La biblioteca de Alejandría parte 2: [PR] [Segundo tema de idioma Bai]
#1

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Drum - Wu Wei - 52 Invierno, Año 17


Llevaba toda la semana preparándolo y, aunque no había sido una tarea sencilla, logró conseguir algunos libros y herramientas para ayudar a Bai a hablar su idioma. Al final, aquella caótica travesía en la Biblioteca de las Bestias había dejado algo bueno.


Mientras limpiaba los libros maltratados que había "tomado prestado", el viejo burro recordó aquel día: el olor penetrante del fuego devorando el conocimiento, el frío extremo de su cuerpo intentando sofocar el desastre con fuerza, y la urgencia de rescatar de entre las cenizas cualquier cosa. Le había tomado días quitarles el rastro de ceniza y nieve derretida, pero ver los tomos apilados pagaba el esfuerzo.

Se encontraba en la sala de estar del Wu Wei. Junto a Silencio, quien le estaba "ayudando" a organizar el lugar, había acondicionado un espacio didáctico para la sesión. Zhang no era un maestro experto, pero tras sus últimas experiencias y el haber visto cómo el caos se desataba en aquel antiguo bastión por falta de entendimiento, se sentía listo para el reto.

Tenía una cita con Bai y, con un par de horas de antelación, el escenario ya estaba montado. Se alejó un poco de la pared y, cerrando su único ojo bueno, observó al detalle la obra que acababa de elaborar con su pequeño compañero.

—Ya quedó —dijo satisfecho el burro, aprovechando el tiempo restante para servirse un poco de té —. Hmmm...— El aroma fresco, como tantas otras cosas simples de la vida, le devolvió la energía para continuar. Enfrentarse al vocabulario y la escritura de una lengua extraña no sería fácil para la capitana, pero Zhang confiaba plenamente en su agilidad mental. Sabía que el truco estaba en conectar los nuevos conceptos con palabras o vivencias que ella ya conociera.

Para evitar que Bai se aburriera con teoría seca, transformaron la lección en un mapa de estudio visual. Un enorme pergamino ilustraba las vocales mediante dibujos que su capitana asimilaría de inmediato, mientras que a un costado, una pequeña pizarra negra esperaba limpia para practicar los trazos. Silencio dio un último retoque con la tiza, añadiendo algunos garabatos de colores para darle más vida al entorno, mientras Zhang soplaba el vapor de su taza.

El viejo Mink dejó el té sobre la mesa, se cruzó de brazos y se sentó a esperar. El Wu Wei permanecía en calma, solo interrumpido por los saltos de Silencio, que seguía pintando la pared con la energía de un niño pequeño.

Zhang miró de reojo la puerta. Los libros estaban abiertos, las tizas alineadas y el ambiente templado. Solo faltaba que la capitana cruzara aquella puerta para poder empezar la segunda lección.

El burro se acercó entonces a Silencio y, aprovechando el tiempo libre, comenzó a acosarlo un poco. A punta de caricias y besos, logró que el pequeño se estresara y comenzara a chillar con fuerza.

—¿A quién no le gustan los besos? —le decía Zhang mientras, aprovechando el poder de su fruta, no dejaba al mono escapar de sus helados besos.
Zhang Guolao
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#2
Bai se había impuesto a sí misma, de la misma manera que se lo había prometido a Zhang sin decírselo, el estudiar de forma —precariamente— autónoma los guturales fonemas de la lengua común.

¡Y vaya que si lo había intentado!

Sin embargo, entre las vicisitudes del viaje, su imperiosa necesidad de mejorarse constantemente y que realmente no sabía como estudiar algo que ni siquiera podía distinguir bien, el único progreso constatable había sido la articulación de ciertas amalgamas fonéticas que posiblemente, un verdadero nativo, ni siquiera atendería. En particular, había hecho mucho hincapié en entender y  comprender —pues la diferencia entre ambos conceptos radica en la profundización en el concepto— los sonidos complejos de la «ch» y la «tl».

El único problema era que palabras con dicho conjunto apenas se escuchaban durante el día a día.

Aún así, gracias a el hercúleo esfuerzo en solitario —también llamado terquedad—, al final, su aparato fonador ya no intercalaba pausas espaciadas entre consonantes oclusivas y líquidas como la «t» y la «l»; un logro notable solamente al pronunciar palabras tan exóticas como «Tepezcuintle» —la misma palabra que, a decir verdad, muy posiblemente jamás encontraría aplicación útil en su vida cotidiana. O al menos hasta que llegara un mink que le dijera: «Por favor, no me llames rata. Soy un Tepezcuintle».

Ahora sólo le quedaba extender su vocabulario, ya que este seguía restringido a un inventario espartano de apenas cuatro conceptos fundamentales que habían echado raíces en su memoria: Casa, Berry, Selva y Sol.

Bueno, extender el vocabulario, aprender las conjugaciones, la sintaxis, los artículos...

Y, aún con todo lo que faltaba, que hubiera aprendido algo por si misma constituía un avance significativo. Mas eso no era todo. También había logrado descifrar mediante una mezcla de observación empírica y escucha activa que «Berry» y «Berries» respondían a una misma raíz gramatical.
O en otras palabras, que una era el plural de la otra.
Además, por si todo esto no fuera suficiente, tras sus multiples incursiones comerciales en la isla —donde su tendencia natural a comprar todo aquello que le llamara la atención la obligaba a interactuar—, había logrado adaptar el vibrante sonido de la «rr» a la de la lengua común. Cosa que, em si fuero interno la inundaba de una genuina y secreta complacencia.

