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[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
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10-08-2026, 12:33 PM
Mantenía mi puño bajo el mentón, el codo sobre mi rodilla. Entorné mis ojos con la intención de ver si Bartolomeow tenía algo en las manos que le permitía tocar a aquel marine. Debía ser algo así, un guante fabricado con un material especial que permitiese ese tipo de acciones. Tal vez no era un guante, quizá solo era una serie de anillos o alguna final lámina. Seguí escudriñando, mi atención cada vez más y más centrada en el cuello de Shin. Debía conocer qué había detrás de aquello. Estaba tan concentrado, que apenas pude enterarme cuando un brazo me rodeó por los hombros. Intenté dar un salto para alejarme, como si mis instintos me estuvieran avisando de que debía huir de allí. Y tal vez, estaban en lo cierto
No sé trataba de enemigos. Ni siquiera de una pequeña trifulca provocada por el alcohol entre los piratas de la Sepultura y los Hanu Mahana. Nada de eso. Era el fuerte brazo de Eros que me tomaba hacia él. A su otro costado, se encontraba también unido Uker. No con actitud beligerante, nada de eso. Era más bien la energía más festiva que había visto en ellos desde siempre. No supe si se debía a la bebida, o a aquella canción que nos había regalado Miyori, pero ambos estaban repitiendo la letra de la canción. Sin opción a huir y con la valentía incoherente de que dota el vino, comencé a cantar junto a ellos.
♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho ♫♪
♫♪El sake de Binks será, lo que vamos a entregar
Ni el viento o la marea nos podrán parar♫♪
Sentía como mi interior se calentaba. Aquella letra, esa canción... Tenía algo. Parecía estar hecha para unir a la gente. Una canción para alegrarnos a todos, una cancion para encender nos a todos, una canción para llamar a todos y unirnos junto a la hoguera. Noté el ímpetu de mis amigos, aferré mi brazo con fuerza sobre el hombro de Eros y los acompañé.
.♫♪Cae la tarde sobre el mar, y en el cielo escucharás
El cantar de los pajarillos al volar♫♪
♫♪De mi pueblo yo me voy, con orgullo zarpo hoy
Este canto es la fuerza para navegar♫♪
♫♪Hey borra su esplendor, y la brisa de la mar
Que nos va a acompañar a donde hay que viajar♫♪
♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho♫♪
Y cantando juntos a ellos, parecía haber ganado algo en aquellos juegos. Y tal vez sí que tenía algo por lo que cantar. Tal vez, mi victoria se había dado tiempo atrás, en días grises y de dolor, en días en los que había perdido mucho, pero había ganado aún más. Esos días, en los que comencé a navegar bajo la bandera de los piratas de la Sepultura. Quizá navegaba en busca de mi hogar, sin saber que lo hacía estando ya en él.
Antología
10-08-2026, 02:16 PM
(Última modificación: 10-08-2026, 02:16 PM por Sigurd Haakon.)
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos
Por ahí llega Ubbe, por fin regresa de su combate. Se le ve bastante entero, no tiene ninguna herida notable y, aunque parece cansado, no lo noto exhausto o agotado en lo más mínimo. Se mantiene enérgico, estoico pese a la derrota, con su andar tan resultón y orgulloso y esa actitud carismática que, al cruzarse con él, aunque no te dirija la palabra, notas que estás frente a un espíritu indomable, una bestia salvaje. Pero yo sé que es todo fachada. Que, en el fondo, en lo más profundo de su ser, está jodido. Que el haber perdido le afecta tanto o más que al resto. Llámalo conexión entre hermanos, mística, o que realmente sé cómo sufre un verdadero guerrero tras la derrota en el campo de batalla. Pero lo sé. Puedo ver más allá de esos pectorales de hierro y ese peinado engominado. Le falta esa chispa, esa magia tan suya que lo caracteriza. Aunque tampoco me preocupa. Sé que se le pasará con un par de colas sin azúcar, mujeres atentas a sus músculos y un chasquido de dedos fulminante con esa tonadilla tan suya, "Hey Baby". Pese a todo, su sonrisa se difumina bajo la presión de las expectativas. Tenía la ilusión de llevar a su equipo a la final con el poder de sus puños. Aun así, yo tampoco lo habría hecho mejor. -Escucha, hermano, no te martirices.- le comento con solemnidad, una mano sobre su hombro y una mirada de orgullo. -Has enfrentado un mundo que desconocemos y a poderes dignos de los dioses.- trato de darle épica a su hazaña. -¡Y, a pesar de todo, has sido el que mejor pelea ha dado de los cuatro que habéis bajado! ¡¡Jarul Jul Jul Jul...!!- No miento en lo que digo, y sería estúpido pensar lo contrario. Ha de darse cuenta de su proeza y sé que, pasados los días, aprenderá de esto y se hará más fuerte. No hay tiempo para más. El combate de Shin estalla sin previo aviso tras las palabras de Zaratsuki y, si pestañeas, te lo pierdes. El hijo de la luz contra un diminuto Buccaneer abanderado con la Jolly Roger de un perro del Gobierno que se hace llamar "Héroe" de la Isla Pirata. Interesante choque de poderes entre el futuro de la Marina y un enviado de los siete guerreros del mar. El que derrote al otro no solo ganará los juegos, sino que sentará un precedente para ver quién tiene la sartén por el mango en esta alianza. La batalla es fugaz y feroz. Pese a la demostración de velocidad de Shin, es el adversario quien toma la iniciativa del combate. Transformado en ave, se lanza contra el soldado y lo retiene entre sus garras, asestándole un golpe contundente. Obvio, el Marine no se queda de brazos cruzados y consigue eludir la ofensiva para ponerse en ventaja con sus ataques explosivos. -Vaya... Así que de esto eres capaz...