[Auto T1] - Dos mejor que una
#1
Otro día más en repipilandia. Otro día más la misma rutina. Pero todo eso iba a acabar dentro de poco.

Me levanté completamente acalorada, hoy hacía más calor que de normal, en bragas, con mi camiseta de tirantes para dormir fresquita, y la cama totalmente deshecha. La baba otra vez me caía por la boca hasta manchar la almohada. Abrí los ojos haciendo ruidos de sueño y gruñidos. Giré lentamente la cabeza hacia el reloj de la mesilla de al lado de la cama. Eran las 12:11 - Joder... no me gusta madrugar... - Dije mientras estiraba totalmente los brazos y las piernas encima de la cama y me pasaba el brazo por la boca para limpiarme la baba. Me quedé mirando el techo de mi casita, mientras el viento entraba por la ventana y movía las cortinas color rosa que adornaban mi habitación - Qué mierda de vida. Ojalá cambie pronto - Dije algo melancólica. En unos días me iba con el pelo arbusto a visitar más islas del West Blue. Era algo pronto para entrar al Grand Line, así que al menos dar una vuelta por aquí era una buena idea.

Así que tenía que prepararme, hoy había trabajo que hacer. Shock era mi niña de confianza, y con ella iba muy bien a cualquier lado, sé que no me fallaría. Pero pensando bien en mis capacidades, tener más de un arma era algo que había planteado desde hace tiempo. Y no hablo de dos armas. Hablo de hasta 6. Bueno, es lo que tiene ser usuaria de Akuma no mi, supongo. Pero poco a poco, tampoco me iba a calentar de primeras, necesito práctica para llegar a ese punto. Pero de momento al menos con dos sí que puedo empezar, y de eso me iba a encargar hoy.

Necesitaba otro rifle. Encontrar algún arma en esta isla era algo muy complicado. Pero, no dejaba de darle vueltas a aquel almacén en el que entré con la pelirroja. Estuvimos muy poco tiempo allí, yo solo me llevé un poco de pólvora y ya, porque el resto del tiempo fue Ikirami con su misión y demás. Así que, mi plan era volver a entrar en aquel sitio e inspeccionarlo bien, de arriba a abajo. Estoy segura de que alguna mierda podría encontrar. Me duché, me puse bien bien guapa, sexy, potente, con mi pintalabios de color sangre para que mis labios relucieran como un diamante, me vestí, cogí a Shock y salí de casa rumbo a pueblo Engan, destino: aquel cochambroso almacén. Espero que no hubiera mucha seguridad ni nada siendo por la mañana. Esos sitios suelen ser muy cantosos a plena luz del día. Pero yo, por si acaso, iba preparada, primero para engañarlos como a bobos. Si la cosa se ponia fea, patada en los cojones. Y si ya se ponia peor, Shock haría el trabajo por mí. Fuera cual fuera el escenario, tenía mi plan perfectamente estructurado, no suelo fallar.

Tras unos 10 minutos andando del bosque costero a pueblo Engan, llegué allí.  Nada nuevo, todo como siempre. La gente comprando sus movidas, pipiolos con libros yendo, pipiolos con más libros viniendo, con trastos científicos... En fin, lo dicho, lo mismo de siempre. Qué gente más aburrida, cojones. Pero bueno, ya me había acostumbrado a estos muermos y su forma de vida, no hacían nada malo, pero joder, qué aburridos son, madre mía. Recorrí la calle principal en mis zapatines con un ritmo lento, tranquilo, mientras masticaba mi chicle y hacía mis dulces y azucaradas pompas rosadas. Llevaba a Shock debajo del abrigo para que no se pusiera nerviosa la gente, aunque ya me conocían, pero siempre me daban por culo con ese tema, así que para ahorrar disgustos, Shock estaba mejor escondida y fuera. A lo lejos, estaba avistando aquel almacén donde fui con la pelirroja. Me guardé mis rueditas y empecé a caminar haciéndome la loca hasta llegar a la entrada de aquel sitio cochambroso. Me quedé parada delante, mirando la puerta, haciendo pompas con el chicle que sonaban bastante por la zona al explotar. No veía nadie alrededor, me refiero, nadie sospechosamente sospechoso como los dos idiotas que protegían la entrada el otro día. Dejé de hacer pompas y me acerqué a la puerta hasta tocarla suavemente con mi mano, dejando caer el peso de mis dedos en ella y sorpresa, estaba abierta, una gran sonrisa de oreja a oreja abarcó toda mi cara mientras continuaba haciendo fuerza para abrirla más, dejando el hueco justo para que mi cuerpo entrara por él y no abrirla de más, así que por fin estaba allí dentro.

