoso o algo así porque su nombre me suena de algo, aunque no se de que, tal vez lo leí en el periódico o lo escuché en la radio… ¿A ustedes les suenan Mare y Donut? —Le preguntó a ambas chicas antes de girar su vista hacia el escenario y darse cuenta de que en medio de este estaba una chica de cabello azul celeste que se le hizo bastante conocida… ¿Esa era Donut? Pero no solo eso, a su lado estaba ya la misma chica Melón que lo acompañó en el sendero.
 
—¿Eh? ¿Esa es Mandarina? —Miró a su lado para obtener una respuesta de su capitana, pero lo único que vio fue como la mujer se ponía de pie y como un relámpago se unía a la chica Donut y a la chica Naranja del medio del escenario. El médico abrió su boca, sorprendido por ese repentino cambio de ánimo, pero en lugar de molestarse, volvió a reír antes de girarse para ver a Merlot.
 
—¿Qué te parece si las apoyamos desde aquí? No estaría mal que nos convirtiéramos en sus fans número 1 solo por este instante ¿No crees? —Esperó que Merlot le respondiera, aunque algo le decía que no despreciaría su idea.
 
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
#23
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El sendero del acero le había llevado hasta ese lugar entre las nubes y ese mismo sendero sería el que iba a recorrer hasta que su cuerpo pereciera junto con todo su oro igual que un faraón porque ese, acabaría siendo su destino al dedicarse en vida a enfrentarse al mar, a sus enemigos y a la vida. Pero por más que estuviera destinado a algo, se negaba a aceptarlo una y otra vez.  Un destino que no estaba programado si no el que el mismo había elegido. Por el momento sujetaba firme su katana más preciada sin mirar a Uker. Escuchaba la ira que contenía dentro ese tipo y a pesar de estar en un mar lleno de dudas hablaba con decisión, era un tipo pesimista pero tenía algo oculto dentro, la ira del terror del South Blue era un arma de doble filo para el mismo y para los que le rodeaban, tan solo con sus palabras lo supo. Barald ignoraba el rostro de Uker limitándose a analizar su manera de expresarse. Esperó sin mostrarle una atención directa hasta que tomara el arma y una vez lo hizo; decidió hablarle. -  Es extraña, era una katana normal cuando la obtuve y ahora siento que cada vez es más pesada. - Tras aquellas palabras, Barald volvió a extender su mano sin mirarlo, recibiendo de nuevo por su parte su arma de vuelta y ahora, la volvía a envainar de nuevo en su espalda.  - Ella me hablara de ti en algún momento y me hará saber si estoy equivocado contigo o no. - Había terminado la ultima prueba de los juegos del emperador y para su sorpresa, su equipo había conseguido sobrevivir a pesar de que el en su prueba había quedado eliminado. Dada la oportunidad que el destino le brindaba de nuevo, quedo pensativo de nuevo, esta vez mirando a la nada. Escuchó al completo el discurso del favorito de la gente y tras aquello volvió a quedar pensativo.

De entre todos los escenarios posibles analizó la situación y todo lo que había recopilado a cerca de todos los participantes de estos juegos, información que le hicieron mantenerse en duda por unos segundos. El segundo al mando de los Sepultureros apareció, saludando a su nakama y dirigiéndose a Barald, el cual le dirigiría la palabra.  -  Interpreto que esas son tus palabras de animo, agradezco el gesto. -  Barald contestó para ahora centrarse de nuevo en lo que estaba pensando. Si había que elegir a uno de ellos para pelear por un puesto en la final ... quien de los integrantes del grupo 2 sería el mejor. - Oh vamos ¿en serio voy a decir todo esto? -  Barald moría por pelear con cualquiera de los aquí presentes fuese quien fuese, su habitat natural no era el mar ni tampoco las gradas: Era pelear, para eso había venido a este puto mundo de piratas. Sin embargo, el sabía que no era su momento, así que se giró para mirar a Uker. - ¿Que tan alejado te viste frente al resto de participantes de este juego de niños Rackham? - Tras aquello esperaría un par de segundos. - Ahora el juego de niños es real, vi lo que hizo el resto de participantes y tu tambien, sabes lo que hay que hacer. Afila tus armas, te tocara pelear. -   El azabache alentaría a su compañero de equipo con sus palabras dejándole claro que el tenía que ser el representante del equipo, aunque en el no recaía la decisión puesto que el era uno de los dos eliminados, sin embargo, pronosticaba su deseo. Barald quedaría en las gradas sin hacer demasiado caso al concierto, esperando a que todo empezara.  

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
#24
Atributos Personaje


Stroud observó, desde el cubículo, cómo culminaba la última de las pruebas, la de la Certeza. Nyra Kuroshiro había llevado a cabo un papel sorprendentemente destacado para alguien que había asegurado no haber disparado un arma en su vida, aunque él, desde luego, no sería quien se quejase. Era evidente, sin embargo, que los piratas estaban dominando aquellos Juegos; no era una cuestión únicamente de cantidad —que, por supuesto, a nadie se le hubiera escapado que jugaba un papel fundamental—, sino de calidad. Y aquello sí era realmente importante: si la Marina quería sobreponerse a las amenazas que poblaban el Mar Azul, sus efectivos debían hacerlo mucho mejor, precisamente por no contar con la ventaja numérica. No debían ser más, debían ser mejores, empezando por el propio Stroud, si querían tener una posibilidad real de enfrentarse a quienes se alzaban contra el orden y la Justicia.

Tal vez fuese fruto de la extraña sensación que llevaba ya varios instantes sacudiendo su cuerpo, aquella especie de disociación febril que había invadido su cuerpo y que, entre temblores, también parecía aumentar su misma temperatura corporal. Al menos, él sentía que ardía por dentro, así como un deseo casi irrefrenable de lanzarse al aparentemente refrescante mar de nubes que rodeaba Skypiea en su ansia por calmar aquella calurosa sensación que lo había invadido. Se limpió otro chorreón de la frente con la mano, comprobando la abundancia del mismo. No tenía ni idea de qué estaba pasando, pero, mientras no fuese a mayores, no debería haber motivos para una excesiva preocupación. Tal era su malestar que casi le resultó imposible prestar atención a los más recientes anuncios de El Dirigente, que había declarado ya ganador de la prueba al pirata Kiyoshi Maeda, vagamente abrumado por la algarabía que generaban los agitados espectadores desde las gradas. Su equipo se había posicionado en el cuarto lugar. Pese a su satisfacción, se resistió a continuar inhalando el humo de su pipa en aquellas condiciones, lo suficientemente apabullado por las sensaciones que aquel malestar enfermizo causaba en su cuerpo. Llegaba entonces el anuncio de la que se auguraba como la siguiente etapa de aquellos Juegos, lo que El Dirigente calificó como la partida definitiva: combates de a dos. Sonaba interesante. Sus ojos se entornaron en contraste cuando, lamentablemente, El Dirigente anunció lo que Stroud más había temido: una actuación musical. Evitó poner, por reflejo, sus ojos en blanco por un instante, y se contuvo lo suficiente como para, en silencio, poner rumbo hacia los tenderetes que se habían acumulado en torno a la gran arena.

Con una botella de gélida y refrescante agua en la mano, comenzó a caminar por los escalones de las gradas. En una situación normal, hubiese hecho por buscar a sus compañeros de división y sentarse con ellos, pero en aquellos instantes le era difícil pensar siquiera en socializar. Encontró uno de los sectores más apartados, en el que también parecía dar algo de sombra, o el sol, al menos, no irradiaba con toda su castigadora intensidad. Se sentó con pesadez y, con cuidado, desenroscó la botella, dando un trago de agua que no pareció acabar nunca, ingiriendo prácticamente la mitad de su contenido de un largo sorbo que le supo a auténtica gloria. Pasó unos instantes con los ojos cerrados, enfocándose simplemente en estabilizar la extraña condición que había parecido tomarla con su cuerpo. ¿Sería una insolación? Ni siquiera le había dado una en Arabasta. Dio otro trago, volviendo a abrir los ojos finalmente y cerrando la botella. Aquel agua, fría como el hielo, hubiese levantado a un muerto. Allí, sujetando la gélida botella entre sus manos, que había colocado en el eje vertical de su cuerpo, sus pies separados y clavados sobre el suelo bajo el asiento en un ángulo de unos ochenta grados, contempló sus alrededores. Sus ojos grises, impertérritos, fueron de un grupo de asistentes a otro, viajando entre los espectadores que provenían de la propia Skypiea y los que, a todas luces, habían subido desde el Mar Azul, como él. Resultaba interesante observar qué redes se tejían entre los piratas que allí coincidían, y, por encima de todo, qué compañías elegía cada cual cuando las reglas no aplicaban. Cuando pensaban que no estaban de servicio.

