[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
Rackham Uker indiscutiblemente… era sangre de mi sangre, una rama arraigada a ese viejo roble al que llamo familia.

Mi cabeza volvió a inclinarse, perdiendo la mirada en mis propias manos entrelazadas entre ellas, distraída en la tela de mi vestido que descansaba sobre mis rodillas. Lo escuchaba con suma atención, analizando cada una de sus palabras mientras intentaba comprender, o quizás imaginar, todo lo dicho. Uker no conocía nada sobre la familia que tiene en Baterilla, y no podía culparlo por ello, después de todo, yo tampoco sabía nada hasta apenas unos años atrás que él me habló por primera vez de su hermano y del trágico destino que sufrió lejos de South Blue, junto su familia.

Y, sin embargo, allí estaba él.
Sentado a mi lado se encontraba alguien quien creí… muerto.

Escucharle hablar sobre la forma en cómo sobrevivió, a pesar de ser ambiguo, imaginarlo completamente solo en una isla llena de peligros despertó en mí una sensación de impotencia, pensar que su destino pudo haber sido distinto si aquella carta hubiese llegado a tiempo… quizás su vida habría tomado un rumbo completamente diferente.

Y de cierta manera, una pequeña risa escapó de mis labios al escuchar sobre sus problemas con la Marina y las artimañas para evitar ser capturado, o simplemente lo imaginé, después de todo él es un pirata.

—- Supongo que ser piratas es algo de familia… — comenté con una sonrisa tenue, ahora mucho más tranquila, mientras dirigía mi mirada hacia quien, al parecer, era mi primo. — Tienes razón, ya hablaremos de esto en otro momento, pero… de verdad, me hace feliz saber que sobreviviste. — mi voz se volvió un poco más baja al pronunciar aquellas palabras, había entendido perfectamente que ese no era el momento para entrar en detalles, ni para abrir heridas que quizás aún seguían presentes, por ahora, lo único que importaba era saber que, pese a todo lo que él había perdido y enfrentado, él seguía allí.

Tras ese momento, mi atención volvió a dirigirse hacia la arena de combate, sonriendoles y asintiendo en señal de saludo a quienes se incorporaban al grupo, especialmente a la hermosa pareja, Runin y Ryota. 

La ronda final estaba a punto de comenzar, entre los participantes reconocí al marine de pelo blanco, Shin Hasegawa, quien se preparaba para entrar en la contienda junto a su oponente, Barto, el joven de complexión musculosa, sobre su cabeza llevaba trenzado un mechón de cabello rosa que era el símbolo de la bendición de Merlot y junto a este, un mechón de cabello naranja que representaba la mía.

A ambos les deseé la mejor de las suertes.



Amphitrite Toca la Canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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— Bien, hecho, tonto. — Estas son las únicas palabras que escapan de sus labios una vez Uker llega con ellos en la grada. Pareciera que no le importa el resultado de su compañero, ya vimos segundos atrás que eso está muy alejado de la realidad. Lo que ocurre es que, desde siempre, siente cierta complejidad para expresar lo que siente, llegando a insultar sin quererlo en esas situaciones. Que haya alcohol en su cuerpo no lo hace diferente, solo aumenta su agresividad. Por lo pronto, demostrar que sí estuvo pendiente del combate es suficiente. Además, pronto se comenzaron a hablar demasiadas cosas entre las dos tripulaciones que aquí yacen, y su cabeza no está en el mejor estado como para entenderlo todo.

Lo único que alcanza a mencionar es un pequeño reclamo a Eros. — No deberías hablar de más. No los conocemos, así que no entregues demasiada información. — Del haki, se refiere. Ellos se enteraron luego de hacer un pacto de no agresión con aquel Yakuza, hecho que no le deja muy conforme, pero su palabra vale mucho. Esforzarse en obtener algo y luego regalarlo al resto no es algo muy profesional. Es como si él diese sus servicios médicos sin cobrar nada a alguien que no sea su compañero. No puede suceder. Aun así, lo deja pasar por ahora.

Sus ojos siguen posados en el combate final. En un inicio, no le llamó mucho, pero certeras palabras de su capitán le hacen cambiar de opinión. — ¿La habilidad de ese sujeto? — Recordemos que, aunque no hubo para la pantalla un encuentro concreto entre Kiyoshi y Rosse, la historia dice que viajaron juntos en aquel barco que terminó naufragando en Little Garden. No es un tipo que escape de su conocimiento, pero, si hablamos de su habilidad, el cuento es otro. — Ese tonto parece disfrutar llamar la atención. Quizás es algo que viene intrínseco con ese poder. — Después de todo, Kiyoshi tenía la misma opinión del capitán de los Piratas del Cabaret.

—Es un marine… — Para este momento, el intercambio de palabras entre Uker y Miyori ya ha terminado, por lo que, en ningún caso, el médico busca interrumpir su reencuentro familiar. O lo que sea. Alza la voz un poco más fuerte de lo habitual, queriendo llamar la atención del cocinero. — Uker, ¿ese tonto marine que está peleando no es de los que intentaron emboscarte? Porque si lo es, le dispararé desde este mismo lugar y en este preciso tonto instante. — Y no es buena idea dudar de la palabra de un borracho. Claro, desconoce que una bala suya atravesaría a aquel muchacho. Lo mejor es que Uker solo le diga que él no es, pero que oculte que sí ha visto a los responsables en estos juegos. Ya sabemos que la tripulación está buscando una pista sobre ellos desde hace varias islas.

— Y ya dejen de beber todos. Son unos sucios borrachos. — Claro, lo dice como si él pudiese apartarse de esa definición en este momento.

Por ahora, se mantiene cruzado de brazos, esperando impaciente a que termine el combate para marcharse de este lugar. Mucha gente reunida en un espacio relativamente pequeño. Desea algo más privado pronto, o al menos donde no comparta el mismo aire con una multitud tan amplia.