Sí, eran avances de una lentitud pasmosa, pero marchaban en la dirección correcta; tarde o temprano, terminaría por demoler la barrera lingüística que la aislaba del mundo.

Quizás, por eso mismo, cuando Zhang le volvió a citar para  reanudar las lecciones, Bai esperó ansiosa a que llegara la hora y, tan pronto como la minutera marcó cinco minutos antes de la cita, aferró su libreta de apuntes, su pluma y, con el semblante súbitamente iluminado, salió a buscarlo.

Sin embargo, al llegar y empujar la puerta de par en par, habiendo quedado su silueta de casi cuatro metros encuadrada bajo el dintel del marco, Bai exclamó con entusiasmo a su nakama: «¡Zhang! ¡Zhang!», mientras se aproximaba. «¡Ya soy capaz de decir Tepezcuintle!», añadió después.

Y tras hacerlo, con la mandíbula parcialmente desencajada por el asombro y las pupilas brillando por lo que veía, avanzó hacia el mink como si estuviera contemplando un milagro.

—¡Por los dioses, Zhang!

Extendió sus brazos hacia lo que había montado y, volviéndose hacia él continuó diciendo: «¿Qué es todo esto?». Después, dejó los útiles sobre la mesa y estalló de nuevo.

—¡Es sencillamente increíble!

Y, emocionándose hasta el punto de olvidar que su enorme anatomía aún se hallaba cubierta de hematomas y contusiones mal curadas, se dejó llevar por la euforia habría y abrazó al anciano. Sin embargo, al hacerlo, quizás por la posición o rápido movimiento, que tuvo de repente un súbito mareo.

El entorno pareció rotar sobre su eje por un segundo; al llevarse instintivamente la mano a la frente para estabilizarse, sus dedos tropezaron con la textura rugosa del apósito médico que protegía su herida de la infección.

—El golpe... — murmuró para luego reír con brevedad y seguir hablando—. Perdóname, Zhang —dijo mientras se obligaba a retroceder y devolverle el espacio vital—. Es solo que... la emoción ha nublado por completo el juicio.

Después, se apoyó en la mesa y observó todo aquello intentando leer pese a que no reconocía nada.

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Bai Mudan
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#3
Zhang continuó acribillando a besos helados al pequeño mono, quien tras unos segundos se rindió a la fuerza del burro, mostrando una mueca de absoluto desagrado y soltando pequeñas rabietas. —¿Qué pasa, pequeño? —le murmuró Zhang entre risas, dándole un último beso helado justo antes de escuchar el crujido de la entrada.

La madera del Wu Wei protestó levemente bajo el peso de Bai. Con una reacción desbordante de entusiasmo, la gigante se aproximó al mink para envolverlo en un abrazo colosal, el cual hizo gruñir a Silencio al quedar atrapado en medio de ambos cuerpos.

—¡Qué gusto verte, Bai! —alcanzó a decir el anciano, apretujado entre los brazos de Bai.

Al liberarse, el agudizado oído de Zhang captó de inmediato el sutil desequilibrio de su compañera. Bai intentó reacomodarse, pero la pérdida de estabilidad era evidente mientras sus dedos buscaban el apósito en su frente. El burro se movió con rapidez, apoyándose en su bastón para ofrecerle un punto de soporte firme hasta que ella logró recomponerse sobre la mesa.

—Hmmm... —murmuró instintivamente, dejando caer su pierna zurda contra el suelo con un golpe seco —pum—. Primero la salud y luego el conocimiento, Capitana.

Con un gesto sereno, Zhang le indicó una de las bancas más sólidas del lugar para que tomara aire. Silencio, dando un salto ágil, se acomodó sobre el hombro de Bai y le dio un par de palmaditas torpes en la mejilla, mientras el mink le acercaba la taza de té de raíz ambarina que ya tenía servida.

—Tu cuerpo aún guarda los ecos de la batalla, Bai. Bebe un poco de té para asentar el alma antes de forzar la cabeza. — Una vez que la capitana dio un sorbo, Zhang se giró hacia el enorme mural que él y Silencio habían diseñado sobre la pared de madera.

—Preguntabas qué es todo esto... —dijo Zhang, golpeando suavemente el lienzo con un trozo de tiza—. Es nuestro mapa de navegación. Para hablar este idioma no basta con memorizar conceptos; hay que enseñar a la garganta a soltar el aire. Y todo empieza por las vocales del mar.

El viejo burro fue señalando cada ilustración del dibujo con la paciencia ceremonial de Zou, marcando el ritmo del ejercicio:

—La A de Aventura. Abre bien la boca, deja salir el aire desde el pecho, sin apretar los dientes. Siente cómo fluye libre: Aaaaa. Ahora inténtalo tú. - Zhang esperó a que ella moldeara el sonido antes de pasar a la siguiente letra.

—La E de Espada. Los labios se estiran levemente hacia los lados, el sonido es firme y recto como el acero: Eeeee.

—La I de Isla. La lengua sube hacia el cielo de la boca, dejando solo un canal estrecho. Es un hilo de voz fino y preciso: Iiii.

—La O de Oro. Forma un círculo perfecto con los labios y deja que la voz retumbe dentro del pecho antes de salir: Oooo.

—Y la U de Unión. Junta los labios proyectándolos hacia afuera, suave, como la brisa que amarra a la tripulación: Uuuu.

Cada vocal requería postura y respiración. Zhang corregía los trazos en la pequeña pizarra adyacente mientras escuchaba la voz de Bai resonar en la sala. 

En ese momento, Silencio saltó al borde de la mesa y comenzó a dar golpecitos impacientes con una tiza azul justo al lado, señalando tres palabras recién dibujadas en el extremo de la tabla: SOY, ERES y TENEMOS.