- observo analítico la pelea, fascinado por las bombas lumínicas. Evidentemente, va en mi equipo; quiero que gane. He depositado toda mi confianza en él, así que más le vale ganar si no quiere morir joven. Pero sé a lo que se enfrenta, y un Buccaneer, por muy escuálido y pequeño que se vea, no deja de ser de la tribu más fuerte del mundo. Si sabe desenvolverse bien, puede desequilibrar la balanza en cualquier momento. Lo que no me esperaba jamás en la vida es el desempeño de la grada. En este caso y, en su mayoría, apoyando al Marine. Cánticos de un lado y del otro, cada uno de su madre y de su padre. Incluso varios se animaron a cantar el Sake de Biks, una canción que cantaba mi padre y su padre antes que él. Estoy a punto de sumarme a ellos, pero, en vista de lo apretado que está el resultado en la arena, soy de los que apoya a su equipo antes que cantar o perder el tiempo con tonterías. -¡¡SHIIINN, POR TU PUÑETERA MADRE, HAS DE GANAR!! ¡¡POR LOS SOLDADOS QUE TE APOYAN, POR EL EQUIPO SEIS Y POR TI!! ¡¡HAZLO O TE CENARÉ ESTA NOCHE JUNTO A TUS COMPAÑEROS!!-
-¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
Las palabras resuenan como un rugido de guerra sobre la arena, haciéndose hueco entre tanta canción y grito. Espero que le dé ánimo suficiente para dar más del cien por cien si es necesario. Que su hambre de victoria sea tan grande como su voluntad y que, gracias a su mano, nos concedan el deseo.
En efecto, cajita feliz
10-08-2026, 05:48 PM
El marine se quedó quieto mientras la joven que trastocó todo su ser mientras hacía las trenzas de las que habló, aunque cuando se acercó tras las palabras del doctor que la acompaña y que parece ser su protector el joven pelirrojo no pudo evitar sentir como si algo en ella hubiese cambiado ligeramente, como si un mal recuerdo le hubiera venido a la mente. Igualmente la joven no demostró nada más que un breve ápice de ello, y si realmente fue un mal recuerdo, el pelirrojo no dirá nada al respecto para no provocar más molestias de las que probablemente sintiera al recordar esas cosas. Las palabras del marine sobre protegerla son totalmente serias, mientras él esté presente nadie tocará un solo pelo de Maria, pese a que aún no está muy seguro porque la protege tanto, qué la hace tan especial más allá de los recuerdos que desató en el foso. Seguramente necesitará pasar más tiempo con ella para entenderlo, pero eso es algo complicado al ser ambos enemigos por los caminos tomados por cada uno. La joven entonces vuelve a su forma alegre de ser y le indica al marine que se acerque para peinarlo, momento en el que Bertram lo hizo sin problemas pues realmente quería ver qué tipo de peinado le haría la sirena que al principio parece reacia a tocarle, como si le tuviera miedo.
El joven pelirrojo sonríe alegre y tranquilo, recordando tiempos pacíficos en los que vivía en el bosque cazando, pensando en cómo hubiera sido su vida como cazador, eventualmente se habría dedicado a viajar para cazar nuevas presas, pero quien sabe si su vida no se hubiera visto truncada por el ataque de los piratas tal vez no se habría alistado a la marina, y de encontrarse con ella qué relación tendrían, cómo sería ella en un mundo donde el joven viajara por que quería ver mundo, no por haberlo perdido todo. El joven sonríe alegre mientras se mantiene sentado frente a la joven que le habla, mencionando que el rojo es su color favorito, después del rosa, algo que se nota al ver su cabello sin rastro del azul celeste con el que la conoció. La joven parece admirar el pelo del marine, ahora mucho más largo que cuando se conocieron, y mientras la joven le deshace la coleta el joven se relaja, confiando plenamente en que la sirena no le hará daño, pues para él es un ser puro e inocente que solo tuvo malos encuentros en su vida. En un punto la joven le indica que no se mueva, por lo que el arquero permanece completamente inmóvil mientras la joven hace lo que tenga que hacer para las trenzas, mientras el joven se pregunta si realmente puede haber una forma de que la sirena tenga una vida tranquila a pesar de la recompensa que le pusieron por simplemente ser como es. Cuando la joven menciona haberle escrito al joven marine, Bertram sonríe y le dice -Las recibí y las tengo todas guardadas a buen recaudo, en las alforjas de Rasmussen, quien parece haberte cogido cariño en Whiskey Peak. Algún dia te dejaré acariciarlo tanto como quieras, incluso te dejaré alimentarlo sir.