Lávense las manos
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Hablo | Pienso
Atributos Personaje

En los largos pasillos con olor a condimentos, carne y aceite caminaba con el yakuza mientras observaba por los alrededores y sin embargo, lo único que encontraba era gente tras gente: Había optado por acercarme más al hombre, apoyándome contra su hombro para evitar los tropiezos, además era más cómodo sin tantos ojos conocidos y no tan conocidos. —Ese mink que estaba conmigo en la prueba, el que nos invitó vino, dijo que quería carne de hipopótamo ¿Me entiendes? Y el otro chico… Dijo que no quería carne de hipopótamo así que tenemos que conseguirle otra cosa: También hay que llevarle comida a los chicos… Runin debe estar hambrienta después de pelear. — Apretaba su mano mientras miraba hacia arriba para esperar algún letrero descriptivo, notando a la distancia un puesto de salchipapas, jalando al mayor con poco cuidado a este.
 
—Yo quiero más vino… No se me ha ocurrido que comer ¿Crees que haya algo picante? Carne extrapicante con frutos secos, ah, ahora tengo hambre ¿Tu que vas a comer? — Pregunté de regreso, alzando la mano ajena para dejar un pequeño beso sobre el dorso de su mano acompañado de un pequeño y coqueto guiño, bajando el paso para atrasar nuestro destino y poder disfrutar más tiempo de su compañía ¿Qué podía decir? ¿Tan siquiera podía declararme culpable? Aquel escondido entre la multitud podría aprovechar de su anonimato para ser un poco coqueto y dudaba mucho que aquel combatiente se quejara.
 
Además ¿Quién no quisiera verme así? Feliz y encantador, debería cobrarle a la gente de nuestro alrededor por esta magnifica escena. Por supuesto, todo esto era intentando aliviar su incomodidad a la cual en este estado mental no lograba encontrarle un sentido ¿Había consumido una akuma como yo? Si, intentaba en este preciso momento obviar la ligera molestia que me provocaban los secretos que el podía esconderme. —No quiero hablarlo aquí, Jin. Si vuelves a esconderme algo aunque pase tanto tiempo juro por el mar que voy a tirarte por la borda, hombre. — Una promesa vacía, acompañada de una nariz arrugada y que rápidamente fue reemplazada por otra muy relajada sonrisa. —Cállate ya ¿Dónde está tu orgullo? Lo ganaste y fuiste genial ¿Qué es lo que pasa? Eres más seguro que esto, con más convicción, sé que algo tuvo que pasar y sin embargo, en este preciso momento eres un jodido campeón, así que cállate. Lo hablaremos cuando no estemos con tantos oídos a la deriva. — De verdad ¿Cómo podía disculparse por pelear? Era casi frustrante, aquello provocó que volviera a apretar su mano, sonriendo de lado al notar un pequeño puesto con diversas flores en una de las esquinas.
 
Al menos ya sabía que hacer.
 
 
Recordaba una canción de un tan viejo hombre en una de las islas que había visitado con mi tutor en una taberna, por supuesto que, aunque carecía una guitarra y nunca había sido aprendiz que músicos, mi voz era lo suficientemente angelical para brillar y tal vez mejorar el animo del hombre. Una vez más, con el mínimo cuidado en mi ebriedad, corrí a aquel pequeño espacio con Jin “tomando prestada” la primera flor que encontrara para bruscamente atraer al hombre hacia mi, comenzando a cantar entre la flor y él.
 
"— ♪ Deja que salga la Luna
Deja que se meta el Sol
Deja que caiga la noche
Pa' que empiece nuestro amor… [i]♪—"[/i]
 
Dejé que los pétalos se acercaran a sus labios, simplemente para llevar la mano que entrelazaba a tomar la flor, terminando por separarme para tomar un puñado de 10 berries y dejarlas sobre el puesto, lo que menos quería era problemas en este lugar: Al menos me iba a comportar, por el momento. Me di media vuelta, dándole la espalda a mi acompañante antes de comenzar a andar, esperando que no notara como el rubor de mis mejillas ya no parecía efecto del alcohol. —Solo premio a los victoriosos, si no quieres que te quite la flor y retire aquellas palabras solo avanza: Tenemos mucha comida que llevar, bueno yo estoy ebrio, tienes mucha comida que llevar, bombón. — Ahora nada iba a evitar que fuera a comprar, al menso tenía el puesto de salchipapas en la mira.
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Atributos Personaje



La cálida sensación en su espalda lo reconfortó conforme ascendía por los escalones. Esa misma calidez le hizo viajar al pasado, rememorando ese primer encuentro en donde cuidó de ella hasta el despertar. “Runin...” Pensó en su nombre y en todos los momentos que llegaron después de eso. “Ahora lo tengo más claro que nunca…” Incluso vinieron a su mente las ocasiones en las que intentó escapar de lo que sentía, con el único deseo de jamás renunciar a su libertad. Sin embargo, nunca pudo alejarla, sus destinos estaban entrelazados por el dios del mar y ahora, tan solo no podía imaginar una existencia que no la mantuviera a su lado. “Al final... las mujeres en serio dan miedo.” Reflexiono, sintiendo el suave beso que la morena colocó sobre su mejilla.

Runin era una fuerte montaña que se alzaba orgullosa e inquebrantable, mientras que Ryota era más un rio, cuyas aguas fluían libres y serenas, sin imponer su voluntad con fuerza o arrogancia. Ambos eran diferentes, como el cielo y la tierra, pero encontraban en esa diferencia las razones suficientes para hacer que el secreto de sus corazones funcionara.


Su pequeño e íntimo encuentro, llegó al final cuando el constante avance por fin los llevó de nuevo hasta el lugar de las gradas, donde los demás miembros de su tripulación y nuevos amigos se encontraban. (Salvo aquellos que ya habían partido, Tezca y Jin.) La primera en brindar un saludo fue Miyori, dio un amable gesto de bienvenida para la pareja. Acto que fue respondido con una amena sonrisa por parte de Ryota en agradecimiento por su amabilidad.