Zhang soltó un resoplido helado, y una risita de burro viejo, le dio un toque suave a Silencio.  —Hmmm... Silencio ya se quiere adelantar a la siguiente lección —dijo el mink sosteniendo su bastón—. Pero no hay prisa, pequeño.

El anciano miró a la capitana con su único ojo bueno, aguardando con paciencia. —Deja que el té haga su trabajo, Bai. Respira profundo y dime... ¿cuál de esos cinco sonidos del mar te cuesta más hacer resonar?
Zhang Guolao
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#4
Bai rascó la espalda de Silencio como si rascara el lomo de un perro, con movimientos rítmicos y  profundos, que hicieron que el mono se acomodara bajo su mano. Después, una vez encontró una buena posición, fue ascendiendo lentamente con la yema de sus dedos hasta acariciarle la cabeza, mientras el animal le daba unas suaves palmaditas en la cara.

—Eres un buen chico —dijo, observando al pequeño simio al tiempo que caía en la cuenta de que, por primera vez desde que lo conocía, se había permitido el gesto de acariciarlo.

Luego, desvió la mirada hacia mink, escuchando atenta su discurso al tiempo que lo observaba preparar una taza de té para ella. En consecuencia, y preparandose, Bai corrigió su postura en la banca, retirando los codos de la madera, y se ofreció a ayudarlo extendiendo las manos para ser ella quien trasladara el recipiente hasta la mesa.

—Muchas gracias, Zhang —agradeció, soplando sobre la superficie humeante en un gesto mecánico—. Sé que no debería ser tan ansiosa pero... me resulta prácticamente imposible no emocionarme con esta clase de cosas —añadió, interrumpiendo el soplido para acercarse la taza a los labios y darle un reconfortante trago.

Sin embargo, en vez de dejar la taza sobre la mesa,sostuvo la base de esta con la izquierda mientras afianzaba la diestra en el asa, clavando la mirada en el mapa al tiempo que atendía a la explicación.

Ahora venía lo mejor.

Al intentar formular la primera palabra, la mandíbula de Bai, más que relajarse, pareció tensarse al pronunciar la «A» de forma velarizada. No llegó a sonar exactamente como una «O» —no al menos como debería de pronunciarse «Oventura»—; sin embargo, al emitir el sonido, la parte posterior de su lengua se elevó ligeramente, obstruyendo el flujo de aire y cerrando demasiado la «A».

Negó con la cabeza. Ambos sonidos no se parecían en nada.

Volvió a intentarlo, ampliando el movimiento articular hasta que la «A» se fundió de manera armónica con la «O», sonando mucho más natural y similar a «Aventura».

Sonrió.

Ahora tocaba «Espada». Palabra que le resultó muchísimo más sencilla por la similitud fonética con sus sonidos, pues, al apoyarse en las consonantes oclusivas «P» y «D», el término fluyó con ligereza, aunque el matiz palatal de su lengua natal provocó que, en lugar de una «E» limpia, el vocablo resonara como «Ieeespada».

Nada mal para un único intento.

«Isla», en cambio, fue la palabra más fácil de articular, ya que tenía el sonido de la «S» medianamente dominado y la «I» sabía distinguila de la «Y».

Al llegar a la «O», sus ojos se abrieron de par en par. Reconoció de inmediato el mismo fonema que utilizaba en «Schöl», por lo que, con mayor fluidez que al decir «Espada», pronunció «Oro» sin el menor inconveniente —salvo que la «R» sonó como una «rr» suave.

La «U», por el contrario, se convirtió en su verdadero enemigo. No hallaba la manera de relajar la cavidad bucal para emitirla correctamente; tres veces lo intentó y las tres veces acabó brotando una «Iúu» indeseada.

—Aventura, Ieeespada, Isla, Orro, Iúunión —repitió de corrido, hilvanando los vocablos en una sola secuencia.

Tras ello, Bai se sumergió en un denso silencio durante un rato y procesó cada sonido que acababa de emitir mientras se llevaba de nuevo la taza a los labios para beber.

—No sueno igual que tú... —dijo finalmente, observando de reojo cómo Silencio los apremiaba para que avanzaran —Pero creo que no sueno tan mal, ¿no?

Ante los sonidos de Silencio, Bai ladeó la cabeza tratando de leer lo que había ahí.

—No te preocupes, Zhang. Seguro que está deseando ayudar —comentó mientras dejaba la taza en la mesa y sacaba de su bolsillo una pequeña bolsita con pasas —¿Puede comer? ¿Quieres? —preguntó ofreciéndoles a ambos.

—Siento que el problema principal es la «U» en sí. Percibo que tú consigues pronunciarla con un golpe seco, mientras que la mía se arrastra involuntariamente. Es como decir «Yiúulia».... Palabra que estoy casi segura de que la pronuncias de forma distinta a mí.

Bai hundió un par de dedos en la bolsa y extrajo un puñado de pasas. Le hacía bien tener algo en la boca cuando se empezaba a frustar de forma inconsciente para liberar tensiones.

—Hmmm —murmuró de repente mientras masticaba con la boca cerrada. Se puso de pie y, haciéndo exagerados gestos, dijo: —La otra vez no tuve problemas con la palabra selva. Más que nada porque hacía una separación muy fuerte de las sílabas debido a la ese —. Mientras hablaba empezó a caminar por la estancia al tiempo que cavilaba —. Pero en realidad lo que estaba haciendo era acentuar de alguna forma ambas vocales, con lo cual, la «A» se pronunciaba completamente diferente a la «A» de «Aventura».