En esta ocasión, pudo ver con detenimiento cómo se regocijaban quienes identificó como Sigurd Haakon y Ubbe, y quienes dedujo que habían sido los responsables de aquella suerte de gran sacrificio grupal antes del comienzo de los Juegos. Hasta donde sabía, ningún otro grupo había necesitado verter la sangre de sus miembros para poder participar, aunque aquel tal vez fuese un secreto únicamente en su posesión, alguna clase de macabro ofrecimiento al todopoderoso Zarutsuki. Alzó una ceja al reparar, asimismo, en que quien había identificado como Maki D. Zen'in, con aquellas inconfundibles cicatrices, se había quedado calva como una bola de billar, su cabeza refulgiendo bajo el sol. Lo atribuyó al estrés de la alborotada vida de los maleantes. Kibai saludó al pirata que se había coronado como campeón de la más reciente prueba, así como al tal Eros Focalor, a quien parecía conocer de antemano. Logró ver también a Moja, aunque no consiguió distinguir a Bertram y sus hermosas luces intermitentes entre el gentío que se había arremolinado en la arena.

Su momento de contemplación fue interrumpido, sin embargo, cuando el joven Omuyaga llegó hasta aquel mismo tramo de las gradas, aproximándose a su asiento. "Póngase cómodo, soldado Omuyaga," ofreció Stroud, haciendo un ademán al asiento junto a sí, sin perder de vista el graderío, a la vez que comenzaba a prensar algo de tabaco en el interior de su preciada Saltfin, "como en su casa." Era consciente de que estaba fumando como un auténtico carretero, cuando se trataba de un hábito que, en principio, jamás debió convertirse en tal, sino que había pretendido reservar para ocasiones especiales y señaladas, como brindar sake o prender unas varillas de incienso frente a una tumba.

"Me extraña verlo por aquí," admitió el joven Nanashi, prendiendo el tabaco recién prensado de su pipa y exhalando varias volutas de humo sucesivas antes de continuar, "¿no se sienta con los demás de la 75?," inquirió.  Extrajo la pipa en forma de orca de su boca y permitió que humease tranquilamente, sin prisas, antes de dar una profunda calada y exhalar el humo a través de su nariz. "Yo mismo me hubiera sentado con los míos, pero he de admitir que no me encuentro del todo fino. Creo que me ha pillado un virus de veinticuatro horas, como los llaman ahora," dijo, hablando con la experiencia de quien espiritualmente parecía tener unas cuantas décadas más a sus espaldas. Se encontraba significativamente mejor, aunque no se atrevía a fiarse del todo de su percepción. Quedó en silencio, escuchando a Kael y, por debajo, como un runrún que no cesaba, el jaleo constante y casi monótono del público, mientras el humo se dispersaba frente a sus ojos. Sin embargo, algo mucho más horripilante que todos los Revolucionarios del mundo había cobrado forma abajo, frente a la visión de todo el público: un número musical. La temible Miyori, cuyo pelo se antojaba tan rojizo como la sangre de las muchas víctimas que sin duda habían caído bajo el traicionero cuchillo que albergaba a la sombra de aquel semblante dulce, y la calvísima Maki D. Zen'in, cuya cabeza emitía el resplandor cegador de un segundo sol, habían tenido la osadía de hacerse con el escenario y empezar a dar la tabarra. Stroud colocó ambas manos sobre sus sienes, espantado sobremanera. Devolvió entonces su atención a Kael, buscando distraerse a toda costa del espanto que El Dirigente había hecho caer sobre todos ellos, justos e injustos. Volvió en sí, calmando los quejidos agónicos de su mente. El joven Omuyaga era una auténtica oveja negra entre su división, por cuanto había visto, y no podía evitar sentir curiosidad ante la coyuntura de otros grupos de la Marina.

"Aunque parece que los de la 75 también están ansiosos por conocer gente de toda índole," afirmó con seriedad, sin que ningún deje de retintín siquiera asomase en lo imperturbable de su tono. "Uno llega a un lugar como este y los ve competir, reír y beber, y mezclarse entre la gente," dijo, sin que quedase explícitamente claro de quiénes hablaba, pero haciendo evidente que aquel era un pensamiento que llevaba tiempo rondándole la cabeza, "algunos resultan educados. Otros, incluso, agradables. Y basta eso para que muchos olviden qué hacen cuando abandonan las gradas. La piratería," dijo, mencionándola finalmente, "ha aprendido a envolverse en camaradería, aventuras y palabras grandilocuentes, y nosotros parecemos haber aprendido a convivir con ella. Como una enfermedad endémica que nadie espera curar, salvo que aparezca un brote particularmente molesto, no sé si me explico. Nos conformamos con reaccionar," afirmó, haciendo un ademán hacia Kael. Bajó la vista hacia la pipa, girándola unos grados entre sus dedos."El día que un Marine contempla una bandera pirata y no siente que tiene ante sí el fracaso o la Justicia, olvida por qué viste el uniforme," dijo, dirigiendo una mirada de soslayo a su interlocutor mientras volvía a fumar de su pipa. "Aunque quizá sea yo quien se pase de avinagrado," concedió, "pero no se corte, ¿qué ve usted cuando mira ahí abajo, soldado Omuyaga?"




Off

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5333 + 0 = 5333
Energia: 3917 + 46 = 3963
Espiritu: 1150 + 0 = 1150
#25
Atributos Personaje



El espectáculo de Akira fue el último en presentarse, dándolo todo para llamar la atención y elevar el marcador en beneficio de su grupo.

Kiyoshi Maeda fue el vencedor de la prueba. No obstante, los números dictados por el más grande de los presentadores evidenciaron un irrefutable hecho: el equipo seis se coronaba como el número uno del torneo. Ese acto alegró los corazones de quienes lo conformaban. “¡Bien hetho Akita!” Gritó con un tono eufórico el de mechones castaños, mientras saltaba con ánimo para elevar su puño en señal de victoria.

La felicidad fue latente ante la situación, incluso el amable gigantón presentó su buena actitud festejando con el grupo y para cuando Akira regresó al cubículo, Ryota lo recibiría con alegría, tomándolo del cuello con su brazo. “¡Que bien lo hitidte Bro! ¡¿Qué fue todo ede edpectácudo?! ¡Kekekeke!” Expreso dejándose llevar por la emoción, hasta que los vocablos del dictador volvieron a apoderarse de la situación.

Si bien eran el equipo con mayor número de puntos, solo habían conseguido avanzar hasta la siguiente fase, donde competirían directamente contra los otros equipos que continuaban en la carrera de puntos. “Ahora si va a iniciar.” Pensó Ryota, soltando a su compañero para emocionarse por lo que estaría por llegar. ¿Combates 1 vs 1? ¿Pruebas de habilidad estratégica o bélica? Sí, todo ello y más, pues el Dirigente anunció los combates dos contra dos entre los demás equipos clasificados. Quienes lograsen vencer, recibirían la oportunidad de medirse contra el campeón del equipo seis. 

El júbilo que estalló en las gradas solo hizo que el corazón del de ojos color miel se revolucionara, por escasos segundos, no sintió el malestar que atormentaba su cuerpo, porque los verdaderos juegos estarían por iniciar. No existiría en la faz de la tierra un solo guerrero que se jactara de serlo, capaz de abandonar una increíble lucha ante miles de espectadores para probar sus verdaderas capacidades. No, claro que no, todo luchador con una pizca de orgullo propio querría competir en ese momento y la única pregunta sería: ¿Cómo se elegiría?

¿O no?

Sí, ¿no?


Quién sabe, porque justo en ese momento Ryota sintió un fuerte retorcijón en el estómago que le obligó a ir al baño, víctima del virulento malestar que los dominaba a todos. Por ello, no pudo escuchar la altruista decisión de Sigurd al nominar al comandante marine por sobre sí mismo. De haberlo alcanzado a oír, probablemente se habría sentido mal por creer, aunque solo fuera por unos minutos, que el gigante era alguien violento, amante del combate, de los extremos, o capaz de anteponer decisiones irracionales a la razón. Bien lo decía mamá, las personas son como una caja de bombones; nunca sabes lo que te va a tocar. 

Tras abandonar el cubículo como un asesino silencioso, Ryota caminó sin detenerse en dirección al baño más cercano en la gran edificación o al que tuviera acceso. 



Una vez sentado en el trono, hizo sus respectivas necesidades pensando en la importante decisión que los demás integrantes del grupo seis debían estar debatiendo. De seguro un conflicto de egos, o una competencia interna para seleccionar al mejor. “Bueno, mejor me apresuro antes de que me dejen fuera de eso.” Creyó con ingenuidad, sin entender el cruel destino al que la diosa llamada Garnefortuna lo había arrojado.



…



“Uh?”

Cuando se dispuso a acercar su mano hasta el dispensador de papel, entendió que su participación en el evento había terminado.

No quedaba.