El ligero peso en la espalda desapareció y aprovecho el momento para presentar a los miembros de los Sepultura. “Ah, cómo estuviste peleando, te lo perdiste, pero te los presento. Él es el capitán de los Sepultura, Eros, su subcapitán Kiyoshi…” Detuvo la presentación para acercarse a su oído y susurrar. “Es alguien complicado, pero es buen tipo... o eso dice Eros.” Añadió en voz baja para continuar. “Miyori, el tercer lugar de la prueba de precisión… y la es una larga historia de Eros.” No pudo evitar reír al final de sus palabras. “Varo Ganchin, nos ha estado dando licor y ahora le debo dinero kekeke y bueno, a Uker ya lo conoces.” Terminó las formalidades para que ella pudiera conocerlos, Eros fue bastante educado como para no hacer lo mismo cuando debía.

Finalizadas las presentaciones, Runin hizo una seña para que ambos se sentaran juntos. Las palabras emitidas hicieron al varón asentir, prometiendo que lo haría. “Vino, uh, bueno, de hecho, mi botella debe estar por aquí…” Busco con la mirada, pero en su auxilio apareció Toxzco, entregando la botella al capitán.



“Nakamilla, dejadme deciros que vuestra actuación en la afrenta ha sido de lo más fascinante. Contemple con exaltación la ardua contienda, y confieso que mi corazón se precipitó en un frenesí de admiración ante la furia de cada uno de vuestros golpes. Desde ya me pongo, con la más humilde de las disposiciones bajo vuestro ampajirijillo y cuidadillo.”

Las educadas palabras del regordete hombre se llevaron la atención del castaño, viéndole realizar una venia con cierto esplendor y etiqueta. Tras ello, les sonrió para buscar su asiento.



“Seh, ¿difícil de creerlo, no? El gordis parece ser bastante culto y educado.”

Dijo en tono cómplice, elevando la botella de vino hacia la morena.

Las demás interacciones con Barald, Tocho Morocho y la pregunta sobre el paradero de Tezca quedaron en el pasado. Ryota elevó la mirada para tratar de encontrar a este último entre las personas, pero no consiguió encontrar otra fina cabellera tan llamativa como al de Tozxco. “Quizás se fue con su novio, tampoco lo veo.” Terminó por rendirse y dejarse caer en el asiento junto a Runin, justo a tiempo para recibir los aterciopelados vocablos que la joven dedicó en la cercanía de su oído.



“Siempre podemos irnos a…”

Antes de terminar su diálogo, el cuerpo de Ryota atravesó un extraño fenómeno de manera repentina. Todo el alcohol en su sistema, hasta el momento ignorado por la adrenalina de ver a la persona que amaba en peligro, por fin comenzaba a ganar la victoria ante la adrenalina.

Sus mejillas se tornaron aún más rojizas, la mirada adoptó un semblante perdido y una sonrisa tontorrona apareció en sus labios. “Irnohs a… no eshpera chikistrikis… aún tengo que eshperar que la pelea final termine…” Frunció el entrecejo al mismo tiempo que sus palabras se deslizaban ciceantes por su paladar, producto del alcohol que corría por su organismo.

“¿No te lo conté? Mi gruipo shego al a final, pero no she a quien eligieron para pelear… porque tuve que ir al baño…” Confesó a Runin usando un tono pensativo. Luego desvió la mirada hacia la arena para darse cuenta en ese momento de a quién enviaron al enfrentamiento. “Uhhhh eshe viejo…” Reaccionó al verle. “Shi ehs un cuarto de bueno de lo que cree que ehs, sheguro ganara… shi no, nohs van a pegar un baile que flipahs chaval…” Lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, acercándose a Runin para recostarse en su hombro. “Sho sholo quería ganar… mi cashita de oro, ahora que Barald no me va preshtar más dinero…” Se quejaba, dejando que su cabeza se deslizara hacia el pecho de Runin. “Ehs un cabron ese bro, sholo porque me los gahsto en apuehstash, fiehstahs y mu..." Se callo de repente, estaba borracho, no era suicida. "Mushica, maldito envidiosho, cabron, culero…” Ignoraba por completo que el peli negro se encontraba al otro costado, en el asiento de al lado.



“Sholo quería unohs cuantohs chientos de millonehs de berryhs para gashtarlohs en un cashino… no creo que pida tanto ¿no? Quizhas un par de mayor domohs, pero no mahs… algo humilde, creo que me lo mereshco…”

Conforme hablaba, frotaba más su rostro contra su compañera; podía estar ebrio, pero aun asi aprovechaba cada situación que podía.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Aquel hombre al que había saludado, Ubbe, era tan enorme que se sentía como... ¿un muñeco, quizás? Sin embargo, le pareció de lo más simpático, pese a su curiosa forma de hablar. Esperaba seriamente que ese hombre le diera oportunidad de un segundo intento, o unas copas como mínimo. ¿Quién sabe? Quizás las cosas podrían ser favorables para ambos. Recordaría ese enorme chocolate de gafas oscuras. Incluso en su despedida, trató de no usar su fuerza. Quién sabe si con algo así podría haberlo hecho pedazos o empujado contra el suelo. Había sido entretenido.

[***]

Escuchó una voz que no conocía para nada, pero sí supo que iba en su dirección. Los ojos del yakuza buscaron de dónde provenía... Hasta encontrarlo. Aquel Mink al que creía como un mapache. —¿Usted es...? — Trató de hacer memoria, no recordaba el nombre exacto, solo se le mencionó que, además de Uker, había otro tripulante más con Eros. ¿Podría ser él? —Ah, no se preocupe, puede llamarme Jin. Su Capitán su Capitán suele equivocarse con mi apellido. — Del mismo modo que con el resto de las personas, extendió su mano en dirección a Varo Ganchin. —Es un placer conocerlo, espero no estar equivocándome. ¿Es usted un tripulante de Eros? — Si aceptaba, le apretaría la mano con firmeza y, en caso contrario, se devolvería hacia atrás.

La pregunta lo dejó confundido. Las cejas se arquearon con confusión, tratando de ver a qué se refería.

—¿Poder para hacer trampas?

