[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#61
Atributos Personaje

Cuando era pequeña, Maki decidió lo que quería ser… Artista. Tocar para el mundo, enseñar su arte, deleitar con la pasión, la alegría y la furia de su imaginación. El cantar, bailar y expresar su arte con tanta libertad, aunque estuviera cubierta de cicatrices horrendas, aunque tuviera heridas, pero lo mejor de todo era que tocaba para un público gigante con gente de relativa reputación, The Cupids eran geniales. Todo lo que siempre soñó. Pero… estaba satisfecha? No… ahora como una droga, quería más y más y más. Miyori era todo lo que quería de compañera carajo, tenía que ir con ellos. debía. Sino… la metería en un refrigerador y la sacaría solo en alta mar o en el primer puerto donde no pudiera escapar… … … pero Maki… ¿Que pensamiento es ese? No eres esclavista. Pensó para sí misma más centrada al segundo siguiente.

El viento cantando danzando y vibrando a su alrededor, chocando con los cuerpos de los demás artistas le parecía excitante. Las notas casi podía saborearlas, sentirlas con su mente, como una ilusión desbordándose de sus sentimientos lo sentía como si una madre amorosa le besara la frente. Sentía que tenía un deseo pedido y cumplido las notas circundantes se convirtieron en su refugio y santuario. El deseo de vivir este segundo provocaba algo mágico. sentía que era hermosa, que sus malditas marcas de traición en todo el cuerpo no existían. Que era la misma hermosa mujer Marine que inicio su carrera con esperanzas anhelos y buscando el sol para blandirlo como un bastión de libertad, amor y comprensión. La música… creía que la música tenía un poder tan grande que no tenía color, juicio ni violencia.

Miyori era un ángel, un fantasma que todos podían ver como si fuera una aparición gigantesca frente a todos, ella podía verla y sentía la presión de seguirle el ritmo, The Cupids también, pero ellos siendo profesionales solo podrían mostrar una cosa. Felicidad y fanatismo, solo sonrisas en Dona y su banda y nada mas que placer como una droga fluyendo, Maki no quería dejar de tocar jamás. Sus dedos dolían, pero nada podría hacer que parase, Miyori era como una estrella, incandescente, enorme y difícil de mirar directamente. Maki sentía que se quemaba que le borraba toda la sombra que reptaba por su cuerpo hasta el cuello para detenerla, para amedrentarla, pero no… no se dejaría. Este era su maldito sueño y su maldito sueño era todo para ella.

Su vista choca con la de ella… estaba excitada, violentamente atraída a ella como una supernova. Como n agujero negro que deseaba absorber su pasión. Ella se resistió, resistió ir a abrazarla, besarla y llenarla de caricias. Hacerle ver que ambas se complementaban. Pero solo alzo el puño con su grito al compás de su respiración entrecortada

La proposición de Maki esperaba que no la aceptara de una, pero que lo pensara, esperaba recibir una respuesta ala terminar los juegos quizás, darle espacio y tiempo que cuajara la idea en su mente para que se convenciera. Además. No obligaría a nadie… no pensando fríamente al menos. Maki avanzaba chocando y golpeando gente a su paso, abriéndose sola, como si fuera una locomotora nadie la detenía. Altiva y buscapleitos. Detrás de ella. La dulce Miyori.

Cuando Maki llego al lugar, vio al Atún haciéndole trenzas al Panda rojo. Y prefirió después de su interacción, dejarles solos… no quería meterse en lo que sea que planeaba la sirena. —Cazador… alegría me da que estes bien… resuelve ese problema con mi Unnie… no quiero verte más de manera errática o con confusiones detrás de ella o la próxima seremos enemigos…vale?— Dijo palmeándole el hombro con una gran sonrisa. Después arreglarían asuntos con sus Nakamas. Solo quería beber… se llevó una cerveza para caminar entre las gradas hasta el frente del espectáculo. La guerra… la guerra nunca cambia y a ella le llenaba el corazón partirse la madre y por cercanía a otros también.

Después de ver lo que, hacia el asalariado, vio como el hombre regio, ex amante mas hermoso de todos los que habían amado… o eso creía ella. desenvainaba. Pudo ver como el vaivén de su arma le cortaba el corazón… algo palpito en ella. estaba al borde de las gradas, tanto que un simple salto la podría meter en la arena. Uker pensó esta vez detenidamente en el… en su amigo Kiyoshi, ambos viajaban juntos intuía, desde hace mucho rato los veía conversando e interactuando, por que ella no estaba con ellos? que había hecho mal. Por que el tampoco se acercaba a ella… se derrumbo sobre la baranda de las gradas. Apestaba? Era difícil de tratar?... mierda que era?. Mujer? Era mujer? Por eso la habían abandonado?... —tch…— Chasqueo la lengua asqueada de pensar. Ella no era así. Era pura acción nada de pensar.

Cuando vio la estrategia no quiso pensar nada. era mejor ver como se desarrollaban las cosas. Puso sus manos en la baranda cuando vio al team de los chocoboys. Lle… va… ba… su cinta, la cinta que amarraba su anterior cabello, era… inesperado, solo se la había dado para amarrar la el papel, su número,  Maki entonces quiso saltar, con medio cuerpo sobre la baranda —DALO TODO CHOCOBOY Y TU NIÑA DE CAÑA DE AZUCAR AYUDALE DALE DALE CON TODO!!! UKER NO TE DEJES CARAJO PELEEN CON TODO TU TAMBIEN NIÑO DEL BANCO COMO SEA QUE TE LLAMES!!— grito agitando el puño, pero en realidad no podía sacar de su mente la increíble masa del hombre de chocolate que se convertía en una especie de bola armada… un Dinosaurio… ella comenzó a sentir algo en su interior algo extraño como resonando con su fruta. El salvajismo quería salir, ¿Porque se sentía así?... no podía explicarlo, será… será… quizás ansiedad? Necesitaba hablar mas con el largo y tendido para aclarar que era. Las emociones nuevas le calentaban el corazón.

Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
#62
Subir a las gradas de Shandora fue un dolor de muelas para Moja. La multitud de alados, pilebs y mords estaba apretujada en los escalones de madera, gritando, comiendo carne asada en pinchos y soltando esa risita tonta de feria que a él le ponía enfermo. El mink caminaba con el ceño bien fruncido, pasándose la mano dura por la nuca para quitarse el sudor que se le acumulaba bajo el pelaje oscuro. Tenía que encontrar a la gente de la División Sesenta.
 
Estuvo dando tumbos entre la muchedumbre un buen rato, esquivando a un par de borrachos y esquivando los carros de los operarios que andaban montando una carpa gigantesca de telas amarillas en mitad del recinto. De pronto, a mitad del descanso, un estruendo de violines y guitarras empezó a retumbar desde la pista. La banda esa del Mar Azul, The Cupids, se había puesto a tocar. Para colmo, la artista pelinaranja de la prueba de tiro se sumó con su violín, y luego la maldita calva de Maki, la que los había arrastrado al pozo en la primera prueba, salió al medio a dar chillidos y adueñarse del show. Moja apretó los dientes, mascullando un *maldita pirata de mierda* entre dientes mientras aceleraba el paso. Escuchar a la peña ovacionar a una criminal le revolvía el estómago.
 
Y entonces lo vio. Allí arriba, en un tramo medio de la gradería, estaba Kibai. El mink guepardo de su propia división. Pero la escena le congeló la sangre a Moja: Kibai no estaba con soldados de la Marina. Estaba sentado, tan campante, justo al lado de la pirata esa flacucha, Hyakinthos, y rodeado por la chusma de los Piratas Sepultura. Estaban hablando, compartiendo espacio como si fueran compadres de toda la vida en una taberna.
 