- El joven escucha con calma las palabras de su amiga, sí amiga aunque no sabe porque usar esa palabra no le resulta cómodo, como si la sintiera demasiado poco para definir lo que percibe de ella. El joven entiende perfectamente lo que debe haber sentido Maria con lo de dejar a sus amigos atrás, encontrarse con nuevos amigos, verse impotente frente a alguien importante siendo atacado, pero no sabe como hacerla sentir mejor. Cuando escucha lo de los 70 niños el joven marine abre los ojos de par en par, pero al instante se recupera, pues sabiendo como es ella probablemente los salvó de algo y no pudo simplemente dejarlos por allí, rascándose cuidadosamente tras la cabeza, notando perfectamente las trenzas tan bien hechas mientras sigue escuchando las palabras de Maria, aun no sabe lo que significa la expresión Wabi Sabi que menciona. Escucha sus últimas palabras, escuchando como ella dijo que le hizo algo y que se lo dejó en el pelo, algo que tomará cuando se bañe y vuelva a arreglarse el pelo, por lo que antes de que la sirena se vaya el joven no puede evitar acercarse y darle un suave abrazo acercando su rostro a sus oídos y diciendo mientras le acaricia suavemente el pelo para animarla -Lamento todo lo malo que te ha pasado y no haber podido estar allí para animarte sir, pero siempre que me escribas guardaré tus cartas. En tu mano te dejé mi den den mushi, si alguna vez solo quieres desahogarte llámame y te prestaré mis oídos sir.- Tras eso es que la lleva junto a sus compañeros y escucha las palabras del médico Hyakintos sobre mantener su palabra y mantenerla a salvo a lo que con una sonrisa amable y calmada dice -Siempre cumplo mis promesas, pero sobre todo, jamás me permitiré que ella sufra daño si puedo evitarlo sir.- Tras eso vienen las palabras de una Maki más ebria que calva, siendo que al marine le cuesta entender lo que dice pero entiende lo esencial y responde a ella diciendo -Descuida, la protegeré incluso de vosotros si osáis hacerle daño sir, aunque viendo cómo la tratáis y cómo os preocupáis por ella dudo eso pase sir.- El joven tras eso vuelve su atención al combate, viendo como está resultando en una batalla bastante interesante pues es la primera vez que ve a alguien capaz de convertirse en lo que parece ser luz, mientras que también es la primera vez que ve a alguien capaz de agarrar la luz como si fuese física. El joven marine sigue viendo a los demás marines cantar como un grupo de animadoras, pero realmente no tiene la cabeza en esos momentos para unirse a ellos, igual mantiene la mirada atenta a todos los detalles de la pelea por si aprende algo que le pueda servir a futuro, sobre todo a la hora de una posible pelea contra el hombre águila.
El Carcaj de información
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10-08-2026, 08:08 PM
Mientras me balanceaba en la cabeza de mi buen capitán, luchando por no perder el equilibrio, veía desde las alturas cómo se desarrollaba el combate. El hombre semidesnudo que se enfrentaba a Shin se transformó en águila y cargó contra este, logrando agarrarlo en un veloz movimiento. Sin dudas era rápido, pero no parecía ser más rápido que el comandante de la Marina al que se enfrentaba. Sin dudas era un pervertido, pero se encontraba a kilómetros de distancia de lo pervertido que podía llegar a ser Enji. Con esos dos factores innegables sobre la mesa, no había duda en mi mente, el presunto pirata que se encontraba frente a nosotros no era ni más ni menos que un segundón.
Las gradas se volvieron una fiesta con multitud de gente cantando y animando a los participantes. Era una sensación única, no estaba seguro de si Jin le había puesto algo raro a mi cigarro, pero podía sentir cómo mi cuerpo se ponía más y más caliente. —Si yo me siento así, ¿cómo será para Shin ser el centro de todo esto? —pensé mientras me balanceaba en la cabeza de mi capitán. —¡Tendríamos que haber salido los dos a pegarnos, Enji! Estar ahí abajo tiene que ser increíble… —Si bien había un deje de remordimiento en mi voz por no haber podido participar, no podía negar que me lo estaba pasando suficientemente bien desde las gradas. Después de un buen contraataque de Shin, Enji se pidió una cerveza y, después de darle unos buenos tragos, me la puso en la boca. —Pero si yo no... —Fueron mis últimas palabras antes de verme con una jarra gigante de cerveza en el pico. ¿Era lo correcto, debía beber en horario de servicio? Preguntas difíciles sin respuesta, lo único que sabía en estos momentos eran los valores que me inculcaron en casa desde pequeño. “Los regalos no se desprecian”, me dijo mi padre cuando apenas era un inocente y diminuto crustáceo. Así pues, después de que Enji terminase el cántico que estaba entonando, incliné bien mi cabeza hacia arriba para dejar entrar el espumoso líquido en mi garganta, vaciando por completo la jarra en un solo movimiento. En mi mente estaba convencido de que me lo había bebido todo, pero la realidad era distinta. Si bien me había bebido la mitad de la cerveza, la otra mitad se derramó por ambos lados de mi mandíbula, empapando a Enji en el proceso. —¡Estoy que ardoo! —grité mientras giraba sobre mí mismo sobre su cabeza como si de una peonza se tratase, ajeno al pequeño e inocente desliz que había tenido. Contagiado por la euforia y la evidente falta de disciplina, me animé a seguir con los cánticos para animar a mi compañero marine ahora que el final del combate se acercaba. ¡PIRATA, DIME QUÉ SE SIENTE!
¡VER QUE PIERDES LA FINAL!
¡TE JURO QUE AUNQUE PASEN LOS AÑOS!
¡NUNCA LO VAMOS A OLVIDAR!
¡QUÉ PERDISTE LA FINAL!
¡CONTRA LA JUSTICIA REAL!
¡Y ESA MANCHA NO SE BORRARÁ JAMÁS!
Ritmo de Juan (Perdón)
Ignoré por completo el hecho de que, al empezar a cantar, solté la jarra de cristal que sostenía en la boca, provocando que se hiciese añicos contra el suelo. Daños colaterales, no lo pueden entender...