La mención de Haki le hizo comprender algunas cosas. Sus ojos se elevaron, esta vez con algo más de disgusto, directamente hacia Eros. ¿Qué diantres era lo que les había dicho? Volvió la mirada hacia el contrario, negando con la cabeza de forma calmada. —No, Haki no es un “poder para hacer trampas”, es algo más complejo. Lo que pasó en la arena fue producto de mi Akuma. — Retiró, finalmente, lo último que quedaba de su cigarrillo, sacando del bolsillo la cajita de metal y apagándolo para soplar el último halo de humo en sus pulmones. —Haki es... Más bien distinto, y dependiendo de qué tipo de Haki. — Al menos así lo recordaba de quien le enseñó. Había más de un tipo de Haki y, después de la confrontación en la arena, supo que necesitaba el... ¿Cómo lo llamó Sohem? Ah, ya lo recordaba. Era muy similar al que utilizaba en ese mismo instante. Volteó a buscar a Eros con la mirada. —¿Se puede saber qué les has dicho a tus tripulantes, Eros? Borracho pareces soltarte más de la lengua.

Como fuera, lo mejor era no indagar demasiado. Volvió la mirada hacia el Mink, con calma. —No le haga tanto caso a Eros, y menos borracho. No sabe ni lo que dice por lo visto. — Porque, por supuesto, excepto Kiyoshi y el propio Eros, no había nadie más a quien le hubiera hablado de ese poder y que, de hecho, nadie más allí sabía que lo seguía utilizando en ese mismo instante, reconociendo así las auras de los que se encontraban a su alrededor.

[***]

Caminando con Tezca, escuchó cómo le dirigía la palabra. Le agradaba su cercanía, misma que había añorado durante esos años que los habían separado. Las inseguridades poco a poco parecían desvanecerse ante su presencia. ¿Cómo era posible que hubiera soportado tanto tiempo sin él? Todavía recordaba la conversación por Den-Den Mushi entre los dos. —¿El Mink que preguntó por el Haki? — Con que de él venía el vino... ¿Se podía saber qué tanto alcohol había llevado con él? —Igualmente... Carne de hipopótamo será difícil de encontrar. Dudo que lo vendan por aquí. ¿Quizás lo podamos sustituir por alguna otra carne? Tal vez alguna hamburguesa de vacuno o algo así podría servir. — Pensó, no conocía los gustos de la tripulación de su amado, pero ciertamente también debían hacerlo. —También habría que comprar algo de comer para Eros, Kiyoshi y el resto que os han estado acompañado. Ya que os invitaron a tomar vino, es lo mínimo, ¿no crees?

Y no bromeaba cuando mencionaba que iba a invitarlos a todos a algo para comer... ¿Qué podría pedir? Algo para picar, o más hamburguesas... ¿Y si había algún vegetariano o vegano? ¿Quizás algo dulce estaba bien también? Probaría a un poco de todo. Los pensamientos se interrumpieron cuando lo escuchó hablar del picante. ¿Lo sabía o solo era casualidad? No recordaba que le hubiera dicho que le gustaba la comida picante. Sonrió de oreja a oreja. —Me encantaría encontrar algo con extrapicante. Me encanta el picante. No sé si te lo dije alguna vez. — Apretaba la mano del contrario de vuelta, con el mismo cariño y amor que el otro le estaba regalando.

Lo vio besar su mano, tragando saliva. Ah mierda, ¿cuánto más iban a durar esos juegos? Ya quería salir de allí... Tragó saliva, con un leve rojo que asomaba tímidamente por sus mejillas. Ese no sabía si era el mejor camino, o si solo estaban dando vueltas. ¿Qué más daba? Quería disfrutar de su compañía, en privado, un poco más. ¿Qué más daba si llegaban más tarde? La sola visión era...

“Es tan hermoso... Nunca dejaré de creer eso.”

Ese pensamiento cruzaba por su mente ante el aire coqueto, volviendo a tragar saliva. Se sentía tan afortunado de ser el único en la vida sentimental de ese varón... Probablemente hubieran miradas en su dirección y, realmente, no le importaba. Ahora mismo, todo su mundo estaba frente a sus ojos, en la forma de esa persona.

El “regaño”, si es que podía considerarse así, le hizo voltear la mirada en otra dirección. —Prometo que... cuando estemos en privado, te lo contaré todo. Pero tienes razón. — Ese no era el momento ni el lugar, por mucho que quisiera aclararlo. Al menos, con su aparente actitud, no parecía tan molesto como creyó que iba a estar. Eso le quitó un gran peso de encima, respirando con un poco más de calma. ¿Lo mejor de todo? Que él, como siempre, sabía cómo levantarle los ánimos. Incluso esa decepción de querer demostrarle qué tan lejos había llegado, ahora se había vuelto distinta. Si él lo veía con esos ojos... ¿Cómo siquiera osaba ofender ese pensamiento del Gran Tezca Norova?

—Es cierto. Es una victoria, y como te dije, te la dedico solo a ti.

Nadie más en el mundo se lo merecía más que él. Que apretara su mano lo relajaba incluso más, devolviéndole el gesto de la misma forma, apretándola hacia sí, contra su propio pecho. Lo había extrañado tanto, tantísimo... Hasta que fue arrastrado, sin darse cuenta de que se dirigían a una zona con flores.

Sus ojos se abrieron de par en par al escucharlo cantar. No era la primera vez, había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo escuchó, con letras que se dirigían a él. La última vez había sido en los blues, en un baile que lo acompañó, demostrándole que no se le daba especialmente bien y, aún así, sabía siempre cómo guiarlo. Decidió embriagarse del sonido de su voz, haciendo que, una vez más, todo a su alrededor se volviera tan lejano que solo sintió que Tezca y él eran los únicos protagonistas en medio del escenario. Sintió la flor entre sus labios, descendiendo la mirada hacia abajo para poder contemplándolo. Maldita sea... Sintió tantas ganas de abrazarlo, besarlo una vez más... Elevó las manos, buscando su cintura, acercando su frente hasta pegarla a la suya. Una sensación siempre logró relajarlo con su presencia. Imaginó la flor como parte del propio Tezca, contemplándolo con una picardía silenciosa, los ojos fijos en él, dejándose llevar como aquella noche, los dos solos, cuando todavía no conocían los sentimientos entre uno y otro. Se embriagó de él, de su aroma, junto a la flor, sin soltarlo hasta que lo hizo el contrario.