En ese momento se giró para mirar a Zhang y concluyó: —Con lo cual, debería pronunciar la letra «A» como en «Ávido». Que se abre mucho más...

Al decir aquella palabra, Bai sintió como la caja torácica se abría de  forma natural y el esternón se elevaba ligeramente sin tensión. Realmente había un mundo de diferencia entre una pronunciación y otra.

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Bai Mudan
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#5
El vapor del té era denso en medio de aquella habitación, conservando el calor de los presentes y alejándolos de la fría atmósfera de la isla invernal. Zhang dejó que su compañera le ayudase; una vez servida la bebida, la acompañó a la mesa, donde dio un largo sorbo a su propia taza.

El dulce aroma de las pasas llegó pronto a su nariz, y su rostro se iluminó de inmediato ante la visión de los frutos.

—Hmmm... Hacía meses que no veía de estas —murmuró el viejo mink, extendiendo su pezuña zurda para tomar unas cuantas.

Silencio, por supuesto, no desaprovechó la oportunidad. Mientras frotaba su pelaje contra la mano de Bai, sus ojos brillaron con pura codicia. Estirando las patas, atrapó un puñado de pasas con un chillido sordo de alegría y, acomodándose en el cuello de la giganta, comenzó a comer sin preocupación alguna.

Era momento de la práctica. Aunque Zhang no se consideraba un maestro experto, el flujo de la conversación lo guiaba con paciencia por el camino de la enseñanza. Al escuchar a Bai razonar por sí misma y descubrir cómo, al abrir el tórax y elevar el esternón, las palabras resonaban con mayor claridad, el burro dejó caer su pata contra el piso, haciendo crujir levemente las maderas del Wu Wei.

—¡Eso mismo! —exclamó Zhang, poniéndose de pie para demostrarle cómo el cuerpo entero participa al hablar—. Has tocado la raíz de la voz sin necesidad de que te la explique. ¡Lo estás haciendo excelente! El idioma no nace en los dientes, sino en la postura y el diafragma. Cuando elevas el pecho, le das espacio al aire para que las vocales salgan de tu garganta con toda su fuerza.

El viejo burro caminó despacio hacia el muro, tomando un trozo de tiza entre sus pezuñas zurdas.

—Para dominar la 'U', debes mover los labios: sácalos hacia afuera, redondos, como cuando le soplas a una taza de té caliente. La lengua debe quedarse abajo, descansando plana en la base de la boca, sin subir al paladar. Así...

Zhang se señaló la trompa, aprovechando su fisionomía de mink burro para mostrar con claridad la apertura adecuada.

—No intentes decir la palabra entera todavía, Bai. Primero hay que aprender a sostener el sonido en el tiempo. Proyecta los labios en círculo, toma aire desde el vientre y deja salir la voz continua: Uuuuuuuuu.

El anciano ejecutó el sonido y esperó a que ella lo acompañase.

—Sostenla en el aire sin mover la boca. Si aprendes a sostener la vocal pura, el sonido no se deformará al inicio.

Luego de ejercitar la 'U', Zhang repitió la dinámica con cada una de las vocales, enfatizando la posición de los labios, la lengua y la entonación correcta.

—Continúa, Bai. Ahora intentaremos decirlas seguidas, sosteniendo cada sonido con firmeza. Sígueme: AAAAA... toma aire y expúlsalo... EEEEE... vas muy bien... IIIII, ya tienes la 'I' agarrada de un pelo... OOOOO, ya casi lo logras... y acabamos con la ÚUUUltima: UUUUU.

Hizo una pausa para tomar otro sorbo de té. Poco a poco escuchaba cómo la capitana soltaba la lengua; al final, la fluidez solo se lograba a fuerza de práctica.

—Las vocales son el corazón de mi lengua. Cuando las domines, te será más sencillo entender que las palabras no se arrojan de golpe; hay que marcar la separación de cada sílaba, dando la fuerza precisa en cada tramo.

Zhang se acercó a la pizarra improvisada y llevó la tiza frente a la combinación que más problemas le había causado a la giganta.

—Uuuuuu —marcó el tono largo—. Ahora limpia y corta: U. Sin alargarla. U. Bien. Ahora que lo tienes, prueba dividir e integrar:
—U — va. De nuevo: U, no la alargues, luego la va.
—Perfecto. Ahora inténtalo con tres impulsos: U — ni — ón.

El mink dio un nuevo sorbo a su taza, dejando que la calidez del té le bajara por la garganta mientras miraba a Bai con la paciencia de un monje de montaña.

—Sostener la letra te da el control del aire, y separar las sílabas le da ritmo a las palabras. Si te apresuras, todo sonará amontonado y no se entenderá lo que dices.

Con un movimiento pausado de su tiza azul, Zhang dibujó las palabras del mapa visual en la madera y trazó una línea divisoria debajo de cada una.

—Ahora daremos un paso más firme. Vamos a construir una frase completa usando nuestras palabras del mar, marcando bien el golpe de cada sílaba para que la lengua no tropiece. Repite conmigo, sosteniendo cada vocal e impulsando cada corte:

AAa — ven — tu — ra , Een , la ,  is — la , del , o — ro , y , la ,  u — ni — ón. 
Vamos que todo se hace mas fácil con la practica, intentalo de nuevo: 
Aa — ven — tu — ra , Een , la ,  is — la , del , o — ro , y , la ,  u — ni — ón.


Zhang bajó la tiza, se cruzó de brazos y observó a su capitana con una sonrisa. —Haz sonar esa frase completa, Bai. Sílaba por sílaba, sin prisa, tomate tu tiempo.