Cajita de tortuga
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10-08-2026, 10:37 PM
Celebración, mucha fiesta, exceso de alegría. Quién diría que, avanzando en una aventura tan peligrosa y llena de obstáculos, se encontrarían con un sitio en el cual relajarse y recordar que, en la vida, siempre sale el sol por mucho que los días parezcan grises. Sus ojos se desvían cada tanto hacia el sitio en que están sus amigos junto al resto de piratas. Como médico, les gusta verlos cantar, bailar; básicamente, desestresarse. Es una actividad sumamente positiva para su bienestar emocional, incluso para el físico. Eso sí, deberá encargarse de, una vez sobrio y todos de regreso en el barco, recordarles que no pueden bajar la guardia. En este sitio, aunque haya cordialidad y supuesta protección, hay un sinfín de enemigos. Y no me refiero únicamente a marines, sino que entre los piratas, incluyendo a aquellos con los que comparten fiesta, puede haber aquellos que, en un futuro, se interpondrán en su camino con el afán de avanzar en esta travesía. Sin embargo, por ahora, pueden descansar. Ebrio o no, Kiyoshi, desde la distancia, siempre estará cuidándolos.
Ahora, si nos vamos al combate, ocurre algo realmente increíble, lo que provoca que Kiyoshi abra más los ojos, interesándose en lo que ocurre. Hasta ahora, pareció que el compañero de Uker llevaba la ventaja y se llevaría la victoria. Pero dicen que los más grandes siempre aparecen cuando más se les necesita. Un espectáculo de luces y a gran velocidad ocurre de un momento a otro. Realmente, parpadear puede ocasionar que se pierdan todos los detalles del enfrentamiento, y es un esfuerzo considerable para un Kiyoshi que debe afirmarse en la baranda delante suyo para evitar caer producto de la borrachera que carga encima. — Tonto… ¿por qué lo sueltas…? — Habla en voz baja, y muy lento. Le cuesta hilar palabras y construir frases muy largas. Se ve obligado a acariciar su cabeza debido al dolor que tiene. Intenta seguir el movimiento ajeno lo que más puede, pudiendo percatarse de su ubicación solamente cuando deja de moverse y luego cambia de rumbo. En medio de sus desplazamientos le resulta totalmente imposible. — ¿Así se sentirá ser el topo? — Hasta hace unos segundos, estaba contento porque parecía que Uker compartiría el primer lugar de los Juegos debido al desempeño de Bartolomew, pero, en este momento, pareciera que está más cerca de retirarse junto al resto de sepultureros sin ningún premio de consolación. — Al menos no podrá lucirse frente a nosotros. A lo lejos, a la distancia, atravesando incluso el terreno de combate, ve a muchos tipos moverse, aparentemente gritar, uno parece que hasta desnudo, aunque no se puede asegurar debido a los muchos metros que los separan. ¿Será posible que Kiyoshi algún día pueda emocionarse de tal forma con algo? ¿O al menos demostrarlo con tanta efusividad? El solo hecho de imaginar hacer el tonto frente a tanta gente hace que se muera de la vergüenza. Afortunadamente, encontró un sitio algo solitario en el que poder sentirse seguro. Llegó demasiada gente con ellos allá abajo en los asientos, e incluso con alcohol encima comenzó a incomodarse. A veces, enfrentar los miedos es positivo, pero consideró que esta oportunidad no era la indicada. — Me pregunto si esto se alargará mucho más después del combate. Necesito tomar medicina para la borrachera, pues dudo poder llegar en este estado hasta el barco. ¿Será que Eros o la chica obscena vuelven a ofrecerse para cargarme? Quizás ahora sí me conviene aceptar. No deseo caminar tanto en este estado. — Y es que claro, por si alguien lo ha olvidado, la caminata desde donde dejaron anclado el barco hasta acá duró horas. El solo hecho de imaginarse haciendo el camino de vuelta… No, que alguien lo lleve en brazos o algo similar. — O quizás encontremos alojamiento por aquí en la ciudad. Aunque deberé revisar de que todo esté bien limpio. — Porque también duda de poder limpiar tan prolijamente el sitio que sea. — No debí motivarme bebiendo ese vino. Maldito Tontoro y sus ocurrencias. ¿En dónde trajo tantas botellas? Realmente es un ser increíble. Tonto, pero increíble.
Lávense las manos
![]() Hablo | Pienso
10-08-2026, 11:40 PM
Kael había perdido toda la fé en la marina allí reunida durante unos cuantos segundos, comprobando como en su mayoría se habían visto provocados por los piratas para cantar en contra de los mismos apoyando, al mismo tiempo, al marine albino que estaba allí peleando contra el miembro de los piratas de los Mushoku. Apoyar a un pirata, incluso si este pertenecía a uno de los siete guerreros del mar controlados por el gobierno mundial no parecía molestarlos en absoluto.