Lo vio acercarse a pagar esa flor, la misma que ahora reposaba en una de sus manos. Por una vez, ni siquiera pensó en fumar... ¿Por qué ese hombre siempre conseguía que olvidara incluso sus mayores vicios? Era... único. Como ninguno. No podía ver su rostro, quizás sí el rojo en sus orejas, pero el aura que emanaba ya le decía todo lo que necesitaba saber y, sin embargo, no dijo nada. Solo sonreía, como un tonto enamorado y divertido. Elevó su mano libre, cubriendo sus propios labios para evitar una risita.

Cómo amaba a ese hombre.

Carraspeó, evitando la mirada ahora directa, pero escuchando los pasos alejarse de él, y “viéndolo” avanzar”. Se acercó a él, avanzando un poco más rápido, buscando con su mano libre la del contrario, entrelazando sus dedos con firmeza. 

—Tienes razón... Ahora tendré que comprar vino para mí también.

Fingió una demencia que probablemente el otro ya conocería, pero sabía que era mejor así. Se acercó a su mejilla, brindando un beso suave en la zona, debajo de sus gafas. —Soy el hombre más afortunado de todos los mares. — A continuación, se acercó a su oído, hablando de forma que solo él pudiera escucharlo. —Y no tienes idea de las ganas que tengo de salir contigo de aquí...

Prosiguió el camino, apartando su rostro, pero dejando que volviera a apoyarse en su hombro si así lo deseaba. —He estado pensando... Creo que podríamos comprar algo dulce para los Sepultura, y una hamburguesa para el Mink como te dije. A tus amigos no sé qué les gustará... Pero ya que te vi buscando patatas, podríamos pedirlas con salsa picante. ¿Qué te parece?

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
Cherry era una gran compañía cuando una estaba borracha, no te dejaba ni a sol ni a sombra y te llevaba de un establecimiento a otro buscando cosas lindas para el jodido perro cabello, que no veía que estaba calva acaso?... mierda de tonto. Cuando caminaron para buscar unas tiendas más, Maki se detuvo… Cherry empujo, nada podría hacer que se moviera, no sin antes ver como Bartolomew y Shin luchaban en la arena. Uno veloz como la luz misma, destelleaba como una explosión de mil galaxias y el otro poderoso como un gladiador de los cielos contratacaba con violencia envuelto en poder, algo… poderoso, Maki podía sentirlo pero no verlo había algo ahí… algo extraño, quizás después le consultaría si es que sobrevivía al enfrentamiento del Malvadisco.
 
Como enfrentar a esos mutantes? Como pelear con la luz, el barro, la arcilla, el dios dorado se convertía en arcilla, existía alguna forma de pelear contra ellos?... una iguana podría venceros para mantener a salvo a sus nakamas?. Debía haberlo, tenía que encontrar la forma porque de ella dependían los Valar y sus sueños. No porque las demás fueran débiles, sino por que les debía la vida y cumplir sus sueños era poco pago incluso por ello. Se miró las manos. Eran demasiado pequeñas. Aquellos dedos apenas podían cerrar la empuñadura de una espada y aun así pretendían proteger los sueños de toda una tripulación. Era ridículo... y sin embargo allí estaba, preocupándose porque un desconocido hubiera dicho que tenía una bonita sonrisa. El corazón era un traidor de mierda.
 
Llegaron al primer puesto, —Cherry cariño quiero ver el combate apurémonos por fa vale?— Ebria o a medio camino, era irreconocible, sus dichos, su trato, el tono de su voz. Todo en ella cambiaba cuando el alcohol entraba a raudales en su torrente sanguíneo, no era malnacida, no hablaba a palabrotas y era medio sumisa a los deseos y tironeos de quien sea que estuviera cerca para arrastrarla a cualquier lado. Como el doctor caramelo que ahora le obligaba a ver accesorios para el cabello y comida mientras su calva brillaba con fuerza en el día de los juegos del gran Zarotsuki.
 
Cuando llegaron a un local de comida, servían tripa en canto de Ñordiki y Hipolanudo., sonaba a una especie de tofu para Maki y deslizándose suavemente del agarre del doctor pidió para cuatro, para ellos dos, Merlot y quizás el marine que era su… su… mierda, era su prometido o ¿Esposo?... no recordaba bien Maki pero era algo serio. O eso creía. —Deme cuatro ordenes de Nodiñiko lo que sea. Y una cerve…— Sintio el toque de una persona en su brazo… —No me toques basu…— Se detuvo al ver el rostro del mismo camarero con el cual había hablando antes y habían mandado su cinta para el cabello.
 
Primero creyó que no encontró al Campeón de la chocolactosa, pero recordó que si, por que tenia su cinta. —Disculpe usted no era mi intensión incomodarle— El camarero le extendía con ambas manos, una cerveza, una con sabor a miel, fuerte y oscura… Maki no entendía, pero el joven se acercó a su oído y pronuncio unas palabras tan dulces para ella como la miel. Claro el camarero buscando una propina.
 
—Dijo… que la prenda que le ha entregado le ha impregnado de poder, de determinación y por desgracia le ha inundado la mente con su sonrisa y la canción de sus deseos, que ha perdido por que le n distraído la miel de su vista y la potestad que tienen sus curvas sobre su tino y concentración, pero que aunque no gano… que ha sido un recuerdo tan delicioso que espera con ansias que algún día pudieran entablar palabras.— El desgraciado era experto salamero. Instintivamente se llevó una mano al cuero cabelludo desnudo. ¿En serio hablaba de ella? Maki era una imbecil y creyó cada palabra. Cada significado se ramificaba en un burbujeante jardín de anhelos, si antes se sentía querida ahora, se sentía deseada y ser deseada para una mujer es la cúspide de su ego, que alguien la deseara le inflaba el pecho de orgullo. Era una sensación ridícula... porque también sabía perfectamente cómo era ella. Una calva llena de cicatrices, malas palabras y problemas. Aun así... por un momento quiso creerlo de verdad.
 
