[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#71
Aquella mujer de personalidad audaz y presencia imponente hizo que el avanzar entre la multitud resultara mucho más sencillo, su manera de moverse entre las gradas y abrirse paso entre los espectadores parecía natural para ella, como si aquel lugar no tuviera ningún obstáculo fuese capaz de detenerla, continué a su lado hasta que finalmente logramos llegar al sitio donde se encontraba Hyák, sentado junto a varias personas, entre ellas había un mink con características de leopardo.

Me acerqué con tranquilidad y dirigí mi atención hacia el mink — Un placer, Miyori Hoshino. — me presenté acompañando mis palabras con una ligera inclinación de cabeza como saludo cordial y una sonrisa amable, y después de aquel gesto mi mirada se desplazó hacia el joven de cabello rosado que se encontraba junto a él.

Hyák parecía genuinamente sorprendido por el anuncio de Maki, mientras yo escuchaba con atención la conversación que ambos mantenían, su expresión cambiaba ligeramente con cada palabra, tal situación me hizo sonreír con resignación algo incómoda, especialmente porque el tema de la charla terminaba centrándose en mí.

— Sí, soy navegante, mi familia es pesquera por lo que saber dominar un navío es algo que llevamos en la sangre. — Respondí en lo que me sentaba al lado del joven de cabellos rosados y ojos dorados. —- Ya nos habíamos conocido antes, Hyák, pero en todo caso… Soy de Baterilla, soy artista, amante de la música, dominó el arco, ¿Qué más?...

¿Qué más podría servirle a ellos?, ¿Qué es lo que me hace útil?... ¿Solo navegar? 

— Lo cierto es que soy muy torpe para todo. — Admití con una sonrisa tímida reconociendo mis defectos internamente — Pero siempre doy lo mejor de mí, ¿eso vale?.

Negué suavemente con la cabeza cuando me ofrecieron beber algo, por el momento prefería mantenerme al margen de la euforia colectiva que envolvía al público, no tenía ninguna intención de convertirme en la protagonista de una anécdota vergonzosa. 

— ¿No estaba Merlot contigo? — pregunté con cierta curiosidad, inclinando ligeramente la cabeza para después desviar mi mirada hacia las gradas, comencé a buscar entre la multitud la figura de la hermosa sirena pero tal misión resultaba casi imposible puesto que los aplausos eran ensordecedores, los gritos de emoción y las personas que se levantaban constantemente de sus lugares creaban un ambiente caótico que impedía distinguir con claridad a alguien conocido. — No la he visto desde su aparición en la arena…

De pronto la voz de Maki logró sacarme de mis pensamientos, al dirigir mi mirada hacia ella, la encontré completamente entregada a la emoción del momento, animando con entusiasmo a quienes participaban en la arena, ella estaba tan concentrada en apoyarles que prácticamente se no se daba cuenta lo cuán inclinada estaba sobre la baranda que me alarmó de inmediato — ¡Maki, no te acerques tanto a la baranda, podrías caerte! — le llamé desde mi asiento con un tono de preocupación.

Finalmente mi atención cayó sobre la arena de combate, observando detenidamente a todos los participantes de aquella semifinal de los juegos.

— Es el chico cocinero, Ubbe, Jin… — reconocía uno a uno, y me enfoqué ahora en una dama de despampanante belleza y atributos femeninos, a ella no la conocía pero sabía que era una mujer fuerte, no por nada ella había destacado en la prueba de fuerza. —- De verdad que han quedado personas muy fuertes a la final, ¿no?

Pere Pere Pere Pere

Un sonido se hizo presente y se escuchaba proviniente del estuche de mi violín, tal sonido logró distraerme, al principio pensé que se trataba de alguna vibración extraña entre mis pertenencias pero al tomarlo y revisar sus compartimentos encontré el origen de aquel timbre, un pequeño caracol que anunciaba una llamada en tonalidades purpuras. 

— Disculpen, debo contestar… — les indiqué con una pequeña sonrisa, procurando no interrumpir la conversación que mantenían. Me giré ligeramente hacia un costado, buscando un poco de privacidad sin alejarme demasiado, y tomé el interfono del caracol. — ¿Hola?

Lo siguiente que escuché al otro lado del Den Den Mushi me hizo parpadear varias veces, la persona que me estaba contactando era aquel chico sepulturero, hablaba algo rápido por lo que no le respondí de inmediato, permanecí en silencio mientras esperaba a que terminara de hablar, prestando atención no solo a sus palabras sino también a la forma en que las decía, había cierto nerviosismo en su voz ¿Quizás era alguien tímido al tratar con otras personas?

No lograba comprender del todo qué estaba ocurriendo, sin darme cuenta y por inercia... elevé la mirada hacia la arena buscando entre los participantes alguna señal de Uker cuando dijo su nombre en el comunicador y después mis ojos recorrieron las gradas entre la multitud, intentando encontrar la presencia de Eros. ¿Desde dónde me estaría llamando?

“Te prometo que no voy a volver a perder” 

¿Una promesa?, sus últimas palabras habían tenido un significado completamente distinto, a pesar de mi desconcierto poco a poco comencé a reflexionar sobre sus acciones, intentando aquella determinación, ¿Acaso se sentía culpable por haber perdido?

Recordé incluso cómo se había disculpado conmigo, cuando estuvimos en el cubículo, la forma en que parecía cargar con aquella derrota, quizás para él no se trataba solamente de haber perdido un enfrentamiento, y aun sin comprender del todo sus motivos aquella promesa consiguió hacerme sonreír dulcemente

— Estoy segura que así será, ganarás. 

“Quien quiera que seas, deja de molestar y ve a lavarte las manos, sucio” 

— ¿Eeh? ¿Lavar mis manos?... —- Ahora estaba más confundida que nunca, incluso guardé silencio por largo rato esperando por una respuesta durante ese tiempo pero estaba segura que esa voz era de otra persona, y también me era familiar.— ¿Dónde estás, Eros?, iré a verte… —Tras eso colgué el Den Den Mushi y me puse en pie.

—- Vuelvo enseguida, solo quiero asegurarme que el chico sepulturero se encuentre bien, parece desanimado por haber perdido. — expliqué mientras tomaba camino de nuevo entre la multitud, nuevamente en travesía por las gradas, al mismo tiempo que también búscaba con la mirada en el ambiente en busca de María. 