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Zhang Guolao
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#6
Bai trató de observar con detalle cómo Zhang soplaba a la hora de pronunciar las vocales en un intento por moldear los labios tan bien como lo hacía él. Sin embargo, su mirada oscilaba entre su forma de hablar y el dificilísimo intento por estudiar la amplitud su diafragma. Y es que, por los pequeños movimientos que percibía, parecia que inhalaba con profundidad desde el vientre con tal de convertir las vocales en un ruido cavernoso y seco.

Bai volvió a coger unas cuantas pasas buscando alargar el silencio y tener tiempo para pensar. Masticó fuerte, una dos y tres veces, antes de darse cuenta que se tenía que volver a relajar.

Zhang hacía que pareciera fácil. Muy fácil. Pero ella se sentía comoletamente inútil y tosca cada vez que hablaba.

—Aaaaa... —murmuró tras tragar las pasas imitándolo —Ieeeeeee... Iiiiiii... Ooooo... —En ese momento, la birkiniana hizo una breve pausa para redondear correctamente los labios, viéndose obligada a bajar la lengua hasta el fondo de la boca para que el aire circulara sin traba—Uuuuu...

Al principio el «Yiú» amenazó con brotar de nuevo, pero al mantener la posición fija de la boca, la «U» terminó emergiendo con timidez.

—U... U... —murmuró levantando ligeramente la voz, practicando la velocidad corta y seca que le pedía Zhang—. U... va —. Para ese entonces la voz ya había encontrado su tono natural y era completamente audible para cualquiera —. U-nión... Iúnión.

Al juntar ambas letras, continuaba pronunciando «Yiúu», salvando que había logrado eliminar dos letras y hacer el sonido más seco y suave.

—U — ni — ón... — separando de nuevo las sílabas, el sonido salió fluido —. Uunión —al juntarlas otra vez, y habiéndo alargado un poco la U, la sombra del vicio intentó traer de nuevo el sonido «Iúnión». Pero al haberla alargado y estar apoyarse en el diafragma, el sonido se sintió muchísimo más limpio, eliminando el arrastre de la lengua.

Al darse cuenta de esto, sonrió ligeramente de lado. Sí, había necesitado concentrarse por completo para no tropezar, pero el método funcionaba.

Esta vez, sus manos no fueron a la bolsita de pasas sinó al té que yacía a medio beber sobre la mesa. Lo tomó, sintiendo los resquicios de calidez del agua mientras miraba la pizarra donde el mink había escrito un montón de cosas. Después, observó a Zhang mientras hablaba y dejó la taza vacía sobre la mesa.

—Entiendo —dijo, ante la nueva información —. Intentaré hablar más pausado a ver cómo se siente.

Y dicho esto, elevó la mirada hacia las líneas que Zhang había dibujado en el pizarrón, enderezó la espalda, llenó la caja torácica de aire y, marcando cada corte con una pausa deliberada, se dispuso a enunciar la frase completa.

—Aa - v(i)en - tu - ra... Een... la... is - la... del... o-(r) ro... y... la... u - ni - ón —recitó con una cadencia pausada, sosteniendo cada vocal con firmeza antes de pasar al siguiente golpe de voz.

Por supuesto, mientras había mantenido separadas las sílabas que todo había sonado bastante bien pero, al haberse concentrado en eso, el suave sonido de «vien» y «rro» ahora se notaba más.

—Aventura en la isla del or(r)o y la iúnión – volvió a recitar tratando de darle una mayor naturalidad.

Y, al terminar, dejó ir una exhalación profunda que relajó de golpe sus hombros. La articulación no había sido perfecta —algunas consonantes todavía sonaban demasiado rígidas—, pero la diferencia con su primer intento era abismal.

—Aventura en la isla del or(r)o y la únión.

Tras el tercer intento hubo un corto silencio.

—Se siente... mucho menos pesado en la garganta al separar los golpes —comentó observando la pizarra, para luego mirar a Zhang con una mezcla de aliento y cansancio mental—. Aunque exige un control absoluto del aire... ¿Sonó lo suficientemente claro esta última vez?

Con tanto intento y frustración empezaba a dolerle la cabeza. Para ser más exactos, justo donde le habían golpeado. Así que, en un gesto reflejo, se llevó la mano a la sien y cerró los ojos por un instante mientras se masajeaba.

—Necesito un pequeño descanso —murmuró entreabriendo los ojos y observando al anciano mink —¿Qué significa lo que dije?

Poco a poco levantó la vista y dejó de acariciarse la sien para fijarse de nuevo en el pizarrón.

—¿Puedo usar esas palabras en una frase? ¿Y qué es u-va?

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Bai Mudan
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#7
Poco a poco, las palabras comenzaban a brotar con mas fluidez del pecho de su compañera, quien estaba haciendo su mejor trabajo, luego de tanto tiempo en el mundo de abajo, su oído poco a poco se acostumbraría a este nuevo dialecto.

Zhang Guolao observó cómo ella se llevaba las manos a la cabeza, acariciando con cuidado el vendaje que aún protegía las heridas de la biblioteca. Al percibir el cansancio de su compañera, el viejo mink soltó un pequeño soplido, un resoplido ronco y suave que a veces se le escapaba por puro instinto. Su pata zurda dio un golpe en el suelo.

—Ĝi sonis tre klare, Bai. Gratulon, vi faras bonan laboron; finfine lingvo lerneblas per praktiko. La "U" jam ne plu stumblas kaj trovis la ĝustan manieron eliri tra viaj lipoj. (Sonó muy claro, Bai. Felicitaciones, estás haciendo un buen trabajo; al final un idioma se aprende en la práctica. Ya la "U" dejó de tropezar y encontró la forma adecuada de salir por tus labios).