Algo parecía indicar que ellos sabían o pensaban en algo que ni siquiera los marines estaban tomando en cuenta, pero...eso es una historia para otro día distinto. Kael había decidido devolver su atención al combate, observando en silencio y con su completa atención el enfrentamiento de altas velocidades que ambos guerreros estaban teniendo frente a ellos, un duelo que costaba seguir con la mirada hasta que prácticamente el daño no terminaba de realizarse. Por más vítores que llegasen a formarse a su alrededor, ni siquiera cuando su compañera de división comenzó a cantar, él apartaría la mirada. Estaba demasiado entregado como para siquiera perderse un sólo detalle...hasta que ella tira de su brazo en su dirección. ―¡Venga, Kael! ¡¡Es hora de cantar!! Fue tan solo en ese momento que sus ojos decidieron observarla de reojo, ofreciendo una resistencia hacia ese tirón tratando de evitar que lo levantara. —No.—Una respuesta sencilla. Ella le estaba animando a hacer algo que lo sacase de su caja de formalidad ahora que incluso el capitán de la marina se había atrevido a algo así, pero él, a diferencia de lo que podía pensarse, no estaba evitándolo -solo- por ser alguien más serio que el resto. Para ella, por supuesto, eso no iba a ser suficiente. ―¡Canta, Kael, canta! ¡Tienes que cantar, Kael! ¡Es tu mejor amigo! ¡Caaaaaantaaaaaaaaaaaa! Fue en ese momento exacto, justo cuando ella terminó de soltar aquellas palabras con toda la energía que caracterizaba a aquella humink, como si toda la tristeza de su rostro hubiese desaparecido en el momento en que los canticos y vítores habían comenzando, que Kael soltó una pequeña pero distinguible risa de sus labios. ―Precisamente por eso no canto. La tomó del brazo que tiraba de él como respuesta a su insistencia, pero sin llegar a obligarla a sentarse, ni mucho menos ser especialmente brusco. Lo único que buscaba, era hacer que ella le prestase atención durante un momento, antes de que volviese a hacer lo que quisiera. ―Todos los que gritan por Shin lo hacen porque quieren que gane.―Sus ojos volvieron al lugar donde él se encontraba, peleando con todas sus fuerzas contra un enemigo más grande, con más fuerza física, y con más trucos que él.―Yo no. Yo no quiero que gane. Si pudiera cruzar miradas con el albino aunque fuera durante un atisbo, lo buscaría en ese momento, porque en esa mirada...él lo sabría todo. ―Yo sé que va a ganar. En ese momento, incluso sin pretenderlo, Kael...estaba sonando demasiado serio, mucho más de lo que él quería. ¿No estaba buscando cambiar? Sus palabras habían salido con aquella seguridad absoluta que acostumbraba a emplear cuando hablaba de algo que consideraba importante, pero al escuchar el eco de su propia voz entre todo aquel ruido, comenzó a darse cuenta. Si él no se mimetizaba con su entorno, no estaba logrando nada. Si seguía con ese comportamiento en el que parecía no importarle nada, ninguna máscara le cubriría el rostro de su realidad. Los marines le estaban dando la oportunidad de ser diferente, y él...seguía ahí, sin moverse de su forma de ser. "Creo que me he pasado un poco." Nyra le estaba animando a ello, y aunque él jamás en la vida podría llegar a cantar por la maldición de su voz no significaba que no pudiera animarle, de alguna forma, como estaba haciendo el resto. ―Venga, vale...―posiblemente, esa era una de las respuestas más exageradamente dificiles que había pronunciado en su estancia en la marina.―Pero que conste que no voy a admitir que esto sea necesario para que Shin gane. Le estáis pidiendo demasiado si esperabais que no soltase una frase como esa para acompañarla, pero al menos...puede intentar acompañar a su nueva amiga en algo que parecía dispuesta a querer compartir con él, y ser parte de la marina que se reunía en Skypiea. "Espero que el joven Nanashi no me preste atención". Intentó alzar su voz, preparándose para gritar algunas palabras de apoyo, quizás incluso seguir el canto de la morena de cabello rubio. ¿Cuánto hacía que no alzaba la voz para gritar por algo o por alguien? No tenía el tiempo para tratar de rememorarlo, pero desde luego le era imposible pensar en algún momento en que hubiese llegado a hacerlo. "Venga. Una, dos..." Pero la voz no le salió. Algo confundido, trató de intentarlo de nuevo. Se llevó las manos alrededor de su boca, abriendo un pequeño canal para que su voz llegara algo más lejos, pero cuando trató de forzarse a expresarse con el tono de voz que su mente buscaba gritar... ―Ánimo, Shin. Nada más. Ni un grito, ni mucho menos una voz que le permitiera cantar, y ni tan siquiera un intento de elevar la voz por encima del estruendo. Simplemente, su cuerpo no se lo permitía. No había sido verdaderamente consciente de ello hasta ahora, pero... No podía hablar más alto, ni tampoco más bajo, ni siquiera si lo intentaba.
―Lo...lo siento, Nyra. No sé por qué, pero...no puedo hacerlo.
Maldición de la voz
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11-08-2026, 01:23 AM
(Última modificación: 11-08-2026, 01:30 AM por Kibai.
Razón: Añadir gasto de energia
)
Con gran alegría, Kibai comprobó que sus esfuerzos daban cada vez más resultado, al trasnmitirse la energía que tanto él como el capitán Enji estaban desprendiendo con sus cánticos. Una serie de explosiones de luz, demasiado rápidas para percibirlas adecuadamente, inundaron el estadio entero con reflejos cegadores, haciendo a buen seguro que muchos de los espectadores tuviesen que cubrirse los ojos para no quedar deslumbrados por estar demasiado antentos.