Le entregó la cerveza, Maki extendió un par de cientos de berris como propina y el hielo del cuello de la botella se apegó fría al pecho mientras suspiraba y el vendedor de pinchos le entregaba el pedido a la tostada por el destino. Entonces ella pregunto si esas cosas eran vegetarianas libre de carne animal y el vendedor torneando los ojos asintió seguro, pero con una sonrisa enorme. Maki tomo la carne, la cerveza que parecía mucho mas grande de lo común y con la vista intento buscar la figura de su campeón. Ahí… ahí estaba con otros, el trabajador de la paquetería y otro aún más grande que él y otro más pequeño.  Maki sonrió, su pecho palpitaba a mil por hora. ¿Sería demasiado imprudente ir a saludarle, sentarse por ahí detrás de las gradas y conocerse?. Pero… podría dejar a Cherry sola… Mordió su Pincho sin dejar de mirar en dirección del cuarteto apenas parpadeaba  —Cherry… crees que… podamos?— No se atrevía a terminar la frase mientras las luces, el poder del Malvadisco explotaba por todos lados en la arena. Dio otro mordisco al pincho sin apartar la mirada del campeón. Estaba tan nerviosa que ni siquiera sabía qué estaba comiendo. Si aquello era vegetariano, fantástico. Si no lo era... el problema sería de la Maki sobria. Ahora la única batalla importante era reunir el valor para caminar diez metros y decir "hola". Curiosamente, aquello le daba mucho más miedo que enfrentarse a un gigante.

Caminó un paso en dirección a las gradas bajas donde estaban el grupo cuando sintió que algo le cayo en la calva... algo frio? no algo tibio... miro al cielo... —MALDITOS PAJARRACOS DE MIERDA ME HAN CAGADO!!!— Cayo de rodillas esperando a que Cherry le ayudase. La mierda de pájaro comenzó a deslizarse y ella con las manos ocupadas solo podía inclinarse mas y mas esperando por ayuda del rosado e intrépido medico.

Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
Moja seguía encogido en su sitio, haciéndose una auténtica bolita mental de pura vergüenza. Se había calado la gorra blanca hasta casi taparse las cejas, con las orejas felinas completamente pegadas a la cabeza y los codos hincados en los muslos. Cada vez que le venía a la memoria el recuerdo de sí mismo maullándole a la mestiza rosada en mitad de las gradas, y la tía respondiéndole que si "acolchadito", que si "apapachable", le daba un retortijón en el estómago y se le encendía el pelaje de las mejillas. Tragó un poco de saliva amarga, deseando con todas sus fuerzas que la tierra batida de Shandora se abriera y se lo tragara entero.

Para intentar limpiarse el bochorno de la cabeza, obligó a sus ojos amarillos a clavar la vista en la pista. Tenía que concentrarse en el deber, en el análisis táctico, en lo que fuera con tal de olvidar el papelón.

Abajo, el ambiente rozaba el frenesí. Tras los discursos del Canciller y del mismísimo Emperador Zarutsuki, la gran final de los Juegos dio comienzo. Por el bando de la Marina salió el Comandante Hasegawa Shin, el albino de la fruta de la luz que había reventado la prueba de velocidad. Frente a él se plantó Bartolomeow Flint, el buccaneer, una mole de cuatro metros y medio que directamente se transformó en un águila gigante en mitad de la arena.

Moja contuvo el aliento, reajustándose la gorra con un gesto seco para ver mejor entre el humo.

Lo que sucedió a continuación fue un pestañeo salvaje. El buccaneer alado intentó lanzarse a tumba abierta para agarrar a Shin por los brazos y clavarle el pico en la cabeza, pero el marine albino ni se inmutó. En cuanto sonó la señal del Soberano, Shin activó su poder de logia: una detonación de partículas lumínicas estalló justo bajo las patas del pirata, envolviéndolo en un estallido cegador que casi hace parpadear a Moja desde la grada.

A la velocidad de un relámpago, Shin dio dos pasos hacia atrás cortando el avance del águila y le descerrajó dos rayos de luz directos al pecho mientras el rival salía despedido por la onda expansiva. Acto seguido, el albino se reubicó a veinticinco metros en un parpadeo, pegándose a la zona de entrada y gritándole al pirata que se rindiera, que sus amigos estaban mirando.

Moja dejó salir un bufido largo y caliente por la nariz, sintiendo cómo la adrenalina del combate por fin le iba quitando el mal cuerpo. Se frotó la barbilla con la garra dura, impresionado a su pesar por la frialdad táctica del Comandante de luz.

-Madre mía el de la luz...- masculló en un susurro hosco que apenas se oyó entre el rugido del público. -No le ha dejado ni tomar aire. Ese es el ritmo que tiene que imponer la Marina: golpear primero, no dar tregua y liquidar el asunto antes de que los piratas puedan usar la fuerza bruta.-

Inclinó el torso hacia adelante, apoyando las manos en la barandilla de madera y olvidándose por un momento de la mestiza, de la cerveza y del bochorno. La final estaba al rojo vivo y, fuera como fuese, la Marina tenía contra las cuerdas al pirata.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
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Las palabras de Maki fuero un poco hierientes, sabía que la tenía grande, pero no esperaba que le dijeran que era un problema médico. Que bochorno al encontrarse con una estrella musical y haber hecho el peor papelón de la historia al mostrarse de esa manera. Su genuina incomodidad de me hizo pensar que realmente debo ir a un médico. Lo bueno es que ahora las cosas se habían calmado un poco. 