Fue entonces cuando a lo lejos distinguí al joven de pelo azulado, se encontraba acompañado por sus tripulantes y algunas personas más, todos ellos pendientes del espectáculo que se desarrollaba en la arena, al acercarme cada vez más reduje el paso hasta detenerme a unos metros de ellos, había algo particularmente efusivo en su comportamiento, no tardé en encontrar la explicación… botellas vacías y las jarras que los rodeaban hablaban por sí solas.

Estaban ebrios.

— Parece que están muy animados… — comenté con una pequeña sonrisa mientras terminaba de acortar la distancia, con tranquilidad, fui reconociendo algunos rostros entre el grupo y a medida que nuestras miradas se cruzaban les dedicaba a cada uno una sonrisa cordial.

— ¿Entonces me preocupé en vano?, me alegra saber que fue así. — Cuestioné a quién me había hecho la llamada, y seguidamente mi mirada se posó sobre el chico de las burbujas, ¿Fue él quien me dijo sucia?

—- Lamento si soy inoportuna… permítanme presentarme, soy Miyori.



Amphitrite Toca la Canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#72
Maki ahí apoyando a los guerreros, sentía las miradas de odio de ciertos marines, sobre todo de un Mink, un leopardo o algo así, para ella existían tres clases de Mink: los gatos, los perros y los que aún no decidían qué querían ser. No entendía por qué todos insistían en ponerles nombres distintos. Leopardo, tigre, lince... eran gatos con diferente presupuesto. Aunque recordaba al burro que acompañaba a la Musa de Bronce y seguía sin estar del todo segura de que aquel mono hablara de verdad. Quizá todos los monos hablaban y simplemente nadie les hacía suficiente caso. Era una posibilidad perfectamente razonable. Aparte también noto las miradas de algunos de los presentes ya conocía esas caras. Primero venían el asco, luego el miedo, después las ganas de hacer preguntas muy incómodas. Afortunadamente casi siempre se les quitaban las ganas cuando ella sonreía o les lanzaba una mordida

Comprendía perfectamente esas miradas. Primero descubrían que las marcas no eran tatuajes. Después empezaban a imaginar crímenes. Era curioso. Nadie suponía nunca que simplemente había tenido muy mala suerte. Sus pensamientos entonces se volvían ariscos y deseosos de apuñalar, pero ahora en este preciso momento entre la emoción y la bebida no podía importarle menos. Durante años esas miradas siempre terminaban igual, alguien decía algo, ella respondía peor y acababan a puñetazos, ahora mismo su mente, sus ojos, sus oídos dejaban escapar las voces, podía escuchar a la naranjita hablándole que no se cayera al escenario, pero no podía evitar emocionarse con la furia del combate. Había demasiados pájaros. Palomas, halcones, águilas... para ella todos entraban en la categoría "Pollos algunos con licencia para volar" Como la Musa de Bronce y la otra Musa… donde se habrá ido esa hermosa pelirosada? La que estaba con Uker antes?.

El combate parecía algo fuera de su comprensión. El asalariado usaba barro, se convertía en barro, como ella en iguana, y el gigantesco ser, el Chocoboy podía ver como con su enormidad intentaba contenerlo entre sus dedos. El barro fluía, pero se escapaba, parecía una tarea titánica pero no imposible. Podía ver la cinta de su brazo aun aguantando ahí… Maki sintió que el calor se subía a la garganta… que se le salía por la boca que algo se le colaba entre los huesos y los sentimientos parecían aflorar solos. —ADELANTE CHOCOAMAZONA DALE CON TODO DESTAPALE LOS SESOS — Dijo con toda su energía sin despegar su vista del par chocolatoso pero inmediatamente después como dominada por una corriente eléctrica en la dirección contraria —NO TE DEJES UKER MATALA!!! DEJA A SUS HIJOS SIN SUMINISTRO DE LECHE CON CHOCOLATE!!— Intento apoyar a su ex amante, bueno... tampoco era personal. Simplemente le gustaba que ganara quien estuviera pegando más fuerte en ese preciso instante.

Cuando vio las acciones que vinieron después esta vez parecía decidida a meterse en la maldita arena. Intento levantar la pierna para pasarse, para ver mejor y mas cerca pero un par de alados se le acercaron mientras miraron a uno de los ángeles cerca… ella rugió queriendo ver mejor, que la dejasen, pero la gente la contuvo metiéndola de nuevo en las gradas. —SUÉLTENME!! Voy a ayudar!! No estorben a los profesionales pájaros hijos de puta!!…— Amenazo, pero la gente se reía de sus amenazas. El color esmeralda recorrió su cuerpo como si fuera una especie de resplandor, pero se contuvo mierda que difícil era no pelear cando la emoción te embarca. Respiro, conto hasta doce veces infinito y se calmó… bebió un trago mas de cerveza cuando vio al hombre de barro actuar de nuevo —PÉGALE VAMOS PÉGALE BOMBÓN DE CHOCOLATE QUIERO VERTE PARTIR ESPINAS!!! ¡¡Eso!! ¡¡Písale la cara!! ¡¡No sé si sirve, pero se ve increíble!!— grito con una voz un tanto más diferente de la habitual cargada de violencia y vandalismo contra los seres vivos. Esta era una voz más sensual, melodiosa y azucarada.

Y finalmente y sin asunto también apoyo al otro combatiente sin recordar quien era. —go dale… eso… sí. asalariado. Ve por un bono— miro alrededor, esto era. Era parte de todo lo que soñaba. Un coliseo de combate, un emperador, guardianes infranqueables, gente rompiéndose las espaldas, bastones de oro y plata y toda una afición detrás de ello, si todas las islas tuvieran un sitio donde pudieras beber cerveza mientras dos monstruos intentaban partirse por la mitad, el mundo sería bastante mejor. Pero claro debía correr mucho dinero detrás, pero lo que realmente valoraba ella de todo este modelo, era el honor. Que los luchadores ganaran renombre, que ganaran poder experiencia y habilidad que se convirtieran en leyendas como el que se había presentado recientemente dando inicio a los juegos, pero para que fuera tan eficaz, para que funcionara había algo que ella aun no podía imaginar. Y eso era ser tan fuerte por si sola como el jodido emperador de Skypea, Zarotsuki parecía estar en la cúspide del poder. Sentado en su trono como un verdadero dios mirando a hormigas pelearse por un poco de gloria. Eso… eso aun Maki no lo había contemplado. Ni lo contemplaría hasta muchos años después. Todavía no entendía que todo aquello no existía gracias al honor. Existía gracias al poder.