En la grada pirata, los cánticos del Sake de Binks, amenizados por música del violín de la joven pelirroja (que ahora que lo pensaba, se había presentado como Miyori, o Mayuri, o algo similar cuando se habían visto antes), continuaban a buen ritmo, con las voces más o menos afinadas entonando la alegre melodía con una coordinación digna de un desfile de cojos en una calle mal adoquinada. Por suerte, al menos a los ojos del mink, cómodamente velados por la cerveza ingerida, la grada de los marines hacía gala de una impecable elegancia a la hora de lanzar sus cánticos y proclamas, y desde luego, era perfectamente normal que el comandante Juan estuviese girando sobre la cabeza del capitán mientras una lluvia de cristales de una jarra caída a buen seguro por accidente sobresaltaba a los espectadores más cercanos.
El capitán, haciendo gala de a lo que a buen seguro eran sus propios poderes de una Fruta del Diablo, había creado a imitación de Kibai un letrero de una sustancia morada y viscosa con los Kanji de Justicia. Decidido a aumentar aun más la presencia de su gente en el estadio, el mink levantó la mano de nuevo hacia el cielo, enviando otro medio centenar de avispas a reunirse con sus hermanas, doblando el tamaño del símbolo de la Justicia, y alzándolo hasta los ocho metros de altura, dónde se quedó estático en el cielo como una auténtica Espada de Damocles para todo aquel desaprensivo que osase desafiar a su gente.
Echando la vista a ambos lados, valiéndose tanto de sus ojos como de su olfato (aunque el olor a tabaco, a comida y a cerveza que flotaba ya en la grada empezaba a hacer dificil el rastreo, Kibai trató de localizar a los miembros de su División. El comandante Stroud había pasado bastante desapercibido todo el tiempo, y seguía sentado en las gradas sin demasiados atisbos de intervenir. Por su parte, Moja, que al parecer no había aprobado demasiado toda aquella performance en honor a su compañero que luchaba en la final, se había colocado a un lado, también sin atisbos de intervenir. Y por último, Bertram, el cual tenía algún tipo de relación con MM, aunque Kibai ignoraba de qué tipo y por el bien de su salud mental, esperaba que siguiese siendo así, estaba unas cuantas gradas por detrás, y tampoco había decidido cantar. Sorprendentemente,
Entre todo el griterío una poderosa voz, proveniente del Bucaneer con la peor capacidad estratégica que el mink había visto en su vida, se sumó a la de los marines para alentar a Shin.
— Vaya, parece que con los piratas, el interés por la victoria pasa por aliarse y apoyar a quien sea, hasta a la marina... — pensó Kibai para sí. Aunque pensandolo bien, el habría hecho lo mismo, no contra un marine (puede que contra alguno de esos asquerosos del Cipher Pol) pero sin duda contra otro pirata o revolucionario que supusiese una amenaza mayor.
— De todas formas, no podemos ser menos... Así se hace, Comandante! — gritó hacia Juan Sebastián, que seguía girando como una peonza sobrer la cabeza del Capitán Enji. Con una carcajada, Kibai aumentó la canalización del Electro hacia su propio cuerpo, cubriendose a su mismo de un manto de destellos azules que chisporroteaban a su alrededor y envolvían su cuerpo con un olor a ozono al aumentar severamente la estatica del aire circundante.
Enarbolando de nuevo su abrigo, un montón de diferentes opciones pasaron por la mente del mink, a cada una más estrambótica, echó la mirada de nuevo hacia atrás, y vio algo que le hizo tomar una decisión. Un par de gradas por encima, Nyra, la humink y Omuyaga trataban de cantar, pero este último parecía no encontrar ninguna letra oportuna, pues hacía el gesto de empezar a animar antes de darse por vencido. Aquello no podía permitirse, no en una situación como aquella.
Como un borrón desdibujándose por el movimiento, Kibai abandonó su posición con el pie encima de la barandilla de la grada, cayendo justo tras ambos marines, y pasando un brazo por encima de cada uno de ellos, ignorante, debido a lo acostumbrado que el mismo estaba, a que todo su pelaje seguía cubierto de electricidad estática. Las avispas, más lentas que el, no tardaron demasiado en posicionarse de nuevo sobre las cabezas de los tres soldados, manteniendo su elevación a ocho metros de altura.
— Vamos Omuyaga, no te preocupes, tengo un montón de letras pensadas!! Esta es sencilla, tan solo seguidme el ritmo.
Tomando aire, Kibai comenzó a cantar, a la vez que balanceaba a un lado y al otro a sus dos compañeros marines.
Shin Hasegawa
El deslumbra sin cesar
Shin Hasegawa
La victoria nos dará
Shin Hasegawa
Rayos de luz letal
Shin Hasegawa
UH
Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na
Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na, Na
ritmo de la canción de Kibai
La Caja de Pandora
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
3496
+
0
=
3496
Energia:
3180
-
280
=
2900
Espiritu:
970
+
0
=
970
11-08-2026, 03:31 AM
El encuentro entre los luchadores de la final era ciertamente algo digno de apreciar, hacia a Kiba recordar cuan poco tenía dominado el combate en una visión global era tan solo un ratón que se podía meter trepando por las amarras en el puerto para subirse al barco que eran la Grand Line, Skypiea y el Nuevo Mundo del cual se contaban leyendas extraordinarias. El Gyojin también debía de entrenarse mucho más si deseaba poder enfrentar a miembros de la marina que tuvieran capacidades como las de Shin Hasegawa, debía dominar su propio cuerpo para hacer frente a luchadores como el propio Buccaner e incluso prepararse para escenarios desagradables como tener que enfrentar y tratar de frenar a monstruos como Sigurd.