Ella se disculpó con el compañero Zhang. Tras eso y un abrazo nos dejó. La promesa de volvernos a ver no fue mala y sin duda que ahora tenía su numero podría llamarla, a lo mejor que me revisara su médico el doctor caramelo. Hyákinthos también había mencionado que es médico, así que las opciones no eran escasas.  — Al final de cuentas me firmó, pero no es cómo lo hubiera deseado. ¿Cree que podamos verla más adelante? —

No bebería más y ahuyentaría un poco el humo del señor sangoalo. Él me agradaba bastante, pero su humo y su fumadera me lo complicaba. De mis peores experiencias pues me recordaba un poco al burdel de donde había salido. Desde mi puesto fue más que evidente que no dejaría a ninguno solo. — Señor sangolao. Al final el hombre de barro consiguió ganar, no todos parecen tener herramientas para golpear gente elemental. Supongo que todos los elementos. — A lo mejor si Dino-man hubiera tenido esas herramientas, otro gallo cantaría, a mi me parecía que él era tan fuerte para acabar con los 3, solo que se quedó atrapado en el barro. 

Imaginaba que el compañero Mink estaba triste, pues le había recordado a un amigo caído. Sin duda alguna de las cosas más dificiles. Son personas que le importan y que compartieron con él durante su viaje y su experiencia. No quise sacarle la conversación por allí, aunque admito que la curiosidad estaba allí. Podría llegar a ponerlo más triste y no sería ese tipo de persona. 

— ¡Vamos señor sangolao! Fué un buen combate. Además, ya vio, salieron las personas de los otros tronos. Y mire el Rey del cielo tiene un aspecto muy particular. Puedo notar desde aquí que tiene un fuego como lo hago yo, pero no luce como nos vemos el resto. — Seguramente debe ser por los poderes de alguna fruta que debe haber comido. No dieron el discurso más inspirador, de nuevo se sintió que iba dirigido a las personas con más cultura y con una mejor identidad. En mi caso solo me abría el apetito a aprender sobre este pueblo que se parece a mi. Me gustaría sin duda alguna poder aprender de ellos, sobre el lugar y la cultura. 

— También deberíamos ir a conocer el lugar. — Vi a mi alrededor y los gladiadores que salieron dieron lugar a los gladiadores que llegaron. Un marine, el brillante, lo reconocí al instante. Es escandaloso como él solo pero donde va lleva el brillo de una discoteca consigo, también estaba el gran Bartolomew. —¿Y todo ese brillo también es una fruta? — Necesitaba consultar con el experto en frutas, yo solo un hombre que se puede hacer gigante y aquí hay hombres dinosaurios y gente con poderes que parecen divinos. Claro también estaba runin que pegaba como una montaña, por nada salió ganadora en el evento de fuerza. Piensalo, solo hay gente que está construida diferente y capaz ese es camino del que debo aprender.

MJ cantando smooth criminal
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A medias de su conversación con el anciano mink equino, Kibai sonrío cuando Bai dijo su nombre. Haciendo un amago de reverencia estirando ambos brazos hacia los lados, inclinó levemente la cabeza hacia Maki.

— El mismo que viste y calza, para serviros.

Con sus ojos fijo en las armas que la joven calva había dejado caer antes de hacer su paupérrima performance en la prueba de fuerza, el mink esbozó una sonrisa quejaba ver los colmillos superiores.

— Una lástima que te eliminasen tan rápido, Zen'in. Me quedé con ganas de ver más de lo que eras capaz de hacer, es una verdadera pena.

Sin embargo, los ojos de Kibai se desviaron de inmediato hacia su derecha, dónde Bai parecía tambalearse sobre su asiento, como a una marioneta a la que le hubiesen cortado los hilos. Como una exhalación, el mink recorrió la escasa distancia que le separaba de la joven birkaniana, dejando que su peso cayese suavemente sobre su hombro, antes de reacomodarla contra el respaldo del asiento. Bai tenía la respiración calmada y regular, aunque el fuerte olor a alcohol de su aliento no hizo dudar ni medio segundo a Kibai sobre las razones de su repentina somnolencia. Soltando una suave risita a la vez que negaba con la cabeza, la envolvió en el ligero manto que traía la joven consigo y le acomodó el cabello bicolor detrás de las orejas.

— Bueno, bueno, me sé de alguien que va a tener un bonito dolor de cabeza para cuando se despierte. — dijo con un punto de sorna mirando hacia el mink burro y la humink mono que parecían estar con ella. — Procurad darle algo de agua cuando se le haya pasado la melopea, estoy seguro de que le va a hacer falta.

En ese momento, la atención del mink fue devuelta a la arena, pues la final de los Juegos estaba a punto de comenzar, y uno de los combatientes era el comandante Hasegawa.

— Esto definitivamente no me lo pierdo... — pensó para sí mientras hacía un gesto de despedida hacia el mink burro. Justo antes de marcharse, se giró, echando un ojo hacia Bai.

— Anciano, si puedes hablar con ella, dile que la buscaré después de los Juegos. Y no se preocupe... — añadió Kibai dándose un leve toque en la nariz mientras mantenía su sonrisa. — No me hace falta un Den Den Mushi para saber dónde se encuentra. Solo dígale que nos volveremos a ver.

recordó una serie de números escritos en el brazo de Bai. Ladeando la cabeza, el mink sonrió. Quizás habría más de un duelo interesante que librar en un futuro cercano... Echando mano de su propio Den Den Mushi, grabó la combinación en la memoria interna del caracol, antes de pasar por detrás de Moja, el cual parecía estar tremendamente emocionado por la pelea final, y se acercó hacia la zona dónde se concentraban la mayoría de marines. El mink le dio un toque en el hombro, indicándole la dirección en la cual se movía.

— Ya que es la final, más vale que lo hagamos con un poco de piña en la marina.

Tras esquivar a unos cuantos asistentes, logró llegar de nuevo hacia la zona dónde la mayoría de los marines se agrupaban. Localizando al Comandante Juan y al Capitán Enji, Kibai recogió tres cervezas más de uno de los vendedores y, en un arrebato de confianza (influenciado sin duda porque a pesar de su pausado ritmo, ya llevaba algo de alcohol en el cuerpo), se acercó a la extraña pareja.