Play Me!
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#73
Cuando Kibai saltó el banco de madera y se dejó caer a su lado como si fuera lo más normal del mundo, ofreciéndole la cantimplora con esa sonrisa abierta, Moja se quedó parado un milisegundo. Agarró la botella de metal con la mano derecha, sopesándola. Le dio un trago largo, sintiendo el agua fresca bajarle por la garganta seca, y le devolvió el recipiente a Kibai con un asentimiento brusco de cabeza.

El mink guepardo se puso a hablarle de Jin Inuzuka, de Little Garden y de no sé qué historia sobre una espada especial que el yakuza acababa de desenvainar. Moja miró la jarra de cerveza que Kibai había pedido para él a un vendedor y, tras dudarlo un segundo, la tomó por el asa. La espuma le manchó un poco el hocico al darle un sorbo corto, amargo.

Por dentro, a Moja le estaba dando un vuelco el pecho. Sentía una presión extraña detrás de las orejas, esa misma sensación pesada que llevaba arrastrando desde hacía casi dos años. Se le vino a la cabeza, como un fogonazo doloroso y repentino, el recuerdo de Seraphine. Aquella skypiean de más de tres metros con sus alas blancas y su presencia imponente, la mujer de la que se había enamorado perdidamente allá en el South Blue... y cómo todo se había ido al garete cuando descubrió que era una revolucionaria. La traición le había rajado el alma, convirtiéndolo en un soldado huraño, reservado, que prefería no cruzar más de dos palabras con nadie para no volver a encariñarse ni sentirse vulnerado.

Pero joder, ya había pasado bastante tiempo. Estaba en Skypiea, rodeado de nubes y de marinos que, a su manera, estaban dando la cara por la institución. No podía quedarse encerrado en su propia concha de silencio para siempre. Si no empezaba a hablar con sus propios compañeros de división como Kibai, ¿con quién demonios lo iba a hacer?

Se reajustó la gorra blanca con un tironazo seco, carraspeando para aclararse la voz, que le sonó rasposa y torpe por la falta de uso en conversaciones largas. Se obligó a apretar las mandíbulas y soltar las palabras, aunque le costara un mundo mantener el hilo sin trabarse.

-Gracias por... por la bebida, Kibai- dijo Moja, mirando de reojo la jarra antes de volver a clavar sus ojos amarillos en la pista. -Y sobre esa espada... tienes razón. El brillo ese no es normal. Tiene aura de arma graduada o alguna mierda rara de artesanos del Mar Azul.-

Abajo, la pelea era un caos absoluto de barro, sangre y cortes a traición.

El yakuza del barro, Jin, intentó hacer una filigrana rara para asfixiar al dinosaurio Ubbe cubriéndole la cara, pero el buccaneer, en lugar de entrar en pánico, empezó a manotear la masa informe como un descosido, agarrando y apretando el barro contra su propio pecho gigante a pura fuerza bruta. Mientras tanto, Uker, el cocinero de los Sepultura que se había librado del barro tras los golpes de la chica Kuja, se lanzó como una exhalación a por Runin, encajándole dos tajos limpios: uno en el hombro y otro en la pierna que hicieron brotar la sangre a borbotones sobre la arena batida.

Moja dio otro sorbo a la cerveza, dejando escapar un bufido de aire caliente por la nariz. Apoyó los codos en las rodillas, forzándose a seguir hablando con Kibai, atropellándose un poco con los tiempos pero poniendo todo de su parte.

-Míralos... Menuda carnicería- masculló el mink pantera, señalando la pista con el cuello de la jarra. -La chica de las Kuja, la Runin esa... se ha confiado pero tiene un par de ovarios bien puestos. Le han metido dos tajos finos en la pierna y el hombro, la sangre le está chorreando hasta el tobillo y la tía ni se rinde ni pide auxilio. Ha saltado hacia atrás para armar la guardia otra vez.-

Moja hizo una pausa, tragando saliva y mirando a Kibai de reojo para comprobar si lo estaba escuchando, antes de continuar con la misma insistencia hosca:

-Y el gigante de los trescientos millones... el Ubbe ese. Se está peleando contra un charco. El Jin intenta ahogarlo y el tío lo abraza como si fuera un saco de patatas. Si la Kuja no aguantas unos segundos más a Uker, el del barro va a terminar desgastándolos a los dos. Qué forma más desordenada de pelear tienen los piratas, coño. Cero táctica, todo a base de dolor y rabia.-

Moja volvió a beber de la jarra, sintiendo que el pecho se le destensaba un poco tras soltar semejante parrafada. Le costaba la misma vida articular tantas frases seguidas, pero al menos estaba ahí, en el banco, compartiendo el análisis del combate con otro marine de la Sesenta en lugar de pudrirse a solas en su propia amargura.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
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#74
—¿A que sí? Las cebras son geniales, tesoro. — Cuando se refirió a mi música como "cha cha chá", no pude evitar soltar una carcajada. —¡FUFUFU! No te voy a mentir, me hizo muchísima gracia. Ya hasta así le voy a decir a la canción. — Negué con la cabeza mientras seguía sonriendo. Hacía bastante tiempo que no conocía a una mujer que lograra impresionarme de esa manera, y eso decía mucho. Al final, yo mismo paso media vida presentándome como una mujer porque al final me visto como quiero, me maquillo como quiero y camino con los tacones bien puestos sin que me importe lo que piense nadie. Hay pocas cosas que vea hacer a una mujer y piense Ay, eso sí que no lo hago yo.
 
Pero ella era diferente, no era por la Fruta del Diablo, ni por convertirse en cebra era su presencia y tenía esa seguridad de quien entra a un lugar y hace que todos la noten sin necesidad de levantar la voz. Una energía elegante, firme, de esas que no se aprenden. Queen energy honey —I love that, honey. En serio, tienes un aura de reina que no cualquiera carga encima. —comenté con una sonrisa sincera, apoyando el mentón sobre una mano mientras la observaba con curiosidad — Se nota cuando alguien tiene estilo. y tú tienes de sobra bebé. —
 
Amooor, quedé como un mal tercerito cuando brillitos de luciérnaga, digo Shin, de la división 75, apareció de la nada, llamó la atención de Maria y, sin previo aviso, la besó. Me quedé parpadeando un par de veces. No sabía si aquello era una declaración de amor, una forma de marcar territorio o simplemente el muchacho era así de intenso, pero, ay, tesoro la escena daba para comentar y yo que tengo una lengua venenosa honey.  Levanté ambas manos a la altura de los hombros, dejando claro que yo no tenía vela en ese entierro. —Tranquilo, tesoro, a mí no me gustan las mujeres. — dije con toda la calma del mundo, señalándome el pecho con un dedo —Tú bésala, pero más despacito, bebé. Parece que no has comido en dos semanas. — Negué con la cabeza mientras soltaba una sonrisa divertida y daba un pequeño paso hacia atrás para devolverles su espacio.
 