A Moja se le subió la sangre a las orejas. El pelaje de los hombros se le erizó de golpe y estuvo a punto de ir directo a agarrar a Kibai por el cuello del uniforme para sacarlo de allí a tirones. ¿Un marine de la Sesenta fraternizando con la escoria que deberían estar encadenando? Qué absoluta falta de decoro militar. Pero justo cuando dio el primer tiranazo de paso hacia ellos, se acordó de las palabras del Comandante Stroud y de la amenaza de los Custodios que patrullaban el estadio. Si armaba un pollo allí, deshonraba a la Marina y acababa expulsado a patadas del imperio celestial.
 
Se tragó la furia, tragando una saliva amarga que le supo a hiel. Apretó los puños hasta que las uñas le pincharon las palmas de las manos y caminó hacia la zona. Se abrió paso a codazos secos entre un par de espectadores y se dejó caer en el banco de madera un par de escalones por encima de Kibai, lo bastante cerca para vigilarlo pero sin meterse en el corro de los piratas.
 
Al poco rato, la música por fin se acabó y el circo volvió a arrancar. Salió un tal Kuraku, un lunarian con alas negras que se puso a soltar un discurso larguísimo sobre la paz, la igualdad y el fin de la esclavitud que a Moja le entró por un oído y le salió por el otro. Él solo quería ver si los combates valían la pena o si eran otra farsa.
 
El "Dirigente" anunció a voz en grito el inicio de la semifinal: dos contra dos. Por un bando, la pava esa bruta de las Kuja, Runin, y el dinosaurio gigante Ubbe. Por el otro, el yakuza del barro, Onizuka Jin, y el cocinero huraño de la Sepultura, Uker.
 
Moja se reajustó la gorra blanca de la Marina con un tironazo seco, hundiéndosela hasta las cejas. Miró de reojo la nuca de Kibai. Moja sabía que por su propia forma de ser no era muy dado a la conversación, pero sentía que tenía que decirle algo, aunque fuera para marcar territorio marcial tras el espectáculo bochornoso de verle sentado con piratas. Hizo un esfuerzo casi sobrehumano por romper su propio silencio, carraspeando con un sonido rasposo en la garganta.
 
-Oye, Kibai...- soltó Moja, con la voz dura y sin mirarlo directamente, manteniendo los ojos amarillos clavados en la arena. -Mira abajo. Menudo circo han montado estos.-
 
No esperó a que el otro le respondiera ni un milisegundo. En cuanto vio que las cosas abajo empezaban a moverse, Moja siguió hablando encima, atropellándose un poco con sus propias palabras por la falta de costumbre de mantener un diálogo fluido.
 
-El yakuza ese... Jin... acaba de tragarse al cocinero con su barro. Vaya estupidez táctica. Un dos contra dos y el tío deja a su compañero metido dentro de su cuerpo. Si le meten un viaje a él, revientan a los dos de un tiro. Qué falta de instrucción militar, de verdad.-
 
Y justo en ese instante, sonó la señal del presentador y la pista estalló.
 
El dinosaurio Ubbe se lanzó rodando como una bola de piedra y músculos de siete metros directamente a por Jin, intentando atraparlo con las garras para aplastarlo contra la tierra batida. Pero lo de la mujer Kuja, Runin, fue todavía más salvaje. La tía metió un viaje contra el suelo que soltó una ráfaga de luz incandescente y, sin dar un segundo de respiro, se plantó delante de Jin soltándole un guantazo directo a la cara que resonó en todo el recinto como un cañonazo seco. Y no contenta con eso, giró el brazo a una velocidad de locos y le metió otro viaje que mandó al yakuza tres metros para atrás, levantando una polvareda de mil demonios.
 
Moja inclinó el cuerpo hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas y dejando salir un bufido de aire caliente por las narices. El impacto había sido brutal. Se giró un milímetro hacia Kibai, hablándole casi al oído pero con la misma prisa hosca, sin dejarle hueco para articular palabra:
 
-¿Has visto eso? La tía esa pegó fuerte en la prueba del dial, pero en distancia corta es un demonio. El del barro se ha confiado comiéndose a su compañero y le han entrado dos galletas limpias en toda la jeta. Como no reaccione rápido, los van a barrer de la pista en medio minuto.-
 
Moja se volvió a cruzar de brazos, apretando la mandíbula mientras la arena se llenaba del humo del primer impacto y los gritos de la gente retumbaban en la bóveda de Shandora. Había hablado más en esos dos minutos que en toda la mañana, pero la adrenalina del combate le estaba haciendo hervir la sangre.
 
Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#63
Atributos Personaje



Volver a reunirse junto con la gran mayoría de sus compañeros le sentó bien, lo que en principio fue una mirada en pro de las disculpas, ahora se tornaba en una expresión de confort. Cada uno de ellos le brindaba una sensación cálida, genuina. Un respiro que le permitió descansar de la incómoda sensación de falsa comunión.

El clásico egocentrismo de Tezca regala una sonrisa al capitán, quien aún no lo ha perdonado por ignorarle.

Los ojos relajados de color miel, detallan al rubio en compañía de su novio. Que por algún motivo parece tener represalias en su mirada con respecto a nuestro protagonista. “Habría sido muy fácil para ti, lo mejor es dejar que otros lo intenten.” Dijo con un tono jovial, promoviendo la personalidad de su compañero.

La hermosa morena, segunda a las palabras, se queja con respecto a la ausencia de Ryota en los combates. Este último, jamás le dirá que se los perdió por estar cincuenta largos minutos en un baño. Sin embargo, agradece las tiernas expresiones que inflan los mofletes ajenos y que terminan en un reto directo por ver quién se llevará la disputa.

Tan salvaje y maravillosa, es como la define en su pensar, capaz de hacerlo temblar en más de una forma o lugar. 



“Sí, que gane el mejor equipo.”

Fue lo que dijo, mas no lo que pensó. Ryota sabía bien que, si alguno de los allí presentes llegara a una final, no le importaría que quien fuese el representante del equipo seis perdiera. Por suerte, o pesar, ese destino no era una probabilidad. 

Entonces la dama de cabellos negros emprendió la marcha, Tezca invitó al grupo próximo a ir por unas bebidas y un caballero de pelaje brillante se hizo notar. Varo Ganchin, el mismo que hace unos minutos doblegó a todos en la arena, ahora levantaba con ánimo una de tantas botellas de licor para brindar.



“Qué agradable sujeto.”

Ryota no rechazó la invitación, se acercó al mink con una sonrisa y tomó una de las botellas. También estaban Eros, el topito, Kiyoshi, el Burbujitas, Uker, el huraño y la mismísima deidad de la muerte encarnada con aroma a peluche familiar. A continuación, dio un gran sorbo del recipiente, terminando con un suspiro de alivio. “Ahhhh muchas gracias bro.” Dijo al chico de pelo en pecho, para luego acercarse hacia su compañero de ojos rojos que mantenía su mirada en la arena. “¿Tampoco te eligieron, eh bro? Keke ni modos, a veces solo no es para uno.” Dijo con picardía para molestarle; después dio otro sorbo a la botella y, al terminar su trago, dejó el recipiente en las manos del espadachín. Su mirada, ahora dirigida hacia la arena, percibió cómo los operarios de utilería se formaban próximos a la gran carpa.