Silencio, quien todavía masticaba uvas pasas con los carrillos abultados, notó el gesto adolorido de Bai y trepó hasta su hombro para regalarle un pequeño abrazo peludo. Zhang optó por sentarse de nuevo cerca de la mesa, enternecido por la escena, dejando escapar una risita suave que sonó como un relincho contenido.

—Silencio, no acoses a la paciente... ¿acaso no tenemos suficiente con Mahou y ahora quieres acapararlas a todas? —bromeó el viejo curandero con calma.

Silencio chilló como pudo con la boca llena, haciendo que una pasa saliera despedida; la atrapó en el aire con destreza de primate y se quedó acurrucado junto al cuello de Bai.

—Vi demandis pri la signifo de viaj vortoj. Ni vidu: (Preguntaste qué significa lo que acabas de decir. Veamos):

A — ven — tu — ra: —Ĝi estas la vojo kiun ni elektas al la maro, tiu impulso kiu nin puŝas al novaj defioj kaj spertoj. (Es el camino que elegimos al lanzarnos al mar, ese impulso que nos empuja a buscar nuevos retos y experiencias).

Is — la: —Ĝi estas la firma tero. Vi jam konas kelkajn: la insulo Karate, Whiskey Peak, Little Garden, kaj kie ni estas nun, la insulo Drum. (Es la tierra firme. Ya conoces varias: la isla Karate, Whiskey Peak, Little Garden, y donde estamos ahora, la isla de Drum).

O — ro: —Nu, ĝi estas la brila metalo pro kiu multaj freneziĝas tra la maroj. (Bueno, es el metal dorado y brillante por el que algunos se vuelven locos).

U — ni — ón: —Ĝi estas io nemateria, tiu nevidebla ligilo kiu nin kunigas al aliaj, al tiuj kiuj navigas sub la sama flago kaj dividas la panon, la sekvinberojn kaj la teon. (Es algo ya inmaterial, es ese lazo invisible que nos amarra a otros, a quienes navegan bajo la misma bandera, comparten el pan, las pasas y el té).

Mientras explicaba, Zhang apuntaba desde la mesa a los dibujos del mural.

—Tiam via frazo signifas: "La aventura en la isla del oro y la unión"... preskaŭ kiel la rakontoj de la ĉielo. Ĉu vi aŭdis ilin? Oni diras, ke el tie venas la anĝeloj kiel vi. (Entonces la frase que dijiste significa: "La aventura en la isla del oro y la unión", casi como las historias del cielo. ¿Las has escuchado? Dicen que de ahí vienen los ángeles como tú).

El mink comió una pasa con calma y, mientras Bai procesaba las palabras, tomó una pequeña hoja de papel para trazar unos símbolos con su mano zurda.

—Kaj "Uva", ĝi estas ronda, dolĉa kaj sukoplena frukto, kaj kiam ĝi sekiĝas, ĝi fariĝas ĝuste tio kion vi alportis al ni, sekvinbero ("Uva seca"). El tiu sama frukto oni faras la vinon. (Y uva, es un fruto redondo, dulce y jugoso, y cuando se seca, se vuelve exactamente esto que nos has traído, una "uva seca". De esta misma fruta hacen el vino).

El anciano se levantó despacio y caminó hacia la pizarra de madera, señalando la zona donde Silencio había garabateado con tiza azul minutos atrás: "SOY", "ERES" , "TENEMOS".

—Vi demandis ĉu vi povas uzi tiujn vortojn en frazo... Kompreneble jes, Bai, sed por ke la vortoj vivu ne sufiĉas nur nomi la aĵojn; necesas deklari kiu estas malantaŭ ili. Jen kion Silento tiom volis montri al vi. (Preguntabas si puedes usar esas palabras en una frase... Claro que podrás, Bai, pero para que las palabras tengan vida propia no basta con nombrar las cosas; hace falta declarar quién está detrás de ellas. Y ahí es donde entra esto que Silencio tanto quería mostrarte).

Zhang tocó cada vocablo con la punta de la tiza, templando su voz con la gravedad de un viejo ermitaño de montaña:  —La vokaloj estas la aero, la nomoj kiel ŝipo aŭ insulo estas la aĵoj de la mondo... sed ĉi tiuj tri vortoj estas la pilieroj de la ekzisto. (Las vocales son el aire, los nombres como barco o isla son las cosas del mundo... pero estas tres palabras son los pilares de la existencia).

SOY —Ĝi estas via propra radiko. Estas la vorto per kiu vi staras antaŭ la maro kaj diras kiu vi estas. (Es tu propia raíz. Es la palabra con la que te plantas frente al mar y dices quién eres).

—Por ejemplo: "Yo soy Zhang", "Soy un pirata", "Soy un médico"». —Zhang se tocó el pecho con la pezuña para ilustrar la idea.

ERES —Ĝi estas rekoni tiun antaŭ vi. Rigardi vian kamaradon, la malamikon aŭ la vojaĝanton kaj doni al li lian lokon en la mondo. (Es reconocer al que tienes enfrente. Es mirar a tu nakama, al enemigo o al caminante y darle su lugar en el mundo):

—«Eres Bai», «Eres Birkiniana», «Eres médico». —Apuntó a su capitana con un gesto respetuoso, y luego hacia el hombro de ella—: «Eres un pequeño hermoso».

TENEMOS —Tio estas la forto de la grupo. Ĝi ne parolas pri unu sola persono, sed pri tio kion ni dividas: (Esa es la fuerza del grupo. No habla de una sola persona, sino de lo que compartimos):

—"Tenemos Unión", "Tenemos el Wu Wei", "Tenemos uvas pasas".