Ahora, a merced de la voluntad de los dioses, Ryota debía protagonizar un combate mucho mas intenso y problemático. - Esperar que algún alma caritativa llegara hasta allí para entregarle un rollo de papel y poder salir airoso. - ¿Campeón del torneo? ¿MVP de las finales? Todo eso fue opacado por el brillante anhelo de salir de allí con la zona posterior limpia. 

“Este… disculpen… ¿Hola? ¿alguien?...” Comenzó repetirlo cada vez que escuchaba la puerta de los baños abrirse. Quizá fueran aquellos tímidos susurros,  que parecían palabras que salían desde la ultratumba, pero, de alguna forma, todos los que llegaban se marchaban sin siquiera responderle. Así transcurrieron los primeros treinta minutos, luego cuarenta y finalmente cincuenta… Para entonces, Ryota ya había perdido toda esperanza, de hecho, se encontraba tallando su epitafio en la pared del baño con la parte metálica del loge pose.

“Si alguien, llega a encontrar mi cuerpo alguna vez… por favor díganle a Runin Kitay, que espero se pudra en el infierno por golpear mis testículos, a Barald Kane que me debe 100 millones más por casi hacer que nos maten, a Tezca que espero su novio le ponga el cuerno por ignorarme y a Yuuki que es una weona llorona por golpearle al mvp de nuestra tripulación. Y a Cardan, Tocho Morocho y El mejor Tezca, díganles que fueron lo mejor que me paso alguna vez…”



“Nunca los olvidare…”

Ryota cerró sus ojos, esperando el final… un final que, claro, no llegaría pues solo era producto de su aburrimiento sentado en la taza del baño. Sin embargo, justo en ese momento la diosa de la fortuna volvió a sonreírle.

Alguien más entró a los baños. Un último intento, una última oportunidad de salir de allí con dignidad. “Hey, disculpa, ¿podrías pasarme algo de papel?” Pregunto con la misma timidez que siente una colegiala buscando el número del chico que le gusta. El silencio se hizo incómodo, hasta que una voz contraria resonó.

“Toma, tonto.”

Entonces, sobre la parte superior del separador, una mano amiga se asomó con un rollo de papel que dejó caer sobre las manos del castaño.


Un ángel, un enviado de la mismísima diosa, un héroe al que le debía ahora la vida.




Al término de asearse (y lavarse bien las manos), Miyamoto Ryota por fin salió como un hombre renovado de los baños. Se había perdido el debate de la decisión, el concierto, la algarabía, pero se sentía descansado y con una buena actitud para afrontar lo que llegara tras ese horrible trago. “Me pregunto a quién habrán seleccionado, dudo mucho que me esperasen, así que solo queda disfrutar de la final.” Se dijo a sí mismo relajado, nadie podía competir contra la mala suerte, así que solo quedaba caminar en dirección al lugar de las gradas donde se encontraban sus compañeros, amigos y nakamas.

Una vez allí, ubico a Tocho Morocho, Cardan, Barald, Runin, Yuuki, El Mejor Tezca y el Original. Junto a la misma sección se encontraban Los Sepultura y varios más, era momento de estar juntos los que no continuarían compitiendo, apreciar los combates dobles para poder ver quiénes se llevaban la condecoración del torneo.

“Sup.” Saludo una vez llego con todos, recibiendo el efusivo saludo del relinchar, los siseos viperinos y el chico regordete. “Kekeke gracias por las porras bros, perdonen porque parece que no estaré en los combates.” Agacho ligeramente la cabeza en señal de disculpa, rascándose la cabeza.



“La suerte no estuvo de mi lado esta vez.”

No sentía una obligación como capitán, menos por algo como el ego, tan solo le pesaba que las porras de sus amigos hubieran caído en un saco roto. “Al menos si gana el representante de mi equipo, me darán un deseo, algo es algo, aunque la competencia es bastante dura...” Volvió a recuperar un semblante más relajado, observando ahora a la mujer de mechones negros. “Después de todo sigues en competición, ¿pelearas en los 2 contra 2?” Pregunto expectante a la respuesta, para luego darle sus buenos deseos a la peli negra.



“Ojalá te ganen por conseguir más puntaje que yo.”

De nuevo mintió; era obvio tras haberle dado los guantes. En realidad esperaba que hubiera forma de que la joven amazona pudiera llegar a la final, pero, él no escribía las reglas en ese lugar.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4950 + 0 = 4950
Energia: 3789 + 509 = 4298
Espiritu: 1033 + 0 = 1033
#26
Atributos Personaje



Narrador / María Merlot



Cubículo #9.
Un pecebra enferma.

La voz de Hyakinthos.
Dulce, amable, maravillosa.
La voz de su Unnie.
Salvaje, ruda, menopausica.

La mestiza hizo un mohín con sus labios, odiaba sentirse enferma. Tal vez solo debía hacer lo que siempre hacia: Ignorar el dolor y seguir adelante. La boca pastosa, la cabeza dando vueltas. ¿Por qué tan de repente? ¿Habrá algo en ese lugar que la afectó? Antes, Algodón de Azúcar habló de la vegetación psicodélica del camino pero ella nunca las tocó, iba sobre EL MACHO.

Al colgar, volvió su atención a los compañeros que Skypiea le dio: Ukikikiki, Bombón, Fideo Dulce y Omi-san. La semi sirena aplaudió, habían clasificado. Una sonrisa genuina se dibujó en sus labios — … ¡Increíble! — unió sus manos frente al pecho pensando en que no imaginó llegar tan lejos, es más, hasta hace menos de una hora no tenía ni planeado participar, ni mucho menos idea de que iban los Juegos. Ella solo estaba siguiendo a su tripulación. Dónde Valar quisiera ir, ahí estaría el lugar de María Merlot.

— ¿Pelearemos? — preguntó entendiendo perfectamente la indicación, aunque la mayoría de las veces sucediera al contrario — No me gusta pelear — frunció el ceño mostrando su incomodidad al respecto, claro no le restaba belleza el gesto. La mujer de larga cabellera rosada nunca comenzaba un combate, a no ser que fuera estrictamente necesario, por eso a veces, su misma hermana, la tildaba de pacifista — … solo para defenderme o defender a mis nakamas. Hacer daño a otros me parece mal, aunque sea un juego. Lo lamento, equipo… yo paso. — se disculpó desde el corazón, en su cabeza no concebía desenvainar su espada para la ofensiva —… aunque tal vez, y solo tal vez, si fuera necesario por ese primer lugar, lo pensaría... — les sonrió con encanto.

S-señoritas… P-por favor… N-necesito que me escuchéis un s-segundo…

Aquellas palabras la hicieron prestar atención al tímido hombre, quien estaba colocándose nuevamente su corbata en el lugar adecuado. Tenía sentido porque la adrenalina ya paso. Sus palabras borraron poco a poco la sonrisa de la mestiza, más allá de lo que significaban a priori, no habría que ser un genio para entender que se trataba de una despedida. Ese momento en compañía del Grupo 9 se sintió como una eternidad; entre gritos, risas y aplausos, cierta camarería se formó pero fuera de ese cubículo cada uno tenía su vida, sus amigos y sus objetivos. Los vocablos que le dedicó a ella siempre las recordaría y tendría presente, él vio más allá de su linda cara y eso siempre la hacía feliz.

… de s-sentirse apoyado por a-alguien…

Esas palabras se internaron por sus oídos y chocaron con su cerebro, enviando un latigazo de dolor al corazón. La mestiza desvió la mirada a la izquierda, viendo a la nada y recordando un pasado oscuro dónde fue lo único que deseó: una mano amiga extendida que la ayudará a salir del agujero de la miseria dónde existía. Recordó vívidamente la pecera, el sofá, el olor a drogas, la música de fondo, los ojos fantasmales y las ganas inmensas de morir mientras que una asquerosa mano la sujetaba con fuerza y reclamaba con orgullo lascivo “… mi sirena”.

Lo que hayan podido decir sus compañeras se perdió en su propia introspección pero reaccionó a tiempo para despedirse del Fideo Dulce —… siempre cumpló mis promesas, Kevin Fojobs, algún día comeremos ese tofu… — comentó al hombre levantando la mirada hacia él, con una sonrisa cálida en sus labios… no por el final de un momento especial, sino por el comienzo fotosintético de una agradable amistad, por eso utilizo su nombre —… amigo — dijo aquella palabra envuelta en el cariño que el hombre tímido se ganó, luego la sonrisa se amplió, miro a Bombón y a Ukikikiki —… Hay que despedirlo como se merece — les comentó con travesura, llevando sus manos a la boca para formar una especie de embudo que amplificaró su voz — ¡KEVIN, KEVIN, KEVIN… SÍ SEÑOR, EL MEJOR DE TODOS, UN GRAN ANIMADOR! — le cantó una porra que conjugo porque le salió del corazón — HASTA PRONTO KEVIN FOJOBS, QUE TUS DÍAS LABORABLES SEAN MAS CORTOS, Y QUE TU JEFE SE OLVIDE DE TU CONTACTO DE DEN DEN MUSHI UNA VEZ A LA SEMANA — empezó a gritar con diversión sin perder lo encantador de su tono — … OMI-SAN, EVITA QUE MUERA DE TRABAJO. HAY UN TOFU QUE COMER EN EL FUTURO. CUÍDATE TAMBIÉN PEQUEÑÍN — se despidió de su amigo hurón, ahora tenia dos, no era mucho pero eran de calidad.