—Uno aquí intentando hacer una amistad bonita y ustedes montando una novela delante de mis ojos, ay, no, qué falta de respeto con el público. Al menos avisen para sacar las palomitas, honey. — Crucé los brazos con tranquilidad, todavía sonriendo. La verdad era que la situación me había tomado completamente por sorpresa, pero tampoco iba a hacer un drama por eso. Si ellos tenían sus asuntos, adelante. Yo solo había venido a conocer a la mujer cebra aunque, para ser sinceros, aquella entrada de Shin había tenido más impacto que cualquiera de las pruebas de los juegos, ya lo había visto antes, con sus brillitos y sus excentricidades, pero esto me sobrepaso.
 
—¿Vio eso, contramaestre Gaufrid? Una total falta de respeto. —comenté, girándome hacia el contramaestre que se encontraba a pocos asientos de nosotros, llevándome una mano al pecho como si acabara de presenciar la mayor tragedia romántica del siglo —Uno viene con las mejores intenciones del mundo y termina de extra en la novela de otra gente. Ay, no, honey. — Negué con la cabeza entre risas antes de acomodar nuevamente el cinturón donde descansaban mis maracas y el revólver. —Tengo un revólver pequeñito, sí, pero la verdad casi nunca lo uso a distancia. Las pocas veces que he disparado en un enfrentamiento ha sido prácticamente a quemarropa. Aunque, por alguna razón, siempre termino peleando contra gente que tiene la maldita piel de hierro o al menos eso parece. Uno dispara con toda la ilusión y lo único que consigue es gastar balas, tesoro. —  Me encogí de hombros. Algún día aprendería a sacarle verdadero provecho al arma, mientras tanto, seguía confiando mucho más en mis piernas, mis patadas y, cuando el cuerpo me lo permitía, en mi transformación.
 
Las peleas estaban por comenzar y el ambiente se sentía cada vez más eléctrico. El público no dejaba de hablar, las apuestas iban y venían y yo ya estaba listo para convertirme en el fanático más escandaloso de las gradas, sin embargo, Maria volvió a llamar mi atención. Cuando me ofreció trenzarme el cabello, la miré con los ojos brillando de emoción. —¿En serio, corazón? Ay, claro que sí. Hace muchísimo que nadie me hace unas trencitas. Si quedan bonitas, prometo presumirlas por toda la isla. —respondí, acercándome un poquito, quitándome la gorra y apartando el cabello hacia atrás para ponérselo más fácil, pero antes de que pudiera sentarme frente a ella, una voz conocida llegó desde algún punto de las gradas. Giré la cabeza siguiendo el llamado hasta encontrar al responsable.
 
—Ay, míralo. — Era el capitán Enji y, como de costumbre ya estaba desnudo, suspiré con una sonrisa resignada mientras negaba lentamente con la cabeza. —Definitivamente el apodo de sargento pervertido lo va a perseguir toda la vida. — La verdad era que ya ni me sorprendía. Después de convivir con la división 80 durante tantos meses, ese tipo de escenas habían dejado de parecerme raras. Cada uno de nosotros tenía una forma muy particular de ser, y quizá era precisamente eso lo que hacía que me sintiera tan cómodo entre ellos, éramos un grupo de completos inadaptados y, honestamente, tesoro, no lo cambiaría por nada.

Mi estupido y sensual off
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#75
Su meditación continuaba, en lo que daba comienzo la pelea del miembro de su equipo, el gigantón llamado Ubbe. Dharma escuchaba cierto bullicio cercano, una voz diferente acercándose.  No le incomodaba el ruido, sabia controlarlo en su mente, así como cualquier tipo de incomodidad trivial, pero es verdad que prefería estar alejado de los demás, no era un tipo social, al menos no de primera mano, tenia que pasar cierto tiempo, para que el tuviera la confianza en los demás, al menos que se demostrara lo contrario y por ahora, podía decir que confiaba de mejor manera en los que formaban parte de su equipo, a pesar de su diversidad de personalidades, ningún parecía un tipo de persona que pudiera ser traicionero o ventajoso a su favor, no tenían de otra además, si querían ganar debían tener cierta fe.

| Dharma el orador, el asesino de niños y por gracia de un marine el come abuelas… yo solo veo vasijas llenas de sangre y carne que me estorban…. | Decía mientras sus orbes color esmeralda se concentraban en los ojos de Sigurd. Dándole entender con una facilidad, que no le importaba que tipo de seres eran los que tuviera enfrente, si alguno le impedía seguir creciendo y le estorbaba, se encargaría de quitarlos de su propio camino. Aquel hombre que le hablaba era igual de enorme que su compañero de equipo, pero aunque parecidos, tenían ciertas particularidades diferentes y no solo en el ámbito físico, sus personalidades parecían un poco estruendosas, pero era algo que parecía inevitable por parte de ellos. Al menos eran libres a su manera. | Y tú eres Sigurd…  y Ubbe es tu hermano de armas quiero pensar… son fuertes y libres... realmente libres de ataduras y moralidades inventadas o ¿me equivoco ?|

Sus palabas resonaban aun a pesar del ruido que pudiera acontecer, su tono de voz era sin variación alguno, parecía una mezcla de seguridad, superioridad y tranquilidad. Pues Dharma no es que tuviera un ego muy alto o arrogancia. Dharma era solamente lo que el era, un ser sin ningún tipo de miedo y con la confianza plena en si mismo. Pues hasta ahora no había tenido duda de que podría alcanzar sus objetivos.  | Tu hermano esta por pelear... espero gane... | Su voz seguía sin titubeo alguno, mientras miraba a ambos hombres, pues había uno más, aunque su vista era tranquila, irradiaba cierta frialdad y sed de sangre, pero no una sed ansiada, sino la sed de alguien que no conoce ni el hambre ni la satisfacción total, pues ese equilibrio puede ser aun más letal. Por alguna razón Sigurd se le había acercado y esperaba que fuera por una importante. Ya que hasta ahora no había conciliado palabra alguna con ningún desconocido y al menos este tipo no era de los que parecía querer tomar el té y contar sus penas. La curiosidad sobre las capacidades de ambos Buccaneer comenzó a surgir dentro de la mente del espadachín. Era una buena oportunidad para seguir conociendo a la amplitud de seres que había en los mares. 

OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
#76
Todo sucedió en un segundo ¡Fue tan rápido que no lo pudo ver! Para variar, aunque no estaba hablando de la pelea, eso se veía asqueroso desde el momento en que Inuzuka Jin empezó a convertirse en una masa amorfa que le daba bastante asco. Lo que Eros no vio fue el momento en que Kiyoshi le arrebató el caracolito que tenía en la mano, y le respondió a Miyori insultándola ¿Lo acababa de golpear? Los ojos dorados de Eros se movieron entonces hacia Kiyoshi, con una expresión carente de toda emoción más que una solemne frialdad. — ¿Quieres pelear? —Inquirió con la misma curiosidad que aquella vez que Kiyoshi lo había golpeado en Little Garden, no obstante, también recordó que Kiyoshi lo golpearía en caso de estarse desviando de sus formas cómo capitán. Meditabundo, el borracho aguantó un hipo dejando el abrigo de Uker en un asiento vacío a su lado.

Suspiró con severidad guardando nuevamente su den den mushi, no llegó a escuchar las palabras de despedida del otro lado por la caída pero asumió que todo estaba arruinado, todo estaba perdido. — Es hipócrita que me digas que me concentre si estás tan borracho como yo, tontoshi —Entonces lo señaló acusatorio dirigiendo su mirada hacia Varo. — Varo, dile que está siendo un hipotálamo. Hipérbole. Hipócrita —A veces ser el hombre más inteligente de la Grand Line le jugaba malas pasadas, mezclando palabras complejas en su mente turbia por el alcohol de Shandora.

— ¡Ahora sí me enojé! ¡QUE ME PERDONEN LOS JUANITA SI LOS SALPÍCO CON TUS TRIPAS! —Se convirtió en su forma híbrida dispuesto a comenzar a luchar contra Kiyoshi cuando percibió la llegada de cierta dama de hebras como el sol que, automáticamente, lo hicieron convertirse en su forma completa al pensar que, en ese preciso instante, le gustaría que se lo tragara la tierra. Apenas fueron unos segundos, y finalmente volvió a su forma humana tosiendo para aclarar su garganta y, con suerte, disimular su estado de ebriedad. — No esperaba que viniera para acá… Pero tiene sentido, somos espectadores del mismo combate —Intentó que, al decir lo obvio, no hubiese margen de error.

Con serenidad se sentó nuevamente, tomando la chaqueta de Uker para despejar el asiento sin decir nada. Mantuvo su mirada fija en el campo de batalla, y aunque no tenía fe procuró que su nerviosismo no se notase. — Se amable Kiyoshi. Los Juanita Mariana también están nerviosos porque su compañera está poniendo lo mejor de sí para ganar como Uker —Respetaba ese combate, reconocía la proeza de todos los que estaban allí y, por supuesto, Inuzuka Jin también había ido.

Ante las palabras de la muchacha, negó con la cabeza levemente. — Nunca serías inoportuna, toma asiento si gustas. Ambas tripulaciones tenemos gente en… hic… la arena —Señaló con la palma derecho a la tripulación pirata que estaba sentada a la izquierda de los Piratas de los Sepultura. — Andábamos bebiendo para levantar un poco los ánimos… Quizás los hemos levantado demasiado… ¿Quieres beber algo? ¿Quedó algo para beber? —La duda se dirigió hasta los presentes ¿Cuánto alcohol tenían encima? Quizás aún no era suficiente.

¡Pero al menos ya se había curado de su estado viral!

Ataud
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#77
Observó con atención la previa del combate, incluso más allá de las presentaciones, apuntando mentalmente los gestos del Dirigente, la expectativa entre el público y claro, la forma en que los participantes descendían a la arena, porque minutos más tarde él viviría esa misma escena, sólo que en completa soledad, sin compañeros sobre los cuales respaldarse o estrategias conjuntas. Todo debía emerger de su propia mente en función del rival que saliera a enfrentarlo, y considerando las capacidades de la larga lista disponible alrededor de los cuatro equipos restantes, no iba a ser una pelea sencilla si se descuidaba o subestimaba de sobremanera a quien consiguiera desafiarlo por ese primer puesto final.

Los primeros en aparecer fueron los integrantes del equipo uno y dos, este último decidió recuperar al octavo puesto en la prueba de fuerza, Rackham Uker, haciendo equipo con el séptimo lugar en velocidad, Onizuka Jin. Hasegawa decidió rebuscar en el bolsillo interno de la chaqueta que colgaba de sus hombros las gafas de sol, protegiéndose las iris de la estrella madre y ayudándose a guardar su mente de estímulos visuales innecesarios en lo que esperaba.

Y así, salieron los que faltaban; primera y segundo del desafío del Coloso, por lo que suponía, debían pegar duro. Aguardó algún saludo cordial o ceremonias específicas, sin embargo, ante la señal del brazo dada por el Dirigente, sumándose a su orden audible, tanto Ubbe como Runin Kitay arremetieron contra sus objetivos de forma súbita, lo cual brindó información valiosa al marine, identificando al menos una manera en la que los combatientes físicos efectuaban sus ofensivas en esas condiciones.

El mitad dinosaurio hizo de las suyas, ¿cayendo en una especie de trampa? Le resultaba indistinguible lo ocurrido con el cuerpo del azabache, convirtiéndose en barro y haciéndose escurridizo entre los dedos de quien intentaba atraparlo. Por el otro lado, tanto el espadachín como la golpeadora serial que tan amable parecía en aquel bar hace dos años se batían en un duelo individual, que de inicio se inclinaba a la morena hasta un notorio fallo de cálculo que literalmente la dejó vendida, a merced de su contrincante. El de cabello bicolor recorta las distancias y termina atacándola con severidad, prácticamente dando un golpe de autoridad sobre la mesa.

En ese instante, y sin tener del todo claro quién terminaría venciendo en aquel enfrentamiento con límite de tiempo entre cuatro personas, Shin decidió moverse, buscando el lugar donde todos los marines se habían asentado poco antes de empezar los Juegos del Cielo, en nombre de Zarutsuki, y por suerte los encontró relativamente rápido. Merlot no estaba lejos de esa ubicación, aunque no se giró para intentar verla, lo recordaba porque buscó algo de soledad en ese instante también, aunque ahora necesitaba ruido externo.

Mientras caminaba, seguía ideando posibles variantes de cara al combate que le tocaba. ¿Y si no podía reaccionar a la velocidad de su oponente? La bombilla de ideas sobre su cabeza pareció iluminarse tan pronto como dio con ese concepto, y los cálculos de diversos escenarios posibles pasaron a convertirse en medidas de potencia a utilizar, todo mientras volvía a tener contacto visual con su División, encontrando también al líder de la Sesenta a un costado, sumergido en una conversación con Omuyaga. Kuroshiro estaba al otro extremo, y sin mediar muchas palabras, los saludó.