No pasó mucho tiempo antes de que los custodios, ángeles con el mismo uniforme que el que los recibió a su llegada al evento, se ubicaran en formación frente a las gradas. Los combates estaban por iniciar, los participantes ya se encontraban cercanos al terreno y la fuerte voz del dirigente reanudó la siguiente fase del torneo.

Entre vítores y aplausos del público, el Dirigente explica las reglas con las que los combates deben realizarse. “Ojalá que Runin pueda cumplirlas…” Una gota de sudor descendió por su espalda, en pro al recuerdo a la personalidad de la amazona cuando se molestaba o entrenaba. “Chale… a lo mejor y pierde por pasarse…” Pensando lo peor, movió su rostro de lado a lado alejando los malos pensamientos, solo quedaba esperar lo mejor.

Antes de dar paso a las presentaciones, un nuevo invitado se hace presente. Kuraku Natta parece ser alguien muy reconocido en la isla, su sola presencia hace vibrar la arena en su totalidad. Ryota se sorprendió al escuchar las palabras, según lo mencionado Skypia no sonaba en antaño como el paraíso pacifico que parecía hoy en día. No obstante, personas como el Lunarian que ejercía el discurso, lucharon por los derechos de todos los presentes para hacer del dia a dia algo mas llevadero en pro de la paz e igualdad.



“Carajo bro, que gran discurso. El pobre Navar debió haberlo pasado fatal, seguro le hacían bullying de pequeño, tenemos que invitarle una copa o al menos no robarle su casita de oro…”

Entre lágrimas, el capitán de los Hanu Mahana expresó cuánto lo había conmovido la historia reciente de la isla, haciendo especial énfasis en el apuesto birkaniano que conocieron ni bien llegaron a la ciudad.

Los aplausos no se hicieron esperar para el moreno de alas negras, que con gran humildad los recibió con agradecimiento.

Fue entonces cuando Kiyoshi tomó la palabra. Lo que en un principio sonó a insultos en la jungla, ahora era recibido de mejor manera por Ryota, pues le fue imposible no reconocer la voz del salvador de papel. “Kekeke, ya le agradecí, pero de nuevo gracias por el vinito Varo, eres el mejor.” Ya había tomado confianza, así que con una sonrisa miró al Mink mientras alzaba el pulgar en señal de aprobación. “Y también a ti Kiyoshi, me salvaste, bro, si algún día necesitas un favor, pídelo, te la debo.” Continuo ahora hacia el fanático de la limpieza.

— Oh, lo siento, como adelgazaste y te afeitaste no te reconocí. Cierto que te llevé en brazos —

De pronto, la voz de Eros llegó a los oídos del castaño. Este último giró rápidamente la mirada y notó cómo el capitán de los Sepultura se encontraba platicando junto con Tezca, por lo que no tardó en atar los cabos sobre el sentido de sus palabras.



“Kekekekekekeekekekekke”

La sonora carcajada del pirata resonó, incapaz de contener la risa a medida que Tezca se excusaba y reprendía al pobre Tozxco, cuyo único pecado era existir. “Son casi gemelos Kekekeeke, separados al nacer kekeke” Tuvo que sentarse en su asiento, para sostener su estómago y hacer un esfuerzo por parar de reír. Además, no fue el único, Tocho Morocho y Cardan también se estaban riendo junto con el capitán.


Las risas se prolongaron hasta que la amenaza surgió de los labios del rubio. Los tres se vieron obligados a cubrir sus bocas, mientras seguían derramando lágrimas por lo hilarante de la situación, cada uno defendiendo sus propios principios consumistas a expensas del pobre gordito, que no tenía culpa alguna.

De fondo, la espera por fin terminó. El dirigente anunció a los competidores, generando una enorme expectativa entre la audiencia, que respondió con gritos, vítores y aplausos. Los tres, que hace apenas unos instantes no podían parar de reír, se secaron las lágrimas, alzaron la mirada y dirigieron toda su atención hacia su nakama. 

El espectáculo comenzó, cada uno de los competidores realizó el primer movimiento en compañía de miles de miradas ajenas. La voz de Eros, entonces resonó, se encontraban juntos por lo que no era difícil para ninguno escucharle en medio del bullicio ajeno. “¿El novio de Tezca es un pervertido?” Fue lo primero que llamó su atención.



“¿Haki?”

Reaccionó a aquella palabra en compañía de Tezca, como si esa palabra le hubiera impactado profundamente y tuviera alguna idea de lo que el de cabellos azulados estaba hablando.



“Nah, no tengo idea, ¿Qué es el Haki?”

Rompió con la expectativa al dejar en claro que no tenía la menor idea del significado de la palabra o a qué se refería, sin apartar la mirada del enfrentamiento que se desarrollaba frente a sus ojos.



“¡VAMOS RUNIN ROMPELE SU MADRE EN TIRAS! ¡A LO BAJOS MUJER! ¡A LOS BAJOS!”

Al igual que el capitán de los Sepultura, también Ryota se dejaba llevar por el ambiente de la competición. Aunque no sería el único, Tezca no perdió tiempo en iniciar una serie de apuestas para hacer la espera más agradable. “Kekeke me gusta cómo piensas, te apuesto 5 mil berrys a que Runin pega primero, tu compañero de equipo sangra primero, Uker cae al suelo primero y desarman a tu novio primero.” Hizo sus apuestas sin apartar la vista de las peleas, apostando un total de 40 mil berrys. “Uhhh le entro a esa también, 50 mil berrys a que tu compañero es el primero en comer algo raro kekeke” De pronto, como si se tratara de algo que estuvo olvidando y que llegó de repente a su cabeza, Ryota giró hacia ambos costados viendo a las personas a su alrededor, como si estuviese buscando a alguien que faltaba.

Barald, Tezca, Tocho Morocho, Cardan, Toxzco…



“Oigan, ¿Y Yuuki?”

Pregunto al aire, sin ver a la Birkaniana por ningún lado.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#64
El hombre que iba junto a los Hanu Mahana se acercó para agradecer la invitación y presentarse. Me resultaba familiar, era una versión estilizada de uno de los miembros que nos había acompañado durante el camino a Shandora. Algo que destacó mi capitán. Sin embargo, aquel hombre debía pertenecer sin duda a aquella banda pirata, pues su actitud y personalidad empastaba a la perfección con aquel peculiar grupo. También se acercó el capitán, con su peculiar jerga. Supuse que vendría de un mar lejano, pues aquella coletilla que utilizaba no me resultaba familiar. Cuando hubo servido vino para sus compañeros, recuperé la botella.

—No hay de qué. Espero que disfrutéis del vino, ¿bro? —dije sin saber si hacía buen uso de aquella jerga.

Pese a la bebida, mi mente se mantenía en otros temas. El dirigente había aparecido nuevamente para dar comienzo a la segunda fase, no sin antes dar pasos a un hombre, Kuraku Natta, el cual descendió de los cielos —sí, eso es posible también en las islas del cielo —, para dar un emotivo discurso. Aquel hombre, con rasgos característicos similares a los del Mord Heras, tez oscura y alas negras, resultó ser un antiguo pirata. Uno que se decía lleno de rabia, pese a cuadrar poco con su actitud actual. Sus palabras me llevaron a una reflexión; tal vez había vida después de la piratería. Quizá, era posible navegar por todo el mundo bajo una bandera pirata, ser libre, ganar fama y recaudar tesoros y, finalmente, volver a una vida tranquila como explorador juntos a mis padres. Tan solo, debía  encontrarles, o tal vez, hacer que me encontrarán.