Estuvo a punto de agregar algo más entre risas, olvidando su malestar cuando todo quedó relegado a segundo plano…. Hyakinthos apareció.

Él siempre acudía a su rescate.
Él era el dueño de su vida.
Su amo y señor.
Por quien vivía.
Por quien mataría.

— Viniste — la sonrisa que le dedicó alumbró sus facciones, haciéndola aun más hermosa. El médico causaba en ella tantas emociones positivas que por un momento no recordaba porque él fue a buscarla. Cierto, lo llamó porque se sentía mal… no, en presente se siente mal…  — ¿Mi cabeza? ¿Mi garganta? ¿Mi panza? ¿Es todo? No lo sé… — lo abordó señalando con su índice cada parte del cuerpo que nombró — … se siente como un deja vu, vivido antes pero nunca he vivido algo así, o tal vez si, no lo sé… aunque con verte ya me siento mucho mejor, eres increíble — lo ultimo lo dijo con adoración, como sí el médico fuera un ángel con poderes curativos divinos — Conoce a mis amigas: Bombón y Ukikikiki. Antes estaban Fideo Dulce y Omi-san pero han tenido que partir... — empezó a presentarlos volteándose hacia cada chica que nombraba, luego cuando recordó a la bufanda blanca sonrió... ya extrañándolos muchisimo.

Un gusto, chicas, gracias por haber cuidado a la bella Merlot mientras yo no estaba.

La voz amable de su Algodón de Azúcar llenó el cubículo con flores y muchos colores, por lo menos en su imaginación fue así. ¿Había un mejor hombre en todo el planeta azul? ¿Más apuesto? ¿Más educado? ¿Más increíble? Más, más y más. Fácil esa repuesta: No. María Merlot sentía muchas emociones, las abrazaba y estrangulaba pero cuando se trataba de Hyakinthos el mundo se detenía y solo existía él.

En fin… ¿En qué estaba? ¡Ah sí! Vámonos, Merlot y, nuevamente, fue un gusto, chicas.

Sus palabras, sus ordenes  — Nos vemos después amigas. Muchos éxitos Bombón en la pelea, te estaré animando desde las gradas. Ukikikiki nos vemos allá arriba... — se despidió, no agrego nada más porque sintió la cálida, suave, perfecta y maravillosa mano de Hyakinthos tomar la suya. El mundo que antes existía a medias, ahora dejo de tener sentido. Todo rondaba alrededor el apuesto médico.



Mercado.
Mandarinas, y un hurón marrón.

— No lo sé, tal vez si sean famosas... — respondió caminando a su lado y sujetando, sin fuerza pero con firmeza tímida, la gran mano del objeto de su fanatismo. La sonrisa en sus labios radiante como las estrellas la hacían ver mucho mas hermosa de lo que ya era. Así fue que compartió con él alrededor de ese mercado/stands comprando comestibles, aprovechó para tomar agua. El malestar de antes desapareció, era la magia del amor de Hyakinthos y de su gran habilidad médica, el mejor de todo el planeta — Toda la jalea que tu quieras, Algodón de Azúcar, me gusta mucho si te gusta a ti... — le respondió flotando en la nube de su felicidad solo por estar a su lado, por sentir su tacto.

¡Oh! ¡Chico hurón, que bueno verte de nuevo!

La voz de Hyakinthos, en ese momento dedicada a un tercero la hizo buscar al infame ser que le robó su atención, alzó la mirada encontrándose con... ¡EL PELUCHE MARRÓN DEL FOSO! Lo había visto antes, se emocionó al saber que estaba bien, vivo y siendo peluchistico. La sonrisa de María regresó a sus labios, estuvo a punto de decir todo lo que siempre le comentaba a la foto en su habitación pero se calló. Tantas preguntas, tanto cotilleo. No supo si fue el contacto con el pelirrosado, o que en el fondo no quería romper la ilusión alrededor del hurón marrón. Solo bajó la mirada a sus pies recordando lo que el pobre sufrió en el foso, hasta el punto de desvanecerse. Los eventos traumáticos, como ese, era mejor no recordarlos, sino sepultarlos bajo los grillos. Su cuerpo recordó el miedo de que hubiera muerto entre sus brazos pero también el alivio que sintió cuando Hyakinthos le dijo que solo debía descansar y estaría bien. Y justo así sucedió, porque en el almacén del barco comercial, dónde lo dejo por un momento para atender a Cara Melo, él despertó y se fue… huyendo de ese juego del miedo.

Un nudo en la garganta.
Los ojos picándoles.
Un suave arrullo en el corazón.

Definitivamente, no traería recuerdos amargos. No a alguien tan noble como el hurón adorable. Se sentía feliz solo por saber que estaba bien, y con eso era suficiente para ella. Con la diestra limpió sus ojos, no había llorado, ella no lloraba, solo espantaba el picor de algo que pudo y no fue. Levantó la mirada, sonrió en su dirección. Abrió la boca. La volvió a cerrar. Suspiró. Llevó su cabello detrás de la oreja — Hola… — toda su diatriba mental se resumió a eso. ¿Qué podía decirle? Seguro él ni la recordaba, y ella no escarbaría en viejas heridas. Cuando Hyakinthos comentó lo de su Wanted, los ojos de la mestiza se abrieron y una risa nerviosa escapo de sus labios. Si, era él pero no creyó buena idea ir por esa corriente de palabras y pensamientos — Es que me gustan los Wanteds, y los coleccionó... y hay uno similar a ti..., aunque viéndote mejor, no creo que sea similar, sino que seguro eres tu. No es que sea una acosadora. No, no, no. Es que hace mucho tiempo tuvo un amigo hurón y siempre lo recuerdo con mucho cariño y ese fotografía me ayuda a recordarlo ¿Sabes? Y hablar con él, y contarle cosas... y ¡Hoy hice otro amigo hurón! Se llama Omi-san, no es marrón, es blanco. Si te molesta que tenga tu wanted en mi habitación lo puedo arrancar... y sino, entonces lo firmarías para mi... algo como "...Disculpe, no somos plantas." — habló con su encanto natural mezclado con alegría y timidez, rara combinación en ella pero luego de tanto tiempo con su amigo imaginario del wanted, solo podía sentirse en éxtasis y confusión, recordando las palabras que le dedico en el foso. Unas que rebatió en su momento.



Gradas.
Sigan la luz de la calva cabeza.

Cuando la mestiza subió a las gradas con Hyakinthos los admiradores que hizo antes y durante la animaron, vitorearon y aplaudieron de nuevo, y no solo a ella sino también al hermoso masculino. Ella los saludó con su encanto habitual lanzando uno que otro beso a los pollos blancos y negros. Le dió mucho regocijo ver a su Unnie, tanto que ignoró al tipo peludo a su lado — ¿Me viste, Unnie? ¿Crees que lo hice genial? ¿Crees que gane el concurso de belleza? — la bombardeó con sus preguntas absurdas, aunque en el fondo deseaba que la Valkiria Besada por el Sol la felicitará por su participación. El médico se sentó soltando su mano, eso no le gusto pero no sería avariciosa... ella haría lo propio sentarse al otro lado de la mujer — Señor, se puede mover… quiero sentarme aquí… por favor — le habló al enorme mink, si un mink peludo moteado — … es mi herm… — sus palabras murieron cuando los orbes ámbar se fijaron en él — ¡KIWI! ¿Eres tú? — se llevó las manos a la boca sorprendida gratamente por su gatito de Tequila Mani — ¿Cómo has estado? ¿Qué tal la taza con forma de vaca? Por favor, dime que la usas, y cuando la usas piensas en mi… pero no cuando vomitaba sino cuando compartimos el delicioso cuenco vegano picante matador ardiente destrozador de estómagos. ¿Me viste? ¿A que son increíbles las cebras? Es como tú pero en blanco y negro, y líneas y crin y pezuñas… bueno, no tanto como tú pero si como tú ¿Me entiendes, verdad? — divagó con su voz y sonrisa encantadora mirando con euforia genuina al felino — … he visto a varias personas que tenía tanto tiempo sin ver. Me alegro de que todos estén sanos y salvos, eso te incluye, querido Kiwi — comentó con dulzura mirando a su hermana irse a tocar con la banda de una tal Dona… ¿No era la hermana de Mara? Como que sí, eso le recordó a algo… ¡Su Den Den Visual! — Si, por supuesto que las apoyaré pero antes debo buscar algo. Te dejo con Kiwi el mejor gatito que he conocido. Espérenme— susurro "gatito" porque sabía que no le gustaba que le llamaran así. Se levantó y buscó con su mirada el lado opuesto de su sitio. Recordaba que estaba hasta arriba, así que subió hasta el final de las gradas y empezó a caminar por el borde, era un semicírculo solo debía caminar hasta encontrarlo.