—Por cierto, Juancho… — decia el capitán cuando el mink se acercó. — ¿Soy yo, o el rey de este lugar es un puto mono?

Tosiendo levemente, Kibai decidió intervenir.

— Si me permite señor, dudo que sea un miembro de mi especie. — dijo mirando hacia el lugar dónde el emperador se había colocado. — Nunca he visto a un mink mono con esas características físicas, salvo que sea algún tipo de variante que solo exista en estas islas del cielo. — añadió mientras alargaba una jarra hacia el capitán y depositaba otra en el suelo alcance del comadante.

En cuanto los primeros compases del combate se iniciaron, Kibai vio como el rival del comandante Hasegawa se transformaba en un hermoso ejemplar de águila antes de desaparecer en un borrón de movimiento que resultó completamente invisible incluso a los entrenados ojos del mink. Apretando las mandíbulas, Kibai se sacó el abrigo, sujetando la prenda del cuello con una mano, antes de girarse hacia el resto de sus compañeros marines, inlcuidos los que estaban sentados más atrás en las gradasy tomar aire para gritar con toda la potencia de sus pulmones.

— Vamos, tenemos que apoyar al comandante!

Agitando el abrigo de un lado al otro dejando ondear el símbolo de Justicia que brillaba en letras negras en su espalda, el mink se arrancó en un improvisado cántico, dejando que la cereveza trazase la letra por él.

El día que me mueeera

Yo quiero mi cajooooon

Pintado de azuuul y blaaaanco

Como mi corazoooon

La Caja de Pandora
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En un fugaz momento de claridad, Enji se preguntó qué tan correcto era mirar al rey de la manera en que lo estaba mirando. El capitán tenía el ceño fruncido, los párpados apretados en una fina línea y los ojos, cargados de escepticismo y sospecha, clavados en el Ouka Shichibukai. ¿Alguno de los custodios se percataría de su manera de escrutar al monarca de la isla? ¿Les parecería raro? ¿Lo reprenderían? Delante suyo, unos metros más allá de la baranda que separaba las gradas del campo, se hallaba uno de los cinco ángeles que le dieron la bienvenida a los participantes del torneo. Para ser precisos, allí parado estaba el ángel que recibió al contingente de la marina, Navur. El mismo que lo golpeó en la cara con un bastón. ¿Se daría la media vuelta en algún momento para encararlo y pedir explicaciones por su actitud? En el fondo, Enji deseaba que así fuera. Se había quedado con las ganas de devolverle la cortesía y, después de ver las semifinales, se le antojaba pelear.

Buscó en sus bolsillos algo que pudiera arrojarle al custodio. Lo que sea. Una pelusa, una piedra, tierra; cualquier cosa para llamar su atención. En lo que buscaba, sin embargo, el soldado Kibai de la División Sesenta llegó junto a ellos. Las cervezas que traía consigo se llevaron su atención de inmediato.

—¿Eh? Claro que no, michifuz. Tu eres un gato y él es un mono. ¿Cómo van a ser lo mismo? —dijo, como quien señala la cosa más obvia del mundo.

Aceptó la jarra de cerveza y la empinó sobre sus labios sin dudarlo un segundo. Uno, dos, tres tragos. La jarra volvió a bajar pero esta vez vacía. En su labio superior, un bigote de espuma delataba el crimen y lo sediento que estaba antes de cometerlo.

—Ahhh, dios. —Suspiró de puro gusto mientras la bebida seguía burbujeando en su garganta—. ¡Shihahahaha! Esta mierda está buena.

Levantó la mano para llamar la atención de otro de los vendedores que se paseaban por la grada ofreciendo cerveza, le pidió dos jarras con un gesto de los dedos y aguardó a que se abriera paso hasta su lugar para recibirlas y pagarle. Tras eso, volvió su atención al combate, justo a tiempo para apreciar los primeros movimientos de cada uno. Bueno, “apreciarlos” era mucho decir. Vio un águila aparecer y después una explosión de luz. Es todo. Sus limitados sentidos no podían captar más cuando se movían a esa velocidad. Incluso se tuvo que cubrir los ojos con la mano para evitar quedarse ciego con tantas luces resplandecientes en el campo.

Por suerte para él, Kibai volvió a hablar y pedir la atención de todos, convocándolos a levantarse y cantar para apoyar a su compañero. Enji alzó la ceja. ¿Apoyar a Shin? Nah, que pereza. Ah, pero ¿hacer ruido y molestar? Pff, Por supuesto. Siempre podían contar con él para eso.

Su sonrisa se ensanchó hasta sus límites en una mueca, como poco, perturbadora. Imitó a Kibai y se sacó la chaqueta de encima, la sujetó del cuello, la levantó sobre su cabeza, dejando a la vista, una vez más, su trasero blanco y bien formado, y empezó a agitarla mientras subía el pie izquierdo a la baranda.

ESTA ES LA BANDAAA, DE LA MARINA
LA QUE TE ALIENTAAA, TODOS LOS DÍAS
SE MUEVE PAAARA ACÁ
SE MUEVE PAAARA ALLÁ
ESTA ES LA BANDA MÁS LOCA QUE HAY

Agarró a Juan, lo levantó del suelo en su forma de tortuga y lo colocó sobre su cabeza, tirando las palomitas en el proceso, mientras cantaba y gritaba. Se movía de un lado a otro dando saltitos y vitoreando, empujando por momentos a Kibai para que lo acompañara en esa "ola" que iba y venía.

—¡Canta, Juancho!

Alentó a su compañero mientras pensaba fugazmente en otra letra que pudiera servir para alentar a la marina, como organización de la que formaba parte, o atacar a los piratas. La inspiración estaba inundándolo como nunca antes.

VOOOS VAS A COBRAAAAR
PIRATA, SOS UN CAGOOOON
NO VAS A SALIR CAMPEÓOOON
ANTES TE VOY A ENCERRAAAR

NOOO VAS A GANAAAR
TE LO DICE EL CAPITAAAAN
HOY VOS PISAS IMPEL DOOOOWN
CON UN PALO EN EL CULOOOOO

off


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