—¡Yõ! Veo que no pierden el tiempo de conocerse. —su sonrisa es radiante, actúa como si no hubiese desaparecido más de la mitad del evento, con la misma energía que tenía al terminar el ascenso por la Knock Up Stream. Aventurero, alegre, lleno de entusiasmo, un poco los puntos fuertes de la persona que intenta mostrar al resto —Hagan espacio, que ya estuve mucho tiempo de pie. Uno tiene que reservar energías con tanto criminal suelto... —confesó tras un suspiro, y viendo la composición de la escena, decidió sentarse al lado de Nyra sin importarle mucho la cercanía, esa barrera ya la habían roto con tanta enseñanza antes del fatídico Omiai.

Por supuesto, no iba a decirles que fue elegido para competir en la final, aunque estaba claro a oídos de todos los presentes en el coliseo que el equipo seis tenía la potestad de esperar su enfrentamiento en la última parte del evento, así que era una posibilidad la cuestión sobre quién competiría de ahí. Teniendo a dos posibles rivales al lado, cerraría la boca por pura estrategia, la información resultaba valiosa gracias a las anticipaciones, aunque Shin nunca estuvo incómodo improvisando.

—¿Apuestas para la pelea? Con tiempo límite, veo el resultado muy cerrado... —indicó, negando ligeramente con la cabeza, luego apoyando el codo en su muslo derecho y el mentón sobre la mano de la misma extremidad. —¿Tú qué crees, Nyri? Flameante sexto puesto en puntería. —la miró de reojo, sus gafas reflejando perfectamente a la humink. Shin hablaba sin preocupaciones, como si su cabeza no estuviese fija en el combate que le quedaba a punto de terminar ese amplio homenaje al Shichibukai reinante en Skypiea. Obvio, no pudo evitar resaltar el logro de Kuroshiro.

—Por cierto, Stroudy. Ese arquero tuyo, Bertram, es un tramposo. Intentó hacerle algo raro a mi compañero, ya me encargué de que sepa que no se lo voy a perdonar. —miró al rubio con una voluntad impresionante, completamente seguro de sus palabras, y segundos después... le sonrió a Kael de manera casi infantil. El contraste resultaba notorio. —¡Y tú! Venciste a Sigurd, y ese tipo es jodido. Hasta dijo que va a matarme, múltiples veces. —un comentario soltado con naturalidad, como si el peso de semejante amenaza no lo preocupara al margen del respeto que le genera el Carnicero de Whisky Peak si de luchar se trata.

—Al menos aquí arriba no tendré que preocuparme de eso. —reconoció, devolviendo su atención al combate aún en curso, ¿quedaría tiempo todavía? No sabía cuánto pretendían acortar esas rondas, aunque era razonable si buscaban rebajar el riesgo de muerte de los participantes a cero.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
#78
Tanto Kiyoshi como Eros me aseguraban que Uker estaba a salvo. A mí me parecía que se lo estaba tragando un pantano. No sé de qué manera pudieron hacer frente mis compañeros a un usuario de tipo logia, pero eso solo me dejaba claro la fuerza que tenían. A partir de ahora, debía entrenar en serio si quería estar a la altura.

El combate comenzó con movimientos veloces, tanto que apenas pude seguirlo. Lo que también fue rápido era el ritmo al que disminuía el contenido de las botellas de vino, algo que funcionaba de manera inversa a la exaltación de mis compañeros. Yo también entendía los nervios que sufrían. La imagen de los piratas de la Sepultura dependía de lo que hiciera Uker en aquel combate. Sin embargo, los modales y las buenas formas eran algo que no se debía perder. Tomé una botella por el cuello y di un trago largo.

—No debemos perder las formas. Alentar de esa manera solo generará más violencia.


Di otro trago. El afrutado líquido bajaba por mi garganta a placer. Sus efectos subían a mí cabeza mucho más rápido de lo que me esperaba. Pronto, comencé a sentir calor. Agarré el ala de mi sombrero y lo agité frente a mí cara, buscando refrescarme un poco. Tenía la boca seca, así que volví a darle otro trago. Atendí a la peculiar explicación de Eros sobre el Haki. El concepto de poder ver sin ver me parecía bastante interesante, aunque esa forma de definirlo como el poder de hacer trampas me resultaba más certero. Otro trago. ¿Significaría aquello que ya no podría esconderme nunca más en las sombras? Un trago más. Tenía que averiguar mucho más sobre aquel poder, dominarlo y si era posible, contrarrestarlo.

El capitán cogió su den den mushi y realizó una llamada. Kiyoshi lo reprendió por no prestar atención al combate. Yo, sin embargo, pensaba en otra cosa.

—Capitán, sea quién sea, dile que traiga más vino. Nunca es suficiente vino. Y estos de aquí beben mucho —dije señalando con el pulgar a los piratas Hanu Mahana allí presentes—. Ey eso sería una gran idea. Montemos un negocio de entrega de vinos a domicilio.

Mi mente ya corría impulsada por el alcohol. Algo que yo pensaba que me aportaba brillantez. Volví a dejar mi sombrero sobre la cabeza, el ala apuntando al cielo.

—Eso eso. Kiyoshi, no seas tan... Hipo... Hipocampo, hipérbaton... Hipopótamo —con mi mano hacia un gesto como si tratase de espantar alguna mosca—. Mmmm hipopótamo.... Eh vosotros, Mahana, no tendréis algo de hipopótamo por ahí ¿no? Mi parte favorita es el jamón, pero si tenéis algo de filete de lomo también estaría bien.

Las palabras de Kiyoshi hicieron enfadar a Eros. No entendía su exaltación por el combate. No era como si tuvieran dinero en juego. Recordé las apuestas que había hecho con el capitán de los Hanu Mahana. Intenté hacer cuentas sobre las posibles ganancias y también sobre las posibles pérdidas. No sé si mis cálculos fueron correctos, o sí el alcohol puso a bailar alguna cifra, pero si perdía, posiblemente me quedase debiendo dinero a la otra tripulación. No tenía tanto ahorrado. ¿Que sería de mi? ¿Acaso podría pedirle un préstamo a Uker? No me encontraba a gusto debiendo a mis amigos. ¿Me vería obligado a trabajar para el otro capitán hasta saldar mi deuda?