Gradas Superiores.
En busca del Den Den Visual.

La música de fondo la acompañaba mientras los pollos cromáticos la saludaban encantados admirando su belleza. Por suerte, para ellos, ninguno se atrevió a acercarse o sobrepasarse como el borracho de antes. Así fue como luego de tanto caminar, llegó justo al sitio donde dejo su Den Den Visual, que seguía justo como lo dejo. La sonrisa se amplió — ¡Ahí estas pequeñito! ¿Me viste? ¿Tomaste mis mejores lados? Eso es fácil porque son todos…— sonrió tomándolo entre sus manos y luego se sentó dónde había estado antes con Bartolomiau. Conversó un rato con sus amigos del sitio, quienes la abordaron comentándolo lo fabulosa, hermosa, increíble y equina que se vio durante su participación — … gracias, por su apoyo, y el de mi grupo, pude dar lo mejor de mi — agradeció con su simpatía natural — Vamos a tomarnos una foto para mi álbum de recuerdos — les propuso usando su dispositivo para sacar la fotografía con su barra Skypiana y de fondo el concierto de TheCupics, Vivi y Unnie — ¿Saben? Conozco a la calva y a la de cabello anaranjado. Son lo Máximo. ¡Que lindas canciones! ¡Eres la mejor Unnie! — animo desde su posición.

Estaba disfrutando mucho de esa aventura inesperada. Quien diría que ayudar a un barco naufragante las llevaría al cielo y a una oportunidad de ver a viejos conocidos y hacer nuevos amigos. Extrañamente, el malestar de antes se esfumo, y sus energías se recuperaron. Eso amplió su sonrisa porque entonces la salida a comer tofu con lo que quedaba del grupo #9 iría viento en popa. A lo lejos vio a Algodón de Azúcar, y a su grupo, estuvo a punto de levantarse y despedirse pero una sombra la cubrió, y cuando alzo la mirada se encontró con una dulce sorpresa… le sonrió — ... los últimos meses estuve estudiando las estrellas, por eso mi tripulación me llama Reina de Estrellas... ¿Conoces a la historia de la estrella Betelgeuse? ¿Eres inalcanzable ahora, Malvavisco? — su voz salió suave, baja... la burbuja con el apuesto marine había regresado... mientras de fondo continuaba la banda musical junto a los artistas amenizando el lugar.

PARA SHIN, KEVIN Y OMI-SAN




ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5560 + 0 = 5560
Energia: 4133 + 240 = 4373
Espiritu: 1120 + 0 = 1120
#27
Atributos Personaje


Los halagos del público ¿No son hermosos? Sabía que no había quedado en el lugar más alto que pude quedar y sin embargo ¿El número cinco no parecía brillar más cuando llevaba mi nombre? Regresé con mi equipo, poco a poco regresando los golems a la nada. —¡Muy bien! ¿Vieron el estilo? Soy un deleite, lo sé. Aprovéchenme. — Acomodé mis lentes, bajándolos ligeramente al puente de mi nariz para dedicarle un guiño al buccaneer. La voz del dirigente inundó el lugar, comenzando a hablar: Las actividades de los actuales juegos no habían terminado pero lo que continuaba era un combate, un 2 vs 2 de cooperación entre equipos y por supuesto, aún el ultimo numero en la lista del dirigente ¡El equipo 5 pelearía! Con el equipo 9, el equipo de… Runin, en contra del equipo de Jin y el equipo de Barald.
 
Una pequeña risa salió de mis labios ¿Pelea mahana? La verdad es que eso podría ser increíblemente interesante pero no eran los únicos miembros de su equipo sin duda y en mi increíblemente no viciada visión, eran los más interesantes y fuertes. “Bueno, babies... ¿who is gonna fight?” Observé al buccaneer una vez más un tanto pensativo ¿Podría ofrecerme? Desde Barnaby no había peleado a golpes con nadie, además que era muy pronto para usar la carta maestra que era su lindo servidor. La conversación y debate nos llevaba a un punto en concreto: que el grandote peleara, de seguro iba a imponer. Intenté mirar a los alrededores para captar algo de información conforme harían los demás equipos, pero el ruido no me dejaba. —¿Entonces que vaya el grandote? — La emoción del hombre era contagiosa, asintiendo.
 
—Destrózalos ¿Me entiendes? —
 
Zanjado ese tema, era momento de divertirse.
 
Por ahí de las gradas, observé a los alrededores buscando a algún mahana, a Jin o a Hyakinthos y su amiga Miyori, entrecerré los ojos entre el mar de concursantes que reconocía por el simple hecho de haberlos visto, caminé por la zona, hasta que un cabello negro conocido resaltó, caminando a este hasta apoyarme, pasando mi brazo por sus hombros. —Ah, que destino ¿Qué tiene que hacer un chico para que le inviten una bebida?  — Una sonrisa coqueta se plantaba en mi rostro mientras mi mano se deslizaba a la suya para tomarla. —Buen trabajo, tu equipo es bastante fuerte, la verdad fue… encantador verte participar, Jin. —La distancia comenzaba a cerrarse entre los dos, tal vez por mi propio accionar o por el del mayor, inclinándome hasta sentir su respiración como en otros familiares momentos.
 
Alrededor todos parecían ocupados en sus propios asuntos y por supuesto yo también estaba ocupado en los míos ¿Tan siquiera podía ser culpado? Habían pasado dos largos años y yo solo era un hombre. Terminé por sellar sus labios contra los míos en un suave beso sin esperar mucho más antes de separarme, sentí el cosquilleo que dejaban sus labios contra los míos y supe que seguir tan cerca suyo terminara con mi cordura. —Debería aprovechar el tiempo y encontrarme con el resto de mis amigos antes que… nos vuelvan a sentar o el concierto inicie ¡hasta más tarde, yakuza! —Me despedí con la mano ¿la bebida? Olvidada por completo, el gran Tezca Norova no necesitaba nada de tomar. Al menos ya no.
 
Renunciando a la comida, con la perturbadora imagen del hombre rubio y gordo con el que e habían confundido que lograba quitarme el apetito, busqué con la mirada a alguno o algunos de mi tripulación entre las gradas hasta que di con la morena super ganadora de fuerza, el casi medio super ganador de fuerza, el espadachín y la tiradora ¿Dios los hace y nosotros nos juntamos? A un lado de otra tripulación que me había parecido ver. —pero que desempeño… No volveré a tomar tu shampoo sin pedirlo antes ¿Qué haré si me pegas al rostro? ¡De esto vivo! — Hablé con la morena, mientras una sonrisa se sostenía en mis labios. —Yo confío en que mi representante se las va a poner muuuy difícil, ya ganamos, prometo compartir mi deseo con ustedes si me endosan el barco ¿ya vieron al grandote? — Intenté localizar a Ubbe pero mejor regresé a observar a mis compañeros de tripulación. —Yo tampoco estaré en los combates, capi ¿me entiendes? Esos chicos querían impresionarme así que… les dejé el trabajo, hay que confiar en las nuevas generaciones. —
 
Si, claro, supero honesto. Por supuesto que eso pasó.
 
Miré al pelinegro, acercándome para poner mi brazo sobre sus hombros. —Me pareció ver algunas viejas amistades de nuestros días de cazadores de pejelagartos, amigo. Ya sabes, perros del gobierno… ah, hay uno en mi equipo ¿pueden creerlo? Aunque… es un buen perro. — Soltando al pelinegro señalé a la pelirrosa, terminándome por sentar en el primer lugar libre que viera cerca de ellos, estirándome. —¡Que fácil es disparar! Deberías prestarme esas pistolas, Yuuki. En fin ¿Vamos por algo de tomar? Comienzo a tener sed. — Miré más allá, a la tripulación Sepultura que parecía estar sentada cerca de ellos. —¡Oigan! ¿Quieren ir por algo de tomar también? —
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
#28
Atributos Personaje

Cubículo 9, antes de la prueba de la certeza

El joven arquero Se había alejado de Maria antes de que la joven sirena pudiera reaccionar realmente a sus palabras, aunque antes siquiera de hablarle pudo ver su reacción a su presencia, sorprendiéndose totalmente ante su presencia, aunque para el marine era evidente que se encontrarían allí, dudaba muchísimo que sus compañeros perdieran la oportunidad de poder avanzar a una zona tan misteriosa y repleta de aventuras, desafíos y posibles tesoros, y teniendo en cuenta lo belicosa que es su Unnie, seguramente al saber que se organizaba una competencia seguramente estaría deseando participar. Le sorprendió el cambio de aspecto de la joven, su pelo azul celeste ahora tiene un color rosado que brilla intensamente ante los incesantes rayos de sol, al estar por encima de las nubes no hay nada que los bloquee y el hecho de que el color sea así de claro y llamativo destaca como ninguno. El joven arquero hubiera preferido reencontrarse con ella en otras circunstancias, sin tanta gente alrededor, sin riesgo a que su dilema interno pudiera ponerle en problemas con sus superiores por ser presenciado por tantas personas. Tampoco sabía cómo se lo tomarían el resto de piratas de la zona, al ver un marine junto a una pirata, aunque la que más le preocupa realmente es la que parece tratarla de hermana, Maki D. Zennin, una pirata temible y capaz de partir al marine por la mitad sin esfuerzo.