El presentador había tomado de nuevo la iniciativa para anunciar el combate. Uker lucharía formando pareja con Onizuka Jin, el mismo del que nos habían hablado Eros y Kiyoshi. El hombre que podía ver sin utilizar los ojos. Ese mismo que trabajaba para el afamado antiguo cazador de piratas Sohem. Con lo poco que sabía de él, me resultaba necesaria que fuese alguien temible. Caí en la cuenta de que varios nombres que había escuchado a mis compañeros estaban allí en los juegos. Ellos habían hecho un gran trabajo conociendo a los nombres relevantes de nuestro viaje. Yo, sin embargo... No sabía a qué había estado dedicando todo este tiempo.

El combate para mí amigo no sería nada fácil. Frente a ellos, estarían el hombre con la akuma no mi prehistórica y la mujer obscena de los Hanu Mahana, la que había ganado la prueba del coloso. Sin duda, dos oponentes de gran fuerza. Pero ahora Uker disponía de sus armas. Eso daría más opciones al cocinero. Los miembros de los Hanu Mahana se mostraron bastante confusos ante la pregunta de Eros. Haki. Ese extraño poder que permitía ver sin mirar. Aquella información, parecía reservada solo para unos pocos en aquel entonces. 

—Disculpen, caballeros, ¿están apostando? —di un salto y me situé junto a ellos, al no haber podido refrenar mi curiosidad—. Acepto la apuesta y además apuesto 10000 berries a qué Uker se alza con la victoria. Fue el más buscado del South Blue. No puedo fallar. 

Acababa de saldar una deuda anterior y ya había caído de nuevo. Sin embargo, está vez estaba más seguro de mi victoria. Uker tenía un gesto decidido. Los Sepultura aún estábamos en pie. Podríamos salir victoriosos de estos juegos. 

Fue entonces cuando miré a la arena. El compañero del cocinero había convertido una de sus manos en algo de aspecto lodoso. Tal vez barro o arcilla. Sin duda, era un usuario. Aquel material fue cubriendo a nuestro compañero casi por completo. ¿No sé suponía que eran compañeros?

—Eros. Kiyoshi. ¿No es ese el hombre del que nos hablasteis? ¿Está seguro Uker combatiendo a su lado?

Aguanta, Uker. Demuéstrales de qué están hechos los piratas de la Sepultura.



Antología
Emme's Codes

#65
— ¿Peligroso para Uker? No Varito, a ese tonto le ganaríamos con los ojos cerrados las veces que sean necesarias... Solo es molesto, y le gusta mostrarse mucho más peligroso de lo que es en realidad. No creo que sea mal tipo, intrínsicamente, solo es un tonto —La definición venía a pedir de boca.

El rubiecito que se presentó como Tezca verdaderamente hablaba mucho, Eros viró la mirada de un lado hacia otro para tomar otro trago de su vino. El rubor de sus mejillas delataban que, efectivamente, ya estaba más cerca del bando de los ebrios ruidosos que de los comedidos y recatados espectadores sobrios. — No... No entendí mucho, pero yo me llamo Eros —No entendía por qué el rubio maltrataba a su propio gemelo, y nakama ¿Pero que podía esperar de la pareja del yakuza pervertido? Dime con quien andas, y te diré quien eres dice el dicho. Suspiró recapitulando en las palabras que había oído previamente de mano de Kuraku.

El discurso del Lunarian que habló sobre las problemáticas sociales de la isla quizás hubiese sido algo que debería haber sido oído sin estar embriagándose, y arengando a su compañero cómo un adolescente ¿Pero que le podíamos hacer? Eros estaba con ambas manos en la espalda de un espectador frente a él sacudiéndolo nervioso mientras le gritaba a Uker todo lo que debería hacer. — ¡PATADA! ¡PUÑETAZO CON EL PIE! ¡CORTE! ¡CORTE MÁS FUERTE! ¡CORTE FUERTOTOTOTE! —El capitán estaba quizás más nervioso que el propio Uker por no poder saltar a la arena a defender a su compañero ¡El debería estar a su lado, no el pervertido de Inuzuka Jin! Entonces giró su mirada hacia el capitán de los Hanu Māhana ladeando la cabeza hacia un lado con cara de pocos amigos, se levantó de su asiento y comenzó a andar lentamente.

— Escúchame una cosa... —Exclamó con un tono firme antes de sentarse en la grada detrás de Ryota, quedando ligeramente por encima de él. — Ese hombre que está junto al pervertido, degenerado, débil, bueno para nada, molesto, pedante y oportunista de Inuzuka Jin es un buen hombre... Pero tu chica exuberante va con un compañero muy fuerte, y ella también es mucho que muy fuerte —Y vaya si lo sabía, le habían pasado el trapo en la prueba de fuerza. Entonces, Eros suspiró. — ¡SI NO ME HUBIESEN HECHO TRAMPA YO ESTARÍA ALLÍ! —Nadie le hizo trampa, pero el borracho lo atribuía como la única explicación posible para haber sido superado.

Su mente saltó como un disco de vinilo contra la púa, volviendo al punto en sí. — Ah, si, Haki. Es una trampa, digo un poder para hacer trampa... O bueno, debe ser legal, pero es como una energía extraña que te permite ver sin ver —Recordaba cómo Jin los pudo encontrar en el barco tras ocultarse, y cómo según sus propias palabras podía saber su posición bajo tierra. Era tanto un poder, cómo una forma de arte marcial entendía Eros, algo que se entrenaba. — El degenerado sabe Haki de fisgón, o algo así... Despues podrían preguntarle más —No recordaba exactamente la palabra, pero sabía que existía.

Y a medida que el combate seguía, más podía sentir una voz en su cabeza repitiéndole que él solo había tenido mala suerte. Que había sido el azar. La frustración lo hizo pensar en sus compañeros de equipo uno por uno ¿Qué sería de ellos ahora? ¿Estarían viendo la pelea también? ¡Podía comprobarlo! Tomó su Den den mushi, comenzando a marcar los números que la cantante de hebras como el sol le había dictado con anterioridad.

Biri biri biri biri

— ¿Hola Miyori? Soy Focalor, Eros Focalor ¿Estás viendo la pelea? Yo estoy viendo la pelea, ahí esta mi muchacho Uker mira... ¡SALUDA UKER! Estaba pensando y, y, y, y... —Era la primera vez que hablaba por Den den mushi, y la primera vez que hablaba por den den mushi en un estado de ebriedad. Sus palabras se notaban torpes. — Te prometo que no voy a volver a perder... Hic —Aclaró con convicción.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
#66
Tras intercambiar varias frases con Zhang, la birkiana subió varios peldaños más en busca de un rincón lo bastante amplio para que cupieran todos. De esta forma, tras subir varias filas, terminó topándose con el viejo mink quien parecía venir con un amigo y a quien, en un primer instante, no logró reconocer al no prestarle la suficiente atención.

—No hay de qué —respondió ella, acompañando las palabras con un mudo ademán de agradecimiento con la cabeza—. Fuiste tú quien dejó en mejor posición a los Mano Vacía —añadió con una leve sonrisa.

Fue entonces cuando su mirada se posó en el acompañante de Zhang para saludarlo a él también. Sin embargo, para su absoluta sorpresa, no era otro que el mismisimo Heras; sus ojos se abrieron de par en par y, durante un segundo, su mente pareció quedarse en blanco, incapaz de procesar el reencuentro.

—...¿Heras? —alcanzó a articular, tomaba su mano como buenamente podía y examinaba aquel rostro familiar.