Zhang se cruzó de brazos. Aunque en sus andanzas solía curar antes que enseñar, supo mantener la paciencia que siempre le dictaba su burro interior.

—Ni praktiku ion simplan dum via kapo ripozas de tiu bato: (Vamos, por ahora practiquemos algo sencillo mientras descansas un poco de tu golpe):

—Diru al mi kion vi komprenas se mi diras: (Dime qué comprendes si digo): "Soy Bai Mudan" (Mi estas Bai Mudan), "Soy Birkiniana" (Mi estas Birkinanino), "Soy capitana" (Mi estas kapitanino), "Soy médico" (Mi estas kuracisto).

—Aŭ kion signifas se vi aŭdas en la haveno: (¿O si escuchas en el puerto): "Eres amable" (Vi estas afabla), "Eres un vendedor" (Vi estas vendisto)?

—Aŭ kiam ni diras en la ŝipo: (¿O cuando decimos en el barco): "Tenemos que irnos" (Ni devas foriri), "Tenemos un barco" (Ni havas ŝipon), "Tenemos el oro" (Ni havas la oron).

Zhang dio un sorbo templado a su té, sosteniendo la taza desgastada entre sus pezuñas zurdas mientras miraba a Bai con afecto.

—Sed ne urĝas, Kapitanino. Trinku vian teon, ripozu kaj lasu tiujn tri vortojn flosi en via menso ĝis la doloro foriros.  "SOY", "ERES", "TENEMOS" (Pero no hay prisa, Capitana. Descansa, bebe tu té y deja que esas tres palabras se queden flotando en tu mente hasta que la cabeza deje de doler).

Resumen
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
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#8
Bai acarició una de las diminutas manos de Silencio con la yema del pulgar, mientras que una sonrisa suave, teñida de ternura, afloraba lentamente en sus labios. Y es que, pese a la extrema diferencia corpórea, para la muchacha, había algo enternecedor en aquel gesto por parte del primate.

Después, se volvió ligeramente para permitir que el diminuto ser se acomodara en la hendidura de cuello en busca de una postura más cómoda y dirigió la vista hacia Zhang, siguiendo con atención las explicaciones que daba sobre el significado de cuanto acababa de decir. Sin embargo, su atención apenas permaneció en él unos segundos pues, tan pronto como lo vio señalar los dibujos y las palabras, la birkiniana comenzó a alternar la mirada entre el pizarrón y Zhang en un intento por entenderlo todo.

—No somos ángeles... —murmuró, hablando consigo misma. Pero, su pequeñas alas, que querían llevarle la contraria, se estremecieron con un leve aleteo, reaccionado por sí mismas al ser reconocidas y demostrando que ellas sí eran dignas de dichos halagos.

No obstante, en cuanto Zhang volvió a tomar la palabra, su atención regresó de inmediato a la tiza y a los trazos que poblaban la pizarra procurando seguir el hilo de sus explicaciones y repitiendo mentalmente cada uno de los ejemplos que él iba desgranando. Pero eso no era suficiente para ella. Pues, de pronto, mitad del ejercicio, algo pareció quebrarse en su interior.

Al principio, el fue cambio sutil. Tan solo una leve vacilación que poco a poco se tornó en confusión que terminó dejándola petrificada.

Y es que, aquellas clases no giraban únicamente en torno a memorizar palabras -o al menos esa era su intención-. Sino que también buscaba adentrarse en los mecanismos ocultos de la gramática para que algún día pudiera hacer uso de la lengua común con naturalidad.

—Espera, espera, espera... —tomó algo de aire, como si necesitara saborear cada una de aquellas palabras antes de atreverse a soltarlas—. ¿No separáis la esencia de la cualidad? - preguntó, Bai frunciendo ligeramente el ceño.

—No sé si pueda asimilar tanto, Zhang...

A continuación se llevó una mano a la sien, todavía con cuidado por el vendaje y la volvió a masajear.

—Y hay otra cosa. ¿Por qué «havas» y «devas» suenan tan parecidas? —inquirió de nuevo, pronunciando ambas palabras con fuerza en un intento de remarcar la distinción en su idioma—. Si una significa tener y la otra tener que... No. No es lo mismo. La obligación no es lo mismo que la posesión.

Respiró con profundidad y guardó silencio durante unos segundos intentando recomponerse.

—Ambas cosas deberían de estar completamente separadas... —Murmuró para de nuevo guardar silencio dejando un breve espacio entre ambos —. Y ese sonido de «iun»... —Comenzó a decir mientras alzaba la mirada, buscando alguna explicación que pudiera encajar en su cabeza.

—¿Por qué decís «iun» ? Entre tengo y casa, por ejemplo, no debería ir «iun» ... No es «Tengo iuna casa» sino «Tengo casa».

Frustrada, dejó escapar un largo suspiro y los hombros se le vencieron ligeramente. Demasiadas palabras se habían acumulado en su cabeza en muy poco tiempo. Soy, eres, tenemos, un... Cada una de ellas parecía traer consigo más preguntas que respuestas. ¿Por qué no podía ser tan sencillo como en su lengua materna?

Allí no existían artículos. No había que detenerse a decidir si alguien era «un» médico, «el» médico o simplemente médico. La palabra existía y eso bastaba. Profesión, identidad, cualidad... todo quedaba contenido en ella sin necesidad de artificios adicionales.

¿Por qué la lengua común insistía en separar cosas que, para ella, siempre habían sido una sola?

—Necesito un momento, Zhang. Siento que la cabeza va a estallarme.

Y, por un instante, aquello le pareció una posibilidad muy real.