En una pequeña bolsa, escondida entre las múltiples capas del pelaje de Rasmussen, se encuentran todas las cartas escritas por la sirena, cartas que de alguna manera le llegaban a él y no parecían se interceptadas por nadie, no sabía bien porque, pero se veía incapaz de deshacerse de ellas, sabía claramente que debía hacerlo, que si alguien las descubría su carrera como marine estaba terminada, pero una parte en su interior se resistía fieramente a destruirlas, no importaba lo mucho que supiera lo malo que era eso, se veía totalmente incapaz de superar esa resistencia. Ante las palabras de Bertram, María aparentemente se quedó sin habla, paralizada hasta que mencionó una extraña palabra que el cazador desconocía por completo, pero le sacó una sonrisa al ver a la siempre alegre y llena de confianza MM sin saber qué hacer o como reaccionar.

Tras la prueba de certeza, fuera de la arena

El joven marine trató de conseguir la mejor puntuación posible, pero algo falló, primero, el sujeto del grupo de Kibai se le adelantó, y no pudo poner en práctica sus planes con él, y los demás al notar algo raro en sus ojos o lo ignoraron o apartaron la mirada, pero lo que peor le sentaba era haber hecho eso con marines, sobre todo con la pobre Nyra, quien parecía realmente afectada por la situación y muy desanimada pensando para sí mismo

-Tras terminar todo este lío me aseguraré de reunir a todos los marines e invitarles a comer, probablemente le pida a Kibai que prepare una receta de mi abuela, un plato bastante rico y sabroso, el cual era muy popular en las fiestas de su clan de cazadores.-

Tras eso se dirige hacia su cubículo esperando que terminen el resto de participantes de participar, observando con calma los disparos de los demás, siendo que la que más se acercó al arquero, solo superado por el que fue antes que él, era otra arquera. Uno a uno los últimos participantes iban llegando, y finalmente la prueba llega a su final, resultando que con el segundo puesto logrado por Bertram, su equipo se hace con el tercer puesto de la clasificación y, según lo que dice el presentador, participarán en un enfrentamiento 2v2 contra los equipos del segundo al quinto puesto por un puesto en la gran final contra el grupo en primer lugar, el grupo 6 del cual seguramente el participante sea Shin. Tras escuchar las indicaciones Bertram se acerca a Bartolomeow, mientras nota algo familiar que le trae recuerdos de cuando conoció a María, la misma sensación que sintió cuando el hurón tirador que participó en prueba peleó junto al pelirrojo en el foso, una vez junto a su compañero de equipo dice

-Parece ser que tras un descanso para recuperar fuerzas, tendremos que pelear junto a otro grupo para buscar ir a la final. Vamos a las gradas y allí decidimos a quien enviar, y aprovechamos y hablamos con los del otro equipo a ver si sabemos quien va a ir para buscar hacer un equipo que pueda conseguir darnos la oportunidad de pasar a la final sir.-

Tras eso empieza a caminar, invitando a su compañero de equipo a seguirle mientras le responde para economizar tiempo. El marine camina algo más pesado que de costumbre y se dirige a las gradas, reuniéndose con los miembros perdidos de su equipo en las gradas para decidir qué hacer. El marine realmente no se siente tan cómodo entre piratas como lo estaría con sus compañeros de división u otros marines, pero parece ser que el destino disfruta de hacerle tener que colaborar con piratas por algún motivo u otro, y su lado competitivo no le permite simplemente decir, ya que estoy rodeado de piratas perderé. Una vez en las gradas el pelirrojo se acerca al grupo, habiendo escuchado la opinión de Barto sobre quien participar y viendo los participantes de los equipos a los que se enfrentarían y sus participaciones el arquero no se siente seguro de poder lidiar con la fuerza de los que seguramente acaben participando. Al llegar a las gradas el arquero mira a los dos eliminados de su equipo y dice

-Bueno, parece que tenemos oportunidad de ganar sir, y por mucho que deteste admitirlo, creo que Ucker hará un mejor trabajo que yo aunque sea pirata.-

El joven se rasca tras la cabeza, pensando en qué hacer a continuación, igualmente no sabe quienes participarán en su contra, pero como tenga que enfrentar a Ubbe, solamente por lo visto en las pruebas tiene claro que sus capacidades aún no son lo suficientemente potentes para lidiar con alguien de esa capacidad, pues solo por la fuerza que demuestra sabe que si le pega un golpe está bastante mal parado. El joven tiene que pensar en alguna manera de aprovechar su akuma para defenderse, aunque no sabe muy bien qué utilidad tiene cegar a sus enemigos si pelean cuerpo a cuerpo, y también una forma de poder hacer más daño a sus rivales, para lo cual necesita mejores municiones, y sobre todo, tiene que lograr una forma de poder dañar a los usuarios logias, pues según los rumores, cualquiera que tenga ese tipo de akuma es completamente inmune a golpes físicos que no vayan cargados de haki.

Tras tenerlo todo claro, avisar a Ucker que le va a tocar pelear, el joven arquero se encamina hacia el lugar donde El Dirigente, tras explicar todo lo que hay que saber sobre los combates y el descanso, se encuentra descansando él mismo pues es imposible que alguien espere que se quede de pie bajo el sol hasta que termine el concierto y empiecen los combates. El marine se rasca tras la cabeza mientras camina hacia allí y una vez llega le indica que es el portavoz del grupo 2 y a quien han decidido recuperar de los eliminados y quien participará en el combate 2v2. Tras informar al hombre responsable de los anuncios y de dar vida a los juegos, el joven regresa a las gradas, con calma y tranquilidad, ajustando su arco conforme se acerca a la parte superior de las gradas, gracias a estar acostumbrado a pelear desde lejos entrenó su vista y se siente cómodo encontrándose en la parte más alta de los lugares, teniendo un amplio campo de visión y poder observar mejor los detalles.

El marine pelirrojo se encuentra disfrutando del concierto mientras se acerca a la parte de arriba notando como su cuerpo poco a poco se va recuperando de la sensación de estar enfermo cuando de pronto una voz le saca de sus pensamientos, la misma voz que le dijo estaban casados en el foso y que luego volvió a escuchar en Whiskey Peak, la causante de su dilema y la que hizo que en una locura forjara dos objetos que no son muy útiles, realmente no tienen utilidad solo son decorativos. Al parecer lleva tiempo estudiando las estrellas, por lo que se coloca tras la dueña de la voz viendo como tiene a Shin delante y con una sonrisa plasmada en su rostro empieza a hablar

-Trehehehe parece que hay alguien que quiere dejar de perderse, estudiar las estrellas es una gran forma de orientarse sir. Espero no os esté afectando demasiado lo que sea que hizo que me sintiera como enfermo, de hecho aún me noto algo pesado, aunque ya estoy bastante mejor tras tomar aire fresco y poder relajarme sir. Por cierto comandante Luces de navidad, luego quiero que me ayude a reunir a los marines que quiero invitarlos a una comida especial de mi familia a modo de disculpa por lo que hice durante los juegos, y para levantar el ánimo de los que no pudieron seguir adelante.-

El Carcaj de información

Recuperaciones

berchanpandared



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#29
Atributos Personaje

Cubiculo Equipo 3

Después de haber disparado y, para mi sorpresa, acertar en el blanco, bajé el revólver y regresé caminando junto al resto del equipo. No había mucho más que hacer, tesoro, así que crucé los brazos y esperé con paciencia a que anunciaran los resultados. En el fondo ya me imaginaba cómo iba a terminar todo aquello y, bueno era de esperarse, honey. Mi nombre no apareció entre los ganadores.