Por suerte, el asombro duro poco y pronto pudo reaccionar dibujando en medio de su bronceada tez una sonrisa radiante y sincera que indicaba lo contenta que estaba de volver a verlo. De hecho, le apetecía enormemente volver a conversar con aquel lunarian que tan buena impresión le había dejado durante su estancia en los Blues, así que sin esperar mucho más, habló con su nakama para que liderara el camino hacia los asientos.

—Por supuesto, Zhang —dijo, siendo ahora a él a quien prestaba poca atención mientras le ofrecía una jarra de cerveza—. Allí hay sitio de sobra para nosotros.

Y con el mentón señaló una zona no muy lejana, a escasos diez pasos de donde se arremolinaba el variopinto grupo que había acompañado a Maki hasta Shandora junto a ellos.
Tras ello, y recordando que no compartía idioma con Heras, sonrió y le hizo un gesto para que cogiera una de aquellas jarras de cerveza.

«Al menos él sobrevivió», pensó. «No todos han muerto...»

Después, una vez hubo cumplido con el ritual de hospitalidad, permaneció un momento de pie, erigiéndose en una suerte de faro improvisado para Mahou, que aún no se había dejado ver... al igual que Yuuki. Así que, en un movimiento lento y casi desidioso, Bai echó una ojeada hacia el lugar donde viera por última vez a la otra birkiana, barrió las gradas con la vista y, finalmente, optó por reunirse con los dos hombres tras no encontrarla. Al fin y al cabo, ahora que lo pensaba bien, Mahou tenía el Den Den Mushi para dar con ellos en cuanto quisiera.

—Por cierto, he traido algo más de comer.

Ya acomodada en su asiento, Bai sacó la fruta que había comprado cuando volvía del baño. Sin embargo, al hacerlo, el pañuelo de Kiyoshi que llevaba guardado entre el cinturón y su ropa, cuidadosamente doblado para que no se perdiera, estuvo a punto de caer al suelo durante aquel brusco movimiento.

—Sujétamela, por favor, Heras —dijo, como si el muchacho pudiera entenderle mientras le tendía la jarra de cerveza y vino junto a la fruta.

Volvió a colocar el pañuelo en su sitio y le extendió la mano al lunarian para que le diera lo que ella creyó que era una jarra con agua. No obstante, tan pronto como la llevó a su nariz, el aroma la delató y Bai soltó una pequeña risotada ante su propia torpeza.

—¿Vino? —inquirió con complicidad a sus dos acompañantes, haciendo gala de esa vieja máxima de que el pan y el vino siempre se comparten.

—Por cierto, Zhang —comentó mientras le daba el primer trago a la bebida —Recuérdame que a la vuelta me acerque al joven tirador que estaba conmigo. Tengo algo que es suyo.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
#67
El apogeo del concierto, momento en el cual, empujado por la emoción de las masas, Enji había arrojado sus boxers al escenario, tristemente pasó. La canción, como todo en esta vida, tuvo su auge, su clímax, y posteriormente cayó hacia su final. El ritmo desaceleró, las revoluciones bajaron, todo parecía querer enfriarse pero entonces, otro sonido se alzó. El público, emocionado aún, bañó en aplausos, gritos y silbidos a los artistas. La celebración tomó el relevo y mantuvo esa atmósfera efervescente y febril durante unos segundos más. La madera de las tarimas vibró bajo los pies inquietos de cientos de lunarian, skypiean y byrkanianos, todos ellos motivados por la vibración de la guitarra y el violín que todavía les calentaba los huesos. El talento y la novedad se habían juntado en una mezcla explosiva. Los habitantes del cielo, con seguridad, recordarían por siempre aquella presentación.

—¡Shihahahaha! ¡Eso! ¡Genias! —El capitán de la octogésima división se gastaba las manos aplaudiendo, la garganta gritando y los pies golpeando el suelo de las gradas. Estar completamente desnudo parecía no molestarle en absoluto. Por el contrario, se sentía todavía más cómodo y seguro—. ¿Alguien grabó eso? —Estaba sonriendo, dichoso, feliz. La música siempre había sido un aliciente en su vida, un punto de apoyo y el hilo que unía varios de los momentos más importantes de su tierna juventud. Su cuerpo reaccionaba a los ritmos. Quería saltar, bullir, moverse con ellos, pero hacía mucho tiempo que dejó de lado esa parte de él, cuando el veneno entró en su vida y en su cabeza.

¿Quizá llegaba el momento de retomarla?

Finiquitado el show, los preparativos para la semifinal también habían concluído. El Dirigente regresó al foco de atención, cosa que para nada parecía molestarle, para explicar las normas del combate que se llevaría a cabo y dictaminaría al equipo que se enfrentaría al seis en la gran final.

—Ni lo menciones, Juancho. Todavía me debes la revancha. —Con las manos apoyadas en la baranda, Enji daba la espalda a toda la grada y, por supuesto, con ello les regalaba un vistazo de sus dos perfectamente formadas y pálidas nalgas—. Gané uno yo, ganaste uno tú… Tocará desempatar.

Juan mencionó el asunto de los deseos, cosa que lo agarró, literal y figuradamente, con los pantalones abajo. ¡Es cierto! El equipo ganador podía pedir un “deseo” al emperador del reino de los cielos. ¿Qué podía pedir él? ¿Dinero? ¡No! ¡Alguna de esas caracolas que reproducían sonido en las costas! ¿La oportunidad de darle una paliza al ángel que le golpeó la cara?

—Hmmm… —Apretó los labios y lo meditó largos segundos, mientras, de fondo, un lunarian aparentemente muy famoso y querido en esas tierras dedicaba unas palabras al público—. No lo sé. Lo pensaré cuando hayamos ganado.

Se encogió de hombros, restándole importancia. No tenía sentido pensar en una recompensa cuando todavía no estaban en la final. En su lugar, prestó mayor atención al discurso del lunarian, Kuraku Natta, quien no paraba de hablar sobre diferencias sociales, discriminación y progreso. ¿También había esos problemas en el paraíso de los cielos? Que decepción, pensó. Ni teniendo alas se salvaban de ser imbéciles.

Tras el emotivo discurso, finalmente dio inicio la semifinal.

—Pff, ¿lento? —replicó Enji, un segundo después de que Ubbe se abalanzara sobre Jin a una velocidad absurda, una que siquiera pudo seguir con la vista—. ¡¿Llamas a eso lento, Juancho?! ¡DALE, UBBE! ¡PEGALE CON LA COLA! ¡O CON LAS PELOTAS, PERO PEGALE!

El combate había comenzado y la euforia crecía en su cuerpo. Ubbe era su apuesta, el caballo ganador. La chica que lo estaba acompañando, sin embargo, no se quedaba atrás. Enji apretó los dientes y los ojos, todo el gesto, cuando en el estadio se escuchó el sopapo que le acababan de meter a Rackham.

—Uish, mierda, eso tiene que picar… ¡Bien! ¡El que pega primero pega dos veces! —exclamó, para después voltearse hacia Juan y Akira—. ¿Vieron? Le acomodó todas las ideas de una sola vez. ¿Cómo se mueve tan rápido cargando ese par? Que mujer… 

Estaba muy entusiasmado. Sin embargo, le puso una pausa a su diversión al reparar en la ausencia de alguien.

[Imagen: OnDuGYz.jpeg]

—Eh, ¿y Masami?

El último miembro de su grupo estaba tardando demasiado en alcanzarlos, se percató de ello y su rostro formó una mueca de sospecha.