Incluso cuando la sujeción de Bartolomeow Flint parecía ser suficiente para inmovilizar al usuario de la fruta de luz, no era suficiente para lograr que todos sus golpes acertaran, ver los puños chocar contra el suelo demostraba que el peli blanco podía controlar cuanto de su cuerpo era capaz de perder o transformar con sus extraños poderes, pero el daño previo parecía haber sido suficiente para que el señor Flint no pudiera mantener el control sobre su propia fruta del diablo devolviéndolo a su forma natural y haciéndole perder el agarre que tenía sobre el hermoso oji azul de la marina. Kiba escuchó con claridad un fuerte silbido desde detrás, sin embargo dado el escenario, los gritos de batalla, los canticos y la emoción desbordante por doquier le hicieron ignorarlo igual que el resto del ruido de la arena, después de todo, un silbido más no era nada nuevo en aquella situación, incluso cuando era un poco más fuerte que la media. Más importante aún, con el marine libre del agarre del joven Flint, era obvio que no dejaría pasar la oportunidad de tomar la ofensiva que le había sido denegada durante tanto tiempo, un estallido de luz apareció directamente en el pecho del Buccaner sin origen aparente, para que seguidamente el peli blanco cambiara de posición y señalara al contrincante de cabellera negra como la noche con sus dedos índice y corazón mientras alzaba el pulgar, un gesto que Kiba le recordó a una pistola durante el instante que duró antes de dar pie a un cañonazo de luz dirigida nuevamente al luchador de cabello azabache o a donde debería haber estado pues para entonces se había convertido nuevamente en su forma de ave para abalanzarse directamente a por la cabeza del marine con la misma determinación y frenesí que había hecho anteriormente. -Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código: [b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
11-08-2026, 05:25 AM
“la próxima vez que nos veamos te enseñaré la labor de los Sepultureros y tú podrías enseñarme cómo tocas el violín a cambio. Es un trato justo.”
— *Promesa cumplida* — pensé mientras sonreía dulcemente ante ese recuerdo lejano. Los observé durante algunos segundos en completo silencio mientras los tres piratas de los sepultura, con los brazos entrelazados entre ellos, entonaban nuevamente aquella melodía que había nacido de mis recuerdos más bellos en Baquella. Sus voces se mezclaban en perfecta sintonía, y fue entonces cuando encontré en el chico sepulturero una expresión que nunca antes había visto en él. Verlo encajar, reír y cantar de aquella manera… era una imagen que atesoraría para siempre. Alcé nuevamente el violín entre mis mano y dejé que sus cuerdas creara la música de aquella canción, envolviendo sus voces con una melodía más firme y armoniosa, era curioso verles mantenerse en pie a pesar de los efectos del alcohol pero al menos podía seguir cantando sin equivocarse ninguna vez en la letra. Era una canción que pertenece a los puertos, a las tabernas frecuentados por viejos marineros que entre risas y copas alzos por viejos marineros que entre risas y copas alzadas, la habían cantado tantas veces a todo pulmón. ♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho♫♪
♫♪El sake de Binks será, lo que vamos a entregar
Ni el viento o la marea nos podrán parar♫♪
♫♪Cae la tarde sobre el mar, y en el cielo escucharás
El cantar de los pajarillos al volar♫♪
♫♪De mi pueblo yo me voy, con orgullo zarpo hoy
Este canto es la fuerza para navegar♫♪
♫♪Hey borra su esplendor, y la brisa de la mar
Que nos va a acompañar a donde hay que viajar♫♪
♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho♫♪
La última nota se deslizó suavemente por las cuerdas del violín para dejar unos segundos de silencio en el estribillo final, al escucharla desvanecerse, no pude evitar dejar escapar una pequeña risa de complicidad mientras una cálida felicidad alberga mi pecho, nunca me había sentido tan plena… el haber estado aquel con ellos, con los Sepultura, con los Hanu Mahana, con el joven Jin, y por supuesto, con aquellos amigos animales que de alguna manera también parecen formar parte de aquella numerosa tripulación. Quizás para ellos fue sólo diversión efímera, algo que suelen compartir de manera cotidiana, pero…en mi caso, no había disfrutado tanto el compartir con otras personas como lo he hecho desde que llegué a Skypiea. — Gracias, de verdad… — expresé con voz tranquila, dedicándole aquellas palabras a cada uno de los presentes mientras comenzaba a guardar cuidadosamente a Amphitrite, y el empaque de comida. — Ha sido realmente divertido, disfruté mucho de este momento junto a ustedes — hice una pequeña pausa mientras asentía con la cabeza — me gustaría quedarme un poco más, pero… creo que ha llegado el momento de irme. Volví la mirada hacia la arena donde Shin parecía haber tomado nuevamente el control del combate, a la distancia también podía distinguir los movimientos de Barto, tan rápido e impredecibles que resultaba imposible seguirlos con la mirada, quizás por eso había terminado por desistir de intentar comprender qué estaba ocurriendo realmente allí. Aún así no podía evitar preocuparme por ambos, esperando de corazón que ninguno terminara demasiado herido, mientras tanto, del otro lado de las gradas, los marines parecen cada vez más animados, elevando sus voces en cánticos que no logro escuchar del todo por los gritos de la multitud, pero sin duda habían vítores que resonaban puntual. — Si en algún momento necesitan ayuda con algo, estoy para servirles. Tomé mis pertenencias y antes de marcharme me acerqué a Ryota