Solté un suspiro antes de encogerme de hombros con una pequeña sonrisa. Tampoco era el fin del mundo. Nunca he sido un experto con las armas de fuego. Llevo muy poco tiempo entrenando con ellas y todavía me falta bastante para alcanzar el nivel de un verdadero tirado, pero lo que sí me dejó pensando fue otra cosa. ¿Por qué no había podido transformarme? Desde que conseguí mi Akuma no Mi, mi forma híbrida siempre había sido un apoyo importante, sobre todo por la vista de serpiente. Con esos ojos seguramente habría seguido a las moscas con mucha más facilidad, pero por algún motivo mi cuerpo simplemente no respondió. —Ay, no me hagas estas jugarretas ahora, mi amor —murmuré mientras observaba mis propias manos porque se sentía mas como si alguien me hubiera arrebatado mis propios poderes.

No entendía qué estaba pasando, pero tampoco iba a dejar que eso me bajara los ánimos. Si hoy no salió como esperaba, mañana tocaría entrenar un poco más. Así de simple, tesoro. Ya llegará el día en que deje de ser el más nuevo y el más débil de la división 80, hasta entonces me toca seguir trabajando, en fin las reglas de los juegos eran claras, así que guardé nuevamente el revólver en su funda y emprendí el camino hacia las gradas. Antes de marcharme, sin embargo, me detuve frente al contramaestre Moja. Sonreí con sinceridad e hice una pequeña inclinación de cabeza. —Me disculpo, contramaestre. No por darle un momentico de salsa a su vida, se que eso le hace falta de vez en cuando para que quite esa cara de pocos amigos, sino por no haber calificado en la prueba de disparos. La próxima vez prometo dar un mejor espectáculo. Espero que volvamos a encontrarnos, tesoro. — Después giré sobre mis talones hasta quedar frente a Kael. Lo observé de arriba abajo con una sonrisa traviesa, como si estuviera evaluando una obra de arte, y comencé a rodearlo con un paso elegante. Al completar la vuelta, le di una suave palmada en las nalgas antes de seguir caminando, completamente natural, como si aquello fuera el saludo más normal del mundo.

—Ay, tesoro, no sabía que la Marina tuviera a alguien casi tan resistente como Juanse, sin dudas me sorprendes, Kael de la 75. Cuídame esa mercancía, que está de lujo. — Con una sonrisa satisfecha, seguí mi camino hacia las gradas balanceando ligeramente las alas a mi espalda. La competencia había terminado para mí, pero no por eso iba a dejar que el ánimo se quedara en el suelo. Después de todo, honey, perder una prueba no era el final del camino, apenas era otra razón para volver a entrenar mañana.

Gradas

—Disculpa….. Excuse me…... con permiso….. permisito….. ¡ey, ey! Dont touch, esas no son tus palomitas, son mis nalguitas. Cuidado….. permisito dijo Monchito. — Fui haciéndome paso entre las gradas como podía. Aquello estaba repleto de gente y avanzar era casi una misión de alta categoria, tesoro. Entre alas que se cruzaban, codos, sombreros extravagantes y uno que otro despistado que parecía no saber respetar el espacio personal, terminé moviéndome de lado como un cangrejo para no llevarme a nadie por delante y para cuidar todo aquello que tenia por detrás tesoro y después de unos cuantos permisitos más y una pequeña maniobra digna de un bailarín de carnaval, por fin encontré un huequito libre donde dejarme caer. Solté un suspiro de alivio, crucé las piernas con la elegancia de una diva y acomodé las maracas sobre mi regazo. —Mucho mejor, ahora sí, que siga el espectáculo, honey. — 

Tan solo tuve que mirar hacia los lados para darme cuenta de que había quedado demasiado cerca de la mujer cebra. Ay, tesoro... eso tenía que ser una señal. Me giré por completo hacia ella con una sonrisa de oreja a oreja y, sin pensarlo demasiado, estiré ambas manos buscando tomar las suyas con total naturalidad. No había picardía en el gesto, solo esa emoción tan propia de mí cuando conocía a alguien que me parecía fascinante. —¡Toc, toc! Hola, Reina. Soy Masami. —dije balanceando suavemente sus manos entre las mías —OH DIOS MIO!! Tenía que saludarte. Te vi hace un rato convertida en cebra y estabas di-vi-na, oh my God. Corrías como si el viento te hubiera pedido permiso para seguirte amooor. ¿Acaso comiste una Fruta del Diablo? — La solté despacito, sin dejar de sonreír, y me acomodé mejor en el asiento para quedar justo al lado de ella, completamente interesado en escuchar lo que tuviera que decir.

—Me llamo Masato Ami, pero todo el mundo me dice Masami. Soy de la división 80 de la marina, el cantante, el de las maracas, por si no se notó, Fufufu!!—comenté con una pequeña risa. Había algo en ella que seguía haciéndome ruido en la cabeza y no era su transformación, sino su rostro, su condenao rostro me resultaba extrañamente familiar, como una canción que conoces de memoria pero el nombre no te llega a la cabeza por mas vueltas que le des. —Y te voy a confesar una cosa, honey, siento que ya te había visto antes. No sé si en un periódico, en un cartel o en alguna isla, pero mi memoria me está haciendo trampa. Llevo rato tratando de acordarme y nada que aparece pero dejame decirte que me encanta como te vistes, eres simplemente pre-cio-sa.— Incliné apenas la cabeza, observándola con la misma cercanía con la que uno conversa con alguien a quien acaba de conocer pero ya le cayó bien. —Bueno, eso sí, si nunca nos habíamos visto, entonces mucho gusto estoy seguro de que personas que se convierten en cebra y encima se ven tan elegantes no se conocen todos los días, tesoro. —

Mi estupido y sensual Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
#30
Atributos Personaje

Allí estaban, los resultados. No le sorprendió en lo absoluto el resultado perfecto de Kiyoshi. Hizo un asentimiento con su cabeza en señal de aprobación. Incluso su amado Tezca había conseguido un mejor puesto que él en la prueba de velocidad... Qué orgulloso se estaba sintiendo de él. La sonrisa se amplió en su rosto, de oreja a oreja, al ver a su querido varón. Extendió nuevamente la mano en señal de “buen trabajo”, elevando finalmente el pulgar y guiñando un ojo al rubio. Fue entonces que se dirigió a la que hasta entonces había sido una nerviosa Nyra, contemplándola con un aire más calmado y profesional antes de hablar. —Señorita, le dije que tuviera confianza. Al final mi fe le dio una victoria de pasar la prueba, gran trabajo señorita Nyra. — Elevó su diestra, dando un par de palmadas a la mujer antes de volver a mirar una vez al Dirigente quien comenzaba a cantar los resultados de los equipos.

El suyo estaba en el cuarto puesto, nada mal, pero nada mal. Elevó su zurda, ahora con algo más de distancia hacia sus compañeros. El malestar, sin embargo, se mantenía. No sabía qué era, luego, si tenía algún descanso, quizás debiera tomar algo de agua, por ahora, siguió con su cigarrillo, dando una calada mientras el Dirigente volvía a hacer más anuncios... Pero de repente, Stroud pareció querer irse. Arqueó una ceja, ¿abandonaba? No parecía eso, y tampoco es que fuera muy hablador. Lo dejó marcharse, prefiriendo estar atento a lo que fuera a darse en ese momento. Dio una calada larga una vez más, escuchando que habría una ronda más... Pero esta vez de combate. Exhaló el humo de sus pulmones, con un aire más serio a la inicial, concentrado. El sonido del público incluso parecía ser muy lejano, mucho más que antes. Apretó los labios, firme y seguro. ¿Un dos contra dos además? En su cabeza comenzaba a hacer cálculos mentales, pensativo. Su propio equipo estaba entre los combatientes, también el de Tezca y... Elevó la mirada hacia las gradas por un momento, buscando entre ellos a alguien que hacía tiempo no se encontraba: Uker. Si se podían rescatar eliminados... ¿Su equipo lo elegiría, o elegiría a aquel que se transformó y fue tan fugaz? También buscó alguien más, además de Uker, a quien conocía bien también y había resultado también eliminado; Barald. Era también una muy buena opción pero... Volteó al cubículo contiguo, viendo el resto de los participantes de este. ¿Qué tan fuertes resultaban ser? ¿Quién podría ser más eficaz? Elevó su diestra, con aire pensativo, recapitulando las pruebas que hasta entonces había contemplado de sus compañeros.