—¡Masamiii! —llamó—. ¿Dónde se metió?

off
#68
El combate inicia y, por mucho que esté bebiendo, la atención de Kiyoshi se centra en la arena. En el fondo, quiere que gane Uker, pero que pierda Jin… Tampoco le gustaría que gane la mujer obscena de los Juanita Mariana… — Mierda, supongo que deberé desearle suerte al tonto de Jin. — Con botella en mano, va bebiendo conforme todo avanza. Tal como a Eros, a Kiyoshi también le sorprende la peculiar habilidad que muestra el Yakuza. — Tienes razón. Peleé con él en el pasado y nunca hizo algo como eso, incluso estando cerca de morir. Parece que ese tonto no ha estado perdiendo el tiempo. — Muchas palabras ocurren mientras Jin busca absorber al cocinero, para que tengamos en cuenta lo lento que es.

— ¿Se lo tragará? ¿Acaso busca traicionarlo? — No, no tendría sentido. Ni Jin buscaría perder a propósito en un evento como este. Lo que sí le sorprende con total seguridad es que Uker se esté dejando. ¿Acaso no fue él quien aseveró odiar de sobremanera al Onizuka? Kiyoshi aún recuerda que tuvo que esforzarse en convencerlo de que no debían atacarlo por haber entablado un pacto de no agresión. Si a esto le sumamos el estado mental del médico que no deja de decaer producto del alcohol, las conclusiones que comienza a sacar son más rápidas y locas. — ¿No me digas que todo era una tapadera y… no es Eros el amante de Jin, sino Uker? — Increíble.

Sus orbes también se fijan en Ubbe, el hombre cuya transformación más llamó su atención durante las pruebas. Esto debido a la gran diferencia que hay entre él y Eros transformado en topo. Son como el cielo y el mar, muy lejos el uno del otro. — No te distraigas, tonto, o no verás nada. — Palabras dichas a su capitán, sobre todo el percatarse de la velocidad de los oponentes de Uker. Ambos se lanzaron como si no existiese un mañana para así desmenuzar cualquier estrategia que pudiera tener el enemigo.

Durante breves segundos, Kiyoshi intenta predecir, aplicar lógica, analizar, pensar qué haría él en esa situación… Pero no tiene ningún sentido. Cada cinco segundos, vino de la botella que porta en sus manos entra al cuerpo y le impide pensar con claridad. Por lo mismo, tomarse tan en serio el combate frente a él no tiene gracia. Solo le queda algo por hacer.

— ¡DALE, UKER, LIMPIA A ESA SUCIA MUJER! ¿QUÉ ESTÁS ESPERANDO?

Ella derrotó a Eros. Lo humilló. Lo dejó en el suelo. Le demostró que era malo en lo único que destaca, que es dar puñetazos. No puede derribar a otro sepultura o quedarían domados por toda la eternidad. No, no, eso no puede pasar. — ¡SOLO ATACA!

Siendo sinceros, no le gustó la supuesta estrategia de esconderse dentro de Jin, aunque sigue sin entender cómo lo estaban intentando hacer. El topo mencionó algo sobre Akuma no Mi y algo, pero la verdad es que, por mucho que Kiyoshi sea un usuario de fruta, no sabe tanto del tema.

Por si fuera peor, Eros, en vez de ver el combate de su compañero y darle ánimos, se pone a llamar por Den Den Mushi. ¿Qué mierda le pasa? Para este punto, la botella de vino de Kiyoshi ya está terminada, por lo que simplemente la deja caer a sus pies. Acto seguido, el puño derecho se mueve desde lo alto para rodear desde atrás al capitán y darle un golpe en el cráneo, buscando empujar su cabeza hacia el frente y, si es posible, tirar el dispositivo de comunicación. — ¿Qué haces, tonto? Concéntrate en la pelea. ¿A quién se supone que estás llamando? — Es más, intenta quitarle el Den Den Mushi para así mandar un mensaje al otro lado de la línea. — Quien quiera que seas, deja de molestar y ve a lavarte las manos, sucio. — Por supuesto, habla en masculino, pues desconoce que es una mujer a la que ha llamado Eros.

Lávense las manos
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#69

Aquella conversación parecía poner a prueba el intelecto del azabache, delatando en ciertos aspectos la diferencia de rangos que había entre ambos marines de una forma que Kael detectaría, tal vez por costumbre o simple perplejidad, que no mostraría en ningún solo aspecto de su semblante o su postura. El comandante estaba interesado, sí, pero al mismo tiempo dejaba en duda ciertos aspectos de la conversación que por alguna razón buscaba hacerle pensar, en lugar de mantener una comunicación clara y directa con aquel con el que mantiene aquella pequeña charla cuasi informal. Aquello podía tener sus desventajas, pero...

Le gustaba por fin tener a alguien que pudiera darle una verdadera conversación.

A tan solo un paso llegó a encontrarse antes de interrumpir al de cabello rubio al mencionar la veracidad de los piratas, pero por supuesto, contuvo por un momento la posibilidad de añadir ningún comentario, entretenido por la idea de seguir conociendo su opinión al respecto. La acusación de Stroud arrancó de él una sonrisa casi imperceptible, más cercana a la diversión que a la ofensa, ya que, después de todo, él ya había imaginado una idea como esa por parte de su contrario.

—No me fío de los piratas, comandante. Me fío de sus intereses.—Desvió la mirada hacia la arena mientras continuaba por tan solo un momento, buscando...—Unos criminales como ellos pueden mentir por orgullo, por miedo o por codicia, pero incluso una mentira entrega mucho de quien la cuenta. Los criminales rara vez entienden el valor de la información que poseen, y menos unos piratas. A ellos tan solo les gusta presumir, intimidar o, tal vez para justificarse sus crímenes a ellos mismos y los que les escuchan.—Negarles la capacidad de razonar sería un error, pero asumir que comprenden el alcance de todo cuanto dicen... sería uno aún más grave.—Lo importante no es creerles... sino comprender por qué han decidido decir exactamente eso. ¿Qué es lo que nos están diciendo? ¿Que tanto es una realidad, y cuanto es simple y puro cuento? Nosotros, los Marines, no podemos permitirnos despreciar ninguna información únicamente por la boca de la que procede, porque como ya he dicho...incluso una mentira bien construida contiene una verdad.

Aquella faceta de sí mismo, ese entretenido debate interno era una de las razones principales por las que llevaba semanas interesado en conocer a un hombre como él. No se trataba tan solo de un comandante titulado por la suerte de su nacimiento. Con aquella sencilla conversación, estaba a años luz de distancia con lo que había entendido hasta ahora del capitán, aquel que portaba el mayor rango en todos los miembros de la marina allí presentes. Aquel hombre podía no haber dicho ni una sola palabra al respecto, pero a Kael le había quedado en claro que ese hombre apuntaba a lo más alto de la marina.

Preguntas suscitarían su mente alrededor de lo que ese hombre podía llegar a lograr. ¿Se convertiría en un aliado en su empresa, un escalón por el que finalmente comenzar a ascender...

o un bastión frente a su camino?
"Figúrese que le digo lo que intuye que opino"

Una respuesta arriesgada para el receptor equivocado. Asumir respuestas ponía a prueba una vez más sus capacidades de entendimiento, buscando con ello entender rápidamente el tipo de mentalidad que gustaba demostrar el joven Nanashi, una apariencia en cierto sentido modélica, pero con ciertos aspectos...que le separan de cualquier otro marine que hasta la fecha hubiese conocido. Un respiro de aire fresco en un ambiente cargado de jovialidad innecesaria.

¿quién cree que apoyaría una decisión así?