—VAMOS UKER!!! DECAPITA A ESOS SALVAJES! HAZME UN ASADO CON SUS SESOS! NO QUIERO TRABAJAR PARA ESOS CHALADOS! —dije con ambas manos a los lados de mi boca, como si pretendiese guiar el sonido hasta Uker.

Definitivamente, el alcohol se había puesto a los mandos.

En aquel momento, llegó la mujer del pelo anaranjado. Por cómo hablaban, debía de conocer a mí capitán. Yo reí nervioso al pensar que podía haberme visto animando a Uker. Puede que me hubiese excedido un poco, pero mi futuro estaba en juego. No quería volver a los días en los que trabajaba para alguien para saldar cuentas. Asentí y busqué con mi mano el ala de mi sombrero. Fallé, pues mi sombrero seguía colocado de una manera poco habitual. Reí nervioso otra vez y extendí hacia ella la botella que casi había apurado. Un dedo de líquido bailó rebotando contra el vidrio.

—Tenga señorita. Sírvase usted misma. Tome tanto como quiera.


Volví mi rostro hacia la arena. ¿Qué había estado sucediendo?



Antología
Emme's Codes

#79
El combate se desarrollaba con bastante caos, Maki podía ver el fragor de la lucha, aunque desordenada y caótica, era propia de los luchadores cuerpo a cuerpo, Los espadachines tenían esa costumbre insoportable de convertir una pelea en una clase de geometría. Todo debía tener un ángulo, una distancia y una postura correcta. Qué aburridos. Ella prefería a los monstruos que resolvían los problemas pegando primero y preguntando después. La sangre en la arena era de un color precioso. Una pena que normalmente viniera acompañada de personas quejándose de estar heridas. Entonces la Chocobaby era tasajeada por Uker y seguía aun así con una voluntad envidiable, ¿Ella podría hacerlo? ¿Podría continuar después de recibir tantos ataques? ¿A tanta potencia incluso?

Aunque estaba llena de cicatrices, realmente desde que salió de la marina con rumbo a puerto desconocido, a las estrellas innumerables, recordaba que había recibido realmente pocos atraques. Y ninguno brutal como para hacerle retroceder o replantear su ofensiva o defensiva. Si que había recibido algunos golpes y cortes defendiendo principalmente a su hermana o a Hyakinthos, pero habían sido cosas superficiales o no se había dado cuenta tal vez por la adrenalina de protegerles.

Suspiro aliviada al ver que los cuatro enfrentándose parecían estar bien, no era la idea que todos resultasen dañados tanto, después de todo estaban en una ciudad genial, una ciudad en los cielos que sobre todo era organizadora de juegos, de justas batallas no de carnicerías. Nuevamente paso a su lado la chica de las cervezas… pidió dos mas y aunque el combate seguía... … … que? Merlot otra vez rodeada de marines. Era increíble. Les debía oler a perfume caro o a problemas legales, porque siempre aparecían alrededor como moscas. Suspiro. Bebió largamente hasta acabar una cerveza y abrió la segunda o sexta no recordaba —Si he de morir… que se vayan todos a la mierda.— Maki volvió a subir las gradas, a veces de espaldas, viendo al gran bombón de chocolate, esa cinta en su brazo. Significaba tanto para ella. era mas satisfactorio que verla ondeando en un fuerte enemigo, más grande que cualquier bandera de cualquier barco conquistado por la astucia o la fuerza… sin que se diera cuenta puso sus dedos sobre sus labios para lanzar un sonoro beso. —Adelante mi campeón. ¡¡Gana!!— Se giro 360 grados sobre si misma, se sentía… genial.

Caminando gradas arriba ubico con la mirada a Miyori, miro en silencio a Merlot y Hyakinthos… se sentó a su lado, las trenzas eran lo suyo, le quedaban geniales incluso en la gente horrenda de la marina. —Mamasami? No… … …— Dijo esperando que corrigiera su nombre el cual por puro decir algo entre recuerdos y mentiras, casi le atino. Se habían ido un par de Marines afortunadamente. Y se sentía mas… … … tranquila… apoyo su cabeza calva en el hombro de su hermana mientras terminaba los últimos ajustes del cabello de Masami. —Vi que usaste una canción bastante movida antes. Por que no nos acompañaste en el escenario? Los artistas debemos estar unidos en estas situaciones sabes, bueno, quizás tus jefes no te lo han permitido… da igual, Somos las Valar, para lo que necesites cariño. Lo de antes… quisiera disculparme, pero… … … esas miradas. Me llenan de odio. Ya sabes como me miraba ese gato negro amigo de ustedes.— Se disculpo Maki pero no en sus cabales. Era… la cerveza. La falta de aire y la tensión de n poder participar en los juegos que mas le interesaban. Los combates. Poco a poco comenzó a cerrar los ojos… yéndose a su lugar feliz. Hace tres años cuando era ella su hermana y el mundo todo para recorrerlo y mostrarle su arte. Un pasado donde su piel estaba solo irritada como mayor mal.


Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
#80
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos


Dharma, el Orador. Sí, suena mucho mejor. Más digno, más intenso. Un hombre de pocas palabras y un desprecio por la vida ajena bastante marcado. Solo con escuchar su símil entre el cuerpo humano como bolsitas frágiles de órganos y fluidos, se me esboza una ligera sonrisa divertida. Opino completamente igual, aunque para llegar a esa conclusión tienes que ser un tío tan peligroso como nosotros o tener el ego desmedido, al igual que otros piratas que yo me sé. Pero este espadachín es poco charlatán; parece un tipo de pocas palabras. Eso me hace pensar más en la primera opción que en la segunda. Me gusta este tipo.
Al parecer me conoce. Sabe mi nombre, aunque poco más. Intuyo que se lo habrá dicho Ubbe, al que tilda de ser mi hermano. Capaz me he de presentar como es debido. -Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero.- corrijo, dando mis credenciales al completo, junto a un sonoro golpe en el pecho con el puño cerrado. -Carnicero de Whisky Peak y capitán de los Piratas del Ragnarok.- Tras haber hecho gala de méritos con un sonoro y profundo respeto por los mismos, presento a los hombres de confianza. -Como bien dices, Ubbe es mi segundo al mando. Mano derecha y hermano de otra madre. No hay guerrero en el mar más eficaz y leal que él, te lo aseguro.- El sentimiento de fraternidad y camaradería me infla el pecho. -Como has estado en su equipo; ya sabrás que es un tío de puta madre.- Luego me dirijo al chiquitín, con el que bromeo poniéndole la mano sobre la cabeza y alborotando su pelo rizado como a un crío. -Y este enano cabrón es el primer y último Hijo del Ragnarok.- Luego pongo la mano en el costado de mi boca, como si esta formara una barrera de intimidad para que no me escuche el susodicho, pero evidentemente Odiseo no es sordo. -Aunque parezca un debilucho, ha sobrevivido a lo imposible. ¡Jarul Jul Jul Jul...!- El pirata se quita la mano de sobre la cabeza y se peina como puede, con un quejido de por medio. Luego da un paso al frente y le extiende la mano al asesino de niños. -No le hagas caso, solo soy un hombre. Odiseo, un placer.- Su voz es aterciopelada. Firme como un roble para los humanos y las razas pequeñas. Frágil como una ramita para la tribu más fuerte del mundo.
Dharma utiliza unos conceptos curiosos, pero extremadamente acertados, para hablar de nuestra tripulación. Libertad. Libertad real, lo que representa en su forma más primitiva. -Y como decías, así es: libertad absoluta. No te equivocas, criatura.- Pasadas las presentaciones, mi tono es más serio. Amigable, pero con un punto más seco y autoritario. -Los que viajamos en el Veðrfölnir contamos con el don del poder. Y nada nos detiene; somos libres de hacer lo que queremos cuando nos place.- Sonrío entonces con profunda felicidad. La virtud de saber que nada te frena. Una sonrisa honesta y agradecida con su realidad, que para ojos ajenos al asesinato y al disfrute de la violencia se traduciría en una mueca macabra de pura maldad. -¡¡Ese es nuestro privilegio por ser los más fuertes!!-
Los combates de la semifinal ya han comenzado. Es momento de ver qué se cuece en la arena y cómo Ubbe los aplasta a todos. -¡Vamos, Odiseo! ¡Quiero verlo en primera fila!- Comienzo a avanzar, recogiendo a Yggdrasil y apartando a la gente sin dificultad. Tras un par de pasos me detengo en seco. Volteo un segundo. -Dharma, vente con nosotros. Así ves de qué pasta está hecho Ubbe y, si gana, pasarás a la Gran Final. ¡Jarul Jul Jul Jul...!- Le invito a unirse a mi grupo para ver el combate de mi hermano.
Ubbe y la chica que lo derrotó en la prueba de fuerza contra Uker y aquel tipo que me cedió el honor de enfrentar a Musashi. -Manda cojones... Conozco a casi todo el mundo...- susurro genuinamente sorprendido mientras me apoyo en la barra de seguridad que nos separa del estadio y de la línea de protección de ángeles en formación. Tomo asiento, cruzo los brazos y me pongo a cavilar solo. -Ubbe no tiene rival, eso lo tengo claro. Pero con la morena que le ha tocado, estoy convencido de que ganarán. Con lo que ha demostrado antes, no me cabe ninguna duda.- Me rasco la perilla con fuerza, mirando al otro equipo. -Aun así, su rival es aquel que consiguió eclipsarme una vez. Si me superó en su día, no debe de ser un don nadie. Y el otro tipo... Tengo mucha curiosidad por saber de sus aptitudes en batalla. Solo un guerrero poderoso puede profesar tanto respeto por la batalla como para conceder un mano a mano contra el Heredero de la Fuerza. ¡Veamos qué tal!-
La semifinal comienza tras la orden de El Dirigente. Es el dúo chocolate quien parece tomar la iniciativa a la carrera. Parece que la otra dupla tiene pensada una estrategia diferente, mucho más pasiva. El mafioso parece poder convertirse en lodo y trata de convencer de algo al Marcado. Parece que han tenido que hablar previamente para organizar un plan. Si no, no me explico qué lógica tiene tanta confianza. ¿Se conocían de antes? Quizás. O tal vez Uker lea mentes y sepa los secretos de los poderes de su compañero para ceder de esa forma a sus designios. Pese a todo, ya les han dado caza. Ambos peleadores físicos son más rápidos y proactivos que los espadachines. -¡¡ESO ES, DADLES CON TODO!!- grito como un energúmeno, demostrando mi fanatismo por las hostias bien encajadas.
El Dinosaurio atrapa como un juguete para niños a su adversario, el mafioso. Sé de lo que es capaz ese poder de agarre. Si Ubbe te engancha, no te suelta. Está jodido. Sin embargo... "Chop chop splash" Sus manos se cierran atravesando el cuerpo del humano, que se ha deformado sobre sus dedos y nudillos en una masa informe de diarrea espesa. -¿Qué cojones...? ¿Y ese poder? ¿Acaso ha esquivado a mi hermano o se ha transformado en brea?- No comprendo del todo la situación. Aun así, confío en que Ubbe tiene el combate bajo control.
Quien me preocupa es la otra. Su avanzadilla ha sido estelar. Veloz, tenaz y precisa. Su golpe conecta sobre el pirata y lo deja fuera de juego. Normal. Una tía que gana al Coloso en fuerza, a un Buccaneer titánico, ha de dar unos golpes terroríficos. Ya lo tiene hecho, con su rival en jaque. Tan solo ha de mantener la compostura y no dejar de golpear así hasta que suene la campana. Pero no. No todo el mundo sabe pelear ni está preparado para la grandeza. Se relame, carga su siguiente golpe, dándole el tiempo necesario a Iker para recuperarse y... falla. Falla. -¿Acaba de fallar?- repite Odiseo, como si me leyera la mente. -Ha fallado...- le respondo en un suspiro mientras me pongo la mano en la cara en señal de desesperación. El ex capitán no pierde la oportunidad y la somete bajo el frío de su acero. Ha conseguido darle la vuelta a la balanza.

¿Qué le voy a reprochar a la pobre mujer? Supongo que mucho es ya haber llegado tan lejos, hasta las semifinales. No todos lo consiguen. Y menos como lo hizo ella, quedando primera de su prueba sin ayudas ni artilugios ajenos. Bueno, recuerdo unos guantes por ahí... Pero seguro que eso no influyó en nada, ¿verdad? Tal vez debería haber descansado y haber dejado participar a alguien con más gracia para el combate. Aunque, bueno, la entiendo. -Todos queremos pelear y lucirnos. Pero está claro que, frente a la dupla de espadachines...- le comento a Odiseo, que tras la batalla en Jaya, tampoco tiene experiencia ninguna. -Está muy verde. Con suerte, mi negrito de ojos claros podrá darle luego unas clases, porque está claro que quien le ha enseñado hasta ahora... No tiene ni puta idea. ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!-

Y hablando de mi negro... Creo que esto se le va a poner interesante. Un desafío a su nivel, sí, señor.

En efecto, cajita feliz


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