y Runin para dejarles un pequeño papel con mi número de DenDen Mushi, a Tezca y al joven Jin no me hizo falta entregarles nada puesto que sus números ya los tenía conmigo, aun asi les dediqué simplemente un pequeño asentir de cabeza, un gesto sencillo pero sincero en modo de despedida. Después me acerqué a Uker para entregarle otro papel con mi número escrito, esperando que el futuro pudiéramos entablar aquella conversación familiar que todavía teníamos pendiente, si realmente compartíamos la misma sangre entonces quería que supiera que siempre encontraría en mí un apoyo incondicional, uno de esos que solo la familia puede ofrecer. También me despedí de Varo, el amable mink.. ¿hurón?, dedicándole unas últimas palabras de bienestar antes de marcharme, había sido agradable compartir aquel momento con ellos, incluso con aquellos a quienes apenas había tenido la oportunidad de conocer como con Kiyoshi que no lo encontré cerca, pero fue un gusto haberle conocido. Finalmente, me acerqué a Eros para ahora abrazarlo con suma calidez, dejando que aquel gesto expresara todo aquello que quizás no fue mencionado antes, estaba feliz, feliz de haberme reencontrado con él después de tantos años, y sobre todo, saber que había encontrado una familia de verdad y vínculos invaluables como lo es su tripulación, su gente. Sonreí suavemente en ese abrazo, ya no nos debíamos nada, la promesa había sido cumplida. — ¡Hasta pronto! — Ahora sí, emprendí mi camino entre la multitud, dejando atrás poco a poco los cánticos, las risas y aquel bullicio festivo, no tenía una dirección concreta que seguir, ni sabía exactamente hacia dónde me llevarían mis pasos, y sinceramente… No importaba, había mucho en Shandora por descubrir, pero estoy segura que este primer día en la ciudad dorada, jamás lo olvidaría.
Amphitrite Toca la Canción
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11-08-2026, 06:00 AM
La promesa del Marine pelirrojo parecía verdadera. Sabía que el deber era lo primero en sus votos. Eso lo respetaba. Era genial que hubiera gente que mantuviera sus valores, ante todo, aunque eso involucrase ser un perro del gobierno sin voluntad propia. Quizás algún día entendería qué clase de persona podía poner el deber por encima de sí misma. Ella, por su parte, jamás había sido especialmente buena obedeciendo. Solo sonrió y asintió con la cabeza y esperaba que su promesa de no dañar a su hermana nunca tuviera que ser cumplida pues detestaba que ella este involucrada en actos de violencia. Deseaba… deseaba con todo su corazón que nunca tuviera que usar sus armas contra nada vivo que descansaran en su conto y se oxidaran ahí. Era una idea absurda para alguien como ella. Sus armas habían sido hechas para utilizarse, no para decorar su cintura. Aun así, podía permitirse desearlo. Sobre todo en ella, su hermana por elección.
La canción de La chica mandarina había sido emotiva, alegre y había causado dolor en el pecho de Maki, pero un dolor diferente, de esos que deseas que nunca pasen y que se mantengan contigo para siempre, agradable, casi lo comparo con un dolor que te mantiene y te grita que estas vivo, Maki le dedico una mirada a sus compañeros y finalmente bajo las gradas nuevamente. ahora el combate parecía llegar al final, definitivamente era uno de esos emocionantes donde ambos tenían las de ganar solo potenciada la victoria por el factor suerte. Bartolomew era brutal en sus ataques y su inmenso tamaño si que era intimidante. A ella solo le emocionaba. Un cuerpo así debería haber sido un estorbo para moverse con semejante velocidad, pero él parecía haber convertido aquello en todo lo contrario, incluso para alguien acostumbrada a seguir movimientos rápidos, era difícil mantener la vista sobre él. Por otro lado, estaba el medio amante o lo que sea que fuera de Merlot, el malvadisco, un tipo a simple vista orgulloso de ser marine. Uno que si bien no tenia grabada en la cara una justicia implacable, sí que tenía pinta de ser un chico bueno. De aquellos que se valían de su imagen para triunfar. Tenia pinta de noble o al menos eso le parecía a la chica de piel quemada, Aunque las apariencias siempre eran una pésima forma de medir a alguien. Ella debería saberlo mejor que nadie pues era de las personas, no que juzgaban, sino de aquellas que eran juzgadas antes de ver siquiera una de sus acciones. Una cerveza!!… casi le arrebato de las manos a una vendedora que pasaba por ahí, le pago el precio, le sonrió y se apoyo en la barandilla. Por un lado, podía ver a los marines como simios, cantando bebiendo y descontrolados como un montón hooligans, y por el otro a un grupo de espectadores más calmados, algo igual de ruidosos. Parecían ser dos o tres bandas de piratas. No sabía realmente, pero parecía que se llevaban. Volviendo su atención al combate, se apoyo sobre la baranda con emboscados mientras bebía e intentaba mirar mejor la técnica de dodos, el primero. El gigantesco Bart, sus ataques efectivos contra los intangibles, y por el otro, parecía que el dominio de su akuma era tal que esquivaba tan rápido que parecía que los ataques no daban en el blanco a pesar de producirse a una velocidad escalofriante y a quemarropa. Pero aquello no parecía simple velocidad. Había algo más en sus movimientos. Esperaba el ataque, desaparecía justo cuando debía y volvía a aparecer donde menos convenía... No estaba reaccionando a los ataques. Los estaba leyendo.
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Ahora estoy hacia los stands de comida, ubicados cerca de la carpa principal.


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