Una pregunta amarga con una respuesta de igual sabor, cargada de toques ácidos los cuales odia tener que saborear. Una ironía viniendo de alguien que ha perdido todo sentido del gusto por la comida.

—Muy pocos, siendo generosos.—A pesar de la indiferencia en su voz, no vaciló entregando aquella respuesta.—Y posiblemente ninguno con la autoridad para hacer que suceda. Aquellos que gobiernan nunca alimentan las llamas del cambio sobre los cimientos donde ellos mismos se sostienen. Si ese cambio no beneficia a sus intereses, apagarán la llama mucho antes de que llegue tan siquiera a prender.—Sus ojos se detuvieron sobre la figura de Kuraku. Para el pueblo era un salvador; para la Marina, probablemente, un hombre incómodo. Para Kael...sencillamente, un revolucionario. No por el ideal que lo llevase a hacer un cambio, sino porque había decidido derribar un sistema incapaz de corregirse por sí mismo.—Son muy pocos quienes reúnen el valor para actuar, y menos aún quienes poseen los medios para convertir ese valor en un cambio real...pero ni siquiera ellos tienen garantizada la victoria.
 
Incluso él mismo llegó a sorprenderse con su propia respuesta. En su interior, se estaba extralimitando, saliendo de su zona de confort en una conversación con una persona de mucho mayor rango al suyo, y que claramente lo estaba poniendo a prueba. En un segundo instante decidió jugar a su juego para tratar de poner a prueba su propia mente, pero ahora...

Ahora se estaba divirtiendo.

—Los cambios nunca los inicia una mayoría, comandante. Las mayorías solo deciden, con el tiempo, si aquel que actuó fue un héroe... o un criminal.

Pero el intercambio, sin embargo, no tendría ocasión de seguir prolongándose. Este, sin embargo, no fue necesariamente el final de la conversación, sino más bien el retraso de la misma, procesada por un grito que a sus oídos llegó de una entidad totalmente inesperada. 

¡¡TÚ, PEDAZO DE GILIPOLLAS, ¿NO VES QUE ESTOY LIGANDO O QUÉ?!!

Aquel grito brusco y enfermizo atrajo la atención del soldado de la marina, interesado por la criatura que había entregado semejante berrido al cielo, atrayendo cómo mínimo, la mirada de alguien que jamás hubiese pensado en dirigir su vista hacia atrás en un momento como ese.

Era Sigurd.

Ese hombre lleva acechando sus pensamientos mucho antes de encontrarlo en aquella isla por encima de las nubes, y aunque no puede negarle cierto grado de "agradecimiento" por su indirecta labor a la marina, seguía siendo un pirata que debía ser llevado entre las rejas más solitarias y frías de todo Impel Down tarde o temprano.

"Espera...¡¿Nyra?!" 

Colocó la mano sobre el asiento mientras procedía a levantarse rápidamente.

Un error. 

Aquel hombre no había mostrado en ni un solo instante un interés por hacer gala de su sobrenombre como carnicero de Whisky Peak, y por su berrido casi ininteligible, había dejado sin embargo claro que Nyra no había buscado una conversación con aquel sujeto, sino que se había acercado hasta ella por puro interés mundano, algo a lo que su división, desgraciadamente, estaba catastróficamente acostumbrado.
Sigurd descendía ya por las gradas tras despedirse de ella con aquella desvergüenza que parecía acompañarlo incluso al marcharse. Nyra, lejos de mostrar incomodidad alguna, respondió al gesto con una sonrisa educada antes de emprender el camino de vuelta.

Sin duda, aquella chica tenía una facilidad pasmosa para sorprenderlo, aunque no necesariamente de una forma positiva en todas las ocasiones. 

Volvió a tomar asiento con serenidad, como si aquel movimiento no hubiera sido más que una necesidad pasajera. Sus ojos, sin embargo, continuaron siguiendo durante unos instantes la figura del gigantesco pirata hasta perderla entre el gentío. 


—Curioso sujeto...—De haber tenido la capacidad para hacerlo, posiblemente aquellas palabras hubiesen quedado en un murmuro.—Creí que el carnicero de Whisky Peak sería un hombre mucho más predecible. Los hombres como él suelen llamar la atención por la fuerza y nada más, pero tengo la sensación de que a pesar de su apariencia tiene cierto grado de utilidad informativa, al menos para alguien como yo.—Devolvió la mirada a su interlocutor, esperando en su impasible forma de mostrarse hacia el contrario cierta curiosidad por lo que estaba por comentarle.—Un pirata de ese calibre no sobrevive al Grand Line únicamente por blandir bien un arma. Ha debido de ver demasiadas cosas, tratado con demasiada gente y pisado demasiados lugares como para que todo lo que sabe muera el día que alguien decida ponerle unas esposas.—Por supuesto, corrigió su explicación antes de llevarla a un malentendido.—No digo que sea un hombre sabio, pero su sed de sangre no es lo único que lo ha llevado a estar hoy aquí...y quiero saber que le ha permitido llegar hasta este lugar.

No tardó demasiado en notar una presencia conocida, comprobando tras devolver la mirada como Nyra había llegado hasta donde ahora ellos se encontraban. Ella era una compañía que cortaba de cuajo todo el flujo de la conversación entre ambos marines, y con ello, le permitía tomar el descanso que podría necesitar para terminar de aclarar los pensamientos que habían nacido nuevos a partir de aquella conversación.  

—Has llegado justo a tiempo.—Desvió sus ojos hacia el Bucaneer en un gesto pronunciado, suficiente para que si ella decidía seguirlo, pudiese detectar fácilmente hacia donde dirigía su mirada.—Parece que has hecho un conocido...extremadamente peculiar. ¿Qué impresión te ha dado? 

Dejó que su nueva interlocutora hiciera algún comentario que, como esperaba de ella, mostrase cierta inocencia en un ámbito que podría ser más productivo para los marines. Un pequeño prejuicio con algo de inocencia, y un pequeño incentivo para lo que estaba por entregarle a continuación.

—Tengo la sensación de que hoy más de uno está resultando... distinto de lo que aparentaba al principio. ¿No creéis? Es algo que poco a poco empieza a llamar mi atención. Al final, parece que como ha dicho, comandante, aún nos falta una pieza clave en todo esto. 

máscara del momento
[Imagen: jGxJg3p.png]
#70
Tras haberse acabado la cerveza que la tal Maki le había entregado, Kibai pensó en buscar otra, pero desechó la idea, al menos por el momento. Si bien aquella bebida le resultaba refrescante y agradable al paladar, no dejaba de ser una bebida alchólica, y aunque toda a quella situación invitaba a la fiesta y al jolgorio más que a permaneer en alerta constanta, y más aún tras el mensaje clarificador que les había dado el Custodio, el min aún no se sentía cómodo del todo dejando que sus sentidos se abotargasen. De modo que, echando mano de su propia cantimplora, bebió varios tragos de agua cómodamente recostado en su asiento mientras escuchaba la amena música que el grupo traído por el Emperador tocaba, acompañado por la propia maki y una joven pelirroja al violín.

En ese instante, un olor que le resultaba familiar llegó a sus fosas nasales, una mezcla de olor a humano con algo más. Casi al mismo tiempo una voz sonó a su espalda.