Las palabras latían unas contra otras dentro de su mente, superpuestas y confusas, reclamando atención al mismo tiempo. Sin embargo, pronto comprendió que no quería seguir pensando en ellas.

Así pues, permitió que la mirada vagara por la superficie de la mesa. Recorrió las vetas oscuras de la madera, los sinuosos caminos que se entrecruzaban formando dibujos caprichosos, y cerró los ojos mientras tomaba una lenta y profunda bocanada de aire.

Entonces una voz emergió de entre sus recuerdos. Era la voz de su madre.

—El idioma de mi madre era mucho más simple... —murmuró, sin llegar a ser consciente de haber hablado en voz alta.

Después volvió el rostro hacia Zhang y acarició distraídamente el pelaje del pequeño simio, que descansaba plácidamente sobre ella.

—Cuando era pequeña, solía cantarme en otra lengua. Me encantaba escucharla... Mi padre decía siempre que había heredado todos sus vicios fonéticos.

Bai bajó la mirada hacia la taza de té.

—Pero a mí me parecía hermosa... —añadió en un susurro cargado de melancolía.

Y entonces ocurrió.

Casi sin darse cuenta, una melodía olvidada comenzó a abrirse paso entre sus labios. Las palabras acudieron por sí solas, emergiendo desde algún rincón de la memoria incluso mucho antes de que pudiera detenerlas.

—Vals kruzhíl i nios meniá...
(El vals giró y me llevó.)

—Slóvna f skásku svayú maniá...
(Como si me arrastrara hacia mi propio cuento de hadas.)

—Piérvyj bal i piérvyj vals...
(El primer baile y el primer vals.)

—Zvuchát va mnié siejchás...
(Aún resuenan dentro de mí.)

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Bai Mudan
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Vicios
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#9
Zhang observo a su compañera por un instante, y ella parecía algo agotada por aquella clase, y antes de poder responderle sus preguntas, escucho aquella voz que lo dejo helado por un instante.

Zhang bajó la tiza, y la mantuvo apretada entre las manos, como si soltarla fuera a hacer ruido que terminaria con aquel concierto..

Bai estaba cantando una vieja canción, y mientras lo hacia el cuerpo del burro se estremeció al instante.

El viejo burro no entendió una sola palabra. Aquello no era la lengua que compartían, ni la que llevaba toda la tarde intentando enseñarle a las malas; era otra cosa, más vieja, mas pura. Un idioma de esos que no se aprenden. Se heredan.

Cerró su único ojo bueno. Sin la vista estorbando, el sonido le recorrio todos los rincones, y sus orejas se movieron de lado a lado... Aquello no lo cantaba una mujer con la frente vendada. Lo cantaba una niña sentada en el regazo de alguien.

Silencio dejó de masticar. El pequeño se quedó tieso sobre el hombro de la Bai, con las mejillas abultadas y las orejas levantadas, mirando hacia arriba sin entender por qué el ambiente se había puesto de esa manera.

Zhang tampoco se lo explicó, pero lo sentía en cada poro de su cuerpo.

Cuando la última nota se apagó, el mink no aplaudió, ni dijo que había sonado hermoso, aunque lo había hecho. Dejó que el silencio durara todo lo que necesitaba durar, porque en Zou había aprendido que aplaudir demasiado pronto es solo una forma educada de interrumpir.

Después dejó caer la pierna zurda contra el suelo. Pum.

—Hmmm... Mi ne konas tiun lingvon, Bai. (No conozco esa lengua, Bai.) —murmuró, y lo dijo porque no sabía decir otra cosa—. Mi legis multajn librojn, en multaj insuloj. Neniu el ili instruis ĝin al mi. (He leído muchos libros, en muchas islas. Ninguno me la enseñó.)

Se apoyó sobre la mesa y luego, caminó despacio hasta la pared. Poco a poco, fue borrando el mural: las vocales, los dibujos, los garabatosque Silencio había añadido horas atrás. Dejó tres palabras en la esquina, escritas con tiza azul.

SOY. ERES. TENEMOS.

—La leciono finiĝas hodiaŭ. (La lección termina hoy.) —Golpeó cada palabra con el nudillo, sin prisa—. Vi demandis pri la esenco kaj la kvalito. Vi demandis kial "havas" kaj "devas" sonas preskaŭ same. Vi demandis pri "iun". Tri bonaj demandoj... tro bonaj por kapo kun bandaĝo. (Preguntaste por la esencia y la cualidad. Preguntaste por qué "havas" y "devas" suenan casi igual. Preguntaste por el "un". Tres buenas preguntas... demasiado buenas para una cabeza con vendaje.)

El anciano volvió a la mesa, se sirvió un poco de té y empujó la taza de Bai más cerca de su mano. Para que se relajara un poco, y olvidara por un momento el dolor en su cabeza.

—Nun instruu min vi. (Ahora enséñame tú.) —Se le escapó una sonrisa corta—. Kiel ŝi nomis tiun kanton? (¿Cómo llamaba ella a esa canción?)

Silencio bostezó con la boca llena, se dejó resbalar por el brazo de Bai y acabó junto a la bolsita de pasas.

Zhang sostuvo la taza entre las manos y miró hacia la ventana, donde la nieve de Drum caía sin ningún ruido. Un idioma se aprende con la garganta. Otro no se aprende: se recuerda. 

—Trinku vian teon, Kapitanino. Ripozu. La vortoj ne forkuros. (Bébete el té, Capitana. Descansa. Las palabras no se van a escapar.)

Afuera, el Wu Wei crujió despacio contra el hielo del puerto, meciéndose apenas, como si el barco entero estuviera bailando aquel vals que solo dos personas y un mono habían escuchado.
Zhang Guolao
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#10
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