Primero; Stroud, quien no estaba allí, en la prueba de fuerza había mostrado paciencia y una fortaleza digna de confrontar. Segundo; Juan, tenía un escudo de lo más impecable, una defensa que era sorprendentemente buena para un apoyo, ¿pero podían confiar en su velocidad? ¿Y si el equipo rival era veloz y no tenía tiempo de defender a un compañero? Tercero; No había logrado saber más del estilo de Nyra, por lo que no podía sacar conclusiones dado que el arma de fuego no era algo que siquiera conociera hasta esa prueba. Sin embargo... El equipaje que tenía visible, le daba a entender que sería buena con armas de corta distancia... ¿Pero tenía la misma habilidad que él? ¿O por debajo? Es por eso mismo que, aprovechando la situación, activó aquella visión única que meses atrás había sido entrenada. Contempló el aura de la muchacha, similar a un aire soplando a su alrededor con toques de color similares al cielo en conjunto a las nubes, un color azul suave, difuminándose en toques blanquecinos. El aire soplaba con firmeza... Elevó entonces su propia diestra, viendo la forma de su propia aura, elevándose con firmeza sobre él, con más fuerza y peligrosidad que la de la muchacha. La observó por un rato determinadamente largo, en silencio, hasta cerrar el puño, y volver la mirada, esta vez, hacia Juan. Su aura era más fuerte que la de Nyra, con toques rojos que se iban aclarando cada vez más, igual que él mismo, en forma de llamas. Buscó a Stroud, quien se había estado alejando hasta las gradas, para ver mejor su cuerpo. Lo envolvía, a diferencia de ellos tres, un aura eléctrica por todo su alrededor, con tonos rojos y azulados. Lo supo al verlo: no era una broma, estaba a su nivel, o al menos casi. En una confrontación podría resultar hasta difícil de vencer. Volvió, ahora más seguro, la mirada hacia sus compañeros.

—Escuchen mis análisis. — Comentó, retomando el cigarrillo para una nueva calada, más larga, ahora dando un resumen de sus ideas mentales, sin hacer mención del cómo conocía la diferencia de poder entre unos y otros. —Por eso, opino que hay dos opciones bastante factibles en este caso. — De nuevo, una pausa, en la que se decidió en terminar de hablar con sus compañeros, concluir una decisión que precisó era mejor opción que todos tuvieran un acuerdo. Allí estaba, ya lo habían decidido, estaba claro.

—Me gusta su forma de pensar, querido equipo. Acepto su decisión.

Elevó el humo del cigarrillo sobre su cabeza, dejando caer el objeto contra el suelo y pisándolo con su zapato para apagarlo. —Nos vemos más tarde entonces. Yo mismo me encargaré de informar del combatiente. Procuraré no decepcionar a nadie. — Se dirigió hasta donde se encontraba el Dirigente, para dar la información del peleador que participaría en el combate que se daría después del concierto. Se despidió entonces de él, y todos los demás, elevó su diestra, ahora caminando hasta donde podía ver al que tanto añoraba. El malestar, sin embargo, persistía un poco todavía. Tenía una desagradable sensación que llevaba desde la prueba de Certeza molestándole. ¿Cuándo había iniciado? No estaba del todo seguro. Por eso, antes del encuentro que tanto deseaba, se limitó a ir a comprar un par de refrescos, pensando en el propio Tezca, en conjunto a un par de botellas de agua, pero a medio camino fue interrumpido precisamente por el mismo al que planeaba invitar a un par de tragos. Sonrió felizmente al ver que lo encontró él primero, ahora con el añadido de que podía ver su aura. Igual que él mismo, su aura era como una flamante llama, que solo resaltaba la belleza que poseía, en tonos oscuros y beige, en un degradado que pasaba de más oscuro a más claro, en sintonía con la belleza de su largo cabello, haciendo incluso que sus ojos azules solo resaltaran todavía más.

Sentir sus manos sobre sus propios hombros le hizo llenar de electricidad todo su cuerpo, el deseo de volver a abrazarlo nació al instante, queriendo atraerlo hacia sí, recordar los viejos tiempos, hacer aquello que el condenado Ñordiki les impidió... Que hablando de él, ¿seguiría sentado viendo los Juegos? Bah, ya se iba a preocupar más tarde de eso. Eso sí, la sonrisa se dibujó de nuevo en su rostro, con aire divertido y travieso, contemplando al rubio.

—¿Quién dice que no planeaba hacerlo, Tezca? ¿Crees que te olvido?

Irónicamente antes de su encuentro ya estaba pensando en qué comprarle, a qué invitarle, qué beber juntos... —Por desgracia me tocó un equipo de todo Marines... Tú tienes a... — Miró a los lados, solo para volver la mirada a Tezca, bajando el volumen de su voz, acercando sus labios en el oído del rubio. —Enji. Ese hombre es de fiar, te contaré cuando terminemos los juegos. — Se separó de nuevo, pero lejos de haber una distancia, sentía una cercanía, una atracción silenciosa que llenaba su pecho, olvidando, por un momento, todo su entorno. Ahh... mierda... No podía... No podía más... Cómo lo añoraba... Elevó ambos brazos hasta su cintura, atrayéndolo hacia sí mismo en un abrazo, cerrando los ojos para sentir mejor su beso, queriendo quedarse así un poco más, solo un poco más... Un beso que extrañó por todo ese tiempo, algo que no iba a desaprovechar ni siquiera después de ese bendito reencuentro que la fortuna lo había llevado, todo hasta ese mismo momento. De hecho, el que hubiera personas ni siquiera le importó, mientras sus manos se elevaban lentamente por la espalda del rubio, rozando sus dedos con el largo y hermoso dorado cabello que caía como una cascada resplandeciente bajo la luz del sol. Incluso pareció olvidar ese malestar que lo había estado aturdiendo por un tiempo en esos instantes que sintió sus labios fundirse con los propios...


Sintió la separación, algo desagradable, que hubiera deseado que permaneciera por algo más de tiempo, solo un poco más... Romper el abrazo se le había hecho un gran desafío y, sin embargo, sus palabras lograron despertarlo un poco de su aturdimiento. Abrió la boca para responder, queriendo decir algo, pero para entonces el hombre se había ido y... Él... Descendió su mirada, ambos ojos fijos en un solo punto.

...

......
 
..........
 
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“Maldita sea Tezca...”

Tenía que calmarse... Cerró los ojos, con el rojo en sus mejillas, con imágenes en la mente que prefirió mantener lejos. “Vamos Jin, puedes con esto, solo hasta que terminen los condenados juegos...” Qué malditas ganas tenía de apartarlo por un rato... pero con una sola hora no iba a ser suficiente. Respiró, tratando de calmarse, respirando profundamente y, ahora sí, decidido a ir a por lo que planeó, comprando las bebidas que mencionó y tomándose una de las botellas de agua cuando volvió a sentir de nuevo esa sensación desagradable, la misma que olvidó que existía a causa de la adrenalina que había aumentado ante el beso del hombre. La sensación pareció disminuir, esos mareos y náuseas, aunque no se fueran de forma inmediata, sí parecían ir disminuyendo progresivamente. Sintió alivio en su cuerpo, al fin un poco más. Dejó escapar un suspiro de satisfacción, al fin, calmado.

Ya con la mente algo más clara, comenzó a caminar de vuelta hacia donde recordaba que podría haber visto a Barald. Exploró con la mirada, solo que esta vez se topó con alguien más, un conocido al que había saludado fugazmente. Poco después para proseguir su camino un poco más. Gracias al Haki, además, fue muchísimo más fácil reencontrarse con Tezca, el único con un aura tan característica era él. Su brazo izquierdo tenía algunos refrescos y, al verlo, le sonrió, elevando su diestra para saludarle, acercándose ahora al grupo con el que estuviera en ese momento, viendo de nuevo a Barald junto a él. Parecían llevarse sorprendentemente bien. Pudo escuchar también que parecía invitar a más gente, buscó la dirección a la que hablaba, pero se distrajo más rápidamente al acercarse detrás del rubio, pasando su brazo derecho alrededor de su cintura, susurrando algo en su oído de forma que solo él pudiera escuchar. —Si gano el combate, te dedicaré la victoria, mi amor.— Luego se separó, con una sonrisita traviesa, besando su mejilla con suavidad antes de separarse y saludar al resto. Contempló a la morena, quien había hecho una aplastante victoria en la primera prueba.

—Señorita Runin, su fuerza es digna de aplaudir. Espero nunca hacerla enfadar, gran trabajo. Así sé que Tezca está en buenas manos... Si no lo vuelven a confundir por algún otro... “mejor amigo”. — Esa frase todavía la recordaba como una desagradable puñalada que había venido del propio capitán. ¿Cómo se atrevían a confundirlo? ¿Y cómo se atrevían a decir que había mejor Tezca que quien tenía delante de él? Mejor dejar eso de lado, por suerte, ese beso le había quitado el mal humor que aquel desliz le provocó. Además, al menos así podía compartir más tiempo con su amado.

—Yo invito chicos, tomemos algo durante el concierto y disfrutemos mientras podamos.

Decidió compartir, primero a elección del rubio, lo que él quisiera de lo que acababa de comprar, luego lo repartió con el resto de los acompañantes. También estaba decidido a tomar algo con el resto, comprarles algunas cosas para picar y compartir el tiempo con ellos. Dudaba que fueran tan malos omitiendo esa torpeza inicial.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]


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