— Señor, se puede mover… quiero sentarme aquí… por favor —

El mink resistió la tentación de poner los ojos en blanco mientras se daba la vuelta para encontrarse de cara con María Merlot. La estrafalaria, ya todas luces igual de loca semisirena le miró a los ojos y al fin pareció hacer la conexión, cosa que sorprendió a Kibai, teniendo en cuenta que la primera vez que había visto a aquella joven se encontraba organizando un divorcio de dos pimenteros en una tienda mientras un desgraciado trataba de abusar de ella. En esta ocasión lucía un color de pelo rosa chicle adornado con una corona dorada, bastante diferente al celeste con el que la hbaía conocido, y se vestía con un vaporoso conjunto púrpura y dorado que dejaba bastante poco a la imaginación y arrancaba alguna que otra mirada de entre el público. MM comenzó a parlotear de inmediato con su agotadora cadencia habitual, pero el mink ya sabía a qué atenerse. En medio de una de las frases acerca de a saber qué comparación entre un leopardo y una cebra, Kibai cerró ambos brazos sobre la espalda de la joven, cortando el flujo interminable de palabras saliendo de su boca al pegar la cara de MM contra su pecho.

— Yo también me alegro mucho de verte MM, hace mucho tiempo desde Whiskey Peak, en efecto, te veo bien, eso me tranquiliza. Qué te has hecho en el pelo? Y si, he visto tu carrera, impresionante, casi diría que serías capaz de dejarme atrás si quisiera darte caza. — le dijo rascádole suavemente la parte de arriba de la cabeza. — Algún día tendremos que echar una carrera, aunque tendrás que esconderte primero o no tendrá gracia.

Soltando a la joven semisirena, Kibai la dejó pasar y proseguir con su inacabable conversación con el aire y cualquiera que lo respirase, antes de esta se girase hacia el joven vestido con una túnica y el cabello del mismo color rosa que la acompañaba.

— Te dejo con Kiwi el mejor gatito que he conocido.

— La mato, yo la mato... — pensó el mink notando como las garras de la mano derecha le picaban, pugnando por salir, pero se forzó a respirar hondo y relajarse. Al fin y al cabo, estaban en territorio de uno de los Sichibukais, y habían dicho que nada de hostilidades, y tampoco era cuestión de empezarlas él por aquello. Tomando asiento de nuevo, contempló el concierto mientras el joven se sentaba cerca de él.

Este, que cubría la mayor parte de su rostro con un velo que solo apartaba para darle tragos a su propia jarra de cerveza intercaló sus ojos con los esmeralda de Kibai antes de darse cuenta de que lo habían dejado relamente solo y tratar de llamar la anteción, gritando a MM por un extraño apodo.

— En realidad, debería ser solamente semi-sirena no, Hyákinthos? — preguntó el mink recalcando el nombre que ya conocía, tanto por los carteles como por el propio anuncio de El Dirigente en las pruebas, a la vez que esbozaba una sonrisa que dejaba ver a la perfección sus colmillos. — María siempre ha tenido demasiada tendencia al caos totalmente desorganizado. Por cierto, ese velo no te da demasiado calor? No te preocupes, podría localizarte con los ojos cerrados gracias a toda esa menta que consumes, así que ver tu cara no cambiará mucho, pero no debes de preocuparte, estamos en las tierras de su Excelencia el Emperador Zarutsuki, diría que es casi un llamado a la cordialidad para todas las partes. Creo que deberíamos tomarlo como un regalo, no crees? Una ocasión única e irrepetible en la que todos podremos beber y festejar tranquilamente sin la tentación de arrancarnos las amígadalas de cuajo los unos a los otros...

Elevando su cantimplora hacia el gran zigurat dorado que presidía la arena, Kibai dio un nuevo trago al recipiente mientras el concierto llegaba a su fin. Imitando al joven de pelo rosado, el mink se puso en pie, dedicando un cortés pero sonoro aplauso hacia todos los músicos intervinientes. Sin lugar a dudas había sido una actuación excepcional. La joven pelirroja también debía de ser conocida de Hyákinthos, pues se acercó a ellos firmemente agarrada de Maki. Al parecer esta última la había invitado a unirse a su tripulación de piratas. Una auténtica lástima, aquella joven parecía tan inocente... Un rostro angelical enmarcado por una cabellera de color naranja, y un mote de Melones que, siendo totalmente honesto consigo mismo, Kibai pensó que le venía al pelo. Una brisa empujó el aire a traves del cabello de la joven en su dirección, inundando al mink con un fresco y cítrico aroma a naranja. Con una media sonrisa, recordó a otra joven pelirroja con la que había compartido algunas frutas, bastante tiempo atrás. Se preguntó momentáneamente qué habría sido de ella y si habría logrado entrar en la Marina como era su deseo, pero fue rapidamente sacado de sus pensamientos por el alboroto que estaba ocurriendo a su lado. Al parecer, su improvisado compañero no estaba muy de acuerdo con aquella decisión, pues incluso venció su reticencia a hablarle cuando recibió la noticia.

— ...no podemos aceptar a alguien, así como así… ¿No es así, marine? ¿Acaso aceptarían a alguien en su división sin siquiera conocerlo de nada? Porque yo creo que no…

— Pues te equivocarias. — respondió Kibai recordando su propio reclutamiento. — Yo apenas conocía a mis compañeros cuando me nombraron chef y explorador de mi División. Y a otro de mis compañeros apenas lo conocí me enfrenté a él en combate, y después hemos seguido siendo compañeros tan tranquilamente.  Así que mi consejo, totalmente extraoficial y que solo diré en esta isla, es que si todos os necesitáis, continuéis juntos.

Mientras hablaban, captó a su espalda un nuevo aroma, esta vez bastante más familiar, el de Moja. Girándose levemente, vio como el mink pantera se sentaba un par de gradas por encima de él. Arqueando las cejas en un sincerísimo gesto de sorpresa, Kibai escuchó como Moja le soltaba la frase más larga que le había oído decir nunca. La reacción no hubiese sido más extraña que si Stroud se hubiese puesto a bailar la conga agitando las maracas de Masami. De un salto, Kibai sobrepasó las gradas, ignorando los comentarios de sus ocupantes, para dejarse caer suavemente al lado de Moja.

— Aquí tienes compañero, después de semejante discurso, tienes que estar seco. — le dijo con una amplia sonrisa ofreciéndole la cantimplora. Acto seguido, hizo un gesto hacia la arena, a la vez que escuchaba a un claramente embriagado Eros gritar obscenidades hacia su compañero de tripulación. — No subestimes nunca una Akuma no mi. Ese tío es Jin Inuzuka, estuvo en Little Garden cuando Sohem apareció, y al parecer lo ha acogido bajo su ala. En ese entonces no parecía tener esas habilidades, así que si las ha conseguido después a buen seguro serán algo bastante potent...

Las palabras de Kibai murieron en su garganta cuando Inuzuka desenvainó su arma. El mink se puso en pie, entrecerrando los ojos.

— Esa espada... No sé de dónde cojones ha sacado ese malnacido algo como eso, Moja, pero te aseguro que no es un arma corriente.

Su propia mano estaba apretada sobre el pomo de Raimei, y todo su cuerpo se tensaba con la emoción que solo un espadachín podría entender. Aquello podría darle una idea del nivel de varios formidables oponentes, ya fuese en aquella isal o en algún futuro. Estaba ese Jin, Maki,también claro, Uker de los Sepultura, Barald, que había sido eliminado junto al propio Kibai en la prueba del bastión... Y Bai, por supuesto. Sin duda una buena lista de emocionantes duelos se abría ante él. Mientras tanto, el combate continuaba desarrollándose y prometía ser increíble, de modo que el mink chasqueó los dedos hacia unos de los vendedores, le alargó una de las jarras de cerveza a Moja por si continuaba sintiéndose igual de parlanchín y se aprestó a seguir viendo el espectáculo.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 12 invitado(s)