Con la puerta a mi espalda, la cerré lentamente y completamente, sin hacer ni un solo ruido, y estando apoyada en ella, miré con detalle todo lo que había alrededor. Todo estaba igual que el otro día, apenas había unas cuantas cajas más y para de contar. No visualicé a ninguna persona tampoco, cosa que era muy extraña - Si no hay nadie, ¿por qué coño está la puerta abierta? No tiene ningún sentido - Pensé mirando con los ojos medio cerrados y cara de pocos amigos. Me separé de la puerta y avancé hacia delante muy despacio, tenía que ir con mucho cuidado, esto no me estaba terminando de gustar del todo, aquel sitio estaba en completo silencio, solo es escuchaba muy ligeramente mis pisadas y eso era mala señal - ¿Y si realmente aquí no hay nadie y estoy haciendo el payaso? Sería mejor buscar rápidamente y salir pitando de allí, quizás - pensé mientras sacaba a Shock de dentro de mi abrigo y la situaba delante de mí, colgando de mis hombros como si de una mochila se tratase. Me paré y miré alrededor mío. Delante, la mesa en la que la pelirroja se puso a buscar entre los papeles, a mi izquierda, la zona donde pillé la pólvora de los barriles, y a mi derecha, un pasillo formado por estantes metálicas, que se iluminaba muy poco gracias a una bombilla que estaba más muerta que viva, pero yo no le tenía miedo, así que avancé por él y mirando qué cosas podía encontrar, mi intuición suele ser muy acertada para cualquier cosa, y algo me decía que aquí encontraría el premio gordo.

Para empezar, casquillos de balas por el suelo - Vaya - Chasqueé mi lengua, en señal de que estaba en el sitio correcto. En las estanterías había cajones de todos los tamaños, herramientas, botellas de aceite de engrasar... las cosas que encontrarías en un taller, vamos. Avanzando más hacia delante, unos 10 metros, parecía que me encontraba en el centro de aquel oscuro pasillo, justo debajo de la luz tenue que apenas iluminaba aquel lugar. A su vez, en el suelo, había una caja de madera de roble, muy bien tallada y muy bonita, alargada. Estando totalmente recta, solo moví mis ojos para observarla, y a su vez, chasqueé mi lengua de nuevo - Boom - Dije en un tono bajito. Me puse de cuclillas y saqué la caja un poco hacia fuera. Pasé mis dedos por encima de ella para sentir la textura y el contacto de aquella madera, realmente era muy placentera. No tenía seguro, candado o cualquier tipo de protección, así que la abrí lentamente. Y allí estaba, un rifle totalmente nuevecito, como los que usan los vaqueros y la gente del desierto. Era totalmente diferente a Shock a pesar de ser lo mismo, me gustaba pero no, desentonaba mucho con mi forma de vestir y ser, pero, ¿quién le hace ascos a un arma nueva totalmente gratis? Desde luego a mí, no. Me saqué una cinta de uno de mis grandes bolsillos de la chaqueta, para así poder llevarla igual que Shock, solo que este rifle iba a mi espalda y Shock delante. Me quedaba bien realmente. Me sentía como una vaquera - ¿Te imaginas con un gorrito de vaquera, Erika? Tendrías tu morbo y estarías bien sexy - Pensé - iahahaha... - Me reí intentando no hacer mucho ruido. Volví a cerrar la caja y la metí de nuevo debajo de la estantería, me puse de pie y vine por donde había venido.

Al llegar a la zona de la mesa, me llevé un susto de muerte, un hombre de unos 50 años aproximadamente, pelo canoso y bigote, estaba entrando por la puerta principal, por lo que me vio de lleno - ¡EH, TÚ! - Abrí los ojos de par en par y pegué un pequeño bote con todo mi cuerpo, quedándome completamente quieta mientras el hombre se acercaba a mí. Joder, estaba yendo todo perfecto, pero ahora podía irse a tomar por culo. Así que lentamente me llevé la mano derecha por detrás de Shock para introducirla por el orificio de detrás y así agarrarla bien y tener el dedo en el gatillo preparado por si acaso, si este señor se acercaba más increpándome, se la iba a llevar - ¡S... si dígame! - Dije algo nerviosa. Cuando más me acercaba al hombre, más me percaté de las pedazo de gafas de culo de vaso que llevaba, eran tan anchas hasta el punto que sus ojos apenas se podían contemplar detrás del cristal - ¡Vamos John, deja de vaguear y vigila la puerta! ¡Y deja de poner voz de tía! - Dijo mientras se adentraba por el pasillo donde encontré el rifle. Estaba flipando, tenía una flor en el culo del tamaño de una casa - ¡SI, SEÑOR, ENSEGUIDA! - Dije poniendo mi voz todo lo grave que pude. Salí corriendo de allí abriendo la puerta bruscamente y alejarme de aquel sitio, una vez pisé la calle, saqué mis zapatines rápidamente y me puse camino a mi casa a toda velocidad - ¡IAHAHAHA! ¡No me lo puedo creer! - Grité a los 4 vientos - ¡Vamos Erika, eres una vaga, vigila la puerta! - Dije poniendo de nuevo la voz grave - ¡Si voy a vigilar sí... lo tontos que sois, imbéciles! ¡IAHAHAHAHA! - Cualquiera que me viera pensaría que estoy loca por hablar conmigo misma, pero me sudaba el toto. Había conseguido un arma nueva de gratis y sin ningún tipo de problema. Me daba igual que luego ese viejo llegase a reconocerme o no, cosa que dudaba bastante, total, en unos días, me piro de Ohara, y a saber si volveré - ¡YIIIIIUUUUHUUU! - Volví a gritar mientras me alejaba del pueblo, dirección el bosque costero.
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#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada


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